{"id":16661,"date":"2016-02-05T10:53:27","date_gmt":"2016-02-05T15:53:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ley-nueva\/"},"modified":"2016-02-05T10:53:27","modified_gmt":"2016-02-05T15:53:27","slug":"ley-nueva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ley-nueva\/","title":{"rendered":"LEY NUEVA"},"content":{"rendered":"<p>Es la ley de la \u00abnueva alianza\u00bb (2 Cor 3,6; Jr 31,31), la ley del \u00abhombre nuevo, creado seg\u00dan Dios en la justicia y en la santidad verdadera\u00bb\u00bb (Ef 4,2324). Expresa el principio d\u00ed\u00adn\u00e1mico y normativo de la vida crist\u00ed\u00adana como \u00abvida nueva\u00bb en Cristo (Rom 6,4).<\/p>\n<p>Anunciada de antemano por los profetas como ley del \u00bb coraz\u00f3n nuevo\u00bb (cf. Ez 36,26-27. Jr 31,33), dise\u00f1ada por el mensaje testimonial de Jes\u00das que instituye el \u00bb coraz\u00f3n \u00bb como centro decisivo de la vida moral (cf. Mt 12,34; 15,l8-20; Mc 7 18-23; Lc 6,45), significada por Pablo como \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 8,2), la ley nueva se va configurando teol\u00f3gicamente en las reflexiones de los Padres (Or\u00ed\u00adgenes, Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn), recogidas y reelaboradas a su vez de forma sistem\u00e1tica por santo Tom\u00e1s, cuya s\u00ed\u00adntesis marca la reflexi\u00f3n posterior hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>La ley se llama nueva en ant\u00ed\u00adtesis a la antigua. Esta es una ley exterior y coactiva. De manera que -la novedad consiste esencialmente en la interioridad y en la libertad de la ley de Cristo.<\/p>\n<p>La interioridad es su promulgaci\u00f3n en el ser (el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb\u00bb) renovado por la gracia sacramental: una ley escrita \u00abno en tablas de piedra, sino en las tablas de carne de vuestros corazones\u00bb (2 Cor 3,3). Alusi\u00f3n evidente a la ley mosaica, cuya renovaci\u00f3n anuncian ya los profetas: \u00abPondr\u00e9 mi ley en su alma, la escribir\u00e9 en su coraz\u00f3n\u00bb\u00bb (Jr 31,33); \u00abos dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, pondr\u00e9 dentro de vosotros un esp\u00ed\u00adritu nuevo, os quitar\u00e9 el coraz\u00f3n de piedra y os dar\u00e9 un coraz\u00f3n de carne; pondr\u00e9 mi esp\u00ed\u00adritu dentro de vosotros y&#8230; os har\u00e9 observar y poner en pr\u00e1ctica mis leyes\u00bb\u00bb (Ez 36,26-27). El Esp\u00ed\u00adritu es el principio de esta interiorizaci\u00f3n ontol\u00f3gica: una ley escrita \u00bb no con tinta, sino con el Esp\u00ed\u00adritu del Dios vivo\u00bb\u00bb (2 Cor 3,3).<\/p>\n<p>La ley nueva es ley del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 8,2) y por tanto ley de la gracia: expresi\u00f3n-fruto de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que santifica el ser y dinamiza como deber-ser de santidad el obrar moral cristiano (cf. 1 Cor 1,2).<\/p>\n<p>Este deber-ser es la ley nueva. A diferencia de la ley &#8211; exter ior que es pura letra y por eso mismo \u00ab\u00bbley de pecado y de muerte\u00bb\u00bb (Rom 8,2) l\u00e9tra que notifica el pecado, que conduce a la muerte al transgresor, la ley del Esp\u00ed\u00adr&#8217;itu es \u00abley que da la vida en Cristo Jes\u00das\u00bb (Rom 8,29): \u00abla letra mata, el Esp\u00ed\u00adritu da vida\u00bb (2 Cor 3,6). El Esp\u00ed\u00adritu nos relaciona en una unidad viva de ser y de obrar con Cristo, formando \u00abun solo cuerpo con \u00e9l\u00bb\u00bb (1 Cor6,17). A veces Pablo llama simplemente a la primera \u00ab\u00bbley\u00bb\u00bb y a la segunda <\"gracia\"\". Es \u00e9sa la \"\"ley\"\" de la que hemos sido librados:\n\"\"Ya no est\u00e1is bajo la ley sino bajo la gracia (Rom 5,14). La gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo constitutiva del ser nuevo en Cristo es la ley nueva: la forma ontol\u00f3gica y din\u00e1mica de la vida sobrenatural.\n\nCon la interioridad va unida la libertad de la ley nueva: ley perfecta de libertad (Sant 1:25; 2,12). Inscrita por el Esp\u00ed\u00adritu en el \"\"coraz\u00f3n\"\" mismo del cristiano, \u00e9ste no la siente como un v\u00ed\u00adnculo coactivo externo, sino como una vocaci\u00f3n filial. \"\"Dios ha mandado a nuestros corazones al Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo... Por tanto, ya no eres esclavo, sino hijo\"\" (G\u00e1l 4,6-7). A diferencia del esclavo que sufre la ley y la teme, el hijo la reconoce y la cumple como exigencia y como tarea testimonial (cf Rom 8, 15). La coacci\u00f3n y - el miedo a la ley-precepto y a la pena correspondiente dejan s-u sitio a la libertad y a la confianza de una ley-gracia y verdad\"\" (Jn 1,14.17), que suscita la fidelidad Esta es ley de amor. ley plena de la caridad de Dios que \u00e91 Esp\u00ed\u00adritu derrama en nuestros corazones (cf. Rom 5,5). Es la caridad revelada por la cruz de Cristo que llama al amor de Dios y - del pr\u00f3jimo en la tem\u00e1tica del mensaje moral del Evangelio.\n\n       Ley del Esp\u00ed\u00adritu y de la gracia, de la libert\u00e1d y de la caridad, la ley nueva es lo espec\u00ed\u00adfico cristiano de la ley moral, Es la ley de la naturaleza divina participada al hombre (cf 2 Pe 1,4): ley sobrenatural, de elevaci\u00f3n y transformiaci\u00f3n teologal de la ley natural, Esta no queda abolida, sino cumplida: asumidla y elevada en la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de la charis-gracia, que act\u00faa en nosotros como luz y verdad de caridad, Por es ta innovaci\u00f3n . redentora,lalevnaturalalcanz.a la radicalidad del Evangelio y la fuerza de posibilidad de la gracia, M. CozzoliBibl.: H, H, Esser, Ley, en DTNT 11, 417432; A. Valsecchi, Ley, nueva, en NDTIM, 1028-1040; B Haring, La ley de, Cristo, Herder Barcelona 1973; S Lyonet, Libertad y ley nueva, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca I964\nPACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nIntroducci\u00f3n.<br \/>\nI. Premisas b\u00ed\u00adblicas:<br \/>\n1 Antiguo Testamento;<br \/>\n2. Nuevo Testamento: sin\u00f3pticos;<br \/>\n3. Escritos paulinos;<br \/>\n4. Cartas cat\u00f3licas y escritos joaneos.<br \/>\nII. Algunos desarrollos en el pensamiento cristiano:<br \/>\n1. Simbolismos;<br \/>\n2. Comentarios a la Sagrada Escritura;<br \/>\n3. Hagiograf\u00ed\u00ada;<br \/>\n4. Ense\u00f1anza expresa de los santos padres y de los te\u00f3logos:<br \/>\na) San Agust\u00ed\u00adn,<br \/>\nb) Santo Tom\u00e1s.<br \/>\nIII. Reflexiones para una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica:<br \/>\n1. La gracia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo;<br \/>\n2. Contenido preceptivo.