{"id":16564,"date":"2016-02-05T10:50:23","date_gmt":"2016-02-05T15:50:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/educacion-sexual\/"},"modified":"2016-02-05T10:50:23","modified_gmt":"2016-02-05T15:50:23","slug":"educacion-sexual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/educacion-sexual\/","title":{"rendered":"EDUCACION SEXUAL"},"content":{"rendered":"<p>Por educaci\u00f3n sexual se entiende la intervenci\u00f3n pedag\u00f3gica en el terreno de la sexualidad. No se trata de una simple instrucci\u00f3n sexual, entendida como descripci\u00f3n en clave bio-fisiol\u00f3gica de todo lo que afecta a la sexualidad y a su ejercicio, La educaci\u00f3n sexual &#8211; se refiere al mundo de los valores y del deber ser; infunde a la instrucci\u00f3n un suplemento de alma: compromete al joven a situar la sexualidad en la intimidad de su ser: lo motiva a subordinar los impulsos personales a un proyecto de vida.<\/p>\n<p>En el actual contexto cultural se reconoce com\u00fanmente la necesidad de la educaci\u00f3n sexual. Tambi\u00e9n la Iglesia reconoce esta necesidad cuando en el documento conciliar Gravissimum educationis declara: \u00ab(Los ni\u00f1os y los adolescentes), a medida que su edad avanza, sean instruidos en una positiva y prudente educaci\u00f3n sexual\u00bb (n. 1).<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n sexual no debe extrapolarse o apartarse del compromiso educativo general de la persona; en efecto, la educaci\u00f3n sexual no es un hecho en s\u00ed\u00ad mismo, sino un aspecto de la educaci\u00f3n global de la persona. Afirmar esto significa reconocer que no existe ninguna estructura educativa a la que no corresponda, por lo que a ella se refiera, tocar el tema de la sexualidad.<\/p>\n<p>Le corresponde en primer lugar a la familia, en la que los ni\u00f1os descubren su propia identidad sexual, se enfrentan con la realidad masculino-femenina de la pareja de sus padres, viven el dinamismo constructivo de la \u00abseparaci\u00f3n\u00bb progresiva de los mismos, que tiene una funci\u00f3n educativa primaria en orden a la educaci\u00f3n sexual. Tiene una importancia fundamental el que, a trav\u00e9s del di\u00e1logo, los hijos se sientan libres para interpelar a sus padres y no se sientan enga\u00f1ados por ellos; que se vean conducidos a valorar con naturalidad la evoluci\u00f3n de su personalidad sexuada, a reconocer la naturaleza de sus impulsos, a afianzar la voluntad de dominarlos, situando este dominio en una proyecci\u00f3n de madurez adquirida. Est\u00e1 luego la escuela, que, junto con la familia, tiene tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad una misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. La atenci\u00f3n de la escuela debe dirigirse a una informaci\u00f3n concisa y correcta y al mismo tiempo a una obra educativa y continua en el plano de los valores, que permita emprender un proceso de crecimiento de personas \u00e9ticamente motivadas, interiormente libres y psicol\u00f3gicamente maduras. Ser\u00ed\u00ada un contrasentido querer hacer de la educaci\u00f3n sexual una nueva disciplina o una materia suplementaria. La educaci\u00f3n sexual no puede ser una acci\u00f3n especial y limitada: tiene que ser progresiva e inscribirse d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada en una educaci\u00f3n global de la persona dentro de la escuela y en otros lugares.<\/p>\n<p>Junto con la familia y con la escuela, tambi\u00e9n la comunidad eclesial tiene su propia funci\u00f3n educativa. Ante todo, en relaci\u00f3n con las familias, para ofrecerles una iluminaci\u00f3n, un apoyo, una ayuda en su tarea formativa, Adem\u00e1s, los grupos de j\u00f3venes no pueden dispensarse de arrostrar este aspecto de la educaci\u00f3n, por la importancia que la sexualidad reviste en el desarrollo global de la persona, incluso en orden a la fe, y &#8211; especialmente hoy por la preponderancia de los temas sexuales en la cultura dominante y a menudo en la experiencia de vida d~ la gente.<\/p>\n<p>A fin de proponer los contenidos de la educaci\u00f3n sexual que sean m\u00e1s oportunos en cada ocasi\u00f3n, los educadores deber\u00e1n tener presentes algunos criterios metodol\u00f3gicos: 1) verdad: iluminar al menor excluyendo el enga\u00f1o.<\/p>\n<p>el desprecio y todo tipo de morbosidad: 2) adecuaci\u00f3n: hay que dar a conocer al interesado no \u00abtodo\u00bb, sino lo que le sirva para su crecimiento: 3) oportunidad: seguir el mismo paso del desarrollo del educando, sobre todo en los momentos dif\u00ed\u00adciles de la pubertad y de la adolescencia: 4) integraci\u00f3n: Situar la informaci\u00f3n sexual en el \u00e1mbito de los valores \u00e9ticos y del amor. 5J serenidad: infundir y reforzar una actitud de naturalidad sobre cualquier problema moral en el adulto y de tranquilidad confiada en el educando.<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: AA, vv\u00bb La educaci\u00f3n sexual, Nova Terra, Barcelona 1968: J. L, Larrahe. Catequesis y educaci\u00f3n del sexo, PPC, Madrid 1979; Melendo, Educaci\u00f3n af\u00e9ctivo-sexual integradora, PPC, Madrid 1986; F L\u00f3pez y A. Fuentes, Para comprender la sexualidad, Verbo Divino, Estella &#8216;1994; Congregaci\u00f3n para la educaci\u00f3n cat\u00f3lica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, PPC, Madrid 1983.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Premisa general.<br \/>\nII. Fundamentos cient\u00ed\u00adficos y antropol\u00f3gicos de la sexualidad:<br \/>\n1. Los fundamentos cient\u00ed\u00adficos de la sexualidad;<br \/>\n2. La antropolog\u00ed\u00ada de la sexualidad.<br \/>\nIII. La educaci\u00f3n sexual en la infancia:<br \/>\n1. La infancia;<br \/>\n2. La ni\u00f1ez;<br \/>\n3. La preadolescencia.<br \/>\nIV. La educaci\u00f3n sexual en la juventud:<br \/>\n1. La adolescencia;<br \/>\n2. La juventud.<br \/>\nV. La educaci\u00f3n sexual en la edad adulta:<br \/>\n1. La vida de pareja;<br \/>\n2. El conflicto psicosexual y el crecimiento del amor conyugal;<br \/>\n3. El valor de la fidelidad en sus m\u00faltiples aspectos.<br \/>\nVI. La educaci\u00f3n sexual en la ancianidad.