{"id":16765,"date":"2016-02-05T10:56:51","date_gmt":"2016-02-05T15:56:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/semiologia\/"},"modified":"2016-02-05T10:56:51","modified_gmt":"2016-02-05T15:56:51","slug":"semiologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/semiologia\/","title":{"rendered":"SEMIOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>Se habla de semiolog\u00ed\u00ada para indicar sobre todo, aquella secci\u00f3n de teolog\u00ed\u00ada fundamental que estudia los signos de la revelaci\u00f3n. El estudio del signo es objeto de diversas disciplinas: la filosof\u00ed\u00ada valora su relaci\u00f3n a nivel lingU\u00ed\u00adstico e intenta captar el sentido y la correspondencia entre el t\u00e9rmino y su significado: la psicolog\u00ed\u00ada analiza el signo a la luz de las reglas que establecen la relaci\u00f3n interpersonal: la teolog\u00ed\u00ada, a su vez, intenta verificar el alcance de revelaci\u00f3n que este signo posee.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano I, en el documento Dei Filitis, concedi\u00f3 un valor especial a la semiolog\u00ed\u00ada; lo mismo puede decirse del Vaticano II en sus documentos Sacrosantum concilium Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et spes.<\/p>\n<p>Dentro de una semiolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, los signos se analizan en diversos niveles: la teolog\u00ed\u00ada fundamental observa el valor que pueden tener en la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n y para la libertad del acto de fe: la liturgia, por su parte, estudiar\u00e1 m\u00e1s directamente el valor simb\u00f3lico que expresan y cu\u00e1les de ellos pueden asumirse para la celebraci\u00f3n del misterio: finalmente, la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica abrir\u00e1 su campo de investigaci\u00f3n para expresar el significado trascendental del signo (K Rahner) o para valorar su aplicaci\u00f3n sacramental.<br \/>\nR, Fisichella<\/p>\n<p>Bibl. R. Fisichella, Semiolog\u00ed\u00ada, en DTF, 1341-1348; R Barthes, Elementos desemiolog\u00ed\u00ada, Coraz\u00f3n, Madrid 1970.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\nI. SIGNO:<br \/>\n1. De los signos al signo;<br \/>\n2. Epistemolog\u00ed\u00ada del signo<br \/>\n3. Valor apolog\u00e9tico.<br \/>\nII. S\u00ed\u008dMBOLO:<br \/>\n1. El s\u00ed\u00admbolo en el horizonte interdisciplinar;<br \/>\n2. El s\u00ed\u00admbolo en teolog\u00ed\u00ada;<br \/>\n3. El s\u00ed\u00admbolo en la teolog\u00ed\u00ada fundamental<br \/>\nR. Fisichella<br \/>\nI. Signo<br \/>\nEs propio del hombre buscar el sentido y el significado de la realidad m\u00e1s all\u00e1 d\u00e9 la palabra pronunciada. Hay una globalidad del ! lenguaje humano que se especifica luego en formas diferenciadas que ponen m\u00e1s en evidencia el misterio y el milagro del mismo hablar.<\/p>\n<p>Cuando la realidad y su invitaci\u00f3n a ir m\u00e1s all\u00e1, hacia un significado ulterior, se unen en un solo todo, entonces el lenguaje humano se convierte en signo.<\/p>\n<p>La apolog\u00e9tica ha hecho siempre de los signos uno de los temas constitutivos de su existir. Los signos daban cuerpo a la credibilidad del cristianismo y confirmaban su origen divino.<\/p>\n<p>En este horizonte es donde se hac\u00ed\u00adan comprensibles las diversas y repetidas intervenciones del magisterio de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os. Desde la enc\u00ed\u00adclica I Qui Pluribus, pasando por la Dei Filius del Vaticano I, hasta l Dei Verbum y Lumen gentium del Vaticano II, casi nos parece asistir a una evoluci\u00f3n en el uso e identificaci\u00f3n de los signos. De un reconocimiento puramente externo y extr\u00ed\u00adnseco de su valor se ha llegado a verificar su validez intr\u00ed\u00adnseca, especialmente cuando Cristo y la Iglesia son reconocidos e identificados como los signos principales de la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada que subyace a estas intervenbiones, anclada siempre a una lectura objetivista exclusiva del dato revelado, no pod\u00ed\u00ada ni sab\u00ed\u00ada captar la densidad y el valor del signo en su relaci\u00f3n con el sujeto.