<br \/>\nIV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nA partir de finales de los a\u00f1os cincuenta ha surgido un vivo deseo de renovaci\u00f3n en la formulaci\u00f3n y presentaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral. A los siglos pasados se les ha tachado de siglos de decadencia, pues, si es verdad que en ellos la teolog\u00ed\u00ada moral fue ganando de manera admirable en precisi\u00f3n, finura y amplitud de conocimientos, no lo es menos que corri\u00f3 el riesgo de vaciarse de sus (exclusivas) competencias fundamentales. En la actualidad se van delimitando estas competencias a base de un retorno a las fuentes propias (las reveladas) de la moral cristiana y de una incansable confrontaci\u00f3n con la cultura en que vivimos y con sus pr\u00f3vidos \u00absignos\u00bb. Simult\u00e1neamente, en trabajos que quiz\u00e1 no responden a un acuerdo previo, pero que son convergentes, se pide que la moral cristiana sea una moral \u00abtrinitaria\u00bb, capaz de referir nuestra vida de una manera directa a cada una de las tres personas divinas; una moral de la imitaci\u00f3n y conformaci\u00f3n a Cristo, m\u00e1s a\u00fan, una moral del misterio de Cristo y de su actuaci\u00f3n pascual en nosotros; una moral, ante todo, personalista e interior, preocupada por formar un esp\u00ed\u00adritu (el coraz\u00f3n nuevo) m\u00e1s bien que por suscitar una pr\u00e1ctica; una moral comunitaria; una moral sacramental, que encuentre en las \u00abobras de los sacramentos\u00bb el signo y la causa de las actitudes cristianas m\u00e1s importantes; una moral de la opci\u00f3n fundamental; una moral de la perfecci\u00f3n y no del l\u00ed\u00admite; una moral de las virtudes y no de los preceptos; una moral en perspectiva escatol\u00f3gica, impregnada \u00ed\u00adntimamente de la espera del \u00faltimo cumplimiento; una moral que, llevando a cabo con valent\u00ed\u00ada el proceso de desacralizaci\u00f3n en curso en nuestra sociedad, reafirme, sin embargo, el significado teologal y religioso intr\u00ed\u00adnseco a toda opci\u00f3n, incluso \u00absecular\u00bb, del cristiano, etc. Ha surgido una discusi\u00f3n tan animada que quiz\u00e1 nunca, en toda su historia, la teolog\u00ed\u00ada moral ha pasado por una revisi\u00f3n tan profunda como la que est\u00e1 teniendo lugar ante nuestros ojos.<\/p>\n<p>En realidad, no ser\u00e1 f\u00e1cil integrar todas las aspiraciones propuestas en una nueva s\u00ed\u00adntesis que satisfaga con adecuado equilibrio, en su arquitectura general como en cada una de sus partes, estas y semejantes exigencias de la teolog\u00ed\u00ada moral. Y, sin embargo, esto podr\u00e1 darse en alguna medida volviendo a situar en el centro de la sistematizaci\u00f3n del mensaje moral cristiano la lex Spiritus vitae, cuyo anuncio y don constituye uno de los mayores contenidos de la palabra de Dios y en el cual la teolog\u00ed\u00ada moral ha reencontrado durante largos siglos una de sus caracterizaciones m\u00e1s originales.<\/p>\n<p>I. Premisas b\u00ed\u00adblicas<br \/>\nEl AT nos ofrece sobre este tema una rica doctrina, que &#8216;el NT, realizando las promesas, har\u00e1 completa y definitiva.<\/p>\n<p>1. ANTIGUO TESTAMENTO. Las profec\u00ed\u00adas mesi\u00e1nicas presentan la era prometida como un reino fundado sobre un s\u00f3lido ordenamiento legislativo, y al mes\u00ed\u00adas, que \u00abproclamar\u00e1 la justicia a las naciones\u00bb, como un rey encargado de promulgar una ley justa y decisiva (cf Isa 11:9; Isa 32:1-4; Isa 42:1-4; 51,4-S; Jer 23:3-8). Esta ley de la nueva alianza consistir\u00e1 sobre todo en un principio interior, derramado en el coraz\u00f3n de los hombres por el Esp\u00ed\u00adritu de Yhwh.<\/p>\n<p>Isa\u00ed\u00adas es el primero en hablar de los d\u00ed\u00adas mesi\u00e1nicos como de una \u00e9poca de renovaci\u00f3n religiosa y moral llevada a cabo por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or. Este Esp\u00ed\u00adritu no s\u00f3lo se posar\u00e1 sobre el rey-Mes\u00ed\u00adas y sus colaboradores (Isa 11:1-5; Isa 28:6), sino que se derramar\u00e1 sobre todo el pueblo, renovando su vida seg\u00fan el derecho y la justicia (Isa 32:15ss).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Jerem\u00ed\u00adas, en la cat\u00e1strofe que arrolla a Jerusal\u00e9n, descubre en el \u00abcambio de los corazones\u00bb la futura restauraci\u00f3n del pueblo y, aunque sin mencionar al Esp\u00ed\u00adritu de Yhwh como art\u00ed\u00adfice de esta transformaci\u00f3n, describe la ley nueva que regular\u00e1 la nueva alianza no ya como un c\u00f3digo exterior escrito en tablas de piedra, sino como un ordenamiento interior impreso por \u00e9l en los corazones renovados (Jer 31:32-34).<\/p>\n<p>Ezequiel, a su vez, asigna al Esp\u00ed\u00adritu de Yhwh la tarea de cambiar los corazones, volvi\u00e9ndolos d\u00f3ciles a la ley de Dios y capaces de seguirla (Eze 11:19-20; Eze 36:25-28).<\/p>\n<p>A estas afirmaciones fundamentales se a\u00f1aden otras complementarias: el autor del Miserere pide para s\u00ed\u00ad mismo en el tiempo presente la renovaci\u00f3n interior prometida por los profetas para el tiempo de la nueva alianza (Sal 51:12-14; cf Sab 1:4-6; Sab 7:3.2224; 2Cr 9:17). Adem\u00e1s es interesante la relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu de Dios y su palabra: la palabra de Yhwh produce siempre sus efectos (cf Isa 55:11; Zac 1:6; Sal 147:15), se impone con seguridad (2Sa 7:28-29; Sal 119:89; Sab 18:15-16) y penetra como una espada o golpea como un martillo (Isa 49:2; Jer 23:29); pero es el Esp\u00ed\u00adritu quien abre los corazones para entenderla y los transforma a fin de que sepan practicarla (Pi\u00f3v 1,23; Eze 36:27).<\/p>\n<p>2. NUEVO TESTAMENTO: SIN\u00ed\u201cPTICOS. Todos los elementos de la doctrina que aqu\u00ed\u00ad nos interesan aparecen igualmente afirmados y fundidos en unidad admirable en los escritos del NT. La primera catequesis apost\u00f3lica es ya rica en multiplicidad de matices, preludio de reflexiones m\u00e1s maduras.<\/p>\n<p>Ante todo, es clara la presentaci\u00f3n de la ley cristiana en su preciso y solemne contenido preceptivo. A este respecto, basta considerar el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, en el que Mateo ha querido concentrar la doctrina de Jes\u00fas sobre la ley del reino de los cielos, que sustituye a la del AT. Los preceptos que Jes\u00fas promulga no son en absoluto vagas generalidades, sino que imponen o proh\u00ed\u00adben, sin escapatoria alguna, comportamientos muy concretos (el amor a los enemigos, la limosna, la oraci\u00f3n, el ayuno, el desapego de los bienes errenos, el adulterio, el divorcio, el tali\u00f3n, los juramentos in\u00fatiles, el juicio temerario, etc\u00e9tera). A pesar de los varios intentos de eludir la imperiosa urgencia de estas normas, una ex\u00e9gesis m\u00e1s atenta debe reconocer que las exigencias morales de Jes\u00fas han de entenderse como verdaderos preceptos y han de ponerse en pr\u00e1ctica seriamente como tales; Jes\u00fas quiere imponer una conducta concreta y actual.<\/p>\n<p>Sin embargo, el conjunto de estos preceptos no puede reducirse \u00fanicamente a un c\u00f3digo escrito; es mucho m\u00e1s; los evangelios lo dejan entrever claramente. El serm\u00f3n mismo de la monta\u00f1a exige como fundamento del obrar moral una perfecci\u00f3n interior que supera la simple fidelidad a determinados preceptos; la pobreza seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu, la pureza de coraz\u00f3n, el ojo -sencillo y luminoso (Mat 5:3. 