{"id":16595,"date":"2016-02-05T10:51:22","date_gmt":"2016-02-05T15:51:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/exegesis-integral\/"},"modified":"2016-02-05T10:51:22","modified_gmt":"2016-02-05T15:51:22","slug":"exegesis-integral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/exegesis-integral\/","title":{"rendered":"EXEGESIS INTEGRAL"},"content":{"rendered":"<p>Con esta expresi\u00f3n se designa la interpretaci\u00f3n, el comentario y la explicaci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico no solo a nivel t\u00e9cnico-cient\u00ed\u00adfico, sino tambi\u00e9n a nivel teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Los principios generales de esta ex\u00e9gesis integral han sido fijados por el concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum, n. 12. Partiendo del presupuesto fundamental de que \u00abDios en la sagrada Escritura ha hablado por medio de hombres a la manera humana\u00bb, el concilio reconoce ante todo la necesidad y la importancia de una interpretaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la Escritura. Esto implica naturalmente el recurso a todas aquellas metodolog\u00ed\u00adas de investigaci\u00f3n que se suelen utilizar cuando se interpreta una obra de la antig\u00fcedad, con la finalidad de reconstruir un texto seguro (cr\u00ed\u00adtica textual), de estudiar sus criterios 1ingU\u00ed\u00adsticos, su forma, su composici\u00f3n, sus dependencias, su ambiente cultural y religioso (cr\u00ed\u00adtica literaria), de verificar su valor hist\u00f3rico (cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica).<\/p>\n<p>Pero el concilio declara adem\u00e1s que  \u00bb la sagrada Escritura tiene que leerse e interpretarse con la ayuda del mismo Esp\u00ed\u00adritu con la que fue escrita\u00bb, se\u00f1alando de esta manera el otro aspecto de la tarea encomendada al exegeta, el propiamente teol\u00f3gico. Seg\u00fan el concilio, son tres los criterios fundamentales de referencia para este otro nivel de interpretaci\u00f3n: 1) poner atenci\u00f3n en el contenido y en la unidad de la Escritura en su totalidad, es decir, tener conciencia de que la Escritura, en cuanto inspirada por el mismo y \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu, constituye un conjunto unitario en el que se habla de nuestra salvaci\u00f3n: 2) tener en cuenta la tradici\u00f3n viva de la Iglesia, es decir, interpretar la Escritura a la luz de los grandes exegetas del pasado, los Padres de la Iglesia orientales y occidentales, del sensus fidei del pueblo de Dios, manifestado principalmente en la liturgia (\u00ablex orandi, lex credendi,,), del Magisterio de la Iglesia: 3) tener en cuenta finalmente la analog\u00ed\u00ada de la fe, es decir, la armon\u00ed\u00ada que existe entre todas las afirmaciones de la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Precisamente por esta fuerte apelaci\u00f3n a la importancia de la unidad y complementariedad de los dos momentos, el t\u00e9cnico-cient\u00ed\u00adfico y el teol\u00f3gico, en la interpretaci\u00f3n de la Escritura, la ex\u00e9gesis integral ha sido y sigue siendo decisiva para dar a comprender que, en sus ra\u00ed\u00adces, la ex\u00e9gesis no es una ciencia puramente profana o secular sino que forma parte integrante de la teolog\u00ed\u00ada, y el exegeta que la practica es y debe s\u00e9r un te\u00f3logo por el mismo t\u00ed\u00adtulo que el dogm\u00e1tico, el moralista, etc.<\/p>\n<p> G. 0cchipinti<\/p>\n<p> Bibl.: L, Alonso Schokel (ed.), Comentarios  a la Dei Verbum, Univ. de Deusto, Bilbao 1990; \u00ed\u008dd., Hermen\u00e9utica de la palabra, III, Interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de textos b\u00ed\u00adblicos, Ega\/Mensajero, Bilbao 1991; F Brossier, Relatos b\u00ed\u00adblicos y comunicaci\u00f3n de la fe,  Verbo Divino. Estella 1986; W Lohfink, Ex\u00e9gesis y teolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1969.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Se entiende por ex\u00e9gesis la interpretaci\u00f3n, el comentario o la explicaci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico. Presentaremos aqu\u00ed\u00ad \u00fanicamente los principios o las reglas de las ex\u00e9gesis cat\u00f3lica; este proyecto debe confrontarse con la voz ! Hermen\u00e9utica, que tiene una perspectiva m\u00e1s amplia. Por texto b\u00ed\u00adblico entendemos la sagrada Escritura o la Biblia, en el sentido cat\u00f3lico de la palabra, que abarca el AT, incluidos los libros llamados \u00abdeuterocan\u00f3nicos\u00bb, y el NT (l Canon). Con ex\u00e9gesis integral queremos resaltar la totalidad, si es posible, del proceso implicado en la ex\u00e9gesis. Los principios fundamentales de esta ex\u00e9gesis integral han sido fuertemente subrayados por la constituci\u00f3n l Dei Verbum, del Vaticano II. El documento conciliar puede completarse con algunos discursos de Pablo VI y de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>1. DIMENSI\u00ed\u201cN CIENTIFICA. \u00abDios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto, el int\u00e9rprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atenci\u00f3n lo que los autores quer\u00ed\u00adan decir y Dios quer\u00ed\u00ada dar a conocer con dichas palabras\u00bb (DV 12,1).