<\/p>\n<p>1. DE LOS SIGNOS AL SIGNO. &#8211; El Vaticano II ha tenido ciertamente el m\u00e9rito de presentar una triple innovaci\u00f3n respecto a la comprensi\u00f3n y el uso de los signos.<\/p>\n<p>a) Un dato que destaca con claridad es la lectura personalista de los signos. Se los considera no ya principalmente en su facticidad como cosas en s\u00ed\u00ad, sino que se les identifica m\u00e1s bien en la persona de Cristo y de la Iglesia (DV 2.4; LG 1.15). Puede pensarse en este cambio como en un paso significativo de los signos al signo. Efectivamente, la persona de Jes\u00fas de Nazaret es el signo puesto ante los hombres, para que comprendan el misterio de Dios. La Iglesia es el signo que permanece en la historia para mediar y transmitir la palabra del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Una simple mirada sin\u00f3ptica sobre la evoluci\u00f3n de las sucesivas redacciones de DV 4 hace ver que en el texto denuo emendatum se tiene una prevalencia de la persona de Cristo en la globalidad de su existencia hist\u00f3rica (tota su\u00c2\u00a1 ipsius praesentia ac manifestatione) sobre los diversos momentos de su obrar. La unidad y la unicidad de la persona se convierten en fuente para otros signos y en criterio de discernimiento para la comprensi\u00f3n total de los mismos.<\/p>\n<p>b) A1 valorar la persona de Cristo y de la Iglesia, la DV confluye inevitablemente en una visi\u00f3n hist\u00f3rica de los signos. El signo total de la revelaci\u00f3n se sit\u00faa como culmen de la historia de la salvaci\u00f3n (DV 2) y sigue siendo el principio de inteligibilidad de la historia sucesiva (LG 48.52).<\/p>\n<p>A partir de este acontecimiento se concretan en la historia las diversas intervenciones de Dios, que son signos de su voluntad salv\u00ed\u00adfica (la creaci\u00f3n: LG 16; la elecci\u00f3n del pueblo: DV 14; la finalizaci\u00f3n de la historia: LG 9).<\/p>\n<p>c) En cuanto hist\u00f3ricos, los signos est\u00e1n orientados a provocar al hombre en su b\u00fasqueda de sentido (\/Sentido, II). Cada uno queda situado ante la concreci\u00f3n del signo y se siente llamado a buscar su significado profundo y a decidirse por \u00e9l. Por tanto, los signos hacen comprender tanto el camino irrefrenable hacia la inteligencia de la verdad que todos tienen que recorrer como la voluntad de crear nuevos signos para que se haga visible en el mundo la palabra de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La personalizaci\u00f3n, la historizaci\u00f3n y la orientaci\u00f3n pueden caracterizar la renovaci\u00f3n conciliar en lo que respecta a la teolog\u00ed\u00ada de los signos. El primer dato que resulta entonces adquirido para la teolog\u00ed\u00ada del posconcilio es la identificaci\u00f3n de Cristo como el signo de la revelaci\u00f3n y, en \u00e9l, de la Iglesia como sacramento o signo de la uni\u00f3n entre Dios y la humanidad (LG 1).<\/p>\n<p>Si el Vaticano II llev\u00f3 a la identificaci\u00f3n del signo principal y fundador de la revelaci\u00f3n, es tarea de la teolog\u00ed\u00ada fundamental posconciliar ofrecer una inteligencia cr\u00ed\u00adtica del signo.<\/p>\n<p>2. EPISTEMOLOG\u00ed\u008dA DEL SIGNO. Es necesario ante todo indicar teol\u00f3gicamente qu\u00e9 es el signo, para indicar luego su valor apolog\u00e9tico.<\/p>\n<p>a) Lo que resulta evidente en la definici\u00f3n de signo es la pluralidad de respuestas que se dan. A partir de los estoicos, los primeros en la historia del pensamiento que dejaron una definici\u00f3n del mismo, el signo es llamado simplemente \u00ablo que parece revelar algo\u00bb. Tom\u00e1s de Aquino hablar\u00e1 del signo como causa sensible de un efecto escondido: \u00abper causam sensibilem quandoque ducimur in cognitionem effectus occulti\u00bb (S. Th. 1, 70,2). M\u00e1s recientemente, De Saussure ha definido el signo como \u00abuni\u00f3n de significado y significante\u00bb; y Peirce, como \u00abuna cosa que, cuando la conocemos, conocemos otra\u00bb. En una palabra, se puede pensar en el signo con la f\u00f3rmula cl\u00e1sica que se ha transmitido desde siempre: id quod inducit in cognitionem alterius.