{"id":16436,"date":"2016-02-05T10:46:20","date_gmt":"2016-02-05T15:46:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vias-para-la-demostracion-de-la-existencia-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T10:46:20","modified_gmt":"2016-02-05T15:46:20","slug":"vias-para-la-demostracion-de-la-existencia-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vias-para-la-demostracion-de-la-existencia-de-dios\/","title":{"rendered":"VIAS PARA LA DEMOSTRACION DE LA EXISTENCIA DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Demostraci\u00f3n y mostraci\u00f3n de la existencia de Dios.-II. V\u00ed\u00adas de santo Tom\u00e1s como \u00abcaminos\u00bb de acceso a Dios.-III. V\u00ed\u00ada moral de acceso a Dios.-IV. La vida misma como v\u00ed\u00ada de acceso a Dios.<\/p>\n<p>I. Demostraci\u00f3n y mostraci\u00f3n de la existencia de Dios<br \/>\nEl Concilio Vaticano 1(1869-1870), a fin de evitar el sacrificium intellectus, conden\u00f3 el fide\u00ed\u00adsmo de ra\u00ed\u00adz luterana que infravalorando la raz\u00f3n enfatizaba la tradici\u00f3n o se serv\u00ed\u00ada de la fe como \u00fanica v\u00ed\u00ada de acceso posible a Dios. De todos modos se ha solido exagerar el sentido de aquel pronunciamiento c\u00e9lebre conciliar \u00absi alguien afirmara que el \u00fanico y verdadero Dios, nuestro Creador y Se\u00f1or, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la raz\u00f3n humana a trav\u00e9s de las criaturas, sea anatema\u00bb&#8216;, pues la rotundidad de la condena no va contra quienes se dijeran incapaces de realizar una demostraci\u00f3n m\u00e1s o menos matem\u00e1tica de Dios, sino contra quienes negaran la posibilidad, posibilidad por otra parte de conocer a Dios (conocer no quiere decir racionalizar con rigor geom\u00e9trico), y de ah\u00ed\u00ad que la fe por su parte fuera presentada como un obsequium consentaneum u obediencia congruente con la raz\u00f3n, obediencia gratuita aunque en modo alguno superflua.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la cual el Concilio Vaticano II (1962-1965) asumi\u00f3 las tesis del Vaticano 1, pero vino a integrarlas al mismo tiempo en una nueva perspectiva hist\u00f3rica; en el di\u00e1logo con el emergente ate\u00ed\u00adsmo reconoc\u00ed\u00ada que las dificultades f\u00e1cticas del hombre actual para conocer a Dios pon\u00ed\u00adan de relieve que la respuesta a la pregunta por el hombre mismo no vendr\u00ed\u00ada de la seca racionalidad argumentativa, sino a trav\u00e9s de Jesucristo. \u00bfImpl\u00ed\u00adcito fide\u00ed\u00adsmo? No, en modo alguno, m\u00e1s bien reconocimiento de la raz\u00f3n pero tambi\u00e9n de sus l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>Ni siquiera el propio santo Tom\u00e1s tom\u00f3 al parecer la \u00abdemostraci\u00f3n\u00bb de la existencia de Dios en el sentido matem\u00e1tico: \u00abLas v\u00ed\u00adas son pruebas, pero las palabras prueba o demostraci\u00f3n pueden ser mal entendidas. Probar o demostrar es, en la acepci\u00f3n corriente, convertir en evidente lo que lo era de suyo. Pero, por una parte, Dios no se ha hecho evidente por nosotros. El no recibe de nosotros y de nuestros argumentos una evidencia que le faltara, pues la existencia de Dios, que no es inmediatamente evidente para nosotros, es inmediatamente evidente en s\u00ed\u00ad. Por otra parte, lo que nuestros argumentos convierten en evidente para nosotros no es Dios mismo, sino su testimonio contenido en los vestigios, sus signos o sus espejos aqu\u00ed\u00ad abajo. Nuestros argumentos no nos proporcionan la evidencia de la existencia divina misma o del acto de existir que est\u00e1 en Dios y que es Dios mismo -como si se pudiera tener la evidencia de su existencia sin tener la de su esencia. S\u00f3lo dan la evidencia de que la existencia divina debe ser afirmada, o de la verdad de la atribuci\u00f3n del predicado al sujeto en la aserci\u00f3n Dios existe. Resumiendo: Lo que probamos cuando probamos la existencia de Dios es algo que nos sobrepasa infinitamente a nosotros y a nuestras ideas y nuestras pruebas. El procedimiento por el cual la raz\u00f3n demuestra que existe coloca la raz\u00f3n misma en una actitud de adoraci\u00f3n natural y de admiraci\u00f3n inteligente. Y as\u00ed\u00ad las palabras prueba y demostraci\u00f3n, cuando se trata de la existencia de Dios, deben entenderse (y as\u00ed\u00ad se entienden espont\u00e1neamente) con otras resonancias distintas a las del uso corriente, en un sentido no menos fuerte en cuanto a la eficacia racional, pero m\u00e1s modesto en lo que nos concierne, y m\u00e1s reverencial en lo concerniente al objeto. As\u00ed\u00ad las cosas, lo mismo nos da decir prueba o demostraci\u00f3n o v\u00ed\u00ada, pues todas estas palabras son sin\u00f3nimos en el sentido que acabamos de precisar\u00bb.