<\/p>\n<p>La finalidad \u00faltima de la ex\u00e9gesis es de orden teol\u00f3gico: \u00abConocer lo que Dios quiso comunicarnos\u00bb. La ex\u00e9gesis implica la fe en la inspiraci\u00f3n divina de las Escrituras (DV 11,1) y tambi\u00e9n la fe en la intenci\u00f3n realizada de Dios cuando su Esp\u00ed\u00adritu inspiraba a los autores sagrados: \u00abLos libros sagrados ense\u00f1an s\u00f3lidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvaci\u00f3n nuestra\u00bb (DV 11,2) (\/Verdad). Por consiguiente, la ex\u00e9gesis no es en su ra\u00ed\u00adz una ciencia puramente profana o secular; forma parte integrante de la teolog\u00ed\u00ada, y el exegeta que la practica es y debe ser te\u00f3logo con el mismo t\u00ed\u00adtulo que el dogm\u00e1tico y el moralista. Porque el objeto de sus investigaciones, por as\u00ed\u00ad decirlo, esto es, la palabra de Dios, es eminentemente teol\u00f3gica y hasta teologal. M\u00e1s adelante (2) veremos las implicaciones de estas afirmaciones.<\/p>\n<p>Pero sigue siendo verdad que, para realizar su intenci\u00f3n, Dios se vali\u00f3 de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos\u00bb (DV 11,1); que \u00abDios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano\u00bb (DV 12,1). Por consiguiente, \u00abel int\u00e9rprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atenci\u00f3n lo que los autores quer\u00ed\u00adan decir y Dios dar a conocer con dichas palabras\u00bb (DV 12,1).<\/p>\n<p>Para ello hay que utilizar varias ciencias y seguir tambi\u00e9n diversos m\u00e9todos. En este sentido, el recurso al saber profano no tiene por qu\u00e9 extra\u00f1arnos, si el instrumento cient\u00ed\u00adfico o metodol\u00f3gico se utiliza con honestidad y sin presupuestos arbitrarios. Pablo VI, en 1974, se refiri\u00f3 a esta cuesti\u00f3n, citando una p\u00e1gina del padre Lagrange escrita en 1918 (DC 71 [19741326), y Juan Pablo 11 volvi\u00f3 sobre este tema en 1989: \u00abEs verdad que, en m\u00e1s. de una ocasi\u00f3n, ciertos m\u00e9todos de interpretaci\u00f3n dieron la impresi\u00f3n de constituir un peligro para la fe, ya que eran utilizados por int\u00e9rpretes no creyentes con la intenci\u00f3n de someter las afirmaciones de la Escritura a una cr\u00ed\u00adtica destructora. En esos casos es necesario establecer una clara distinci\u00f3n entre el mismo m\u00e9todo, que si corresponde a las exigencias aut\u00e9nticas del esp\u00ed\u00adritu humano contribuir\u00e1 al enriquecimiento de los conocimientos, y, por otra parte, los presupuestos discutibles -de tipo racionalista, idealista o materialista-,que pueden pesar en la interpretaci\u00f3n e invalidarla. El exegeta, iluminado por la fe, no puede adoptar, evidentemente, esos presupuestos, pero no podr\u00e1 menos de sacar provecho del m\u00e9todo\u00bb (DC 86 [19891472).<\/p>\n<p>1) El primer trabajo concierne al establecimiento del texto, por medio de la confrontaci\u00f3n de los testimonios manuscritos que lo transmitieron. Ordinariamente el exegeta se fiar\u00e1 de los excelentes trabajos publicados en los \u00faltimos decenios, tanto para el texto hebreo del AT como para los. textos griegos del NT y de los Setenta. Pero, al estar iniciado en la cr\u00ed\u00adtica textual, tendr\u00e1 que recurrir al aparato cr\u00ed\u00adtico de las ediciones cl\u00e1sicas de estos textos. Tendr\u00e1 que explicar a sus estudiantes el modo de utilizar estos aparatos. Tendr\u00e1 que tener en cuenta adem\u00e1s el hecho cada vez m\u00e1s reconocido en nuestros d\u00ed\u00adas de que algunos libros b\u00ed\u00adblicos se nos transmitieron bajo diversas formas; esto vale sobre todo para el Sir\u00e1cida, Ester, Tob\u00ed\u00adas e incluso los Hechos, sin que la Iglesia haya impuesto nunca en su canon una forma particular. La cr\u00ed\u00adtica textual lleva a veces a percibir diferentes etapas en la transmisi\u00f3n del texto.<\/p>\n<p>Una vez establecido el texto oaos textos, hay que traducir. Este trabajo es mucho m\u00e1s complejo de lo que ordinariamente cree el gran p\u00fablico. Es, que los textos b\u00ed\u00adblicos fueron redactados hace diecinueve siglos los m\u00e1s recientes y unos treinta siglos los m\u00e1s antiguos, en una cultura concreta, el mundo mediterr\u00e1neo oriental,, semita y luego helenista; en unas lenguas que han desaparecido (el arameo) o se han modificado notablemente (el hebreo y el griego). La evoluci\u00f3n de las lenguas modernas permite hacerse una idea de la complejidad del problema: as\u00ed\u00ad el castellano del Mio Cid apenas es comprensible para el hombre de la calle actual. Aqu\u00ed\u00ad el exegeta podr\u00e1 recurrir a los servicio, -de los orientalistas, esos especialistas de las lenguas y de las culturas del Pr\u00f3ximo Oriente antiguo. Los diccionarios de las lenguas b\u00ed\u00adblicas, hebreo, arameo y griego, indican el parentesco d\u00e9las palabras en las diferentes lenguas del ambiente.