{"id":16433,"date":"2016-02-05T10:46:14","date_gmt":"2016-02-05T15:46:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/unamuno\/"},"modified":"2016-02-05T10:46:14","modified_gmt":"2016-02-05T15:46:14","slug":"unamuno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/unamuno\/","title":{"rendered":"UNAMUNO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Itinerario hacia el ate\u00ed\u00adsmo.-II. \u00abCrisis religiosa\u00bb.-III. \u00bfEtapas hacia el encuentro con Dios?<\/p>\n<p>Desde hace unas d\u00e9cadas se habla en teolog\u00ed\u00ada de un \u00abgiro antropoc\u00e9ntrico\u00bb. Es una \u00faltima manifestaci\u00f3n del rumbo que tom\u00f3 la cultura occidental en los d\u00ed\u00adas del humanismo en su intento progresivo de ir desplazando a Dios para situar en su puesto al hombre. M. de Unamuno ha sido un heredero de esta cultura humanista. El tema de Dios es ciertamente central en su pensar y en su vivir. Pero siempre con referencia a otro centro de atracci\u00f3n todav\u00ed\u00ada m\u00e1s importante para \u00e9l: el propio yo con sus ineludibles exigencias. La m\u00e1xima de ellas, la exigencia de ser, de ser siempre, de ser eterno: la INMORTALIDAD. Es en busca de un asidero firme y seguro para su anhelo de inmortalidad cuando a Unamuno se le hace el tema de Dios ineludible. S\u00f3lo el Ser Eterno podr\u00ed\u00ada dar pervivencia a su ser temporal, abocado a la nada.<\/p>\n<p>Hemos se\u00f1alado en estas breves l\u00ed\u00adneas la \u00faltima y m\u00e1s larga etapa del pensar y del vivir de Unamuno en Dios. Se prolonga desde los 34 a\u00f1os hasta el final de sus d\u00ed\u00adas, a los 72. Fue precedida de otras que hay que tener presentes, para mejor comprender lo caracter\u00ed\u00adstico de esta \u00faltima: la perenne b\u00fasqueda de Dios por aquella alma inquieta. \u00bfLo lleg\u00f3 a encontrar?<br \/>\nDesde una perspectiva religiosa, la que aqu\u00ed\u00ad nos interesa, se\u00f1alamos en la vida de Unamuno tres etapas con dos rupturas. La primera etapa es la de su fe ingenua, vivida intensamente hasta su ingreso en la universidad de Madrid, a\u00f1o 1880, a los 16 a\u00f1os. La segunda etapa se abre con la primera ruptura en la que pierde \u00e9ste su fe ingenua y llega claramente a hacer suyo el ate\u00ed\u00adsmo filos\u00f3fico ambiental. Dura esta etapa desde 1881, segundo a\u00f1o de universidad, hasta la crisis de 1897. Con mayor o menor intensidad Unamuno vive diecis\u00e9is a\u00f1os de ate\u00ed\u00adsmo. La tercera etapa se abre de nuevo con una ruptura, la crisis mentada de 1897. En esta crisis Unamuno se inserta definitivamente en el tema religioso, centrado en Dios. Desde entonces hasta su muerte har\u00e1 de Dios su tema primario y fundamental. Sobre todo, en cuanto soporte de su ansia de pervivencia, de su anhelo de no morir.<\/p>\n<p>I. Itinerario hacia el ate\u00ed\u00adsmo<br \/>\nSi a la primera etapa de fe ingenua sucede una segunda de ate\u00ed\u00adsmo interesa conocer c\u00f3mo tuvo lugar esta ruptura. De ello tenemos un testimonio autobiogr\u00e1fico del mismo Unamuno en su novela: Paz en la guerra. Bajo el personaje Pachito Zabalbide escribe de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abLa labor de racionalizar la fe \u00ed\u00adbala carcomiendo, despoj\u00e1ndola de sus formas y reduci\u00e9ndola a sustancia y jugo informe. As\u00ed\u00ad