{"id":16791,"date":"2016-02-05T10:57:42","date_gmt":"2016-02-05T15:57:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T10:57:42","modified_gmt":"2016-02-05T15:57:42","slug":"teologia-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-espiritual\/","title":{"rendered":"TEOLOGIA ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>Como nueva rama de la teolog\u00ed\u00ada hace su aparici\u00f3n entre los a\u00f1os 192O-1930, cuando se le reconocen algunas formulaciones en los manuales; pero ser\u00ed\u00ada una limitaci\u00f3n reducir la teolog\u00ed\u00ada espiritual a esta expresi\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n manualista recoge y sedimenta todo un amplio inter\u00e9s, que desde los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX y durante toda la primera parte del siglo xx ha constituido la propuesta espec\u00ed\u00adfica de una nueva metodolog\u00ed\u00ada para conocer el objeto de la teolog\u00ed\u00ada, entendida como inteligencia cr\u00ed\u00adtica de la fe. Junto a la influencia m\u00ed\u00adstica de finales del siglo pasado hay &#8211; que recordar tambi\u00e9n un paso institucional, la constituci\u00f3n Deus scierztiarum Domirzus, de p\u00ed\u00ado XI, con la que se institu\u00ed\u00ada una c\u00e1tedra especial en las facultades teol\u00f3gicas, en donde llegara a constituirse una confrontaci\u00f3n m\u00e1s estrecha e inmediata con la teolog\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>El problema primero y fundamental que se planteaba y se plantea a la teolog\u00ed\u00ada espiritual es el de la m\u00ed\u00adstica y m\u00e1s pr\u00e1cticamente el de la llamada del cristiano a la vida m\u00ed\u00adstica. En el t\u00e9rmino mismo de teolog\u00ed\u00ada espiritual se renuevan las instancias que consideran la vida cristiana como vida espiritual, en \u00ed\u00adntima conexi\u00f3n entre la asc\u00e9tica y la m\u00ed\u00adstica, que en los manuales conocer\u00e1n dos direcciones distintas, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n dos c\u00e1tedras separadas en las facultades de teolog\u00ed\u00ada. Estas instancias se fueron sedimentando a partir de 1919 en la revista de los dominicos \u00abR\u00e9vue d&#8217; Asc\u00e9tique et Mystique\u00bb, que representan tambi\u00e9n dos orientaciones distintas y dos hermen\u00e9uticas diferenciadas. En efecto, la primera orientaci\u00f3n atendi\u00f3 a los elementos especulativo-deductivos, mientras que la segunda destaca la realidad de la vida cristiana a trav\u00e9s de sus expresiones fenomenol\u00f3gicas, produciendo una orientaci\u00f3n metodol\u00f3gica de notable confluencia con las ciencias hist\u00f3rico-emp\u00ed\u00adricas, especialmente la psicolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>HoV se reconoce que la teolog\u00ed\u00ada espiritual desempe\u00f1a una tarea ardua dentro de la teolog\u00ed\u00ada, una especie de tensi\u00f3n hacia una visi\u00f3n sint\u00e9tica del objeto mismo de la teolog\u00ed\u00ada. En esta direcci\u00f3n, el conocido manual de J. Heerinckx (Tur\u00ed\u00adn-Roma 1931), lo mismo que los que le siguieron, no agotan su reflexi\u00f3n en propuestas meramente metodol\u00f3gicas, sino que ensanchan la perspectiva de la teolog\u00ed\u00ada mucho m\u00e1s all\u00e1 de la descripci\u00f3n del camino de la perfecci\u00f3n concretado en \u00bb grados \u00bb o \u00absenderos\u00bb, hasta el intento de plantear y resolver los problemas de la \u00abespiritualidad\u00bb. Este \u00faltimo problema introduce en la teolog\u00ed\u00ada espiritual el discurso sobre los \u00bb estados de perfecci\u00f3n\u00bb, acompa\u00f1ado a menudos de itinerarios propios que se configuran hist\u00f3ricamente como \u00bb experiencias espirituales \u00ab, y de diversas reflexiones metodol\u00f3gicas y fenom\u00e9nicas. De esta forma se ve d\u00e9rrotada por la propia historia la pretensi\u00f3n de cualquiera de estas experiencias particulares de presentarse como \u00abla experiencia cristiana en sentido absoluto \u00ab. tentaci\u00f3n decantada por la historia de la espiritualidad, en cuyo interior cualquier experiencia expresa simplemente una funci\u00f3n, un acento, una metodolog\u00ed\u00ada. Recientemente se ha insistido mucho precisamente en estos aspectos historiogr\u00e1ficos de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, que gradualmente ha ido rompiendo sus confines con la historia de la espiritualidad, hasta llegar a presentarse como comprensi\u00f3n gen\u00e9rica del fen\u00f3meno espiritual en su dimensi\u00f3n metaps\u00ed\u00adquica y m\u00ed\u00adstica. La teolog\u00ed\u00ada espiritual y la historia de la espiritualidad son disciplinas todav\u00ed\u00ada j\u00f3venes e inciertas dentro de unas metodolog\u00ed\u00adas recortadas que requieren un l\u00facido intento capaz de proponerlas como \u00bb espacio cient\u00ed\u00adfico\u00bb dentro del concierto teol\u00f3gico en su totalidad.<br \/>\nG. Bove<\/p>\n<p>Bibl.: G. Dumeige, Historia de la espiritualidad, en NDE, 613-637; G. Moioli, Teolog\u00ed\u00ada espiritual, en NDE, 1349-1358; Ch. Bernard, Teolog\u00ed\u00ada espiritual, Atenas, Madrid 1994. T Goffi &#8211; B, Secondin, Problemas y perspectivas de espiritualidad, S\u00ed\u00adgueme, &#8216;Salamanca 1986.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La historia de la teolog\u00ed\u00ada, premisa para comprender el problema real de la teolog\u00ed\u00ada espiritual &#8211; II. El episodio reciente de la teolog\u00ed\u00ada espiritual &#8211; III. Los problemas y contenidos fundamentales de la \u00abnueva\u00bb ense\u00f1anza y del nuevo manual &#8211; IV. Conclusi\u00f3n: la \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb como problema de la teolog\u00ed\u00ada &#8211; V. En el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada espiritual: los grados o las v\u00ed\u00adas; los estados de vida, las \u00abespiritualidades\u00bb.<\/p>\n<p>I. La historia de la teolog\u00ed\u00ada, premisa para comprender el problema real de la teolog\u00ed\u00ada espiritual<br \/>\nCreemos que una presentaci\u00f3n objetiva de la teolog\u00ed\u00ada espiritual no puede limitarse a asumir como punto de referencia el \u00abmanual de teolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb aparecido entre los a\u00f1os 1920-1930. La perspectiva de este \u00abmanual\u00bb resulta estrecha por partida doble: en relaci\u00f3n con sus antecedentes, interesantes y complejos, y en relaci\u00f3n con la discusi\u00f3n que rode\u00f3 su aparici\u00f3n y establecimiento, discusi\u00f3n que, en resumidas cuentas, es s\u00f3lo un aspecto de otra m\u00e1s amplia sobre la naturaleza de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el marco adecuado para comprender el proceso de la aparici\u00f3n de esta \u00abnueva\u00bb rama teol\u00f3gica y de su respectivo manual debe ser el conjunto de la historia de la teolog\u00ed\u00ada, a partir justamente del punto en que, despeg\u00e1ndose del cuadro de la llamada teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica, comienza a constituirse en momento de comprensi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, y no puramente contemplativa, de la fe revelada u objetiva, es decir, de la \u00abp\u00e1gina\u00bb b\u00ed\u00adblica. Nos encontramos exactamente en los ss. XII-XIII.