{"id":16838,"date":"2016-02-05T10:59:13","date_gmt":"2016-02-05T15:59:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-normativa\/"},"modified":"2016-02-05T10:59:13","modified_gmt":"2016-02-05T15:59:13","slug":"etica-normativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-normativa\/","title":{"rendered":"ETICA NORMATIVA"},"content":{"rendered":"<p>La persona humana no se encuentra ni puede nunca encontrarse en una situaci\u00f3n de neutralidad moral. Siempre est\u00e1 moralmente autocolocada, ya que desde los primeros momentos de  la infancia resulta que ha realizado una opci\u00f3n, la opci\u00f3n con que da comienzo a su vida moral orient\u00e1ndose hacia el bien o hacia el mal. Esta opci6n, al ser una opci\u00f3n entre dos perspectivas pre-existentes o dadas anteriormente, es un acto volitivo, pero en cuanto tal presupone e implica aquel m\u00ed\u00adnimo de capacidad intelectual necesaria para realizar esa distinci\u00f3n entre el bien y el mal. La intuici\u00f3n inicial determina la opci\u00f3n moral fundamental y presupone adem\u00e1s, como cualquier otra acci\u00f3n moral sucesiva, el postulado kantiano de la libertad o la posibilidad de encarnarse por una u otra de las dos v\u00ed\u00adas de que se nos habla al comienzo de la Didaj\u00e9: \u00abSon dos los caminos, el de la vida y el de la muerte, y hay una gran diferencia entre estos dos caminos\u00bb.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la \u00e9tica  normativa o de la teologia moral especial, una vez cumplida la tarea de valorar la actitud o al mismo tiempo de valorarla, tendr\u00e1 que asumir tambi\u00e9n la responsabilidad de formular el juicio moral sobre las innumerables acciones humanas posibles, como son precisamente las que corresponden a lo que se entiende por comportamiento.<\/p>\n<p>Valorar el comportamiento moral mente recto en s\u00ed\u00ad mismo no es tan sencillo como la valoraci\u00f3n de la actitud, mientras que la verificaci\u00f3n de la rectitud moral del comportamiento propio o ajeno es un procedimiento mucho m\u00e1s sencillo, en ciertos aspectos, que el de la verificaci\u00f3n moral de la actitud.<\/p>\n<p>Lo mismo que la actitud moralmente buena no es conditio sufficiens para que se tenga un comportamiento moralmente recto, tampoco los criterios que se siguen para la valoraci\u00f3n de la actitud, aunque sean necesarios, son suficientes para descifrar exactamente el comportamiento que corresponde al punto de vista de la moral.<\/p>\n<p> El primer criterio para la valoraci\u00f3n  del comportamiento es el mismo que para la de la actitud.<\/p>\n<p>La benevolencia, que tiende a transformarse en beneficencia, constituye sin embargo el presupuesto fundamental para que se pueda llegar siempre a se\u00f1alar y a realizar el comportamiento moralmente recto. La imparcialidad de la actitud tiene que guiar tambi\u00e9n la b\u00fasqueda intelectual del juicio moral sobre las acciones humanas, ya que la  actitud moralmente buena no puede menos de ir en busca del verdadero juicio moral sobre las acciones que hay que realizar ni puede menos de intentar llevar a cabo todas aquellas acciones moralmente rectas que es capaz de cumplir. Y al querer tender hacia este objetivo, no puede pensar que una acci\u00f3n pueda resultar moralmente recta o equivocada sobre la base de sus contextualizaciones hist\u00f3ricas o geogr\u00e1ficas, sobre la base del sujeto que las cumple o sobre la base de su destinatario.<\/p>\n<p>La disponibilidad para asumir el  punto de vista de la moral, el de la imparcialidad y el de la universalizabilidad, tendr\u00e1 que ser aplicada tambi\u00e9n en el proceso de se\u00f1alizaci\u00f3n de las normas morales mixtas, ya que implica este aspecto, lo mismo que implica la disponibilidad para actuar luego lo moralmente recto una vez ya se\u00f1alado.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la actitud no podr\u00e1 tener  esa disponibilidad s\u00f3lo como una norma, para una acci\u00f3n y no para otra, por el simple motivo de que entonces no ser\u00ed\u00ada ya disponibilidad para la imparcialidad, sino s\u00f3lo parcialidad. Y tampoco podr\u00e1 tenerla s\u00f3lo frente a aquellos comportamientos cuyas consecuencias recaen sobre las personas que hoy existen y no frente a otros comportamientos que repercuten en las generaciones futuras: poner las condiciones para quitar la vida a un contempor\u00e1neo o para quitarla al que viva dentro de un siglo debe considerarse como una acci\u00f3n igualmente equivocada desde el punto de vista moral.