{"id":16741,"date":"2016-02-05T10:56:05","date_gmt":"2016-02-05T15:56:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/qui-pluribus\/"},"modified":"2016-02-05T10:56:05","modified_gmt":"2016-02-05T15:56:05","slug":"qui-pluribus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/qui-pluribus\/","title":{"rendered":"QUI PLURIBUS"},"content":{"rendered":"<p>Carta enc\u00ed\u00adclica del 9 de noviembre de 1846 de P\u00ed\u00ado IX. Texto importante en el desarrollo de la ense\u00f1anza del Magisterio, ya que anticipa los temas de la relaci\u00f3n entre fe-raz\u00f3n que se explicitar\u00ed\u00adan m\u00e1s tarde en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Filius del concilio Vaticano I.<\/p>\n<p>La carta enc\u00ed\u00adclica enumera los errores del racionalismo y ense\u00f1a la doctrina de la Iglesia sobre el car\u00e1cter revelado de la religi\u00f3n cristiana y sobre el papel que la raz\u00f3n tiene que representar en el estudio de los contenidos de la revelaci\u00f3n. Dentro de este tema, la enc\u00ed\u00adclica encierra una particular importancia para la teolog\u00ed\u00ada fundamental, ya que recurre a los motivos de credibilidad como argumentos v\u00e1lidos para alcanzar la certeza de la fe.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se alude en ella al tema de la infalibilidad pontificia, anticipando as\u00ed\u00ad la Pastor aeternus.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: R. LatoureIIe, Qui pluribus, en DTF 1093-1094.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>A nivel de teolog\u00ed\u00ada fundamental, esta enc\u00ed\u00adclica nos interesa en dos puntos: las relaciones entre la fe y la raz\u00f3n y los motivos de credibilidad.<\/p>\n<p>1) El primer objetivo de la enc\u00ed\u00adclica (9 de noviembre de 1846) es expresar la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones entre la fe y la raz\u00f3n. En este -documento P\u00ed\u00ado IX asienta unos principios que; veinticinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, recoger\u00e1 el Vaticano I. Afirma que no existe &#8216;ning\u00fan conflicto entre la fe y la raz\u00f3n, ya que las dos derivan de la misma fuente de la verdad eterna; al contrario, tienen que prestarse un apoyo mutuo (DS 2776). El racionalismo, \u00abenemigo de la revelaci\u00f3n divina\u00bb, intenta reducir la religi\u00f3n cristiana alas condiciones de una \u00abobra humana\u00bb o de un \u00abhallazgo filos\u00f3fico\u00bb sometido a las leyes de un progreso incesante. P\u00ed\u00ado IX denuncia esta pretensi\u00f3n y declara que: a) nuestra religi\u00f3n ha sido \u00abgraciosamente revelada por Dios a la humanidad\u00bb y que \u00ab\u00e9sta saca su fuerza de la autoridad de ese mismo Dios que habla\u00bb (DS 2777); b) la raz\u00f3n humana, por consiguiente, tiene la obligaci\u00f3n de \u00abinvestigar diligentemente sobre el hecho de la revelaci\u00f3n para obtener la certeza de que Dios ha hablado y para rendirle luego&#8230; un homenaje razonable; c) \u00abhay que prestar fe por entero a Dios que habla, y nada hay tan conforme a la misma raz\u00f3n como aceptar&#8217; y adherirse firmemente a todo lo que se ha establecido como revelado por Dios, que no puede ni enga\u00f1arse ni enga\u00f1ar\u00bb (DS 2778). En tres ocasiones el texto de la enc\u00ed\u00adclica relaciona los t\u00e9rminos de revelaci\u00f3n, palabra y fe, y los ilustra uno por el otro. Considera la revelaci\u00f3n sucesivamente bajo su aspecto objetivo, activo y pasivo. En el primer caso se trata de la religi\u00f3n revelada (en el sentido de doctrina, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n del Vaticano 1, que recoge este mismo texto: D&#8217;S 3020), en oposici\u00f3n a lo que ser\u00ed\u00ada solamente doctrina humana, fruto de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica; en el segundo caso, el texto est\u00e1blece