{"id":16439,"date":"2016-02-05T10:46:25","date_gmt":"2016-02-05T15:46:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-de-fe\/"},"modified":"2016-02-05T10:46:25","modified_gmt":"2016-02-05T15:46:25","slug":"acto-de-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-de-fe\/","title":{"rendered":"ACTO DE FE"},"content":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la tradici\u00f3n tomista, el acto de fe est\u00e1 determinado por el objeto en que se cree: Actus tidei specificatur ab objecto. En esta explicaci\u00f3n intervienen diversos elementos que pueden condensarse en dos factores: el objeto en que se cree y la persona que realiza el acto de creer. Por lo que ata\u00f1e al primer aspecto, se trata de algo esencial, va que califica a las cualidades y a la intensidad de la persona que quiere creer. Desde el Antiguo Testamento, el acto de fe se ve esencialmente como un abandono en las manos de Dios. El Dios que act\u00faa en la historia del pueblo y que muestra los signos de su presencia es el Dios a quien nos entregamos porque s\u00f3lo en \u00e9l vemos la salvaci\u00f3n. Es lo que ocurre con Abrah\u00e1n, que al sentirse llamado por Dios lo deja todo y le sigue (Gn 12,1-4); con Mois\u00e9s, que es enviado a liberar al pueblo (Ex 3,1 -20); con todos los profetas que reciben la misi\u00f3n de anunciar su palabra al pueblo, pero tambi\u00e9n con cada una de las personas que acogen a Dios en los diversos momentos de su vida (Dt 6.20-24). El acto de fe para el israelita no es un momento ocasional o espor\u00e1dico; al contrario, toca a la existencia cotidiana y determina su sentido y su orientaci\u00f3n.<\/p>\n<p>       Para el Nuevo Testamento, la fe se da en la persona de Jes\u00fas de Nazaret, en quien se cree como el enviado del Padre, confiando en su palabra porque es la palabra misma de Dios; en efecto, lo que \u00e9l dice o hace, lo ha o\u00ed\u00addo y visto en el Padre (Jn 5.36; 8,26). El acontecimiento pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or ser\u00e1 el objeto peculiar de la fe (1 Cor 15.1 &#8211; 1 1), ya que en este misterio Dios se revela plenamente a s\u00ed\u00ad mismo. De todas formas, nadie puede realizar este acto de fe si Dios no lo llama antes a s\u00ed\u00ad mismo y lo atrae con su amor (1 Jn 4,10; Jn 12,32). El contenido de la fe no puede quedar escondido, sino que ha de ser anunciado a todos y en todo tiempo, para que a cada uno se le d\u00e9 la posibilidad de la salvaci\u00f3n (Mt 28,19. Col 1,46). La teolog\u00ed\u00ada paulina subraya que llegamos a la fe porque escuchamos y acogemos la palabra que se nos anuncia: fides ex auditu (Rom 10,17).<\/p>\n<p>       A partir de la teolog\u00ed\u00ada medieval se ha recuperado una formulaci\u00f3n afortunada de la tradici\u00f3n agustiniana, que permite sintetizar la complejidad del acto de fe en torno a tres dimensiones: credere Deo, credere Deum, credere in Deum. Con credere Deo se intenta expresar la confianza plena, ya que es Dios mismo el que se revela y garantiza la verdad que revela. Con credere Deum se cualifica el objeto de la fe, a saber, a Dios mismo en su vida interpersonal y el misterio de su revelaci\u00f3n. Con credere in Deum se quiere explicitar la relaci\u00f3n interpersonal y de amor que se da entre Dios y el creyente; es una relaci\u00f3n din\u00e1mica y tensa hacia su cumplimiento definitivo en la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>       Por lo que se refiere a la persona que cree, hay que se\u00f1alar algunos datos interesantes en el aspecto teol\u00f3gico. El primero, que el acto de fe es posible s\u00f3lo a partir de la gracia que permite entrar en comunicaci\u00f3n con Dios y recibir al mismo tiempo los acontecimientos de la revelaci\u00f3n como acontecimientos salv\u00ed\u00adficos. Pero la persona tiene que conocer estos acontecimientos como condici\u00f3n previa para un acto de fe que pueda ser personal. En este momento interviene la relaci\u00f3n entre la fe y el conocer, que se ha explicitado desde siempre a partir de la Escritura. \u00abConocer que Yahveh es Dios\u00bb (1s 43,10) puede tomarse como el leitmotiv de todo el Antiguo Testamento, para indicar que el creer es una forma de conocimiento; especialmente la teolog\u00ed\u00ada de Juan y la de Pablo recuperan esta dimensi\u00f3n, insistiendo en el hecho de que creer es un conocer y un saber tan verdadero y real que, si as\u00ed\u00ad no fuera, se vendr\u00ed\u00ada abajo la misma fe (cf Jn 6,69. 