{"id":16418,"date":"2016-02-05T10:45:45","date_gmt":"2016-02-05T15:45:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-el-dios-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T10:45:45","modified_gmt":"2016-02-05T15:45:45","slug":"penitencia-el-dios-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-el-dios-de-la\/","title":{"rendered":"PENITENCIA, EL DIOS DE LA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Escritura: 1. Dios misericordioso; 2. Dios justo; 3. Dios reconciliador; 4. Dios perdonador.-II. Tradici\u00f3n: 1. Dios bueno y piadoso; 2. Dios misericordioso, que hace misericordia; 3. Dios justo, que hace justicia; 4. Dios misericordioso y justo a la vez; 5. Dios, conocedor de los secretos del coraz\u00f3n del hombre; 6. Dios poderoso, que busca la salvaci\u00f3n del hombre; 7. Dios redentor, que salva y libera; 8. Dios Trinidad, que recrea y renueva al pecador.-II. Teolog\u00ed\u00ada: 1. Dios misericordioso al encuentro del pecador; 2. Cristo Salvador, mediaci\u00f3n pascual de reconciliaci\u00f3n; 3. El Esp\u00ed\u00adritu vivificante, don y fuerza de reconciliaci\u00f3n.-IV. Liturgia.<\/p>\n<p>Conversi\u00f3n-reconciliaci\u00f3n-perd\u00f3n son los tres centros de sentido del proceso penitencial, no s\u00f3lo porque expresan los contenidos nucleares de la penitencia, sino tambi\u00e9n porque significan la acci\u00f3n principal de los diversos \u00abpersonajes\u00bb, que intervienen diferenciadamente en el encuentro sacramental: sujeto penitente (conversi\u00f3n), Iglesia mediadora (reconciliaci\u00f3n), Dios misericordioso (perd\u00f3n). Estos tres elementos, al mismo tiempo que pertenecen a la estructura interna del ser creyente (pues no hay verdadera fe sin voluntad de conversi\u00f3n, reconciliaci\u00f3n, perd\u00f3n), pertenecen tambi\u00e9n a la estructura interna del cristiano penitente (pues no hay verdadera penitencia sin conversi\u00f3n, reconciliaci\u00f3n, perdon). Estos tres aspectos se exigen e implican mutuamente, pues para darse uno de ellos en plenitud, es preciso que se realicen los dem\u00e1s. No obstante, cada uno pone de relieve un aspecto que no se indica con la misma perfecci\u00f3n en el otro:<br \/>\n&#8211; Conversi\u00f3n: est\u00e1 se\u00f1alando al mismo tiempo transformaci\u00f3n interna por la gracia, y voluntad o esfuerzo de conversi\u00f3n por el rechazo del pecado, la ascesis, la renuncia. Y esto es lo que se expresa en la palabra \u00abpoenitentia\u00bb, de donde la conveniencia de hablar de \u00absacramento de la penitencia\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Reconciliaci\u00f3n: indica algo en relaci\u00f3n con los otros, con el Otro, y tiene por finalidad unir lo que est\u00e1 separado, relacionar lo dividido. La reconciliaci\u00f3n pone el acento en el encuentro, la comunicaci\u00f3n, la unidad y la paz. Por lo que cobra una gran importancia la mediaci\u00f3n reconciliadora, bien sea en relaci\u00f3n con Dios, con la Iglesia, consigo mismo, con los hermanos, con la creaci\u00f3n entera. De ah\u00ed\u00ad la conveniencia de hablar de \u00absacramento de la reconciliaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Perd\u00f3n: implica necesariamente la reconciliaci\u00f3n, pero no se reduce a ella. La reconciliaci\u00f3n es m\u00e1s horizontal, el perd\u00f3n m\u00e1s vertical; aquella es m\u00e1s exigitiva o imperativa, este m\u00e1s gratuito e indicativo. El perd\u00f3n es creador y renovador, es gratuito y misericordioso, supera y sobreabunda en relaci\u00f3n con la respuesta, no depende de la equivalencia del contra-don&#8230;Por eso, tambi\u00e9n conviene el hablar de \u00absacramento del perd\u00f3n&#8217;.<\/p>\n<p>Pues bien, de estos tres aspectos esenciales, vamos a estudiar de forma especial el referente al perd\u00f3n de Dios misericordioso, de manera que podamos mostrar cu\u00e1l es la imagen que del mismo Dios nos revela el sacramento de la penitencia. Ser\u00e1 preciso recorrer, por tanto, las diversas \u00e1reas de explicitaci\u00f3n (Escritura, Tradici\u00f3n, Teolog\u00ed\u00ada, Liturgia), y los diversos aspectos de realizaci\u00f3n de esta intervenci\u00f3n de Dios (conversi\u00f3n, confesi\u00f3n, satisfacci\u00f3n, intervenci\u00f3n ministerial, absoluci\u00f3n), para apreciar la riqueza reveladora del mismo sacramento. Hay que tener en cuenta que las expresiones y explicaciones de Dios en cuanto \u00abperdonador\u00bb son m\u00faltiples, tanto en la Escritura, como en la tradici\u00f3n, la teolog\u00ed\u00ada y la liturgia, lo que nos impone una rigurosa selecci\u00f3n, dado el caracter de nuestro estudio y el espacio de que disponemos.<\/p>\n<p>I. Escritura<br \/>\n1. DIOS MISERICORDIOSO. El atributo \u00abmisericordioso\u00bb, \u00abmisericordia\u00bb (\u00e9leos), y los sin\u00f3nimos (piedad, compasi\u00f3n, bondad, benevolencia, benignidad, gracia) es uno de los m\u00e1s frecuentemente aplicados a Dios en la Biblia. El Antiguo Testamento la traduce por \u00abh\u00e9sed\u00bb, expresi\u00f3n que abarca el sentido general de fidelidad a la alianza, hasta el de bondad, gracia misericordiosa (Is 63, 7; 16,5; Os 2,21; Zac 7,9; Sal 25,6). La fidelidad de Dios a la alianza, le llevar\u00e1 a mostrarse siempre compasivo y misericordioso con los que la rompen, venciendo siempre en El la misericordia a la ira o el castigo (Ex 34, 6; Num 14,19; Jer 3,12; Sab 11,21-12,2. 11-19).