<\/p>\n<p>La imparcialidad no es respeto sola mente de unos valores no morales y no de otros, que son aquellos con los que tiene que ver el comportamiento, ni respeto de unas exigencias determinadas por ciertos valores y no de otras. Es m\u00e1s bien tender a la realizaci\u00f3n de todos los valores no morales para uno mismo y para los dem\u00e1s que sea posible realizar dentro de las propias limitaciones.<\/p>\n<p>Se trata de querer obrar de un modo moralmente recto: tal es el segundo criterio o presupuesto fundamental del obrar moral. Pero esto no significa, como ya hemos indicado, encontrarse siempre en condiciones de poder cumplir todo lo que se requiere moralmente. Tampoco el saber lo que hay que  hacer equivale siempre a tener la posibilidad material de realizar ese comportamiento.<\/p>\n<p>Pues bien, la imposibilidad material  de realizar una acci\u00f3n determinada, el no estar en condiciones de realizarla, el no poseer los medios indispensables para su realizaci\u00f3n o el carecer de la fuerza f\u00ed\u00adsica necesaria para ponerla en acto, todo esto significa que no hay obligaci\u00f3n de cumplirlas, En este sentido escribe Kant: el deber presupone el poder,. mientras que la teolog\u00ed\u00ada moral tradicional sostiene: ad impossibilia nemo tenetur. Por ejemplo, el que no sabe nadar no tiene la obligaci\u00f3n de salvar al que se est\u00e1 ahogando, si la \u00fanica acci\u00f3n que se puede realizar es echarse al agua, ya que a \u00e9l le resulta sencillamente imposible realizar la acci\u00f3n de nadar en su materialidad. El enfermo grave no tiene obligaci\u00f3n de guardar el precepto dominical, precisamente porque las condiciones f\u00ed\u00adsicas le impiden materialmente ir a la iglesia.<\/p>\n<p>En el momento en que se transforma en beneficencia, la benevolencia tiene que contar siempre con las limitaciones de las posibilidades humanas: asistir a un enfermo significa no poder asistir a otro; ayudar econ6micamente a un amigo significa quiz\u00e1s no poder ayudar a otro; al desarrollar una actividad no se podr\u00e1 desarrollar otra; y en la propia actividad profesional hay que hacer continuas modificaciones o recortes, para adecuarla reductivamente a las propias posibilidades psico-f\u00ed\u00adsicas. intelectuales o de tiempo.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al tercer criterio,  que constituye el elemento decisivo para la diversificaci\u00f3n de los dos modos de concebir radicalmente distintos entre s\u00ed\u00ad y que determina la formaci\u00f3n de dos teor\u00ed\u00adas normativas , v\u00e9ase deontolog\u00ed\u00ada \/ teleolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nS. Privitera<\/p>\n<p> Bibl.: 5. Privitera, Etica normativa, en  NDTM, 706-713; AA. VV , Percepci\u00f3n de los valores y norma \u00e9tica, en Concilium 120 (1976); J R. Flecha, Reflexi\u00f3n sobre las normas morales, en Salmanticensis 27 (1980) 193-210.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO: I. Etica normativa y teolog\u00ed\u00ada moral especial. II. Etica de actitudes y \u00e9tica del comportamiento. III. La valoraci\u00f3n de las actitudes y el comportamiento. IV. Los criterios de la actitud moralmente buena. V. Los criterios del comportamiento moralmente recto.<\/p>\n<p>I. Etica normativa y teolog\u00ed\u00ada moral especial<br \/>\nGran parte de los problemas con los que se enfrenta la \u00e9tica filos\u00f3fica y la teolog\u00ed\u00ada moral son de tipo normativo; es decir, que se refieren al juicio que se formula sobre la vida moral del hombre. Situarse dentro de \u00e9sta significa comenzar el tipo de reflexi\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente \u00e9tica por la que esta ciencia se distingue de las otras disciplinas teol\u00f3gicas y filos\u00f3ficas [\/Epistemolog\u00ed\u00ada moral Vlll]. Precisamente por esto la \u00e9tica filos\u00f3fica o teol\u00f3gica es definida con frecuencia como ciencia eminentemente normativa: a partir del car\u00e1cter espec\u00ed\u00adficamente \u00e9tico de su reflexi\u00f3n, se identifica el todo con la parte. Pero la \u00e9tica, obviamente, no es s\u00f3lo normativa; mientras en un contexto tiene zonas comunes con el derecho, en otros se le presentan problemas que tambi\u00e9n son propios de la filosof\u00ed\u00ada y de la teolog\u00ed\u00ada. En cuanto ciencia normativa, la \u00e9tica sigue el procedimiento que corresponde a su vertiente filos\u00f3fica en paralelo al que adopta en su vertiente teol\u00f3gica. La reflexi\u00f3n normativa se basa fundamentalmente en el argumento de la raz\u00f3n. Es verdad que la teolog\u00ed\u00ada moral especial, con la que sustancialmente se identifica la \u00e9tica normativa teol\u00f3gica, piensa que debe remontarse a la Sagrada Escritura; pero esto ocurre porque se hace evidente la importancia gen\u00e9tica del nacimiento de un juicio moral, porque apelamos al &#8216;argumento de autoridad en sustituci\u00f3n o adem\u00e1s del de raz\u00f3n o porque a la reflexi\u00f3n normativa se a\u00f1ade la perspectiva paren\u00e9tica.