{"id":16568,"date":"2016-02-05T10:50:31","date_gmt":"2016-02-05T15:50:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/epistemologia-moral\/"},"modified":"2016-02-05T10:50:31","modified_gmt":"2016-02-05T15:50:31","slug":"epistemologia-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/epistemologia-moral\/","title":{"rendered":"EPISTEMOLOGIA MORAL"},"content":{"rendered":"<p>La epistemolog\u00ed\u00ada moral investiga la  estructura l\u00f3gica del discurso moral, sometiendo tanto los principios como los sistemas a un detenido an\u00e1lisis. En efecto, la condici\u00f3n indispensable de la existencia de una ciencia es el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de su estatuto epist\u00e9mico. Para que una ciencia pueda incluirse en la lista de las ciencias se requiere que haya dado a su propio discurso una estructura l\u00f3gica total o parcialmente suya y, por tanto, total o parcialmente distinta de la estructura de las otras ciencias.<\/p>\n<p>La estructura de la reflexi\u00f3n \u00e9tica es  polivalente, poli\u00e9drica, compuesta. A menudo se coloca, y en s\u00ed\u00ad misma puede colocarse, dentro del contexto de las ciencias emp\u00ed\u00adricas y de las axiol\u00f3gicas, de las filos\u00f3ficas y de las teol\u00f3gicas. En el \u00e1mbito filos\u00f3fico, como en el teol\u00f3gico, se la considera como una ciencia no s\u00f3lo te\u00f3rica, sino tambi\u00e9n pr\u00e1ctica, En este contexto habr\u00e1 que preguntarse qu\u00e9 es lo que significa para la ciencia moral ser filosof\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica, y no te\u00f3rica, si de verdad es solamente pr\u00e1ctica y en qu\u00e9 sentido tiene que consider\u00e1rse tambi\u00e9n como filosof\u00ed\u00ada te\u00f3rica. En efecto, la \u00e9tica no se interesa solamente por los problemas relativos a la investigaci\u00f3n sobre la vida moral, sino por otros muchos problemas te\u00f3ricos que no tienen ninguna repercusi\u00f3n inmediata o directa en la vida pr\u00e1ctica. Reconocer estos problemas conduce a se\u00f1alar cuatro niveles del discurso moral: \u00e9tica descriptiva, normativa, paren\u00e9tica y meta\u00e9tica, cada uno de los cuales tiene sus propias caracter\u00ed\u00adsticas l\u00f3gicas espec\u00ed\u00adficas y remite a otros tantos criterios espec\u00ed\u00adficos para la soluci\u00f3n de los problemas con los que cada uno de ellos se las tiene que ver. Reconocer las diversas modalidades de la estructura l\u00f3gica de la \u00e9tica significa entonces se\u00f1alar los principios epist\u00e9micos de la estructura l\u00f3gica de cada discurso moral.<\/p>\n<p>Pero estudiar la epistemolog\u00ed\u00ada moral puede significar tambi\u00e9n la b\u00fasqueda fenom\u00e9nica de los principios l\u00f3gico-estructurales sobre los cuales se basan las diversas teor\u00ed\u00adas que se han presentado en la historia de esta ciencia.<\/p>\n<p>Por principio l\u00f3gico-estructural se  entiende aquella idea central a partir de la cual o en torno a la cual se desarrolla una teor\u00ed\u00ada \u00e9tica que goza de los requisitos necesarios para transformarse en sistema o en visi\u00f3n global del fen\u00f3meno moral.<\/p>\n<p>Son muchos los intentos que se han  hecho para clasificar, a partir de algunos principios l\u00f3gico-estructurales, los diversos sistemas \u00e9ticos aparecidos a lo largo del tiempo. Entre las clasificaciones m\u00e1s significativas, podemos remontarnos incluso a la que hizo el mismo Arist\u00f3teles en su Etica a Nic\u00f3maco o, en un tiempo mucho m\u00e1s cercano a nosotros, al Tratado de \u00e9tica general de Le Senne. Al se\u00f1alar los diversos principios, no hemos de olvidarnos nunca de se\u00f1alar exactamente en qu\u00e9 plano del discurso moral merece ser colocado cada uno de ellos. En efecto, toda teor\u00ed\u00ada puede identificarse con otra en el plano meta\u00e9tico y diferenciarse de ella en el plano normativo, y viceversa,  o referirse s\u00f3lo a la perspectiva paren\u00e9tica, etc.<\/p>\n<p>En el planteamiento de esta problem\u00e1tica hay que tener presente adem\u00e1s que la individuaci\u00f3n de las diversas estructuras l\u00f3gicas del discurso \u00e9tico no prejuzga en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica de la \u00e9tica. M\u00e1s a\u00fan, esas estructuras pueden individuarse con claridad tambi\u00e9n en el discurso de la teolog\u00ed\u00ada moral y, una vez explicitadas, permiten arrostrar con menor dificultad el problema de la misma especificidad teol\u00f3gica o, al menos, localizarlo.<\/p>\n<p>La epistemolog\u00ed\u00ada moral tiene adem\u00e1s la funci\u00f3n de se\u00f1alar las modalidades introspectivas de su proceder epist\u00e9mico. El fen\u00f3meno moral puede observarse claramente y describirse con minuciosidad en todos sus detalles m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos; puede definirse en toda su continuidad sincr\u00f3nico-temporal y diacr\u00f3nico-geogr\u00e1fica, as\u00ed\u00ad como en toda su discontinuidad sincr\u00f3nica y diacr\u00f3nica. Se muestra por otro lado como un hecho id\u00e9ntico en ciertos aspectos siempre y en todas partes, y diverso en otros aspectos siempre y en todas partes. La identidad y la diversidad aparecen estratificadas de varias maneras en una serie de c\u00ed\u00adrculos conc\u00e9ntricos y disc\u00e9ntricos, donde el denominador com\u00fan resulta siempre id\u00e9ntico y siempre diverso en su identidad.<\/p>\n<p>Tanto en el origen de este fen\u00f3meno como tambi\u00e9n en el momento de su ver\u00ed\u00adficabilidad, est\u00e1 la dimensi\u00f3n introspectiva del hombre. Desde los mismos or\u00ed\u00adgenes de su historia personal y social, el hombre ha advertido y advierte , continuamente el reclamo de ese bien que habita dentro de \u00e9l: se ha confrontado y se sigue confrontando con \u00e9l, percibi\u00e9ndolo por otro lado en todo su car\u00e1cter ineluctable.<\/p>\n<p> En t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicos podemos decir que Dios ha plantado el \u00e1rbol del bien y del mal en el coraz\u00f3n del hombre. El lenguaje del relato b\u00ed\u00adblico pone de relieve la creaci\u00f3n por parte de Dios de un ser capaz de conocer el bien y el mal, bien como tensi\u00f3n intelectual o bien como tensi\u00f3n volitiva.<\/p>\n<p>Finalmente, reflexionar en la epistemolog\u00ed\u00ada moral desde el punto de vista teol\u00f3gico significa preguntarse si, por qu\u00e9, cu\u00e1ndo y de qu\u00e9 manera debe recurrir el te\u00f3logo moralista a unas Fontes theologiae moralis, distintas de las Fontes moralitatis.<\/p>\n<p>Mientras que con \u00bb fuentes de la moralidad\u00bb entendemos la sedimentaci\u00f3n de la bondad dentro del sujeto moral. lo que hace que se haga buena la persona desde el punto de vista moral o aquello con lo que se identifica su bondad moral, con la expresi\u00f3n \u00bb fuentes de la teolog\u00ed\u00ada moral \u00bb nos referimos al lugar a donde el moralista, como te\u00f3logo, tendr\u00e1 que ir a buscar las bases fundamentales de su reflexi\u00f3n, el fundamento y la garant\u00ed\u00ada de veracidad para cada una de sus afirmaciones.<\/p>\n<p>Se suele distinguir entre fuentes primarias (Sagrada Escritura, Tradici\u00f3n, Magisterio) y fuentes secundarias (raz\u00f3n natural, ciencias humanas, antropolog\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada, psicolog\u00ed\u00ada, etc., filosof\u00ed\u00ada, historia, \u00e9tica, etc.). El Vaticano II, en el pr\u00f3logo a la segunda parte de la Gaudium et spes (n. 46), se limita a afirmar la necesidad de recurrir a la luz del Evangelio &#8211; y de la experiencia humana.<br \/>\nS. Privitera<\/p>\n<p> Bibl.: S. Privitera, Epistemolog\u00ed\u00ada moral, en  NDTM, 551-578; R. Le Senne, Tratado de moral general, Gredos, Madrid 1973; F. Ferrero, Ciencias morales (metodologias), en DETM, 1261-1277. y Camps, Historia de la \u00e9tica cr\u00ed\u00adtica, 3 vols., Barcelona, 1988-1991.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Problem\u00e1tica.<br \/>\nII. Fenomenolog\u00ed\u00ada de los principios l\u00f3gico-estructurales de los sistemas epist\u00e9micos de la \u00e9tica.<br \/>\nIII. La investigaci\u00f3n hist\u00f3rico fenom\u00e9nica sobre las facultades antropo-epist\u00e9micas de la \u00e9tica:<br \/>\n1. La intuici\u00f3n;<br \/>\n2. El sentimiento;<br \/>\n3. La raz\u00f3n;<br \/>\n4. La voluntad.<br \/>\nIV. Las fuentes epist\u00e9micas de la \u00e9tica.<br \/>\nV. Las modalidades introspectivas de la \u00abepisteme\u00bb\u00e9tica.<br \/>\nVI. Los resultados de la investigaci\u00f3n epist\u00e9mica sobre el srpeto moral.<br \/>\nVII. El \u00abcuadrifolio epist\u00e9mico\u00bb d\u00e9 la \u00e9tica.<br \/>\nVIII. La especificidad epist\u00e9mica de la \u00e9tica.<br \/>\nIX. La especificidad teol\u00f3gica de la \u00abepisteme\u00bb\u00e9tica.<\/p>\n<p>I. Problem\u00e1tica<br \/>\nSeg\u00fan el diccionario, la epistemolog\u00ed\u00ada es la investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, no sobre el contenido de una ciencia concreta, sino sobre la forma o estructura l\u00f3gica de la ciencia. Desde el momento, pues, en que el t\u00e9rmino va acompa\u00f1ado de un adjetiva, la investigaci\u00f3n ya no se hace sobre la estructura l\u00f3gica de la ciencia en general, sino sobre la estructura l\u00f3gica de la ciencia concreta a la que remite el adjetivo.<\/p>\n<p>Indagar sobre la estructura l\u00f3gica de una ciencia concreta, en este caso la \u00e9tica, significa indagar sobre la condici\u00f3n indispensable de su existir en cuanto ciencia, y en cuanto ciencia distinta de las otras ciencias. Condici\u00f3n indispensable del existir de una ciencia es la especificidad de su estatuto epist\u00e9mico, que constituye al mismo tiempo el principio de identidad y el de diversidad de esa misma ciencia concreta. Para que una ciencia pueda ser incluida en la lista de las ciencias se requiere que haya dado a su propia reflexi\u00f3n, mediante un pensar explicativo y elaborativo, una estructura l\u00f3gica total o parcialmente propia y, por lo tanto, total o parcialmente distinta de las otras ciencias.<\/p>\n<p>Hablar de epistemolog\u00ed\u00ada moral significa tambi\u00e9n plantear el gran problema de la complejidad del estatuto epist\u00e9mico de esta ciencia, que es colocada de hecho y es perfectamente colocable dentro de las ciencias emp\u00ed\u00adricas y axiol\u00f3gicas, lo mismo que entre las filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas. Adem\u00e1s, la \u00e9tica es considerada como ciencia filos\u00f3fica no te\u00f3rica, sino pr\u00e1ctica, y, dentro de este contexto, hay que preguntarse qu\u00e9 significa para la ciencia moral ser filosof\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica y no te\u00f3rica, si es verdaderamente s\u00f3lo pr\u00e1ctica y en qu\u00e9 sentido hay que considerarla tambi\u00e9n filosof\u00ed\u00ada te\u00f3rica. La \u00e9tica, en efecto, no se interesa s\u00f3lo por los problemas referentes a la b\u00fasqueda del vivir moral, sino tambi\u00e9n por tantos problemas te\u00f3ricos que no se refieren directa o inmediatamente a la vida pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>La \u00e9tica se considera tambi\u00e9n ciencia emp\u00ed\u00adrica, en el sentido de que la vida moral de un pueblo, de un grupo social o de una persona concreta siempre se puede se\u00f1alar y describir emp\u00ed\u00adricamente mediante la observaci\u00f3n. \u00bfPero su reflexi\u00f3n puede identificarse con la de las otras ciencias emp\u00ed\u00adricas? Y si se la considera una ciencia descriptiva, \u00bfno hay que atribuirle, aunque sea de forma un tanto distinta, una funci\u00f3n valorativa, y por lo tanto pr\u00e1ctica?<br \/>\nAdem\u00e1s, la \u00e9tica es vista como ciencia valorativa; pero su estatuto epist\u00e9mico, \u00bfes exclusivamente axiol\u00f3gico? \u00bfEn qu\u00e9 sentido y hasta qu\u00e9 punto la \u00e9tica es tambi\u00e9n ciencia axiol\u00f3gica? \u00bfDe qu\u00e9 modo y hasta qu\u00e9 punto es posible fundamentar y demostrar cient\u00ed\u00adficamente este estatuto suyo axiol\u00f3gico?<br \/>\nFinalmente, por la \u00e9tica no se interesa s\u00f3lo la filosof\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada; y por eso hay que plantear tambi\u00e9n el problema de las caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficamente filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas de su estatuto epist\u00e9mico. \u00bfEn qu\u00e9 sentido es ciencia puramente filos\u00f3fica y en qu\u00e9 sentido se plantea su especificidad teol\u00f3gica?<br \/>\nLa complejidad de este horizonte epist\u00e9mico se acent\u00faa todav\u00ed\u00ada m\u00e1s al centrarse la reflexi\u00f3n en problemas colaterales, como, por ejemplo, el de las facultades antropo-epist\u00e9micas de la \u00e9tica, de sus fuentes, del m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico y\/ o del m\u00e9todo que permite la explicitaci\u00f3n de la estructura l\u00f3gica del discurso \u00e9tico.<\/p>\n<p>Para realizar tal explicitaci\u00f3n, en las p\u00e1ginas siguientes procederemos a resaltar la importancia fenom\u00e9nica de los datos relativos a la estructura l\u00f3gica de la \u00e9tica. De este realce de los resultados alcanzados con el tiempo se nos remitir\u00e1, siempre fenomenol\u00f3gicamente, al de las teor\u00ed\u00adas sobre las facultades antropo-epist\u00e9micas de la \u00e9tica y, sucesivamente, a la discusi\u00f3n sobre las fuentes o los datos a partir de los cuales el hombre ha explicitado fenom\u00e9nicamente y puede elaborar te\u00f3ricamente los distintos resultados epist\u00e9micos. Trataremos de descubrir el m\u00e9todo seguido de hecho por la reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la epistemolog\u00ed\u00ada moral para ver su nivel de aceptaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica y sus posibilidades de aplicaci\u00f3n a la ciencia \u00e9tica en cuanto tal y al sujeto moral que la elabora y, sobre todo, que vive moralmente. Este m\u00e9todo nos llevar\u00e1 a la explicitaci\u00f3n conceptual y terminol\u00f3gica de algunas distinciones fundamentales y clarificadoras de la estructura l\u00f3gica de la \u00e9tica, de su especificidad filos\u00f3fica y teol\u00f3gica y de su misma estructura epist\u00e9mica compleja o diversamente planteada.<\/p>\n<p>Seguiremos, pues, un m\u00e9todo tan nuevo como nueva es la ciencia \u00e9tica: siguiendo la estela de Arist\u00f3teles, partiremos de lo ya conocido, de lo aparente, de lo descubierto por otros, para captar lo que es menos conocido o, mejor a\u00fan, para elegir lo que permita una visi\u00f3n clara de la sistematicidad del discurso \u00e9tico.<\/p>\n<p>Que la epistemolog\u00ed\u00ada no se interese por el contenido de una ciencia no significa que no se interese en absoluto por su objeto. En algunos momentos la estructura de la \u00e9tica depende precisamente de su objeto o del modo como se le c\u00f3nsidera. Si, por ejemplo, no se acepta que el objeto de su inter\u00e9s sea el aspecto valorativo o la posibilidad de fundamentarlo cognoscitivamente, a la \u00e9tica obviamente habr\u00e1 que darle una estructura epist\u00e9mica no de tipo axiol\u00f3gico, sino descriptivo.