{"id":16728,"date":"2016-02-05T10:55:40","date_gmt":"2016-02-05T15:55:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/principio-y-fin\/"},"modified":"2016-02-05T10:55:40","modified_gmt":"2016-02-05T15:55:40","slug":"principio-y-fin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/principio-y-fin\/","title":{"rendered":"PRINCIPIO Y FIN"},"content":{"rendered":"<p>Conceptos correlativos en cuanto que indican el comienzo y el t\u00e9rmino &#8211; conclusivo o perfectivo &#8211; (le una realidad.<\/p>\n<p>Puede haber principio y fin en los diversos \u00f3rdenes de la realidad o del pensamiento. Principio es aquello de lo que procede una cosa tanto en el orden l\u00f3gico como en el orden real, El principio puede ejercer una influencia causal, o bien puede ser lo primero en una serie, un simple punto de partida.<\/p>\n<p>El fin puede entenderse como perfecci\u00f3n a la que tiende un ser en virtud de su dinamismo, como conclusi\u00f3n de algo, o bien como meta que uno se ha propuesto alcanzar.<\/p>\n<p>En la concepci\u00f3n m\u00ed\u00adtica antigua, el principio, los or\u00ed\u00adgenes, se consideraban como el momento de perfecci\u00f3n al que segu\u00ed\u00ada luego una degradaci\u00f3n progresiva. La perfecci\u00f3n se conceb\u00ed\u00ada como un retorno a los or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la filosof\u00ed\u00ada griega, el objetivo fundamental era la b\u00fasqueda del principio (arche) como fundamento de la realidad. En Arist\u00f3teles el motor inm\u00f3vil, \u00abpensamiento del pensamiento\u00bb, es el primer principio del movimiento y el fin \u00faltimo de todas las cosas; de \u00e9l dependen la unidad, el orden y la vida en el mundo. Sin embargo, el motor inm\u00f3vil, principio y fin del universo, no tiene una actividad creadora ni una influencia causal en el curso de la historia.<\/p>\n<p>En la Biblia, el Antiguo Testamento comienza con la afirmaci\u00f3n: \u00abAl principio Dios cre\u00f3 el cielo y la tierra\u00bb (Gn 1,1). Esto supone que -Dios ya exist\u00ed\u00ada cuando el universo no exist\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada. El es el principio en absoluto, no s\u00f3lo del movimiento, sino de toda la realidad. La Escritura atestigua desde el principio la verdad del hombre como imagen de Dios y su vocaci\u00f3n como familiaridad con Dios, su dominio sobre lo creado y su unidad arm\u00f3nica entre el hombre y la mujer; pero tambi\u00e9n, la realidad original del pecado como rechazo de Dios. La salvaci\u00f3n final se comprende en referencia al principio: Dios aniquilar\u00e1 a los enemigos de su pueblo y restaurar\u00e1 la nueva Jerusal\u00e9n (1s 44,24-26; 1s 5 1,9ss); habr\u00e1 cielos nuevos y una tierra nueva (1s 65,17, 66,22).<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento afirma: \u00abAl principio era el Logos\u00bb (Jn 1, 1). El Verbo es principio de la primera creaci\u00f3n y, en Cristo, de la nueva creaci\u00f3n. Cristo es el nuevo principio y el cumplimiento final de todo el universo, en cuanto que Dios lo ha establecido heredero de todas las cosas (Heb 1,2; 2,69) y todo tiene que recapitularse en \u00e9l (Ef 1,10). Hacia este fin escatol\u00f3gico camina la historia. El Apocalipsis refiere a Cristo los atributos de Dios en el Antiguo Testamento. El es el primero , el \u00faltimo, el alfa y la omega. Dios lo abarca todo con su poder: es \u00abAquel que es, que era y que vendr\u00e1\u00bb (1,48; 4,8).<\/p>\n<p>En el pensamiento medieval, santo Tom\u00e1s estructura la Summa Theologiae de manera que todo lo real procede de Dios como principio y tiende a \u00e9l como fin. Dios es principio no s\u00f3lo del movimiento, sino del ser. El crear es com\u00fan a toda la Trinidad, pero cada una de las personas divinas es principio de manera distinta (1, q. 45, a. 6), La creaci\u00f3n, como comienzo absoluto del universo, implica el paso metaf\u00ed\u00adsico de la nada al ser. la aniquilaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada el retorno del ser a la nada, pero \u00abDios ha creado todas las cosas para que existan y no para que sean destruidas en la nada\u00bb (Quaest Ouodl. 