<\/p>\n<p>Para hacerse una idea de la variedad de soluciones posibles, se podr\u00e1 comparar la traducci\u00f3n de un mismo pasaje en las diversas biblias hoy en uso. Servirse de una sola traducci\u00f3n de la Biblia es un empobrecimiento, y hasta un riesgo que hay que desaconsejar. Se aprender\u00e1 a leer las notas cr\u00ed\u00adticas de las diferentes biblias y se las comparar\u00e1 entre s\u00ed\u00ad. Pero aqu\u00ed\u00ad surge una nueva dificultad. Es verdad que santo Tom\u00e1s de Aquino no conoc\u00ed\u00ada ninguna de las lenguas b\u00ed\u00adblicas; pero en el siglo xx sigue teniendo su fuerza la frase de santa Teresa de Lisieux: \u00abSi hubiera sido sacerdote, habr\u00ed\u00ada estudiado a fondo el hebreo y el griego para conocer el pensamiento divino tal como quiso Dios expresarlo en nuestra lengua humana\u00bb. Todo programa de teolog\u00ed\u00ada que se respete incluye un curso de hebreo b\u00ed\u00adblico y otro de griego neotestamentario. El valor de la palabra de Dios para todo el que se ponga al servicio de la Iglesia deber\u00ed\u00ada ser un est\u00ed\u00admulo suficiente para ponerse a estudiar las lenguas b\u00ed\u00adblicas de forma seria, sobre todo en nuestra \u00e9poca, en que los intercambios internacionales obligan a tantas personas a hablar varias lenguas. El Vaticano 11 (cf Optatam totius, 13), siguiendo a P\u00ed\u00ado XII (Divino afflante Spiritu II, 1), ha estimulado este. acceso directo a los textos originales de la Biblia.<\/p>\n<p>2) Una vez establecido el texto, conocidas sus variantes, precisado el sentido de las palabras, a veces con diversas posibilidades para algunos pasajes, viene la etapa dif\u00ed\u00adcil, que intenta \u00abdescubrir la intenci\u00f3n de los hagi\u00f3grafos\u00bb (DV 12,2). Aqu\u00ed\u00ad entran en juego varios m\u00e9todos (\u00abinter al\u00ed\u00ada\u00bb: DV 12,2). Si el concilio se detiene especialmente en la b\u00fasqueda del \u00abg\u00e9nero literario\u00bb, es a la vez para confirmar lo que escrib\u00ed\u00ada P\u00ed\u00ado XII en 1943, en la Divino afflante Spiritu, y para ampliar impl\u00ed\u00adcitamente al NT esta investigaci\u00f3n, como se\u00f1alaba en 1964 la instrucci\u00f3n Sancta Mater Ecclesia, de la pontificia Comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Pero DV 12 reconoce tambi\u00e9n la validez del principio general siguiente: \u00abPara descubrir de verdad lo que quiso afirmar el autor sagrado por escrito, hay que tener exactamente en cuenta tanto las maneras nativas de sentir, de hablar o de contar corrientes en tiempos del hagi\u00f3grafo como las que se utilizaban por todas partes en aquella \u00e9poca en las relaciones humanas\u00bb. P\u00ed\u00ado XII lo hab\u00ed\u00ada reconocido ya oficialmente.<\/p>\n<p>Semejante exigencia se hace sentir ya en el an\u00e1lisis del vocabulario de los autores sagrados, como se ha dicho; pero tambi\u00e9n es sensible cuando se atiende al an\u00e1lisis de un pasaje particular, y hasta de conjuntos m\u00e1s amplios. As\u00ed\u00ad la comprensi\u00f3n de la alianza (I Elecci\u00f3n, alianza, ley) en la parte m\u00e1s antigua del AT pudo expresarse recurriendo a ciertos esquemas fundamentales de los tratados llamados \u00abde vasallaje\u00bb utilizados entonces en las relaciones internacionales. La sabidur\u00ed\u00ada de los antiguos pueblos del Pr\u00f3ximo Oriente es el ambiente en que se desarroll\u00f3 la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, que se mantuvo en frecuente di\u00e1logo con ellos y no como un cofre cerrado. Los mitos paganos de los semitas permiten captar en d\u00f3nde reside la originalidad de los autores b\u00ed\u00adblicos. Pueden multiplicarse los ejemplos: (l Profetas y \/Evangelio). Este trabajo exige del exegeta una cultura que muchas veces no tiene; pero puede recurrir a las investigaciones de los orientalistas. Pablo VI lo reconoc\u00ed\u00ada francamente en 1974: \u00abLo mismo que es dif\u00ed\u00adcil comprender la obra de Cristo fuera de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica que asumi\u00f3, tambi\u00e9n hoy parece dif\u00ed\u00adcil, en nombre de la verdad, que ha de ser siempre nuestra primera. preocupaci\u00f3n, leer el AT prescindiendo de su arraigo cultural\u00bb (\u00abOrientalia\u00bb 45 [1976] 6).<\/p>\n<p>Para ser honestos, habr\u00e1 que procurar no confundir analog\u00ed\u00ada con semejanza, parecido con identidad y sobre todo semejanza con dependencia, so pena de no ver nada del mensaje propio del autor b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>Sea de ello lo que fuere, la determinaci\u00f3n de un g\u00e9nero literario supone la comparaci\u00f3n entre varios textos b\u00ed\u00adblicos o extrab\u00ed\u00adblicos, examinando sus semejanzas de sujeto, de temas, de vocabulario y hasta de estructura. En este \u00faltimo punto, nuestros m\u00e9todos se han afinado.