{"id":16628,"date":"2016-02-05T10:52:25","date_gmt":"2016-02-05T15:52:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-universal\/"},"modified":"2016-02-05T10:52:25","modified_gmt":"2016-02-05T15:52:25","slug":"historia-universal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-universal\/","title":{"rendered":"HISTORIA UNIVERSAL"},"content":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de los mitos de la edad de  oro (Hes\u00ed\u00adodo) y de las \u00e9pocas del mundo (las Weltalter de Schelling), las primeras preocupaciones por ordenar de alguna manera los hechos (Herodoto), por comprender sus vinculaciones historiogr\u00e1ficas (Tuc\u00ed\u00addides) y por hacer surgir una realidad significativa del curso de los acontecimientos (Roma, en el caso de Polibio, Tito Livio y T\u00e1cito), fueron las etapas decisivas en la definici\u00f3n de \u00abhistoria\u00bb. Pero lo que para estos \u00faltimos era un insignificante altercado entre jud\u00ed\u00ados, el acontecimiento cristiano, mientras conclu\u00ed\u00ada una larga experiencia de un \u00bb pueblo elegido\u00bb, hac\u00ed\u00ada nacer una nueva conciencia universalista, de una historia humana guiada por una Providencia respetuosa de la libertad de los hombres que tienen en sus manos su \u00abdestino\u00bb (por esto en el Renacimiento podr\u00e1 asumirse de nuevo el tema pagano del \u00abhado y la fortuna\u00bb, como dice la obra de Coluccio Salutati). La humanidad va siendo conducida, sean cuales fueren los temores y las calumnias de los paganos, hacia la plenitud de la Ciudad de Dios (Agust\u00ed\u00adn), que nadie podr\u00e1 detener (Orosio, Historiarum adversus paganos libri septem).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ra\u00ed\u00adz de un aspecto ya definitivo, el de historia universal, no s\u00f3lo porque afecta a todo el mundo y a todos los hombres, sino porque responde a un fin querido y perseguido.<\/p>\n<p>Es la respuesta cristiana a una concepci\u00f3n atomista de un devenir casual o  irrefrenable, o de un monismo inm\u00f3vil (Parm\u00e9nides: \u00abEn el instante presente est\u00e1 todo juntamente\u00bb) o de un retorno eterno tr\u00e1gico o indiferentista.<\/p>\n<p>El acontecimiento cristiano del de venir de Dios (Jn 1,14: \u00abkai &#8216;ol\u00f3gos sarx egh\u00e9neto\u00bb), al constituir el eph\u00e1pax y el pl\u00e9roma (cf. G\u00e1l 4,4; Heb 1,1-2), da un significado al devenir de la historia y se asienta como \u00faltimo discrimen: lo que ahora importa es el fin de la historia. El \u00abproblema de Lessing\u00bb (\u00ablas verdades hist\u00f3ricas contingentes no pueden ser nunca la prueba de verdades racionales necesarias\u00bb Una r\u00e9plica) encuentra su soluci\u00f3n en la unicidad y en el car\u00e1cter absoluto de Dios en el tiempo, Cristo encamado. A la pregunta: \u00ab\u00bfpuede haber en la historia un punto de partida de una conciencia eterna? \u00bfc\u00f3mo podemos interesarnos por el m\u00e1s all\u00e1 de la historia?, \u00bfse puede construir una bienaventuranza eterna sobre una conciencia hist\u00f3rica?\u00bb S. Kierkegaard responde (Migajas filos\u00f3ficas), enfrent\u00e1ndose con el racionalismo especulativo y con una historia universal impersona1 del esp\u00ed\u00adritu absoluto o de la idea, que hay un Fin de la historia universal, Dios en el tiempo, Jesucristo, que resuelve las apor\u00ed\u00adas que de otra forma ser\u00ed\u00adan insuperables.<\/p>\n<p>Esta referencia es inevitable, aun que se recojan en ella ciertos temas y soluciones \u00abantecedentes\u00bb: el eterno retomo de Schopenhauer (El mundo como voluntad y representaci\u00f3n) y de Nietzsche (As\u00ed\u00ad habl\u00f3 Zaratustra), el milenarismo apocal\u00ed\u00adptico de Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore, el modelo de \u00abhombre iluminado\u00bb presentado por Voltaire (Ensayo sobre las costumbres y el esp\u00ed\u00adritu de las naciones, del 1756, junto con el Discurso sobre la historia universal, de 1781) o por Lessing (Sobre la educaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, de 1770). La tradici\u00f3n \u00abteol\u00f3gica\u00bb agustiniana contin\u00faa con el Discurso sobre la historia universal (1681) de Bossuet; y al Diccionario hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico (1697) de Bayle responde la Teodicea (1710) de Leibniz: la causalidad y el finalismo hist\u00f3rico tienen que ver con una concepci\u00f3n filos\u00f3fica m\u00e1s general. Lo mismo ocurre con los Principios de una ciencia nueva en torno a la naturaleza com\u00fan de las naciones (1725), en los que Vico traza una historia ideal eterna como \u00abteolog\u00ed\u00ada civil razonada de la Providencia\u00bb, y con las Ideas para la filoso historia de la humanidad (1784-1791) se propone discurrir sobre \u00bb una filosof\u00ed\u00ada y una ciencia de lo que nos cerca, a saber, la historia humanidad en su conjunto\u00bb<br \/>\n       Lo mismo que para la \u00abmodernidad\u00bb, tambien para esta Humanitat, la idea cristiana se enfrenta con las ideolog\u00ed\u00adas que presentan una precomprensi\u00f3n de la lectura de la hist\u00f3ria: el materialismo (por ejemplo, el dial\u00e9ctico) y el espiritualismo  y  el intelectualismo y el irracionalismo, el fixismo y el evolucionismo (por ejemplo, de teilhard de Chardin). Y si, en el plano hist\u00f3rico\/pol\u00ed\u00adtico\/hist\u00f3rico\/econ\u00f3mico&#8230; hemos seguimos asistiendo a los cr\u00ed\u00admenes contra la \u00bb Humanidad\u00bb y si en el plano ideol\u00f3gico se ha derrumbado el socialismo real, no menos problem\u00e7atica resulta la reflexi\u00f3n teor\u00e9tica. Pensemos en el historicismo visto por Lowith como el \u00faltimo resultado de la secularizaci\u00f3n (significado y fin de la hist\u00f3ria) o en el positivismo hist\u00f3rico (von Ranke, Mommsen&#8230;), que con los hechos brutos anticip\u00f3 el eslogan periodistico de los \u00abhechos separados de las opiniones\u00bb (mucho m\u00e1s humana resulta la \u00absimpat\u00ed\u00ada te\u00f3rica\u00bb de Marrou y la \u00abEinfuhlung\u00bb de Weber  o en la negativa de Burckhardt preocupado