8.28; 6;19-23), que el serm\u00f3n de la monta\u00f1a inculca, est\u00e1n indicando una \u00abjusticia\u00bb superior, que no encontrar\u00ed\u00ada un desarrollo adecuado en un cumplimiento de la letra. Jes\u00fas insiste mucho en este punto cuando habla del \u00abcoraz\u00f3n\u00bb del hombre; que \u00e9l considera como el centro de la vida moral; es en \u00e9l donde tiene la sede m\u00e1s profunda la nueva justicia. Por lo cual es necesario que no s\u00f3lo est\u00e9n en orden las acciones, como era la preocupaci\u00f3n de los fariseos, sino que, sobre todo, est\u00e9 en orden el coraz\u00f3n, porque del coraz\u00f3n proviene todo lo que es bueno: las buenas acciones, las palabras buenas, el perd\u00f3n misericordioso, la justicia, la misericordia, la fidelidad (Lev 6:45; Mat 12:34; Mat 18:35; Mat 23:23-26). De nada servir\u00ed\u00ada observar la ley con la m\u00e1s minuciosa precisi\u00f3n -lo cual tambi\u00e9n es necesario y no se omite (Mat 23:23; Lev 11:42)-, si luego el coraz\u00f3n es ciego y maligno (Mat 9:4; Mat 15:18-20; Me 7,1823; Lev 16:15). Adem\u00e1s, \u00abde todo el coraz\u00f3n\u00bb debe brotar el amor a Dios, al que va inseparablemente unido el amor al pr\u00f3jimo. Y si el amor unifica la multiplicidad de preceptos en un deber \u00abgrande\u00bb y \u00abprimario\u00bb, al mismo le confiere una aspiraci\u00f3n sin l\u00ed\u00admites, teniendo como t\u00e9rmino de referencia el amor mismo de Dios (Mat 22:34; Mat 15:8; Lev 11:42; Mat 5:48; Lev 6:36).<\/p>\n<p>3. ESCRITOS PAULINOS. Lo que posibilita esta justicia evang\u00e9lica, incodificable, es la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas en el coraz\u00f3n de quien es llamado a practicarla. En esta l\u00ed\u00adnea est\u00e1n algunos de los textos antes mencionados; en particular es Lucas quien subraya la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en la persona y la obra de Jes\u00fas (Lev 1:35; Lev 3:16 y par.; Lev 4:1 y par.; Lev 4:17ss; Heb 2:33) y muestra su poder carism\u00e1tico (Lev 24:49; Heb 4:31; Heb 6:10; Heb 8:39; Heb 10:46; Heb 19:6) y la influencia moral en la conducta diaria de los fieles (Le 11,&#8217;13; Heb 5:3.9; Heb 7:31).<\/p>\n<p>Pero, sin duda, es Pablo quien examina de manera concluyente la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo como principio y norma de la vida moral cristiana. Pablo rechaza con energ\u00ed\u00ada el error jud\u00ed\u00ado seg\u00fan el cual la ley mosaica justificaba a los hombres confiriendo la vida. Un c\u00f3digo escrito, por m\u00e1s que propusiese un ideal elevado, no sabr\u00ed\u00ada transformar un ser de carne en un ser espiritual (Rom 4:15; Rom 5:20; G\u00e1l 3:19); se necesita la fuerza divina del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8:5-9; G\u00e1l 5:16-24).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu es el protagonista de la era de la nueva alianza (Rom 7:6; cf Heb 8:6-13): es el educador de la conducta del cristiano (cf Rom 8:91 l; l Cor 3,16; 2Ti 1:14). No se trata ya de una norma impuesta desde fuera, sino que es el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de sabidur\u00ed\u00ada\u00bb quien \u00abilumina los ojos de nuestro coraz\u00f3n\u00bb y nos gu\u00ed\u00ada al cumplimiento de la voluntad de Dios, que \u00e9l nos da a conocer (Efe 1:17-18; cf Heb 6:4; 1Cor 210ss); sobre todo, es este `poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb el que, en lugar de la ley exterior, nos mueve e impele desde dentro a obrar la justicia (Rom 15:13.19; 2Ti 1:7; Rom 8:4.14; G\u00e1l 5:16.18). Del Esp\u00ed\u00adritu provienen las actitudes fundamentales del cristiano, en particular la caridad, que resume y da cumplimiento a toda la ley (Rom 5:5; Rom 15:30; G\u00e1l 5:22; Col 1:8; Rom 13:10; 1Co 13:47; G\u00e1l 5:14; Col 3:14). Por eso hay que \u00abcaminar seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, sin ahogar su voz, evitando todo lo que le entristece (G\u00e1l 5:25; 1Ts 5:19; Efe 4:30; 1Ts 4:8). As\u00ed\u00ad es como el cristiano se transforma gradualmente en \u00abhombre interior\u00bb (Efe 5:18; Efe 3:16). Por consiguiente, la nueva econom\u00ed\u00ada predicada por Pablo no es ya, como la ley antigua, \u00abletra que mata\u00bb, \u00abministerio de muerte esculpido en letras en piedra\u00bb, sino que es \u00abEsp\u00ed\u00adritu que vivifica\u00bb, \u00abministerio de justicia\u00bb; y entonces los cristianos son \u00abuna carta de Cristo, redactada por nosotros sus ministros y escrita no ya con tinta, sino con el Esp\u00ed\u00adritu del Dios vivo, no en tablas de piedra, sino en tablas que son los corazones de carne\u00bb (2Co 3:1-8).<\/p>\n<p>Pablo define esta nueva ley con la siguiente f\u00f3rmula, descarnada y repleta: lex Spiritus vitae in Christo Jesu (Rom 8:2), haciendo resaltar la relaci\u00f3n existente entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y Cristo. En efecto, est\u00e9 Esp\u00ed\u00adritu es el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de Cristo\u00bb (Rom 8:9; 2Co 3:17; G\u00e1l 4:6; Flp 1:19). Tiene lugar de esta forma una uni\u00f3n profunda entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo y Cristo en nuestra conducta moral; por una parte; Cristo nos da su Esp\u00ed\u00adritu para hacerse operante en nosotros con todo su poder y vida (1Co 12:3; G\u00e1l 2:20; Col 1:29); por otra, este Esp\u00ed\u00adritu se encarga de hacernos pertenecer a Cristo, de conformarnos a \u00e9l, en una palabra, de convertirnos en \u00abun solo esp\u00ed\u00adritu con \u00e9l\u00bb (Rom 8:9; 2Co 3:17-18; 1Co 6:17): es el \u00abEsp\u00ed\u00adritu del Hijo\u00bb el que nos hace ser hijos de Dios (Rom 8:15; G\u00e1l 4:6-7). Se comprende, pues, por qu\u00e9 asigna Pablo la obra de nuestra santificaci\u00f3n tanto a Cristo como al Esp\u00ed\u00adritu Santo y por qu\u00e9, para calificar las diversas actitudes del cristiano, recurre con sugestiva equivalencia e indiferentemente a las formas \u00aben Cristo\u00bb y \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb: el Esp\u00ed\u00adritu, que en los corazones por \u00e9l renovados es fuente y regla de la nueva moralidad, no hace otra cosa que proponer y perseguir en ellos la santidad \u00fanica de Jes\u00fas, indefectible norma de todo fiel.<\/p>\n<p>Conducido por esta regla, el cristiano es libre; Cristo lo ha librado maravillosamente incluso de la ley externa, comunic\u00e1ndole la regla interior de su Esp\u00ed\u00adritu (Rom 6:14; Rom 8:2; G\u00e1l 5:17-18). En esta doctrina Pablo nunca se ha andado por las ramas (G\u00e1l 2:4-5). Habla de una exenci\u00f3n vasta e imponente que no s\u00f3lo tiene por mira toda la ley mosaica (Rom 6:14; Rom 8:2; G\u00e1l 4:32; 5, l), sino que parece envolver cualquier norma que haya de imponerse al hombre, oblig\u00e1ndole desde el exterior (1Ti 1:9). Sin embargo, el ap\u00f3stol est\u00e1 muy lejos de pensar que esta \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb hace abstracci\u00f3n de preceptos precisos (la libertad cristiana no es libertinaje ni anarqu\u00ed\u00ada: Rom 6:15; 1Co 9:21; G\u00e1l 5:13). Por esto, contra quien, no lo suficiente \u00abespiritual\u00bb, corr\u00ed\u00ada el riesgo de abusar de esta libertad, Pablo se hace legislador vigoroso y exige los mandamientos del Se\u00f1or o da \u00e9l mismo \u00f3rdenes a los convertidos (Rom 16:17; 1Co 7:6.10.12.16; 1Co 9:14; 1Co 11:23-24; 1Co 14:37-38; 1Ts 4:2; 2Ts 3:6; etc.); no teme bajar a los detalles y hacer una lista de consejos y preceptos que observar (cf Rom 12:8-21; Efe 4:25-32; 1 Tes 5, I 1-22; etc.) o pecados que evitar (Rom 13:13; ICor 6,9-10; 2Co 12:20-22; G\u00e1l 5:19-23; Efe 5:3-5; Col 3:5-8; 1Ti 1:9-10; 2Ti 3:2-3; Tit 3:3; etc.). Ambas afirmaciones (la libertad y la sujeci\u00f3n a una ley externa), aparentemente opuestas, no son inconciliables. En efecto, la libertad cristiana necesita a\u00fan gu\u00ed\u00ada y orientaci\u00f3n en sus realizaciones concretas; el fiel de Cristo no posee m\u00e1s que la prenda del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8:23; 2Co 1:22). Pero estas determinaciones preceptivas s\u00f3lo expresan y aplican a las diversas situaciones de cada d\u00ed\u00ada la ley interior del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo (Rom 6:12ss; Rom 12:1-2).