{"id":16752,"date":"2016-02-05T10:56:26","date_gmt":"2016-02-05T15:56:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/representacion\/"},"modified":"2016-02-05T10:56:26","modified_gmt":"2016-02-05T15:56:26","slug":"representacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/representacion\/","title":{"rendered":"REPRESENTACION"},"content":{"rendered":"<p>Este concepto en el terreno teol\u00f3gico dice que uno\/algunos puede(n) actuar para la salvaci\u00f3n de otros. En las fuentes b\u00ed\u00adblicas se expresa sobre todo esta idea con la preposici\u00f3n por (griego hyper); en el lenguaje teol\u00f3gico se acude tambi\u00e9n a los t\u00e9rminos de \u00abvicariedad, y \u00absolidaridad,.<\/p>\n<p>La experiencia religiosa de Israel documenta la presencia, la profundizaci\u00f3n progresiva y la dilataci\u00f3n cada vez m\u00e1s amplia del valor de la representaci\u00f3n. Abrah\u00e1n, padre del pueblo de la alianza, es considerado por la fuente yahvista como aquel \u00aben el que ser\u00e1n bendecidas todas las familias de la tierra&#8217; (Gn 12,3). Por su caminar en la justicia ante Dios puede interceder ante el Se\u00f1or por los pecadores de Sodoma y Gomorra (cf. Gn 18). Mois\u00e9s intercede en favor de su pueblo infiel y le evita la destrucci\u00f3n (cf. Ex 32,1 i13); pero debido a su propio pecado, Dios no le permite entrar en la tierra prometida (cf. Dt 3,23-27). Tambi\u00e9n la suerte de los profetas est\u00e1 determinada en parte por las actitudes del pueblo al que eran enviados (cf., por ejemplo, Ez 13,5; Zac 12,10-13,1). Esta perspectiva religiosa, especialmente bajo la forma de expiaci\u00f3n vicaria, alcanza su cima m\u00e1s alta en la figura del Siervo de Yahveh doliente del Deutero-Isa\u00ed\u00adas (cf. 1s 53), en el que una corriente religiosa de Israel ve a un individuo gracias a cuyos sufrimientos Dios concede el perd\u00f3n a todo el pueblo de Israel que ha sido infiel, mientras que otros ven en \u00e9l el s\u00ed\u00admbolo de los sufrimientos de Israel como fuente de bendici\u00f3n para la familia de las naciones, de la nmuchedumbre&#8217;. La idea del valor redentor del sufrimiento vicario se difundi\u00f3 en el juda\u00ed\u00adsmo intertestamentario (cf., por ejemplo, 2 Mac 7 38; Dan 3,40) y contempor\u00e1neo del Nuevo Testamento (cf. 4 Mac y 4 Esdras). En este contexto tambi\u00e9n la figura de Ad\u00e1n de Gn 3 fue comprendida como causa de la muerte, a la que se encuentra sometida actualmente toda la humanidad (cf. 4 Esdras).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n profundamente viva en el esp\u00ed\u00adritu religioso jud\u00ed\u00ado pas\u00f3 al Nuevo Testamento, donde la representaci\u00f3n est\u00e1 patente de muchas maneras y valorada en relaci\u00f3n con Jesucristo, la Iglesia, el creyente, Por lo que se refiere a Jesz~s, son varios los pasajes neotestamentarios en los que se ense\u00f1a esto con claridad, Los textos que tenemos son sin duda una relectura de la vida y muerte de Jes\u00fas a la luz de su resurrecci\u00f3n, que hizo ver de forma m\u00e1s luminosa su alcance de salvaci\u00f3n por la humanidad entera. Sin embargo, es indudable que el mismo Jes\u00fas a lo largo de su vida terrena comprendi\u00f3 su palabra, su praxis, y globlamente su vida, como \u00bb servicio, a los hombres, sus hermanos, en nombre y por el honor del Padre (cf. Mc 10,45~y par.), y sell\u00f3 su \u00abser para&#8217; y su \u00abvivir para&#8217; ellos con la intenci\u00f3n que puso en la muerte que le acechaba y que habr\u00ed\u00adan de infligirle los malvados. De los textos de la tradici\u00f3n de la cena, que en su forma actual son sin duda fruto de la explicitaci\u00f3n de la fe de la