<\/p>\n<p>I. Premisa general<br \/>\nPara desarrollar el tema de este art\u00ed\u00adculo es necesario referirse a la historia de la cultura, tal como se ha estado haciendo en Occidente desde comienzos de nuestro siglo. En ella se nos plantea una cuesti\u00f3n muy seria: si es todav\u00ed\u00ada posible educar o si, por el contrario, habr\u00e1 que renunciar a una actividad propia de otros tiempos. Hoy son muchos los que se inclinan a pensar que sobre la educaci\u00f3n est\u00e1 prevaleciendo en las \u00faltimas d\u00e9cadas la instrucci\u00f3n. J. Maritain observ\u00f3 en 1945 que la sociedad hab\u00ed\u00ada sufrido \u00abun completo descalabro\u00bb en materia de valores morales, que, seg\u00fan A. Rosmini, constituyen la forma de la educaci\u00f3n y su fin, es decir, la perfecci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Hacia el final de los a\u00f1os setenta se difundi\u00f3 una cierta inquietud por las dificultades que atravesaba la educaci\u00f3n. G. Acone percibi\u00f3 en La \u00faltima frontera de la educaci\u00f3n un descalabro todav\u00ed\u00ada mayor en los a\u00f1os ochenta, convencido como est\u00e1 que el estado de las cosas est\u00e1 destinado a ir peor conforme nos acercamos al umbral del tercer milenio. Esto se deber\u00ed\u00ada, a la importancia que ha asumido la \u00e9cnica, el desmoronamiento de los sistemas ideol\u00f3gicos y pol\u00ed\u00adticos de car\u00e1cter global, a la universalizaci\u00f3n que se ha hecho en torno a la moderna raz\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. De ah\u00ed\u00ad se desprenden algunas preguntas sobre el sentido de la educaci\u00f3n como humanizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Vivimos en una \u00e9poca en la que la raz\u00f3n, considerada hasta ahora como la capacidad de la persona para captar el ser y la verdad, ha cedido el paso a una raz\u00f3n cient\u00ed\u00adfico-tecnol\u00f3gica, dirigida a potenciar medios, pero incapaz de proponer fines; inclinada a favorecer hechos, pero inadecuada para darles contenido. En esta transformaci\u00f3n cultural, cuanto m\u00e1s se debilitan el realismo metaf\u00ed\u00adsico y la concepci\u00f3n de la vida inspirada en el cristianismo, tanto mayor es la importancia que adquieren lo contingente lo ef\u00ed\u00admero, lo cotidiano, el cuerpo, el culto a lo instintivo y a la sexualidad no sublimada. La fase posracional, que se corresponde con la poscristiana, ha provocado en nuestro siglo la secuencia cuerpo-sexualidad-deseo, reforzada adem\u00e1s por el trabajo de algunos intelectuales europeos.<\/p>\n<p>La cultura acad\u00e9mica debe ser consciente de las transformaciones que se est\u00e1n realizando y debe tratar de captar el significado de las tendencias que afloran. Una, que se remonta a F.W. Nietzsche y a A.D.F. de Sade, y m\u00e1s recientemente en Italia a G. Vattimo y E. Severino, exalta la racionalidad cient\u00ed\u00adfica, que, sin embargo, est\u00e1 en crisis. El nuevo nihilismo es una referencia obligada, una dimensi\u00f3n que la gente com\u00fan ha conocido por primera vez, con delet\u00e9reas consecuencias sobre las costumbres y valores inspirados en el pasado. Otra se remite al cristianismo, y considera a santo Tom\u00e1s, A. Rosmini y J. Maritain como sus m\u00e1s ilustres promotores. Hoy es minor\u00ed\u00ada ante la extensi\u00f3n de los modelos cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnicos.<\/p>\n<p>Nos encontramos en una encrucijada, que, seg\u00fan G. Acone, podr\u00ed\u00ada ser la \u00faltima oportunidad. Est\u00e1 en juego la elecci\u00f3n entre humanismo y nihilismo, entre una paideia anclada en el realismo metaf\u00ed\u00adsico-religioso y otra sin valores. Esta refleja un nihilismo total, aqu\u00e9lla un proyecto orientado a la trascendencia. La educaci\u00f3n contempor\u00e1nea est\u00e1 dividida entre estas dos mentalidades. Es necesario saber cu\u00e1l puede asegurar la supervivencia del individuo: si el nihilismo posmoderno y poscristiano o la visi\u00f3n seg\u00fan la cual la persona sigue siendo un fin en s\u00ed\u00ad misma, un derecho subsistente por s\u00ed\u00ad mismo, un valor absoluto; si la concepci\u00f3n basada en el empirismo tecnocr\u00e1tico o la que mantiene el ideal \u00e9tico-metaf\u00ed\u00adsico de la persona. El primer polo de este dilema marca el final de la educaci\u00f3n y el comienzo del tiempo de la instrucci\u00f3n, regida por la metodolog\u00ed\u00ada y la t\u00e9cnica; el segundo sigue exaltando los conceptos de fin, de valor, de trascendencia.<\/p>\n<p>Estas breves indicaciones son una muestra de c\u00f3mo resulta inaplazable para el educador conocer la filosof\u00ed\u00ada de la cultura en la que estamos asentados. Al mismo tiempo le hacen sabedor de las dificultades que le esperan, si quiere ocuparse de educaci\u00f3n para la libertad, la tolerancia, la paz, la responsabilidad y, en nuestro caso, de educaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>El autor de este art\u00ed\u00adculo se sit\u00faa entre los pedagogos que fundamentan su teor\u00ed\u00ada en el concepto de persona, es decir, entre los seguidores de una \u00abontolog\u00ed\u00ada fuerte\u00bb y de una actitud positiva sobre los logros de la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera dicotom\u00ed\u00ada que sugieren las referencias anteriores ata\u00f1e a la educaci\u00f3n o la instrucci\u00f3n sexual, eje de todo lo que seguir\u00e1. La instrucci\u00f3n sexual describe en clave bio-fisiol\u00f3gica lo que incumbe a la t sexualidad y a su ejercicio, lo mismo que todos los problemas que suscita al respecto la cultura contempor\u00e1nea. Quien asume la subjetividad como referencia \u00faltima de su conducta niega cualquier norma objetiva y universal, relativiza cualquier problema, se erige en \u00e1rbitro absoluto de s\u00ed\u00ad mismo. W. Reich y H. Marcuse se oponen y van mucho m\u00e1s all\u00e1 que S. Freud. En su opini\u00f3n, la civilizaci\u00f3n no necesita represiones y puede progresar tambi\u00e9n con la liberalizaci\u00f3n plena de la sexualidad, \u00e1 cuyo ejercicio, precedido de una informaci\u00f3n, la juventud tiene derecho.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n sexual introduce en el mundo valores y un sentido del deber-ser. Sobre este punto han insistido todos los pedagogos de la corriente personalista, comenzando por A. Kriekemans. La educaci\u00f3n sexual infunde a la instrucci\u00f3n un suplemento de alma, compromete al&#8217; j\u00f3ven a que sit\u00fae la sexualidad en lo \u00ed\u00adntimo de su ser, lo motiva para que subordine sus impulsos personales a un proyecto de vida. Se hace de esta manera pedagoga del car\u00e1cter y de la voluntad, se apoya en una concepci\u00f3n moral muy concreta; encauza la sensibilidad hacia las necesidades objetivas del sujeto.<\/p>\n<p>La tendencia a separar la \u00ed\u00adnfor~aci\u00f3n de la educaci\u00f3n sexual se ha reforzado recientemente. Muchos, seg\u00fan W. Kuhn, han cedido a los halagos de nuestra \u00e9poca. En muchos estudios se presenta el amor desde una perspectiva exclusivamente biol\u00f3gica, identificado con el sexo, devaluado en la escuela a mera \u00abcuesti\u00f3n sanitaria\u00bb. Los pedagogos de referencia cristiano-personalista propugnan en cambio, y desde siempre, la simbiosis de instrucci\u00f3n y educaci\u00f3n, apoyados en esto por cient\u00ed\u00adficos notables, como W. Kretschmer, que al exponer una idea, no s\u00f3lo suya, sino de la \u00faltima generaci\u00f3n de los grandes psiquiatras alemanes, observ\u00f3 que la propensi\u00f3n a la instrucci\u00f3n, con amplias referencias a las ciencias naturales y psicol\u00f3gicas, \u00abes un s\u00ed\u00adntoma elocuente de nuestra \u00e9poca joven, t\u00e9cnica y racionalista\u00bb. Seg\u00fan \u00e9l, los j\u00f3venes no s\u00f3lo deben conocer los hechos, sino tambi\u00e9n formarse ideas claras sobre el amor; ver la raz\u00f3n de la sexualidad y a la vez analizar sus aspectos interiores y espirituales.