<\/p>\n<p>Surg\u00ed\u00ada un problema nuevo, el de la relaci\u00f3n entre fe y comprensi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la fe por parte del creyente, pues el modelo epistemol\u00f3gico en uso para comprender o para leer las Escrituras consist\u00ed\u00ada en seguir los \u00abcuatro sentidos\u00bb, dispuestos en sucesi\u00f3n jer\u00e1rquica: desde el sentido literal (= littera) al sentido anal\u00f3gico (= analog\u00ed\u00ada: la unidad y la analog\u00ed\u00ada de ambos testamentos hace posible una comprensi\u00f3n-iluminaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de la realidad que indica la littera), pasando luego al sentido tropol\u00f3gico (la normatividad de la historia salv\u00ed\u00adfica, comprendida anal\u00f3gicamente, permite la aplicaci\u00f3n moral al comportamiento del cristiano) y al sentido anag\u00f3gico (la historia de la salvaci\u00f3n como historia de comuni\u00f3n con Dios debe transformarse en historia de cada alma. la cual, viviendo la comuni\u00f3n con Dios en este mundo, realiza, ciertamente, la tendencia a la vida eterna. Es su retorno a la \u00abimagen\u00bb).<\/p>\n<p>La novedad de este problema de la comprensi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica (la \u00abquaestio\u00bb) resid\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en que revelaba una actitud espiritual que se justificaba por s\u00ed\u00ad sola ante la exigencia de mostrar si era compatible con la fe y si no se reduc\u00ed\u00ada a una \u00abcuriositas\u00bb racionalista, a una \u00abvana exquisitio\u00bb o a una \u00abvana scientia\u00bb. Nac\u00ed\u00ada de esta forma una primera tensi\u00f3n fundamental, que debe entenderse como tensi\u00f3n propia de la \u00abciencia de la fe\u00bb y que, si al principio crea oposici\u00f3n entre los monjes y los \u00abmaestros\u00bb, luego hace que los nuevos \u00abmaestros\u00bb se enfrenten dial\u00e9cticamente entre s\u00ed\u00ad (basta pensar en Buenaventura y en Tom\u00e1s como m\u00e1xima expresi\u00f3n de este enfrentamiento), origin\u00e1ndose con ello una literatura que o bien impugna la teolog\u00ed\u00ada de las escuelas o se coloca voluntariamente al margen de la misma, prefiriendo la \u00abscientia\u00bb nacida de la \u00abexperientia\u00bb, la cual nunca es \u00abvana\u00bb debido a su relaci\u00f3n con la apropiaci\u00f3n real y personal de la verdad y, por tanto, con la apropiaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta literatura contiene un discurso profundo e incisivo muy superior a una pura disputa acad\u00e9mica; por ello, en nuestra opini\u00f3n, resulta crucial para comprender la historia espiritual del mundo cristiano hasta el s. xvn, todo \u00e9l comprendido. Pues, desde una perspectiva particular, est\u00e1 en juego el problema de la naturaleza de la fe, es decir, el problema de ese \u00absaber\u00bb, del todo t\u00ed\u00adpico y complejo, propio de la fe. Saber que no puede en absoluto reducirse a una \u00abexquisitio\u00bb y que, por lo mismo, permite preguntar si en su interior deja espacio, y cu\u00e1nto, para una b\u00fasqueda, para una pregunta cr\u00ed\u00adtica, es decir, para la \u00abratio\u00bb.<\/p>\n<p>La historia del progresivo empobrecimiento y esterilizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada propiamente dicha (por obra del nominalismo primero y del iluminismo despu\u00e9s), as\u00ed\u00ad como la historia de la progresiva \u00abpsicologizaci\u00f3n\u00bb de la mentalidad y literatura \u00abespiritual\u00bb (con posterioridad a los grandes fen\u00f3menos de ruptura con la ortodoxia cat\u00f3lica: los movimientos de \u00ablibertad\u00bb de los ss. xiii-xiv, la reforma, el jansenismo), se han descrito e interpretado frecuentes veces. Pero, a nuestro entender, en estos trabajos se ha subrayado bien poco que esta \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb, por seguir una \u00abinquisitio\u00bb diversamente desligada de la referencia expl\u00ed\u00adcita a la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, circunscribe su \u00e1mbito a la objetividad cristiana, o sea a la fe (y a cuanto se le une en el plano operativo, jur\u00ed\u00addico, etc.) en su vertiente objetiva, sin tener debidamente en cuenta la realidad misma de la fe precisamente en cuanto que \u00e9sta vive y se apropia el conjunto de los valores cristianos.<\/p>\n<p>Cuanto acabamos de decir no se da, ciertamente, en todos los te\u00f3logos, como tampoco en todos los llamados autores espirituales, entre los cuales no faltan quienes buscaron un enlace entre lo vivido, lo experimentado y la \u00abteolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica\u00bb (pi\u00e9nsese en Ruysbroeck y en Juan de la Cruz).<\/p>\n<p>Pero, en su conjunto, s\u00ed\u00ad que se da como tendencia, lo cual se hace bien evidente cuando la teolog\u00ed\u00ada, desde la controversia, emerge como \u00abdogm\u00e1tica\u00bb y cuando, bajo un impulso cultural realmente racionalista e iluminista, juzga a sabiendas que no es tarea suya ocuparse de la experiencia o de la fe en cuanto vivida, a no ser que se haga una reducci\u00f3n \u00aba los principios\u00bb, es decir, al dato dogm\u00e1tico. Es aqu\u00ed\u00ad cuando la separaci\u00f3n o \u00abdivorcio\u00bb entre teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad aparece ya incre\u00ed\u00adblemente confirmado; y no porque la teolog\u00ed\u00ada se hubiera afirmado como inteligencia cr\u00ed\u00adtica de la fe y la llamada espiritualidad no, sino porque la teolog\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada restringido injustamente el campo de la fe-que-creer a la sola vertiente objetiva, olvidando que la totalidad de la fe la constituye la objetividad cristiana vivida.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad que, si hay que decir, por una parte, que la contestaci\u00f3n mon\u00e1stica dirigida a la teolog\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica es injustificada por no comprender la legitimidad de\u00e9sta y su valor propio, enraizado en la naturaleza misma de la fe, por otra, se debe a\u00f1adir que, desde nuestro punto de vista, el error de la teolog\u00ed\u00ada ha estado hist\u00f3ricamente en no haber asumido en su integridad el dato-que-comprender. De suerte que lo que habr\u00ed\u00ada que reprochar a la teolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica (tal y como ha venido configur\u00e1ndose hist\u00f3ricamente) no es tanto haber abandonado de hecho la figura mon\u00e1stica del \u00absaber\u00bb de la fe, cuanto no haber comprendido que, en resumidas cuentas, lo que quiz\u00e1 quer\u00ed\u00ada aquella figura era sobre todo establecer, o al menos unificar, el objeto-que-comprender; siquiera en la medida en que el plexo \u00abletra-analog\u00ed\u00ada-tropolog\u00ed\u00ada\u00bb pod\u00ed\u00ada tener como fin la anagog\u00ed\u00ada y ser asumido en ella.