{"id":16964,"date":"2016-02-05T11:03:21","date_gmt":"2016-02-05T16:03:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescentes-catequesis-de\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:21","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:21","slug":"adolescentes-catequesis-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescentes-catequesis-de\/","title":{"rendered":"ADOLESCENTES, CATEQUESIS DE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Qui\u00e9nes son los preadolescentes: 1. Cambio f\u00ed\u00adsico, cambio psicol\u00f3gico; 2. Un nuevo contexto social; 3. Hacia criterios \u00e9ticos propios; 4. Un Dios a imagen propia. II. Qui\u00e9nes son los adolescentes: 1. Cambios f\u00ed\u00adsicos y psicol\u00f3gicos; 2. Un nuevo contexto social; 3. Con criterios \u00e9ticos propios; 4. Un Dios a su imagen y necesidad. III. De cara a la evangelizaci\u00f3n y la catequesis: 1. Reflexi\u00f3n y pr\u00e1ctica de la catequesis de preadolescentes; 2. Situaci\u00f3n y retos de la catequesis de adolescentes. IV. Pistas espec\u00ed\u00adficas para una catequesis de preadolescentes. V. Pistas espec\u00ed\u00adficas para una catequesis de adolescentes: 1. Un Cristo que busca, llama e interpela; 2. Una fe que se encarna y proyecta; 3. Un m\u00e9todo que es el camino para la meta de la fe. VI. Catequesis fuera del grupo. VII. La comunidad evangelizadora y los catequistas.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os son objeto de preferencia para Cristo: \u00abDejad que los ni\u00f1os se acerquen a m\u00ed\u00ad\u00bb (cf Mc 10,13-16). Y adem\u00e1s, son modelo para los adultos: \u00abSi no os hac\u00e9is como ni\u00f1os&#8230;\u00bb (Mt 18,3). Y \u00abal que escandalice a uno de estos&#8230;\u00bb (Mc 9,42). Jes\u00fas sinti\u00f3 pena cuando aquel joven no le sigui\u00f3 (cf Mc 10,17-24).<\/p>\n<p>La Iglesia madre cuida de todos sus hijos, pero con preferencia de los m\u00e1s d\u00e9biles (cf GE 1). Y entre los m\u00e1s d\u00e9biles est\u00e1n los ni\u00f1os y los j\u00f3venes. Por la inmadurez propia, por lo desasistidos de la familia y de la sociedad, por la falta de armaz\u00f3n humana y de fe, por el ambiente&#8230; Por otra parte, cuidar a los ni\u00f1os, adem\u00e1s de signo evang\u00e9lico y modelo donde aprender la Iglesia adulta o de adultos, es la mejor inversi\u00f3n. Si los ni\u00f1os de la m\u00e1s tierna edad no pueden sobrevivir sin los padres o alguien que haga sus veces, tampoco el adolescente que se abre a una vida nueva puede sobrevivir en su fe sin los padres en la fe -la Iglesia-.<\/p>\n<p>Lo que se dice de los j\u00f3venes: que no s\u00f3lo son objeto, sino tambi\u00e9n sujetos de evangelizaci\u00f3n, se debe decir de ni\u00f1os y adolescentes. Los ni\u00f1os y los j\u00f3venes de hoy no son la Iglesia del ma\u00f1ana, son ya la Iglesia, hoy.<\/p>\n<p>Como afirma el Directorio general para la catequesis (DGC), \u00aben t\u00e9rminos generales, se ha de observar que la crisis espiritual y cultural que est\u00e1 afectando al mundo tiene en las generaciones j\u00f3venes sus primeras v\u00ed\u00adctimas. Tambi\u00e9n es verdad que el esfuerzo por construir una sociedad mejor encuentra en los j\u00f3venes sus mejores esperanzas. Esto debe estimular cada vez m\u00e1s a la Iglesia a realizar con decisi\u00f3n y creatividad el anuncio del Evangelio al mundo juvenil. A ese respecto, la experiencia muestra que es \u00fatil para la catequesis distinguir en esas edades entre preadolescencia, adolescencia y juventud, sirvi\u00e9ndose oportunamente de los resultados de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y de las condiciones de vida en los distintos pa\u00ed\u00adses\u00bb (DGC 181).