<\/p>\n<p>Para evitar aplicar a un texto una estructura que es fruto de nuestras propias ideas y de nuestra propia cultura -riesgo del que no se escap\u00f3 muchas veces el pasado-, hay que destacar en el mismo texto, le\u00ed\u00addo en su lengua original, todos los hechos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos y verbales que revelan su organizaci\u00f3n interna; las repeticiones de las mismas palabras, las variaciones en las formas gramaticales, etc., permiten entonces descubrir ciertas inclusiones, ciertas divisiones bien marcadas dentro de un discurso, etc., y se descubren as\u00ed\u00ad unas estructuras literarias de textos sumamente variadas. Pero, para no caer en la man\u00ed\u00ada de ver por todas partes, por ejemplo, estructuras conc\u00e9ntricas, habr\u00e1 que asegurarse de que se han tomado en consideraci\u00f3n todos los indicios literarios. Este m\u00e9todo de lectura asegura una base mejor a la comparaci\u00f3n con otros textos y permite de este modo precisar su g\u00e9nero literario. El caso del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada podr\u00ed\u00ada ser un buen ejemplo.<\/p>\n<p>Este m\u00e9todo, suponiendo -\u00bfes acaso gratuito?- que el texto est\u00e1 bien escrito, permite determinar las glosas y a\u00f1adidos introducidos en el texto. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n lo confirmar\u00e1n las versiones antiguas.<\/p>\n<p>Pero hay otros casos, en el Pentateuco y en los profetas por ejemplo, en que se descubre -por las asperezas del texto tanto como por el an\u00e1lisis de su estructura literaria- que se transmiten con el texto primitivo otras relecturas en las que las comunidades sucesivas fueron dejando huellas de sus propias lecturas e interpretaciones. Encontramos aqu\u00ed\u00ad toda la historia de la vida y de la transmisi\u00f3n de un texto en la comunidad.<\/p>\n<p>Lo importante, a prop\u00f3sito de las glosas, de los a\u00f1adidos o de las relecturas, es no encerrarse en un culto al Ur-text, o texto original, primitivo, que haga negar todo valor a los complementos subsiguientes. Lo que llamar\u00e1 nuestra atenci\u00f3n ser\u00e1 el texto b\u00ed\u00adblico final, tal como nos ha llegado, ya que es \u00e9l el texto que guarda la Iglesia. Sin ello nos opondr\u00ed\u00adamos al canon de las Escrituras tal como lo entiende la Iglesia. La situaci\u00f3n del libro del Sir\u00e1cida es un ejemplo t\u00ed\u00adpico.<\/p>\n<p>En el fondo, toda esta b\u00fasqueda del g\u00e9nero literario y de la estructura literaria del texto implica la convicci\u00f3n de que hay unos conjuntos literarios y que deben ser tratados como tales. Cuando el texto presenta un relato, ser\u00e1 normalmente en prosa; y entonces se utiliza desde hace veinte o treinta a\u00f1os, sobre todo en Francia, otro m\u00e9todo distinto. Se le llama el l an\u00e1lisis estructural o la semi\u00f3tica. Se inspira en algunos te\u00f3ricos rusos que intentaban ver c\u00f3mo funcionan los cuentos. Se establece entonces una verdadera gram\u00e1tica del relato. A pesar de su vocabulario muchas veces sibilino y de su orientaci\u00f3n demasiado marcada por los aspectos formales con riesgo de subestimar el mensaje, este m\u00e9todo es \u00fatil y m\u00e1s de una vez complementario.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s por los conjuntos, que tiene la gran ventaja de evitar la atomizaci\u00f3n de un texto, conduce tambi\u00e9n a considerar un libro, y hasta un conjunto de libros, como una totalidad. La atenci\u00f3n se dirige entonces, no ya a las asperezas del texto, que ponen de manifiesto los a\u00f1adidos y las relecturas que hemos mencionado, sino sobre todo lo que unifica un conjunto. Este trabajo ha conducido, por ejemplo, a mostrar la originalidad de cada evangelista (! Evangelios. M\u00e9todos de an\u00e1lisis RG); ha permitido tambi\u00e9n hablar de la historia deuteronomista, de Dt a 2Re.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 pueda situarse aqu\u00ed\u00ad el m\u00e9todo que desde hace poco se est\u00e1 desarrollando a la otra orilla del Atl\u00e1ntico y que se designa como close reading, consiste en leer el texto paso a paso con suma atenci\u00f3n, asegur\u00e1ndose de que se han percibido todos los matices del autor; la atenci\u00f3n se dirige tambi\u00e9n hacia todo lo que est\u00e1 impl\u00ed\u00adcito e incluso no-dicho, que con frecuencia es muy revelador del pensamiento. Semejante m\u00e9todo pone muy bien de relieve la unidad profunda de un texto, de un relato, por ejemplo, y cuestiona ciertas teor\u00ed\u00adas que hab\u00ed\u00adan visto demasiado aprisa diversas capas redaccionales en un texto. Incluso a veces podr\u00e1 mostrar c\u00f3mo esas capas redaccionales se integraron finalmente de manera armoniosa en la unidad textual que ha llegado hasta nosotros.