<\/p>\n<p>Para comprender la evoluci\u00f3n de las \u00faltimas d\u00e9cadas y las transformaciones que siguen teniendo lugar, basta pensar en las directrices impartidas por L. Frangois, encargado en 1947 por el ministerio franc\u00e9s de Educaci\u00f3n de presidir una comisi\u00f3n nombrada para estudiar c\u00f3mo introducir la educaci\u00f3n sexual y la coeducaci\u00f3n en las escuelas p\u00fablicas, y en las sucesivas circulares redactadas sobre el tema en el citado ministerio. Entonces la informaci\u00f3n y la educaci\u00f3n sexual se reputaban inseparables: \u00abEl primer problema -afirmaba L. Frangois- es sobre todo cient\u00ed\u00adfico, aunque implica un fin moral; el segundo es esencialmente moral, pero supone una instrucci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica\u00bb. En 1979 un decreto ministerial estableci\u00f3 en qu\u00e9 deb\u00ed\u00ada consistir la instrucci\u00f3n sexual en algunas clases. Se hac\u00ed\u00ada obligatoria para todos, pero la educaci\u00f3n sexual quedaba como facultativa y subordinada a la autorizaci\u00f3n de los padres. De este modo entre las dos se abri\u00f3 oficialmente una fisura.<\/p>\n<p>II. Fundamentos cient\u00ed\u00adficos y antropol\u00f3gicos de la sexualidad<br \/>\nAl joven hay que ayudarlo con una concepci\u00f3n no distorsionada de su propia individualidad sexuada, para que en su vida de adulto no se vea oprimido por una ansiedad in\u00fatil ni suscite en otros falsos problemas. Es, por lo tanto, conveniente que la formaci\u00f3n le aporte una imagen precisa de la sexualidad desde las perspectivas cient\u00ed\u00adficas y antropol\u00f3gicas. Una visi\u00f3n s\u00f3lo t\u00e9cnica o s\u00f3lo filos\u00f3fica de ella es contraria a esta exigencia; deja insatisfecho al individuo y embota su capacidad de comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para J. Vieujean el amor, si bien no es el todo de la persona, le permite alcanzar su perfecci\u00f3n. Muchachos y muchachas intuyen que la sexualidad y el amor, aun aliment\u00e1ndose de la sustancia biol\u00f3gica de su ser, la trascienden y rozan la esencia del esp\u00ed\u00adritu. Incluso sin necesidad de una reflexi\u00f3n profunda y laboriosa, no les cuesta entender que ni un enfoque meramente fisiol\u00f3gico del sexo ni un planteamiento exclusivamente espiritual del amor corresponde a sus expectativas, por ser ambas presentaciones parciales.<\/p>\n<p>1. LOS FUNDAMENTOS CIENT\u00ed\u008dFICOS DE LA SEXUALIDAD. En nuestro siglo las concepciones sobre esto se hari distinguido por notables progresos, especialmente en el aspecto biopsicol\u00f3gico. Sin embargo, por no ser conocidas por la mayor\u00ed\u00ada, no han producido los frutos esperados, de forma que su aportaci\u00f3n a la felicidad humana ha sido todav\u00ed\u00ada marginal. Otras veces, asumidas como un absoluto, han alimentado una mentalidad hostil a todo lo que se distanciaba de ellos. Ya W. Kretschmer hab\u00ed\u00ada advertido que el saber cient\u00ed\u00adficot\u00e9cnico \u00abconduce a una actitud egoc\u00e9ntrica sin amor\u00bb.<\/p>\n<p>El conocimiento cient\u00ed\u00adfico de la sexualidad le es necesario tanto al joven como al adulto. A1 preadolescente y al adolescente le convienen conocimientos adecuados a su edad, para orientar sus intereses concretos, para dar respuestas intelectuales a los problemas que cada d\u00ed\u00ada afrontan, para disponerlos a soportar el choque con las experiencias de su contexto que les perturban. En este trabajo est\u00e1n implicados todos los educadores decididos a apoyar a los j\u00f3venes de nuestro tiempo, en el que cuentan menos la familia, la escuela, la Iglesia, y cada vez m\u00e1s el asociacionismo informal, autogestionado, amoral.<\/p>\n<p>Los mismos adultos y padres necesitan nociones exactas sobre el dinamismo y los fines de la sexualidad, los procesos de comunicaci\u00f3n en la parejay la familia, las leyes que aportan estabilidad psicol\u00f3gica a una y otra. Lo importante ser\u00ed\u00ada que pudiesen tomar estas nociones de fuentes seguras y de manera accesible, para poder sacar fruto de todo lo que han aprendido. Por lo que se ve, en la vida adulta las ideas cient\u00ed\u00adficas afectan a la realidad sexual de la pareja, como tambi\u00e9n a los problemas psicol\u00f3gicos conyugales y familiares<br \/>\n2. LA ANTROPOLOG\u00ed\u008dA DE LA SEXUALIDAD. Si el hombre es por s\u00ed\u00ad mismo un misterio, su sexualidad participa de esta trascendencia. Por eso ni las m\u00e1s sofisticadas investigaciones conseguir\u00e1n nunca explorarla por entero. Pero si se integran en la antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica o teol\u00f3gica se enriquecen en su capacidad anal\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada espiritualista moderna insiste en la totalidad del hombre, exalta su poder de autodeterminaci\u00f3n, subraya la tendencia de la persona hacia los valores. Dentro de este marco, la sexualidad aparece como \u00abla condici\u00f3n y hasta el lugar de la experiencia problem\u00e1tica y metaf\u00ed\u00adsica\u00bb. La naturaleza sexuada del hombre y de la mujer se hace medio, con el que los dos seres se intercambian sus riquezas respectivas y sienten que la intencionalidad presente en su acto se eleva a trav\u00e9s de su genitalidad a un nivel superior. Como observa J. Nuttin, \u00abel objeto sexual es infinitamente m\u00e1s rico que el cuerpo objetivo; en \u00e9l est\u00e1 la persona revestida de misterio y de la atracci\u00f3n que ejerce su personalidad \u00ed\u00adntima\u00bb.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis filos\u00f3fico de la sexualidad no ha igualado al progreso de las ciencias positivas. Sin embargo es deseable que en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas llegue a ser un campo de fecunda investigaci\u00f3n para los personalistas. La nueva cultura de la sexualidad, penetrada por las aportaciones cient\u00ed\u00adficas, filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas; podr\u00ed\u00ada desarrollarse de forma distinta a la que ahora est\u00e1 en auge y ayudar a los adultos a disfrutar de una dimensi\u00f3n amenazada por la persistente hipoteca del materialismo.<\/p>\n<p>Es muy imp\u00f3rtamela reflexi\u00f3n previa acerca del valor educativo de los estudios sobre el arco vital de la persona pasa mostrar que la evoluci\u00f3n ocupa toda la existencia del individuo. El m\u00e9rito de hacer resaltar los estadios posteriores a la adolescencia corresponde a C.G. Jung, definido por D.J. Levinson como \u00abel fundador del estudio del desarrollo \u00e1dulto\u00bb. Con raz\u00f3n, el psic\u00f3logo suizo se detuvo en los a\u00f1os intermedios, situados entre la madurez y la ancianidad. Su trabajo se ignor\u00f3 por mucho tiempo. Para encontrar un continuador suyo hay que llegar a E.H. Erikson, a quien se debe la descripci\u00f3n de algunos estadios posjuveniles, ampliada por los miembros de su escuela, por psic\u00f3logos estadounidenses IL. Kohlberg, R. Gould, J. L\u00f3vinger) y alemanes (H. Thomae, U. Lehr). Durante mucho tiempo la psicolog\u00ed\u00ada, por influjo de Freud, dio a entender que el crecimiento terminaba con la adolescencia.