<\/p>\n<p>I. Qui\u00e9nes son los preadolescentes<br \/>\nEs fundamental conocer al preadolescente y al adolescente en sus caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales, para ayudarles en la iniciaci\u00f3n y en la maduraci\u00f3n de la fe. Los evangelizadores, que se ocupan de la persona en su aqu\u00ed\u00ad y su ahora, no s\u00f3lo estudian lo m\u00e1s objetivamente la realidad de lo que es el preadolescente -en transformaci\u00f3n profunda y fundamentalmente cambiante-, sino tambi\u00e9n de lo que subjetivamente cree ser. Y eso se aprende sobre todo a trav\u00e9s de la propia reflexi\u00f3n, observaci\u00f3n, an\u00e1lisis, di\u00e1logo y confrontaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La preadolescencia es una etapa de la vida -algunos dicen que la etapa ignorada u olvidada- que se define por su relaci\u00f3n con la etapa de la adolescencia. Y si se habla con precisi\u00f3n, la preadolescencia no puede identificarse con una edad concreta: en el desarrollo de la persona influyen m\u00faltiples factores fisiol\u00f3gicos, culturales, econ\u00f3micos, sociales&#8230; Con cierta aproximaci\u00f3n, se sit\u00faa entre los 10 y los 14 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Est\u00e1 muy estudiado el papel del cuerpo en la psicolog\u00ed\u00ada particular en esta etapa. Bastante menos -aunque tambi\u00e9n es necesario- lo est\u00e1 el estudio de la influencia del cuerpo social, a trav\u00e9s de ideas, esquemas de valores, estructuras, redes de comunicaci\u00f3n&#8230; sobre la personalidad. Un chico o chica de la misma edad tiene a menudo enfoques, reacciones, actitudes muy diferentes en una gran ciudad que en ambiente rural, en el centro de la ciudad que en un suburbio, en Europa que en Africa, entre emigrantes que entre nativos, en ambiente hostil o en ambiente acogedor&#8230;<\/p>\n<p>En esta etapa el ni\u00f1o abandona progresivamente su mentalidad, gustos y esquema de valores infantiles, para adquirir, sin saltos bruscos, una mentalidad y comportamiento m\u00e1s adulto. Este tiempo de ensayos e intentos por dejar las cosas de ni\u00f1o y abrirse al nuevo mundo de adulto es como un segundo nacimiento, con todo lo que comporta de dura adaptaci\u00f3n: ni \u00e9l se ve el mismo, ni su entorno le parece igual. Desorientado y confundido ante tanta novedad, sin entrenamiento para enfrentarse a ella, sin protecci\u00f3n, no le queda m\u00e1s que futuro, perspectivas nuevas, mirada diferente.<\/p>\n<p>Edad de b\u00fasqueda de identidad, basculante, en dial\u00e9ctica entre el pensar, sentir y querer como ni\u00f1o y el pensar, sentir y querer como adulto. Con las debidas reservas, se habla de rasgos comunes, nunca definitorios ni exclusivos, y menos a\u00fan exhaustivos.<\/p>\n<p>1. CAMBIO F\u00ed\u008dSICO, CAMBIO PSICOL\u00ed\u201cGICO. El per\u00ed\u00adodo de la preadolescencia nunca es homog\u00e9neo en los cambios f\u00ed\u00adsicos -en chicos y en chicas- ni lo es la manera de asumirlos, ni se sabe lo que repercuten en la estructura de la personalidad.<\/p>\n<p>Ante esta sensaci\u00f3n de cambio y desarrollo, lo mismo siente orgullo y ganas de vivir por las riquezas que descubre, que duda, miedo o culpabilidad&#8230; \u00c2\u00a1Se siente extra\u00f1o! Sufre la ambivalencia de la satisfacci\u00f3n de entrar en el mundo de los adultos y la confusi\u00f3n o desagrado por ver perdido el equilibrio de la infancia. Se puede exteriorizar en crisis con rasgos de apat\u00ed\u00ada, indisciplina, terquedad, timidez, cambios bruscos, etc., que le hacen inseguro y dif\u00ed\u00adcil de entender.<\/p>\n<p>En la inteligencia, pasa del pensamiento intuitivo al pensamiento abstracto: define, analiza, busca causas y atisba consecuencias. Esta dimensi\u00f3n racional le abre al mundo de los ideales, de las ideas y de los valores, pero f\u00e1cilmente conlleva crisis religiosas y morales. Progresivamente adquiere sus propias ideas, contrasta con los otros, a veces desde la oposici\u00f3n, como exploraci\u00f3n unas veces y como defensa otras.<\/p>\n<p>Para huir de este mundo duro y hostil fantasea con frecuencia, consiguiendo la realizaci\u00f3n de los deseos frustrados por la realidad, aunque sus fantas\u00ed\u00adas tambi\u00e9n van dirigidas a lo er\u00f3tico-sexual y la ambici\u00f3n, al af\u00e1n de posesi\u00f3n material. El fantasear es m\u00e1s frecuente en las chicas; los chicos recurren m\u00e1s a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. UN NUEVO CONTEXTO SOCIAL. El preadolescente necesita crear nuevas relaciones: las relaciones familiares no le satisfacen, se siente incomprendido por los mayores, se aleja de ellos llegando incluso al rechazo. En el fondo de esta actitud est\u00e1 una gran inseguridad y el deseo de llamar la atenci\u00f3n para que se le considere persona.