{"id":16414,"date":"2016-02-05T10:35:53","date_gmt":"2016-02-05T15:35:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-misiones\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:53","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:53","slug":"mision-misiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-misiones\/","title":{"rendered":"MISION, MISIONES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Origen trinitario de la misi\u00f3n: 1. Ense\u00f1anza de la Escritura; 2. La Tradici\u00f3n; 3. El Concilio Vaticano II: a) La Lumen Gentium, b) El decreto Ad gentes.-II. Teolog\u00ed\u00ada de las misiones trinitarias: a. Noci\u00f3n teol\u00f3gica de misi\u00f3n, b. Las misiones trinitarias no suponen imperfecci\u00f3n, c. Lo eterno y lo temporal en las misiones divinas, d. Definici\u00f3n de las misiones trinitarias y su alcance, e. Las misiones y las personas divinas.-III. Misiones trinitarias e inhabitaci\u00f3n de la SS. Trinidad.-IV. Misiones trinitarias y gracia santificante.-V. La doctrina de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada hodierna.-VI. Iglesia misionera.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia se ha entendido normalmente en su dimensi\u00f3n preferentemente antropol\u00f3gica: salvar al hombre, comprendiendo esta salvaci\u00f3n en sentido prevalentemente negativo: \u00abpara que el hombre no se condene\u00bb. No ha sido frecuente arrancar de la SS. Trinidad como fuente de toda misi\u00f3n, o mejor, no se ha entroncado en el Padre, como hontanar de las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La causa de este desenfoque de la misi\u00f3n tal vez haya estado en el \u00abol\u00ed\u00admpico aislamiento\u00bb&#8216; al que se ha tenido relegado el misterio adorable de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>Con el Vaticano II, sin embargo, y, \u00faltimamente, con la enc\u00ed\u00adclica \u00abRedemptoris missio\u00bb, de Juan Pablo II, la misi\u00f3n de la Iglesia ha quedado centrada en el CENTRO, que centra y concentra todo su misterio y, en concreto, su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El objetivo de esta reflexi\u00f3n no es precisamente hablar de la misi\u00f3n de la Iglesia, cuanto del fundamento trinitario de esta misi\u00f3n, que son las misiones trinitarias. Fundamento del que arranca toda misi\u00f3n en el Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>I. Origen trinitario de la mision<br \/>\nLa comprensi\u00f3n de la Iglesia en su condici\u00f3n de \u00abmisterio\u00bb y \u00absacramento\u00bb ha sido consecuencia de la recuperaci\u00f3n de las \u00abmisiones divinas\u00bb por parte del Vaticano II. Al arrancar de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb, el concilio se situaba en la m\u00e1s pura l\u00ed\u00adnea de la revelaci\u00f3n, de la patr\u00ed\u00adstica e, incluso, de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LA ESCRITURA. Jes\u00fas aparece como el \u00abenviado\u00bb del Padre a quien deben recibir los hombres para salvarse (cf. Jn 5,22-24.36-37). Habla, de igual forma, del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que enviar\u00e1 el Padre (cf. Jn 14,26; G\u00e1l 4,6) y tambien \u00e9l mismo (He 1,33; Jn 15,26; 16,7) a la Iglesia.<\/p>\n<p>El env\u00ed\u00ado del Hijo por parte del Padre y el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo de parte de Padre e Hijo implica la autodonaci\u00f3n del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo en cuanto tales y, en ellos y con ellos, la autodonaci\u00f3n del Padre en su condici\u00f3n de Padre a todos los hombres.<\/p>\n<p>Porque \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4,16) es una expansi\u00f3n fecunda de vida en el \u00e1mbito intratrinitario. Dios es Padre que, por ser tal, engendra, en su autodonaci\u00f3n, al Hijo, de suerte que el Padre se constituye en \u00abPadre\u00bb merced a su autodonaci\u00f3n fecunda que hace de s\u00ed\u00ad mismo al Hijo. Dios es Hijo que, por ser tal, es don pleno al Padre, de suerte que el misterio personal del Hijo lo constituye esa total entrega de s\u00ed\u00ad mismo al Padre. Y, porque \u00abDios es amor\u00bb, es Esp\u00ed\u00adritu Santo, \u00abdon personal\u00bb entre el Padre y el Hijo, \u00abdescanso\u00bb y \u00abgozo\u00bb mutuos en la vida intratrinitaria. La vida de Dios es, por tanto, en s\u00ed\u00ad misma, flujo y reflujo, una salida y un retorno o, en otras palabras, una comuni\u00f3n familiar en expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por un designio totalmente lib\u00e9rrimo del Dios Trino, esta expansi\u00f3n vital intratrinitaria ha salido fuera de la vida intratrinitaria y ha alcanzado tambi\u00e9n a los hombres por las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El env\u00ed\u00ado del Hijo implica la donaci\u00f3n que el Padre hace de su propio Hijo a los hombres (cf. Jn 3, 16s.; Rom 8, 32; etc.) \u00abpara rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n adoptiva (G\u00e1l 4,5; cf. 8,14s.).<\/p>\n<p>Otro tanto cabe decir del env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo de parte del Padre y del Hijo: comporta, igualmente, la donaci\u00f3n del Par\u00e1clito como tal a los hombres (cf. Jn 14,17.26; Rom 5,5;2 Cor 1,22; 1 Jn 4,13). Los ex\u00e9getas reconocen que en estas misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo se \u00abnos revela que Cristo comunica a sus \u00abfieles\u00bb algo de la relaci\u00f3n filial que le une al Padre: una paternidad, por tanto, la de Dios, que rebasa las relaciones intratrinitarias para abrazar sin m\u00e1s a todos los hombres\u00bb hasta el punto de que \u00absu paternidad (del Padre) para con los hombres se realiza en el Hijo y por medio del Hijo, de suerte que, como somos filii Dei in Filio, puede calificarse asimismo a Dios como Pater noster in Filio per Spiritum Sanetum\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA TRADICI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. Los Padres de la Iglesia, de igual forma, entienden las \u00abmisiones\u00bb divinas como una ampliaci\u00f3n en el hombre de lo que es propio del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El objeto de su teolog\u00ed\u00ada es Dios, el Padre, que se da a los hombres en Cristo, cuya filiaci\u00f3n participan por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por v\u00ed\u00ada de ejemplo, entre tantos como pod\u00ed\u00adamos citar, valga san Ireneo. El obispo de Lyon se sirve de una alegor\u00ed\u00ada sugestiva para expresar este misterio: el Padre lleva a cabo su designio de autodonarse a los hombres, a trav\u00e9s del Hijo encarnado y del Esp\u00ed\u00adritu, que vienen a ser como sus \u00abdos manos\u00bb. Ireneo quiere expresar con esta alegor\u00ed\u00ada la configuraci\u00f3n del hombre, en la Iglesia, al modelo, el Verbo encarnado, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu entran en el hombre, comunic\u00e1ndole la vida filial, como algo constitutivo del ser humano, de suerte que para el obispo de Lyon el hombre \u00fanicamente es tal, cuando ha recibido en s\u00ed\u00ad mismo al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Para Or\u00ed\u00adgenes, \u00abla Iglesia est\u00e1 llena de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb&#8216;. Tertuliano, por su parte, reconoce que all\u00e1 donde est\u00e1n las tres personas, se halla tambi\u00e9n la Iglesia \u00abque es el cuerpo de los tres\u00bb. Pero tal vez sea Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada quien con mayor fuerza y realismo ha expresado el misterio de la Iglesia como participaci\u00f3n en el ser personal del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu y, en ellos, del Padre.  \u00abHemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Lo que imprime en nosotros la imagen divina es la santificaci\u00f3n, es decir, la participaci\u00f3n del Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Por el bautismo \u00abse forma en nosotros Cristo de modo inefable&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Y por lo que hace a la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el mismo Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada compara su acci\u00f3n con la del seilo. Tratando de demostrar de su acci\u00f3n divinizadora en el hombre la condici\u00f3n divina del Esp\u00ed\u00adritu, dice: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo no delinea en nosotros la sustancia divina como si \u00e9l fuera ajeno a ella, a manera de un pintor, que es ajeno a la naturaleza de lo que pinta&#8230; sino que El mismo, que es Dios y procede de Dios, se imprime invisiblemente, como en cera blanda y a la manera de un sello en el coraz\u00f3n de los que lo reciben, restaurando as\u00ed\u00ad, por la comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, la imagen de la naturaleza a la belleza del ejemplar y restituyendo al hombre a imagen de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>San Agust\u00ed\u00adn, por su parte, abunda sobre este particular; insiste en la participaci\u00f3n de la Iglesia en la condici\u00f3n filial del Hijo: los cristianos, \u00abporque son hijos de Dios, constituyen el cuerpo del Hijo \u00fanico de Dios; siendo \u00e9l la Cabeza y nosotros los miembros somos el \u00fanico Hijo de Dios\u00bb. Para los Padres, por tanto, las misiones de las divinas personas prolongan en la Iglesia y en cada uno de sus miembros la vida misma que el Hijo recibe del Padre, y el Esp\u00ed\u00adritu, de ambos. Toda la Trinidad se hace presente de un modo nuevo en los hombres incorporados a Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Ph. Delahaye, resumiendo el pensamiento patr\u00ed\u00adstico, reconoce que para los Padres de los primeros siglos, la salvaci\u00f3n del hombre se cifra en el nacimiento del Verbo en el coraz\u00f3n del hombre. \u00abLa patr\u00ed\u00adstica primitiva define&#8230; la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios por su concepci\u00f3n del nacimiento del Logos en el coraz\u00f3n de los hombres&#8230; en la filiaci\u00f3n e incorruptibilidad y como Logos pneum\u00e1tico en el carisma\u00bb\u00bb. A. R\u00e9tif, en la misma l\u00ed\u00adnea, reconoce que \u00abla doctrina sobre la relaci\u00f3n entre las procesiones intratrinitarias y las misiones temporales de las personas divinas (encarnaci\u00f3n y pentecost\u00e9s) es una doctrina tradicional\u00bb<br \/>\n3. EL CONCILIO VATICANO II. Dos son los documentos principales en los que el Vaticano II ha estudiado la condici\u00f3n misionera de la Iglesia y, como presupuesto b\u00e1sico, las misiones trinitarias: la constituci\u00f3n LG y el decreto AG.<\/p>\n<p>a) La Lumen gentium. Todo el cap. I de la LG, que estudia el misterio de la Iglesia, tiene como tel\u00f3n de fondo el tema de las misiones trinitarias. Se arranca del Padre como fuente y origen de la Iglesia (n.2), mediante la acci\u00f3n del Hijo, que es \u00abenviado por el Padre\u00bb (n. 3) y por la presencia del Esp\u00ed\u00adritu, \u00abenviado tambi\u00e9n el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s a fin de santificar indefinidamente a la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00ed\u00adritu (cf. Ef 2,18)\u00bb (n.4).<\/p>\n<p>Una vez que se impuso el nuevo cap. II, De populo Dei, la preocupaci\u00f3n de los Padres conciliares se cifr\u00f3 en conseguir que se pusieran de relieve con fuerza los principios teol\u00f3gicos de la misi\u00f3n de la Iglesia&#8217;. Tratando de responder a los deseos de los Padres, la subcomisi\u00f3n teol\u00f3gica II elabor\u00f3 dos n\u00fameros nuevos en el c. II del esquema De Ecclesia: el n. 13, De universalitate seu catholicitate unius Populi Dei y el n. 17, con el que se conclu\u00ed\u00ada el cap. Nos interesa el n. 13. Tras poner de relieve el proyecto salv\u00ed\u00adfico del Padre, el n. 13 pasa a describir el modo de su realizaci\u00f3n, que es la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu de parte del Padre, primero, y la misi\u00f3n de la Iglesia prolongando la obra de Cristo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, despu\u00e9s: \u00abPara esto envi\u00f3 Dios a su Hijo, al que constituy\u00f3 heredero universal (cf. Heb 1,2), para que fuera nuestro maestro, rey y sacerdote, cabeza del nuevo y universal pueblo de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envi\u00f3 Dios el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, Se\u00f1or y Vivificador\u00bb. La subcomisi\u00f3n II, al presentar este n\u00famero, reconoc\u00ed\u00ada que la universalidad del Pueblo de Dios se asienta \u00aben la unidad de la naturaleza humana y en las misiones de Cristo, del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la Iglesia\u00bb. El n\u00famero en cuesti\u00f3n que pas\u00f3 sin m\u00e1s a la LG con el mismo guarismo arranca del origen de toda misi\u00f3n, el Padre, que envi\u00f3 a su Hijo al mundo. El Hijo, a su vez, env\u00ed\u00ada a la Iglesia a continuar su obra. Se evoca el mandato misionero de Mt (28,18-20). Se afirma, igualmente, la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que acompa\u00f1a y asiste a la Iglesia en su tarea evangelizadora. Y, a modo de conclusi\u00f3n de todo el c. II de LG, se se\u00f1ala el objetivo de toda misi\u00f3n en la Iglesia: la glorificaci\u00f3n del Padre (cf. LG 17).<\/p>\n<p>b) El decreto \u00abAd gentes\u00bb. Esta fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gico-trinitaria de la misi\u00f3n de la Iglesia se quiso dar por supuesta en el esquema De missionibus del que se eliminaron los principios doctrinales de la misi\u00f3n, por estar recogidos en la LG. La mayor\u00ed\u00ada de los Padres que proced\u00ed\u00adan de tierras de misi\u00f3n se opusieron. J. Zoa, en nombre de cuarenta obispos de \u00ed\u0081frica y Asia pidi\u00f3 que figuraran los principios teol\u00f3gicos de la misi\u00f3n, ancl\u00e1ndolos en las \u00abmisiones trinitarias\u00bb: \u00abEs necesario que se exprese con claridad meridiana c\u00f3mo la actividad misionera de la Iglesia arranca principalmente de las misiones del Verbo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta misi\u00f3n se contin\u00faa en y por la Iglesia. La Iglesia es \u00fanicamente el instrumento de las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. La misi\u00f3n es el \u00fanico movimiento que trae su origen de la Trinidad y retorna a la misma Trinidad despu\u00e9s de haber alcanzado en su movimiento al mundo y a la historia\u00bb.<\/p>\n<p>El descontento general sobre el esquema De missionibus dio origen a otro nuevo, titulado Schema de activitate nissionali Ecclesiae, que cristaliz\u00f3 en el decreto Ad gentes. En la presentaci\u00f3n del nuevo esquema la Relatio reconoc\u00ed\u00ada que el esquema trataba de basar la obra misionera de la Iglesia \u00aben la doctrina del mismo Dios Trino, de acuerdo con la profunda ense\u00f1anza de santo Tom\u00e1s; y conecta con la misi\u00f3n universal de la Iglesia\u00bb. Y contin\u00faa la Relatio: \u00abDe acuerdo con el proyecto de Dios Padre, amor fontal\u00bb (cf. Dionysium, Thomam, Bonaventuram), del que proceden el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que nos cre\u00f3 y nos llam\u00f3, fue enviado el Hijo, verdadero mediador, el cual, por el camino de la encarnaci\u00f3n, salv\u00f3 lo que asumi\u00f3&#8230; Fue enviado igualmente el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el cual con su acci\u00f3n interna asiste y mueve al hombre en la realizaci\u00f3n de esta obra\u00bb.