{"id":16571,"date":"2016-02-05T10:50:37","date_gmt":"2016-02-05T15:50:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escolastica\/"},"modified":"2016-02-05T10:50:37","modified_gmt":"2016-02-05T15:50:37","slug":"escolastica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escolastica\/","title":{"rendered":"ESCOLASTICA"},"content":{"rendered":"<p>En sentido muy general se entiende por \u00abescol\u00e1stica\u00bb la manera de hacer teolog\u00ed\u00ada en los siglos XII-XIII.<\/p>\n<p>Esto se refiere ante todo al m\u00e9todo teol\u00f3gico. A comienzos del siglo XII se asiste a un importante cambio de perspectiva en teolog\u00ed\u00ada: se pasa de la \u00bb sacra pagina\u00bb a la \u00absacra doctrina\u00bb. La teolog\u00ed\u00ada no es y &#8211; a solamente un comentario de la Escritura, sino que se convierte en una sistematizaci\u00f3n progresiva de la fe en su globalidad, asumiendo como objetivo principal su inteligencia (Anselmo, 1033- 1 109: \u00abfides quaerens intellectum\u00bb). Para alcanzar este objetivo no son va adecuados los procedimientos de 1e~tura simb\u00f3lico-aleg\u00f3ricos, sino que se asumen instrumentos externos a la misma Escol\u00e1stica, como la l\u00f3gica Y la dial\u00e9ctica (cf. Abelardo, l079-ll4~, y su m\u00e9todo cr\u00ed\u00adtico del \u00absic et non\u00bb en el an\u00e1lisis de las auctoritates patr\u00ed\u00adsticas). Es con el siglo XIII y con la entrada cada vez m\u00e1s intensa Y definitiva de Arist\u00f3teles en Occidente cuando se lleg\u00f3 al per\u00ed\u00adodo cl\u00e1sico, por as\u00ed\u00ad decirlo,  de la Escol\u00e1stica. M\u00e1s all\u00e1 de la divisi\u00f3n entre las Escritura Y la reflexi\u00f3n especulativa sobre la fe (los dos \u00e1mbitos de la teolog\u00ed\u00ada), se llega a la cualificaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada como scientia de tipo aristot\u00e9lico: como cualquier otra ciencia, tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada tiene su objeto (la fe) y su propio modo de proceder que es el silog\u00ed\u00adstico-racional, el cual debe ser capaz de llevar lo que se cree a la inteligibilidad (intellectus fidei) y ponerlo dentro de una estructura teol\u00f3gica que confiera a cada una de las verdades de fe su lugar y su sentido en relaci\u00f3n con el \u00fanico misterio de Dios.<\/p>\n<p>Dentro de esta fundamentaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la teolog\u00ed\u00ada es donde hay que aplicar las teor\u00ed\u00adas epistemol\u00f3gicas aristot\u00e9licas de la unidad y de la subalternancia de las ciencias.<\/p>\n<p>Paralelamente a todo esto se desarrolla tambi\u00e9n una nueva organizaci\u00f3n de los estudios. Las abad\u00ed\u00adas dejan sitio a las \u00abuniversidades\u00bb, como organizaciones ciudadanas para la ense\u00f1anza de todas las disciplinas del saber (universitas studiorum). En la formaci\u00f3n teol\u00f3gica resulta central el comentario a las sentencias de Pedro Lombardo, como instrumento de base para sistematizar y fundamentar racionalmente todos los datos de fe. Las Summae teol\u00f3gicas son el fruto m\u00e1s maduro de este esfuerzo por lograr una representaci\u00f3n unitaria y global de la fe cristiana.<\/p>\n<p>La fundamentaci\u00f3n del intellectus fidei para cada uno de los problemas teol\u00f3gicos tiene en la quaestio su m\u00e9todo resolutivo: despu\u00e9s de haber expuesto las opiniones contrarias y favorables a una cierta soluci\u00f3n del problema-cuesti\u00f3n, el autor da su soluci\u00f3n ofreciendo las rationes de la misma.