{"id":16406,"date":"2016-02-05T10:35:33","date_gmt":"2016-02-05T15:35:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-de-la-trinidad\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:33","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:33","slug":"iglesia-de-la-trinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-de-la-trinidad\/","title":{"rendered":"IGLESIA DE LA TRINIDAD"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La Iglesia es \u00abmisterio\u00bb: 1. El Concilio Vaticano II; 2. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: a. Testimonio de la Escritura, b. La Trinidad en los Concilios, c. La Trinidad se manifiesta al mundo \u00abper Ecclesiam\u00bb.-II. El Padre y la Iglesia: 1. El Padre y la Iglesia en el AT; 2. El Padre y la Iglesia en el NT; 3. El Concilio Vaticano II.-III. El Hijo encarnado y la Iglesia: 1. La Iglesia, Cuerpo de Cristo; 2. Cristo, Cabeza de la Iglesia: a. Primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre todo lo creado, b. Primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre la Iglesia; 3. Hijos en el Hijo; 4. Cristo, fuente de vida para la Iglesia; 5. Cristo, fuente del Esp\u00ed\u00adritu para la Iglesia.-IV. El Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Iglesia: 1. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, alma de la Iglesia; 2. Acci\u00f3n pluriforme del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia.-V. La Iglesia, Pueblo de Dios Trinidad: 1. La alegor\u00ed\u00ada de \u00abPueblo\u00bb: a. Ra\u00ed\u00adz b\u00ed\u00adblica de la alegor\u00ed\u00ada, b. En el Vaticano II; 2. La Iglesia, Familia de Dios; 3. Pueblo convocado por la Palabra; 4. Pueblo santo; 5. Comunidad que celebra las \u00abmaravillas de la SS. Trinidad\u00bb; 6. Comunidad misionera; 7. Comunidad escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>\u00abCreo en Dios Padre todopoderoso&#8230; y en Jesucristo, su \u00fanico Hijo nuestro Se\u00f1or, que muri\u00f3 y resucit\u00f3&#8230; y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y en la santa Iglesia\u00bb (DS 12). A lo largo de dos milenios de cristianismo, la comunidad cristiana ha asociado su fe confiada en la Iglesia a su fe en la SS. Trinidad. La expresi\u00f3n \u00abcreo en la Iglesia\u00bb, es cierto, tiene otro alcance que \u00abla fe en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Propiamente hablando, s\u00f3lo podemos otorgar nuestra fe a Dios Trinidad, como sentido \u00faltimo de la existencia humana y raz\u00f3n suprema de nuestra esperanza escatol\u00f3gica, mientras que creemos en la Iglesia (mejor habr\u00ed\u00ada que decir \u00abcreemos a la Iglesia\u00bb), en cuanto que ella es \u00aben Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la uni\u00f3n del hombre con Dios\u00bb (LG 1), o, en otras palabras, en cuanto es la presencia visible y verificable del Dios Trino en la realizaci\u00f3n de su designio de amor sobre el hombre.<\/p>\n<p>Esta asociaci\u00f3n de la Iglesia a la acci\u00f3n hist\u00f3rica de la SS. Trinidad hizo que los Padres la describieran como \u00abIglesia de la Trinidad\u00bb por su parentesco con las divinas personas.<\/p>\n<p>Es cierto que, sobre todo, a partir de Trento, se obnubil\u00f3 en buena medida esta vertiente te\u00e1ndrica y trinitaria de la Iglesia. Con el Concilio Vaticano II, sin embargo, se ha adumbrado esta visi\u00f3n complexiva, en la que se ha mostrado la realidad de la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb de comuni\u00f3n con el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y \u00absacramento\u00bb en la transmisi\u00f3n de la vida de los Tres a los hombres. De hecho, la Iglesia que nos muestra el Concilio Vaticano II es la \u00abIglesia de la Trinidad\u00bb: \u00abPueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 17).<\/p>\n<p>De acuerdo con la l\u00ed\u00adnea del Diccionario, vamos a ofrecer esta visi\u00f3n te\u00e1ndrica y trinitaria de la Iglesia.<\/p>\n<p>I. La Iglesia es \u00abmisterio\u00bb<br \/>\n1. EL CONCILIO VATICANO II. En las peticiones de los obispos y Centros Teol\u00f3gicos a la Comis\u00f3n antepreparatoria del Concilio, un tema afloraba reiteradamente: que se estudiara a la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb de comuni\u00f3n con las divinas personas4. Pese a ello, el primer esquema De Ecclesia no respondi\u00f3 adecuadamente a las esperanzas de los Padres conciliares. Comenzando por el t\u00ed\u00adtulo De Ecclesiae militantis natura,todo el esquema adolec\u00ed\u00ada de una vertiente mist\u00e9rica: \u00abNo puede delinearse la naturaleza de la Iglesia fuera del Misterio de Cristo; misterio ciertamente de vida, te\u00e1ndrico, pascual, pentecostal, eclesial, eucar\u00ed\u00adstico y escatol\u00f3gico\u00bb. \u00abLa Iglesia no es una mera sociedad humana, cuanto un verdadero y gran misterio\u00bb.<\/p>\n<p>La Conferencia Episcopal austro-germana no se limitaba a criticar el esquema oficial elaborado por la ComiSi\u00f3n Teol\u00f3gica, sino que avanz\u00f3 un nuevo proyecto de esquema con el enfoque que ped\u00ed\u00adan numerosos Padres conciliares. Las l\u00ed\u00adneas maestras del primer cap\u00ed\u00adtulo ponen de relieve la vertiente mist\u00e9rica y, por lo mismo, trinitaria, de la Iglesia: 1) La Iglesia es obra de las tres personas. M\u00e1s a\u00fan, es la concreci\u00f3n del proyecto salv\u00ed\u00adfico del Padre, realizado por la misi\u00f3n del Hijo, mediante la comuni\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo: \u00aben todas las figuras aparece la Iglesia como el conjunto de la acci\u00f3n salvadora de Dios Padre&#8230; realizada plenamente en la vida, muerte y exaltaci\u00f3n de Cristo, cumplida ya, pero por consumarse a\u00fan al final de los tiempos\u00bb; 2) La Iglesia, por tanto, es el efecto (fructus) de la acci\u00f3n respectiva de las tres personas y, por lo mismo, es un misterio: \u00abparticipa necesariamente del misterio de Dios Padre y de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que s\u00f3lo se puede conocer por la fe\u00bb. \u00abLo que Dios, en efecto, obra con su acci\u00f3n salvadora por Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, es \u00abla Iglesia\u00bb, es decir, el g\u00e9nero humano redimido&#8230;\u00bb. 3) La Iglesia, que es comuni\u00f3n con las divinas personas, est\u00e1 destinada a ser \u00abel medio activo para comunicar la salvaci\u00f3n al mundo\u00bb. 4)<br \/>\nPor eso, la Iglesia tiene una condici\u00f3n sacramental, que hace de ella una realidad \u00absui generis\u00bb: visible e invisible, institucional y carism\u00e1tica, cuerpo social y misterio divino. De ah\u00ed\u00ad que pidieran los obispos austro-germanos que se pusiera de relieve la doble vertiente de la Iglesia, pero acentuado la \u00abres\u00bb (el misterio) contenida en el \u00absacramentum\u00bb (signo). Estas sugerencias motivaron un nuevo esquema, en el que era sintom\u00e1tico el cambio de t\u00ed\u00adtulo del primer cap\u00ed\u00adtulo, que se denomin\u00f3 De Ecclesiae mysterio. La Comisi\u00f3n indicaba en un breve Comentario al esquema que la intenci\u00f3n de sus redactores no fue otra que situar a la Iglesia en el coraz\u00f3n del misterio trinitario: \u00abPor su mismo t\u00ed\u00adtulo se colige que se propone a la Iglesia como objeto de fe y que no se describe \u00fanicamente en su manifestaci\u00f3n extr\u00ed\u00adnseca. Este cap. I est\u00e1 dividido en tres secciones. La primera (nn. 2-4) muestra que la Iglesia tiene su origen en Dios Trino y Uno, a saber, en el designio eterno del Padre realizado mediante la misi\u00f3n del Hijo y consumado por la santificaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; mostr\u00e1ndose as\u00ed\u00ad que la doctrina de la Iglesia se basa en el dogma primario del cristianismo\u00bb. El nuevo esquema, con peque\u00f1os retoques, cristaliz\u00f3 en la LG.<\/p>\n<p>Los Padres conciliares, en general, vieron con agrado este enclave de la Iglesia con el misterio adorable de la SS. Trinidad. Los obispos de Francia oriental reconoc\u00ed\u00adan que el nuevo esquema \u00abesclarece la relaci\u00f3n de la Iglesia con el misterio de la SS. Trinidad y con las misiones divinas, no s\u00f3lo en su origen, sino tambi\u00e9n en su fin escatol\u00f3gico\u00bb. P.P. Meouchi, de Antioqu\u00ed\u00ada de los Maronitas, de igual forma, apreciaen el esquema \u00abuna gran riqueza b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica, por cuanto que vincula la Iglesia a la Trinidad: la Iglesia, en efecto, es obra de las personas divinas\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>De hecho, en todos los documentos conciliares, aparece la Iglesia como misterio que participa e irradia la vida de Dios o, con palabras del mismo Concilio, como \u00abpueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4, 1).<\/p>\n<p>2. FUNDAMENTACI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA. Ante los reparos de algunos Padres conciliares, que ve\u00ed\u00adan en la \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada trinitaria\u00bb del Vaticano II un peligro para una recta comprensi\u00f3n del misterio trinitario\u00bb, la Comisi\u00f3n doctrinal ofreci\u00f3 como clave hermen\u00e9utica la ense\u00f1anza que brindan tanto la Escritura como los S\u00ed\u00admbolos de la fe y los Concilios. \u00abDe sobra es sabido que, en san Pablo, la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por la Iglesia se ofrece de acuerdo con la obra (munus) respectiva de las tres personas\u00bb.<\/p>\n<p>a. Testimonio de la Escritura. Pablo nos habla en Ef 1, 9 del \u00abmisterio\u00bb de la voluntad del Padre. En el Ap\u00f3stol encontramos el t\u00e9rmino \u00abmisterio\u00bb con genitivo, referido al Padre y al Hijo: \u00abmisterio de Dios\u00bb y \u00abmisterio de Cristo\u00bb. Pablo quiere expresar en esta doble acepci\u00f3n el plan salv\u00ed\u00adfico del Padre (cf. Ef 1, 4-11), \u00aboculto en \u00e9l\u00bb desde la eternidad&#8217;, pero revelado en los \u00faltimos tiempos por Cristo, a saber: constituir a todos los hombres en un \u00fanico Pueblo, bajo Cristo Cabeza y piedra angular, rrlediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Las expresiones paulinas \u00abmisterio de Dios\u00bb y \u00abmisterio de Cristo\u00bb, aparentemente id\u00e9nticas, expresan la doble fase del plan divino: la salvaci\u00f3n en cuanto presente en la mente divina y la salvaci\u00f3n en cuanto entra en la historia y se hace realidad concreta por medio de Cristo y mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>El \u00abmisterio\u00bb del que se proclama Pablo el portavoz destacado, no es, por tanto, en primera l\u00ed\u00adnea la revelaci\u00f3n del \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb de las tres personas, cuanto la manifestaci\u00f3n de lo que el Dios Trino quiere ser para el hombre. En otras palabras; podemos decir que \u00abin recto\u00bb la revelaci\u00f3n del misterio mira a descubrir la relaci\u00f3n del Padre, por Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu, con los hombres. Eso s\u00ed\u00ad: en ese \u00abpara nosotros\u00bb se desvela el \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb del Dios Trino. El misterio paulino es Dios (el Padre) mismo en cuanto se da en calidad de Padre a los hombres por su Hijo encarnado, en quien participan su filiaci\u00f3n, en la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>b. La Trinidad en los concilios. La Comisi\u00f3n doctrinal se refiere tambi\u00e9n a la forma que han tenido los Concilios de presentar a la SS. Trinidad (\u00ab&#8230; tum in symbolis fidei, tum in Conciliis adhibetur\u00bb).<\/p>\n<p>Las contiendas de los primeros siglos del cristianismo que cristalizaron en los grandes concilios cristol\u00f3gicos y trinitarios tuvieron como objeto primordial la defensa de la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb, es decir, el misterio de la Iglesia, llevado a cabo por parte del Verbo encarnado de parte del Padre, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Si Cristo no era verdadero Dios, ni el Esp\u00ed\u00adritu Santo pertenec\u00ed\u00ada al \u00e1mbito divino, el hombre no hab\u00ed\u00ada sido salvado, ni pose\u00ed\u00ada la vida divina, ni, por tanto, era hijo de Dios. Los concilios, en otras palabras, trataron de poner de manifiesto la teolog\u00ed\u00ada de Dios como soporte de la econom\u00ed\u00ada y vinieron a clarificar el misterio del Dios Salvador. El s\u00ed\u00admbolo Niceno-Constantinopolitano, \u00abpronto introducido en la liturgia, marc\u00f3 decisivamente la fe de la Iglesia desde entonces, y supuso, en la Iglesia, la interpretaci\u00f3n definitiva de la fe trinitaria. Se puede incluso decir que con este s\u00ed\u00admbolo y con la teolog\u00ed\u00ada de los Capadocios que le sirve de base lleg\u00f3 a su fin en Oriente, en lo sustancial, la evoluci\u00f3n teol\u00f3gica y la penetraci\u00f3n del misterio trinitario\u00bb.<\/p>\n<p>c. La Trinidad se manifiesta al mundo \u00abper Ecclesiam\u00bb. La respuesta de la Comisi\u00f3n doctrinal, por \u00faltimo, reconoce que la revelaci\u00f3n de la Trinidad se realiza \u00abper Ecclesiam\u00bb. Con ello se expresaba la intenci\u00f3n de presentar a la Iglesia como el medio (\u00absacramentum et instrumentum\u00bb) a trav\u00e9s del cual los hombres pueden conocer y experimentar la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de las tres personas. El Concilio, que ha eludido un estudio de la Trinidad en s\u00ed\u00ad misma, pero que la ha presentado en clave funcional, ha constituido a la Iglesia en objeto central de su reflexi\u00f3n. Pero a la Iglesia como realidad te\u00e1ndrica, es decir, en cuanto es la concreci\u00f3n del plan del Padre, de la obra redentora del Hijo y de la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; a la Iglesia como pleroma de la Trinidad, en la que se manifiesta el genuino rostro de Dios a los hombres y su salvaci\u00f3n. La Iglesia viene a ser la realidad primigenia querida por el Padre: el Cristo total como \u00abser\u00bb que participa el misterio mismo del Dios<br \/>\nTrino, lo significa y los comunica. \u00abSeg\u00fan esto podr\u00ed\u00ada decirse justamente que la Iglesia es como el protosacramento del Misterio de la SS. Trinidad, en cuanto se comunica a la Iglesia y en ella a todos los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n trinitaria de la Iglesia ha estado siempre presente en la reflexi\u00f3n de los Padres y te\u00f3logos, desde el comienzo.<\/p>\n<p>1) \u00abLa Iglesia est\u00e1 llena de la Trinidad\u00bb, nos dir\u00e1 Or\u00ed\u00adgenes y Tertuliano nos mostrar\u00e1 a la Esposa de Cristo como \u00abel Cuerpo de los Tres\u00bb. El camino que ha escogido el Padre para hacer surgir el \u00abmisterio\u00bb de la Iglesia han sido las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ireneo asume una alegor\u00ed\u00ada sugestiva: el Padre lleva a cabo su designio de ampliar su hogar a los hombres mediante la acci\u00f3n hist\u00f3rica de su Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que son \u00abcomo sus dos manos\u00bb. \u00abHemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Lo que imprime en nosotros la imagen divina es la santificaci\u00f3n, es decir, la participaci\u00f3n del Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb\u00bb. Es cierto que aqu\u00ed\u00ad se refiere Cirilo a la deificaci\u00f3n individual del cristiano. De todas formas est\u00e1 presuponiendo la transformaci\u00f3n de la Iglesia en las tres personas, ya que \u00fanicamente por la Iglesia y en la Iglesia el hombre individual participa la vida filial en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Para los Padres, por tanto, el misterio de la SS. Trinidad se ampl\u00ed\u00ada en la Iglesia, en la que adquiere una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, como pleroma del mismo misterio del ser divino, mediante la presencia y acci\u00f3n del Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Toda la Trinidad se hace presente de un modo nuevo en la Iglesia. O mejor, la Iglesia entra en el \u00e1mbito de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>2) Tom\u00e1s de Aquino constituye un hito en la meditaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Iglesia, al haber desarrollado una fecunda reflexi\u00f3n sobre las \u00abmisiones trinitarias\u00bb. Para eJ Ang\u00e9lico las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu implican la ampliaci\u00f3n en la Iglesia de lo propio del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo o, en otras palabras, la ampliaci\u00f3n y extensi\u00f3n en el tiempo de la filiaci\u00f3n del Hijo y de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En su origen las \u00abmisiones divinas\u00bb son las mismas \u00abprocesiones\u00bb personales del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y en su t\u00e9rmino final, la ampliaci\u00f3n en la comunidad de los hombres de lo \u00abpropio\u00bb del Hijo (la filiaci\u00f3n) y de lo \u00abpropio\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo (la comuni\u00f3n). El P. Congar, en una l\u00ed\u00adnea marcadamente tomista, reconoce que el misterio de la Iglesia es como una extensi\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la Trinidad: \u00abla Iglesia es Dios que viene de Dios y retorna a Dios llevando consigo y en s\u00ed\u00ad a su criatura humana\u00bb2.<\/p>\n<p>Ha sido, sin embargo, H. M\u00fchlen, tal vez, quien mejor ha desarrollado de una forma coherente la dimensi\u00f3n trinitaria de la Iglesia, frente a una visi\u00f3n prevalentemente \u00abcristomonista\u00bb, que se consider\u00f3, sobre todo a partir de J.A. M\u00f3hler, como \u00abla permanente encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios\u00bb. (Naturalmente, M\u00f3hler no piensa que la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios se repita en la Iglesia). Para M\u00f3hler la Iglesia es la \u00abencarnaci\u00f3n permanente\u00bb del Hijo de Dios \u00aben la medida en que en ella est\u00e1n unidos lo divino y lo humano, de manera anal\u00f3gica, sin confusi\u00f3n y sin separaci\u00f3n, como en el mismo Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, seg\u00fan M\u00fchlen, habr\u00ed\u00ada que decir m\u00e1s bien que la permanencia de la encarnaci\u00f3n acontece bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como lo ha demostrado el Vaticano II, que no ha hablado de la encarnaci\u00f3n en la Iglesia, cuanto de una analog\u00ed\u00ada entre el misterio del Verbo encarnado y el misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia. \u00abSe compara a la Iglesia, por una notable analog\u00ed\u00ada, al misterio del Verbo encarnado, pues as\u00ed\u00ad como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvaci\u00f3n, unido indisolublemente a El, de modo semejante la articulaci\u00f3n social de la Iglesia sirve al Esp\u00ed\u00adritu Santo que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo\u00bb (cf. Ef. 4, 16)\u00bb (LG 8, 1).<\/p>\n<p>El Pueblo de Dios aparece en este texto como el \u00abmisterio del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que se une al cuerpo social de la Iglesia como se une el Hijo eterno a su naturaleza humana. Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faan de consuno en la edificaci\u00f3n de la Iglesia como las \u00abdos manos del Padre\u00bb. La comunidad de la Iglesia surge por su inserci\u00f3n en Cristo resucitado, en quien recibe el Esp\u00ed\u00adritu \u00abcreador de vida nueva: filial y fraterna\u00bb. El Concilio, en este importante texto, integra la acci\u00f3n respectiva del Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu Santo en una \u00fanica obra conjunta con el Padre para el surgimiento de la Iglesia.<\/p>\n<p>Dos textos b\u00ed\u00adblicos importantes fundamentan la reflexi\u00f3n de H. M\u00fchlen: \u00abPues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros y todos los miembros del cuerpo&#8230; no forman m\u00e1s que un solo cuerpo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo\u00bb (1 Cor 12, 12; cf. 1, 13). Todos los creyentes en Cristo son uno en El, hecho que les permite participar de su \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu. Por eso, el mismo Pablo en otro texto importante recuerda al Esp\u00ed\u00adritu como principio vivificante de todo el Cuerpo de Cristo: \u00abPorque en un solo Esp\u00ed\u00adritu hemos sido todos bautizados para no formar m\u00e1s que un cuerpo&#8230; Y todos hemos bebido de un solo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1 Co 12, 13). Por eso, reconoce justamente el Concilio que \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo es uno y el mismo (unus et idem) en Cristo y en los cristianos\u00bb (LG 7, 7). Desde esta fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y magisterial tenemos dibujado el marco trinitario de la Iglesia (cf. 1 Co 12 4-6), sobre el que H. M\u00fchlen elebora su reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. El teandrismo de la Iglesia necesita un punto de partida pneumatol\u00f3gico trinitario. Ahora bien; este punto de partida est\u00e1 en la personalidad misma del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es \u00abuna persona en dos personas\u00bb, Padre e Hijo. De acuerdo con la doctrina trinitaria tradicional (DS 800; 1300; 1330; etc.) el Esp\u00ed\u00adritu Santo se constituye como persona por una misma relaci\u00f3n al Padre y al Hijo, dado que procede de ambos, como de un \u00fanico principio. \u00abSu relaci\u00f3n al Padre no es distinta de su relaci\u00f3n al Hijo, antes bien, es \u00e9l mismo, como persona, la relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo, al mismo tiempo&#8230;\u00bb. H. M\u00fchlen razona de la siguiente forma: si en consonancia con la revelaci\u00f3n divina, las relaciones de origen son las que constituyen a las personas, hay que decir que el Padre se constituye como tal por su relaci\u00f3n al Hijo y viceversa; pero no con relaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso, el Padre no es Padre del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ni el Hijo se puede decir Hijo del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>En cambio, del Esp\u00ed\u00adritu Santo hay que decir que se constituye como Esp\u00ed\u00adritu Santo, con su peculiaridad nocional por su relaci\u00f3n conjunta al Padre y al Hijo. \u00abPor consiguiente, en la vida intratrinitaria el Esp\u00ed\u00adritu Santo es una persona en dos personas\u00bb. Esto se constata a\u00fan mejor, si se tiene en cuenta que la procesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo se puede describir tambi\u00e9n como acto com\u00fan del Padre y del Hijo: ambos son un \u00fanico principio del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso, ni el Padre ni el Hijo pueden decir del Esp\u00ed\u00adritu \u00abmi Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, sino \u00abnuestro Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu es entonces el \u00abnosotros\u00bb del Padre y del Hijo personificado\u00bb<br \/>\nH. M\u00fchlen concluye su reflexi\u00f3n en este campo recordando que aqu\u00ed\u00ad se encuentra la relaci\u00f3n m\u00e1s profunda entre encarnaci\u00f3n e Iglesia y a la vez el fundamento trinitario de la f\u00f3rmula eclesiol\u00f3gica fundamental que propone. \u00abPor lo mismo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es en el interior de la Trinidad UNA PERSONA EN DOS PERSONAS, se manifiesta en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n como \u00c2\u00a1UNA PERSONA EN MUCHAS PERSONAS! Su propiedad personal es el unir personas, tanto en la vida trinitaria como en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n teol\u00f3gica tiene una fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica inconcusa, como lo iremos viendo. Cuando Jes\u00fas dice: \u00abNosotros vendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l\u00bb (Jn 14, 23), \u00aben el \u00abnosotros\u00bb se remite al Esp\u00ed\u00adritu Santo, haci\u00e9ndose patente desde un plano hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico la exclusiva y dual nostreidad del Padre y del Hijo en la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, id\u00e9ntico en el Padre y en el Hijo\u00bb. Lo mismo cabedecir del \u00abtodos nosotros hemos sido bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu para no formar m\u00e1s que un solo cuerpo\u00bb (1 Co 12, 13). Se trata del \u00abnosotros\u00bb eclesial constituido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo entre gentes de distinta procedencia \u00e9tnica, cultural y social. De forma semejante a como el Esp\u00ed\u00adritu Santo es una persona en dos personas en la vida intratrinitaria, en el orden hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico, es en la Iglesia una persona en muchas personas.<\/p>\n<p>El misterio de la Iglesia, por tanto, queda s\u00ed\u00ad anclado en el Protomisterio de la SS. Trinidad. La Iglesia es la ampliaci\u00f3n hist\u00f3rica de la comuni\u00f3n original de las tres divinas personas. La Iglesia es el misterio que se constituye en el tiempo por las misiones respectivas del Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abSea que la Iglesia se manifieste como pueblo de Dios, templo, casa, ciudad de Dios, cuerpo de Cristo o esposa del Cordero; en todas estas figuras aparece como el fin principal y el conjunto de toda la acci\u00f3n de Dios Padre&#8230; realizada plenamente en la vida, muerte y exaltaci\u00f3n de Cristo, consumada ya y a\u00fan por consumar en plenitud en la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu del Padre y de Cristo hasta el fin de los tiempos\u00bb.<\/p>\n<p>Como colof\u00f3n de este apartado, vaya una peque\u00f1a reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre instituci\u00f3n y carisma. Frecuentemente se ha creado una oposici\u00f3n -ficticia desde luego- entre instituci\u00f3n y carisma, Iglesia jer\u00e1rquica e Iglesia del Esp\u00ed\u00adritu. \u00bfQu\u00e9 decir sobre el particular? Ante todo hay que aclarar qu\u00e9 entendemos por instituci\u00f3n y qu\u00e9 por carisma. La Iglesia es instituci\u00f3n, porque es algo dad\u00f3, previo a la agregaci\u00f3n de los cristianos. Ahora bien; lo previamente dado es el misterio de Cristo en todas sus fases hasta su resurrecci\u00f3n, en donde queda constituido en fuente del Esp\u00ed\u00adritu (Rm 8, 9-11), y por \u00e9l, en presencia del Padre y fuente de vida filial para la Iglesia. \u00abLa donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu hace que la Iglesia-instituci\u00f3n sea una instituci\u00f3n carism\u00e1tica, sometida a la orientaci\u00f3n de fondo, a la fuerza de interiorizaci\u00f3n y al clima del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb [cf. IV, 2,d].