<\/p>\n<p>4. CARTAS CAT\u00ed\u201cLICAS Y ESCRITOS JOANEOS. La doctrina de Pablo sobre la ley nueva subsiste tambi\u00e9n en otros escritos apost\u00f3licos. Santiago insiste en su carta en las \u00abobras\u00bb, no para corregir alguna falsa interpretaci\u00f3n del pensamiento paulino, sino para combatir una visi\u00f3n laxista de la moral evang\u00e9lica, como sino fueran obligatorias para los cristianos obras buenas precisas, sobre todo las impuestas por la ley real de la caridad (Stg 2:8). En efecto, \u00e9l reconoce que el c\u00f3digo conforme al que ser\u00e1n juzgadas tales obras es una \u00abley perfecta de libertad\u00bb (Stg 1:25; Stg 2:12), que libera del formalismo farisaico.<\/p>\n<p>En la primera carta de Pedro, de car\u00e1cter esencialmente pr\u00e1ctico, las exhortaciones morales, adem\u00e1s de remitirse al ejemplo y a los mandamientos del Se\u00f1or, aparecen caracter\u00ed\u00adsticamente como surgiendo de la gracia bautismal, con la que los cristianos han adquirido la \u00absantificaci\u00f3n mediante el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Pe 1:2.22-23).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en los escritos de Juan la adquisici\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es fuente de vida cristiana. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la actividad moral se fundamenta en los \u00abmandamientos\u00bb: Cristo es el primero en obedecer los mandamientos del Padre (Jua 10:18; Jua 12:49-50; Jua 15:10), da a sus disc\u00ed\u00adpulos un mandamiento suyo nuevo: el amor (Jua 13:34; Jua 15:12), que se extiende a todos los fieles (Un 2,7-8; 3,23; 4,21; 2Jn 1:4-6; Jes\u00fas exige en nombre del amor que se observen tambi\u00e9n los dem\u00e1s mandamientos (Jua 14:15.21; Jua 15:10), que obligan a todos los cristianos (Un 2,3-4; 3,22.24; 5,2-3). Pero no se trata de una \u00abletra\u00bb que haya que practicar. Los mandamientos no son sino una condici\u00f3n para recibir y seguir (\u00abconocer&#8217; el Esp\u00ed\u00adritu interior de la verdad (Jua 14:15-17). Esta es la novedad de la era inaugurada por Cristo: \u00e9l env\u00ed\u00ada y derrama en los hombres su Esp\u00ed\u00adritu (Jua 3:5-8; Jua 4:23; Jua 7:37-39; Jua 14:26; Jua 15:26; Jua 16:7-13), que habita ya en los nacidos de Dios, haci\u00e9ndolos incapaces de pecar, suscitando una conducta digna de Dios, prepar\u00e1ndolos debidamente para la aparici\u00f3n del Se\u00f1or (Un 3,9; 3,24; 4,4.6.13; 2,27-28).<\/p>\n<p>En esta efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu como ley de la nueva alianza piensa Juan cuando concluye su pr\u00f3logo. Tambi\u00e9n nosotros podemos retener id\u00e9ntica conclusi\u00f3n: a diferencia de la ley de Mois\u00e9s, esculpida en piedra, la nueva es la \u00abgracia y la verdad\u00bb, que todos hemos recibido de la plenitud del Verbo encarnado; es el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el que Cristo nos ha sumergido (Jua 1:6.17.33).<\/p>\n<p>II. Algunos desarrollos en el pensamiento cristiano<br \/>\nLa rica doctrina de la Sagrada Escritura sobre la \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu de vida en Cristo Jes\u00fas\u00bb no pod\u00ed\u00ada dejar de tener desarrollo y profundizaci\u00f3n en el pensamiento cristiano. Indicaremos algunas grandes l\u00ed\u00adneas, haciendo referencia m\u00e1s precisa a cuatro fuentes de informaci\u00f3n al respecto.<\/p>\n<p>1. SIMBOLISMOS. La primera fuente es la del alegorismo y simbolismo, con su cima de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, que constituye un inagotable y original\u00ed\u00adsimo tesoro de doctrina cristiana, sobre todo en la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica y mon\u00e1stica. Nos detendremos en dos simbolismos muy antiguos e ilustres.<\/p>\n<p>El primero es el simbolismo del Esp\u00ed\u00adritu Santo como \u00abdedo de Dios\u00bb. Los Padres, cotejando los dos textos paralelos de Mat 12:28 y Lev 11:20, sacaron la conclusi\u00f3n de que \u00abdedo de Dios es el Esp\u00ed\u00adritu Santo y que, como fue el Esp\u00ed\u00adritu Santo quien escribi\u00f3 la ley mosaica en tablas de piedra, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n \u00e9l (d\u00ed\u00adg\u00ed\u00adtus paternae dexterae) es quien escribe la nueva ley en las tablas de los corazones. Ambas leyes, pues, son obra del Esp\u00ed\u00adritu; pero, mientras que en la ley antigua \u00e9l se mantiene fuera de los hombres dirigi\u00e9ndolos con un c\u00f3digo escrito, en la nueva ley se hace presente en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de ellos dirigi\u00e9ndolos con su gracia\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn) 1.<\/p>\n<p>El segundo simbolismo es el de pentecost\u00e9s como fiesta de la promulgaci\u00f3n de la ley. La pentecost\u00e9s jud\u00ed\u00ada, que al principio surgi\u00f3 como fiesta agr\u00ed\u00adcola de las primicias, en tiempo de Jes\u00fas se celebraba ya como aniversario de la promulgaci\u00f3n de la ley sina\u00ed\u00adtica. Los Padres se adue\u00f1aron de esta tradici\u00f3n para subrayar una especial relaci\u00f3n figurativa entre la vieja y la nueva pentecost\u00e9s; la pentecost\u00e9s cristiana sustituye a la antigua, porque es la fiesta en que se promulg\u00f3 la ley nueva, en que se da la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo z. Esta tradici\u00f3n tipol\u00f3gica, que santo Tom\u00e1s resume en un texto conciso 3, es muy antigua: la recuerda san Agust\u00ed\u00adn 4 y se encuentra de continuo tanto en los sermones y homil\u00ed\u00adas del d\u00ed\u00ada 5 como en los tratamientos sobre las fiestas cristianas 6 y en los textos lit\u00fargicos de la solemnidad de pentecost\u00e9s 7.<\/p>\n<p>De estos dos simbolismos brota la siguiente conclusi\u00f3n: el inaugurado don del Esp\u00ed\u00adritu tiene valor de nueva ley, que reemplaza a la antigua; como el Esp\u00ed\u00adritu hab\u00ed\u00ada escrito la vieja ley en tablas de piedra, as\u00ed\u00ad ahora, infundi\u00e9ndose en los corazones, promulga y escribe en ellos la nueva ley.