<\/p>\n<p>Su inter\u00e9s se centra en el mundo de los iguales, donde dar\u00e1 respuesta a su necesidad de autonom\u00ed\u00ada y de identidad personal: all\u00ed\u00ad diferencia lo que es adquirido, lo que es de su ambiente y lo que es ya propio suyo. Al final de esta etapa suelen aparecer los amigos \u00ed\u00adntimos con quienes comparte la necesidad de comunicaci\u00f3n, de ser comprendido y aceptado. Aumenta la confianza en s\u00ed\u00ad mismo y refuerza su yo al identificarse con otro. La gran importancia que da a los h\u00e9roes nace de esta misma necesidad.<\/p>\n<p>3. HACIA CRITERIOS ETICOS PROPIOS. Este nuevo aprender a vivir, el desarrollo cognoscitivo, el tipo de relaciones y su manera de situarse en el mundo, conllevan, evidentemente, un desarrollo \u00e9tico y moral muy cargado de subjetivismo; pero conforme madura la personalidad, su capacidad de interiorizaci\u00f3n, sus relaciones de iguales y la confrontaci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica o violenta con los adultos, va creando criterios m\u00e1s objetivos.<\/p>\n<p>El factor que m\u00e1s contribuye a la conciencia moral es el descubrimiento de su interior. Al conocer sus posibilidades cae en la cuenta de las responsabilidades propias y ajenas. Es el paso de la moral heter\u00f3noma, venida de fuera, a la moral aut\u00f3noma, la que procede de dentro y supone autocontrol y capacidad de interiorizaci\u00f3n. Gracias al progreso del pensamiento y a su capacidad de juicio, capta los principios morales, reconoce el bien y el mal, enjuicia los comportamientos y asume responsabilidades. En esa fase de la vida parece l\u00f3gica la incoherencia, a causa de factores muy fuertes que act\u00faan sobre su emotividad: inseguridad, descontrol de los impulsos, nervios, deseo de autoafirmaci\u00f3n, presiones y miedos, influjos&#8230; Unas veces aparece como sumiso y hasta sometido a la autoridad moral mientras que otras, por necesidad de afirmaci\u00f3n, la rechaza.<\/p>\n<p>Conforme se acerca a la adolescencia, va experimentando un cambio en los intereses -intimismo, curiosidad sexual, subjetivismo- que, unido a su falta de autocontrol hacen del preadolescente un ser irritable y agresivo. A ello contribuye igualmente el mundo afectivo sexual: al tiempo que se abren a las relaciones heterosexuales, el autoerotismo les desequilibra, rebaja su autoestima y el yo ideal, se agudiza el conflicto y provoca ensimismamiento y ansiedad.<\/p>\n<p>4. UN Dios A IMAGEN PROPIA. El preadolescente busca y sintoniza con un Dios que le ayude a comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo, a situar las causas de su ansiedad, contradicciones y conflictos internos. Es la \u00e9poca del Dios cercano y amigo, que le ofrece la seguridad que le falta. Un Dios confidente, en di\u00e1logo \u00ed\u00adntimo, comprensivo ante su dolor y consuelo en su soledad. Un Dios a quien rezar en la dificultad y de quien esperar la fuerza necesaria. Existen, sin embargo, matices seg\u00fan sean los preadolescentes: m\u00e1s pr\u00f3ximos a la voluntad, a la norma o ley, a un Dios todopoderoso y sancionador, o m\u00e1s atra\u00ed\u00addos por un Dios relacional, de bondad, proximidad y belleza.<\/p>\n<p>Ahora, a la problem\u00e1tica psicol\u00f3gica el preadolescente a\u00f1ade la religiosa, somete a cr\u00ed\u00adtica su fe en Dios, en el fondo o en las expresiones, pues sospecha que la realidad o la imagen de Dios responden tambi\u00e9n a la herencia de los mayores. No es, pues, raro que abandone las pr\u00e1cticas religiosas, al no entenderlas en plenitud o por motivos de autonom\u00ed\u00ada personal o por imitaci\u00f3n de los otros. Por el contrario, esta etapa de ideales y de modelos o h\u00e9roes aproxima a Cristo como h\u00e9roe al que imitar y a los valores interiorizados como meta de fraternidad, libertad, justicia&#8230; Y adem\u00e1s, el intimismo que vive le favorece la vida de oraci\u00f3n y la experiencia religiosa, clave para su futuro de fe.