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ed\u00adnea, el relator, J. Sch\u00fctte, reconoc\u00ed\u00ada que \u00abla actividad misional se debe deducir de la misma fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica: 1) el origen trinitario de la misi\u00f3n de la Iglesia, que trae su origen del consejo o mandato del Padre, proveniente de su \u00e1gape (cf. 2 Cor 13,13), que se lleva a cabo mediante las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 2) el aspecto eclesiol\u00f3gico de la misi\u00f3n y la \u00ed\u00adntima conexi\u00f3n con la constituci\u00f3n De Eccesia&#8230;<\/p>\n<p>El decreto AG sienta como principio inconcuso que \u00abla Iglesia es por su misma naturaleza misionera, puesto que toma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan el prop\u00f3sito de Dios Padre\u00bb (AG 2). \u00abNo podr\u00ed\u00adamos so\u00f1ar con una fundamentaci\u00f3n m\u00e1s recia y profunda, m\u00e1s noble, m\u00e1s urgente, m\u00e1s din\u00e1mica y m\u00e1s fecunda. En la fuente misma de nuestro ser cristiano, en el misterio primordial, cuya vivencia har\u00e1 nuestra felicidad en el cielo, y cuya irradiaci\u00f3n vital nos envuelve, transforma y diviniza ya en la tierra; ah\u00ed\u00ad es donde hunde sus ra\u00ed\u00adces la vocaci\u00f3n misionera de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>El decreto AG, sin embargo, ofrec\u00ed\u00ada una novedad important\u00ed\u00adsima y fundamental sobre la LG: conectaba las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo con sus procesiones respectivas: \u00abEste prop\u00f3sito (de Dios Padre) dimana del \u00abamor fontal\u00bb de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, del que es engendrado el Hijo y procede el Esp\u00ed\u00adritu Santo por el Hijo, cre\u00e1ndonos libremente por un acto de su excesiva y misericordiosa benignidad y llam\u00e1ndonos, adem\u00e1s, graciosamente a participar con El en la vida y en la gloria, difundi\u00f3 con liberalidad&#8230; la bondad divina, de suerte que el que es creador de todas las cosas ha venido a hacerse todo en todas las cosas (1 Cor 15,28), procurando a la vez su gloria y nuestra felicidad\u00bb (AG 2,2). Es cierto que el Concilio no apela a t\u00e9rminos t\u00e9cnicos de la teolog\u00ed\u00ada, pero est\u00e1 presente en 2,2 toda la teolog\u00ed\u00ada de la relaci\u00f3n entre las procesiones y las misiones, como lo vamos a ver en el p\u00e1rrafo siguiente.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia quedaba plenamente centrada en la SS. Trinidad como en su fuente original y en su t\u00e9rmino final. Del Padre, por el Hijo encarnado, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, recibe la Iglesia su misi\u00f3n, que no tiene otra mira que la de reunir a todos los hombres en Cristo y conducirlos al Padre, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abLa corriente vital de la Iglesia no es m\u00e1s que la vida divina trinitariamente pose\u00ed\u00adda y donada. Esa vida divina que, procediendo del Padre, pasa por el Hijo y es difundida por el Esp\u00ed\u00adritu a la comunidad de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada de las misiones trinitarias<br \/>\nSeguir\u00e9 en este apartado la fecunda doctrina que nos ofrece Tom\u00e1s de Aquino sobre el particular. Analizando el dato revelado observamos lo siguiente: a) Que s\u00f3lo son enviados el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo; b) Que el Hijo es enviado s\u00f3lo por el Padre (cf. Jn 14, 25-27), en tanto que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es enviado conjuntamente por el Padre y el Hijo o por el Padre a trav\u00e9s del Hijo (cf. He 2,33; Jn 15,26): el Padre, aunque no es enviado, viene con el Hijo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Jn 14,23). Que las tres divinas personas, al ser enviadas y al darse, respectivamente, comienzan a estar en la criatura racional de un modo nuevo.<\/p>\n<p>a. Noci\u00f3n teol\u00f3gica de misi\u00f3n: El concepto de \u00abmisi\u00f3n\u00bb conviene s\u00f3lo al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo. La noci\u00f3n de misi\u00f3n implica una relaci\u00f3n entre una persona que env\u00ed\u00ada y otra que es enviada y que depende de la que env\u00ed\u00ada activamente.<\/p>\n<p>Si falta uno de esos sujetos, no puede hablarse de \u00abmisi\u00f3n\u00bb. \u00abEl hecho de que alguien sea enviado revela que el enviado procede de alguna manera de quien lo env\u00ed\u00ada, bien sea por modo de mandato, que es como el Se\u00f1or env\u00ed\u00ada al siervo; bien por modo de consejo, y as\u00ed\u00ad se dice que el consejero env\u00ed\u00ada al rey a la guerra; o tambi\u00e9n por modo de origen, como al decir que el \u00e1rbol env\u00ed\u00ada o emite la flor\u00bb.<\/p>\n<p>b. Las misiones trinitarias no suponen imperfecci\u00f3n. Cosa que hay que desterrar totalmente en las misiones divinas. Por lo mismo, la persona que env\u00ed\u00ada: no env\u00ed\u00ada mandando, por cuanto el mandato, en Dios, implicar\u00ed\u00ada superioridad siendo as\u00ed\u00ad que las divinas personas son iguales; ni aconsejando, que indicar\u00ed\u00ada, igualmente, una cierta prestancia en el que env\u00ed\u00ada, en el orden de conocimiento; pero s\u00ed\u00ad originando: el Padre env\u00ed\u00ada en cuanto est\u00e1 siendo el origen de la persona enviada, como cuando se dice que el \u00e1rbol env\u00ed\u00ada la flor, en cuanto que est\u00e1 surgiendo de \u00e9l.<br \/>\nLa noci\u00f3n de misi\u00f3n, en las divinas personas, implica dos cosas: 1) la procesi\u00f3n eterna de las personas divinas, puesto que las personas se constituyen por las procesiones. Por lo mismo, siempre que aparece una persona actuando como distinta de las otras, como sucede en la misi\u00f3n, es porque est\u00e1 procediendo de la persona que le da origen; 2) un nuevo modo de existir de las personas divinas en la criatura recional y de \u00e9sta en las divinas personas.<\/p>\n<p>c. Lo eterno y lo temporal en las misiones. Dos son los aspectos esenciales que constituyen la misi\u00f3n: la procesi\u00f3n de las divinas personas y el modo nuevo de estar en la criatura racional. Lo cual implica una doble vertiente: la dimensi\u00f3n eterna y la dimensi\u00f3n temporal. En cuanto implica la procesi\u00f3n de las personas divinas, la misi\u00f3n es eterna, y en la medida que expresa un modo nuevo de estar en la criatura, es temporal. \u00abLa misi\u00f3n no solamente implica la procesi\u00f3n de un principio, sino que, adem\u00e1s, determina el t\u00e9rmino temporal de la procesi\u00f3n, y por eso, la misi\u00f3n es s\u00f3lo temporal. O tambi\u00e9n que la misi\u00f3n incluye la procesi\u00f3n eterna y a\u00f1ade algo, o sea, el efecto temporal, ya que la relaci\u00f3n de la persona divina a su principio es forzosamente eterna. De aqu\u00ed\u00ad que, si se habla de una doble procesi\u00f3n, la eterna y la temporal, no es porque se doblen las relaciones con el principio, sino que la dualidad viene de parte del t\u00e9rmino, que es temporal y es eterno\u00bb.<br \/>\nAmbos aspectos son igualmente esenciales a la misi\u00f3n: si prescindimos del aspecto eterno, no podemos hablar de misi\u00f3n de las divinas personas; puesto que las misiones se constituyen por las procesiones: y si suprimimos el efecto temporal, tampoco podemos hablar de \u00abmisiones\u00bb, sino de procesiones; puesto que el efecto temporal de la procesi\u00f3n es lo que hace que se convierta en misi\u00f3n.<\/p>\n<p>d. Definici\u00f3n de la \u00abmisi\u00f3n trinitaria\u00bb y su alcance. Sobre la base de las precedentes reflexiones se puede apun^ tar la siguiente descripci\u00f3n de las misiones trinitarias: \u00abSon la prolongaci\u00f3n de las procesiones eternas en la criatura racional\u00bb. Quiere decir, por tanto, que: 1) la procesi\u00f3n es causa de la misi\u00f3n; 2) procesi\u00f3n y misi\u00f3n se corresponden: a cada misi\u00f3n corresponde la necesaria procesi\u00f3n eterna de la persona enviada, y 3) el efecto que produce la misi\u00f3n en la criatura racional hay que entenderlo siempre desde la procesi\u00f3n.