<\/p>\n<p>Esta influencia ha condicionado a la pedagog\u00ed\u00ada y a la educaci\u00f3n, cuyo inter\u00e9s se ha circunscrito a la infancia y pubert\u00e1d, abandonando en gran parte la preadolescencia y la adolescencia y casi totalmente las etapas posteriores. Las \u00faltimas investigaciones longitudinales y biogr\u00e1ficas han abierto a la investigaci\u00f3n la vida adulta y la ancianidad, refutando as\u00ed\u00ad la doctrina freudiana de la no prosecuci\u00f3n del desarrollo despu\u00e9s de la adolescencia. De la teor\u00ed\u00ada del arco vital nace el concepto de tarea de desarrollo, propio de cada estadio. Surge de los varios componentes biol\u00f3gicos y culturales, de las expectativas y de los valores percibidos por el sujeto.<\/p>\n<p>Siguiendo los conceptos expuestos, la educaci\u00f3n sexual plantea dos tipos de consideraciones. El primero se refiere a los ben\u00e9ficos efectos que sobre el estadio posterior tiene una formaci\u00f3n bien cimentada en el anterior. Entre los muchos autores bastar\u00ed\u00ada citar, a C. B\u00fchler, que muestra la incapacidad de muchas personas para orientar positivamente sus instintos debido a problemas de relaci\u00f3n surgidos en los primeros a\u00f1os con sus padres; o L. Ancona, convencido de que ya en la infancia se fijan presupuestos que han de ser esenciales para el futuro amor conyugal. El segundo afecta a los adultos en situaciones dif\u00ed\u00adciles. A veces \u00e9stas tienen que ver con la infancia y los traumas psicol\u00f3gicos posteriores; otras veces con la falta de proyectos de futuro, de forma que la vida se hace ap\u00e1tica en la monoton\u00ed\u00ada de la cotidianidad.<\/p>\n<p>III. La educaci\u00f3n sexual en la infancia<br \/>\nEs por lo menos deseable que a los muchachos y muchachas se les ayude a conocer con transparente naturalidad la evoluci\u00f3n de su persona sexuada, a reconocer la naturaleza de sus impulsos, a fortalecer la voluntad para controlarlos, situando su apaciguamiento en una proyecci\u00f3n de madurez proporcionada.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n sexual debe comenzar en los primeros a\u00f1os para reforzarse despu\u00e9s. Los ni\u00f1os manifiestan variados intereses y preguntan primero a sus padres, de quienes esperan atenci\u00f3n y flexibilidad mental. Frente a la posible indiferencia de los padres, los hijos reaccionan con la desconfianza hacia los adultos, prescindiendo de ellos y buscando en sus compa\u00f1eros las respuestas que en vano han esperado de sus padres. Un comienzo equivocado de la educaci\u00f3n sexual es muy dif\u00ed\u00adcil de enmendar despu\u00e9s. En esta labor los padres deber\u00ed\u00adan verse acompa\u00f1ados por la escuela y por organizaciones juveniles, a las que les corresponde la obligaci\u00f3n de ampliar las ideas y socializar los conocimientos.<\/p>\n<p>1. LA INFANCIA es la primera edad significativa de la vida y requiere los cuidados m\u00e1s atentos por parte de los padres. Sobre educaci\u00f3n sexual de los ni\u00f1os, S. Freud escribi\u00f3 en 1907 a M. F\u00fcrst una carta bastante equilibrada, donde hace notar en primer lugar lo absurdo que es negar a la infancia las explicaciones referentes al sexo. El instinto espec\u00ed\u00adfico no aparece en la pubertad, como muchos educadores hab\u00ed\u00adan impropiamente cre\u00ed\u00addo hasta ahora, perdiendo a\u00f1os preciosos para el educando. La sexualidad nace con la vida y, fase tras fase, irrumpe en la pubertad, con el paso del autoerotismo al heteroerotismo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no escapa a la atracci\u00f3n que lo desconocido de la vida sexual ejerce. Se equivocan por esto los padres que en lugar de aceptar la curiosidad del hijo como algo natural, tratan de eludirla, insinuando en \u00e9l primero la sospecha y despu\u00e9s la convicci\u00f3n de que sus preguntas tratan sobre algo reprobable. Le turba adem\u00e1s el misterio de la proveniencia de una nueva criatura, \u00abel interrogante m\u00e1s remoto y m\u00e1s atormentado de la humanidad joven\u00bb. La falta de respuestas adecuadas provoca en la infancia y en la ni\u00f1ez un aumento de lo fant\u00e1stico, con resultados de ordinario anormales y el establecimiento consiguiente de una comunicaci\u00f3n con los compa\u00f1eros de su edad, a trav\u00e9s de la cual el ni\u00f1o, llevado del deseo de romper el silencio de su casa sobre el sexo y lo que a \u00e9l se refiere, f\u00e1cilmente lo unir\u00e1 con lo morboso y lo prohibido.<\/p>\n<p>2. LA NI\u00ed\u2018EZ, llamada por Sigmund Freud \u00abper\u00ed\u00adodo de latencia, porque, seg\u00fan E. H. Erikson, \u00ablos impulsos violentos normalmente se han apaciguado\u00bb, requiere m\u00e1s precisi\u00f3n sobre los conocimientos relativos al sexo y un mayor compromiso educativo. La afirmaci\u00f3n anterior del psiquiatra vien\u00e9s no significa que el ni\u00f1o carezca de incertidumbres, de las que una de las mayores consiste en intuir c\u00f3mo el padre contribuye a la generaci\u00f3n. La receptividad y la subordinaci\u00f3n a los adultos, t\u00ed\u00adpicas de la fase de la que hablamos, hacen m\u00e1s f\u00e1cil levantar \u00abdiques de la sexualidad\u00bb, como el disgusto, el pudor, las aspiraciones morales y est\u00e9ticas, que actuar\u00e1n despu\u00e9s como fuerzas ps\u00ed\u00adquicas y le ayudar\u00e1n al menor a refrenar y canalizar los impulsos er\u00f3ticos. Al llegar al final de la infancia necesita poseer un cierto bagaje de nociones sobre la vida sexual y su valor humano y social.<\/p>\n<p>Es ahora, m\u00e1s que antes, cuando ambos padres deben proponerse la educaci\u00f3n del hijo, actuando en sinton\u00ed\u00ada de propuestas y de puntos de vista, de contenidos y de m\u00e9todos, tratando de entender sus estados de tensi\u00f3n y ansiedad y de responder tambi\u00e9n con claridad a sus preguntas en un clima de tranquila aceptaci\u00f3n. A juicio de H. Wallon, el ni\u00f1o posee una especie de \u00abintuici\u00f3n primigenia\u00bb, que lo capacita para darles un cierto enfoque a las im\u00e1genes de la procreaci\u00f3n eventualmente aportadas por sus padres.<\/p>\n<p>3. LA PREADOLESCENCIA, la anuncia la pubertad, fen\u00f3meno que la mayor parte de los padres ignoran o descuidan, especialmente en sus delicadas complicaciones psicol\u00f3gicas. En este momento tan especial, la educaci\u00f3n sexual debe tener como objetivo ilustrar la naturaleza de la metamorfosis que se est\u00e1 operando; la necesidad de aceptarla con tranquilidad, ya que de un ni\u00f1o o de una ni\u00f1a van a hacer un hombre o una mujer con todas sus correspondientes atribuciones; la existencia, que S. Freud recuerda, de una estrecha conexi\u00f3n entre el ejercicio del instinto sexual y los compromisos morales.