4, 4). La bondad de Dios es el fundamento por el que \u00e9l es el fin \u00faltimo de todas las cosas. Dios quiere comunicar su perfecci\u00f3n a las criaturas y \u00e9stas desean alcanzar la suya propia,- que no es m\u00e1s que una semejanza y participaci\u00f3n de la bondad divina (S Th. 1. q. 44, a. 4).<\/p>\n<p>El pensamiento existencial contempor\u00e1neo de matriz nihilista considera a menudo el principio de las cosas , del hombre como fruto de la casualidad y su t\u00e9rmino como regreso a la nada (-Sartre, Camus, S Beauvoir), El marxismo coloca al hombre como origen y fin de la historia. En la concepci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica moderna del mundo de matriz evolucionista, el principio es el lugar del caos, de la materia inorg\u00e1nica, y el fin son las formas cada vez m\u00e1s desarrolladas; la perfecci\u00f3n se encuentra al final de la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II afirma frente al ate\u00ed\u00adsmo sistem\u00e1tico que el Se\u00f1or es \u00abautor y fin de todas las cosas\u00bb (GS 20) y, en Orden a la aportaci\u00f3n que la Iglesia puede ofrecer al mundo contempor\u00e1neo, que \u00abel Se\u00f1or es el fin de la historia humana\u00bb. en cuanto que encierra en s\u00ed\u00ad la plenitud de todas las aspiraciones. Cristo es el alfa y la omega (Ap 22,12-13) (GS 45).<\/p>\n<p>El pensamiento teol\u00f3gico contempor\u00e1neo asume, a veces con una cierta ambigUedad, diversas instancias de las corrientes actuales. Teilhard de Chardin conjuga la escatolog\u00ed\u00ada cristiana con la teor\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfico-natural de la evoluci\u00f3n y considera un \u00fanico proceso que tiene como principio a los elementos m\u00e1s simples de la materia y como fin a Cristo, punto omega de la evoluci\u00f3n. La teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica se inspira m\u00e1s bien en el pensamiento marxista y subraya la exigencia de que el hombre se comprometa a ser principio activo en la transformaci\u00f3n de la historia; sin embargo, es consciente de que el fin \u00faltimo no es producto del hombre, sino don trascendente y gratuito de Dios.<\/p>\n<p>E. C Rava<\/p>\n<p>Bibl.: A. Darlap. Principio y fin, en SM, Y, 553-561., J L. Ruiz de la Pe\u00f1a, El \u00faltimo sentido, Madrid 1980; O. Cullmann, Cristo y el tiempo, Estela, Barcelona 1968; J Mouroux, El misterio del tiempo, Barcelona 1986: H, U, von Balthasar Teolog\u00ed\u00ada de la historia, Cristiandad, Madrid 1964: K. Jaspers. Origen y meta de la hstoria, Rev, de Occidente, Madrid 1968.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. P. y f. pertenecen (en sus formas concretas de nacimiento y de muerte) a las experiencias fundamentales de la propia realizaci\u00f3n humana y, con ello, religiosa del hombre. Este, como ser hist\u00f3rico en su consciente disponer de s\u00ed\u00ad mismo, plantea necesariamente la cuesti\u00f3n de su origen y su fin, pues experimenta c\u00f3mo el actuar que ahora es posible para \u00e9l y se le encomienda, est\u00e1 limitado por sucesos precisos y orientado hacia un fin determinado, que no puede ser superado (fin del -> hombre). Un an\u00e1lisis ontol\u00f3gico-formal muestra el principio no como un momento particular: el primero dentro de una serie de muchos momentos comparables, sino como la apertura que posibilita un todo, el cual a partir del principio temporaliza hacia el fin (como meta). As\u00ed\u00ad el concepto de principio supera necesariamente el concepto de un tiempo formal y externo, y, respecto del todo que se abre en \u00e9l y por \u00e9l, es mucho m\u00e1s intr\u00ed\u00adnseco que el primer momento de una duraci\u00f3n respecto de lo que en ella dura; pues el todo est\u00e1 cada momento plenamente determinado por el principio; \u00e9ste confiere previamente al todo la -> esencia y las condiciones de realizaci\u00f3n que con ella se dan. El principio se presenta as\u00ed\u00ad como trasunto de los concretos datos previos de la existencia hist\u00f3rica del hombre.