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento, los Sin\u00f3pticos emplean la expresi\u00f3n \u00ab\u00e9leos\u00bb sobre todo para indicar la irrupti\u00f3n de la misericordia divina en la realidad de la miseria humana, bien sea curando a los enfermos (Mc 10, 47-48; Mt 9, 27; 15,22; 17,15; Lc 17,13), o liberando a los pose\u00ed\u00addos por el diablo (Mt 15,22; 17,15), o perdonando a los pecadores (Mt 9,1-8; Mc 2, 1-12;Lc 5,17-26). La misericordia es un atributo de Dios,que se realiza en Cristo, quien manifiesta que la respuesta que Dios quiere a su misericordia, no se encierra en el cumplimiento de la ley ni en la pr\u00e1ctica minuciosa de los ritos, sino en la solidaridad real con los pobres y humildes, que tienen hambre (Mt 9,13; 12,7. Cf. 1 Sam 15,22; Os 6,6), o est\u00e1n necesitados y perseguidos (Lc 10,37). Por eso, se alaba con las bienaventuranzas al que es misericordioso y hace misericordia (Mt 18,33; Lc 10,37; 16,24). Pablo resalta c\u00f3mo es de esta misericordia de Dios de la que procede la salvaci\u00f3n de jud\u00ed\u00ados y gentiles (Rom 11,32; Ef 2,4; Tit 3,5), la alegr\u00ed\u00ada y la paz (1 Tim 1,2; 2 Tim 1,2), la curaci\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n (Flp 2,27; Rom 5,10 ss.; 2 Cor 5,15-18; Col 1,19-22). Porque Dios es misericordioso con nosotros, los cristianos pueden y deben tener \u00abentra\u00f1as de misericordia\u00bb (Flp 2,1). Es esta misericordia la que, seg\u00fan Pedro, mantiene en nosotros la esperanza de la resurrecci\u00f3n en Cristo (1 Pe 1,3).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la reacci\u00f3n del Dios fiel ante la infidelidad del pueblo a la alianza, lejos de ser la ira y el castigo, es la misericordia y el perd\u00f3n. La reiterada promesa de misericordia llega a su punto culminante en Cristo, y se prolonga en la Iglesia, de modo especial por el sacramento de la penitencia, que es al mismo tiempo indicativo y exigitivo de misericordia.<\/p>\n<p>2. DIOS JUSTO (dikaiosyne);. La justicia de Dios se ensalza en los tiempos primitivos (Jue 5,11), se celebra por la asamblea del pueblo (1 Sam 12,7; Is 45,24; Sal 103,6&#8230;), se realiza en su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y liberadora (Is 45,21; 51,5 ss.; 56,1; 62,1). La justicia de Dios es considerada en el Antiguo Testamento como un bien en si misma, no como un castigo (Dt 25,1). Despu\u00e9s del exilio, los textos hablan de la justicia del hombre piadoso delante de Dios, y de la justicia interhumana, que se mide por la fidelidad a la ley, y que expresa la justicia de Yahv\u00e9. Es Dios, en definitiva, el \u00fanico que puede pronunciar un juicio justo: el \u00e1mbito de este juicio es el culto (Sal 7,9; 17,1-5; 18,22-24; 26,1-6). El judaismo rab\u00ed\u00adnico ver\u00e1 en la armon\u00ed\u00ada con la ley la verdadera justicia.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento, la justicia es uno de los centros de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, seg\u00fan Mateo. Ya para Juan Bautista, lo mismo que para Isa\u00ed\u00adas, la conversi\u00f3n y la penitencia exigen la justicia (Mt 21,32). Jes\u00fas mismo se someti\u00f3 al bautismo de Juan para \u00abcumplir toda justicia\u00bb (Mt 3,15). Y los \u00fanicos que ser\u00e1n justificados son los que tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6). En consecuencia, Jes\u00fas se dirige especialmente a los pecadores, que creen necesitar justicia, y no a los que consideran no necesitarla, porque ya se creen justos (Mt 9,13; Mc 2,17). El conflicto de Jes\u00fas con escribas y fariseos radica en que estos creen en una justicia de la ley y las obras, de separaci\u00f3n entre buenos y malos, entre justos e injustos (Mt 20,13-15; 13,49), mientras Jes\u00fas predica una justicia de gratuidad y misericordia, de acogida y cercan\u00ed\u00ada, de conversi\u00f3n del coraz\u00f3n (Mt 23,27 ss.; 21, 32). Por eso dice: \u00absi vuestra fidelidad (justicia) no sobrepasa la de los escribas y fariseos, no entrar\u00e9is en el reino de Dios\u00bb (Mt 5,20).<\/p>\n<p>Esta misma es la predicaci\u00f3n de Lucas, para quien son los publicanos y pecadores, y no los escribas y fariseos, los que obtienen justicia de Dios, perd\u00f3n misericordioso. As\u00ed\u00ad se ve en las par\u00e1bolas del fariseo y el publicano (18,9-14), de la oveja y la dracma perdida (15,1-10), del hijo pr\u00f3digo (15,11-32). Por eso, \u00abhay m\u00e1s alegr\u00ed\u00ada en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversi\u00f3n\u00bb (v.7).<\/p>\n<p>Para Pablo esta justicia de Dios se manifiesta en que Dios, ante el pecado de la humanidad, no se deja llevar por su ira, sino que, a pesar de la actitud rebelde e infiel del hombre, hace prevalecer su salvaci\u00f3n y su soberan\u00ed\u00ada, tal como se manifiesta en Cristo, verdadero Justo que nos justifica (cf. G\u00e1l cap. 5-10). Por eso, el hombre s\u00f3lo puede ser justificado por la fe en la justicia de Cristo, no en la de la ley (Rom 3, 26-28; Gal 2, 16). Toda la vida del cristiano debe ser una fidelidad y un servicio a esta justicia de la que participamos por el bautismo y por la penitencia (Rom 6, 13.22; 2 Cor 3, 9; 11, 15).<\/p>\n<p>3. DIOS RECONCILIADOR&#8217;. Los t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos para designar la reconciliaci\u00f3n (katallasso &#8211; katallag\u00e9) se utilizan con cierta abundancia en Pablo, referidos a la reconciliaci\u00f3n con Dios (Rom 5, 10; Col 1, 20.22; Ef 2,16) y con los dem\u00e1s (1 Cor 7.11; 2 Cor 5, 17-20). El verdadero sujeto reconciliador es Dios, pero el verdadero agente de la reconciliaci\u00f3n es Cristo (Rom 5, 10 ss.; 2 Cor 5, 19). El es quien, con su encarnaci\u00f3n, vida, muerte y resurrecci\u00f3n, ha obrado la reconciliaci\u00f3n definitiva (Col 1,19-22), que se ofrece permanentemente a los hombres como don (\u00abdejaos reconciliar con Dios\u00bb: 2 Cor 5, 20), y como servicio (\u00abnos confi\u00f3 el ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb: v.18).