<br \/>\nDesde el punto de vista pastoral es f\u00e1cil comprender la enorme importancia de estas conclusiones. Siempre que se quiera explicar adecuadamente la misi\u00f3n de una persona divina, es necesario recurrir a su procesi\u00f3n eterna respectiva. Por lo mismo, para comprender el nacimiento temporal del Verbo es necesario remontarse hasta su nacimiento eterno, y, de id\u00e9ntica forma, para entender la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia y en cada hombre, es igualmente necesario remontarse a su procesi\u00f3n eterna. Pocos como san Juan de la Cruz han percibido la entra\u00f1a profunda de las misiones trinitarias, cuando dice en la Canci\u00f3n 39 de su C\u00e1ntico Espiritual: \u00abEste aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dar\u00e1 Dios all\u00ed\u00ad, en la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiraci\u00f3n divina, muy subidamente levanta el alma y la informa y habilita para que ella aspire en Dios la misma aspiraci\u00f3n de amor, que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo, que a ella le aspira en el Padre y el Hijo, en la dicha transformaci\u00f3n para unirla consigo. Porque no ser\u00ed\u00ada verdadera y total transformaci\u00f3n, si no se transformase el alma en las tres personas de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad, en revelado y manifiesto grado&#8230;<\/p>\n<p>e. Las misiones y las personas divinas. Las procesiones son siempre personales. Lo que procede en el seno de la adorable Trinidad son las personas en cuanto tales. Por lo mismo, la misi\u00f3n, que es una prolongaci\u00f3n de la procesi\u00f3n eterna, es tambi\u00e9n personal; es enviada la persona en cuanto tal. Las misiones, por consiguiente, hacen presentes y manifiestan a las personas en cuanto tales. Ahora bien; si las manifiestan, es porque el t\u00e9rmino tamporal de las misiones dice relaci\u00f3n de propiedad a la persona enviada. La uni\u00f3n hipost\u00e1tica, por ejemplo, es el t\u00e9rmino temporal de la misi\u00f3n sustancial del Verbo, se refiere propiamente a \u00e9ste y no al Padre ni al Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00danicamente el Verbo asume la condici\u00f3n humana, si bien las tres personas act\u00faan la misma obra de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quiere decir, por tanto, que siempre que se quiera explicar convenientemente el t\u00e9rmino temporal de las misiones (uni\u00f3n hipost\u00e1tica, gracia santificante, maternidad divina de Mar\u00ed\u00ada, etc.), hay que referirlo a las personas en cuanto tales y no s\u00f3lo a la naturaleza una. Con esto no se desvirt\u00faa el principio dogm\u00e1tico: \u00abIn Deo omnia sunt unum ubi non obviat relationis oppositio\u00bb (DS 1330), sino m\u00e1s bien se reafirma; puesto que la acci\u00f3n ad extra siempre es com\u00fan a las tres personas, si bien cada una de ellas act\u00faa seg\u00fan su manera peculiar o desde su condici\u00f3n personal.<\/p>\n<p>III. Misiones trinitarias e inhabitaci\u00f3n de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>Si las \u00abmisiones\u00bb son la prolongaci\u00f3n de las procesiones eternas en la criatura racional y lo que procede son las personas, queda claro que las personas divinas est\u00e1n de una manera nueva en la criatura racional. Jes\u00fas cuando utiliza la alegor\u00ed\u00ada de la \u00abhabitaci\u00f3n\u00bb: \u00abvendremos y habitaremos en \u00e9l\u00bb (Jn 14, 23) se refiere a este misterio. El Hijo de Dios, que nace eternamente del Padre, nace temporalmente en el tiempo: en su humanidad y en cada cristiano, que constituye su \u00abpleroma\u00bb o Cuerpo M\u00ed\u00adstico. Y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que procede como \u00abEsp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo\u00bb o el \u00abnosotros\u00bb de ambos, se prolonga como tal en la Iglesia. Las misiones divinas, por tanto, instalan al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo en el ser humano y a \u00e9ste en la koinon\u00ed\u00ada trinitaria. La criatura racional, en otras palabras, queda penetrada por la generaci\u00f3n del Hijo y por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se hacen presentes en ella; y el Padre, que viene, pronuncia en el mismo amor del Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre el ser humano las mismas palabras que dice sobre su Verbo: \u00abt\u00fa eres mi hijo amado\u00bb. A este misterio de comuni\u00f3n llama Jes\u00fas y, con \u00e9l, toda la tradici\u00f3n, inhabitaci\u00f3n, que implica una presencia cualitativamente distinta de la presencia causal o de inmensidad. Se trata de una \u00abinmersi\u00f3n\u00bb de las tres divinas personas en el ser humano y de \u00e9ste en las tres personas.<\/p>\n<p>a) Presencia personal. De cuanto llevamos dicho se deduce que las misiones divinas implican unas relaciones personales del ser humano con las divinas personas. Relaciones semejantes a las que median entre ellas en el seno mismo del ser divino. La comuni\u00f3n de vida que media entre las tres personas es la que se ampl\u00ed\u00ada al hombre, de suerte que el hombre, \u00abhijo en el Hijo\u00bb, debe vivir unas relaciones filiales con el Padre, presente en \u00e9l, semejantes a las que vive el Hijo. Siempre, eso s\u00ed\u00ad, con esa conciencia de vivir en el \u00e1mbito del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>b) Presencia transformante. La presencia de las divinas personas comporta la transformaci\u00f3n del hombre en el Dios Trino, de suerte que queda asemejado a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. No se da primero la transformaci\u00f3n y despu\u00e9s vienen las personas, sino que la transformaci\u00f3n del ser humano (deificaci\u00f3n o divinizaci\u00f3n) es el efecto de la presencia o mejor, de la prolongaci\u00f3n de las procesiones divinas en el ser humano.<\/p>\n<p>IV. Misiones trinitarias y gracia santificante<br \/>\nPara santo Tom\u00e1s se da una relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre las misiones y la gracia santificante. \u00abPor el don de la gracia santificante es perfeccionada la criatura racional, no s\u00f3lo para usar libremente de aquel don creado, sino para gozar de la misma persona divina; y, por tanto, la misi\u00f3n invisible se hace por el don de la gracia santificante y se da la misma persona divina\u00bb. \u00abEn aquel a quien se env\u00ed\u00ada la misi\u00f3n invisible es necesario tomar en cuenta dos cosas: la inhabitaci\u00f3n de las divinas personas y cierta renovaci\u00f3n producida por la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Para el Ang\u00e9lico, por tanto, se da un nexo intr\u00ed\u00adnseco entre gracia santificante y misi\u00f3n divina, de tal manera que la gracia se identifica con el efecto temporal producido en el hombre por las misiones de las divinas personas.<\/p>\n<p>Lo que llamamos gracia santificante no es otra cosa que esta inserci\u00f3n del ser humano en el \u00e1mbito de la vida trinitaria, por la que, sin dejar de ser criatura, entra en el mismo plano de Dios Trinidad, quedando totalmente transformado y \u00abdeificado\u00bb, de condici\u00f3n divina y emparentado con las tres personas, llegando a ser con toda propiedad hijo del Padre, en el Hijo, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y capacitado para obrar al \u00abestilo\u00bb de la SS. Trinidad, conociendo como conoce Dios y amando como ama Dios.<\/p>\n<p>Esta inserci\u00f3n del hombre en la SS. Trinidad es propiamente la gracia santificante. Por lo mismo, hay que poner en la misma l\u00ed\u00adnea sobrenatural las misiones de las divinas personas, la gracia santificante y la visi\u00f3n beatifica. Las tres facetas son aspectos de la misma realidad: la autodonaci\u00f3n del Padre, por Cristo, en la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. a) Las misiones son la autodonaci\u00f3n divina vista en su causa, que es Dios Trinidad, que se comunica al ser humano, para transformarlo y elevarlo a su propio rango divino. b) La gracia santificante es ese mismo misterio visto en la criatura, que es transformada y deificada como efecto de esa misma presencia de autodonaci\u00f3n de las divinas personas. La gracia, en efecto, es la misi\u00f3n considerada en lo que tiene de t\u00e9rmino temporal. c) La visi\u00f3n beatifica, finalmente, es la plena floraci\u00f3n de esta transformaci\u00f3n interior que se ha ido obrando en el ser humano y que culminar\u00e1 en la visi\u00f3n \u00aba cara descubierta\u00bb.<\/p>\n<p>V. La doctrina de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada hodierna<br \/>\nLa doctrina de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb no se detiene en santo Tom\u00e1s. La renovaci\u00f3n teol\u00f3gica, motivada entre otras causas por el retorno a las fuentes b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas, ha hecho aflorar la fecunda doctrina de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb con una visi\u00f3n menos \u00abcosista\u00bb y m\u00e1s \u00abpersonalista\u00bb. Y.M. Congar reconoce que el misterio de la Iglesia surge como efecto de las misiones trinitarias: \u00abLa Iglesia es como una comunicaci\u00f3n y una extensi\u00f3n de la unidad misma de Dios&#8230; La Iglesia es como una extensi\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la Trinidad: la Iglesia es Dios que viene de Dios y retorna a Dios llevando consigo y en s\u00ed\u00ad su criatura humana\u00bb.