{"id":16759,"date":"2016-02-05T10:56:39","date_gmt":"2016-02-05T15:56:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacrificio-de-cristo\/"},"modified":"2016-02-05T10:56:39","modified_gmt":"2016-02-05T15:56:39","slug":"sacrificio-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacrificio-de-cristo\/","title":{"rendered":"SACRIFICIO DE CRISTO"},"content":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino sacrificio se deriva del lat\u00ed\u00adn y significa sacrum facere, \u00abhacer sagrado\u00bb, poner un objeto a disposici\u00f3n o en el \u00e1mbito de lo sagrado. La historia de las religiones documenta que la idea y la praxis del sacrificio son un hecho humano casi universal. Sin embargo, se dan diversas maneras de entenderlas, dependiendo de la manera con que se concibe lo divino\/sagrado y la relaci\u00f3n del hombre con \u00e9l. De hecho, se da un modo espec\u00ed\u00adficamente cristiano de concebir el \u00absacrificio\u00bb, anclado en el acontecimiento Jesucristo, bajo cuya luz la teolog\u00ed\u00ada cristiana acoge todo- lo que ofrece de v\u00e1lido en este sentido la tradici\u00f3n religiosa de la humanidad.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00absacrificio\u00bb aparece  tambi\u00e9n en el lenguaje com\u00fan con el significado de \u00abprivaci\u00f3n\u00bb, \u00abrenuncia\u00bb, gracias a la cual el hombre con su libertad da una cosa o se priva de algo para conseguir un fin, que asume una dimensi\u00f3n religiosa cuando se trata de la esfera divina. La historia de las religiones presenta cierta constante en medio de las diversas formas y concepciones sacrificiales: el hombre \u00absacrifica\u00bb si se priva de algo y lo reserva a la divinidad, o cuando la- utiliza despu\u00e9s de haberla consagrado a ella, o cuando la destruye en su honor para reconocer su soberan\u00ed\u00ada sobre el y\/o para hacerla propicia consigo.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento ten\u00ed\u00ada especial importancia el sacrificio pascual (cf Ex 14), como conmemoraci\u00f3n anual de la liberaci\u00f3n hecha por Dios de la esclavitud de Egipto y por tanto como memorial de una iniciativa libre divina en la historia. A su lado hab\u00ed\u00ada una multiplicidad de sacrificios cultuales: el holocausto, los sacrificios de expiaci\u00f3n para la purificaci\u00f3n del pecado; el sacrificio de comuni\u00f3n; el sacrificio anual del d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n (yom kippur), cuando el sumo sacerdote entraba en el Santo de los santos y rociaba con la sangre de la v\u00ed\u00adctima sacrificada el \u00abpropiciatorio\u00bb (kapporet) del arca de la alianza. para que se restableciera la comuni\u00f3n de vida de Dios con el pueblo, que hab\u00ed\u00ada sido rota por el pecado. La celebraci\u00f3n de estos gestos exteriores intentaba proclamar y afianzar la uni\u00f3n espiritual del pueblo y de los individuos con su Dios, reconocido como Creador y Se\u00f1or de la vida. Los profetas critic\u00e1ron duramente la praxis sacrificial, pero sin discutir la validez de los sacrificios, sino s\u00f3lo el hecho de reducirlos a celebraciones rituales meramente formales. La experiencia del destierto condujo a Israel a una visi\u00f3n m\u00e1s profunda del sacrificio: el verdadero sacrificio es un coraz\u00f3n penitente y puro, orientado a Dios en la justicia y en el amor (cf. Sal 51,19.