{"id":16468,"date":"2016-02-05T10:47:21","date_gmt":"2016-02-05T15:47:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autoerotismo\/"},"modified":"2016-02-05T10:47:21","modified_gmt":"2016-02-05T15:47:21","slug":"autoerotismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autoerotismo\/","title":{"rendered":"AUTOEROTISMO"},"content":{"rendered":"<p>Por autoerotismo se entiende generalmente la b\u00fasqueda en la propia persona de sensaciones o emociones claramente sexuales o que pueden reducirse a un significado sexual. En sentido m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico, es la provocaci\u00f3n mec\u00e1nica de excitaciones sexuales que realiza el individuo solo, de manera consciente y m\u00e1s o menos deliberada, ordinariamente en un contexto de fantas\u00ed\u00adas y deseos er\u00f3ticos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se usa el termino \u00abmasturbaci\u00f3n\u00bb para subravar el aspecto material de la actuaci\u00f3n sexual autoer\u00f3tica, llevada a cabo generalmente con maniobras manuales.<\/p>\n<p>El autoerotismo es un fen\u00f3meno complejo: afecta a la persona tanto en el plano f\u00ed\u00adsico como en el psico-existencial; puede darse tanto en hombres como en mujeres: puede manifestarse en las diversas edades y guardar relaci\u00f3n con estados patol\u00f3gicos: finalmente puede tener lugar con fines diagn\u00f3sticos y procreativos.<\/p>\n<p>Es sabido que el autoerotismo est\u00e1 muy difundido, especialmente entre los adolescentes. Hay causas biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas y socioculturales que pueden repercutir en este comportamiento. El autoerotismo de los adolescentes puede tener un significado evolutivo, como paso a una sexualidad m\u00e1s madura, pero puede tener tambi\u00e9n el peligro de fijar en niveles narcisistas el desarrollo psico-sexual. El autoerotismo puede revestir adem\u00e1s del significado sexual, otros significados y ser s\u00ed\u00adntoma de situaciones existenci\u00e1les diversas (ansia, frustraci\u00f3n, soledad afectiva, complejo de inferioridad, etc.).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la valoraci\u00f3n \u00e9tica, se trata de formular un juicio sobre la base de una serie de consideraciones de los valores en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n concreta en que vive la persona. Respecto a ciertas formulaciones tradicionales, la valoraci\u00f3n \u00e9tica debe enriquecerse con nuevas motivaciones y consideraciones.<\/p>\n<p>Algunas motivaciones del pasado, como la frustraci\u00f3n del semen humano, el placer desordenado, los efectos patol\u00f3gicos, no parece que puedan sostenerse en la actualidad.<\/p>\n<p>       La reformulaci\u00f3n del juicio sobre el autoerotismo se hace hoy en una perspectiva personalista. El autoerotismo es juzgado por el Magisterio eclesial como un \u00abacto intr\u00ed\u00adnseca y gravemente desordenado\u00bb, ya que, \u00absea cual fuere el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice esencialmente a su finalidad\u00bb. En efecto, en un uso semejante falta la relaci\u00f3n sexual que requiere el orden moral, esto es, la que realiza, dentro de un contexto de amor verdadero, el sentido \u00ed\u00adntegro de la entrega mutua y de la procreaci\u00f3n humana. Todo ejercicio deliberado de la sexualidad tiene que reservarse tan s\u00f3lo a esta relaci\u00f3n regular.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, poniendo de manifiesto el poder de oblatividad y de di\u00e1logo interpersonal y social propio de la sexualidad, tiende hoy a fundamentar cada vez m\u00e1s la negatividad moral del autoerotismo en su separaci\u00f3n estructural del amor, como comportamiento narcisista en contradicci\u00f3n con la l\u00f3gica interna de la sexualidad misma. Visto en la din\u00e1mica personal real, el autoerotismo se juzga de diversas maneras seg\u00fan se presente como s\u00ed\u00adntoma de un crecimiento en acto, o bien como un comportamiento bastante arraigado (= h\u00e1bito), o bien como una actitud mental profundamente negativa (= mentalidad autoer\u00f3tica).<\/p>\n<p>La estrategia educativa, sin dramatizar pero tambi\u00e9n sin minimizar las cosas, tiene que estimular a un compromiso gradual, pero exigente. Sin fijar la atenci\u00f3n en el hecho masturbatorio, tiene que inducir a revisar el estilo de vida, las situaciones de tensi\u00f3n o de depresi\u00f3n, a salir del propio mundo fant\u00e1stico, a tener confianza en uno mismo y en Dios.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al autoerotismo con fines diagn\u00f3sticos y procreativos, a pesar de la posici\u00f3n poSibilista de algunos moralistas despu\u00e9s del concilio, la Congregaci\u00f3n de la fe, en el documento Donum vitae (1987), ha reafirmado la doctrina tradicional sobre la no licitud de este tipo de masturbaci\u00f3n (11, 6).<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: A. Ple. La masturbaci\u00f3n. Rellexiones morales y pastorales, Madrid 1971; G. Cappelli, Autoerotismo, en NDTM 109- 120; F L\u00f3pez, Para comprender la sexualidad. Verbo Divino, Estella 51994.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO:<br \/>\nIntroducci\u00f3n.<br \/>\n1. An\u00e1lisis sociocultural y bio psicol\u00f3gico:<br \/>\n1. El autoerotismo en el actual contexto sociocultural;<br \/>\n2. El autoerotismo en el proceso evolutivo de la sexualidad.<br \/>\nII. Tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica:<br \/>\n1. Rasgos hist\u00f3ricos:<br \/>\n    a) Sagrada Escritura,<br \/>\n    b) Padres,<br \/>\n    c) Penitenciales,<br \/>\n    d) De la Edad Media a nuestros d\u00ed\u00adas;<br \/>\n2. Valoraci\u00f3n moral tradicional:<br \/>\n    a) El autoerotismo, \u00abacto contra natura\u00bb,<br \/>\n    b) El autoerotismo, \u00abplacer desordenado\u00bb.<br \/>\nIII. Nuevos criterios de valoraci\u00f3n:<br \/>\n1. Distinci\u00f3n entre \u00abpecado formal\u00bb y \u00abpecado material\u00bb;<br \/>\n2. Desde la perspectiva de la \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb;<br \/>\n3. Reinterpretaci\u00f3n de las motivaciones tradicionales desde la perspectiva personalista;<br \/>\n4. Planteamientos m\u00e1s recientes.<br \/>\nIV. Perspectivas pedag\u00f3gico pastorales.