<\/p>\n<p>Ante todo, pues, \u00ablas demostraciones de la existencia de Dios constituyen una llamada racional a la libertad humana y una prueba de la honestidad intelectual de la creencia en Dios\u00bb;. Probablemente nos encontremos entonces con alguna de estas posibilidades:<br \/>\n&#8211; O bien la raz\u00f3n, desde fuera de la fe y contra ella, por abrirse, se muestra incapaz de acceder a una causa primera qued\u00e1ndose en las causas segundas o incluso rechazando todo razonar causal;<br \/>\n&#8211; O bien la raz\u00f3n, desde fuera de la fe, pero no contra ella, alcanza una especie de de\u00ed\u00adsmo epistemol\u00f3gico que no llega a influir en las vidas;<br \/>\n&#8211; O bien la fe con la raz\u00f3n, sin dejar fuera los componentes existenciales, piensa y vive en un Dios que no es solamente primera causa sino primer Amor. De forma que \u00abla apertura del hombre a la transcendencia, m\u00e1s que un hecho de naturaleza o una estructura consolidada en el coraz\u00f3n humano, es una real posibilidad del hombre hacia el misterio, es decir, hacia el Dios viviente, y no el mero resultado de una necesidad natural, de un ciego impulso psicol\u00f3gico, o de una evidencia racional. Supuesta una inclinaci\u00f3n previa de la naturaleza hacia Dios; supuesta la percepci\u00f3n de unos valores enriquecedores de su existencia que \u00e9l detecta en el reconocimiento de Dios; supuesta la reflexi\u00f3n anal\u00ed\u00adtica por parte de la inteligencia que muestra la racionalidad de una simple adhesi\u00f3n y adoraci\u00f3n a Dios; y finalmente aceptado el principio de que el Dios libre que desde siempre se deja sentir en la naturaleza y en la conciencia se puede hacer presente y hablar a trav\u00e9s de una historia y de una persona concreta: supuesto todo esto, el acto de fe como respuesta personal acompa\u00f1ada de una confianza y entrega a Dios es el resultado de una opci\u00f3n de nuestra libertad, en la que los factores anteriores juegan s\u00f3lo una importancia relativa. Muestran que la fe no es imposible, que el acto de creer no ser\u00ed\u00ada irracional. Ahora bien, la aceptaci\u00f3n de la posible revelaci\u00f3n de Dios y la adhesi\u00f3n nuestra a ella mediante la fe, derivan de un acto eminentemente positivo. La existencia creyente se apoya sobre todo en exigencias de orden moral y en decisiones forjadas en aquel reino de la libertad donde la persona pregunta no s\u00f3lo qu\u00e9 puede ser o qu\u00e9 no puede ser, sino donde ella proyecta qu\u00e9 quiere ser y qu\u00e9 est\u00e1 dispuesta a realizar en la historia. Consiguientemente puede el hombre rechazar la aceptaci\u00f3n de la mera posibilidad de que Dios hable; puede violentar esa palabra de Dios si ya la ha recibido en cuanto tal; puede somet\u00e9rsela a sus fines en una divinizaci\u00f3n concreta o en una absolutizaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de s\u00ed\u00ad mismo como se\u00f1or del mundo; puede como resultado de tal divinizaci\u00f3n destruir aquella inicial presencia y palabra de Dios en s\u00ed\u00ad mismo, en cuanto que al frenar su acci\u00f3n y rechazar su benevolencia pierde la claridad sobre s\u00ed\u00ad y la capacidad que tiene de comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo desde \u00e9l. Cuando el hombre no oye esa silente palabra de Dios que es nuestra vida misma, cuando no le espera y no le ama, cuando no le reconoce y no le adora, entonces de hecho carece de \u00f3rgano y de sensibilidad para percibir otra ulterior y nueva palabra de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Con este transfondo, pasemos brevemente a las cl\u00e1sicas cinco v\u00ed\u00adas tomistas.<\/p>\n<p>II. V\u00ed\u00adas de santo Tom\u00e1s como \u00abcaminos\u00bb de acceso a Dios<br \/>\nLa estructura argumental com\u00fan a las cinco v\u00ed\u00adas es la siguiente:<br \/>\na. Punto de partida: Un efecto universal patente en todos los seres, aquello a lo que nadie escapa.<\/p>\n<p>b. Principio de causalidad eficiente: Todo eso es causado.<\/p>\n<p>c. Principio de imposibilidad de un proceso infinito en la causalidad.<\/p>\n<p>d. Existencia de Dios, causa primera.<\/p>\n<p>A) PRIMERA V\u00ed\u008dA: ARGUMENTO DEL MOVIMIENTO (DEL M\u00ed\u201cVIL).<\/p>\n<p>a) Es cierto y consta al sentido que algo se mueve en el mundo.<\/p>\n<p>b) Todo lo que se mueve, por otro se mueve.