<\/p>\n<p>II. El Padre y la Iglesia<br \/>\nPor su condici\u00f3n de \u00abenviados\u00bb, el hombre ha visto al Hijo de Dios encarnado (1 Jn 1, 1-2) y, bajo los s\u00ed\u00admbolos del viento y el fuego, al Esp\u00ed\u00adritu Santo (He 2,1-3). En sus manifestaciones visibles, el hombre ha experimentado la presencia y acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios. M\u00e1s all\u00e1 del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu, o mejor, como origen del Hijo encarnado y, con el Hijo, del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se nos muestra, no un Dios neutro y nebuloso, sino el rostro de la persona del Padre como \u00aborigen y meta\u00bb y \u00abPatria y Hogar\u00bb de todos los hombres. El Padre de Jes\u00fas es Padre de la Iglesia. Con frecuencia nos quedamos con ese Dios neutro y sin rostro definible al que denominamos, sin m\u00e1s, DIOS, sin ninguna referencia personal. Jes\u00fas, sin embargo, nos ha revelado a \u00absu\u00bb Padre y \u00abnuestro\u00bb Padre (cf. Mc 14, 36; Mt 11, 25s; 23, 8s; Jn 20, 17; etc.).<\/p>\n<p>Pues bien; Dios, Padre del Hijo y, por el Hijo, fuente del Esp\u00ed\u00adritu Santo, \u00abdetermin\u00f3 llamar a los hombres a participar de su vida no s\u00f3lo individualmente&#8230;, sino constituirlos en un pueblo, en el que sus hijos, que estabandispersos, se congreguen en unidad\u00bb (AG 2, 2; cf. LG 2; 9, 1).<\/p>\n<p>1. EL PADRE Y LA IGLESIA EN EL AT. Para comprender al Dios que se revela en el AT hay que partir de que el mundo, escenario de las actuaciones divinas, es sobrenatural. El Dios que act\u00faa en el AT no es la esencia divina com\u00fan a las tres personas, sino la persona del Padre, origen del Hijo y, por el Hijo, del Esp\u00ed\u00adritu Santo y, por ellos, de todo lo creado. Desde el principio, es cierto, act\u00faan las tres personas conjuntamente, pero seg\u00fan el orden de sus procesiones. As\u00ed\u00ad es como entiende el ser y actuar divinos la tradici\u00f3n oriental.<\/p>\n<p>Pocos son los textos en los que se aplica a Yahv\u00e9 el t\u00ed\u00adtulo de \u00abpadre\u00bb del Pueblo. El m\u00e1s significativo es, sin duda, Ex 4, 22-23: \u00abAs\u00ed\u00ad dice Yahv\u00e9: Israel es mi hijo, mi primog\u00e9nito. Yo te digo: \u00abDeja ir a mi hijo, para que me de culto\u00bb\u00bb (cf. Dt 1, 29-31; 14, 1-2; 32 6-8). M\u00e1s tarde los profetas reasumen el mismo tema (cf. Is 1, 2-4; 30, 1-9; 63, 16; etc.). Yahv\u00e9 es el Padre de una nueva creaci\u00f3n y de una nueva alianza: \u00abYo pens\u00e9: t\u00fa me llamar\u00e1s \u00abpadre m\u00ed\u00ado\u00bb y no volver\u00e1s a separarte de mi\u00bb\u00bb (Jer 3, 19).<\/p>\n<p>Especialmente significativa es la paternidad de Yahv\u00e9 respecto del Mes\u00ed\u00adas, como origen del nuevo Pueblo escatol\u00f3gico (cf. 2 Sam 7, 11-16; Sal 2 y 110). Es cierto que Israel no se apercibe de una paternidad formal de Yahv\u00e9 respecto del Pueblo. Dios es llamado Padre por referencia a la elecci\u00f3n de Israel como \u00abPueblo de Yahv\u00e9\u00bb. \u00abLa novedad radical est\u00e1 en que la elecci\u00f3n de Israel como primog\u00e9nito se manifiestaen un acto hist\u00f3rico: la salida de Egipto. Lo que modifica profundamente la noci\u00f3n de padre es que la paternidad de Dios se pone entonces en relaci\u00f3n con una acci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL PADRE Y LA IGLESIA EN EL NT. a) Jes\u00fas comienza su predicaci\u00f3n en Galilea despertando el inter\u00e9s del pueblo sobre Dios como \u00abPadre\u00bb. Una paternidad que desborda el \u00e1mbito del Pueblo de Israel para abrazar a todos los hombres (Mt 5, 45). En labios de Jes\u00fas el Dios de Abrah\u00e1n, de Isaac y de Jacob cede el paso al \u00abPadre\u00bb. En boca de Jes\u00fas el Dios totalmente otro con relaci\u00f3n al mundo es \u00abel Se\u00f1or del cielo y de la tierra\u00bb (Mt 11, 5), que de tal manera se hace cercano a los hombres, que se constituye en su Padre. En su condici\u00f3n de Padre sabe lo que sus hijos necesitan y vela con amor sobre sus vidas (Mt 6, 8.32; Lc 12, 3)). Es misericordioso (Lc 8, 36) e ilimitado en su perd\u00f3n (Mt 5,45). Como hijos, los hombres han de pedir al Padre el sustento diario (Mt 6, 11-13). \u00abEl respeto a Dios como Se\u00f1or es un elemento esencial del evangelio, pero no es su centro. Se habla raras veces de Dios como creador (Mc 2, 27; 10, 6; 13, 19)&#8230; el centro se halla en otra cosa distinta: para el disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas, Dios es el Padre\u00bb. Jes\u00fas desvela a sus disc\u00ed\u00adpulos la condici\u00f3n paterna de Dios con su consiguiente fraternidad universal: \u00abNo llam\u00e9is a nadie \u00abPadre\u00bb vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo&#8230; y todos vosotros sois hermanos\u00bb (Mt 23, 8s). En este texto Jes\u00fas advierte a la par de la condici\u00f3n paterna de Dios respecto de los hombres y de la fraternidad universal, como miembros de la misma Familia. Hablando en rigor, s\u00f3lo Dios es Padre y nadie puede arrogarse este t\u00ed\u00adtulo como lo hac\u00ed\u00adan los rabinos, que recib\u00ed\u00adan el t\u00ed\u00adtulo honor\u00ed\u00adfico de Abb\u00e1.<\/p>\n<p>A cuantos le han acogido, Cristo les ha otorgadq \u00abllegar a ser hijos de Dios\u00bb (Jn 1, 12), de suerte que \u00abson con toda propiedad hijos de Dios\u00bb (1 Jn 3, 1-3) y, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, pueden dirigirse a Dios con el mismo t\u00e9rmino de abb\u00e1, con que Jes\u00fas invocaba a su Padre (Rom 8, 15 G\u00e1l 4, 4-6). \u00abSe trata de una paternidad de orden ontol\u00f3gico&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>b) Las parabolas. M\u00e1s que un contenido moral, las par\u00e1bolas tienen un contenido teol\u00f3gico. A quien muestran es al Padre como bondad, gracia, misericordia y libertad para el hombre. \u00abDios es definido en movimiento como el que busca, se preocupa, invita, corrige, castiga, ama al hombre: el que se preocupa de su poquedad, el que vela por sus angustias, el que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de sus pecados y a pesar de ellos, sigue siendo su padre y espera\u00bb. O. Gonz\u00e1lez de Cardedal reconoce que los distintos t\u00ed\u00adtulos de las par\u00e1bolas no responden a su tem\u00e1tica primariamente teol\u00f3gica. De quien se habla en las par\u00e1bolas es del Padre. En la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, por citar un ejemplo, el tema central es el Padre para quien el hijo es todo, \u00abque vive siempre esperando hasta que \u00e9l retorne de su dispersi\u00f3n, y venga al hogar de sustentaci\u00f3n original; del Padre que defiende al hijo perdido&#8230; frente al hijo mayor que hab\u00ed\u00ada quedado en casa; del Padre que vela m\u00e1s por los hombres que el propio hombre por su pr\u00f3jimo y hermano&#8230; No interesa primariamente una reflexi\u00f3n moral, cuanto un anuncio teol\u00f3gico\u00bb.<\/p>\n<p>Incluso en aquellas par\u00e1bolas en las que aparece Jes\u00fas como protagonista principal, su acci\u00f3n misericordiosa con los pobres, enfermos y pecadores mira a manifestar el rostro del Padre: \u00abQuien me ve a mi, ve al Padre\u00bb (Jn 14, 9). \u00abDios es as\u00ed\u00ad de bueno, de clemente, lleno de misericordia y desbordante de amor\u00bb. Todas las par\u00e1bolas, en definitiva, son un canto al amor, a la ternura del Padre. Cada una de ellas nos ofrece una vertiente de Dios Padre, \u00abque no quiere que los hombres se pierdan y que hace fiesta por un pecador que se convierte y hace penitencia\u00bb (Lc 15, 7).<\/p>\n<p>3. EL CONCILIO VATICANO II. El Concilio Vaticano II ha reconocido con absaoluta diafanidad el origen paterno de la Iglesia. \u00abEl Padre estableci\u00f3 convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia&#8230;\u00bb (LG 2). \u00abDios (Padre) form\u00f3 una congregaci\u00f3n de quienes, creyendo, ven en Jes\u00fas al autor de la salvaci\u00f3n y el principio de la unidad y de la paz\u00bb (LG 9, 3)52.<\/p>\n<p>En la Iglesia y, por su medio, en el mundo, el Padre ha establecido ya su reino (cf. LG 5, 1; 9, 2). En las diversas figuras b\u00ed\u00adblicas que el Concilio asume para describir a la Iglesia, aparece siempre la persona del Padre como origen fontal de la misma. El Padre es el \u00abPastor y Due\u00f1o\u00bb del redil de la Iglesia (LG 6, 2; UR 2, 5). El \u00abcampo\u00bb de la Iglesia pertenece tambi\u00e9n al Padre (LG 3). El Padre es el \u00abAgricultor\u00bb que ha plantado la Iglesia como vi\u00f1a escogida (vinea electa) (Mt 21, 33s; cf. Is 5, lss.), en la que ha germinado la vid verdadera que es Cristo (LG 6, 3). Es tambi\u00e9n la Iglesia la \u00abaedificatio Dei\u00bb (1 Cor 3, 9), cuyo cimiento es Cristo, sobre quien \u00fanicamente puede edificarse la casa de Dios (1 Tim 3, 15), \u00aben la que habita su Familia\u00bb (LG 6, 4). Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s; a esta \u00abcasa de Dios\u00bb la ve venir Juan del cielo como \u00abla casa del Padre\u00bb (LG 2, 1).<\/p>\n<p>El Concilio, en efecto, ha afirmado con absoluta rotundidad que el Padre es el t\u00e9rmino final o la \u00abPatria y Hogar\u00bb definitivos de la Iglesia. La Iglesia, por eso mismo, est\u00e1 en este mundo de camino \u00abhacia el reino del Padre\u00bb (GS 1) y su misi\u00f3n consiste en lograr que \u00abla totalidad del mundo se incorpore al Pueblo de Dios (Padre)&#8230;\u00bb (LG 17), y los hombres, \u00abregenerados en Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;, puedan decir \u00abPadre nuestro\u00bb\u00bb (AG 7, 4).<\/p>\n<p>III. El Hijo encarnado y la Iglesia<br \/>\nJesucristo es \u00abuno de la Trinidad\u00bb (DS 401), el Hijo del Padre, humanado. El Hijo es enviado por el Padre para llevar a cabo su designio salv\u00ed\u00adfico de reunir a todos los hombres \u00aben la Iglesia universal\u00bb (LG 2). Cristo lleva a cabo esta misi\u00f3n a trav\u00e9s de todo su misterio redentor y con el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu que recibe del Padre, de suerte que todos los hombres, constiuidos uno con \u00e9l (Ef 2, 14), son \u00absu Cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo\u00bb (Ef 1, 23), y as\u00ed\u00ad, incorporados a El, \u00abunos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ef 2, 18).<\/p>\n<p>1. LA IGLESIA, CUERPO DE CRISTO. La Iglesia como \u00abCuerpo de Cristo es uno de los temas principales de las cartas de la cautividad\u00bb y  \u00abocupa un puesto central y sirve para designar el objeto mismo de la redenci\u00f3n\u00bb<br \/>\nLa Iglesia como Cuerpo de Cristo aparece por vez primera en los fragmentos eucar\u00ed\u00adsticos de 1 Cor 10-11. Para el Ap\u00f3stol los sacramentos del bautismo (1 Cor 12, 13) y de la Cena constituyen al hombre en una personalidad corporativa: \u00abTodos los bautizados en Cristo, os hab\u00e9is revestido de Cristo, ya no hay jud\u00ed\u00ado ni griego, esclavo ni libre; ni hombre, ni mujer, y todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 3, 28). En 1 Cor 12, 13 Pablo reconoce que \u00aben un solo Esp\u00ed\u00adritu formamos todos un \u00fanico cuerpo\u00bb. \u00abLa alegor\u00ed\u00ada \u00abCuerpo de Cristo\u00bb es el fruto m\u00e1s maduro del pensamiento neotestamentario sobre la Iglesia\u00bb. Pertenece a Pablo, si bien tiene sus paralelos en la alegor\u00ed\u00ada de la vid y los sarmientos (Jn 15, 8), en la \u00abcasa espiritual\u00bb (1 Pe 2, 4) e, incluso, en \u00abla esposa del Cordero\u00bb (Ap 12, 29; 22, 17). \u00abEn el fondo se trata de expresar la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima del Pueblo de Dios con Cristo\u00bb; su relaci\u00f3n con el Padre en Cristo y sus relaciones, desde Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, con los hermanos.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica del \u00abCuerpo de Cristo\u00bb sobre la base trinitaria tiene una dimensi\u00f3n sacramental: en los sacramentos de iniciaci\u00f3n el hombre queda incluido en Cristo, de suerte que lo acontecido en Cristo, en su muerte y resurrecci\u00f3n, acontece tambi\u00e9n en el cristiano. Por eso, la vida del cristiano en Cristo implica una comuni\u00f3n en su misterio: compadecer (Rom 8, 17; G\u00e1l 6, 17; 2 Cor 1, 5; Col 1, 24); ser con-crucificado (Rom 6, 6; G\u00e1l 2, 19); con-morir (2 Cor 7, 3; Col 2, 20); ser consepultado (Rom 6, 4; Col 2,12); con-vivir (Rom 6, 8; 2 Cor 7, 3; 13, 4; 2 Tim 2, 11); ser con glorificado (Rom 8, 17). \u00abEl acontecimiento bautismal es su comienzo y en su desarrollo es el acontecimiento de una personalidad corporativa\u00bb.<\/p>\n<p>La incorporaci\u00f3n inicial en el bautismo se plenifica en la Cena, al quedar incorporado el cristiano al Cuerpo real de Cristo, que comporta la inclusi\u00f3n de todos los bautizados, rompiendo todas las barreras y diferencias, con la consiguiente solidaridad en comuni\u00f3n y participaci\u00f3n, con Cristo y entre s\u00ed\u00ad. \u00abDe esta forma la Iglesia viene a ser una&#8230; prolongaci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada\u00bb. La comunidad, incorporada a Cristo, est\u00e1 incluida en el mismo proceso escatol\u00f3gico de su Se\u00f1or, de suerte que queda determinada por \u00e9l a vivir su misma solidaridad.<\/p>\n<p>El Vaticano II prim\u00f3 la alegor\u00ed\u00ada de Cuerpo para expresar el misterio de la Iglesia. \u00abPues en verdad el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo es la comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) divina y humana por la cual los hombres, hechos concorp\u00f3reos con Cristo, Verbo encarnado, participan e imitan en cierto modo la inefable comuni\u00f3n en la unidad simple de naturaleza del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb\u00bb Ha sido en la LG 7 donde el Concilio ha desarrollado ampliamente esta alegor\u00ed\u00ada. Con ella el Vaticano II ha querido poner de relieve la solidaridad vital de Cristo con la Iglesia. En numerosas ocasiones, adem\u00e1s, el Concilio ha utilizado la alegor\u00ed\u00ada. La Iglesia es edificada como \u00abCuerpo de Cristo\u00bb, \u00abCuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo\u00bb, \u00abCuerpo del Se\u00f1or\u00bb, \u00abCuerpo del Verbo encarnado\u00bb. Mediante esta alegor\u00ed\u00ada el Concilio reconoce que Cristo \u00abinstituy\u00f3 y mantiene continuamente en la tierra su Iglesia santa&#8230; como un todo visible, comunicando mediante ella la verdad y la gracia, a todos. Mas la sociedad provista de sus \u00f3rganos jer\u00e1rquicos y el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino m\u00e1s bien forman una realidad compleja que est\u00e1 integrada de un elemento humano y otro divino\u00bb (LG 8, 1).<\/p>\n<p>2. CRISTO, CABEZA DE LA IGLESIA. Dentro de la alegor\u00ed\u00ada de \u00abCuerpo de Cristo\u00bb, el Ap\u00f3stol sit\u00faa a la persona de Cristo como \u00abCabeza de la Iglesia\u00bb (Ef 5, 23). Dentro de la pluralidad de interpretaciones (complementarias entre s\u00ed\u00ad, dado que el misterio de la Iglesia no se puede agotar en nuestras categor\u00ed\u00adas), \u00abla idea de Cabeza implica la de supremac\u00ed\u00ada y, por consiguiente, transcendencia\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad quiero resaltar: a) la primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre todo lo creado, y b) la primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre la Iglesia.<\/p>\n<p>a. Primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre todo lo creado. En Col 1, 15-20 Pablo afirma la primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre todas las cosas. \u00abPrimog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, porque en \u00e9l fueron creadas todas las cosas&#8230; todo fue creado por \u00e9l y para \u00e9l&#8230; y todo tiene en \u00e9l su consistencia\u00bb (vv. 15-16). En Col 1, 15-20 \u00ablo que sorprende en una primera lectura de este texto prestigioso, es el lugar \u00fanico que en \u00e9l ocupa Cristo\u00bb. A. Feulliet, estudiando el texto en cuesti\u00f3n, llega a la siguiente conclusi\u00f3n: \u00abtodo ha sido creado, no s\u00f3lo por Cristo y para Cristo, sino m\u00e1s a\u00fan, \u00aben Cristo\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>La primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre todo lo creado est\u00e1 clara en Pablo. Cristo ha sido lo primero querido por el Padre y todo ha sido querido en orden a El. Cristo posee una absoluta primac\u00ed\u00ada en el plan del Padre y una incuestionable capitalidad. Cristo ha sido y es el alfa y la omega, y todo ha sido creado en orden a El. \u00abEn realidad, lo que se pone aqu\u00ed\u00ad de manifiesto es que Cristo es el centro y como el fondo de la creaci\u00f3n entera. Todo se halla implantado en El; y en El y por medio de El todas las cosas reciben su ser. Ser, ante todo, sobrenatural; luego, y en tanto fundado en \u00e9ste, el natural\u00bb.<\/p>\n<p>b. Primac\u00ed\u00ada de Cristo sobre la Iglesia. Por su resurrecci\u00f3n Cristo ha quedado constituido en \u00abPrimog\u00e9nito de entre los muertos, para que sea El el primero en todo\u00bb (Col 1, 18). Mediante su Pascua \u00abel e\u00f3n futuro ha irrumpido en el mundo presente por el Cristo resucitado\u00bb<br \/>\nEl Concilio ha abundado sobre el particular. Cristo es la \u00abCabeza\u00bb de la Iglesia\u00bb\u00bb, la \u00abCabeza del Cuerpo de la Iglesia\u00bb67 y \u00abCabeza de la humanidad regenerada\u00bb.<\/p>\n<p>El Vaticano II aplica a Cristo la alegor\u00ed\u00ada de \u00abCabeza\u00bb con distintos contenidos. Cristo es la Cabeza de la Iglesia en un sentido gen\u00e9rico69 o como \u00f3rgano eminente del Cuerpo, o tambi\u00e9n como principio rector de todo el Pueblo de Dios\u00bb. Pero, sobre todo, Cristo es la Cabeza de la Iglesia en cuanto es su principio vivificante. Expresamente reconoce el Concilio en LG 50, 3 que de Cristo \u00abdimana como de fuente y Cabeza toda la vida y gracia del Pueblo de Dios\u00bb. Es, sin embargo, en LG 7, 4, donde de forma m\u00e1s amplia presenta el Concilio a Cristo como principio capital de la vida de la Iglesia en las dos vertientes que estamos estudiando. De hecho, en LG 7, 4-6, remite a Col 2, 19, que cita literalmente, y a Ef 1, 18-21 y 4, 11-16, en donde muestra a Cristo como origen capital de la Iglesia.<\/p>\n<p>3. HIJOS EN EL HIJO. 1) La expresi\u00f3n \u00abhijos en el Hijo\u00bb viene a ser a modo de s\u00ed\u00adntesis que condensa cuanto la Escritura y la doctrina de los Padres han ense\u00f1ado sobre el contenido de la filiaci\u00f3n adoptiva. Somos hijos del Padre en el Hijo, es decir, en cuanto que, incorporados a Cristo, entramos en comuni\u00f3n con todo su misterio redentor. Para el Ap\u00f3stol las cosas son as\u00ed\u00ad: hemos sido predestinados a ser hijos del Padre, en Cristo y por Cristo. Y lo mismo que en su ser humano Cristo, una vez superada su condici\u00f3n \u00abcarnal\u00bb o \u00abpecadora\u00bb, es constituido \u00abSe\u00f1or\u00bb e \u00abHijo de Dios con poder\u00bb (Rom 1, 4), de parecida forma, a su Iglesia y en ella a todos cuantos por el bautismo somos injertados en el misterio de su Pascua, nos otorga participar en el misterio de su filiaci\u00f3n divina. Resumiendo el pensamiento de Pablo, E. Mersch escribe: \u00abAl igual que Cristo, puesto que es el Hijo, est\u00e1 en el Padre, los cristianos, dado que est\u00e1n en Cristo, estar\u00e1n tambi\u00e9n en el Hijo y en el Padre. Por otra parte, la unidad que tiene el Hijo con el Padre tendr\u00e1n tambi\u00e9n los cristianos a su modo; ser\u00e1n uno como el Padre y el Hijo son uno; ser\u00e1n uno en el Padre y en el Hijo; ser\u00e1n uno con una perfecta unidad&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>2) Tres son las expresiones b\u00e1sicas a trav\u00e9s de las que el NT presenta el car\u00e1cter mediador de Cristo: \u00abPor Cristo\u00bb, \u00abcon Cristo\u00bb y \u00aben Cristo\u00bb. La expresi\u00f3n \u00aben Cristo Jes\u00fas\u00bb, acaso de Pablo mismo\u00bb \u00abexpresa la estrecha uni\u00f3n entre Cristo y el cristiano, una inclusi\u00f3n o incorporaci\u00f3n que significa una simbiosis de los dos\u00bb. Es la presentaci\u00f3n de Cristo \u00abcomo personalidad corporativa\u00bb.<\/p>\n<p>3) Mutua inmanencia. La teolog\u00ed\u00ada habla de uni\u00f3n hipost\u00e1tica, cuando presenta la uni\u00f3n entre el Hijo eterno y el hombre Jes\u00fas de Nazaret. Uni\u00f3n que ha supuesto, \u00absin confusi\u00f3n ni divisi\u00f3n\u00bb, una aut\u00e9ntica comuni\u00f3n entre el Hijo de Dios y el hombre, de suerte que un hombre concreto, Jes\u00fas de Nazaret vino a ser Dios y viceversa: el Hijo de Dios vino a ser hombre (DS 301-202).<\/p>\n<p>De forma an\u00e1loga ha ocurrido en la Iglesia. La incorporaci\u00f3n de todos los hombres a Cristo ha establecido una comuni\u00f3n semejante, de suerte que la plenitud de la vida divina que reside en Cristo como Cabeza pasa a ser de la Iglesia, y toda la realidad de la Iglesia, excepto el pecado, viene a ser de Cristo.<\/p>\n<p>4. CRISTO, FUENTE DE VIDA PARA LA IGLESIA. Cuando el Concilio afirma que \u00abCristo es la vida de la Iglesia\u00bb (LG 50, 5), est\u00e1 afirmando la capitalidad absoluta de Cristo. La Iglesia no tiene vida propia; vive de la misma vida de Cristo, como Cristo vive de la vida del Padre. La comunicaci\u00f3n de la vida del Padre a los hombres, no tiene otro ca-mino de acceso fuera de Cristo, constituido Cabeza de la comunidad rescatada. La vida divina que el Verbo recibe del Padre, se comunica en plenitud a Jes\u00fas y, por Jes\u00fas, bajo, la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, a la Iglesia que es su Cuerpo.<\/p>\n<p>Ahora bien; esta vida que el Hijo comunica a su Cuerpo M\u00ed\u00adstico es su vida filial, que recibe del Padre. Por eso, la Iglesia, en Cristo, es hija del Padre: \u00abPorque son hijos de Dios, constituyen el cuerpo del Hijo \u00fanico de Dios; siendo \u00e9l la Cabeza y nosotros los miembros, somos el \u00fanico Hijo de Dios\u00bb. E. Mersch, por su parte, describe en estos t\u00e9rminos el contenido filial y, por lo mismo, trinitario, de la vida que la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, recibe de su Cabeza: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad la c\u00faspide de la teolog\u00ed\u00ada del Cuerpo M\u00ed\u00adstico: este Cuerpo tiene su principio en la vida de la unidad trinitaria. Sin lugar a duda este principio, en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico, es la humanidad de Cristo, pero es necesario continuar: esta humanidad no tiene su plenitud y su ilimitaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica sino es por su uni\u00f3n con Dios, ni tiene su uni\u00f3n con Dios sino por la uni\u00f3n al Verbo. Es, por tanto, a la vida trinitaria como de golpe e inmediatamente est\u00e1 referida; es por la comuni\u00f3n con esta vida y con esta unidad, dado que toda vida es unidad, que es constituida principio de vida y de unidad para toda la humanidad. En ella, en consecuencia, es en definitiva, la Trinidad su principio vital\u00bb.<\/p>\n<p>La concorporeidad plena y solidaria entre Cristo y la Iglesia ha hecho que \u00e9sta no s\u00f3lo participe la vida filial del Hijo, sino tambi\u00e9n sus funciones mesi\u00e1nicas: a) La condici\u00f3n sacerdotal. Cristo ha hecho part\u00ed\u00adcipe a la Iglesia de su propio sacerdocio, de suerte que pueda ser ,y sea de hecho, al igual que El y con El, bajo la acci\u00f3n del E.S., en todo su ser y en todo su obrar, una hostia de suave aroma para el Padre y una v\u00ed\u00adctima inmaculada para la salvaci\u00f3n del mundo (cf. LG 10).<\/p>\n<p>b) La misi\u00f3n prof\u00e9tica. La misi\u00f3n prof\u00e9tica de la Iglesia es, igualmente, consecuencia de su incorporaci\u00f3n a Cristo. Cuerpo de Cristo, la Iglesia participa la misma condici\u00f3n prof\u00e9tica de su Cabeza. En su propio ser, que es prolongaci\u00f3n en el tiempo de la misma vida trinitaria, debe traducirse, en mol-des humanos, el ser mismo de Dios, que es Amor-comuni\u00f3n. Al igual que Cristo, la Iglesia debe ser la epifan\u00ed\u00ada del Padre en el mundo: ser palabra del Padre a los hombres y palabra de los hombres al Padre. Al igual que Cristo es la Palabra del Padre y todo su ser es Palabra, de igual forma la misi\u00f3n prof\u00e9tica de la Iglesia en la que se ampl\u00ed\u00ada y prolonga la misi\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo, debe ser palabra del Padre a los hombres. Lo mismo que Cristo hablaba de lo que hab\u00ed\u00ada visto y o\u00ed\u00addo al Padre, la Iglesia debe manifestar lo que ha visto y o\u00ed\u00addo, es decir, aquello de lo que es testigo experimental: la vida filial que se le ha comunicado y de la que es portadora.<br \/>\nc) La Iglesia, sacramento de Cristo. Con la vertiente mist\u00e9rica de la Iglesia, el Concilio ha recuperado tambi\u00e9n su dimensi\u00f3n sacramental (cf. LG 1; SC 5, 2). No hay, de hecho, otra categor\u00ed\u00ada m\u00e1s adecuada que la sacramental para designar el complejo misterio de Cristo y de la Iglesia. Comprendido teol\u00f3gicamente el t\u00e9rmino, como lo entendieron la Patr\u00ed\u00adstica y el Concilio de Trento, hay que percibir por \u00absacramento\u00bb \u00absymbolum esse re\u00ed\u00ad sacrae et invisibilis gratiae formam visibilem\u00bb (DS 1639). Todo el ser humano de Cristo era signo expresivo y manifestativo del misterio del Padre invisible (\u00abel que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb, Jn 14, 9), as\u00ed\u00adcomo medio causativo de la autodonaci\u00f3n del Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo a los hombres. Cristo es el Hijo del Padre en su propia realidad humana. Y su filiaci\u00f3n divina no tendr\u00e1 otro cauce para comunicarse a los hombres fuera de su ser humano.