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nEl autoerotismo es una realidad compleja: puede abarcar una vasta gama de fen\u00f3menos. En cuanto fen\u00f3meno sexual humano, afecta a la persona tanto en el aspecto f\u00ed\u00adsico como en el psico-existencial. Puede adem\u00e1s referirse tanto a los hombres como a las mujeres, manifestarse en diversas edades, ir unido a estados patol\u00f3gicos; puede tambi\u00e9n darse con el fin de realizar ex\u00e1menes de semen.<\/p>\n<p>Esta complejidad explica la multiplicidad de nombres con los que ha sido designado este fen\u00f3meno en el pasado y en el presente. A los t\u00e9rminos tradicionales como molicie, poluci\u00f3n procurada, masturbaci\u00f3n, vicio solitario, onanismo (sobre todo en ambiente m\u00e9dico), hay que a\u00f1adir otros como fijaci\u00f3n, autismo, autoerotismo, autoestimulaci\u00f3n, masaje, etc\u00e9tera. Todos ellos, sin ser sin\u00f3nimos, pretenden explicar el mismo fen\u00f3meno. Algunos con el inconveniente de ser inapropiados totalmente o de resaltar s\u00f3lo alg\u00fan aspecto del problema, pero unos y otros sin expresar adecuadamente el fen\u00f3meno en su totalidad.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos hoy m\u00e1s com\u00fanmente usados por los estudiosos son \u00abautoerotismo\u00bb (erotismo centrado en el propio yo) y \u00abmasturbaci\u00f3n\u00bb (de manus=mano y stupratio=profanaci\u00f3n). Seg\u00fan el uso m\u00e1s reciente y acreditado, aqu\u00ed\u00ad preferimos el t\u00e9rmino \u00abautoerotismo\u00bb (=a.), no s\u00f3lo por una raz\u00f3n de \u00abdecencia terminol\u00f3gica\u00bb (la palabra \u00abmasturbaci\u00f3n\u00bb tiene resonancias m\u00e1s groseras), sino porque parece un t\u00e9rmino de significaci\u00f3n m\u00e1s completa. Mientras masturbaci\u00f3n parece acentuar m\u00e1s el aspecto material de la acci\u00f3n sexual (generalmente realizada con maniobras manuales), a. parece describir mejor la complejidad del fen\u00f3meno, que incluye tanto la autoestimulaci\u00f3n sexual como un fuerte componente de fantas\u00ed\u00adas que se alimenta de im\u00e1genes er\u00f3ticas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de una terminolog\u00ed\u00ada m\u00e1s adecuada, hoy se advierte la exigencia de una mejor definici\u00f3n que explique el fen\u00f3meno en sus aspectos espec\u00ed\u00adficos y permita una mayor concreci\u00f3n de su valoraci\u00f3n \u00e9tica. Las definiciones tradicionales, en efecto, pecan, cada una a su manera, o bien de un cierto \u00abreduccionismo biol\u00f3gico\u00bb o de un \u00abreduccionismo masculino\u00bb, ya que en ellas el a. es considerado en su dimensi\u00f3n puramente biol\u00f3gica (genital), sin tener suficientemente en cuenta su dimensi\u00f3n psicoexistencial; y adem\u00e1s es pensado en referencia al hombre y a los fen\u00f3menos de la fisiolog\u00ed\u00ada sexual masculina (emisi\u00f3n o no emisi\u00f3n de semen). En tales definiciones el a. femenino s\u00f3lo es considerado de un modo un tanto artificioso.<\/p>\n<p>Para salir al paso de estas insuficiencias podr\u00ed\u00adamos definir el a. como la provocaci\u00f3n mec\u00e1nica (general, pero no necesariamente manual) de la excitaci\u00f3n sexual que el individuo realiza por s\u00ed\u00ad solo, de forma m\u00e1s o menos deliberada y consciente, por lo general en un contexto defantas\u00ed\u00adas y deseos er\u00f3ticos. Se diferencia, pues, por sus rasgos espec\u00ed\u00adficos, de cualquier excitaci\u00f3n o emoci\u00f3n sexual espont\u00e1nea que puede darse en estado de vigilia o de sue\u00f1o (sue\u00f1os er\u00f3ticos, poluciones nocturnas) y de cualquier forma de excitaci\u00f3n sexual realizada en un contexto cualquiera de relaci\u00f3n, tanto homo como heterosexual.<\/p>\n<p>La naturaleza de la presente voz exige necesariamente delimitar el tema. Por eso aqu\u00ed\u00ad el an\u00e1lisis y la valoraci\u00f3n del fen\u00f3meno autoer\u00f3tico se ci\u00f1e principalmente al per\u00ed\u00adodo de la adolescencia, que constituye una fase fundamental en el vasto proceso de maduraci\u00f3n de la persona humana, en estrecha conexi\u00f3n con las fases precedentes de la infancia y la ni\u00f1ez, y llena de influencias importantes para el desarrollo sucesivo. Por consiguiente, prescindimos del a. infantil (tocamientos inconscientes durante la infancia), puesto que se trata del descubrimiento espont\u00e1neo de sensaciones agradables que el desarrollo lleva consigo y muy lejos todav\u00ed\u00ada de cualquier referencia consciente y responsable. Prescindimos tambi\u00e9n de los actos autoer\u00f3ticos para an\u00e1lisis de esperma. Ser\u00ed\u00ada demasiado largo explicar la posici\u00f3n tradicional negativa e informar sobre el contenido de las posturas m\u00e1s recientes mantenidas por quienes se inclinan por la posible licitud de las pr\u00e1cticas autoer\u00f3ticas cuya finalidad es el an\u00e1lisis de esperma (el tema no aparece expresamente en la Declaraci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe sobre algunas cuestiones de \u00e9tica sexual (29-XII-1975); pero la raz\u00f3n que aduce para la condena de las pr\u00e1cticas autoer\u00f3ticas -\u00abcualquiera que sea el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente su finalidad\u00bb (n. 9)- no parece admitir excepciones. Tampoco se toma en consideraci\u00f3n el a. de los psic\u00f3patas y de los pervertidos sexuales, casos claramente patol\u00f3gicos, respecto a los cuales el a. no debe considerarse causa, sino efecto.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista metodol\u00f3gico se dan dos modos muy distintos de situarse ante el problema del a. El primero, t\u00ed\u00adpico de los manuales del pasado, pero tambi\u00e9n de algunos autores contempor\u00e1neos que mantienen el mismo modelo de pensamiento, es el que mantiene sobre todo el principio general seg\u00fan el cual en los casos de a. se trata siempre, objetivamente, de materia grave, y por lo tanto no hay \u00abparvedad de materia\u00bb; aunque admitiendo que, al menos alguna vez, pueda darse la posibilidad de que subjetivamente no exista pecado grave. El segundo, m\u00e1s com\u00fan entre los te\u00f3logos actuales, se apoya en las aportaciones y conocimientos de las ciencias del comportamiento y mira sobre todo a la diversidad de los fen\u00f3menos, y s\u00f3lo en un segundo momento se interroga sobre el significado moral, el peligro moral y la posible pecaminosidad de cada acto.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este \u00faltimo m\u00e9todo, la exposici\u00f3n se articula, siempre de manera sucinta, en los siguientes t\u00e9rminos: an\u00e1lisis socio-cultural y biopsicol\u00f3gico del a. adolescente (I); referencias a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica (II); elaboraci\u00f3n de nuevos criterios \u00e9ticos (lIl); b\u00fasqueda de perspectivas pedag\u00f3gico-pastorales (IV).