<\/p>\n<p>En esta reflexi\u00f3n basada en la argumentaci\u00f3n, la \u00e9tica normativa se dirige a la inteligencia de la persona humana, a diferencia de la l par\u00e9nesis (1), que se dirige a la voluntad o al coraz\u00f3n. En ella se buscan los motivos a favor y en contra de una determinada soluci\u00f3n y se procede apelando a todas las capacidades comprensivas del hombre de modo que se presenten razonamientos extremadamente coherentes y lineales desde el punto de vista l\u00f3gico.<\/p>\n<p>En la \u00e9tica normativa a veces se ven posiciones que difieren seg\u00fan que el contexto sea filos\u00f3fico o teol\u00f3gico. Tales diferencias, sin embargo, hay que atribuirlas no tanto al modo de procedimiento -s\u00f3lo filos\u00f3fico o tambi\u00e9n teol\u00f3gico-cuanto m\u00e1s bien al hecho de que dentro de una u otra perspectiva no se sigue con coherencia el procedimiento normativo, o a que se sigue una u otra de las dos argumentaciones normativas conocidas en \u00e9tica. Seguir una u otra de estas dos argumentaciones o seguirlas de modo m\u00e1s o menos coherente, determina a veces diferencias tambi\u00e9n dentro del mismo contexto filos\u00f3fico o teol\u00f3gico en el que nos movemos.<\/p>\n<p>Sobre la \u00e9tica normativa se tienen adem\u00e1s posturas que anulan por completo el proceso normativo: tanto en campo filos\u00f3fico como teol\u00f3gico, algunos sostienen que la formulaci\u00f3n de los juicios morales y hasta la elaboraci\u00f3n de los mismos criterios normativos es algo imposible, puesto que el juicio moral puede surgir s\u00f3lo de la situaci\u00f3n en la que el sujeto moral se encuentre y exclusivamente de la valoraci\u00f3n moral que sobre \u00e9l establece. Hay quien llega a pensar que un juicio moral vale tanto como su opuesto y una soluci\u00f3n normativa tanto como su contraria [! Relativismo]: En el campo teol\u00f3gico hay tambi\u00e9n un gran debate sobre la necesidad de renovar la metodolog\u00ed\u00ada \u00e9tico-normativa y de seguir las orientaciones abiertas en el Vat. 11 [l Especificidad; l Autonom\u00ed\u00ada]. Hay quien piensa que la teolog\u00ed\u00ada no debe ser legalista y deber\u00ed\u00ada presentarse como moral de la responsabilidad. Estos son algunos de los problemas con los que tiene que ponerse a prueba la \u00e9tica normativa. Los problemas fundamentales de la \u00e9tica normativa hay que verlos, sobre todo, como problemas de la metodolog\u00ed\u00ada, cuya aplicaci\u00f3n hace surgir el juicio moral, y de las distinciones preliminares en base a las cuales es posible la recta presentaci\u00f3n del proceso normativo.<\/p>\n<p>II. Etica de actitudes y \u00e9tica del comportamiento<br \/>\nLa primera y fundamental distinci\u00f3n que hay que hacer es entre la actitud y el comportamiento y, por consiguiente, entre el juicio moral que se ha de formular sobre una u otro. Por actitud se entiende la disposici\u00f3n fundamental de lo que m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y personal posee el hombre: de su voluntad o, en t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos, de su coraz\u00f3n. La actitud es el modo que tiene el sujeto de situarse ante el punto de vista de la moral, que es la imparcialidad, el altruismo o, en t\u00e9rminos de valoraci\u00f3n, el amor [\/Opci\u00f3n fundamental]. La actitud moralmente buena es la que acepta este punto de vista; la actitud moralmente mala, obviamente, la de quien lo rechaza, tendiendo al punto de vista opuesto: al de la parcialidad y el ego\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>En teolog\u00ed\u00ada moral es frecuente que se prefiera utilizar las expresiones opci\u00f3n fundamental e intencionalidad, d\u00e1ndoles tambi\u00e9n la acepci\u00f3n positiva de actitud moralmente buena. Sem\u00e1nticamente, sin embargo, equivalen a elecci\u00f3n moral fundamental o actitud moral y, como \u00e9stas, tambi\u00e9n se acompa\u00f1an de la calificaci\u00f3n de moralmente buena o moralmente mala.<\/p>\n<p>Por comportamiento, en cambio, se entiende el actual de la persona o, si seguimos la distinci\u00f3n de santo Tom\u00e1s, el acto voluntario externo, a diferencia del voluntario interno, que se identificar\u00ed\u00ada con la actitud (S. Th., 1-11, qq. 19-20). Para explicitar la calificaci\u00f3n moral del comportamiento algunos prefieren usar la f\u00f3rmula moralmente recto o moralmente err\u00f3neo, para diferenciarla de la f\u00f3rmula utilizada en la valoraci\u00f3n de la actitud, y para indicar que se trata de conformidad exterior de la acci\u00f3n con la norma y no de conformidad interior propia de la actitud.