<\/p>\n<p>Esta continuaci\u00f3n del \u00abministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb por la Iglesia tiene los mismos objetivos que la reconciliaci\u00f3n obrada por Cristo: poner fin a la enemistad entre Dios y los hombres a causa del pecado (2 Cor 5, 19), llevar a la paz y a la amistad con Dios (Rom 5, 1), ofrecer la salvaci\u00f3n dada (Rom 5, 10), conducir a la aceptaci\u00f3n de la novedad de vida (2 Cor 5, 17), exhortar y mantener en la mutua reconciliaci\u00f3n (1 Cor 7, 11), poner en paz todas las cosas seg\u00fan el ideal de la creaci\u00f3n (Col 1, 20). La reconciliaci\u00f3n consiste, por tanto, en unir lo separado, en cancelar la deuda, en conducir a la amistad desde la enemistad, en traer a la paz desde la ruptura. La Iglesia entendi\u00f3 desde el principio que esta tarea de reconciliaci\u00f3n estaba unida a una obra de conversi\u00f3n y penitencia (Mt 4, 17; Mc 1, 15; Ef 4, 22-24). M\u00e1s a\u00fan, puesto que entre los miembros \u00absantos\u00bb hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n pecadores (Mt 18), entre el trigo crec\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la ciza\u00f1a (Mt 13, 36-43), entre quienes permanec\u00ed\u00adan firmes en la fe hab\u00ed\u00ada quienes naufragaban (1 Tim 1, 19-20; 1 Tes 5, 14&#8230;), y la misma comunidad sufr\u00ed\u00ada el esc\u00e1ndalo de algunos miembros (1 Cor 5, 1 ss.) era preciso aplicar medios adecuados para prevenir y corregir (1 Cor 8, 11-12; Mt 18, 15-16), para atar y desatar (Mt 18, 18), para perdonar y reconciliar (Mt 6, 12-15; 18, 21-22.32-35&#8230;)5.<\/p>\n<p>4. DIOS PERDONADOR. Reconciliaci\u00f3n y perd\u00f3n son dos aspectos diferenciados e inseparables, pero no confundibles, de una misma realidad. Los t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos para indicar el perd\u00f3n (\u00abaf\u00ed\u00ademi\u00bb: soltar, remitir, perdonar; \u00ab\u00e1fesis\u00bb: perd\u00f3n; \u00abparesis\u00bb: remisi\u00f3n o perd\u00f3n provisional) ponen de manifiesto que el acto de perdonar es un acto de la misericordia de Dios, que pasa de largo, borra los pecados (Am 7; Ex 32, 12.14; Jer 26, 19; Ez 36, 29.33&#8230;). En el Nuevo Testamento \u00abaf\u00ed\u00ademi\u00bb, en su sentido tanto de \u00absoltar al pecador\u00bb, como de \u00abperdonar\u00bb el pecado (afih\u00e9nai hamart\u00ed\u00adas: Mt 2, 5.7 par.) se entiende tambi\u00e9n como una obra de Dios frente al obrar del pecador, fundamentada en Cristo, que no solo predica, sino que realiza el perd\u00f3n (Col 1, 14; Ef 1, 7; Lc 4, 18 ss; 7, 49; Mc 10, 45; Mt 18, 21 ss.). Reconciliaci\u00f3n y perd\u00f3n solo se entienden desde la cruz, desde el amor entregado y la sangre derramada para el perd\u00f3n de los pecados (Mc 10, 45; Heb 9, 22; Rom 8, 32&#8230;)<br \/>\nEl perd\u00f3n es, pues, un acto gratuito y eficaz de Dios, por la cruz de Cristo, que olvida y borra (Rom 4, 7; 11, 27), absuelve y libera (Heb 19, 18), justifica e indulta (Rom 3, 21 ss.; 4, 22-25&#8230;). Adem\u00e1s de la mediaci\u00f3n de Cristo, destacan la iniciativa misericordiosa y el amor paterno (Lc 15, 11-22), la fidelidad y la justicia (1 Jn 1, 9; Rom 3, 5.25), el poder y la magnanimidad (Mc 2, 7; Lc 5, 21; Mt 9, 3) de Dios perdonador. Aunque se habla del perd\u00f3n al hermano como condici\u00f3n para el perd\u00f3n de Dios (Mt 18, 35), en realidad no se trata de una \u00abprestaci\u00f3n previa\u00bb que merezca el perd\u00f3n de Dios, sino m\u00e1s bien de una consecuencia del perd\u00f3n gratuito de Dios, que exige no poner condiciones a quienes nos ofenden, ni aunque sean enemigos (Mt 6,12 par.; 5,38-48; Rom 12,19 ss.).<\/p>\n<p>II. Tradici\u00f3n<br \/>\nEstos atributos que se aplican de modo especial y m\u00e1s frecuentemente a Dios en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n penitencial, los encontramos \u00abampliados\u00bb de distintas formas en los diversos testimonios de la tradici\u00f3n, sobre todo patr\u00ed\u00adsticos y lit\u00fargicos. Dado nuestro objetivo, y la imposibilidad de recoger aqu\u00ed\u00ad todas las fuentes, nos fijaremos s\u00f3lo en un testimonio que nos es bien conocido y querido: el de \u00ablas colectas s\u00e1lmicas del oficio catedralicio de la liturgia hisp\u00e1nica\u00bb. Toda oraci\u00f3n, bien vaya dirigida al Padre o a Cristo, implica una llamada, una invocaci\u00f3n a Aquel con quien se quiere entablar di\u00e1logo. Dios es el interlocutor principal. Se exprese en los textos de una u otra forma (invocatio, adiuncta, petitio), los atributos divinos son el punto de referencia imprescindible de toda oraci\u00f3n, por los que nos viene presentado el \u00abpersonaje\u00bb Dios.<\/p>\n<p>1. DIOS BUENO Y PIADOSO. Con ambas expresiones se pone el acento no solo en la ausencia de toda maldad, de toda perversa intenci\u00f3n y actuaci\u00f3n de Dios, sino tambi\u00e9n en su amor maternal y entra\u00f1able y fiel, respecto a sus hijos, a quienes gratuitamente desea y concede todo bien. Por eso se pide a Dios que nos ense\u00f1e en su bondad (\u00abBonus es, Domine, et in bonitate tua doce nos\u00bb: H 157)*. En ella y por ella Dios mismo nos convierte (\u00abconverte cor nostrum ad te in bonitate\u00bb: H 342). Pues, adem\u00e1s de que no se deja vencer por la indignaci\u00f3n (\u00abnec indignatio bonitatem tuam conmoveat\u00bb: H 552), tampoco permite que perezca nadie que se convierte (\u00abquia tanta est bonitas tua, ut neminem patiaris perire conversum\u00bb: H 285). La misma bondad que Dios usa con los humildes, y con la que premia a los justos, se pide que la tenga con los pecadores para perdonarlos (\u00abut ipsa bonitas qua regir humiles, per ipsam tibi subditos efficias contumaces; ut ea ipsa bonitas, per quam indesinenter iustos coronas, sit iugiter interventrix ut peccatoribus parcas\u00bb: H 538). En una palabra, la bondad es como la actitud de Dios que lo invade todo: con su bondad instruye a los santos (H 157), no permite que perezcan los pecadores convertidos (H 285), nos da la fuerza para obrar justamente (H 286), nos enriquece, convierte nuestro coraz\u00f3n y nos redime (H 306, 342), gobierna a los humildes, hace sumisos a los soberbios, da el primio a los justos (H 538). No hay nadie que sea tan bueno como Dios (H 550), que es capaz de dominar su ira con su bondad (H 552) y de perdonar nuestros pecados, haci\u00e9ndonos volver a la alegr\u00ed\u00ada de un nuevo encuentro (H 538).