{"id":16702,"date":"2016-02-05T10:54:50","date_gmt":"2016-02-05T15:54:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenacion-de-las-mujeres\/"},"modified":"2016-02-05T10:54:50","modified_gmt":"2016-02-05T15:54:50","slug":"ordenacion-de-las-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenacion-de-las-mujeres\/","title":{"rendered":"ORDENACION DE LAS MUJERES"},"content":{"rendered":"<p>El tema de si las mujeres deban o no  ser ordenadas para el ministerio afecta a cuestiones al mismo tiempo antiguas y nuevas para la vida de la Iglesia. El Nuevo Testamento habla de c\u00f3mo las mujeres atend\u00ed\u00adan al ministerio de Jes\u00fas (cf. Lc 8,2-3), as\u00ed\u00ad como de las funciones importantes que ten\u00ed\u00adan algunas mujeres en las Iglesias a las que Pablo dirig\u00ed\u00ada sus cartas (Rom 16,1-12; Flp 4,3). Hay pruebas substanciales de que las mujeres sirvieron como diaconisas durante varios siglos del primer milenio, aunque no resulta tan claro cu\u00e1l era exactamente la funci\u00f3n de una diaconisa. Las maneras innumerables en que las mujeres laicas y religiosas ejerc\u00ed\u00adan funciones de ministerio y de servicio llenan muchas p\u00e1ginas de la historia de la Iglesia y se narran en las vidas de los santos.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, la cuesti\u00f3n de la  posibilidad de ordenar mujeres para el sacerdocio s\u00f3lo apareci\u00f3 en \u00e9pocas m\u00e1s recientes. Es verdad que alguno de los grupos anabaptistas m\u00e1s \u00bb radicales n ten\u00ed\u00adan como una de sus caracter\u00ed\u00adsticas m\u00e1s peculiares la aceptaci\u00f3n de mujeres pastoras y predicadoras,<\/p>\n<p> pero esta pr\u00e1ctica fue vigorosamente  criticada por los principales reformadores y s\u00f3lo apareci\u00f3 dentro de las comunidades protestantes principales despu\u00e9s del a\u00f1o 1950. Su vuelta a la actualidad en el siglo xx guarda probablemente relaci\u00f3n con el cambio gradual del papel de la mujer en la sociedad. Juan XXIII indic\u00f3 en la Pacem in terris (AAS 55 [ 1963] 267-268) que la diversa situaci\u00f3n de las mujeres en la vida p\u00fablica es uno de los signos m\u00e1s importantes de los tiempos.<\/p>\n<p>Recientemente, varias Iglesias protestantes empezaron a admitir a las mujeres en los oficios pastorales al mismo nivel que los hombres: los metodistas en 1956 (Estados Unidos) y en 1974 (Inglaterra), los congregacionalistas en 1917 (Inglaterra) y en 1929 (Escocia), la Iglesia reformada de Francia en 1965 y la mayor parte de las Iglesias luteranas en Alemania, Escandinavia y Estados Unidos por el 1960, Un estudio hecho por orden del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias sobre la ordenaci\u00f3n de las mujeres se\u00f1alaba que, en 1970, entre las 239 Iglesias miembros, hab\u00ed\u00ada 68 en las que se ordenaban mujeres. El estudio a\u00f1ad\u00ed\u00ada que muchas de las comunidades que ordenaban mujeres en Europa occidental y en Norteam\u00e9rica evitaban hacerlo en \u00ed\u0081frica, en Asia y en Am\u00e9rica Latina, Desde 1970, el \u00fanico grupo principal de Iglesias que cambi\u00f3 su pr\u00e1ctica respecto a la ordenaci\u00f3n de las mujeres ha sido la comuni\u00f3n anglicana, en la que algunas provincias decidieron introducir la ordenaci\u00f3n de las mujeres, mientras que otras se negaron a ello. En la conferencia de Lambeth de 1978, las diversas provincias anglicanas votaron por mantener la comuni\u00f3n entre ellas, aunque no estuvieran de acuerdo sobre la ordenaci\u00f3n de las mujeres. Del mismo modo, la conferencia de Lambeth de 1988 estimul\u00f3 