{"id":16408,"date":"2016-02-05T10:35:38","date_gmt":"2016-02-05T15:35:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/isabel-de-la-trinidad-beata\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:38","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:38","slug":"isabel-de-la-trinidad-beata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/isabel-de-la-trinidad-beata\/","title":{"rendered":"ISABEL DE LA TRINIDAD, BEATA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Semblanza biogr\u00e1fica: 1. Datos biogr\u00e1ficos; 2. Escritos.-II. Ense\u00f1anza y mensaje: 1. Un itinerario espiritual de vivencia trinitaria; 2. Su vocaci\u00f3n trinitaria, reflejada en su nombre; 3. Los modelos de su vocaci\u00f3n trinitaria: Jesucristo, la Virgen Mar\u00ed\u00ada; 4. Isabel y la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 5. Vivencia y doctrina; 6. \u00c2\u00a1Oh Trinidad, a quien adoro!\u00bb<\/p>\n<p>I. Semblanza biogr\u00e1fica<br \/>\n1. DATOS BIOGR\u00ed\u0081FICOS. Isabel Catez naci\u00f3 el 18 de julio de 1880, en el campo militar de Avor, cerca de Bourges (Francia). Sus padres se llamaron Francisco Jos\u00e9 Catez y Mar\u00ed\u00ada Rolland. Tuvo una hermana, llamada Margarita (Guita, en lenguaje familiar), a la que dirigi\u00f3 muchas cartas, que son una fuente importante para conocer su mensaje espiritual.<\/p>\n<p>-El 22 de julio recibi\u00f3 el sacramento del bautismo. Se le impuso el nombre de Mar\u00ed\u00ada Josefa Isabel. Este \u00faltimo nombre fue para ella una revelaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n, como veremos.<\/p>\n<p>La familia Catez se traslad\u00f3 pronto a Dijon, habitando en una casa cercana al monasterio de las Carmelitas Descalzas. El 2 de octubre de 1887 muri\u00f3 su padre. Cuando se confes\u00f3 por primera vez e hizo su primera comuni\u00f3n manifest\u00f3 su deseo de abrazar la vida religiosa (19. 4. 1891).<\/p>\n<p>Isabel recibi\u00f3 una educaci\u00f3n esmerada en el orden espiritual y humano, bajo la vigilancia de su madre. Estaba dotada de muy buenas cualidades humanas, con una disposici\u00f3n connatural para la m\u00fasica. Inclinada al recogimiento interior, le atra\u00ed\u00ada fuertemente la vida de las carmelitas y su dedicaci\u00f3n a la oraci\u00f3n mental. A los catorce a\u00f1os hizo voto de virginidad y se acentu\u00f3 en ella su vocaci\u00f3n al Carmelo. En 1897 manifest\u00f3 por primera vez este deseo a su madre, que no se manifest\u00f3 muy favorable a sus prop\u00f3sitos y procur\u00f3 distraer la atenci\u00f3n de su hija, manteni\u00e9ndola en la vida social de Dij\u00f3n. Isabel viaj\u00f3, practic\u00f3 la m\u00fasica, la danza, hizo amistades y tuvo ofertas de matrimonio; pero nada de eso, dice C. de Meester, saci\u00f3 su sed de absoluto, sino s\u00f3lo Dios.<\/p>\n<p>-Enero de 1899. Durante unos ejercicios espirituales, dirigidos por el P. Chesnay, recibi\u00f3 la primera experiencia extraordinaria de la inhabitaci\u00f3n trinitaria. Sus visitas a las Carmelitas se hicieron m\u00e1s frecuentes. Durante este tiempo comenz\u00f3 a leer el Camino de Perfecci\u00f3n de Santa Teresa. Se aviv\u00f3 su deseo de ingresar en el Carmelo, consiguiendo al fin el benepl\u00e1cito de su madre, para cuando cumpliese los 21 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>En 1900 particip\u00f3 en un retiro, dirigido por el jesuita P. Hoppenot e hizo el firme prop\u00f3sito de vivir en adelante en el mundo en esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n, al estilo de las carmelitas. El 2 de agosto de 1901 vio cumplido su deseo. Ingres\u00f3 como postulante en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Dijon, del que era priora la Madre Germana de Jes\u00fas. El 8 de diciembre visti\u00f3 el h\u00e1bito. Se dirig\u00ed\u00ada espiritualemente en este tiempo con el P. Vall\u00e9e.<\/p>\n<p>El 19 de enero de 1903 hizo su profesi\u00f3n solemne con el nombre de Isabel de la Trinidad. La profesi\u00f3n religiosa fue para ella como un segundo sacramento, que disip\u00f3 las dudas que le hab\u00ed\u00adan atormentado. Entr\u00f3 en contacto con los escritos de san Juan de la Cruz, que fueron para ella como una nueva revelaci\u00f3n luminosa en su vocaci\u00f3n a la intimidad con Dios y a la vivencia del misterio de la Trinidad. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde (1904) escribi\u00f3 su conocida Elevaci\u00f3n a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, que revela su profunda vivencia de este misterio.<\/p>\n<p>-En los primeros meses de 1905 se inici\u00f3 el proceso de una penosa enfermedad. Obtuvo dispensa de algunas pr\u00e1cticas de la vida religiosa; pero su vivencia interior no sufri\u00f3 merma. En la pascua de este a\u00f1o descubri\u00f3 lo que ella llam\u00f3: su misi\u00f3n en el mundo: ser alabanza de gloria de la Trinidad.<\/p>\n<p>En 1906 su vivencia interior se centr\u00f3 plenamente en Cristo y en el misterio trinitario. Viv\u00ed\u00ada revestida de los sentimientos de Jesucristo y asumi\u00f3 sus dolores y sufrimientos para configurarse a su imagen doliente y llenarse m\u00e1s de su amor. En 24 de mayo el Se\u00f1or le concedi\u00f3 la gracia m\u00ed\u00adstica de vivir en su presencia. En este ambiente ley\u00f3 y sabore\u00f3 la doctrina de san Pablo, que le ayud\u00f3 a profundizar en su vocaci\u00f3n de alabanza de gloria. En los meses siguientes escribi\u00f3 lo m\u00e1s importante de su mensaje espiritual.<\/p>\n<p>Su enfermedad iba agrav\u00e1ndose lentamente. Se sent\u00ed\u00ada asociada a los sufrimientos de Jes\u00fas y deseaba ser como una humanidad suplementaria a su pasi\u00f3n. A finales de octubre redact\u00f3 su testamento espiritual, dirigido a la Madre Germana de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El d\u00ed\u00ada primero de noviembre recibi\u00f3 su \u00faltima comuni\u00f3n. Entr\u00f3 en una noche oscura del esp\u00ed\u00adritu, que la configur\u00f3 aun m\u00e1s con Cristo. La Comunidad la rode\u00f3 con el amor fraterno y la plegaria. El d\u00ed\u00ada 6 por la ma\u00f1ana, v\u00ed\u00adctima del mal de Adis\u00f3n, expir\u00f3 dulce y suavemente, iniciando su canto glorioso de alabanza de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad.<\/p>\n<p>El d\u00ed\u00ada 25 de noviembre de 1984 el Papa Juan Pablo II declar\u00f3 beata a Sor Isabel de la Trinidad, defini\u00e9ndola como una contemplativa, que descubri\u00f3 en s\u00ed\u00ad misma \u00abla presencia del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, en los que reconoci\u00f3 la realidad del amor infinito y viviente de Dios (Homil\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>2. ESCRITOS. Los escritos de Sor Isabel de la Trinidad son una expresi\u00f3n de su mensaje espiritual. En sus mismas cartas da a conocer sus sentimientos espirituales y su preocupaci\u00f3n por la vida del esp\u00ed\u00adritu. No dej\u00f3 muchos escritos. Aparte de algunos ejercicios escolares de poes\u00ed\u00ada, nos leg\u00f3 unas piezas valios\u00ed\u00adsimas, de car\u00e1cter espiritual, que nos dan a conocer el desarrollo de su vida interior y sus m\u00e1s elevadas experiencias.<\/p>\n<p>Conrad de Meester, el mejor conocedor de su vida y su doctrina, ha clasificado los escritos de Sor Isabel en este esquema:<br \/>\n1\u00c2\u00b0 &#8211; Diario espiritual (1894-1900), escrito en tres cuadernos, reunidos en dos cubiertas.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00b0 &#8211; Tratados espirituales, cuatro trataditos que contienen su ense\u00f1anza y su mensaje: a) Grandeza de nuestra vocaci\u00f3n, escrito en forma de carta para su amiga Francisca Sourdon; b) D\u00e9jate amar, escrito en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas de octubre de 1906, en un ambiente cuasi sacramental; c) El cielo en la fe, (o en la tierra), escrito tres meses antes de morir y dirigido a su hermana Guita, como fruto de sus ejercicios espirituales de diez d\u00ed\u00adas de duraci\u00f3n. d) Ultimos Ejercicios, su obra m\u00e1s importante, autobiograf\u00ed\u00ada espiritual de la segunda quincena de agosto (1906); su \u00faltimo legado, expresi\u00f3n de sus m\u00e1s profundas vivencias cristol\u00f3gicas, trinitarias y eclesiales.