por \u00abel hombre que sufre, lucha y trabaja, tal como es, como ha sido y como ser\u00e1 siempre\u00bb) a revisar no ya el sistema (desde Hegel Croce), sino tambi\u00e9n el Amor que mueve la mano prudente que los conduce. Pensemos finalmente en los resultados parad\u00f3gicos de la posmodernidad (el ocaso de Occidente (1918) de O. Spengler, y Un estudio de (1934-1961), de A. Toynbee, de los cuales no ha quedado m\u00e1s remedio que proclamar el final de la hist\u00f3ria. (Fujima). Pero \u00abstat cmx volvitur orbis! \u00bb<br \/>\nS. Spera<\/p>\n<p>Bibli. Melchiorre, hist\u00f3ria  en DTI, III, 30-48  U. Anacker &#8211; H. M. Baumgartner, en CFC, 11, 264-275; H. 1. Marrou, la historia, Mad\u00f1d 1978; O. Cullman Cristo y el tiempo. Estela, Barce 1967; R. Aron, Dimensiones de la conciencia hist\u00f3rica, Encuentro, Madrid  El misterio de la historia. Sebasti\u00e1n 1963; P. Ricoeur, Hisra y verdad, Encuentro, Madrid 1990.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>La h.u. como unidad efectiva de toda la historia y como posible objeto de conocimiento pas\u00f3 a ser un problema en la concepci\u00f3n hist\u00f3rica de occidente, cuando se dej\u00f3 de creer en la interpretaci\u00f3n metahist\u00f3rica de la &#8211; historia basada en los datos de la -> revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica o cuando la historia universal profana se deslig\u00f3 de su vinculaci\u00f3n a la historia de la -> salvaci\u00f3n, aun sin atentar por ello contra la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>I. La historia del problema<br \/>\nEl proceso comenz\u00f3 con el -> humanismo y se desarroll\u00f3 por etapas. Al emanciparse de la cr\u00f3nica universal b\u00ed\u00adblica, la historiograf\u00ed\u00ada humanista concentr\u00f3 su inter\u00e9s en la historia pol\u00ed\u00adtica y en el detalle regional, de donde result\u00f3 una concepci\u00f3n \u00abmundana\u00bb, pero por de pronto no una h.u. secular, que m\u00e1s bien sigui\u00f3 abierta a la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica. En cambio, la teolog\u00ed\u00ada de la reforma deshizo la identificaci\u00f3n medieval de historia de la salvaci\u00f3n e h.u., al fundar Ph. Melanchton en la distinci\u00f3n de \u00ablos dos reinos\u00bb la distinci\u00f3n entre historia sacra e historia profana. Con ello no se romp\u00ed\u00adan por completo las relaciones entre la historia profana y la historia de la salvaci\u00f3n; antes bien, en el siglo xvii, la teolog\u00ed\u00ada se esforz\u00f3, se\u00f1aladamente por un inter\u00e9s misionero, en armonizar la cronolog\u00ed\u00ada china con la b\u00ed\u00adblica, o el descubrimiento de nuevos pueblos con el tronco com\u00fan de Ad\u00e1n y Eva. Se abri\u00f3 una nueva situaci\u00f3n cuando la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica incluy\u00f3 tambi\u00e9n la \u00abhistoria divina\u00bb, marginada ya en el Methodus&#8230; (1566) de J. Bodin y mucho despu\u00e9s con un radicalismo extremo por Voltaire, que en su Essai sur les moeurs et l&#8217;esprit des nations (1756) contrast\u00f3 la tesis de la peculiar posici\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de Israel con las relaciones hist\u00f3ricas entre el min\u00fasculo pueblo jud\u00ed\u00ado y los grandes imperios del antiguo oriente, y habl\u00f3 de la providencia divina que se extiende por igual a todos los pueblos de la tierra; era un ataque al Discours sur l&#8217;Histoire universelle (1681) de J: B. Bossuet, que hab\u00ed\u00ada expuesto una vez m\u00e1s la h.u. como historia sagrada en sentido agustiniano. Entonces comenz\u00f3 el intento, que no ha cejado hasta hoy, de descubrir la historia universalis en el plano del mismo curso hist\u00f3rico universal, marcado hasta entonces por las irrupciones hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficas llegadas de lo alto. Una teor\u00ed\u00ada de esta experiencia de la historia la desarroll\u00f3 G. Vico en su Scienza Nuova (1744), que funda la cognoscibilidad de la historia en el hecho de que \u00e9sta, a diferencia de la naturaleza, es producida por el hombre mismo, si bien dentro de los \u00f3rdenes eternos de la providencia divina; descubrir la acci\u00f3n de estos \u00f3rdenes como \u00abhecho hist\u00f3rico\u00bb es el tema de una teolog\u00ed\u00ada \u00abfundada en la raz\u00f3n\u00bb. La concepci\u00f3n de la h.u. como una teodicea nos sale tambi\u00e9n al paso en G.W. Leibniz (1646-1716), quien, en contraste con la teor\u00ed\u00ada c\u00ed\u00adclica de Vico, ve moverse a las m\u00f3nadas individuales de la cultura y de los pueblos hacia la consumaci\u00f3n del universo. La idea de una evoluci\u00f3n general de la humanidad como ascensi\u00f3n de \u00e9sta hacia s\u00ed\u00ad misma fue en el siglo xviii la imagen con que la historia hall\u00f3 su sentido unitario. En la Erziehung des Menschengeschlechtes (1780) de G.E. Lessing, la progresiva \u00abtransformaci\u00f3n de las verdades reveladas en verdades de raz\u00f3n\u00bb aparece como un plan divino de educaci\u00f3n de la h.u.; Condorcet ve el objetivo de la h.u. en el Progr\u00e9s de l&#8217;esprit humain (1794). Aunque J.G. Herder, con su b\u00fasqueda del \u00abesp\u00ed\u00adritu gen\u00e9tico\u00bb de cada pueblo, fund\u00f3 la historiograf\u00ed\u00ada nacional, que prescinde del horizonte de la h.u., sin embargo, en sus Ideen zur Philosophie der Geschichte der Menschheit (1785-92) todos los pueblos \u00abparticipan de la misma alma del mundo\u00bb, en camino hacia una inmanente meta \u00faltima; aqu\u00ed\u00ad el hombre, como miembro supremo de la creaci\u00f3n terrena se concibe al mismo tiempo como \u00abanillo intermedio de dos sistemas de la creaci\u00f3n que se compenetran\u00bb. Este homog\u00e9neo y a la vez diferenciado intento de la ilustraci\u00f3n qued\u00f3 concluido y superado enla Philosophie der Weltgeschichte (1822-23) de G.W.F. Hegel, donde la h.u., cuya \u00abclave\u00bb tienen los cristianos por su fe universal en la providencia divina, es concebida como una \u00abmarcha gradual\u00bb, la cual toma forma en los pueblos de la historia del mundo, que a su