<\/p>\n<p>Pero como el hombre en cuanto persona est\u00e1 en la historia de la humanidad una y, por lo menos aquello que en sentido estricto pertenece a la historia originaria de esta humanidad pertenece tambi\u00e9n a los insuperables datos previos de su propia existencia, en el concepto de este su principio hay que incluir no s\u00f3lo la originaci\u00f3n de su historia individual, sino tambi\u00e9n el principio de la humanidad en conjunto.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con el principio pertenece, como aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, a las realizaciones fundamentales del hombre. Ahora bien, como este principio no s\u00f3lo significa necesariamente la posici\u00f3n de la esencia abstracta, dada continuamente en la autorrealizaci\u00f3n del hombre, sino que adem\u00e1s muestra una facticidad concreta (que, sin embargo, como facticidad del mero principio de una autorrealizaci\u00f3n hist\u00f3rica todav\u00ed\u00ada futura, la cual es potencial, y potencialmente va m\u00e1s lejos que la respectiva actualidad no tiene simplemente el mismo saber actual que la presencia de lo hist\u00f3rico), el principio como concreto se caracteriza con necesidad por un rasgo oculto, por la oscuridad del origen. Por ello el principio es exterior y est\u00e1 sustra\u00ed\u00addo al que comienza, pues \u00e9ste se halla presente e internado en aqu\u00e9l s\u00f3lo como presupuesto indisponible de la existencia experimentada en cuanto posici\u00f3n o realizaci\u00f3n propia y, con ello, lo mismo que en el fin, como su l\u00ed\u00admite insuperable.<\/p>\n<p>a) S\u00f3lo se puede hablar de principio cuando lo que en \u00e9l se abre es un todo que a su vez est\u00e1 abierto, cuando el principio mismo, como l\u00ed\u00admite sustra\u00ed\u00addo y sustrayente, pueda ser trascendido por una existencia libre y causada. Un principio \u00abaut\u00e9ntico\u00bb s\u00f3lo le corresponde, pues, al principio personal. Solamente el principio aut\u00e9ntico, que como tal no deja detr\u00e1s de s\u00ed\u00ad absolutamente nada que le pertenezca, que no puede ser comprendido como fin de otro movimiento, fundamenta la \u00abtemporalidad interna\u00bb, cuyos momentos particulares no son partes indiferenciadas de un tiempo que transcurre homog\u00e9neamente, sino que en su temporalidad son cualitativamente distintos (-> tiempo).<\/p>\n<p>b) Puesto que el principio es un principio abierto hacia su fin, y el principio s\u00f3lo en el fin llega hacia s\u00ed\u00ad mismo, la -> protolog\u00ed\u00ada y la -> escatolog\u00ed\u00ada (entendidas ambas ante todo como partes formales de una antropolog\u00ed\u00ada existencial) se relacionan \u00ed\u00adntimamente entre s\u00ed\u00ad. La mirada que descubre al hombre su infinitud finita y su finitud infinita es una mirada a la reconditez de su fin y simult\u00e1neamente a la de su principio: el -> misterio que act\u00faa en ambos y que los envuelve se insin\u00faa fenom\u00e9nicamente como el mismo. La presencia creciente del fin en la autorrealizaci\u00f3n del hombre que lo acepta es al mismo presencia del principio.