<\/p>\n<p>34,19. etc.). Se lleg\u00f3 a la cumbre de la visi\u00f3n sacrificial del Antiguo Testamento en los cantos del Siervo de Yahveh, que ofrece su propia vida a fin de obtener el perd\u00f3n divino para la muchedumbre de sus hermanos pecadores (cf 1s 52,13-53,12), Es cierto que Jes\u00fas uni\u00f3 su voz a las cr\u00ed\u00adticas prof\u00e9ticas contra la reducci\u00f3n de los sacrificios a gestos cultuales e indic\u00f3 en la relaci\u00f3n sincera y amorosa con Dios y con el pr\u00f3jimo \u00e9l sacrificio aut\u00e9ntic~ y verdadero, agradable a Dios (cf. Mt 9,13; 12,7; Mc 12,33). Aunque se mostr\u00f3 respetuoso de las tradiciones religiosas de su pueblo, no parece que insistiera mucho en la importancia de los sacrificios ni que interpretara expl\u00ed\u00adcitamente su obra con la categor\u00ed\u00ada de sacrificio. Sin embargo, se puede decir a partir de los testimonios evang\u00e9licos que toda la vida de Jes\u00fas fue un \u00abservicio\u00bb al Padre y, en \u00e9l y por \u00e9l, a los hombres (cf. Mc 10,45; Mt 20,28; Lc 22,22ss); una \u00abpro-existencia\u00bb que lo llev\u00f3 a dar, a privarse de muchas cosas y a \u00absacrificarse\u00bb totalmente por el Reino entre los hombres hasta su muerte. El mismo, pensando quiz\u00e1s en el Siervo de Yahveh de 1s 5253 y en la tradici\u00f3n espiritual jud\u00ed\u00ada sobre el valor expiatorio de la muerte de los profetas y de los justos, le dio a su muerte el valor de servicio hasta el sacrificio, tal como se deduce del gesto de la bendici\u00f3n y de la distribuci\u00f3n del pan y del vino que nos narran los sin\u00f3pticos y Pablo. Si se lee el sentido de la vida y de la muerte de Jes\u00fas en esta direcci\u00f3n, se puede decir que toda la existencia de Jes\u00fas, que tuvo su punto culminante en la muerte, fue un aut\u00e9ntico sacrificio ofrecido a Dios\/Padre por los hombres.<\/p>\n<p>La comunidad apost\u00f3lica del Nuevo Testamento utiliz\u00f3 ampliamente la terminolog\u00ed\u00ada sacrificial del Antiguo Testamento para expresar el valor sacrificial de la vida, pero especialmente de la muerte de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad se percibe en numerosos textos, especialmente en los de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada seg\u00fan la formulaci\u00f3n que ha llegado hasta nosotros, y que son explicitaciones lit\u00fargico-teol\u00f3gicas evidentes del significado sacrificial que dio Jes\u00fas a su gesto, mediante referencias claras al sacrificio pascual (cf. Pablo y Juan) y al de la alianza del Sina\u00ed\u00ad (cf. Mc y Mt). Sin embargo, la intenci\u00f3n profunda de esta \u00abconceptualizaci\u00f3n sacrificial \u00bb queda mejor expresada en Ef 5,2: \u00bb Caminad en la caridad, de la misma manera con que os am\u00f3 Cristo y se dio a s\u00ed\u00ad mismo por nosotros, ofreci\u00e9ndose a Dios en sacrificio de suave olor\u00bb&#8216; (en el texto griego aparecen dos t\u00e9rminos t\u00e9cnicos del sacrificio: prosphor\u00e1 y thvs\u00ed\u00ada). Se recuerda as\u00ed\u00ad la dimensi\u00f3n espiritual y existencial del sacrificio de Jesucristo. Esta es tambi\u00e9n la perspectiva de la Carta a los Hebreos, en donde, aunque se recoge el lenguaje del ceremonial sacrificial de la antigua alianza, se intenta ense\u00f1ar y proponer la dimensi\u00f3n existencial y personal de la ofrenda que Jes\u00fas hizo de s\u00ed\u00ad mismo al Padre por los hombres pecadores, sus hermanos, a lo largo de toda su vida, desde su entrada en el mundo hasta el momento de morir en la Cruz (cf Heb 10,5-12), fundamento y modelo de la ofrenda que los creyentes est\u00e1n invitados a hacer de s\u00ed\u00ad mismos a Dios en su vida cotidiana (cf. Rom 12,1; 1 Pe2,5), Del conjunto del Nuevo Testamento se deduce entonces que la vida\/muerte de Jes\u00fas, que desemboc\u00f3 en su existencia junto a Dios, fue y sigue siendo un sacrificio a Dios\/Padre por sus hermanos y en ella encuentra expresi\u00f3n el significado aut\u00e9ntico del sacrificio.