<\/p>\n<p>II. Qui\u00e9nes son los adolescentes<br \/>\nLa adolescencia contin\u00faa el proceso de cambio hacia la adultez comenzado en la preadolescencia. El aspecto f\u00ed\u00adsico le asemeja cada vez m\u00e1s al adulto pero no le hace adulto. Normalmente oscila entre los 14 y los 17 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Dos nuevas experiencias desconcertantes marcan al adolescente: la ruptura, la muerte de la infancia y la frustraci\u00f3n: el mundo no es tan perfecto como lo viv\u00ed\u00ada, lo cre\u00ed\u00ada y lo so\u00f1aba de ni\u00f1o. Cae la imagen ideal que se hab\u00ed\u00ada hecho de los padres. Si desconoce a los padres o experimenta la separaci\u00f3n, tambi\u00e9n la estructura familiar se tambalea, y con ella, el amor. Inventa nuevos modos de ser y nuevos proyectos. Adem\u00e1s, su situaci\u00f3n se complica, pues muere tambi\u00e9n el Dios de su infancia: hab\u00ed\u00ada cre\u00ed\u00addo en un Dios poderoso y Cristo se le aparece ahora como pobre eliminado del mundo.<\/p>\n<p>1. CAMBIOS F\u00ed\u008dSICOS Y PSICOL\u00ed\u201cGICOS. El adolescente se muestra a menudo displicente, hura\u00f1o y agresivo, en la mayor\u00ed\u00ada de los casos sin causa aparente. La causa es interna y no aparece: ni la sabe explicar, ni se da cuenta a veces, o la ve como producto de las actitudes de los dem\u00e1s. Se adentra en su yo, a la vez atrayente, a la vez ignorado y con frecuencia desconcertante. Obstinado y terco, necesita afirmarse, encontrar su identidad a trav\u00e9s del rechazo. Se afirma en la idea que se hace de s\u00ed\u00ad mismo -unas veces maravilloso, otras horrible-pero, por fin, es \u00e9l mismo. Es hipersensible, aunque a veces quiera jugar a duro. La necesidad de amar y ser amado marca esta etapa, demostrando con ello que el adolescente va entrando en la madurez afectiva. El poder amar le hace sentirse alguien: se proyecta, expresa sus capacidades, se exalta emotivamente. Pero los fracasos afectivos son dif\u00ed\u00adciles de remontar, son elementos desestabilizadores que socavan incluso los ideales. El mundo afectivo envuelve a menudo al adolescente.<\/p>\n<p>La inteligencia se desarrolla, se objetiviza, le permite adentrarse m\u00e1s en el mundo de las abstracciones. Ahora ya puede razonar, dialogar y discutir con el adulto, sobre todo de temas de la familia, la sociedad, la cultura y la religi\u00f3n; y est\u00e1 convencido de que en algunos temas est\u00e1 m\u00e1s preparado que los adultos. Poco a poco va asimilando los cambios f\u00ed\u00adsicos y va ganando en seguridad, al asumir su nueva imagen corporal y psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>2. UN NUEVO CONTEXTO SOCIAL. Fisiol\u00f3gicamente se ve adulto, socialmente ni\u00f1o. Eso le dificulta la imagen de s\u00ed\u00ad y la inserci\u00f3n social: todo marcha a velocidades supers\u00f3nicas, menos su integraci\u00f3n social. Y es que, adem\u00e1s&#8217;, la adolescencia pasa m\u00e1s desapercibida por la prolongaci\u00f3n de la escolaridad y la entrada m\u00e1s tard\u00ed\u00ada en el mundo laboral, y tambi\u00e9n por la precocidad de la pubertad -hoy se ve a las chicas de once a\u00f1os y a los chicos de doce ya en la pubertad-.<\/p>\n<p>Los adolescentes en ventaja cuentan todav\u00ed\u00ada con tres s\u00f3lidos pilares afectivos: padres, amigos y grupo. Pero no son eternos. La relaci\u00f3n con los padres sufre debido a la necesidad de nuevas relaciones entre sus iguales, por la autoafirmaci\u00f3n progresiva y la conquista de la propia autonom\u00ed\u00ada, y por el descubrimiento de las limitaciones de sus padres. La reacci\u00f3n llega a veces hasta el malestar, el desprecio y el odio, con eternas discusiones, abandono del hogar, taciturnidez y aislamiento.<\/p>\n<p>Las amistades juegan un papel muy importante para reforzar el yo, abrir a la alteridad y socializar; para intercambiar intimidad, problemas personales, la vida sentimental, crisis religiosa&#8230; La vida social del adolescente est\u00e1 marcada por la pertenencia a un grupo: all\u00ed\u00ad ampl\u00ed\u00ada el abanico de relaciones, encuentra compensaci\u00f3n afectiva, realiza actividades de su gusto y conquista autonom\u00ed\u00ada. A veces abandona el grupo, si se ha encontrado una relaci\u00f3n afectiva con el otro sexo, que llega a ser plenificadora, preferente si no exclusiva.