<\/p>\n<p>Nos parece que \u00e9ste es (esquem\u00e1ticamente, claro) el cuadro general que, sin ser su determinante inmediato, por lo menos hace de trasfondo a la aparici\u00f3n del inter\u00e9s teol\u00f3gico por una \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb en los \u00faltimos a\u00f1os del s. xix y en los primeros cincuenta del s. xx. Creemos que s\u00f3lo si se tiene presente esto como situaci\u00f3n objetiva, profunda y real de la teolog\u00ed\u00ada a partir de la toma de conciencia expl\u00ed\u00adcita por parte de los te\u00f3logos -y no como pura situaci\u00f3n sectorial y ocasional-, se puede comprender la trayectoria de la \u00abcurva\u00bb no s\u00f3lo del manual, sino tambi\u00e9n de la propuesta de una teolog\u00ed\u00ada espiritual espec\u00ed\u00adfica. Pues nos parece indudable que el sentido de esta curva no persigue la justificaci\u00f3n de una \u00abnueva teolog\u00ed\u00ada\u00bb o de la presencia de un cap\u00ed\u00adtulo m\u00e1s que a\u00f1adir a la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tico-moral, sino una visi\u00f3n sint\u00e9tica del objeto-que-comprender y del m\u00e9todo de comprensi\u00f3n del mismo; m\u00e9todo y comprensi\u00f3n que la teolog\u00ed\u00ada, en su calidad de inteligencia cr\u00ed\u00adtica de la fe, debe encontrar.<\/p>\n<p>II. El episodio reciente de la teolog\u00ed\u00ada espiritual<br \/>\nYa hemos dado la descripci\u00f3n del hecho y de las fuerzas determinantes del mismo. El resorte fundamental lo constituye, sin duda, el fen\u00f3meno de vitalidad interior que a finales del 1800 surgi\u00f3 en el mundo cat\u00f3lico y que se denomina \u00abmovimiento m\u00ed\u00adstico\u00bb, caracterizado, de un lado, por la necesidad de encontrar los fundamentos, los horizontes dogm\u00e1ticos (gracia santificante\/inhabitaci\u00f3n, primero: cuerpo m\u00ed\u00adstico\/iglesia, sacramentos\/liturgia, despu\u00e9s) de la vida \u00abinterior\u00bb o \u00abespiritual\u00bb, y, de otro, por su atenci\u00f3n a la experiencia contemplativo-m\u00ed\u00adstica como figura concreta y piedra de toque de la perfecci\u00f3n cristiana ya conseguida o que ha de conseguirse.<\/p>\n<p>Este \u00abmovimiento\u00bb -digno de ser mejor conocido y m\u00e1s estudiado por parte de los historiadores que se ocupan de la Iglesia del s. xix-. aunque no naci\u00f3 de la teolog\u00ed\u00ada, atrajo ls atenci\u00f3n de los te\u00f3logos, m\u00e1s a nivel de trabajos monogr\u00e1fico-divulgativos que de tratados formalmente acad\u00e9micos o institucionales. Parece que de hecho, sin esta aportaci\u00f3n, el \u00abmovimiento\u00bb seguramente no habr\u00ed\u00ada asimilado los susodichos horizontes teol\u00f3gicos, y menos a\u00fan la formulaci\u00f3n del problema de la perfecci\u00f3n en t\u00e9rminos de \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb y de \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan: es sabido que, desde el punto de vista del contenido, \u00e9ste fue precisamente el terreno en que los diversos te\u00f3logos y \u00abescuelas\u00bb mantuvieron sus cl\u00e1sicas discusiones, cuyos resultados, ciertamente importantes, llevaron, por una parte, a recuperar el sentido de la unidad teologal (en la fe, en la esperanza y en la caridad) del camino espiritual o de perfecci\u00f3n, y, por otra, a captar la homogeneidad posible entre una experiencia m\u00ed\u00adstica cristiana y la vida teologal, sin que esto implique que la presencia de la experiencia m\u00ed\u00adstica haya de tomarse como \u00abtest\u00bb necesario, o al menos de derecho normal, de la perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Junto al empuje originado por el movimiento m\u00ed\u00adstico, con la espont\u00e1nea convergencia, reencontrada y vivida, entre exigencia-experiencia interior y teolog\u00ed\u00ada, no ha de olvidarse tampoco la presencia e incidencia de un impulso netamente institucional, que se tradujo en la creaci\u00f3n (P\u00ed\u00ado XI, Const. Deus scientiarum Dominus, 24-5-1931) de una c\u00e1tedra expresa en las facultades teol\u00f3gicas: el \u00e1mbito de esta c\u00e1tedra deb\u00ed\u00ada abarcar la asc\u00e9tica como \u00abdisciplina auxiliar\u00bb y la m\u00ed\u00adstica como una m\u00e1s de las disciplinas \u00abespeciales\u00bb, seg\u00fan terminolog\u00ed\u00ada inadecuada t\u00e9cnicamente a la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de entonces. Pero pronto se vio que el valor de este modelo era relativo, y contingente su alcance: segu\u00ed\u00ada en pie, sin embargo, su aspecto sustancial, es decir, la institucionalizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb que deb\u00ed\u00ada ocuparse de la realidad, de los fermentos y de las discusiones que nac\u00ed\u00adan del \u00abmovimiento m\u00ed\u00adstico\u00bb. Esto no pod\u00ed\u00ada menos de alentar la producci\u00f3n did\u00e1ctica, que evidentemente, en el contexto concreto de la ense\u00f1anza teol\u00f3gica, habr\u00ed\u00ada de asumir la forma del manual escol\u00e1stico; pero, al mismo tiempo, tampoco pod\u00ed\u00ada sino favorecer el discurso propiamente metodol\u00f3gico, ya en s\u00ed\u00ad mismo (cu\u00e1l es y cu\u00e1l debe ser el m\u00e9todo propio de esta \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb), ya al confrontarse con las dem\u00e1s disciplinas teol\u00f3gicas, y m\u00e1s inmediatamente con la teolog\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>llI. Los problemas y los contenidos fundamentales de la \u00abnueva\u00bb ense\u00f1anza y del nuevo manual<br \/>\na) Como ya se ha apuntado, el primer problema de contenido, y el m\u00e1s debatido, fue el de la \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb; no s\u00f3lo ni tanto en s\u00ed\u00ad misma cuanto por su relaci\u00f3n con el itinerario interior o espiritual y, por ello, con el problema de la perfecci\u00f3n. T\u00e9cnicamente, este discurso pod\u00ed\u00ada formularse, y de hecho as\u00ed\u00ad se hac\u00ed\u00ada tambi\u00e9n, en t\u00e9rminos de relaci\u00f3n entre \u00abasc\u00e9tica\u00bb y \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb. Mas esta relaci\u00f3n, \u00bfera de evoluci\u00f3n normal o una relaci\u00f3n \u00abfragmentada\u00bb, lo que significaba un salto cualitativo? En este \u00faltimo caso, \u00bfha de suponerse no s\u00f3lo la \u00ed\u00adndole extraordinaria de la m\u00ed\u00adstica, sino tambi\u00e9n cierta heterogeneidad entre el momento asc\u00e9tico y el m\u00ed\u00adstico?