<\/p>\n<p>2. COMENTARIOS A LA SAGRADA ESCRITURA. Otra fuente important\u00ed\u00adsima a la que tenemos acceso es la de los comentarios a la Sagrada Escritura. A t\u00ed\u00adtulo de ejemplo presentamos el pensamiento de Or\u00ed\u00adgenes y de san Ambrosio.<\/p>\n<p>En sus glosas a la carta a los Romanos afirma Or\u00ed\u00adgenes que la ley del Esp\u00ed\u00adritu es la ley de Dios considerada en sus elementos \u00abespirituales\u00bb. La ley de Dios, en efecto, la antigua como la nueva, contiene ambas cosas: \u00abLa letra que mata y el esp\u00ed\u00adritu que vivifica\u00bb, seg\u00fan se la tome \u00aba la letra\u00bb o en su sentido \u00abespiritual\u00bb, limit\u00e1ndose, en el primer caso, a una ejecuci\u00f3n material, enferma y est\u00e9ril, de cuanto se ha dicho, y abri\u00e9ndose, en el segundo, alas m\u00e1s complejas exigencias que de ello derivan. Esta \u00faltima es la condici\u00f3n cristiana, es decir, \u00abir al Esp\u00ed\u00adritu que da la vida\u00bb, superando la servidumbre \u00abcarnal\u00bb de los jud\u00ed\u00ados. Esta condici\u00f3n cristiana es fruto del Esp\u00ed\u00adritu que Cristo da a todo disc\u00ed\u00adpulo suyo, haci\u00e9ndole part\u00ed\u00adcipe de la superabundante plenitud de su santidad 8.<\/p>\n<p>Para comprender bien estas afirmaciones hay que tener presentes las originales concepciones exeg\u00e9ticas de Or\u00ed\u00adgenes. Defensor incansable de la unidad y continuidad de los dos Testamentos, fundamenta sus afirmaciones en el \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb en que ambos coinciden, a despecho de su \u00abletra\u00bb, la cual muchas veces contrasta y siempre (tambi\u00e9n en el Nuevo) \u00abmata\u00bb. De la misma forma, pues, que un acercamiento no espiritual a la Biblia velar\u00ed\u00ada o incluso desfigurar\u00ed\u00ada su significado m\u00e1s verdadero y no favorecer\u00ed\u00ada el acceso a una concepci\u00f3n unitaria de la historia, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n una observancia puramente literal de la ley, de la antigua como de la nueva, adem\u00e1s de ser imposible, no ser\u00ed\u00ada suficiente para verificar plenamente la \u00abvida en el esp\u00ed\u00adritu\u00bb que se le propone al cristiano. Se trata de llevar a cabo una gran espiritualiza-<br \/>\nci\u00f3n en el comprender y en el obrar 9, y esto es lo que constituye la peculiar novedad de la existencia cristiana. Por eso la ley evang\u00e9lica misma es vieja para quien la entiende y practica \u00abcarnalmente\u00bb, sin renovarse en el esp\u00ed\u00adritu; mientras que, vivida en su m\u00e1s amplio valor espiritual, le resultar\u00ed\u00ada tambi\u00e9n nueva la ley antigua lo. Esta manera \u00abespiritual\u00bb de leer la Biblia fue divulgada entre los latinos por san Ambrosio.<\/p>\n<p>Dos consecuencias se sacan de este planteamiento. La primera es la formaci\u00f3n, en la elaboraci\u00f3n del ideal cristiano, de un clima en el que se transfiere incluso al plano de la conducta la preeminencia de lo interno sobre lo externo, del esp\u00ed\u00adritu sobre la letra. La segunda conclusi\u00f3n es la exaltaci\u00f3n de la unidad que liga a ambos Testamentos, de los que el Antiguo, escudri\u00f1ado en su \u00abmisterio\u00bb, revela toda su grandeza pedag\u00f3gica: la ley precede \u00abfraternalmente\u00bb al evangelio, se afina con los nuevos preceptos que ella misma prev\u00e9; en una palabra, anuncia de antemano al Cristo que la llevar\u00e1 a plenitud 11.<\/p>\n<p>Esto no obstante, san Ambrosio afirma que la antigua ley es siempre \u00abletra\u00bb secundaria y exterior. Ella, pues, no puede ser la ley ideal. Tuvo ciertamente su valor; sirvi\u00f3 para que el hombre pudiera conocer su condici\u00f3n de pecado; mas no confer\u00ed\u00ada la justicia ni reintegraba al hombre a su privilegiada situaci\u00f3n primitiva, de la que hab\u00ed\u00ada sido privado a causa del pecado. La justificaci\u00f3n del hombre sobrevendr\u00e1 mediante la gracia; en esto desembocan ordinariamente las consideraciones que Ambrosio dedica al problema. Despu\u00e9s de la ley mosaica, la gracia, el gobierno de Cristo, cuyo Esp\u00ed\u00adritu hemos recibido y en cuyo Esp\u00ed\u00adritu debemos caminar iz. Hemos recibido, ciertamente, mandamientos nuevos 13; mas la nueva norma de justicia se define sobre todo por la presencia en nosotros del Esp\u00ed\u00adritu del Hijo, cuya participaci\u00f3n concluye la obra legislativa de Dios 14. Renovata est gratia, inveteravit linera is. Ha nacido as\u00ed\u00ad una nueva libertad para los cristianos, no sujetos ya a un c\u00f3digo cruento, sino \u00ed\u00adntimamente guiados por la ley del Esp\u00ed\u00adritu 16.<\/p>\n<p>3. HAGIOGRAF\u00ed\u008dA. Una tercera fuente doctrinal de gran inter\u00e9s para nuestro tema es la hagiogr\u00e1fica. Se trata de un t\u00e9rmino ya recogido por los autores antiguos, aunque, a este respecto, la hagiograf\u00ed\u00ada m\u00e1s significativa es la m\u00e1s reciente a la hora de poner de relieve c\u00f3mo la vida de los santos procede bajo la gu\u00ed\u00ada dulce e imperiosa del Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\n4. ENSE\u00ed\u2018ANZA EXPRESA DE LOS SANTOS PADRES Y DE LOS TE\u00ed\u201cLOGOS. Por \u00faltimo, presentamos en s\u00ed\u00adntesis el pensamiento de san Agust\u00ed\u00adn y de santo Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>a) De Agust\u00ed\u00adn bastar\u00e1 con considerar el momento final y m\u00e1s maduro de su ense\u00f1anza al respecto: el que nos-muestra en el curso de su pol\u00e9mica con Pelagio, comenzada no casualmente con el op\u00fasculo De Spiritu et linera, cuyo solo t\u00ed\u00adtulo est\u00e1 ya lleno de significado. Por varios motivos, Pelagio se hab\u00ed\u00ada dejado llevar por el camino de un voluntarismo que dejaba muy poco espacio a la \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y en el que casi s\u00f3lo la `letra\u00bb estaba a sus anchas. No hay m\u00e1s que hojear las p\u00e1ginas de la Ep\u00ed\u00adstola ad Demetriadem o examinar el escrito De lege divina 18 para constatar que son los \u00abmandamientos a observar\u00bb IoS que figuran en primer plano; lo que cuenta es saber y hacer lo que la ley impone: la nueva con mayor severidad a\u00fan que la antigua, e\u00f3n una serie ordenada de preceptos f\u00e1ciles de hallar en los evangelios, cada uno en su puesto adecuado. En el De lege divina fluye un sutil juridicismo, cada una de cuyas aserciones ser\u00ed\u00ada muy dif\u00ed\u00adcil de condenar como err\u00f3nea, pero cuyo conjunto se descubre como ajeno al esp\u00ed\u00adritu cristiano, hall\u00e1ndose sobrentendida, y a veces expresa, la persuasi\u00f3n de que todo depende de la voluntad del hombre y que la gracia divina no consiste m\u00e1s que en la ley que Dios nos ha dado 17. Es precisamente la ley la que es gracia; fuera de ella no necesitamos otra ayuda; conocerla y cumplirla de buena gana es todo lo que hay que hacer.