vez son \u00abs\u00f3lo momentos\u00bb del proceso hist\u00f3rico en que el \u00fanico esp\u00ed\u00adritu universal \u00abse levanta a su totalidad que se comprende a s\u00ed\u00ad misma\u00bb. Si L. Ranke, aunque sustituyendo los meros \u00abmomentos\u00bb por la individualidad hist\u00f3rica, todav\u00ed\u00ada vio el \u00abcontexto de la gran historia\u00bb en la concreta tradici\u00f3n cristiana de occidente, a finales del siglo xix se abandon\u00f3 el horizonte de la h.u. para centrarse en el Estado nacional y en el positivismo hist\u00f3rico, que rechaz\u00f3 como especulaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica o teol\u00f3gica la cuesti\u00f3n de la unidad y del sentido de la historia. E indudablemente, al mismo tiempo se ampliaron hasta el infinito los conocimientos del mundo hist\u00f3rico por obra de la prehistoria, la etnolog\u00ed\u00ada, la oriental\u00ed\u00adstica y las secciones hist\u00f3ricas de las ciencias sistem\u00e1ticas (historia comparada de las religiones, historia social, del derecho, de la econom\u00ed\u00ada, etc.).<\/p>\n<p>La ciencia hist\u00f3rica tradicional que se limitaba a Europa, y aqu\u00ed\u00ad principalmente a la pol\u00ed\u00adtica, s\u00f3lo vio en esta inmensidad una justificaci\u00f3n de su propia limitaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. S\u00f3lo intrusos o cultivadores de otras disciplinas trataron de albergar en esquemas de h.u. estos dilatados conocimientos cronol\u00f3gicos y geogr\u00e1ficos: a) en parte prolongando la filosof\u00ed\u00ada del siglo xviii (P.E. v. Lasaulx, K. Jaspers); b) en parte con una tipolog\u00ed\u00ada socio-cultural (K. Lamprecht sobre el modelo de la historia alemana, Alfred y Max Weber), en la que influy\u00f3 la ley de A. Comte (t 1857), entrevista ya por Vico, de los tres estadios (teol\u00f3gico, metaf\u00ed\u00adsico, cient\u00ed\u00adfico-positivista); c) en parte con una morfolog\u00ed\u00ada de la cultura, orientada a los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos, que, de un lado, recogi\u00f3 la teor\u00ed\u00ada de J.G. Herder sobre la espec\u00ed\u00adfica evoluci\u00f3n humana (K. Breys\u00ed\u00adg); aunque, de otro, llamara al \u00abmundo como historia\u00bb una \u00abcausalidad\u00bb de seis mil a\u00f1os del \u00abazar hombre\u00bb dentro del \u00abazar vida\u00bb (O. Spengler). La concepci\u00f3n de la h.u. que pon\u00ed\u00ada a Europa como centro, criticada ya por la ilustraci\u00f3n, pero mantenida en la exposici\u00f3n de la historia como progreso hacia la propia actualidad, se hizo problem\u00e1tica en la cr\u00ed\u00adtica europea de la cultura a comienzos del siglo xx y O. Spengler la neg\u00f3 del modo m\u00e1s radical en La decadencia de occidente. En la cr\u00ed\u00adtica, que se agudiz\u00f3 en el curso del. siglo xx, contra la pretensi\u00f3n de Europa de ser la meta de la h.u., surgi\u00f3 un mundo hist\u00f3rico polic\u00e9ntrico (as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n en A. Toynbee), pero no una concepci\u00f3n de la h.u. como historia de la humanidad. Una concepci\u00f3n as\u00ed\u00ad se dio en la edad media bajo la perspectiva de la historia de la salvaci\u00f3n, en la ilustraci\u00f3n como idea unitaria de una humanidad progresiva y, por \u00faltimo, como universal predominio f\u00e1ctico de Europa, en cuyo imperialismo y colonialismo desembocaba la historia de todas las culturas. Ninguna de estas tres perspectivas de la h.u. sigue a\u00fan abierta en la situaci\u00f3n de nuestra \u00e9poca, en que, gracias a la interdependencia econ\u00f3mica, social, pol\u00ed\u00adtica y cultural de todos los estados y pueblos se produce verdaderamente h.u. Aparte de algunos esquemas \u00abidealistas\u00bb, la idea ilustrada de la unidad y teleolog\u00ed\u00ada de la h.u. s\u00f3lo pervive en el -> materialismo hist\u00f3rico, aunque reducida desde luego, a una ideolog\u00ed\u00ada social.<\/p>\n<p>II. Cuestiones fundamentales<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, pues, la marcha de la historia misma hacia la interdependencia de todas las culturas y dimensiones de la vida en el siglo xx, obliga a replantear la cuesti\u00f3n de la h.u. De ah\u00ed\u00ad las exposiciones de la h.u. en forma de colecciones (cf. bibl.), en las que, sin embargo, la cuesti\u00f3n de la h.u. se soslaya las m\u00e1s de las veces en la disposici\u00f3n literaria, o se sacrifica al tradicional centralismo europeo, y s\u00f3lo raras veces se intenta introducir en el conjunto meramente aditivo el problema del \u00abmundo uno\u00bb y de la humanidad. El problema de la h.u. sigue siendo el viejo problema, y radica en la cuesti\u00f3n sobre la unidad de la historia (1), sobre el movimiento en esta unidad (2), y sobre la apertura de la historia (3) concebida como unidad en movimiento. Pero el viejo problema de la h.u. se agudiza a\u00fan m\u00e1s; de una parte, su problem\u00e1tica parece diluirse en la simple facticidad del acontecer global; de otra, esta facticidad no s\u00f3lo no da sentido inmediato a la historia como historia del \u00abmundo\u00bb, sino que, en su car\u00e1cter impenetrable, se opone a cualquier \u00abexplicaci\u00f3n\u00bb puramente especulativa. Sin embargo, la cuesti\u00f3n de la h.u., llevada hasta el fin en el planteamiento del problema ha conseguido precisamente as\u00ed\u00ad una actualidad sin precedentes, pues ahora el destino de todos los Estados y pueblos est\u00e1 implicado de un modo concreto en el destino de la humanidad entera.