<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que de informaciones sobre sus cambios psicof\u00ed\u00adsicos, el p\u00faber necesita un ambiente lleno de amable comprensi\u00f3n. Cuando le asisten unos padres dispuestos a protegerlo, a asegurarle una autonom\u00ed\u00ada razonable, a motivarlo en la adquisici\u00f3n de un sentido de la responsabilidad, siente que en ellos tiene unos gu\u00ed\u00adas seguros, capaces de ense\u00f1arle c\u00f3mo comportarse ante sus propias reacciones y ante los modelos negativos del exterior. Seg\u00fan U. Bronfenbrenner, los a\u00f1os de la preadolescencia son \u00ablos m\u00e1s cr\u00ed\u00adticos\u00bb de la edad evolutiva, dados los \u00abefectos destructivos\u00bb que las circunstancias desagradables o hechos un tanto oscuros pueden tener en el crecimiento. Por eso es preciso preservar a los hijos a toda costa, de condiciones negativas para la sexualidad, precisamente cuando comienza a impregnar toda la persona.<\/p>\n<p>Los primeros responsables del desarrollo de los hijos son los padres, que le han transmitido la vida. En familia la educaci\u00f3n sexual no tiene por qu\u00e9 programarse; debe hablarse sobre ella en el momento adecuado. Para O. Willmann, las ense\u00f1anzas m\u00e1s eficaces se dan siempre de forma ocasional. Es muy importante que a trav\u00e9s del di\u00e1logo los hijos se sientan libres de preguntar a los padres y no queden desilusionados.<\/p>\n<p>Para un di\u00e1logo as\u00ed\u00ad se requiere, entre otras cosas, la consonancia de voluntad entre los c\u00f3nyuges, una recta concepci\u00f3n de la sexualidad y de su evoluci\u00f3n, la vigilante y continua dedicaci\u00f3n a los hijos, la disposici\u00f3n a sopesar con cari\u00f1o su evoluci\u00f3n psicoafectiva, el estar dispuestos a dedicar al hogar una buena parte del propio tiempo libre, la laboriosa contribuci\u00f3n de ambos c\u00f3nyuges a la formaci\u00f3n de la prole.<\/p>\n<p>Con el fin de proponer los contenidos oportunos en cada momento, los esposos deben aplicar determinados criterios metodol\u00f3gicos. Indicamos algunos de los m\u00e1s importantes. D \u00abCriterio de la verdad\u00bb: hay que ilustrar al menor, excluyendo el enga\u00f1o, la fabulaci\u00f3n, el desprecio; suscitar en \u00e9l un inter\u00e9s sin morbosidad; acostumbrarlo a reflexionar sobre las resonancias que tiene el tema sexual. D \u00abCriterio de adecuaci\u00f3n\u00bb: los padres y los educadores deben motivarse para hacer conocer al interesado no \u00abtodo\u00bb, sino lo que es adecuado para su crecimiento. Toda anticipaci\u00f3n, m\u00e1s que in\u00fatil, es contraproducente, mientras que el aplazamiento deja al hijo a merced de s\u00ed\u00ad mismo y de los amigos de su edad. 0 \u00abCriterio de la oportunidad\u00bb: la educaci\u00f3n sexual debe proceder al mismo ritmo que el desarrollo y ha de esmerarse, en particular cuando el interesado atraviesa los dif\u00ed\u00adciles momentos de la pubertad, con sus estructuraciones fisiol\u00f3gicas, y de la adolescencia, acompa\u00f1ada de la agudizaci\u00f3n de los instintos. D \u00abCriterio de la integraci\u00f3n\u00bb: tiende a situar la informaci\u00f3n sexual en el marco general del amor, equilibrando condiciones y valores, secundando las mejores energ\u00ed\u00adas de la naturaleza humana, mostrando que la instrucci\u00f3n, necesaria pero no suficiente, debe ir unida a la formaci\u00f3n. 11 \u00abCriterio de la serenidad\u00bb: infunde y refuerza una actitud en el adulto de naturalidad premeditada respecto a cualquier problema sexual, y de confiada tranquilidad en el educando.<\/p>\n<p>IV. La educaci\u00f3n sexual en la juventud<br \/>\nMe refiero a los estadios pospuberales de la adolescencia (catorce-dieciocho a\u00f1os) y de la juventud (diecinueve-veinticinco a\u00f1os), durante los cuales a un estado de incertidumbre general se une la tensi\u00f3n derivada de la preparaci\u00f3n para una profesi\u00f3n, de la elecci\u00f3n vocacional, de la conciencia de la propia individualidad sexuada y de sus implicaciones.<\/p>\n<p>1. LA ADOLESCENCIA, el paso de la libido f\u00e1lica a la genital acontece en tres tiempos. El primero es una fase psicoafectiva de naturaleza autoer\u00f3tica, caracterizada por la dificultad de controlar los impulsos sexuales, con los que, seg\u00fan O. Schwarz, el sujeto se une a nivel de fantas\u00ed\u00adas con alguien de su edad y de sexo opuesto. El segundo es un momento de atracci\u00f3n por un compa\u00f1ero del propio sexo, suscitada por la necesidad de estar juntos, de comunicarse experiencias \u00ed\u00adntimas, de charlar de temas de inter\u00e9s com\u00fan y de sustraerse de la tutela de los adultos. El tercero se caracteriza por la atracci\u00f3n heterosexual, en la que la afectividad da la preferencia a alguien del sexo opuesto, al que se idealiza mucho al comienzo. A. Alsteens subraya el valor que para el desarrollo tiene este primer deseo, originado por la \u00abevocaci\u00f3n de lo imaginario\u00bb.<\/p>\n<p>Durante la adolescencia se presentan muchos problemas; los de orden sexual no son ni los \u00fanicos ni los m\u00e1s importantes, aunque, dada su incidencia, concentren muy frecuentemente la atenci\u00f3n del adolescente. La educaci\u00f3n sexual, si antes era preciosa, es ahora imprescindible. No debe dejarse al adolescente a merced de su grupo de amigos, donde la exaltaci\u00f3n por encima de todo del componente genital de la sexualidad degrada la esencia del amor.<\/p>\n<p>Por las razones se\u00f1aladas muchachos y muchachas de esta edad necesitan vivir juntos seg\u00fan una norma de vida ordenada y motivadora. Lo ideal ser\u00ed\u00ada que se unieran a grupos de coeducaci\u00f3n, en los que el animador estimulase a unos y otras a entender la forma de estar juntos y realizar actividades muy variadas sin deslizarse hacia lo er\u00f3tico. La profundizaci\u00f3n en el conocimiento mutuo, fruto de repetidos intercambios de ideas y conductas, les proporcionar\u00ed\u00ada una ayuda v\u00e1lida para superar el sentido meramente genital de sus encuentros, para trazarse un proyecto de vida y para prepararse a la vida adulta.<\/p>\n<p>El tan extendido permisivismo de la cultura occidental anticipa la liberaci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas instintivas y lleva a los adolescentes a separar el erotismo del amor, a apoyarse en las libertades sexuales para destruir las r\u00e9moras del pasado y a justificar comportamientos al margen de todo principio. De semejante subjetivismo absoluto brota el ansia de experiencias sexuales de lo m\u00e1s variado precisamente en un momento tan delicado para el desarrollo de la persona.<\/p>\n<p>Quien todav\u00ed\u00ada cree en los poderes espirituales del hombre y en la educaci\u00f3n sigue convencido de que liberalizar los impulsos libidinosos da\u00f1a a la persona que est\u00e1 creciendo y que las continuas amonestaciones del adulto a controlarse ayudan a madurar. La capacidad de aplazarlos corrobora el autodominio del adolescente y enriquece el disfrute del eros en su momento adecuado. Cuando la sexualidad se hace muy f\u00e1cilmente accesible, advierte P. Ricoeur, se deshumaniza, se vac\u00ed\u00ada de significado y de valor, se hace imperiosa a causa de las desilusiones sufridas.