<br \/>\nEn efecto. 1\u00c2\u00b0 Nada se mueve sino en cuanto est\u00e1 en potencia para aquello a lo que se mueve, y nada mueve sino en cuanto est\u00e1 en acto, pues mover es pasar algo de la potencia al acto. Y nada puede pasar de la potencia al acto si no es por alg\u00fan ente en acto, del mismo modo que lo c\u00e1lido en acto, como el fuego, convierte al le\u00f1o, c\u00e1lido en potencia, en c\u00e1lido en acto, y por eso lo mueve y altera. 2\u00c2\u00b0 Mas no cabe que algo est\u00e9 a la vez y bajo el mismo aspecto en acto y en potencia. 3\u00c2\u00b0 En consecuencia es imposible que algo sea bajo el mismo aspecto y a la vez motor y movido, es decir, que se mueva a s\u00ed\u00ad mismo. 4\u00c2\u00b0 Luego es menester que cuanto se mueve sea movido por otro.<\/p>\n<p>c) Si, pues, aquello por lo que se mueve es tambi\u00e9n movido, es necesario que se mueva por otro, y \u00e9ste por otro, mas resulta imposible en tal sentido proceder hasta el infinito.<br \/>\nPorque entonces no existir\u00ed\u00ada un primer motor, y por ende ning\u00fan otro, toda vez que los motores segundos s\u00f3lo mueven en cuanto son movidos por el motor primero.<\/p>\n<p>d) Luego es necesario concluir en un primer motor que no se mueva, y a esto lo denominamos Dios.<\/p>\n<p>B) SEGUNDA V\u00ed\u008dA: ARGUMENTO DE LA CAUSA EFICIENTE (DEL MOTOR).<\/p>\n<p>Resumamos tambi\u00e9n esta segunda v\u00ed\u00ada:<br \/>\na) Encontramos en las cosas sensibles un orden de causas eficientes.<\/p>\n<p>b) No se encuentra, empero, ni es posible, algo que sea causa eficiente de s\u00ed\u00ad mismo, pues precisar\u00ed\u00ada ser anterior a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>c) Mas resulta imposible proceder al infinito en la serie de causas eficientes.<\/p>\n<p>1. Porque en las causas eficientes ordenadas la primera es causa de la intermedia, y \u00e9sta de la \u00faltima, ya sean las intermedias una o varias. Y como sin causa no hay efecto, si no existiera una primera de las causas eficientes, tampoco la \u00faltima ni las intermedias.<\/p>\n<p>2. Pero si se procediera al infinito en la serie de causas eficientes, entonces no existir\u00ed\u00ada una causa primera eficiente, y de ese modo tampoco efecto \u00faltimo ni causas eficientes intermedias, lo que es falso.<\/p>\n<p>d) Luego es necesaria una primera causa eficiente, que denominamos Dios.<\/p>\n<p>C) TERCERA V\u00ed\u008dA: ARGUMENTO DE LA CONTINGENCIA (DE LA LIMITACI\u00ed\u201cN EN LA DURACI\u00ed\u201cN).<\/p>\n<p>a) Encontramos ciertas cosas posibles de ser y de no ser, a saber, todas aquellas que se engendran y corrompen.<br \/>\nb) Si, pues, todas las cosas son posibles de no ser, alguna vez nada existi\u00f3. Pero entonces tampoco existir\u00ed\u00ada nada ahora, porque lo que no es no empieza a ser sino por algo que es. Y si nada existi\u00f3 fue imposible que algo empezase a ser, y de este modo nada existir\u00ed\u00ada, lo que es falso.<\/p>\n<p>c) Luego no todos los entes son meramente posibles, sino que debe existir alg\u00fan ente necesario.<\/p>\n<p>d) Todo ente necesario, empero, o no tiene causa de su necesidad, o la tiene en otro.<\/p>\n<p>e) Mas no es posible proceder al infinito en los seres necesarios que tienen causa de su necesidad.<\/p>\n<p>f) Luego ha de existir necesariamente alg\u00fan ser per se necesario que no tenga causa de la necesidad ajena, al que denominamos Dios<\/p>\n<p>D) CUARTA V\u00ed\u008dA: ARGUMENTO DE LOS GRADOS DE SER (DE LA PARTICIPACI\u00ed\u201cN).<\/p>\n<p>a) Se encuentra en las cosas algo m\u00e1s o menos bueno, m\u00e1s o menos verdadero, m\u00e1s o menos noble, y as\u00ed\u00ad de otras perfecciones semejantes.<\/p>\n<p>b) Pero el m\u00e1s y el menos se dicen de diversas cosas, seg\u00fan que se aproximen de diverso modo a algo que es m\u00e1ximamente, como es m\u00e1s c\u00e1lido lo que m\u00e1s se aproxima a los m\u00e1ximamente c\u00e1lido.<\/p>\n<p>c) Existe, por tanto, algo que es ver\u00ed\u00adsimo, y \u00f3ptimo, y nobil\u00ed\u00adsimo y, por consiguiente, m\u00e1ximamente ente, pues las cosas que son m\u00e1ximamente verdaderas son m\u00e1ximamente entes.<\/p>\n<p>d) Mas lo que se dice m\u00e1ximamente tal en alg\u00fan g\u00e9nero es causa de todos los que est\u00e1n en aquel g\u00e9nero; como el fuego, que es m\u00e1ximamente c\u00e1lido, es causa de todos los c\u00e1lidos.<\/p>\n<p>e) Existe, por tanto, algo que es causa del ser y de la bondad y de cualquier otra perfecci\u00f3n en todas las cosas. Y a este ser le llamamos Dios.<\/p>\n<p>E) QUINTA VIA: ARGUMENTO DE LA FINALIDAD (TELEOLOGICO).