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, le\u00ed\u00adda globalmente, la Escol\u00e1stica puede definirse como el intento cristiano de conferir un car\u00e1cter cient\u00ed\u00adfico racional a la fe y de presentarla dentro de un todo unitario que le confiera inteligibilidad y sentido, P. Maranesi<\/p>\n<p>Bibl.: E, Vilanova, Teologia escol\u00e1stica. en Historia de la teologia cristiana, 1, Herder, Barcelona 1987, 523-1011: P. P. Gilbert, Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada medieval Y erbo Divino, Estella 1993; y Congar, La Edad Media, en La fe y la teolog\u00ed\u00ada, Herder, Barcelona 1970, 296-327: M, Andr\u00e9s, Pensamiento teol\u00f3gico y cultura (Historia de la teolog\u00ed\u00ada) , Atenas, Madrid 1989, 63-94: AA. VV , Escol\u00e1stica, en SM, 2.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>A) Visi\u00f3n general.<\/p>\n<p>B) Prescol\u00e1stica.<\/p>\n<p>C) Escol\u00e1stica primitiva.<\/p>\n<p>D) Alta escol\u00e1stica.<\/p>\n<p>E) Escol\u00e1stica tard\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>F) Escol\u00e1stica del barroco.<\/p>\n<p>G) Neoscol\u00e1stica.<\/p>\n<p>A) VISI\u00ed\u201cN GENERAL<br \/>\n1. Concepto<br \/>\n Por e. se entiende una determinada forma de ciencia filos\u00f3fica y teol\u00f3gica (peculiar de la edad media). La e. comienza en el siglo vil y se desarrolla a trav\u00e9s de la prescol\u00e1stica y de la ->e. primitiva, para culminar en la alta e. Con ello se pone en marcha una tradici\u00f3n que, pasando por la e. tard\u00ed\u00ada, vuelve a sedimentarse particularmente en la e. del barroco y la neoscol\u00e1stica, determinando hasta hoy la -> teolog\u00ed\u00ada y la -> filosof\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico, no de una forma exclusiva (por lo menos en la actualidad), pero s\u00ed\u00ad de modo decisivo (y con mayor o menor intensidad seg\u00fan los pa\u00ed\u00adses). De acuerdo con esto la e. tiene distintas fases en su constituci\u00f3n y recepci\u00f3n, y es enjuiciada de manera distinta en cada \u00e9poca por lo que se refiere al t\u00e9rmino, al concepto, al contenido, al m\u00e9todo, a la repercusi\u00f3n y al prestigio. Sin embargo, es m\u00e1s el m\u00e9todo que los contenidos particulares lo que permite hablar de una cierta estructura unitaria y constante, en virtud de la cual se puede designar con el \u00fanico t\u00e9rmino e. estas tradiciones que se conservan a trav\u00e9s de siglos en la historia del esp\u00ed\u00adritu occidental. El t\u00e9rmino e. procede del vocablo latino schola o del griego axoa\u00ed\u00ad, y directamente viene de la palabra scholasticus, que inicialmente est\u00e1 referida al maestro de la escuela y luego tambi\u00e9n al estudiante. M\u00e1s tarde el t\u00e9rmino \u00abescol\u00e1stico\u00bb se aplica al m\u00e9todo docente usado en las escuelas y a la actitud espiritual que a \u00e9l va ligada. En virtud de ese m\u00e9todo la \u00absagrada doctrina cristiana\u00bb se organiza como un saber, en contraposici\u00f3n a la ense\u00f1anza elemental o al di\u00e1logo espiritual cultivado en los monasterios y, en general, a la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica o m\u00ed\u00adstica. En las escuelas episcopales y urbanas que se van creando el ense\u00f1ar pasa a ser una profesi\u00f3n especial, que lleva inherentes la competencia y la autoridad jur\u00ed\u00addica oficial. Las escuelas se desarrollan poco a poco en corporaciones que, por la autonom\u00ed\u00ada de los nuevos m\u00e9todos del saber y del ense\u00f1ar, van adquiriendo cada vez m\u00e1s el car\u00e1cter de institutos independientes de formaci\u00f3n; de ellas salen en el siglo xiii aquellos centros occidentales en que se form\u00f3 la moderna cultura y ciencia, a saber, las &#8211;>universidades. La organizaci\u00f3n del tradicional acervo cultural como saber, en el sentido de una racionalidad te\u00f3rica y met\u00f3dica, por un lado, y pr\u00e1ctica e institucional, por otro, es el elemento por el que la e. marca \u00e9poca y se convierte en un nombre clave de la historia del esp\u00ed\u00adritu y en un fen\u00f3meno importante de la historia medieval y moderna.