<\/p>\n<p>2. LA JUVENTUD, abandonados los primeros enamoramientos y f\u00e1ciles presunciones, aparecen nuevas tendencias, en virtud de las cuales los j\u00f3venes de ambos sexos aprenden a comunicarse mejor. Con una mejor comunicaci\u00f3n y tras la experiencia del primer amor, se llega al noviazgo, que, general pero no necesariamente, termina en matrimonio. La elecci\u00f3n de pareja con vistas a la formaci\u00f3n de una familia es una nueva prueba de que el amor es \u00abuno de los mayores complementos d-e la vida\u00bb. A.T. Jersild recomienda, sin embargo, prudencia, ya que \u00abestar enamorados puede tener origen en actitudes no perfectamente sanas\u00bb.<\/p>\n<p>El amor surgido de la estrecha amistad de los grupos coeducativos se basa en datos seguros y abre a una insospechada riqueza en la donaci\u00f3n. Para G: Thibon, el amor no arranca de la carne para elevarse al esp\u00ed\u00adritu. Tanto al comienzo como al foral de su curso, los abarca a ambos al mismo tiempo; \u00abarranca de.la plenitud humana so\u00f1ada y desemboca en la plenitud real\u00bb. La mente humana, atrapada por su misterio, lo ha cantado a trav\u00e9s de los siglos con versos maravillosos; el contexto cultural moderno, impregnado de hedonismo y consumismo, ha disminuido su fascinaci\u00f3n y mutilado su imagen.<\/p>\n<p>Quienes han recibido una buena formaci\u00f3n, quiz\u00e1 diminuta minor\u00ed\u00ada, todav\u00ed\u00ada sienten el amor cubierto de ternura y perciben su encanto, aunque tentados sin cesar por las seducciones del erqtismo. G.W. Allport, que en esto disiente de E.H. Erikson, asegura con raz\u00f3n que la madurez psicol\u00f3gica no radica en la genitalidad solamente, aunque una pulsi\u00f3n tan intensa como la sexual, para que se vea valorada con justa intenci\u00f3n, deber\u00ed\u00ada \u00abconciliarse con la madurez general y reforzarla\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta ahora la pedagog\u00ed\u00ada no ha proporcionado aportaciones eficaces para una correcta evoluci\u00f3n psicoafectiva de los j\u00f3venes. Pero tampoco la psicolog\u00ed\u00ada ha dicho mucho sobre el amor. De \u00e9l, dice A. H. Maslow, hay que conocer su naturaleza para poder ense\u00f1ar en sus rasgos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos a las generaciones que vienen. Para \u00e9l, los adultos de hoy deben, preocuparse de formar a los adultos de ma\u00f1ana, pero no est\u00e1n preparados para asumir una tarea de esa importancia, porque todav\u00ed\u00ada persiste el estereotipo seg\u00fan el cual, una vez que uno se hace novio ya puede actuar a placer sin interferencias extra\u00f1as, ya no le falta nada a su desarrollo.<\/p>\n<p>Como se desprende de las investigaciones de E. W. Burgess y P. Walin y de otras posteriores, un l noviazgo bien llevado es una premisa muy buena para el resultado feliz de la vida conyugal; adem\u00e1s de ser un tiempo id\u00f3neo para el conocimiento rec\u00ed\u00adproco de los dos, se une su positiva influencia en el matrimonio. Conviene se\u00f1alar a este prop\u00f3sito que los j\u00f3venes sanos en el aspecto psicol\u00f3gico captan con precisi\u00f3n las cualidades del compa\u00f1ero. Para O. Schwarz la experiencia del amor, si bien no exenta de elementos emocionales, est\u00e1 llena sobre todo de sentido cognoscitivo. Esta tesis la mantiene A. H. Maslow, pero no s\u00f3lo \u00e9l. Pues bien, si el amor en lugar de cegar ense\u00f1a a ver, la educaci\u00f3n sexual, o por hablar con m\u00e1s propiedad, el amor, es posible y deseable en la familia, en las asociaciones, en los encuentros informales, por lejana que parezca su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>V. La educaci\u00f3n sexual en la edad adulta<br \/>\nDirigimos la atenci\u00f3n a las personas casadas, puesto que el matrimonio es la meta del desarrollo ps\u00ed\u00adquico del individuo. V.E. Frankl recuerda que el ser marido y mujer, padre y madre, en cuanto valores, aunque no absolutos, son una ocasi\u00f3n propicia de crecimiento y felicidad. Sin embargo hay tambi\u00e9n fuera del matrimonio modo de dar sentido ala vida, siempre que su renuncia se viva como elecci\u00f3n y est\u00e9 compensada con actividades sustitutivas.<\/p>\n<p>1. LA VIDA DE PAREJA. Cuando los novios han llegado a la convicci\u00f3n de poder establecer una forma estable de vida, hacen p\u00fablico su compromiso. Entre el yo y el t\u00fa se instaura entonces un amor oblativo, por el que un c\u00f3nyuge quiere el bien del otro tanto como el propio. Este amor es, signo de la mutua donaci\u00f3n y se convierte en la esencia del matrimonio. En este amor pensaba A. Rosmini cuando escribi\u00f3: \u00abEl verdadero y primitivo fin del matrimonio no es otro que el bien que encuentra la persona en la.misma uni\u00f3n estable, plena, perfecta, coc\u00ed\u00ad alguien semejante de otro sexo\u00bb:<br \/>\nEl amor se alimenta del don. \u00abAmar y ser amado -observa J. Pieper-, son un \u00fanico y un mismo acto, ya que el don hecho comprende al ser mismo en su totalidad indivisible y es el don no tanto de lo que se tiene como de lo que se es\u00bb. La reciprocidad de un proceso interior semejante implica la generaci\u00f3n, que le es caracter\u00ed\u00adstica. Si la excluyen a prop\u00f3sito, estar\u00ed\u00adamos no frente al amor, sino frente a un ego\u00ed\u00adsmo a dos.<\/p>\n<p>Con el concepto de generatividad describe E.H. Erikson la preocupaci\u00f3n por hacerse gu\u00ed\u00ada de quienes se preparan para el estado adulto, es decir, de hacer nacer \u00abnuevos individuos, nuevos productos y nuevas ideas, incluida una especie de poder autogenerativo unido a un ulterior desarrollo de la propia identidad\u00bb. Lo contrario a ella es el estancamiento. Del predominio de las fuerzas sanas procede la virtud del \u00abcuidado\u00bb, una obligaci\u00f3n, por as\u00ed\u00ad decir, \u00aben constante expansi\u00f3n\u00bb hacia los hijos, terceras personas u otros ideales.<\/p>\n<p>En el amor, basado en el don mutuo, se reconocen dos aspectos fundamentales: el compromiso por el futuro y la aceptaci\u00f3n de la trascendencia. En los esposos son una elecci\u00f3n y un fin renovados cada d\u00ed\u00ada, llenos de entendimiento y decisi\u00f3n. Los c\u00f3nyuges animados por la mutua donaci\u00f3n se apoyan en la buena y en la mala suerte, esperan en el futuro y concentran en sus hijos todas sus premuras. La vida de pareja, seg\u00fan los datos de la psicolog\u00ed\u00ada del amor humano, adquiere as\u00ed\u00ad un significado que supera los l\u00ed\u00admites del tiempo.<\/p>\n<p>La vida adulta comprende idealmente a unos treinta a\u00f1os, desde el comienzo del matrimonio a la vejez, o sea desde el momento en que los c\u00f3nyuges se han encontrado por primera vez uno junto a otro como esposos hasta que, despu\u00e9s de la separaci\u00f3n de los hijos, afrontan por s\u00ed\u00ad solos el \u00faltimo tramo de su camino, destinado a prolongarse con el aumento del promedio de vida.