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00b0 &#8211; Notas \u00ed\u00adntimas: una serie de textos breves, redactados en forma de elevaciones espirituales, de oraciones personales, o reflexi\u00f3n sobre alg\u00fan tema espiritual. Son desahogos del esp\u00ed\u00adritu, cuando Isabel era seglar, o carmelita. En este grupo se incluye su conocida: Elevaci\u00f3n a la Trinidad: \u00c2\u00a1oh Trinidad, a quien adoro!<br \/>\n4\u00c2\u00b0 &#8211; 124 poes\u00ed\u00adas sobre diversos temas, escritas en un cuadernillo.<\/p>\n<p>5\u00c2\u00b0 &#8211; 346 cartas: de familia (a su madre, a su hermana), de amistad, de car\u00e1cter social. Todas tienen un valor espiritual.<\/p>\n<p>II. Ense\u00f1anza y mensaje<br \/>\nLos escritos de la Beata Isabel de la Trinidad son una autobiograf\u00ed\u00ada espiritual en peque\u00f1o. Son la expresi\u00f3n de su vivencia del misterio de Dios en su sentido m\u00e1s profundo, una vivencia de fe y amor. En su conjunto constituyen la aut\u00e9ntica historia de su alma privilegiada, fiel hasta lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo a la vocaci\u00f3n a la santidad, en la comuni\u00f3n con Dios Uno y Trino.<\/p>\n<p>Sus p\u00e1ginas son una fuente luminosa de doctrina, hecha vida interior, abierta a todas las almas, llamadas a la perfecta configuraci\u00f3n con Cristo. En la explicaci\u00f3n de sus vivencias interiores ella manifiesta un alto conocimiento de la revelaci\u00f3n de Dios y de sus designios de salvaci\u00f3n, de la ejemplaridad de Jesucristo y de la Virgen Mar\u00ed\u00ada. Nos da a conocer el misterio de Dios Padre, de Jesucristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con la profundidad con que ella vivi\u00f3 su presencia y su acci\u00f3n misteriosa, en el m\u00e1s profundo centro de su alma. Aqu\u00ed\u00ad estriba la fuerza de su magisterio y de su mensaje espiritual.<\/p>\n<p>1. UN ITINERARIO ESPIRITUAL DE VIVENCIA TRINITARIA. La importancia de Isabel de la Trinidad para la vida espiritual y para la teolog\u00ed\u00ada trinitaria radica no solamente en sus escritos, sino tambi\u00e9n en la riqueza de sus experiencias y de su misma vida; en el itinerario que ella recorri\u00f3 desde su infancia hasta su muerte: breve en el tiempo, pero de muy amplia dimensi\u00f3n en su contenido.<\/p>\n<p>A. Sicari ha definido a la Beata Isabel como una existencia teol\u00f3gica. La historia de su vida no es una simple biograf\u00ed\u00ada, en el sentido com\u00fan de la palabra; es el relato de una teolog\u00ed\u00ada vivida, hecha forma de su misma vida. Existencia privilegiada, transfigurada siempre por el rayo de la presencia de Dios Uno y Trino.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ed\u00adnea ha interpretado la vida de la Beata Isabel Carlo Landazi que la considera y la describe como una historia hecha presencia de Dios, penetrada desde el principio al fin por una realidad, que es ra\u00ed\u00adz y fundamento de su mismo ser: la inhabitaci\u00f3n de la adorable Trinidad en su alma, viva y actuante en ella. De ah\u00ed\u00ad naci\u00f3 la conciencia de su vocaci\u00f3n-misi\u00f3n: ser alabanza de su gloria.<\/p>\n<p>La experiencia de esta presencia, hecha inhabitaci\u00f3n trinitaria, protegida por sus cualidades humanas y sobrenaturales: amor a lo bello, firmeza de car\u00e1cter, sensibilidad, docilidad a la llamada de Dios&#8230;, ilumin\u00f3 la historia maravillosa de su alma, a pesar de sus sufrimientos. Fue la que hizo de ella una existencia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En 1899 la joven Isabel Catez, durante unos ejercicios espirituales, tuvo la gracia m\u00ed\u00adstica de sentir la presencia trinitaria en su alma. Ten\u00ed\u00ada diez y ocho a\u00f1os. No ten\u00ed\u00ada entonces una idea clara de la presencia sobrenatural de Dios. Fue algo parecido a lo que le hab\u00ed\u00ada ocurrido a Santa Teresa (Vida, 18, 15; 22, 3). Al a\u00f1o siguiente, el P. Vall\u00e9e, su director espiritual, en el locutorio de las carmelitas, le explic\u00f3 el sentido teol\u00f3gico de esa presencia, que abri\u00f3 nuevas perspectivas a su deseo de interioridad.