<\/p>\n<p>Se puede dar, adem\u00e1s, el caso de que una ciencia (y esto afecta directamente a la \u00e9tica tambi\u00e9n) tenga o se interese por varios objetos, que en raz\u00f3n de sus caracter\u00ed\u00adsticas diversas deben plantearse con estructuras epist\u00e9micas distintas para que puedan ser captados en todas sus cualidades espec\u00ed\u00adficas. Esto significa que la estructura l\u00f3gica de la \u00e9tica, o su epistemolog\u00ed\u00ada, constituida con esa diversidad no puede explicitarse independientemente del objeto al que \u00e9sta se refiere, aunque s\u00ed\u00ad puede y debe elaborarse prescindiendo, por ejemplo, de ciertos contenidos normativos que ella da al comportamiento humano.<\/p>\n<p>II. Fenomenolog\u00ed\u00ada de los principios l\u00f3gico-estructurales de los sistemas epist\u00e9micos de la \u00e9tica<br \/>\nEl mejor modo de iniciar la reflexi\u00f3n sobre la estructura l\u00f3gica de la \u00e9tica, o sobre su episteme, parece ser el de resaltar fenomenol\u00f3gicamente los principios l\u00f3gico-estructurales sobre los que se han fundamentado los diversos sistemas epist\u00e9micos de esta ciencia y con los que, en \u00faltimo an\u00e1lisis, se los puede identificar.<\/p>\n<p>Por principio l\u00f3gico-estructural se entiende el elemento a partir del cual -o la idea central en torno a la cual- se desarrolla una teor\u00ed\u00ada \u00e9tica que posee tambi\u00e9n los requisitos necesarios para transformarse en sistema o en visi\u00f3n global del fen\u00f3meno moral. A este elemento se le puede considerar la clave de lectura de la epistemolog\u00ed\u00ada \u00e9tica presente en uno u otro sistema. Est\u00e1 claro que en el momento en que se asume un determinado principio como fundamento de todo e1 fen\u00f3meno \u00e9tico, se asume y se ofrece tambi\u00e9n una estructura interpretativa para la lectura del mismo fen\u00f3meno y para la relectura de la estructura l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n que se fealiza sobre \u00e9l. Por ejemplo, asumir como principio l\u00f3gico-estructural del fen\u00f3meno \u00e9tico el ego\u00ed\u00adsmo significa aceptar que tal fen\u00f3meno se fundamenta en el ego\u00ed\u00adsmo, brote de \u00e9l, se desarrolle en todas sus articulaciones a partir de \u00e9l y que el principio epist\u00e9mico que orienta la reflexi\u00f3n se identifique precisamente con el ego\u00ed\u00adsmo. Lo mismo puede decirse si se asume como principio l\u00f3gico-estructural el altruismo. Pero hay que tener presente que asumir un principio o su opuesto (ego\u00ed\u00adsmo-altruismo) no determina necesariamente una variaci\u00f3n radical de la estructura epist\u00e9mica de la \u00e9tica; esta puede llevar, y de hecho a veces lleva, a resultados parcial o totalmente distintos, pero puede que no var\u00ed\u00ade la estructura l\u00f3gica del mismo procedimiento. Esto significa que la identificaci\u00f3n del principio l\u00f3gico-estructural sobre el que se fundamenta la ciencia \u00e9tica y con el que se inician estas reflexiones no se transforma autom\u00e1ticamente en identificaci\u00f3n de su sistema epist\u00e9mico (en el sentido de la reflexi\u00f3n ya hecha sobre el contenido).<\/p>\n<p>Muchos autores han intentado clasificar los distintos sistemas \u00e9ticos aparecidos a lo largo de los siglos en base a algunos principios l\u00f3gico-estructurales. Ser\u00e1, pues, oportuno remitirse a ellos y ver, en cuanto sea posible, la validez y los l\u00ed\u00admites de sus clasificaciones. Entre las m\u00e1s significativas y por orden cronol\u00f3gico podemos remontarnos a la realizada por el mismo Arist\u00f3teles en su Etica a Nic\u00f3maco (1094a). Para establecer \u00abel fin que debe perseguir la pol\u00ed\u00adtica y cu\u00e1l es el sumo bien en la acci\u00f3n\u00bb, Arist\u00f3teles cree que debe examinar cu\u00e1les fueron las opiniones \u00abmantenidas por muchos hombres del pasado\u00bb y las mantenidas \u00abpor pocos hombres famosos\u00bb. Procediendo con este tipo de identificaci\u00f3n fenom\u00e9nica, pasa revista a las distintas opiniones, discute su validez para aceptarlas o rechazarlas y para descubrir en qu\u00e9 consiste exactamente el bien. De esta manera elabora una lista de los principios l\u00f3gico-estructurales sobre los que se basan los sistemas \u00e9ticos, que puede ampliarse con s\u00f3lo pasar las hojas de toda su producci\u00f3n \u00e9tica. Baste esta muestra para se\u00f1alar c\u00f3mo ya en los albores de esta ciencia era posible realizar una clasificaci\u00f3n bastante amplia de estos principios.<\/p>\n<p>Sin embargo, para tener una visi\u00f3n m\u00e1s exhaustiva, y tambi\u00e9n porque a lo largo de los siglos siguientes ha habido muchas repeticiones tanto conceptuales como terminol\u00f3gicas -unas y otras juntas o separadas-, ser\u00e1 bueno remitirnos a esquemas elaborados en tiempos m\u00e1s cercanos a nosotros.<\/p>\n<p>Si, por ejemplo, tomamos el Tratado de moral general de R. Le Senne, enseguida notamos que es posible identificar el principio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica en base a referencias geogr\u00e1ficas y culturales, o en base a la evidencia de la idea central de un sistema \u00e9tico. En una primera lista clasificatoria, aunque estructurada s\u00f3lo con sentido bibliogr\u00e1fico, Le Senne se remite al per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico y al \u00e1rea geogr\u00e1fica en la que han surgido las distintas morales, distinguiendo las de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica de las cristianas, las asi\u00e1ticas de las europeas y, dentro de \u00e9stas, las francesas, alemanas, holandesas, inglesas, italianas, escandinavas, espa\u00f1olas y eslavas, para despu\u00e9s identificar en cada una de ellas los autores y los principios m\u00e1s representativos.<\/p>\n<p>Lo mismo puede encontrarse en otras obras, por ejemplo en Primeras l\u00ed\u00adneas de una historia de la moral, de E. Sidgwick, en donde la referencia geogr\u00e1fica, que continuamente se entrecruza con la temporal, permite al autor hacer expl\u00ed\u00adcita en cada caso la idea central que gu\u00ed\u00ada cada elaboraci\u00f3n m\u00e1s o menos sistem\u00e1tica del discurso moral.<\/p>\n<p>La clasificaci\u00f3n se hace m\u00e1s homog\u00e9nea y lineal en la Historia de la \u00e9tica, de V.J. Bourke. Este autor distinque cinco grandes per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ncos, integrando despu\u00e9s en cada uno de ellos los distintos principios l\u00f3gico-estructurales m\u00e1s significativos, junto con los autores que los defienden.<\/p>\n<p>De estos pocos ejemplos se pueden intuir c\u00f3mo las referencias hist\u00f3ricogeogr\u00e1ficas pueden resultar necesarias para la elaboraci\u00f3n de una historia de la \u00e9tica, pero siempre son deficientes para una clasificaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los principios l\u00f3gico-estructurales de esta ciencia.<\/p>\n<p>Ni siquiera la clasificaci\u00f3n sistem\u00e1ticamente dirigida y surgida directamente de estos principios consigue f\u00e1cilmente alcanzar un nivel exhaustivo y lineal de planteamiento. El mismo Ren\u00e9 Le Senne en el segundo volumen de su Tratado de moral general hace una lista de los distintos tipos de moral, distingui\u00e9ndolos en base a su principio l\u00f3gico-estructural, que para unos ha sido el placer (hedonismo), para otros el inter\u00e9s (utilitarismo), para otros el bien o el sentimiento, el querer o la tradici\u00f3n, el positivismo biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico o sociol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Si se quiere realizar esta misma distinci\u00f3n hay que reconocer con Le Senne que algunos de estos principios se relacionan entre s\u00ed\u00ad: por ejemplo, las morales que \u00e9l llama del \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb pretenden la realizaci\u00f3n del sujeto moral, como tambi\u00e9n el hedonismo y el utilitarismo. Tambi\u00e9n hay que reconocer que, mientras que la mayor parte de las distinciones se remiten al principio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica, las morales del sentimiento y del querer se remiten m\u00e1s bien a la facultad epist\u00e9mica de la \u00e9tica. Adem\u00e1s hay que a\u00f1adir, como hace notar el autor, que, desde el punto de vista puramente terminol\u00f3gico, \u00abplacer\u00bb no hace expl\u00ed\u00adcita todav\u00ed\u00ada su identificaci\u00f3n o diversidad respecto a \u00abalegr\u00ed\u00ada\u00bb o \u00abfelicidad\u00bb. Si el \u00abplacer\u00bb lo asumimos en este \u00faltimo sentido, nos encontramos ante el eudemonismo, en el que suele clasificarse la \u00e9tica de Arist\u00f3teles y la de santo Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>De todas formas, el hecho es que en la historia de la \u00e9tica se pueden identificar muchos otros t\u00e9rminos para la clasificaci\u00f3n de los distintos principios l\u00f3gico-estructurales. Se puede hablar, y de hecho se habla con Bergson, de \u00abmorales cerradas\u00bb, que se basan en el principio de la obligatoriedad, y de \u00abmorales abiertas\u00bb, que se basan m\u00e1s bien en la espontaneidad de la tendencia hacia el bien. Se puede hablar tambi\u00e9n de morales ateas, humanistas o religiosas; de moral aut\u00f3noma o heter\u00f3noma; de moral de los. derechos, o de los deberes; de morales del deber, que puede ser exterior o interior; de morales objetivas o subjetivas; de morales teleol\u00f3gicas o deontol\u00f3gicas (Broad), que tambi\u00e9n se denominan a veces las \u00faltimas intuicionistas (Sidgwick); de morales que se basan en el escepticismo y de morales que remiten a fundamentos cognoscitivos; de morales basadas en el ego\u00ed\u00adsmo y de morales.basadas en el altruismo.<\/p>\n<p>Sin pretender redactar una lista exhaustiva de todas las clasificaciones posibles, notemos tan s\u00f3lo que todas suscitan problemas importantes cuando se trata de identificar exactamente la peculiaridad de los principios l\u00f3gico-estructurales a que se remiten. Por ejemplo, la distinci\u00f3n de las morales en base al principio ateo, humanista o religioso parece inmediatamente clara; pero se complica much\u00ed\u00adsimo apenas nos preguntamos si la moral atea y la religiosa son o pueden ser tambi\u00e9n morales humanistas, si y en qu\u00e9 sentido los principios del ate\u00ed\u00adsmo y de la religiosidad pueden determinar una perspectiva \u00e9tica distinta. Tambi\u00e9n est\u00e1 clara la distinci\u00f3n entre autoqom\u00ed\u00ada y heteronom\u00ed\u00ada; pero, \u00bfc\u00f3mo hay que interpretar la teonom\u00ed\u00ada de la moral cristiana? \u00bfEn sentido aut\u00f3nomo o heter\u00f3nomo? Y \u00bfqu\u00e9 diferencia hay entre la moral de los derechos y la de los deberes? \u00bfNo son \u00e9stos el reverso para los dem\u00e1s de los derechos de una persona o de un grupo?<br \/>\nEl problema se complica m\u00e1s en cuanto nos remitimos al volumen Etica, teor\u00ed\u00ada e historia, de Hans Reinen. En \u00e9l el principio del eudemonismo se expone tanto en el cap\u00ed\u00adtulo sobre el principio \u00faltimamente determinante del actuar del hombre, como en el cap\u00ed\u00adtulo sobre el principio de los contenidos de la moralidad y en el cap\u00ed\u00adtulo sobre el car\u00e1cter imperativo de la exigencia moral, como \u00e9tica eudemonista sin un \u00abdebes\u00bb vinculante.<\/p>\n<p>Semejante consignaci\u00f3n da a entender f\u00e1cilmente que el mismo principio l\u00f3gico-estructural puede ser, y de hecho es, utilizado de modos distintos, por motivos distintos y en contextos distintos. Hay que pensar, pues, que lo mismo ocurre o puede ocurrir con los otros principios: mientras que uno, es utilizado en un contexto bien preciso y concreto, el otro es utilizado en un contexto totalmente diverso. Por ejemplo; \u00bfen qu\u00e9 contexto se asume el principio l\u00f3gico-estructural del decisionismo y en cu\u00e1l el del utilitarismo? Mientras que con el primero se niega que en el \u00e1mbito \u00e9tico exista proceso cognoscitivo alguno, con el segundo, en cambio, se afirma que en el \u00e1mbito \u00e9tico hay que actuar con vistas al mayor bien posible para el mayor n\u00famero de personas posible. Ambas contextualizaciones aparecen claramente diferentes: mientras 1a segunda se refiere a la finalidad deYactuar, la primera se refiere a las condiciones b\u00e1sicas de la reflexi\u00f3n \u00e9tica.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa adem\u00e1s afirmar, como hace Sidgwick, que la moral cristiana tiene sus rasgos distintivos en la fe, en el amor, en la pureza, en la obediencia, en la lejan\u00ed\u00ada del mundo, en la mortificaci\u00f3n de la carne, en la paciencia, en la beneficencia? \u00bfSe puede pensar en una moral aut\u00e9nticamente moral, atea o no atea, que no tenga todos estos requisitos, fuera del de la fe?<br \/>\nLa identificaci\u00f3n fenom\u00e9nica de los diversos principios y de los problemas que de ellos se derivan permite ahora ver la problem\u00e1tica fundamental: \u00bfSe puede sostener te\u00f3ricamente la pluralidad de los principios l\u00f3gico-estructurales de la \u00e9tica, o debemos m\u00e1s bien buscar un solo principio? \u00bfLa posibilidad de mantener tantos principios se disuelve al disolverse la diversidad terminol\u00f3gica o puede seguir existiendo mientras no distingamos algunas contextualizaciones?<br \/>\nEn efecto, si nos fijamos mejor, vemos que los t\u00e9rminos del problema relativo a la unicidad del principio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica estaban ya claros para Arist\u00f3teles y Plat\u00f3n. Se advierte tambi\u00e9n que una larga lista de pensadores despu\u00e9s de ellos ha sostenido la unicidad de este principio, que consiste precisamente en el bien. Y as\u00ed\u00ad, ya en las primeras p\u00e1ginas de la Etica a Nic\u00f3maco leemos: \u00absi hay un fin de nuestras acciones que queremos por s\u00ed\u00ad mismo, mientras que a los dem\u00e1s los queremos en vista de aqu\u00e9l, y no deseamos cada cosa en orden a otra cosa particular&#8230;, en tal caso est\u00e1 claro que \u00e9ste debe ser el bien, y el bien supremo\u00bb.<\/p>\n<p>Por esto G.E. Moore, en Principia Ethica, se pregunta tambi\u00e9n, siguiendo a Arist\u00f3teles, qu\u00e9 es bueno en s\u00ed\u00ad mismo, tratando de individuar las distintas identificaciones hist\u00f3ricas del bien. El problema que subyace a muchas distinciones ya se\u00f1aladas, en efecto, consiste precisamente en la identificaci\u00f3n del bien con cosas distintas del bien, que Moore define como concepci\u00f3n naturalista de la \u00e9tica. El hedonismo, por ejemplo, identifica el bien con el placer, cayendo de esta manera en el error naturalista desenmascarado por el mismo Moore y por otros despu\u00e9s de \u00e9l.<\/p>\n<p>Para Moore, en cambio, el bien, como ya se hab\u00ed\u00ada puesto de manifiesto en el \u00e1rea cultural anglosajona, es un concepto simple, indefinible o s\u00f3lo tautol\u00f3gicamente definible, como, por ejemplo, en la definici\u00f3n de santo Tom\u00e1s: \u00abBonum est faciendum, malum est vitandum\u00bb.