<\/p>\n<p>2. Situaci\u00f3n en la \u00e9poca de la escol\u00e1stica<br \/>\nLa consumaci\u00f3n del m\u00e9todo escol\u00e1stico en la alta e. se basa en presupuestos sociales y filos\u00f3ficos, en virtud de los cuales se produce un cambio de situaci\u00f3n hist\u00f3rica y se crea una nueva \u00e9poca regida por un principio unificante. Desde el final de la era de los padres hasta el siglo xi en las escuelas monacales, inicialmente los \u00fanicos centros de formaci\u00f3n, el estudio consist\u00ed\u00ada esencialmente en conservar la herencia recibida y, en la medida de lo posible, coleccionar cosas nuevas, aplicando todo eso a fines pr\u00e1cticos. En conjunto el estudio se hallaba decisivamente a servicio de fines pr\u00e1cticos y contemplativos, en el sentido de una espiritualidad afectiva y de una b\u00fasqueda m\u00ed\u00adstica de Dios. Consecuentemente no se cultivaron mucho la elaboraci\u00f3n racional y la profundizaci\u00f3n de lo transmitido, as\u00ed\u00ad como la confrontaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y anal\u00ed\u00adtica. Se segu\u00ed\u00ada a las autoridades reconocidas, que eran ante todo el magisterio eclesi\u00e1stico, la Biblia y los padres, entre los cuales la autoridad m\u00e1s citada y respetada era la de Agust\u00ed\u00adn. La adhesi\u00f3n obediente a la tradici\u00f3n aut\u00e9ntica en general, o a lo tenido por tal, y el argumento de autoridad eran las columnas obvias del m\u00e9todo teol\u00f3gico, sin que se formulara ninguna pregunta cr\u00ed\u00adtica sobre ellas. Comenz\u00f3 a producirse un cambio bajo el influjo de personalidades importantes, entre las cuales destaca Anselmo de Canterbury (10331109), que, en forma sorprendentemente radical, pregunta por el sentido y la esencia de la revelaci\u00f3n, renunciando para ello a la prueba de autoridad; y, con su principio del credo ut intelligam, expresa la idea de la racionalidad de la fe. De momento \u00e9l se halla solitario en su postura, pues esa idea no es una nota caracter\u00ed\u00adstica de la \u00e9poca, pero abrir\u00e1 perspectivas que ni la alta escol\u00e1stica llegar\u00e1 a descubrir en toda su hondura. De todos modos, el m\u00e9todo anselmiano de presuponer la fe viva para elaborarla racionalmente confiando en su racionalidad, es un procedimiento b\u00e1sico de la e., de modo que Anselmo ha recibido justamente el t\u00ed\u00adtulo de \u00abpadre de la e.\u00bb Con todo, esta dial\u00e9ctica entre fe y saber continuar\u00e1 siendo un problema no resuelto de las discusiones entre la teolog\u00ed\u00ada monacal y la e., un problema de toda la teolog\u00ed\u00ada medieval; y, bajo la nueva terminolog\u00ed\u00ada de la distinci\u00f3n entre raz\u00f3n \u00abte\u00f3rica\u00bb y \u00abpr\u00e1ctica\u00bb, el planteamiento que Anselmo hizo de la cuesti\u00f3n llegar\u00e1 a ser problem\u00e1tica central de la filosof\u00ed\u00ada moderna y contempor\u00e1nea. Pero no fue solamente el influjo de determinadas personalidades cultas y de escuelas lo que condujo a su cima en la alta e. el planteamiento racional y met\u00f3dico del problema y la nueva espiritualidad ah\u00ed\u00ad implicada, sino, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, los cambios en la sociedad, p. ej., la aparici\u00f3n de un mundo m\u00e1s grande por el descubrimiento de nuevas rutas comerciales; el desarrollo de la artesan\u00ed\u00ada; el florecimiento de las ciudades; el refinamiento de la nobleza; el crecimiento de la conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, aunque \u00e9sta no estuviera orientada hacia el individuo, sino hacia la Iglesia y el Estado; y finalmente el arte g\u00f3tico, la poes\u00ed\u00ada cortesana y, en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico y religioso, el \u00e9xito de la &#8211;> reforma