<\/p>\n<p>3) Todo lo dicho hasta ahora se refer\u00ed\u00ada a la cr\u00ed\u00adtica literaria; al ser un texto el objeto de los an\u00e1lisis, no hay por qu\u00e9 extra\u00f1arse de estos desarrollos de la investigaci\u00f3n. Sin embargo, una parte importante de los libros b\u00ed\u00adblicos, el Pentateuco y los libros hist\u00f3ricos al menos para el AT, y los evangelios y los Hechos para el NT, tienen por objeto unos sucesos y conviene determinar su valor hist\u00f3rico. La cr\u00ed\u00adtica literaria ilumina a la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica, pero sin agotarla. El Vaticano II, hablando de los g\u00e9neros literarios, ha se\u00f1alado oportunamente que algunos de los textos llamados hist\u00f3ricos pueden serlo de otra manera (DV 12,2) y ha afirmado sin vacilar \u00abla historicidad\u00bb de los cuatro evangelios (DV 19). Parece ser que la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica suscita hoy poca atenci\u00f3n y que reina un escepticismo quiz\u00e1 excesivo, al menos en cuanto a la historicidad de los hechos anteriores a la toma de Jerusal\u00e9n por Nabucodonosor en el a\u00f1o 586 a.C. Para los evangelios y los Hechos la ex\u00e9gesis cat\u00f3lica parece haber llegado a un consenso respetuoso de la historia.<\/p>\n<p>La cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica, que intenta determinar cu\u00e1l es la historicidad de los hechos contados en los textos, es, sin embargo, fundamental. Porque en la medida en que la fe no se refiere a unos enunciados, sino a la realidad que \u00e9stos expresan, seg\u00fan el proverbio tomista, parece ser que en esa misma medida la ex\u00e9gesis no se refiere exclusivamente a los textos, sino a la realidad de la que hablan. Y esta realidad es nuestra salvaci\u00f3n realizada por Dios en la historia humana de forma definitiva en la persona de Jesucristo. Pero tambi\u00e9n est\u00e1 claro que la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica s\u00f3lo puede hacerse sobre la base de la cr\u00ed\u00adtica literaria de los textos, y no s\u00f3lo a la luz de los testimonios exteriores al texto. La arqueolog\u00ed\u00ada, que ha hecho tantos descubrimientos desde hace un siglo, y todas las ciencias que ha suscitado (epigraf\u00ed\u00ada, numism\u00e1tica, etc.), son aqu\u00ed\u00ad sumamente valiosas (t Historia, i Evangelio).<\/p>\n<p>2. DIMENSI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. Toda esta investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, diversificada en cr\u00ed\u00adtica textual, filol\u00f3gica, literaria e hist\u00f3rica, tiene la finalidad de \u00abdescubrir lo que quiso afirmar por escrito el autor sagrado\u00bb (DV 12,2). Pero no es \u00e9sta m\u00e1s que una parte de la tarea del exegeta. La otra parte ser\u00e1 propiamente teol\u00f3gica y har\u00e1 que la ex\u00e9gesis no sea puramente una obra profana. No se lee a Isa\u00ed\u00adas o a Pablo como a Homero o a Virgilio.<\/p>\n<p>\u00abLa Sagrada Escritura debe leerse e interpretarse a la luz del mismo Esp\u00ed\u00adritu que la hizo redactar\u00bb (DV 12,5). La raz\u00f3n de esta afirmaci\u00f3n es que el objeto que hay que leer e interpretar es la Escritura sagrada, un \u00fanico conjunto que tiene por autores a Dios y a unas personas elegidas e inspiradas por \u00e9l, sea cual fuere la manera de explicar esta acci\u00f3n conjunta que el Vaticano II no ha querido zanjar. De aqu\u00ed\u00ad se deriva que \u00abtodas las afirmaciones de los autores inspirados&#8230; deben ser tenidas como afirmaciones del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (DV 11 2).<\/p>\n<p>Al intentar comprender ese objeto \u00fanico que es la Escritura, el exegeta se pone tambi\u00e9n a la escucha del Esp\u00ed\u00adritu que la hizo redactar. Como el objeto es \u00fanico, puede decirse que toda la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y cr\u00ed\u00adtica de lo que quiso escribir el hagi\u00f3grafo supone ya para el exegeta ponerse, como el autor sagrado, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: las afirmaciones del hagi\u00f3grafo son tambi\u00e9n las del Esp\u00ed\u00adritu. Ponerse en esta disposici\u00f3n es una exigencia tradicional en la Iglesia; se remonta al menos a Or\u00ed\u00adgenes y a Jer\u00f3nimo; proclamada de nuevo en el Vaticano II por la Iglesia de Oriente, es significativo que DV 12,3 recoja aqu\u00ed\u00ad una proposici\u00f3n del Pontificio Instituto B\u00ed\u00adblico, que tanto ha hecho por destacar en la Iglesia el valor de la ciencia b\u00ed\u00adblica m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>1) Desde el punto de vista del exegeta, \u00abinterpretar a la luz del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb significa al menos lo que Pablo VI, con su agudeza acostumbrada, se\u00f1alaba en 1970: si la palabra de Dios es \u00abviva y eficaz\u00bb (Heb 4,12) para conducir a la salvaci\u00f3n, \u00abtodo el que escudri\u00f1e la Escritura es en primer lugar escudri\u00f1ado por ella y debe acercarse a ella con este esp\u00ed\u00adritu de humilde disponibilidad, que es la \u00fanica puerta para la comprensi\u00f3n plena del mensaje\u00bb; se\u00f1alaba adem\u00e1s \u00abla necesidad de buscar una cierta connaturalidad de intereses, de problemas, con el argumento del texto, para poder abrirse a su escucha\u00bb&#8230; \u00abPero sobre todo es importante destacarla exigencia de.una verdadera fidelidad a la Palabra\u00bb; \u00abCristo es la primera `ex\u00e9gesis&#8217; del Padre, su `Palabra&#8217;, la que lo manifiesta, y toda palabra ulterior sobre Dios y sobre Cristo se basa en esta primera revelaci\u00f3n del Padre\u00bb. En 1974 a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abUna apertura real existencial al misterio del Dios de amor, sin la que necesariamente quedar\u00ed\u00ada entenebrecida nuestra ex\u00e9gesis, por muy sabia que fuera, no puede mantenerse en nosotros sin la luz de la gracia divina, que hemos de pedir continuamente con humildad\u00bb.