<\/p>\n<p>Pero hay que se\u00f1alar tambi\u00e9n que el concepto de bien supremo, verdadero principio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica, como afirma Arist\u00f3teles, \u00abno es una cualidad com\u00fan que se exprese bajo una sola idea\u00bb. Se manifiesta en m\u00faltiples y complejas modalidades. Constituye, como han puesto de manifiesto los fenomen\u00f3logos, un reino ideal de valores.<\/p>\n<p>Por eso otro problema subyacente a algunas de las distinciones se\u00f1aladas lo constituye su colocaci\u00f3n sectorial en relaci\u00f3n a las parciales manifestaciones del bien o en relaci\u00f3n a las problem\u00e1ticas que tienen que ver con el bien en cuanto tal dentro de la polivalente contextualizaci\u00f3n del discurso moral.<\/p>\n<p>Todo lo dicho lleva a la conclusi\u00f3n de que el principio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica, el fundamental, es, y no puede dejar de ser, \u00fanico; que puede haber m\u00e1s principios l\u00f3gico-estructurales, pero \u00e9stos tendr\u00ed\u00adan que situarse dentro de contextualizaciones sectoriales de la \u00fanica perspectiva \u00e9tica, cuya polivalencia estructural no hemos destacado a\u00fan.<\/p>\n<p>III. La investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-fenom\u00e9nica sobre las facultades antropo-epist\u00e9micas de la \u00e9tica<br \/>\nIdentificado el bien como principio de la \u00e9tica, Arist\u00f3teles piensa, puesto que \u00abel hecho es a la vez comienzo y principio\u00bb, que hay que pasar a la b\u00fasqueda del modo en que este principio pueda establecerse. No se trata ahora todav\u00ed\u00ada de si el principio l\u00f3gico-estructural de la episteme\u00e9tica se descubre por inducci\u00f3n, por sensaci\u00f3n, por h\u00e1bito o de otro modo. Tratamos m\u00e1s bien de descubrir a qu\u00e9 facultad antropol\u00f3gica se le ha atribuido en la historia la funci\u00f3n de facultad epist\u00e9mica de la \u00e9tica. Se\u00f1alado esto, se podr\u00e1 ver despu\u00e9s c\u00f3mo la o las facultades antropol\u00f3gicas realizan el proceso cognoscitivo en \u00e9tica. Tambi\u00e9n en este caso la identificaci\u00f3n fenom\u00e9nicaconstituye el veh\u00ed\u00adculo para alcanzar ciertos resultados \u00fatiles, tanto en ordena la visi\u00f3n panor\u00e1mica de la discusi\u00f3n hist\u00f3rica como a descifrar exactamente la problem\u00e1tica epist\u00e9mica.<\/p>\n<p>Hablar de facultad epist\u00e9mica puede, parecer querer problematizar a toda costa lo que es obvio, ya que el proceso cognoscitivo no puede dejar de depender de la facultad intuitivo-racional del hombre. Sin embargo, resulta que la b\u00fasqueda de la facultad antropo-epist\u00e9mica de la \u00e9tica ha tenido una considerable importancia problem\u00e1tica en la historia de esta disciplina y que los resultados de tal b\u00fasqueda han sido m\u00e1s bien divergentes. \u00abEl punto controvertido -sostiene H. Reiner- es si el acto con el que inmediatamente percibimos la diferencia entre el bien y el mal tiene el car\u00e1cter fundamental y general del conocer en sentido propio, o si en \u00e9l toma parte alguna facultad de tipo jur\u00ed\u00addico de otro g\u00e9nero. Por lo dem\u00e1s, a la percepci\u00f3n de la diferencia en cuesti\u00f3n va unida tambi\u00e9n un impulso -el impulso a hacer el bien y a abstenerse del mal -del que somos conscientes en t\u00e9rminos de un deber moral\u00bb (Etica, 149).<\/p>\n<p>Por esta cita queda claro que la epistemolog\u00ed\u00ada moral debe remitirse por una parte al problema del tipo de conocimiento con que el hombre capta el bien, y por otra al problema de la o de las facultades implicadas en este tipo de conocimiento. Si el conocimiento del bien tuviera que darse como se da el conocimiento de cualquier otro objeto ontol\u00f3gico o emp\u00ed\u00adrico, en \u00e9tica se descartar\u00ed\u00ada la atribuci\u00f3n del proceso epist\u00e9mico a la facultad intelectual. Puesto que, en cambio, el bien en cuanto tal no se puede integrar totalmente en el contexto emp\u00ed\u00adrico-ontol\u00f3gico, tampoco su conocimiento podr\u00e1 integrarse totalmente dentro de los esquemas del conocimiento puramente intelectual. Precisamente de aqu\u00ed\u00ad brota, en \u00faltimo an\u00e1lisis, la diversidad de las soluciones hist\u00f3ricamente aportadas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Sidgwick, el problema hay que formularlo del modo siguiente: \u00abUna investigaci\u00f3n en torno a la naturaleza y al origen de la facultad espiritual que nos permite reconocer el deber, o, de forma m\u00e1s general, en torno a la parte que el intelecto tiene en el acto humano y a sus relaciones con las distintas especies de atracciones y aversiones\u00bb (Primeras l\u00ed\u00adneas&#8230;, 23).<\/p>\n<p>Esta formulaci\u00f3n del problema parece muy adecuada porque, efectivamente, al hablar de episteme no se puede excluir el papel preponderante que ejerce el intelecto. Pero a partir de la misma formulaci\u00f3n se hace m\u00e1s claramente visible, durante la identificaci\u00f3n fenom\u00e9nica del debate hist\u00f3rico, c\u00f3mo con frecuencia se trata s\u00f3lo de una acentuaci\u00f3n m\u00e1s o menos evidente del papel desempe\u00f1ado por una u otra facultad respecto al desempe\u00f1ado por la facultad intelectual.<\/p>\n<p>H. Reiner dedica todo un cap\u00ed\u00adtulo de su Etica a la \u00abfacultad que define las distinciones morales y fundamentales\u00bb, enumerando como \u00f3rgano del juicio moral la raz\u00f3n, el sentimiento, el sentido moral, la raz\u00f3n pr\u00e1ctica de Kant, el gusto. En base a las variantes aportadas por otros autores, como se ver\u00e1 en las p\u00e1ginas siguientes, esta lista prescinde de cualquier otro debate hist\u00f3rico, como aquel que, por ejemplo, atribuye la funci\u00f3n de discernir la distinci\u00f3n fundamental entre el bien y el mal a la intuici\u00f3n, o el que la atribuye, a pesar de su aparente contradicci\u00f3n, ala misma facultad volitiva.<\/p>\n<p>Aunque la funci\u00f3n de la intuici\u00f3n puede considerarse dentro de la perspectiva racional-intelectual, se le dedica aqu\u00ed\u00ad una secci\u00f3n aparte precisamente por el enorme inter\u00e9s y lo peculiares que son las reflexiones que suscita. Las otras secciones se reservan al sentimiento, a la raz\u00f3n y a la voluntad, tratando en cada una de presentar las variantes m\u00e1s significativas de las respectivas discusiones.<\/p>\n<p>1. LA INTUICI\u00ed\u201cN. Desde la antig\u00fcedad se afirma que en el origen del fen\u00f3meno moral, entendido como vivencia existencial y como reflexi\u00f3n explicativa de la vivencia, est\u00e1 el aspecto intuitivo de ciertos elementos, fundamentales para hacer posible el nacimiento y la articulaci\u00f3n del fen\u00f3meno mismo. Para Plat\u00f3n, en el Men\u00f3n, se trata de an\u00e1mnesis: \u00abEl alma, recordando (recuerdo que los hombres llaman aprendizaje) una sola cosa, es capaz de encontrar por s\u00ed\u00ad sola todas las dem\u00e1s&#8230; Buscar y aprender son, en su conjunto, reminiscencia\u00bb. En Arist\u00f3teles el recuerdo de la idea que el hombre se ha tra\u00ed\u00addo del mundo del hiperuranio se transforma en un \u00abcomenzar por las cosas conocidas\u00bb. El dilema plat\u00f3nico de \u00abpartir de los principios o bien llegar a ellos\u00bb se convierte en comenzar la b\u00fasqueda epist\u00e9mica desde \u00ablo que nos es conocido y de lo que ya se conoce en general\u00bb para descubrir poco a poco lo que queda todav\u00ed\u00ada por conocer.<\/p>\n<p>En \u00e9tica remontarse al momento inicial de este conocimiento significa adem\u00e1s, para santo Tom\u00e1s, establecer una relaci\u00f3n anal\u00f3gica entre el conocimiento del ser y el del bien: \u00abComo el ente es lo absolutamente primero en el conocimiento, lo mismo el bien es lo primero en el conocimiento de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica\u00bb (\u00abSicut ens est primum quod cadit in apprehensione simpliciter, ita bonum est primum quod cadit in aprehensiones practicae rationis\u00bb; S. Th., I-II, q. 94, a. 2).<\/p>\n<p>Este tipo de aprehensi\u00f3n, que se realiza naturaliter, corresponde a la percepci\u00f3n intuitiva, a partir de la cual se mueve la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Y esta analog\u00ed\u00ada, que est\u00e1 muy, clara en santo Tom\u00e1s, es quiz\u00e1 la causa fundamental de los debates hist\u00f3ricos a que hemos aludido. En \u00faltimo an\u00e1lisis, se trata de ver en qu\u00e9 consiste la raz\u00f3n pr\u00e1ctica; aquella raz\u00f3n pr\u00e1ctica que para Kant posee leyes a priori cuya explicitaci\u00f3n consciente es tarea de la metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres. \u00abUna metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres es pues, rigurosamente necesaria, no s\u00f3lo por una necesidad de la especulaci\u00f3n, para explorar la fuente de los principios pr\u00e1cticos que est\u00e1n a priori en nuestra raz\u00f3n&#8230;\u00bb (KANT, Fundamentos&#8230;, 12).<\/p>\n<p>Lo dicho no significa sino poner al comienzo de toda reflexi\u00f3n \u00e9tica, tanto si se elabora cient\u00ed\u00adficamente como si se lleva pr\u00e1cticamente en el tejido existencial operativo de la persona, un aspecto intuitivo o perceptivo del concepto de bien, de los principios primeros y del deber emergente y en base al cual la raz\u00f3n pr\u00e1ctica saca \u00abconclusiones per scientiam\u00bb (S. Th., II-II, q. 47, a. 6c).<\/p>\n<p>H. Bergson presenta as\u00ed\u00ad el mismo tema: \u00abUn absoluto no puede captarse m\u00e1s que por intuici\u00f3n, mientras que todo lo dem\u00e1s pertenece al an\u00e1lisis. Se llama intuici\u00f3n esa especie de simpat\u00ed\u00ada intelectual por la que entramos dentro de un objeto para coincidir con lo que tiene de \u00fanico, y por consiguiente de inexpresable\u00bb (Las dos fuentes&#8230;, 17).<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n intuitiva, que posee la caracter\u00ed\u00adstica de simpatizar intelectualmente con el objeto, es definida por los fenomen\u00f3logos como experiencia originaria (Ur-erfahrung), conocimiento aprior\u00ed\u00adstico, sentimiento de los valores, conciencia primaria de los valores. \u00abEsta conciencia primaria del bien y del mal mismo, cualquiera que sea el modo en que se d\u00e9&#8230; es el fen\u00f3meno \u00e9tico primario, el hecho de la \u00e9tica\u00bb (N. HARTMANN, Etica, 87).<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n intuitiva es considerada por muchos como el fen\u00f3meno \u00e9tico primario; pero es verdad, sin embargo, que no se presenta como simple dimensi\u00f3n intuitiva; como ya se ha podido observar, se le atribuye una caracter\u00ed\u00adstica claramente comprensible en la variedad terminol\u00f3gica que la expresa: precisamente la de estar acompa\u00f1ada por algo identificable como simpat\u00ed\u00ada o sentimiento; se le atribuye tambi\u00e9n la funci\u00f3n de servir de comienzo a la b\u00fasqueda racional posterior o a la conciencia cada vez mayor de los valores, y de estimular la facultad volitiva hacia lo que se ha captado. Esto ya se ve en el concepto de bien propuesto por Arist\u00f3teles y Tom\u00e1s, lo mismo que en el concepto de deber propuesto por Kant, como objetos intuidos.<\/p>\n<p>En este sentido la dimensi\u00f3n intuitiva originaria se puede considerar por una parte como dimensi\u00f3n en s\u00ed\u00ad misma y netamente distinta a las otras, y por otra como dimensi\u00f3n cuya explicitaci\u00f3n plena se alcanza a trav\u00e9s de la identificaci\u00f3n de las caracter\u00ed\u00adsticas distintivas de las otras dimensiones.<\/p>\n<p>2. EL SENTIMIENTO. Si se utiliza esta terminolog\u00ed\u00ada, no se puede por menos de iniciar la reflexi\u00f3n sobre la base de las afirmaciones de los fenomen\u00f3logos. No importa mucho uno u otro de los matices distintos de su terminolog\u00ed\u00ada, puesto que siempre nos encontramos con una experiencia originaria que poco a poco tiende a hacerse experiencia cada vez m\u00e1s plena de los valores, guiada como est\u00e1 por la atracci\u00f3n que \u00e9stos ejercen en el hombre. Los valores no se los inventa el hombre; existen ya, viven en el sentimiento que sustenta y empuja continuamente al hombre hacia ellos. Su ser aut\u00f3nomo e independiente de toda fantas\u00ed\u00ada no est\u00e1 determinado por la conciencia de la persona, sino que son ellos los que la determinan a ella.<\/p>\n<p>El sentimiento del valor es el resultado de la atracci\u00f3n que ejercen en el hombre y que se transforma en un \u00absaber conjunto m\u00e1s o menos claro u oscuro del valor y del no valor del comportamiento de hecho\u00bb (N. HARTMANN, Etica, 87).<\/p>\n<p>Pero el problema del sentimiento de los valores no ha esperado a los fenomen\u00f3logos para ser explicitado. El mismo Hartmann no puede por menos de definir su discurso como \u00abla aut\u00e9ntica an\u00e1mnesis plat\u00f3nica\u00bb (ib, 79), tanto por la relaci\u00f3n del hombre plat\u00f3nico con el mundo de las ideas como por la reflexi\u00f3n que Plat\u00f3n hace en el Men\u00f3n sobre la posibilidad de desear el mal aun sabiendo que es mal. La atracci\u00f3n del hombre por parte de los valores es claramente visible tambi\u00e9n en la definici\u00f3n de bien hecha por Arist\u00f3teles al comienzo de la Etica a Nic\u00f3maco: \u00abaquello hacia lo que todo tiende\u00bb.<\/p>\n<p>Es visible tambi\u00e9n en las inclinaciones naturales, que santo Tom\u00e1s ve en el hombre en relaci\u00f3n con el bien y con los primeros principios, y que despu\u00e9s se desarrolla en conocimiento cada vez m\u00e1s pleno de los preceptos particulares de la ley natural mediante el trabajo de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Las inclinationes naturales de santo Tom\u00e1s y de la teolog\u00ed\u00ada moral que le sigui\u00f3 pueden identificarse con el sentimiento del valor de los fenomen\u00f3logos y con la \u00abestimaci\u00f3n del valor muy superior al valor de todo lo que es considerado altamente apreciable por la inclinaci\u00f3n\u00bb (E. KANT, Fundamentos&#8230; 40), donde obviamente el t\u00e9rmino inclinaci\u00f3n corresponde al adpetere de la escol\u00e1stica.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n inglesa la misma perspectiva se afirma como teor\u00ed\u00ada del sentido moral o com\u00fan, la cual sostiene que el concepto de bien suscita en el hombre aquel deseo que regula naturalmente todo apetito y pasi\u00f3n especial, impulsa el querer a realizar lo que es honesto y provoca el conocimiento de verdades supremas.<\/p>\n<p>Diversidad terminol\u00f3gica, como se ve, que tiende a sintetizar en una sola f\u00f3rmula la complejidad de la actuaci\u00f3n de varias facultades humanas en la articulaci\u00f3n del fen\u00f3meno moral. Mientras que en la reflexi\u00f3n sobre la intuici\u00f3n se ve\u00ed\u00ada la dimensi\u00f3n originaria dando origen al fen\u00f3meno mismo, aqu\u00ed\u00ad se ve la dimensi\u00f3n atractiva de los valores, y s\u00f3lo despu\u00e9s se considera la dei trabajo intelectual y la de la adhesi\u00f3n volitiva.