gregoriana y, no en \u00faltimo t\u00e9rmino, las posibilidades que para la vida eclesi\u00e1stica y espiritual ofrecieron las nuevas \u00f3rdenes mendicantes. El tiempo estaba maduro para un cambio de \u00e9poca en la espiritualidad occidental y cristiana. Se abri\u00f3 un nuevo horizonte, el cual, bien en forma lineal o bien en forma de oposici\u00f3n dial\u00e9ctica, como en la -> reforma y contrarreforma, revisti\u00f3 una importancia fundamental para la historia de la Iglesia, que entonces todav\u00ed\u00ada era la \u00fanica Iglesia occidental, y para la historia del esp\u00ed\u00adritu en general.<\/p>\n<p>Filos\u00f3ficamente el horizonte de la evoluci\u00f3n es en primer lugar el ->neoplatonismo, transmitido ante todo por Agust\u00ed\u00adn. Ciertamente Plat\u00f3n mismo era considerado como el fil\u00f3sofo por antonomasia, pero sus obras apenas se conoc\u00ed\u00adan, a excepci\u00f3n de un fragmento del Timeo. El cambio radical se produjo por el hecho de que se lleg\u00f3 a un conocimiento m\u00e1s amplio de las obras de Arist\u00f3teles. Hasta mediados del siglo xii se conoc\u00ed\u00ada, gracias a Boecio, tan s\u00f3lo la L\u00f3gica de Arist\u00f3teles, y de ella \u00fanicamente los dos escritos sobre las \u00abcategor\u00ed\u00adas\u00bb y la doctrina de \u00abla proposici\u00f3n y el juicio\u00bb. De los escritos de Arist\u00f3teles acerca de la l\u00f3gica vuelven a descubrirse ahora los dos \u00abanal\u00ed\u00adticos\u00bb, los \u00abt\u00f3picos\u00bb y la \u00absof\u00ed\u00adstica\u00bb, que son contrapuestos como \u00abnueva l\u00f3gica\u00bb a la anteriormente conocida \u00abantigua l\u00f3gica\u00bb. Sobre este tiempo aparecen igualmente traducciones directas de sus escritos metaf\u00ed\u00adsicos y de su filosof\u00ed\u00ada de la naturaleza. Hasta entonces Arist\u00f3teles, en sus aspectos principales, s\u00f3lo era conocido indirectamente, por mediaci\u00f3n de los fil\u00f3sofos \u00e1rabes y jud\u00ed\u00ados (Averroes, Avicena, Alfarabi, Mois\u00e9s Maim\u00f3nides, Avicebr\u00f3n), los cuales a trav\u00e9s de Espa\u00f1a, dominada entonces por el Islam, transmitieron traducciones latinas de las versiones \u00e1rabes de Arist\u00f3teles. A partir de dicho siglo en Italia y Sicilia, principalmente por obra de Bartolom\u00e9 de Messina y Guillermo de Moerbeke, que traduce para Tom\u00e1s, surgen versiones directas del griego. Por primera vez este conocimiento de los escritos de Arist\u00f3teles sobre l\u00f3gica, filosof\u00ed\u00ada de la naturaleza y metaf\u00ed\u00adsica cre\u00f3 los presupuestos para la recepci\u00f3n revolucionaria de Arist\u00f3teles, en virtud de la cual la teolog\u00ed\u00ada, a pesar de la m\u00e1s f\u00e9rrea oposici\u00f3n por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica y de la teolog\u00ed\u00ada monacal, qued\u00f3 fundamentalmente acu\u00f1ada de una manera muy r\u00e1pida e intensa si tenemos en cuenta las circunstancias de aquella \u00e9poca. Desde entonces para la escol\u00e1stica el \u00abfil\u00f3sofo por antonomasia\u00bb es Arist\u00f3teles. En la recepci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de Arist\u00f3teles como instrumento filos\u00f3fico y metaf\u00ed\u00adsico para la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1 la gran aportaci\u00f3n de la e. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 y en cierto modo se consuma su importancia. Y, bajo la perspectiva de la historia de la filosof\u00ed\u00ada, con ello termina tambi\u00e9n la obra de la e., aunque algunos pensadores conserven una importancia permanente.