<\/p>\n<p>Los Padres de la Iglesia han recordado el dato de fe de la vida, pero especialmente de la muerte de Cristo como sacrificio, subrayando siempre su alcance interior y existencial, aunque grav\u00e1ndola a veces con una referencia excesiva a la praxis sacrificial del Antiguo Testamento. Agust\u00ed\u00adn en particular subraya este aspecto espiritual como sentido profundo del sacrificio de Cristo, de la Iglesia, del cristiano. Tom\u00e1s de Aquino recurre a la categor\u00ed\u00ada de sacrificio para expresar la gran caridad con la que Jes\u00fas se ofreci\u00f3 en la muerte para reconciliar al hombre con Dios (cf. 5. Th. III, q. 48, a. 4, corp.). La teolog\u00ed\u00ada posterior, tanto cat\u00f3lica como protestante, ha subrayado el valor sacrificial de la muerte de cristo. El Magisterio de la Iglesia ha recordado en varias ocasiones esta dimensi\u00f3n de la realidad de Cristo, especialmente en el concilio de Trento, al presentar la doctrina eucar\u00ed\u00adstica cat\u00f3lica (cf. DS 17391742; 1751-1754), pero sin vincularse a teor\u00ed\u00adas sacrificiales particulares.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea repasa con actitud cr\u00ed\u00adtica los datos b\u00ed\u00adblicos, hist\u00f3rico-dogm\u00e1ticos y religiosos en general sobre el sacrificio de Cristo. No cabe duda que el giro epocal de la secularizaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como ciertas teor\u00ed\u00adas sobre el sacrificio, que ven en \u00e9l una expresi\u00f3n de violencia colectiva (S. Freud, R. Girard) la han obligado a ser precavida en la reflexi\u00f3n sobre esta gran realidad teol\u00f3gica. Por otra parte, un estudio m\u00e1s atento al testimonio hist\u00f3rico de Jes\u00fas ha llevado a captar en la trama de su vida hist\u00f3rica concreta la verdadera substancia del \u00bb sacrificio\u00bb. La reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica de D. Bonhoeffer, que ha presentado a Jesucristo como \u00abel hombre para los dem\u00e1s\u00bb en un mundo en el que ha muerto lo divino y lo sagrado, constituye una propuesta hermen\u00e9utica estimulante para comprender la substancia de la doctrina teol\u00f3gica sobre el sacrificio de Cristo en un mundo secularizado.<\/p>\n<p>G. Iammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: B, Sesbou\u00e9, El sacrificio de Cristo, en Jesucristo. el \u00fanico Mediador Secretariado Trinitario, Salamanca 1990, 277-313; X L\u00e9on-Dufuur Jes\u00fas y Pablo ante la muerte. Cristiandad, Madrid 1982; A, Vanhove, Sacerdote antiguo, sacerdote nuevo seg\u00fan el Nuevo Teslamento. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984; L, Sabourin, Redenci\u00f3n sacrificial DDB, Bilbao 1969; F X, Durrwell, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n, Herder Barcelona 1979.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. a Que Cristo nos redimi\u00f3 por un sacrificio (s.), cuyo sentido \u00ablit\u00fargico\u00bb es caracterizado como s. expiatorio por el hecho de que la vida y muerte de Jes\u00fas se presentan como obediencia al Padre y, porque \u00e9l se entreg\u00f3 por los pecados de los hombres, dentro del NT est\u00e1 atestiguado de la manera m\u00e1s expresa en la carta a los Hebreos. En otros lugares del NT se hace referencia al s. de Cristo en cuanto se habla de su muerte expiatoria, que fue aceptada vicariamente por \u00ablos muchos\u00bb (Mc 14, 24; 10, 45; Rom 3, 25; 4, 25). En estos pasajes no se habla expresamente de s., pero impl\u00ed\u00adcitamente se evoca en ellos la sangre derramada de la alianza. Adem\u00e1s, el s. est\u00e1 por lo menos insinuado mediante la comparaci\u00f3n de Jes\u00fas con el cordero de -> pascua (1 Cor 5, 7; Jn 1, 29.36; 17, 19; 1 Pe 1, 19; Ap 5, 8.12; 7, 14; 13, 8) y con Isaac como tipo (Rom 8, 32), y mediante su designaci\u00f3n como oblaci\u00f3n (Ef 5, 2). La carta a los Hebreos explica el s. de la cruz, objeto de esc\u00e1ndalo para los destinatarios de la ep\u00ed\u00adstola, como cumplimiento y superaci\u00f3n del s. del AT, al que puso fin la muerte de Cristo, que es el verdadero s. y el \u00fanico al que pod\u00ed\u00adan aludir los s. veterotestamentarios.