<\/p>\n<p>Dentro de esta perspectiva hay que resaltar, sin embargo, el problema del reduccionismo, visible en algunos estudios muy recientes, seg\u00fan los cuales el sentimiento, entendido como simple emotividad, constituye no s\u00f3lo la dimensi\u00f3n que acompa\u00f1a a la intuici\u00f3n originaria, sino tambi\u00e9n como la \u00fanica dimensi\u00f3n que da fundamento al fen\u00f3meno moral [l Meta\u00e9tica; l Etica descriptiva].<\/p>\n<p>3. LA RAZ\u00ed\u201cN. Que la dimensi\u00f3n intuitiva, acompa\u00f1ada por el sentimiento originario de los valores, pueda y deba desarrollarse mediante la actividad racional o que sea la dimensi\u00f3n inicial y decisiva de la actividad racional del hombre en cuanto sujeto moral, es una afirmaci\u00f3n muy extendida en la tradici\u00f3n \u00e9tico-filos\u00f3fica y teol\u00f3gica, excepto en el neoempirismo ingl\u00e9s\u00c2\u00a1 muy reciente, que niega a la \u00e9tica a fundamentacion cognoscitiva.<\/p>\n<p>Por todo lo dicho, parece suficiente aqu\u00ed\u00ad ver c\u00f3mo desde los tiempos de Arist\u00f3teles, al menos por lo que consta hist\u00f3ricamente, se atribuy\u00f3 a la raz\u00f3n -entendida como raz\u00f3n pr\u00e1ctica que gu\u00ed\u00ada al hombre en la actividad no especulativa sino pr\u00e1ctica del contexto \u00e9tico-operativola misi\u00f3n de \u00abdistinguir los bienes reales y verdaderos de los aparentes&#8230; y de guiar el deseo cuando mueve a la voluntad, de modo que no se conforme con los bienes aparentes, sino \u00fanicamente con los verdaderos\u00bb (H. REINER, Etica, 152).<\/p>\n<p>La raz\u00f3n pr\u00e1ctica, como dice Tom\u00e1s, tiene precisamente la funci\u00f3n de causar algo mediante un mandato o una petici\u00f3n. Es tambi\u00e9n aprehensiva, pero no s\u00f3lo como la especulativa (11-11, q. 83, a. 1). Desarrolla su funci\u00f3n en relaci\u00f3n con las cosas que debe hacer y que son particulares y contingentes, mientras que la raz\u00f3n especulativa se preocupa de las cosas necesarias (1-Il, q. 91, a. 3).<\/p>\n<p>En Kant la raz\u00f3n especulativa se hace raz\u00f3n pura; y la raz\u00f3n pr\u00e1ctica adquiere una doble funci\u00f3n: la puramente descriptiva, que se refiere a la facultad volitiva, considerada como simple facultad humana distinta de la intelectual, y la valorativa de voluntad moralmente buena (D. WITSCHEN, Kant und die Idee&#8230;, 15). Lo que significa que cuando en la historia de la \u00e9tica se habla de raz\u00f3n pr\u00e1ctica, no se hace referencia s\u00f3lo a la actividad intelectivo-racional o especulativa del hombre, sino tambi\u00e9n a la volitiva que gu\u00ed\u00ada y orienta su actuar \u00e9tico.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n pr\u00e1ctica, por tanto, es a a la vez dimensi\u00f3n intelectual y volitiva; entrelazado mutuo de las dos facultades que orientan la vida moral. Como dimensi\u00f3n intelectual, la raz\u00f3n pr\u00e1ctica llega al conocimiento de las leyes morales, que luego son asumidas por la esfera volittva de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Tambi\u00e9n la misma raz\u00f3n pura est\u00e1 dirigida por la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, entendida como dimensi\u00f3n volitiva,sobre todo cuando asume la tarea de indagar en el \u00e1mbito de los problemas \u00e9ticos, cuya soluci\u00f3n afecta directamente a la actividad de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Seg\u00fan Kant, en efecto, \u00abes de la mayor importancia pr\u00e1ctica unir estos conceptos y estas leyes (morales) con la fuente de la raz\u00f3n pura\u00bb, precisamente porque \u00abresulta evidente que todos los conceptos morales tienen su sede y su origen totalmente a priori en la raz\u00f3n, tanto en la raz\u00f3n humana m\u00e1s com\u00fan como en la que es en sumo grado especulativa\u00bb (Fundamentos&#8230;, 54).<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n intuitiva del a priori necesita siempre, como aparece en las primeras p\u00e1ginas de Fundamentos para una metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres, que se la explicite,elabore y presente claramente con todas sus consecuencias pr\u00e1cticas. Esto debe ser propio de la raz\u00f3n pura, solicitada quiz\u00e1 por la raz\u00f3n practica, que tiende a adquirir un mayor n\u00famero de elementos con los que orientarla acci\u00f3n \u00e9tica del hombre.<\/p>\n<p>Todo lo dicho significa que la raz\u00f3n pr\u00e1ctica no tiene funciones epistemol\u00f3gicas: a ella se le pueden atribuir, si acaso, funciones de causa gen\u00e9tica en relaci\u00f3n con la raz\u00f3n especulativa o pura. Tanto a nivel de entramado existencial de la vida \u00e9tica de la persona individual como a nivel de b\u00fasqueda especulativa altamente cient\u00ed\u00adfica, no es la voluntad la que identifica las leyes morales, sino la inteligencia empujada por la voluntad.<\/p>\n<p>4. LA VOLUNTAD. En la historia encontramos teor\u00ed\u00adas que atribuyen precisamente a la voluntad la funci\u00f3n de facultad epist\u00e9mica de la vida moral. Pero, en realidad, no se trata de teor\u00ed\u00adas epistemol\u00f3gicas, sino de teor\u00ed\u00adas que determinan volltivamente el inicio del fen\u00f3meno moral: la voluntad no es y no puede ser facultad epist\u00e9mica.<\/p>\n<p>Seg\u00fan estas teor\u00ed\u00adas, la voluntad, con su toma de decisi\u00f3n, hace posible el proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica, que de otro modo no podr\u00ed\u00ada iniciarse nunca, pero que despu\u00e9s, enti\u00e9ndase bien, se resuelve dentro de un circuito cerrado en el que se ha entrado precisamente por la toma de decisi\u00f3n inicial. La \u00e9tica, pues, seg\u00fan estas teor\u00ed\u00adas, no puede fundamentarse cognoscitivamente; el inicio del proceso epist\u00e9mico no se identifica con la dimensi\u00f3n intuitiva, sino con la dimensi\u00f3n decisoria y, seg\u00fan algunos, con la puramente emotiva. A partir de ah\u00ed\u00ad es posible la verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica de las verdaderas afirmaciones; pero su verificaci\u00f3n l\u00f3gica se encuentra siempre con el muro de la decisi\u00f3n o emoci\u00f3n inicial, m\u00e1s all\u00e1 del cual la inteligencia no puede pasar [l Meta\u00e9tica].<\/p>\n<p>Que la voluntad tiene tambi\u00e9n una funci\u00f3n importante en el proceso epist\u00e9mico es indudable; ya ha quedado claro por todo lo que se ha dicho sobre la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Pero que todo conocimiento \u00e9tico no s\u00f3lo es objeto al que adherirse voluntariamente, sino que est\u00e1 tambi\u00e9n estimulado y acompa\u00f1ado por la tensi\u00f3n volitiva hacia el logro cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito del bien, no significa que la relaci\u00f3n inteligencia-voluntad haga inclinar la balanza del lado de la voluntad, al menos en el inicio del proceso epist\u00e9mico. Que tal relaci\u00f3n est\u00e1 mediada por el sentimiento y que \u00e9ste juega un papel tambi\u00e9n decisivo no significa tampoco que el proceso epist\u00e9m\u00ed\u00adco de la \u00e9tica no se fundamente en un conocimiento que tambi\u00e9n es intuitivo. Todo esto evidencia m\u00e1s bien la peculiaridad de la epistemc \u00e9tica, que se basa en la actuaci\u00f3n de diversas facultades antropo-epist\u00e9micas. Cada una de ellas desempe\u00f1a su propia funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, estimulando gen\u00e9ticamente el proceso cognoscitivo o recibiendo de \u00e9l su est\u00ed\u00admulo, actuando de un modo m\u00e1s o menos incisivo en esta o en aquella otra fase del proceso. De todo esto se deduce que la \u00e9tica se fundamenta sobre el proceso cognoscitivo, y que tal proceso es compuesto, complejo y variado en su estructura. Por esto no se puede absolutizar la funci\u00f3n que desarrolla una u otra facultad, ni tampoco es f\u00e1cil definir exactamente con f\u00f3rmulas sint\u00e9ticas la peculiaridad de da episteme \u00e9tica.<\/p>\n<p>La que quiz\u00e1 sintetiza mejor esta peculiaridad es la Real Apprehension de que habla J.H. Newman (Gram\u00e1tica del asentimiento, 50-70). Pero tambi\u00e9n \u00e9sta necesita muchas explicitaciones para hacer evidente su propia diversidad respecto a la Notional Apprehension -cuyo objeto son las verdades emp\u00ed\u00adrico-f\u00e1cticas- y para describir todas sus caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficas, que consisten, como hemos intentado mostrar, en la confluencia de las funciones de las distintas facultades epist\u00e9micas y en el logro de un resultado, fruto del entramado de muchas tensiones epist\u00e9micas.<\/p>\n<p>De esta forma la facultad verdaderamente epist\u00e9mica de la \u00e9tica resulta ser la intuitivo-racional, aunque el sentimiento y la voluntad intervienen tambi\u00e9n, la estimulan y la acompa\u00f1an por distinto t\u00ed\u00adtulo en el camino cognoscitivo para apropiarse despu\u00e9s del objeto conocido y adherirse totalmente a \u00e9l. Esto ocurre porque el bien, los valores o el objeto espec\u00ed\u00adfico del conocimiento \u00e9tico posee una peculiaridad propia que no es de tipo emp\u00ed\u00adrico, sino axiol\u00f3gico. Su conocimiento, por tanto, no puede ser nunca s\u00f3lo nocional. Se transforma siempre en conocimiento real, con el que hace referencia precisamente a las cualidades del objeto de la episteme \u00e9tica, que anima a las distintas facultades antropol\u00f3gicas, a la funci\u00f3n que cada una desempe\u00f1a y a la especificidad de la episteme moral tan variadamente estructurada.<\/p>\n<p>IV. Las fuentes epist\u00e9micas de la \u00e9tica<br \/>\nDesde este punto de vista el problema de la posibilidad epist\u00e9mica de la \u00e9tica se convierte en el del lugar en que puede buscar o descubrir los principios, las normas del vivir moral o el deber moral entendido como instancia originaria y fundamental y como instancia inmediata de la acci\u00f3n a realizar.<\/p>\n<p>Siguiendo los distintos intentos hist\u00f3ricos de objetivaci\u00f3n del lugar en que aparece o se descubre la instancia moral, nos encontramos frente a f\u00f3rmulas diversas que dejan traslucir al menos la posibilidad de la existencia de m\u00e1s fuentes, y por consiguiente frente al problema de establecer si la \u00e9tica pueda o deba remitirse a una sola de estas fuentes o a todas juntas.<\/p>\n<p>Se afirma, por ejemplo, que \u00abla corriente plat\u00f3nica busc\u00f3 la universalidad -y el lugar de su determinaci\u00f3n objetiva- en el mundo de las ideas. El verdadero bien est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del hombre concreto e individual, del hombre corp\u00f3reo. S\u00f3lo el fil\u00f3sofo puede captarlo&#8230; La corriente aristot\u00e9lica, de orientaci\u00f3n exquisitamente empirista&#8230;, quiso ver en el hombre concreto, corp\u00f3reo, su misma ley. Pero mientras que para el sofista Prot\u00e1goras `el hombre es medida de todas las cosas&#8217; en el sentido que cada hombre individual es medida para s\u00ed\u00ad mismo y totalmente independiente de los otros, nace en Arist\u00f3teles la idea de la naturaleza humana -aquello por lo que cada hombre es hombrey con ella la idea y la formulaci\u00f3n de la ley natural, que se manifiesta en las inclinaciones f\u00ed\u00adsicas y espirituales del hombre\u00bb (E. CHmvaccl en l Ley natural I, 1).<\/p>\n<p>Como fuente epist\u00e9mica de la \u00e9tica tenemos, pues, por una parte el bien, y por otra la ley natural. El concepto de ley natural, tanto en la tradici\u00f3n filos\u00f3fica como en la teol\u00f3gica, se entiende igual en el sentido m\u00e1s global de realidad humana en general que en el m\u00e1s restringido de raz\u00f3n humana (santo Tom\u00e1s) y, por lo tanto, en el sentido de facultad epist\u00e9mica (de las que hemos hablado l antes, III).<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicos, la fuente epist\u00e9mica de la \u00e9tica se identifica con la voluntad de Dios. El hombre creyente descubre en la voluntad de Dios la instancia moral. Remiti\u00e9ndose a esta voluntad identifica el propio deber y se realiza plenamente desde el punto de vista moral.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n \u00e9tico-teol\u00f3gica cient\u00ed\u00adficamente elaborada presenta en los manuales tradicionales un cap\u00ed\u00adtulo espec\u00ed\u00adficamente dedicado a las fuentes de la teolog\u00ed\u00ada moral, en donde se distinguen dos tipos de fuentes: las primarias y las secundarias. Mientras que las primeras son la Sagrada Escritura, la tradici\u00f3n y el magisterio, las segundas se identifican con la ley natural, la raz\u00f3n humana, la psicolog\u00ed\u00ada, la antropolog\u00ed\u00ada, la historia, etc. M. Zalba la define como \u00ablos lugares de donde brotan los principios de la teolog\u00ed\u00ada moral y las obras en las que tales principios son transmitidos y pueden encontrarse. Tambi\u00e9n \u00e9stas se distinguen en fuentes constitutivas (las secundarias) y fuentes cognoscitivas (las primarias)\u00bb (Theologiae Moralis Summa, 9).<\/p>\n<p>El Vat. II no habla expl\u00ed\u00adcitamente de fuentes, pero en GS 46 usa la f\u00f3rmula \u00aba la luz del evangelio y de la experiencia humana\u00bb, interpretada com\u00fanmente como una redefinici\u00f3n de las fuentes y de la metodolog\u00ed\u00ada epist\u00e9mica de la teolog\u00ed\u00ada moral (S. PRIVITERA, Dall \u00e9sperienza all\u00e1 morale 19-50) [\/ Experiencia moral II].