es que al salir de misa un domingo se pregunt\u00f3 qu\u00e9 significaba en \u00e9l tal acto y lo abandon\u00f3 desde entonces, sin desgarramiento sensible\u00bb&#8216;. Un insaciable deseo de saber, muy propio en todo joven universitario abierto a la cultura, inici\u00f3 a Unamuno a enfrentar su fe con su raz\u00f3n. No hubo pecado en su entusiasmo juvenil por la raz\u00f3n. Lo malo fue su desmesura por la que presuntuosamente exigi\u00f3 pruebas tangibles del misterio de Dios. Y al no hallar las pruebas que su raz\u00f3n le ped\u00ed\u00ada, se repliega sobre s\u00ed\u00ad. Y sin desgarramiento sensible, juzga que el ate\u00ed\u00adsmo es una exigencia de su pensar. En esta v\u00ed\u00ada anda tranquilo unos a\u00f1os, aunque siempre minado por una sensaci\u00f3n de vac\u00ed\u00ado que le hace a\u00f1orar sus creencias religiosas.<\/p>\n<p>Dos agentes muy importantes influyeron en la defecci\u00f3n religiosa de Unamuno: uno interno y otro externo. El agente interno fue el sentirse durante sus a\u00f1os universitarios en desamparo y soledad. A\u00f1os m\u00e1s tarde as\u00ed\u00ad describe esta su situaci\u00f3n: \u00abLas gentes pasan, no las conozco, no me conocen&#8230; He aqu\u00ed\u00ad que me hallo s\u00f3lo dentro del mar humano, mar de misterio\u00bb. Pero el alma de Unamuno necesitaba amparo. Bien lo dice en su peque\u00f1o poema: Tu mano es mi destino. En \u00e9l leemos: \u00abMe faltan fuerzas para andar, apoya tu mano en mi hombro y as\u00ed\u00ad, a tu contacto, me volver\u00e1n las fuerzas\u00bb.<\/p>\n<p>Tres causas podemos se\u00f1alar de esta soledad y desamparo. La primera fue que Unamuno tuvo que vivir alejado de su tierra natal, de la que siempre sinti\u00f3 mucha querencia. A su vez, le daba en rostro el nauseabundo tejido de lubricidad que impregnaba el clima de su vida diaria, tejido en que, seg\u00fan frase propia, se sofoca el alma, aleteando en vano. La segunda causa fue su carencia de amigos. Alma sensible a la amistad, no hall\u00f3 amigo con el que formar yunta para hacer la mejor sementera del vivir, la de la juventud. La tercera causa, quiz\u00e1 la m\u00e1s influyente en su p\u00e9rdida de Dios, fue el no haber tenido un alma sacerdotal que le diera la mano en medio de aquel diluvio de impiedades sabias que atosigaban su conciencia juvenil.<\/p>\n<p>A esta falta de ayuda sacerdotal, que le era tan necesaria, se uni\u00f3 un agente exterior de muy pernicioso influjo en el eclipse de Dios que entenebreci\u00f3 la mente de Unamuno. Fue el clima universitario que tuvo que respirar. Cu\u00e1l fue el influjo recibido por Unamuno lo dice \u00e9l mismo, hablando de su doble, Pachito Zabalbide: \u00abConcurr\u00ed\u00ada en esta tarea en la que la fe se iba desnudando a s\u00ed\u00ad misma en su mente, la brusca invasi\u00f3n en esta de mil ideas vagas y resonantes, de retazos de Hegel y de positivismo, reci\u00e9n llegado a Madrid y que era lo que m\u00e1s le penetraba\u00bb&#8216;. Este texto, que espeja a Unamuno llegado a la universidad, es clave para penetrar en las sinuosidades de su mente juvenil. Testifica aqu\u00ed\u00ad Unamuno que fueron los fil\u00f3sofos quienes moldearon su mentalidad juvenil. En primera l\u00ed\u00adnea, Hegel y los positivistas. Entre \u00e9stos, no sinti\u00f3 predilecci\u00f3n por el fundador del positivismo, A Compre, al que apenas menta, sino por los ingleses que dieron consistencia a la tesis evolucionista: Ch. Darwin y H. Spencer.