<\/p>\n<p>Decir que Cristo nos redimi\u00f3 por su s. de la cruz, es un enunciado que necesita ser complementado. Si la idea de s. ha de ser aplicable a la econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n del NT y al obrar salv\u00ed\u00adfico de la Iglesia, es menester que no se desprenda de una interpretaci\u00f3n ritual demasiado estrecha y se tome en un sentido m\u00e1s amplio. El s. como acto de culto es una alusi\u00f3n simb\u00f3lica al s. de naturaleza existencial que ofreci\u00f3 Cristo. Esta significaci\u00f3n del s. cultual est\u00e1 contenida como predicci\u00f3n simb\u00f3lica, sin plenitud de fuerza propia, en los s. de la antigua alianza o tambi\u00e9n en las religiones paganas, o en la representaci\u00f3n simb\u00f3lica, sacramentalmente eficaz, por la que en el banquete eucar\u00ed\u00adstico de la Iglesia del NT conmemora la acci\u00f3n de Cristo. Esta celebraci\u00f3n cultual y lit\u00fargica del s. es provisional, no s\u00f3lo porque lleva en s\u00ed\u00ad misma \u00abla figura de este mundo que pasa\u00bb (Vaticano ii, Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 48), sino tambi\u00e9n porque apunta m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad misma, hacia el s. existencial de Cristo, que est\u00e1 contenido en ella con la realidad propia del sacramento.<\/p>\n<p>Si se habla de la muerte de Cristo en la cruz como s., tal afirmaci\u00f3n requiere un doble complemento. En primer lugar este s. no estuvo aislado al t\u00e9rmino de la vida de Cristo, sino que comprendi\u00f3 la vida entera del Se\u00f1or, determinada por la obediencia, y la llev\u00f3 a la plenitud de su sentido (cf. Flp 2, 8; Act 5, 8). Adem\u00e1s, no hay que atribuir a la -> encarnaci\u00f3n el mero significado de una preparaci\u00f3n de la -> redenci\u00f3n, como si en ella el redentor hubiera entrado en la historia con el fin de redimir luego a los hombres en un sacrificio aislado de todos los dem\u00e1s actos; m\u00e1s bien, la encarnaci\u00f3n, que fue prolongada y desplegada por el anuncio prof\u00e9tico de Jes\u00fas sobre el Padre, es tambi\u00e9n un elemento esencial de la obra redentora. Por eso, el s. como entrega al Padre tiene un sentido de respuesta, que deja a Dios la iniciativa de la obra redentora.<\/p>\n<p>b) Si se quiere describir el s. s\u00f3lo como acci\u00f3n lit\u00fargico-cultual por medio de dones materiales, la muerte redentora de Cristo no podr\u00ed\u00ada llamarse propiamente s. De hecho, la aplicaci\u00f3n de ese concepto a la muerte de Cristo en la cruz se funda m\u00e1s bien en que esta muerte misma no es una celebraci\u00f3n lit\u00fargica de un s. como oblaci\u00f3n de dones materiales, sino cabalmente aquella entrega total para la redenci\u00f3n de los hombres a que apunta toda acci\u00f3n sacrificial lit\u00fargica, bien en las figuras veterotestamentarias, o bien en la conmemoraci\u00f3n sacramental del NT. La designaci\u00f3n de la muerte de Cristo sobre la cruz como s. m\u00e1s que caracterizar la propiedad de esta muerte misma, la define como cumplimiento y contenido de la representaci\u00f3n ejecutada en los ritos sacrificiales de culto. Partiendo de ah\u00ed\u00ad puede llamarse s. la muerte de Cristo en la cruz, aun cuando en ella no se encuentran inmediatamente una serie de elementos que pertenecen propiamente al s. As\u00ed\u00ad, en la muerte de Cristo en la cruz no hay una formal acci\u00f3n sacrificial visible. El acto de matar sobre la cruz s\u00f3lo viene a ser acci\u00f3n sacrificial por el hecho de que, en el interior de Jes\u00fas, que se expresa en sus palabras, se transforma en entrega sacrificial aquello que los ejecutores no entend\u00ed\u00adan en modo alguno como tal. Tampoco hay aqu\u00ed\u00ad una ofrenda distinta