<\/p>\n<p>Cuando el Concilio afirma la sacramentalidad de la Iglesia, reconoce dos cosas: 1) que su condici\u00f3n sacramental le proviene de Cristo, de quien es su Cuerpo; y 2) que esta condici\u00f3n sacramental es an\u00e1loga a la sacramentalidad de Cristo. Por eso, la Iglesia es tambi\u00e9n signo, es decir, realidad visible, en la que se significa el misterio de la vida del Padre invisible, que se comunica por Cristo, a trav\u00e9s de todo su Cuerpo (su realidad humana y su Cuerpo m\u00ed\u00adstico) a los hombres mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La Iglesia, en efecto, no s\u00f3lo significa la vida trinitaria, sino que tambi\u00e9n la comunica. As\u00ed\u00ad como el ser humano de Cristo fue el lugar \u00fanico en el que se hizo patente el Padre y sigue siendo el veh\u00ed\u00adculo \u00fanico en el paso de la vida trinitaria a los hombres, as\u00ed\u00ad ahora es la Iglesia el \u00e1mbito en el que se visualiza y se da el Padre por Cristo, in Spiritu, a los hombres. Por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que Cristo otorga a su Iglesia, la fuerza divinizadora del Resucitado pasa, por la misma Iglesia, a todos los hombres.<\/p>\n<p>5. CRISTO, FUENTE DEL ESP\u00ed\u008dRITU PARA LA IGLESIA. La resurrecci\u00f3n marca para Cristo el punto de arranque de su nueva condici\u00f3n de Kyrios. \u00abSiendo el mismo Hijo -en el interior de la Trinidad- en su plena pertenencia total al Padre el principio vital del Esp\u00ed\u00adritu Santo, no podr\u00e1 comunicarnos este Esp\u00ed\u00adritu en el plano de la encarnaci\u00f3n, en su calidad de hombre, sino cuando esa filiaci\u00f3n se realice plenamente en su humanidad y cuando haya expresado al Padre hasta el fin, en un acto humano libre, respondiendo el Padre a esa donaci\u00f3n con la resurrecci\u00f3n\u00bb. Esta m\u00e1xima entrega acontece en su muerte en la cruz, cuando queda destruido el pecado en su carne (cf. Rom 8, 3), que imped\u00ed\u00ada el accesdo del Esp\u00ed\u00adritu de filiaci\u00f3n. En ese instante el Esp\u00ed\u00adritu irrumpe en Jes\u00fas, que queda constituido en \u00abesp\u00ed\u00adritu vivificante\u00bb (1 Cor 15, 15). La plenitud del Esp\u00ed\u00adritu, que se derram\u00f3 sobre Cristo en su resurrecci\u00f3n, lo comunic\u00f3 el mismo Cristo a los hombres en la tarde de Pascua (cf. Jn 20, 22) y en Pentecost\u00e9s (He 2, 4) dando origen al nuevo Pueblo de Dios. En su resurrecci\u00f3n Cristo ha quedado constituido en fuente del Esp\u00ed\u00adritu para toda la Iglesia, de suerte que el Esp\u00ed\u00adritu es el art\u00ed\u00adfice del Cuerpo de Cristo y de todo su desarrollo.<\/p>\n<p>IV. El Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Iglesia<br \/>\nEl cambio de clave que se oper\u00f3 en el Concilio, de una visi\u00f3n de la Iglesia de signo societario e institucional, a otra en la que primaba la comprensi\u00f3n de la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb de comuni\u00f3n con el Dios Trino, y \u00absacramento\u00bb de irradiaci\u00f3n de la vida trinitaria, trajo como consecuencia el redescubrimiento del Esp\u00ed\u00adritu y su acci\u00f3n en la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica. Quien es \u00abla comuni\u00f3n personal\u00bb entre el Padre y el Hijo es tambi\u00e9n \u00abla comuni\u00f3n\u00bb del Padre y del Hijo con la Iglesia. El Concilio, as\u00ed\u00ad, era un claro exponente de la revelaci\u00f3n divina sobre la persona y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Aqu\u00ed\u00ad me limitar\u00e9 a poner de relieve algunos rasgos m\u00e1s se\u00f1alados.<\/p>\n<p>1. EL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO, ALMA DE LA IGLESIA. Es cierto que la alegor\u00ed\u00ada \u00abalma de la Iglesia\u00bb referida al Esp\u00ed\u00adritu Santo no es b\u00ed\u00adblica. Su contenido, sin embargo, est\u00e1 expresado claramente en el siguiente texto paulino: \u00abporque en un solo Esp\u00ed\u00adritu hemos sido todos bautizados para no formar m\u00e1s que un solo Cuerpo&#8230;\u00bb (1 Cor 12, 13). Nada de extra\u00f1o, que muy tempranamente fuera asumida por los Padres de la Iglesia86. San Agust\u00ed\u00adn, uno de los primeros que emplea la alegor\u00ed\u00ada, reconoce que \u00ablo que es nuestro esp\u00ed\u00adritu, es decir, nuestra alma para nuestros miembros, es el Esp\u00ed\u00adritu Santo para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada asume y se hace eco de la alegor\u00ed\u00ada e incluso el magisterio de la Iglesia. Para Le\u00f3n XIII, que cita literalmente al obispo de Hipona, el t\u00e9rmino alma aplicado al Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene el mismo contenido que para los Padres: \u00abBaste afirmar lo siguiente: como Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el Esp\u00ed\u00adritu Santo es su alma\u00bb. A prop\u00f3sito de la humanaci\u00f3n del Logos reconoce Le\u00f3n XIII, que, aun siendo obra com\u00fan de toda la Trinidad, \u00abse le asigna como propio al Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Y, aunque no expresa con la misma claridad la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, estamos autorizados a ampliar esta misma interpretaci\u00f3n de los textos en los que habla de la acci\u00f3n del Pneuma en el Cuerpo de Cristo. Le\u00f3n XIII reconoce la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia como hontanar del que procede en ella la vida divina, los dones, virtudes teologales y carismas, incluidos los ministerios.<\/p>\n<p>Por lo que hace al Concilio Vaticano II, una vez superada la penuria pneumatol\u00f3gica de la que adolec\u00ed\u00ada el primer esquema, la alegor\u00ed\u00ada \u00abalma\u00bb entr\u00f3 en el esquema de Ecclesia muy matizada, para alejar todo peligro de una comprensi\u00f3n formal: \u00abmas para que incesantemente nos renovemos en El (cf. Ef 4, 23) Cristo nos concedi\u00f3 participar de su Esp\u00ed\u00adritu, que siendo uno mismo en la Cabeza y en los miembros, de tal forma vivifica, unifica y mueve todo el Cuerpo, que su operaci\u00f3n pudo ser comparada por los santos Padres con el servicio que realiza el principio de vida o alma en el cuerpo humano\u00bb (LG 7, 7).<\/p>\n<p>2. ACCI\u00ed\u201cN PLURIFORME DEL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO EN LA IGLESIA. La alegor\u00ed\u00ada \u00abalma\u00bb en la ense\u00f1anza del Vaticano II comporta los siguientes aspectos:<br \/>\n1) El Concilio reconoce una acci\u00f3n peculiar del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, que le compete como a \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb que es en la Trinidad, es decir, como \u00abvinculum\u00bb entre el Padre y el Hijo. Lo mismo que en la vida del ser divino ad intra corresponde al Esp\u00ed\u00adritu Santo como propiedad peculiar por la que se distingue del Padre y del Hijo, unir a ambos, de id\u00e9ntica forma en su actuar \u00abad extra\u00bb. Misi\u00f3n suya propia es la de unir a todos los hombres con Cristo Cabeza y entre s\u00ed\u00ad, como une el alma a todos los miembros del cuerpo humano. H. M\u00fchlen, que ha desarrollado con amplitud este tema, reconoce que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es el \u00abnosotros enpersona\u00bbdel Padre y del Hijo y el \u00abnosotros\u00bb de la Iglesia; es decir, lo que constituye a la tercera persona en su condici\u00f3n de \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb es el ser Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo. La propiedad personal del Pneuma es la de unir personas, tanto en la vida trinitaria como en la Iglesia, que es el pleroma de la Trinidad.<\/p>\n<p>La alegor\u00ed\u00ada \u00abalma\u00bb del Cuerpo de Cristo es necesario entenderla en esta clave trinitaria: lo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es en la Trinidad, lo es en el Cuerpo de Cristo: \u00abunus et \u00ed\u00addem in Capite et in membris\u00bb (LG 7, 7). El texto conciliar es medular y de una extrema densidad. El Concilio quiere afirmar con \u00e9l que el fundamento de la misi\u00f3n exuberante del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia radica aqu\u00ed\u00ad: en que el mismo Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo, el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, es el Esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia. Y la misma condici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la Trinidad se prolonga en el Cuerpo de Cristo (Cabeza y miembros), de suerte que en Cristo Cabeza y en todos los miembros de su Cuerpo alienta el mismo Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La referencia del texto conciliar a Ef 4, 23 indica que todos los hombres constituimos el \u00fanico Cuerpo de Cristo, porque hemos sido bautizados en el mismo Esp\u00ed\u00adritu, que resucit\u00f3 a Cristo en su Pascua. El Esp\u00ed\u00adritu que Jes\u00fas recibe de su Padre es el mismo que comunica en Pentecost\u00e9s a su Cuerpo, de suerte que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es la ra\u00ed\u00adz de la uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia.<\/p>\n<p>2) La doctrina conciliar sobre el Esp\u00ed\u00adritu como \u00abalma\u00bb de la Iglesia por su engarce con la teolog\u00ed\u00ada de los Padres favorece la comprensi\u00f3n griega de la deificaci\u00f3n del hombre. Para los Padres griegos, en general, la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el hombre es lo primero que se da en el proceso de su deificaci\u00f3n. La presencia del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia y en los cristianos es la ra\u00ed\u00adz de todos los dones divinos que advienen al hombre, incluso, de la gracia creada.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo con la Iglesia es semejante (\u00abnon dissimili modo\u00bb), a la que media entre la persona del Logos y el hombre Jes\u00fas: \u00abComo la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como \u00f3rgano de salvaci\u00f3n a El indisolublemente unido, de forma semejante la uni\u00f3n social de la Iglesia sirve al Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que la vivifica para el incremento del Cuerpo (cf. Ef 4, 16)\u00bb (LG 8, 1).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los textos citados (LG 7, 7 y 8, 1) encontramos en el Concilio otros en los que bajo la alegor\u00ed\u00ada paulina de \u00abTemplo\u00bb, se afirma la especial presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia y en los cristianos, como ra\u00ed\u00adz de todo otro don del Par\u00e1clito. Consecuente con la ense\u00f1anza de la Escritura y de los Padres, reconoce una presencia peculiar del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia, que no es sustancial ni hipost\u00e1tica, pero que dista mucho de ser una mera apropiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta especial presencia y acci\u00f3n del Pneuma en la Iglesia no obsta a la unidad de operaci\u00f3n que compete al ser divino: en las obras ad extra todo es com\u00fan a las tres personas, pero seg\u00fan el \u00aborden\u00bb respectivo de cada una en la vida intratrinitaria. El Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 presente en la Iglesia y la vivifica y anima en cuanto que es el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo, y el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado, y en cuanto es enviado del Padre por el Hijo para realizar el plan del Padre y la obra del Hijo: el retorno de todas las cosas, \u00abper Christum in Spiritu\u00bb al Padre. \u00abNo somos vivificados por el Esp\u00ed\u00adritu independientemente de Cristo, que es la Cabeza; somos vivificados por \u00abel Esp\u00ed\u00adritu de Cristo\u00bb. Esp\u00ed\u00adritu de Cristo no solamente porque es Cristo quien nos da el Esp\u00ed\u00adritu; sino Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, porque reside en primer lugar en Cristo Cabeza, de quien se difunde en todo el Cuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>El Vatiano II ha superado las insuficiencias pneumatol\u00f3gicas de Petau y Scheeben por haber partido de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, animado por el Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n3) De la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en la Iglesia brota, como de su fuente, la vida filial de los cristianos y todo su desarrollo. a) La vida filial. El Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abes el Esp\u00ed\u00adritu de la vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39) por quien vivifica el Padre a todos los muertos por el pecado\u00bb (LG 4, 2). La vida eterna que brota en las alturas del seno del Padre se vierte en cascada sobre Cristo, en el misterio de su resurrecci\u00f3n, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas resucitado desciende, mediante los sacramentos, sobre los miembros de su Cuerpo, suscitando en ellos la misma vida del Resucitado.<\/p>\n<p>b) Vida santa. La Iglesia ha sido santificada en el nombre de Jes\u00fas \u00aby en el Esp\u00ed\u00adritu de nuestro Dios\u00bb (1 Cor 6, 11), \u00abmediante la acci\u00f3n santificadora del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2 Tes 2, 13). La santificaci\u00f3n es fundamentalmente una transformaci\u00f3n interior, fruto de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia. Es obra de Cristo por su Esp\u00ed\u00adritu, \u00abque esel que opera esta nueva creaci\u00f3n, esta regeneraci\u00f3n espiritual\u00bb101.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo proviene del Esp\u00ed\u00adritu la santidad ontol\u00f3gica; el Esp\u00ed\u00adritu es, igualmente, el principio de todo su desarrollo. Si la santidad es la vida nueva en Cristo, pertenece tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu su desarrollo hasta que llegue a la estatura de Cristo (cf. Ef 4, 13). Si el Esp\u00ed\u00adritu Santo es el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de filiaci\u00f3n\u00bb (Rom 8, 15), a \u00e9l compete desarrollar esta vida filial de suerte que los hombres sean\u00e9n plenitud hijos del Padre. Son las virtudes teologales y los dones, los grandes medios de que se sirve el Esp\u00ed\u00adritu Santo para desarrollar la vida filial en Cristo.<\/p>\n<p>c) Misi\u00f3n asistencial del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El Pneuma divino asiste a la Iglesia en su tarea de anunciar y transmitir a Cristo: aa) El Concilio ha afirmado en repetidas ocasiones la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, dirig\u00e9ndola y asisti\u00e9ndola en su peregrinar hacia el Padre: \u00ab(El Pneuma) conduce a la Iglesia a la uni\u00f3n consumada con su Esposo\u00bb (LG 4, 1); bb) Como \u00abEsp\u00ed\u00adritu de la verdad\u00bb (LG 12, 1) gu\u00ed\u00ada a la Iglesia \u00aba la verdad completa\u00bb (Jn 16, 13). El Esp\u00ed\u00adritu no es un maestro que ense\u00f1a sino que repite y explica las ense\u00f1anzas del Maestro&#8230; \u00abNo hay, pues, nuevas revelaciones del Esp\u00ed\u00adritu, sino una interpretaci\u00f3n continua por el Esp\u00ed\u00adritu de la revelaci\u00f3n de Cristo, que no cesa de esclarecer los acontecimientos del mundo\u00bb; cc) La infalibilidad de la Iglesia es igualmente un don del Esp\u00ed\u00adritu. Un tema en el que ha aflorado en el Concilio la persona y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia ha sido el del \u00absensus fidei\u00bb o \u00abinfalibilidad in credendo\u00bb: \u00abLa infalibilidad de la fe enla Iglesia es una afirmaci\u00f3n tradicionalmente universal\u00bb. \u00ab&#8230;A la luz del Nuevo Testamento ser\u00ed\u00ada aberrante postular un divorcio entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Iglesia. Ser\u00ed\u00ada algo contrario a las promesas de Jes\u00fas, que anunci\u00f3 juntamente al Esp\u00ed\u00adritu y a la Iglesia (Jn 7, 39; 14, 16; Mt 16, 18); contrario al acontecimiento de Pentecost\u00e9s, que los vio aparecer juntos en la historia de la salvaci\u00f3n (He 2); contrario tambi\u00e9n a la esperanza cristiana, que ve al Esp\u00ed\u00adritu y a la Esposa suspirar por la parus\u00ed\u00ada (Ap 22, 17)\u00bb. La ra\u00ed\u00adz profunda que asegura la infalibilidad de la Iglesia en la comunicaci\u00f3n y transmisi\u00f3n del misterio de Cristo radica en la presencia-inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico, afirmada reiteradamente por los autores del NT y tambi\u00e9n por el Concilio. El Vaticano II, por tanto, de acuerdo con la doctrina revelada y con la interpretaci\u00f3n de la Tradici\u00f3n, ha reconocido \u00abque la Iglesia en su conjunto, conducida por el Esp\u00ed\u00adritu hacia la verdad, no puede desviarse del recto camino. Es el Esp\u00ed\u00adritu Santo el que suscita el sentido de la fe y quien lo sostiene continuamente como un don de discernimiento, entre la verdad revelada y el error, en armon\u00ed\u00ada con el magisterio que el mismo Esp\u00ed\u00adritu confiere a los obispos&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>d) El Esp\u00ed\u00adritu Santo y los carismas. Los efectos de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia se concretan en una doble vertiente: la deificaci\u00f3n del hombre y otros muchos dones o \u00abcarismas\u00bb, que se ordenan al crecimiento y desarrollo de todo el pleroma eclesial (1 Cor 7, 7; 12, 4-11.28.31).<\/p>\n<p>De todas formas, hay que reconocer que, normalmente, se ha reservado el t\u00e9rmino \u00abcarisma\u00bb para los dones particulares que el Esp\u00ed\u00adritu Santo otorga a determinados miembros de la Iglesia en orden a su desarrollo<br \/>\nAl igual que toda la obra salv\u00ed\u00adfica, Pablo reconoce el origen \u00abtrinitario\u00bb de los carismas: brotan del Padre como de su fuente; se nos dan (objetivamente) en Cristo; pero se otorgan en concreto a cada uno mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Proceden, en una palabra, de las tres personas, pero seg\u00fan el orden trinitario en la econom\u00ed\u00ada, si bien el Ap\u00f3stol los refiere primordialmente al Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Para el Ap\u00f3stol, por tanto, toda la Iglesia es carism\u00e1tica. La raz\u00f3n estriba en que todos los bautizados son el Cuerpo de Cristo y est\u00e1n animados por el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que es el art\u00ed\u00adfice del Cuerpo y que distribuye los dones para su edificaci\u00f3n, como a \u00e9l le place: \u00abcada uno tiene de Dios su gracia particular\u00bb (1 Cor 7, 7). \u00abEn el fondo de la doctrina paulina (sobre los carismas) se halla la convicci\u00f3n general que ten\u00ed\u00ada la Iglesia primitiva de que la edad mesi\u00e1nica inaugurada con la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, era la edad del Esp\u00ed\u00adritu Santo, comunicado al nuevo Pueblo de Dios y activo en el mismo\u00bb.<\/p>\n<p>El tema de los carismas ha sido una novedad en el Vaticano II (LG 12). Existencialmente la Iglesia como realidad institucional se constituye por la \u00abPalabra\u00bb, por los \u00absacramentos\u00bb y por \u00abel ministerio apost\u00f3lico\u00bb. Desde esta perspectiva la Iglesia es una \u00abinstituci\u00f3n\u00bb. Pero esta instituci\u00f3n es \u00abcarism\u00e1tica\u00bb es decir, el don del Padre, dado a los hombres en Cristo se hace realidad salv\u00ed\u00adfica en el don del Esp\u00ed\u00adritu, por quien se interioriza lo dado (Cristo resucitado, y en \u00e9l, el Padre) en la Iglesia y en los cristianos.<\/p>\n<p>Los \u00abcarismas\u00bb, \u00abdones\u00bb o \u00abgracias especiales\u00bb de que habla el Concilio vienen entendidos como dones distintos de la gracia santificante. No son sacramentos, ni ministerios propiamente dichos, ni virtudes teologales o morales sino \u00abgracias especiales\u00bb que el Esp\u00ed\u00adritu Santo otorga a quien y como quiere para com\u00fan utilidad.<\/p>\n<p>A la hora de especificar cu\u00e1les son estos carismas, el Concilio se queda en los principios formales. Habla de modo gen\u00e9rico de \u00abdones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos\u00bb (LG 4, 1; AG 4) o simplemente \u00abdones y carismas\u00bb (LG 12, 2; GS 38, 1. AA 3, 4; AG 23, 1), \u00abministerios\u00bb (en plural, acept\u00e1ndolos en sentido m\u00e1s amplio que el ministerio jer\u00e1rquico) (cf. LG 7, 3; DV 25, 1; SC 29, 1; etc.), \u00abgracias especiales\u00bb (LG 12, 2), etc. No se especifica m\u00e1s. El Concilio se sit\u00faa en una l\u00ed\u00adnea intermedia entre la comprensi\u00f3n cl\u00e1sica de los carismas como dones extraordinarios y la manera paulina de entenderlos en calidad de \u00abdon gratuito que viene de Dios\u00bb.<br \/>\nComo procedentes del Esp\u00ed\u00adritu, los carismas deben ser respetados, de suerte que los pastores, a quienes compete vigilar su grey (He 20, 28), han de juzgar la legitimidad de los mismos (LG 12, 2. 30. PO 9, 2; AA 3, 4) pero en manera alguna los deben apagar (LG 12, 2; AA 3, 4).<\/p>\n<p>V. La Iglesia, Pueblo de Dios Trinidad<br \/>\n1. LA ALEGOR\u00ed\u008dA DE \u00abPUEBLO\u00bb. Es necesario reconocer que la alegor\u00ed\u00ada de \u00abPueblo\u00bb no hab\u00ed\u00ada logrado mucho eco en la eclesiolog\u00ed\u00ada de los \u00faltimos siglos. La figura, sin embargo, ten\u00ed\u00ada una fuerte raigambre b\u00ed\u00adblica y, adem\u00e1s, ofrec\u00ed\u00ada especiales motivos para ser adoptada en la actualidad. \u00abLa noci\u00f3n de Pueblo de Dios sirve, en primer lugar, para expresar la continuidad de la Iglesia con Israel. Nos lleva por s\u00ed\u00ad misma a considerarla en una historia dominada y definida por el designio de Dios para con los hombres, que es designio de alianza y salvaci\u00f3n\u00bb<br \/>\na. Ra\u00ed\u00adz b\u00ed\u00adblica de la alegor\u00ed\u00ada. \u00abPueblo de Dios\u00bb es uno de los temas fundamentales del AT. Israel es el Pueblo elegido por Yahv\u00e9; un Pueblo vinculado a Dios de modo singular por ser objeto de su propiedad. Esta pertenencia del Pueblo a Yahv\u00e9 crea entre ambos unos v\u00ed\u00adnculos \u00fanicos que son descritos con diversas alegor\u00ed\u00adas, que expresan unas relaciones de tipo familiar. Israel es \u00abhijo\u00bb de Yahv\u00e9 y su \u00abprimog\u00e9nito\u00bb (Ex 4, 22; Dt 14, 1; Is 1, 2.4; etc.).<\/p>\n<p>Como consecuencia de esta elecci\u00f3n, Israel es un Pueblo \u00absanto\u00bb (Dt 7, 6; 14, 2.21; 26, 19; 28, 9); un Pueblo escogido por Yahv\u00e9 para ser portador de la esperanza del mundo en la realizaci\u00f3n del proyecto de Dios. Israel, por tanto, es un pueblo misionero que no tiene una especial significaci\u00f3n hist\u00f3rica. Su misi\u00f3n estriba en contribuir a la realizaci\u00f3n del designio divino sobre el mundo.<\/p>\n<p>Israel encuentra su plenitud en la Iglesia, que es el nuevo Pueblo en el que se cumplen todas las promesas y esperanzas que alentaron al antiguo Israel. Hasta 140 veces aparece en el NT el t\u00e9rmino \u00abPueblo\u00bb referido a la comunidad fundada por Jes\u00fas. Se trata del nuevo Pueblo que ha hecho surgir el Padre por la obra redentora del Se\u00f1orresucitado, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Nuevo Pueblo en el que ya no hay griego ni romano, siervo o libre, hombre o mujer (G\u00e1l 3, 38). Todos cuantos aceptan a Cristo pueden pertenecer a este Pueblo de Dios y heredar las promesas de la salvaci\u00f3n (Rom 4, 13ss.). \u00abLa diferencia (entre el antiguo y el nuevo Pueblo) tiende esencialmente al hecho de que con la venida de Dios mismo como jefe religioso de los hombres, los bienes prometidos al Pueblo de Dios se revelan nada menos que patrimoniales \u00abdel Pueblo de Dios\u00bb. La herencia verdadera del Pueblo de Dios no es la Tierra prometida, es la vida eterna, es decir, la comuni\u00f3n con Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Este nuevo Pueblo es verdaderamente \u00abhijo de Dios\u00bb, el Padre, en Cristo, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y por eso mismo, un Pueblo \u00absanto\u00bb, \u00absacerdotal\u00bb, \u00abprof\u00e9tico\u00bb y \u00abreal\u00bb. Un Pueblo salvado, pero en camino, con la misi\u00f3n de ir enrolando en su marcha a todos los hombres, para hacerlos part\u00ed\u00adcipes de la misma salvaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad su condici\u00f3n peregrinante y misionera. \u00abDel G\u00e9nesis al Apocalipsis la idea de Pueblo de Dios es uno de los hilos conductores de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>b. En el Vaticano II. M\u00e1s de 300 obispos pidieron al Concilio que, tras el cap. I \u00abDe Ecclesiae mysterio\u00bb se insertara otro que, con el t\u00ed\u00adtulo \u00abDe Populo Dei\u00bb englobara a todos los estamentos de la Iglesia, y se contemplara el teandrismo de la misma. Y as\u00ed\u00ad fue. El nuevo cap. sobre el \u00abPueblo de Dios\u00bb no pod\u00ed\u00ada ser m\u00e1s oportuno para expresar el misterio de la Iglesia en su andadura por la historia. La Iglesia, que en el Concilio ha intentado entablar un di\u00e1logo con el mundo, ha venido a decir que tambi\u00e9n ella es un Pueblo. Un Pueblo en marcha. Pero eso s\u00ed\u00ad: un Pueblo que tiene su origen m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del tiempo, en Dios mismo, el Padre; un Pueblo convocado por la Palabra de Dios, que no est\u00e1 circunscrito por lindes humanos y que transciende todo lo creado. Un Pueblo en el que alienta el Esp\u00ed\u00adritu, que es su principio unificador y el impulsor de su marcha hacia su consumaci\u00f3n. Un Pueblo que se mueve en la historia como todos los pueblos, pero con un sentido metahist\u00f3rico y transcendente. Un Pueblo \u00absui generis\u00bb, que no tiene fronteras en este mundo y al que est\u00e1n llamados a pertenecer todos los pueblos de la tierra. Y es que la Iglesia es el \u00abPueblo de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Como Pueblo de Dios el Concilio ha tenido buen cuidado de poner de relieve su teandrismo trinitario. Llama la atenci\u00f3n a trav\u00e9s de todos los documentos conciliares la preocupaci\u00f3n del Concilio por describir este Pueblo de Dios por su especial relaci\u00f3n con las tres personas [cf. supra I-IV].