<\/p>\n<p>Los grupos surgen de manera organizada: los hay que le vienen impuestos, como la familia o la escuela, y los hay expresamente buscados por el inter\u00e9s. Se siente mejor en los grupos que elige que en los que le vienen impuestos. Las pandillas son otra forma de vivir la socializaci\u00f3n. Surgen espont\u00e1neamente y gustan de vivir al margen de la sociedad. El adolescente necesita ser aceptado por los compa\u00f1eros para aceptarse a s\u00ed\u00ad mismo. Y las preferencias de los compa\u00f1eros se hacen ley para \u00e9l.<\/p>\n<p>3. CON CRITERIOS ETICOS PROPIOS. El adolescente se distancia cada vez m\u00e1s de la conciencia moral recibida de los mayores, para guiarse por una conciencia m\u00e1s racionalmente suya. A veces, el rechazo a los principios morales heredados reviste formas de rebeld\u00ed\u00ada. La moral para el adolescente es m\u00e1s coherencia con la imagen de s\u00ed\u00ad mismo que adhesi\u00f3n a la acci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Construir su vida requiere contar con modelos y normas. Su \u00e9tica est\u00e1 marcada por la meta de realizar su ideal, no forzosamente en clave de moral objetiva. Rechaza los legalismos de una sociedad corrupta, pero es exigente consigo mismo y con los dem\u00e1s hasta crear a veces un orden social r\u00ed\u00adgido y con absolutizaciones. Si descubre metas que valen la pena, se decide generosamente a seguirlas.<\/p>\n<p>La sociedad, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, va modelando al adolescente m\u00e1s a su imagen que a la de la familia y el grupo. La sociedad va imponiendo cada vez m\u00e1s sus criterios morales y su escala de valores.<\/p>\n<p>4. UN DIOS A SU IMAGEN Y NECESIDAD. La dimensi\u00f3n religiosa sigue tambi\u00e9n las leyes del cambio: las creencias de la infancia han sido pensadas, sopesadas y contrastadas desde su propia experiencia y se rigen por opciones personales. Pronto le surgir\u00e1n conflictos entre religi\u00f3n, raz\u00f3n, ciencia y pluralismo religioso. Es corriente considerar la religi\u00f3n como respuesta a los problemas de la vida, y a Dios como la gran soluci\u00f3n a los problemas (reza para que le aprueben y para marcar un gol).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de sentir necesidad de confiar en alguien, siente deseos de entregarse a acciones solidarias colectivas en beneficio de la humanidad. En eso Cristo es modelo de vida: arriesga su vida, mantiene una actitud valiente ante la libertad, la justicia, la autoridad&#8230; Y adem\u00e1s es misericordioso. La religi\u00f3n es, a veces, un elemento integrador de la personalidad del joven: las circunstancias ambientales pueden contribuir a ello.<\/p>\n<p>III. De cara a la evangelizaci\u00f3n y la catequesis<br \/>\n\u00abEn las regiones consideradas como desarrolladas, se plantea de modo especial el problema de la preadolescencia: no se tienen suficientemente en cuenta las dificultades, necesidades y capacidades humanas y espirituales de los preadolescentes, hasta el punto de poder afirmar, en relaci\u00f3n a ella, que es una etapa ignorada. Actualmente, con frecuencia, los catequizandos de esta edad, al recibir el sacramento de la confirmaci\u00f3n, concluyen tambi\u00e9n el proceso de iniciaci\u00f3n sacramental, pero a la vez tiene lugar su alejamiento casi total de la pr\u00e1ctica de la fe. Es necesario tomar en cuenta con seriedad este hecho y llevar a cabo una atenci\u00f3n pastoral espec\u00ed\u00adfica, utilizando los medios formativos que proporciona el propio camino de iniciaci\u00f3n cristiana\u00bb (DGC 181; cf IC 134-138).