<\/p>\n<p>___________<br \/>\n* Citamos las oraciones del texto cr\u00ed\u00adtico de J. Pinell, con H (\u00abcolecci\u00f3n hisp\u00e1nica\u00bb) y el n\u00c2\u00ba que tiene en dicha edici\u00f3n<br \/>\nIntimamente unidas a la bondad de Dios aparecen su benignidad y su grandeza, por las que se bendice y alaba a Dios: \u00abTe alabamos, Se\u00f1or, porque eres benigno y grande; cuya magnitud y bondad la atestiguan tus obras y tus maravillas; eres grande porque de la nada has creado cosas tan variadas y estupendas; eres benigno porque redimiste al mundo perdido con la sangre de tu Hijo Jesucristo&#8230;\u00bb (H 585).<\/p>\n<p>En cuanto a la piedad aparece como ese aspecto de la bondad, que expresa el car\u00e1cter maternal y entra\u00f1able de la misericordia divina (\u00abmiserationum\u00bb). Unas veces se llama a Dios \u00abpius\u00bb, otras veces se refiere a la \u00abpietas\u00bb de Dios para con los hombres. Los nombres que acompa\u00f1an a este atributo muestran la riqueza de aspectos en \u00e9l implicados. As\u00ed\u00ad se le llama \u00abpie scrutator\u00bb (H 322), \u00abpius consolator\u00bb (H 56), \u00abpius pastor\u00bb (H 560), \u00abpius protector\u00bb (H 589), \u00abmiserator et pius\u00bb (H 423)&#8230;Y se reconoce que la piedad es la forma acostumbrada de actuar de Dios: \u00abconsueta pietate\u00bb (H 516), \u00absolita pietate\u00bb (H 365, 481, 545), \u00abbenignitate solita\u00bb (H 462). Con esta piedad Dios escucha nuestra oraci\u00f3n, nos convierte, nos da confianza, nos perdona, nos premia (H 25, 178, 416, 553, 554&#8230;).<\/p>\n<p>2. DIOS MISERICORDIOSO, QUE HACE MISERICORDIA. La misericordia es la expresi\u00f3n central de la intervenci\u00f3n de Dios que perdona. El ejemplo m\u00e1s paradigm\u00e1tico de esta actuaci\u00f3n misericordiosa lo encontramos en el salmo 50 y en las oraciones sobre el mismo. Dios ha sido misericordioso a lo largo de toda la historia , y actualiza su misericordia con el pecador (\u00abmiserator, Domine, et misericors\u00bb: H 118, 365, 423, 426&#8230;). Dios est\u00e1 lleno de misericordia (\u00abapud te multae sunt miserationes\u00bb: H 583). Su misericordia es piadosa (\u00abmiserator et pius\u00bb: H 423), va unida a la verdad (\u00abmisericordiam veritatis\u00bb: H 242), es suave y paciente (\u00abquia suavis est misericordia tua\u00bb: H 277), es un don m\u00e1s grande que la vida (\u00abcuius misericordia melior est super vita\u00bb: H 379), est\u00e1 llena de benignidad (\u00abquia benigna est misericordia tua\u00bb: H 534), todo lo inunda con su riqueza (\u00abte miserante omnia replentur ubertate\u00bb: H 77). A Dios no le cuesta hacer misericordia, al contrario se complace en ello (\u00abopem ferre misericordiae delectaris\u00bb: H 210). Prefiere escuchar el gemido de los oprimidos al insulto de los inicuos, y se\u2020\u00a2 inclina m\u00e1s por el perd\u00f3n que por el castigo (\u00abmiserator et misericors Domine, qui magis salutem optas peccatorum, quam exspectas interitum\u00bb: H 426). De tal manera se identifica a Dios con su actuar misericordioso, que parece no comprend\u00e9rsele de otra manera que haciendo misericordia (\u00abtuum es, Domine, ut cunctis miserearis\u00bb: H 437, 502).<\/p>\n<p>Por todo ello, los textos piden constantemente que Dios nos proteja, nos gobierne, nos rodee y nos abrace, nos convierta y perdone&#8230;con su misericordia. La comunidad canta las misericordias de Dios en el pasado, se alegra de su misericordia en el presente, y espera confiada en el coronamiento de esta misericordia en el futuro: \u00abAdnuntiamus, Domine, misericordiam tuam, quam etiam iam susceptam per fidem, expectamus in nobis peficiendam esse in resurrectione\u00bb (H 267).<\/p>\n<p>3. DIOS JUSTO, QUE HACE JUSTICIA. Otro atributo de Dios, muy repetido en relaci\u00f3n con la penitencia, es el de la justicia, por la que se suscita un temor sumiso en el coraz\u00f3n de los pecadores. Dios es justo, porque ama la justicia y la igualdad, y odia la iniquidad (\u00abDomine, qui diligis iustitiam et odis iniquitatem\u00bb: H 10, 356); porque juzga rectamente, sin hacer acepci\u00f3n de personas (\u00ablustitia tua, Deus&#8230;quae non personas, sed merita elegit\u00bb: H 176; \u00abqui inmutabilis es, nec personarum acceptor es\u00bb: H 421). La justicia y la rectitud son como las armas con las que Dios gobierna su reino, y todo el que pertenece a este reino debe someterse a ellas (\u00abvirga aequitatis virga regni tui, Domine&#8230;fac nos diligere iustitiam et odire iniquitatem\u00bb: H 507). Con su justicia y equidad Dios castiga, al mismo tiempo que corrige y somete a su pleno dominio los corazones de sus fieles. La justicia puede ser para perdici\u00f3n si el hombre se rebela, o para salvaci\u00f3n si se convierte y acepta la disciplina o ley del Se\u00f1or (H 507). Por ambas, justicia y disciplina, Dios despierta en nosotros la actitud del temor, y \u00e9ste nos hace ser m\u00e1s obedientes a su voluntad, suscitando la actitud penitente (\u00abatque eadem correctione &#8230; imbuens disciplinam\u00bb: H 507; \u00abPrincipium sapientiae timor tuus est&#8230;per quem initiamur in perfectione iustitiae\u00bb: H 278, 329, 433&#8230;). Tanto la justicia como la disciplina despiertan y mantienen el temor de Dios, revelan su gran amor, y suscitan la obediencia, la actitud penitencial. As\u00ed\u00ad pues, Dios es justo y hace justicia, nos infunde el santo temor y nos hace obedientes, nos corrige con su \u00abdisciplina\u00bb y ejerce su dominio amoroso sobre los que se corrigen.<\/p>\n<p>4. DIOS MISERICORDIOSO Y JUSTO A LA VEZ. Dios es misericordioso, pero tambi\u00e9n es justo. Si por su misericordia se siente inclinado a perdonar, por su justicia se ve obligado a castigar. Sin embargo, en Dios vence siempre la misericordia sobre la ira, puede m\u00e1s el amor compasivo que la justicia castigadora. Si aplicara con rigor su justicia, nadie podr\u00ed\u00ada salvarse por sus propios m\u00e9ritos (\u00abmisericors Domine et iuste\u00bb: H 575; \u00abne intres in iudicio cum servis tuis, namsi interroges, quis respondet?\u00bb: H 463).