<\/p>\n<p>2. LA IGLESIA, FAMILIA DE Dios. 1) Como Palabra definitiva del Padre a los hombres y \u00abplenitud de toda revelaci\u00f3n\u00bb (DV 2), Jes\u00fas descubre a los hombres el misterio del ser divino como Familia original: revela a Dios que es Padre suyo (Mt 11, 25-27) y Padre de todos los hombres (Mt 5, 7; Jn 20, 17; etc.). El hombre no es s\u00f3lo su \u00abvisir\u00bb en la tierra, sino que es aut\u00e9ntico hijo suyo y, en consecuencia, hermano de todos los hombres (Mt 23, 8-9). Las relaciones del hombre con Dios y con sus semejantes adquieren el rango de \u00abfamiliares\u00bb. Cuando Jes\u00fas rompe con los fariseos que eran su familia espiritual y con su familia carnal (Mt 12, 46-50), crea en torno suyo una nueva familia (Mc 3, 31-35), en la que los que est\u00e1n con \u00e9l son su madre y sus hermanos. El verdadero parentesco con Jes\u00fas viene por el cumplimiento de la voluntad del Padre. Los disc\u00ed\u00adpulos son todos hermanos. Es el t\u00ed\u00adtulo nobiliario m\u00e1s significativo que pueden ostentar, porque los constituye en miembros de la Familia de Dios.<\/p>\n<p>2) Para san Pablo los cristianos son \u00abla Familia de Dios\u00bb (Ef 2, 19), la concreci\u00f3n del designio del Padre: creada en Cristo como \u00abplenitud\u00bb de su filiaci\u00f3n, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Ef 1, 23). En otras palabras, es una Familia de hijos del Padre, de hermanos con el hermano mayor, el Hijo encarnado, animados por el mismo \u00abEsp\u00ed\u00adritu de Familia\u00bb. El signo visible de esta pertenencia a la Familia de Dios es la \u00abdomus\u00bb o \u00abEkldes\u00ed\u00ada\u00bb, en la que se re\u00fanen los cristianos para la fracci\u00f3n del pan y la instrucci\u00f3n (He 2, 42; 12, 12). \u00abLa asamblea cultual en una casa manifiesta que todos los que forman parte de ella son realmente casafamilia\u00bb.<\/p>\n<p>3) Por lo que hace a la ense\u00f1anza del Vaticano II, hay que hacer menci\u00f3n, ya en la fase preparatoria, de varias intervenciones cualificadas de Padres conciliares que abogaban porque el Concilio se pronunciara m\u00e1s abundantemente sobre el particular. Como bot\u00f3n de muestra valga una de las numerosas intervenciones del obispo vietnamita S.H. NGUYEN VAN HIEN: \u00abHago votos porque, a modo de introducci\u00f3n a las constituciones y decretos,se declare: c\u00f3mo la Iglesia de Dios es una gran Familia, en la que Dios Padre&#8230; por medio de Jesucristo, en su com\u00fan Esp\u00ed\u00adritu de amor, se ha dignado llamar a todos los hombres, para que vengan a ser sus hijos por adopci\u00f3n y se reconozcan y amen como hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>El Concilio, de hecho, acept\u00f3 la sugerencia de los Padres conciliares e introdujo, sobre todo en la LG, el concepto de \u00abFamilia\u00bb aplicado a la Iglesia, para expresar su dimensi\u00f3n familiar: los cristianos son hijos del Padre, hermanos del Primog\u00e9nito, unidos por el mismo \u00abEsp\u00ed\u00adritu de Familia\u00bb, el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Es, sin embargo, en la GS donde con mayor relieve se destaca esta vertiente. Mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y el servicio fraterno de los hermanos, la comunidad humana se edifica \u00abcomo familia amada de Dios y de Cristo hermano\u00bb (GS 32, 5). Por eso Cristo en su predicaci\u00f3n mand\u00f3 claramente a los hijos de Dios que se traten como hermanos\u00bb (GS 32, 3).<\/p>\n<p>Este n\u00famero responde realmente a los deseos expresados por los Padres que ped\u00ed\u00adan una presentaci\u00f3n de la Iglesia como Familia de Dios, en la que se pusiera de relieve que todos los hombres son hijos del Padre, que Cristo es el Hermano Mayor entre una muchedumbre de hermanos, y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el v\u00ed\u00adnculo de amor y de unidad entre todos ellos. En este n\u00famero, en efecto, se reconoce paladinamente que esta \u00abFamilia de Dios\u00bb es tal porque todos los hombres, por la aceptaci\u00f3n de Cristo y su mensaje, han quedado incorporados a El, participando su propia vida, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. El hecho de la incorporaci\u00f3n a Cristo por obra del Esp\u00ed\u00adritu crea en todos los hombres un nuevo tipo de relaciones que hay que calificar de \u00abfamiliares\u00bb, entre el hombre y las tres personas divinas, y el hombre con sus semejantes: el hombre en Cristo es hijo del Padre, hermano de Cristo, que viene a ser el Primog\u00e9nito entre muchos hermanos, y queda animado por el Esp\u00ed\u00adritu, que act\u00faa como \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb, es decir, como principio de vida \u00abfamiliar\u00bb: amor, comuni\u00f3n, servicio al Padre por Cristo y en Cristo, y a los hombres, por Cristo y en Cristo, desde el Padre. El Concilio mismo llega a calificar al Esp\u00ed\u00adritu Santo de \u00abEsp\u00ed\u00adritu familiar\u00bb (GS 42, 4).<\/p>\n<p>El \u00abPueblo\u00bb y \u00abFamilia\u00bb de Dios es una \u00abcomunidad\u00bb \u00abOyente de la Palabra\u00bb; un \u00abPueblo santo\u00bb; \u00abuna comunidad que celebra la salvaci\u00f3n del Padre, por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb; una \u00abcomunidad misionera\u00bb y una \u00abcomunidad en camino hacia la consumaci\u00f3n en la Casa del Padre\u00bb.<\/p>\n<p>3. PUEBLO CONVOCADO POR LA PALABRA. La Iglesia, en efecto, ha surgido por la Palabra del Padre, que es Cristo mismo. \u00abLa Iglesia antes de ser comunidad eucar\u00ed\u00adstica y bautismal, debe ser comunidad evang\u00e9lica, es decir, convocada por la Palabra\u00bb.<\/p>\n<p>Para los Sin\u00f3pticos la Palabra de Dios funda el Reino (Mt 13, 19. 23. 33; Mc 4, 9; Lc 14, 35) que es la Iglesia. De hecho, la comunidad que surge de la Pascua vive y se desarrolla por la Palabra (He 2, 42). Para el Ap\u00f3stol la Iglesia es la \u00abreuni\u00f3n\u00bb que surge por la Palabra del mensaje cristiano (Rom 1, 6; 1 Cor 1, 2); est\u00e1 fundada en la predicaci\u00f3n de los profetas (Ef 2, 30) y mira a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (Ef 4, 11-13). Juan, por su parte, nos muestra a Cristo que por su Palabra hace surgir la Iglesia (Jn 17, 14) como pluralidad en unidad semejante a la comuni\u00f3n entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jn 17, 17.20-21). Es m\u00e1s; la Iglesia debe manifestar al mundo la comuni\u00f3n de los Tres (Jn 17, 23).<\/p>\n<p>La Palabra convoca y edifica la Iglesia, pero no sola, sino mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por su parte, la Iglesia que surge de la Palabra y del Esp\u00ed\u00adritu, se constituye en presencia verificable de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Padre. Lo mismo que Cristo, con sus ejemplos y ense\u00f1anzas, fue la visualizaci\u00f3n del Padre (Jn 14, 5. 8), la Iglesia debe traducir en su existencia el misterio del Padre. En su vida de amor y de servicio debe expresar que Dios es Amor (1 Jn 4, 8.16). Pero tambi\u00e9n con su predicaci\u00f3n (He 1, 8; 28, 3; 1 Cor 1, 17; etc.).<\/p>\n<p>La Iglesia ha recibido tambi\u00e9n la misi\u00f3n de interpretar la Buena Nueva. La revelaci\u00f3n divina llega a los hombres a trav\u00e9s de estos tres cauces: Escritura, Tradici\u00f3n y Magisterio. Pues bien; la Iglesia ha recibido la misi\u00f3n de guardiana e int\u00e9rprete de la revelaci\u00f3n divina (DS 1793, 1800, 1836, 2145). Para ello cuenta con la asistencia especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que no s\u00f3lo la preserva de todo error, sino que la gu\u00ed\u00ada a la plenitud de la verdad (Jn 14, 26; 16, 12-13; 15, 26). [C\u00c2\u00a3 supra IV, 2.6].<\/p>\n<p>Para el Concilio Vaticano II la Iglesia es la comunidad suscitada por el Padre, mediante su Palabra encarnada, en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu que interpreta el misterio revelado. El Pueblo de Dios es el \u00e1mbito en el que se ampl\u00ed\u00adan las mismas procesiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es la comunidad en la que se transmite lo revelado, a saber, la vida trinitaria, comunicada a trav\u00e9s de los cauces de la Tradici\u00f3n y de la Escritura (DV 10). \u00abAs\u00ed\u00ad, Dios que habl\u00f3 en otros tiempos, sigue conversando siempre con la esposa de su I-Iijo amado; as\u00ed\u00ad el Esp\u00ed\u00adritu Santo, por quien la voz viva del evangelio resuena en la Iglesia&#8230; va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos internamente la Palabra de Cristo (cf. Col 3, 16)\u00bb (DV 8, 3). \u00abAs\u00ed\u00ad la Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y trasmite a todas las edades lo que ella es y cree\u00bb (DV 8, 1).<\/p>\n<p>4. PUEBLO SANTO. La santidad es una de las notas esenciales de la Iglesia. El Vaticano II ha puesto de relieve, como ning\u00fan otro Concilio, la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gico-trinitaria de la santidad, en cuanto la Iglesia participa de la santidad misma de Dios Trinidad. \u00abLa Iglesia, cuyo misterio est\u00e1 exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu Santo es proclamado \u00abel \u00fanico Santo\u00bb, am\u00f3 a la Iglesia como a su esposa, entreg\u00e1ndose a S\u00ed\u00ad mismo como su propio cuerpo y la enriqueci\u00f3 con el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo para gloria de Dios\u00bb (LG 39). \u00abLos seguidores de Cristo, llamados por Dios Padre&#8230; y justificados en el Se\u00f1or Jes\u00fas, han sido hechos por el bautismo&#8230; verdaderos hijos de Dios, y part\u00ed\u00adcipes de la divina naturaleza, y por lo mismo, realmente santos\u00bb (LG 40, 1).<\/p>\n<p>El Vaticano II ha situado la santidad de la Iglesia en el marco b\u00ed\u00adblico enel que prima un contenido m\u00e1s ontol\u00f3gico que moral.<\/p>\n<p>a. En la revelaci\u00f3n divina el concepto \u00absanto\u00bb expresa el misterio del ser divino en s\u00ed\u00ad y su comunicaci\u00f3n a los hombres. En el primer caso, \u00abel concepto de santidad se confunde con el de divinidad&#8230;; la santidad de Dios viene a ser, por tanto, expresi\u00f3n de su perfecci\u00f3n esencial y sobrenatural\u00bb. En esta l\u00ed\u00adnea la santidad de Yahv\u00e9 adquiere tambi\u00e9n un significado moral: s\u00f3lo Yahv\u00e9 es santo, porque \u00fanicamente El est\u00e1 separado de las cosas que son imperfectas e impuras.<br \/>\nLa alianza del Sina\u00ed\u00ad, por otra parte, constituye al Pueblo elegido en un Pueblo santo, que participa de alguna manera la santidad de Yahv\u00e9, de suerte que Israel es un Pueblo santo (Dt 7, 6; 26, 19). Por eso \u00abla santidad de Yahv\u00e9 exige la santidad del Pueblo como condici\u00f3n de la relaci\u00f3n con El\u00bb.<\/p>\n<p>La santidad de Yahv\u00e9 debe encontrar su correspondencia en la santidad del Pueblo. Yahv\u00e9 es el \u00abSanto de Israel\u00bb (Is 1, 4); pero Israel es, a su vez, el \u00abPueblo santo de Dios\u00bb (Dt 7, 6; 14, 2; 28, 9). La santidad del Pueblo se ha de expresar en una vida de amor, obediencia y justicia (Is 1, 4-20; Dt 6, 4-9). Para el AT la santidad moral es sencillamente una disposici\u00f3n que precede y acompa\u00f1a al Pueblo para recibir la santidad de Dios.<\/p>\n<p>b. El NT supone el contenido ontol\u00f3gico veterotestamentario de la santidad. Los escritores sagrados raras veces aplican el calificativo de \u00abSanto\u00bb a Dios Padre. En labios de Jes\u00fas Dios es el \u00abPadre santo\u00bb (Jn 17, 11; Cf. 1 Pe 1, 15), y los hombres han de santificar el nombre del Padre (Mt 6, 9). M\u00e1sabundantemente, sin embargo, se aplica en el NT el calificativo de \u00abSanto\u00bb al Mes\u00ed\u00adas. Jesucristo, en efecto, es calificado como \u00abSanto de Dios\u00bb (Mc 1, 24; Lc 4, 34; Jn 6, 69), santificado desde su concepci\u00f3n virginal (Lc 1, 35; Mt 1, 18) y en orden a su obra mesi\u00e1nica (Le 3, 22). Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s; Jes\u00fas, por ser el \u00abSanto de Dios\u00bb, es tambi\u00e9n el que da el Esp\u00ed\u00adritu de santidad (Jn 1, 33; He 1, 5). Por eso, pide al Padre la santificaci\u00f3n de los hombres y dice que se santifica por ellos (Jn 17, 17.19). El Esp\u00ed\u00adritu, de igual forma, es denominado \u00abSanto\u00bb por su especial misi\u00f3n en la obra del Mes\u00ed\u00adas y en la santificaci\u00f3n de la Iglesia (Le 1, 35; Mt 3, 11). \u00abEl NT revela la santidad de Dios como expresamente trinitaria\u00bb.<\/p>\n<p>El Dios Trino, sin embargo, ha querido hacer a los hombres part\u00ed\u00adcipes de su propia santidad. \u00abEl Dios de Pablo es&#8230; santificador y vivificador\u00bb. El Ap\u00f3stol nos recordar\u00e1 que el Padre ha predestinado a los hombres \u00abpara ser santos&#8230; por medio de Jesucristo&#8230; y con el sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Ef 1, 4-5. 13) \u00abLa expresi\u00f3n \u00absantos e inmaculados\u00bb&#8230; indica las caracter\u00ed\u00adsticas objetivas de los cristianos, los cuales, en raz\u00f3n de su bautismo participan de la integridad de la santidad de Cristo&#8230; En consecuencia, los cristianos, \u00abelegidos en Cristo\u00bb son tambi\u00e9n santos en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>La santidad de la Iglesia, por tanto, es un nuevo modo de ser: el ser mismo de Dios Trino. Lo mismo que en Dios su ser infinito es su santidad, de id\u00e9ntica forma ocurre en la Iglesia: su santidad es su participaci\u00f3n en el ser divino. Ahora bien; el ser divino subsiste en tres personas. De ah\u00ed\u00ad que la participaci\u00f3n del hombre en el ser trinitario de Dios comporte la participaci\u00f3n en la \u00fanica naturaleza divina, pero en cuanto subsistente en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter trinitario de la ontolog\u00ed\u00ada de la santidad. La santidad cristiana es \u00abfilial\u00bb, \u00abcristiforme\u00bb y \u00abespiritual\u00bb. Es \u00abcristiforme\u00bb en cuanto que en Cristo participa su misma vida (Jn 1, 16); es \u00abfilial\u00bb por cuanto la vida que participa la Iglesia en Cristo es la misma vida que El recibe del Padre, y es \u00abespiritual\u00bb toda vez que tiene como principio generador al Esp\u00ed\u00adritu. \u00abLa Iglesia es santa en el sentido de que ella es Dios mismo santificando a los hombres en Cristo por su propio Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>5. COMUNIDAD QUE CELEBRA LAS MARAVILLAS\u00bb DE LA SS. TRINIDAD. P\u00ed\u00ado XII nos ofreci\u00f3 en la MI) una visi\u00f3n de la liturgia en clave eclesial. La liturgia es \u00abel culto p\u00fablico integral de todo el Cuerpo de Cristo (Cabeza y miembros) al Padre\u00bb. La MD ven\u00ed\u00ada a ser el eco de la eclesiolog\u00ed\u00ada de la MC. La MC, punto de llegada del \u00abmovimiento eclesiol\u00f3gico\u00bb, supuso un intento de expresar bajo la alegor\u00ed\u00ada de \u00abCuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo\u00bb, la doble vertiente de la Iglesia: misterio de comuni\u00f3n con las divinas personas y sociedad externa y visible. Sobre esta base eclesiol\u00f3gica, la MD, de id\u00e9ntica forma, super\u00f3 una visi\u00f3n rubricista de la liturgia. La liturgia que se transparenta en la MD es expresi\u00f3n de la renovada toma de conciencia, por parte de la Iglesia, de su teandrismo trinitario.<\/p>\n<p>El Vaticano II cont\u00f3 con una \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada trinitaria\u00bb o de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb y, en consecuencia, sobre esa eclesiolog\u00ed\u00ada nos ha brindado una \u00abliturgia\u00bb prevalentemente \u00abmist\u00e9rica\u00bb y \u00abcomunional\u00bb. O mejor, una liturgia de la Iglesia como comunidad que celebra la presencia y acci\u00f3n respectiva de cada una de las divinas personas.<\/p>\n<p>En su condici\u00f3n de Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia es un \u00abPueblo sacerdotal\u00bb (Ex 19, 6; Is 61, 6; Ap 1, 6). \u00abCristo Se\u00f1or, pont\u00ed\u00adfice tomado de entre los hombres (cf. Heb 5, 1-5), de su nuevo pueblo hizo un reino y sacerdotes para Dios, su Padre (Ap 1, 6; cf. 5, 9-10). Los bautizados en efecto, son consagrados por la regeneraci\u00f3n y la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales&#8230;\u00bb (LG 10, 1).<\/p>\n<p>Dejaba la liturgia de ser un conglomerado de \u00abr\u00fabricas\u00bb para situarse en su verdadero lugar: \u00abel misterio\u00bb de la vida del Padre, que se comunica a los hombres por Cristo, muerto y resucitado, en la presencia permanente del Esp\u00ed\u00adritu, a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>El Concilio, en el marco de una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, ha afirmado resu\u00e9ltamente la condici\u00f3n sacerdotal de todo el Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo, en quien se prolonga su misma actividad sacerdotal. Toda la vida del Se\u00f1or fue su sacerdocio en acto y, de parecida forma, la existencia toda de la Iglesia es lit\u00fargica y sacerdotal. A trav\u00e9s de ella, vivida en la fe, la esperanza y el amor, la Iglesia tributa todo honor y gloria al Padre, por Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. LG 51; UR 15, 1).<\/p>\n<p>a. La Iglesia celebra el \u00abdon\u00bb del Padre. La afirmaci\u00f3n conciliar de que a trav\u00e9s de la liturgia \u00abse ejerce la obra de nuestra redenci\u00f3n\u00bb (SC 2), remite a la SS. Trinidad. La salvaci\u00f3n del hombre que se actualiza en la liturgia es com\u00fan a las tres divinas personas, pero seg\u00fan su \u00aborden\u00bb intra y extratrinitario. Es obra del Padre, como fuente original de toda salvaci\u00f3n. Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada la califica \u00abdon de Dios\u00bb y el mismo Concilio, evocando a 2 Cor 9, 15, \u00abdon inefable\u00bb (SC 6). Este \u00abdon de Dios\u00bb es la \u00abfiliaci\u00f3n adoptiva\u00bb, que los hombres reciben en el bautismo por su incorporaci\u00f3n a Cristo y que les permite, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de filiaci\u00f3n, ser hijos y vivir como verdaderos adoradores del Padre \u00aben esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb (Jn 4, 23). En la liturgia se anuncia el designio del Padre de convocar a los hombres en la Iglesia (LG 2; 3), y se realiza, por medio de su Hijo encarnado, en el \u00abhoy y aqu\u00ed\u00ad\u00bb de nuestra historia, en la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En la liturgia, sobre todo eucar\u00ed\u00adstica, el Padre habla con sus hijos, por medio de su Palabra, el Hijo encarnado, en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu, que hace salv\u00ed\u00adfica para los hombres dicha Palabra (DV 8, 3; cf. 2; 25, 1).<\/p>\n<p>En cuanto Palabra del Padre, es siempre la PALABRA, el Verbo encarnado, que el Padre dice en toda celebraci\u00f3n y, en ella, su designio salv\u00ed\u00adfico, realizado en Cristo y actualizado en los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>La entrega de su Hijo que el Padre hizo al mundo en la encarnaci\u00f3n (cf. Jn 3, 16 s.) no es un acontecimiento ya pasado. A trav\u00e9s de los signos lit\u00fargicos, el Padre sigue dando a los hombres a su Hijo, para que todos, en Cristo y por Cristo, tengan vida eterna (cf. LG 2-3; AG 2-3). En la liturgia, igualmente, el Padre sigue enviando en el \u00abhoy\u00bb siempre actual del tiempo de la salvaci\u00f3n, al Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que haga realidad concreta en los hombres el designio paterno y los hombres lleguen a poseer la filiaci\u00f3n adoptiva (LG 4). En la liturgia, por otra parte, se logra la perfecta glorificaci\u00f3n de la SS. Trinidad que es el fin \u00faltimo al que se ordena toda la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica llevada a cabo por las tres personas. \u00abRealmente, en esta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados&#8230;\u00bb (SC 7, 2), \u00ablos fieles&#8230;, al tener acceso a Dios Padre por medio de su Hijo, el Verbo encarnado, que padeci\u00f3 y fue glorificado, en la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, consiguen la comuni\u00f3n con la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, hechos part\u00ed\u00adcipes de la divina naturaleza (2 Pe 1, 4)\u00bb (UR 15, 1).<\/p>\n<p>b. Presencia salv\u00ed\u00adfica de Cristo. La frase conciliar citada en a. dice relaci\u00f3n directa e inmediata a Jesucristo, por cuanto El actu\u00f3 como causa instrumental de nuestra salvaci\u00f3n (SC 5, 1). Los actos redentores de Cristo (muerte, resurrecci\u00f3n, ascensi\u00f3n y env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo) se hacen presentes en el \u00abhic et nunc\u00bb de cada momento hist\u00f3rico a trav\u00e9s de la Iglesia \u00absacramento\u00bb y de los restantes \u00absignos sacramentales\u00bb. \u00abPara realizar una obra tan grande Cristo est\u00e1 siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acci\u00f3n lit\u00fargica. Est\u00e1 presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro&#8230;, sea sobre todo bajo las especies eucar\u00ed\u00adsticas. Est\u00e1 presente con su virtud en los sacramentos, de modo que cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Est\u00e1 presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Est\u00e1 presente, por \u00faltimo, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometi\u00f3: Donde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20)\u00bb (SC 7, 1).<\/p>\n<p>La presencia de Cristo en la liturgia implica su presencia glorificada (2 Cor 3, 17) en su nueva condici\u00f3n de Kyrios, que ha venido a ser \u00abnuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (PO 5, 2). Es la presencia de Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu, que viene a ser \u00abel \u00e1mbito de esta misteriosa presencia cultual, entre la Iglesia cultualmente operante y Cristo&#8230;\u00bb. Cristo, en otras palabras, \u00abasocia siempre consigo a su amad\u00ed\u00adsima esposa la Iglesia, que invoca a su Se\u00f1or y por El tributa culto al Padre Eterno\u00bb (SC 7, 2).<\/p>\n<p>c. Presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la liturgia. Pese a la insuficiencia pneumatol\u00f3gica inicial, el Concilio ha reconocido claramente la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la liturgia, en consonancia con toda la tradici\u00f3n lit\u00fargica, sobre todo oriental y, m\u00e1s en particular, en los sacramentos del bautismo y confirmaci\u00f3n (LG 9, 1; 10, 1; 11, 1-2; 50, 4; etc.). Es en la eucarist\u00ed\u00ada, en donde el silencio del Concilio ha sido casi total, sobre todo en las constituciones m\u00e1s importantes como la LG, la SC y la DV. Estos importantes documentos \u00abs\u00f3lo de pasada indican la misi\u00f3n eficiente de la tercera persona en la liturgia y, en concreto, en el sacramento que en ella es su coraz\u00f3n (la eucarist\u00ed\u00ada)\u00bb. Esta laguna pneumatol\u00f3gica, sin embargo, ha sido colmada en buena medida en el PO, en donde se pone de relieve la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la eucarist\u00ed\u00ada. El Esp\u00ed\u00adritu que ha vivificado a Jes\u00fas, en la eucarist\u00ed\u00ada lo constituye en principio de vida trinitaria para los hombres (PO 5, 2). La presencia de Cristo glorioso en la liturgia y, en concreto, en la eucarist\u00ed\u00ada, comporta la presencia din\u00e1mica del Esp\u00ed\u00adritu, que es el realizador en los miembros del Cuerpo, del misterio operado por El mismo en la Cabeza. \u00abDe hecho, estos diversos modos complementarios de la presencia de Cristo en la acci\u00f3n lit\u00fargica&#8230; son obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo obra toda santificaci\u00f3n en los sacramentos\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que reconocer, eso s\u00ed\u00ad, que la doctrina conciliar contiene en germen todo lo relativo a la praxis y ense\u00f1anza de la \u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb, como se constata en las \u00abNuevas Plegarias Eucar\u00ed\u00adsticas\u00bb, \u00aben las que se ha recuperado la dimensi\u00f3n epicl\u00e9tica del misterio eucar\u00ed\u00adstico tal y como fue entendida por la tradici\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia, tanto oriental como occidental\u00bb. En las Nuevas Plegarias Eucar\u00ed\u00adsticas \u00abtodo est\u00e1 dominado por la visi\u00f3n del gran designio de Dios, cuya unidad, manifestada en la creaci\u00f3n y en la historia, procede directamente de la unidad viva del amor del Padre&#8230; Dios ha querido crear en la creaci\u00f3n, un Pueblo que viva de su vida, que sea el suyo, que conozca y reconozca su amor. Para ello nos ha mandado su Hijo, y el Hijo, hecho hombre de nuestra carne, se ha ofrecido \u00abpor el Esp\u00ed\u00adritu eterno\u00bb, en la cruz. El mismo Hijo, ahora, por el Esp\u00ed\u00adritu, nos reune, nos une consigo y en s\u00ed\u00ad, en la glorificaci\u00f3n perfecta del Padre. Su Esp\u00ed\u00adritu har\u00e1 de nosotros su Cuerpo, y de todas las cosas, con nosotros, una alabanza viva de amor al Padre\u00bb.