<br \/>\nLa aludida recuperaci\u00f3n del sentido de la homogeneidad no-necesaria entre la experiencia m\u00ed\u00adstica y el itinerario espiritual cristiano, expresable esencialmente en t\u00e9rminos teologales, hac\u00ed\u00ada problem\u00e1tico que se constituyeran dos manuales distintos (antes, quiz\u00e1, que dos c\u00e1tedras distintas), uno para la asc\u00e9tica y otro para la m\u00ed\u00adstica. Por otra parte, su unificaci\u00f3n puramente material no respond\u00ed\u00ada al estado real de la reflexi\u00f3n. As\u00ed\u00ad se explica que se prefiriera adoptar un t\u00e9rmino que no s\u00f3lo parec\u00ed\u00ada m\u00e1s tradicionalmente cristiano (b\u00ed\u00adblico), sino que abr\u00ed\u00ada una perspectiva m\u00e1s profunda e iba m\u00e1s all\u00e1 del \u00abstatus quaestionis\u00bb, hist\u00f3rica y contingentemente determinado. Nos referimos al t\u00e9rmino Teolog\u00ed\u00ada Espiritual, cuyo \u00abobjeto\u00bb es la vida del cristiano en cuanto \u00abvida espiritual\u00bb, en la que hallan lugar y unificaci\u00f3n tanto el discurso \u00abasc\u00e9tico\u00bb como el \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb. Naturalmente, de esta forma el discurso se esclarec\u00ed\u00ada \u00fanicamente en su aspecto interno y, antes o despu\u00e9s, ser\u00ed\u00ada inevitable preguntarse en qu\u00e9 punto este discurso sobrela \u00abvida espiritual\u00bb como \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y positivamente abierta a la perfecci\u00f3n de la caridad no coincid\u00ed\u00ada, por un lado, con el discurso dogm\u00e1tico de la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, y, por otro, con el discurso moral, evidentemente dentro de una moral de la perfecci\u00f3n, de la caridad como fin absoluto.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pod\u00ed\u00ada significar una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb que, permaneciendo tal, estudiara la \u00abvida\u00bb espiritual en progreso hacia la perfecci\u00f3n? \u00bfCu\u00e1l pod\u00ed\u00ada ser el objeto propio de esta \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb y cu\u00e1l su m\u00e9todo? De esta forma se abri\u00f3 el camino cr\u00ed\u00adtico, todo \u00e9l lleno de dificultades, aunque sin carecer de momentos significativos bajo el punto de vista te\u00f3rico.<\/p>\n<p>b) La descripci\u00f3n de este camino exige de salida tener en cuenta las posiciones presentes y operantes en el campo de los estudios relativos a la nueva disciplina. Se daba ya un acuerdo de fondo al juzgar que se trataba de una disciplina pr\u00e1ctica y directiva, es decir, ordenada a dirigir los pasos del camino espiritual. Pero exist\u00ed\u00ada una dial\u00e9ctica entre la orientaci\u00f3n dominicana (mantenida y representada por la revista La Vie Spirituelle, nacida el a\u00f1o 1919) y la orientaci\u00f3n defendida por otra importante revista, aparecida en 1920: Revue d&#8217;Asc\u00e9tique et de Mystique.<\/p>\n<p>La primera posici\u00f3n se caracterizaba por su intensa orientaci\u00f3n especulativo-deductiva: la estructura formal del itinerario espiritual, en sus distintas fases, se deduce teol\u00f3gicamente y a priori de los mismos principios de la vida cristiana (gracia santificante, virtudes infusas, dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, teolog\u00ed\u00ada de las relaciones entre estas entidades sobrenaturales, teolog\u00ed\u00ada de la relaci\u00f3n entre desarrollo de la vida de fe y visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica). La referencia a la historia y a la experiencia en realidad no entra en la operaci\u00f3n teol\u00f3gica como tal; es s\u00f3lo una circunstancia o fen\u00f3meno de la ontolog\u00ed\u00ada, aunque puede incitar al te\u00f3logo a no desatender un aspecto de su reflexi\u00f3n y le sirve para introducir la perspectiva teol\u00f3gica en una pedagog\u00ed\u00ada y en una direcci\u00f3n adecuada, ayud\u00e1ndole a madurar su sentido de discernimiento de lo concreto.<\/p>\n<p>La segunda posici\u00f3n, en cambio, se centraba en ver la realidad de la vida espiritual cristiana como un fen\u00f3meno vivido, hist\u00f3rico y en s\u00ed\u00ad mismo indeducible; fundaba la comprensi\u00f3n de la misma en una interpretaci\u00f3n del dato, casi a trav\u00e9s de una convergencia de m\u00e9todos, pues propon\u00ed\u00ada (de una forma m\u00e1s emp\u00ed\u00adrica que rigurosa) una especie de m\u00e9todo compuesto, combinando el m\u00e9todo teol\u00f3gico con el de las ciencias hist\u00f3rico-emp\u00ed\u00adricas, en particular con la psicolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>c) La \u00abnueva\u00bb teolog\u00ed\u00ada, precisamente por su pretendida orientaci\u00f3n a dirigir la praxis del camino espiritual hacia la perfecci\u00f3n, se situaba en la zona de la teolog\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica y, consiguientemente, en la vertiente de la moral. Pero si era relativamente f\u00e1cil distinguirse de una moral de tipo casu\u00ed\u00adstica y \u00abde licitis et de illicitis\u00bb, no pod\u00ed\u00ada pasar lo mismo en relaci\u00f3n con una moral que iba recuperando como propio el discurso de la perfecci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, en un primer momento tuvo aceptaci\u00f3n la idea propuesta por Vermeersch, y acogida incluso por De Guibert, de ver la relaci\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada moral y teolog\u00ed\u00ada espiritual a la luz de la consideraci\u00f3n de esta \u00faltima no tanto como una ciencia cuanto como un \u00abarte\u00bb (es decir, al nivel de la t\u00e9cnica, de la did\u00e1ctica, etc.) de la perfecci\u00f3n cristiana. El conocido intento de J. Maritain de reestructurar el \u00absaber pr\u00e1ctico\u00bb distinguiendo entre nivel propiamente especulativo (teor\u00ed\u00ada de la praxis) y nivel pr\u00e1cticamente-pr\u00e1ctico, que inclu\u00ed\u00ada tanto la casu\u00ed\u00adstica de los moralistas (san Alfonso) como la casu\u00ed\u00adstica de los autores espirituales (san Juan de la Cruz) y, por tanto, la teolog\u00ed\u00ada espiritual, enlaza objetivamente con este tipo de problem\u00e1tica. Pero evidentemente se trataba de soluciones fr\u00e1giles en s\u00ed\u00ad mismas y que, en cualquier caso, no satisfac\u00ed\u00adan a los cultivadores de la \u00abnueva\u00bb disciplina, los cuales, si bien quer\u00ed\u00adan moverse en el terreno pr\u00e1ctico, no pretend\u00ed\u00adan estudiar las t\u00e9cnicas de la vida cristiana, y mucho menos ocuparse de ellas \u00abcasu\u00ed\u00adsticamente\u00bb.<\/p>\n<p>d) La ocasi\u00f3n, que realmente no se aprovech\u00f3, para salir de la esterilidad del planteamiento, habr\u00ed\u00ada podido proporcionarla la intervenci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de A. Stolz, ya que su Teolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica llevaba de hecho en s\u00ed\u00ad la fuerza necesaria para empujar a los estudiosos de teolog\u00ed\u00ada espiritual a reorganizar su discurso, tanto en lo referente al contenido como al m\u00e9todo, estableciendo como t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica y no la teolog\u00ed\u00ada moral. \u00bfEs posible construir un discurso teol\u00f3gico sobre la \u00abvida espiritual\u00bb del cristiano de otra forma que como puro y simple discurso de antropolog\u00ed\u00ada cristiana? En este caso, \u00bfse puede, con una metodolog\u00ed\u00ada correcta, desarrollar dicho discurso sin hacerlo totalmente objetivo, es decir, permaneciendo por encima y previo a todo fenomenologismo y psicologismo? \u00bfQu\u00e9 sentido puede tener entonces la figura de un m\u00e9todo teol\u00f3gico compuesto, es decir, convergente con la atenci\u00f3n al fen\u00f3meno y a la psicolog\u00ed\u00ada?