<\/p>\n<p>1. La unidad de la historia como historia universal<br \/>\nLa mirada hist\u00f3rica se dirigi\u00f3 por vez primera a la unidad concreta de la humanidad, cuando los datos de la historia cristiana de la salvaci\u00f3n se relativizaron dentro de la historia profana; pues la historia de la salvaci\u00f3n, de suyo universal, hab\u00ed\u00ada ocultado en su concepci\u00f3n hist\u00f3rica limitada la unidad de la humanidad, ya que los cristianos hab\u00ed\u00adan roto la primitiva totalidad cristiana de \u00abjud\u00ed\u00ados y gentiles\u00bb al establecer la distinci\u00f3n de los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb, a los que hab\u00ed\u00ada que evangelizar en forma de dominio. Contra la discriminaci\u00f3n ilustrada hay que decir que la relativizaci\u00f3n profana de la historia cristiana de la salvaci\u00f3n se emprendi\u00f3 por raz\u00f3n de la universalidad de la h.u., que pod\u00ed\u00ada seguir concibi\u00e9ndose de un modo m\u00e1s o menos de\u00ed\u00adstico como gesta Dei; s\u00f3lo que ahora tales gesta ya no se consideraban exclusivamente como gesta per Francos, sino como gesta per omnes populos, cristianos y gentiles \u00abb\u00e1rbaros\u00bb. No obstante toda la historia del problema muestra que la idea de la unidad de la h.u. se dio previamente en la concepci\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica de -> occidente, y s\u00f3lo mientras persisti\u00f3 en la historia profana la universalidad de la historia sagrada con su sentido inequ\u00ed\u00advoco. Cuando luego, en los siglos xviii-xx, la historia se convirti\u00f3 en relato profano de simples \u00abhechos hist\u00f3ricos\u00bb, pese al descubrimiento de la multiplicaci\u00f3n de fen\u00f3menos hist\u00f3ricos en la historia del mundo, se perdi\u00f3 tambi\u00e9n el horizonte de la h.u. Cierto que este horizonte no puede recuperarse por una reprise de la ingenua identificaci\u00f3n entre historia sagrada e h.u. o de su posterior reinterpretaci\u00f3n reflexiva; pero, hoy como anta\u00f1o, la cuesti\u00f3n sobre la unidad de la h.u. s\u00f3lo se plantea desde Europa o con esp\u00ed\u00adritu europeo; y as\u00ed\u00ad sigue mostr\u00e1ndose su origen occidental. Pero el que ahora la pregunta se confronte con el inmenso conocimiento del mundo hist\u00f3rico, acumulado desde el siglo xix, no significa s\u00f3lo una variaci\u00f3n cuantitativa del estado del problema. Mas como, despu\u00e9s del historicismo, los acontecimientos y formas hist\u00f3ricas ya no pueden aducirse como meros ejemplos de una teor\u00ed\u00ada, el salto dado por la fe o la especulaci\u00f3n hacia la unidad de la historia como h.u. ha de acreditarse y regirse por el material positivo. La cuesti\u00f3n sobre la unidad de la h.u. debe plantearse ahora m\u00e1s que nunca en la b\u00fasqueda de los factores de la unidad humana inmanentes a la historia.<\/p>\n<p>A la verdad que si estos factores s\u00f3lo se vieran all\u00ed\u00ad donde se presentan en un contexto global, habr\u00ed\u00ada que poner el comienzo de la h.u. en la \u00e9poca del descubrimiento europeo del mundo, y todos los milenios anteriores ser\u00ed\u00adan respecto de la h.u. mera \u00abprehistoria\u00bb; pero en tal interpretaci\u00f3n las realizaciones hist\u00f3ricas de esas milenios habr\u00ed\u00adan perdido su sentido. Ahora bien, si tuvieran su sentido propio solamente en su propia inmediatez y no en una relaci\u00f3n con la historia total (o, seg\u00fan Ranke, en la \u00abinmediatez respecto de Dios\u00bb y, por ende, en la relaci\u00f3n a la superhistoricidad absoluta), la h.u. ser\u00ed\u00ada precisamente s\u00f3lo aquel per\u00ed\u00adodo en el curso total de la historia que se inicia en el siglo xv a.C. y constituye la expansi\u00f3n mundial de Europa; pero no ser\u00ed\u00ada la historia de la humanidad, que en tal caso se presentar\u00ed\u00ada m\u00e1s bien como un mundo hist\u00f3rico polic\u00e9ntrico antes de ese per\u00ed\u00adodo, \u00fanico que se designar\u00ed\u00ada como h.u. Esta dificultad no puede eludirse mediante unas tablas sincr\u00f3nicas, que s\u00f3lo dar\u00ed\u00adan una ilusi\u00f3n de unidad, al presentar la simultaneidad externa como simultaneidad hist\u00f3rica. De hecho s\u00f3lo existe un hilo conductor cronol\u00f3gico de la h.u. a partir del siglo xv. Cabe desde luego remitirse a la extensi\u00f3n universal de ciertas conexiones en la prehistoria e historia primitiva, que deben admitirse aun cuando no se conceda validez absoluta a la teor\u00ed\u00ada de la difusi\u00f3n. Hay tambi\u00e9n una multitud de contactos a gran distancia en el espacio entre las culturas superiores, que, como construcciones altamente organizadas, se hab\u00ed\u00adan aislado de la trama de dichas conexiones durante largos per\u00ed\u00adodos. Pero tales nexos de influencia s\u00f3lo fueron conocidos en sus zonas perif\u00e9ricas (aun cuando tambi\u00e9n en las leyendas se decant\u00f3 un oscuro conocimiento de acciones lejanas y \u00fanicamente la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica descubri\u00f3 en ellas un valor que sobrepasa el policentrismo de las culturas. Esos nexos de influencia muestran ciertamente que la tierra entera es el campo de una historia m\u00e1s o menos complicada, pero por s\u00ed\u00ad solos no constituyen el documento de la unidad de la historia como historia universal.<\/p>\n<p>Esta unidad surge m\u00e1s bien del hecho de que el hombre entiende siempre su mundo eventual como el \u00ab\u00fanico mundo\u00bb. Desde el comienzo la historia aparece siempre como h.u. a trav\u00e9s de todo el regionalismo de los fen\u00f3menos; as\u00ed\u00ad cuando una pareja m\u00ed\u00adtica fundadora de una estirpe se interpreta simplemente como la primera pareja humana, o cuando los grandes imperios de cultura superior se entienden a s\u00ed\u00ad mismos como un \u00abimperio universal\u00bb. Todo simbolismo cultural en su individualidad hist\u00f3rica es siempre y simult\u00e1neamente un s\u00ed\u00admbolo del mundo y de la humanidad. Hasta la uniformidad de las innovaciones que surgen dentro de las culturas particulares con independencia mutua, tiene por base una estructura unitaria de la h.u., mucho antes de que \u00e9sta pueda ser experimentada en una unidad conjunta de los sucesos y por mucho que la difusi\u00f3n de las instituciones en la historia primitiva y antigua a trav\u00e9s de amplios espacios se asemeje a un proceso natural, tal difusi\u00f3n se realiza sin embargo en un proceso hist\u00f3rico de transmisiones y recepciones, que evidencia unas formas elementales de h.u. La unidad de la historia como h.u. se refleja en cada interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica, que siempre se interesa por la historia en general y no sabe de una pluralidad de \u00abhistorias\u00bb; e igualmente el -> mito, que no es ahist\u00f3rico sino m\u00e1s bien una manera peculiar de experiencia hist\u00f3rica, es siempre un mito \u00fanico y universal.