{"id":16828,"date":"2016-02-05T10:58:54","date_gmt":"2016-02-05T15:58:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-teologal-y-vida-moral\/"},"modified":"2016-02-05T10:58:54","modified_gmt":"2016-02-05T15:58:54","slug":"vida-teologal-y-vida-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-teologal-y-vida-moral\/","title":{"rendered":"VIDA TEOLOGAL Y VIDA MORAL"},"content":{"rendered":"<p>Este tema abarca las dos dimensiones fundamentales del ser cristiano, la existencial Y la \u00e9tica.<\/p>\n<p>1. Dimensi\u00f3n existencial La vida teologal es la autorrealizaci\u00f3n de la persona en la din\u00e1mica de su relaci\u00f3n con Dios, fundamento \u00faltimo de la realidad. Constituye el aspecto experiencial y operativo del movimiento real Y f\u00ed\u00adsico del hombre hacia Dios (X. Zubiiri). Las modalidades de la vida o experiencia teologal dependen de la visi\u00f3n que el individuo tiene de s\u00ed\u00ad mismo, del mundo y de Dios. Para el cristianismo esta experiencia de Dios es ante todo experiencia de participaci\u00f3n en el ser de Dios (deiformidad). El creyente contempla a Dios como una realidad trascendente, no m\u00e1s all\u00e1 del hombre, sino actuando en el hombre a trav\u00e9s de un dinamismo de vida, que se nos ha dado en Cristo y que es impulsada y guiada por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>a) El universo simb\u00f3lico de la vida.<\/p>\n<p>Es el mundo a trav\u00e9s del cual se expresa todo el mensaje salv\u00ed\u00adfico del Nuevo Testamento. Dios es vida y quiere hacer part\u00ed\u00adcipes de esa vida a todos los hombres. Se utilizan entonces las im\u00e1genes de la \u00bb familia\u00bb : generaci\u00f3n, nacimiento, adopci\u00f3n. Dios es ante todo el \u00abPadre\u00bb. La confesi\u00f3n de la paternidad de Dios se convirti\u00f3 muy pronto en una f\u00f3rmula estereotipada para el cristianismo, como puede observarse en las f\u00f3rmulas de saludo y de despedida de las cartas paulinas (Rom 1,7. 1 Cor 1,3; 12,3; etc.). Dios es Padre en primer lugar de Cristo, el Hijo primog\u00e9nito (Lc 2,7. Rom 8,29), el predilecto (Mt 3,17). La filiaci\u00f3n de Cristo tiene un car\u00e1cter mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico. El ha sido constituido Hijo de Dios con poder y, consiguientemente, Mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or, mediante la resurrecci\u00f3n de entre los muertos.<\/p>\n<p>&#8211; La vida en Cristo. En Cristo todos nos hacemos hijos de Dios. La prueba de que somos hijos de Dios, escribe Pablo en Rom 8,12-17 es que hemos recibido el Esp\u00ed\u00adritu de hijos adoptivos, por medio del cual gritamos: \u00abAbba! \u00c2\u00a1Padre! \u00bb El cristiano entra de forma efectiva en el dinamismo de vida del Padre a trav\u00e9s de su inserci\u00f3n en Cristo muerto y resucitado. La integraci\u00f3n en Cristo tiene un punto de partida y un proceso de desarrollo. Al comienzo est\u00e1 el amor de Dios que precede y que genera todas las expresiones restantes de amor. La expresi\u00f3n del amor de Dios a la humanidad es ante todo la entrega del Hijo (Jn 3,16) y con \u00e9l y en \u00e9l la llamada a hacerse hijos en el Hijo.<\/p>\n<p>Pero en la llamada (vocaci\u00f3n) est\u00e1 tambi\u00e9n la gracia que atrae (Jn 6,44) y que da la capacidad (2 Cor 3,6) de responder a trav\u00e9s de la opci\u00f3n radical por Cristo. Semejante opci\u00f3n, sellada por Dios a trav\u00e9s del bautismo, representa para el creyente una traspersonalizaci\u00f3n vital: \u00abno vivo yo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20; cf. Flp 1,21).<\/p>\n<p>&#8211; Bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp(ritu. El proceso de vida es pilotado (G\u00e1l 5,18) por el Esp\u00ed\u00adritu de vida que est\u00e1 en Cristo Jes\u00fas (Rom 8,2), el cual es tambi\u00e9n prenda de la plenitud futura a la que estamos destinados. De aqu\u00ed\u00ad el car\u00e1cter de \u00abtensi\u00f3n\u00bb del dinamismo de la vida teologal. Al quedar insertos en el acontecimiento de Cristo muerto y resucitado, hemos entrado \u00abya\u00bb en el \u00e1mbito de la vida eterna. Somos \u00abnueva criatura\u00bb (2 Cor 5,17. G\u00e1l 6,15) en el verdadero sentido de la palabra. Pero delante de nosotros, peregrinos hacia la patria de los resucitados, se abre el espacio del \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb, el espacio de la lucha cotidiana contra el pecado (Rom 6,12). Aqu\u00ed\u00ad no hay marchas de dos velocidades, una para los mediocres y otra para los perfectos, ya que todos han sido llamados igualmente a alcanzar la plenitud.