<\/p>\n<p>M\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, decimos que es signo \u00abtodo lo que, con un fundamento hist\u00f3rico, permite el conocimiento del misterio, creando las condiciones para la comunicaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>b) Esta definici\u00f3n permite ver unificadas algunas de las caracter\u00ed\u00adsticas esenciales que componen el signo:<br \/>\n&#8211; la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica. El signo, para ser tal, tiene que poseer una realidad que pueda conocerse a trav\u00e9s de los caminos sensibles normales. Por tanto, tiene que situarse en el horizonte cognoscitivo humano como una realidad que puede percibirse inmediatamente como referencia a un significado ulterior;<br \/>\n&#8211; la dimensi\u00f3n de mediaci\u00f3n. El signo es una uni\u00f3n arbitraria entre un significado y un significante. Por definici\u00f3n, este \u00faltimo no podr\u00e1 agotar jam\u00e1s en s\u00ed\u00ad mismo a lo significado, si no se quiere destruir el signo mismo. La arbitrariedad de la uni\u00f3n puede sufrir con el correr del tiempo una modificaci\u00f3n de relaciones, por lo que pueden ser atribuidos diferentes significantes a lo significado; sin embargo, en virtud de una \u00abiniciativa colectiva\u00bb (De Saussure), el significado original que dio vida al signo nunca podr\u00e1 quedar completamente eliminado o modificado;<br \/>\n&#8211; en cuanto a la relaci\u00f3n entre significado y significante, es posible crear una variada serie de terminolog\u00ed\u00adas que acompa\u00f1an al t\u00e9rmino general de signo. Tendremos entonces: signo-\u00ed\u00adndice, signo-s\u00ed\u00admbolo, signo-imagen, signo-est\u00e9tico, etc., se trata de niveles sem\u00e1nticos que indican una diferente relaci\u00f3n entre los dos elementos del signo, pero que no modifican la realidad b\u00e1sica del propio signo;<br \/>\n&#8211; el signo, adem\u00e1s, crea comunicaci\u00f3n. Incluso est\u00e1 creado para la comunicaci\u00f3n. Se mantiene entre una fuente que lo emite y un destinatario que lo recibe. Por tanto, el signo es medio de comunicaci\u00f3n que encuentra su espacio significativo en un contexto que favorece su exacta comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>c) As\u00ed\u00ad pues, puede verse ya realizada una primera serie de elementos que son indispensables para la identificaci\u00f3n del signo. Ante todo, debe haber un consenso: esto significa que el signo sale de la esfera de lo subjetivo; no puede ser signo solamente para un individuo, ya que cesar\u00ed\u00ada el elemento de la comunicaci\u00f3n. Adem\u00e1s, el signo provoca a la reflexi\u00f3n, en cuanto que estimula al receptor a dar el paso entre la realidad significada y lo que es significado. Finalmente, mueve a una decisi\u00f3n, que supone la aceptaci\u00f3n o el rechazo del signo; en efecto, no cabe neutralidad ante el signo, porque se requiere una opci\u00f3n en la identificaci\u00f3n de lo significado.<\/p>\n<p>En una palabra, para tener un signo es necesario que se presente como sensible, como perceptible; hist\u00f3rico, es decir, inserto en un contexto sociocultural; significante, que introduzca en la comprensi\u00f3n de un significado ulterior expresado, pero no contenido por completo; universal, es decir, que cree un consenso fuera de la esfera individual.<\/p>\n<p>En la Escritura es posible ver realizada una semiolog\u00ed\u00ada que sabe acoger las caracter\u00ed\u00adsticas que acabamos de describir y que destaca al signo como lenguaje de revelaci\u00f3n apto para expresar el misterio mismo de Dios.<\/p>\n<p>Para el hombre de la Biblia, el signo tiene esencialmente un valor religioso.<\/p>\n<p>Es un medio por el cual el misterio se hace luminoso; no es una casualidad que el hebreo \u00f3t se traduzca primero en los LXX por semeion y luego por mysterion, antes de que la Vulgata lo traduzca por signum.