<\/p>\n<p>I. An\u00e1lisis socio-cultural y bio-psicol\u00f3gico<br \/>\nHoy la reflexi\u00f3n moral sobre el problema del a. debe realizarse con una especial atenci\u00f3n a los resultados de las 1 ciencias humanas, que han aclarado mucho los dinamismos biopsicol\u00f3gicos y socio-culturales de este proceso. Soslayar esos resultados supondr\u00ed\u00ada cerrarse desde el principio la posibilidad de \u00abcomprender\u00bb el sentido de un fen\u00f3meno que tiene ra\u00ed\u00adces profundas y complejas en el misterio de la persona y de su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica. Prestar atenci\u00f3n a la vivencia afectiva y a la interpretaci\u00f3n que de ella hacen las ciencias humanas se convierte en una leg\u00ed\u00adtima y no eliminable precomprensi\u00f3n de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>1. EL AUTOEROTISMO EN EL ACTUAL CONTEXTO SOCIO-CULTURAL. Es conocida la gran extensi\u00f3n que tiene este fen\u00f3meno del a., especialmente entre los adolescentes. Seg\u00fan el famoso Informe Kinsey, en una encAesta hecha a unas seis mil personas, el 92 % de- los hombres y el 62 %Q de las mujeres declaran haberlo practicado. Otras estad\u00ed\u00adsticas, realizadas en varios pa\u00ed\u00adses, incluida Espa\u00f1a, confirman tales datos. Pero aunque quisi\u00e9ramos prescindir de los datos estad\u00ed\u00adsticos que nos aportan las encuestas (m\u00e1s o menos fiables), la notable difusi\u00f3n del comportamiento autoer\u00f3tico est\u00e1 testificada tambi\u00e9n por la experiencia de los confesores y educadores, que saben bien c\u00f3mo la maypr\u00ed\u00ada de los j\u00f3venes pasa por esta fase, a veces dolorosa y angustiosa, sobre todo en el momento de la pubertad y de los primeros a\u00f1os de la adolescencia.<\/p>\n<p>Las causas que determinan el recurso al a. hay que buscarlas tanto en el aspecto bio-fisiol\u00f3gico como en el psico-estructural. El fen\u00f3meno va unido al momento concreto de la edad evolutiva representado por la pubertad, en que se observa un proceso de crecimiento muy fuerte, que conduce a la transformaci\u00f3n de todo el organismo y a la asimilaci\u00f3n de formas y expresiones de la edad adulta. El desarrollo psico-som\u00e1tico, que irrumpe de improviso y de forma desconcertante, provoca profundas turbaciones y, con frecuencia, fuertes tensiones. La necesidad de conocer y hacerse consciente del mundo circundante, y sobre todo de lo que ocurre dentro de \u00e9l, provoca en el adolescente un particular inter\u00e9s por la propia vida sexual. La aparici\u00f3n de nuevas sensaciones en las zonas er\u00f3genas y la necesidad de confirmar en la experiencia la propia pertenencia sexual generan sentimientos ambivalentes de curiosidad y verg\u00fcenza, de placer y de repliegue sobre s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n conflictiva, fundamentalmente de desequilibrio -t\u00ed\u00adpica de la adolescencia- hace que el muchacho y la muchacha (\u00e9sta de forma m\u00e1s atenuada) se encuentren en condiciones de especial debilidad en la orientaci\u00f3n de la propia sexualidad. Por una parte, las fuertes pulsiones instintivas provocadas por el crecimiento y exasperadas por un ambiente muy erotizado y, por otra, la enorme fragilidad psicol\u00f3gica no permiten, salvo en algunos casos de educaci\u00f3n y de sensibilidad muy especial, tener una suficiente claridad de ideas y una adecuada capacidad de control. El paso de esta situaci\u00f3n especial de fragilidad al repliegue sobre. mismo y a la introversi\u00f3n es muy corto.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir las dificultades que se derivan de los factores ambientales y las carencias educativas. Las incomprensiones familiares, el fracaso escolar, el miedo al mundo de los mayores determinan a veces un estado de frustraci\u00f3n que, por reacci\u00f3n, produce la necesidad de compensaciones que aporten tranquilidad. La falta de una seria y serena ! educaci\u00f3n sexual, la carencia de un ambiente familiar capaz de aportar un clima de apoyo y seguridad, las dificultades de la relaci\u00f3n social, los conflictos de culpabilidad frecuentemente confundidos con el sentido de pecado son otros tantos elementos que influyen en la formaci\u00f3n de la personalidad y dan origen a alteraciones del comportamiento sexual (f Sexualidad).<\/p>\n<p>2. EL AUTOEROTISMO EN EL PROCESO EVOLUTIVO DE LA SEXUALIDAD. Pero para comprender el a. adolescente en su significado m\u00e1s profundo es necesario un conocimiento m\u00e1s atento al significado psico-sexual del fen\u00f3meno y de los estados de \u00e1nimo de los que es expresi\u00f3n. Hay que situarlo en el contexto de una evoluci\u00f3n sexual que va conduciendo al sujeto de forma progresiva a la plena madurez de la relaci\u00f3n y del amor (l Educaci\u00f3n sexual II; l Corporeidad IV, 3). Desde esta perspectiva el a. puede ser considerado como una fase transitoria, no necesaria, pero s\u00ed\u00ad muy com\u00fan, hacia otra fase de plena actividad sexual, orientada a la relaci\u00f3n con otra persona.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter de transici\u00f3n aparece claramente en el an\u00e1lisis de los fen\u00f3menos conscientes e inconscientes que le acompa\u00f1an y que son la expresi\u00f3n y la muestra de los sentimientos \u00ed\u00adntimos y de los deseos inconscientes del sujeto, generalmente dirigidos a una relaci\u00f3n sexual real. En este sentido se puede decir que la fantas\u00ed\u00ada hace de puente hacia la relaci\u00f3n heterosexual, revelando as\u00ed\u00ad el significado fundamental del a. en la evoluci\u00f3n psico-sexual del muchacho, significado que es precisamente el de ser un reclamo hacia una sexualidad m\u00e1s madura, abierta al encuentro sexual y, por lo tanto, al amor.<\/p>\n<p>El a. adolescente tiene, pues, un significado evolutivo, pero por eso mismo sujeto ala ambig\u00fcedad.\u00bb como cualquier fase de transici\u00f3n, re\u00fane en s\u00ed\u00ad la tensi\u00f3n que busca su propia superaci\u00f3n y las caracter\u00ed\u00adsticas de la inmadurez junto con los peligros de fijaci\u00f3n. La llamada a la superaci\u00f3n que el a. en s\u00ed\u00ad mismo encierra corre el riesgo de no ser escuchada: la f\u00e1cil gratificaci\u00f3n que ofrece tiene el peligro de crear un lazo que atenace la atenci\u00f3n del muchacho; un acto aislado puede dar origen a un h\u00e1bito, un comportamiento, una mentalidad y actitud interior que detiene en unos niveles narcisistas el desarrollo psicosexual del adolescente y disminuye su capacidad de madurar y progresar en el camino del amor.