del oferente, por cuyo uso simb\u00f3lico se expresara la entrega a Dios. Finalmente, no hay ah\u00ed\u00ad una acci\u00f3n sacrificial hecha por un sacerdote oficial a la cabeza de una comunidad. El car\u00e1cter comunitario de la entrega de Cristo consiste en que se realiza expiatoria y vicariamente por los hombres pecadores, como cabeza de los cuales Cristo sufre la muerte y recibe la glorificaci\u00f3n para s\u00ed\u00ad mismo y para la comunidad del pueblo de Dios redimido. En conclusi\u00f3n, la noci\u00f3n de s. solo anal\u00f3gicamente puede aplicarse a la muerte de Cristo. El derecho para hacerlo consiste en que aqu\u00ed\u00ad se cumple aquello que se indica en las acciones sacrificiales figuradas del AT y en la conmemoraci\u00f3n sacramental de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. S\u00f3lo se hace justicia al s. de Cristo, si se toma en serio su unicidad, hasta tal punto que, junto a \u00e9l y fuera de \u00e9l, no puede haber ya ning\u00fan s. en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n del NT. El \u00abde una vez por todas\u00bb que la carta a los Hebreos predica del s. de Cristo, hace imposible una repetici\u00f3n del s. en la Iglesia neotestamentaria. Sin embargo, la Iglesia tiene conciencia de poseer en su -> eucarist\u00ed\u00ada un s. que puede celebrar una y otra vez sin negar el s. de Cristo como valedero para siempre. Este misterio es posible porque el s. de Cristo, que en cuanto -> muerte mira a este mundo, como resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n hall\u00f3 aceptaci\u00f3n consumadora por parte del Padre y, como s. num\u00e9ricamente uno e igual, existe bajo triple modo de ser:<br \/>\na) El acontecimiento del s. de Cristo pertenece primeramente a la historia del hombre. Como es esencial a la obra redentora de Cristo el hecho de acontecer en la misma historia en que los hombres se rebelan contra Dios por el pecado, en consecuencia el s. de Cristo deben verse necesariamente como acontecimiento de la historia, aunque en su forma hist\u00f3rica no se descubra que la muerte de Cristo fuera para la redenci\u00f3n de los hombres. S\u00f3lo a la luz de pascua se hizo patente como tal la muerte del Maestro para la comunidad misma de sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>b) Seg\u00fan el modelo del s. veterotestamentario, en el que el sumo sacerdote entraba con la sangre sacrificial en el sancta sanctorum, la carta a los Hebreos incluye en el proceso total del s. neotestamentario la entrada en la gloria del Cristo oferente por la resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n. Recurriendo a una representaci\u00f3n humana, que s\u00f3lo puede imaginar como existencia del sacrificado la continuaci\u00f3n (eterna) de una acci\u00f3n sacrificial transitoria, acaecida una sola vez en el \u00e1mbito terreno, Ap 5, 6 habla del cordero como el sacrificado que contempla el vidente. Pero su significaci\u00f3n intercesoria es expresada otras veces como una acci\u00f3n constante; as\u00ed\u00ad en Act 7, 25 donde se habla de la intercesi\u00f3n constante que Cristo, sumo sacerdote celeste ejerce por nosotros o en 1 Jn 2, 1 donde Cristo es designado como nuestro abogado ante el Padre. Lo mismo quer\u00ed\u00ada decir V. Thalhofer en su libro D\u00e1s Opfer des \u00e1lten und des neuen Bundes (Rb 1870) al hablar del \u00abs. celeste\u00bb, que \u00e9l entend\u00ed\u00ada como \u00abun s. de Cristo ofrecido en el estado de gloria\u00bb, y que fue rechazado en algunos manuales dogm\u00e1ticos s\u00f3lo porque era entendido falsamente como nuevo acto sacrificial constantemente repetido. En realidad, hay que considerar que una \u00abperduraci\u00f3n\u00bb del acto hist\u00f3rico sacrificial de Cristo all\u00e1 arriba, en la participaci\u00f3n de la eternidad de Dios, ha de ser tenida