<\/p>\n<p>&#8211; La dial\u00e9ctica gracia-pecado. La vida teologal ofrece un \u00e1ngulo de positividad esencial, que consiste en la novedad radical de la vida tra\u00ed\u00adda por Cristo.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n tiene otro \u00e1ngulo negativo. La muerte que abre la puerta a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha sido en realidad una muerte a la muerte y a la fuerza operativa de la misma que es el pecado (Rom 6,10). Por eso, en el cristiano sigue estando viva la connotaci\u00f3n al hombre viejo (Rom 6,6). El \u00abahora\u00bb del hombre nuevo remite a un \u00abantes\u00bb (pot\u00e9) de negatividad y de pecado (Rom 6,20). Por eso el simbolismo de la filiaci\u00f3n y de la nueva vida recuerda otro simbolismo, a saber, el del paso de la negatividad a la positividad.<\/p>\n<p>A este simbolismo pertenecen los campos sem\u00e1nticos de redenci\u00f3n (adquisici\u00f3n), liberaci\u00f3n, salvaci\u00f3n, purificaci\u00f3n, reconciliaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, tanto desde el punto de vista del dinamismo de la vida nueva como desde el de la superaci\u00f3n del pecado, la vida teologal es constitutivamente teoc\u00e9ntrica (Dios Padre es el verdadero organizador del proyecto salv\u00ed\u00adfico), cristoc\u00e9ntrica (Cristo es el protagonista hist\u00f3rico del acontecimiento), pneumatol\u00f3gica (el Esp\u00ed\u00adritu es el propulsor de la nueva vida), eclesiol\u00f3gica (es en el \u00e1mbito de la Iglesia, cuerpo de Cristo, donde se act\u00faa el dinamismo salv\u00ed\u00adfico para los creyentes) y finalmente escatol\u00f3gica (la vida teologal es ya realmente experiencia de la vida definitiva).<\/p>\n<p>b) La clave de lectura de las virtudes teologales. El dinamismo de la vida teologal suele describirse, particularmente en la asc\u00e9tica cristiana, en la clave operativa de las virtudes (amor, esperanza y caridad). Pero hemos de reconocer que los te\u00f3logos contempor\u00e1neos muestran una especie de alergia frente a este planteamiento, por motivos de orden sem\u00e1ntico e hist\u00f3rico. De hecho, b\u00ed\u00adblicamente, el t\u00e9rmino \u00bb virtud\u00bb (aret\u00e9) tiene poco relieve teol\u00f3gico. En el Nuevo Testamento s\u00f3lo se usa 5 veces, y siempre en l\u00ed\u00adnea con el sentido habitual de la cultura helenista (cf Flp 4,8; 1 Pe 2,9. 2 Pe 1,3.5). Por otra parte, en 2 Pe 1,5 se puede observar la distinci\u00f3n entre \u00abvirtud\u00bb y \u00abfe\u00bb : \u00abprocurad a\u00f1adir a la fe la virtud, a la virtud el criterio&#8230;\u00bb. Es sintom\u00e1tico que Pablo, que concede tanta importancia al papel de la fe, de la esperanza y de la caridad, no hable nunca de ellas en t\u00e9rminos de \u00abvirtud\u00bb. Esto se debe atribuir probablemente al prop\u00f3sito de evitar que estas virtudes teologales puedan interpretarse seg\u00fan las categor\u00ed\u00adas de la \u00e9tica griega, es decir, como simples resultados del esfuerzo humano. Otro motivo de la desconfianza antes se6alada puede radicar en el progresivo vaciamiento teol\u00f3gico de las virtudes, que comenz\u00f3 ya en la \u00e9poca inmediatamente pospaulina, as\u00ed\u00ad como en el riesgo de fragmentaci\u00f3n de la vida cristiana, en detrimento de su unidad esencial.<\/p>\n<p>A pesar de ello, hay que admitir que las virtudes teologales, si se toman en profundidad, son esencialmente rec\u00ed\u00adprocas, La fe, como respuesta integral del hombre a la autodonaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, no puede expresarse adecuadamente m\u00e1s que en clave de fidelidad en el amor y como confianza total en la lealtad de Dios.<\/p>\n<p>2. Dimensi\u00f3n \u00e9tica<\/p>\n<p>a) El imperativo cristiano como obediencia radical a la gracia. En la visi\u00f3n protestante la vida teologal se desarrolla exclusivamente en la esfera trascendente, sin ninguna verificaci\u00f3n en el orden emp\u00ed\u00adrico. En la construcci\u00f3n del Reino de Dios todo deber\u00ed\u00ada jugarse en el nivel del ofrecimiento de \u00abgracia\u00bb (indicativo), a la que el hombre tiene que responder mediante la obediencia radical (imperativo). La esfera del obrar hist\u00f3rico seguir\u00ed\u00ada siendo tarea de la iniciativa del hombre (R. Bultmann).