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, hay que examinar el car\u00e1cter universal y humano en los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos particulares de todas las culturas, que con esa relaci\u00f3n universal no quedan reducidas a mera \u00abprehistoria\u00bb de la h.u. que acontece concretamente desde el siglo xv; ni se las despoja de su peculiaridad, antes bien, s\u00f3lo as\u00ed\u00ad se las entiende en su esencial individualidad y universalidad. Sin embargo, el comienzo de la h.u. que de hecho acontece en Europa desde el siglo xv sigue siendo una \u00e9poca de la h.u., \u00e9poca que es comprendida en la ilustraci\u00f3n. Y aunque ah\u00ed\u00ad se ve que el eurocentrismo de la h.u. no es s\u00f3lo de perspectiva sino tambi\u00e9n de hecho, es preciso preguntar por la historicidad universal de los fen\u00f3menos en todos los tiempos, si se quiere comprender la h.u. en su unidad como historia de la humanidad. Es, el problema que se plantea el hombre sobre su universalidad hist\u00f3rica y que \u00e9l necesita entender para entenderse a s\u00ed\u00ad mismo en la crisis en que lo ha metido la marcha de la historia mediado el siglo xx. De ah\u00ed\u00ad puede surgir, pese a todas las diferenciaciones que deben mantenerse, una nueva correspondencia entre la universalidad de la historia sagrada y la universalidad de la historia profana perceptible en la misma historia universal.<\/p>\n<p>2. La unidad de la historia universal como movimiento hist\u00f3rico<br \/>\nLo dicho de la revelaci\u00f3n entre la unidad esencial del hombre y su historicidad, vale tambi\u00e9n de la unidad de la h.u., la cual radica tanto en la primigenia referencia esencial de toda historia particular a la h.u. como en el movimiento hist\u00f3rico, en que se realiza esta unidad, superando el \u00abmundo\u00bb anticipado en las varias culturas para llegar al \u00abmundo \u00fanico\u00bb. La unidad de la h.u. como movimiento hist\u00f3rico no es s\u00f3lo un proceso cuantitativo de mera expansi\u00f3n; es tambi\u00e9n un proceso cualitativo en que se despliega la humanidad con una acumulaci\u00f3n progresiva de sus posibilidades esenciales.<\/p>\n<p>En la h.u. identificada con la historia cristiana de la salvaci\u00f3n este movimiento empez\u00f3 por ser simplemente la prolongaci\u00f3n por un \u00abbreve tiempo\u00bb, que se llena con la predicaci\u00f3n de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos, los cuales en s\u00ed\u00ad mismos han llegado ya a su consumaci\u00f3n. Ah\u00ed\u00ad lo verdadero era la \u00abverdad antigua\u00bb, \u00fanico patr\u00f3n con que pod\u00ed\u00ada legitimarse lo nuevo en su perenne acontecer. En la concepci\u00f3n, nacida en la \u00e9poca de Augusto e interpretada dentro de la historia de la salvaci\u00f3n por su referencia a la profec\u00ed\u00ada de Daniel, seg\u00fan lo cual el imperio romano era el \u00faltimo de los imperios universales, a la idea de que la historia de la salvaci\u00f3n estaba terminada se la a\u00f1adi\u00f3 un contrapunto universal. En la teolog\u00ed\u00ada de la historia durante los siglos xii y xiii, con su especulaci\u00f3n trinitaria, se vio por vez primera la posibilidad de un novum, la posibilidad de un acrecimiento de la historia de la salvaci\u00f3n y la expectaci\u00f3n de ese acrecimiento para este tiempo del mundo hizo aparecer el imperio de la paz y del amor como un objetivo de la h.u. Con ello la unidad de la h.u. ya no fue entendida solamente como una unidad de origen y del presente, que a\u00fan deb\u00ed\u00ada llenarse con la predicaci\u00f3n de la promesa cumplida, sino tambi\u00e9n como una unidad orientada a un futuro hist\u00f3rico y, por tanto, en movimiento. Por muy aisladas que fueran estas especulaciones de teolog\u00ed\u00ada de la historia, lo cierto es que aparecieron cuando la misma historia occidental se hab\u00ed\u00ada puesto en movimiento, y en el nacimiento de Europa con su din\u00e1mica universalista se transform\u00f3 el tipo arcaico de cultura al que pertenece la incipiente edad media.<\/p>\n<p>No es pura casualidad hist\u00f3rico-literaria el que estas especulaciones de teolog\u00ed\u00ada de la historia fueran recogidas en el siglo xviii viniendo as\u00ed\u00ad a ser la introducci\u00f3n teol\u00f3gica de la idea filos\u00f3fica de -> progreso. Sin la idea del progreso no cabe imaginar ni la marcha concreta de la historia en su conjunto impulsada por Europa, ni la concepci\u00f3n secular de la historia como unidad un\u00c2\u00a1versal. Esta idea, que nunca fue defendida sin esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico por sus representantes m\u00e1s destacados, en su exposici\u00f3n sumaria estuvo ciertamente sometida a cr\u00ed\u00adtica por parte de las ciencias particulares y de la filosof\u00ed\u00ada; pero su posici\u00f3n en la historiograf\u00ed\u00ada universal queda Jara a la vista de las consecuencias que se sacaron desde que, al comienzo de la edad moderna, se recogi\u00f3 de nuevo la concepci\u00f3n antigua sobre el curso c\u00ed\u00adclico de la historia en las distintas culturas, entrando en concurrencia con la idea de una historia progresiva de la humanidad. As\u00ed\u00ad se lleg\u00f3 a las teor\u00ed\u00adas sobre leyes hist\u00f3ricas universales, determinantes de los procesos culturales, con lo que no s\u00f3lo acab\u00f3 por abandonarse la diferencia espec\u00ed\u00adfica entre naturaleza e historia de un modo mucho m\u00e1s radical que con la intrusi\u00f3n del evolucionismo naturalista en la idea universal del progreso, sino que junto con el sentido de la pregunta por un movimiento de la h.u. que envuelve todas las culturas, acab\u00f3 perdi\u00e9ndose tambi\u00e9n la unidad del hombre y de la humanidad. Con la disoluci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la idea de un progreso inmanente a la h.u., que hab\u00ed\u00ada ocupado el lugar