<\/p>\n<p>a) Vemos que los seres carentes de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin;<br \/>\n1\u00c2\u00b0 pues siempre o frecuentemente obran del mismo modo para alcanzar lo mejor,<br \/>\n2\u00c2\u00b0 de donde no por azar, sino seg\u00fan intenci\u00f3n, llegan al fin.<\/p>\n<p>b) Pero los seres carentes de conocimiento no tienden a un fin, sino dirigidos por alg\u00fan ser cognoscente e inteligente, como la flecha es dirigida por el arquero.<\/p>\n<p>c) Pero en la serie de seres inteligentes directores que a su vez son dirigidos y ordenados no se puede proceder al infinito.<\/p>\n<p>d) Luego existe un ser inteligente por el cual todas las cosas naturales se ordenan a su fin, y a ese ser le llamamos Dios.<\/p>\n<p>III. V\u00ed\u00ada moral de acceso a Dios<br \/>\nConocida es la cr\u00ed\u00adtica kantiana a la argumentaci\u00f3n cosmol\u00f3gica del tomismo. La \u00fanica posibilidad de acceso a Dios no es para Kant la v\u00ed\u00ada especulativa, sino la moral; no se determina en relaci\u00f3n con la naturaleza, sino con el inter\u00e9s moral del hombre, un hombre que no dice \u00abes moralmente cierto que existe Dios, si no tengo certeza moral\u00bb.<\/p>\n<p>El supremo bien es el objeto necesario de la voluntad, es decir, debemos realizar el sumo bien. Pero la condici\u00f3n de posibilidad de tal realizaci\u00f3n es la existencia de Dios como causa moral del mundo. Ese concepto de Dios entendido como causa moral se presenta como la condici\u00f3n de posibilidad del juicio pr\u00e1ctico sint\u00e9tico a priori que ordena fomentar el bien supremo, y por consiguiente \u00abtenemos que admitir una causa moral del mundo para proponernos un fin \u00faltimo conforme a la ley moral, y tan necesario como ese fin es admitir lo primero (en el mismo grado y por el mismo motivo), a saber, que hay un Dios\u00bb\u00bb. Es preciso, pues, que el agente categ\u00f3rico de buena voluntad reconozca que Dios existe, lo cual constituye el postulado fundamental de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (junto a la existencia de la libertad y de la inmortalidad del alma).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo, se pregunta Kant, una buena voluntad obrando categ\u00f3ricamente, es decir, de tal modo que esa su actuaci\u00f3n resultara mod\u00e9lica para todos, c\u00f3mo una buena voluntad semejante no se ver\u00ed\u00ada recompensada eternamente? Para conceder eternamente tal recompensa que respalde un buen obrar debe existir necesariamente Dios. \u00bfC\u00f3mo iba a morir y no gozar tras la muerte aquel que se ha comportado con el pr\u00f3jimo como consigo mismo, aquel que ha tomado al pr\u00f3jimo como fin en s\u00ed\u00ad mismo y nunca como medio? Hombre que se comporta por el poder moral de la voluntad buena y no por la recompensa merece que Dios exista. Si el hombre no fuera libre, si tras su muerte desapareciese, y si Dios no existiera, carecer\u00ed\u00ada totalmente de sentido el obrar moral.<\/p>\n<p>Al obrar moralmente, el hombre descubre en su interior la necesidad de un Dios que inspire tal actuar, que no puede venir sugerido por las meras leyes mundanas. Esto conllevar\u00ed\u00ada a la vez \u00abque el hombre reconoce en s\u00ed\u00ad algo de divino coherentemente con el hecho de que \u00e9l es, en definitiva, quien es capaz de afirmar a Dios; y que el hombre reconoce a Dios como una realidad a la que no puede pensar de tal manera transcendente que no la piense por ello inmanente a su propia humanidad\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo mismo, y en sentido contrario, aquella persona que no est\u00e9 comprometida vitalmente con una actuaci\u00f3n moral de buena voluntad, esa persona actuar\u00e1 como si Dios no existiera. Y entonces esa persona en cuesti\u00f3n se degradar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>IV. La vida misma como v\u00ed\u00ada de acceso a Dios<br \/>\nA diferencia de los animales, que cuando dejan de ser adultos abandonan el curioseo, distan los humanos de instalarse en su contingencia, pudi\u00e9ndose decir que su esencia no coincide con su existencia (existe sin llegar a ser nunca lo que quiere ser); s\u00f3lo en los seres inertes se produce la identidad de esencia y sentido, en ausencia de \u00e9ste. Empero, el sentido del actuar humano queda allende los actos concretos que articulan eso que, lejos de reducirse a mero sumatorio de actos separados, denominamos \u00abexistencia\u00bb. La gram\u00e1tica de nuestros actos excede siempre a la sintaxis de sus contingencias, porque el hombre sobrepasa al hombre.