<\/p>\n<p>2) El Vaticano II atiende de hecho a algunas caracter\u00ed\u00adsticas de lo que es el objeto de la ex\u00e9gesis, la Escritura. Si es preciso leerla e interpretarla a la luz del mismo Esp\u00ed\u00adritu que la hizo redactar, hay .que poner una atenci\u00f3n no menor en el contenido y en la unidad de la Escritura en su totalidad (cf DV 12,3). Al parecer, nunca hab\u00ed\u00ada afirmado la Iglesia con tanta claridad este principio de hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica. La raz\u00f3n que da es que el Esp\u00ed\u00adritu Santo fue el que hizo redactarla Escritura. Si los autores humanos son numerosos y dispersos por el tiempo, el Esp\u00ed\u00adritu que los inspir\u00f3 a todos da unidad al conjunto, a la Escritura. Por lo dem\u00e1s, este conjunto unificado por el Esp\u00ed\u00adritu ten\u00ed\u00ada la finalidad de consignar all\u00ed\u00ad la verdad con vistas a nuestra salvaci\u00f3n, una verdad que se encuentra plenamente en la persona de Jesucristo, \u00fanico mediador. La Escritura constituye una unidad, y DV 16 lo repetir\u00e1; esta unidad aparece eminentemente a nivel de su contenido. Los que est\u00e1n familiarizados con la Escritura perciben esta unidad de contenido; si somos sensibles al mensaje particular de tal autor b\u00ed\u00adblico, no hay que desconocer la armon\u00ed\u00ada con el conjunto del que es s\u00f3lo un elemento. Se advertir\u00e1 que el concilio habla del contenido, del mensaje, y no ya de la forma literaria que lo expresa.<\/p>\n<p>3) El concilio va m\u00e1s lejos todav\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea de los conjuntos que caracteriza a la investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica actual. La atenci\u00f3n al contenido y a la unidad de la Escritura en su totalidad debe tener en cuenta la tradici\u00f3n viva de la Iglesia entera y la analog\u00ed\u00ada de la fe (cf DV 12,3). El texto es muy matizado: para percibir bien el contenido .y la unidad de la Escritura en su totalidad, hay que tener en cuenta la tradici\u00f3n viva de la Iglesia entera y la analog\u00ed\u00ada de la fe. Para precisar la intenci\u00f3n del concilio, conviene consultar aqu\u00ed\u00ad la historia del texto.<\/p>\n<p>Al elegir esta f\u00f3rmula, la comisi\u00f3n teol\u00f3gica del concilio intentaba recoger algunas enmiendas propuestas por varios obispos: ped\u00ed\u00adan que se ha. blara de la tradici\u00f3n m\u00e1s bien que de las tradiciones (cf DV 8-10 y l Tradici\u00f3n), de los padres de la Iglesia, del \/sentido de la fe del pueblo de Dios y del \/magisterio.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de la Escritura con la Iglesia se percibe hoy cada vez m\u00e1s. La Iglesia recibi\u00f3 el AT por medio de Jes\u00fas y de la primera comunidad cristiana; el AT era la \u00fanica Escritura existente; fue en su seno y para expresar el misterio recibido de que era portadora donde se redact\u00f3 el NT. Tambi\u00e9n fue ella la que defini\u00f3 su canon escritur\u00ed\u00adstico. El mejor exegeta es el que lee la Escritura en simbiosis con la Iglesia; el padre Lagrange hab\u00ed\u00ada justificado ya en el 1918 estas exigencias con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque la Biblia no es patrimonio exclusivo de los exegetas; \u00e9stos no son m\u00e1s que servidores del pueblo de Dios, al que ella se dirige de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n y por medio del cual habla a toda la humanidad llamada a la salvaci\u00f3n. Don de Dios confiado a la Iglesia, para ella y por medio de ella, la Escritura exige la fe total para ser comprendida desde dentro a la medida de la intenci\u00f3n de los autores sagrados y de Dios, que quiere la salvaci\u00f3n de todos; ella exige la comuni\u00f3n eclesial en nuestros d\u00ed\u00adas con todos los que desde hace dos milenios vivieron y viven de ella; ella sigue construyendo a la Iglesia y no puede convertirse en propiedad privada de unos cuantos privilegiados que se arroguen el derecho de reservarla para s\u00ed\u00ad con el pretexto de atenerse a la pura ciencia, dudando de las creencias m\u00e1s arraigadas del pueblo&#8217;de Dios. Y ese pueblo, la Iglesia, tiene en s\u00ed\u00ad mismo, por voluntad de Cristo, un \u00f3rgano regulador, el magisterio, asistido por el mismo Esp\u00ed\u00adritu que habl\u00f3 por los profetas y los ap\u00f3stoles y que anima desde pentecost\u00e9s toda la vida eclesial. A \u00e9l le corresponde autentificar toda ex\u00e9gesis.