<\/p>\n<p>c) Puesto que la realizaci\u00f3n del hombre que s\u00f3lo a partir de s\u00ed\u00ad mismo piensa el principio como principio fracasa necesariamente (bien en la concepci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo que se da en el -> mito, o bien en la profanidad de una temporalidad formalmente vac\u00ed\u00ada: -> nihilismo); en consecuencia, una protolog\u00ed\u00ada adecuada y, con ello, el saber exacto acerca del principio concreto, en tanto no haya llegado la consumaci\u00f3n s\u00f3lo es posible a partir de la revelaci\u00f3n, o sea, mediante una protolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica; aqu\u00e9lla puede producirse o bien por una mera revelaci\u00f3n verbal de los \u00e9sjata concretos, o bien por una entrada del fin ya presente ocultamente que se interpreta en la palabra (-> protolog\u00ed\u00ada, -> escatolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>2. Para el contenido de la idea de principio en la revelaci\u00f3n, primero hay que remitir ante todo a los temas -> creaci\u00f3n, -> evoluci\u00f3n ii, -> hominizaci\u00f3n ii, historia de -> salvaci\u00f3n, -> pecado original, -> hombre.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo debemos referirnos a aquello que en la sagrada Escritura se designa expresamente con el concepto de \u00abprincipio\u00bb (fuera de los lugares donde se habla de la creaci\u00f3n del mundo mismo). Para comprender este t\u00e9rmino, primero hay que pensar lo que sigue: all\u00ed\u00ad donde, a\u00fan dentro de la historia, ocurre una acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica inmediata de Dios que condetermina de manera esencialmente nueva la situaci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica del hombre, debe hablarse en este sentido de un verdadero principio (nuevo principio, nueva creaci\u00f3n), puesto que aqu\u00ed\u00ad las posibilidades del principio ya dado son determinados de forma nueva e inmediata en su principio a partir de Dios. Por esto Cristo es por antonomasia el principio de la salvaci\u00f3n, sobre todo porque en el nuevo comienzo que se inicia radicalmente con la resurrecci\u00f3n se ha acreditado a s\u00ed\u00ad mismo como el mediador de la salvaci\u00f3n para todos los tiempos (Col 1, 15 18; 1 Cor 15, 20 23; Ap 3, 14; 21, 6; 22, 13b).<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que cuanto pertenece, en la salvaci\u00f3n o perdici\u00f3n, a los presupuestos establecidos inmediatamente por Dios de la acci\u00f3n o reacci\u00f3n humana, que determina este principio puesto por Dios como origen de todo lo dem\u00e1s, seg\u00fan la manera de hablar de la Escritura est\u00e1 \u00aben el principio\u00bb o \u00abdesde el principio\u00bb: el l\u00f3gos (Jn 1, 1; 1 Jn2, 13); la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios (-> salvaci\u00f3n), que penetra siempre la historia (Ef 1, 4; 3, 9ss; 2 Tes 2, 13); el diablo (Jn 8, 44; 1 Jn 3, 8); la vocaci\u00f3n (Jn 15, 27); el comienzo de la predicaci\u00f3n del evangelio (Heb 2, 3; 5, 12; 6, 1; 1 Jn 2, 7; 3, 11; 2 Jn 5ss); la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo en pentecost\u00e9s (Act 11, 15); el comienzo de la existencia cristiana (Heb 3, 14), entre otras cosas; mientras que sucesos que niegan el plan originario del principio son calificados como \u00abno desde el principio\u00bb (Mt 19, 8).<\/p>\n<p>3. Adem\u00e1s de esto hay que destacar aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s expresamente las estructuras formales que determinan la totalidad del principio concreto.