<\/p>\n<p>A quien sea sensible a la historia de las ideas le parecer\u00e1 extra\u00f1o que dos direcciones mentales tan opuestas como el idealismo de Hegel y el positivismo de Spencer se hayan avenido en la mente del joven Unamuno. Ante tal avenencia advertimos que \u00e9ste vio vigente en uno y otro la idea fuerza de aquel momento hist\u00f3rico: el evolucionismo. Esta idea, asumida en esta etapa en que se torna incr\u00e9dulo, la mantendr\u00e1 toda su vida. Ella har\u00e1 de \u00e9l un racionalista radical, pese a su irracionalismo posterior, desde el que lanzar\u00e1 hirientes ataques a uno y otro. Pero de uno y otro asumi\u00f3 para siempre el deseo de explicarlo todo con su raz\u00f3n. Este deseo de explicaci\u00f3n total le alej\u00f3 primeramente de Dios, por parecerle que su pretendida omnipotencia no daba raz\u00f3n de nada. M\u00e1s tarde en la hora de su gran crisis espiritual, verdadera llamada de Dios, este terco y total racionalismo imposibilit\u00f3 a Unamuno el encontrarse definitivamente con su Dios.<\/p>\n<p>Otros dos sistemas, al margen de posibles influjos menores, deben mencionarse para mejor penetrar en la conciencia religiosa de Unamuno: el krausismo y Kant. El influjo del krausismo en Unamuno atrae hoy la atenci\u00f3n de los investigadores. En mis reflexiones he llegado a esta conclusi\u00f3n. El krausismo vino a ser para Unamuno una escuela de introversi\u00f3n. De ello hay motivo para alegrarse, pues hay correlaci\u00f3n, como m\u00e9todo mental, entre esta introspecci\u00f3n y la de nuestros m\u00ed\u00adsticos. Lo malo del caso fue que en la pol\u00e9mica religiosa de Unamuno le puso en mano m\u00faltiples ataques y objeciones contra la Iglesia institucional, lo que facilit\u00f3 que Unamuno desorbitara el tema hasta hacerlo acre, injusto.<\/p>\n<p>Por lo que toca a Kant una reflexi\u00f3n meditada obliga a un paralelismo entre ambos pensadores, pese a sus enormes diferencias. En ambos, Dios no es tema de la raz\u00f3n pura, la cual declara a Dios meramente posible, seg\u00fan Kant, mientras que, seg\u00fan Unamuno, las pruebas racionales excluyen netamente la existencia de Dios. Pero Kant, al Dios posible de la raz\u00f3n pura, lo declara existente, porque lo exige la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. En una especie de r\u00e9plica, con m\u00e1s colorido pasional, Unamuno afirma que el sentimiento, la voluntad, la suprema exigencia del ser y de ser siempre, piden a gritos que Dios exista, porque sencilla y llanamente lo necesitan.<\/p>\n<p>Ante este cuadro de los influjos que pesaron sobre la mente de Unamuno se hace explicable su p\u00e9rdida de Dios durante los 16 a\u00f1os se\u00f1alados. En esta p\u00e9rdida fue decisivo el influjo del evolucionismo, tanto positivista como idealista. Contra lo que a veces se ha escrito, el influjo de Kant y del krausismo no se hace sentir en su p\u00e9rdida de Dios sino en la manera de cuestionarlo en la tercera etapa de su vida. En los d\u00ed\u00adas de su p\u00e9rdida de Dios estos dos sistemas van dando contextura a su mente. Pero no le impelen a la sima del ate\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>II. Crisis religiosa<br \/>\nEsta crisis en la que Unamuno se sinti\u00f3 hundido, suscit\u00f3 en \u00e9l la crisis