<\/p>\n<p>4) La tradici\u00f3n viva de toda la comunidad eclesial se expresa tambi\u00e9n por los padres de la Iglesia, tanto orientales como occidentales, y por los grandes exegetas que nos han precedido. Hoy el retorno a la ex\u00e9gesis antigua es un hecho .manifiesto y crece el mejor conocimiento de la misma gracias a las mejores ediciones y las mejores investigaciones que se llevan a cabo sobre los autores del pasado. Esto vale para la ex\u00e9gesis patr\u00ed\u00adstica, pero tambi\u00e9n para la de los te\u00f3logos medievales latinos, sin olvidar la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de los siglos xvi y xvn. Este \u00faltimo per\u00ed\u00adodo es a\u00fan poco conocido, pero los anteriores est\u00e1n bien expuestos, por ejemplo, en los vol\u00famenes del H. de Lubac. Es verdad que nuestro conocimiento dei Pr\u00f3ximo Oriente antiguo es muy superior al que ellos ten\u00ed\u00adan y que nuestros m\u00e9todos son m\u00e1s rigurosos. Pero, con menos medios y exigencias cient\u00ed\u00adficas, ellos nos superan por su inserci\u00f3n eclesial m\u00e1s franca; su ex\u00e9gesis es verdaderamente teol\u00f3gica; espiritual y pastoral. La nuestra debe renovar estas orientaciones y enriquecerlas.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n viva de toda la Iglesia comprende tambi\u00e9n el \/ sentido de la fe del pueblo de Dios. Esto significa que el exegeta, para interpretar correctamente el mensaje b\u00ed\u00adblico, tiene que permanecer en contacto con el pueblo de Dios y comulgar con todo lo que anima su fe. La ex\u00e9gesis no puede ser solamente una obra de biblioteca, una investigaci\u00f3n de despacho. Cuanto m\u00e1s dialogue el exegeta con el pueblo de Dios, m\u00e1s percibir\u00e1 c\u00f3mo la Escritura es verdadero alimento y m\u00e1s escapar\u00e1 de la tentaci\u00f3n de un puro juego mental sin alcance ni contenido. La pastoral b\u00ed\u00adblica ser\u00e1 para \u00e9l el lugar donde verifique el valor de su inteligencia de la Biblia. Tanto de palabra como por escrito, se sentir\u00e1 llevado a una mayor autenticidad y verdad y alcanzar\u00e1 un poderoso est\u00ed\u00admulo para proseguir sus investigaciones, ya que palpar\u00e1 personalmente la realidad que \u00e9stas pueden aportar. Percibir\u00e1 c\u00f3mo la Escritura es verdaderamente palabra de Dios para todos nosotros en la actualidad y no un objeto de un museo de antig\u00fcedades. Y lo comprender\u00e1 tambi\u00e9n cuando, siguiendo una larga tradici\u00f3n cristiana renovada en nuestros d\u00ed\u00adas, se entregue a la lectio divina, esa lectura auditiva de lo que nos dice hoy a nosotros el Se\u00f1or por medio de la Biblia. Y, a fortiori, lo percibir\u00e1 cuando alimente con la Escritura sus ejercicios espirituales. Quiz\u00e1 sea aqu\u00ed\u00ad sobre todo donde comprender\u00e1 lo que significa leer la Escritura con el mismo Esp\u00ed\u00adritu que la hizo redactar.<\/p>\n<p>El sentido de la fe del pueblo de Dios se manifiesta principalmente en la liturgia. Lex orandi lex credendi. Con la tradici\u00f3n, sobre todo latina, la DV 21 ha recordado que la Iglesia se alimenta \u00aben la \u00fanica mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo\u00bb. Se trata de vivir intensamente la liturgia de la palabra tal como se nos propone hoy, pero tambi\u00e9n de ponerse a estudiar las liturgias antiguas (cf DV 23). El uso que todas ellas hacen de la Escritura revela muchas veces la orientaci\u00f3n de la interpretaci\u00f3n cristiana. \u00bfCarece de inter\u00e9s saber, por ejemplo, que muchas liturgias, pero no precisamente la llamada de Pablo VI, releen Job en relaci\u00f3n con el misterio pascual?<\/p>\n<p>El sentido de la fe incluye, finalmente, las grandes exigencias cuya llamada percibe hoy la Iglesia: ecumenismo, di\u00e1logo con el juda\u00ed\u00adsmo, apertura a las culturas. El exegeta no puede estar ausente de estos terrenos. Si Dios quiere la salvaci\u00f3n de todos; si Jesucristo es el \u00fanico mediador de esta salvaci\u00f3n y la Escritura la promueve eficazmente (cf Heb 4,12) en la unidad del g\u00e9nero humano; si la Escritura es la buena nueva proclamada a todos, el exegeta tiene que participar lealmente en toda investigaci\u00f3n que permita comprender y transmitir mejor el mensaje de la Escritura. La carta a los Romanos, por ejemplo, es capital en el di\u00e1logo con las Iglesias y comunidades salidas de la reforma, pero tambi\u00e9n para el intento del cristiano de acercamiento al juda\u00ed\u00adsmo. Si se llega a un conocimiento m\u00e1s exacto y m\u00e1s respetuoso que en el pasado de las tradiciones cristianas no cat\u00f3licas y de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, resultar\u00e1 muchas veces m\u00e1s penetrante nuestra inteligencia de la Escritura. En particular, los testimonios del juda\u00ed\u00adsmo antiguo, contempor\u00e1neo del cristianismo naciente, los T\u00e1rgumes, por ejemplo, no pueden ser ignorados por los exegetas. El di\u00e1logo con las religiones no cristianas y con las culturas en que se desarrollaron es igualmente importante, sobre todo en ciertas partes del mundo, y se requiere entonces la presencia activa. de los exegetas. La misma Biblia no ignor\u00f3 este di\u00e1logo, como tampoco las generaciones cristianas que nos precedieron; y conviene que la Biblia no aparezca en esos lugares como un producto extranjero inasimilable, que algunos se imaginan que es occidental, cosa que sin duda no lo es.