comunidad pospascual, aparece con claridad la intenci\u00f3n de Jes\u00fas, casi ciertamente sobre el fondo de la figura del Siervo de Yahveh de 1s 53, de dar a su muerte un valor de representaci\u00f3n, de considerarla como ofrecimiento de s\u00ed\u00ad mismo al Padre por la vida \u00abde muchos\u00bb de todos (cf. Mc 14,22-35. Mt 26,26-29. Lc 22,19-22; 1 Cor 11,23-26). Su resurrecci\u00f3n fue comprendida por la comunidad del Nuevo Testamento como acontecimiento realizado por el Padre en el poder del Esp\u00ed\u00adritu para que fuera ra\u00ed\u00adz, comienzo y ejemplo de la vida que intenta dar a los hombres en los \u00faltimos tiempos: Cristo resucitado es la primicia (aparch\u00e9: cf. 1 Cor 15,20) de los que han sido llamados de la muerte a la vida, sacado del reino de los muertos \u00abpor&#8217; la salvaci\u00f3n del hombre (cf. Rom 4,24-25; etc.).<\/p>\n<p>Sobre este fondo del alcance universal de la misi\u00f3n y de la persona de Cristo, Pablo, asumiendo algunas ideas v\u00e9tero e intertestamentarias, pudo valorar la figura de Cristo como \u00abantiAd\u00e1n&#8217; (cf. Rom 5,12-21; 1 Cor 15,2122), como \u00abnuevo Ad\u00e1n&#8217; y \u00absegundo Ad\u00e1n&#8217; (cf. 1 Cor 15,44-49), anunci\u00e1ndolo como aquel por el cual y en el cual, en ant\u00ed\u00adtesis con el Ad\u00e1n pecador se inaugur\u00f3 una situaci\u00f3n de vida de la que se benefician todos los hombres. No s\u00f3lo en el misterio de Jesucristo, sino tambi\u00e9n en su Iglesia se realiza el valor de la representaci\u00f3n: sus miembros est\u00e1n llamados a llevar unos el peso de los otros (cf G\u00e1l 6,2); los creyentes deben dirigir sus oraciones a Dios por la salvaci\u00f3n de todos los hombres (cf 1 Tim 2,1); toda la comunidad debe saberse y sentirse \u00abministra\u00bb \u00ab(diaconisa\u00bb) y \u00abgermen\u00bb en el seno de la historia de la realizaci\u00f3n del \u00bb designio de salvaci\u00f3n&#8217; (myst\u00e9rion) de Dios en Jesucristo para t(:;dos los hombres (cf.<\/p>\n<p>Ef 3,1-13). Adem\u00e1s, dentro de ella cada uno, siguiendo el ejemplo de Cristo, est\u00e1 llamado a \u00abvaciarse&#8217; para entregarse al hermano (cf. Flp 2,5), a trabajar sin descanso por su salvaci\u00f3n (cf 2 Cor 12,15), a llevar a cumplimiento con sus sufrimientos lo que falta al cuerpo de Cristo para su dilataci\u00f3n y santificaci\u00f3n (cf Col 1,24).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada de los Padres y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica posterior valoraron de muchas maneras y con diversos acentos este contenido profundo de la tradici\u00f3n religiosa b\u00ed\u00adblica. El acontecimiento de la encarnaci\u00f3n fue visto fundamentalmente por los Padres como la asunci\u00f3n de la naturaleza humana con la que el Logos\/Hijo divino, ya en el plano ontol\u00f3gico, se hizo part\u00ed\u00adcipe y representante de toda la familia humana ante el Padre, poniendo as\u00ed\u00ad las bases de una solidaridad con ellos que repercute en provecho espiritual, pero tambi\u00e9n corporal, hist\u00f3rico y social de todos ellos. La representaci\u00f3n de la redenci\u00f3n como satisfacci\u00f3n de la culpa del g\u00e9nero humano por parte de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre por y en su muerte voluntaria en la cruz, que domina en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica latina especialmente desde Anselmo de Aosta hasta los \u00faltimos decenios, constituye sin duda alguna, a pesar de su rigidez y de su peso jur\u00ed\u00addico, un testimonio 1uminoso de todo lo que la teolog\u00ed\u00ada ha entendido por representaci\u00f3n a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>El Magisterio de la Iglesia, aunque no ha tenido ninguna intervenci\u00f3n directa y solemnemente sobre este punto doctrinal, lo ha tocado en varias ocasiones, especialmente en documentos de los papas de este siglo. El Vaticano II, al presentar a la Iglesia como s\u00ed\u00admbolo\/sacramento, germen e instrumento de la unidad del g\u00e9nero humano (cf. especialmente LG 1), ha valorado la representaci\u00f3n en el plano eclesiol\u00f3gico.