m\u00e1s ag\u00f3nica y decisiva de su vivir religioso: la de 1897. El mismo la describe con emocionado lenguaje, dici\u00e9ndonos que una noche de finales de marzo de aquel a\u00f1o 1897 crey\u00f3 hallarse \u00aben brazos del \u00e1ngel de la nada\u00bb. Le salv\u00f3 en aquel momento la serena y prudente mujer que ten\u00ed\u00ada a su lado, la cual, con cari\u00f1o materno, se vuelve hacia \u00e9l para dulcemente increparlo: \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 es lo que te pasa, hijo m\u00ed\u00ado?\u00bb Unamuno, despu\u00e9s de comentar con palabras de ternura este gesto materno de su fiel esposa, prosigue anotando que de ma\u00f1ana se retira al convento de Dominicos donde pasa tres d\u00ed\u00adas de reflexi\u00f3n. All\u00ed\u00ad recibe invitaci\u00f3n para irse los inmediatos d\u00ed\u00adas de Semana Santa entre los Oratorianos de Alcal\u00e1 de Henares. All\u00e1 va a prolongar su retiro para mejor o\u00ed\u00adr la voz de Dios que le seguir\u00e1 hablando en aquellos d\u00ed\u00adas, impregnados de misterio.<\/p>\n<p>Desde la teolog\u00ed\u00ada no tengo reparo en calificar este retiro de Unamuno en Alcal\u00e1 como llamada de la gracia de Dios. Me ha precedido el mismo Unamuno, quien ha dejado constancia de ello en el Diario \u00ed\u00adntimo, que entonces escribe, m\u00e1s con la angustia de su coraz\u00f3n que con la pluma de su mano. Tres agentes primarios golpearon fuertemente la conciencia de Unamuno en aquellos d\u00ed\u00adas que los psic\u00f3logos dan en llamar \u00abcrisis religiosa\u00bb, y en verdad fueron d\u00ed\u00adas de gracia, de reclamo, de dulce invitaci\u00f3n. De estos tres agentes uno lo sinti\u00f3 Unamuno dentro de s\u00ed\u00ad: su orgullo eg\u00f3latra y pagano; otro fuera de s\u00ed\u00ad: su nada; el tercero, sobre s\u00ed\u00ad: la gracia del que con tan espiritual cari\u00f1o llamaba aquellos d\u00ed\u00adas: Padre nuestro&#8230;<\/p>\n<p>Con su orgullo luch\u00f3 a pecho en sus largas horas de retiro. Lo ve\u00ed\u00ada comoobst\u00e1culo m\u00e1ximo, pr\u00e1cticamente el \u00fanico, que le imped\u00ed\u00ada ir al abrazo con su Dios. Lo declara bien \u00e9l mismo: \u00abEstoy muy enfermo, y enfermo de yo\u00ed\u00adsmo. He vivido en la necia vanidad de darme en espect\u00e1culo, de presentar al mundo mi esp\u00ed\u00adritu como un ejemplar digno de ser conocido\u00bb. En su fren\u00e9tico ego\u00ed\u00adsmo llega a creerse el centro del mundo, seg\u00fan confiesa \u00e9l mismo: \u00abYo era el centro del universo, y es claro, de aqu\u00ed\u00ad el terror a la muerte. Llegu\u00e9 a persuadirme de que muerto yo, se acabar\u00ed\u00ada el mundo\u00bb. Qu\u00e9 fascinante el momento aquel en que describe la lucha entre su orgullo y la gracia. Al sentir a \u00e9sta aletear en torno a s\u00ed\u00ad, Unamuno se pregunta y se contesta: \u00abY \u00bfpor qu\u00e9 me ha concedido a m\u00ed\u00ad esta gracia? Sin m\u00e9rito alguno, graciosamente. Y vuelve el condenado orgullo a insinuarme el que he sido un escogido de la gracia, y que por algo lo habr\u00e9 sido. \u00c2\u00a1No, no, no y no! Dios escoge al \u00faltimo para manifestar su gloria. \u00c2\u00a1Dame, Se\u00f1or, fuerzas y luz y gracia para creer esto! \u00c2\u00a1Conc\u00e9deme el que me crea indigno de esa merced, y el que borre de m\u00ed\u00ad toda complacencia!