<\/p>\n<p>El a. no tiene s\u00f3lo un significado sexual: al sexual se a\u00f1aden frecuentemente otros significados que lo convierten en s\u00ed\u00adntoma polivalente de situaciones muy diversas. Puede esconder un sentido inconsciente de defensa contra las m\u00e1s diversas formas de ansiedad, de frustraci\u00f3n, de soledad afectiva; puede significar una b\u00fasqueda de compensaciones de los fracasos en la relaci\u00f3n social, una reacci\u00f3n a los complejos de inferioridad, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>II. Tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica<br \/>\nHay que hacer referencia a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica para ver qu\u00e9 luz se deriva de ella que nos permita una valoraci\u00f3n \u00e9tica del a.<\/p>\n<p>1. RASGOS HIST\u00ed\u201cRICOS. El a. como pr\u00e1ctica y realidad humana es conocido desde siempre. Ya los egipcios lo conoc\u00ed\u00adan y lo juzgaban negativamente. Tambi\u00e9n al mundo greco-romano le resultaba conocido, y su pr\u00e1ctica, desde el punto de vista moral, era considerada con mucha indiferencia. No faltan, sin embargo, testimonios que le daban una valoraci\u00f3n negativa. Una en particular (se trata de un epigrama de Marcial) contiene un juicio muy severo: la masturbaci\u00f3n es considerada como un \u00abgran crimen\u00bb contra el orden natural y la dispersi\u00f3n del semen equiparada a la muerte de un hombre. Otro juicio tambi\u00e9n muy severo aparece en la tradici\u00f3n rab\u00ed\u00adnica, en un pasaje del Talmud de Babilonia, en donde la masturbaci\u00f3n es comparada al homicidio, aduciendo como ejemplo b\u00ed\u00adblico de condena el episodio de On\u00e1n.<\/p>\n<p>a) Sagrada Escritura. La Sagrada Escritura, tanto en el AT como en el NT, seg\u00fan se desprende de los estudios exeg\u00e9ticos, no aborda expresamente el tema del a.; incluso parece ignorarlo. Entre las numerosas normas b\u00ed\u00adblicas que regulan la vida sexual, ninguna hace referencia directa al a. Textos como G\u00e9n 38:8-10 (episodio de On\u00e1n), 1Co 6:10 (donde se condenan los malak\u00f3i) y algunos m\u00e1s que en el pasado han sido entendidos como condena del a., en realidad no parece que tengan nada que ver con tal comportamiento.<\/p>\n<p>En efecto, seg\u00fan la ex\u00e9gesis m\u00e1s com\u00fan, parece que el pecado de On\u00e1n no consiste propiamente en la dispersi\u00f3n del semen durante sus relaciones con la cu\u00f1ada, sino en haber rehusado someterse a la ley del levirato, que le impon\u00ed\u00ada la obligaci\u00f3n de dar descendencia al hermano difunto (cf Deu 25:5-10). Los malak\u00f3i (traducido al lat\u00ed\u00adn en la Vulgata como molles), que Pablo enumera entre los excluidos del reino, seg\u00fan una buena ex\u00e9gesis asumida por la mayor parte de los exegetas modernos no son \u00ablos que se masturban\u00bb, sino los \u00abafeminados\u00bb, es decir, los homosexuales pasivos. Por otra parte, \u00e9ste es el sentido del t\u00e9rmino en la antig\u00fcedad y en los primeros siglos cristianos. Tampoco los textos neotestamentarios (p.ej., Efe 5:3; G\u00e1l 5 19; Col 3 5; etc.), donde, en el contexto de los llamados cat\u00e1logos de vicios, se condena la \u00abdeshonestidad\u00bb y la \u00abimpureza\u00bb, no parecen referirse directamente al a., cuanto m\u00e1s bien a un conjunto indistinto de des\u00f3rdenes sexuales.<\/p>\n<p>El silencio de la Sagrada Escritura sobre el a. no puede, desde luego, entenderse como una t\u00e1cita aprobaci\u00f3n. La referencia a la Sagrada Escritura para \u00e9ste como para otros problemas, m\u00e1s que normas concretas debe tener en cuenta el mensaje contenido en ella. La aportaci\u00f3n m\u00e1s propia de la Sagrada Escritura ha de ser considerada, positivamente, a nivel de los valores.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura presenta, junto al mandamiento del amor, una visi\u00f3n del hombre y de la sexualidad, as\u00ed\u00ad como la explicitaci\u00f3n de todo un conjunto de valores (preeminencia de la virginidad, bondad del matrimonio y de la fecundidad, legitimidad de las relaciones conyugales, exigencia de la pureza, significado y valor del \u00abcuerpo\u00bb, etc.) que pueden servir de base para un proceso de discernimiento \u00e9tico de los distintos comportamientos sexuales. Desde esta perspectiva, la Sagrada Escritura lleva claramente a excluir todo tipo de ego\u00ed\u00adsmo en la vida sexual.<\/p>\n<p>b) Padres. En el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico encontramos el mismo silencio que en la Sagrada Escritura. En el campo de la \u00e9tica sexual los padres, sirvi\u00e9ndose sobre todo de la filosof\u00ed\u00ada estoica, desarrollan toda una serie de principios sobre la finalidad de los \u00f3rganos sexuales, del semen, del matrimonio, as\u00ed\u00ad como distintas consideraciones sobre el placer y las pasiones en general. Pero estos enunciados de tipo general no se refieren nunca directamente al a., sino a alguna forma de lujuria que presenta un aspecto interpersonal y cierta importancia social (adulterio, fornicaci\u00f3n, corrupci\u00f3n de menores, incesto, etc.). Los padres citan tambi\u00e9n numerosos pasajes neotestamentarios que condenan la impureza, la deshonestidad, etc\u00e9tera, pero sin deducir de ellos una condena expl\u00ed\u00adcita del a. A veces distinguen entre poluciones voluntarias e involuntarias, pero entre ellas no especifican las de realizaci\u00f3n solitaria. Hablan tambi\u00e9n de tocamientos, emociones y tensiones sexuales, pero siempre en el contexto de una lujuria, por as\u00ed\u00ad decir, interpersonal.<\/p>\n<p>Tampoco en el \u00e1mbito del monacato, que se extiende r\u00e1pidamente desde los comienzos del siglo iv, se habla sobre el a.; al menos no se le dedica una especial atenci\u00f3n. En este per\u00ed\u00adodo el problema central es el de las poluciones nocturnas. En el fondo de esta atenci\u00f3n no se dan preocupaciones de pureza ritual, como muchas veces se afirma, sino cuestiones de gran sensibilidad \u00e9tica. En el caso de las poluciones nocturnas ven su pecaminosidad en la fornicaci\u00f3n no externa (dado el estado de retiro de los monjes), sino interna; no real, sino imaginaria. El problema no es la poluci\u00f3n corporal en s\u00ed\u00ad misma, sino -como repiten con frecuencia los autores mon\u00e1sticos- los \u00abpensamientos y deseos de mujer\u00bb que la acompa\u00f1an y de los cuales se puede ser responsables como causa.