<\/p>\n<p>1. REFLEXI\u00ed\u201cN Y PR\u00ed\u0081CTICA DE LA CATEQUESIS DE PREADOLESCENTES. La preadolescencia ha sido verdaderamente la edad olvidada; no ha gozado de particular preocupaci\u00f3n en la catequesis de la Iglesia hasta tiempos muy recientes. Como en tantos otros campos, catequesis y ciencias antropol\u00f3gicas van unidas. Los estudios psicol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos de los preadolescentes, urgidos por la pedagog\u00ed\u00ada del nuevo contexto occidental y eclesial en un mundo tan plural, secularizado y abierto a las nuevas culturas, favorecen e impulsan la reflexi\u00f3n y la praxis de la catequesis de los preadolescentes.<\/p>\n<p>Y el mundo tan diversificado de estos, seg\u00fan los contextos sociorreligiosos, obligan a diversificar mucho m\u00e1s las ofertas de evangelizaci\u00f3n en raz\u00f3n de la cercan\u00ed\u00ada o lejan\u00ed\u00ada a la propuesta y vivencia cristiana, y en raz\u00f3n de situaciones psicosociol\u00f3gicas generales, que exigen un tratamiento espec\u00ed\u00adfico. En el primer aspecto -cercan\u00ed\u00ada o lejan\u00ed\u00ada-, se mueven los preadolescentes de ambientes creyentes (familiares, educativos y sociales); los de ambientes fr\u00ed\u00ados o cansados en la vivencia de la fe; los de ambientes claramente descre\u00ed\u00addos y ajenos a la fe; los simplemente desinformados; los decididamente hostiles a la fe o a un tipo de Iglesia&#8230; En el segundo aspecto, est\u00e1n los minusv\u00e1lidos, los emigrantes desenraizados, los hijos de una sociedad muy en di\u00e1spora, las minor\u00ed\u00adas \u00e9tnicas, los que viven serios traumas familiares, y un largo etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>2. SITUACI\u00ed\u201cN Y RETOS DE LA CATEQUESIS DE ADOLESCENTES. \u00abES necesario distinguir la adolescencia de la juventud, aun sabiendo la dificultad de definir de modo claro su significado. De modo global, hablamos aqu\u00ed\u00ad de aquella etapa de la vida que precede a la asunci\u00f3n de las responsabilidades propias del adulto. Muchas situaciones, actitudes y problemas de car\u00e1cter general, relacionados con lo socio-cultural, com\u00fanmente atribuidos a la juventud, tienen mucho que ver con los mismos aspectos de la adolescencia.<\/p>\n<p>a) L\u00ed\u00adneas generales comunes. Son muy distintas las situaciones, actitudes y niveles de los adolescentes por cuanto se refiere a la fe, a su capacidad y posibilidades de aceptar procesos de maduraci\u00f3n. Hay adolescentes -cada vez m\u00e1s- no bautizados o bautizados sin el m\u00ed\u00adnimo proceso catequ\u00e9tico; adolescentes con ciertas vivencias cristianas, pero sin suficiente informaci\u00f3n religiosa; adolescentes con grandes ansias de clarificaciones, de maduraci\u00f3n y de opciones radicales, y otros desinformados y ajenos al mundo de la fe, pero no hostiles&#8230; La Iglesia cuida bien que mal los procesos de formaci\u00f3n en grupos de fe. Lo que no tiene debidamente planificados son los procesos formativos de quienes no est\u00e1n en grupos de fe -la inmensa mayor\u00ed\u00ada de adolescentes creyentes-. Y, adem\u00e1s, falla lamentablemente la conexi\u00f3n entre catequesis espec\u00ed\u00adfica y pastoral general de adolescentes. As\u00ed\u00ad como la conexi\u00f3n y articulaci\u00f3n entre catequesis de ni\u00f1os, adolescentes, j\u00f3venes y adultos; entre catequesis parroquial y catequesis de congregaciones, comunidades y movimientos; entre catequesis y evangelizaci\u00f3n; entre catequesis y clase de religi\u00f3n; entre actividades de tiempo libre, de voluntariado&#8230; y catequesis; entre catequesis en grupo e integraci\u00f3n en la vida parroquial; entre catequesis de confirmaci\u00f3n y proceso de formaci\u00f3n juvenil&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no dar mayor relieve a las mediaciones \u00fatiles para una catequesis eficaz, como son la acci\u00f3n de grupo bien orientada, la pertenencia a asociaciones juveniles de car\u00e1cter educativo, y el acompa\u00f1amiento personal del joven, en el que destaca la direcci\u00f3n espiritual?\u00bb (cf Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica, DCG 87).