\u00bb&#8216; Pat\u00e9tica p\u00e1gina sobre las luchas del alma unamuniana.<\/p>\n<p>Frente a s\u00ed\u00ad Unamuno tiene a la nada. Siente ante ella el v\u00e9rtigo del abismo, siempre temido pero que fascina. Bien lo proclama este pasaje de su Diario: \u00abEste horror a la nada, \u00bfno es un aviso acaso? \u00bfNo ser\u00ed\u00ada m\u00e1s horrible que la nada una eternidad de soledad, a solas con la propia nada? Puesto que s\u00f3lo en ti has pensado, y a ti s\u00f3lo te has buscado y te has cre\u00ed\u00addo centro del universo&#8230; tendr\u00e1s tu propia nada por eterna compa\u00f1\u00ed\u00ada\u00bb. Mas en estos d\u00ed\u00adas de inspiraci\u00f3n celeste halla la oculta senda para ascender desde el abismo de la nada al encuentro con Dios. En uno de esos momentos en que le atrae el v\u00e9rtigo de la nada, reacciona contra \u00e9l hasta declarar a la nada inconcebible. A tal declaraci\u00f3n sigue este atestado: \u00abY as\u00ed\u00ad se cae en Dios, brotando de la desolaci\u00f3n de la nada. \u00c2\u00a1Nueva creaci\u00f3n, sublime creaci\u00f3n! La creaci\u00f3n de la fe\u00bb&#8216;. \u00bfPor qu\u00e9 M. de Unamuno no mantuvo siempre, apoyado en su Dios, esta ascensi\u00f3n sobre el abismo de la Nada?<br \/>\nEl tercer agente, la gracia de Dios, tuvo una acci\u00f3n constante en aquel retiro de Unamuno. Le place consignarlo en su Diario. M\u00e1s tarde, frente a los te\u00f3logos que le impugnan, definir\u00e1 a la gracia, para acrecer la mutua repulsa: \u00abotra escapatoria tr\u00e1gica\u00bb. En sus d\u00ed\u00adas de Alcal\u00e1 la contempla y la quiere con ingenuidad de ni\u00f1o en limpidez doctrinal. De ella escribe, al comentar la segunda petici\u00f3n del Padre nuestro: \u00abSin tu gracia no podemos llegar al reino de la vida eterna, y \u00bfqu\u00e9 es la gracia m\u00e1s que un llevarnos T\u00fa a \u00e9l?\u00bb<br \/>\nTambi\u00e9n en su ulterior vida borrascosa polemiz\u00f3 con los te\u00f3logos por hacer de Mar\u00ed\u00ada una cuarta persona de la Trinidad. Qu\u00e9 distinto su pensar, cuando ve en Mar\u00ed\u00ada la s\u00ed\u00adntesis de la luz y de la gracia otorgadas por Dios a la humanidad. Un santo Padre de la Iglesia espa\u00f1ola es M. de Unamuno cuando escribe: \u00abLa humanidad ascendiendo a Dios, la simboliza Mar\u00ed\u00ada, ascendiendo a Dios, ayudada de su gracia. Cristo es Dios descendiendo a la humanidad, a Mar\u00ed\u00ada. El canto de la humanidad es el Magnificat, as\u00ed\u00ad como su oraci\u00f3n el Pater noster\u00bb. As\u00ed\u00ad pues; de luz y gracia, de Cristo y Mar\u00ed\u00ada, estaba inundada el alma de Unamuno en aquellos d\u00ed\u00adas de bendici\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 entonces no lleg\u00f3 a un definitivo encuentro con su Dios, si todo le empujaba hacia El? Vayamos por pasos contados. Al final de ellos el lector se dar\u00e1 a s\u00ed\u00ad mismo la respuesta.<\/p>\n<p>III \u00bfEtapas hacia el encuentro con Dios?