10,38; 14,20; Rom 6,8; 2 Cor 5,1). Se dan en la persona diversas formas de conocimiento mediante las cuales cada uno se explicita a s\u00ed\u00ad mismo en su encuentro con la realidad. Cuando nos encontramos con el misterio de una persona -ya que nadie podr\u00e1 descubrir nunca su propia realidad ni la realidad del otro fuera de esta perspectiva-, entonces la forma de conocimiento m\u00e1s coherente, capaz de comprender la globalidad de este contenido, viene dada por la fe. Proviene del misterio mismo como forma que es capaz de expresarlo y comprenderlo.<\/p>\n<p>       La fe en la persona de Jes\u00fas supone por parte de los creyentes la realizaci\u00f3n de un acto que sea en s\u00ed\u00ad mismo plenamente libre, aunque inserto en el interior de la acci\u00f3n de la gracia. La libertad de este acto es posible si responde a una doble exigencia: que corresponda a la verdad y que abra al sentido \u00faltimo de la existencia. Respecto a la verdad, el creyente la ve realizada en la persona de Jes\u00fas de Nazaret, que dijo que era la verdad (Jn 1,14.17; 14,6); \u00e9l mismo se convierte en su garant\u00ed\u00ada y no necesita que nadie d\u00e9 testimonio en su favor, excepto el Padre, ya que la fe requiere la aceptaci\u00f3n plena de su persona. Pero en \u00e9l, la verdad entra en la historia; por primera y \u00fanica vez, Dios se revela asumiendo la historia como lugar donde expresarse a s\u00ed\u00ad mismo. Este le permite a cada uno poder encontrarlo en cualquier lugar e ir conoci\u00e9ndolo progresivamente seg\u00fan las diversas formas de conquista del saber, ya que el conocimiento que se tiene de \u00e9l est\u00e1 orientado din\u00e1micamente hacia la plenitud, que s\u00f3lo se dar\u00e1 en el futuro (Jn 16.13).<\/p>\n<p>       Esta dimensi\u00f3n es la que permite al creyente percibir su acto como un acto plenamente libre. En efecto, sabe que la libertad no es una serie fragmentaria de actos. sino m\u00e1s bien un acto que se hace cada vez m\u00e1s libre en la medida en que se abre a un espacio de libertad cada vez mayor que la propia.<\/p>\n<p>       Al fiarse de la verdad de Dios, que \u00e9l conoce -esto le permite un primer acto de libertad-, descubre adem\u00e1s que su vida s\u00f3lo puede realizarse corriendo el riesgo de abandonarse al futuro, que no conoce plenamente y que jam\u00e1s podr\u00e1 conocer de modo definitivo; la fe es precisamente la que le garantiza esta condici\u00f3n: su libertad de entregarse al misterio como espacio de libertad cada vez mayor, pero al mismo tiempo una libertad que le permite construir su futuro siempre y s\u00f3lo en un acto de abandono, en el que se compromete personalmente sin posibilidad alguna de delegar en otro.<\/p>\n<p>       Finalmente, el acto de fe posee una ulterior cualificaci\u00f3n esencial: la eclesialidad. El creyente, en el momento en que realiza el acto que libremente le permite acoger dentro de s\u00ed\u00ad el misterio de Dios, no es ya un sujeto individual, sino un sujeto eclesial, ya que en virtud de la fe se ha convertido en parte de un pueblo. La fe cristiana no se le ha dado al individuo, sino a toda la Iglesia, que ha recibido de Cristo la misi\u00f3n de transmitirla y anunciarla a todo el mundo hasta el final de los tiempos, pues, el acto de fe, en virtud de esta connotaci\u00f3n que cualifica a la fe cristiana como \u00abfe eclesial\u00bb, tiene que tener tambi\u00e9n en s\u00ed\u00ad esta nota, so pena de que quede incompleto el mismo acto.<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: J. Alfaro, Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; H. U. von Balthasar, La percepci\u00f3n de la forma, en Gloria: una est\u00e9tica teol\u00f3gica, 1, Ed. Encuentro, Madrid 1985; W Kasper, Introducci\u00f3n a la fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; J Ratzinger, Introducci\u00f3n al cristianismo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; R. S\u00e1nchez Chamoso, Los fundamentos de nuestra fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981; R. Fisichella, Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada fundamental, Verbo Divino, Estella 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la tradici\u00f3n tomista, el acto de fe est\u00e1 determinado por el objeto en que se cree: Actus tidei specificatur ab objecto. En esta explicaci\u00f3n intervienen diversos elementos que pueden condensarse en dos factores: el objeto en que se cree y la persona que realiza el acto de creer. 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