<\/p>\n<p>Ante los juicios y las normas morales, en efecto, puede darse por parte de la persona adhesi\u00f3n interior de la voluntad, del coraz\u00f3n, de la actitud; y adhesi\u00f3n exterior tambi\u00e9n, que se manifiesta en la observancia material de lo que la norma prescribe. Puede darse la primera sin la segunda, la segunda sin la primera, y puede darse tambi\u00e9n la ausencia de una y de otra. Lo que significa que puede haber cuatro combinaciones posibles entre actitud y comportamiento: moralmente bueno + moralmente recto; moralmente malo + moralmente err\u00f3neo. A t\u00ed\u00adtulo simplemente de ejemplo podemos pensar en las diatribas de Cristo contra los escribas y fariseos: Cristo aprueba su comportamiento porque es moralmente recto y conforme a las prescripciones de la ley, pero condena su actitud como moralmente mala, porque la observancia puramente exterior de la ley no brota de la adhesi\u00f3n interior del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Kant se encuentra esta distinci\u00f3n, aunque con una terminolog\u00ed\u00ada distinta de la del evangelio, de santo Tom\u00e1s y de la utilizada aqu\u00ed\u00ad. En Fundamentos de una metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres, la \u00abconformidad a la ley moral\u00bb del comportamiento la distingue del actuar \u00abpor la ley moral\u00bb de la actitud. Distingue la observancia puramente exterior de la observancia interior. Con terminolog\u00ed\u00ada m\u00e1s o menos parecida, la misma distinci\u00f3n se encuentra en casi todos los autores. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la disputa entre Abelardo y san Bernardo sobre el caso de los jud\u00ed\u00ados que crucificaron a Cristo; para san Bernardo pecaron porque realizaron la acci\u00f3n m\u00e1s malvada de la historia; para Abelardo no se puede afirmar si pecaron o no mientras no se sepa si ten\u00ed\u00adan la intenci\u00f3n de matar al Hijo de Dios.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n, realizada de modo expl\u00ed\u00adcito o impl\u00ed\u00adcito, se basa en la realidad del sujeto moral. Esta realidad hace que se clarifique el problema, igualmente fundamental, de la identificaci\u00f3n de la bondad de la persona con la actitud o con el comportamiento, que puede ser formulado de la siguiente manera: \u00bfla persona es buena cuando posee una actitud moralmente buena o cuando act\u00faa de forma moralmente recta?<br \/>\nEn la visi\u00f3n de san Bernardo y en la llamada \u00abmoral casuista\u00bb se encuentra la concepci\u00f3n seg\u00fan la cual se es bueno o malo seg\u00fan que el comportamiento moral sea recto o err\u00f3neo. Semejante concepci\u00f3n de la moralidad se dio tambi\u00e9n algunos per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos del AT o en la visi\u00f3n moral del calvinismo: el resultado alcanzado, el \u00e9xito, la misma riqueza es signo de la aprobaci\u00f3n por parte de Dios e, indirectamente, de la bondad de quien act\u00faa. Esta concepci\u00f3n es posible encontrarla todav\u00ed\u00ada en el pensamiento de algunos fil\u00f3sofos. Es sintom\u00e1tico, por ejemplo, el t\u00ed\u00adtulo del libro de W.D. Ross The Right and the Good. Si se asume el pensamiento de Cristo, se ver\u00e1 que el \u00e1rbol no es bueno porque da frutos buenos, sino que da frutos buenos porque es bueno (Mat 12:33; cf tambi\u00e9n Mat 10:15-20). La l\u00f3gica de la imagen utilizada por Cristo consiste en resaltar que es el comportamiento el que debe brotar de la actitud y no al rev\u00e9s, y que la actitud moralmente buena, para ser tal, debe tender a la realizaci\u00f3n del comportamiento moralmente recto, aunque, como en el caso de los fariseos, el comportamiento moralmente recto pueda brotar tambi\u00e9n de una actitud moralmente mala.<\/p>\n<p>Estas dos concepciones de la moralidad o de la bondad de la persona se denominan habitualmente \u00e9tica de actitudes y \u00e9tica del \u00e9xito. N. Hartmann escribe: \u00abLa \u00e9tica del \u00e9xito no aborda el fondo de la cuesti\u00f3n. El \u00e9xito no depende s\u00f3lo de la voluntad, y adem\u00e1s s\u00f3lo la voluntad es lo que puede ser bueno o malo en la acci\u00f3n: s\u00f3lo de ella se deriva, pues, la cualidad moral de la persona\u00bb (Etica, N\u00e1poles 1969, 125).<\/p>\n<p>Naturalmente que para ser moralmente bueno es necesario que haya tambi\u00e9n disposici\u00f3n de actuar de modo moralmente recto. Tal vez, sin embargo, no sea materialmente posible realizar algunas acciones que son moralmente rectas, como tambi\u00e9n puede darse el caso de que el resultado de las acciones no sea el deseado.