<\/p>\n<p>Como Dios habita en una luz inaccesible y no es posible hacerse de \u00e9l ninguna imagen (Ex 20,4), el medio m\u00e1s adecuado para expresar su relaci\u00f3n con el pueblo ser\u00e1 el signo: una realidad que se expresa, pero que no puede agotar el contenido del mensaje. Lo mismo que una espiral que se mueve hacia el centro, vemos a Israel identificando signos de la presencia reveladora de Yhwh en la naturaleza: el arco iris es signo de la alianza universal (G\u00e9n 9,12-17); las estrellas del cielo y la arena del mar (G\u00e9n 15,5; Dt 10,22) son signos que recuerdan la descendencia numerosa que, en virtud de la fe, lograr\u00e1 tener Abrah\u00e1n; la circuncisi\u00f3n se\u00f1alar\u00e1 para todas las generaciones futuras que el hombre pertenece a Dios y al pueblo consagrado a \u00e9l (G\u00e9n 17,10-11).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n en la historia pueden encontrarse signos que remiten m\u00e1s directamente a la relaci\u00f3n misteriosa entre Yhwh y su pueblo: la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto (Ex 13,1116), la peregrinaci\u00f3n por el desierto y la alianza pactada en el Sina\u00ed\u00ad (Ex 13,18; Dt 4,6), las diversas fiestas lit\u00fargicas (Ex 12,21-28), seguir\u00e1n siendo en la historia hebrea otras tantas piedras miliarias que permitir\u00e1n ver concretada la obra de Yhwh en favor de su pueblo.<\/p>\n<p>Se tratar\u00e1 de signos que habr\u00e1 que recordar y revivir, para que no falle nunca el sentimiento de pertenencia y de consagraci\u00f3n a Yhwh.<\/p>\n<p>La literatura prof\u00e9tica identifica en el mismo profeta el signo personal dado al pueblo para revelar la voluntad de Dios y su plan de salvaci\u00f3n. El profeta como signo (Jer 16; Ez 24,24; Os 2) multiplica los signos para que se convierta el pueblo y renueve su fe (cf Jer 1; 18; 19; 24; 27; 32; Ez 4; 5; 24). Hay una pedagog\u00ed\u00ada divina de los signos, que abre progresivamente a la visi\u00f3n que culmina en el signo definitivo: Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>En efecto, sobre la definitividad de este signo construyen los textos neotestamentarios su teolog\u00ed\u00ada. Aunque no confirmada del todo, la tesis de Bultmann sobre la presencia en Juan de una Semeionquelle es \u00ed\u00adndice de una fuerte tradici\u00f3n que vio en los semeia kai erga to\u00fa christo\u00fa un momento estrictamente revelador.<\/p>\n<p>A la variada presentaci\u00f3n de los signos que nos ofrecen los sin\u00f3pticos corresponde en Juan una teolog\u00ed\u00ada concreta del signo. Desde el \u00abprimero de los signos\u00bb (Jn 2,11) hasta los \u00abotros muchos signos\u00bb de 20,30, el evangelista casi parece identificar con \u00e9stos la l\u00ed\u00adnea conductora de su escrito. El signo es para \u00e9l ante todo una realidad visiva que se impone al hombre; m\u00e1s a\u00fan, es lo que permite reconocer la presencia definitiva de Dios en medio de su pueblo.<\/p>\n<p>Signo es Jes\u00fas de Nazaret en su misterio pascual; a los que piden signos para poder comprender su origen divino, \u00e9l s\u00f3lo propone el signo de Jon\u00e1s (Mt 12,39-41;16,1-4; Lc 11,2932), para hacerles posible realizar el acto de fe en su persona.<\/p>\n<p>Puesto que \u00e9l es el signo \u00faltimo y definitivo del Padre, puede multiplicar los signos para hacer evidente la presencia del reino mesi\u00e1nico (Jn 11, 47). Y no s\u00f3lo \u00e9l, sino los que crean en \u00e9l realizar\u00e1n signos, incluso mayores, ya que en su persona todo ha alcanzado su cumplimiento (Jn 11,12).<\/p>\n<p>Se da, por tanto, una doble dial\u00e9ctica, que es fundamental para comprender el valor de los signos dentro de la teolog\u00ed\u00ada neotestamentaria.<\/p>\n<p>La primera se realiza a partir de Cristo: en \u00e9l se da el signo como referencia al misterio mayor, que es el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu en su amor trinitario. Por tanto, el signo \u00abJes\u00fas de Nazaret\u00bb no permite que nos detengamos en \u00e9l, sino que de \u00e9l pasemos al misterio trinitario. La segunda dial\u00e9ctica consiste en la referepcia a la gloria, que se presenta par\u00e1d\u00f3jicamente en la miseria del sufrimiento y de la muerte. Otra forma es la que provoca al creyente a ir m\u00e1s all\u00e1 del aspecto t\u00ed\u00adpicamente esplendente y maravilloso, para reconocer la presencia de la misericordia y del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, los signos por una parte provocan a la fe para que sea m\u00e1s genuina, ya que remiten al contenido fundamental que es el misterio de Dios; por otra parte estimulan a los no creyentes para que sepan percibir a trav\u00e9s de ellos la presencia del misterio que puede dar sentido a sus vidas.