<br \/>\nEl \u00fanico que dio una respuesta pr\u00e1ctica a Stolz fue Gabriel de Santa Mar\u00ed\u00ada Magdalena, para quien, por otra parte, la defensa de lo emp\u00ed\u00adrico y de lo fenom\u00e9nico espiritual (lo psicol\u00f3gico, para expresarnos con terminolog\u00ed\u00ada cercana a la suya), como objeto de la leg\u00ed\u00adtima atenci\u00f3n del te\u00f3logo, no est\u00e1 en absoluto exenta de ambig\u00fcedad. En efecto, se trata de una especie de \u00abpsicol\u00f3gico-tipo\u00bb, deducible o deducido de la vida de gracia, en virtud de las leyes de su misma evoluci\u00f3n. Pero el discurso se llevaba valerosamente hasta mostrar la unilateralidad de la posici\u00f3n de Stolz y preguntarse si y con qu\u00e9 condiciones la teolog\u00ed\u00ada pod\u00ed\u00ada capacitarse para comprender la vivencia cristiana tal como emerge de la historia: con qu\u00e9 criterios la identifica, la discierne, la valora como dato s\u00f3lo a posteriori, y por qu\u00e9 debe identificarla, discernirla y valorarla como objeto propio. \u00bfNo ser\u00ed\u00ada precisamente la estructura particular de esta vivencia la que exige que la teolog\u00ed\u00ada se dirija a ella para \u00abcomprenderla\u00bb?<br \/>\ne) Creemos que exactamente en esta direcci\u00f3n han querido orientar la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica J. Mouroux y H. U. von Balthasar. El primero -autor de la conocida obra L&#8217;exp\u00e9rience chr\u00e9tienne- tiene, ciertamente, el doble m\u00e9rito de haber intentado definir la experiencia cristiana como un \u00abexperiencial\u00bb religioso de tipo particular y de haber demostrado la legitimidad teol\u00f3gica de una teolog\u00ed\u00ada de la experiencia cristiana. El segundo, entendiendo la santidad como \u00abteolog\u00ed\u00ada vivida\u00bb (es decir, la totalidad concreta del misterio, que es la singularidad absoluta de Jes\u00fas, expresada en el \u00abfen\u00f3meno\u00bb de la santidad realizada en la Iglesia), propone con vigor un proyecto de \u00abfenomenolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica\u00bb que recupere lo total o lo universal (de que hemos hablado) en el \u00abfen\u00f3meno\u00bb concreto de los santos; es decir, que parta de \u00e9l y lo lea en \u00e9l. Se trata de dos proyectos que los manuales oficiales de teolog\u00ed\u00ada espiritual no han recogido, entre otras cosas porque a partir de los a\u00f1os cincuenta ha ido declinando el inter\u00e9s por los problemas metodol\u00f3gicos de la teolog\u00ed\u00ada espiritual.<\/p>\n<p>Pero la cuesti\u00f3n planteada por Mouroux y Von Balthasar en realidad iba dirigida a la teolog\u00ed\u00ada como tal; de una forma de suyo m\u00e1s parcial en el caso de Mouroux(la teolog\u00ed\u00ada legitima y obligatoriamente puede y debe interesarse tambi\u00e9n por la experiencia cristiana); de una forma m\u00e1s en\u00e9rgica y radical en el caso de Von Balthasar (si la teolog\u00ed\u00ada debe concebirse como una especie de \u00abfenomenolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica\u00bb, el fen\u00f3meno de la santidad es su \u00ablugar\u00bb y su objeto). As\u00ed\u00ad se daba objetivamente respuesta a Stolz; pero se volv\u00ed\u00ada a plantear a la teolog\u00ed\u00ada como tal una cuesti\u00f3n cr\u00ed\u00adtica muy importante y profunda, aunque entonces a\u00fan no se la aceptaba lo suficiente. Era la teolog\u00ed\u00ada, tal y como la entend\u00ed\u00adan Stolz y los te\u00f3logos (especialmente los dogm\u00e1ticos), lo que se problematizaba. Pero, al mismo tiempo, se hac\u00ed\u00ada inevitable preguntarse si la \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb a\u00fan pod\u00ed\u00ada tener una funci\u00f3n. En todo caso, no habr\u00ed\u00ada podido ser la que hab\u00ed\u00adan intentado asignarle los autores de los manuales.<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n: la \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb como problema de la teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nSi nuestra lectura de los avatares del manual de teolog\u00ed\u00ada espiritual es correcta, resulta di\u00e1fano que nos lleva en la direcci\u00f3n que ya descubrimos en la historia de la teolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad pues, la teolog\u00ed\u00ada espiritual vuelve a presentarse como tarea de la teolog\u00ed\u00ada; una tarea consistente en no cerrarse arbitrariamente en el \u00e1mbito de la objetividad cristiana y s\u00ed\u00ad en seguir abierta a la comprensi\u00f3n de la \u00abvivencia\u00bb, es decir, de la objetividad \u00abhecha propia\u00bb o de la apropiaci\u00f3n de esta objetividad. Y ello a causa de la estructura misma de la fe, estructura que la teolog\u00ed\u00ada trata de comprender y de la que no puede eliminarse la tensi\u00f3n o la correlatividad entre \u00abfides quae\u00bb y \u00abfides qua\u00bb; de manera que si, por una parte, el \u00abdato\u00bb cristiano es tal por su personal apropiaci\u00f3n cristiana, por otra, la apropiaci\u00f3n lo es no como resultado de una interioridad religiosa, sino precisamente como apropiaci\u00f3n de dicho dato. Dando como legitima la \u00abcomprensi\u00f3n seg\u00fan la fe\u00bb del dato cristiano, con la consiguiente legitimidad de la teolog\u00ed\u00ada, tal \u00abcomprensi\u00f3n\u00bb deber\u00e1 abarcar todo el dato, con las dos susodichas dimensiones y su tensi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. Pero apenas se tome conciencia y se emprenda este cometido, surgir\u00e1 inevitablemente la cuesti\u00f3n ya formulada de si no nos encontramos aqu\u00ed\u00ad ante el objeto real sint\u00e9tico de la teolog\u00ed\u00ada y si, en consecuencia, no se realiza de hecho, con el desarrollo de la llamada \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb, la s\u00ed\u00adntesis final de toda la operaci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>V. En el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada espiritual:<br \/>\nlos grados o las v\u00ed\u00adas, los estados de vida, las \u00abespiritualidades\u00bb<br \/>\nLa exposici\u00f3n que hasta aqu\u00ed\u00ad hemos hecho ha privilegiado deliberadamente la l\u00ed\u00adnea metodol\u00f3gica sobre la del contenido, llamada tambi\u00e9n \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual especial\u00bb a partir de J. Heerinckx (Introductio in theologiam spiritualem, 1931). Efectivamente, un manual de teolog\u00ed\u00ada espiritual no pod\u00ed\u00ada realizar todo su prop\u00f3sito en el \u00e1mbito de las dimensiones metodol\u00f3gicas, pues expon\u00ed\u00ada el camino de la perfecci\u00f3n sirvi\u00e9ndose del esquema (de origen dionisiano) de las tres \u00abv\u00ed\u00adas\u00bb o de los tres \u00abgrados\u00bb (purificaci\u00f3n-iluminaci\u00f3n-uni\u00f3n) y acogiendo, llegado el caso, el tema de la relaci\u00f3n entre algunos \u00abestados de vida\u00bb y la perfecci\u00f3n cristiana. Como quiera que sea, esta \u00faltima clase de tem\u00e1tica ha venido adquiriendo poco a poco una fuerza y autonom\u00ed\u00ada propias, m\u00e1s o menos reflejadas en los manuales y ciertamente comprobables a nivel de bibliograf\u00ed\u00ada. Lo mismo creemos que puede afirmarse de la problem\u00e1tica de las \u00abespiritualidades\u00bb. Por ello nos parece justificado dedicar a los tres cap\u00ed\u00adtulos mencionados una indicaci\u00f3n expositiva muy r\u00e1pida, m\u00e1s que nada para tratar de comprender su sentido y encuadrar cr\u00ed\u00adticamente su alcance.