<\/p>\n<p> En los \u00faltimos decenios ha habido  varios te\u00f3logos, tanto protestantes (D. Bonhoeffer D. Solle, W. Panneberg)  como cat\u00f3licos (H. U von Balthasar, H. de Lubac, J. Ratzinger) que han pensado de nuevo el alcance teol\u00f3gico y las implicaciones antropol\u00f3gicas de la representaci\u00f3n de Cristo, de la Iglesia, del creyente en el seno del mundo.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea ha puesto  de relieve lo siguiente: el efecto de la representaci\u00f3n\/vicariedad no es m\u00e1gico-mec\u00e1nico, sino que supone la apertura y la adhesi\u00f3n libre de los beneficiados, que a su vez son solicitados por la gracia divina precisamente por la representaci\u00f3n\/vicariedad (comuni\u00f3n de los santos, mediaci\u00f3n); la representaci\u00f3n\/vicariedad no significa \u00absustituci\u00f3n\u00bb (\u00abponerse en el puesto de otro\u00bb), sino inserci\u00f3n solidaria que solicita y hace posible en los otros una respuesta personal de libertad: la ra\u00ed\u00adz \u00faltima de la representaci\u00f3n que le da adem\u00e1s un alcance universal tiene que verse en la dignidad divina de Cristo, en su \u00abpre-existencia\u00bb, gracias a la cual el \u00abser con\u00bb y el \u00abser por\u00bb, vividos radicalmente por Jes\u00fas en su vida y en su muerte y hechos eficaces por su Esp\u00ed\u00adritu despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n (cf. Jn 7 39; 20,20; Rom 8,34; etc.), tienen un valor salv\u00ed\u00adfico para todos los hombres.<\/p>\n<p> G. Iammarrone<\/p>\n<p> Bibl.: L. Scheffczyk, Representaci\u00f3n, en  SM. VI, 613-616: B. Sesbou\u00e9, De la sustituci\u00f3n a la solidaridad, en Jesucristo, el \u00fanico mediador 1, Secretariado Trinitario, Salamanca 1990, 383-404: W Pannenberg, Fundamentos de cristolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1974: Ch. Duquoc, Cristolog\u00ed\u00ada. El hombre Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Una de las ra\u00ed\u00adces de este concepto est\u00e1 en el \u00f3rden jur\u00ed\u00addico, en que r. significa el obrar en lugar de otro. La reflexi\u00f3n sobre este dato de la acci\u00f3n humana jur\u00ed\u00addica remite a contextos metaf\u00ed\u00adsicos (-> persona, comunidad, -> sociedad), que explican tambi\u00e9n la primigenia significaci\u00f3n religiosa del concepto.<\/p>\n<p>Seg\u00fan demuestra la historia de las religiones, la idea de r. no se halla solamente en el estadio m\u00e1gico (posterior: totemismo primitivo), sino tambi\u00e9n en los ritos sacrificiales de estratos \u00e9tnicos m\u00e1s antiguos y en las consagraciones incruentas de hombres o en los sacrificios humanos cruentos de las culturas superiores. Aun cuando en Israel halla alg\u00fan eco el motivo de la r. expiatoria mediante sacrificios cruentos (Lev 16, 3.5.9) o incruentos (Lev 16, 8.20.26) de animales (macho cabr\u00ed\u00ado propiciatorio), sin embargo la r. no puede deducirse aqu\u00ed\u00ad de la historia general de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento la r. se sit\u00faa en un horizonte hist\u00f3rico-teol\u00f3gico y viene adem\u00e1s determinada por notas \u00e9ticas y personales. Ya el documento de la creaci\u00f3n muestra al hombre, en su inmediatez respecto de Dios, como mandatario de