<\/p>\n<p>Por tanto, para una semiolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica sigue siendo fundamental la centralidad del acontecimiento hist\u00f3rico de Jes\u00fas como signo fontal, est\u00e9tico, de la revelaci\u00f3n de Dios. El principio hermen\u00e9utico, constituido por su misterio pascual, habilita para la comprensi\u00f3n y discernimiento de todos los dem\u00e1s signos (Jn 5,22; 6,30; 8,15;12,48). Una vez m\u00e1s, el creyente queda puesto en la condici\u00f3n de tener que escoger si detenerse en lo milagroso o llegar hasta el significado m\u00e1s profundo de la fe.<\/p>\n<p>3. VALOR APOLOGETICO. Desde el punto de vista apolog\u00e9tico, la teolog\u00ed\u00ada fundamental, despu\u00e9s de presentar los fundamentos epistemol\u00f3gicos, tendr\u00e1 que ser capaz de distinguir el uso de esta categor\u00ed\u00ada de otros usos diferentes en otras disciplinas teol\u00f3gicas, como, por ejemplo, la sacramental o la fenomenolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n.<br \/>\nQued\u00e9monos con la idea de que un uso peculiar es el de una adquisici\u00f3n del signo dentro de la problem\u00e1tica sobre el lenguaje teol\u00f3gico. M\u00e1s que otras expresiones ling\u00fc\u00ed\u00adsticas, el signo favorece la elaboraci\u00f3n de un \/lenguaje teol\u00f3gico que se extienda entre la presentaci\u00f3n del misterio y la inteligencia cr\u00ed\u00adtica del mismo. En efecto, el signo favorece la dimensi\u00f3n de referencia a lo significado y deja comprender hasta qu\u00e9 punto sigue siendo limitado el lenguaje humano a la hora de describir el misterio divino. Sin embargo, este procedimiento no se realiza absolutizando o privando al lenguaje humano de su expresi\u00f3n. Efectivamente, el signo remite necesariamente a la palabra para poder apartarse de la esfera de la interpretaci\u00f3n subjetiva o de la equivocidad y ser clarificado por ella.<\/p>\n<p>Sin embargo, en virtud de su estructura, el signo no impide que sea preciso alcanzar lo significado que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de lo subjetivo. El signo no puede realmente reducirse ni a un an\u00e1lisis ling\u00fc\u00ed\u00adstico exclusivo, que ser\u00ed\u00ada incapaz de dejar a lo significado en su espacio de trascendencia, ni a una mera verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, de la que se escapar\u00ed\u00ada el valor constitutivo de lo significado.<\/p>\n<p>El signo, parad\u00f3jicamente, implica el an\u00e1lisis metaf\u00ed\u00adsico, ya que obliga a ver presente en la realidad significante tambi\u00e9n la realidad significada; su expresi\u00f3n es el lenguaje t\u00ed\u00adpico del \u00abir m\u00e1s all\u00e1\u00bb de lo que es representado para llegar definitivamente al ser mismo.<\/p>\n<p>El signo no es independiente del lenguaje; es lenguaje humano, ya que es una actividad peculiar de la persona y, como tal, favorece la comunicaci\u00f3n y la mediaci\u00f3n de los contenidos teol\u00f3gicos tambi\u00e9n con los no creyentes. Estamos en presencia de un lenguaje universal que puede crear mayores consensos y favorecer un intercambio interdisciplinar.<\/p>\n<p>A diferencia de la imagen, que queda relegada a la fantas\u00ed\u00ada y al pensamiento del individuo, el signo ofrece la objetividad de su expresi\u00f3n y la comunicaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el signo se convierte en un desaf\u00ed\u00ado para el hombre, ya que representa algo que no se sabe o no se atreve uno a pronunciar, a pesar de que lo percibe como real.<\/p>\n<p>BIBL.: BROGLEE G. de, Los signos de la credibilidad de la revelaci\u00f3n cristiana, Andorra 1965; Eco U., Signo, Barcelona 19802; FISICHELLA R., La revelaci\u00f3n: evento y credibilidad, Salamanca 1989; LATOURELLE R., Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971&#8242; MOLLAT D., Le semeion joannique, en Sacra Pagina II~ Par\u00ed\u00ads 1958, 209-218; PIE-NINOT S., Tratado de Teolog\u00ed\u00adafundamental, Salamanca 19912; POTTMEYER H.J., Zeichen und Kriterien der Glaubw\u00fcrdigkeit des Christerltums, en IIFTh IV, 373-413; SASISSURE F. de, Curso de linguistica general, Buenos Aires 1979.