<\/p>\n<p>A lo largo del siglo v comienzan a aparecer, por una y otra parte, los primeros indicios de una progresiva toma de conciencia del problema. En Oriente, Marcos el Eremita parece referirse con bastante claridad a la poluci\u00f3n solitaria. En Occidente, Juan Casiano, introduciendo una triple distinci\u00f3n en la fornicaci\u00f3n, parece aproximarse notablemente al problema cuando habla de \u00abimpureza\u00bb o \u00abfornicaci\u00f3n sin contacto femenino\u00bb, y le aplica G\u00e9n 38 y los textos paulinos que rechazan la \u00abimpureza\u00bb. Sin embargo, la \u00abfornicaci\u00f3n sin contacto femenino\u00bb de que habla Casiano no indica todav\u00ed\u00ada el a., sino un cierto vicio complejo que presenta varias manifestaciones y cuya caracter\u00ed\u00adstica fundamental es la de diferenciarse de la fornicaci\u00f3n \u00abnatural\u00bb, es decir, de la relaci\u00f3n normal hombre-mujer, pero que puede incluir la homosexualidad, el coito interrumpido, etc.<\/p>\n<p>En los cinco primeros siglos no aparece, pues, una clara toma de conciencia sobre este problema. Como explicaci\u00f3n de este hecho se puede suponer que para aquellos autores cristianos los pecados sexuales en sentido propio ser\u00ed\u00adan s\u00f3lo los de car\u00e1cter relacional, que implicaban la presencia de otra persona. El a. quiz\u00e1 les pareciera un acto sexual imperfecto, pero, a la vez, como base y condici\u00f3n de las relaciones sexuales propiamente dichas, que no ser\u00ed\u00adan sino su especificaci\u00f3n. Seguramente se debe a esto el que la pr\u00e1ctica del a. no fuese entendida como un fen\u00f3menos aut\u00f3nomo y no recibiera una valoraci\u00f3n moral espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>c) Penitenciales. S\u00f3lo a partir del comienzo del siglo vi aparece por primera vez, expl\u00ed\u00adcitamente, en las comunidades cristianas celtas e inglesas (Irlanda y Gran Breta\u00f1a), caracterizadaspor la presencia de numerosos monasterios y un acentuado ascetismo, el tema del a.: un tratamiento no te\u00f3rico ni sistem\u00e1tico, sino pr\u00e1ctico, bajo la forma descarnada y jur\u00ed\u00addica de los c\u00e1nones penitenciales. Estos c\u00e1nones sobre el a. se difundieron r\u00e1pidamente por toda Europa gracias a los monjes misioneros que del archipi\u00e9lago brit\u00e1nico pasaron al continente.<\/p>\n<p>En los Penitenciales el a., tanto masculino como femenino, aparece muy claramente se\u00f1alado en sus caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficas, y por lo general en el contexto de los pecados ajenos a la fornicaci\u00f3n \u00abnatural\u00bb, como \u00faltimo caso despu\u00e9s del incesto, la bestialidad, la sodom\u00ed\u00ada, tal y como las distinciones de Juan Casiano daban ya a entender.<\/p>\n<p>Las penas correspondientes son, en general, muy inferiores en relaci\u00f3n a las de otros pecados sexuales y tienden progresivamente a hacerse m\u00e1s suaves; adem\u00e1s, aparecen consideradas de forma diferente: m\u00e1s severas para los adultos que para los adolescentes. En cambio son mucho m\u00e1s severas las penas previstas para el a. femenino.<\/p>\n<p>A partir del siglo vn se toma conciencia del problema tambi\u00e9n en la Iglesia oriental. Con la aparici\u00f3n de los primeros Penitenciales orientales entre finales del siglo VIII y el siglo x, relacionados con los occidentales, el a. pase a ser un tema expl\u00ed\u00adcito tambi\u00e9n en Oriente. As\u00ed\u00ad, hacia el final del primer milenio de la era cristiana, despu\u00e9s de varios siglos de silencio m\u00e1s o menos acentuado, el a. se convierte en un problema moral espec\u00ed\u00adfico en toda la Iglesia.<\/p>\n<p>d) De la Edad Media a nuestros d\u00ed\u00adas. En el siglo xi comienza a manifestarse una actitud especialmente severa en relaci\u00f3n con el tema del a. La primera valoraci\u00f3n rigorista es la de san Pedro Dami\u00e1n en su Liber gomorrhianus, aprobado por el papa Le\u00f3n IX en el a\u00f1o 1054. Poco despu\u00e9s, los te\u00f3logos de la escol\u00e1stica, recurriendo a argumentos de tipo racional, condenan el a. como un acto que va contra la finalidad del semen humano. El mismo santo Tom\u00e1s declara-que \u00abdespu\u00e9s del pecado de homicidio que destruye una naturaleza humana en el acto de la vida, este otro tipo de pecado parece ocupar el segundo lugar: impide la generaci\u00f3n de la vida humana\u00bb (Contra gentes III, 122).<\/p>\n<p>Pero a partir del renacimiento es cuando comienza a difundirse una especie de obsesi\u00f3n colectiva ante el fen\u00f3meno del a. Puede que fuera Gerson, te\u00f3logo y fil\u00f3sofo franc\u00e9s de comienzos del siglo xv, el primero en tratar la cuesti\u00f3n con la actitud no s\u00f3lo severa, sino excesivamente r\u00ed\u00adgida, que despu\u00e9s se generaliz\u00f3 entre los moralistas y educadores.<\/p>\n<p>Esta actitud extremadamente negativa alcanz\u00f3 el culmen a lo largo del siglo XVIII, cuando se desencaden\u00f3 una aut\u00e9ntica campa\u00f1a contra el a., declarado responsable de innumerables enfermedades. Promotores de esta campa\u00f1a parecen haber sido el m\u00e9dico ingl\u00e9s Bekker, a quien se le a\u00ed\u008d buye un libro publicado en 177 1, tri con el significativo t\u00ed\u00adtulo Sobre el onanismo, o sobre el odioso pecado de la auto poluci\u00f3n con todas sus l\u00f3gicas consecuencias en ambos sexos, con sugerencias espirituales y m\u00e9dicas, y el m\u00e9dico franc\u00e9s Tissot, que en 1760 public\u00f3 un tratado \u00absobre las enfermedades producidas por la masturbaci\u00f3n\u00bb. Incluso autores como Rousseau y Voltaire, en el siglo de las luces, adoptan una posici\u00f3n semejante.<\/p>\n<p>Este rigorismo no dej\u00f3 de reflejarse en el \u00e1mbito eclesial. Durante todo el siglo xix, muchos sacerdotes, predicadores y educadores aceptaron estos errores y exageraciones y los asumieron como criterios educativos para el clero y los fieles. En los tratados de moral, por un\u00e1nime consenso, se acept\u00f3 el principio general por el que en a. la materia es siempre objetivamente grave (pecado grave ex foto genere suo).