<\/p>\n<p>b) El imperativo cristiano como compromiso hist\u00f3rico. Aunque los te\u00f3logos protestantes, como Bultmann, se refieren en este terreno con frecuencia al Nuevo Testamento, hemos de decir que la doctrina neotestamentaria, particularmente la de Pablo, es muy distinta. La cartas paulinas conceden ciertamente una gran importancia a la descripci\u00f3n del existencial cristiano, fruto de la inserci\u00f3n personal en Cristo. Pero la configuraci\u00f3n del hombre nuevo se nos da en clave operativa: \u00bb Por medio del bautismo hemos sido sepultados junto con \u00e9l en la muerte, para que, lo mismo que Cristo fue resucitado&#8230;, tambi\u00e9n nosotros caminemos en una vida nueva\u00bb (Rom 6,4).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante se indican claramente las implicaciones que encierra este \u00abcaminar\u00bb: \u00abOfreced&#8230; Vuestros miembros como instrumentos de justicia para Dios\u00bb (Rom 6,13). Respecto a los frutos negativos del hombre viejo, los que produzca el creyente tendr\u00e1n que ser frutos de santidad (Rom 6,20-22). Pablo destina normalmente la segunda parte de sus ep\u00ed\u00adstolas a la descripci\u00f3n de los frutos concretos que tienen que producir sus corresponsales.<\/p>\n<p>c) Las mediaciones del compromiso cristiano El mismo ap\u00f3stol indicar\u00e1 con claridad las mediaciones a trav\u00e9s de las cuales tendr\u00e1 que pasar el creyente del imperativo radical (aspecto inmediato del indicativo) a la identificaci\u00f3n de los imperativos concretos.<\/p>\n<p>La mediaci\u00f3n fundamental es la \u00bb raz\u00f3n\u00bb que, renovada interiormente, tendr\u00ed\u00ada que formular los juicios pr\u00e1cticos (aokim\u00e1zein), a partir de una correcta distinci\u00f3n de lo que es bueno y agradable a Dios (Rom 12,2). Otra mediaci\u00f3n fundamental es la \u00abley de Cristo\u00bb (G\u00e1l 6,2), entendida como la constelaci\u00f3n de los criterios de valor que fueron va operativos en Jesucristo. En 1 Cor 2, 16 se afirma que tenemos la sabidur\u00ed\u00ada de Dios porque estamos en sinton\u00ed\u00ada con la \u00abmente\u00bb de Cristo, es decir, con sus sentimientos y su forma de pensar (cf. Flp 2,5).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la vida teologal tiene como fundamento el don (gracia de Dios) que nace del acontecimiento irrepetible de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, en el que hemos sido insertos mediante la opci\u00f3n fundamental de la fe. Este acontecimiento, de orden religioso, tiene como aspecto indisociable el imperativo de hacemos cada vez m\u00e1s lo que va somos. A trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n operativa de la raz\u00f3n y del criterio de la ley de Cristo, el creyente est\u00e1 en disposici\u00f3n de actuar su nueva creaturalidad en Cristo de forma pragm\u00e1tica e hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>a) Lo espec\u00ed\u00adfico de la \u00e9tica cristiana. Lo espec\u00ed\u00adfico tendr\u00e1 que buscarse en la radicaci\u00f3n indicativa, que alcanza inmediatamente al existencial humano en cuanto tal. En este sentido resultan demasiado restrictivas las soluciones ofrecidas tanto por los promotores de la llamada \u00ab\u00e9tica aut\u00f3noma\u00bb (A. Auer, F. BOckle, J. Fuchs, etc.) como por los defensores de la \u00ab\u00e9tica de la fe\u00bb (B. Stoeckle). Los primeros ponen lo \u00abespec\u00ed\u00adfico\u00bb en la \u00abintencionalidad\u00bb en las \u00abmotivaciones\u00bb, en el \u00abnuevo horizonte de comprensi\u00f3n\u2020\u009d : los otros, por el contrario, en la aportaci\u00f3n material de normas \u00e9ticas espec\u00ed\u00adficas por parte de la fe. Esta \u00faltima propuesta parece ignorar que la vida teologal se construye sobre el respeto de la raz\u00f3n y sobre el reconocimiento de la misma como instrumento heur\u00ed\u00adstico del bien y de la verdad pr\u00e1ctica. El hombre redimido construye su propia existencia, no al margen de lo humano, sino a partir de lo humano actuado plenamente.<\/p>\n<p>L. \u00ed\u0081lvarez<\/p>\n<p>Bibl.: L. \u00ed\u0081lvarez Verdes, El imperativo cristiano en san Pablo. La tensi\u00f3n indicativo-imperativo en Rm 6. An\u00e1lisis estructural, Valencia 1980; 1, de la Potterie &#8211; S. Lvonnet, La vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967; R. Schnackenburg, Mensaje moral del Huevo Testamento. Herder Barcelona 1991.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este tema abarca las dos dimensiones fundamentales del ser cristiano, la existencial Y la \u00e9tica. 1. 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