{"id":16579,"date":"2016-02-05T10:50:51","date_gmt":"2016-02-05T15:50:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esperanza-y-moral\/"},"modified":"2016-02-05T10:50:51","modified_gmt":"2016-02-05T15:50:51","slug":"esperanza-y-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esperanza-y-moral\/","title":{"rendered":"ESPERANZA Y MORAL"},"content":{"rendered":"<p>1. Relaci\u00f3n con las otras virtudes teologales: Teol\u00f3gicamentte.- En Cor 13,13 Pablo coloca a la esperanza (elp\u00ed\u00ads) en el segundo lugar de las virtudes teologales, se\u00f1alando expresamente que la mayor de todas ellas es la caridad. En 1 Tes 1,3, por el contrario, la esperanza aparece en \u00faltimo lugar, o sea, despu\u00e9s de la fe y de la caridad. El orden que emplea el ap\u00f3stol dentro de la tr\u00ed\u00adada de virtudes, m\u00e1s que atender a una jerarqu\u00ed\u00ada de valores, intenta se\u00f1alar la l\u00f3gica del dinamismo unitario de las virtudes: actividad (\u00e9rgon) comprometida (k\u00f3pos) y  constante (hypomon\u00e9). As\u00ed\u00ad pues, la esperanza tiene la tarea de introducir una proyecci\u00f3n tensa en el dinamismo \u00e9tico del cristiano que le permita soportar las tribulaciones y las persecuciones (aspecto negativo: cf. 2 Tes 1,4) y arrostrar con coraje la ardua  batalla de la vida (aspecto positivo).<\/p>\n<p>Por tanto, la esperanza cualifica definitivamente a la obra de las otras virtudes (2 Tes 1,1 1). Por eso mismo, \u00abdar raz\u00f3n de la esperanza\u00bb (1 Pe 3,15) significa dar raz\u00f3n de la validez del compromiso cristiano en su integridad, tomando como base las promesas de Dios (1 Cor 1,20) y al mismo Cristo (l Tim 1,1).<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente.- La esperanza no  ocupa un puesto relevante en la teolog\u00ed\u00ada moral tradicional, ni tampoco en la dogm\u00e1tica. Entre los motivos principales pueden se\u00f1alarse los siguientes :<br \/>\n a) La primac\u00ed\u00ada de la fe y de la caridad.<\/p>\n<p> En efecto, el espacio de las virtudes  teologales se consideraba suficiente mente cubierto por los tratados de la caridad como praxis de vida, y de la fe como garant\u00ed\u00ada de validez del- compromiso cristiano. Era precisamente la fe la que destacaba la transitoriedad de las cosas de este mundo, proyectando a la meta \u00faltima de las realidades escatol\u00f3gicas el ansia de felicidad arraigada en la intimidad m\u00e1s profunda del hombre, y la que se\u00f1alaba las coordenadas a las que, seg\u00fan un esquema fijo, tendr\u00ed\u00ada que plegarse la existencia de cada individuo.<\/p>\n<p>b) La experiencia hist\u00f3rica. La experiencia por parte del hombre de su propia incapacidad ante los males de cada d\u00ed\u00ada (el hambre, la pobreza, la opresi\u00f3n, las enfermedades, la mortalidad infantil, la muerte prematura -hasta el siglo XVIII la edad media era de 35-45 a\u00f1os-) favorec\u00ed\u00ada una visi\u00f3n en cierto modo fatalista de las realidades terrenas y de las llamadas \u00bb esperanzas humanas \u00ab.<\/p>\n<p>En este contexto la esperanza cristiana, garantizada por la fe, se convert\u00ed\u00ada en la \u00fanica propuesta verdaderamente liberadora. Pero se la viv\u00ed\u00ada como algo estrictamente personal y esencialmente ordenada al m\u00e1s all\u00e1 de la historia, que segu\u00ed\u00ada contempl\u00e1ndose generalmente como un valle de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>La llegada de la revoluci\u00f3n cultural (que comenz\u00f3 con la Ilustraci\u00f3n) y de la revoluci\u00f3n industrial (con el consiguiente progreso de las ciencias y de la t\u00e9cnica) sirvi\u00f3 por un lado para devolver al hombre la confianza en s\u00ed\u00ad mismo Y en la posibilidad que ten\u00ed\u00ada de saciar sus propias esperanzas incluso en un nivel intramundano, y