<\/p>\n<p>b) Procesos diferenciados. Si el adolescente es el centro, el que de alguna manera impone los objetivos y contenidos catequ\u00e9ticos, los proyectos y procesos no pueden ser uniformes: deben ser necesariamente muy diferenciados, adaptados en la medida de lo posible a cada destinatario. Ello obligar\u00e1 a diversificar la oferta hasta extremos insospechados: desde el catecumenado en edad escolar y una catequesis que complete y culmine la iniciaci\u00f3n cristiana, hasta una catequesis sobre cuestiones espec\u00ed\u00adficas y encuentros m\u00e1s o menos ocasionales e informales. Se nos imponen -m\u00e1s que los que imponemos-itinerarios suficientemente \u00e1giles, flexibles y profundos, adecuados a la sensibilidad, problem\u00e1tica y posibilidades de esta etapa.<\/p>\n<p>La seriedad de la oferta debe contemplar la educaci\u00f3n -en clave evang\u00e9lica- para la verdad, la justicia, la libertad, el amor y la sexualidad, la formaci\u00f3n de la conciencia, el planteamiento vocacional, el compromiso cristiano en la sociedad y la responsabilidad misionera en el mundo. No pueden faltar la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica, \u00e9tica, hist\u00f3rica, social&#8230; La formaci\u00f3n intelectual, art\u00ed\u00adstica, c\u00ed\u00advica, religioso-misionera, deben ir parejas, en conexi\u00f3n y progresi\u00f3n, de forma que los adolescentes sean misioneros entre sus compa\u00f1eros y agentes de transformaci\u00f3n de toda estructura y colectivo. Empe\u00f1arse en catequizar en sentido estricto sin preparar previamente con acciones humanizadoras tendentes a abrir a los valores humanos, a la trascendencia y a la fe, es en buena parte desperdiciar recursos, sumar dificultades a la ya dif\u00ed\u00adcil aceptaci\u00f3n de la fe, e instalarse en la frustraci\u00f3n o sensaci\u00f3n de impotencia.<\/p>\n<p>c) Responder a las necesidades. Resulta imprescindible conectar con los intereses de los adolescentes y tratar de responder a sus necesidades: entre las m\u00e1s importantes, el sentido de la vida y el sentido de Dios. Para ello resulta obligado llegar -id y anunciad- a los foros donde ellos viven su vida -lugar geogr\u00e1fico-, a las actividades que m\u00e1s les llenan -lugar psicol\u00f3gico- y al fondo de su esquema de valores, experiencias y expectativas -lugar vital-. All\u00ed\u00ad se entabla el di\u00e1logo que aspira a ser encuentro, porque f\u00e1cilmente ellos, al sentir que se les ama como son, nos amar\u00e1n a nosotros y amar\u00e1n lo que nosotros amamos. O en el peor de los casos, con sus opciones y actitudes, nos pondr\u00e1n sobre las pistas de una buena catequesis.<\/p>\n<p>La buena catequesis tiene como base una buena pedagog\u00ed\u00ada, y esta nos dice que siempre, y m\u00e1s en esta etapa, el ser humano busca seguridades (en valores, personas y cosas), busca nuevas experiencias, sentirse \u00fatil en la vida y ser \u00fatil para los de su entorno, y amar y ser amado. Y lo mejor: la fe en Cristo, vivida en Iglesia, responde a estas motivaciones-necesidades profundas.<\/p>\n<p>IV. Pistas espec\u00ed\u00adficas para una catequesis de preadolescentes<br \/>\nPartiendo de las caracter\u00ed\u00adsticas m\u00e1s universalmente aceptadas del preadolescente, ofrecemos unas pinceladas en relaci\u00f3n con la catequesis de estas edades y la maduraci\u00f3n en la fe de dichos destinatarios.<\/p>\n<p>a) La dimensi\u00f3n racional y cr\u00ed\u00adtica. El lenguaje de la fe, particularmente en esta edad, no es especialmente l\u00f3gico y discursivo, sino m\u00e1s bien simb\u00f3lico, alternativo con el de la ciencia y la filosof\u00ed\u00ada; es m\u00e1s existencial que deductivo. En esta etapa deber\u00ed\u00ada lograrse una nueva fundamentaci\u00f3n y s\u00ed\u00adntesis. El catequista, los educadores y el grupo son claves para lograr la racionalizaci\u00f3n y el equilibrio cr\u00ed\u00adtico, con el testimonio, las experiencias de vida, los tiempos de reflexi\u00f3n-di\u00e1logo y un m\u00e9todo que sepa combinar elementos simb\u00f3licos, inductivos y deductivos.<br \/>\nb) La dimensi\u00f3n emotivo-sentimental. El adolescente suele cargar de emotividad, a veces explosiva, sus pensamientos, opiniones y valoraciones, hechos, situaciones, propuestas&#8230; Mundo afectivo, emociones y pasiones le hacen vivir en un contexto con frecuencia subjetivo y distorsionado.