<\/p>\n<p>G. Philips, por su parte, reconoce que esta fecunda doctrina de las \u00abmisiones trinitarias\u00bb implica \u00abel retorno del cosismo a las relaciones personales\u00bb con los Tres. Las misiones divinas implican la comunicaci\u00f3n al hombre de lo \u00abpropio\u00bb de cada una de las divinas personas, como dice el Ang\u00e9lico: \u00abla asimilaci\u00f3n al car\u00e1cter propio de las personas\u00bb: \u00abPor medio de las misiones invisibles, de las que resultan en nosotros esta cualidad-relaci\u00f3n sobrenatural, nosotros obtenemos, en una actuaci\u00f3n progresiva y \u00absemiplena\u00bb (san Buenaventura), el conocimiento experimental de las divinas personas en su relaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica con nosotros. Gracias a la asimilaci\u00f3n constante que nos procura el habitus, el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo hace de nosotros cada vez m\u00e1s \u00abhijos en el Hijo Primog\u00e9nito\u00bb. De este modo nosotros hemos entrado de lleno en el misterio de la encarnaci\u00f3n redentora, de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo por el Padre, y en el flujo y reflujo de la vida intratinitaria&#8230; Dios Padre nos tiene como objetos fuera de \u00e9l, pero en cuanto personas nos sit\u00faa ante \u00e9l para entablar un di\u00e1logo. El nos atrae hacia s\u00ed\u00ad personalmente por medio de la relaci\u00f3n del Hijo y de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Se trata de una presencia mutua de amistad. Es evidente que nuestra teolog\u00ed\u00ada se halla ante un \u00abmaterial\u00bb inmenso a desarrollar\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>VI. Iglesia misionera<br \/>\nLa Iglesia peregrinante, nos ha recordado el AG, es \u00abpor su misma naturaleza misionera\u00bb (2,1). Constitutivamente la Iglesia es misionera dado que tiene el mismo origen e id\u00e9ntico contenido que las misiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo: la realizaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico del Padre (LG 13,1): como Cristo fue enviado por el Padre, as\u00ed\u00ad es enviada la Iglesia como Cuerpo y Esposa de Cristo, por el mismo Se\u00f1or, a la que otorga su propio Esp\u00ed\u00adritu de parte del Padre, en orden a llevar a cabo su propia misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia arranca de su propio ser. Ella est\u00e1 siendo engendrada hija del Padre, desde el Padre (procediendo de una forma an\u00e1loga a como procede el Hijo), por, con y en el Hijo, mediante la acci\u00f3n misionera del Esp\u00ed\u00adritu Santo. As\u00ed\u00ad como en el Hijo su misi\u00f3n es la expansi\u00f3n de la generaci\u00f3n eterna, de forma parecida la Iglesia est\u00e1 siendo enviada desde el Padre, por, con y en el Hijo encarnado bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu a comunicar la vida divina que ella recibe. Tal es el principio fundamental de la misi\u00f3n de la Iglesia seg\u00fan la revelaci\u00f3n divina y la ense\u00f1anza de la tradici\u00f3n de la Iglesia y del magisterio. Las mismas procesiones del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo que a ella la penetran,  la constituyen en un Pueblo misionero. La expansi\u00f3n de la vida trinitaria, que llega a los hombres por el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, alcanza a la Iglesia y, a trav\u00e9s de la Iglesia, llega a los hombres. La misi\u00f3n de la Iglesia es la expansi\u00f3n e irradiaci\u00f3n en los hombres, desde y en ella, de la misma vida filial que recibe del Padre. En su condici\u00f3n de Cuerpo de Cristo, animado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia es el camino obligado en la comunicaci\u00f3n de la vida trinitaria.<\/p>\n<p>Cerramos esta reflexi\u00f3n con unas palabras de G. Philips: \u00abLa crisis que le Iglesia atraviesa en este momento no est\u00e1 causada por su generosidad hacia los valores temporales del hombre, sino por el olvido pr\u00e1ctico tan frecuente del Padre, fuente de su enriquecimiento. Se puede glosar la palabra de Sartre, que dice: Dios son los otros, pero para hacer esto hay que creer en Dios, y amarle. De lo contrario nos empobreceremos tanto como los otros, y esto es el infierno\u00bb.<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Bautismo; Buenaventura, san; Encarnaci\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Iglesia; Ireneo, san; Hijo; Inhabitaci\u00f3n; Logos; Misterio; Or\u00ed\u00adgenes; Padre; Pentecost\u00e9s; Revelaci\u00f3n; Sacerdocio; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Tertuliano; Tom\u00e1s, santo; Trinidad; Verbo; Vida cristiana; Vida eterna.]<br \/>\nNereo Silanes<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto y esencia de la misi\u00f3n<br \/>\nActualmente el t\u00e9rmino m. reviste toda una serie de significados diversos. Incluso en el \u00e1mbito exclusivamente religioso y cat\u00f3lico han de hacerse las siguientes distinciones. La idea de m. designa: a) el acto de enviar; as\u00ed\u00ad Cristo env\u00ed\u00ada a sus ap\u00f3stoles (cf. Jn 20, 21) y la Iglesia a sus misioneros; b) el encargo que se conf\u00ed\u00ada al enviado; c) la ejecuci\u00f3n de tal encargo en sus diversos aspectos: el grupo de hombres que lo ejecutan; los resultados visibles e invisibles de sus esfuerzos; la totalidad de instituciones que de ah\u00ed\u00ad surgen por una actividad sagrada o profana.<\/p>\n<p>Como toda realidad ordenada a la acci\u00f3n la m. se define por su objeto y su fin espec\u00ed\u00adfico, es decir, por aquella tarea que es inmediata y exclusivamente suya. As\u00ed\u00ad, de acuerdo con su esencia, la actividad misionera puede definirse como la extensi\u00f3n de la Iglesia m\u00e1s all\u00e1 de su presencia f\u00e1ctica en la humanidad (cf. el decreto Ad gentes del Vaticano II, sobre la actividad misionera de la Iglesia, n.o 6ss. El texto habla de homines, coetus, populi&#8230;). Pero esta definici\u00f3n requiere una explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Las palabras \u00aben la humanidad\u00bb designan el \u00e1mbito de acci\u00f3n de la m., que durante largo tiempo fue considerado primariamente bajo el aspecto geogr\u00e1fico. Pero ah\u00ed\u00ad pasa desapercibido c\u00f3mo una regi\u00f3n geogr\u00e1fica s\u00f3lo logra su figura individual en virtud de sus habitantes y, adem\u00e1s, c\u00f3mo la inteligencia de si mismo y la relaci\u00f3n con el mundo &#8211; que a su vez est\u00e1n radicadas en lo religioso &#8211; constituyen el m\u00e1s fuerte \u00abv\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n\u00bb de las sociedades. Por tanto la actividad de la Iglesia debe referirse a las comunidades humanas (aspecto social) y, m\u00e1s exactamente, a las comunidades religiosas (aspecto socio-religioso), o sea, al respectivo mundo socio-religioso.<\/p>\n<p>2. La extensi\u00f3n o radicaci\u00f3n de la Iglesia en estos grupos humanos o mundos tiene numerosos aspectos, entre los cuales descuellan los que se refieren a la naturaleza universal del hombre. Tales aspectos pueden considerarse desde el punto de vista extensivo o intensivo, individual o colectivo. El crecimiento extensivo de la Iglesia con relaci\u00f3n al hombre individual se realiza en las as\u00ed\u00ad llamadas conversiones (-> conversi\u00f3n II). En el aspecto colectivo la extensi\u00f3n de la Iglesia se realiza mediante la aceptaci\u00f3n de la fe por parte de la totalidad de una sociedad organizada (p. ej., de una tribu africana con su jefe). El crecimiento intensivo o cualitativo de la Iglesia se muestra tanto en el individuo como en las comunidades por la cristianizaci\u00f3n de los diversos \u00e1mbitos de la vida. Partiendo del acto de la -> fe y del -3 bautismo, en virtud de la estructura cristiana no s\u00f3lo se transforman las costumbres de vida, sino tambi\u00e9n el derecho, el conjunto de los valores morales y el mundo religioso del individuo y de la sociedad.