por otro lado para abrir el horizonte de la esperanza al compromiso hist\u00f3rico y comunitario. Los principales promotores de los nuevos planteamientos (F. Nietzsche, K. Marx, etc.) acusaban al cristianismo de promover la alienaci\u00f3n del hombre y la fuga del compromiso hist\u00f3rico. Se trataba de una innegable conquista, pero sobre la que se cern\u00ed\u00ada el peligro del inmanentismo materialista. De aqu\u00ed\u00ad el doble reto que se le plantea a la visi\u00f3n tradicional de la esperanza cristiana: destacar la incidencia hist\u00f3rica de la escatolog\u00ed\u00ada y trascender el estrecho c\u00ed\u00adrculo de lo privado mediante la apertura a la problem\u00e1tica hist\u00f3rica y social.<\/p>\n<p>  2. La esperanza  y el compromiso \u00e9tico &#8216;a) Los modelos de base. Todo modelo \u00e9tico tiene en su base un correspondiente modelo antropol\u00f3gico, el cual, a su vez, introduce una concepci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la esperanza. El discurso sobre el modelo-hombre y sobre el concepto-esperanza se corresponden intr\u00ed\u00adnsecamente. En efecto, el hombre es inquietud radical, tensi\u00f3n hacia la perfecci\u00f3n de su ser Y &#8211; por tanto se autocomprende necesariamente como proyecto de futuro. Pero, seg\u00fan sea el modelo antropol\u00f3gico -materialista o trascendente-, el futuro de la esperanza ser\u00e1 de orden intrahist\u00f3rico o metahist\u00f3rico. De tipo materialista es, por ejemplo, el modelo subyacente a la propuesta en cierto modo pionera hecha por E. Bloch con El principio esperanza. Por el contrario, a un modelo trascendente se refieren los representantes de la \u00abteolog\u00ed\u00ada de la esperanza\u00bb (J Moltmann) y de la \u00abteolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica\u00bb (J. B. Metz).<\/p>\n<p>En las propuestas de estos autores  hay puntos de un significado \u00e9tico innegable, tanto a nivel individual como comunitario, como la tensi\u00f3n radical del hombre hacia la consecuci\u00f3n de una plena armon\u00ed\u00ada consigo mismo y con el mundo transformado por \u00e91 (Bloch), la funci\u00f3n propulsora y comprometedora de la escatolog\u00ed\u00ada (Moltmann), la necesidad de \u00abdesprivatizar\u00bb la esperanza y de resaltar el papel \u00abcr\u00ed\u00adtico\u00bb de la Iglesia ante las estructuras hist\u00f3ricas (Metz). Junto a estos puntos positivos se encuentran, sin embargo, otros que no pueden ser f\u00e1cilmente asumidos por una interpretaci\u00f3n integral de la fe, como el inmanentismo radical (Bloch), el extremismo teol\u00f3gico, que pretende basar \u00abs\u00f3lo\u00bb en la escatolog\u00ed\u00ada todo el dinamismo \u00e9tico cristiano, con el riesgo de transformar la acci\u00f3n de la esperanza en algo puramente extr\u00ed\u00adnseco (Moltmann), o finalmente el reduccionismo negativo de la esperanza, que, para evitar el peligro de pretensiones pol\u00ed\u00adticas por parte de la Iglesia, quiere reducir su compromiso \u00e9tico a la funci\u00f3n \u00abcr\u00ed\u00adtica\u00bb (Metz).<\/p>\n<p>b) La propuesta \u00e9tica de la esperanza  cristiana. Si, por una parte, es necesario excluir los extremismos de car\u00e1cter englobante, tambi\u00e9n es evidente la necesidad de devolver a la esperanza el papel esencial que le corresponde en la configuraci\u00f3n de la moral cristiana.<\/p>\n<p>Podemos considerar como puntos s\u00f3lidos de una verdadera integraci\u00f3n de la reflexi\u00f3n sobre la esperanza los siguientes : su funci\u00f3n transformadora de la  realidad intramundana y su sentido comunitario y social, que no s\u00f3lo alcanza a los Individuos, sino a las estructuras; la positividad fundamental del  proyecto-esperanza, en cuanto que se arraiga en el ser-en-Cristo, que representa el \u00abya\u00bb de la participaci\u00f3n en el acontecimiento escatol\u00f3gico. Sus ra\u00ed\u00adces cristol\u00f3gicas le dan al proyecto-esperanza aquella solidez que le permitir\u00e1 sostenerse frente al miedo de la impotencia o del fracaso, y superar al mismo tiempo la tentaci\u00f3n de caer en  promete\u00ed\u00adsmos ilusorios.