<br \/>\nEl primer paso de Unamuno en su acercamiento a Dios lo se\u00f1ala aquel su estado de conciencia en que oye una soterrada voz que le incita a convertirse. \u00abAg\u00ed\u00adtanse los hombres mundanos, escribe, en la vanidad de sus esfuerzos y trabajos, para no o\u00ed\u00adr a Dios que nos habla en el reposo de nuestra alma, en la quietud y el silencio\u00bb\u00bb. En la quietud y el silencio del s\u00e1bado santo siente la invitaci\u00f3n, que ha venido a ser lit\u00fargica, del salmo 94, que reza: \u00abHodie si vocem eius audieritis, nolite obdurare torda vestra\u00bb. Unamuno quiso o\u00ed\u00adr la voz de Dios. Hasta le pide que le cure de su orgullo, aun sin nombrarlo, con la virtud que m\u00e1s se le opone, la sencillez: \u00ab\u00c2\u00a1Sencillez, sencillez! Dame, Se\u00f1or, sencillez. Que no represente la comedia de la conversi\u00f3n, ni la haga para espect\u00e1culo, sino para m\u00ed\u00ad\u00bb. Esta plegaria la repite, retocada, otro d\u00ed\u00ada: \u00abLa comedia de la conversi\u00f3n impide la conversi\u00f3n verdadera. Esto es terrible. \u00c2\u00a1Sencillez, Jes\u00fas m\u00ed\u00ado, sencillez!\u00bb<br \/>\nEstos clamores de la conciencia de Unamuno dicen muy alto que iba al encuentro con su Dios. Hasta pudi\u00e9ramos se\u00f1alar el domingo de Resurrecci\u00f3n como el d\u00ed\u00ada del encuentro logrado. En su Diario anota: \u00abAnoche, s\u00e1bado santo, a la hora de los ejercicios lucha interior&#8230; Hoy domingo de resurrecci\u00f3n y yo no he resucitado todav\u00ed\u00ada a la comuni\u00f3n de los santos\u00bb. Todav\u00ed\u00ada por la ma\u00f1ana del fausto domingo no ha habido encuentro. Pero ya por la tarde Unamuno transpira serena satisfacci\u00f3n, cuando atestigua: \u00abCristo ha resucitado en m\u00ed\u00ad, para darme fe en su resurrecci\u00f3n principio de su doctrina de salud&#8230; Dame, Se\u00f1or, absoluta fe y ella ser\u00e1 la prueba de s\u00ed\u00ad misma y de su verdad\u00bb.<\/p>\n<p>Breves p\u00e1ginas despu\u00e9s parece dar un comentario a su encuentro en la fe con estas frases por las que se incita a s\u00ed\u00ad mismo a seguir por esta v\u00ed\u00ada: \u00abHay que renacer. En tantos a\u00f1os no he sentido realmente ser bueno, no he hecho m\u00e1s que pensarlo&#8230; S\u00f3lo Dios es bueno. Pero Cristo nos dice tambi\u00e9n que seamos perfectos como nuestro Padre celestial. Querer ser bueno, y quererlo constante y ardientemente, esforzarnos por serlo; he aqu\u00ed\u00ad nuestra obra. Todo lo dem\u00e1s es obra de la gracia de Dios, que por Cristo nos ha hecho hijos suyos. Unamuno se siente aqu\u00ed\u00ad hijo de Dios. \u00bfNo es esto afirmar haber llegado al abrazo con aquel a quien rezaba en el pueblo: Padre nuestro&#8230;?<br \/>\nY sin embargo, el despliegue del alma de Unamuno ante la nuestra hace ver que el encuentro de \u00e9ste con Dios no fue pleno. Sigui\u00f3 inserto en su mente el malhadado racionalismo que le separ\u00f3 de su Dios. Nos hace ver Unamuno esta tragedia de su conciencia en esta sola frase: \u00abAl rezar reconoc\u00ed\u00ada con el coraz\u00f3n a mi Dios, que con mi raz\u00f3n negaba\u00bb\u00bb. Advi\u00e9rtase, para mejor inteligencia de tan declarante f\u00f3rmula, que aqu\u00ed\u00ad act\u00faa la raz\u00f3n puramente racionalizadora de sus a\u00f1os universitarios, estilo Hegel o estilo Spencer. A esta raz\u00f3n la declara asesina de la vida cuando la impugna desde su irracionalismo vitalista. Pese a todo, en este su retiro espiritual, esta raz\u00f3n razonadora, arrebujada en el \u00faltimo s\u00f3tano de su conciencia -ya saldr\u00e1 a flote m\u00e1s tarde- se empecina en seguir negando a Dios, a lo que a\u00f1ade ahor\u00e1 una sonrisa de mofa a las revividas creencias que tan cerca tiene ante s\u00ed\u00ad Unamuno.