{"id":16829,"date":"2016-02-05T10:58:55","date_gmt":"2016-02-05T15:58:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/violencia-no-violencia\/"},"modified":"2016-02-05T10:58:55","modified_gmt":"2016-02-05T15:58:55","slug":"violencia-no-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/violencia-no-violencia\/","title":{"rendered":"VIOLENCIA \/ NO VIOLENCIA"},"content":{"rendered":"<p>Violencia y no violencia constituyen dos modelos opuestos a trav\u00e9s de los cuales se responde a las situaciones de conflicto. La violencia de la que aqu\u00ed\u00ad hablamos no es tanto la violencia gratuita e irracional como aquella con la que se reacciona contra una violencia sufrida injustamente o que se est\u00e1 a punto de sufrir. El principio que se invoca en estos casos es el principio de la leg\u00ed\u00adtima defensa, un principio que ha alcanzado un amplio desarrollo incluso dentro de la tradici\u00f3n cristiana. La legitimidad de la defensa frente al injusto agresor se invocaba ante todo sobre la base de un sentido primordial de justicia, cuando estaban en juego unos bienes fundamentales de la persona que no pod\u00ed\u00adan protegerse de otro modo. A esta motivaci\u00f3n subjetiva se a\u00f1adi\u00f3 posteriormente otra motivaci\u00f3n de car\u00e1cter social, centrada en la referencia al bien com\u00fan. Tanto la primera como la segunda justificaci\u00f3n resultan, sin embargo, en el terreno \u00e9tico, un tanto problem\u00e1ticas, bien sea por la dificultad de definir al injusto agresor como por la imposibilidad de verificar de forma incontrovertible los efectos positivos de la violencia en el plano social. La tendencia que hoy prevalece es m\u00e1s bien la de justificar la leg\u00ed\u00adtima defensa sobre la base del deber que incumbe a todos los hombres de evitar que se haga el mal. La violencia podr\u00ed\u00ada ejercerse entonces s\u00f3lo en el caso de que fuera el \u00fanico modo razonablemente posible (en un contexto concreto) para impedir que se cumpla la agresi\u00f3n y se realice la injusticia. Por eso hay que excluir toda r\u00e9plica vengativa y toda crueldad in\u00fatil, dado que el acto violento no va dirigido a castigar al agresor, sino s\u00f3lo a hacer que desista.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, otra manera de atestiguar que el mal no debe vencer: la de no oponerle resistencia. A este presupuesto apela la teor\u00ed\u00ada de la no violencia, que se ha desarrollado en \u00e1mbitos cristianos y no cristianos -pensemos, por ejemplo, en Gandhi.- Para los cristianos esta teor\u00ed\u00ada hunde sus ra\u00ed\u00adces en la exhortaci\u00f3n evang\u00e9lica a no oponerse al mal, es decir, en la afirmaci\u00f3n de que es mejor sufrir el mal que hacerlo (Mt 5,38-41). Este asunto debe referirse ante todo a la extinci\u00f3n necesaria del esp\u00ed\u00adritu de venganza que tiene que actuar en s\u00ed\u00ad mismo todo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo. Pero no se puede negar que esto tiene tambi\u00e9n un valor pragm\u00e1tico, tanto en el \u00e1mbito de los comportamientos personales como sociales. La ense\u00f1anza evang\u00e9lica es desconcertante y reviste una extraordinaria carga prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Contra la opini\u00f3n com\u00fan, que considera que la violencia puede encontrar un l\u00ed\u00admite tan s\u00f3lo en la violencia, este principio proclama exactamente lo contrario: \u00abVence al mal con el bien\u2020\u009d (Rom 12,21). Presentar la otra mejilla no es para el cristiano un signo de cobard\u00ed\u00ada: es testimonio de la primac\u00ed\u00ada del bien sobre el mal. Pero, para ser aut\u00e9ntico, este testimonio tiene que ser mediado correctamente por las situaciones. Si el rechazo de la violencia como no resistencia al mal es el camino que normalmente debe emprender el que vive en la perspectiva de la fe, no cabe duda de que hay situaciones en las que la renuncia a la defensa, sobre todo cuando se trata de defender a los otros, puede resultar una postura inaceptable e incluso culpable.<\/p>\n<p>El ejercicio de la violencia o de la no violencia debe referirse, en cada ocasi\u00f3n, a un an\u00e1lisis atento de las circunstancias concretas en que nos movemos, y por tanto a una seria verificaci\u00f3n de los efectos que pueden producir de hecho un comportamiento u otro. La perspectiva cristiana se dirige a la superaci\u00f3n de toda forma de violencia, y como tal debe procurarse mediante una b\u00fasqueda asidua de formas de resistencia al mal y de defensa, que sean alternativas al Uso de la violencia. Esto no quita que puedan darse situaciones excepcionales en las que la violencia resulta leg\u00ed\u00adtima, cuando no se concibe como fomento de la enemistad y del odio, sino que intenta m\u00e1s bien su extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>G. Piana<\/p>\n<p>Bibl.: R. Strassoldo, Violencia, en DSoc, 1780-1794: F. Colombo. Alternativa a la violencia. Lumen. Barcelona 1968; G. Barbaglio, Dios \u00bfviolento\u00c2\u00a0?, Verbo Divino, Estella 1992; B, Haring, La violencia de los cristianos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971; R. Schutz, La violencia de los pac\u00ed\u00adficos, Herder Barcelona 1978.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Violencia y no violencia constituyen dos modelos opuestos a trav\u00e9s de los cuales se responde a las situaciones de conflicto. 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