<\/p>\n<p>Vista as\u00ed\u00ad, la extensi\u00f3n de la Iglesia por la m. es id\u00e9ntica con todo el nuevo nacimiento de un hombre, de una sociedad o de un \u00abmundo\u00bb entero.<\/p>\n<p>3. Los l\u00ed\u00admites f\u00e1cticos de la Iglesia est\u00e1n circunscritos exactamente por el \u00abnuevo nacimiento\u00bb que ya se ha realizado, por el \u00abbautismo global\u00bb que se da en uno o varios de estos mundos. Evidentemente con ello no decimos que se haya logrado un estado ideal. Pero en rasgos generales podemos afirmar que la Iglesia, aunque no est\u00e9 representada en grupos o estratos particulares, sin embargo se halla ya &#8211; o todav\u00ed\u00ada &#8211; presente en Europa y en todo el continente americano. En cambio, con algunas excepciones, esto no puede afirmarse de manera general respecto a \u00ed\u0081frica, Asia y Ocean\u00ed\u00ada. All\u00ed\u00ad, tanto el n\u00famero de conversiones como la radicaci\u00f3n de grupos enteros de la sociedad en el cristianismo y la apropiaci\u00f3n interna de \u00e9ste son todav\u00ed\u00ada insuficientes (cf. las exigencias del Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia en lo referente a la erecci\u00f3n de Iglesias particulares).<\/p>\n<p>4. Lo que se extiende es la Iglesia. La m. parte de la Iglesia, se realiza a trav\u00e9s de la Iglesia y para la Iglesia, y su meta es la Iglesia en este mundo mismo.<\/p>\n<p>a) La m. parte de la Iglesia. El punto de partida es la Iglesia en su totalidad, que en su acci\u00f3n misionera se sirve de todas las formas de existencia y de toda la capacidad de acci\u00f3n que ella posee.<\/p>\n<p>La Iglesia es ante todo comunidad de amor en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (tanto en su constituci\u00f3n interna como en su actividad externa) para salvaci\u00f3n de los hombres y, con ello, para gloria del Dios trino. Por eso la realidad m\u00e1s profunda del amor es el amor divino, que es v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n de aquellos hombresa los que aprehende con su dinamismo, para que por la comunicaci\u00f3n de ese amor sean finalmente \u00abun solo hombre\u00bb (cf. lo que el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia [n.\u00c2\u00b0 2ss] dice acerca del amor fontalis y en general acerca de la funci\u00f3n del amor). La Iglesia \u00abes el cuerpo vivo y creciente del amor en este mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero ese amor ostenta la marca de una persona: el amor de Dios a los hombres lleva el nombre de Jesucristo, que une a Dios y al hombre; y la Iglesia es visible en igual medida que su cabeza, su fundador. Por tanto la extensi\u00f3n misionera debe manifestarse visiblemente en el mundo socio-religioso. Puesto que la m. es id\u00e9ntica con la extensi\u00f3n de la Iglesia, se produce de acuerdo con el ser y la actividad que Cristo transmiti\u00f3 a aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>A la Iglesia se le ha prometido la verdad salv\u00ed\u00adfica, que ella transmite a los que todav\u00ed\u00ada no la conocen. La Iglesia es el kerygma de la \u00absalvaci\u00f3n en Cristo\u00bb, que muri\u00f3 y resucit\u00f3, para todos los que creen en \u00e9l. A la Iglesia se le han confiado los sacramentos; y ella los administra (sobre todo el bautismo) para que \u00abtodo el que cree y se bautiza, alcance la salvaci\u00f3n\u00bb. La Iglesia ha recibido de su cabeza aquella autoridad que le hace posible dirigir la vida de su organismo salv\u00ed\u00adfico; esta autoridad &#8211; una forma del amor &#8211; es una obra de servicio. M. no es otra cosa que la transmisi\u00f3n de estas estructuras; ella crea las nuevas comunidades como Iglesias jer\u00e1rquicamente constituidas, que se agrupan en torno a los obispos como sucesores de los ap\u00f3stoles (Mt 28, 20).<\/p>\n<p>En estas tres dimensiones: fe, sacramentos y jerarqu\u00ed\u00ada, se realiza la m., que transmite lo que es esencial a la Iglesia visible, a saber, el ser cuerpo vivo de la Iglesia invisible.<\/p>\n<p>Por tanto, esta extensi\u00f3n de la Iglesia es seg\u00fan su esencia una realidad espec\u00ed\u00adficamente sagrada; y se distingue esencialmente de las expansiones mundanas de tipo t\u00e9cnico, econ\u00f3mico, cultural y pol\u00ed\u00adtico. Le\u00f3n xiii, en su interpretaci\u00f3n de Mt 22, 21, confirma claramente la doctrina de las dos societates perfectae; y sus sucesores se han apoyado en \u00e9l por lo que se refiere al trabajo misionero (cf. P\u00ed\u00ado xi, Carta a los obispos de China, del 15-6-1926: AAS [1926] 303-307, entre otros documentos). Aunque los fines inmediatos de la Iglesia y del Estado son diferentes, sin embargo no puede dudarse de que, en su destinaci\u00f3n \u00faltima, la sociedad humana y terrestre, lo mismo que las restantes realidades de la creaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la salvaci\u00f3n del hombre est\u00e1n dirigidas a la glorificaci\u00f3n de Dios. Y as\u00ed\u00ad la Iglesia es aquella comunidad sagrada y sobrenatural en la que a la postre se recapitulan todos los esfuerzos humanos (cf. el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, n\u00c2\u00b0 9).<\/p>\n<p>Esta orientaci\u00f3n misionera present\u00f3 y presentar\u00e1 formas diversas en la historia concreta: 1\u00c2\u00ba. En una sociedad anticristiana el trabajo misionero de la Iglesia tropezar\u00e1 con la oposici\u00f3n e incluso con persecuciones, tambi\u00e9n y precisamente en el \u00e1mbito propiamente religioso. 2\u00c2\u00b0 En una sociedad claramente favorable al cristianismo (como la del imperio romano despu\u00e9s de Constantino) o directamente cristiana (como la de Espa\u00f1a y Portugal durante el renacimiento), los esfuerzos por la propagaci\u00f3n de las misiones hallan un apoyo que hasta ahora ha sido considerado como un \u00abdeber de las naciones cristianas\u00bb. Este apoyo se muestra sobre todo en la disposici\u00f3n de los hombres a colaborar en esa obra mediante la ayuda econ\u00f3mica y la protecci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica; y a veces lleg\u00f3 a ejercerse presi\u00f3n para conseguir la conversi\u00f3n de los pueblos sometidos a tales naciones. Pero en principio la Iglesia s\u00f3lo puede aceptar un apoyo adecuado al fin de la m., que por tanto debe ser compatible con la libertad de las conversiones. Este ideal no siempre se ha conseguido. Las empresas pol\u00ed\u00adtico-religiosas, en las que quedaron aprisionadas las m., han conducido m\u00e1s y m\u00e1s al deseo de autonom\u00ed\u00ada en la obra misionera, renunciando a una ayuda que pone en entredicho sus intenciones y su acci\u00f3n (fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de propaganda fide el a\u00f1o 1622 en Roma). 3\u00c2\u00b0 Las sociedades pluralistas en el aspecto religioso establecen una separaci\u00f3n entre el \u00e1mbito sagrado y el mundano. Pero esta separaci\u00f3n que se da por principio no excluye una colaboraci\u00f3n con el reconocimiento y aprecio mutuo en los llamados campos \u00abmixtos\u00bb que afectan al bien com\u00fan, p. ej., en la atenci\u00f3n a los enfermos, en las obras caritativas, en las escuelas. De hecho en el moderno trabajo misional esta forma de cooperaci\u00f3n y esta visi\u00f3n han prevalecido.<\/p>\n<p>La Iglesia de las misiones, dentro del marco del respeto a la ley y a los principios de la \u00e9tica, exige el reconocimiento de su derecho a \u00abdefender, ejercer y propagar\u00bb la religi\u00f3n cristiana (cf. Constituci\u00f3n de la India, art. 17).<\/p>\n<p>b) La misi\u00f3n es m. para la Iglesia. La m., cuyo origen es la vida de la Iglesia en su totalidad, ve su aut\u00e9ntica tarea en la transmisi\u00f3n de esta vida a todos los grupos de hombres que todav\u00ed\u00ada no la poseen. La m. tiende, pues, a implantar \u00abla Iglesia en un determinado mundo socio-religioso\u00bb (cf. todo el cap. ii y in del Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia). Tanto en el campo cat\u00f3lico como en el protestante se defendieron diversas posiciones sobre el \u00abfin especifico\u00bb de la m., las cuales generalmente estaban formuladas en forma contraria. Seg\u00fan una de las definiciones la m. tiene la tarea de salvar las almas. Pero esa definici\u00f3n se mantiene en un terreno demasiado gen\u00e9rico. Se intent\u00f3 una diferenciaci\u00f3n m\u00e1s tajante, puntualizando los t\u00e9rminos en que ha de desarrollarse: predicaci\u00f3n del evangelio, conducci\u00f3n al bautismo, implantaci\u00f3n de la Iglesia, afianzamiento de la Iglesia en un pa\u00ed\u00ads, etc&#8230; Una s\u00ed\u00adntesis de estos puntos de vista se lograr\u00e1 mediante la descripci\u00f3n de lo que la m. significa para la Iglesia.