<\/p>\n<p>R. Fisichella<br \/>\nII. S\u00ed\u00admbolo<br \/>\nEl uso indiscriminado de las palabras tiene sus consecuencias. Crea una imposibilidad de comunicaci\u00f3n y es fuente de equ\u00ed\u00advocos.<\/p>\n<p>Sucede a menudo que se asiste en teolog\u00ed\u00ada a la intercambiabilidad en el uso de signo y de s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n, admisible en algunos aspectos sise queda uno en la especificaci\u00f3n gen\u00e9rica, no permite, sin embargo, tener siempre una clara comprensi\u00f3n de los conceptos teol\u00f3gicos. Es necesario que todo autor, en su exposici\u00f3n, clarifique el uso sem\u00e1ntico que desea confiar al signos\u00ed\u00admbolo para permitir al destinatario tener una clara comprensi\u00f3n del horizonte sem\u00e1ntico en que se ha introducido.<\/p>\n<p>1. EL SIMBOLO EN EL HORIZONTE INTERDISCIPLINAR. Especialmente en nuestros d\u00ed\u00adas se debate ampliamente lo que es el s\u00ed\u00admbolo y la funci\u00f3n simb\u00f3lica, Este tema es objeto de diversas disciplinas y ciencias que, acentuando algunos elementos respecto a otros, dan un significado distinto de la \u00fanica realidad. As\u00ed\u00ad Durkheim, estudiando el valor social del s\u00ed\u00admbolo religioso, lo identifica como significante de una \u00abconciencia colectiva\u00bb, que permite la continuaci\u00f3n en el tiempo de la representaci\u00f3n religiosa. Por consiguiente, el significado simb\u00f3l\u00ed\u00adco no est\u00e1 contenido en la realidad intr\u00ed\u00adnseca, sino que es a\u00f1adido a ella por la conciencia colectiva.<\/p>\n<p>De una opini\u00f3n distinta son las escuelas psicoanalistas, que identifican el s\u00ed\u00admbolo como expresi\u00f3n privilegiada sobre la cual situar en primera instancia la interpretaci\u00f3n on\u00ed\u00adrica. Las diversas escuelas lo interpretan luego seg\u00fan sus propios principios: Jung, por ejemplo, lo ve como revelaci\u00f3n de una situaci\u00f3n concreta arquet\u00ed\u00adpica, colectiva o individual. Cuanto m\u00e1s capaz es el s\u00ed\u00admbolo de expresar esta creencia at\u00e1vica, mas universal y significativo llegar\u00e1 a ser. Por otra parte, IClein y Lacarrecurren al s\u00ed\u00admbolo para expresar el lenguaje metaf\u00f3rico de las palabras.<\/p>\n<p>En el plano m\u00e1s filos\u00f3fico, para una gnoseolog\u00ed\u00ada del lenguaje son fundamentales y determinantes los \u00e9s= tudios de E. Cassirer. El simbol\u00f3 y la funci\u00f3n simb\u00f3lica sirven para significar toda activid\u00e1d formadora del esp\u00ed\u00adritu. El mito, la l\u00f3gica y el arte son, indiferentemente, formas simb\u00f3licas en que lo significante y lo significado no pueden separarse ni distinguirse; efectivamente; todo lo que es pensado s\u00f3lo es pensable a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos m\u00ed\u00adticos, l\u00f3gicos o est\u00e9ticos: \u00abEl s\u00ed\u00admbolo no es un revestimiento meramente accidental del pensamiento, sino su instrumento necesario y esencial\u00bb (Filosof\u00ed\u00ada delle forme simboliche I, fl linguaggio, Florencia 1961, 20ss).<\/p>\n<p>Para la sem\u00e1ntica puede valer la definici\u00f3n de Morris, que define el s\u00ed\u00admbolo como \u00abun signo producido por su int\u00e9rprete, que act\u00faa como sustitutivo de otros signos de los que es sin\u00f3nimo\u00bb (Segni, linguaggio e comportamento, Mil\u00e1n 1948).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el s\u00ed\u00admbolo participa de una amplia autonom\u00ed\u00ada; pero es tambi\u00e9n m\u00e1s convencional, ya que es producido por agentes humano-sociales.<\/p>\n<p>Finalmente, en la perspectiva est\u00e9tica el s\u00ed\u00admbolo es asumido como aquello que permite expresar art\u00ed\u00adsticamente la realidad trascendente.