<\/p>\n<p>1. LOS \u00abGRADOS\u00bb O LAS \u00abV\u00ed\u00adAS\u00bb &#8211; La panor\u00e1mica de m\u00e1s f\u00e1cil presentaci\u00f3n es la que ofrece el capitulo de los \u00abgrados\u00bb o de las \u00abv\u00ed\u00adas\u00bb del itinerario de la perfecci\u00f3n. Los logros paulatinamente alcanzados en este punto nos parecen dos: la importancia de que, con o sin un determinado esquema arquitect\u00f3nico u organizativo, se mantenga el sentido de progresividad de la vida cristiana y el valor sustancialmente orientativo de los esquemas cl\u00e1sicos de interpretaci\u00f3n del camino espiritual. Ahora bien, respecto de la progresividad del itinerario espiritual cristiano, es evidente que si esta afirmaci\u00f3n, en sus t\u00e9rminos m\u00e1s generales o de principio, pertenece a la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica (bastar\u00ed\u00ada con remitirse tan s\u00f3lo a la doctrina cat\u00f3lica del m\u00e9rito), no podr\u00e1 sin m\u00e1s decirse lo mismo en el caso de que se la quiera convertir en un problema de descripci\u00f3n. En efecto, este problema no podr\u00ed\u00ada hallar soluci\u00f3n sin toparse con los mismos interrogantes planteados en la pol\u00e9mica Stolz-Gabriel. \u00bfEs, pues, teol\u00f3gicamente determinable un esquema-tipo descriptivo de la evoluci\u00f3n de la vida espiritual hacia la madurez? De una manera m\u00e1s general, \u00bfpueden hallarse criterios teol\u00f3gicamente v\u00e1lidos para describir la maduraci\u00f3n y, por tanto, el progreso de la vida espiritual? Pero la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica no ha alcanzado casi nunca este nivel, ya que, en general, no ha pasado de poner de relieve la opinabilidad de los dos esquemas cl\u00e1sicos de las \u00abv\u00ed\u00adas\u00bb y de los \u00abgrados\u00bb y la dificultad de organizar en forma sistem\u00e1tica y general el proceso del itinerario espiritual. Efectivamente, el esquema de las \u00abtres v\u00ed\u00adas\u00bb se ha evidenciado con facilidad como el m\u00e1s comprometido y, a pesar de su venerabilidad, como el m\u00e1s discutible por proceder de una fuente antropol\u00f3gica (antropolog\u00ed\u00ada-de-la-contemplaci\u00f3n, de cu\u00f1o neoplat\u00f3nico y origenista) que no es precisamente la de la alianza. Adem\u00e1s. prejuzga la soluci\u00f3n del problema m\u00ed\u00adstico dando por supuesta su normalidad o su equivalencia con la perfecci\u00f3n cristiana. Por \u00faltimo, este esquema puede inducir a restringir la purificaci\u00f3n, la conversi\u00f3n, el alejamiento del pecado, etc., al simple momento inicial de la vida cristiana, no consider\u00e1ndolos, por el contrario, como una de sus dimensiones. As\u00ed\u00ad que si, por una parte, no se quiere renunciar a la descriptibilidad del camino de la perfecci\u00f3n y, por otra, se quieren superar los esquemas descriptivos tradicionales, habr\u00ed\u00ada que tomar otras direcciones y buscar otros criterios. Pero a este respecto hasta el presente s\u00f3lo se cuenta con esbozos fugaces.<\/p>\n<p>2. Los \u00abESTADOS DE VIDA\u00bb &#8211; Pasando ahora al cap\u00ed\u00adtulo de los \u00abestados de vida\u00bb, nuestro intento de trazar la andadura de la reflexi\u00f3n habr\u00e1 de ser necesariamente esquem\u00e1tico y, por lo mismo, artificial: proporcional a la amplitud que fue asumiendo el discurso hasta el Vat. II y en el postconcilio.<\/p>\n<p>El primer hecho que rese\u00f1ar y describir, aunque parezca exterior, es, sin duda, la progresiva ampliaci\u00f3n del n\u00famero de los \u00abestados de vida\u00bb puestos a su vez en relaci\u00f3n con la perfecci\u00f3n: desde el redescubrimiento del episcopado (o del estado \u00absacerdotal\u00bb) como estado de perfecci\u00f3n cercano o superior al estado religioso (remito a las discusiones sobre la \u00abespiritualidad\u00bb del clero diocesano [>Ministerio pastoral]), a la cada vez m\u00e1s convencida presencia del estado seglar [>Laico] como camino de perfecci\u00f3n (sobre este tema, pi\u00e9nsese. de salida, en la aportaci\u00f3n, a nuestro juicio no del todo un\u00ed\u00advoca, del magisterio pastoral de P\u00ed\u00ado XI) y, por \u00faltimo, a la afirmaci\u00f3n ya sin reservas de la relaci\u00f3n positiva entre matrimonio y perfecci\u00f3n cristiana [>Familia]. Lo que evidentemente quer\u00ed\u00ada este discurso era traducir, a su manera, la conciencia cada vez m\u00e1s difundida de la vocaci\u00f3n universal a la perfecci\u00f3n [>Santo]. Mas precisamente este impulso interior suyo deb\u00ed\u00ada llevarle a ampliar los \u00abestados\u00bb, tratando de incluir entre ellos las diversas situaciones de la existencia (trabajo, profesi\u00f3n [>Trabajador], enfermedad [>Enfermo\/sufrimiento], etc.), para relacionarlas tambi\u00e9n con la perfecci\u00f3n cristiana. De aqu\u00ed\u00ad se deduce, de rechazo, la necesidad de precisar lo que era un \u00abestado\u00bb, con el fin de descubrir ante todo -aunque sea con mentalidad quiz\u00e1 m\u00e1s sectorial que global&#8211; su alcance eclesiol\u00f3gico. Pero, como es l\u00f3gico, no era \u00e9ste el \u00fanico problema que planteaba a la teolog\u00ed\u00ada el discurso de los \u00abestados\u00bb de vida.<\/p>\n<p>Relacionando, dentro de un cuadro eclesiol\u00f3gico, los distintos estados con la perfecci\u00f3n cristiana, resultaba todav\u00ed\u00ada m\u00e1s urgente plantearse qu\u00e9 significaba la afirmaci\u00f3n de los estados t\u00ed\u00adpicos de perfecci\u00f3n y. en particular, aclarar el sentido de la \u00abdefinici\u00f3n\u00bb tridentina concerniente a la \u00abmayor perfecci\u00f3n\u00bb del estado de virginidad o de celibato [>Celibato y virginidad] frente al estado conyugal. Adem\u00e1s, un hecho como la aprobaci\u00f3n de los institutos seculares (1947-1948) deb\u00ed\u00ada llevar necesariamente a preguntarse si era adecuada la distinci\u00f3n jur\u00ed\u00addico-teol\u00f3gica de los estados eclesiales (cl\u00e9rigos-laicos; religiosos). M\u00e1s bien. \u00bfno se deb\u00ed\u00ada hoy revisar este esquema o tratar de elaborar un nuevo esquema interpretativo y, antes a\u00fan, un nuevo criterio organizativo?