toda la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1, 26ss), y en una comunidad de destino con el cosmos, la cual tiene efecto funesto en la ca\u00ed\u00adda o pecado original (G\u00e9n 3, 1-24; Rom 8, 20ss). Tambi\u00e9n dentro de la humanidad, Ad\u00e1n obra en r. de todos (-> pecado original), como se ve por la transmisi\u00f3n del destino de muerte (Rom 5, 12-21). Sin embargo, la idea de r. (que aparece bajo diversas formas en el AT: como mera relaci\u00f3n pragm\u00e1tica de sustituci\u00f3n [Ca\u00ed\u00adn-Abel, Esa\u00fa-Jacob, Sa\u00fal-David], como obrar \u00aben favor de otro\u00bb y como actuar y padecer formalmente \u00aben lugar de otros\u00bb), no se entiende all\u00ed\u00ad en forma puramente jur\u00ed\u00addica, sino que se funda en un solidarismo \u00f3ntico (\u00abpersonalidad corporativa\u00bb). As\u00ed\u00ad el padre representa a toda su casa (No\u00e9: G\u00e9n 7, 1), el profeta a la comunidad (Jer 11, 14; 18, 20) y el rey a su pueblo (3 Re 14, 16). El empleo \u00abjer\u00e1rquico vertical\u00bb de la idea se completa por un uso \u00abhorizontal\u00bb de la misma, en que un igual obra para provecho o desdicha de sus semejantes (Rahab: Jos 6, 23.25; Judit: Jdt 13, 4; Dat\u00e1n y Abir\u00f3n: N\u00fam 16, 27).<\/p>\n<p>Pero, en el AT, la idea no posee s\u00f3lo validez casual, sino que, en uni\u00f3n con la idea de elecci\u00f3n, aparece como ley estructural constante de la historia de la -> salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, en Abraham \u00abson bendecidas todas las familias de la tierra\u00bb (G\u00e9n 12, 3; 18, 18; 22, 18), y la elecci\u00f3n de Israel acontece para salvaci\u00f3n de todos los pueblos, y hasta su ca\u00ed\u00adda se torna est\u00ed\u00admulo para los gentiles (Rom 9,11). Al rechazar Israel en su conjunto el mandato salv\u00ed\u00adfico, \u00e9ste pasa a un \u00abresto santo\u00bb (Is 1, 9; 10, 21), cuyo llamamiento se condensa cada vez m\u00e1s en las figuras mesi\u00e1nicas: el \u00absiervo de Dios\u00bb (Is 42, 1-4; 53, 11) y el \u00abhijo del hombre\u00bb (Dan 7, 13ss), figuras que hallan su realizaci\u00f3n en -> Jesucristo. As\u00ed\u00ad la historia de la salvaci\u00f3n nos muestra la imagen de una progresiva reducci\u00f3n de los mediadores representativos de la salvaci\u00f3n al \u00fanico representante perfecto de la humanidad.<\/p>\n<p>Esta ley estructural constante no puede perder su validez despu\u00e9s de Cristo, aunque, precisamente por la absoluta preeminencia de Jes\u00fas, haya de cambiarse su aplicaci\u00f3n. La funci\u00f3n sustitutiva formal de Cristo no puede ya, despu\u00e9s de \u00e9l, ser asumida por un particular. De ah\u00ed\u00ad que la evoluci\u00f3n hacia el fin de los tiempos ostenta a su vez una progresi\u00f3n cuantitativa de los llamados a la sustituci\u00f3n; as\u00ed\u00ad los -> ap\u00f3stoles representan a toda la -> Iglesia, \u00e9sta a toda la humanidad redimida y por redimir, la humanidad por su parte a todo el cosmos (incluso material), que ella debe hacer part\u00ed\u00adcipe de la transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada tradicional al principio s\u00f3lo us\u00f3 soteriol\u00f3gicamente la idea de la r., y luego la traslad\u00f3 a Mar\u00ed\u00ada. En el primer caso, la idea de la r. hall\u00f3 en la f\u00f3rmula de la satisfactio vicaria una expresi\u00f3n puramente jur\u00ed\u00addica, que no permiti\u00f3 una inteligencia org\u00e1nica y \u00f3ntica de la -> redenci\u00f3n (cf. tambi\u00e9n, -> sacrificio, -> mediaci\u00f3n). Esta inteligencia s\u00f3lo se logra si la r. va unida con la idea de la inclusi\u00f3n de la humanidad en Cristo (1 Cor 6, 15; 10, 16s; 12, 12-27; Col 1, 18; 2, 19; Ef 1, 22s; 5, 23), de forma que la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo no s\u00f3lo se aplique moralmente en sus resultados a la humanidad, sino que \u00e9sta tome \u00ed\u00adntimamente parte en ella y quede \u00f3ntiamente afectada por ella (aunque la eficacia efectiva en el individuo no se d\u00e9 sin el libre asentimiento de \u00e9ste).