<\/p>\n<p>Desde el principio hasta el final de este per\u00ed\u00adodo los problemas sobre la sexualidad son m\u00faltiples. Si los dos est\u00e1n convenientemente preparados para el matrimonio y en \u00e9l han encarnado valores \u00e9tico-religiosos, sabr\u00e1n tambi\u00e9n salir de sus dificultades. Pero si no han recibido formaci\u00f3n alguna ni familiar ni exterior, muy probablemente sentir\u00e1n los golpes de muchos obst\u00e1culos imprevistos. Por lo tanto, si el primer estadio de la vida familiar est\u00e1 marcado por el intento de promover el amor rec\u00ed\u00adproco, constituir\u00e1 una premisa ideal para el favorable desarrollo del segundo y de los posteriores. En caso contrario el matrimonio se har\u00ed\u00ada inestable y fuente de amargura para los esposos, con sus correspondientes reflejos negativos en los hijos. Nos referimos a dos complicaciones, t\u00ed\u00adpicas de la pareja en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>2. EL CONFLICTO PSICOSEXUAL Y EL CRECIMIENTO DEL AMOR CONYUGAL. Los esposos deseosos de conferir estabilidad psicol\u00f3gica a su uni\u00f3n no pueden prescindir de la concordancia de sus ideas sobre la vida sexual, causa y efecto de la alegr\u00ed\u00ada conyugal, fuente de gratificaci\u00f3n y est\u00ed\u00admulo para perfeccionar la armon\u00ed\u00ada interpersonal. J. Nuttin declara: \u00abEl impacto profundo de la experiencia sexual negativa en el sentimiento de confianza y de estima de s\u00ed\u00ad mismo es muy revelador a este prop\u00f3sito. Pocos fracasos son m\u00e1s nefastos a nivel personal y social; esto hace resaltar m\u00e1s la diferencia respecto a las necesidades fisiol\u00f3gicas\u00bb. De la marcha feliz de una vida sexual no se puede prescindir, aunque no sea decisiva, ya que el matrimonio, que de ella recibe savia, no se agota en ella.<\/p>\n<p>El estado conyugal agrava el conflicto psicosexual ya anunciado en la adolescencia y estallado en la juventud. Con frecuencia los esposos se debaten entre dejarse llevar por sus impulsos o subordinarlos a una realizaci\u00f3n constructiva de s\u00ed\u00ad mismos. La decisi\u00f3n depende de la educaci\u00f3n personal, de los valores que se hayan cultivado y del nivel de vida que se busque. Conviene pedir al adulto que trascienda la necesidad contingente en virtud de consideraciones interiores. El criterio para el ejercicio de la sexualidad consiste en la aptitud para gozar en el intercambio amoroso, pero tambi\u00e9n para abstenerse, cuando sea preciso, sin hacer un drama de ello, ya que se trata de una decisi\u00f3n libre.<\/p>\n<p>Para los esposos el placer sexual hay que considerarlo bueno desde la perspectiva de la creaci\u00f3n, y honesto su placer. Esto comporta la procreaci\u00f3n, aunque no todo acto conyugal orientado a ella lo consiga. En materia de reproducci\u00f3n no es superfluo recordar que la fecundidad biol\u00f3gica es humana siempre que est\u00e9 guiada por la raz\u00f3n y por los valores de la vida. Si es reprobable reducirse a un hijo solo, tambi\u00e9n lo es decidir una fecundidad desmesurada. El objetivo es, pues, la generaci\u00f3n no \u00abm\u00e1xima\u00bb, sino \u00ab\u00f3ptima\u00bb, que hay que decidir con m\u00e9todos conformes con la ley moral y la conciencia de los c\u00f3nyuges, con sus medios econ\u00f3micos y existenciales, con el equilibrio demogr\u00e1fico y socio-econ\u00f3mico, con una vida familiar dirigida al gradual refuerzo psicoafectivo. La educaci\u00f3n sexual de los c\u00f3nyuges ser\u00ed\u00ada incompleta si se preocupase s\u00f3lo de la funci\u00f3n procreativa. Necesitan una amplia gama de conocimientos, distintos e imprescindibles, para vivir en el respeto de las leyes de la naturaleza y de la moral. Porque los esposos, aunque hayan decidido una planificaci\u00f3n familiar axiol\u00f3gicamente informada, siguen sintiendo intensamente los impulsos sexuales, que a ellos les corresponde administrar. La sexualidad no dirigida a la procreaci\u00f3n favorece m\u00e1s la sinton\u00ed\u00ada entre los c\u00f3nyuges cuanto m\u00e1s aspiren a crecer como personas.<\/p>\n<p>3. EL VALOR DE LA FIDELIDAD EN SUS M\u00daLTIPLES ASPECTOS. El amor tiende por s\u00ed\u00ad mismo a perdurar y a hacerse m\u00e1s profundo con el pasar de los a\u00f1os. Las contrariedades repentinas, a condici\u00f3n que no turben la armon\u00ed\u00ada de los \u00e1nimos, lo refuerzan en lugar de debilitarlo. La crisis de valores, la multiplicaci\u00f3n de los modelos alternativos a los tradicionales, la decadencia de las normas trascendentes al arbitrio individual ponen a muchos c\u00f3nyuges en la alternativa de proteger su amor o de seguir la costumbre introducida de cambiar pareja con la enga\u00f1osa esperanza de encontrar de nuevo la felicidad perdida o de encontrarla por primera vez. La cultura contempor\u00e1nea invita a la pareja el\u00e1stica y fluctuante, marcada por una relaci\u00f3n inestable y hecha entre miembros de una sociedad en transformaci\u00f3n. Adem\u00e1s, la antropolog\u00ed\u00ada permisiva no duda en proclamar la exigencia de luchar contra cualquier tipo de imposici\u00f3n moral.<\/p>\n<p>La pedagog\u00ed\u00ada personalista invita a los c\u00f3nyuges preocupados por guardar los bienes de su uni\u00f3n a mantenerse fieles al amor fecundo y creativo como relaci\u00f3n de libertad, para que posibles fricciones no deterioren su v\u00ed\u00adnculo. Les recuerda que la institucionalizaci\u00f3n, es decir, el encontrarse en un estado jur\u00ed\u00addicamente reconocido, les impone efectivamente algunas condiciones, pero por otra parte los defiende y ayuda a los contrayentes a superar dif\u00ed\u00adciles momentos de desconfianza, cansancio y des\u00e1nimo. La fidelidad, victoriosa de incomprensiones, disonancias y contrastes, garantiza a la uni\u00f3n continuidad, previsi\u00f3n y buen desenlace.<\/p>\n<p>Cerrada una \u00e9poca, en la que la educaci\u00f3n iba dirigida a la transmisi\u00f3n de la vida, se abre otra en la que se pretende iluminar otras posibilidades. Hablar de los numerosos problemas de la fecundidad matrimonial significa sobre todo tener cuenta del componente biol\u00f3gico, pero a la vez no limitarse a \u00e9l. Junto a la fecundidad que todo el mundo entiende hay otra oculta, cuyas manifestaciones, por ejemplo los rasgos del amor conyugal maduro, los intereses en el tiempo libre familiar, el compartir los compromisos comunitarios, refuerzan en los esposos la adaptaci\u00f3n, el respeto, la simpat\u00ed\u00ada, en suma, el cari\u00f1o mutuo, v\u00e9rtice de la fecundidad extrabiol\u00f3gica.<\/p>\n<p>VI. La educaci\u00f3n sexual en la ancianidad<br \/>\nLa ayuda ofrecida al anciano no puede prescindir de su pasado biogr\u00e1fico, de su ambiente cultural, de su concepci\u00f3n de la sexualidad.<\/p>\n<p>El primer punto se refiere a la educaci\u00f3n que tuvo desde su infancia en adelante; las experiencias vividas desdc&#8217;la adolescencia y el tipo de resonancia que ha ejercido en sus vivencias; el grado de felicidad conyugal y familiar y las dificultades que encontr\u00f3 para apaciguar los conflictos intra e interpersonales. Una educaci\u00f3n impartida por los padres de forma inadecuada origina actitudes equivocadas ante el sexo y comportamientos no normales. Las consecuencias a\u00fan son peores cuando los j\u00f3venes ven que las orientaciones poco apropiadas recibidas en la familia no son corregidas tampoco en las instituciones sociales, que deber\u00ed\u00adan, en cambio, realizar una labor de autonom\u00ed\u00ada respecto a los condicionamientos sociales y proporcionar criterios justos en temas de psicoafectividad.