<\/p>\n<p>Tan complejo e interminable es el ser humano, que ignora el para s\u00ed\u00ad mismo siempre precario descanso: Somos de tal manera, que somos porque no somos. No carec\u00ed\u00ada, pues, Nietzsche de olfato rotulando al hombre como gran promesa, tensi\u00f3n y esperanza, gran ni\u00f1o. Nuestra desinstalaci\u00f3n es tal, de la cuna a la tumba, que el mismo Freud descubri\u00f3 en el sentimiento de naufragio oce\u00e1nico lo m\u00e1s peculiar de la especie humana. Desfondados, nost\u00e1lgicos, mendicantes siempre, y no s\u00f3lo en las situaciones l\u00ed\u00admites, nada tan humano como la vulnerabilidad.<\/p>\n<p>Seg\u00fan African Spir el mundo es una decepci\u00f3n sistem\u00e1tica, y el hombre un extra\u00f1o para s\u00ed\u00ad mismo. Por eso la vida diaria, de una u otra forma, incluso en quienes lo niegan obstinadamente, es una insegura b\u00fasqueda, un anhelo de felicidad, una tensi\u00f3n de perseverancia, una b\u00fasqueda de la luz que nos llega aunque sea tenuemente, como dijera Unamuno: \u00abEl universo visible, el que es hijo del instinto de conservaci\u00f3n, me viene estrecho, es una jaula que me resulta chica y contra cuyos barrotes da en sus revuelos mi alma; f\u00e1ltame en \u00e9l aire que respirar&#8230; Seg\u00fan te adentras en ti mismo y en ti mismo ahondas, vas descubriendo tu propia inanidad, que no eres, en fin, m\u00e1s que nonada. Y al tocar tu propia nader\u00ed\u00ada, al no sentir tu fondo permanente, al no llegar a tu propia infinitud, ni menos a tu propia eternidad, te compadeces de todo coraz\u00f3n a ti propio, y te encierras en doloroso amor a ti mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s de Kempis, evocando los antojos del Exodo, sentencia: \u00ab\u00bfPiensas te hartar? Pues cree que no lo alcanzar\u00e1s\u00bb. Esperanza somos, en efecto, de absoluto, y por eso mismo \u00abla m\u00e1s atroz injusticia que se puede cometer con un hombre es despojarlo de su esperanza. \u00abAbandonad toda esperanza\u00bb dice el cartel de la puerta del infierno de Dante\u00bb.<\/p>\n<p>Como se\u00f1al\u00f3 Karl Jaspers, \u00absi suprimo algo que es absoluto para m\u00ed\u00ad, autom\u00e1ticamente otro absoluto ocupa su puesto; la conciencia humana no puede por menos de afirmar algo absoluto, aun cuando no quiera. Hay, por as\u00ed\u00ad decir, un lugar inevitable de lo absoluto para m\u00ed\u00ad\u00bb. Mas una esperanza sin respaldo ser\u00ed\u00ada quiz\u00e1 un buen desayuno, pero una mala cena, pues la esperanza que no fuese m\u00e1s que una aspiraci\u00f3n sin cumplimiento terminar\u00ed\u00ada convirti\u00e9ndose en un suplicio: \u00abs\u00f3lo la esperanza que sobrevive frente al enigma y se afirma descifr\u00e1ndolo es la que llena la conciencia y la informa, la que rescata tambi\u00e9n a la conciencia de su enemistad con la vida, transformando su fr\u00ed\u00ada claridad en luz viviente\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos, pues, resumir con G\u00f3mez Caffarena diciendo que \u00abel humanismo integral se abre a la Transcendencia. La Transcendencia pide un humanismo integral\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad las cosas, a la infinitizaci\u00f3n camina el ser humano por la cotidiana confianza, que es la confianza del s\u00ed\u00ad a Dios frente a la desconfianza del absurdo del no. Los hombres pueden morir sin angustia si saben que aquello que aman queda a salvo de la nostalgia y del olvido. Necesitamos confiar, y eso es de tal modo, que aunque muchos agn\u00f3sticos lo nieguen, ellos conf\u00ed\u00adan en personas, instituciones, costumbres, etc., solo que su confianza es de tono menor, porque no transciende, no va m\u00e1s all\u00e1 de la inmanencia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad las cosas, \u00abel hombre, oponi\u00e9ndose al nihilismo, pronuncia y mantiene un s\u00ed\u00ad fundamental ante la realidad, un s\u00ed\u00ad ante la identidad, el sentido, y el valor de esa misma realidad, un s\u00ed\u00ad que abarca la racionalidad fundamental de la raz\u00f3n humana. Esta confianza de fondo en la identidad, en el sentido y valor de la realidad, en la racionalidad fundamental de la raz\u00f3n humana, s\u00f3lo puede estar fundada si todo eso, por su parte, no carece de fundamento, soporte, y meta, sino que est\u00e1 basado en un origen, un sentido, y un valor radicales: En esa realidad real\u00ed\u00adsima que llamamos Dios. La confianza carece de fundamento sin confianza en Dios, sin fe en Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos decirlo de otra manera: \u00abSi Dios existiera, yo podr\u00ed\u00ada afirmar fundadamente la unidad e identidad de mi existencia humana frente a la amenaza del destino y de la muerte: Dios ser\u00ed\u00ada el fundamento primero de mi vida. Si Dios existiera, yo podr\u00ed\u00ada afirmar fundadamente la verdad y el sentido de mi existencia frente a la amenaza del vac\u00ed\u00ado y del absurdo: Dios ser\u00ed\u00ada el sentido \u00faltimo de mi vida. Si Dios existiera, yo podr\u00ed\u00ada afirmar fundadamente la bondad y la validez de mi existencia frente a la amenaza de la culpa y de la condenaci\u00f3n: Dios ser\u00ed\u00ada la esperanza integral de mi vida. Si Dios existiera, yo podr\u00ed\u00ada afirmar fundada y confiadamente el ser de mi existencia humana frente a toda amenaza de la nada: Dios ser\u00ed\u00ada el ser mismo de mi vida de hombre. Tambi\u00e9n esa hip\u00f3tesis es susceptible de una precisi\u00f3n en sentido negativo: si Dios existiera se entender\u00ed\u00ada por qu\u00e9 la unidad e identidad, la verdad y el significado, la bondad y el valor de la existencia humana est\u00e1n continuamente amenazados por el destino y la muerte, el vac\u00ed\u00ado y el absurdo, la culpa y la condenaci\u00f3n: Por qu\u00e9 el sentido de mi vida, en fin, nunca deja de estar amenazado por la nada. Y como siempre, la respuesta fundamental ser\u00ed\u00ada la misma: Porque el hombre no es Dios, porque mi yo humano no puede identificarse con su fundamento\u00bb.<\/p>\n<p>Dios aparece, pues, como el de d\u00f3nde de mi \u00abyo debo\u00bb y de mi \u00abyo puedo\u00bb, toda vez que una fundamentaci\u00f3n puramente antropoc\u00e9ntrica, o bien sit\u00faa el fundamento en los otros hombres y entonces transfiere el problema de la fundamentaci\u00f3n a otros relativos sin resolver la cuesti\u00f3n del absoluto, o bien lo sit\u00faa en s\u00ed\u00ad mismo, lo que resulta de todo punto insuficiente en orden a fundamentar la incondicionalidad del deber. Por eso volvemos a citar a Hans K\u00fcng: \u00abHay algo que el ateo no puede hacer, aun cuando acepte normas morales absolutas, a saber, fundamentar la incondicionalidad del deber. Existen, sin duda, numerosas urgencias y exigencias humanas que pueden servir de base a derechos, obligaciones y preceptos, a normas en suma. Pero \u00bfpor qu\u00e9 tengo yo que observar incondicionalmente esas normas? Verdad es que todo hombre tiene que realizar su propia naturaleza, pero esto puede servir tambi\u00e9n de justificaci\u00f3n al propio ego\u00ed\u00adsmo y al de los otros y, por tanto, no puede justificar una norma objetiva universal. Adem\u00e1s, una naturaleza humana normativa universal, situada por encima de m\u00ed\u00ad y de los otros, es una abstracci\u00f3n semejante a la idea de humanidad incluso declarada como fin en s\u00ed\u00ad misma. \u00bfC\u00f3mo puede obligarme incondicionalmente a algo una naturaleza tan absolutizada y abstracta? \u00bfPor qu\u00e9 un tirano, un criminal, un grupo, una naci\u00f3n o un bloque de potencias no han de poder actuar contra la humanidad, si eso favoreciera sus intereses? La incondicionalidad de la exigencia \u00e9tica, la incondicionalidad del deber, s\u00f3lo puede ser fundamentada por un incondicionado, por un absoluto capaz de comunicar un sentido transcendente e incapaz de identificarse con el hombre como individuo, como naturaleza, o como sociedad humana, s\u00f3lo puede ser fundamentada por Dios mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Si se prefiere decir con Horkheimer, \u00ablos conceptos de bueno y malo, por ejemplo el concepto de honradez y toda una serie de ideas que de momento a\u00fan tienen valor, no se pueden separar por completo de la teolog\u00ed\u00ada\u00bb. Palabras que, para provenir de un agn\u00f3stico, no son irrelevantes.<\/p>\n<p>Sigmund Freud por su parte, en carta a James Putnam, subraya que \u00e9l mismo cuando ha actuado filantr\u00f3picamente no ha sabido decir por qu\u00e9, en la medida en que le faltaba abrirse a la Transcendencia: \u00abCuando me pregunto por qu\u00e9 me he esforzado siempre honradamente por ser indulgente y, en lo posible, bondadoso con los dem\u00e1s y por qu\u00e9 no ces\u00e9 de hacerlo cuando advert\u00ed\u00ad que tal actitud causa perjuicios a uno y le convierte en blanco de los golpes, dado que los otros son brutales y poco de fiar, no encuentro una respuesta\u00bb. En otro lugar escribe: \u00abAdoptemos ante el precepto amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo una actitud ingenua, como si lo oy\u00e9semos por vez primera: Entonces no podremos contener un sentimiento de asombro y de extra\u00f1eza. \u00bfPor qu\u00e9 tendr\u00ed\u00adamos que hacerlo? Mi amor es para m\u00ed\u00ad algo muy precioso que no tengo derecho a derrochar insensatamente. Me impone obligaciones que no estoy dispuesto a cumplir con sacrificios. Si amo a alguien, es preciso que \u00e9ste lo merezca por cualquier t\u00ed\u00adtulo. Merecer\u00ed\u00ada \u00e9l mi amor si fuese m\u00e1s perfecto de lo que yo soy, de tal manera que pudiera amar en \u00e9l al ideal de mi propia persona; deber\u00ed\u00ada amarlo si fuera el hijo de mi amigo, pues el dolor de \u00e9ste, si alg\u00fan mal le sucediera, tambi\u00e9n ser\u00ed\u00ada mi dolor, yo tendr\u00ed\u00ada que compartirlo. En cambio, si me fuera extra\u00f1o y no me atrajese ninguno de sus propios valores, entonces me ser\u00ed\u00ada muy dif\u00ed\u00adcil amarle. Hasta ser\u00ed\u00ada injusto si le amara, pues los m\u00ed\u00ados aprecian mi amor como una demostraci\u00f3n de preferencia, y les har\u00ed\u00ada injusticia si les equiparase con un extra\u00f1o. Pero si he de amarle con ese amor general por todo el universo, simplemente porque tambi\u00e9n \u00e9l es una criatura de este mundo, entonces me temo que s\u00f3lo le corresponda una \u00ed\u00adnfima parte de mi amor, de ning\u00fan modo tanto como la raz\u00f3n me autoriza a guardar para m\u00ed\u00ad mismo. \u00bfA qu\u00e9 viene entonces tan solemne presentaci\u00f3n de un precepto que razonablemente nadie puede aconsejarme cumplir? Examin\u00e1ndole m\u00e1s de cerca encuentro nuevas dificultades. Ese ser extra\u00f1o no s\u00f3lo es en general indigno de mi amor, sino que -para confesarlo sinceramente-merece mucho m\u00e1s mi hostilidad y hasta mi odio. No parece alimentar el m\u00ed\u00adnimo amor por mi persona; no me demuestra la menor consideraci\u00f3n. Siempre que le sea de alguna utilidad no vacilar\u00e1 en perjudicarme, y ni siquiera me preguntar\u00e1 si la cuant\u00ed\u00ada de su provecho corresponde a la magnitud del perjuicio que me ocasiona. M\u00e1s a\u00fan: ni siquiera es necesario que de ello derive un provecho; le bastar\u00e1 el menor placer para que no tenga escr\u00fapulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poder\u00ed\u00ado sobre mi persona, y cuanto m\u00e1s seguro se sienta, cuanto m\u00e1s inerme yo me encuentre, tanto m\u00e1s seguramente puedo esperar de \u00e9l esa actitud para conmigo. Si se condujera de otro modo, si me demostrase consideraci\u00f3n y respeto, a pesar de serle yo un ser extra\u00f1o, estar\u00ed\u00ada por mi parte dispuesto a retribu\u00ed\u00adrselo de manera an\u00e1loga, aunque no me obligara precepto alguno. A\u00fan m\u00e1s: si ese grandilocuente mandamiento rezara \u00ab\u00c2\u00a1Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como el pr\u00f3jimo te ama a ti!\u00bb, nada tendr\u00ed\u00ada yo que objetar. Existe un segundo mandamiento que me parece a\u00fan m\u00e1s inconcebible, y que despierta en m\u00ed\u00ad una resistencia a\u00fan m\u00e1s violenta: Amar\u00e1s a tus enemigos\u00bb. (Sigmund Freud. El malestar en la cultura, Alianza, Madrid)<br \/>\nComo se ve, aun entre los agn\u00f3sticos que se esfuerzan por dar sentido \u00faltimo a la existencia, aun entre ellos no existe la posibilidad de sobrepasar la ley del tali\u00f3n, el ojo por ojo y diente por diente; cualquier otra pretendida ampliaci\u00f3n agn\u00f3stica m\u00e1s all\u00e1 de esa ley del tali\u00f3n no puede darse all\u00ed\u00ad. Y cuando eso es as\u00ed\u00ad, entonces el absurdo acecha al menor giro del sujeto, a la menor volubilidad, al m\u00e1s peque\u00f1o cambio de las circunstancias de un sujeto librado a sus propias y solas fuerzas. Dicho de otro modo: para dar raz\u00f3n fundante y permanente del amor hay que abrirse a la Transcendencia, y aceptar la gratuidad de su presencia en el hombre.