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, la presencia del Padre a la Iglesia en la liturgia se convierte en presencia de la Iglesia en y para el Padre, como lo fue Cristo, de suerte que la Iglesia en su vida lit\u00fargica no hace otra cosa que prolongar la misma vida filial de Cristo al Padre, en el Esp\u00ed\u00adritu. La donaci\u00f3n de Cristo al Padre hasta la muerte se prolonga en la donaci\u00f3n que, por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, hace de s\u00ed\u00ad misma al Padre. De esta forma, la Iglesia se convierte en \u00absigno de la presencia de Dios (Padre) en el mundo\u00bb (AG 15, 2), \u00absigno e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios\u00bb (LG 1), que se realiza a trav\u00e9s de la liturgia y, m\u00e1s en concreto, de la eucarist\u00ed\u00ada (SC 47), y que consiste en la glorificaci\u00f3n del Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu, que se logra mediante la inserci\u00f3n de todos los hombres en la koinon\u00ed\u00ada del Padre, por su incorporaci\u00f3n a Cristo y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>6. LA IGLESIA, COMUNIDAD MISIONERA. En este apartado me remito al art\u00ed\u00adculo \u00abmisi\u00f3n, misiones\u00bb, en donde he recogido los principios teol\u00f3gicos de la misi\u00f3n de la Iglesia. Aqu\u00ed\u00ad \u00fanicamente pongo de relieve el aspecto \u00abtestimonial\u00bb de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como Cuerpo de Cristo, la Iglesia participa la misma misi\u00f3n que su Cabeza ha recibido del Padre: anunciar y realizar en los hombres el designio paterno, la obra redentora del Hijo y la fuerza filializante y eclesializadora del Esp\u00ed\u00adritu. Esta acci\u00f3n misionera de la Iglesia debe verificarse en su propia vida, que debe estar inbuida \u00absensu Dei Patris\u00bb, \u00absensu Christi\u00bb y \u00absensu Spiritus\u00bb. El esquema conciliar sobre el apostolado de los laicos intentaba urgir a los cristianos a adoptar los mismos sentimientos del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la tarea de la salvaci\u00f3n de los hombres. La obra que debe llevar a cabo la Iglesia a trav\u00e9s de todos sus miembros es la misma obra salv\u00ed\u00adfica planeada y realizada por el Padre mediante las \u00abmisiones\u00bb del Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El t\u00e9rmino de dichas \u00abmisiones\u00bb trinitarias es la salvaci\u00f3n integral del hombre. Consciente de una tal \u00abmisi\u00f3n\u00bb, la Iglesia debe adoptar el mismo \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb de amor (que no es otro que el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es el AMOR), que ha movido al Padre a darse a los hombres, tratando de ser en su obra apost\u00f3lica, la epifan\u00ed\u00ada del amor del Padre, de suerte que, as\u00ed\u00ad como el Padre entreg\u00f3 a su Hijo por la salvaci\u00f3n del mundo, as\u00ed\u00ad ellos se sientan movidos a darse totalmente a sus hermanos, en su acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Igualmente, deben apropiarse los sentimientos de Jesucristo, cuya obra redentora prolongan. Y, al igual que Cristo, para llevar a cabo la obra que le encomend\u00f3 el Padre, \u00abse despoj\u00f3 de s\u00ed\u00ad mismo, tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres&#8230; y se humill\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz\u00bb (Flp 2, 6-8), de forma parecida la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, debe hacer el camino de Cristo en su acercamiento a los hombres, encarn\u00e1ndose en su situaci\u00f3n concreta y entregando su vida para manifestar a los hombres el misterio del amor de Cristo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, debe revestirse del \u00absensu Spiritus\u00bb. Cuando los exegetascomentan 1 Cor 2, 16, reconocen que la expresi\u00f3n \u00abnosotros tenemos la mente de Cristo\u00bb es consecuencia de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. \u00abNosotros tenemos este sentido, esta mente, porque tenemos el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo\u00bb. Porque tenemos el Espiritu de Cristo, \u00abpodem\u00f3s apropiarnos la mente de Dios, que no es otra que la mente y el sentir de Cristo\u00bb. Es por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo como la Iglesia puede sintonizar con el amor del Padre y de Cristo para con los hombres y prolongarlo a trav\u00e9s de su acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>7. LA IGLESIA, COMUNIDAD ESCATOL\u00ed\u201cGICA. La renovada conciencia de la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb de comuni\u00f3n con el Padre, por el Hijo encarnado, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, ha tra\u00ed\u00addo como consecuencia un paralelo redescubrimiento de su dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. \u00abUno de los mejores logros de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea es el sentido escatol\u00f3gico del cristianismo y, en concreto, de la Iglesia\u00bb. El misterio de la Iglesia como \u00abPueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 17) necesariamente hubo de poner de relieve las diversas fases de su desarrollo: peregrina en la historia, pero domiciliada en la \u00abCasa del Padre\u00bb (Jn 14, 2). Frente a una concepci\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada \u00absin el eschaton\u00bb, se alz\u00f3 el Vaticano II, en cuya ense\u00f1anza \u00abtodo habla de escatolog\u00ed\u00ada\u00bb, sobre todo, el cap. VII de la LG dedicado por entero a la Iglesia como comunidad escatol\u00f3gica. Ya el t\u00ed\u00adtulo del cap\u00ed\u00adtulo: \u00abDe \u00ed\u00adndole eschatologica Ecclesiae\u00bb pone de relieve que la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica es constitutiva de la naturaleza de la Iglesia y no algo accesorio o marginal.<\/p>\n<p>a. La Iglesia es escatol\u00f3gica, porque procede de la SS. Trinidad. Lo venimos viendo a lo largo de nuestra reflexi\u00f3n. El amor del Padre est\u00e1 en el origen de todo el misterio de la Iglesia (DV 2; AG 2). Est\u00e1 tambi\u00e9n el Hijo, enviado por el Padre, para hacer de los hombres, convocados en la Iglesia, un \u00abmisterio escatol\u00f3gico\u00bb (LG 3; DV 4; AG 3). Y, de igual forma, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuya acci\u00f3n da a conocer el designio del Padre (LG 2) y las obras del Hijo (LG 4), hasta que el Se\u00f1or vuelva a entregar al Padre el reino (LG 4; AG 4). La Iglesia, por tanto, no trae su origen de ninguna realidad de este mundo que pasa, como tampoco est\u00e1 destinada a desaparecer: \u00abNacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatol\u00f3gica y de salvaci\u00f3n, que s\u00f3lo en el siglo futuro podr\u00e1 alcanzar plenamente\u00bb (LG 40, 2).<\/p>\n<p>b. El destino final de la Iglesia es vivir en comuni\u00f3n con las divinas personas. La koinon\u00ed\u00ada eterna con el Padre, por el Hijo y con el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo es una constante en la doctrina conciliar (DV 2; LG 2-4; AG 2; etc.). La Iglesia participar\u00e1 con las tres personas \u00abin vita et in gloria\u00bb (AG 2), de suerte que \u00abel que es el Creador de todas las cosas ha venido a hacerse todo en todas las cosas (1 Cor 15, 28), procurando a la vez su gloria y nuestra felicidad\u00bb (LG 2). La Iglesia est\u00e1 llamada a ser, por el Hijo encarnado y con el Hijo, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el \u00abHijo \u00fanico\u00bb del Padre, de suerte que pueda vivir en comuni\u00f3n filial con el Padre, por el Hijo, \u00abin Spiritu Sancto\u00bb, asociada a la misma vida de familia del Dios Trino en la gloria, \u00aben la que seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es\u00bb (1 Jn 3, 2).<\/p>\n<p>El destino que le est\u00e1 reservado a la Iglesia no es algo ut\u00f3pico, sino una realidad concreta, plasmada en Cristo (LG 48, 2) y en muchos miembros de la Iglesia, que ya concluyeron su misi\u00f3n en el tiempo. Los bienaventurados, en efecto, han coronado el designio del Padre; han entrado en su hogar y contemplan \u00abclaramente a Dios mismo, Trino y Uno, como es\u00bb (DS 1305). La meta final de la Iglesia, por tanto, es la SS. Trinidad: vivir en comuni\u00f3n familiar con el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu, al haber sido asociada a la misma comuni\u00f3n de los Tres.<\/p>\n<p>c. La Iglesia es \u00abya\u00bb, en el tiempo, la misma realidad \u00faltima que es la SS. Trinidad participada. El Concilio Vaticano II ha sido abundante y reiterativo sobre este particular: \u00abUnidos, pues, a Cristo en la Iglesia y sellados con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es prenda de nuestra herencia (Ef 1, 14), con verdad recibimos el nombre de hijos de Dios y lo somos (cf. 1 Jn 3, 1)&#8230;\u00bb (LG 48, 4)<br \/>\nM\u00e1s significativo es a\u00fan cuanto nos dice la DV 1-4. Sobre la base de 1 Jn 1, 3, el Vaticano II, que presenta en otros lugares con tanta amplitud la dimensi\u00f3n final de la Iglesia, en estos n\u00fameros pone la salvaci\u00f3n en presente: \u00ab&#8230;por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, tienen los hombres acceso al Padre y participan la naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 Pe 1, 4)\u00bb (DV 2). El Concilio quiere dejar claro en este texto que la comuni\u00f3n con las tres personas, que ser\u00e1 plena in domo Patris, es ya una realidad in via, por la participaci\u00f3n en la filiaci\u00f3n del Hijo.<\/p>\n<p>La Iglesia, en esta fase peregrinante, est\u00e1 \u00abllena de la Trinidad\u00bb. \u00abLa relaci\u00f3n con el \u00abt\u00fa\u00bb divino no est\u00e1 al margen de la temporalidad, como pretende la \u00abescatolog\u00ed\u00ada consecuente\u00bb, sino que aqu\u00ed\u00ad comienza lo que un d\u00ed\u00ada habr\u00e1 de perfeccionarse por la muerte de cada hombre y por la consumaci\u00f3n de la historia\u00bb.<\/p>\n<p>d. Pero \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb ha llegado a su plenitud. La Iglesia, en su estadio peregrinante, \u00abes\u00bb ya el misterio de comuni\u00f3n con la SS. Trinidad, pero \u00aba\u00fan no\u00bb en su plenitud consumada. Es lo que justifica su condici\u00f3n itinerante. Eso s\u00ed\u00ad; no camina como un aerolito perdido en el mundo sin rumbo definido. La Iglesia conoce su origen: el Dios Trino, y no ignora su meta definitiva: viene del Padre por el Hijo encarnado, en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu y est\u00e1 de camino hacia el Padre, por el Hijo encarnado, impulsada y conducida siempre por el Esp\u00ed\u00adritu. Cuando el Concilio reconoce que \u00abla Iglesia se edifica incesantemente aqu\u00ed\u00ad, en la tierra, como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (PO 1), est\u00e1 reconociendo a un tiempo la condici\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia como comuni\u00f3n con las tres divinas personas, iniciada ya en la historia, pero a\u00fan por consumarse. La misma tem\u00e1tica figura en la GS, cuando define a la Iglesia como una comunidad de personas que han aceptado la salvaci\u00f3n, pero que est\u00e1n de camino hacia su consumaci\u00f3n en el reino del Padre: \u00abLa comunidad humana est\u00e1 integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre\u00bb (GS 1).<\/p>\n<p>Para concluir: la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia es constitutiva de sumisterio. El texto con el que concluye la LG la descripci\u00f3n de la Iglesia no puede ser m\u00e1s denso: \u00abAs\u00ed\u00ad toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4). Un texto pr\u00e1cticamente intraducible, en el que se constata que la Iglesia es una comunidad escatol\u00f3gica porque tiene su origen en la SS. Trinidad; es toda ella, ya en el tiempo, comuni\u00f3n con el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pero debe lograr la consumaci\u00f3n plena m\u00e1s all\u00e1 de los lindes del tiempo \u00abpara gloria de la Sant\u00ed\u00adsima e indivisa Trinidad\u00bb (LG 69, 1). \u00abEsta Iglesia de la Trinidad&#8230; es, en sus comienzos, en el designio eterno del Padre, y en su t\u00e9rmino, en la consumaci\u00f3n final, el coraz\u00f3n y el alma del alma de la congregaci\u00f3n de todos los elegidos\u00bb.<\/p>\n<p>[&#8211;> Agust\u00ed\u00adn, san; Bautismo; Biblia; Comunidad; Comuni\u00f3n; Concilios; Confirmaci\u00f3n; Creaci\u00f3n; Cruz; Encarnaci\u00f3n; Enc\u00ed\u00adclicas; Escatolog\u00ed\u00ada; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Eucarist\u00ed\u00ada; Fe; Gracia; Hijo; Historia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Liturgia; Logos; Misi\u00f3n, misiones; Misterio; Naturaleza; Padre; Padres (griegos y latinos), Procesiones; Relaciones; Revelaci\u00f3n; Sacerdocio; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Vaticano II; Vida cristiana.]<br \/>\nNereo Silanes<\/p>\n<p>17<\/p>\n<p>INHABITACI\u00ed\u201cN TRINITARIA<\/p>\n<p>Sumario: I. Introducci\u00f3n: 1. Noci\u00f3n; 2. Cuesti\u00f3n de siempre; 3. Importancia de la inhabitaci\u00f3n trinitaria; 4. Los silencios sobre la in. tr.; 5. In. tr.-inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo=E.S.-II. Ense\u00f1anza de las fuentes: 1. Visi\u00f3n de conjunto; 2. En la Escritura; 3. La Tradici\u00f3n de la Iglesia.- III. Ense\u00f1anza del Magisterio: 1. Visi\u00f3n de conjunto; 2. Testimonio de Le\u00f3n XIII; 3. Testimonio de P\u00ed\u00ado XII; 4. Valoraci\u00f3n.-IV. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica: 1. Teolog\u00ed\u00ada de la in. tr.; 2. Presencia de inmensidad y presencia de inhabitaci\u00f3n; 3. La m\u00ed\u00adstica y la inhabitaci\u00f3n trinitaria; 4. Raz\u00f3n formal de la in. tr.; 5. Razones personales en la in. tr.; 6. S\u00ed\u00adntesis y conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\n1. NOCI\u00ed\u201cN. La inhabitaci\u00f3n trinitaria (= in. tr.) es uno de los modos de la presencia de Dios; es, ante todo, una manifestaci\u00f3n de su amor hacia los hombres. Dios creador del universo material y espiritual, est\u00e1 presente a todas las cosas por su acci\u00f3n creadora, una y permanente; por su inmensidad incircunscrita, y por su conocimiento simplic\u00ed\u00adsimo, pleno y perfecto de cuanto existe.<\/p>\n<p>Son estos los tres cl\u00e1sicos modos naturales de la presencia de Dios: por esencia, presencia y potencia. El Papa Le\u00f3n XIII, resumiendo la ense\u00f1anza tradicional y acogi\u00e9ndose a la autoridad de santo Tom\u00e1s, los explica as\u00ed\u00ad: \u00abDios se halla presente en todas las cosas y est\u00e1 en ellas: por potencia en cuanto est\u00e1n sujetas a su poder&#8230;; por presencia, en cuanto todas est\u00e1n abiertas y patentes a sus ojos; por esencia, porque en todas se halla como causa de su ser\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estos modos de presencia natural, la palabra de Dios y la teolog\u00ed\u00ada afirman la realidad de otra presencia m\u00e1s alta, y podemos decir que m\u00e1s \u00ed\u00adntima: es la presencia por gracia sobrenatural, que no es universal, sino propia de las criaturas racionales. Esta presencia se realiza por la participaci\u00f3n de la naturaleza divina, de la misma vida de Dios en las almas. Es la presencia en la que el alma es templo de Dios, amiga de Dios, que siente y percibe su realidad, no s\u00f3lo como Uno en esencia, sino tambi\u00e9n como Trinidad de personas: Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es la presencia de inhabitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. CUESTI\u00ed\u201cN DE SIEMPRE. La in. tr. ha sido una de las cuestiones cl\u00e1sicas de la teolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica y especulativa, de la espiritualidad y de la m\u00ed\u00adstica. Lo es igualmente en nuestros d\u00ed\u00adas, con nuevos matices y orientaciones.<\/p>\n<p>Hasta el Concilio Vaticano II la reflexi\u00f3n sobre este misterio se centr\u00f3 en los aspectos puramente teol\u00f3gicos: inhabitaci\u00f3n y presencia de las tres divinas personas, ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica, raz\u00f3n formal de la presencia de inhabitaci\u00f3n, etc. El Vaticano II, a pesar de ser muy parco en esta materia, ha dado una nueva orientaci\u00f3n a la acci\u00f3n del E.S. en el marco de la historia de la salvaci\u00f3n y de la vida de la Iglesia. Esta orientaci\u00f3n ha coincidido con la promoci\u00f3n del movimiento ecum\u00e9nico y carism\u00e1tico, y con el despertar del misticismo.<\/p>\n<p>La in. tr. es una gracia salv\u00ed\u00adfica, fuente y ra\u00ed\u00adz de las experiencias maravillosas de la vida m\u00ed\u00adstica, como han ense\u00f1ado los grandes maestros santa Teresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz. En esas experiencias las almas gozan de las vivencias trinitarias m\u00e1s profundas y luminosas.<\/p>\n<p>3. IMPORTANCIA DE LA IN. TR. La in. tr. es principio, fuente y meta de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios como anticipo de la bienaventuranza. Por eso podemos decir que pertenece a la parte central de la teolog\u00ed\u00ada, de la vida de las almas y de la Iglesia. D. Bertetto la ha calificado como: \u00abcuesti\u00f3n central de vida cristiana, religiosa, sacerdotal y misionera\u00bb.<\/p>\n<p>Dios determin\u00f3 en su plan de salvaci\u00f3n hacerse presente entre los hombres en la encarnaci\u00f3n de su Hijo redentor, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. La salvaci\u00f3n consistir\u00ed\u00ada en restaurar aquella comuni\u00f3n de vida, y aquella alianza que hab\u00ed\u00ada roto el pecado. La redenci\u00f3n fue una restauraci\u00f3n de la vida perdida, una recuperaci\u00f3n de la comuni\u00f3n de vida con Dios. \u00abDonde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom 5, 20). Jesucristo por su muerte y resurrecci\u00f3n restableci\u00f3 la societas=koinon\u00ed\u00ada del hombre con Dios, que es la comuni\u00f3n con el Padre, el Hijo y el E.S. (cf. 1 Jn 1, 31). La expresi\u00f3n m\u00e1s objetiva y realista de esta koinon\u00ed\u00ada es la in. tr.<\/p>\n<p>En efecto: \u00bfqu\u00e9 es la vida cristiana, en su sentido m\u00e1s puro y m\u00e1s radical, sino el desarrollo de la autocomunicaci\u00f3n de Dios a las almas por la gracia? Este desarrollo se lleva a cabo bajo la acci\u00f3n y la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que mora en el alma como en un templo, con el Padre y el Hijo. El \u00e1pice de esta acci\u00f3n y de ese desarrollo es la santificaci\u00f3n, que tiene su origen y fundamento en la inhabitaci\u00f3n. Por eso, la in. tr. es la cuesti\u00f3n central del misterio sobrenatural, por su misma naturaleza y por sus dimensiones salv\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>La in. tr., por lo que es y significa, hace concreta y luminosa la realidad de Dios en el hombre, evitando as\u00ed\u00ad el peligro de convertir ese misterio de amor en una abstracci\u00f3n vaga, o en una ilusi\u00f3n imaginaria. Desde otro punto de vista puede corregir otro peligro bastante difundido: el de identificar el misterio trinitario con un teorema teol\u00f3gico, con poca o ninguna incidencia en la pr\u00e1ctica de la vida cristiana, seg\u00fan una afirmaci\u00f3n de E. Kant.<\/p>\n<p>La inhabitaci\u00f3n es la Trinidad, como historia, o hecha historia en la vida del hombre, seg\u00fan la expresi\u00f3n de B. Forte; una invenci\u00f3n y realizaci\u00f3n maravillosa de su amor infinito hacia los hombres. La Trinidad inmanente no es distinta de la Trinidad salv\u00ed\u00adfica, la que santifica a las almas, si no queremos caer en un dualismo inadmisible y esterilizante de la vida espiritual. Dios mismo se autocomunica a las almas justas y las santifica. Se hace algo nuestro, dentro de nuestra propia historia sobrenatural; o nos hace algo suyo, y nos asocia a su misma historia. La m\u00ed\u00adstica abre esta perspectiva enriquecedora para la vida espiritual.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: dejando al margen otras consideraciones, podemos decir con A. Milano, que el misterio trinitario representa la totalidad del misterio cristiano. Y dentro de ese misterio de vida y acci\u00f3n, lo m\u00e1s vital e importante, despu\u00e9s del misterio de la encarnaci\u00f3n, es la inhabitaci\u00f3n trinitaria, la autocomunicaci\u00f3n de Dios al hombre de forma permanente tal cual es, Uno y Trino, como sabidur\u00ed\u00ada y amor. El objetivo y la meta de toda la actividad cristiana es vivir y desarrollar esa gracia, hasta llegar a la m\u00e1s perfecta uni\u00f3n y transformaci\u00f3n espiritual con Dios en la vida m\u00ed\u00adstica, anticipo de la bienaventuranza.<\/p>\n<p>4. Los SILENCIOS SOBRE LA IN. TR. A pesar de cuanto hemos dicho, y no hemos hecho m\u00e1s que un apunte de datos, la in. tr. no ocupa el lugar que le corresponde en la teolog\u00ed\u00ada actual. No quiero decir que se trate de un tema totalmente marginado; pero s\u00ed\u00ad podemos afirmar que goza de poco relieve en los escritos teol\u00f3gicos y pastorales.<\/p>\n<p>Podemos aceptar la afirmaci\u00f3n de Serenth\u00e1, seg\u00fan la cual \u00abla creciente y renovada atenci\u00f3n que se ha prestado a la tem\u00e1tica trinitaria es uno de los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos del panorama de la producci\u00f3n teol\u00f3gica de estos \u00faltimos a\u00f1os. De la observaci\u00f3n kantiana sobre la concreta \u00abinincidencia\u00bb [no incidencia] de la profundizaci\u00f3n especulativa del tema sobre la Trinidad, se ha pasado a un redescubrimiento del misterio trinitario, como \u00abmisterio que vertebra toda la fe cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>Pero se constata igualmente que en esta constelaci\u00f3n de estudios de tema trinitario, la inhabitaci\u00f3n apenas tiene presencia, o muy poco relieve. La refleente y en los aspectos carism\u00e1ticos. La Trinidad salv\u00ed\u00adfica y su acci\u00f3n santificadora ocupan un plano muy secundario.<\/p>\n<p>La bibliograf\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de las \u00faltimas d\u00e9cadas no es muy pr\u00f3diga con relaci\u00f3n al tema de la in. tr. Los estudios sobre la Trinidad y cada una de las divinas personas atienden con preferencia a su acci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n y en la vida de la Iglesia. El Dios \u00ed\u00adntimo a las almas, el que mora e inhabita en el interior de los corazones, despierta poco inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Los estudios particulares sobre el E.S. presentan esas mismas caracter\u00ed\u00adsticas. Los autores insisten m\u00e1s y prestan mayor atenci\u00f3n a su acci\u00f3n carism\u00e1tica, que a la misma inhabitaci\u00f3n, que teol\u00f3gicamente se atribuye a la tercera persona. No deja de sorprender en este sentido que no se presentase ning\u00fan estudio sobre la inhabitaci\u00f3n en el Congreso Teol\u00f3gico Internacional de Pneumatolog\u00ed\u00ada (1982), cuyas actas llenan dos vol\u00famenes. Algo parecido se observa en la obra de F. Bourassa y en otras publicaciones recientes&#8217;. Ni De Margerie ni Schweizer tratan directamente el tema de la inhabitaci\u00f3n&#8217;. B. Forte, un cl\u00e1sico de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria hoy, no hace tampoco un tratamiento directo en profundidad de ese problema.<\/p>\n<p>Parece que estamos todav\u00ed\u00ada lejos de superar el teocentrismo y el cristocentrismo, que algunos se atreven a calificar como cristomonismo, que ha imperado en la historia de la teolog\u00ed\u00ada occidental, y que desplaz\u00f3 a un segundo plano al misterio trinitario y a la persona del E.S. Hizo bien Pablo VI en llamar la atenci\u00f3n con insistencia sobre la orientaci\u00f3n trinitaria y pneumatol\u00f3gica que era preciso dar a la vida cristiana, a la teolog\u00ed\u00ada y a la misma liturgia, aparte de su orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica. Una orientaci\u00f3n, doctrinal y vital, que sea algo m\u00e1s que meras f\u00f3rmulas rituales.<\/p>\n<p>Con esto el Papa quer\u00ed\u00ada corregir los silencios que se hab\u00ed\u00adan observado en la \u00e9poca del preconcilio Vaticano II, y que la mayor parte de los Padres conciliares guardaron en el desarrollo de sus sesiones.<\/p>\n<p>En efecto: en el per\u00ed\u00adodo antepreparatorio se registran contadas peticiones, procedentes por lo general de obispos y comunidades de la Iglesia oriental, para que se promueva el estudio de la pneumatolog\u00ed\u00ada, o que se ponga m\u00e1s de relieve la funci\u00f3n del E.S. en la vida de la Iglesia, o que se esclarezcan m\u00e1s sus dones y sus carismas, o que se clarifiquen algunas cuestiones doctrinales sobre el misterio trinitario. Apenas encontramos en estas peticiones una leve referencia al tema de la in. tr. Solamente el Arzobispo Sergio Pignedoli, titular de Iconio, y la Facultad Teol\u00f3gica de los Carmelitas de Roma manifiestan preocupaci\u00f3n por este tema.<\/p>\n<p>En el desarrollo de las sesiones conciliares la atenci\u00f3n de los Padres se limit\u00f3 a algunas cuestiones trinitarias y aspectos relativos al E.S. El tema de la inhabitaci\u00f3n qued\u00f3 relegado a un absoluto silencio. En consecuencia, el Concilio no ense\u00f1\u00f3 nada especial acerca de esta verdad. El vocablo inhabitaci\u00f3n no aparece en los Diccionarios tem\u00e1ticos del Concilio. Tampoco aparece en diccionarios de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Hay que ser realistas, aunque haya que lamentarlo: la in. tr. no tiene mucho relieve en los esquemas teol\u00f3gicos de hoy ni en las publicaciones de car\u00e1cter espiritual. Tampoco se lo dio el Concilio.<\/p>\n<p>El 18 de mayo de 1986 el Papa Juan Pablo II promulg\u00f3 su quinta enc\u00ed\u00adclica: Dominum et vivificantem, \u00absobre el E.S. en la vida de la Iglesia\u00bb. La in. tr., que se atribuye y apropia al Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n, no tiene lugar en sus p\u00e1ginas, como tema concreto.<\/p>\n<p>5. INHABITACI\u00ed\u201cN TRINITARIA E INHABITACI\u00ed\u201cN DEL E.S. La inhabitaci\u00f3n es una operaci\u00f3n ad extra, com\u00fan a las tres divinas personas. A\u00fan m\u00e1s; podemos decir que es la Trinidad en el hombre. La misma Trinidad, inmanente en s\u00ed\u00ad misma, es la Trinidad salv\u00ed\u00adfica, la Trinidad que se ha hecho historia en el Verbo y en el alma justificada.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la afirmaci\u00f3n com\u00fan de la teolog\u00ed\u00ada, la Trinidad=las tres divinas personas, son el principio y la raz\u00f3n de la creaci\u00f3n, del mundo creado y del orden sobrenatural con todo lo que \u00e9ste entra\u00f1a: gracia, dones, carismas&#8230;<\/p>\n<p>El principio de inteligencia de este misterio es el cl\u00e1sico aforismo, aceptado en teolog\u00ed\u00ada trinitaria: en Dios todo es uno y el mismo, excepto en lo que existe oposici\u00f3n de relaciones: omnia sunt unum et idem ubi non obviat relationis oppositio.<\/p>\n<p>La Iglesia ha mantenido inalterable este principio a lo largo de los siglos. Aplicado a la in. tr. significa que \u00e9sta, como realidad sobrenatural y maravillosa, es id\u00e9nticamente com\u00fan a las tres divinas personas. San Agust\u00ed\u00adn enfatiz\u00f3 fuertemente este hecho. \u00abNi el Esp\u00ed\u00adritu Santo -dice- habita en cualquiera sin el Padre y el Hijo, lo mismo que el Hijo sin el Padre y el E.S., ni sin ellos el Padre. Porque es inseparable la habitaci\u00f3n de quienes es inseparable la operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Salvando la comunidad de acci\u00f3n de las tres personas, la in. tr. se apropia o atribuye al E.S., en atenci\u00f3n a sus caracter\u00ed\u00adsticas y a sus efectos: y esto tanto en expresiones b\u00ed\u00adblicas, como en documentos de la Tradici\u00f3n y del Magisterio eclesi\u00e1stico. Al mismo Esp\u00ed\u00adritu se atribuye tambi\u00e9n la santificaci\u00f3n y la filiaci\u00f3n divina, la caridad, etc. (cf. Rom 5, 5).