<br \/>\nEs bien sabido que estos interrogantes se suscitaron en el Vat. II, aunque de los textos conciliares no brote de inmediato una visi\u00f3n sistem\u00e1tica alternativa ni ninguna soluci\u00f3n perentoria del tema, sino tan s\u00f3lo un conjunto de criterios eclesiol\u00f3gicos para el replanteamiento de los diversos problemas. Pero no se olvide que la teolog\u00ed\u00ada de los estados de vida, en su compleja evoluci\u00f3n, no es m\u00e1s que la premisa del discurso que la teolog\u00ed\u00ada espiritual \u00abespecial\u00bb intentaba dedicarles. Aqu\u00ed\u00ad el problema se convierte en el de la \u00abespiritualidad\u00bb de los estados de vida, es decir, el de determinar la relaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de los diversos estados con la perfecci\u00f3n cristiana para orientarlos a conseguirla por caminos propios.<\/p>\n<p>Pero la empresa, aunque ciertamente coherente con una visi\u00f3n \u00abespeculativa\u00bb y directiva de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, no deb\u00ed\u00ada aparecer tan v\u00e1lida y justificada en el caso de que se cambiara o hiciera crisis aquella perspectiva de fondo. En todo caso, nos parece indudable que la inmensa bibliograf\u00ed\u00ada en torno a la \u00abespiritualidad de los estados\u00bb ha experimentado y sigue experimentando a\u00fan una crisis, cuya causa inmediata, seg\u00fan nos parece, no est\u00e1 tanto en una posible falta de coherencia metodol\u00f3gica con el discurso teol\u00f3gico-espiritual general (tipo de exigencia que indudablemente perdi\u00f3 vitalidad hacia los a\u00f1os cincuenta) cuanto en las insuficiencias objetivas o l\u00ed\u00admites de aquella misma literatura, que una sensibilidad muy extendida (y no siempre indiscutible) hac\u00ed\u00ada y hace al presente relativamente f\u00e1ciles de captar. Reduciremos esquem\u00e1ticamente las mencionadas insuficiencias a cuatro t\u00ed\u00adtulos mayores:<\/p>\n<p>a. Primer l\u00ed\u00admite: el ya aludido \u00absectorialismo\u00bb de fondo, que impide ver la diferencia existente entre los \u00abestados\u00bb como una diferencia en la unidad y de la unidad; en otras palabras, impide valorar, o no nos orienta a valorar, la dimensi\u00f3n cristiana que todo \u00abestado de vida\u00bb expresa y que constituye cuanto de fundamental y de com\u00fan tienen y expresan los distintos estados, si bien lo hacen con su especificidad respectiva.<\/p>\n<p>b. Segundo l\u00ed\u00admite: la concepci\u00f3n m\u00e1s emotiva que rigurosa de la \u00abespiritualidad\u00bb, pues muchas veces el discurso se mueve en una perspectiva en la que la \u00abespiritualidad\u00bb evoca algo \u00abprofundo\u00bb, \u00abm\u00e1s intenso\u00bb, \u00abinterior\u00bb, \u00abgeneroso\u00bb o \u00abm\u00e1s generoso\u00bb, etc., sin asumir siquiera los contenidos bastante definidos que al final hab\u00ed\u00adan recuperado los mismos manuales.<\/p>\n<p>c. Tercer limite, calificable de \u00abesencialismo\u00bb o, mejor quiz\u00e1, de \u00abahistoricidad\u00bb del discurso. Es decir, esta literatura, al querer deducir o simplemente hacer derivar del estado de vida indicaciones de perfecci\u00f3n cristiana, se olvida f\u00e1cilmente de la referencia a las diversas \u00abfiguraciones\u00bb hist\u00f3ricas que estos estados asumen, en solidaridad con la misma diversificaci\u00f3n de las \u00abfiguraciones\u00bb hist\u00f3ricas de la sociedad eclesial. Existen diversas figuras o im\u00e1genes del laico, del casado, del religioso, del presb\u00ed\u00adtero y del obispo, m\u00e1s o menos homog\u00e9neas con la naturaleza cristiana de cada uno de estos \u00abestados\u00bb. No se puede esencializar la \u00abfigura\u00bb y sobre esta esencializaci\u00f3n construir un proyecto de espiritualidad o de perfecci\u00f3n v\u00e1lido para estos laicos, para estos sacerdotes, para estos casados, etc. Si se \u00abesencializa\u00bb, hay que hacerlo con rigor; pero es este mismo rigor el que impide esencializar cualquier \u00abfigura\u00bb hist\u00f3rica. Entonces, lo m\u00e1s que podr\u00ed\u00ada hacerse ser\u00ed\u00ada un esbozo de \u00abespiritualidad del laicado\u00bb o del sacerdocio o de la vida religiosa, pero no una verdadera y propia espiritualidad de los laicos, de los sacerdotes, de los religiosos, etc., en un determinado momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>d. Cuarto l\u00ed\u00admite: el reproche de \u00abteoricidad\u00bb hecho a las distintas propuestas de una \u00abespiritualidad de los laicos\u00bb, o sea el reproche de ser unas construcciones \u00abde escritorio\u00bb, que indican desde fuera, y casi a modo de ejercitaci\u00f3n te\u00f3rica, unos itinerarios de santidad, pero sin interpretar propiamente las experiencias, las s\u00ed\u00adntesis cristianas vividas de hecho. En cierto sentido, esta cr\u00ed\u00adtica da en el clavo al replantear la discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter directivo a priori de la teolog\u00ed\u00ada espiritual. La objeci\u00f3n resiste o cae desde el punto de vista metodol\u00f3gico si resiste o cae la concepci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada espiritual. Mas, considerada en el terreno hist\u00f3rico concreto en que se ha desarrollado la literatura sobre la espiritualidad de los estados de vida, la cr\u00ed\u00adtica en cuesti\u00f3n parece pecar de unilateralidad, pues no se puede negar que ha existido efectivamente un movimiento seglar, conyugal o sacerdotal de b\u00fasqueda de una \u00abespiritualidad\u00bb, a la queno sustituye dicha literatura, pero s\u00ed\u00ad intenta dar una respuesta, aunque con los l\u00ed\u00admites que estamos se\u00f1alando. La lectura de la realidad hist\u00f3rica llevar\u00ed\u00ada m\u00e1s bien a descubrir una dial\u00e9ctica entre b\u00fasqueda a nivel de vivencias y b\u00fasqueda a nivel de literatura y, en este sentido, volver\u00ed\u00ada a formularse el reproche de teoricidad o de apriorismo especulativo.<\/p>\n<p>3. LA TEOLOGIA ESPIRITUAL Y LAS \u00abESPIRITUALIDADES\u00bb &#8211; La reflexi\u00f3n sobre la \u00abespiritualidad\u00bb de los estados de vida no es el \u00fanico aspecto del complejo e interesante discurso en torno a las \u00abespiritualidades\u00bb cristianas. Junto a \u00e9l existen otros dos, no menos vigorosos desde el punto de vista de las discusiones suscitadas.<\/p>\n<p>El primero afecta a las \u00abespiritualidades\u00bb tal como en general se las hace aflorar de la historia de la espiritualidad: maneras particulares de sintetizar vitalmente los valores cristianos. seg\u00fan la diversidad de puntos de vista o de catalizaci\u00f3n; y esto a nivel de personalidades individuales o, m\u00e1s f\u00e1cilmente, a nivel de movimientos o de corrientes espirituales (que pueden partir de tales personalidades o tambi\u00e9n precederlas y tenerlas como \u00abint\u00e9rpretes\u00bb o \u00abdiscernidores\u00bb o \u00abpromotores\u00bb de s\u00ed\u00adntesis). Hemos dicho que se trata de s\u00ed\u00adntesis vividas; as\u00ed\u00ad pues, no de suyo ni inmediatamente de s\u00ed\u00adntesis de car\u00e1cter doctrinal, si bien determinadas \u00abespiritualidades\u00bb pueden impulsar, a su modo, no s\u00f3lo intentos de elaboraci\u00f3n te\u00f3rica de las espiritualidades como tales (=doctrinas espirituales), sino incluso tipos de teolog\u00ed\u00ada coherentes con estas mismas espiritualidades. Como tampoco se trata inmediata y necesariamente de proyectos institucionales particulares, aunque las s\u00ed\u00adntesis vividas de que hablamos puedan animarlos o incluso generarlos directamente como un modelo connatural de expresi\u00f3n; as\u00ed\u00ad nacen nuevas formas de vida cristiana homog\u00e9neas con la \u00abespiritualidad\u00bb que las crea, o son asumidas y animadas nuevamente determinadas formas (o elementos estructurales) ya existentes.