<\/p>\n<p>El esquema cl\u00e1sico del trabajo misional es el siguiente:<br \/>\n1\u00c2\u00ba. Toma de contacto de los misioneros con la poblaci\u00f3n por medio de obras buenas o una actividad educativa a trav\u00e9s de instituciones permanentes.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00ba. Predicaci\u00f3n del evangelio, que a veces exige una inversi\u00f3n de la concepci\u00f3n de la existencia y del mundo que impl\u00ed\u00adcita o expl\u00ed\u00adcitamente existe antes de la evangelizaci\u00f3n (monismo indio, negaci\u00f3n budista de la persona, etc.), o incluso una inversi\u00f3n de la religi\u00f3n (polite\u00ed\u00adsmo, magia). Esa predicaci\u00f3n del evangelio consiste esencialmente en guiar a los hombres hacia Cristo; su meta es la fe en su totalidad y el deseo de una penetraci\u00f3n m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Catecumenado: Se trata en \u00e9l de educar a los creyentes para una coincidencia esencial en la fe, para \u00abhacerlos disc\u00ed\u00adpulos\u00bb. El concepto mathete\u00faein usado en el Evangelio reviste muchas significaciones; en general significa: ense\u00f1ar a alguien la verdad formulada en frases, hacerle comprensible la actitud frente a la vida que debe adoptar, comunicarle m\u00e1s y m\u00e1s las exigencias del cristianismo y moverle a su aceptaci\u00f3n, y sobre todo conducirlo a que se \u00abrevista de Cristo\u00bb y se apropie su manera de ser. As\u00ed\u00ad surge la llamada \u00abcomunidad de catec\u00famenos\u00bb. Se trata ah\u00ed\u00ad de una larga tarea que nunca est\u00e1 concluida, pero que en esencia ha de quedar asegurada cuando la Iglesia recibe a los catec\u00famenos.<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Esta recepci\u00f3n se produce por los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n: bautismo, eucarist\u00ed\u00ada, confirmaci\u00f3n. En principio \u00e9stos se administran en forma comunitaria, por lo menos a los adultos. De suyo la comunidad bautismal en la fe y la eucar\u00ed\u00adstica en el amor es la Iglesia local, aunque est\u00e9 gravada con defectos.<\/p>\n<p>5.\u00c2\u00b0 La pr\u00f3xima tarea consiste en crear una comunidad adulta, que con mucha frecuencia ha de vivir aislada en medio de un ambiente no cristiano. En esta fase se trata de hacer operante la vida cristiana en todos los campos mediante las obras y una educaci\u00f3n integral, de despertar en la comunidad una conciencia de Iglesia que la haga responsable de su propia vida, de infundirle la conciencia de su deber de testimonio y difusi\u00f3n. Los tres factores visibles de este crecimiento de una Iglesia joven son: familias cristianas, sacerdotes ind\u00ed\u00adgenas y acci\u00f3n cat\u00f3lica local.<\/p>\n<p>6.\u00c2\u00b0 Conclusi\u00f3n: Este proceso nunca est\u00e1 concluido. Pero el elemento nuclear de una Iglesia local se consigue cuando ella recibe un obispo, por el que se hace posible la vida cristiana en su forma plena. Sin embargo, propiamente ese momento cumbre s\u00f3lo se alcanza cuando \u00abla Iglesia local alumbra un obispo de sus propias filas\u00bb. Con ello se consuma esencialmente la tarea misionera, pues de este modo se cierra el per\u00ed\u00adodo en que la vida cristiana recib\u00ed\u00ada sus est\u00ed\u00admulos desde fuera.<\/p>\n<p>7\u00c2\u00b0 Incorporaci\u00f3n a la Iglesia universal. Pero hay que establecer todav\u00ed\u00ada e intensificar las relaciones de esta joven Iglesia con todas las Iglesias locales, las c\u00e9lulas de la \u00fanica Iglesia universal, y con su punto central, el obispo de Roma. Las primeras relaciones, basadas en la dependencia y la aportaci\u00f3n constante de fuera, se transforman en unas relaciones de igualdad y de intercambio mutuo, en \u00abun encuentro de mutuo dar y recibir\u00bb. Ahora bien, esta koinon\u00ed\u00ada no se limita a las di\u00f3cesis de un pa\u00ed\u00ads, sino que se extiende a toda la oikoumene. Mas por razones pr\u00e1cticas es \u00fatil que las \u00ab\u00f3rdenes misioneras\u00bb &#8211; ahora con una funci\u00f3n subordinada &#8211; sigan ayudando a las Iglesias j\u00f3venes a trav\u00e9s de especialistas y que las di\u00f3cesis fuertes, las cuales disponen de una antigua y prestigiosa comunidad, ayuden a las Iglesias j\u00f3venes y todav\u00ed\u00ada d\u00e9biles.<\/p>\n<p>Pero los grandes auxilios y el plan general de distribuci\u00f3n permanecen en manos de los organismos centrales de la Iglesia, que a\u00fanan sus esfuerzos de cara al mundo entero y a la totalidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) La misi\u00f3n se produce a trav\u00e9s de la Iglesia. La m. se produce a trav\u00e9s de aquellas Iglesias que ya han echado ra\u00ed\u00adces y que, por tanto, tienen el deber de misionar. La funci\u00f3n expansiva o misionera de la Iglesia fue considerada durante largo tiempo como una realidad a\u00f1adida a su vida normal, la cual propiamente estaba s\u00f3lo en manos de especialistas, a saber, los misioneros y sus auxiliares, que han recibido una vocaci\u00f3n especial. Eso es exacto en el sentido de que la entrega total de una vida por la obra misionera de la Iglesia es y ser\u00e1 una vocaci\u00f3n muy concreta de un peque\u00f1o n\u00famero de cristianos magn\u00e1nimos. Pero la m. mundial en su totalidad s\u00f3lo puede llevarla a cabo la Iglesia entera (cf. todo el cap. vr del Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia).<\/p>\n<p>1\u00c2\u00ba. La funci\u00f3n misionera es esencial a la Iglesia y, por tanto, le corresponde necesariamente. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, que como cabeza vivificadora le confiere su propio car\u00e1cter; \u00e9l conserva su vida, la fomenta y determina su crecimiento. Cristo es el amor de Dios llegado a nosotros; el amor mutuo hace que \u00e9l y los cristianos seamos un solo cuerpo. El amor en la Iglesia es, pues, el amor de Cristo. Cristo ama a la humanidad y quiere atraerla hacia s\u00ed\u00ad en su totalidad; desea comunic\u00e1rsele por el mensaje del evangelio; la quiere como Iglesia y comunidad de la salvaci\u00f3n. Esta voluntad \u00abuniversal\u00bb de una unidad total pertenece a la esencia de Cristo como cabeza de la humanidad. Y esa din\u00e1mica se debe al Esp\u00ed\u00adritu Santo que Cristo ha enviado a la Iglesia (el cuerpo de Cristo). Una Iglesia que en su intenci\u00f3n y funci\u00f3n fundamental no fuera universal ya no seria la Iglesia de Jesucristo. La inmovilidad ser\u00ed\u00ada el signo de su muerte.