a mantener la comuni\u00f3n en el caso de una inminente ordenaci\u00f3n de una mujer como obispo, lo cual ocurri\u00f3 muy pronto con las ordenaciones episcopales de B\u00e1rbara Harris en 1989 en los Estados Unidos y de Pen\u00e9lope Jamieson en 1990 en Nueva Zelanda. \u00daltimamente, en noviembre de 1992, la Iglesia anglicana de Inglaterra decidi\u00f3 admitir, en l\u00ed\u00adnea de principio, la posibilidad de la ordenaci\u00f3n sacerdotal de las mujeres, posibilidad que se hizo efectiva un a\u00f1o m\u00e1s tarde con la consagraci\u00f3n de un grupo numeroso de las mismas.<\/p>\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica romana y las Iglesias ortodoxas siguen manteniendo el uso antiguo de ordenar solamente a los varones para el sacerdocio, posici\u00f3n reafirmada por los ortodoxos en la \u00abDeclaraci\u00f3n de Atenas de 1978\u00bb de la Comisi\u00f3n doctrinal mixta anglicanoortodoxa y por la Congregaci\u00f3n romana para la doctrina de la fe en Inter. insigniores (1976). Tanto los ortodoxos como los cat\u00f3licos subrayan que la cuesti\u00f3n de si las mujeres pueden o no ser ordenadas no afecta a la igualdad entre hombres y mujeres ni puede resolverse a partir de estudios sociol\u00f3gicos o culturales. Se refiere fundamentalmente a la voluntad de Dios sobre la Iglesia. Esta voluntad se nos ha revelado en la Escritura y en la Tradici\u00f3n, cuya correcta interpretaci\u00f3n est\u00e1 confiada a los sucesores de los ap\u00f3stoles, los obispos. El documento Inter insigniores argumenta que la Iglesia no tiene ninguna autoridad para alterar la ininterrumpida tradici\u00f3n de no ordenar a las mujeres, tradici\u00f3n mantenida un\u00e1nime y pac\u00ed\u00adficamente durante 1.900 a\u00f1os tanto en Oriente como en Occidente, Esta posici\u00f3n se basa en la convicci\u00f3n de que la Tradici\u00f3n revela la voluntad de Dios para la Iglesia, y por eso mismo su preservaci\u00f3n significa fidelidad a Cristo. A los que argumentan que Cristo estaba puramente condicionado por su cultura al no elegir a las mujeres en el n\u00famero de ap\u00f3stoles, la Congregaci\u00f3n responde que la actitud de Jes\u00fas con las mujeres se apartaba de muchas maneras de las normas generales de su sociedad y que, por tanto, no se puede presumir que en este \u00fanico caso \u00e9l no se sintiera libre para actuar contra dichas normas. Adem\u00e1s, se afirma en dicho documento la profunda conveniencia de que s\u00f3lo los varones sean ordenados para el sacerdocio ministerial, va que el sacerdote, especialmente en la eucarist\u00ed\u00ada y en los otros sacramentos, act\u00faa in persona Christi, es decir, en el puesto de Cristo, que, como cabeza de la Iglesia, es el ministro principal de los sacramentos. Dado que Jes\u00fas era var\u00f3n, los sacerdotes varones lo representan m\u00e1s convenientemente: argumento que ser\u00ed\u00ada coherente con una sana teolog\u00ed\u00ada sacramental, en la que se afirma que los signos se asemejan y reflejan lo que simbolizan.<\/p>\n<p>El argumento anglicano en favor de la ordenaci\u00f3n de las mujeres se present\u00f3 en las cartas del arzobispo de Canterbury al Vaticano, especialmente la del arzobispo Donald Coggan a PabloVI(9dejuniode 1975)y la del arzobispo Robert Runcie al cardenal Jan Willebrands (17 de junio de 1986). Los exponentes anglicanos indican en primer lugar que el Nuevo Testamento por s\u00ed\u00ad solo no ofrece una prueba concluyente de que sea voluntad de Dios la exclusi\u00f3n de las mujeres del sacerdocio. Si no puede demostrarse que esta exclusi\u00f3n es de iure divino, entonces