<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad que se planteen dos problem\u00e1ticas: la de la multiplicidad o unicidad de las fuentes epist\u00e9micas de la \u00e9tica y la de la diversidad o especificidad de las fuentes epist\u00e9micas de la teolog\u00ed\u00ada moral respecto a las fuentes de la filosof\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la primera, hay que preguntarse si, m\u00e1s all\u00e1 de la diversidad terminol\u00f3gica, las distintas f\u00f3rmulas remiten verdaderamente a distintas fuentes epist\u00e9micas. Se trata de ver a qu\u00e9 fuente se refiere exactamente cada f\u00f3rmula utilizada. Por evidentes motivos de claridad, ser\u00ed\u00ada conveniente proceder del modo siguiente: analizar en un primer momento la f\u00f3rmula ley natural, confrontarla con la plat\u00f3nica del bien, para pasar finalmente al an\u00e1lisis de las distintas f\u00f3rmulas religiosas y compararlas con el resultado del primer an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>La lex naturalis, expl\u00ed\u00adcitamente en santo Tom\u00e1s e impl\u00ed\u00adcitamente en Arist\u00f3teles (en el sentido de que en este autor se da la misma reflexi\u00f3n, pero con distinta terminolog\u00ed\u00ada), indica lo que la raz\u00f3n humana, desarrollando la intuici\u00f3n originaria, consigue explicitar para la vida moral del hombre, es decir, los primeros principios y todas las indicaciones operativas que de ellos proceden. En santo Tom\u00e1s, efectivamente, la ley natural se utiliza para los contenidos espec\u00ed\u00adficos del proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica, para la meta a la que se orienta la episteme \u00e9tica y para el lugar en que se encuentra su propia fuente originaria. Pero entendida en este sentido, la f\u00f3rmula \u00abfuente epist\u00e9mica\u00bbindica m\u00e1s bien el dato que es conocido, y remite a la perspectiva de la corriente plat\u00f3nica, que no habla de primeros principios, sino de bien. Esta diversidad terminol\u00f3gica no crea ning\u00fan problema, bien porque en el pensamiento aristot\u00e9lico tambi\u00e9n se encuentra el t\u00e9rmino bien o porque el mismo santo Tom\u00e1s explicita los primeros principios en el sentido del \u00abbonum est faciendum, malum vitandum\u00bb. S\u00ed\u00ad ser\u00ed\u00ada un problema la distinta colocaci\u00f3n de este bien: fuera del hombre para la corriente plat\u00f3nica, y dentro del hombre para la corriente aristot\u00e9lica. Seg\u00fan la tradici\u00f3n aristot\u00e9lico-tomista, el principio fundamental de la \u00e9tica puede formularse tambi\u00e9n como agere seyuitur esse. El mismo Kant se mueve en este principio. Con \u00e9l no se hace sino remontarse del dato-objeto de la episteme \u00e9tica al lugar en que se individualiza y del que brota. Seg\u00fan la corriente plat\u00f3nica, en cambio, el bien, que est\u00e1 fuera del hombre, es conocido dentro del hombre. Basta tomar algunas frases sobre el tema del representante m\u00e1s significativo del pensamiento plat\u00f3nico para darse cuenta claramente de esto. San -Agust\u00ed\u00adn se expresa as\u00ed\u00ad: \u00abNo salgas fuera, vuelve a ti mismo. La verdad habita en lo \u00ed\u00adntimo del hombre\u00bb (\u00abNoli foras \u00c2\u00a1re, in teipsum rede. In interiore homine habitat veritas&#8217;~. Obviamente, tambi\u00e9n la verdad moral, que es el bien. Lo que puede hacer referencia a la an\u00e1mnesis plat\u00f3nica, de la que hemos hablado antes, o puede significar tambi\u00e9n otra cosa aclarada por los fenomen\u00f3logos.<\/p>\n<p>El problema no es descubrir d\u00f3nde se encuentra el bien, sino conocer la realidad ontol\u00f3gica del bien. Si consideramos el bien como bien sumo, como ser perfect\u00ed\u00adsimo, como valor fuente de todos los valores, entonces no podemos por menos de seguir a los te\u00ed\u00adstas; como M. Scheler y D. von Hildebrand, e identificar el bien con el ser mismo de Dios. Si consideramos la esencia del bien como el reino de los valores en que se explicita y que constituye el objeto directo del proceso cognoscitivo de la \u00e9tica; entonces no podemos por menos de considerar la realidad de los valores como realidad ideal, cuya idealidad se concreta dentro de la persona humana, que, seg\u00fan N. Hartmann, constituye tambi\u00e9n el sujeto de la aut\u00e9ntica an\u00e1mnesis plat\u00f3nica hacia el reino ideal de los valores. En este sentido se puede afirmar que la fuente epist\u00e9mica de la \u00e9tica es Dios, el bien, la persona humana. Si identificamos la fuente con Dios y su voluntad, nos referimos al terminus a quo es creada la instancia originaria y fundamental del deber moral, encontr\u00e1ndonos as\u00ed\u00ad frente al postulado kantiano de la existencia de Dios. Si identificamos la fuente con el bien, nos referimos al terminus ad guem est\u00e1 orientado el proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica entonces nos encontramos con la reflexi\u00f3n kantiana sobre la autonom\u00ed\u00ada moral. Si la identificamos con la ley natural, en el sentido de realidad humana, nos encontramos con el terminus in quo la instancia moral se hace presente o se sedimenta. Si, finalmente, identificamos la fuente con ley natural entendida en el sentido de racionalidad humana, entonces nos encontramos con el terminus quo la misma instancia es no ya creada, sino s\u00f3lo conocida para ser despu\u00e9s volitivamente realizada.<\/p>\n<p>M\u00e1s compleja resulta la soluci\u00f3n de la segunda problem\u00e1tica, unida a la distinci\u00f3n entre fuentes primarias y fuentes secundarias, entre luz del evangelio y experiencia humana. Una vez dicho que la distinci\u00f3n del Vat. II sintetiza en \u00faltimo an\u00e1lisis la distinci\u00f3n tradicional entre fuentes primarias y secundarias, hay que hacer notar que el problema consiste sobre todo en ver si las fuentes primarias son un a\u00f1adido que posee la \u00e9tica teol\u00f3gica respecto a la filos\u00f3fica, en qu\u00e9 consiste su funci\u00f3n primaria o, en otras palabras, si la \u00e9tica filos\u00f3fica puede llegar a los mismos resultados que la \u00e9tica teol\u00f3gica, aunque no tenga las fuentes primarias que son espec\u00ed\u00adficamente teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Resumiendo reflexiones ya elaboradas (S. PRIVITERA, Dall \u00e9sperienza alfa morale), se puede decir que el a\u00f1adido de las fuentes primarias no hay que colocarlo en el nivel normativo del \/comportamiento; en ese caso la \u00e9tica de dimensi\u00f3n teol\u00f3gica deber\u00ed\u00ada llegar a resultados cuantitativamente superiores a los de la moral filos\u00f3fica, que \u00e9sta no podr\u00ed\u00ada alcanzar nunca. La relaci\u00f3n entre las dos fuentes tampoco se puede describir como la de dos paralelas que aut\u00f3nomamente llegan al mismo resultado; en este caso no se explicar\u00ed\u00ada por qu\u00e9 la \u00e9tica teol\u00f3gica deba remitirse tambi\u00e9n, aunque s\u00f3lo sea secundariamente, a las fuentes de la \u00e9tica filos\u00f3fica, mientras que \u00e9sta no podr\u00ed\u00ada remitirse a las teol\u00f3gicas. La relaci\u00f3n de primac\u00ed\u00ada de las unas sobre las otras no es representativa ni siquiera como marco de garant\u00ed\u00ada que las primeras-ofrecer\u00ed\u00adan al resultado obtenido con las otras; tal garant\u00ed\u00ada, v\u00e1lida s\u00f3lo para el creyente, habr\u00ed\u00ada que interpretarla como incapacidad estructural de las fuentes secundarias para conseguir con certeza la orientaci\u00f3n moral, con lo que el hombre que tiene su referencia en las fuentes secundarias solamente se encontrar\u00ed\u00ada en situaci\u00f3n de inferioridad intelectual respecto al creyente.<\/p>\n<p>La primac\u00ed\u00ada de unas fuentes sobre otras hay que atribuirla sobre todo a la funci\u00f3n que tienen en relaci\u00f3n al vivir moral como tensi\u00f3n continua de adhesi\u00f3n al bien. La teolog\u00ed\u00ada moral, remiti\u00e9ndose a la fuente de la revelaci\u00f3n o a la luz del evangelio, consigue resultados de tipo intelectivo en el sentido del correspondiente postulado kantiano de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma; puede llegar y llega de hecho al fundamento \u00faltimo y decisivo del orden moral, en el sentido de que fundamenta en la voluntad revelada de Dios el significado \u00faltimo del acto voluntario libre del hombre y de su actuar (J. MAUSBACH, Katholische Moraltheologie, 2) y a partir de la misma revelaci\u00f3n puede indagar con m\u00e1s profundidad en la esencia e importancia de los dos postulados.<\/p>\n<p>La primac\u00ed\u00ada de las fuentes espec\u00ed\u00adficamente teol\u00f3gicas tiene su contexto dentro del horizonte trascendente de la \u00e9tica, que tiene su reflejo en la I actitud moral con la que el creyente act\u00faa, pero no incide -si acaso s\u00f3lo incidir\u00ed\u00ada de modo gen\u00e9tico- en el proceso individualizador de las normas particulares.<\/p>\n<p>Hablar de fuentes epist\u00e9micas de la \u00e9tica significar\u00ed\u00ada, en todo caso, hablar de una \u00fanica fuente, a la que se le puede considerar en su aspecto poli\u00e9drico, y una de cuyas caras pone en evidencia ora un autor, ora otro. Esta \u00fanica fuente, el bien, es id\u00e9ntica para la \u00e9tica filos\u00f3fica y para la teol\u00f3gica [ I Autonom\u00ed\u00ada y teonom\u00ed\u00ada]. Pero la \u00e9tica teol\u00f3gica posee otra fuente espec\u00ed\u00adfica, que no se superpone ni sustituye a la de la \u00e9tica filos\u00f3fica, sino que se reitere al horizonte teol\u00f3gicotrascendente del vivir \u00e9tico, permitiendo la explicitaci\u00f3n profunda de las verdades que filos\u00f3ficamente pueden identificarse s\u00f3lo como postulados.<\/p>\n<p>V. Las modalidades introspectivas de la \u00abepisteme\u00bb \u00e9tica<br \/>\nPara se\u00f1alar estas modalidades quiz\u00e1 ser\u00ed\u00ada oportuno referirse no s\u00f3lo y no tanto a las indicaciones aparecidas a lo largo de los siglos por medio de la reflexi\u00f3n te\u00f3rica sobre el fen\u00f3meno \u00e9tico, sino tambi\u00e9n y sobre todo a las que pudieran encontrarse en la vivencia misma del fen\u00f3meno. Se trata de considerar la aparici\u00f3n de la instancia moral en la historia del hombre o en la persona humana particular y hacer evidente de esta manera c\u00f3mo ha surgido esta instancia. Las limitaciones propias de este tipo de investigaci\u00f3n saltan a la vista: para el nacimiento hist\u00f3rico de la instancia moral habr\u00ed\u00ada que remontarse a la documentaci\u00f3n .hist\u00f3rica de \u00e9pocas m\u00e1s bien evolucionadas de la cultura humana (puesto que no poseemos documentaci\u00f3n hist\u00f3rica de culturas anteriores, ya que las tribus primitivas que hoy existen en la tierra se encuentran en fases culturales bastante evolucionadas); para la aparici\u00f3n a nivel personal ser\u00ed\u00ada necesario hacer una serie de experimentos, como el propuesto por J:J. Rousseau: Sin embargo, siempre es posible superar estos l\u00ed\u00admites revisando la propia vida personal, despu\u00e9s de haberla liberado de alguna manera de los condicionamientos positivos y negativos que han influido en nuestra vida moral, para remontarse despu\u00e9s a la reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Desde este tipo de reflexi\u00f3n se descubre que la persona individual, o el hombre en general, no necesita ir a buscar en determinados lugares extra\u00f1os a la propia realidad personal la aparici\u00f3n de la instancia moral; no necesita ni la alfabetizaci\u00f3n, previa ni una gran cultura para captar esta instancia. M\u00e1s bien descubre que la encuentra dentro, la lleva consigo, y tan s\u00f3lo necesita dejarla actuar, hacerla brotar y desarrollar en todas sus posibilidades. -El proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica comienza y se desarrolla dentro de contextos estrictamente personales con formas profundamente introspectivas y con resonancias interpersonales.<\/p>\n<p>Desde los comienzos de su historia personal y social, el hombre se ha dado y se sigue dando cuenta de la llamada del bien que hay dentro de \u00e9l; con \u00e9l se interpela, y entiende que esta interpelaci\u00f3n es ineludible. A Ca\u00ed\u00adn no se le hab\u00ed\u00ada \u00abprohibido\u00bb matar a Abel, y, sin embargo, descubre su tragedia moral antes incluso de que Dios lo llame, ni tampoco consigue liberarse de la inquietud por el mal hecho. Es cierto que a su padre Ad\u00e1n se le hab\u00ed\u00ada prohibido saborear el fruto del \u00e1rbol, pero tambi\u00e9n es cierto que el \u00e1rbol del bien y del mal lo hab\u00ed\u00ada colocado Dios en el mismo jard\u00ed\u00adn que le hab\u00ed\u00ada confiado. El \u00e1rbol del bien y del mal lo hab\u00ed\u00ada plantado Dios precisamente en el coraz\u00f3n del hombre. El lenguaje antropom\u00f3rfico de la Biblia resalta la creaci\u00f3n por parte de Dios de este ser capaz de conocer el bien y el mal, y la ambivalencia de esta instancia cognoscitiva que el hombre posee,- como tensi\u00f3n puramente cognoscitiva y como tensi\u00f3n volitiva. La tragedia que vive Ca\u00ed\u00adn es la misma que hab\u00ed\u00ada vivido Ad\u00e1n y sigue siendo la tragedia del hombre que no sigue la exigencia moral que encuentra en su coraz\u00f3n. La cara negativa de la instancia que se transforma en tragedia no nos exime de considerar su cara positiva. A Abel nadie le hab\u00ed\u00ada \u00abense\u00f1ado\u00bb cu\u00e1l deb\u00ed\u00ada ser la orientaci\u00f3n de su vida. Si alguna ense\u00f1anza hab\u00ed\u00ada recibido, era la misma que hab\u00ed\u00ada recibido su hermano Ca\u00ed\u00adn. Y, sin embargo, el mismo \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal produce en \u00e9l frutos muy distintos que en Ca\u00ed\u00adn. Pero Abel hab\u00ed\u00ada cultivado aquel \u00e1rbol, lo hab\u00ed\u00ada hecho crecer en su mente y en su coraz\u00f3n, lo hab\u00ed\u00ada cuidado celosamente y regado con esmero para que produjese buenos frutos, sabrosos y nutritivos.<\/p>\n<p>La doble narraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del pecado de Ad\u00e1n y de Ca\u00ed\u00adn es uno de los primeros intentos realizados por el hombre para describir el descubrimiento, la aparici\u00f3n de la instancia moral, el encuentro propio frente a la posibilidad de elegir el camino ancho o el estrecho y la tragedia moral en caso de elegir el ancho.<\/p>\n<p>Que el lenguaje humano trate de expresar con mayor riqueza de im\u00e1genes la misma instancia y la presente como algo que el hombre tiene delante o dentro de s\u00ed\u00ad, que busca o posee ya, que le es dada o se la da \u00e9l mismo, no significa que de ella se puedan hacer tantas interpretaciones. El hecho hist\u00f3rico de tantas descripciones m\u00e1s o menos po\u00e9ticas significa s\u00f3lo que de vez en cuando se resalta un aspecto u otro del proceso relativo a la misma instancia.<\/p>\n<p>Entre la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica inicial y la posterior m\u00e1s evolucionada, entre la que se encuentra en el mismo contexto b\u00ed\u00adblico o fuera de \u00e9l y en tiempos m\u00e1s pr\u00f3ximos al nuestro, entre todas ellas es posible establecer algunos paralelismos. \u00bfQu\u00e9 es, por ejemplo, la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica de los libros sapienciales sino la progresiva explicitaci\u00f3n de lo que comporta la instancia moral? \u00bfC\u00f3mo descubr\u00ed\u00adan los sabios del pueblo hebreo aquellas m\u00e1ximas que orientaban la vida humana sino penetrando, en s\u00ed\u00ad mismos, como despu\u00e9s dir\u00e1 san Agust\u00ed\u00adn? \u00bfD\u00f3nde descubr\u00ed\u00adan la sabidur\u00ed\u00ada de aquellos principios fundamentales sino mirando al hombre y tratando de conocerlo cada vez m\u00e1s, lo mismo que casi contempor\u00e1neamente a ellos lo hac\u00ed\u00ada S\u00f3crates? \u00bfQu\u00e9 les permiti\u00f3 el descubrimiento de tanta sabidur\u00ed\u00ada, expresada bajo la forma de proverbios, de m\u00e1ximas o de frases lapidarias, sino la contemplaci\u00f3n de ese ser creado por Dios y puesto por encima de los dem\u00e1s seres? La misma contemplaci\u00f3n que gu\u00ed\u00ada a Arist\u00f3teles en su reflexi\u00f3n \u00e9tica.<\/p>\n<p>Hay por lo menos dos diferencias sustanciales entre la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la teol\u00f3gica. La primera est\u00e1 en el hecho de que para nosotros la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica es revelaci\u00f3n divina, cosa que no puede atribuirse a los pensadores griegos; la segunda est\u00e1 en la sistematizaci\u00f3n que encontramos en Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles y no se encuentra en la Biblia. Pero tales diferencias nointerfieren en lo que aqu\u00ed\u00ad tratamos de resaltar, porque el proceso de la revelaci\u00f3n respeta el proceso cognoscitivo humano, aun acomod\u00e1ndose a \u00e9l, y porque la presencia o no de la sistematizaci\u00f3n no disminuye ni acent\u00faa el modo original con que se llega a algunos resultados.