<\/p>\n<p>La persona enferma no puede realizar determinadas acciones; quien no tiene dinero, como la viuda del evangelio, no puede dar grandes sumas; el padre o la madre no siempre consiguen buenos resultados en la educaci\u00f3n de los hijos, etc. Esto significa que la actitud moralmente buena es conditio necessaria et sufficiens de la bondad de la persona y que el comportamiento moralmente recto, siendo la consecuencia natural de la actitud moralmente buena, es conditio necessaria pero no sufficiens de la bondad. En otras palabras, esta relaci\u00f3n l\u00f3gica entre actitud y comportamiento no implica que sea totalmente superfluo el comportamiento; \u00e9ste lo exige la actitud moralmente buena, y para que haya actitud moralmente buena debe haber disposici\u00f3n a actuar de modo moralmente recto.<\/p>\n<p>Seg\u00fan algunos fil\u00f3sofos y te\u00f3logos moralistas, sin embargo, el comportamiento resulta casi totalmente superfluo. Ellos no dan excesiva importancia al proceso individualizador de las normas relativas al comportamiento, acent\u00faan casi exclusivamente la importancia de la actitud y excluyen casi del todo la necesidad del comportamiento moralmente recto [l Relativismo]. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se conf\u00ed\u00ada la soluci\u00f3n de cualquier problema normativo del comportamiento a la responsabilidad o a la conciencia de la persona individual. El que sea, en \u00faltima instancia siempre el sujeto agente quien elabore el juicio moral siguiendo los dictados de su propia conciencia, que la teolog\u00ed\u00ada moral tradicional considera norma proxima moralitatis, no significa que no se puedan o no se deban hacer juicios morales sobre el comportamiento, que no existan criterios para su valoraci\u00f3n, que la teolog\u00ed\u00ada moral especial o la \u00e9tica normativa no. deba valorar los casos individuales de la acci\u00f3n moral. Afirmar semejante concepci\u00f3n significa sostener que la actitud moralmente buena lleva autom\u00e1ticamente a comportamientos moralmente rectos o que los criterios de valoraci\u00f3n de la actitud son suficientes tambi\u00e9n para la valoraci\u00f3n del comportamiento.<\/p>\n<p>III. La valoraci\u00f3n de las actitudes y el comportamiento<br \/>\nPara valorar el comportamiento no se pueden usar los mismos criterios que sirven para determinar la bondad de la actitud. Dando por descontada la posibilidad de someter a valoraci\u00f3n las actitudes y el comportamiento -problem\u00e1tica propia de otros temas [l Meta\u00e9tica; l Relativismo]-, aqu\u00ed\u00ad hay que presentar los criterios generales que permitan tal valoraci\u00f3n y ofrezcan al mismo tiempo las garant\u00ed\u00adas necesarias para guiar a la persona individual en la continua verificaci\u00f3n de las propias actitudes y comportamiento por encima de todo relativismo.<\/p>\n<p>Afirmar la posibilidad de valorar las actitudes y el comportamiento, sin embargo, s\u00ed\u00ad significa afirmar la valoraci\u00f3n en todos de cualquier comportamiento, no significa afirmar la posibilidad de valorar cualquier actitud. La valoraci\u00f3n del comportamiento es siempre posible: puede referirse a la dimensi\u00f3n ideal del comportamiento moralmente recto en s\u00ed\u00ad mismo, como a la dimensi\u00f3n f\u00e1ctica del comportamiento realizado por este o aquel sujeto moral. En cambio, la valoraci\u00f3n de las actitudes puede referirse s\u00f3lo a la dimensi\u00f3n ideal, porque de la actitud de la persona individual, debido a su profundo mundo interior, no se puede decir nunca nada desde fuera. Escapa a cualquier control exterior, y s\u00f3lo la persona puede decir cu\u00e1l es efectivamente la propia disposici\u00f3n interior. Los otros pueden y deben suponer que su actitud es moralmente buena. S\u00f3lo cuando es muy evidente la diversidad se hace comprensible la afirmaci\u00f3n de Cristo: \u00abNo juzgu\u00e9is, y no ser\u00e9is juzgados\u00bb (Mat 7:1). Esta afirmaci\u00f3n se refiere s\u00f3lo a la imposibilidad de valorar la actitud moral de los dem\u00e1s, lo que s\u00f3lo es posible para Dios, que conoce la intimidad del coraz\u00f3n humano. Si aplic\u00e1semos esta afirmaci\u00f3n tambi\u00e9n a la valoraci\u00f3n del comportamiento y de las actitudes en s\u00ed\u00ad mismas nos encontrar\u00ed\u00adamos con la necesidad de tener que eliminar de nuestras preocupaciones cualquier reflexi\u00f3n de \u00e9tica normativa o de teolog\u00ed\u00ada moral especial, en cuanto que con ellas pretendemos formular juicios morales sobre las actitudes y sobre el comportamiento. Si hici\u00e9ramos eso no podr\u00ed\u00adamos saber nunca si la actitud que hemos tomado o el comportamiento que hemos realizado se corresponden con los que deber\u00ed\u00adamos haber tenido; no servir\u00ed\u00ada para nada el \u00e1mbito normativo de la vida moral.