de la categor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de la promesa, no qued\u00f3 m\u00e1s que el mont\u00f3n de escombros de unos hechos aislados en su interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La idea del progreso de la humanidad hacia s\u00ed\u00ad misma parece haber sido llevada ad absurdum con las cat\u00e1strofes del siglo xx. Mas el car\u00e1cter universal de estas cat\u00e1strofes y el hecho de que el progreso t\u00e9cnico sobreviva a ellas, aunque siempre con la amenaza de una nueva cat\u00e1strofe tal vez definitiva, incitan precisamente a dominar ese movimiento de la h.u., que se da por encima del hombre, mediante la inteligencia y la consiguiente decisi\u00f3n libre. Nos vemos ante la alternativa, o de una hecatombe, o de un esfuerzo intelectual y moral por el que la humanidad resista a la fatalidad progresiva con un progresivo movimiento hacia s\u00ed\u00ad misma. Pero, \u00bfc\u00f3mo puede recuperarse la idea de progreso, cuando \u00e9sta se refuta con su propia historia, y no s\u00f3lo no cumple su promesa de perfeccionar a la humanidad, sino que ha destruido la tradici\u00f3n protectora del viejo orden del mundo, tanto en su cultura de origen como en el mundo entero? La necesidad de recuperar la p\u00e9rdida de la historia anterior en un movimiento progresivo, caracteriza s\u00f3lo una situaci\u00f3n de la h.u., pero no implica la posibilidad de corresponder a ella. La tentativa de fundar la idea del progreso con la inserci\u00f3n macrosc\u00f3pica de la historia humana en un proceso c\u00f3smico, unilineal y cualitativamente ascendente, tiene su problem\u00e1tica, de una parte, en la verificabilidad de tal proceso y, de otra, en el allanamiento de la diferencia espec\u00ed\u00adfica del hombre y su historia. Esta problem\u00e1tica se agudiza a\u00fan m\u00e1s si se mezclan las categor\u00ed\u00adas \u00abpromesa\u00bb y \u00abprogreso\u00bb, y vuelve a perderse el logro de la moderna historia del esp\u00ed\u00adritu, a saber, la diversidad categorial de historia de salvaci\u00f3n e h.u. en favor de una pseudouniversalidad.<\/p>\n<p>Una revisi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la idea del progreso -aun manteniendo estrictamente la distinci\u00f3n categorial entre naturaleza e historia y entre h.u. e historia sagrada- tiene que preguntar hasta qu\u00e9 punto la historia como h.u., tanto en su curso como en la reflexi\u00f3n de la conciencia hist\u00f3rica, puede llamarse una unidad en progresivo movimiento de la humanidad hacia s\u00ed\u00ad misma. Lo que ha fracasado como una idea del siglo xviii, que la refiri\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo, tiene que acreditarse como un factor universal de la historia, si, tras la p\u00e9rdida de la tradici\u00f3n cultural particular, ha de descubrirse una tradici\u00f3n a escala humana, partiendo de la cual pueda recuperarse gradualmente el fracasado progreso. Hay que averiguar si una teor\u00ed\u00ada de la cultura, que con el movimiento interno abarca tambi\u00e9n los encuentros de las culturas que no s\u00f3lo compara morfol\u00f3gicamente las culturas, sino que trata de valorarlas seg\u00fan la medida de su \u00abuniversalidad\u00bb (y no s\u00f3lo seg\u00fan su difusi\u00f3n mundial), puede mostrar la idea del progreso en su contenido hist\u00f3rico. \u00bfSurge de todos los movimientos circulares un movimiento de la h. u. como progreso desde el \u00abmundo\u00bb s\u00f3lo anticipado hacia la h.u. que acontece de modo concreto y se comprende en su unidad; un movimiento en que el hombre, superando toda historizaci\u00f3n parcial y circular de su existencia, experimenta intercultural y comunicativamente la medida entera de su ser, de modo que en esta experiencia universal, recordada cada vez m\u00e1s profundamente, brota la conciencia de una humanidad que ya no es meramente nominal, sino que se hace sujeto de la historia? De responder afirmativamente a esta pregunta, la unidad de la h.u. ser\u00ed\u00ada el camino de la humanidad hacia s\u00ed\u00ad misma y hacia la conciencia de su unidad; camino que, desde luego, se alarga con el vaiv\u00e9n de los tiempos, pero que a ritmo de di\u00e1stole y s\u00ed\u00adstole corre en movimiento progresivo. Por m\u00e1s que la historia sea siempre repetici\u00f3n de lo mismo (del mismo bien y del mismo mal, de la misma inteligencia y de la misma aberraci\u00f3n), no se agota en tal repetici\u00f3n, sino que m\u00e1s bien congrega la humanidad y el humanismo, de momento, indudablemente, en un aumento de poder, mas tambi\u00e9n en un acrecentamiento de los \u00abrecursos\u00bb humanos. Los acontecimientos del siglo xx son una culminaci\u00f3n de este movimiento. Como simple extensi\u00f3n a escala mundial, este proceso aparece como una realidad meramente cuantitativa; pero, al suprimirse las antiguas fronteras entre \u00abgriegos\u00bb y \u00abb\u00e1rbaros\u00bb y venir a dar el hombre con las fronteras de la humanidad, el movimiento de la h.u. llega a una etapa cuyo car\u00e1cter cualitativo se muestra en que son posibles falsas decisiones que no pueden \u00abrevocarse\u00bb dentro de la h.u. con el paso de una cultura a otra, sino que son definitivas.<\/p>\n<p>\u00abNietzsche es el primer pensador que, ante la primera aparici\u00f3n de la historia universal, se plantea la pregunta decisiva y la examina en todo su alcance metaf\u00ed\u00adsico. La pregunta es \u00e9sta: \u00bfEsta preparado el hombre como hombre en su estado actual para hacerse cargo del se\u00f1or\u00ed\u00ado de la tierra? Si no lo est\u00e1 \u00bfqu\u00e9 debe hacerse con el hombre actual para que pueda someterse la tierra y cumplir as\u00ed\u00ad la palabra del Antiguo Testamento? \u00bfNo hay que levantar al hombre actual por encima de s\u00ed\u00ad mismo, para que pueda responder a ese mandato?