<\/p>\n<p>Leyendo en la intimidad del propio coraz\u00f3n, penetrando m\u00e1s all\u00e1 de los velos que ocultan la realidad propia, el hombre a lo largo de los siglos ha tratado de desarrollar la reflexi\u00f3n \u00e9tica. Este proceso de reflexi\u00f3n moral se caracteriza por etapas significativas que, a su vez, cada una se identifica por la capacidad que uno u otro autor ha tenido para levantar alguno de estos velos y conocer todav\u00ed\u00ada mejor la realidad moral. El hombre moral es, seg\u00fan N. Hartmann, el que disfruta esa realidad. Contempla, con Arist\u00f3teles, para regocijarse; disfruta, recordando con Plat\u00f3n aquel mundo superior del que proviene; recuerda para subirse al \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal; sube al \u00e1rbol para conocer mejor el bien que se debe realizar y el mal que hay que evitar.<\/p>\n<p>La \u00e9tica, filos\u00f3fica o teol\u00f3gica, no puede por menos de seguir este proceso introspectivo en su retorno a las fuentes de las que mana. Lo mismo que para descubrir las fuentes del r\u00ed\u00ado no hace falta sino ir contra la corriente, lo mismo ocurre con el fen\u00f3meno moral. Y mientras el fil\u00f3sofo, una vez llegado al manantial, tendr\u00e1 que limitarse a afirmar con Kant el postulado de la existencia de Dios como aquel que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del manantial, y, por otro lado, pensando en la desembocadura adonde llega el fen\u00f3meno \u00e9tico, el postulado de la inmortalidad del alma, el te\u00f3logo, en cambio, apelando a la propia fe en la revelaci\u00f3n divina, consigue describir al menos los rasgos esenciales del Dios que da vida al manantial del fen\u00f3meno y del alma que vivir\u00e1 incluso despu\u00e9s de haber desembocado, como un r\u00ed\u00ado, en las profundidades oce\u00e1nicas de la muerte f\u00ed\u00adsica.<\/p>\n<p>El proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica se puede describir precisamente como el remontar la corriente del r\u00ed\u00ado hasta su nacimiento sin abandonarse a la nostalgia del totalmente otro que existe en el antes de la fuente, porque ese totalmente otro existe tambi\u00e9n en el m\u00e1s all\u00e1 de la desembocadura hacia la que corre el r\u00ed\u00ado. Para el hombre moral no existe la nostalgia ni el pesimismo, como tampoco existe la euforia del vencedor. Por el cauce del fen\u00f3meno moral discurre el recuerdo de un manantial muy limpio, pero contaminado por los antepasados y por el recuerdo de tantas contaminaciones hist\u00f3ricas provocadas por el hombre, que continuamente se renuevan actualiz\u00e1ndose en hechos desconcertantes; pero puede fluir, y de hecho fluye, la corriente que a lo largo de tortuosos recorridos de monta\u00f1a va confiada hacia la-meta.<\/p>\n<p>En el r\u00ed\u00ado del fen\u00f3meno moral hay quien, con Di\u00f3genes, va a la b\u00fasqueda del hombre, del hombre bueno, a la b\u00fasqueda de lo que debe ser; hay quien, con Abrah\u00e1n, sale de su propia tierra para ir al encuentro de lo que ha descubierto que debe hacer; y hay quien huye, quien vuelve atr\u00e1s y no tiene la valent\u00ed\u00ada de enfrentarse a la fatiga de remontar. La observaci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n, el remontar el r\u00ed\u00ado es la dimensi\u00f3n de la b\u00fasqueda, de la identificaci\u00f3n del deber; salir fuera de la propia tierra es la dimensi\u00f3n de la realizaci\u00f3n; del imprimir al r\u00ed\u00ado una forma estrictamente personal. La contemplaci\u00f3n se hace acci\u00f3n y la acci\u00f3n se detiene de tanto en tanto para dejarse guiar por la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo desde la contemplaci\u00f3n de la propia realidad puede el hombre hacer surgir el mejor conocimiento del fen\u00f3meno moral, presupuesto de su propia realizaci\u00f3n: Es sintom\u00e1tico que la producci\u00f3n \u00e9tica de Kant, considerada con frecuencia extremadamente racionalista, surja de la contemplaci\u00f3n del cielo estrellado encima de \u00e9l y de la ley moral dentro de \u00e9l. Tambi\u00e9n el fil\u00f3sofo del deber por excelencia, como tantas veces se dice de Kant, remonta la corriente del r\u00ed\u00ado hasta su manantial; tambi\u00e9n \u00e9l penetra en la intimidad del propio ser, levantando uno de los velos m\u00e1s tupidos que cubr\u00ed\u00adan hasta entonces el fen\u00f3meno moral. El hombre lleva dentro de s\u00ed\u00ad la instancia moral y continuamente se siente atra\u00ed\u00addo por ella como si fuera un cielo estrellado que le vigila cuidadoso en la oscuridad de la noche.<\/p>\n<p>Que hist\u00f3ricamente pueda considerarse al ego\u00ed\u00adsmo como el-pfncipio l\u00f3gico-estructural de la \u00e9tica, como hace Nietzsche, o que T. Hobbes afirme su homo homini lupus, no cambia el sentido de esta reflexi\u00f3n, puesto que hay que distinguir lo que de hecho ocurre en el fen\u00f3meno moral y lo que este fen\u00f3meno deber\u00ed\u00ada ser. En el pasado como en el presente, el hombre puede dejarse guiar quiz\u00e1 por principios ego\u00ed\u00adstas o por la ley de la selva. Esto ocurre cuando se empe\u00f1a en recoger los frutos del \u00e1rbol prohibido, cuando se orienta en sentido opuesto al que deber\u00ed\u00ada orientarse, cuando aparta el agua del r\u00ed\u00ado y se hace un charco para uso y consumo propio y no para enriquecerla y devolverla de nuevo al mismo r\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n no cambia ni siquiera frente a la afirmaci\u00f3n de otros -p.ej., J.J. Rousseau-para quienes el hombre es naturalfter bonus y la sociedad lo hace malo.<\/p>\n<p>El hombre, inicialmente, no es bueno ni malo, sino capaz de ser bueno o malo. Posee dentro de s\u00ed\u00ad una gran atracci\u00f3n hacia el mal, pero lo mismo hacia el bien; se siente esclavo del propio ego\u00ed\u00adsmo, que la teolog\u00ed\u00ada designa como pecado original, pero gracias al misterio de la salvaci\u00f3n es capaz de vencer el pecado propio.<\/p>\n<p>Si el ego\u00ed\u00adsmo lo atrae, tambi\u00e9n con fuerza lo reclama la ley moral desde su propio interior y desde el cielo estrellado por encima de \u00e9l.<\/p>\n<p>Su largo e inagotable retorno contemplativo al manantial de la ley es tambi\u00e9n su constante caminar hacia el inalcanzable cielo estrellado de la desembocadura que lo espera. Para poder caminar hacia ella debe volver atr\u00e1s y conocer cada vez mejor el propio origen. El fen\u00f3meno moral se realiza en este camino hacia atr\u00e1s. El hombre moral es como el fabricante de cuerda: caminando hacia atr\u00e1s, hacia el bolo de c\u00e1\u00f1amo basto, ve crecer lentamente lo que sus manos hilan.<\/p>\n<p>En este camino no est\u00e1 solo; el sentimiento de los valores orienta sus pasos y los gu\u00ed\u00ada hacia el descubrimiento de todas las riquezas que brotan de la fuente. El hombre descubre de esta manera, como Plat\u00f3n, con Arist\u00f3teles y con los autores de los libros sapienciales, que la \u00fanica virtud se manifiesta de m\u00faltiples formas; que no hay una sola virtud, sino muchas; que no hay un solo bien, sino muchos; no hay un solo valor, sino muchos. La inagotable abundancia de la fuente lo implica en un inagotable proceso cognoscitivo y volitivo de todo lo que de ella brota.<\/p>\n<p>Con este camino de reflexi\u00f3n contemplativa, guiado por el sentimiento de los valores, el hombre sienta las bases del proceso epist\u00e9mico de la \u00e9tica. Esto no es todav\u00ed\u00ada el conocimiento moral; es s\u00f3lo su comienzo, el momento del encuentro con todo el potencial moral que lleva dentro y que se lo ha encontrado, no se lo ha dado \u00e9l a s\u00ed\u00ad mismo; es la primera mirada al \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal, del que puede recoger tantos frutos y cuya calidad depende exclusivamente de lo que \u00e9l decida; es el instante en que se encuentra frente a dos caminos, uno ancho, estrecho el otro, y debe elegir a cu\u00e1l de los dos se dirigir\u00e1 y dentro de qu\u00e9 contexto realizar\u00e1 despu\u00e9s toda su vida moral.<\/p>\n<p>Cuando se dirige por el camino m\u00e1s estrecho, el hombre no agota el largo camino de reflexi\u00f3n contemplativa. Se encontrar\u00e1 siempre teniendo que elegir, teniendo que volver a hacer su decisi\u00f3n inicial. Y siempre tendr\u00e1 que volver otra vez al manantial del fen\u00f3meno moral para encontrarse de nuevo con aquel que hace brotar las aguas y con la propia decisi\u00f3n inicial[\/ Opci\u00f3n fundamental] que ha permitido que aquellas aguas formen un nuevo arroyo.<\/p>\n<p>El r\u00ed\u00ado del fen\u00f3meno moral brota de la voluntad de Dios creador; pero discurre por el cauce de la historia humana, ensanch\u00e1ndose o estrech\u00e1ndose seg\u00fan la calidad moral de sus \u00e9pocas; lo forman los arroyos de las grandes obras morales que realizan las personas individuales. Coger agua en las fuentes del r\u00ed\u00ado y volver a echarla en \u00e9l es la tarea de muchos arroyos; el r\u00ed\u00ado se alimenta y el arroyo se hace a s\u00ed\u00ad mismo, se distingue del r\u00ed\u00ado y contribuye a su desarrollo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>A lo largo de este camino de reflexi\u00f3n contemplativa, el hombre deber\u00e1 descubrir otras muchas cosas necesarias para la plena realizaci\u00f3n de su tarea moral. Algunas de ellas las descubrir\u00e1n todos, de modo m\u00e1s o menos consciente, porque no requieren gran capacidad reflexiva. Otras requerir\u00e1n mayor capacidad y ser\u00e1n objeto de la reflexi\u00f3n inquieta de un n\u00famero m\u00e1s reducido de personas; finalmente, otras, puesto que requieren la utilizaci\u00f3n de procesos cient\u00ed\u00adficos precisos, s\u00f3lo podr\u00e1n ser objeto de quienes dedican todo su esfuerzo a esta reflexi\u00f3n. El descubrimiento de estos procesos que luego seguir\u00e1n la mayor parte de los hombres de un modo m\u00e1s o menos consciente se realiza mediante la reflexi\u00f3n contemplativa del manantial del r\u00ed\u00ado y de la formaci\u00f3n de los distintos arroyos a partir de \u00e9l. Por esto, en los p\u00e1rrafos siguientes, trataremos de adentrarnos, siguiendo el mismo m\u00e9todo introspectivo, en la episteme moral para captar la que desde ahora podemos denominar compleja y polivalente estructura de la \u00e9tica.<\/p>\n<p>VI. Los resultados de la investigaci\u00f3n epist\u00e9mica sobre el sujeto moral<br \/>\nAhora, pues, hay que ver la estructura misma de la reflexi\u00f3n moral, los elementos que la distinguen y los objetivos hacia los que se orienta. Las caracter\u00ed\u00adsticas propias de la episteme moral, en efecto, dependen de los objetivos hacia los que se orienta y var\u00ed\u00adan al variar ellos. No es uno solo el objetivo de la episteme moral; y los diversos objetos, con las consecuencias que imprimen en la estructura l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n moral pueden identificarse mediante el retorno introspectivo al fen\u00f3meno moral tal como lo vive el sujeto moral.<\/p>\n<p>Si prescindimos de cualquier reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, el primer proceso epist\u00e9mico tiene lugar en la intimidad de la persona humana, que en cuanto sujeto moral se ve en la obligaci\u00f3n de tener que elegir entre el camino ancho y el estrecho. Por lo tanto, hablar en t\u00e9rminos cient\u00ed\u00adficos de episteme moral significa releer no s\u00f3lo las distintas interpretaciones hist\u00f3ricas que se han dado al hecho \u00e9tico, sino tambi\u00e9n, y quiz\u00e1 sobre todo, releer el fen\u00f3meno \u00e9tico tal y como se estructura y se desarrolla en el interior de cada persona.<\/p>\n<p>El primer dato fenom\u00e9nicamente importante es la elecci\u00f3n que el sujeto moral se ve obligado a realizar, desde el comienzo de su vida moral, entre el bien y el mal. Tal elecci\u00f3n, en cuanto elecci\u00f3n entre dos objetos previamente dados es un acto volitivo; pero en cuanto acto volitivo presupone un m\u00ed\u00adnimo de capacidad intelectual necesario para distinguir precisamente entre el bien y el mal. Esta capacidad intelectual inicial corresponde a la dimensi\u00f3n intuitiva (que hemos visto ! antes, III, en el p\u00e1rrafo sobre las facultades antropo-epist\u00e9micas). En cuanto el hombre es capaz de intuir la diferencia fundamental entre bien y mal, se ve obligado a elegir. Abstenerse de la elecci\u00f3n ya es una elecci\u00f3n, como tambi\u00e9n lo es su aplazamiento o pensar que se puede eludir, porque distinguir el bien del mal significa captar intuitivamente que debe hacerse el bien y debe evitarse el mal, utilizando la expresi\u00f3n tautol\u00f3gica de santo Tom\u00e1s o el car\u00e1cter obligatorio del bien.<\/p>\n<p>La intuici\u00f3n inicial, pues, determina la elecci\u00f3n moral fundamental, que presupone a su vez, como cualquier otra elecci\u00f3n moral posterior, el postulado kantiano de la t libertad o la posibilidad de encaminarse por cualquiera de los dos caminos. Naturalmente, elegir el camino ancho del mal significa rechazar cualquier regla moral, dejarse guiar exclusivamente por el propio ego\u00ed\u00adsmo y el propio inter\u00e9s, no pensar en los dem\u00e1s. En cambio, elegir el camino estrecho del bien significa, por un lado, verse en la obligaci\u00f3n de tener que profundizar y desarrollar todas las posibles implicaciones de la intuici\u00f3n original para elegir cada vez con m\u00e1s conocimiento el bien, y, por otro, revisarse continuamente, tomando como referencia la realidad ambiente, para determinar qu\u00e9 orientaci\u00f3n hay que imprimir al propio comportamiento. Elegir el bien significa querer actuar de modo consecuente; querer realizar todas aquellas acciones materialmente posibles que, por as\u00ed\u00ad decir, pueden objetivarlo en la realidad hist\u00f3rica en que vive el hombre. Por eso es necesaria la capacidad racional como facultad antropo-epist\u00e9mica, distinta de la intuici\u00f3n. Se trata de conocer cada vez mejor el bien que se quiere y de querer o conocerlo todav\u00ed\u00ada mejor como objeto de la elecci\u00f3n fundamental que hay que renovar cotidianamente y hacer realidad en el comportamiento.<\/p>\n<p>Es el momento de establecer en qu\u00e9 consiste la bondad interior, lo que comporta dar importancia distinta a la dimensi\u00f3n volitiva e intelectiva, a la elecci\u00f3n moral fundamental, que se renueva continuamente en la actitud que se va asumiendo poco a poco en relaci\u00f3n al bien y a las elecciones operativas particulares en relaci\u00f3n a las acciones cotidianas.