<\/p>\n<p>a) La posici\u00f3n originaria del principio. Con ese concepto se significa el hecho de ser creado, tal como le acontece precisamente al ente espiritual-personal, en cuanto \u00e9ste s\u00f3lo puede ser puesto en la existencia por un acto de Dios inmediato y creador; con lo que ese ente en su mismidad concreta limita inmediatamente con Dios como causa incondicionada y libre, no sujeta al tiempo, perfecta en s\u00ed\u00ad, y que consiguientemente en su efecto no busca su propia perfecci\u00f3n. Por ello esta posici\u00f3n originaria pertenece a los -> existenciales del hombre inmediatamente realizados. Con esa dependencia no mediada de Dios como tal est\u00e1 dada necesariamente la imposibilidad de disponer de este principio. El principio ha sido dispuesto por Dios mismo, y por eso el hombre no puede disponer sobre \u00e9l, por cuanto, frente a tal principio, su acci\u00f3n es siempre accesoria y, por brotar del mismo, nunca podr\u00e1 superarlo aut\u00e9nticamente. Mas como este principio puesto originariamente ha sido establecido en verdad como principio de un devenir, que no s\u00f3lo tiende a la mutaci\u00f3n de un estado v\u00e1lido ya en su actualidad, sino a una aut\u00e9ntica consumaci\u00f3n, el principio es realmente potencial, y por eso se da como principio oculto, que s\u00f3lo en la historia de dicho ser personal se descubre adecuadamente para \u00e9l.<\/p>\n<p>b) El principio como realidad dada. En un ente espiritual, que a causa de su trascendencia hacia el ser es totalmente capaz de la reditio completa in se ipsum, este principio, a pesar de su reconditez, no es simplemente lo que el ente deja tras de s\u00ed\u00ad y aquello de lo que, en su duraci\u00f3n, se aleja m\u00e1s y m\u00e1s, sino aquello a lo que se dirige como realidad que se le va descubriendo m\u00e1s y m\u00e1s en la actualizaci\u00f3n hist\u00f3rica de su propio ser, para convertirse en lo que ello es.<\/p>\n<p>Por el hecho de que ese principio ha sido puesto originariamente, se deduce como consecuencia conceptualmente necesaria que las posibilidades dadas con tal principio en el respectivo ente, en cada caso le han sido dadas s\u00f3lo a \u00e9l, y por tanto Dios se las ha impuesto como tareas obligatorias, ineludibles, respecto de las cuales aqu\u00e9l debe comportarse conoci\u00e9ndolas y decidi\u00e9ndose. As\u00ed\u00ad el hombre, a pesar de la originalidad insuperable del principio, puede negarlo (cf. Job 3), reprimido y tergiversarlo a causa de su reconditez, o bien, correspondiendo a la medida creciente de su descubrimiento en el curso de la historia, aceptarlo como dispuesto por Dios y llegar as\u00ed\u00ad a la perfecci\u00f3n pensada precisamente para \u00e9l. Por eso no puede hacerse indiferente el principio en nombre del fin, ni \u00e9ste en nombre de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>c) El principio como origen de lo v\u00e1lidamente temporalizado. El principio aut\u00e9ntico, puesto originariamente, a pesar de que hace brotar de s\u00ed\u00ad un acontecer realmente temporal, por ser puesto inmediatamente por Dios no es un momento en un tiempo que propiamente contin\u00faa extendi\u00e9ndose detr\u00e1s de \u00e9l. Por esto su fin, hacia el cual comienza, no es un final como ruptura, sino el fin como consumaci\u00f3n de lo temporal, en la que el resultado del tiempo terminado se conserva como v\u00e1lido y definitivo. Por eso al principio aut\u00e9ntico como posici\u00f3n originaria (el cual es en s\u00ed\u00ad mismo un momento interno del aut\u00e9ntico fin) no le corresponde el fin de un no existir m\u00e1s en un tiempo concebido como flujo que contin\u00faa homog\u00e9neamente.<\/p>\n<p>En cuanto el principio es aut\u00e9nticamente potencial y de suyo camina hacia el tiempo que s\u00f3lo la consumaci\u00f3n temporaliza, y as\u00ed\u00ad se abre a la disposici\u00f3n incalculable de Dios sobre estas posibilidades abiertas en el tiempo, el fin es ciertamente la conservaci\u00f3n, consumaci\u00f3n y revelaci\u00f3n del principio, pero esta consumaci\u00f3n no es un mero llegar a s\u00ed\u00ad misma de la ley del principio, en virtudde la cual ha comenzado el hombre. El principio mismo vive m\u00e1s bien del movimiento hacia la consumaci\u00f3n, cuya realizaci\u00f3n est\u00e1 llevada por Dios, el \u00fanico que es a la vez p. y f., y as\u00ed\u00ad, como unidad trascendente, separa y une el p. y el f. en los entes finitos, a los que por la gracia se comunica como esta unidad trascendente de p. y fin.