<\/p>\n<p>  3. A la luz de la Biblia.<\/p>\n<p> Es \u00e9sta la visi\u00f3n de la esperanza que impregna toda la Biblia. Israel es el pueblo de la promesa, concretizada primero en la \u00abtierra\u00bb y ensanchada luego a los \u00abnuevos cielos\u00bb y la \u00abnueva tierra'\u00bb. La fuerza de la esperanza impulsa a Israel a comprometerse por la liberaci\u00f3n de Egipto y a proseguir la lucha dirigida a mantener v\u00e1lida su condici\u00f3n de pueblo liberado. De esperanza est\u00e1 tambi\u00e9n impregnado el mensaje del Reino, especialmente las bienaventuranzas (Mt S,3ss). De cara al dinamismo del Reino, se le exige al creyente responsabilidad, imaginaci\u00f3n creadora, coraje para saber emplear los talentos, productividad. Habr\u00e1 que cortar la higuera est\u00e9ril; los trabajado res no eficientes y las v\u00ed\u00adrgenes necias tendr\u00e1n que quedarse fuera.<\/p>\n<p>Pablo pone el coraje tenaz de la esperanza junto al compromiso de la fe y la actividad del amor (1 Tes 1,3). Este coraje no es fruto de la ilusi\u00f3n, sino que est\u00e1 dirigido por el Esp\u00ed\u00adritu que se nos ha dado como prenda de la plenitud futura (2 Cor 1,22). Es verdad que Pablo habla en t\u00e9rminos fuertes de la transitoriedad del e\u00f3n presente, poniendo en su sitio la importancia de las cosas de este mundo y el compromiso para con ellas. Pero s\u00e9 trata de valoraciones en clave no absoluta, sino \u00abrelativa\u00bb es decir, en relaci\u00f3n con las cosas futuras (1 Cor 7 29ss), relatividad que se ve favorecida por la convicci\u00f3n de las primeras generaciones cristianas sobre la proximidad del d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El dinamismo transformador del  mensaje cristiano no puede entenderse en clave meramente coyuntural, sino a partir de su n\u00facleo esencial e insuperable, es decir, a partir del imperativo de llevar el \u00abya\u00bb del hombre y del mundo al \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb de su transformaci\u00f3n plena, que vendr\u00e1 cuando Jes\u00fas entregue el Reino en manos de su Padre (1 Cor 15,24). En esta l\u00ed\u00adnea es como el concilio Vaticano II trata el tema del compromiso \u00e9tico de la Iglesia y particularmente de los laicos (LG 35; GS, cap. 1V); y en esta misma l\u00ed\u00adnea es donde la moral tendr\u00e1 que plantear su reflexi\u00f3n para que el obrar cristiano se convierta en testimonio de la propia esperanza (1 Pe 3,15).<\/p>\n<p> L. \u00ed\u0081lvarez<\/p>\n<p> Bibl.: J Alfaro, Esperanza cristiana y liberaci\u00f3n del hombre, Herder, Barcelona 1972: E, Bloch, Principio esperanza, Aguilar, Madrid 1980: L, Boros, Somos futuro, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972: J Moltmann, Teologia de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977. J Piepen Esperanza e historia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968: J J Tamayo, Utop\u00ed\u00adas hist\u00f3ricas y esperanza cristiana, en C, Florist\u00e1n &#8211; J J lramayo (eds.), El Vaticano II 20 a\u00f1os despu\u00e9s, Cristiandad, Madrid 1985, 295330; A. Tornos, Esperanza y m\u00e1s all\u00e1 en la Biblia, Verbo Divino, Estella 1992.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Relaci\u00f3n con las otras virtudes teologales: Teol\u00f3gicamentte.- En Cor 13,13 Pablo coloca a la esperanza (elp\u00ed\u00ads) en el segundo lugar de las virtudes teologales, se\u00f1alando expresamente que la mayor de todas ellas es la caridad. 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