<\/p>\n<p>S\u00f3lo en nuestro siglo la investigaci\u00f3n de las ciencias del comportamiento ha hecho cambiar radicalmente el modo de valorar el a., primero en la sociedad secular y luego en teolog\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito cat\u00f3lico muchos te\u00f3logos, especialmente en las \u00faltimas d\u00e9cadas, han comenzado a plantearse la cuesti\u00f3n de modo m\u00e1s abierto y problem\u00e1tico.<\/p>\n<p>2. VALORACI\u00ed\u201cN MORAL TRADICIONAL. Desde que se tom\u00f3 conciencia del a. como problema moral espec\u00ed\u00adfico -en una \u00e9poca relativamente tard\u00ed\u00ada- se comenz\u00f3 a buscar argumentos para establecer su negatividad moral. A1 comienzo se recurri\u00f3 sobre todo a la Sagrada Escritura, bien de un modo gen\u00e9rico o apoy\u00e1ndose en los pasajes del NT donde se condena la \u00abimpureza\u00bb (p.ej., 1Co 6:9). Fueron los te\u00f3logos escol\u00e1sticos los primeros en recurrir a argumentos de tipo racional. Desde la Edad Media en adelante los principales argumentos para declarar grave el pecado de a. se basaban sustancialmente en los dos principios siguientes: el a. es acto \u00abcontra natura\u00bb, y el a. es un \u00abplacer desordenado\u00bb.<\/p>\n<p>a) El autoerotismo, \u00abacto contra natura\u00bb : Los te\u00f3logos de los siglos xII y xlil, cuyo mayor representante es santo Tom\u00e1s, condenan el a. como acto que va contra la finalidad asignada por Dios al semen humano (S. Th., II-II, q. 153, aa. 2-3). La naturaleza da el semen para la producci\u00f3n de un nuevo ser; desperdiciar el semen in\u00fatilmente es ir contra la misma naturaleza. Esta argumentaci\u00f3n encontrar\u00e1 continuidad, de formas distintas, en los autores de tratados de moral hasta pr\u00e1cticamente hoy.<\/p>\n<p>El a. es declarado gravemente il\u00ed\u00adcito porque es un acto \u00abcontra la generaci\u00f3n de la prole\u00bb y \u00abconstituye un peligro para la especie\u00bb. Estas eran las expresiones m\u00e1s corrientes.<\/p>\n<p>Tal presentaci\u00f3n aparece hoy carente de fundamento porque va unida a concepciones precient\u00ed\u00adficas. Se remonta a una \u00e9poca en que no se conoc\u00ed\u00ada la ovulaci\u00f3n femenina y se le atribu\u00ed\u00ada solamente al hombre macho el admirable efecto de la procreaci\u00f3n, de manera que el semen era considerado algo sagrado, algo que no se pod\u00ed\u00ada desperdiciar de ning\u00fan modo. Hoy sabemos qu\u00e9 \u00absobreabundancia\u00bb de semen ha dispuesto la naturaleza, de forma que el temor a la p\u00e9rdida del l\u00ed\u00adquido seminal no tiene ya raz\u00f3n de ser. Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo valorar el a. femenino desde el momento que en \u00e9l no hay emisi\u00f3n de semen?<br \/>\nDesde hace muy poco tiempo los autores de manuales, conscientes de la pobreza de la argumentaci\u00f3n tradicional, han tratado de hacer una nueva formulaci\u00f3n yendo a la b\u00fasqueda de una \u00abraz\u00f3n formal\u00bb con la cual apoyar la ilicitud de todo a., tanto masculino como femenino. La \u00abraz\u00f3n\u00bb ahora ya no se pone en el abuso del semen, sino en el abuso de la facultad generadora: el a. es declarado desorden intr\u00ed\u00adnsecamente grave porque supone una perturbaci\u00f3n del orden natural en una materia muy grave: frustrar el fin natural de propagaci\u00f3n de la especie mediante la realizaci\u00f3n separada y completa de la facultad de engendrar.<\/p>\n<p>Pero incluso esta argumentaci\u00f3n, si bien es mejor que la anterior, hoy no es considerada suficiente: todav\u00ed\u00ada depende de una concepci\u00f3n muy limitada y biologista que asume como \u00fanico criterio de valoraci\u00f3n el fin procreativo de la sexualidad. Hay quien, adem\u00e1s, resalta en esta argumentaci\u00f3n una indebida identificaci\u00f3n entre acto y facultad.- no se puede decir que los actos por separado carezcan de importancia, pero en la consideraci\u00f3n global del a. los actos aislados no constituyen siempre y necesariamente una frustraci\u00f3n sustancial de la facultad generativa.<\/p>\n<p>b) El autoerotismo, placer desordenado&#8217;: Otros autores de tratados de moral, comprendiendo que la argumentaci\u00f3n puramente biol\u00f3gica no es del todo satisfactoria para condenar el a., prefieren apoyar su argumentaci\u00f3n en el \u00abdesorden\u00bb del placer autoer\u00f3tico. Se trata de un progreso: se pasa de la biolog\u00ed\u00ada a la psicolog\u00ed\u00ada. Pero tambi\u00e9n esta soluci\u00f3n es insuficiente. \u00bfC\u00f3mo se puede declarar il\u00ed\u00adcito el placer si el acto con el que necesariamente se acompa\u00f1a no es il\u00ed\u00adcito? Efectivamente, la calificaci\u00f3n moral de un placer se mide desde la calificaci\u00f3n del acto que lo produce: si el acto es moralmente bueno, el placer que procura tambi\u00e9n lo es; si el acto es malo, tambi\u00e9n lo es el placer. En consecuencia, el placer autoer\u00f3tico puede ser declarado il\u00ed\u00adcito porque la acci\u00f3n a la que va unido es desordenada, y no viceversa.<\/p>\n<p>III. Nuevos criterios de valoraci\u00f3n<br \/>\nLa mayor parte de los autores modernos, vista la rigidez de la doctrina moral tradicional y de la insuficiencia de sus argumentos, han intentado v\u00ed\u00adas de soluci\u00f3n en distintas direcciones.<\/p>\n<p>1. DISTINCI\u00ed\u201cN ENTRE \u00abPECADO FORMAL\u00bb Y \u00abPECADO MATERIAL\u00bb. Algunos moralistas, introduciendo la distinci\u00f3n entre \u00abpecado formal\u00bb y \u00abpecado material\u00bb, creen que muchos pecados de a. son pecados puramente materiales desde el momento que en ellos generalmente falta ola advertencia o la libertad de elecci\u00f3n que se requiere para que se d\u00e9 el pecado formal. Estos autores, partiendo de los conocimientos de la psicolog\u00ed\u00ada humana, sobre todo de la psicolog\u00ed\u00ada del inconsciente, creen que en la mayor parte de los pecados de este tipo no existe responsabilidad moral suficiente para acusar a los sujetos (especialmente a los adolescentes) de culpa grave.<\/p>\n<p>La mayor o menor responsabilidad moral en estos casos es considerada de muy diversa manera por los autores. Algunos llegan a la presunci\u00f3n general de que los pecados sexuales son graves s\u00f3lo materialmente. Otros, con actitud m\u00e1s prudente, prefieren afirmar que son frecuentes los casos en los que no se constata grave culpabilidad subjetiva. Se debe juzgar caso por caso. En esta l\u00ed\u00adnea, pero con mucha m\u00e1s prudencia, se sit\u00faa la Declaraci\u00f3n sobre algunas cuestiones de \u00e9tica sexual de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe (29-XII-1975) cuando afirma que, \u00aben general, la ausencia de grave responsabilidad no debe presumirse; esto significar\u00ed\u00ada desconocer la capacidad moral de las personas\u00bb (n. 9).