<\/p>\n<p>IV. Los criterios de la actitud moralmente buena<br \/>\nTanto en filosof\u00ed\u00ada como en teolog\u00ed\u00ada, el problema es: \u00bfcu\u00e1les son las condiciones de la actitud moralmente buena? Mediante la triple formulaci\u00f3n de su imperativo categ\u00f3rico, Kant, por ejemplo, muestra c\u00f3mo debe orientarse siempre la disposici\u00f3n interior del sujeto moral. La posibilidad de universalizar la m\u00e1xima con que se orienta la actitud de la persona constituye, como despu\u00e9s han repetido otros, y sobre todo R.M. Hare, la norma fundamental de la actitud: piensa, valora y act\u00faa de modo totalmente imparcial. La norma de la actitud, por ser perspectiva global de la moralidad, no puede ser v\u00e1lida s\u00f3lo para una persona, en un lugar y en una \u00e9poca, sino que debe ser v\u00e1lida por s\u00ed\u00ad misma, siempre e independientemente del sujeto que la asume. Para que tal norma, y consiguientemente todas las que definen el comportamiento moralmente recto, pueda alcanzar el car\u00e1cter de universalidad, la perspectiva en que se sit\u00fae debe ser la imparcialidad, respetando el orden existente de los seres, respet\u00e1ndolos por lo que son y no por la ventaja que pueden aportar al sujeto aceptando la preexistencia de los valores y la llamada que brota de ellos. Para hacer realidad tal verificaci\u00f3n de universal imparcialidad sobre las actitudes propias o sobre la actitud moral en s\u00ed\u00ad misma, hay que trasladarse conceptualmente a otro contexto, a todos los contextos posibles e imaginables, al contexto de las personas a las que se dirige nuestra propia acci\u00f3n, poni\u00e9ndonos, como suele decirse, en el lugar de los otros o vi\u00e9ndose no s\u00f3lo como sujeto agente, sino tambi\u00e9n como destinatario de las acciones propias. En otras palabras, la imparcialidad universafzable de la actitud consiste en relacionarnos con los otros de la misma manera que nos relacionamos con nosotros mismos, y, al rev\u00e9s, en hacernos a nosotros lo mismo que hacemos a los dem\u00e1s. La norma fundamental de la moral b\u00ed\u00adblica y la identificada tambi\u00e9n por los presocr\u00e1ticos no consiste por casualidad en la llamada regla de oro. La Sagrada Escritura, en efecto, despu\u00e9s de haber presentado la obligaci\u00f3n de amar a Dios con todo el coraz\u00f3n y con todas las fuerzas, afirma la obligaci\u00f3n de amar a los dem\u00e1s como a nosotros mismos. La l\u00f3gica del doble mandamiento del amor a Dios y al pr\u00f3jimo es indiscutible: hay que amar a Dios por encima de todas las cosas y personas porque es el bien supremo y el ser m\u00e1s perfecto; las personas humanas, incluida la persona del sujeto moral y tambi\u00e9n los propios enemigos, deben ser amadas todas del mismo modo, precisamente porque son personas humanas. Como el amor a s\u00ed\u00ad mismo se convierte en el criterio de la actitud moralmente buena hacia los dem\u00e1s, tambi\u00e9n el amor a los enemigos constituye el criterio de verificaci\u00f3n del sentido genuino de este amor. Porque, efectivamente, una actitud moral que no est\u00e9 dispuesta a amar a los propios enemigos no es imparcial; quien excluye del propio amor aunque s\u00f3lo sea a una&#8217;persona, hace distinciones en su relaci\u00f3n con los otros; quien ama para ser correspondido en el amor, es ego\u00ed\u00adsta; quien mantiene que es mejor hacer que sufrir la injusticia, acepta la ley del tali\u00f3n y respeta a los otros no como personas humanas, sino por la bondad de la actitud que mantienen y la rectitud moral de su comportamiento. Por eso ya S\u00f3crates pod\u00ed\u00ada decir que es mejor sufrir que causar la injusticia, como aparece en el Gorgias de Plat\u00f3n.<\/p>\n<p>Los manuales tradicionales de teolog\u00ed\u00ada moral, en el cap\u00ed\u00adtulo sobre las fontes moralitatis, aplican la triple distinci\u00f3n de objeto, circunstancias y fin para establecer en qu\u00e9 consiste exactamente la bondad del acto voluntario interno -por usar la terminolog\u00ed\u00ada de santo Tom\u00e1s-. Aunque se aplique com\u00fanmente al proceso valorativo del comportamiento, esta triple distinci\u00f3n deber\u00ed\u00ada ser aplicada a la valoraci\u00f3n de la moralidad de la actitud. Cuando hablamos de fuentes de moralidad nos referimos sobre todo y fundamentalmente a las condiciones que determinan la bondad de la voluntad, de la intenci\u00f3n, de la opci\u00f3n con la que en \u00faltima instancia se identifica la moralidad de una persona o su actitud moralmente buena. El comportamiento moralmente recto, suponiendo la bondad de la actitud, implica tambi\u00e9n la bondad del objeto, (de las circunstancias y del fin al que la voluntad se orienta pero esta orientaci\u00f3n de la voluntad, por s\u00ed\u00ad sola, no es suficiente para resolver la valoraci\u00f3n de la acci\u00f3n individual. El objeto, las circunstancias y el fin de \u00e9sta deben concretarse todav\u00ed\u00ada en base a otras referencias y criterios.