<\/p>\n<p>2. EL S\u00ed\u008dMBOLO EN TEOLOG\u00ed\u008dA. Tambi\u00e9n en el horizonte teol\u00f3gico es posible verificar diversas interpretaciones sobre la comprensi\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>Se recuerda la escuela alejandrina en la historia de la ex\u00e9gesis como la protagonista de una lectura simb\u00f3lica de la revelaci\u00f3n. Dentro de la Escritura resulta realmente f\u00e1cil reconocer una simbolog\u00ed\u00ada que, a trav\u00e9s de unos s\u00ed\u00admbolos sacados de la naturaleza o de la convenci\u00f3n humana, intenta mediar un contenido particular de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El AT est\u00e1 lleno de acciones simb\u00f3licas que nos refieren los profetas. Como ejemplo, podemos pensar en Jerem\u00ed\u00adas, que compra una vasija de barro (Jer 19,1-15) y la rompe en mil pedazos en presencia de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes; la simbolog\u00ed\u00ada resulta evidente a trav\u00e9s de la palabra del profeta: \u00abAs\u00ed\u00ad romper\u00e9 yo a este pueblo y a esta ciudad, como se hace a\u00f1icos un vaso de alfarero que ya no puede recomponerse\u00bb (19,11).<\/p>\n<p>Es posible encontrar otras formas de s\u00ed\u00admbolos, bien a nivel de nombres propios de personas (Yezrael: \u00abDios siembra\u00bb, en Os 1,4; Sear-Yasub;-el hijo de Isa\u00ed\u00adas, que significa \u00abun resto volver\u00e1\u00bb: Is 7,3; Kefas, aplicado a Pedro para indicar su funci\u00f3n en la Iglesia), bien a nivel de cifras num\u00e9ricas, de las que el Apocalipsis nos ofrece numerosos testimonios.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica contempor\u00e1nea le debe a K. Ltahner un ensayo para una teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo (Escritos de teolog\u00ed\u00ada IV, Taurus, Madrid 1961, 283-321), en lo que se refiere a una ontolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo. Partiendo de la determinaci\u00f3n epistemol\u00f3gica general, que entiende el ente simb\u00f3lico por s\u00ed\u00ad mismo, en cuanto que necesariamente se \u00abexpresa para hallar su propio ser\u00bb (p. 286), Rahner extiende a toda la teolog\u00ed\u00ada este principio diciendo: \u00abLa teolog\u00ed\u00ada entera no puede concebirse a s\u00ed\u00ad misma sin ser esencialmente una teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo\u00bb (p. 300).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los diversos tratados, como la Trinidad, la cristolog\u00ed\u00ada, la eclesiolog\u00ed\u00ada, la teolog\u00ed\u00ada sacramental, est\u00e1n afectados por esta lectura ontol\u00f3gica del s\u00ed\u00admbolo. Manteniendo como central el misterio de la Trinidad, Rahnerhabla de un s\u00ed\u00admbolo esencial o s\u00ed\u00admbolo real interno, que \u00abes la aparici\u00f3n y perceptibilidad espacial, temporal e hist\u00f3rica, en la que una esencia al aparecer se muestra y mostr\u00e1ndose se hace presente, mientras que forma esta aparici\u00f3n realmente distinta de ella (Kirclze und Sakramertt, Friburgo 1960, 34). El s\u00ed\u00admbolo esencial es el momento interno de la realidad misma que se da y que se completa mediante el signo, aunque sigue siendo distinto de \u00e9l. Por tanto, el ente es simb\u00f3lico por s\u00ed\u00ad mismo y se expresa para poseerse; se da al otro que sale de s\u00ed\u00ad, y de este modo se encuentra a s\u00ed\u00ad mismo por conocimiento y por amor. En una palabra, \u00abs\u00ed\u00admbolo es el modo del auto conocimiento y del encuentro en general de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (ib, 67).<\/p>\n<p>En esta perspectiva, Rahner puede pensar en el s\u00ed\u00admbolo de tres maneras: 1) como propiedad del ente que alcanza su propia perfecci\u00f3n; 2) como relaci\u00f3n entre dos entes; 3) como expresi\u00f3n mediante la cual se realiza el conocimiento y el amor de s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00admbolo, en esta perspectiva teol\u00f3gica, es lo que hace presente con su peculiar modalidad la realidad de la salvaci\u00f3n: Dios.<\/p>\n<p>3. EL S\u00ed\u008dMBOLO EN LA . En la perspectiva de la teolog\u00ed\u00ada fundamental, la primera tarea que habr\u00ed\u00ada que realizar ser\u00ed\u00ada la de producir una \u00abgram\u00e1tica simb\u00f3lica\u00bb (que dir\u00ed\u00ada Cassirer) que sepa se\u00f1alar los elementos comunes y las diferencias entre los diversos usos y aplicaciones del s\u00ed\u00admbolo, de modo que la ciencia teol\u00f3gica pueda gozar de un horizonte epistemol\u00f3gico m\u00e1s coherente.