<\/p>\n<p>2. DESDE LA PERSPECTIVA DE LA l \u00abOPCI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL\u00bb. Para demostrar que el acto autoer\u00f3tico no siempre tiene una gravedad objetiva, es decir, que el a. no es un pecado grave ex foto genere suo, alg\u00fan autor recurre a la \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb, como criterio para valorarlo. Desde la perspectiva de la opci\u00f3n fundamental, la distinci\u00f3n entre pecado mortal y venial toma un nuevo cariz: la diferencia entre uno y otro hay que buscarla en el distinto compromiso existencial del sujeto en una acci\u00f3n concreta. En el caso del a., generalmente se acepta (sobre todo para los adolescentes) que el acto autoer\u00f3tico no compromete al n\u00facleo de la persona de tal modo que en \u00e9l se exprese siempre una opci\u00f3n fundamental. En los casos de menor desorden hay buenas razones para pensar que una persona normal no se da cuenta de que est\u00e1 en juego la salvaci\u00f3n, por lo cual su decisi\u00f3n no surge de la profundidad de su voluntad: se trata, por tanto, de una decisi\u00f3n imperfecta, de un pecado venial.<\/p>\n<p>3. REINTERPRETACI\u00ed\u201cN DE LAS MOTIVACIONES TRADICIONALES DESDE UNA PERSPECTIVA PERSONALISTA.<\/p>\n<p>Algunos te\u00f3logos reinterpretan los dos argumentos tradicionales sobre los que se basaba la condena del a. (\u00abacto contra natura\u00bb y \u00abplacer desordenado&#8217; desde la perspectiva personalista. Ya no entienden el \u00abcontra natura\u00bb simplemente como frustraci\u00f3n voluntaria de una finalidad biol\u00f3gica, sino como algo que se realiza contra la naturaleza humana o, mejor a\u00fan, personal. La sexualidad, aunque englobe valores biol\u00f3gicos, debe colocarse a nivel de la persona. E1 verdadero sentido de la sexualidad humana le viene de ser relaci\u00f3n interpersonal. Ahora bien, el a. frustra y anula este car\u00e1cter relacional interpersonal. La inmoralidad del a. no se basa s\u00f3lo en la frustraci\u00f3n de una finalidad biol\u00f3gica (que es cierta, pero que rara vez se hace realidad), sino en la ausencia de un partner, de una persona amada. Tambi\u00e9n el segundo argumento, el del \u00abplacer desordenado\u00bb, es asumido de nuevo en esta perspectiva personalista. El desorden no reside en el placer mismo, sino en el hecho de que el placer sexual sea deseado y vivido sin referencia a una persona amada. Quien realiza el a. busca exclusivamente el propio placer, vive la sexualidad en el c\u00ed\u00adrculo cerrado de s\u00ed\u00ad mismo, es un ego\u00ed\u00adsta.<\/p>\n<p>La Declaraci\u00f3n antes citada de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe tambi\u00e9n interpreta las razones tradicionales desde esta perspectiva personalista. Condena el comportamiento autoer\u00f3tico desde una visi\u00f3n de la sexualidad como funci\u00f3n intersubjetiva que ha de realizarse en el matrimonio en cuanto dirigida a la mutua donaci\u00f3n entre los esposos y a la propagaci\u00f3n de la vida humana. El a. es considerado un \u00abacto intr\u00ed\u00adnseco y gravemente desordenado\u00bb, porque \u00abcualquiera que sea el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente su finalidad. A este uso le falta, en efecto, la relaci\u00f3n sexual exigida por el orden moral, la que realiza, en un contexto de verdadero amor, el sentido \u00ed\u00adntegro de la mutua donaci\u00f3n y de la procreaci\u00f3n humana. S\u00f3lo a esta relaci\u00f3n regular debe reservarse todo ejercicio deliberado de la sexualidad\u00bb (n. 9).<\/p>\n<p>4. PLANTEAMIENTOS M\u00ed\u0081S RECIENTES. \u00daltimamente, dentro de la reflexi\u00f3n personalista, se manifiesta la tendencia de los te\u00f3logos a acentuar, de forma cada vez m\u00e1s radical, el aspecto intersubjetivo, resaltando el car\u00e1cter de entrega y de relaci\u00f3n interpersonal propio de la sexualidad. Hoy la negatividad moral del a. se basa cada vez con mayor frecuencia, m\u00e1s que en la frustraci\u00f3n del fin procreativo de la sexualidad, en su estructural separaci\u00f3n del amor. El a. aparece como un comportamiento solipsista, privado de apertura a la relaci\u00f3n com\u00fan; por eso mismo, incapaz de dar a la sexualidad su aut\u00e9ntico valor humano.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, para captar mejor la dimensi\u00f3n real del a., algunos autores tienden a considerar las condiciones personales no ya en la l\u00ed\u00adnea de una mayor o menor responsabilidad subjetiva, sino como elementos objetivos de la realidad del a. De este modo, el a. difiere objetivamente seg\u00fan el momento en que se presenta dentro de la din\u00e1mica de la evoluci\u00f3n psicosexual de la persona. El a. es diferente seg\u00fan los diversos estratos de la personalidad humana que aparecen implicados: el estrato biol\u00f3gico, el psicol\u00f3gico, el de la intimidad personal. Seg\u00fan el momento en que se presenta, efectivamente es muy distinto, por ejemplo, el a. de un adolescente del de un adulto: tiene un significado muy distinto en la vivencia existencial de la persona. En consecuencia, la valoraci\u00f3n moral del a. se hace bas\u00e1ndose en el grado de compromiso que ejerce en la evoluci\u00f3n progresiva y arm\u00f3nica de la persona: frustraci\u00f3n del crecimiento personal y\/ o desintegraci\u00f3n de alguno de los estratos de la personalidad. Este compromiso var\u00ed\u00ada seg\u00fan la intensidad de los actos, de su cantidad y del momento en que son realizados.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, parece obvio que el juicio sobre el a. debe ser muy distinto seg\u00fan que se presente como s\u00ed\u00adntoma de crecimiento en el momento presente, como un comportamiento bastante arraigado (&#8211; h\u00e1bito) o tambi\u00e9n como una actitud mental profundamente negativa (= mentalidad autoer\u00f3tica).