<\/p>\n<p>La vivencia de la inhabitaci\u00f3n trinitaria, cada vez m\u00e1s profunda, llev\u00f3 a la Beata Isabel a descubrir todos los matices y las amplias dimensiones de esta realidad, y a relacionar sus propias experiencias, su conocimiento y su amor a Dios con el estado de los bienaventurados en el cielo. En 1902, durante su noviciado, tuvo una experiencia de que estaba viviendo el cielo en la tierra. \u00abHe hallado mi cielo en la tierra -dec\u00ed\u00ada en carta a la condesa de Sourdon-; porque el cielo es Dios, y Dios est\u00e1 en mi alma\u00bb. La realidad de Dios, \u00ed\u00adntimo a su alma, fue el determinante de su existencia.<\/p>\n<p>En la \u00faltima etapa de su itinerario espiritual, su existencia teol\u00f3gica marca una nueva caracter\u00ed\u00adstica. Descubre su vocaci\u00f3n eterna, que cumple ya en el cielo en la tierra: ser alabanza de gloria de la Trinidad. Es el c\u00e1ntico nuevo que entona ya en este mundo, y que enlaza con el que cantar\u00e1 eternamente en la bienaventuranza.<\/p>\n<p>Isabel fue durante toda su vida la voz de esta alabanza de gloria. Su existencia mantuvo siempre, sin interrupci\u00f3n, este sentido teol\u00f3gico, de manera particular en la \u00faltima fase de su vida. Fue entonces cuando vivi\u00f3 en toda su intensidad el sentido de su propia realidad sobrenatural. Ella la condensa en estas frases, entre otras: \u00abUna alabanza de gloria es un alma que mira de hito en hito a Dios en la fe y en la simplicidad; es un reflector de todo lo que E1 es&#8230; Es tambi\u00e9n como un cristal, a trav\u00e9s del cual se puede irradiar y contemplar todas sus perfecciones y su propio esplendor\u00bb2. \u00abEstoy leyendo ahora unas p\u00e1ginas hermosas de nuestro Padre San Juan de la Cruz&#8230;; dice que el Esp\u00ed\u00adritu Santo eleva el alma a una altura tan admirable que le hace capaz de aspirar en Dios la misma aspiraci\u00f3n de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo (CE 39, 3). Pensar que el buen Dios nos ha llamado a vivir en estas claridades santas&#8230; Yo quisiera responder pasando sobre la tierra, como la Sant\u00ed\u00adsima Virgen&#8230; para perderme en la Trinidad que mora all\u00ed\u00ad, para transformarme en ella. Entonces, mi divisa, \u00abmi ideal luminoso\u00bb&#8230; ser\u00e1 realizado, ser\u00e1 en efecto: Isabel de la Trinidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo imitar en el cielo de mi alma esta ocupaci\u00f3n incesante de los bienaventurados en el cielo de su gloria? \u00bfC\u00f3mo continuar esta alabanza y esta adoraci\u00f3n ininterrumpidas?&#8230; El alma que penetra y mora en estas \u00abprofundidades de Dios\u00bb&#8230;, que por consiguiente todo lo realiza \u00aben El, por El y para El con esta limpidez de intenci\u00f3n, que le da cierta semejanza con el ser simplic\u00ed\u00adsimo, esta alma se arraiga m\u00e1s profundamente en Aquel a quien ama con cada uno de sus movimientos, con cada una de sus aspiraciones, con cada uno de sus actos&#8230; Todo en ella rinde homenaje a Dios tres veces santo. Esta alma es, por as\u00ed\u00ad decirlo, un Sanctus perpetuo, una incesante alabanza de gloria\u00bb. Esto fue ella a lo largo de su existencia.<\/p>\n<p>2. Su VOCACI\u00ed\u201cN TRINITARIA, REFLEJADA EN SU NOMBRE. Isabel Catez descubri\u00f3 muy pronto que su nombre respond\u00ed\u00ada a su ser sobrenatural. Lo descubri\u00f3 en su bautismo, guiada por la doctrina de san Pablo: una consagraci\u00f3n a Dios Uno y Trino. En su primera visita a las Carmelitas de Dij\u00f3n la Madre Priora le explic\u00f3 su significado: Isabel, casa de la Trinidad; y le revel\u00f3 que ese ser\u00ed\u00ada el nombre que tomar\u00ed\u00ada en el Carmelo. A partir de entonces se sinti\u00f3 fascinada por ese misterio. M\u00e1s adelante recordar\u00e1 con emoci\u00f3n este hecho.<\/p>\n<p>En 1901 hac\u00ed\u00ada esta confidencia a don Emiliano Isidoro Angels, can\u00f3nigo de Carcasona, amigo de la familia: \u00ab\u00bfLe he dicho mi nombre nuevo en el Carmelo? Mar\u00ed\u00ada Isabel de la Trinidad. Me parece que este nombre indica mi vocaci\u00f3n particular. \u00bfVerdad que es muy bonito? Amo tanto este misterio de la Trinidad&#8230; Es un abismo en que me pierdo\u00bb.