<\/p>\n<p>En Dios misericordia y justicia se complementan (\u00abquia et pietas iustitiam retinet, et iustitia pietatem conservat\u00bb: H 270). Pero, puesto que busca la salvaci\u00f3n del pecador y no su muerte, por eso le agrada la penitencia, de modo que pueda prorrogar su misericordia y no su castigo (\u00abet delectaris in poenitentia, potius ut prorroges misericordiam, quam iudicii inferas poenam\u00bb: H 426). Y, aunque el pecado es una constante provocaci\u00f3n a la ira divina, Dios es tan paciente y perseverante en su misericordia, que prefiere perdonar a condenar (\u00abobpone irae tuae misericordiam, et quoties te provocamus ut ferias, totiens tibi tua pietas interveniat ut ignoscas\u00bb: H 393). Con su justicia-juicio y su misericordia Dios busca siempre la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y el perd\u00f3n. Si la misericordia nos da la confianza en el perd\u00f3n, el juicio nos infunde temor y nos induce a examinar nuestra conciencia rechazando el pecado, a la vez que nos da confianza para no temer el juicio futuro (\u00abmisericordiam et iudicium cantantes&#8230;quo et misericordiae instinctu intendamus recta et in iudicii metu corrigamus errata\u00bb: H 115).<\/p>\n<p>5. DIOS CONOCEDOR DE LOS SECRETOS DEL CORAZ\u00ed\u201cN DEL HOMBRE. En nuestras oraciones se da mucha importancia a la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, hasta el punto de ser uno de los atributos m\u00e1s frecuentes cuando se trata del pecado, la conversi\u00f3n o el perd\u00f3n. Por eso a Dios se le llama \u00abpie scrutator\u00bb (H 322), \u00aboccultus scrutator\u00bb (H 323), ya que s\u00f3lo El conoce la intimidad y los secretos del coraz\u00f3n del hombre (\u00abet tu, qui solus hominum secreta cognoscis\u00bb: H 239), nuestros m\u00e1s escondidos pecados (\u00ababscondita peccata\u00bb: H 335), lo que hacemos y lo que deseamos (\u00abquae agimus&#8230;quae desideramus\u00bb: H 499), lo que confesamos, y lo que no reconocemos (\u00abquae tibi prius sunt cognita quam prodantur admissa\u00bb: H 390), las obras externas y los pensamientos internos (\u00abnon solum exteriora&#8230;sed et cordis intima\u00bb: H 534).<\/p>\n<p>Estas y otras expresiones semejantes se encuentran en la Escritura (Sal 138, 1-5; 50, 8; 18, 13; Ez 28, 3; Rom 2, 16&#8230;), y en otras colectas de salmos. No obstante, es de se\u00f1alar la insistencia que se pone en este aspecto, para suscitar la sinceridad de conversi\u00f3n, la esperanza de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>6. DIOS PODEROSO, QUE BUSCA LA SALVACI\u00ed\u201cN DEL HOMBRE. Bajo este ep\u00ed\u00adgrafe pueden recogerse todas las expresiones que llaman a Dios \u00abomnipotens Deus\u00bb, \u00abpotentia\u00bb, \u00abvirtus\u00bb&#8230;, referidas siempre a una intervenci\u00f3n para la conversi\u00f3n, el perd\u00f3n y la salvaci\u00f3n del pecador. Las colectas que m\u00e1s se refieren a este aspecto son las dedicadas al salmo 50, que hablan de \u00abomnipotens Deus\u00bb (H 61, 240), o bien de \u00abpotentia trinitatis\u00bb (H 518, 519, 520), pidiendo la intervenci\u00f3n del Dios trino para la salvaci\u00f3n del pecador.<\/p>\n<p>Si Dios puede hacer cuanto quiere en el cielo y en la tierra (\u00abtu es solus qui omnia quaecumque volueris facis\u00bb: H 281), tambi\u00e9n puede perdonar lo que en nosotros le desagrada, una vez reconocido nuestro pecado. Dios act\u00faa con poder y misericordia para corregirnos y convertirnos (\u00absit quaesumus erga nos tua potentia, ut impertias correctionem, et tribuas indulgentiam\u00bb: H 426), para liberarnos del pecado y sanarnos (\u00abqui indultor es libertatis\u00bb: H 230; \u2020\u00a2 \u00abqui sanas contritos corde\u00bb: H 202), para sacarnos de la esclavitud e iluminar nuestra vida (\u00abqui eripis elisos, et solvis compeditos atque inluminas caecos\u00bb: H 465)&#8230;La mejor prueba de esta intervenci\u00f3n poderosa y salvadora de Dios la encontramos en el env\u00ed\u00ado de su Hijo Jesucristo.<\/p>\n<p>7. DIOS REDENTOR QUE SALVA Y LIBERA. En efecto la salvaci\u00f3n liberadora la ha realizado Dios por medio de Jesucristo. Los textos comparan la creaci\u00f3n con la redenci\u00f3n de modo significativo: si maravillosa fue la creaci\u00f3n, mucho m\u00e1s lo es la redenci\u00f3n (\u00abqui nos fecisti ad imaginem tuam, et refecisti propter ingenitam bonitatem tuam\u00bb: H 107; cf. 240, 585, 539&#8230;). Dios no s\u00f3lo cre\u00f3 el mundo, cre\u00f3 tambi\u00e9n al hombre, cre\u00f3 un pueblo y una comunidad (\u00abcongregationis tuae, quam ab initio potenter creasti\u00bb: H 539). Y aunque este pueblo se hab\u00ed\u00ada perdido por el pecado, ha sido redimido por la misericordia de Dios en Cristo (\u00abqui auctor es nostrae salutis\u00bb: H 275; \u00abet qui nos meminimus Verbi tui formatos opificio, eius rursum reformemur imperio\u00bb: H 429).<\/p>\n<p>Para el autor de las colectas, toda la vida de Cristo, desde la encarnaci\u00f3n hasta la exaltaci\u00f3n a la derecha del Padre, tiene un valor redentor (\u00abet vera humanitatis adsumptio humani generissit manifesta redemptio\u00bb: H 354; \u00abquia in redemptionis nostrae opere nova fecisti miracula\u00bb: H 562; \u00abquos trophaeo crucis dignatus es comparare, ac pro quibus fusio sacri sanguinis exstat redemptio\u00bb: H 548). Pero, sobre todo, resalta el valor redentor de la cruz, de la sangre derramada. Por tanto, Cristo es creador, pero tambi\u00e9n redentor. La redenci\u00f3n supone una nueva creaci\u00f3n, cuyo punto culminante se encuentra en la Cruz.<\/p>\n<p>Es justamente por este misterio y esta sangre por los que somos liberados del pecado ayer y hoy. Cristo ha derramado su sangre \u00abpor nosotros\u00bb, \u00abpor nuestros pecados\u00bb (\u00abqui passionibus tuis nostrorum criminum passiones exstinguis\u00bb: H 368; \u00abqui pro peccatoribus factus es pretium\u00bb: H 376). Con ello nos ha redimido del pecado m\u00e1s peque\u00f1o y del pecado m\u00e1s grande (\u00abminimum maximumque delictum\u00bb: H 458), del pecado original que cometimos junto con nuestros primeros padres, y del pecado actual que cometemos con nuestra libertad (\u00aba damnationis origine et actualis peccati contagione tua reduce gratia liberemur\u00bb: H 121). Cristo es verdaderamente el liberador y el redentor de los pecadores, por lo que se le dice: \u00abqui redemptis liberas, et redemptio factus es libertatis\u00bb (H 275).