<\/p>\n<p>Defensor del esp\u00ed\u00adritu cristiano, san Agust\u00ed\u00adn no se cansa de afirmar que la scientia legis no salva en absoluto, y se apoya en la postura de san Pablo, el cual conoce la ley, la alaba y acepta, y, sin embargo, confiesa que este solo conocimiento no le basta para ser liberado; necesita la gracia de Cristo 20. No es, pues, la ley la que nos salva, ni siquiera la evang\u00e9lica, si se la toma por un c\u00f3digo externo. Consolidada esta postura, san Agust\u00ed\u00adn llega a exponer, en el tratado De Spiritu et linera, un programa doctrinal concluyente, precursor de todo ulterior desarrollo. Presenta la gracia del Esp\u00ed\u00adritu no s\u00f3lo como la ayuda para observar la ley, sino como la ley misma. Efect\u00faa de esta manera el vuelco total de la postura pelagiana, pues no es la ley la que es gracia, sino que es la gracia la que es ley. En efecto, apoy\u00e1ndose de continuo en los grandes textos prof\u00e9ticos y paulinos, san Agust\u00ed\u00adn opone reiteradamente a la ley antigua, letra que mataba, la ley nueva del Esp\u00ed\u00adritu que vivifica n; y, explicando en qu\u00e9 consiste la ley, la identifica, sobre la base siempre de las afirmaciones reveladas, con la \u00ed\u00adntima presencia normativa y operante del Esp\u00ed\u00adritu Santo 22. Por lo cual, incluso cuando recalca la importancia de las normas \u00abexternas\u00bb, le reconoce siempre al Esp\u00ed\u00adritu Santo la tarea de regular inmediatamente y desde dentro la conducta del hombre redimido 23.<\/p>\n<p>b) En san Agust\u00ed\u00adn se inspir\u00f3, sin duda, santo Tom\u00e1s para elaborar su doctrina acerca de lo que constituye \u00abprincipalmente\u00bb la ley nueva. El pensamiento agustiniano hab\u00ed\u00ada sufrido con el correr de los siglos deformaciones llamativas. Santo Tom\u00e1s hizo obra de purificaci\u00f3n, volvi\u00f3 a tomar la doctrina tradicional en toda su pureza y la elabor\u00f3 de manera org\u00e1nica. A esta sistematizaci\u00f3n no lleg\u00f3 sino al termino de su obra de maestro, pero ya antes se registran anticipaciones significativas. Estas se encuentran, sobre todo, en sus comentarios b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>Comentando el texto de 2Co 3:36, recuerda el doctor Ang\u00e9lico que la ley nueva no es, como la antigua, mudable e imperfecta, para precisar luego, en f\u00f3rmula felic\u00ed\u00adsima, que el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo, obrando en nosotros la caridad, plenitud de la ley, es el nuevo testamento 24. Adem\u00e1s en el comentario al evangelio de san Juan subraya una y otra vez la tarea normativa del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00e9l tiene, ante todo; una voz qua loquitur intus in corde, et hanc audiunt fideles et sancti zs; sin esta voz no ser\u00ed\u00ada posible comprender la doctrina del maestro 26; y no s\u00f3lo esto, sino que, adem\u00e1s, el Esp\u00ed\u00adritu Santo posee y nos comunica una fuerza de amor que nos hace observar los mandamientos de Dios 27; precisamente por esto la Sagrada Escritura lo llama Spiritus 28.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas anticipaciones y dada la importancia del tema, es natural que \u00e9ste retorne en las grandes obras sistem\u00e1tica del doctor Com\u00fan. Ya en la Summa contra gentes, explicando los efectos que produce en nosotros el Esp\u00ed\u00adritu Santo secundum quod movet creaturam in Deum, le asigna tambi\u00e9n una tarea t\u00ed\u00adpicamente moral: la observancia de los mandamientos 29. Pero la Summa Theologiae sobre todo, en las cuestiones dedicadas a la ley, ofrece tambi\u00e9n una s\u00ed\u00adntesis elaborada y sistem\u00e1tica acerca de la ley nueva, en un grupo de cuestiones en el que se ha querido ver el coraz\u00f3n mismo de la Suma o, en todo caso, un \u00e1ngulo de visi\u00f3n de los m\u00e1s capaces de proporcionar una comprensi\u00f3n amplia (por no decir exhaustiva) de toda la construcci\u00f3n del Ang\u00e9lico. Ah\u00ed\u00ad es precisamente donde, consciente y reflejamente, identiica la ley nueva en su constitutivo principal con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo 30 y, coherentemente, hace de la lex Spiritus Sancti la ley del justo superior a cualquier otra ley creada 31. Que era \u00e9sta la convicci\u00f3n del Ang\u00e9lico, expl\u00ed\u00adcitamente fundamentada en los datos tradicionales (las profec\u00ed\u00adas, los textos paulinos, las reflexiones de san Agust\u00ed\u00adn), aparece, por \u00faltimo, con meridiana claridad en su magistral exposici\u00f3n de la carta a los Romanos y, particularmente, en el comentario al texto paulino de Rom 8:2, en el que afirma que la ley nueva consiste en el Esp\u00ed\u00adritu Santo que habita en los justos, pues precisamente desempe\u00f1a, directamente y con su gracia, las tareas fundamentales de toda ley 32.<\/p>\n<p>Es la afirmaci\u00f3n que ahora vamos a tratar de explicar teol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>III. Reflexiones para una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nNo resulta f\u00e1cil hacer una s\u00ed\u00adntesis de los diversos y dispares elementos recogidos. Nos contentaremos con algunas reflexiones, dispuestas en torno a los dos aspectos m\u00e1s claramente diferenciados (aunque complementarios) y continuamente propuestos: la gracia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y el contenido preceptivo en que se expresa.<\/p>\n<p>1. LA GRACIA DEL ESP\u00ed\u008dRITU DE CRISTO. La teolog\u00ed\u00ada explica que la gracia no es s\u00f3lo una moci\u00f3n sanan te y habitual para nuestra naturaleza ca\u00ed\u00adda, sino ante todo un don elevante y habitual; nuestra m\u00e1xima participaci\u00f3n de ser, que transforma por completo y desde dentro nuestra naturaleza humana y sus inclinaciones, y se convierte en nosotros en la fuente primera de nuestro obrar sobrenatural. Ahora bien, precisamente en este punto puede ayudarnos la fundamental intuici\u00f3n \u00e9tica de que \u00abley\u00bb de un ser es su misma naturaleza. Para no abandonar la pista de las reflexiones de santo Tom\u00e1s, diremos que es la \u00abforma\u00bb de un ser laque origina y regula su actividad 33. Si, pues, se identifica la ley con la forma concebida como principio din\u00e1mico y normativo, por un lado, y, por otro, se afirma el valor ontol\u00f3gico de la gracia como forma sobrenatural, se comprende tambi\u00e9n que la ley nueva debe ser, principalmente, la gracia misma. Y considerada la novedad, la perfecci\u00f3n y la totalidad de ser y de tender que ella comunica al justo, se intuye que compete precisamente a la gracia antes que a cualquier otra ley, el regular la actividad de ese mismo justo.