\u00bb (M. Heidegger). En esta pregunta aparecen dos cosas: la situaci\u00f3n concreta de una \u00e9poca nueva en la h.u., que surge por una determinada interrelaci\u00f3n de los acontecimientos, invitando al \u00abprogreso\u00bb de la humanidad; y al mismo tiempo la necesidad de comprender esta situaci\u00f3n como una etapa dentro de un movimiento universal de la humanidad hacia su unidad, si no se quiere abandonar la originaria unidad humana en el momento precisamente en que esta unidad viene exigida de un modo efectivo. Ese movimiento progresivo de la h.u. puede entenderse en correspondencia con la \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb de los pueblos, de que habla la historia de la salvaci\u00f3n; correspondencia, en que al mismo tiempo debe mantenerse la diversidad, pues es evidente que el movimiento de la historia de la salvaci\u00f3n y el de la h.u. no transcurren de manera homog\u00e9nea.<\/p>\n<p>3. La apertura de la historia como historia universal<br \/>\nEn la concepci\u00f3n de la h.u. como historia de la salvaci\u00f3n la finalidad y la apertura de la historia iban unidas en la categor\u00ed\u00ada de la promesa: la certidumbre de la aparici\u00f3n del Hijo del hombre para el juicio, y la incertidumbre de la \u00abhora\u00bb. Cuando en lugar de la promesa se introdujo un proceso inmanente en la h.u., surgi\u00f3 el dilema entre un sentido determinado de esa historia entendida como unidad teleol\u00f3gica, de una parte, y la individualidad hist\u00f3rica de las culturas y edades, de otra parte, que s\u00f3lo puede tener su \u00absentido\u00bb soberano como fen\u00f3meno en una historia abierta, pero no referida a un sentido mediatizante de la h.u. El dilema volvi\u00f3 a plantearse una y otra vez en la ilustraci\u00f3n y el -> historicismo, y en la encrucijada de los siglos xix y xx pareci\u00f3 resolverse a favor de una absoluta individualidad hist\u00f3rica, despu\u00e9s de ser rechazado como principio heterog\u00e9neo el factor unitario de la \u00abinmediatez\u00bb respecto de Dios propugnado por Ranke. El car\u00e1cter absoluto de la individualidad hist\u00f3rica, que s\u00f3lo en s\u00ed\u00ad misma tiene su sentido, se logr\u00f3 a costa de una falta de sentido en la ilimitadamente abierta historia total. De momento s\u00f3lo el -> materialismo hist\u00f3rico sostuvo la posibilidad de una consumaci\u00f3n de la historia. Pero esa posible consumaci\u00f3n de la historia aparece tambi\u00e9n abiertamente en las ideolog\u00ed\u00adas One World del siglo xx como conditio sine qua non de la existencia humana, pues el hombre, ante las posibilidades que \u00e9l aprehende, s\u00f3lo es capaz de vivir en una \u00abhistoria\u00bb consumable y como tal dominable, sin que pueda conformarse con la mera \u00abapertura\u00bb de la historia (hablar del \u00abfin de la historia\u00bb es s\u00f3lo una variante pesimista de este diagn\u00f3stico). En la perspectiva del \u00abmundo uno\u00bb esa consumaci\u00f3n se presenta como meta a lograr mediante los esfuerzos del hombre y su t\u00e9cnica. Lo que en la fe ilustrada del progreso, en la cual, a pesar de su inmanencia, segu\u00ed\u00ada contando un factor metahist\u00f3rico, era a\u00fan perfectibilidad para el futuro y, por ende, expectaci\u00f3n hist\u00f3rica, se ha tornado perfectibilidad ahist\u00f3rica, en la que no hay que esperar, pues se trata tan s\u00f3lo de ejecutar un plan ya concluido.<\/p>\n<p>Si la historia tiene su unidad como h.u. (1), si esta unidad se concibe como un movimiento progresivo (2), y si este movimiento ha producido sin duda el \u00abmundo uno\u00bb, \u00bfno ha llegado de hecho la historia como h.u. a su t\u00e9rmino, si no concluso hoy d\u00ed\u00ada (en la \u00abcoexistencia\u00bb transitoria), s\u00ed\u00ad por lo menos concluible ma\u00f1ana? \u00bfHacia d\u00f3nde, pues, hay que \u00abseguir\u00bb? Esta pregunta se la hace el materialismo hist\u00f3rico, respondiendo con la tesis de la persistencia del proceso dial\u00e9ctico en la sociedad comunista final, proceso que no necesitar\u00e1 ya de su motor hist\u00f3rico-universal, el cual es el antagonismo social. En el mundo occidental (caso de que los pesimistas no tengan raz\u00f3n) se teme esta persistencia como \u00ababurrimiento\u00bb, y las respuestas var\u00ed\u00adan desde la \u00abconfiguraci\u00f3n del tiempo libre\u00bb hasta la esperanza en la plena libertad para la humanidad, facilitada por la liberaci\u00f3n del hambre, de la guerra y de todas las miserias semejantes, que quedar\u00e1n desterradas por la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00ed\u00adtica de la sociedad mundial. La utop\u00ed\u00ada parece haberse hecho imposible, porque el factor metahist\u00f3rico, la imposibilidad de la utop\u00ed\u00ada, aparentemente se ha hecho posible, con variaciones en el \u00abmundo occidental\u00bb, lo mismo que en la doctrina del materialismo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Hay una interpretaci\u00f3n de esta situaci\u00f3n partiendo de la historia sagrada, que la caracteriza como el tiempo de pax et securitas en el imperio del anticristo. Mas una exposici\u00f3n de la teor\u00ed\u00ada de la historia, que mantiene la diferencia categorial entre h.u. e historia de la salvaci\u00f3n, ha demostrado por el contrario que todos los pron\u00f3sticos optimistas y pesimistas del futuro del \u00abmundo uno\u00bb se han hecho partiendo de las experiencias del curso anterior de la h.u., y que no mantienen la cesura hist\u00f3rico-universal del presente; una cesura que en todo caso es comparable con el paso de la vida de colectores y cazadores a la vida sedentaria de la civilizaci\u00f3n agr\u00ed\u00adcola y de las culturas superiores. Tan inimaginable como era para el cazador primitivo el imperio romano, lo es ahora \u00ablo que seguir\u00e1\u00bb, una vez que la historia como h.u. parece haber llegado a su meta. Aun cuando -y \u00e9sta es una de las m\u00e1s importantes novedades del presente- el curso de la pasada h.u. puede contemplarse ahora mejor que nunca desde su \u00abfin\u00bb, de suerte que es posible una definici\u00f3n aproximada del presente en su significaci\u00f3n categorial respecto de la h.u., sin embargo el futuro inmediato contin\u00faa abierto con su bien y con su mal. Se puede reconocer, ciertamente, la unidad de la h.u. como avance de la humanidad hacia su unidad consciente; pero qu\u00e9 acontecer\u00e1 en el futuro con esa unidad, si se desarrollar\u00e1 con modalidades diferentes o perecer\u00e1 y ser\u00e1 otra vez olvidada en una cat\u00e1strofe, si esclarecer\u00e1 la imagen del hombre o la destruir\u00e1 nivel\u00e1ndola, es tan dif\u00ed\u00adcil de saber como los comienzos mismos de la h.u., que s\u00f3lo conocemos fragmentariamente. Sin embargo, esta apertura de la historia en general no excluye que en la unificaci\u00f3n se reconozca un sentido de la h.u., aunque s\u00f3lo sea en forma provisoria; pero de tal modo que prescindiendo del sentido que el fin d\u00e9 a lo transitorio, esto no quede disuelto en virtud de la meta \u00faltima. Si lo transitorio es un correr hacia la promesa de la historia salv\u00ed\u00adfica, constituye un misterio que depende de la libertad de dicha historia y de la libertad humana.