<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, con esta redenci\u00f3n liberadora, por su sangre derramada en la cruz, Cristo ha comprado, ha adquirido, ha tomado posesi\u00f3n de su Iglesia (\u00abad defendendam hereditatem tuam tui sanguinis pretio emptam\u00bb: H 494; cf. 415, 548, 568&#8230;). Las expresiones empleadas (emere, comparare, mercari, adquisitio, adquirere&#8230;) indican claramente la idea de que Cristo ha adquirido con su sangre y su pasi\u00f3n (\u00abcuius sanguine\u00bb, \u00abpassione voluntaria\u00bb), y tambi\u00e9n con su triunfo de la cruz-resurrecci\u00f3n (\u00abtriunpho\u00bb), una herencia numerosa. Por eso nosotros somos su \u00abadquisitio\u00bb, sus adquiridos (\u00abcustodi adquisitos tuos\u00bb: H 571).<\/p>\n<p>Ahora bien, esta redenci\u00f3n salvadora, esta reconciliaci\u00f3n perdonadora de Cristo, no es s\u00f3lo un acontecimiento del pasado, es tambi\u00e9n un acontecimiento del presente, que se actualiza en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, para el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n de los miembros pecadores de la Iglesia (\u00abpietate solita hereditatem tuam conserva; et calicem passionis, quem potasti pro ea, semper el pro remedio praesta\u00bb: H 481). Esta actualizaci\u00f3n \u00absacramental\u00bb de la redenci\u00f3n se pide constantemente en nuestros textos (\u00abut quos peccantes repuleras, convertentes suscipias\u00bb: H 376), invocando la recuperaci\u00f3n de la gracia perdida por el pecado (\u00abet gratiam, quam peccando amissimus, convertendo restitue\u00bb: H 484), y pidiendo que vuelva a redimir con su indulgencia a quienes un d\u00ed\u00ada redimi\u00f3 con su gracia (\u00abretribue quod ante tribuisti, et salva per indulgentiam quos dignatus es salvare per gratiam\u00bb: H 131)..<\/p>\n<p>8. DIOS TRINIDAD, QUE RECREA Y RENUEVA AL PECADOR. La actualiza<br \/>\nci\u00f3n de la redenci\u00f3n supone la recreaci\u00f3n y renovaci\u00f3n del pecador, por obra de la Trinidad, que nuestros textos desarrollan en relaci\u00f3n con el salmo 50. Es admirable c\u00f3mo se tratan los temas de la unidad en la divinidad y de la distinci\u00f3n de personas, en la igualdad de poder y la diversidad de operaciones, teniendo en cuenta la actuaci\u00f3n de cada una de ellas en la historia de la salvaci\u00f3n y en la obra de la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n. El autor, inspir\u00e1ndose muy probablemente en San Agust\u00ed\u00adn\u00bb, atribuye la obra del perd\u00f3n a la intervenci\u00f3n del poder de la Trinidad (\u00absed per ineffabilem potentiam Trinitatis\u00bb: H 518, 519, 520), interpretando el \u00abSp\u00ed\u00adritus Sanctus\u00bb(= el Esp\u00ed\u00adritu Santo), el \u00abSpiritus rectus\u00bb(= el Hijo), y el \u00abSpiritus principalis\u00bb (= el Padre) como un anuncio y confesi\u00f3n de la \u00fanica divinidad en la diversidad de personas.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta la reacci\u00f3n antiarriana presente en nuestros textos, se insistir\u00ed\u00ada en la \u00fanica divinidad, en la igualdad esencial de las tres divinas personas, a las que atribuye por igual las distintas operaciones que manifiestan la grandeza de la obra recreadora del perd\u00f3n (\u00abut radicati in Patre, firmati in Filio, semper fructificemur in Spiritu Sancto\u00bb: H 520. Comp\u00e1rese con H 518, 519)12. Esta recreaci\u00f3n consiste en el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo que, habitando en nosotros, renueva y confirma nuestros corazones en la fe, nos justifica en la santidad, nos hace caminar en la rectitud de vida y nos llena de sus consuelos. Se trata de una obra de la Trinidad entera, que renueva en nosotros la fe y la gracia de nuestro bautismo.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nTodo lo anteriormente expuesto nos muestra c\u00f3mo la penitencia es fundamentalmente una obra de la gracia de Dios, que interviene como lo que es: como Padre, como Hijo, como Esp\u00ed\u00adritu Santo. La penitencia tiene tambi\u00e9n unaestructura trinitaria, tal como lo expresan las oraciones comentadas. Todo, y tambi\u00e9n la conversi\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n, es una \u00abinseparabilis operatio Trinitatis\u00bb. En esta s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gico-sistem\u00e1tica del Dios que interviene y se revela en el sacramento de la penitencia, queremos fijarnos progresivamente en cada una de las personas de la Trinidad, ahondando de forma coherente en la riqueza de su misterio perdonador, y teniendo siempre en cuenta que existe una unidad de acci\u00f3n de Dios uno, a\u00fan distinguiendo diversidad de funciones en cada una de las personas.<\/p>\n<p>1. DIOS MISERICORDIOSO AL ENCUENTRO DEL HOMBRE PECADOR. Ya hemos descrito la riqueza de atributos que suelen atribuirse a Dios Padre. En todos ellos resalta su iniciativa graciosa, su amor originante, su bondadosa misericordia, su justicia salvadora, su ternura y su piedad, su fidelidad y solicitud&#8230;Pero nada tan significativo del \u00abcomportamiento de Dios\u00bb en relaci\u00f3n con el pecador arrepentido como la \u00abpar\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo\u00bb (Lc 15, 11-32). Es en esta par\u00e1bola, que ha merecido tantos comentarios oficiales\u00bb, donde m\u00e1s elocuente y tiernamente se nos habla de la grandeza del misterio de la misericordia del Padre.