<\/p>\n<p>Frente a este hecho, ciertamente nada sencillo pero indiscutible, la atenci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada espiritual es atra\u00ed\u00adda sobre todo por problemas tales como la legitimidad de principio de diversas \u00abespiritualidades\u00bb, el significado de su variedad, los criterios de autenticidad y, por tanto, de discernimiento, su relaci\u00f3n con la \u00fanica espiritualidad cristiana. No insistiremos en estos problemas. Nos bastar\u00e1 con remitir, para que sirva de introducci\u00f3n, a las p\u00e1ginas que ha dedicado a todas estas cuestiones J. de Guibert (Le\u00e7ons de t\u00e9ologie spirituelle, Toulouse 1955. 108-122). En general, subrayamos que el trasfondo de toda esta investigaci\u00f3n lo brinda, al menos inicialmente, una tendencia a catalogar las diversas \u00abespiritualidades\u00bb seg\u00fan categor\u00ed\u00adas historiogr\u00e1ficas simplificadoras y expeditivas (cristocentrismo-teocentrismo; ascetismo-misticismo; espiritualidad eucar\u00ed\u00adstica, mariana, etc.), contraponi\u00e9ndolas a veces de una manera exclusivista o pol\u00e9mica.<\/p>\n<p>La superaci\u00f3n del planteamiento ha llevado -creemos- a poner de relieve que los elementos que caracterizan a las diversas \u00abespiritualidades\u00bb son ante todo elementos estructuradores de toda experiencia cristiana como tal, aunque sin asumir en las distintas \u00abestructuras\u00bb concretas el mismo significado catalizador o sint\u00e9tico. As\u00ed\u00ad, el descubrimiento y la valoraci\u00f3n de las distinciones deb\u00ed\u00ada llevar a una visi\u00f3n m\u00e1s completa de lo que constituye la espiritualidad cristiana, criticando justamente las visiones demasiado restringidas, as\u00ed\u00ad como las exclusivamente ligadas a la \u00abgracia santificante\u00bb o a la \u00abinhabitaci\u00f3n trinitaria\u00bb, derivadas del llamado \u00abmovimiento m\u00ed\u00adstico\u00bb.<\/p>\n<p>La misma interpretaci\u00f3n fundamental daremos a otro cap\u00ed\u00adtulo del discurso sobre las espiritualidades: el que, de una manera indudablemente m\u00e1s doctrinal y directiva, responde en la historia reciente a impulsos cr\u00ed\u00adticos bien precisos frente a ciertos modos de plantear la espiritualidad cristiana. Pi\u00e9nsese en la \u00abespiritualidad lit\u00fargica\u00bb o en la \u00abb\u00ed\u00adblica\u00bb, o en la espiritualidad del humanismo cristiano o de la tensi\u00f3n encarnacionismo-escatologismo, etc. No hace falta subrayar que cada uno de estos modelos de espiritualidad ha experimentado la tentaci\u00f3n de presentarse como alternativa total a la espiritualidad vigente y, por tanto, como la espiritualidad cristiana segura. Pero la decantaci\u00f3n que la historia ha ido operando en relaci\u00f3n con tales modeles ha llegado a recuperar cada vez m\u00e1s la idea de que las totalidades que ellos presentaban como alternativas no pod\u00ed\u00adan ser sino dimensiones de la espiritualidad cristiana; dimensiones que no aparec\u00ed\u00adan suficientemente integradas en una determinada configuraci\u00f3n hist\u00f3rica de la espiritualidad, pero que no por eso se exclu\u00ed\u00adan de un discurso adecuado sobre la misma. Aqu\u00ed\u00ad, como en el caso precedente, el discurso primario no era, pues, sectorial, sino global; hab\u00ed\u00ada que preguntarse en qu\u00e9 condiciones es cristiana una \u00abespiritualidad\u00bb y en qu\u00e9 condiciones todas las dimensiones que la constituyen pueden -aunque s\u00f3lo sea seg\u00fan m\u00f3dulos sint\u00e9ticos diversos- ser asimiladas adecuadamente y no s\u00f3lo fragmentariamente. Por ello, el problema no es tanto el de una \u00abespiritualidad lit\u00fargica\u00bb contrapuesta o contraponible a una espiritualidad \u00abno lit\u00fargica\u00bb, etc., sino que consiste m\u00e1s bien en el saber c\u00f3mo puede de suyo la celebraci\u00f3n lit\u00fargica \u00abinformar\u00bb una experiencia cristiana y por qu\u00e9, en ciertos momentos, esto no se da sino en manera fragmentaria o s\u00f3lo seg\u00fan el m\u00f3dulo del deber y de la ortodoxia. D\u00ed\u00adgase otro tanto respecto de la \u00abespiritualidad b\u00ed\u00adblica\u00bb, as\u00ed\u00ad como, en general, del problema, peri\u00f3dicamente suscitado en la historia de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, de la \u00abespiritualidad nueva\u00bb, o \u00abmoderna\u00bb, o \u00abactual\u00bb, etc. Porque es preciso reconocer que este tipo de discurso se hace muchas veces de una forma superficial y acr\u00ed\u00adtica, es decir, partiendo m\u00e1s de las exigencias inmediatas que de la perspectiva global de la experiencia cristiana en cuanto tal: qu\u00e9 es, c\u00f3mo se estructura, qu\u00e9 tipolog\u00ed\u00ada presenta.<\/p>\n<p>G. Moioli<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Teolog\u00ed\u00ada espiritual: reflexi\u00f3n cristiana sobre la praxis, Espiritualidad. Madrid 1980.-AA. VV., La revoluci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Hacia una espiritualidad nueva, en \u00abMisi\u00f3n Abierta\u00bb (abril 1981).-AA. VV., Temas candentes para un cristiano. De la A a la Z. 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Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como nueva rama de la teolog\u00ed\u00ada hace su aparici\u00f3n entre los a\u00f1os 192O-1930, cuando se le reconocen algunas formulaciones en los manuales; pero ser\u00ed\u00ada una limitaci\u00f3n reducir la teolog\u00ed\u00ada espiritual a esta expresi\u00f3n hist\u00f3rica. La expresi\u00f3n manualista recoge y sedimenta todo un amplio inter\u00e9s, que desde los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX y durante toda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-espiritual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEOLOGIA ESPIRITUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16791","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16791","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16791"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16791\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16791"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16791"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16791"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}