<\/p>\n<p>Isabel celebraba con especial devoci\u00f3n y solemnidad la fiesta lit\u00fargica de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, como fiesta propia, porque era lo que significaba su nombre. El 25 de mayo del mismo a\u00f1o dec\u00ed\u00ada a su hermana Guita: \u00abOh, s\u00ed\u00ad, Guita m\u00ed\u00ada. Esta fiesta de los Tres es verdaderamente mi fiesta. Para m\u00ed\u00ad no hay ninguna parecida. Ella est\u00e1 muy bien en el Carmelo, porque es una fiesta de silencio y de adoraci\u00f3n. Nunca hab\u00ed\u00ada comprendido tan bien el misterio y toda la vocaci\u00f3n que hay en mi nombre\u00bb.<\/p>\n<p>Consciente de su predestinaci\u00f3n y de su llamamiento para ser Isabel de la Trinidad, respondi\u00f3 siempre con fidelidad a su vocaci\u00f3n. Encontr\u00f3 en el Carmelo el clima adecuado para vivirla en toda su plenitud: su vocaci\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>3. LOS MODELOS DE SU VOCACI\u00ed\u201cN TRINITARIA. En la vivencia trinitaria de la Beata Isabel de la Trinidad destacan ciertas actitudes espirituales, que la definen y caracterizan: comunicaci\u00f3n interior con la Trinidad, adoraci\u00f3n silenciosa, inmolaci\u00f3n, recogimiento, acci\u00f3n de gracias, amor de entrega&#8230; La lectura del NT y la doctrina de san Juan de la Cruz le ayudaron a configurar su actitud vivencial. En la Palabra de Dios descubri\u00f3 tambi\u00e9n los modelos de su vocaci\u00f3n, expresada y realizada en esa vivencia espiritual: Jes\u00fas y Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>a) Jes\u00fas: su oraci\u00f3n contemplativa le ayud\u00f3 a conocer cada d\u00ed\u00ada con mayor profundidad la ejemplaridad singular de Jesucristo para ella, y el camino para vivir su vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Tuvo siempre ante los ojos de su alma la figura de Jes\u00fas, como el supremo testimonio de la alabanza de gloria: lo que ella pretend\u00ed\u00ada ser. Por eso, se esforz\u00f3 constantemente y ante todo por imitar ese rasgo de su ejemplaridad.<\/p>\n<p>La riqueza cristol\u00f3gica de la vida de la Beata Isabel, en cuanto a su conocimiento m\u00ed\u00adstico y a su amor de entrega total, no puede ser resumida en cortas p\u00e1ginas, menos a\u00fan en unas solas l\u00ed\u00adneas. Cristo fue un absoluto para ella, porque en El inhabit\u00f3 la plenitud de la divinidad (cf. Col 2, 9). El vivi\u00f3 en toda su perfecci\u00f3n el ideal del alma que quiere anonadarse ante el Se\u00f1or para participar de la plenitud de su vida. \u00abCuando yo est\u00e9 completamente identificada con este ejemplar divino &#8211; dec\u00ed\u00ada-, toda transformada en El y El en m\u00ed\u00ad, entonces cumplir\u00e9 mi vocaci\u00f3n eterna, aquella para la que Dios me ha elegido en El (Ef 1, 4), \u00abin principio\u00bb, la que yo continuar\u00e9 in aeternum, cuando sumergida en el seno de la Trinidad, ser\u00e9 la incesante alabanza de su gloria: laudem gloriae eius (Ef 1, 12)\u00bb.<\/p>\n<p>Isabel quer\u00ed\u00ada ser y lo fue en realidad, \u00abuna humanidad suplementaria de Cristo\u00bb, no s\u00f3lo para que \u00e9l pudiese continuar realizando su obra redentora, sino tambi\u00e9n para glorificar perfectamente al Padre, para seguir siendo alabanza de su gloria.<\/p>\n<p>Jesucristo fue para la Beata Isabel el modelo del amor perfecto al Padre y a los hombres; el amor de entrega, el amor como comuni\u00f3n con la persona amada, con Dios, que tan profundamente describe san Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>b) La Virgen Mar\u00ed\u00ada: Al lado de Jes\u00fas y muy cerca de \u00e9l por la identificaci\u00f3n con sus mismos sentimientos, la Beata Isabel descubri\u00f3 la figura de la Virgen Mar\u00ed\u00ada. En ella, como en un espejo l\u00ed\u00admpido y transparente, vi\u00f3 reflejados los rasgos de su vocaci\u00f3n y de su misma vida. Su llamamiento a la interioridad, a la comunicaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con los Tres, a la intimidad con el Dios Uno y Trino&#8230; tienen un anticipo ejemplarizante en la Virgen Mar\u00ed\u00ada. Ella es tambi\u00e9n por antonomasia el modelo de su vocaci\u00f3n a ser perenne alabanza de gloria. Su intuici\u00f3n aqu\u00ed\u00ad fue fruto de su connaturalidad, de su delicadeza de esp\u00ed\u00adritu, de su amor a la belleza y a la armon\u00ed\u00ada c\u00f3smica y espiritual.