<\/p>\n<p>3. M\u00e9todo<br \/>\nA diferencia de la forma de tesis con que la neoscol\u00e1stica estructura las materias a ense\u00f1ar y de su organizaci\u00f3n abstracta y poco hermen\u00e9utica de las mismas, la ense\u00f1anza escol\u00e1stica de la edad media constaba primaria y fundamentalmente de la lectura de textos aut\u00e9nticos, tomados sobre todo de la Biblia. La lectura escol\u00e1stica se distingu\u00ed\u00ada esencialmente de la que se hac\u00ed\u00ada en los monasterios, no s\u00f3lo por el hecho de que la segunda era cultivada principalmente por monjes, sino tambi\u00e9n porque el transcurso y la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la misma ten\u00ed\u00adan su lugar en la ordenaci\u00f3n mon\u00e1stica de la vida y del d\u00ed\u00ada, en el contexto de la instituci\u00f3n monacal y de su actividad lit\u00fargica y espiritual. En virtud de su propio principio, la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica acent\u00faa la santidad inviolable de la palabra de Dios, que ning\u00fan m\u00e9todo l\u00f3gico puede alcanzar o penetrar. Dicha teolog\u00ed\u00ada est\u00e1 convencida de que el evangelio no puede analizarse cient\u00ed\u00adficamente ni someterse a una construcci\u00f3n especulativa. Para los monjes la teolog\u00ed\u00ada es sabidur\u00ed\u00ada y no ciencia. Los escol\u00e1sticos, en cambio, intentan penetrar l\u00f3gica y racionalmente en el texto le\u00ed\u00addo, con una t\u00e9cnica adecuada a la ense\u00f1anza. Sin embargo, la lectura de la Escritura de ning\u00fan modo tend\u00ed\u00ada exclusivamente a fundamentar con citas y argumentos b\u00ed\u00adblicos los principios y tesis teol\u00f3gicos, sino que, de acuerdo con las exigencias del tiempo, ella tambi\u00e9n era entendida genuinamente como una entrega del hombre entero a las exigencias del evangelio como fundamento comunitario de la vida creyente. El asentimiento a la palabra de Dios es el acto fundamental de la originaria teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica. Pero, evidentemente, con ello a la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica se le plantea el problema de cu\u00e1l es m\u00e1s exactamente el evangelio contenido en la &#8211;>palabra de Dios y de c\u00f3mo \u00e9l est\u00e1 expresado en los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento y en la restante tradici\u00f3n aut\u00e9ntica. Precisamente de cara al asentimiento a la palabra de Dios la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica pone en juego el as\u00ed\u00ad llamado m\u00e9todo dial\u00e9ctico, al principio para resolver incongruencias filol\u00f3gicas y gramaticales en la inteligencia del sentido literal del texto. Con la l\u00f3gica del sic et non se intenta armonizar las afirmaciones del texto que se contradicen; las preguntas que quedan y las respuestas correspondientes son tratadas en anotaciones interpuestas (glossa interlinearea), o dan lugar a m\u00e1s largas aclaraciones y exposiciones (glossa ordinaria = marginalia). El m\u00e9todo escol\u00e1stico llega a su madurez en esta actividad de explicaci\u00f3n por glosas. El escol\u00e1stico como int\u00e9rprete del texto pregunta en medida creciente, durante la alta edad media recurriendo a toda la fuerza especulativa, m\u00e1s all\u00e1 de las concretas dificultades del texto, y llega as\u00ed\u00ad a los problemas fundamentales de la fe y de la vida cristiana, que \u00e9l, finalmente, intenta entender en su unidad con los medios del nuevo procedimiento l\u00f3gico y demostrativo de la metaf\u00ed\u00adsica aristot\u00e9lica, para lograr una ordenaci\u00f3n conjunta y sistem\u00e1tica de la \u00absacra doctrina\u00bb. La interrogaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n del texto adopta una forma que al final queda estereotipada en la secuencia de pregunta (utrum), esbozo de respuesta (videtur quod), objeci\u00f3n (sed contra) y respuesta definitiva (respondeo). Esta t\u00e9cnica de ense\u00f1anza e interpretaci\u00f3n exige en el disc\u00ed\u00adpulo, no s\u00f3lo un escuchar creyente, sino tambi\u00e9n