la ordenaci\u00f3n de las mujeres puede ser muy bien un desarrollo leg\u00ed\u00adtimo de la Tradici\u00f3n. El arzobispo Runcie continuaba se\u00f1alando que la humanidad asumida por el Verbo de Dios en el misterio pascual de su muerte y resurrecci\u00f3n es la humanidad entera, incluyendo tanto a los hombres como a las mujeres. Dado que la humanidad de Jes\u00fas en estos grandes acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n tiene que pensarse en t\u00e9rminos inclusivos, tambi\u00e9n Cristo estar\u00ed\u00ada mejor representado en la celebraci\u00f3n de los sacramentos si tambi\u00e9n las mujeres fueran admitidas al sacerdocio.<\/p>\n<p> El cardenal Willebrands contest\u00f3  que, si es cierto que al hacerse humano Jes\u00fas entr\u00f3 en solidaridad con toda la raza humana y que su intenci\u00f3n de salvaci\u00f3n abri\u00f3 e1 camino de la filiaci\u00f3n a todas las gentes de todo sexo, sin embargo Jes\u00fas no se hizo \u00abhumanidad\u00bb, sino un hombre. Adem\u00e1s, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento utilizan una imagen femenina para describir al pueblo de Dios (Os 1-3; Ef 5), de modo que la Iglesia puede llamarse con propiedad \u00abla esposa de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, la afirmaci\u00f3n de Pablo de  que en Cristo no hay var\u00f3n ni mujer (G\u00e1l 3,28) no intenta hablar de una cualificaci\u00f3n para el ministerio, sino m\u00e1s bien la igualdad de todos a la hora de compartir la nueva vida que Cristo ha conseguido para nosotros. Cuando estos argumentos relativos a la identidad y a la relaci\u00f3n de la Iglesia con Cristo se unen al papel simb\u00f3lico del sacerdote al representar a Cristo en los sacramentos, el argumento de que la agregaci\u00f3n de sacerdotes mujeres representar\u00ed\u00ada m\u00e1s adecuadamente a Cristo parece menos convincente.<\/p>\n<p>Prescindiendo de estos puntos particulares, la existencia de una tradici\u00f3n tan larga y un\u00e1nime contra la ordenaci\u00f3n de las mujeres y el hecho de que la Tradici\u00f3n juegue un papel normativo para la vida de la Iglesia son fundamentales tanto para las Iglesias ortodoxas como para la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Abundando en estos argumentos y, a pesar de que las ordenaciones numerosas de mujeres en la Iglesia anglicana ha vuelto a plantear con ello nuevos problemas en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, el papa Juan Pablo II en su carta pastoral Ordinatio sacerdotalis, hecha p\u00fablica el 30 de mayo de 1994, ha juzgado conveniente dejar zanjada en sentido negativo la cuesti\u00f3n de la posibilidad de la ordenaci\u00f3n de mujeres para el sacerdocio.<\/p>\n<p>W . Henn<\/p>\n<p>Bibl.:  Bosch, La mujer y el ministerio en las distintas Iglesias cristianas, en AA, VV El ministerio en el di\u00e1logo interconfesional: S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976, 437-455; M. Alcal\u00e1, La mujer y los ministerios en la Iglesia. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; . Galot, La Iglesia y la mujer, Bilbao 1968; cf varios art\u00ed\u00adculos en la revista Concilium 34 (1968) 126137 138-151; 72 (1972) 213-231: 80 (1972) 550-560; 134 (1980): 202 (1985); 218 (1988) III-122.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tema de si las mujeres deban o no ser ordenadas para el ministerio afecta a cuestiones al mismo tiempo antiguas y nuevas para la vida de la Iglesia. El Nuevo Testamento habla de c\u00f3mo las mujeres atend\u00ed\u00adan al ministerio de Jes\u00fas (cf. 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