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de Jesucristo, y salvando la distancia que existe entre lo finito y lo infinito, hay una criatura que fue tambi\u00e9n la gran alabanza de gloria de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. Respondi\u00f3 plenamente a la elecci\u00f3n divina\u00bb.<\/p>\n<p>Virgo fidelis: es la Virgen fiel, \u00abla que guardaba todas las cosas en su coraz\u00f3n\u00bb. Se consideraba tan insignificante, tan recogida delante de Dios en el santuario de su alma, que atrajo las complacencias de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSu oraci\u00f3n, como la de El, fue siempre \u00e9sta: `Ecce, heme aqu\u00ed\u00ad&#8217;: \u00bfQui\u00e9n? \u00abLa esclava del Se\u00f1or\u00bb, la \u00faltima de las criaturas; Ella, su Madre\u00bb.<\/p>\n<p>La actitud de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, durante los meses que transcurrieron entre la Anunciaci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas, es el modelo para las almas que buscan la interioridad, \u00abpara las que Dios ha llamado a vivir hacia adentro, en el fondo del abismo sin fondo\u00bb<br \/>\nEn Mar\u00ed\u00ada descubri\u00f3 Isabel reflejado el modelo perfecto de su vocaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan: encontr\u00f3 en Ella su inspiradora, y la Madre que ir\u00ed\u00ada moldeando su alma, suave y amorosamente, hasta llegar a ser la perfecta alabanza de gloria. As\u00ed\u00ad se colige de este precioso testimonio de los \u00faltimos d\u00ed\u00adas de su vida. 16 de agosto de 1906: \u00abEsta Madre de gracia va a formar mi alma para que su hijita sea una imagen viva, expresiva de su Hijo primog\u00e9nito (Lc 2, 7), el Hijo del Eterno. Aquel que fue la perfecta alabanza de gloria de su Padre\u00bb.<\/p>\n<p>4. LA BEATA ISABEL Y LA INHABITACI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU. La vida espiritual de Isabel de la Trinidad es uno de los testimonios m\u00e1s claros de la fuerza de la oraci\u00f3n mental y de la contemplaci\u00f3n amorosa, para llegar al conocimiento del misterio de Dios, y vivir en profundidad su inhabitaci\u00f3n en el fondo del alma. Ella es una figura excepcional en este sentido. Enamorada de la realidad de Dios Uno y Trino, vivi\u00f3 en su presencia y en la intimidad de lastres divinas personas, en una conciencia cada vez m\u00e1s l\u00facida y en una uni\u00f3n espiritual m\u00e1s estrecha.<\/p>\n<p>Enamorada tambi\u00e9n de Jesucristo, el Verbo encarnado, su amado Esposo, hecho amor de Dios a los hombres y crucificado por amor, luz y camino, vida del alma, descubri\u00f3 en \u00e9l su modelo, espejo de la divinidad, el todo para ella.<\/p>\n<p>La figura del Esp\u00ed\u00adritu Santo la fascinaba; porque es el Esp\u00ed\u00adritu de amor y de luz de Jes\u00fas, el que El nos envi\u00f3, como fuerza y compa\u00f1ero en el camino, para que no nos encontremos nunca s\u00f3los en nuestras tareas.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene una funci\u00f3n personal en la vida espiritual. Es el dulce Hu\u00e9sped del alma, que nos ayuda a penetrar en las profundidades insondables del ser divin\u00f3; es el Esp\u00ed\u00adritu que vivifica a las almas, porque es la expresi\u00f3n del amor divino, del Padre y del Hijo; es como la frescura de aguas vivas, que invita al alma a beber de esa fuente, que Cristo prometi\u00f3 a los que creen en El.