una equivalencia entre la acci\u00f3n de revelar y la acci\u00f3n de hablar; el tercero considera la reacci\u00f3n del hombre ante Dios que s\u00e9 revela; la fe es respuesta a Dios que habla, aceptaci\u00f3n de lo que revela. Se dirige propiamente a la persona y se adhiere a lo que dice. El motivo de esta adhesi\u00f3n y de este homenaje es la palabra misma de Dios: palabra autorizada de aquel que no puede enga\u00f1arse (lo cual excluye todo error) ni enga\u00f1arnos (lo cual excluye toda mentira). La fe, por tanto, es un homenaje razonable, basado en la palabra ver\u00ed\u00addica e infalible de Dios mismo. La palabra de Dios es del orden del testimonio.<\/p>\n<p>2) La enc\u00ed\u00adclica nos interesa adem\u00e1s porque presenta una visi\u00f3n sint\u00e9tica de los signos de la revelaci\u00f3n, renovando as\u00ed\u00ad la presentaci\u00f3n tradicional, aunque sin llegar a la perspectiva personalista del Vaticano II, en la l Dei Verbum, que presenta a Cristo como fuente y centro de convergencia de todos los signos.<\/p>\n<p>Enumerando y agrupando en una amplia s\u00ed\u00adntesis todos los signos que permiten establecer con certeza el origen divino del cristianismo, la enc\u00ed\u00adclica vincula todos los signos de la revelaci\u00f3n a Cristo y a su mensaje. La fe cristiana, dice el texto, \u00abha sido confirmada por el nacimiento de Jesucristo, su autor, que la lleva a su perfecci\u00f3n por su vida, su muerte, su resurrecci\u00f3n, su sabidur\u00ed\u00ada, sus milagros, sus profec\u00ed\u00adas\u00bb (DS 2779). Tambi\u00e9n el Vaticano II afirma que la vida y las obras de Cristo confirman la revelaci\u00f3n (DV 4). Se observan, sin embargo, notables diferencias en la orientaci\u00f3n respectiva de los dos textos. En la enc\u00ed\u00adclica, la atenci\u00f3n se dirige ante todo al objeto mismo de la fe, a saber: la doctrina de salvaci\u00f3n que tiene a Cristo por autor; en el Vaticano II, Cristo, Hijo y Palabra del Padre, destaca sobre todo lo de m\u00e1s: En la enc\u00ed\u00adclica, los signos se relacionan con Cristo, pero no con aquella intimidad de relaci\u00f3n que con vierte a la persona del Verbo encarnado en el centro de irradiaci\u00f3n de todos-los signos. El texto inculca sobre todo el hecho de que la fe cristiana (en el sentido de doctrina de fe) se ve confirmada por la vida, las palabras y las obras de Cristo, que es su autor y su consumaci\u00f3n. La enc\u00ed\u00adclica no expresa de forma tan densa como la Dei Verbum el hecho d\u00e9 que Cristo, por toda su presencia, por todo lo que \u00e9l es y por las mismas realidades, acaba yc\u00f3nfirm\u00e1 al mismo tiempo la revelaci\u00f3n. El texto de la enc\u00ed\u00adclica, sin embargo, por la presentaci\u00f3n sint\u00e9tica que hace de lbs signos, vincul\u00e1ndolos a Cristo, anticipa ya la, doctrina y la estructura literaria dl Vaticano II. Subraya tambi\u00e9n que los signos de la revelaci\u00f3n no son entidades independientes. Est\u00e1n relacionados entre s\u00ed\u00ad y se iluminan mutuamente; se presentan como un solo haz y act\u00faan por v\u00ed\u00ada de convergencia. Se parecen a una constelaci\u00f3n m\u00e1s bien que a un meteorito aislado. Los signos de credibilidad de la revelaci\u00f3n emanan de Cristo y de la Iglesia como rayos luminosos salidos de un mismo foco. Es la necesidad pedag\u00f3gica la que nos hace separar lo que est\u00e1 unido, a costa de falsear la realidad.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta enc\u00ed\u00adclica del 9 de noviembre de 1846 de P\u00ed\u00ado IX. Texto importante en el desarrollo de la ense\u00f1anza del Magisterio, ya que anticipa los temas de la relaci\u00f3n entre fe-raz\u00f3n que se explicitar\u00ed\u00adan m\u00e1s tarde en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Filius del concilio Vaticano I. 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