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: TRABAJOS RECIENTES: H. Berr, La Synthese en histoire (1911, P 21953); tdem, L&#8217;histoire traditionnelle et la synth\u00e9se historique (1921, P 21935); Histoire du monde, ed. E. Cavaignac (P 1922 ss); The Cambridge Ancient History, 12 vols. (C 1923-39); The Cambridge Medieval History, 8 vols. (C 1911-36); The New Cambridge Modern History, 13 vols. (C 1957 ss); Peuples et Civilisations. Histoire g\u00e9n\u00e9rale, ed. L. Halphen-Ph. Sagnac, 20 vols. (1926 ss, P 51948 ss); A. J. Toynbee, A Study of History, 10 vols. (Lo 1934-54), tr. cast.: Estudio de la historia 11 vols. (Emec\u00e9 B Aires); Historia Mundi, Handbuch der Weltgeschichte en 10 vols. bajo la dir. de F. Valtavec (Berna &#8211; Mn 195261); A. Randa, Handbuch der Weltgeschichte, 4 vols. (Olten &#8211; Fr 1954, 31962); K. Breysig, Die Geschichte der Menschheit, 5 vols. (B 1955); Th. Urban, Herders Kleine Weltgeschichte (Fr 1957; Propyl\u00e4enWeltgeschichte. Eine Universalgeschichte, bajo la dir. de G. Mann y otros, 12 vols. (B &#8211; F &#8211; W 196165); Fischer Weltgeschichte, 34 Taschenbuchb\u00e4nde (F 1965 ss); Saeculum Weltgeschichte, 7 vols. (Fr 1965 ss).<\/p>\n<p>SOBRE EL PROBLEMA DE LA HISTORIA UNIVERSAL: G. W. F. Hegel, Vorlesungen \u00fcber die Philosophie der Geschichte (B 1837); P. E. v. Lasaulx, Neuer Versuch einer alten auf die Wahrheit der Thatsachen gegr\u00fcndeten Philosophie der Geschichte (Mn 1856); O. Spengler, La decadencia de Occidente (EspasaCalpe Ma 111966); E. Troeltsch, Der Historismus und seine Probleme: Ges. Schriften III (T 1922, reimpresi\u00f3n Aalen 1961); !dem, Der Historismus und seine \u00dcberwindung (B 1924); G. Masur, Rankes Begriff der Weltgeschichte: HZ 136 (1926) fast. 6; K. Breysig, Der Stufenbau und die Gesetze der Weltgeschichte (St 21927); J. Burckhardt, Weltgeschichtliche Betrachtungen (L 1928 y frec.); R. Peters, Der Aufbau der Weltgeschichte bei Vico (B 1929); H. Bachtold, Wie ist Weltgeschichte m\u00f6glich? (Bas 1931); A. Weber, Kulturgeschichte als Kultursoziologie (Lei 1935, Mn 21950); E. Fueter, Geschichte der neueren Historiographie (Mn &#8211; B 31936); J. Thyssen, Geschichte der Geschichtsphilosophie (E 1936, Bo 21954); W. Brachmann, E. Troeltschs historische Weltanschauung (Hl 1940); H.-G. Gadamer, Volk und Geschichte im Denken Herders (F 1942); A. Weber, Das Tragische und die Geschichte (H 1943); R. G. Collingwood, The Idea of History (0 1945); C. Cappello, La visione della storia in G. B. Vico (Tn 1948);,K L\u00f6with, Meaning in History (Ch 1949); H. Butterfield, Christianity and History (Lo 1949), tr. cast.: El cristianismo y la historia (C LohI6 B Aires); K Jaspers, Vom Ursprung und Ziel der Geschichte (1949, Mn 21952); H. Barth, K. Jaspers \u00fcber Glaube und Geschichte: ThZ 6 (1950) 434-460; E. Ragionieri, La polemica su la Weltgeschichte (R 1951); F. Wagner, Geschichtswissenschaft (Fr &#8211; Mn 1951, 21966); G. P. Gooch, History and Historians in the 19th Century (Lo 1952); H. J. Schoeps, Vorl\u00e4ufer Spenglers: ZRGG 6 (1953) fasc. 1; F. Gogarten, Das abandl\u00e4ndische Geschichtsdenken: ZThK 51 (1954) 270-360; H. Freyer, Weltgeschichte Europas (St 21954); !dem, Theorie des gegenw\u00e4rtigen Zeitalters (St 1955); O. K\u00f6hler, Was ist \u00abWelt\u00bb in der Geschichte?: Saeculum 6 (1955) 1-9; H. Werner (Spengler und Toynbee): DVfLG 29 (1955) 528-554; P. Teilhard de Chardin, El fen\u00f3meno humano (Taurus Ma 1963); R. Schmidt, Aetates mundi. Die Weltalter als Gliederungsprinzip der Geschichte: ZKG 67 (1955-56) 288-317; G. Barraclough, Geschichte in einer sich wandelnden Welt (G\u00f6 1957); P. Meinhold, Weltgeschichte &#8211; Kirchengeschichte &#8211; Heilsgeschichte: Saeculum 9 (1958) 261-281; O. Kohler, Versuch, Kategorien der Weltgeschichte zu bestimmen: ibid. 446457; K. K. L\u00f6with, Von Hegel zu Nietzsche (St 41958); W. Bodenstein, Neige des Historismus (G\u00fc 1959); F. Meinecke, Die Entstehung des Historismus (Mn 21959); Ch. Dawson, Progress and Religion, an Historical Enquiry (Lo 1945); A. Klempt, Die S\u00e4kularisierung der universalhistorischen Auffassung (G\u00f6 1960); J. Vogt, Wege zum historischen Universum (St 1961) (bibl.); H. U. v. Balthasar, Das Ganze im Fragment (Ei 1963); H. Freyer, Schwelle der Zeiten (St 1965); Rahner VI (Sobre ei di\u00e1logo en la sociedad pluralista); A. Heu\u00df, M\u00f6glichkeiten einer Weltgeschichte heute: Saeculum 19 (1968); O. K\u00f6hler, ibid.<\/p>\n<p>Oskar K\u00f6hler<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de los mitos de la edad de oro (Hes\u00ed\u00adodo) y de las \u00e9pocas del mundo (las Weltalter de Schelling), las primeras preocupaciones por ordenar de alguna manera los hechos (Herodoto), por comprender sus vinculaciones historiogr\u00e1ficas (Tuc\u00ed\u00addides) y por hacer surgir una realidad significativa del curso de los acontecimientos (Roma, en el caso de Polibio, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-universal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHISTORIA UNIVERSAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16628","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16628"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16628\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}