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n fundamental, en efecto, depende exclusivamente de la voluntad de que ella quiera hacerla, de que quiera tender con todas sus fuerzas al bien. En esta continua tendencia volitiva al bien que cada vez puede reforzarse m\u00e1s consiste la bondad interior del hombre, su 1 actitud moralmente buena, el valor moral que \u00e9l puede alcanzar y que se identifica con la propia realidad personal. Desde luego se puede tener una capacidad volitiva m\u00e1s o menos fuerte -en t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos: coraz\u00f3n m\u00e1s o menos generoso-,pero poseer esta mayor o menor capacidad no depende de la persona particular; en cambio, s\u00ed\u00ad depende de ella desarrollar todas sus posibilidades, seg\u00fan la par\u00e1bola de los talentos. La realizaci\u00f3n de todas las posibilidades se identifica con la plena realizaci\u00f3n del valor moral. No todos somos santos, pero todos podemos alcanzar la santidad, al menos como tendencia hacia ella; en esto consiste la actitud moralmente buena.<\/p>\n<p>El coeficiente intelectual, en cambio, no depende de la persona individual. No puede hacer nada para aumentarlo y, si quiere desarrollar todo su potencial, siempre estar\u00e1 condicionado por su mayor o menor limitaci\u00f3n. No todos somos Leonardo da Vine\u00c2\u00a1; y aunque quisi\u00e9ramos serlo, no lo conseguir\u00ed\u00adamos. Para indagar dentro del fen\u00f3meno moral se necesita una cierta capacidad intelectual; y quien no la posee, nunca podr\u00e1 alcanzar determinados resultados. Mientras que la limitaci\u00f3n de la voluntad, si se desarrolla en toda su capacidad, determina el alcance de la bondad -lo mismo que un vaso, por muy peque\u00f1o que sea, si est\u00e1 lleno contiene todo el agua que es capaz de contener-, la limitaci\u00f3n intelectual determina la imposibilidad de plantear y resolver los m\u00e1s complicados problemas \u00e9ticos. No conocer estos problemas no equivale a no poder ser o a no ser buenos -como no conocer muchos problemas de f\u00ed\u00adsica, qu\u00ed\u00admica, historia, etc., no determina mayor o menor bondad moral-. Para ser moralmente bueno se requiere la facultad de la voluntad, cuyo uso depende exclusivamente de cada persona humana. El uso de la facultad intelectual, en cambio, no siempre depende de cada persona. No haber usado toda la capacidad intelectual, como le sucede al hombre de la calle; no haberlas usado para el conocimiento de los problemas morales, como les sucede a los grandes cient\u00ed\u00adficos, a los poetas, a los historiadores, no significa no haber sido o no poder ser moralmente buenos.<\/p>\n<p>El uso de la inteligencia, sin embargo, es necesario sobre todo en dos \u00e1mbitos bien concretos: en el de la identificaci\u00f3n del comportamiento moralmente recto y en el de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, filos\u00f3fica o teol\u00f3gica sobre el fen\u00f3meno moral. Est\u00e1 claro que a este \u00faltimo tipo de investigaci\u00f3n se dedican casi exclusivamente los profesionales. Pero semejante conocimiento no es estrictamente necesario para ser moralmente bueno, como no lo es el conocimiento de los m\u00e1s sofisticados teoremas algebraicos o geom\u00e9tricos [! Meta\u00e9tica].<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para la identificaci\u00f3n del l comportamiento moralmente recto se requiere el uso de la facultad intelectual; en algunas cuestiones todo el mundo tendr\u00e1 que utilizarla, puesto que todo el mundo se ve en la situaci\u00f3n existencial de tener que actuar; para otras cuestiones, en cambio, s\u00f3lo la utilizar\u00e1n los especialistas, puesto que la reflexi\u00f3n sobre el comportamiento, sobre todo en algunos casos requiere una profundizaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de criterios y conocimientos emp\u00ed\u00adricos, necesarios para la elaboraci\u00f3n del juicio moral [l Etica normativa].<\/p>\n<p>Resolver los problemas normativos del comportamiento diario, en la gran mayor\u00ed\u00ada de los casos es muy simple, porque se conoce ya el juicio moral sobre los actos cotidianos en base a los conocimientos que se poseen. A veces, sin embargo, el sujeto moral puede encontrarse en situaciones tan complicadas que, aun recurriendo a toda su capacidad intelectual, no consigue encontrar la soluci\u00f3n moral. Para la soluci\u00f3n de algunos problemas normativos se requiere la aplicaci\u00f3n de procesos laboriosos, tanto por los valores como por los no valores y los datos emp\u00ed\u00adricos que hay en juego. Debido a la complejidad de algunos casos, el mismo moralista no puede por menos de dirigirse al especialista de ese sector y buscar luego los conocimientos emp\u00ed\u00adricos necesarios para encontrar el juicio moral [\/Ciencias humanas y \u00e9tica].<\/p>\n<p>Conocer el juicio moral sobre la acci\u00f3n significa conocer qu\u00e9 valor no moral debe realizarse. Este conocimiento es funci\u00f3n de la inteligencia; realizar la acci\u00f3n es tarea, en cambio, de la voluntad del hombre. Es propio de la persona humana actuar intelectualmente, buscando el juicio o queriendo realizar el juicio ya formulado [l Acto humano]. Pero la distinci\u00f3n entre funci\u00f3n de la inteligencia y la de la voluntad es necesaria para entender exactamente d\u00f3nde se sit\u00faa en \u00faltimo t\u00e9rmino la moralidad del sujeto moral. Distinguir no equivale a seccionar al hombre, a fraccionar la unidad de la persona. Por esto, cuando en el lenguaje diario como en el cient\u00ed\u00adfico se habla de la persona humana en cuanto sujeto moral, muchas veces se prefiere utilizar el t\u00e9rmino l conciencia como s\u00ed\u00adntesis terminol\u00f3gico-conceptual de la unidad moral de la persona. Pero tambi\u00e9n en la conciencia hay que distinguir diversas funciones. Distinguir, en este caso, significa tener la posibilidad de descifrar con exactitud la funci\u00f3n desempe\u00f1ada por una u otra facultad. Que en la existencia cotidiana el sujeto moral no distinga claramente el momento en que se conf\u00ed\u00ada a la inteligencia del momento en que se conf\u00ed\u00ada a la voluntad, que de hecho las dos facultades act\u00faen sincr\u00f3nicamente en una continua interrelaci\u00f3n, es algo f\u00e1cilmente explicable; pero esto no implica la imposibilidad de la distinci\u00f3n l\u00f3gica en el rc~omento en que se reflexiona cient\u00ed\u00adficamente.<\/p>\n<p>Antes (en el p\u00e1rrafo V) hab\u00ed\u00adamos identificado dos postulados del fen\u00f3meno moral y los datos previos sobre los que \u00e9ste se basa; ahora, en este p\u00e1rrafo VI, hemos localizado otro postulado del fen\u00f3meno moral y c\u00f3mo se articula tambi\u00e9n en la intimidad de la persona.<\/p>\n<p>Mostrar todo esto es fundamental para la explicitaci\u00f3n de los principios epist\u00e9micos. Estos principios se pueden desarrollar como criterios constitutivos de la epistemolog\u00ed\u00ada moral partiendo siempre del fen\u00f3meno moral vivido por la persona humana. Dar este paso siguiente significa definir las caracter\u00ed\u00adsticas propias de la reflexi\u00f3n y de las reflexiones de esta ciencia.<\/p>\n<p>Se trata, pues, de ver si una epistemolog\u00ed\u00ada moral basada en el fen\u00f3meno moral de la persona puede estructurarse un\u00ed\u00advocamente o si, partiendo de la distinci\u00f3n de las funciones de la inteligencia y de la voluntad, no ser\u00ed\u00ada necesario tambi\u00e9n abarcar las correspondientes caracter\u00ed\u00adsticas distintas en la misma reflexi\u00f3n moral hasta distinguir diversas elaboraciones estructuradas y orientadas de modo diverso.<\/p>\n<p>VII. El \u00abcuadrifolio epist\u00e9mico\u00bb de la \u00e9tica<br \/>\nEn los p\u00e1rrafos anteriores se remit\u00ed\u00ada al lector a algunas voces de este Diccionario, a las que se le remite despu\u00e9s tambi\u00e9n en este p\u00e1rrafo. Esos temas, aunque se traten por separado, forman parte integral de la reflexi\u00f3n que hacemos ahora y que, por motivos obvios, no se puede explicitar en todas sus referencias metodol\u00f3gicas sin hacer algunas distinciones que explican las distintas voces y que lo har\u00ed\u00adan aunque no remiti\u00e9semos a ellas. Ahora se trata de ver la estructura interna de la reflexi\u00f3n \u00e9tica, con la que precisamente se identifica el problema epistemol\u00f3gico de la \u00e9tica.<\/p>\n<p>La estructura de la reflexi\u00f3n \u00e9tica es polivalente, compuesta, y se la podr\u00ed\u00ada representar con la imagen del cuadrifolio. Precisamente porque es polivalente han podido surgir en el pasado y pueden surgir todav\u00ed\u00ada hoy equ\u00ed\u00advocos e incomprensiones; siempre es posible identificar, simplific\u00e1ndola, la estructura de la reflexi\u00f3n moral con una u otra de las cuatro partes de que consta el tr\u00e9bol de cuatro hojas; no se pueden intercambiar, porque cada una posee caracter\u00ed\u00adsticas propias que exigen otros tantos criterios espec\u00ed\u00adficos para la soluci\u00f3n de los problemas con los que cada parte debe enfrentarse. Utilizando otra imagen, se podr\u00ed\u00ada decir que la episteme \u00e9tica tiene la misma composici\u00f3n de estructur\u00f3 que el viajar: se dan los principios din\u00e1micos propios de cualquier desplazamiento, y los propios del desplazamiento por mar, por tierra o por medio del fuego. La reflexi\u00f3n moral es siempre reflexi\u00f3n de la \u00e9tica, pero de una vez a otra asume caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>En este p\u00e1rrafo hay que tratar de descubrir cu\u00e1ntos y cu\u00e1les son los principios epist\u00e9micos de la \u00e9tica o en. qu\u00e9 manera se distingue la estructura l\u00f3gica de su reflexi\u00f3n, para afrontar despu\u00e9s otros problemas, como el de la especificidad teol\u00f3gica de la episteme \u00e9tica.<\/p>\n<p>Al comenzar a tratar esta problem\u00e1tica hay que afirmar, antes de nada, que la identificaci\u00f3n de diversos niveles de la estructura de la reflexi\u00f3n moral no prejuzga en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo, para la ciencia \u00e9tico-teol\u00f3gica, la posibilidad de existir y que \u00e9stos, claramente identificables tambi\u00e9n en la reflexi\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral, una vez que se han explicitado, permiten abordar con menos dificultades el problema mismo de la especificidad teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Si seguimos usando el m\u00e9todo introspectivo tambi\u00e9n en lo que se refiere a la ciencia \u00e9tica, nos daremos cuenta de. que el fen\u00f3meno moral aparece sobre todo como un hecho que se puede observar claramente y se puede describir minuciosamente en todos los detalles que lo caracterizan en su continuidad sincr\u00f3nicotemporal y diacr\u00f3nico-geogr\u00e1fica o que tambi\u00e9n lo caracterizan en su discontinuidad sincr\u00f3nica y. diacr\u00f3nica. Aparece siempre como un hecho que en ciertos aspectos es siempre y en todas partes id\u00e9ntico, mientras que en otros aspectos es siempre y en todas partes distinto. La identidad y la diversidad aparecen pluriestratificadas en una serie de c\u00ed\u00adrculos conc\u00e9ntricos y disc\u00e9ntricos, en los que el n\u00facleo com\u00fan resulta siempre id\u00e9ntico en la diversidad de sus manifestaciones hist\u00f3ricas o geogr\u00e1ficas y siempre distinto en su identidad. En cuanto que es un hecho, el fen\u00f3meno moral constituye un objeto que puede describirse de forma m\u00e1s o menos delimitada en el espacio y en el tiempo; este primer modelo de estructuraci\u00f3n de la reflexi\u00f3n moral es denominado l \u00e9tica descriptiva. La estructura l\u00f3gica de la descripci\u00f3n se identifica con una estructura epist\u00e9mica muy concreta, consistente en la revelaci\u00f3n del dato de hecho y en su descripci\u00f3n de la forma m\u00e1s exhaustiva posible, siguiendo la estructura epist\u00e9mica de la sociolog\u00ed\u00ada, de la historia, de la etnolog\u00ed\u00ada, etc., o de las ciencias emp\u00ed\u00adricas en general.<\/p>\n<p>Si el fen\u00f3meno moral no es considerado en su globalidad hist\u00f3rico-geogr\u00e1fica y socio-cultural, sino como un hecho puramente personal, siempre ser\u00e1 posible describir las caracter\u00ed\u00adsticas con las que es vivido en este contexto m\u00e1s restringido; pero siempre surgir\u00e1 la necesidad de distinguir, como ya se hizo evidente en el p\u00e1rrafo anterior, entre la \/ actitud y el \/comportamiento, entre lo moralmente bueno\/ malo de la actitud y lo moralmente recto\/ equivocado del comportamiento, las diversas funciones de la voluntad y de la inteligencia en la realizaci\u00f3n del hecho \u00e9tico-personal. Esta segunda forma de abordar la reflexi\u00f3n moral corresponde a lo que se llama l \u00e9tica normativa. El problema epist\u00e9mico entonces consiste en ver la estructura l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n que lleva al juicio moral, la distinta base del juicio emitido sobre la actitud y el emitido sobre el comportamiento. La reflexi\u00f3n de la \u00e9tica normativa es fundamentalmente distinta, como estructura l\u00f3gica, de la de la \u00e9tica descriptiva; mientras que la primera llega al conocimiento de hechos emp\u00ed\u00adricamente averiguados, el proceso normativo llega al conocimiento de datos valorativos, de juicios de valor y se basa s\u00f3lo en ellos cuando se refiere a la actitud, y tambi\u00e9n en datos emp\u00ed\u00adricos cuando se refiere al comportamiento. El juicio moral contiene siempre la dimensi\u00f3n valorativa de su relaci\u00f3n con los valores, morales y no morales, a no ser que se le entienda de un modo muy simplificado a la manera a que haremos alusi\u00f3n [\/m\u00e1s adelante, en el p\u00e1rrafo VIII].<\/p>\n<p>Pero no todas las reflexiones morales son de tipo descriptivo o normativo. Hay tambi\u00e9n problemas de tipo meramente ling\u00fc\u00ed\u00adstico o sem\u00e1ntico, problemas que se identifican con los postulados kantianos y\/ o problemas que van m\u00e1s all\u00e1 del hecho puramente normativo por ejemplo, la relaci\u00f3n fe-moral, la cognoscibilidad o no de los juicios morales, etc. Corresponden a la denominada l meta\u00e9tica, donde el problema epist\u00e9mico se hace estrictamente te\u00f3rico. La reflexi\u00f3n meta\u00e9tica es pura investigaci\u00f3n te\u00f3rica, y por lo mismo no todos la ejercen, como ocurre, en cambi\u00f3, aunque s\u00f3lo sea en el \u00e1mbito restringido del propio comportamiento, con la \u00e9tica normativa.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n moral puede considerarse tambi\u00e9n como transmisi\u00f3n de contenidos muy precisos, como di\u00e1logo interpersonal exhortativo. Aparece otra caracter\u00ed\u00adstica l\u00f3gicoestructural de la reflexi\u00f3n moral: dos o m\u00e1s personas pueden encontrarse para comunicarse no s\u00f3lo conocimientos emp\u00ed\u00adrico-f\u00e1cticos del fen\u00f3meno moral; pueden encontrarse y dialogar para llegar a un conocimiento mejor del aspecto valorativo de una acci\u00f3n, y pueden incluso encontrarse para dialogar no en un contexto intelectual, sino en un contexto de inter\u00e9s que afecte a la esfera de la voluntad; en este caso se interpela a la voluntad de los otros para estimularla, exhortarla y reforzarla. La estructura epist\u00e9mica de este tipo de reflexi\u00f3n, llamada l par\u00e9nesis, es cualitativamente distinta de la que se da en la reflexi\u00f3n descriptiva, normativa y meta\u00e9tica.