<\/p>\n<p>4. El fin es ante todo el \u00abhacia d\u00f3nde\u00bb del principio a modo de meta; y luego la existencia terminada de lo que ya est\u00e1 puesto con el principio como realidad que debe temporalizarse para llegar a ser; o bien el l\u00ed\u00admite que dispone la totalidad de la existencia. Este fin tiene a su vez sus realizaciones an\u00e1logas entre s\u00ed\u00ad seg\u00fan el poder\u00ed\u00ado \u00f3ntico de lo que se temporaliza.<\/p>\n<p>a) La cuesti\u00f3n de si en ese sentido el mundo material tiene un fin aut\u00e9ntico, y por cierto de tal modo que \u00e9ste pueda conocerse en aqu\u00e9l mismo, es decir, la cuesti\u00f3n de si tiende hacia un fin permanente, consumado, que \u00absuprime\u00bb su temporalidad, detr\u00e1s del cual en principio y esencialmente no puede pensarse ninguna otra fase, o si, por el contrario, est\u00e1 orientado a lo siempre nuevo de lo que en el fondo permanece siempre lo mismo, puede permanecer abierta; del mismo modo que filos\u00f3fica y teol\u00f3gicamente es una cuesti\u00f3n abierta la de si su condici\u00f3n de comenzado puede conocerse en \u00e9l en cuanto tal. (Que el mundo material tienda a un no-ser es un pensamiento de antemano insostenible; su posible no-ser a causa de su condici\u00f3n creada es tan s\u00f3lo una amenaza que viene de lo trascendente). Esta cuesti\u00f3n en \u00faltimo t\u00e9rmino carece de importancia, pues no existe un mundo material como meramente material, sobre el cual pudiera preguntarse realmente hacia d\u00f3nde tiende por s\u00ed\u00ad solo. Pues precisamente en el terreno teol\u00f3gico hemos de decir que una historia de la naturaleza y, por tanto, un p. y f. de la naturaleza, existen solamente por la posici\u00f3n creadora de Dios como presupuesto y contorno de una historia espiritual de la criatura, historia que desemboca en la libre comunicaci\u00f3n de Dios mismo a la criatura espiritual (historia de la -> salvaci\u00f3n), de manera que por lo menos el fin f\u00e1ctico de la historia de la naturaleza conservar\u00e1 de ella lo que pueda entrar en la consumaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu creado.<\/p>\n<p>b) El fin de lo biol\u00f3gico como tal es la nueva posici\u00f3n del principio. En cuanto lo biol\u00f3gico, como figura espacio temporal que implica un acto de posici\u00f3n descansa dentro de la naturaleza conjunta en lo puramente material-f\u00ed\u00adsico, que integra en s\u00ed\u00ad mismo, se expone a lo que es mero momento, no puesto, en la \u00abhistoria\u00bb de la naturaleza en conjunto (-> evoluci\u00f3n II), y por esto, visto como singular, puede tambi\u00e9n tener fin como un \u00absucumbir\u00bb. Pero esto no niega que el fin de lo biol\u00f3gico como tal sea la recuperaci\u00f3n del principio, la \u00abdescendencia\u00bb. En este estadio se hace por primera vez palpable en cierto modo c\u00f3mo el fin no es un cesar de algo que hasta ahora exist\u00ed\u00ada y deja de existir, sino el logro y la recepci\u00f3n de las posibilidades que con el principio de momento est\u00e1n puestas solamente por su causa trascendente, y que en el tiempo son producidas como las recibidas.