<\/p>\n<p>Las apropiaciones tienen su fundamento en la naturaleza misma de los efectos apropiados. La in. tr., como autocomunicaci\u00f3n de Dios, es una manifestaci\u00f3n y un efecto de su amor infinito. El E.S. es el v\u00ed\u00adnculo de amor entre el Padre y el Hijo; es su amor personal. Justamente, pues, le son apropiados todos los dones sobrenaturales, que de manera especial son manifestaci\u00f3n del amor y de la caridad de Dios.<\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza no es solamente un dato teol\u00f3gico. Es tambi\u00e9n un principio de metodolog\u00ed\u00ada, que abre una perspectiva a la estructura de la in. tr. Su lugar teol\u00f3gico es el tratado sobre la Trinidad; pero, puede ser estudiado este tema entre las cuestiones sobre la gracia, o en el tratado sobre el E.S., en la pneumatolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad lo hacen algunos tratadistas, al explicar la misi\u00f3n santificadora del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>II. Ense\u00f1anza de las fuentes<br \/>\n1. VISI\u00ed\u201cN DE CONJUNTO. La inhabitaci\u00f3n del E. S. (que es decir de la Trinidad), es un misterio que conocemos solamente a trav\u00e9s de la revelaci\u00f3n divina. Aunque no utilice esta terminolog\u00ed\u00ada, nos da a conocer su realidad y su contenido, incluso su modalidad objetiva.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura se expresa en ocasiones en forma metaf\u00f3rica; pero sin restar realismo ni fuerza al hecho de la inhabitaci\u00f3n: \u00abVendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l\u00bb (Jn 14, 23); \u00abSois templo del Dios vivo\u00bb (2 Cor 6, 16).<\/p>\n<p>La imagen d\u00e9 templo y morada expresa con precisi\u00f3n la realidad sobrenatural de la inhabitaci\u00f3n, tal como la entendieron los Padres de la Iglesia. Ellos explicaron al vivo el sentido de esas im\u00e1genes. Seg\u00fan la voz com\u00fan de la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica indican una presencia sustancial y objetiva de Dios en el alma, distinta de la presencia de inmensidad, y superior a lo que puede ser una presencia simplemente metaf\u00f3rica.<\/p>\n<p>2. EN LA ESCRITURA. a) Antiguo Testamento: La in. tr. es un fen\u00f3meno t\u00ed\u00adpicamente neotestamentario. Pertenece a la plenitud de los tiempos y a la manifestaci\u00f3n plena del amor de Dios hacia los hombres, lo mismo que la revelaci\u00f3n del misterio de la Trinidad. No obstante, el AT contiene algunas expresiones, s\u00ed\u00admbolos y met\u00e1foras, que hacen referencia a una presencia especial de Dios, y que puede ser considerada como una preparaci\u00f3n para la inteligencia del misterio de la presencia de inhabitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los ex\u00e9getas y te\u00f3logos han hecho elencos detallados de los textos veterotestamentarios. Est\u00e1n lejos de expresar la in. tr.. Pero dentro de la comunicaci\u00f3n de Dios con su pueblo, fueron una lenta preparaci\u00f3n para la revelaci\u00f3n plena del misterio.<\/p>\n<p>b) Nuevo Testamento: Las referencias y los textos del NT relativos a la in. tr. tienen un aspecto est\u00e1tico y din\u00e1mico. Bajo el primer aspecto encontramos algunas referencias que hablan de la uni\u00f3n de amistad del hombre con Dios, fundada en una comunicaci\u00f3n interior; de la uni\u00f3n por conocimiento y amor, que produce gozo y fruici\u00f3n interiores, que escapan a una definici\u00f3n concreta. En su dimensi\u00f3n din\u00e1mica los textos se refieren a una presencia de Dios, que produce gracia y santidad, conocimiento y aumento del amor, o que es como una fuente viva de otros dones y carismas.<\/p>\n<p>Algunos textos hablan de una venida del Esp\u00ed\u00adritu sobre personas o comunidades, y de su acci\u00f3n e influjo sobre ellas. No aparece claro si se refieren propiamente a la in. tr. o a otras gracias y dones.<\/p>\n<p>-San Juan es el te\u00f3logo de la in. tr. en su evangelio y en sus cartas. Su ense\u00f1anza se centra en la persona del Hijo en sus relaciones con el Padre, y en la del E.S. en su relaci\u00f3n con la Iglesia y los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En el cap\u00ed\u00adtulo 14 de su evangelio, pieza fundamental y clave de su ense\u00f1anza, recoge las palabras de Jes\u00fas, que en v\u00ed\u00adsperas de la separaci\u00f3n violenta de sus disc\u00ed\u00adpulos, les promete solemnemente el env\u00ed\u00ado del E.S. \u00abSi me am\u00e1is, guardar\u00e9is mis mandamientos. Y yo rogar\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 otro Abogado que estar\u00e1 con vosotros para siempre: el Esp\u00ed\u00adritu de verdad&#8230; Vosotros le conoc\u00e9is, porque permanece con vosotros y est\u00e1 en vosotros\u00bb (Jn 14, 15-16).<\/p>\n<p>Algunos comentaristas interpretan estas palabras en un sentido escatol\u00f3gico, colectivo y eclesial. Pero, se trata de algo m\u00e1s profundo: de una permanencia interior y estable: con vosotros, envosotros&#8230; La presencia que Jes\u00fas promete es la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu desde dentro= in vobis (en hymin), desde la morada interior del coraz\u00f3n. Tal es la interpretaci\u00f3n de los te\u00f3logos&#8217;, y del mismo Magisterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>L\u00ed\u00adneas adelante Jes\u00fas ampl\u00ed\u00ada esta promesa: El mismo y el Padre acompa\u00f1ar\u00e1n al Esp\u00ed\u00adritu en esa presencia permanente: \u00ab&#8230; y mi Padre le amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l\u00bb. A \u00e9l (pros aut\u00f3n); morada en \u00e9l (mon\u00e9n par &#8216;aut\u00f3n).<\/p>\n<p>El fundamento de esta presencia de in. tr. es el amor: Si alguno me ama&#8230; Este es un dato fundamental. Todo gira en torno al amor y depende del verdadero amor hacia Dios. El amor es la autocomunicaci\u00f3n de Dios a los justos, por la cual \u00e9l permanece en ellos y mora en su interior. As\u00ed\u00ad lo entendi\u00f3 y explic\u00f3 el mismo san Juan en la primera de sus cartas: \u00abCar\u00ed\u00adsimos&#8230; si nos amamos mutuamente, Dios permanece en nosotros y su amor es en nosotros perfecto. Conocemos que permanecemos en \u00e9l y \u00e9l en nosotros en que nos dio de su Esp\u00ed\u00adritu&#8230; Quien confesare que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios permanece en \u00e9l y \u00e9l en Dios&#8230; Dios es amor; y el que vive en amor permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 12-16).<\/p>\n<p>-San Pablo incluye la in. tr. como uno de los temas capitales de su mensaje espiritual. Lo hace en una doble forma: conceptual y simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>El Ap\u00f3stol habla del E.S. ante todo como un don personal, que difunde el amor de Dios en el coraz\u00f3n de los justos (cf. Rom 5, 5). Este don es algo permanente y din\u00e1mico en ellos.<\/p>\n<p>Fruto de este don, que se comunica como posesi\u00f3n al alma, es su permanencia de inhabitaci\u00f3n en ella: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros\u00bb (_ oikei en hymin) (Rom 8, 9.11). Habitar sugiere una localizaci\u00f3n: la casa o el templo. Pablo utiliza este s\u00ed\u00admil, recordando sin duda la presencia misteriosa de Dios en el Arca de la alianza y en el templo de Jerusal\u00e9n: \u00absois templos de Dios y el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros\u00bb (1 Cor 3, 16): \u00abEl templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros\u00bb (ibid., 17): \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que vuestro cuerpo es templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que est\u00e1 en vosotros y hab\u00e9is recibido de Dios?\u00bb (1 Cor 6, 19): \u00abVosotros sois templo del Dios vivo\u00bb (2 Cor 6, 16).<\/p>\n<p>El cristiano, como templo vivo de Dios en el que mora el E.S., est\u00e1 santificado por su gracia. M\u00e1s all\u00e1 del simbolismo y de la met\u00e1fora, la imagen tiene un contenido objetivo: la presencia real de Dios, que es el fundamento de la vida del cristiano. Esta presencia le confiere la dignidad de hijo de Dios, que participa de su misma vida (cf. G\u00e1l 4, 6; Rom 8, 14-15).<\/p>\n<p>San Pablo hace varias aplicaciones a la vida de los cristianos, derivadas de una presencia del Esp\u00ed\u00adritu en sus corazones, de su inhabitaci\u00f3n en ellos. El Esp\u00ed\u00adritu es el signo del s\u00ed\u00ad que el cristiano ha dado a Dios en Cristo Jes\u00fas, ratificando su alianza. Esa presencia es tambi\u00e9n el principio de su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Ap\u00f3stol no divide la Trinidad. Profesa su fe en las divinas personas, que presiden su vida y el ministerio apost\u00f3lico. Para \u00e9l el E.S. es el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo. Por eso, concluye D. Bertetto, que se deduce de su ense\u00f1anza que \u00abdonde habita el Esp\u00ed\u00adritu,habitan tambi\u00e9n las otras dos personas divinas\u00bb. La inmanencia del Esp\u00ed\u00adritu hace inmanente e inhabitante a Dios en nosotros. Dios, Uno y Trino, realiza todo cuanto san Pablo atribuye al Esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: todos los testimonios referidos afirman una presencia especial permanente de Dios en el coraz\u00f3n de los cristianos, que es una acci\u00f3n misteriosa en su interior. Es la presencia de inhabitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Francisco Su\u00e1rez, uno de nuestros te\u00f3logos m\u00e1s destacados en esta materia dice que: \u00abestas y semejantes expresiones, repetidas con frecuencia en la Sagrada Escritura, no pueden verificarse por la sola infusi\u00f3n de la gracia creada. Por lo mismo, es necesario que, en alg\u00fan modo m\u00e1s propio, la misma persona divina del Esp\u00ed\u00adritu Santo sea enviada\u00bb.<\/p>\n<p>3. LA TRADICI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA.<\/p>\n<p>a) La ense\u00f1anza de los Padres en esta materia es fundamentalmente b\u00ed\u00adblica. Ellos son int\u00e9rpretes y maestros de la Palabra de Dios. Siguiendo la l\u00ed\u00adnea y orientaci\u00f3n de los testimonios de la Escritura, desentra\u00f1aron su contenido, guiados por el Esp\u00ed\u00adritu que dirige y adoctrina a la misma Iglesia.<\/p>\n<p>Los Padres se esforzaron ante todo por explicitar el misterio de la Trinidad y el de la Encarnaci\u00f3n. En concreto interpretan los textos b\u00ed\u00adblicos relativos a la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en los justos a favor de una presencia de inhabitaci\u00f3n, que en ocasiones designan con el t\u00e9rmino de deificaci\u00f3n, seg\u00fan la observaci\u00f3n de Y. Congar.<\/p>\n<p>Muchos te\u00f3logos, a partir principalmente de Petau (Petavio), han agrupado cuidadosamente los textos de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, por lo que me parece ocioso recogerlos aqu\u00ed\u00ad. Dichos textos pertenecen tanto a los Padres griegos como latinos. Han merecido una atenci\u00f3n especial san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, san Ireneo, Tertuliano, san Atanasio, san Gregorio de Nisa, san Juan Cris\u00f3stomo, san Basilio, san Ambrosio, san Agust\u00ed\u00adn, san Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada&#8230;<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza de los Padres contiene dos afirmaciones fundamentales: que Dios inhabita sustancialmente en el alma de los justos, y que las tres divinas personas inhabitan en com\u00fan y sin diferencia ninguna, aunque en ocasiones atribuyan la inhabitaci\u00f3n al E.S.<\/p>\n<p>b) Recoger\u00e9 solamente algunos textos m\u00e1s significativos, a modo de ilustraci\u00f3n y confirmaci\u00f3n. San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, notable por su antig\u00fcedad, que se llama a s\u00ed\u00ad mismo Te\u00f3foro=portador de Dios, dice: \u00abRealicemos todas nuestras acciones con la idea de que Dios habita en nosotros; seremos as\u00ed\u00ad templos suyos, y \u00e9l ser\u00e1 nuestro Dios, que mora en nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>San Agust\u00ed\u00adn llena toda una \u00e9poca, y hace autoridad por s\u00ed\u00ad mismo, en particular en la doctrina trinitaria. En sus libros De Trinitate y en otros lugares expone con profundidad la teolog\u00ed\u00ada del E. S., \u00abpor quien se difunde en nuestros corazones el amor de Dios, por el cual toda la Trinidad mora en nostros\u00bb.<\/p>\n<p>En la carta a Dardano se expresa as\u00ed\u00ad: \u00ab\u00bfQui\u00e9n osar\u00ed\u00ada pensar, si no el que ignora la inseparabilidad de la Trinidad, que pueda habitar en alguno el Padre y el Hijo sin que habite en \u00e9l el Esp\u00ed\u00adritu Santo, o que pueda habitar el Esp\u00ed\u00adritu Santo sin el Padre y el Hijo?\u00bb. En el Serm\u00f3n 71 da respuesta a esa pregunta, diciendo: \u00aben nadie habita el Esp\u00ed\u00adritu Santo sin el Padre y el Hijo, como no habita el Hijo sin el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, ni el Padre sin las otras dos personas; pues es inseparable su habitaci\u00f3n por ser inseparable su operaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>c) La tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, con la aportaci\u00f3n de los primeros concilios ecum\u00e9nicos, dej\u00f3 bi\u00e9n definidos los conceptos b\u00e1sicos del misterio trinitario. San Agust\u00ed\u00adn, haciendo ex\u00e9gesis de la teolog\u00ed\u00ada de san Pablo y de san Juan, afirm\u00f3 con nitidez la in. tr. y su raz\u00f3n formal, delineando con precisi\u00f3n los entornos del simbolismo y de la realidad simb\u00f3lica. El m\u00e1s que nadie abri\u00f3 la puerta y estableci\u00f3 los principios de una reflexi\u00f3n profunda, que llevaron a cabo los te\u00f3logos posteriores, siguiendo sus huellas.<\/p>\n<p>Es verdad que en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica el E. S. es considerado como la virtud santificadora del Padre y del Hijo, que santifica por s\u00ed\u00ad mismo. Pero esto, en el ambiente y en la lucha contra los macedonianos, significa que no es un don creado, y que santifica porque es Dios. El mismo san Basilio, que utiliza esas f\u00f3rmulas, afirma que le compete al Esp\u00ed\u00adritu la virtud santificadora, en cuanto es coesencial con el Padre y el Hijo.<\/p>\n<p>III. Ense\u00f1anza del Magisterio de la Iglesia<br \/>\n1. VISI\u00ed\u201cN DE CONJUNTO. El Magisterio de la Iglesia no ha sido muy pr\u00f3digo en afirmaciones sobre la in. tr., menos a\u00fan en explicaciones doctrinales. Este tema aparece tratado en documentos importantes en \u00e9poca muy tard\u00ed\u00ada. Es verdad que el S\u00ed\u00admbolo llamado de San Epifanio (s. IV) utiliza como f\u00f3rmula de fe: \u00abcreo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; que habl\u00f3 en los Ap\u00f3stoles e inhabit\u00f3 en los santos\u00bb (oiko\u00fan en hag\u00ed\u00adois). Pero hasta la \u00faltima d\u00e9cada del siglo pasado no encontramos en el Magisterio una afirmaci\u00f3n concreta y una explicaci\u00f3n de este misterio.<\/p>\n<p>El concilio de Trento habl\u00f3 del Esp\u00ed\u00adritu inhabitante, y recogi\u00f3 algunas expresiones de san Pablo, relativas a su acci\u00f3n interior en las almas, que son su templo. Pero su testimonio es irrelevante, desde el punto de vista doctrinal.<\/p>\n<p>2. TESTIMONIO DE LE\u00ed\u201cN XIII. El primer documento importante del Magisterio sobre este tema es la carta enc\u00ed\u00adclica del papa Le\u00f3n XIII: Divinum illud munus (1897), que trata ex professo de la presencia y de la acci\u00f3n interior del E. S. en las almas. El Papa supone que, antes del nacimiento de Jesucristo, el E. S. estuvo presente de forma permanente en algunos justos por la gracia: inesse per gratiam. Pero no fue m\u00e1s que una preparaci\u00f3n y un anuncio; ya que la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue mucho m\u00e1s abundante: multo est copiosior.<\/p>\n<p>Esta comunicaci\u00f3n es un nuevo modo de presencia superior a la presencia de orden natural. El Papa lo afirma y lo explica en la l\u00ed\u00adnea com\u00fan de la teolog\u00ed\u00ada: Dios est\u00e1 presente \u00abpor la gracia en el alma justa como en un templo, de una manera enteramente \u00ed\u00adntima y singular. De lo cual tambi\u00e9n se sigue esa exigencia de la caridad, por la cual el alma se une a Dios muy estrechamente,m\u00e1s de lo que un amigo puede unirse a su amigo m\u00e1s querido, y goza plena y suavemente de El. Esta admirable uni\u00f3n, que por nombre propio se llama inhabitaci\u00f3n, se diferencia solamente por su condici\u00f3n de aquella con la que Dios se une a los bienaventurados; y si bien al presente se realiza por toda la Trinidad: vendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l (Jn 14, 23); no obstante se atribuye al Esp\u00ed\u00adritu Santo, como algo peculiar\u00bb.<\/p>\n<p>3. TESTIMONIO DE P\u00ed\u008dO XII. El otro documento cl\u00e1sico en esta materia es la enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis del papa P\u00ed\u00ado XII (1943). En ella el Papa dedica un apartado especial a la inhabitaci\u00f3n del E. S. en las almas, al que llama: \u00abalma de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>El Papa recoge la ense\u00f1anza tradicional acerca del Esp\u00ed\u00adritu Par\u00e1clito (Esp\u00ed\u00adritu de Cristo), dado por \u00e9l a su Iglesia, como principio de vida y de virtud, y como fuente de todos los dones que dicen relaci\u00f3n a la gracia. Es el Esp\u00ed\u00adritu que nos hace hijos adoptivos de Dios (cf. Rom 8, 14-17; G\u00e1l 4,6-7), lazo de uni\u00f3n que aglutina a los miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico entre s\u00ed\u00ad en una unidad misteriosa, y los une con Cristo Cabeza.<\/p>\n<p>El Papa recuerda aqu\u00ed\u00ad que se trata de un verdadero misterio, que mientras peregrinamos en la fe no podemos conocer a plena luz, y en cuya interpretaci\u00f3n hay que observar las normas metodol\u00f3gicas seguidas por la Iglesia (Vaticano I). El misterio consiste en que con toda verdad las divinas personas inhabitan en el alma justa; en cuanto presentes de modo sobrenatural e impenetrable en ella, dotada de entendimiento, las personas se unen a ella por el conocimiento y el amor.<\/p>\n<p>4. VALORACI\u00ed\u201cN. La valoraci\u00f3n que podemos hacer de estas ense\u00f1anzas es sencilla. No se trata de una definici\u00f3n dogm\u00e1tica, ni de una ense\u00f1anza ex cathedra. Pero s\u00ed\u00ad es una ense\u00f1anza oficial del Magisterio de la Iglesia, en cumplimiento de su misi\u00f3n docente. Ense\u00f1anza oficial y solemne para toda la Iglesia, que por lo mismo no puede ser err\u00f3nea, ya que equivaldr\u00ed\u00ada a inducir a la Iglesia a un error.<\/p>\n<p>Por otra parte, los papas ense\u00f1an aqu\u00ed\u00ad una doctrina, que es com\u00fan a la tradici\u00f3n viva de la misma Iglesia. Son conscientes tambi\u00e9n de conectar, en el esp\u00ed\u00adritu y en la letra, con la Palabra de Dios.<\/p>\n<p>Con estos presupuestos, nadie puede dudar del valor y de la autenticidad de esta ense\u00f1anza magisterial, que afirma el hecho de la in. tr. en el alma justa, y que puede ser calificada por lo mismo como perteneciente a la fe de la Iglesia40.<\/p>\n<p>IV. La Reflexi\u00f3n Teol\u00f3gica<br \/>\n1. TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA INHABITACI\u00ed\u201cN. La in. tr. es una realidad simple por parte de Dios; pero es sumamente compleja por parte del alma. Podemos destacar en ella estos elementos, como m\u00e1s importantes: el hecho de la inhabitaci\u00f3n; la presencia sobrenatural y sustancial de Dios, Uno y Trino, en su realidad infinita en el alma, como objeto de conocimiento y amor; la gracia como fundamento de la misma; cualidades, o matices de esa presencia&#8230;<\/p>\n<p>La in. tr. tiene un valor teol\u00f3gico, espiritual y antropol\u00f3gico. Es un contenido de la fe, objetivado en el hombre justificado, que gracias a \u00e9l no se siente solo en su vida de peregrinaci\u00f3n. Puede vivir, comunicarse y gozar con la compa\u00f1ia del Hu\u00e9sped divino. El alma, consciente de esa presencia de Dios, se acostumbra a escuchar su voz cercana y penetrante, a dialogar con \u00e9l. Es el don m\u00e1s alto y estimable que Dios ha podido hacer a las almas en esta vida: autocomunicarse a ellas, en una donaci\u00f3n de amor. Otorga a las almas la participaci\u00f3n de su misma naturaleza, de su misma vida, que es El mismo, sin divisi\u00f3n ni distinci\u00f3n ninguna.<\/p>\n<p>Este don sublime, con todo lo que lleva consigo, es un misterio. \u00bfC\u00f3mo se explica esta realidad? \u00bfEn qu\u00e9 consiste? \u00bfEn qu\u00e9 sentido el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo inhabitan por amor en las almas? \u00bfCual es la raz\u00f3n, o la causa formal de esta presencia misteriosa y oculta?<br \/>\n2. PRESENCIA DE INMENSIDAD Y PRESENCIA DE INHABITACI\u00ed\u201cN. La teolog\u00ed\u00ada, como indiqu\u00e9 al principio, reconoce tres g\u00e9neros de presencia de Dios en el hombre: natural sobrenatural por gracia y sobrenatural por uni\u00f3n hipost\u00e1tica (la Encarnaci\u00f3n del Verbo).<\/p>\n<p>Dios, por su presencia natural de inmensidad, seg\u00fan el lenguaje usado ya por los Santos Padres, llena toda la creaci\u00f3n, est\u00e1 presente a todas las cosas. Pero no es una presencia muerta e inanimada: El es la vida, que comunica a su modo y seg\u00fan la capacidad de los seres creados. \u00abTodo el cosmos, dice Congar a este prop\u00f3sito, bajo este aspecto es un templo de Dios; pero \u00e9l lo ignora\u00bb.<\/p>\n<p>Esta frase apunta al presupuesto de la presencia de Dios por gracia, propia y caracter\u00ed\u00adstica de la criatura racional, capaz de conocer dicha presencia. Dios mora en ella, \u00abcomo el conocido en el que lo conoce y el amado en el amante\u00bb, seg\u00fan el conocido aforismo de Santo Tom\u00e1s<br \/>\nSan Agust\u00ed\u00adn dijo algo parecido con la precisi\u00f3n que le caracteriza. \u00abDios, Uno y Trino, est\u00e1 todo en todo sin divisi\u00f3n\u00bb Esto es en s\u00ed\u00ad mismo admirable y maravilloso. Pero, \u00abhay algo mucho m\u00e1s admirable: que estando Dios presente todo en todas partes, sin embargo no habita en todas las cosas. Pues no se puede decir de todas las cosas lo que afirma el Ap\u00f3stol: \u00bfNo sab\u00e9is que sois templos de Dios y que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros? (1 Cor 3,16)\u00bb. \u00bfQu\u00e9 falta entonces para que Dios habite como en un templo? Responde el mismo Santo: \u00ab&#8230; Dios est\u00e1 presente en todas partes por la presencia de su divinidad; pero no est\u00e1 presente en todas partes por la gracia de la inhabitaci\u00f3n<br \/>\nLa inhabitaci\u00f3n es presencia esencialmente por gracia, que supone la presencia de inmensidad. Es como la coronaci\u00f3n y la plenitud de la misma, aunque sean de g\u00e9nero diverso. Ambas se distinguen en su misma realidad por raz\u00f3n de la criatura y por la diversa forma que cada una tiene de relacionarse con Dios. La realidad de Dios es inmutable e indivisible. En ambos casos est\u00e1 presente el mismo Dios real y verdaderamente. Pero, en la presencia natural, \u00abel templo ignora su presencia\u00bb. En la presencia por gracia Dios comunica al alma conocimiento y amor. El templo aqu\u00ed\u00ad no ignora su presencia.<\/p>\n<p>Esta presencia tiene sus caracter\u00ed\u00adsticas. En primer lugar, las divinas personas se hacen presentes real y sustancialmente por la comunicaci\u00f3n al alma de la gracia. En segundo lugar, se trata de una presencia, que por su misma naturaleza es estable. Dios es objeto de conocimiento por la fe y la experiencia m\u00ed\u00adstica, y de amor, como fruto de la caridad\u00bb<br \/>\n3. LA M\u00ed\u008dSTICA Y LA INHABITACI\u00ed\u201cN TRINITARIA. La in. tr. es la ra\u00ed\u00adz y el fundamento de la vida y de la experiencia m\u00ed\u00adstica. La experiencia m\u00ed\u00adstica a su vez es un principio clarificador de la teolog\u00ed\u00ada de la inhabitaci\u00f3n. San Juan de la Cruz acude precisamente en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n a ese hecho, para justificar sus experiencias y su ense\u00f1anza sobre las m\u00e1s altas vivencias que pueden experimentar las almas en esta vida.<\/p>\n<p>La vida cristiana es un desarrollo progresivo de la gracia santificante, en profundidad y en extensi\u00f3n. La gracia, como comunicaci\u00f3n de la misma vida divina, realiza en el hombre una transformaci\u00f3n en un nuevo ser; es una divinizaci\u00f3n, el nuevo nacimiento de los hijos de Dios en el orden sobrenatural. La gracia es amor, caridad y amistad con Dios, iluminada con la luz de la fe.<\/p>\n<p>El desarrollo perfecto de la gracia consiste en un conocimiento iluminado de los misterios de Dios, y en un incremento y purificaci\u00f3n del amor, hasta anticipar aqu\u00ed\u00ad en la tierra la vida de los bienaventurados en el cielo, como insinu\u00f3 el papa Le\u00f3n XIII, recogiendo la ense\u00f1anza de los doctores de la m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>El grado m\u00e1s alto del desarrollo de la gracia, y la vivencia m\u00e1s profunda de la in. tr. los han conseguido las almas m\u00ed\u00adsticas, que han llegado al estado de transformaci\u00f3n espiritual. Ah\u00ed\u00ad, seg\u00fan la ense\u00f1anza de San Juan de la Cruz, el alma siente y goza como un anticipo de la vida eterna; y por \u00abla uni\u00f3n que tiene con Dios, vive vida de Dios\u00bb, a semejanza de los bienaventurados. Su entendimiento, memoria y voluntad y todos sus movimientos \u00aben esta uni\u00f3n son trocados en movimientos divinos\u00bb, pues el alma, \u00abcomo ya verdadera hija de Dios en todo es movida por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Gracias a esta presencia inhabitante del Esp\u00ed\u00adritu y de toda la Trinidad el alma m\u00ed\u00adstica vive y experimenta la realidad y la operaci\u00f3n de cada una de las divinas personas, que moran en ella y tiernamente la hieren en su m\u00e1s profundo centro. Esa gracia, que es ra\u00ed\u00adz de la inhabitaci\u00f3n, habilita al alma \u00abpara que ella aspire en Dios la misma aspiraci\u00f3n de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo que a ella le aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformaci\u00f3n&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La experiencia m\u00ed\u00adstica es una vivencia profunda y luminosa de la in. tr., acompa\u00f1ada de un conocimiento alt\u00ed\u00adsimo del misterio de Dios. Es por lo mismo una ilustraci\u00f3n de la fe y un complemento de la ense\u00f1anza de los te\u00f3logos. Sorprende que la teolog\u00ed\u00ada trinitaria, en particular con relaci\u00f3n a la inhabitaci\u00f3n, no haya tomado en consideraci\u00f3n hasta ahora sus aportaciones, para esclarecer algunos puntos importantes, como: los grados de conocimiento y amor, y de participaci\u00f3n de la naturaleza divina en esta vida; la experiencia de la acci\u00f3n de cada una de las divinas personas, etc..