<\/p>\n<p>La funci\u00f3n representativa de -> Mar\u00ed\u00ada es distinta; pues, como se ve claro por la anunciaci\u00f3n, s\u00f3lo le compete una causalidad receptiva. La continuaci\u00f3n de la funci\u00f3n representativa de Cristo por parte de la Iglesia concede a \u00e9sta en todo su obrar (-> palabra, -> sacramentos, -> eucarist\u00ed\u00ada) una importancia absoluta para la vida del mundo, que no queda menguada ni siquiera por el decreciente n\u00famero de cristianos que caracteriza nuestra situaci\u00f3n. Pero la salvaci\u00f3n eterna de muchos depende tambi\u00e9n del obrar de cristianos particulares (enc. Mystici corporis). Ya la doctrina tradicional de la gracia sabe que el justificado puede merecer (de congruo) para otros la primera gracia auxiliante y la gracia de la conversi\u00f3n. Esta verdad merece ser profundizada en el sentido de que el cristiano, cooperando a la obra de la redenci\u00f3n, puede en principio intervenir en favor de los no-cristianos. Claro que no puede sustituirlos formalmente en el deber de operar su salvaci\u00f3n eterna y servir a Dios, pero puede representar sus intereses delante de Dios y lograr fruto por su intercesi\u00f3n; como, a la inversa, en la imagen del no-cristiano puede experimentar con gratitud su propio llamamiento y las obligaciones que \u00e9ste le impone.<\/p>\n<p>La nueva interpretaci\u00f3n &#8211; intentada por una teolog\u00ed\u00ada no te\u00ed\u00adsta &#8211; del pensamiento de la r., que ve en Cristo al representante de un Dios ausente del mundo e inoperante en \u00e9l, fracasa ante la inteligencia b\u00ed\u00adblico-cristiana de la &#8211; revelaci\u00f3n y ante un concepto contradictorio de &#8211; Dios.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: E. Brunner, Der Mittler (Z *1947) 447s.; Barth KD&#8217; II\/2 375-453; O. Cullmann, Cristo y el tiempo (Estela Ba 1968); C. Feckes (dir.), Die heilsgeschichtliche Stellvertretung der Menschheit durch Maria (Pa 1954); F. K\u00f6nig, Diccionario de las religiones (Herder Ba 1964) 1222-1387ss; J. Scharbert, Solidarit\u00e4t in Segen und Fluch im AT und in seiner Umwelt (Bo 1958); idem: BThWB 699-706; J. Ratzinger, Die neuen Heiden und die Kirche: Hochland 51 (1958) 1-11; idem: HThG II 566-575 (bibl.); P. Althaus, Die christliche Wahrheit (G\u00fc 51959) 474s.; F. Malmberg, Ein Leib &#8211; ein Geist (Fr 1960) 223-243; V. Warnach, Vom Wesen des kultischen Opfers: Opfer Christi und Opfer der Kirche, bajo la dir. de B. Neunheuser (D 1960) 29-74 (bibliogr. sobre historia de la religi\u00f3n, Sponsa Verbi; 1. de Fraine, Adam und seine Nachkommen (K\u00f6 1962); M. Schmaus D II\/2 408-422; L. Scheffczyk, Die heilshafte Stellvertretung als missionarischer Impuls: GuL 37 (1964) 109-125; idem: LThK2 IX 1036; D. S\u00f6lle, Stellvertretung Ein Kapitel Theologie nach dem \u00abTode Gottes\u00bb (St-B &#8216;1966).<\/p>\n<p>Leo Scheffczyk<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este concepto en el terreno teol\u00f3gico dice que uno\/algunos puede(n) actuar para la salvaci\u00f3n de otros. En las fuentes b\u00ed\u00adblicas se expresa sobre todo esta idea con la preposici\u00f3n por (griego hyper); en el lenguaje teol\u00f3gico se acude tambi\u00e9n a los t\u00e9rminos de \u00abvicariedad, y \u00absolidaridad,. 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