<\/p>\n<p>Sobre la base de tales distinciones se pueden formular algunos criterios de discernimiento que son muy \u00fatiles y que responden a la situaci\u00f3n real de las personas. Cuando un adolescente est\u00e1 animado por el sereno dominio de s\u00ed\u00ad mismo y de una madura integraci\u00f3n de la propia sexualidad, cuando demuestra empe\u00f1o en la vida moral y religiosa, se puede presumir leg\u00ed\u00adtimamente, a pesar de las ca\u00ed\u00addas -incluso repetidas-, que se trata de un comportamiento autoer\u00f3tico debido m\u00e1s a los condicionantes interiores y ambientales que a una mala voluntad. Es distinto el caso de quien manifiesta una altitud de ego\u00ed\u00adsmo y cerraz\u00f3n. En este caso el a. puede asumir la apariencia tr\u00e1gica de ser signo que manifiesta un endurecimiento del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Por esto se comprende c\u00f3mo la gravedad del a. se vea sobre todo a nivel de la actitud. \u00abMe parece que la moral -escribe con raz\u00f3n B. Haring- deber\u00ed\u00ada centrar su atenci\u00f3n en el tipo de autoest\u00ed\u00admulo que manifiesta o va acompa\u00f1ado de un egocentrismo que se expresa no s\u00f3lo en la vida sexual, sino en toda la vida, y que debe ser superado con el desarrollo moral y psicol\u00f3gico. El s\u00ed\u00adndrome de la masturbaci\u00f3n es, especialmente serio si manifiesta narcisismo, es decir, un enclaustramiento en el yo ego\u00ed\u00adsta\u00bb (o. c. \/ en la bibl., 583).<\/p>\n<p>IV. Perspectivas pedag\u00f3gico-pastorales<br \/>\nUna pastoral educativa debe sobre todo buscar la superaci\u00f3n de la actitud autoer\u00f3tica aportando al adolescente las ayudas necesarias para que pueda llegar a la integraci\u00f3n de la propia sexualidad y a la apertura de entrega a los dem\u00e1s (l Educaci\u00f3n moral III).<\/p>\n<p>Para poder realizar esta tarea fundamental es necesario que padres y educadores hayan resuelto a nivel existencial los propios conflictos sexuales, posean una visi\u00f3n serena y equilibrada de la sexualidad y sean capaces de dialogar con el muchacho en actitud de apertura y esp\u00ed\u00adritu de servicio. La comprensi\u00f3n, la confianza, el afecto, los momentos de conversaci\u00f3n que se presentan son las ayudas m\u00e1s deseables y eficaces que el educador puede ofrecerle.<\/p>\n<p>Sin disminuir la capacidad de autocontrol y de sacrificio del muchacho, en primer lugar se debe desdramatizar el problema del a., por la angustia a que siempre suele ir unido y por el hecho de que la mayor parte de las veces est\u00e1 condicionado por otros factores, y hacer entender al adolescente que las dificultades que encuentre son normales y gradualmente superables. En segundo lugar conviene ofrecerle centros reales de inter\u00e9s, adecuados a su edad, que le ayuden a concentrar los esfuerzos en el desarrollo de la propia personalidad y en el compromiso hacia los dem\u00e1s mediante formas de servicio en los distintos ambientes en los que se mueve (familia, escuela, grupo, parroquia, etc.). De ese modo se va concentrando el esfuerzo del muchacho en el verdadero problema, que es el del paso del a. como actitud a la apertura a los dem\u00e1s, del enclaustramiento en s\u00ed\u00ad mismo al amor.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed\u00ad se comprende lo inoportuna que es, en relaci\u00f3n al a., una estrategia de represi\u00f3n frontal que fije su atenci\u00f3n en el fen\u00f3meno en s\u00ed\u00ad, con el riesgo de agrandarlo a sus ojos y de hacerlo obsesivo e insuperable. \u00abUn educador y consejero perspicaz debe esforzarse en individuar las causas de la desviaci\u00f3n para ayudar al adolescente a superar la inmadurez que se manifiesta en este h\u00e1bito. Desde el punto de vista educativo, conviene tener presente que la masturbaci\u00f3n y otras formas de a. son s\u00ed\u00adntomas de problemas mucho m\u00e1s profundos&#8230; Este hecho requiere que la acci\u00f3n pedag\u00f3gica vaya orientada a las causas m\u00e1s que a la represi\u00f3n directa del fen\u00f3meno\u00bb (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00f3N CAT\u00f3LICA, Orientaciones educativas sobre el amor humano [I-XI1983], n. 99).<\/p>\n<p>Es importante tambi\u00e9n la educaci\u00f3n religiosa, ya que la vida de fe, si es aut\u00e9ntica, puede contribuir enormemente al crecimiento personal en la dimensi\u00f3n de entrega y por lo tanto a la superaci\u00f3n del comportamiento autoer\u00f3tico. Se debe evitar presentar la oraci\u00f3n y la frecuente participaci\u00f3n en los sacramentos como medios que act\u00faan de forma m\u00e1gica, eliminando cualquier dificultad. Se promover\u00ed\u00adan f\u00e1ciles decepciones que podr\u00ed\u00adan conducir al rechazo de las pr\u00e1cticas religiosas.<\/p>\n<p>Finalmente, conviene crear en torno a los adolescentes un ambiente educativo sano que favorezca la maduraci\u00f3n armoniosa de su personalidad. Esto ser\u00e1 posible si al mismo tiempo hay un esfuerzo en favor de la construcci\u00f3n de una sociedad mejor, en la cual la sexualidad no sea presentada como un tab\u00fa o como un producto de intercambio hedon\u00ed\u00adstico, sino como lenguaje del aut\u00e9ntico encuentro humano y de las relaciones sociales m\u00e1s profundas (! Sexualidad).<\/p>\n<p>[l Educaci\u00f3n moral; t Educaci\u00f3n sexual; l Pornograf\u00ed\u00ada y erotismo; l Sexualidad].<\/p>\n<p>BIBL.: ALSTEENs A., La masturbaci\u00f3n en los adolescentes, Herder, Barcelona 1978; CAPELLI G:, Autoerotismo: un problema morale nei primi secoli cristiani7, Dehoniane, Bolonia 1986; CoNGREGACI6N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaraci\u00f3n sobre algunas cuestiones de \u00e9tica sexual, 29-XII-1975; CONGREGACIUN PARA LA EDUCACI\u00f3N CAT\u00f3LICA, Orientaciones educativas sobre el amor humano, 1-XI-1983; GARBELLI G.B., Masturbaci\u00f3n, en DETM (suplemento), Paulinas, Madrid 19804; GATTI G., Morale sessuale. Educazione al amore, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1979; HARING B., Libertad y fidelidad en Cristo II, Herder, Barcelona 1982; NALESso A., L autoerotismo dell adolescente, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1970; PERICO G., Giovani e amore, Aggiornamenti sociali, Mil\u00e1n 1982; PLANA G., Orientamenti di etica sessuale, en T. GOFFI y G. PLANA (eds.), Corso di morale II: Diakonia, Queriniana, Brescia 1983; PLE A., La masturbaci\u00f3n. Reflexiones morales y pastorales, Paulinas, Madrid 1971; VIDAL M., Moral del amor y de la sexualidad, PS, Madrid 1991 (t. II, 2 a parte de Moral de actitudes).<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por autoerotismo se entiende generalmente la b\u00fasqueda en la propia persona de sensaciones o emociones claramente sexuales o que pueden reducirse a un significado sexual. 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