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 Todo cristiano, por el hecho de que participa del amor de Cristo, coopera necesariamente en la extensi\u00f3n de la Iglesia. El amor en cada individuo est\u00e1 sometido a las mismas exigencias fundamentales que en la totalidad. No es una propiedad casual, dada a unos pocos (como, p. ej., los carismas). El amor es la esencia de los cristianos y les comunica aquella destinaci\u00f3n sobrenatural que seg\u00fan su intenci\u00f3n es din\u00e1mica, misionera y universal, es decir, cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Este amor misionero tiene su fundamento en los sacramentos, que recibe cada individuo, y su expresi\u00f3n en las diversas funciones que corresponden a cada uno, en el \u00abmisterio\u00bb del amor que lo abarca todo. a) cada cristiano experimenta el amor en los sacramentos de la iniciaci\u00f3n: bautismo, eucarist\u00ed\u00ada, confirmaci\u00f3n; y lo alimenta en la eucarist\u00ed\u00ada. En adelante el cristiano participa en la tarea de la m., que \u00e9l apoya con su oraci\u00f3n, con el sacrificio econ\u00f3mico y, en circunstancias, mediante una vocaci\u00f3n al servicio directo a la difusi\u00f3n de la Iglesia en virtud de una delegaci\u00f3n del obispo (misioneros seglares). b) Aquellos que consagran toda su vida a Dios, sean cl\u00e9rigos o laicos, asumen la obligaci\u00f3n de apoyar la difusi\u00f3n de la Iglesia por la m. Su vida &#8211; bien est\u00e9 consagrada a la contemplaci\u00f3n, bien se halle obligada a una determinada tarea de la orden &#8211; ha de orientarse hacia esta perspectiva universal y activa. c) En el orden de las funciones que por esencia corresponden a la Iglesia los obispos representan la plenitud del sacerdocio de Cristo, y con ello participan de la dimensi\u00f3n universal del sacerdocio. Bajo la autoridad de Pedro y de sus sucesores, pesa sobre ellos la responsabilidad y la suprema obligaci\u00f3n en orden a la extensi\u00f3n de la Iglesia. La aceptaci\u00f3n de una determinada sede episcopal ordena su servicio de amor en primer lugar a los habitantes de su territorio, pero no limita a \u00e9stos su preocupaci\u00f3n pastoral. Aqu\u00ed\u00ad tiene validez la ley de que la Iglesia entera alimenta la vida de una di\u00f3cesis y la di\u00f3cesis por su parte contribuye a la vida y al crecimiento de la Iglesia entera.<\/p>\n<p>En virtud de estos datos eclesiol\u00f3gicos todo obispo, de acuerdo con las declaraciones de los \u00faltimos papas, junto con su di\u00f3cesis debe apoyar la obra misionera con oraciones, ayuda econ\u00f3mica y sobre todo vocaciones, \u00abincluso cuando su di\u00f3cesis misma se halle en una situaci\u00f3n dif\u00ed\u00adcil\u00bb. El episcopado en conjunto (conferencias episcopales, etc.) est\u00e1 obligado a contribuir a la difusi\u00f3n de la Iglesia por la m.; \u00e9sta es su tarea m\u00e1s importante junto al apostolado en la Iglesia ya existente. El sacerdote de acuerdo con su posici\u00f3n participa de esta tarea episcopal. d) En todas las empresas misionales corresponde al papa una funci\u00f3n central. Como primer maestro del mensaje anunciado por la m., como sujeto supremo de la potestad sagrada sobre los sacramentos administrados en la m. y como primero en la jerarqu\u00ed\u00ada del servicio sagrado, cuya instituci\u00f3n prepara la m., tiene tambi\u00e9n la suprema responsabilidad por el esp\u00ed\u00adritu misionero en la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: R. Charles, Dossiers de 1&#8217;action Missionnaire (Lv 1939); I. Paulon, Plantatio Ecclesiae, il fine specifico delle Missioni (R 1948); S. Paventi, La Chiesa missionaria. Manuale di missionologia dottrinale (R 1949); P. Tillich, Theology of Mission (NY 1954); E. Loffeld, Le probl\u00e9me cardinal de la missiologie et des Missions catholiques (Rhenen 1956); D. Catarzi, Lineamenti di domm\u00e1tica missionaria (Parma 1958); idem, Teologia delle Missioni estere (Parma 1958); J. Masson, Fonction missionnaire, fonction d&#8217;Lglise: NRTh 81 (1958) 1042-1061, 82 (1959) 41-59; A. M. Henry, Bosquejo de una teolog\u00ed\u00ada de la misi\u00f3n (Herder Ba 1961); K. M\u00fcller, Die Weltmission der Kirche (Aschaffenburg 1960); A. R\u00e9tif, Inttiation a la mission, (P 1960); A. Perbal, La teolog\u00ed\u00ada misional (Herder Ba 1961); A. Seumois, Apostolat, structure th\u00e9ologique (R 1961); A. Santos Hern\u00e1ndez, Misionologla (Santander 1961); idem, Teolog\u00ed\u00ada biblio-patrlstica de las misiones (Santander 1962); Th. Ohm, Machet zu J\u00fcngern alle V\u00f6lker. Theorie der Mission (Fr 1962) (bibl. 21-28); L. Cap\u00e9ran, L&#8217;appel des nonchr\u00e9tiens au salut (P 1962); M. 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Xavier, Burgos 1970); K. Rahner, Misi\u00f3n y gracia (Dinor, San Sebasti\u00e1n).<\/p>\n<p>II. Historia y situaci\u00f3n actual<br \/>\nLa m. dada con la esencia de la Iglesia se produce a trav\u00e9s de la Iglesia presente y en bien de la Iglesia futura. Se difunde a trav\u00e9s de los tiempos en los diversos \u00e1mbitos de vida humana por la actividad de diversos mediadores. Frente al mundo en general y al mundo pol\u00ed\u00adtico en particular, en el curso de la historia la m. ha tenido que soportar situaciones muy diversas. En todas ellas el fin de la Iglesia ha sido preparar y realizar en los \u00e1mbitos de vida que antes no eran cristianos los estadios anteriormente dise\u00f1a-dos como camino hacia la comunidad eclesi\u00e1stica, e igualmente penetrar en esos \u00e1mbitos con su esp\u00ed\u00adritu y actividad.<\/p>\n<p>Estos esfuerzos no siempre han sido coronados por el \u00e9xito. Muchas veces la Iglesia local erigida por la m., despu\u00e9s de \u00e9xitos iniciales, sucumbi\u00f3 en el torrente de los acontecimientos; a veces logr\u00f3 echar ra\u00ed\u00adces y continuar su trabajo.<\/p>\n<p>El siguiente esquema est\u00e1 trazado mirando a amplios grupos humanos con caracteres socio-culturales y religiosos relativamente homog\u00e9neos, que designamos con la palabra \u00abmundos\u00bb. En conjunto se trata &#8211; atendiendo a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica en su origen &#8211; de mundos temporalmente sucesivos, los cuales, sin embargo, con el progreso de la historia entran luego en una situaci\u00f3n de simultaneidad temporal tanto en la relaci\u00f3n con la historia del mundo como en lo relativo a la actividad misionera.<\/p>\n<p>A) El mundo romano<br \/>\n1.Periodo apost\u00f3lico<br \/>\n2.Primera difusi\u00f3n postapost\u00f3lica<br \/>\n3.Epoca constantiniana<br \/>\nB) El mundo no romano de occidente<br \/>\nC) El mundo no occidental de la edad media<br \/>\n1.El islam<br \/>\n2.Los mongoles<br \/>\n3.India e Insulindia<br \/>\n4.\u00ed\u0081frica<br \/>\n5.Resumen<br \/>\nD) El mundo no occidental en el tiempo de los descubrimientos y del dominio colonial<br \/>\n1.\u00ed\u0081frica<br \/>\n2.Los indios americanos<br \/>\n    a) Am\u00e9rica espa\u00f1ola<br \/>\n    b) Am\u00e9rica portuguesa<br \/>\n    c) Canad\u00e1<br \/>\n3. Asia<br \/>\n    a) El mundo de la India<br \/>\n    b) El mundo de China<br \/>\n    c) El mundo de Indochina, de Indonesia y de las Filipinas.<\/p>\n<p>    d)El mundo japon\u00e9s<br \/>\n4. Resumen<br \/>\nE) El moderno mundo colonial<br \/>\n    1. Anotaciones generales<br \/>\n    2. Renovaci\u00f3n de las misiones en Asia<br \/>\n        a) El mundo hinduista<br \/>\n        b) El mundo budista del Hinayina<br \/>\n        c) El mundo del Lejano Oriente del sur<br \/>\n        d) El mundo de China<br \/>\n        e) El mundo japon\u00e9s<br \/>\n    3. El mundo de Ocean\u00ed\u00ada<br \/>\n    4. El mundo de los indios americanos<br \/>\n    5. El mundo africano del animismo<br \/>\n    6. El mundo isl\u00e1mico<br \/>\nF) El mundo en la \u00e9poca de la descolonizaci\u00f3n<br \/>\n    1. Anotaciones fundamentales sobre el tiempo posterior al a\u00f1o 1945<br \/>\n    2. Los esfuerzos actuales de la Iglesia en torno a la:<br \/>\n        a) acomodaci\u00f3n a las tendencias de independencia<br \/>\n        b) acomodaci\u00f3n a los cambios urbanos e industriales<br \/>\n        c) acomodaci\u00f3n al pluralismo religioso y cultural<br \/>\n        d) acomodaci\u00f3n al mundo adulto de los laicos<br \/>\n        e) acomodaci\u00f3n a la solidaridad mundial<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Origen trinitario de la misi\u00f3n: 1. Ense\u00f1anza de la Escritura; 2. La Tradici\u00f3n; 3. El Concilio Vaticano II: a) La Lumen Gentium, b) El decreto Ad gentes.-II. Teolog\u00ed\u00ada de las misiones trinitarias: a. Noci\u00f3n teol\u00f3gica de misi\u00f3n, b. Las misiones trinitarias no suponen imperfecci\u00f3n, c. Lo eterno y lo temporal en las misiones &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-misiones\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISION, MISIONES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16414","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16414","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16414"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16414\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16414"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16414"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16414"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}