<\/p>\n<p>Como apolog\u00e9tica, que entra en contacto con las diversas filosof\u00ed\u00adas, la teolog\u00ed\u00ada fundamental podr\u00ed\u00ada constituir una especie de puente entre la nueva acepci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo, su valor hermen\u00e9utico y su uso teol\u00f3gico. Efectivamente, el s\u00ed\u00admbolo, m\u00e1s que \u00abdecir\u00bb algo, \u00abevoca\u00bb la realidad simbolizada. Esto permitir\u00ed\u00ada entonces una expresividad del teologar que, sin caer en reduccionismos ni en modas pasajeras, supiera recuperar ante todo los datos peculiares- de la Escritura, que pone en el s\u00ed\u00admbolo una confianza casi ciega; narrando y evocando s\u00ed\u00admbolos, el autor sagrado afirma al mismo tiempo la presencia vital y activa de Dios y la impronunciabihdad de su nombre. Adem\u00e1s, podr\u00ed\u00ada proponer de nuevo los contenidos de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y medieval, que hizo de la interpretaci\u00f3n simb\u00f3lica una especie de via eminentiae para la comunicaci\u00f3n del mensaje revelado.<\/p>\n<p>Para una hermen\u00e9utica del lenguaje teol\u00f3gico, la teolog\u00ed\u00ada fundamental, refiri\u00e9ndose al s\u00ed\u00admbolo, as\u00fame un principio que no permite la indiferencia o la intercambiabilidad de los signos. En efecto, el s\u00ed\u00admbolo, aunque pertenece al signo, se distingue de \u00e9l porque en el momento de la referencia de lo simbolizado a lo simbolizante lleva ya consigo una representaci\u00f3n decisiva de lo simbolizado (v.gr. no se puede sustituir f\u00e1cilmente el hocico de la zorra por el del asno para expresar la astucia; pero decir \u00abzorra\u00bb, \u00abFuchs\u00bb, \u00abvolpe\u00bb, \u00abfox\u00bb, \u00abrenard\u00bb, es indiferente, con tal que haya un acuerdo social). Esto permite a la teolog\u00ed\u00ada, en su expresi\u00f3n, hacer siempre referencia a un lenguaje simb\u00f3lico dado ya por s\u00ed\u00ad mismo como inmediato y c\u00f3mo intuitivamente aceptable.<\/p>\n<p>De todas formas, el s\u00ed\u00admbolo le recuerda, 4 la teolog\u00ed\u00ada la irreductibilidad del lenguaje de la revelaci\u00f3n a un mero lenguaje \u00abcient\u00ed\u00adfico\u00bb. Le obliga m\u00e1s bien a tomar muy en consideraci\u00f3n la presencia del I misterio y. del \/silencio como expresiones que no toleran reduccionismos de ninguna clase.. El s\u00ed\u00admbolo, una. vez dado y asumido, comunica aquella autonom\u00ed\u00ada que posee ante las determinaciones de la lengua e invita a ir siempre m\u00e1s all\u00e1, hacia aquel espacio de apertura infinita que tan s\u00f3lo puede alcanzar la imagen del poeta, del m\u00ed\u00adstico y del esp\u00ed\u00adritu libre.<\/p>\n<p>BIBL.: BABOLIN S&#8217;., Sullafunzione comunicativa dels\u00ed\u00admbolQ; Roma 1985; CASSIRER E.; Pilosof\u00ed\u00ada. de las formas simb\u00f3licas 1, M\u00e9jico 1971; CHEVALIER J. y CHEERBRANT A., Diccionario de los s\u00ed\u00admbolos, Barcelona 1985; Eco-IJ., Trattpto di semiotica generale, Mil\u00e1n 1975; ELIADE M., Im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos, Madrid 1983;; JUNG C*J&#8217;, El hombre y sus s\u00ed\u00admbolos, Barcelo\u00f1a 19813; MELCHIORREV.,Essereeparola, Mil\u00e1n 1984 ID, Simbolo e couoscenza, Mil\u00e1n 1988; NOLA A. M. di, Simbolo,,en AANV., Enciclopedia delle Religioni V, 644-651; RAHNER K., Para una teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada IV Madrid 1962, 283-321; RICOEUR P., Le conflit des interpr\u00e9tations, Par\u00ed\u00ads 1969; ID, La met\u00e1fora viva, Madrid 1980; SPERBER D., El simbolismo en general, Barcelona 1978; VIDAL J., S\u00ed\u00admbolo, en P. PDUPARD (ed.), Diccionario de las religiones, Barcelona 1987, 1654-1661.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se habla de semiolog\u00ed\u00ada para indicar sobre todo, aquella secci\u00f3n de teolog\u00ed\u00ada fundamental que estudia los signos de la revelaci\u00f3n. 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