<\/p>\n<p>En todos estos di\u00e1logos parece ser que hay que tener en cuenta algunas exigencias fundamentales: no solamente el respeto al texto b\u00ed\u00adblico tal como es, la fidelidad integral al dep\u00f3sito de nuestra fe y la comuni\u00f3n con toda la Iglesia, que significar\u00e1 tambi\u00e9n un esfuerzo para que los exegetas comprometidos en otros ambientes compartan las riquezas descubiertas y las cuestiones que se plantean, sino adem\u00e1s y m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente la aceptaci\u00f3n del hecho evidente de que todo m\u00e9todo exeg\u00e9tico es el producto de una cultura y que la ex\u00e9gesis occidental del siglo xx no se libra de ello; otra cultura plantear\u00e1 otras cuestiones y su hermen\u00e9utica ser\u00e1 diferente. Esto es cierto para la ex\u00e9gesis cristiana patr\u00ed\u00adstica y medieval: \u00bftendremos que extra\u00f1arnos de ello al abordar la ex\u00e9gesis jud\u00ed\u00ada o al querer inculturar en Brasil, en la India, en el Zaire la forma de acoger con verdad la Biblia y su mensaje?<\/p>\n<p>5) Finalmente, DV 12,3 indica que la atenci\u00f3n que se dirige al contenido y a la unidad de la Escritura entera debe tener tambi\u00e9n en cuenta la analog\u00ed\u00ada de la fe. Esta expresi\u00f3n viene de Rom 12,6 y parece significar la armon\u00ed\u00ada que existe entre todas las afirmaciones de la fe cat\u00f3lica. Esto significa impl\u00ed\u00adcitamente que se da una coherencia entre la ense\u00f1anza de la Escritura y la de la Iglesia. Se recordar\u00e1 que la Escritura es la \u00abregla de la fe\u00bb, la norma normans de la fe. La DV 25, recogiendo una expresi\u00f3n de Le\u00f3n XIII, que la hab\u00ed\u00ada recibido de los jesuitas,. como ha demostrado J. M. Lera en 1984, pide que la Escritura sea \u00abcomo el alma de la teolog\u00ed\u00ada\u00bb, que \u00e9sta reciba su vida de la Escritura. Decir esto es pedir que el exegeta sea ante todo un te\u00f3logo. Se espera de \u00e9l que ponga de relieve el sentido teol\u00f3gico de los textos b\u00ed\u00adblicos y que, para tener en cuenta la analog\u00ed\u00ada de la fe, muestre su armon\u00ed\u00ada con todo lo que explican en nombre de la Iglesia el dogm\u00e1tico y el moralista, por no citar m\u00e1s que sus colegas m\u00e1s pr\u00f3ximos. M\u00e1s all\u00e1 de su argumentaci\u00f3n escritur\u00ed\u00adstica, que no puede ya contentarse con simples citas b\u00ed\u00adblicas, se trata sobre todo, al parecer, de una b\u00fasqueda com\u00fan, interdisciplinar, sobre las grandes cuestiones que hoy se plantea la humanidad y que la teolog\u00ed\u00ada tiene que iluminar. Desechar el testimonio b\u00ed\u00adblico o silenciarlo como si fuera anacr\u00f3nico es una soluci\u00f3n poco conforme con la fe cat\u00f3lica. Pablo VI, en 1973, hab\u00ed\u00ada pedido la ayuda de la ex\u00e9gesis para resolver los problemas morales que hoy se plantean a la conciencia cristiana. Igualmente la cristolog\u00ed\u00ada y las otras grandes afirmaciones dogm\u00e1ticas tienen que releerse continuamente a la luz de la Escritura.<\/p>\n<p>Desde hace un siglo, la Iglesia no ha cesado de precisar las reglas de su hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica; es incluso la \u00fanica comunidad de creyentes que lo haya hecho. Abierta a todas las exigencias de la ciencia, mantiene firmemente la intenci\u00f3n primordial de la Escritura, la salvaci\u00f3n de todos los hombres, y por eso su hermen\u00e9utica es teol\u00f3gica. Finalmente, puesto que Dios en Cristo proclama y realiza nuestra salvaci\u00f3n a lo largo de nuestra historia, la Iglesia invita a que no nos separemos de los que, antes de nosotros, fueron los depositarios y los portadores de la palabra de Dios, los testigos de su sentido.<\/p>\n<p>BIBL.: ALONSO $CHtiKEL L., El dinamismo de la tradici\u00f3n, en Dei Verbum, BAC Madrid 1969, 260-310; BUZZETTI C., Ex\u00e9gesis y hermen\u00e9utica, en Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar II, Salamanca 1982, 468-490; DREVFUS P., Ex\u00e9g\u00e9se en Sorbonne, ex\u00e9g\u00e9se en Eglise, en \u00abRB\u00bb 82 (1975) 321-359; ID L\u00e1ctualisation de lEcriture, en \u00abRB\u00bb 86 (1979) 5-58, 161-193, 321-384; GILBERT M., Paul VI. In memoriam, en \u00abBib\u00bb 59 (1978) 453-462; GRELOT P., L \u00e9x\u00e9g\u00e9se biblique au carrefour, en \u00abNRTh\u00bb 98 (1976) 416-434, 481-511; LAGRANGE M.J., La m\u00e9thode historique. 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