<\/p>\n<p>4. RAZ\u00ed\u201cN FORMAL DE LA INHABITACI\u00ed\u201cN TRINITARIA. a) La teolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica ha analizado desde antiguo con detenimiento y profundidad los aspectos m\u00e1s diversos de la in. tr. En un intento de penetrar en el fondo del misterio se ha esforzado por desvelar la raz\u00f3n o la causa formal de esa presencia misteriosa de la Trinidad en el alma del justo. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n, o motivo, o en virtud de qu\u00e9 elemento las tres divinas personas se hacen presentes sobrenaturalmente en el alma?<br \/>\nLos te\u00f3logos de todas las escuelas han afirmado que la gracia santificante acompa\u00f1a siempre a la in. tr. Pero \u00bfes al mismo tiempo su raz\u00f3n de ser? \u00bfY en qu\u00e9 sentido? \u00bfBajo qu\u00e9 concepto la gracia es causa de ese efecto?<br \/>\nAntes de adelantar otras explicaciones quiero hacer una reflexi\u00f3n que me parece b\u00e1sica. La gracia santificante, a mi modo de ver, es la ra\u00ed\u00adz y el constitutivo de la in. tr. La gracia es participaci\u00f3n de la naturaleza divina; participaci\u00f3n por parte de la misma alma, que por su capacidad limitada no puede encerrar en s\u00ed\u00ad misma toda la realidad del Dios infinito. Pero, por parte de Dios, la naturaleza participada, es el mismo Dios, Uno y Trino, sin divisi\u00f3n ni fragmentaciones. Esto responde al concepto de gracia creada e increada. Y supone al mismo tiempo que la gracia creada, por parte del alma, es la misma gracia increada, mirada desde Dios, porque hace presentes a las tres divinas personas.<\/p>\n<p>En este sentido se puede hablar de una verdadera divinizaci\u00f3n del alma en el orden sobrenatural, que hoy se designa con otro t\u00e9rmino m\u00e1s expresivo,aunque un tanto extra\u00f1o: trinificaci\u00f3n, por cuanto la gracia santificante es participaci\u00f3n de la naturaleza divina y configuraci\u00f3n con Dios Uno y Trino<br \/>\nLa gracia es una autocomunicaci\u00f3n de Dios al hombre en el orden sobrenatural. Dios no se autocomunica partido ni fragmentado. Se comunica en su totalidad, como lo que es: Uno y Trino, en todo su ser.<\/p>\n<p>b) \u00bfExiste alg\u00fan elemento especial en la gracia que la constituya en causa formal de la in. tr.?&#8230; Las respuestas de los te\u00f3logos han marcado aqu\u00ed\u00ad caminos distintos, aunque no muy distantes entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>&#8211; San Agust\u00ed\u00adn no plante\u00f3 el problema en estos t\u00e9rminos; pero su genio teol\u00f3gico molde\u00f3 algunas expresiones que responden a esta cuesti\u00f3n. La raz\u00f3n de la inhabitaci\u00f3n para \u00e9l parece ser la operaci\u00f3n sobrenatural, com\u00fan a las tres personas, e id\u00e9ntica al principio o al operator.<br \/>\n&#8211; Para Pedro Lombardo, el Magister Sententiarum, la raz\u00f3n cuasiformal de la inhabitaci\u00f3n es el mismo E.S., que se identifica con la caridad. El acto por el que el alma ama a Dios procede \u00abdirecta e inmediatamente del Esp\u00ed\u00adritu, que inhabita en ella\u00bb, y al que acompa\u00f1an las personas del Padre y el Hijo<br \/>\n&#8211; Santo Tom\u00e1s de Aquino propone como fundamento de sus explicaciones la gracia santificante. Pero aporta tal riqueza de ideas y de matices y considera la gracia bajo tantos aspectos, que su explicaci\u00f3n ha dado origen a diversas teor\u00ed\u00adas, que comentar\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>El Ang\u00e9lico ense\u00f1a con claridad que la in. tr. se realiza mediante la gracia santificante, en cuanto principio de conocimiento y amor sobrenaturales. El condens\u00f3 su pensamiento en esta frase cl\u00e1sica en esta materia: Dios inhabita en el alma del justo como el conocido en el que conoce y el amado en el amante: sicut cognitum in cognoscente et amatum in amante<br \/>\nLa inhabitaci\u00f3ii comporta una presencia real y efectiva=objetiva de Dios, por la participaci\u00f3n de su misma naturaleza por v\u00ed\u00ada de conocimiento y amor, alimentada por el amor de caridad, que se traduce en amistad. \u00abLa caridad no significa solamente amor a Dios, sino tener tambi\u00e9n cierta amistad con \u00e9l. La amistad a\u00f1ade al amor que en ella el amor es mutuo y da lugar a una intercomunicaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La amistad para santo Tom\u00e1s es la forma m\u00e1s alta y m\u00e1s pura del amor. Y \u00e9sta es la raz\u00f3n de la inhabitaci\u00f3n. Porque ese amor reclama por su misma naturaleza la presencia objetiva de la persona amada, ya que no puede existir amor mutuo de amistad entre personas distantes, que no pueden tratarse mutuamente (non conversantur simul): El trato mutuo es exigencia de la amistad; y la amistad pide uni\u00f3n=presencia de las personas.<\/p>\n<p>&#8211; Francisco Su\u00e1rez adopt\u00f3 la explicaci\u00f3n de santo Tom\u00e1s, acentuando el car\u00e1cter de la gracia como amistad perfecta con Dios y raz\u00f3n formal de la in. tr. en cuanto la amistad reclama en el alma la presencia \u00ed\u00adntima de la persona amiga y amada. Se trata de una presencia real y objetiva, como objeto de conocimiento y amor<br \/>\nEsta es tambi\u00e9n la teor\u00ed\u00ada de los Salmanticenses, profundos comentaristas de santo Tom\u00e1s, que\u2020\u00a2establecen cierto equilibrio entre los diversos estilos y modos de interpretar su doctrina. Consideran tambi\u00e9n la gracia como raz\u00f3n de la presencia real y objetiva de las divinas personas, bajo el aspecto de caridad y amistad perfect\u00ed\u00adsima entre Dios y el alma; porque la amistad espiritual y divina exige \u00abpor propio derecho\u00bb la presencia \u00ed\u00adntima de Dios, como amigo del alma. Se hace presente en ella, con una presencia verdadera y personal, en fuerza de esa amistad<br \/>\n&#8211; Los te\u00f3logos contempor\u00e1neos a Su\u00e1rez y a los Salmanticenses siguieron en m\u00e1s o en menos esta misma l\u00ed\u00adnea. Juan de Santo Tom\u00e1s acentu\u00f3 el aspecto de la experiencia espiritual m\u00ed\u00adstica del alma, en cuanto su contenido es la realidad objetiva y personal de Dios Uno y Trino. La teolog\u00ed\u00ada posterior, hasta nuestros d\u00ed\u00adas, ha aportado pocas novedades a este problema, que hoy tiene poca resonancia en la ense\u00f1anza teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>5. RAZONES PERSONALES EN LA INHABITACI\u00ed\u201cN TRINITARIA. Desde la segunda mitad del siglo XVII la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la in. tr., sin abandonar las cuestiones cl\u00e1sicas ni las posiciones precedentes, tom\u00f3 una nueva direcci\u00f3n, apuntada t\u00ed\u00admidamente por Lessio. Consolid\u00f3 de manera definitiva esta orientaci\u00f3n D. Petau (Petavio), fundado en textos de la Escritura y en testimonios de los Padres, principalmente orientales. El an\u00e1lisis de esos textos le llev\u00f3 a establecer estas conclusiones: la in. tr., por raz\u00f3n de la naturaleza divina, es com\u00fan a las tres divinas personas. No obstante, por raz\u00f3n de las personas, que son el sujeto de las operaciones (actiones sunt suppositorum&#8230;) es propia del E.S., en cuanto \u00abpropiamente y de manera singular est\u00e1 unido con los que santifica, morando en ellos\u00bb.<\/p>\n<p>No se trata aqu\u00ed\u00ad propiamente de determinar la causa formal de la in. tr. El problema apunta m\u00e1s bien a la causa eficiente, al menos a alg\u00fan g\u00e9nero de eficiencia. Algunos te\u00f3logos, insatisfechos con la explicaci\u00f3n com\u00fan de las apropiaciones, acogieron con simpat\u00ed\u00ada la teor\u00ed\u00ada propuesta por Petau, resaltando la idea de que el E.S. tiene una raz\u00f3n o una impronta personal, por la que se une al alma justa, como causa cuasi formal de su santificaci\u00f3n. El es la fuerza santificadora. El Padre y el Hijo se hacen presentes en el alma en virtud del principio de circuminsesi\u00f3n:<br \/>\nSon partidarios de esta teor\u00ed\u00ada algunos destacados te\u00f3logos del siglo XIX, como C. Passaglia (1812-1887) y principalmente J. M. Scheeben (1835-1888), que considera la sigillatio animae como forma de la in. tr. y que atribuye al E.S. Inspir\u00e1ndose en Petau, considera a la tercera persona de la Trinidad, como un don, que se comunica al alma de una manera singular; la sella con su presencia y la santifica, justificando esta explicaci\u00f3n con el misterio de la Encarnaci\u00f3n y la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu santificador. En esta misma l\u00ed\u00adnea se situ\u00f3 T. de Regnon (1831-1893), que considera la santificaci\u00f3n como una caracter\u00ed\u00adstica o propiedad del E.S..<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada moderna, inspirada en estos maestros, ha dado un nuevo giro a este problema. Algunos te\u00f3logos, cercanos a la teor\u00ed\u00ada de De Regnon, han abandonado en cierto modo la cuesti\u00f3n de la causa eficiente de la inhabitaci\u00f3n, centrando su atenci\u00f3n en la b\u00fasqueda de ciertas razones personales que la determinan y configuran.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, se mantiene como principio com\u00fan, que cada persona de la Trinidad tiene sus caracter\u00ed\u00adsticas propias en el orden sobrenatural e inhabita y act\u00faa en el alma, seg\u00fan su peculiaridad. De aqu\u00ed\u00ad se deduce que el alma puede tener ciertas relaciones especiales con cada una de las divinas personas, correspondientes a sus rasgos personales. As\u00ed\u00ad M. de la Taille y m\u00e1s propiamente S. Tromp.<\/p>\n<p>Desde la d\u00e9cada de los a\u00f1os 40 hasta el concilio Vaticano II la mayor parte de los te\u00f3logos han seguido la explicaci\u00f3n fundamentalmente tomista, canalizada por Su\u00e1rez y los Salmanticenses. As\u00ed\u00ad consta de numerosos tratados teol\u00f3gicos sobre la Trinidad y de estudios particulares. Pero no faltaron quienes se manifestaron a favor de la tesis de la existencia de algunas razones personales en la in. tr.<\/p>\n<p>Exponentes de esta corriente teol\u00f3gica son, entre otros: H. Schauf, R. Ernst, S. Beumer, Kuhaupt y J. Ma Alonso, que llega a esa conclusi\u00f3n estudiando la \u00abrelaci\u00f3n de causalidad entre la gracia creada e increada\u00bb. Explicaci\u00f3n similar proponen T. Urd\u00e1noz, que public\u00f3 dos interesantes estudios sobre el particular, y Juan Jos\u00e9 de la Inmaculada, que sigue la l\u00ed\u00adnea de Scheeben y busca un apoyo en la semejanza de la presencia del E.S. y la uni\u00f3n hipost\u00e1tica\u00bb. S. Matell\u00e1n se manifiesta simpatizante con esas teor\u00ed\u00adas en una serie de estudios sobre las operaciones de Dios ad extra en el orden sobrenatural.<\/p>\n<p>Desde los primeros lustros de este siglo esta teor\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada buscado un fundamento y apoyo en la doctrina y experiencia de los m\u00ed\u00adsticos. Waffelaert (Gustavo Jos\u00e9), obispo de Brujas, te\u00f3logo moralista y asc\u00e9tico, es uno de los exponentes m\u00e1s destacados de esta corriente teol\u00f3gica. Esta tendencia, criticada por el P. Galtier como una renovaci\u00f3n disimulada de la teor\u00ed\u00ada de Petau, encontr\u00f3 apoyo en otros te\u00f3logos posteriores.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a hab\u00ed\u00ada iniciado una l\u00ed\u00adnea similar el P. Sabino Mar\u00ed\u00ada Lozano, O.P., fundado en principios de la teolog\u00ed\u00ada tomista y en la m\u00ed\u00adstica de san Juan de la Cruz. Suponiendo que las operaciones ad extra son comunes a las tres divinas personas, defendi\u00f3 que esa \u00abacci\u00f3n com\u00fan es de alg\u00fan modo distinta; es a saber: en cuanto que las acciones son de la persona y la persona en Dios no es una, sino que son tres\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Vaticano II la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre estas cuestiones ha perdido fuerza. No obstante, algunos te\u00f3logos han querido conectar con las antiguas teor\u00ed\u00adas, atribuyendo al E.S. alguna acci\u00f3n singular y propia sobre la Iglesia y las almas.<\/p>\n<p>En este sentido se expresa H. M\u00fchlen, en un largo e importante estudio de car\u00e1cter fundamentalmente eclesiol\u00f3gico. Su idea de base es que el E.S. es quien realiza propiamente la acci\u00f3n unificadora de los miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico, en armon\u00ed\u00ada y correspondencia con la funci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica que tiene en el misterio trinitario: ser lazo de uni\u00f3n de la persona del Padre y el Hijo. El es el nexus entre Cristo y los fieles, \u00abuna persona en muchas personas\u00bb por su acci\u00f3n santificadora, que fundamenta una relaci\u00f3n distinta de la que tienen las otfas dos divinas personas.<\/p>\n<p>El benedictino G. Leblond adopta una postura simular, aunque en otro contexto. Se mueve en el terreno de la espiritualidad m\u00ed\u00adstica. Entiende la in. tr. como una presencia especial permanente del E.S. en el alma. Enlaza con las explicaciones de Waffelaert y de Sabino Lozano, acudiendo a la autoridad de san Juan de la Cruz para garantizar su teor\u00ed\u00ada y sus conclusiones, que considera afirmadas particularmente en textos de la canci\u00f3n 39 del C\u00e1ntico Espiritual: El aspirar del aire&#8230;, que ya conocemos.<\/p>\n<p>6. S\u00ed\u008dNTESIS Y CONCLUSI\u00ed\u201cN. Los intentos llevados a cabo para resaltar la acci\u00f3n del E.S. en la inhabitaci\u00f3n y santificaci\u00f3n de las almas no han muerto en nuestros d\u00ed\u00adas. No faltan hoy te\u00f3logos, cercanos a la literatura m\u00ed\u00adstica, que manifiestan una simpat\u00ed\u00ada no disimulada hacia la postura de quienes afirman la existencia de ciertas razones personales en las acciones sobrenaturales de Dios ad extra. Es una v\u00ed\u00ada que est\u00e1 abierta al desarrollo y al progreso de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria, sobre todo en su vertiente espiritual. No cabe duda de que las explicaciones aqu\u00ed\u00ad comentadas pueden despertar en las almas un mayor inter\u00e9s por llegar a vivir la intimidad divina, en una relaci\u00f3n peculiar y m\u00e1s personal con cada una de las personas de la Trinidad.<\/p>\n<p>Pero me parece que no son del todo correctas algunas interpretaciones de los textos de san Juan de la Cruz, ni las aplicaciones concretas que han hecho algunos te\u00f3logos, en confirmaci\u00f3n de sus teor\u00ed\u00adas. Es cierto que el Santo, al igual que otros maestros de la experiencia m\u00ed\u00adstica, habla de una participaci\u00f3n singular del alma en la vida trinitaria; de un conocimiento por la sabidur\u00ed\u00ada del Verbo, y de un amor que tiene relaci\u00f3n especial con el E.S. Pero su ense\u00f1anza no rebasa la l\u00ed\u00adnea del conocimiento anal\u00f3gico, ni la participaci\u00f3n a que el Santo se refiere va m\u00e1s all\u00e1 de una participaci\u00f3n limitada, imperfecta y anal\u00f3gica con relaci\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>Por otra parte, todos los datos de experiencia que aportan los m\u00ed\u00adsticos encuentran una explicaci\u00f3n satisfactoria acudiendo al principio de las apropiaciones, sin necesidad de recurrir a ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo de propiedad en las divinas personas.<\/p>\n<p>La doctrina de los m\u00ed\u00adsticos aporta muchas luces a la teolog\u00ed\u00ada de la inhabitaci\u00f3n. Autentifica y esclarece el realismo de Dios en el alma, su objetividad sustancial y su dinamismo, su presencia transformadora. De ah\u00ed\u00ad que la teolog\u00ed\u00ada no deba ignorar esta fuente de inspiraci\u00f3n y de conocimiento.<\/p>\n<p>La experiencia de los santos y de los m\u00ed\u00adsticos puede ser considerada como una continuada revelaci\u00f3n de Dios a su Iglesia, que ilumina su camino de peregrinaci\u00f3n en la tarea de esclarecer y actualizar su misterio, seg\u00fan los signos de cada \u00e9poca. La teolog\u00ed\u00ada debe escuchar esta voz, para no perderse en especulaciones vagas y para dar contenido cada vez m\u00e1s vivo y actual a su mensaje.<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Analog\u00ed\u00ada, Apropiaciones; Atanasio, san y Alejandrinos Biblia; Comuni\u00f3n; Conocimiento; Creaci\u00f3n; Encarnaci\u00f3n; Enc\u00ed\u00adclicas; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Gracia; Hijo; Historia; Iglesia; Ireneo, san; Jesucristo; Juan de la Cruz; Misi\u00f3n y misiones; Misterio; M\u00ed\u00adstica; Padre; Padres (griegos y latinos); Regnon, de, T.; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Teresa de Jes\u00fas, santa; Tertuliano; Tom\u00e1s de Aquino, sto.; Trinidad; Vaticano II; Vida cristiana.]<br \/>\nEnrique Llamas<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>INSTITUCIONES TRINITARIAS<\/p>\n<p>SUMARIO: I. La Orden trinitaria.-II. Asociaci\u00f3n de seglares de la Orden.-III. Terciarios y donados.-IV. Monjas trinitarias.-V. Trinitarias de Valance.-VI. Trinitarias de Mallorca.-VII. Trinitarias de Madrid .-VIII Trinitarias de Valencia.-IX. Trinitariasde Sevilla.-X. Trinitarias del Riposo.-XI. Oblatas de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad.-XII. Siervas de la SS. Trinidad.-XIII. Josefinas Trinitarias de Plasencia.-XIV. Misioneros Siervos de la SS. Trinidad.-XV. Sociedad de Nuestra Se\u00f1ora de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>\u00abEl Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00ad, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberaci\u00f3n a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (Lc 4,18-19).<\/p>\n<p>De esta misi\u00f3n que Cristo recibi\u00f3 del Padre por el Esp\u00ed\u00adritu, participan todos los cristianos, pues en el bautismo quedan consagrados a la Trinidad, en cuyo nombre lo reciben. Dentro de la multitud de carismas e institutos que enriquecen la Iglesia, sin embargo, la vida especialmente consagrada a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad constituye un elemento caracter\u00ed\u00adstico del patrimonio de la Orden trinitaria. Sus miembros se consagran en su profesi\u00f3n novo et peculiari titulo a la Trinidad, que se convierte en el principio impulsor y la raz\u00f3n \u00faltima de la vida y apostolado de estos religiosos, los cuales, por medio de la caridad redentora, \u00abparticipan y atestiguan el amor de la Trinidad en la obra de la salvaci\u00f3n humana&#8217;. El misterio de la Trinidad es considerado por ellos como Dios caridad, y por lo mismo, como fuente primera, modelo perfecto y fin \u00faltimo de la caridad redentora para con el pr\u00f3jimo, y a ella le rinden especial culto, que consideran como el n\u00facleo de una vida personal y comunitaria animada por el amor a las tres divinas personas, con una liturgia de alabanza y adoraci\u00f3n, en un servicioque revele al Dios Trinidad en cada hombre, sobre todo el cautivo y el pobre. Se trata, pues de contemplar el misterio trinitario como Trinitas redemptrix.<\/p>\n<p>Es natural que as\u00ed\u00ad sea. La Iglesia sabe que no se puede confesar el misterio trinitario, el misterio de la comuni\u00f3n de Dios, sin al mismo tiempo subrayar la necesidad de la comuni\u00f3n interhumana. Y, por eso, las innumerables obras de caridad que ha desplegado y despliega la Iglesia entera no pretenden sino \u00abreproducir\u00bb la misi\u00f3n redentora de Cristo para que todos los hombres puedan, liberados de la esclavitud del pecado, gozar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios y vivir como hijos de Dios en el Hijo, animados por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, que nos hace \u00abclamar: Abba, Padre\u00bb (Col 1,1) y, por ende, hermanos.<\/p>\n<p>Es imposible rese\u00f1ar aqu\u00ed\u00ad la innumerable cantidad de obras sociales, santuarios, etc., que, intitulados al misterio trinitario, han surgido a lo largo de la historia. Por eso, al hablar de instituciones trinitarias, me limito a referirme a una instituci\u00f3n y a las ramas de ella derivadas cuyos miembros han sido reconocidos por la historia como speciales cultores Trinitatis y redemptores captivorum. Al final, recoger\u00e9 tambi\u00e9n otras instituciones trinitarias m\u00e1s conocidas en la Iglesia. Los miembros de la Orden de la SS. Trinidad \u00abse definen significativamente como hermanos de la casa de la Trinidad &#8230; Habitan formando una familia, reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de modo que la misma comuni\u00f3n y amor viene a presentarse como signo de Dios en la tierra. Pero, al mismo tiempo, ellos construyen y habitan una casa en favor de los cautivos&#8230; De este modo se vinculan, en clave vivencial y en forma pr\u00e1ctica a los dos grandes misterios de la fe cristiana: a) El misterio de la Trinidad: Dios es amor, es comuni\u00f3n de personas que se entregan mutuamente la existencia compartiendo en gozo pleno todo lo que tienen. b) El misterio de la redenci\u00f3n: Dios se desvela sobre el mundo por el gesto de la entrega de la vida; Jes\u00fas libertador es el gran signo trinitario dentro de la historia. Por eso, los hermanos que se unen con Jes\u00fas y contin\u00faan su gesto en el mundo, vienen a expresarse como redentores, desde el fondo del misterio trinitario. En la Trinidad se apoyan y a la Trinidad caminan, a trav\u00e9s de un compromiso de liberaci\u00f3n dentro de la historia\u00bb.<\/p>\n<p>I. La Orden trinitaria<br \/>\nLa Orden de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, que nace en un contexto eclesial de marcada devoci\u00f3n al misterio trinitario, fue fundada con regla propia por Juan de Mata (t 1213) y aprobada por el Papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198, con la bula Operante divine dispositionis.<\/p>\n<p>La regla de Juan de Mata es realmente sui generis, ya que no es ni mon\u00e1stica, ni militar, ni mendicante. Estructura el tipo de vida de una Orden de car\u00e1cter activo, cuya finalidad es la redenci\u00f3n de los cautivos. Sus 40 cap\u00ed\u00adtulos giran en torno a tres ejes: la consagraci\u00f3n a la Trinidad, el estilo de vida y las actividades apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>Leyendo la bula Operante divine de Inocencio III llaman inmediatamente la atenci\u00f3n algunas expresiones que indican una especial devoci\u00f3n a la Trinidad. El documento va dirigido a los amados hermanos Juan, Ministro, y a los hermanos de la Santa Trinidad, en clara expresi\u00f3n de c\u00f3mo ya desde los or\u00ed\u00adgenes la Orden de Juan de Mata fue consciente de un peculiar compromiso con la Trinidad, con cuyo t\u00ed\u00adtulo nac\u00ed\u00ada y a la cual quer\u00ed\u00ada tributar un especial culto&#8217;. En confirmaci\u00f3n de ello, he aqu\u00ed\u00ad algunas referencias trinitarias que se encuentran en el texto de la regla de la Orden.<\/p>\n<p>1. En nombre de la santa e individua Trinidad encabezamiento que enmarca ya todo el texto subsiguiente con un claro matiz trinitario.<br \/>\n2. Todas las iglesias de esta orden se intitulen con el nombre de la Santa Trinidad. Aunque ya exist\u00ed\u00adan iglesias dedicadas al Dios Trino, el hecho de que todas las iglesias est\u00e9n dedicadas a la Trinidad es novedoso. Qu\u00e9 es lo que entend\u00ed\u00ada Juan de Mata con este precepto se entiende teniendo en cuenta el contexto hist\u00f3rico en que nace la Orden: el papa Inocencio III, en una homil\u00ed\u00ada pronunciada en 1208 en la iglesia de Santa Mar\u00ed\u00ada in Saxia, dedicada a la Virgen, dec\u00ed\u00ada: \u00abAqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la Madre de Dios, porque aqu\u00ed\u00ad se venera la memoria de la gloriosa Madre de Dios, a la cual est\u00e1 dedicada la iglesia\u00bb. Poner, pues, una iglesia bajo la advocaci\u00f3n de la Virgen es dedicarle a ella tal iglesia, en la que habr\u00e1 de recibir una veneraci\u00f3n y culto especial; la iglesia queda consagrada a ella y adquiere peculiares obligaciones lit\u00fargico-cultuales. Nada de extra\u00f1o suponer que Juan de Mata quisiera \u00abasegurar para sus iglesias y sus casas un clima trinitario, que a la par que sirve de culto a la Trinidad, fuera un horno donde se forjase el trinitario ap\u00f3stol-redentor-caritativo.<br \/>\n3. El Cap\u00ed\u00adtulo general se celebre una vez al a\u00f1o, y debe hacerse en la octava de Pentecost\u00e9s. La fiesta de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, antes de que fuese celebrada en la Iglesia universal, se celebraba ya en la Iglesia gala justamente ese d\u00ed\u00ada. Sin duda, Juan de Mata quiso unir un hecho tan capital como la celebraci\u00f3n de los cap\u00ed\u00adtulos generales en la marcha de la Orden con fecha tan se\u00f1alada.<br \/>\n4. En las capas de los hermanos se pongan los signos sagrados. Aunque nada se dice de los colores del h\u00e1bito, seguramente Inocencio III manda llevar un h\u00e1bito cuyos colores, ya conocidos por los religiosos, no crey\u00f3 necesario especificar. Este h\u00e1bito tricolor (blanco, con cruz roja y azul) ten\u00ed\u00ada una simbolog\u00ed\u00ada trinitaria en la mente del Papa y de Juan de Mata. Los autores contempor\u00e1neos, que vieron otros s\u00ed\u00admbolos trinitarios en la regla no reparan en este m\u00e1s visible, probablemente por ser obvio y visible. Los historiadores afirman que en los siglos XII y XIII \u00abtodas las cosas tienen un significado oculto, que es preciso no ignorar&#8230; Cada color tiene un significado propio&#8230; Era \u00e9ste un lenguaje sencillo y popular, familiar a todos&#8217;. Aunque las referencias simb\u00f3licas del h\u00e1bito trinitario que nos han llegado no se remonten al mismo Inocencio III, no es dif\u00ed\u00adcil suponer que en el ambiente en que nace la Orden trinitaria, el papa y el fundador quisieran dar al nuevo instituto un h\u00e1bito que fuese como el emblema de la Trinidad, como de hecho han interpretado los comentaristas de la orden y los expositores de la regla.