en cuenta ya por la raz\u00f3n de que ning\u00fan hombre entra en la eternidad sin su propia historia. El que por la muerte entra en la eternidad lleva el cu\u00f1o de toda su historia. Es m\u00e1s, toda la historia que aqu\u00ed\u00ad en la tierra est\u00e1 desmembrada por la sucesi\u00f3n de los momentos, entra con \u00e9l en una eternidad donde no se da ya tal sucesi\u00f3n. \u00abSus obras les siguen\u00bb (Ap 14, 13). As\u00ed\u00ad Cristo est\u00e1 junto al Padre en la eternidad con su s., que fue la consumaci\u00f3n de toda su vida sellada por la obediencia (F1p 2, 8). Adem\u00e1s de su ser hist\u00f3rico, el s. de Cristo tiene otro modo de ser suprahist\u00f3rico, como s. num\u00e9ricamente uno e igual.<\/p>\n<p>c) El s. de Cristo se ofreci\u00f3 \u00abpor los hombres\u00bb no s\u00f3lo en el sentido de que su oblaci\u00f3n se hiciera en lugar de los pecadores, incapaces para ello y necesitados del s. expiatorio del Salvador. Cristo ofreci\u00f3 en la historia un s. que permanece actual m\u00e1s all\u00e1 de la historia, a fin de que los hombres, congregados como Iglesia en torno a ese s., se lo apropiaran y, sin poner un nuevo s. propiamente dicho, pudieran, sin embargo, ofrecerlo al Padre como s. de la comunidad de salvaci\u00f3n, que es la Iglesia. Esto acontece por un tercer modo de ser &#8211; el sacramental &#8211; del s. de Cristo. Este modo consciente en que Cristo est\u00e1 presente en la cena memorial fundada por \u00e9l mismo, est\u00e1 como sacrificado en los dones transformados y como oferente celebrante, \u00abque obra en persona de Cristo\u00bb (Vaticano II, ibid.); est\u00e1, pues, presente \u00e9l mismo con su s. En la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada \u00abdej\u00f3 Cristo a su esposa, la Iglesia, un s. visible\u00bb (Dz 438), sin que se atente con ello contra la unidad num\u00e9rica de su s. Pues, en realidad, trata de un s. \u00fanico que, ofrecido en la historia, vive en la presencia eterna de Dios, y es puesto en las manos de la Iglesia en la representaci\u00f3n sacramental del banquete memorial de la eucarist\u00ed\u00ada, para que ella lo ofrezca una y otra vez al Padre.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. bibl. sobre -> redenci\u00f3n, -> eucarist\u00ed\u00ada, -> satisfacci\u00f3n, -> sacrificio. &#8211; V. Thalhofer, Das Opfer des alten und des neuen Bundes, mit besonderer R\u00fccksicht auf den Hebr\u00e4erbrief und die katholische Me\u00dfopferlehre exegetisch-dogmatisch gew\u00fcrdiget (Rb 1870); F. J. Schierse, Verhei\u00dfung und Heilsvollendung (Mn 1955); A. Darlap, Anamnese II: LThK2 483-486; B. Neunheuser, Opfer Christi und Opfer der Kirche (D 1960) (bibl.); L. Sabourin, R\u00e9demption sacrificielle (Brujas 1961); W. Pannenberg, Grandz\u00fcge der Christologie (G\u00fc 1964) 251-288; J. Galot, La r\u00e9demption, Mystere d&#8217;Alliance (P 1965); K. Rahner &#8211; A. H\u00e4u\u00dfling, Die vielen Messen und das eine Opfer (Fr 21966); J. Betz, Der Opfercharakter des Abendmahls im interkonfessionellen Dialog: Theologie im Wandel, bajo la dir. de J. Ratzinger &#8211; J. Neumann (Mn &#8211; Fr 1967) 469-491; Ph. de la Trinit\u00e9, La redenci\u00f3n por la sangre (C i Vall And); A. Piol\u00e1nti, El sacrificio de la misa (Herder Ba 1965); C. Vuilleumier, El sacrificio total de Cristo (Ed Paul M\u00e9x 1969); Lecuyer, El sacrificio de la nueva alianza (Herder Ba 1969).<\/p>\n<p>Otto Semmelroth<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino sacrificio se deriva del lat\u00ed\u00adn y significa sacrum facere, \u00abhacer sagrado\u00bb, poner un objeto a disposici\u00f3n o en el \u00e1mbito de lo sagrado. La historia de las religiones documenta que la idea y la praxis del sacrificio son un hecho humano casi universal. 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