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s realiza la triple distinci\u00f3n para explicitar las caracter\u00ed\u00adsticas del acto voluntario, interno y bueno. Y Kant cree suficiente afirmar que no existe nada m\u00e1s bueno en el mundo que una voluntad buena, es decir, una voluntad que en s\u00ed\u00ad misma se orienta hacia la bondad como el fin al que tender, independientemente de cualquier circunstancia externa.<\/p>\n<p>V. Los criterios del comportamiento moralmente recto<br \/>\nAsumir una actitud moralmente buena implica siempre estar dispuestos a actuar de modo moralmente recto. La benevolentia de la actitud tiende a transformarse en beneficentia. Este es el primer y fundamental criterio del comportamiento moralmente recto. En otras palabras: la imparcialidad de la actitud debe guiar tambi\u00e9n la b\u00fasqueda intelectiva del juicio moral sobre las acciones humanas. La actitud moralmente buena debe querer ir a la b\u00fasqueda del verdadero juicio moral sobre las acciones a realizar y debe realizar todas las acciones moralmente rectas que sea capaz. Pero querer actuar de modo moralmente recto no comporta autom\u00e1ticamente la identificaci\u00f3n de ese comportamiento; puede darse un error en el procedimiento intelectivo de la b\u00fasqueda y puede haber ignorancia sobre ciertos datos emp\u00ed\u00adricos o valorativos necesarios para la recta formulaci\u00f3n del juicio. Siendo el proceso que identifica las normas morales del comportamiento de tipo fundamentalmente intelectivo, la voluntad buena por s\u00ed\u00ad sola no ser\u00e1 nunca suficiente. No es casual que en teolog\u00ed\u00ada moral se hable tradicionalmente de ignorancia vencible e invencible, de error intelectivo culpable y no culpable. Con estas f\u00f3rmulas nos referimos en todo caso a la influencia del aspecto volitivo en la capacidad intelectiva, para establecer si, cu\u00e1ndo y c\u00f3mo el error intelectivo depende de la actitud moralmente mala. No todo error intelectivo, en efecto, depende de la maldad moral de la actitud, ni se puede afirmar que un error intelectivo convierta autom\u00e1ticamente en mala la actitud moral. Formulada as\u00ed\u00ad la reflexi\u00f3n, es una de las cuatro posibles combinaciones entre actitud y comportamiento de las que hemos hablado antes (! II). El momento intelectivo, que para la actitud se identifica s\u00f3lo con la percepci\u00f3n originaria de la distinci\u00f3n entre bien y mal, cuando se trata del comportamiento desempe\u00f1a, en cambio, un papel decisivo: se trata de conocer muchos elementos de naturaleza emp\u00ed\u00adrica, se supone&#8217;efconocimiento de muchas nociones sobre los datos concretos, sobre los c\u00faales deber\u00e1 realizarse despu\u00e9s la valoraci\u00f3n moral por su relaci\u00f3n con los valores. Santo Tom\u00e1s trata de la relaci\u00f3n entre el momento intelectivo y volitivo cuando habla de la distinci\u00f3n entre acto voluntario interno y acto voluntari\u00f3 externo.<\/p>\n<p>Por otra parte,- querer actuar de forma moralmente recta no significa encontrarse siempre en disposici\u00f3n material de realizar todo lo que moralmente se exige. Y ni siquiera saber lo que se debe hacer equivale a tener siempre la posibilidad material de realizar ese comportamiento. El deber supone el poder, afirma Kant; nemo ad impossibilia tenetur, sostiene la tradici\u00f3n moral y teol\u00f3gica. Este es el segundo criterio del comportamiento moralmente recto; cuando falta la posibilidad material de realizar una acci\u00f3n, termina a la vez el deber moral de realizarla.<\/p>\n<p>El tercer criterio es el que separa en dos el grupo de quienes se interesan por la \u00e9tica normativa, a nivel filos\u00f3fico o teol\u00f3gico. Para los tele\u00f3logos, el juicio moral debe formularse a partir de las consecuencias de la acci\u00f3n -lo primero de todo la realizaci\u00f3n del amor a los dem\u00e1s-,desde el valor o no valor de estas consecuencias; para los deont\u00f3logos, en cambio, el juicio moral, por lo menos en algunos \u00e1mbitos operativos, debe establecerse prescindiendo de las consecuencias. Si se analiza el tipo de fundamentaci\u00f3n de toda norma moral, se ver\u00e1 c\u00f3mo se identifica siempre o con el procedimiento de los tele\u00f3logos que se remiten a las consecuencias, o con el procedimiento de los deont\u00f3logos que prescinden de ellas.