<\/p>\n<p>Por lo dicho hasta ahora se puede ver claramente la estructura diversamente compuesta de la l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n moral y separar los distintos tipos de la episteme moral: en el caso de la \u00e9tica descriptiva sigue los criterios epist\u00e9micos de las ciencias emp\u00ed\u00adricas; en la meta\u00e9tica, los de la filosof\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, sin distinguirse lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo de la estructura l\u00f3gica de sus reflexiones si no es en lo que se refiere al objeto de su investigaci\u00f3n, que es de naturaleza \u00e9tica; mientras que en los casos de las \u00e9ticas normativa y paren\u00e9tica siguen criterios epist\u00e9micos espec\u00ed\u00adficos de la reflexi\u00f3n moral, aunque diferentes unos de otros.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por lo que se ha dicho resulta claramente visible la importancia de la problem\u00e1tica m\u00e1s bien contempor\u00e1nea que ha sacudido los c\u00e1nones tradicionales de la episteme moral y que consiste en la relativizaci\u00f3n descriptiva de la especificidad valorativa de la reflexi\u00f3n moral [\/ m\u00e1s adelante, VIII].<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n queda claro d\u00f3nde se puede situar dentro de esta estructura la especificidad teol\u00f3gica de la \u00e9tica respecto a su dimensi\u00f3n filos\u00f3fica, donde las dos disciplinas proceden paralelamente o rec\u00ed\u00adprocamente se fundamentan, donde la filos\u00f3fica cede paso a la teol\u00f3gica y donde la teol\u00f3gica adquiere m\u00e1s fuerza de penetraci\u00f3n que la filos\u00f3fica [\/ m\u00e1s adelante, IX].<\/p>\n<p>VIII. La especificidad epist\u00e9mica de la \u00e9tica<br \/>\nSe ha dicho que la reflexi\u00f3n de la \u00e9tica normativa y de la par\u00e9nesis es fundamentalmente distinta de los otros tipos de reflexi\u00f3n moral. En \u00faltimo caso la diferencia est\u00e1 en el hecho de que mientras las otras poseen estructura epist\u00e9mica semejante a la de otras ciencias emp\u00ed\u00adricas, filos\u00f3ficas o teol\u00f3gicas, en el plano de las reflexiones normativa y paren\u00e9tica, en cambio, nos movemos, aunque sea de modo distinto, dentro de un planteamiento esencialmente valorativo: en la \u00e9tica normativa, para dar fundamento, con los argumentos necesarios, a los juicios morales sobre la actitud o sobre el comportamiento; en la par\u00e9nesis, para transmitir estos juicios con fin exhortativo a la voluntad o a la actitud (por esto el problema de la valoraci\u00f3n \u00e9tica interesa m\u00e1s a la \u00e9tica normativa que a la par\u00e9nesis).<\/p>\n<p>La especificidad de la \u00e9tica consiste en su capacidad valorativa. Tanto en su dimensi\u00f3n filos\u00f3fica como teol\u00f3gica, la \u00e9tica es, o deber\u00ed\u00ada ser, considerada una ciencia esencialmente valorativa.<\/p>\n<p>Pero no siempre ni todos consideran la \u00e9tica como una ciencia esencialmente valorativa. Las reflexiones que aqu\u00ed\u00ad se hacen afectan a la reflexi\u00f3n normativa, y por reflejo a la paren\u00e9tica; pero se sit\u00faan a nivel de investigaci\u00f3n meta\u00e9tica, bien porque es propio de \u00e9sta .reflexionar sobre dichos problemas, bien porque la soluci\u00f3n de tales problemas depende de las soluciones que a nivel meta\u00e9tico se den a algunos otros problemas.<\/p>\n<p>El problema, en otras palabras, no est\u00e1 en ver (como en el p\u00e1rrafo VII) si la \u00e9tica pertenece y en qu\u00e9 sentido a las ciencias descriptivas, sino en darle dimensi\u00f3n exclusivamente descriptiva y no valorativa. Lo que aqu\u00ed\u00ad se plantea es si el juicio moral, que da consistencia al sentido prescriptivo de la \u00e9tica, deba considerarse fruto de la capacidad valorativa que realiza la reflexi\u00f3n \u00e9tica o esa capacidad valorativa es falsa. Si esa dimensi\u00f3n valorativa de la \u00e9tica es falsa, equivale a decir que los llamados juicios morales son puramente afirmaciones descriptivas, que el proceso valorativo de la \u00e9tica no llega a dimensi\u00f3n cognoscitiva o al menos es imposible afirmar que lo sea, y que es imposible verificar la consistencia l\u00f3gica de tal proceso.<\/p>\n<p>Todo esto constituye una profunda relativizaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n moral [l Relativismo] y reduce a nivel de simple descripci\u00f3n [ i Etica descriptiva] su fundamento \u00faltimo.<\/p>\n<p>La especificidad epist\u00e9mica de la \u00e9tica, que consiste precisamente en su capacidad valorativa, no se puede demostrar emp\u00ed\u00adricamente, desde luego [ l Meta\u00e9tica], pero no por eso escapa a cualquier otro tipo de verificaci\u00f3n. La posibilidad de esta verificaci\u00f3n est\u00e1 en remitirse a la llamada, a la atracci\u00f3n y urgencia -irresistible dentro del coraz\u00f3n- que proceden del bien, de los valores y de los juicios morales de los que se ha hablado en los p\u00e1rrafos anteriores. Si no es posible una verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, se puede al menos realizar ese proceso introspectivo de que se ha hablado [l antes, VII]. S\u00f3lo en el interior de este proceso es posible captar la especificidad valorativa de la reflexi\u00f3n moral.<\/p>\n<p>IX. La especificidad teol\u00f3gica de la \u00abepisteme\u00bb \u00e9tica<br \/>\nSeg\u00fan lo que se ha dicho sobre el \u00abcuadrifolio epist\u00e9mico\u00bb de la \u00e9tica, se puede explicitar claramente el problema de la l especificidad, que no se sit\u00faa a nivel \u00e9tico-descriptivo. Se da por descontado que lo mismo que no existe una especificidad teol\u00f3gica de la sociolog\u00ed\u00ada, tampoco existe una \u00e9tica descriptiva espec\u00ed\u00adficamente teol\u00f3gica; y que lo mismo que las reglas de la investigaci\u00f3n sociol\u00f3gica se pueden aplicar para averiguar datos del hecho religioso, las mismas reglas, consideradas como reglas de la \u00e9tica descriptiva, pueden aplicarse a los datos del hecho \u00e9tico-religioso. La \u00e9tica puede interesarse tambi\u00e9n por la descripci\u00f3n del fen\u00f3meno que se ha objetivado dentro del contexto religioso y que puede llamarse \u00e9tica religiosa o teol\u00f3gica, lo mismo que se habla de sociolog\u00ed\u00ada religiosa, solo porque se interesa de los datos que aparecen dentro de los contextos religiosos.<\/p>\n<p>De la \u00e9tica normativa hay que decir que la fundamentaci\u00f3n del juicio moral, que se formula sobre la actitud o el comportamiento, no var\u00ed\u00ada al pasar del \u00e1mbito filos\u00f3fico al teol\u00f3gico. Puede haber variedad desde el punto de vista moral s\u00f3lo entre la \u00e9tica atea y la te\u00ed\u00adsta, pero no entre \u00e9sta y la teol\u00f3gica. La perspectiva te\u00ed\u00adsta de la \u00e9tica, en la que se integra la teol\u00f3gica, tiene previsto expl\u00ed\u00adcitamente que la actitud moralmente buena implique tambi\u00e9n la actitud de fe y, por consiguiente, una serie de comportamientos que proceden de ella, espec\u00ed\u00adficamente religiosos, y que var\u00ed\u00adan de religi\u00f3n a religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la fundamentaci\u00f3n del juicio moral sobre el comportamiento humano sigue criterios l\u00f3gicos que no dependen del planteamiento te\u00ed\u00adsta o teol\u00f3gico de base. El juicio moral se basa en argumentos, y no en la revelaci\u00f3n divina. Partir de un punto de vista te\u00ed\u00adsta o ateo no tiene consecuencias en la fundamentaci\u00f3n del juicio. Los posibles errores o las eventuales divergencias que puedan darse no deben atribuirse al punto de partida. Sin embargo, el dato revelado puede influir, y de hecho influye, a nivel de la dimensi\u00f3n que da origen a la percepci\u00f3n de algunos valores.<\/p>\n<p>Por \u00ab\u00e9tica atea\u00bb no hay que entender s\u00f3lo la marxista, sino la \u00e9tica que, dentro de una visi\u00f3n atea de la existencia humana, parte de un punto de vista imparcial. La \u00e9tica marxista, por basarse en el principio de la parcialidad (AA.VV., Marxistischleninistische Ethik, 342), debe situarse dentro de un planteamiento ego\u00ed\u00adsta, del que tratan algunas teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas, y por eso mismo debe rechazarse.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n teol\u00f3gico-religiosa debe sedimentarse en la actitud. Si el juicio sobre la actitud moralmente buena en s\u00ed\u00ad es siempre el basado en argumentos, el modo en que la persona individual lo realiza asume una especificidad muy particular en quien cree en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, y, an\u00e1logamente, en quien es te\u00ed\u00adsta. Por algo el planteamiento \u00e9tico de la Biblia gira en torno al amor. La actitud moralmente buena del cristiano puede describirse como respuesta de amor a quien lo llama, como donaci\u00f3n plena a quien por \u00e9l se ha entregado hasta morir en la cruz, como aceptaci\u00f3n plena de la voluntad de Dios que lo quiere santo, como b\u00fasqueda incondicional del reino de los cielos. Si desde el punto de vista l\u00f3gico, estas y otras f\u00f3rmulas semejantes equivalen a actitud moralmente buena o a valor moral, desde el punto de vista de la vivencia personal o del modo con que el creyente individual realiza el propio valor moral explicitan y permiten una profundidad de amor a laque el no creyente no puede llegar m\u00e1s que con enormes dificultades. Tambi\u00e9n la actitud del humanista ateo debe valorarse como moralmente buena; pero \u00c2\u00a1cu\u00e1nta mayor intensidad de amor puede haber en la religiosa que voluntariamente ha decidido entrar en un convento de clausura!<br \/>\nTodo esto puede ocurrir precisamente porque, como se hace evidente en cuanto la reflexi\u00f3n se desplaza al nivel paren\u00e9tico, la fuerza de las verdades de fe asumidas arrastra y compromete totalmente a la persona. No hay que infravalorar adem\u00e1s la funci\u00f3n de la l gracia divina que, conscientemente acogida, robustece todav\u00ed\u00ada m\u00e1s la voluntad del creyente. De esta manera sabe que debe, y sobre todo puede, vivir del mejor modo posible. Esta especificidad paren\u00e9tica de la eisteme \u00e9tico-teol\u00f3gica, obviamente, no es de tipo normativo, sino paren\u00e9tico solamente; reflejo a nivel \u00e9tico de la especificidad epist\u00e9mica de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. Desde el momento en que la teolog\u00ed\u00ada, como ciencia, quiere transformarse en teolog\u00ed\u00ada moral, como puede y debe, la especificidad \u00e9tica de su reflexi\u00f3n es paren\u00e9ticamente identificable [l Especificidad].<\/p>\n<p>La especificidad teol\u00f3gica de la episteme \u00e9tica adquiere, en cambio, dimensiones intelectuales cuando pasamos al nivel meta\u00e9tico. En \u00e9l se hace posible desarrollar y profundizar teol\u00f3gicamente lo que filos\u00f3ficamente puede ser captado s\u00f3lo como simple postulado de la moral. En cuanto te\u00f3logo, el moralista, sondeando en los abismos de la revelaci\u00f3n, puede llegar a conocimientos m\u00e1s exhaustivos de aquellos a los que llega el fil\u00f3sofo, que apela exclusivamente a su propia raz\u00f3n.<\/p>\n<p>La nitidez de lo que hemos intentado aclarar comienza a empa\u00f1arse en cuanto nos enfrentamos con las distintas soluciones que se han dado al problema, tanto a nivel filos\u00f3fico como teol\u00f3gico. Aun trat\u00e1ndose de temas fronterizos, a partir de la clave interpretativa que ofrece el \u00abcuadrifolio epist\u00e9mico\u00bb de la \u00e9tica, por lo menos ya se puede situar exactamente el problema y se hace menos dif\u00ed\u00adcil dar con la pista que pueda aportar su soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL. En consideraci\u00f3n a los muchos y grandes problemas evocados en la epistemolog\u00ed\u00ada moral la presente nota bibliogr\u00e1fica remite al lector: O A los cl\u00e1sicos de la \u00e9tica filos\u00f3fica y teol\u00f3gica; O A los manuales de historia de la \u00e9tica filos\u00f3fica y de la teolog\u00ed\u00ada moral, en particular: SmomcK E., Prime linee di una storia delta morale, Paravia, Tur\u00ed\u00adn; Le SeNNE R., Tratado de moral general, Gredos, Madrid 1973; BOURKE V.J., Storia dell \u00e9tica. Esposizione generale delta storia dell \u00e9tica da\u00c2\u00a1 primi pensatori greci ad oggi, Armando, Roma 1972; REINER H., Vieja y nueva \u00e9tica, Rev. Occ. Madrid 1964; MARITAIN J., Filosof\u00ed\u00ada moral. Examen hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico de los grandes sistemas, Morata, Madrid 1962; ANceuru G.-VALSL&#8217;CCHI A., Disegno storico delta teologi\u00e1 morale, Dehoniane, Bolonia 1978; CAFFAaF.A C., Historia (de la teolog\u00ed\u00ada moral), en DETM, Paulinas, Madrid 1980, 436-454; CAMPS V., Historia de la \u00e9tica cr\u00ed\u00adtica, Barcelona 1988-1991; CINTVRE M.A., Historia de la \u00e9tica, Paid\u00f3s, Buenos Aires 1970. O A la bibl. de las voces de este Diccionario a las que hemos aludido. 11 A la bibl. a que se ha hecho referencia en el desarrollo del art\u00ed\u00adculo: KANT E., La metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres, Tecnos Madrid 1989; BERGSON H., Las dos fuentes de la moral y de la religi\u00f3n, Edit. Sudamericana, Buenos Aires 1962; HARTMANN N., Etica, Guida, N\u00e1poles 1969; WITSCHEN D., Kant und die Idee einer christlichen Ethik. Ein Beitrag zur Diskusion \u00fcber das Propium einer christlichen Moral, Patmos, D\u00fcsseldorf 1984; ZALBA M., Theologiae Moralis Summa, BAC, Madrid 1952; PRIVITERA S., Dall&#8217; esperienza al\u00ed\u00ada morale. Il problema \u00abesperienza\u00bb in teolog\u00ed\u00ada morale, Oftes, Palermo 1985; MAUSBACH J., Teolog\u00ed\u00ada moral cat\u00f3lica, Eunsa, Pamplona 1974; SCHULLER B., L \u00faomo veramente uomo. La dimensione teologica dell \u00e9tica nella dimensione etica dell \u00faomo, Oftes, Palermo 1987; AA.VV., Marxistisch-leninistische Ethik, Dietz, Berl\u00ed\u00adn 1979. 11 A los estudios espec\u00ed\u00adficos dedicados a la metodolog\u00ed\u00ada moral, de entre los cuales destacamos: FERRERO F., Ciencias morales (metodolog\u00ed\u00adas), en DETM, 1984, 1262-1277 ID, La opci\u00f3n metodol\u00f3gica en el quehacer del moralista cristiano, en \u00abMoralia\u00bb 8 (1986) 29-43; HAMEL E., La ih\u00e9ologie morale entre l Ecriture et la raison, en \u00abGregorianum\u00bb 56 (1975) 273319; HOFMANN R., Moraltheologische Erkenntnis und Methodenlehre, Munich 1963; VALORI P., Significato e metodolog\u00ed\u00ada della ricerca morale oggi, en \u00abGregorianum\u00bb 58 (1977) 55-86.<\/p>\n<p>S. Privitera<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La epistemolog\u00ed\u00ada moral investiga la estructura l\u00f3gica del discurso moral, sometiendo tanto los principios como los sistemas a un detenido an\u00e1lisis. En efecto, la condici\u00f3n indispensable de la existencia de una ciencia es el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de su estatuto epist\u00e9mico. 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