<\/p>\n<p>Su funci\u00f3n en la vida espiritual es m\u00e1s \u00ed\u00adntima a\u00fan. El inhabita por amor en las almas. La inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu ocupa un lugar destacado en la vivencia espiritual de la Beata Isabel de la Trinidad. En consecuencia, ella ense\u00f1a que el alma que quiera gustar del gozo del Se\u00f1or en su interior, tiene que vivir con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en comunicaci\u00f3n con El en lo m\u00e1s profundo de su ser, como vivieron los santos. Ah\u00ed\u00ad, en el contacto con el amor infinito, puede anticipar en esta vida el gozo de los bienaventurados y gustar de la plenitud del amor de Dios en el fondo del abismo, donde se realiza el encuentro divino.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu es la luz y la cobertura del alma; el clima de la vivencia misteriosa de la realidad de Dios en nosotros. Con sus ardientes llamas abrasa las almas, las consume en el amor divino; nos colma de sus dones y de sus dulzuras. Es la bondad, la belleza suprema que nos revela la hermosura de la divinidad, por la que suspira el alma del C\u00e1ntico Espiritual de san Juan de la Cruz: \u00abgoc\u00e9monos, Amado, y v\u00e1monos a ver en tu hermosura\u00bb.<\/p>\n<p>5. VIVENCIA Y DOCTRINA; La Beata Isabel no desarrolla en sus escritos cuestiones de teolog\u00ed\u00ada. Su magisterio es algo m\u00e1s vital y profundo. Ella vivi\u00f3 la fe pura y ardiente en lo que le es m\u00e1s entra\u00f1able: conocimiento de Dios, aceptaci\u00f3n y compromiso, alimentados por un amor de entrega sin l\u00ed\u00admites y sin condicionamientos. La fe se tradujo en ella en una vivencia interior de la presencia de Dios, de su inhabitaci\u00f3n amorosa en su alma, de una relaci\u00f3n de reciprocidad y correspondencia. En esto se fundamenta y de aqu\u00ed\u00ad parte su magisterio espiritual.<\/p>\n<p>Conrad de Meester defini\u00f3 a la Beata Isabel como profeta de Dios, que difundi\u00f3 en la Iglesia un mensaje silencioso, que irradia desde dos focos de luz: el testimonio de su vida, oculta y escondida en el Carmelo, y su doctrina, fruto de sus experiencias sobrenaturales, en la l\u00ed\u00adnea de tres grandes maestros: san Pablo, san Juan de la Cruz y Juan Ruusbroec.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista podemos decir, que la Beata Isabel ha sido una gracia para la Iglesia, una figura de vanguardia, que adelant\u00f3 en la Iglesia una forma de espiritualidad universal: la vivencia trinitaria, equivalente a una vivencia de la fe en plenitud. Ella la vivi\u00f3 con la misma fuerza e intensidad, como si estuviese viendo al invisible (cf. Heb 11, 27).<\/p>\n<p>La vivencia de la fe incluye un conocimiento proporcional del misterio de Dios, de su amor salv\u00ed\u00adfico y misericordioso; conocimiento que no se adecua del todo con la capacidad natural de la persona, ni es asimilable al que proporciona la teolog\u00ed\u00ada especulativa. Es un conocimiento que nace de la gracia y del calor de la oraci\u00f3n amorosa. Se obtiene por la v\u00ed\u00ada del amor y de la intimidad divina.<\/p>\n<p>Isabel de la Trinidad es un ejemplo relevante de la fuerza del amor y de la eficacia de la oraci\u00f3n, en orden al conocimiento perfecto de Dios. Por ese camino descubri\u00f3 los matices del misterio trinitario, y lo vivi\u00f3 seg\u00fan la plenitud de la capacidad de su alma. Esto fue as\u00ed\u00ad, de manera particular, a partir de los d\u00ed\u00adas en que tom\u00f3 contacto con los escritos de san Juan de la Cruz y se familiariz\u00f3 con la doctrina de san Pablo. Ella experiment\u00f3 los fen\u00f3menos que describe santa Teresa en la \u00faltima morada de su Castillo interior, cuando dice que conoce y gusta \u00abpor una noticia admirable que se le da al alma, y entiende con grand\u00ed\u00adsima verdad ser todas tres Personas una sustancia, y un poder y un saber, y un solo Dios\u00bb&#8216;6. El fruto de ese conocimiento y de ese gozo interior es cuanto la Beata Isabel de la Trinidad nos ha transmitido en sus escritos, espejo l\u00ed\u00admpido de su alma.