<\/p>\n<p>Autores de \u00e9pocas cercanas a la fundaci\u00f3n han visto en la regla de la Orden s\u00ed\u00admbolos referidos a laTrinidad, incluso en el uso que hace del n\u00famero ternario. As\u00ed\u00ad, en el reparto de bienes en tres partes: Todos los bienes&#8230; se dividan en tres partes iguales&#8230; la tercera parte se reserve para la redenci\u00f3n de los cautivos que a causa de su fe en Cristo han sido encarcelados por los paganos \u00ab. N\u00f3tese la belleza de este texto. Se trata de una pobreza para la caridad. La orden se presenta en la Iglesia como un modo de vida dirigido, verticalmente, hacia la Trinidad y, horizontalmente, hacia quienes sufren a causa de Cristo. Mediante la pr\u00e1ctica de la tertia pars el trinitario se lanza a una inseguridad evang\u00e9lica de fondo. Vivir as\u00ed\u00ad la pobreza facilita la referencia al misterio de la Trinidad vivido personal y comunitariamente, en el culto y en la pr\u00e1ctica redentora, mientras que el misterio alimenta la vocaci\u00f3n redentora, en una visi\u00f3n din\u00e1mica de la Trinidad.<\/p>\n<p>Es innegable, pues, la existencia de una semilla trinitaria echada en los primeros surcos de la Orden. Hasta el momento no se ha encontrado una explicaci\u00f3n satisfactoria de cu\u00e1l sea el origen del t\u00ed\u00adtulo de la Trinidad para la Orden. Algunos sostienen que el nombre le viene del hecho de que as\u00ed\u00ad se llamase su primera casa, en Cerfroid (Francia), ya antes de que los religiosos de la nueva Orden la habitasen. No ser\u00ed\u00ada de extra\u00f1ar. Sin embargo, \u00abesta interpretaci\u00f3n explicar\u00ed\u00ada s\u00f3lo el t\u00ed\u00adtulo de la Orden, no su trinitarismo peculiar, su contenido trinitario, pues adem\u00e1s de un t\u00ed\u00adtulo hay aqu\u00ed\u00ad un contenido significativo. Quiz\u00e1 se podr\u00ed\u00ada buscar la raz\u00f3n en la devoci\u00f3n de Juan de Mata e Inocencio III a la Trinidad, o bien que las controversias y herej\u00ed\u00adas antitrinitarias del siglo XII, sobre todo la de los jud\u00ed\u00ados y musulmanes entre los que deb\u00ed\u00ada desenvolverse mayormente la obra de la Orden movieron, sea al papa como al fundador a escoger este t\u00ed\u00adtulo\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, con el nacimiento de la Orden trinitaria est\u00e1 presente en la Iglesia una declarada y oficial devoci\u00f3n a la Trinidad, y tal Orden aparece como una aplicaci\u00f3n concreta de la presencia de la Trinidad, que ha entrado en la temporalidad a trav\u00e9s de la obra de la redenci\u00f3n y se convierte en empuje y energ\u00ed\u00ada para la caridad. De igual modo, la atenci\u00f3n trinitaria en la estructura de la Orden, se convierte en atenci\u00f3n redentora. La visi\u00f3n de la Trinidad en la Orden es la de la Trinidad din\u00e1mica. El ser de Cristo \u00abenviado a redimir\u00bb es un ejemplo imprescindible para el trinitario, enviado por fuerza de la regla a redimir por vocaci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad la reflexi\u00f3n esencial para el trinitario: cuanto m\u00e1s se une al misterio de la Trinidad y consiguientemente, es m\u00e1s redimido, m\u00e1s puede redimir.<\/p>\n<p>II. Asociacion de seglares a la Orden\u00bb<br \/>\nLa Orden fundada por Juan de Mata asoci\u00f3 a s\u00ed\u00ad, desde los inicios, a seglares que, deseando participar en la misi\u00f3n de los religiosos, formaron cofrad\u00ed\u00adas que viv\u00ed\u00adan de su espiritualidad y ayudaban en las obras caritativas con sus recursos y participaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Ya en la regla se manda al ministro local que haga alguna instrucci\u00f3n los domingos no s\u00f3lo \u00e1 los religiosos, sino tambi\u00e9n a los familiares del convento:<br \/>\nNon solum fratribus, sed et familiae domus y a los empleados: Eis necessario famulantium.<\/p>\n<p>En los documentos m\u00e1s antiguos se habla de estas agrupaciones, con los t\u00e9rminos fraternitas, confratria, confraternitas y luminaria y a sus miembros se les denomina hermanos, cofrades y colegas.<\/p>\n<p>Estas confraternidades nacen con el mismo esp\u00ed\u00adritu y mira de la Orden, para actualizarlos desde su propia circunstancia concreta y personal. Fueron fundadas por Juan de Mata y \u00abagregadas a la Orden para que pudiesen ayudar al instituto a cumplir el sacro prop\u00f3sito , y su finalidad era que \u00abcongregados los hermanos y las hermanas se ejerciten en amar, servir y alabar a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, con actos de fe, de esperanza y de caridad, como principio de nuestro ser, fuente perenne de todo el bien y fin de todo nuestro actuar\u00bb.<\/p>\n<p>Otro autor afirma que la Santa Sede concedi\u00f3 a la Orden \u00abpoder instituir, erigir o agregar confraternidades&#8230; comunicando a las mismas sus tesoros espirituales para m\u00e1s animarlas a concurrir en la gran obra del rescate y ayuda a los pobres esclavos\u00bb , a\u00f1adiendo en otro lugar que tales confraternidades fueron instituidas para adorar el augusto misterio de la Trinidad y el ejercicio de las obras de misericordia para con aquellos cristianos que est\u00e1n en la mayor necesidad, esto es, los pobres esclavos\u00bb. Poco a poco, las cofrad\u00ed\u00adas fueron atenuando el perfil misericordioso redentor, aunque jam\u00e1s lo ladearon del todo. Aunque no se tienen noticias espec\u00ed\u00adficas sobre la organizaci\u00f3n de particulares cofrad\u00ed\u00adas en los siglos XIII al XV, es evidente que hubo muchas, tanto en los conventos como en otras poblaciones donde no ten\u00ed\u00adan casa los trinitarios. Su \u00e9poca de mayor esplendor fue durante los siglos XVII y XVIII, en que adem\u00e1s se agregaron otras innumerables cofrad\u00ed\u00adas de distintos t\u00ed\u00adtulos, ya preexistentes, con el fin de participar de sus indulgencias y privilegios mediante la cooperaci\u00f3n en la obra de la redenci\u00f3n de cautivos. Prestaron una ayuda inapreciable a los redentores en la recogida de abundantes limosnas y en las procesiones con los cautivos redimidos. En los siglos XIX y XX su actuaci\u00f3n ha sido m\u00e1s bien local, fomentando la piedad y devoci\u00f3n a la SS Trinidad y ejercitando algunas obras de caridad.<\/p>\n<p>III. Los terciarios y donados<br \/>\nHist\u00f3ricamente el nombre de Tercera Orden nace con la Orden de los humillados, reconocidos por Inocencio III, que fue dividida en tres secciones, la \u00faltima de las cuales la compon\u00ed\u00adan personas que viv\u00ed\u00adan en el siglo bajo una regla: era la tercera secci\u00f3n o tertius ordo. Entre los trinitarios aparece por primera vez en 1670 en el t\u00ed\u00adtulo de una regla y estatutos publicados con la aprobaci\u00f3n del general de la Orden, Bernardo Dominici. Se explica que aparezca tan tarde si se tiene presente que no ha existido propiamente una Segunda Orden trinitaria, de monjas, hasta principios del siglo XVI. Si el nombre aparece tan tarde, no as\u00ed\u00ad la existencia de unos verdaderos terciarios, como lo eran los donados, que eran personas que se daban a s\u00ed\u00ad mismos con sus bienes en posesi\u00f3n de alg\u00fan convento. La donaci\u00f3n como familiares y hermanos se hac\u00ed\u00ada por escrito y constitu\u00ed\u00ada como un contrato bilateral entre el donante y la Orden. El donado quedaba ligado jur\u00ed\u00addicamente en lo espiritual y temporal al convento, y \u00e9ste le atend\u00ed\u00ada s\u00f3lo espiritualmente si viv\u00ed\u00ada en el siglo del usufructo de los bienes donados, que eran propiedad de los religiosos; o tambi\u00e9n en sus necesidades materiales si entraba directamente al servicio del convento y viv\u00ed\u00ada en alguna de sus dependencias.<\/p>\n<p>Tenemos, pues, dos clases de donados: quienes viv\u00ed\u00adan en el convento o en alguna de sus dependencias con h\u00e1bito religioso y que, por lo general, emit\u00ed\u00adan los tres votos; y quienes, entregando todos sus bienes o parte de los mismos, se reservaban el usufructo durante su vida y segu\u00ed\u00adan en sus casas.<\/p>\n<p>Desde el siglo XVI la palabra donado indica solamente a quienes viven en el convento con h\u00e1bito, habiendo hecho los tres votos. En Burgos, concretamente, desde 1537 a 1580, profesaron trece beatas y siete donados varones, denomin\u00e1ndose respectivamente \u00abcriado y familiar donado\u00bb, \u00abdonado profeso\u00bb y tambi\u00e9n \u00abreligioso profeso familiar\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta el siglo XVIII no hubo asociaciones particulares de terciarios, que lo eran m\u00e1s bien separada e individualmente.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a los tres votos, no hubo regla uniforme. Las antiguas sorores, freyras y beatas los sol\u00ed\u00adan pronunciar en manos del ministro local. Los donados no los emit\u00ed\u00adan, especialmente los que viv\u00ed\u00adan con h\u00e1bito en el convento; otros se compromet\u00ed\u00adan en general a tender a la perfecci\u00f3n, seg\u00fan la regla y constituciones trinitarias. A las beatas que viv\u00ed\u00adan en sus casas (siglos )(VI-XVIII) no se les permit\u00ed\u00ada, salvo raras excepciones, pronunciar los votos antes de los 50 a\u00f1os (reducidos sucesivamente); y para las casadas se requer\u00ed\u00ada el consentimiento del marido. En las constituciones de los calzados de 1657, se hace menci\u00f3n de los tres votos en la f\u00f3rmula de profesi\u00f3n de los terciarios. Despu\u00e9s que comenz\u00f3 a organizarse la OrdenTercera, la profesi\u00f3n se reduc\u00ed\u00ada a la promesa de cumplir los mandamientos de la ley de Dios y la regla y constituciones de la Orden.<\/p>\n<p>Entre los trinitarios descalzos la primera regla de los terciarios que se conoce fue aprobada por Le\u00f3n XII el6-6-1828 y en ella se habla de la emisi\u00f3n de los tres votos. Esta regla, con breves retoques, fue confirmada en 1925 y sigue en vigor.<\/p>\n<p>IV. Monjas trinitarias<br \/>\nYa desde el siglo XIII, se encuentran en las casas de los trinitarios las llamadas sorores, dedicadas al culto a la Stma. Trinidad y a la asistencia a los enfermos del hospital anejo al convento. Su disciplina ven\u00ed\u00ada regulada por la priora, mas depend\u00ed\u00adan del ministro conventual en lo espiritual y material, y tomaban parte en los actos comunes de la iglesia y en las exhortaciones conventuales, junto con los religiosos .<\/p>\n<p>El primer convento, s\u00f3lo para monjas con car\u00e1cter contemplativo, es el de Avinga\u00f1a (L\u00e9rida), fundado por san Juan de Mata en 1201 para sus religiosos y que en 1236 fue cedido a do\u00f1a Costanza, hija de Pedro II de Arag\u00f3n, para que lo convirtiera en convento de monjas. En el s. XVI aparecen 10 conventos de este tipo de monjas, sin que se sepa si hubo otros antes. Del s. XVI al XIX, inclusive, se fundan otros trece.<\/p>\n<p>Las monjas trinitarias son un instituto de vida \u00ed\u00adntegramente contemplativa. Consagradas especialmente a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, viven dedicadas a s\u00f3lo Dios en soledad, silencio, oraci\u00f3n y penitencia.<\/p>\n<p>La regla de san Juan de Mata, enriquecida y actualizada por la tradici\u00f3n de la Orden, es el principio y fundamento del instituto. Representan de modo especial el elemento contemplativo de la espiritualidad y del proyecto trinitario redentor en la Iglesia.<\/p>\n<p>V. Trinitarias de Valance<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las religiosas trinitarias de Valance nace en el siglo XVII. Un grupo de j\u00f3venes terciarias de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad de St-Nizar (Francia), se unieron en 1660 para adorar el augusto misterio y se constituyeron, en 1665, en Valance, como familia religiosa, que fue reconocida como congregaci\u00f3n de derecho pontificio el 25 de septiembre de 1891, con la aprobaci\u00f3n de sus constituciones por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>La espiritualidad trinitaria une a la congregaci\u00f3n con la Orden mediante v\u00ed\u00adnculos mantenidos a lo largo de los tres siglos de existencia: muchas procesiones de esclavos, en efecto, hicieron un alto en los hospitales de las religiosas. Las constituciones de la congregaci\u00f3n traslucen el deseo de las hermanas de participar con su propia vida religiosa en la obra de la redenci\u00f3n por la que se desvive la Orden trinitaria. El fin del instituto, adem\u00e1s del fundamental y com\u00fan a todos los dem\u00e1s institutos que han hecho propio el esp\u00ed\u00adritu de san Juan de Mata en el culto a la Trinidad, es el de liberar al hombre de los varios g\u00e9neros de esclavitud, dedic\u00e1ndose a la educaci\u00f3n de la juventud, la asistencia a los enfermos y el apostolado misionero.<\/p>\n<p>VI. Trinitarias de Mallorca<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las trinitarias de Mallorca fue fundada por Miguel Ferrer, trinitario, quien en 1807, form\u00f3 en Felanitx (Mallorca) una cofrad\u00ed\u00ada de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad y m\u00e1s tarde, el 7 de agosto de 1809, la congregaci\u00f3n de religiosas, a quienes dio una regla basada en la de los religiosos trinitarios.<\/p>\n<p>Estas religiosas est\u00e1n vinculadas a la Orden trinitaria desde el 16 de mayo de 1865. La congregaci\u00f3n fue erigida como de derecho diocesano el 20 de noviembre de 1923.<\/p>\n<p>El culto a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, fuente y origen de todo amor liberador, la oraci\u00f3n de alabanza y las obras de misericordia, reflejo de la regla de san Juan de Mata, constituyen su carisma, junto con la dedicaci\u00f3n a la ense\u00f1anza y otros trabajos asistenciales.<\/p>\n<p>VII. Trinitarias de Madrid<br \/>\nEste instituto de hermanas trinitarias fue fundado en Madrid el 2 de febrero de 1885 por el can\u00f3nigo Francisco de As\u00ed\u00ads M\u00e9ndez Casariego y por Mariana Allsop (de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad).<\/p>\n<p>Aprobado el instituto por Le\u00f3n XIII el 11 de abril de 1901, fue agregado a la Orden trinitaria el 20 de abril de 1904, adoptando posteriormente su esp\u00ed\u00adritu misericordioso-redentor.<\/p>\n<p>La Trinidad es considerada por ellas como misterio de amor y fuente de caridad redentora, nota caracter\u00ed\u00adstica de su apostolado. A ella se consagran con t\u00ed\u00adtulo especial, buscando que su vida religiosa y apost\u00f3lica sea prolongaci\u00f3n de la obra redentora de Cristo que, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, realiza el plan salv\u00ed\u00adfico del Padre, obra que supone la liberaci\u00f3n de toda esclavitud. Su finalidad espec\u00ed\u00adfica es la de buscar, acoger, formar y evangelizar a las j\u00f3venes expuestas a m\u00faltiples peligros y dificultades en la vida, por lo que sus casas tienen la puerta siempre abierta para cuantas necesitan hogar y ayuda.<\/p>\n<p>Por su cuarto voto, han de estar dispuestas en todo momento a dar acogida a la joven y, a ejemplo de los primitivos trinitarios, que cuando no ten\u00ed\u00adan fondos para redimir a los cautivos, ellos mismos se quedaban rehenes, estas religiosas han de privarse de su lecho y su alimento, si fuere necesario, en favor de la joven que llega carente de todo.<\/p>\n<p>VIII. Trinitarias de Valencia<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las religiosas oblatas trinitarias de Valencia fue fundada por Rosa Cu\u00f1at, Tomasa Balbastro, Salvadora Cu\u00f1at, Ana Mar\u00ed\u00ada Gimeno y Rosa Campos, quienes orientadas por el sacerdote Juan de la Concepci\u00f3n Calvo Tom\u00e1s se comprometieron, en enero de 1831, a vivir en comunidad y dedicarse a la ense\u00f1anza y atenci\u00f3n de la infancia abandonada.<\/p>\n<p>Adoptada la regla que los trinitarios hab\u00ed\u00adan dado a las religiosas trinitarias italianas, se unen a la Orden trinitaria el 30 de enero de 1882. El 4 de noviembre de 1885 reciben la aprobaci\u00f3n diocesana y el 17 de agosto de 1909 la pontificia, despu\u00e9s de que el 4 de julio de 1892 fuesen aprobadas sus constituciones y se constituyesen como instituto independiente de las trinitarias italianas.<\/p>\n<p>La espiritualidad del instituto emana de la regla de san Juan de Mata, que toman como principio orientador de toda su misi\u00f3n. El culto a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad y la liberaci\u00f3n de los hombres de las m\u00faltiples formas que hoy reviste la esclavitud, como traducci\u00f3n del amor trinitario, constituyen su carisma. La tarea liberadora la concretizan en la misi\u00f3n de catequizar y educar a los ni\u00f1os pobres, y en la dedicaci\u00f3n a los pobres en los hospitales, siempre conforme a la regla primitiva de la Orden trinitaria.<\/p>\n<p>IX. Trinitarias de Sevilla<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las religiosas del beaterio de la SS. Trinidad fue fundada el 2 de febrero de 1719 en Sevilla por la M. Isabel de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad (1693-1774), quien al quedar hu\u00e9rfana descubre la vocaci\u00f3n religiosa. Viste el h\u00e1bito trinitario el 2 de mayo de 1719. Deseando dedicarse a los pobres, como concretizaci\u00f3n de su amor a la Trinidad redentora, funda, junto con otra compa\u00f1era y bajo los auspicios de su confesor, el trinitario P. Chac\u00f3n, un beaterio para cuidar ni\u00f1as hu\u00e9rfanas, adoptando la regla de las monjas trinitarias.<\/p>\n<p>La congregaci\u00f3n, de derecho diocesano, est\u00e1 afiliada a la Orden trinitaria desde la restauraci\u00f3n de \u00e9sta en Espa\u00f1a, en 1879. El instituto ha mantenido desde su fundaci\u00f3n las vocaciones justas para llevar adelante el beaterio. Actualmente se sigue dedicando a la ense\u00f1anza y al cuidado de las ni\u00f1as hu\u00e9rfanas.<\/p>\n<p>X. Trinitarias del Riposo<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las hermanas trinitarias del Riposo nace en 1762, siendo su fundadora la madre Teresa de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad (Cucchiari) (1735-1810).<\/p>\n<p>Madre Teresa, siendo dirigida por los padres trinitarios de San Carlino (Roma), visti\u00f3 el h\u00e1bito trinitario el 8 de septiembre de 1762 y comenz\u00f3 inmediatamente su trabajo con la juventud pobre y abandonada, intensificando y extendiendo despu\u00e9s su apostolado a otras miserias f\u00ed\u00adsicas y morales.<\/p>\n<p>Adoptada la regla trinitaria, la congregaci\u00f3n naci\u00f3 como Instituto de Maestras P\u00ed\u00adas Trinitarias. En 1828, adoptaron unas nuevas constituciones, aprobadas por la Santa Sede, y cambiaron su nombre por el de Hermanas Oblatas de la Orden de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad.<\/p>\n<p>La legislaci\u00f3n actual mantiene el carisma transmitido por la fundadora: la glorificaci\u00f3n de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, la extensi\u00f3n de su culto y la educaci\u00f3n de la juventud femenina, especialmente la m\u00e1s pobre, y el trabajo en tierra de misiones.<\/p>\n<p>XI. Oblatas de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad<br \/>\nLas Oblatas de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, fundadas por el trinitario Luigi Cianfriglia en 1960, viven y trabajan seg\u00fan el estilo propio de los institutos seculares.<\/p>\n<p>Su vida est\u00e1 expresada en el binomio consagraci\u00f3n a la Trinidad y a las almas, buscando testimoniar la Trinidad, a la que se consagran con nuevo t\u00ed\u00adtulo, a trav\u00e9s de la profesi\u00f3n, la actividad, formas y circunstancias que corresponden a su condici\u00f3n secular en el mundo y por medio del mundo, para transformarlo seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu del Evangelio. Se comprometen de modo especial en la santificaci\u00f3n de los sacerdotes y de los consagrados, para que \u00e9stos sean dignos ministros y siervos de la Trinidad, y procuran que las familias cristianas se renueven a imagen de la Trinidad.<\/p>\n<p>En sus estatutos se sintetiza su modo se vivir: \u00abEl instituto tiene por titular a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, a la cual est\u00e1 consagrado en modo especial; toma como patrona a la Virgen, sierva de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, la cual propone a sus miembros como modelo de vida en total abandono a la voluntad del Padre, en el gustoso seguimiento de Cristo redentor y en la total disponibilidad a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; venera de forma especial a san Juan de Mata, en cuyo esp\u00ed\u00adritu de caridad y ardor apost\u00f3lico inspira la vida de sus miembros\u00bb<\/p>\n<p>XII. Siervas de la SS. Trinidad<br \/>\nLa congregaci\u00f3n de las Siervas de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad fue fundada, la v\u00ed\u00adspera de la fiesta de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad de 1946, por Mar\u00ed\u00ada Celeste Ferreira, con el favor y apoyo del cardenal Barros C\u00e1mara, arzobispo de San Paolo (Brasil). La finalidad del instituto es vivir la semejanza de las Tres Divinas Personas en una sola naturtaleza y, a partir de esa vivencia, anunciar la Palabra por medio del servicio fraterno, con el convencimiento de que todos somos hijos de un mismo Padre. Traducen la experiencia del amor trinitario en la dedicaci\u00f3n a la evangelizaci\u00f3n y a la catequesis, as\u00ed\u00ad como inmol\u00e1ndose por la jerarqu\u00ed\u00ada, y ayudan a las vocaciones sacerdotales.<\/p>\n<p>XIII. Josefinas Trinitarias de Plasencia<br \/>\nLas Josefinas Trinitarias de Plasencia fueron erigidas can\u00f3nicamente el 18 de febrero de 1886. Las primeras religiosas se sumaron a Margarita Delgado Leandro (\u00c2\u00a1 1 de abril 1906) bajo la direcci\u00f3n del can\u00f3nigo D. Eladio Moras Santamera, el cual pens\u00f3 en transformar aquella comunidad en un instituto que se dedicase al culto y adoraci\u00f3n de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, mediante la imitaci\u00f3n de las virtudes de oraci\u00f3n, abnegaci\u00f3n, sacrificio, humildad y obediencia de la Sagrada Familia (la Trinidad terrestre). Ap\u00f3stolicamente manifiestan su especial consagraci\u00f3n a la Trinidad dedic\u00e1ndose a las obras de misericordia y a la ense\u00f1anza\u00bb.<\/p>\n<p>XIV. Misioneros de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad<br \/>\nLos Misioneros Siervos de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad fueron fundados el 22 de enero de 1921 por el P. Thomas Augustine Judge, con la aprobaci\u00f3n del obispo de Mobile (USA), Edwin Allen, si bien sus or\u00ed\u00adgenes se remontan a 1916, despu\u00e9s de que el P. Judge llamase algunos voluntarios laicos del \u00abcen\u00e1culo\u00bb que \u00e9l hab\u00ed\u00ada fundado en Brooklyn para que ayudasen a los sacerdotes en el trabajo misional. En 1921 un grupo de ellos, que viv\u00ed\u00adan en com\u00fan, fue reconocido como comunidad religiosa por Mons. Allen. El instituto fue erigido en congregaci\u00f3n religiosa de derecho diocesano el 29 de abril de 1929 por el obispo de Mobile y el 24 de abril de 1958 la Santa Sede concedi\u00f3 la aprobaci\u00f3n temporal de las constituciones. Finalidad apost\u00f3lica de la congregaci\u00f3n es trabajar por la preservaci\u00f3n de la fe en el Dios uno y trino, por lo que sus miembros son especialmente instruidos para promover el conocimiento de la doctrina del magisterio eclesi\u00e1stico y contrabatir las actividades anticat\u00f3licas. Aceptan parroquias donde hay especial necesidad de sacerdotes o se encuentran sectas proselitistas.<\/p>\n<p>XV. Sociedad de Nuestra Se\u00f1ora de la SS. Trinidad<br \/>\nLa Sociedad de Nuestra Se\u00f1ora de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad se fund\u00f3 en New M\u00e9xico (USA), el a\u00f1o 1958 por un sacerdote diocesano. Adelant\u00e1ndose a la \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada trinitaria\u00bb del Concilio Vaticano II, la Sociedad trata de vivir y proclamar en la Iglesia la \u00abcomuni\u00f3n trinitaria\u00bb, a trav\u00e9s de los tres sectores de miembros que la constituyen: laicos, religiosos y sacerdotes. Trabajan y oran en \u00abequipos eclesiales\u00bb compuestos por sacerdotes, religiosas y laicos, que viven en \u00abrelaciones de oposici\u00f3n\u00bb; es decir, lo espec\u00ed\u00adfico de cada vocaci\u00f3n es lo que determina su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, en consonancia con lo que nos dice la teolog\u00ed\u00ada trinitaria: la Paternidad del Padre es lo que distingue al Hijo y viceversa. La Sociedad vive la \u00abcommunio\u00bb, dentro de la diversidad de sus miembros: no sencillamente semejantes, ni tan s\u00f3lo distintos, sino complementarios&#8217;.<\/p>\n<p>[&#8211;> Adoraci\u00f3n; Amor; Bautismo; Comunidad; Comuni\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Hijo; Historia; Iglesia; Jesucristo; Liberaci\u00f3n; Liturgia; Misi\u00f3n, misiones; Misterio; Padre; Pobres, Dios de los; Salvaci\u00f3n; Trinidad.]<br \/>\nArsenio Llamazares<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La Iglesia es \u00abmisterio\u00bb: 1. El Concilio Vaticano II; 2. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: a. Testimonio de la Escritura, b. La Trinidad en los Concilios, c. La Trinidad se manifiesta al mundo \u00abper Ecclesiam\u00bb.-II. El Padre y la Iglesia: 1. El Padre y la Iglesia en el AT; 2. El Padre y la Iglesia en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-de-la-trinidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIGLESIA DE LA TRINIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16406","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16406","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16406"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16406\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16406"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16406"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16406"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}