<\/p>\n<p>c) El fin de lo espiritual-personal, de acuerdo con su esencia ontol\u00f3gica, es decir, con su condici\u00f3n de ser que se sabe a s\u00ed\u00ad mismo y se toma libremente en posesi\u00f3n, y de acuerdo con su principio, es la libre recepci\u00f3n actuada del aut\u00e9ntico principio. El fin que en la historia de la -> libertad se temporaliza ante Dios y de cara a Dios, es el aut\u00e9ntico concepto teol\u00f3gico de fin. Este fin no es ni la negaci\u00f3n del ser, ni una censura establecida en \u00faltimo t\u00e9rmino arbitrariamente en un -> tiempo que ciertamente comenz\u00f3 una vez y que ahora transcurre hacia lo imprevisible, sino que es la consumaci\u00f3n real del mismo, la cual termina la temporalidad porque \u00e9sta desemboca en la validez absoluta de la libertad, en la ->, decisi\u00f3n definitiva. Una libertad que se temporaliza a s\u00ed\u00ad misma acontece siempre en la decisi\u00f3n entre posibilidades abiertas hacia el futuro y, as\u00ed\u00ad, hacia la totalidad de las posibilidades de la libertad, hacia el fin y desde \u00e9l.<\/p>\n<p>Los modos de fin antes distinguidos seg\u00fan los grados ontol\u00f3gicos del ente, son asimismo otras tantas maneras (aunque, evidentemente, no todas verdaderas en igual medida) c\u00f3mo el hombre puede entender el fin.<\/p>\n<p>Por cuanto el hombre se relaciona necesariamente (aunque bajo ciertas circunstancias en forma de represi\u00f3n falsificadora del fin oprimente) con el fin y tiene su presente en el esbozo planificador o temeroso de su futuro, el fin es una realidad presente, pero precisamente como venidera, que se muestra en forma de llamada, de tarea y de deber. El fin penetra as\u00ed\u00ad y cualifica cada momento de la existencia y constituye su singularidad. En tanto ese fin presente y futuro es el fin de un ente finito, como venidero nunca cae bajo el poder absoluto de este ente; sino que el fin, como oculto y realidad que llega de fuera, dispone sin que se pueda disponer sobre \u00e9l. Pero en cuanto dicho ente se abre a su fin y se lo apropia como lo que realmente es suyo, hemos de ver en \u00e9ste a la vez un fin operado por el sujeto humano.<\/p>\n<p>La unidad indisponible (\u00abdiast\u00e1tica\u00bb) del fin que llega desde fuera con violencia y del fin que act\u00faa internamente, es el misterio que envuelve siempre la luz del presente.<\/p>\n<p>5. Pero si el hombre es esencialmente el ente hist\u00f3rico a cuya inteligencia de s\u00ed\u00ad mismo y de la salvaci\u00f3n pertenecen precisamente en su respectiva actualidad y existencia la retrospecci\u00f3n etiol\u00f3gica hacia un pasado aut\u00e9nticamente temporal, as\u00ed\u00ad como la mirada y el proyecto de cara a un futuro aut\u00e9nticamente temporal, o sea, la referencia al p. y al f. de su tiempo, y por cierto, tanto en la dimensi\u00f3n de su vida individual como en la de la vida de la humanidad; en consecuencia esta referencia fundamental no puede desvirtuarse en forma actualista por una -> desmitizaci\u00f3n o por una interpretaci\u00f3n solamente -> existencial (III), ni puede recortarse en forma ut\u00f3pico-marxista la -> vinculaci\u00f3n con el pasado (-> tradici\u00f3n) a favor de una \u00abtrascendencia\u00bb unilateral hacia el futuro, o suplantarse la dimensi\u00f3n ineludible del futuro por una restauraci\u00f3n conservadora (-> historia e historicidad).<\/p>\n<p>6. Al hombre debe esclarec\u00e9rsele por su futuro y su fin, que son constitutivos de su presente, lo que es necesario para su comprensi\u00f3n actual de la existencia. Pero cuando la existencia est\u00e1 orientada a un fin sobrenatural y as\u00ed\u00ad est\u00e1 determinada en s\u00ed\u00ad misma por una aut\u00e9ntica revelaci\u00f3n, los enunciados que revelan esta determinaci\u00f3n sobrenatural, puesto que comunican algo al hombre sobre su actual constituci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, tambi\u00e9n deben decirle algo sobre el car\u00e1cter venidero y la presencia de su propio futuro. Estos enunciados tienen que expresarse en medio de una tensi\u00f3n entre actualismo escatol\u00f3gico y aut\u00e9ntico \u00abdespu\u00e9s\u00bb, entre el ahora y el m\u00e1s tarde, entre el ahora y el fin del \u00fanico