<\/p>\n<p>De todo ello concluimos que si el coraz\u00f3n de Unamuno, con todos sus anhelos y deseos, dijo s\u00ed\u00ad, su raz\u00f3n razonadora fue la \u00fanica causa eficaz de que la conversi\u00f3n de Unamuno y su encuentro con Dios no se realizaran en plenitud de sencillez. El lector podr\u00e1 recordar aqu\u00ed\u00ad las conversiones ejemplares de san Agust\u00ed\u00adn o del card. Newman. En ambas se advierte una totalidad de entrega. En primer t\u00e9rmino, de su inteligencia pr\u00f3cer. En Unamuno, por el contrario, la inteligencia, con su raz\u00f3n razonadora, se mantuvo siempre erguida ante el misterio de Dios. Hasta en los mejores momentos del fervor religioso de Unamuno. De aqu\u00ed\u00ad el fracaso parcial, pero muy sustantivo, de este encuentro de Unamuno con el Padre, a quien invoca con celeste lirismo en su comentario al Padre nuestro.<\/p>\n<p>Mas, \u00bfqu\u00e9 efecto tuvo esta crisis religiosa de Unamuno, llamada de la gracia por parte de Dios y respuesta sincera, aunque no total, por parte del mismo Unamuno? Mucho se ha discutido este problema unamuniano. Mi larga reflexi\u00f3n me ha llevado a optar por la opini\u00f3n de quienes piensan que el efecto primario de su crisis religiosa fue su inserci\u00f3n definitiva en el cristianismo. N\u00f3tese que con ello no se dicenada a favor de su ortodoxia. Tan solo se subraya que para Unamuno el tema cristiano vino a ser el centro de su vida.<\/p>\n<p>Esto explica que en los a\u00f1os inmediatos a su crisis de Alcal\u00e1 se entregara al estudio de las grandes cuestiones religiosas. De notar que diera preferencia a los te\u00f3logos protestantes: A. Harnack, A. Rischt, etc&#8230; Esta misma pasi\u00f3n religiosa le llev\u00f3 a leer al pensador dan\u00e9s, S. Kierkegaard, de quien se declara muy significativante, no disc\u00ed\u00adpulo, como a veces se escribe, sino \u00abhermano en la pasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta misma inserci\u00f3n en el cristianismo rezuman las principales obras que escribe despu\u00e9s de la crisis: Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida, La agon\u00ed\u00ada del Cristianismo, etc&#8230; Culmina su sentido religioso en su novela, parcialmente autobiogr\u00e1fica, San Manuel Bueno, M\u00e1rtir. El p\u00e1rroco de Valverde de Lucerna no se cansa de ser bueno, haciendo bondades. Ni de ser m\u00e1rtir, testificando en obras, su fe. Llevaba fervorosamente a la pr\u00e1ctica el lema unamuniano: \u00abCredo quia consolans\u00bb. Y cu\u00e1ntos consuelos imparti\u00f3 la bondad de san Manuel. Sin embargo al cantar con su pueblo el gran himno de la fe y de la consolaci\u00f3n, el Credo, nos cuenta Unamuno que, al llegar a lo de \u00abcreo en la resurrecci\u00f3n de la carne y la vida perdurable\u00bb, \u00abla voz de don Manuel se zambull\u00ed\u00ada, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que \u00e9l se callaba\u00bb. La lectura de las p\u00e1ginas anteriores de la novela explican este cruciante silencio de don Manuel. En verdad, con su coraz\u00f3n cre\u00ed\u00ada creer, pero no cre\u00ed\u00ada. Esta concisa f\u00f3rmula viene a ser cifra y compendio de la larga etapa de la vida de Unamuno despu\u00e9s de su crisis de Alcal\u00e1.