una reflexi\u00f3n y argumentaci\u00f3n aunque la decisi\u00f3n de la cuesti\u00f3n normalmente es asunto del maestro. Sin embargo, por este m\u00e9todo los maestros han de rendirse cuentas a s\u00ed\u00ad mismos de lo ense\u00f1ado y las rinden tambi\u00e9n ante sus colegas en la disputatio. Aqu\u00ed\u00ad proponen sus quaestiones y dirigen una discusi\u00f3n estrictamente reglamentada y altamente cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>En virtud de esta t\u00e9cnica de ense\u00f1ar y aprender se desarrollan nuevos g\u00e9neros literarios. De las glosas de los textos surgen las sentencias, que se compendian en colecciones. Luego, las sentencias son llamadas generalmente comentarios, cuando las anotaciones y los pensamientos particulares pasan a formar un conjunto ordenado, en el cual cada sentencia recibe su lugar l\u00f3gico. De las disputaciones ordinarias surgen las quaestiones disputatae, y de las extraordinarias, en las que cualquiera puede proponer cuestiones, nacen los quodlibeta. Las cuestiones, que al principio guardan una relaci\u00f3n muy estrecha con la lectura, pero m\u00e1s tarde se separan de ella y se convierten en tratados independientes, hallan su gran forma en la summa quaestionum, cuyos articuli son una quaestio disputata reducida a su esquema esencial; a ese g\u00e9nero literario se debe el que la e. sea calificada como \u00e9poca de las \u00absummas\u00bb.<\/p>\n<p>La autoconcepci\u00f3n genuina de la e. se representa en los grandes comentarios y sumas, con su procedimiento literario-anal\u00ed\u00adtico y metaf\u00ed\u00adsico-especulativo, y con su articulaci\u00f3n ordenada a base de puntos de vista cient\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada e. es fundamentalmentee creyente frente a la autoridad infalible, sobre todo frente a la palabra de Dios (lectio) y se sabe obligada esencialmente a la tradici\u00f3n cristiana (auctoritas), y precisamente por esto pone en juego una fuerza intelectiva que configura la fe con claridad intelectual y por primera vez fundamenta la teolog\u00ed\u00ada como ciencia, elaborando adem\u00e1s pensamientos filos\u00f3ficos con valor permanente. Cuando en la e. tard\u00ed\u00ada comenz\u00f3 a escindirse esta uni\u00f3n (apenas sometida a una reflexi\u00f3n hermen\u00e9utica, pero realizada con mayor o menor genialidad) entre los tres elementos: lectio, auctoritas y quaestio, tuvo que decaer la genuina fuerza creadora y la vigorosa autocomprensi\u00f3n de la e. La falta de discreci\u00f3n en la interpretaci\u00f3n filol\u00f3gica, el formalismo l\u00f3gico y el nominalismo, la abstracci\u00f3n desconectada de la tradici\u00f3n, lo mismo que la ingenua tendencia empirista a lo concreto, las sutilezas dial\u00e9cticas y la coacci\u00f3n de un orden formal, fueron las consecuencias de dicha escisi\u00f3n. Con ello se iniciaron las diversas fases de movimientos antiescol\u00e1sticos empezando por la devotio moderna, pasando por la reforma, hasta llegar a las modernas corrientes humanistas, filos\u00f3ficas e incluso teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>4. Concepci\u00f3n de la escol\u00e1stica acerca de s\u00ed\u00ad misma<br \/>\nLa e. genuina de la alta edad media no solo decay\u00f3 por un desprestigio externo de su propia concepci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque ella misma llevaba en s\u00ed\u00ad el germen de su crisis, tal como lo ha mostrado el desarrollo de su m\u00e9todo. Por m\u00e1s que la e. pudiera imponerse de manera convincente refutando la ingenuidad de la teolog\u00ed\u00ada agustiniana de los monasterios, sin embargo ella no pudo tranquilizarse leg\u00ed\u00adtimamente frente a ciertos m\u00f3viles fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada antigua. A la larga no pod\u00ed\u00ada tener buen fin el presuponer por