<\/p>\n<p>Y con esta gracia, don creado, el hijo de Dios recibe tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu Santo, don increado, al cual, como a Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, la revelaci\u00f3n asigna tambi\u00e9n la tarea de guiarnos en la vida moral. La teolog\u00ed\u00ada ofrece una explicaci\u00f3n muy unitaria desemejante encuentro entre don creado e inereado en el mover y regular nuestra vida sobrenatural. Pues si el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo se hace presente en el alma \u00aba modo de ley\u00bb, como escrib\u00ed\u00ada el cardenal Seripando 34, para orientarla hacia su fin, es porque le infunde con esta finalidad la forma sobrenatural de la gracia; si \u00e9l es la nueva ley \u00abque habita\u00bb en el justo, es porque le inscribe en el coraz\u00f3n, como t\u00ed\u00adtulo de su nueva presencia operante y como medio para realizar su gobierno, esta nueva ley \u00abcreada\u00bb: la gracia. A lo cual hay que a\u00f1adir que el Esp\u00ed\u00adritu Santo nos gu\u00ed\u00ada a nuestro fin con mociones e iluminaciones actuales, las cuales sobrepasan y perfeccionan el don habitual de la gracia. En efecto, a pesar de haberse convertido en hijo de Dios, el hombre sigue con su inteligencia ensombrecida precisamente con respecto a cuanto le conviene hacer, y con una voluntad d\u00e9bil, expuesta a los asaltos del mal; es el Esp\u00ed\u00adritu Santo quien se encarga de superar estas dificultades y fragilidades con intervenciones siempre nuevas y cada vez verdaderamente normativas 35. De esta forma, en la vida espiritual se da una continua y mutua dependencia entre gracia habitual y presencia sobrenatural activa del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, ya que, por una parte, el Esp\u00ed\u00adritu habita a trav\u00e9s de la gracia y, por otra, la gracia no tiene verificaci\u00f3n adecuada m\u00e1s que bajo la constante y superior acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El esfuerzo especulativo no se aparta del clima de los grandes textos prof\u00e9ticos y paulinos. Es en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de nosotros mismos donde llevamos una vida nueva, la de Cristo, la cual nos ha sido conferida por su Esp\u00ed\u00adritu; y es l\u00f3gico que se nos presente como el principio normativo y la ley cong\u00e9nita que explica y mide cada uno de nuestros actos. Reside, por as\u00ed\u00ad decirlo, en nuestra naturaleza misma de hijos de Dios la norma por medio de la cual tal naturaleza se desarrolla de manera consecuente (fons aquae salientis in vitam aeternam), as\u00ed\u00ad como la ley de desarrollarnos en cuanto personas se nos presenta igualmente inmanente a nuestra misma naturaleza humana. Es, pues, esta intervenci\u00f3n de la gracia la que define el car\u00e1cter propio de la moralidad sobrenatural; \u00e9sta no se revela principalmente como tal por el hecho de responder a un particular contenido de preceptos que brotan de la inteligencia de la fe y que se a\u00f1aden a los puramente racionales, sino porque es un orden penetrado totalmente y regulado hasta el final (\u00abinformado&#8217; por la gracia. De ah\u00ed\u00ad que la ley nueva, antes que un complejo preceptivo o \u00abescrito\u00bb, sea una ley interior. Es una norma en el pleno sentido, antes que un conjunto de imperativos; mucho m\u00e1s que un c\u00f3digo de reglas, es un valor.<\/p>\n<p>2. CONTENIDO PRECEPTIVO. Aqu\u00ed\u00ad mismo puede captarse la funci\u00f3n liberadora de la gracia como nueva ley, respecto a los preceptos que de ella brotan; en otras palabras, cu\u00e1l es el significado y el valor de estos preceptos.<\/p>\n<p>En toda ley, pero particularmente en la del Esp\u00ed\u00adritu, el precepto no tiene otra funci\u00f3n que la aplicativa: praeceptum importat applicationem legis ad ea quae ex lege regulantur^ En la ley nueva, el precepto no es m\u00e1s que el dictamen inteligible en el que la fe traduce las inclinaciones objetivas de la gracia. Hay una inclinaci\u00f3n al fin, que la fe expresa en el \u00abmandamiento nuevo\u00bb y verdaderamente omnicomprensivo de la caridad. Y en realidad, en la vida de aqu\u00ed\u00ad abajo la adhesi\u00f3n mayor posible al fin sobrenatural es la que se realiza a trav\u00e9s de la caridad. Y hay inclinaciones objetivas a algunos comportamientos fundamentales que tambi\u00e9n se traducen en preceptos; se trata de los que san Juan Cris\u00f3stomo presentaba con el nombre de \u00abpreceptos sublimes\u00bb de las bienaventuranzas evang\u00e9licas 37, y, en general, todas las inclinaciones del Esp\u00ed\u00adritu hacia una creciente purificaci\u00f3n y santificaci\u00f3n interiores; son las \u00abobras de los sacramentos\u00bb, de cuya gracia cualquier otra acci\u00f3n es prolongaci\u00f3n, desarrollo, fruto; son los imperativos imprescindibles de las virtudes teologales y morales, cuyo rechazo equivaldr\u00ed\u00ada a una negaci\u00f3n de la gracia misma. De este modo, como ya resalt\u00f3 santo Tom\u00e1s 38, el dogma de la encarnaci\u00f3n, que empuja a toda la econom\u00ed\u00ada cristiana hacia una manifestaci\u00f3n cada vez m\u00e1s adecuada, informa tambi\u00e9n la vida moral, apremiada como est\u00e1 por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que es su ley, a revelarse en una correspondiente conducta visible.<\/p>\n<p>En cualquier caso, los preceptos no son en la ley nueva m\u00e1s que una expresi\u00f3n de la gracia en la que consiste principalmente. Son expresi\u00f3n esencial de 1a gracia, pues sin ellos \u00e9sta no puede regular la vida cristiana ni hacerle alcanzar el fin de la caridad. A1 constituir un l\u00ed\u00admite irrebasable, los preceptos subrayan el car\u00e1cter absolutamente objetivo y estable de la ley nueva; y, por otra parte, puesto que aplican (y por esto se imponen) las exigencias fundamentales de la gracia, aparecen, no obstante su car\u00e1cter de obligaci\u00f3n objetiva, menos gravosos que los preceptos impuestos por las leyes humanas. Y son una expresi\u00f3n secundaria de la gracia, por lo que la sola observancia de los preceptos, necesaria como l\u00ed\u00admite m\u00ed\u00adnimo, nunca ser\u00e1 suficiente para interpretar y traducir toda la potencia motora y reguladora de la gratia Spiritus Sancti; enteras secciones de la vida espiritual se sustraer\u00e1n siempre a la fuerza directiva e imperativa de los preceptos individuales, y su regla ser\u00e1 siempre la voz interior y libre del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>De esto podemos sacar tambi\u00e9n la conclusi\u00f3n de que se establece casi una circulatio interna entre la observancia de los mandamientos y el desarrollo de la gracia, pues la observancia de los mandamientos acrecienta la gracia y obtiene de Cristo un don mayor del Esp\u00ed\u00adritu; y el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, creciendo en nosotros con su gracia, aumenta tambi\u00e9n sus mociones e iluminaciones cada vez mayores y claras, y nunca satisfechas y secundadas de manera total.