<\/p>\n<p>En efecto, el Padre es aquel que espera paciente, que corre al encuentro del hijo, que le acoge emocionado sin recriminaci\u00f3n, que exulta de gozo por el encuentro del que se hab\u00ed\u00ada perdido, que festeja la vuelta a la vida del que hab\u00ed\u00ada muerto, que adereza la mesa del banquete y hace fiesta por la reconciliaci\u00f3n, que invita a todos a alegrarse con su alegr\u00ed\u00ada (Lc 15,1-10). \u00abLo que m\u00e1s destaca en la par\u00e1bola es la acogida festiva y amorosa del Padre al hijo que regresa: signo de la misericordia de Dios, siempre dispuesto a perdonar. En una palabra: la reconciliaci\u00f3n es principalmente un don del Padre celestial&#8217;.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en la penitencia es donde Dios manifiesta m\u00e1s su rostro amoroso, su ternura maternal, su benignidad misericordiosa. No perdona porque juzga, sino que su juicio es perdonando. No da la gracia porque perdona, sino que perdona porque da la gracia. Su acci\u00f3n es creadora y recreadora. Y la finalidad no es otra m\u00e1s que la salvaci\u00f3n, la participaci\u00f3n en su vida divina, la unidad en el amor, ya en su realizaci\u00f3n terrena, y para la plenitud escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>2. CRISTO SALVADOR, MEDIACI\u00ed\u201cN PASCUAL DE RECONCILIACI\u00ed\u201cN. Cristo, por su encarnaci\u00f3n, su vida, su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, es la m\u00e1s cercana y radical historizaci\u00f3n personal de la misericordia del Padre; es la mediaci\u00f3n pascual de la reconciliaci\u00f3n, por la que recuperamos la amistad perdida y hacemos nueva alianza con Dios. El Cristo reconciliador de ayer sigue siendo el Cristo reconciliador de hoy, de forma especial por el sacramento de la penitencia, a trav\u00e9s del cual contin\u00faa proclamando la misericordia y el perd\u00f3n al pecador arrepentido (Mc 2, 5; Lc 7, 48-50; Jn 8, 11; Lc 23, 43). El sacramento es un verdadero encuentro de reconciliaci\u00f3n, cuyo preludio se da en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, y cuya realizaci\u00f3n ejemplar \u00abde una vez para siempre\u00bb se da en el sacrificio de Cristo en la cruz, por el que la humanidad es devuelta a la amistad con Dios: \u00abPorque, si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s, reconciliados ya, seremos salvados en su vida. Y no s\u00f3lo reconciliados, sino que nos gloriamos en Dios nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien recibimos ahora la reconciliaci\u00f3n\u00bb (Rom 5, 10).<\/p>\n<p>Ahora bien, este encuentro sacramental tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas peculiares:<br \/>\n&#8211; Se trata de un encuentro memorial del pecador arrepentido con el misterio pascual de Cristo, porque en \u00e9l se actualiza y realiza dicho misterio, a trav\u00e9s del signo concreto. Es un signo \u00abrememorativo\u00bb (signum rememorativum) del acontecimiento reconciliador de la pascua de Cristo. Es un signo \u00abdemostrativo\u00bb (signum demonstrativum), en cuanto que este acontecimiento se presencializa y actualiza por el sacramento de la penitencia, con los actos que lo componen: mientras los actos del penitente representan la obediencia y la respuesta fiel a la voluntad de Dios; la intervenci\u00f3n del ministro por la palabra, la imposici\u00f3n de manos y la absoluci\u00f3n actualiza el amor misericordioso, la aceptaci\u00f3n por el Padre del \u00absacrificio del coraz\u00f3n contrito\u00bb(Sal 51,19). Igualmente, es un \u00absigno progn\u00f3stico\u00bb (signum prognosticum) de la pascua de Cristo, en cuanto es anticipaci\u00f3n de la victoria definitiva sobre el pecado, garant\u00ed\u00ada del juicio escatol\u00f3gico de gracia, prenda de la felicidad eterna.<\/p>\n<p>&#8211; Es un encuentro para la liberaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n del pecador, en el que se rememoran las liberaciones de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n, sobre todo la realizada en Cristo. La humanidad, todav\u00ed\u00ada en situaci\u00f3n de \u00abmuerte\u00bb espiritual y de esclavitud por el pecado, es liberada por la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, para la santificaci\u00f3n. Esta liberaci\u00f3n santificadora se realiza por primera vez en el bautismo, y se renueva o recupera por la penitencia, a la que con raz\u00f3n se le llama \u00absegundo bautismo\u00bb, \u00absegundo nacimiento\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Es un encuentro que implica un &#8216;proceso existencial pascual\u00bb, porque la penitencia tiene una estructura pascual, tal como se expresa en el mismo proceso interno y externo de los actos del penitente. La penitencia es esfuerzo, ascesis, \u00abacci\u00f3n laboriosa\u00bb para el sujeto, e implica por lo mismo un aspecto \u00absacrificial, de renuncia y entrega (sacrificium laudis), lo que la asemeja al sacrificio pascual de Cristo. Adem\u00e1s, la penitencia supone tambi\u00e9n un \u00abpaso\u00bb (peschah) interno y externo, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la separaci\u00f3n a la comuni\u00f3n&#8230;, por lo que debe decirse que realiza de forma especial el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n del mismo Cristo, en la experiencia penitencial personal. En tercer lugar, la penitencia es renovaci\u00f3n de vida, de alianza y compromiso con Dios y con los dem\u00e1s, de alegr\u00ed\u00ada y esperanza&#8230;, lo que la asemeja y actualiza de forma especial la renovaci\u00f3n de la pascua.<\/p>\n<p>En resumen, como &#8216; afirma la Ex. \u00abReconciliatio et poenitentia\u00bb, la actualizaci\u00f3n del misterio pascual por el sacramento, es la manifestaci\u00f3n del \u00abmisterio de piedad\u00bb (mysterium pietatis) de Dios hacia el hombre, al que responde la piedad del cristiano hacia Dios.