un lado la aut\u00e9ntica tradici\u00f3n cristiana como fundamento de la teolog\u00ed\u00ada y, por otro lado, el poner en juego un m\u00e9todo radicalmente racional y una -> metaf\u00ed\u00adsica que, en virtud de su origen griego, es ajena a toda historia. A diferencia de los ep\u00ed\u00adgonos, la alta e. presinti\u00f3 tambi\u00e9n esto en sus mejores pensadores y te\u00f3logos. Pero tampoco los compromisos con la tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica de los monasterios y con la tradici\u00f3n neoplat\u00f3nica del agustinismo pudo impedir que por propia ilustraci\u00f3n interna se produjera el conflicto entre fe y saber, entre amor y conocimiento, entre tradici\u00f3n y especulaci\u00f3n, entre historia y metaf\u00ed\u00adsica, entre naturaleza y gracia. Al principio el m\u00e9todo originario de la e. estableci\u00f3 una relaci\u00f3n elemental entre esos polos opuestos. Pero luego se vio que las ant\u00ed\u00adtesis no pod\u00ed\u00adan reconciliarse por la din\u00e1mica interna de este m\u00e9todo; es m\u00e1s, como lo muestra la e. tard\u00ed\u00ada con sus rasgos nomilales y empiristas, tuvo que estallar la pugna abierta entre ellas. Tan pronto como el m\u00e9todo empleado elementalmente por la e., m\u00e9todo que \u00e9sta todav\u00ed\u00ada no someti\u00f3 ni pod\u00ed\u00ada someter a una aut\u00e9ntica reflexi\u00f3n, en el curso de la historia fue objeto de un examen detenido, tuvo que ponerse de manifiesto la insuficiencia del procedimiento escol\u00e1stico en el \u00e1mbito hermen\u00e9utico y especulativo, por la raz\u00f3n de que dicho procedimiento no ten\u00ed\u00ada una inteligencia clara de s\u00ed\u00ad mismo. En tales ant\u00ed\u00adtesis el fiel de la balanza se inclin\u00f3 hacia uno de los dos lados. De ah\u00ed\u00ad que ya en la alta escol\u00e1stica ciertos temas centrales del cristianismo, como la libertad, la persona, la historia, dejaran de tratarse en gran parte. No es que la e. no conociera estas realidades, pero ella no las incluy\u00f3 en el sistema como partes constitutivas. Desde la perspectiva actual podr\u00ed\u00adamos decir que la historia de salvaci\u00f3n no aparec\u00ed\u00ada precisamente como historia, y menos todav\u00ed\u00ada como historia de la revelaci\u00f3n en su car\u00e1cter de di\u00e1logo personal y libre, en su dial\u00e9ctica eclesi\u00e1stica y social. Evidentemente, estas dimensiones de la concepci\u00f3n del cristianismo acerca de s\u00ed\u00ad mismo s\u00f3lo m\u00e1s tarde pudieron hacerse conscientes en forma clara, pero como problem\u00e1tica pr\u00e1ctica operaban ya en la disputa entre las diversas teolog\u00ed\u00adas de la edad media y en el terreno pr\u00e1ctico de los escol\u00e1sticos mismos; y actualmente una vez sometidas a una reflexi\u00f3n detenida, hacen posible un juicio justo sobre las luchas de entonces.<\/p>\n<p>Simplificando la problem\u00e1tica hist\u00f3rica podemos decir: la teolog\u00ed\u00ada agustiniana y mon\u00e1stica, que sin duda ten\u00ed\u00ada una concepci\u00f3n m\u00e1s genuina de la revelaci\u00f3n como historia salv\u00ed\u00adfica, no quer\u00ed\u00ada someterse al planteamiento racional del problema en la e., pues, aun sin saberlo con claridad, present\u00ed\u00ada instintivamente qu\u00e9 consecuencias implicaba dicho planteamiento. Por otro lado la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica ya no pudo mantenerse en la antigua pr\u00e1ctica, pero con ello, sin que a su vez lo notara claramente, hubo de mutilar la concepci\u00f3n del cristiano acerca de s\u00ed\u00ad mismo en favor de una racionalidad te\u00f3rico-formal e institucional. Este problema de la tensi\u00f3n no armonizada entre la racionalidad de la revelaci\u00f3n y su libre historicidad, as\u00ed\u00ad como las diversas soluciones que hasta ahora se le han dado, constituyen