<\/p>\n<p>La argumentaci\u00f3n deontol\u00f3gica conoce adem\u00e1s dos argumentos que se usan en filosof\u00ed\u00ada, sin explicitar el aspecto teol\u00f3gico, sea en teolog\u00ed\u00ada con la explicitacl\u00f3n de ese aspecto teol\u00f3gico: \u00c2\u00a1licito por ser contra natura; il\u00ed\u00adcito por falta de permiso. Toda formulaci\u00f3n de tipo deontol\u00f3gico, si se explicitan todas sus implicaciones, termina identific\u00e1ndose con una u otra de estas dos f\u00f3rmulas.<\/p>\n<p>La deontolog\u00ed\u00ada, adem\u00e1s, se divide en deontolog\u00ed\u00ada del acto, que puede encontrarse en el existencialismo filos\u00f3fico y en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la \u00e9tica de situaci\u00f3n [! Relativismo] que excluye la existencia de cualquier norma mixta (elemento emp\u00ed\u00adrico +elemento valorativo) para el comportamiento y afirma s\u00f3lo la existencia de la norma genuina (s\u00f3lo el elemento valorativo) para la actitud; y en deontolog\u00ed\u00ada de la regla, que puede encontrarse, por ejemplo, en Kant y tambi\u00e9n en la teolog\u00ed\u00ada moral, seg\u00fan la cual, al menos para algunos moralistas, existen reglas basadas en los dos argumentos deontol\u00f3gicos ya indicados y que no es posible transgredir nunca.<\/p>\n<p>Estos elementos, aunque breves, de criteriolog\u00ed\u00ada normativa son suficientes, no para resolver cualquier problema de \u00e9tica normativa, sino m\u00e1s bien para interpretar las lineas fundamentales de la criteriolog\u00ed\u00ada que de hecho se aplica o debe aplicarse en cada caso en toda acci\u00f3n individual.<\/p>\n<p>[I Epistemolog\u00ed\u00ada moral; l Etica descriptiva; l Meta\u00e9tica; l Norma moral; l Par\u00e9nesis; l Relativismo].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Percepci\u00f3n de los valores y norma \u00e9tica, en \u00abCon\u00bb 120 (1976); AA.VV., La fondazione della norma morale nella rifessione teologica e marxista contemporanea. Atti del VII Congreso Nazionale dei tealogi moralisti italiani, Dehoniane, Bolonia 1979; BUCKLE F., Normen und Gewissen, en \u00abStimmen del Zeit\u00bb 204 (1986) 291-302; FLECHA J. R., Reflexi\u00f3n sobre las normas morales, en \u00abSalmanticensis\u00bb 27 (1980) 193-210; FuCHSJ., Responsabilit\u00e1personale e norma morale. Analisi e prospettive di ricerca, Dehoniane, Bolonia 1978; PRIVITERA S., L \u00faomo e la norma morale. I criteri di individuazione della norma morale secondo i teologi moralisti di lingua tedesca, Dehoniane, Bolonia 1975; SCHMITZ Ph., Ricerca inductiva della norma morale, Dehoniane 1979; VALSECHI A. y Rossi L., La norma morale, Dehoniane, Bolonia 1971; VIDAL M., Crisis de la adhesi\u00f3n a los valores de la moral cat\u00f3lica, en \u00abSal Terrae\u00bb 79 (1991) 205-215. O Sobre las teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas de la argumentaci\u00f3n: FURGER F., Was Ethik begr\u00fcndet. Deontologie oder Teleologie. Hintergrund und Tragweite einer rnoraltheologischen Ause\u00c2\u00a1nandersetzung, Benzinger, Einsiedeln 1984; GINTERs R., Typen ethischer Argumentation. Zur Bergr\u00fcndung sittlicher Normen, Patmos, D\u00fcsseldorf 1976; ID, Valor\u00c2\u00a1, norme e fede cristiana. Introduzfone all \u00e9ticafilosofica e teologica, Marietti, Casale Monf. 1982; PRIVITERA S., Dall \u00e9sperienza alla morale. II problema \u00abesperienza\u00bb in Teolog\u00ed\u00ada Morale, Edi Oftes, Palermo 1985; SCHULLER B., L \u00faomo veramente uomo. La dimensione teologica dell \u00e9tica nella dimensione etica dell \u00faomo, Edi Oftes, Palermo 1987; TETTAMANZI D., Ilproblema attuale delle norme moral\u00c2\u00a1, en \u00abRiv. d. Clero It.\u00bb 6 (1981) 493-508.<\/p>\n<p>S. Privitera<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La persona humana no se encuentra ni puede nunca encontrarse en una situaci\u00f3n de neutralidad moral. Siempre est\u00e1 moralmente autocolocada, ya que desde los primeros momentos de la infancia resulta que ha realizado una opci\u00f3n, la opci\u00f3n con que da comienzo a su vida moral orient\u00e1ndose hacia el bien o hacia el mal. Esta opci6n, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-normativa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abETICA NORMATIVA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16838","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16838","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16838"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16838\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16838"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16838"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16838"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}