<\/p>\n<p>3. EL ESP\u00ed\u008dRITU VIVIFICANTE, DON Y FUERZA DE RECONCILIACI\u00ed\u201cN. El sacramento de la penitencia, lo mismo que el sacramento de la Iglesia, es inseparable del Esp\u00ed\u00adritu. Ya en la Escritura aparece el Esp\u00ed\u00adritu como la fuerza que impulsa al Siervo de Yahv\u00e9 a expiar por los pecados y a cumplir su misi\u00f3n reconciliadora (Is 42, 1-6; 61, 1-4). Por el Esp\u00ed\u00adritu se va a renovar la alianza, y un nuevo coraz\u00f3n va a hacer posible su cumplimiento (Jer 31, 31-34; Ez 36, 25-27). El Esp\u00ed\u00adritu har\u00e1 posible, cada vez que haya infidelidad y pecado, el perd\u00f3n de Dios y la recreaci\u00f3n del coraz\u00f3n para una vida reconciliada (Sal 50, 12-14). Y ser\u00e1 en este mismo Esp\u00ed\u00adritu en el que Cristo act\u00fae para curar y perdonar, para vencer al mal y al demonio (Mc 4, 1 ss.). El Esp\u00ed\u00adritu prometido ser\u00e1 enviado por el Se\u00f1or resucitado para que en su fuerza y poder la Iglesia, por el ministerio de los ap\u00f3stoles y sus sucesores de forma especial, contin\u00fae la obra de la reconciliaci\u00f3n (Jn 20, 21-23).<\/p>\n<p>En el sacramento de la penitencia puede decirse que el Esp\u00ed\u00adritu es la presencia del poder reconciliador de Cristo glorioso, y el agente principal de la reconciliaci\u00f3n sacramental. Es al mismo tiempo \u00e1mbito y posibilidad de reconciliaci\u00f3n, ya que s\u00f3lo en \u00e9l es posible reconciliarse con Dios, y s\u00f3lo por \u00e9l la vida puede ser vida reconciliada. Es don gratuito para la reconciliaci\u00f3n y a la vez don personal de la reconciliaci\u00f3n, ya que liberados del pecado somos \u00abllenados\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu. Es asimismo renovaci\u00f3n de la vida bautismal y recreaci\u00f3n de la vida en Cristo. Es principio increado de unidad eclesial, e impulso personal para la unidad en el amor y la fraternidad. Es, en definitiva, el que hace posible que por la reconciliaci\u00f3n se renueven nuestras relaciones con Dios, con los dem\u00e1s, con la Iglesia, con la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>IV. Liturgia<br \/>\nEsta teolog\u00ed\u00ada del Dios misericordioso, que interviene trinitariamente en la reconciliaci\u00f3n, aparece recogida en las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas que hoy se proponen para la celebraci\u00f3n del sacramento. Para constatarlo, b\u00e1stenos comentar la que consideramos m\u00e1s significativa\u00bb: la f\u00f3rmula para la absoluci\u00f3n general del nuevo Ritual n. 151.En ella se explicita qui\u00e9n es cada persona divina, c\u00f3mo ha actuado en la historia salutis para la reconciliaci\u00f3n, y c\u00f3mo actualiza hoy su reconciliaci\u00f3n y perd\u00f3n, en la celebraci\u00f3n sacramental, respecto a la persona particular y a la comunidad entera.<\/p>\n<p>De Dios Padre se destaca su voluntad salvadora y no condenadora, su iniciativa de amor, hasta el punto de enviar a su Hijo, y su actuaci\u00f3n misericordiosa para la paz: \u00abDios Padre, que no se complace en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva; que nos am\u00f3 primero y mand\u00f3 su Hijo al mundo para que el mundo se salve por \u00e9l, os muestre su misericordia y os conceda su paz\u00bb.<\/p>\n<p>De Cristo se expresa la reconciliaci\u00f3n por el misterio pascual (muerte y resurrecci\u00f3n), para el perd\u00f3n y la justificaci\u00f3n de gracia. Y adem\u00e1s se acent\u00faa el car\u00e1cter pneumatol\u00f3gico de la continuaci\u00f3n de la obra reconciliadora, a trav\u00e9s del ministerio eclesial . M\u00e1s a\u00fan, la reconciliaci\u00f3n es liberaci\u00f3n (\u00abos libre\u00bb) por el Esp\u00ed\u00adritu, y don del mismo Esp\u00ed\u00adritu (\u00abos llene de su Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb):<br \/>\n\u00abNuestro Se\u00f1or Jesucristo, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n, que infundi\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo a sus ap\u00f3stoles para que recibieran el poder de perdonar los pecados, os libre, por mi ministerio, de todo mal y os llene de su Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto al Esp\u00ed\u00adritu, se pone de relieve su intervenci\u00f3n reconciliadora (\u00abpara el perd\u00f3n de los pecados\u00bb) en doble sentido: purificaci\u00f3n y claridad, abandono de la tiniebla y entrada en la luz. Adem\u00e1s, se destaca su acci\u00f3n consoladora en el interior del hombre, y por otro lado su impulso para dar testimonio de las grandezas del Se\u00f1or : \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu consolador, que se nos di\u00f3 para el perd\u00f3n de los pecados, purifique vuestros corazones y os llene de su claridad, para que proclam\u00e9is las haza\u00f1as del que os llam\u00f3 a salir de la tiniebla y entrar en su luz maravillosa\u00bb.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la imagen de Dios que se revela y expresa en el sacramento de la penitencia, es la de un Dios de amor y misericordia infinitos que, m\u00e1s all\u00e1 de m\u00e9ritos o contrapartidas humanas, acoge y perdona al hombre debil y pecador, mostrando para \u00e9l, en una permanente actualizaci\u00f3n, la grandeza del \u00abmisterio de piedad\u00bb.<\/p>\n<p>[ -> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Atributos; Bautismo; Biblia; Comunidad; Creaci\u00f3n; Cruz; Encarnaci\u00f3n; Escatolog\u00ed\u00ada; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Gracia; Hijo; Historia; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Liberaci\u00f3n; Liturgia; Misterio; Padre; Pascua; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Vida cristiana.]<br \/>\nDionisio Borobio<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Escritura: 1. Dios misericordioso; 2. Dios justo; 3. Dios reconciliador; 4. Dios perdonador.-II. Tradici\u00f3n: 1. Dios bueno y piadoso; 2. Dios misericordioso, que hace misericordia; 3. Dios justo, que hace justicia; 4. Dios misericordioso y justo a la vez; 5. Dios, conocedor de los secretos del coraz\u00f3n del hombre; 6. Dios poderoso, que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-el-dios-de-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPENITENCIA, EL DIOS DE LA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16418","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16418"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16418\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}