<\/p>\n<p>Si en una ulterior demanda preguntara el lector por la contextura de la conciencia de Unamuno en los largos a\u00f1os de su etapa final, le respondo con un pasaje en el que \u00e9l mismo se resume en breves l\u00ed\u00adneas. Se halla en su obra fundamental: Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida. El cap\u00ed\u00adtulo correspondiente lleva este t\u00ed\u00adtulo: En el fondo del abismo. Se trata de su propio abismo, del que da la contextura primaria a su vivir. Pues bien; despu\u00e9s de evocar, una vez m\u00e1s, el contraste y lucha entre el sentimiento vital y la raz\u00f3n razonadora, constata: \u00abMas he aqu\u00ed\u00ad que en el fondo del abismo se encuentran la desesperaci\u00f3n sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente y se abrazan como hermanos. Y va a ser de este abrazo, un abrazo tr\u00e1gico, entra\u00f1adamente amoroso, de donde va a brotar manantial de vida, de una vida seria y terrible\u00bb&#8216;9. Anotemos que en este abrazo tr\u00e1gico, descrito por Unamuno, se halla de por medio Dios, por quien el coraz\u00f3n suspira y a quien la raz\u00f3n declara inexistente.<\/p>\n<p>Este desgarro de raz\u00f3n y coraz\u00f3n hace que escriba estos versos tan doloridos que dirige a su Dios:<br \/>\n\u00abSe\u00f1or, se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 consientes \/ que te nieguen ateos? \/ Por qu\u00e9, Se\u00f1or, no te nos muestras \/ sin velos, sin enga\u00f1os? \/ \u00bfPor qu\u00e9, Se\u00f1or, nos dejas en la duda, \/ duda de muerte? \/ \u00bfPor qu\u00e9 te escondes?&#8230; \/ Una se\u00f1al, Se\u00f1or, una tan solo, \/ una que acabe \/ con todos los ateos de la tierra; \/ una que d\u00e9 sentido a esta sombr\u00ed\u00ada vida que arrastramos\u00bb.<\/p>\n<p>Si ahora, al final, el lector hace la pregunta tan repetida de si Unamuno hall\u00f3 a Dios o no lo hall\u00f3, le remito a estos versos del cierre de su poema religioso, El Cristo de Vel\u00e1zquez:<br \/>\n\u00ab\u00c2\u00a1Dame, \/ Se\u00f1or, que cuando al fin vaya rendido \/ al salir de esta noche tenebrosa, \/ me entre en el claro d\u00ed\u00ada que no acaba. \/ \u00c2\u00a1Mis ojos puestos en tus ojos, Cristo, \/ mi mirada anegada en Ti, Se\u00f1or!\u00bb<br \/>\n[-> Ate\u00ed\u00adsmo; Fe; Filosof\u00ed\u00ada; Hegelianismo; Iglesia; Jesucristo; Mar\u00ed\u00ada; Misterio; Padre; Racionalismo; Religi\u00f3n; Resurrecci\u00f3n.]<br \/>\nEnrique Rivera<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Itinerario hacia el ate\u00ed\u00adsmo.-II. \u00abCrisis religiosa\u00bb.-III. \u00bfEtapas hacia el encuentro con Dios? Desde hace unas d\u00e9cadas se habla en teolog\u00ed\u00ada de un \u00abgiro antropoc\u00e9ntrico\u00bb. Es una \u00faltima manifestaci\u00f3n del rumbo que tom\u00f3 la cultura occidental en los d\u00ed\u00adas del humanismo en su intento progresivo de ir desplazando a Dios para situar en su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/unamuno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abUNAMUNO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16433","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16433","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16433"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16433\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16433"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16433"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16433"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}