<\/p>\n<p>El segundo punto toca la vida del sujeto, los estereotipos en ella dominantes, la reacci\u00f3n frente a ellos, en general bastante d\u00e9bil. La sociedad se ha inclinado a presentar al anciano como alejado de la sexualidad, que ser\u00ed\u00ada t\u00ed\u00adpica de los j\u00f3venes y adultos. Tal imagen no corresponde a la realidad conyugal, s\u00ed\u00adntesis de eros y agap\u00e9, que acompa\u00f1a a los esposos durante toda su existencia; por lo tanto, tambi\u00e9n durante la ancianidad. Factores religiosos, m\u00e9dicos y culturales hicieron que arraigara la absurda idea de que la gratificaci\u00f3n sexual s\u00f3lo deb\u00ed\u00ada unirse con la reproducci\u00f3n, y que por lo tanto deb\u00ed\u00ada erradicarse tras la menopausia.<\/p>\n<p>El tercer punto ata\u00f1e, pues, a la idea deformada que el anciano tiene de la sexualidad. Evita hablar de ella; si se le exhorta a hacerlo, deja ver sus sentimientos de culpa, de verg\u00fcenza, de temor, consider\u00e1ndolo inconveniente. Por desdicha, desde la \u00e9poca iluminista hasta los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de los cincuenta de nuestro siglo, hay que lamentar que algunos m\u00e9dicos y psiquiatras contribuyesen a difundir esta actitud equivocada que ni el permisivismo actual ha conseguido erradicar.<\/p>\n<p>Conviene ante todo situar la educaci\u00f3n sexual del anciano en una labor de apoyo a toda la personalidad, en la que no rara vez aparece la insuficiencia del yo, su escasa autoestimaci\u00f3n, desmotivaci\u00f3n para el compromiso, inercia mental, introversi\u00f3n, estereotipos. La mejor forma de combatir este repliegue sobre s\u00ed\u00ad mismo est\u00e1 en el persuadir al individuo de que la vida siempre tiene un significado; y para el que tiene fe, como hace notar V.E. Frankl, un sobresignificado. Si el anciano se convence de esto, tender\u00e1 a buscar la ayuda de los dem\u00e1s para estrechar los v\u00ed\u00adnculos conyugales, puesto que s\u00f3lo desde el amor se le puede pedir que aparte los inconvenientes que provoca la soledad de la pareja. En algunos psic\u00f3logos humanistas aparece el concepto de \u00abdirectividad\u00bb, que indica que el hombre, aparte de la edad, puede contener las consecuencias de su declive en la medida en que se sienta estimulado por una importante finalidad y por un alto nivel de aspiraciones. Por lo tanto, lo mismo en la ancianidad que en cualquier otra fase anterior, la educaci\u00f3n sexual hay que situarla en el marco de la formaci\u00f3n general, fuera de la cual es muy dif\u00ed\u00adcil proporcionar ayudas concretas.<\/p>\n<p>El matrimonio de los ancianos no siempre es afortunado en el amor. Con frecuencia se ven obligados a admitir que han vivido no el uno para el otro, sino para los hijos y para el trabajo. Su afectividad ha sido m\u00e1s bien escasa y, cuando los hijos adultos dejan la casa, se dan cuenta de que hab\u00ed\u00adan llegado a ser casi dos extra\u00f1os. Con el paso del tiempo casi siempre crece en ellos la frustraci\u00f3n y la indiferencia, a lo que se a\u00f1ade el hast\u00ed\u00ado de no tener casi nada que decirse. Hay tambi\u00e9n ancianos cuya relaci\u00f3n se hace m\u00e1s \u00ed\u00adntima, se hace m\u00e1s preciosa y llena de confianza y benevolencia. Estos suponen una confirmaci\u00f3n de las palabras de V. Hugo, para quien \u00aben amor envejecer es identificarse\u00bb. En esta verdad concuerdan, adem\u00e1s de poetas y novelistas, tambi\u00e9n los psic\u00f3logos que han estudiado el amor en las personas capaces de realizarse.<\/p>\n<p>En esta segunda hip\u00f3tesis, marido y mujer considerar\u00e1n leg\u00ed\u00adtimo el disfrutar de la sexualidad, en ant\u00ed\u00adtesis con el prejuicio recordado antes sobre su ejercicio en la vida anciana. Esto contribuye muy v\u00e1lidamente a evitar que prevalezca la monoton\u00ed\u00ada, el formalismo y la apat\u00ed\u00ada, y a reforzar la esperanza, la comodidad y el cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Es preciso ayudar al anciano a considerar su cuerpo, a pesar de la disminuci\u00f3n de los ritmos biol\u00f3gicos, con respetuoso afecto, y a la vez a no abandonarlo, siendo muy importante una estimaci\u00f3n real de las condiciones de su presente. Como sugiere G. Abraham, es conveniente hacerles ver y decidir \u00abentre un buen funcionamiento sexual, proporcionado a su edad y estado de salud, o, por el contrario, la perspectiva de un relativo descompromiso en lo referente al erotismo\u00bb cuando las circunstancias lo aconsejen.<\/p>\n<p>La sexualidad en la vejez hay que examinarla con referencia a los impulsos instintivos, y en especial a la donaci\u00f3n, que, aunque unida a ellos, se distingue de los impulsos por su dinamismo interior. Merece la pena preocuparse por enriquecer la sexualidad del anciano con contenidos adecuados que le confirmen su identidad.<\/p>\n<p>E.H. Erikson trata con exquisita finura, relacion\u00e1ndolo con su salud psicol\u00f3gica, el significado de la \u00abgeneratividad\u00bb de las personas ancianas. Esta les anima a socorrer a quien est\u00e1 necesitado, a asistir a los m\u00e1s j\u00f3venes. Es importante favorecer esta tendencia para que puedan sentirse \u00fatiles a los hijos, a los nietos y a otros. Cuando tienen la sospecha de haberse convertido en un peso, no tardan en sentirse fuera de lugar. Aparecen entonces diversos s\u00ed\u00adntomas y recurren, casi siempre in\u00fatilmente, a los especialistas. Para Erikson la raz\u00f3n principal de su abatimiento es \u00abun habitual y prolongado sentido de estancamiento\u00bb. Para atenuar el deterioro psicofisico y las peligrosas involuciones seniles es necesario el esfuerzo personal por alimentar deseos y cosas que hacer, secundado por una sociedad atenta a valorizar en los ancianos su prop\u00f3sito de ser generativos.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo estadio de la vida familiar los c\u00f3nyuges saben valorar m\u00e1s que antes el amor en sus aspectos diversos y saborearlo plenamente. Si se quiere que se convierta en meta para el mayor n\u00famero posible de parejas, hay que apoyarse en la voluntad com\u00fan de quienes todav\u00ed\u00ada creen en la educaci\u00f3n. Los c\u00f3nyuges que alcanzan la vejez guiados por motivos religiosos se encuentran en las condiciones ideales para rodear su amor con un h\u00e1lito de infinito, en EMPRESA virtud de la gracia del matrimonio, el `gran sacramento\u00bb s\u00ed\u00admbolo de la uni\u00f3n de Cristo con su Iglesia.<\/p>\n<p>[\/Familia; \/Matrimonio; \/Noviazgo; \/Procreaci\u00f3n responsable; \/Pudor; \/Sexualidad].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Orientamenti educativa sull&#8217; amere umano, en \u00abSeminarium\u00bb24 (1984) nn. 12; AA.VV., Amore e matrimonio nel pensiero filosofico e teologico moderno. 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