<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n<br \/>\nPuede servirnos de s\u00ed\u00adntesis el pre\u00e1mbulo de san Juan Cris\u00f3stomo a su comentario al evangelio de san Mateo: \u00abNuestra vida deber\u00ed\u00ada ser tan pura que no tuviera necesidad de ning\u00fan escrito; la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo deber\u00ed\u00ada sustituir a los libros, y as\u00ed\u00ad como \u00e9stos est\u00e1n escritas con tinta, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nuestros corazones deber\u00ed\u00adan estar escritos con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. S\u00f3lo por haber perdido esta gracia tenemos que servirnos de los escritos; pero Dios mismo nos ha mostrado claramente cu\u00e1nto mejor ser\u00ed\u00ada el primer modo&#8230; A sus disc\u00ed\u00adpulos, en efecto, Dios no les dej\u00f3 nada por escrito, sino que les prometi\u00f3 la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo: `El -les dijo- os lo sugerir\u00e1 todo&#8217;; as\u00ed\u00ad como dijo por boca de Jerem\u00ed\u00adas: `Har\u00e9 una nueva alianza, promulgar\u00e9 mi ley en sus almas, la escribir\u00e9 en sus corazones y todos ser\u00e1n instruidos por Dios&#8217;; y tambi\u00e9n Pablo, queriendo afirmar esta misma verdad, dec\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada recibido la ley `no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, es decir, en su coraz\u00f3n&#8217;. Nuestra vida, pues, deber\u00ed\u00ada ser pura, de forma que, no teniendo necesidad de los escritos, nuestros corazones se mantuvieran siempre abiertos a la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; Pues es el Esp\u00ed\u00adritu Santo el que baj\u00f3 del cielo cuando fue promulgada la nueva ley, y las tablas que \u00e9l grab\u00f3 en esta ocasi\u00f3n son muy superiores a las primeras; los ap\u00f3stoles no bajaron del monte llevando, como Mois\u00e9s, tablas de piedra en sus manos, sino que lo que llevaban era el Esp\u00ed\u00adritu Santo en sus corazones, convertidos mediante su gracia en ley y libro vivientes\u00bb 39.<\/p>\n<p>[l Gracia; l Sacramentos; l Virtudes teologales].<\/p>\n<p>NOTAS: &#8216; AGUSTtN, De Spiritu el littera, cc. 16-17, mi. 28-29: PL 44,218; CSEL 60,182 -z Cf J. DANIELOU Bible el Liturgie, Par\u00ed\u00ads 1950, 444-447; A. R\u00e9mF, Le myst\u00e9re de la Pentec6te, en \u00abVS\u00bb 84 (1951) 451-465; J. LecuvEe, Pentec6te el lo\u00c2\u00a1 nouvelle, en \u00abVS\u00bb 88 (1953) 471-490; Y. CONGAa, La Pentec\u00f3te Chartres 1956, Par\u00ed\u00ads 1956, 57ss; J. THOMAS, Le soufhe de la Pentec\u00f3te, Par\u00ed\u00ads 1960, passim &#8211; 3 TOMAS DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 103, a. 3, ad 4 &#8211; 4 AGUSTIN, Ep\u00ed\u00adstola 55 ad Januarium, c. 16, n. 29: PL 33,218-219; CSEL 34,202-203 &#8211; 5 Cf san Le\u00f3n Magno (PL 54 400401), Beda el Venerable (PL 94,194), Rabano Mauro (PL 110,44-45), At\u00f3n de Vercelli (PL 134,847-848), Raterio de Verona (PL 136,746), Vernerio Abad (PL 157,988), Ivo de Chantres (PL 162 592-593), Hildeberto de Tours (PL 171,593-594), Honorio de Aut\u00fan (PL 172,964), Hugo de san V\u00ed\u00adctor (PL 177, I 121-1122), Inocencio III (PL 217,421-422) &#8211; bCf ISIDORO DE SEVILLA, De ecclesiasticis ojfic\u00fcs, lib. 1, c. 34: PL 83,768-769; IGNOTO, De offic\u00fcs libellus: PL 94, 537; ALemno (?), Liben de divinis offic\u00fcs, e. 26: PL 101,1226; R. MAURO, De clericorum institutione, lib. 2, c. 41: PL 107,354; J. BEt,erH Rationale divinorum ojficiorum, c. 131: PL 202,135136 &#8211; 7 Es \u00e9ste un tema frecuente en los himnos y secuencias pentecostales del medioevo: cf J. LacuveR, o.c., 473, nota 6; limit\u00e1ndonos a una cita c\u00e9lebre, v\u00e9ase el himno Tradente legem Domino, atribuido a Abelardo (PL 178,1799), dedicado todo \u00e9l a nuestro tema &#8211; e OR\u00ed\u008dGENES In Epist. ad Rom., lib. 6, no. 11-14: PG 14,10911102 &#8211; 9 Ante todo, hay que decir que las dos cosas se funden en una, porque la comprensi\u00f3n \u00abespiritual\u00bb de la Sagrada Escritura es precisamente la que lee en cada afirmaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica todo lo que ata\u00f1e a la vida espiritual cristiana y al logro de la salvaci\u00f3n; en cambio, es \u00abliteral\u00bb, y por tanto in\u00fatil, mortificante, letra \u00abque mata\u00bb, toda interpretaci\u00f3n que no sepa descubrir estas referencias vitales. Una ex\u00e9gesis \u00abespiritual\u00bb mira, pues a una vida \u00abseg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu&#8217;. M\u00e1s a\u00fan: de todo este proceso global de espiritualizaci\u00f3n \u00abel aspecto en el que m\u00e1s se detiene Or\u00ed\u00adgenes es el aspecto moral\u00bb (M. HARL, Orig\u00e9ne el la fonction r\u00e9v\u00e9latrice du Tierbe Incarn\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1958, 278 &#8211; 10 ORtGENES, In Levit., hom. 7, n. 5: PG 12,487-488; GCS VI, 387; In Num., hom. 9, n. 4: PG 12,628-629; GCS VII, 58-60. 11 AMBROSIO In Psalmum 118 exposit., serm\u00f3n 15, n. 8: PL 15,1412; CSEL 62,334; n. 15: PL 15,1415; CSEL 62,338; serm\u00f3n 16, n. 39: PL 15,1437; CSEL 62,372 -&#8216;2 AMSeosio, Epist. 73, no. 10-11: PL 16,1253-1254; De Jacob et vita beata, lib. 1, cc. 4-5, no. 13-19: PL 14, 604-607; CSEL 32,3,3,13ss &#8211; 13 AMBROSIO In Psalmum 39 enarrat., n. 3: PL 14,1059; CSEL 64,215 -14 AMBRoslo, De ofc\u00fcs ministrorum, lib. 1, c. 28, n. 131: PL 16,62; De fuga saeculi, c. 3, nn. IS16: PL 14,577-578; CSEL 32,3,175ss &#8211; IsAMBROSto, De interpellatione Job el David, lib. 1, c. 5, n. 12: PL 14,802; CSEL 32,3 217 &#8211; I6 AMBROSIO, Epist. 21: sermo contra Auxentium, n. 28: PL 16,1015-1016 &#8211; Ir Entre los estudios utilizables pueden consultarse: R.P. REGAMEY, Portrait spirituel du chr\u00e9tien, Par\u00ed\u00ads 1963, passim; Y. CONGAR, Los caminos del Dios vivo, Estela, Barcelona, passim &#8211; 1s Las dos obras pueden leerse respectivamente, en PL 30,15-45 y en PL 33,1099-1120 &#8211; 19 \u00abCum omnibus aequaliter legis data sit gratia&#8230;\u00bb(PELAGIO, De lege divina, n. 6: PL 30,111). Cf S. PRETE, Pelagio e il Pelagianesimo, Brescia 1961, 49ss &#8211; r1AGUSTIN De gestis Pelag\u00fc, c. 7, n. 20: PL 44,332; CSEL 42,7274; cl` c. 1, n. 3: PL 44,321-322; CSEL 42,53-54 &#8211; zl pcusrtN De Spiritu el linera, c. 19, n. 32: PL 44,220; CSEL 60 185-186 &#8211; z2 AGUSTlN, ib, c. 21, n. 36: PL 44,222; CSEL 60,189; c. 26, n. 46: PL 44,228-229; CSEL 60,200-201 -73 AGUSTfN, ib c. 25, n. 42: PL 44,226; CSEL 60,196 &#8211; 7^ToM\u00ed\u0081S DE AQUINO, In 1Cor, c. 3, lects. 1 y 2: Super ep\u00ed\u00adstolas S. Pauli lectura, ed. Marietti 1, no. 83 y 9o -&#8216;5ID, Super Evangelium S. Joannis lectura, c. 3, lect. 2, ed. Marietti, n. 453 &#8211; zb lb, c. 14 lect. 6, n. 1958 &#8211; 71 lb, c. 14, lects. 4-6, nn. 1907ss -=8Ib, c. 14, lect. 14, n. 1916 &#8211; 29 lb, Sum. c. Gentiles, lib. 4, c. 22 -30ID, S.TIL, I-II, q. 106, a. l,c &#8211; 31 lb, q. 56, a. 5, ad 2 &#8211; 32 ID, In Rom., c. 8, lect. 1: Super epistolar S. Pauli lectura, ed. Marietti 1, mi. 602603 &#8211; \u00bb Pensamos en los siguientes textos tomistas fundamentales: S.Th., I, q. 14, a. 8,c; q. 105, a. 5, c; 1-II, q. 18, a. 5, c; In 1 Ethic., lect. 2 &#8211; 34 G. SERIPANDO, In divi Pauli ad Romanos el ad Galatas Commentaria, ad Rom 8:2-35 Cf TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 68, aa. I2; q. 109, a. 9, ad 2 &#8211; 361D S. Th., q. 90, a. 2, ad 1 &#8211; \u00bb JUAN CUS6sTOMO, In Malth., hom. 15, n. 6: PG 57,230.231 &#8211; 38 TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 1118, a. 1, C &#8211; 19 JUAN CRIO$TOMD, In Matth., hom. 1, n. 1: PG 57,13-15.<\/p>\n<p>BIBL.: BGISMARD M.E., Le Prologue de Si. Jean, Par\u00ed\u00ads 1953; BONSIRVEN J., Le r\u00e9gne de Dieu, Par\u00ed\u00ads 1947; DESCAMPs A., La Morale dei Sinottici, en Morale cristiana ed esigenze contemporanee, Mil\u00e1n 1957; DuPONT J., Les B\u00e9atitudes. Le probl\u00e9me litt\u00e9raire. 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