el destino de la teolog\u00ed\u00ada hasta nuestros d\u00ed\u00adas. La e. llev\u00f3 a cabo una primera fundamentaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la teolog\u00ed\u00ada. Su m\u00e9rito permanente es el haber reconocido esta tarea y el haberla abordado; en ese sentido la e. es esencialmente teolog\u00ed\u00ada y no filosof\u00ed\u00ada. Pero con ello se inici\u00f3 un planteamiento del problema teol\u00f3gico que la e. misma no lleg\u00f3 a perfeccionar. S\u00f3lo por la recepci\u00f3n de una nueva filosof\u00ed\u00ada, esta vez de la moderna, puede la teolog\u00ed\u00ada constituirse como ciencia en conformidad con las exigencias actuales. Pues \u00fanicamente esa recepci\u00f3n -como interpretaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica- de la moderna filosof\u00ed\u00ada trascendental, con inclusi\u00f3n de la reacci\u00f3n existencialista y marxista frente a ella, ha llevado a descubrir el contenido y el m\u00e9todo de la teolog\u00ed\u00ada de tal modo que \u00e9sta, ni deba reducir o abandonar falsamente su absoluta racionalidad, ni se vea obligada a subyugar su historicidad fundada en la gracia soberanamente libre. Y precisamente as\u00ed\u00ad la teolog\u00ed\u00ada puede constituirse como ciencia hist\u00f3rica y creyente (cf. tambi\u00e9n ->filosof\u00ed\u00ada trascendental, &#8211; >teolog\u00ed\u00ada trascendental, &#8211; > teolog\u00ed\u00ada, historia de la -> teolog\u00ed\u00ada, &#8211; >teor\u00ed\u00ada y pr\u00e1ctica).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Grabmann SM; C. Baeumker, Der Platonismus im Mittelalter (Mn 1916); Grabmann MGL; M. Grabmann, Der lat. Averroismus des 13. Jh., and seine Stellung zur christl. Weltanschauung (Mn 1931); P. Wyser, Theologie als Wissenschaft (Sa 1938); M.-D. Chenu, Introduction \u00e1 1&#8217;\u00e9tude de Saint Thomas d&#8217;Aquin (P 1950); A. Forest-F. Van Steeberghen, Le Mouvement doctrinal du IXI au XIVe si6cle (P 1951); Ueberweg II; F. Van Steeberghen, The Philosophical Movement in the 13ts Century (Toronto 1955); idem, Aristoteles in the West (Lv 1955); G. SShngen, Philosophische Ein\u00fcbung in die Theologie (Mn 1955); M. D. Chenu, La Th\u00e9ologie comme science au XIIIe si\u00e9cle (P 31957); idem, La Th\u00e9ologie au XIII si\u00e9cle (P 1957); idem: HThG 11 479-493; J. Ratzinger, Die Geschichtstheologie des heiligen Bonaventura (Mn 1959); E. Gilson, Filosof\u00ed\u00ada de San Buenaventura (Descl\u00e9e Bil 1948); A. Grillmeier, Vom Symbolum zur Summa. Zum theologiegeschichtl. Verh6ltnis von Patristik and Scholastik: Kirche and \u00dcberlieferung (Festschr. J. R. Geiselmann) (Fr 1960) 119-169; J. Pieper, Scholastik (Mn 1960); J. B. Metz, Christliche Anthropozentrik (Mn 1962); O. H. Pesch, Philosophic and Theologie der Freiheit bei Thomas von Aquin, in Quaest, disp. 6 de malo: MThZ 13 (1962) 1-25; P. Wilpert (dir.), Die Metaphysik im Mittelalter. Ihr Ursprung and ihre Bedeutung (B 1963); E. Gdssmann, Metaphysik and Heilsgeschichte. Eine theologische Untersuchung der Summa Halensis (Mn 1964); A. Zumkeller, Die Augustinerschule des Mittelalters (R 1964); M. Seckler, Das Heil in der Geschichte. Geschichtstheologisches Denken bei Thomas von Aquin (Mn 1964); H. de Lubac, Augustinisme et th\u00e9ologie moderne (P 1965); idem, El misterio del sobrenatural (Estela Ba 1968).<\/p>\n<p>Eberhard Simons<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En sentido muy general se entiende por \u00abescol\u00e1stica\u00bb la manera de hacer teolog\u00ed\u00ada en los siglos XII-XIII. Esto se refiere ante todo al m\u00e9todo teol\u00f3gico. A comienzos del siglo XII se asiste a un importante cambio de perspectiva en teolog\u00ed\u00ada: se pasa de la \u00bb sacra pagina\u00bb a la \u00absacra doctrina\u00bb. 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