<\/p>\n<p>6. \u00c2\u00a1OH, MI DIOS, TRINIDAD A QUIEN ADORO&#8230;! Nuestra exposici\u00f3n, que no es completa, resultar\u00ed\u00ada m\u00e1s empobrecida, si no ofreci\u00e9ramos aqu\u00ed\u00ad un texto magisterial de la Beata Isabel, que indica las l\u00ed\u00adneas fundamentales de su mensaje, y es la expresi\u00f3n m\u00e1s realista de su vivencia trinitaria. Es su Elevaci\u00f3n a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, que ante nuestra sorpresa y admiraci\u00f3n, pide s\u00f3lo una actitud: la del silencio meditativo.<\/p>\n<p>\u00ab\u00c2\u00a1Oh, mi Dios, Trinidad a quien adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en Vos, inm\u00f3vil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos, \u00c2\u00a1oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me haga penetrar m\u00e1s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo. Que no os deje all\u00ed\u00ad jam\u00e1s s\u00f3lo, sino que est\u00e9 all\u00ed\u00ad toda entera, completamente despierta en mi fe, en adoraci\u00f3n total, completamente entregada a vuestra acci\u00f3n creadora.<\/p>\n<p>\u00c2\u00a1Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor! quisiera ser una esposa para vuestro Coraz\u00f3n, quisiera cubriros de gloria, amaros&#8230; hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia y os pido os dign\u00e9is \u00abrevestirme de Vos mismo\u00bb Identificad mi alma con todos los movimientos de la vuestra; sumergidme, invadidme, sustituidme para que mi vida no sea m\u00e1s que una irradiaci\u00f3n de vuestra vida. Venid a m\u00ed\u00ad como Adorador, como Reparador y como Salvador. \u00c2\u00a1Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuch\u00e1ndoos; quiero hacerme d\u00f3cil a vuestras ense\u00f1anzas, para aprenderlo todo de Vos; y luego, a trav\u00e9s de todas las noches, de todos los vac\u00ed\u00ados, de todas las impotencias, quiero miraros siempre y permanecer bajo vuestra gran luz. \u00c2\u00a1Oh Astro amado!, fascinadme para que no pueda ya salir de vuestra irradiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00c2\u00a1Oh Fuego consumidor, Esp\u00ed\u00adritu de Amor! \u00abDescended a m\u00ed\u00ad\u00bb, para que se haga en mi alma como una encarnaci\u00f3n del Verbo: que yo sea para El como una humanidad complementaria en la que renueve todo su Misterio. Y Vos, \u00c2\u00a1oh Padre eterno!, inclinaos hacia vuestra peque\u00f1a criatura, \u00abcubridla con vuestra sombra\u00bb, no ve\u00e1is en ella m\u00e1s que al \u00abAmado en quien Vos hab\u00e9is puesto todas vuestras complacencias\u00bb<br \/>\n\u00c2\u00a1Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Yo me entrego a Vos como una presa. Encerraos en m\u00ed\u00ad para que yo me encierre en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.<\/p>\n<p>21 de noviembre de 1904 \u00ab\u00bb.<\/p>\n<p>[-> Absoluto; Adoraci\u00f3n; Alabanza; Amor; Bautismo; Comuni\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Gracia; Hijo; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Juan de la Cruz, san; Mar\u00ed\u00ada; Misterio; M\u00ed\u00adstica; Oraci\u00f3n; Padre; Pascua; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Teresa de Jes\u00fas, santa; Trinidad; Vida cristiana.]<br \/>\nEnrique Llamas<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Semblanza biogr\u00e1fica: 1. Datos biogr\u00e1ficos; 2. Escritos.-II. Ense\u00f1anza y mensaje: 1. Un itinerario espiritual de vivencia trinitaria; 2. Su vocaci\u00f3n trinitaria, reflejada en su nombre; 3. Los modelos de su vocaci\u00f3n trinitaria: Jesucristo, la Virgen Mar\u00ed\u00ada; 4. Isabel y la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 5. Vivencia y doctrina; 6. \u00c2\u00a1Oh Trinidad, a quien &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/isabel-de-la-trinidad-beata\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abISABEL DE LA TRINIDAD, BEATA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16408","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16408","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16408"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16408\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16408"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16408"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16408"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}