acontecer actual, que es temporal y por eso s\u00f3lo puede expresar el ahora a trav\u00e9s del futuro y el aut\u00e9ntico futuro a trav\u00e9s del presente. Todas las afirmaciones escatol\u00f3gicas deben leerse bajo este principio hermen\u00e9utico. Si no reciben una versi\u00f3n actualista son entendidas unilateralmente, y si la actualizaci\u00f3n impide la mirada a lo temporalmente futuro es falsa (-> escatolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>(Sobre el fin del hombre particular, cf. -> muerte; sobre el fin de la historia total de la humanidad como historia de salvaci\u00f3n o de perdici\u00f3n, en cuanto \u00e9l determina la actualidad salv\u00ed\u00adfica como futuro y presente, cf. -> nov\u00ed\u00adsimos e historia de la -> salvaci\u00f3n.)<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: M. Heidegger, El ser y el tiempo (F de C Econ\u00f3mica M\u00e9x 1968); G. Delle, &#038;pXl : ThW I 476-483; Ph. Dessauer, Der Anfang und das Ende (L 1939); G. Delling, Das Zeitverst\u00e4ndnis des NT (G\u00fc 1940); A. Delp, Der Mensch und die Geschichte (Colmar 1943); H. H. Schrey, Existenz und Offenbarung (T 1947); O. Cullmann, Cristo y el tiempo (Estela Ba 1968); K. Jaspers, Origen y meta de la historia (R de Occ Ma 41968); H. U. v. Balthasar, Teolog\u00ed\u00ada de la historia (Guad Ma); J. Pieper, Sobre el fin de los tiempos ( Rialp Ma); J. B. Lots, Zur Geschichtlichkeit des Menschen: Scholastik 26 (1951) 321-341; Barth KD 111\/2; K. L\u00f6with, Weltgeschichte und Heilsgeschehen (St 1953 y frec.); J. B. Lotz, Geschichtlichkeit und Ewigkeit: Scholastik 29 (1954) 481-505; H. Ott, Geschichte und Heilsgeschichte in der Theologie R. Bultmanns (1&#8242; 1955); A. Lumpe, Der Terminus APXH von den Vorsokratikern bis auf Aristoteles: Archiv f\u00fcr Begriffsgeschichte I (Bo 1955) 104-116; S. Holm, S. Kierkegaards Geschichtsphilosophie (St 1956); P. Althaus, Die letzten Dinge (G\u00fc 61956); J. K\u00f6hler, Eschatologie und Geschichte (H 1957); R. Bultmann, Geschichte und Eschatologie (T 1958); H. Ott, Eschatologie (Z 1958); B. Wehe, Die Grenze im Leben der Wissenschaft: Freiburger Dies Universitatis VI (Fr 1958) 9-19; R. Berlinger, Das Werk der Freiheit (F 1959); P. Levert, L&#8217;id\u00e9e de Commencement (P 1961); J. Mouroux, Le Myst\u00e9re du temps (P 1962); Rahner IV 441-452; K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte (Herder Ba 21969); H. U. v. Balthasar, Das Ganze im Fragment (Ei 1963); R. Berlinger, Vom Anfang des Philosophierens (F 1965); A. Darlap, Teolog\u00ed\u00ada fundamental de la historia de la salvaci\u00f3n, en Myst Sal I\/1 49-204; B. Wette, Auf der Spur des Ewigen (Fr 1965); idem, Heilsverst\u00e4ndnis (Fr 1966); H. Volk, Anfang und Ende in theologischer Sicht: Gesammelte Schriften II (Mz 1966) 7-30.<\/p>\n<p>Adolf Darlap<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conceptos correlativos en cuanto que indican el comienzo y el t\u00e9rmino &#8211; conclusivo o perfectivo &#8211; (le una realidad. Puede haber principio y fin en los diversos \u00f3rdenes de la realidad o del pensamiento. Principio es aquello de lo que procede una cosa tanto en el orden l\u00f3gico como en el orden real, El principio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/principio-y-fin\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPRINCIPIO Y FIN\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16728","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16728","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16728"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16728\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16728"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16728"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16728"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}