<\/p>\n<p>En definitiva, y como ya dijera Franz Brentano, \u00abindudablemente sigue habiendo muchas cosas oscuras para el que admite la existencia de Dios, pero menos, sin duda, que para el ateo, en el cual a la oscuridad se sobrea\u00f1ade el absurdo de que est\u00e1 afectada su teor\u00ed\u00ada. Pero s\u00f3lo el absurdo es inadmisible, mientras que la oscuridad ha de ser esperada de antemano para un entendimiento como el nuestro\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Si quien admite a Dios rechaza el absurdo, quien opta infundadamente por algo sin coherencia acepta el absurdo, lo cual es absurdo obviamente. Y entonces el no a Dios significa una confianza radical \u00faltimamente infundada en la realidad, pues el ate\u00ed\u00adsmo no puede arg\u00fcir en favor de una condici\u00f3n de posibilidad de una realidad tan problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>En ese contexto, en efecto, \u00abno habr\u00ed\u00ada raz\u00f3n para escoger el amor al pr\u00f3jimo (la solidaridad, el rebasamiento de los sistemas individualistas que sacrifican a la colectividad en favor de una minor\u00ed\u00ada privilegiada) en un mundo sin providencia, sin su Ser absoluto que sea fondo y plasmaci\u00f3n m\u00e1xima de los valores y gobierne, con un prop\u00f3sito sabio y bueno, la marcha del universo. En un mundo sin providencia todo ser\u00ed\u00ada indiferente y, al menos en \u00faltima instancia, porque s\u00ed\u00ad. Ser\u00ed\u00ada el mundo sartriano de un Roquentin o el mundo guideano de un Lafcadio. En el mejor de los casos ser\u00ed\u00ada el mundo camusiano de un Rieux, que escoge, quijotescamente, un rumbo solidario y abnegado, pero sin nada que sustente y garantice tal acci\u00f3n d\u00e1ndole una perspectiva de esperanza y de \u00e9xito, puesto que se inscribe en el transfondo de una realidad absurda, y en la que reinan y seguir\u00e1n reinando el fracaso y el dolor\u00bb.<\/p>\n<p>Y ese fracaso adquirir\u00ed\u00ada forma de tragedia final con la muerte, por triunfante que fuere la vida vivida, si termin\u00e1ramos en el pudridero:<br \/>\n\u00abO el hombre es un valor absoluto y, como tal, irreductible a la nada, o la muerte significa la victoria de la nada misma, y entonces se impone inexorablemente la l\u00f3gica de la arbitrariedad, el voluntarismo subjetivista\u00bb24; \u00absi el hombre es un ente an\u00f3nimo, puro numeral de su especie, cuando un hombre muere, nadie podr\u00e1 decir que ha muerto alguien; la muerte de ese ser ser\u00ed\u00ada algo tan an\u00f3nimo e innombrable como \u00e9l mismo; ah\u00ed\u00ad no ha pasado nada. La muerte de lo desprovisto de nombre y significaci\u00f3n es, a la par, insignificante. La cosa cambia si muere una singularidad determinada (y en cuanto tal preciosa en s\u00ed\u00ad misma)\u00bb. \u00abY una muerte incomprensible que planea amenazadora sobre el entero itinerario de la vida convierte a \u00e9ste en un itinerario sin sentido\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQueridos, am\u00e9monos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo elque ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifest\u00f3 el amor que Dios nos tiene: en que Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00e9l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos am\u00f3 de esta manera, tambi\u00e9n nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud\u00bb (1 Jn 4, 7-12).<\/p>\n<p>\u00abY nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos cre\u00ed\u00addo en \u00e9l. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 16).<\/p>\n<p>\u00abNo hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque El nos am\u00f3 primero. Si alguno dice: \u00abAmo a Dios\u00bb, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de \u00e9l este mandamiento: quien ama a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano\u00bb (1 Jn 4, 18-21).<\/p>\n<p>[-> Absoluto; Agnosticismo; Amor; Ate\u00ed\u00adsmo Atributos; Concilios; Esperanza; Fe; Jesucristo; Revelaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada; Tom\u00e1s de Aquino; Transcendencia; Vaticano II ]<br \/>\nCarlos D\u00ed\u00adaz<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Demostraci\u00f3n y mostraci\u00f3n de la existencia de Dios.-II. V\u00ed\u00adas de santo Tom\u00e1s como \u00abcaminos\u00bb de acceso a Dios.-III. V\u00ed\u00ada moral de acceso a Dios.-IV. La vida misma como v\u00ed\u00ada de acceso a Dios. I. Demostraci\u00f3n y mostraci\u00f3n de la existencia de Dios El Concilio Vaticano 1(1869-1870), a fin de evitar el sacrificium intellectus, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vias-para-la-demostracion-de-la-existencia-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIAS PARA LA DEMOSTRACION DE LA EXISTENCIA DE DIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16436","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16436","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16436"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16436\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16436"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16436"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16436"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}