<br \/>\nc) El \u00abme gusta\u00bb o \u00abno me gusta\u00bb, la fuerza de lo inmediato gratificante, lo instintivo y visceral, se imponen en su manera de optar y actuar, y tambi\u00e9n en su manera de pensar.<\/p>\n<p>La riqueza emotiva debe ser vista como tal, debidamente compensada, pero jam\u00e1s despreciada, manipulada o exaltada. La pasi\u00f3n es un componente de la vida normal; la pasi\u00f3n por la vida y por los valores pertenece a la m\u00e1s pura esencia evang\u00e9lica. El mundo del s\u00ed\u00admbolo, del arte, el sentimiento, la trascendencia y la religiosidad, son valores a desarrollar, educar y evangelizar, nunca a eliminar ni a infravalorar.<\/p>\n<p>d) La dimensi\u00f3n \u00e9tico-moral. Si toda actitud y acci\u00f3n cuenta con un componente \u00e9tico-moral, la b\u00fasqueda de autenticidad, de autonom\u00ed\u00ada y de actividad, en el adolescente, permite tomar conciencia de lo complejo de cada situaci\u00f3n, de los diferentes puntos de vista justificados, del obligado pluralismo, de la importancia de la coherencia personal y de los riesgos de la vida moral.<br \/>\nCristo aparece como modelo, ayuda, fuerza y garant\u00ed\u00ada. El presenta una moral en buena medida acorde con la radicalidad t\u00ed\u00adpica del adolescente. La Iglesia, por su parte, presenta innumerables testigos de una vida moral intachable. La oraci\u00f3n, la interiorizaci\u00f3n de la Palabra, la revisi\u00f3n de vida y otros recursos a mano ayudar\u00e1n al adolescente a asumir actitudes morales cristianas.<\/p>\n<p>e) La dimensi\u00f3n asociativo-comunitaria. La exigencia del grupo de pertenencia, muy sentida en la primera adolescencia, va abri\u00e9ndose, poco a poco, a un grupo de confrontaci\u00f3n, donde se labra la propia autonom\u00ed\u00ada y, posteriormente, a un grupo donde se reflexiona, se elaboran y se llevan a cabo proyectos, como exigencia de determinados ideales. El grupo cristiano, el grupo de precatecumenado o comunidad eclesial, pueden al mismo tiempo llenar las necesidades de la edad y estimular la encarnaci\u00f3n de los valores, a trav\u00e9s de la interiorizaci\u00f3n, b\u00fasqueda en com\u00fan, personalizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n de la vida de fe.<\/p>\n<p>V. Pistas espec\u00ed\u00adficas para una catequesis de adolescentes<br \/>\nEl grupo o comunidad ayuda al adolescente, en su desconcierto, dudas, b\u00fasqueda, contradicciones, radicalismos, utop\u00ed\u00adas y generosidades -camino de Ema\u00fas-, a descubrir lo importante de la presencia y el papel de Dios en la b\u00fasqueda, el \u00e9xodo, la inseguridad, el vivir en eterno camino. Ofrece un ambiente global de seguridad -no de proteccionismo-, donde se hace vida la realidad que se propone, y que en buena parte el adolescente busca; una realidad que no est\u00e1 totalmente enfrentada a sus intereses, enfoques, necesidades y aspiraciones. La Iglesia instituci\u00f3n -madre, maestra y testigo- puede y debe asegurar estas dimensiones. M\u00e1s pr\u00f3ximamente, la Iglesia local, a veces encarnada en movimientos, asociaciones o comunidades, de talla humana, donde cada uno se siente y es percibido como persona y aceptado en su realidad m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la presencia institucional, est\u00e1 la del catequista, de categor\u00ed\u00ada humana y cristiana, con capacidad de ser modelo de identificaci\u00f3n, o al menos de convicci\u00f3n, para indicar metas, ayudar a encontrar o construir caminos, acompa\u00f1ar durante el trayecto y testimoniar la vida y los valores. La catequesis ayuda al adolescente a encontrarse a s\u00ed\u00ad mismo, a estructurar su personalidad y a multiplicar y proyectar sus posibilidades de realizaci\u00f3n hacia lo que sue\u00f1a y puede. Ayuda a encontrar en la fe valores capaces de apasionarle y polarizar sus energ\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Su tendencia a la radicalidad y a la revisi\u00f3n sistem\u00e1tica, emotiva o visceral -que \u00e9l vive como l\u00f3gica y racional-, exige testimonios personales e institucionales muy vivos, y una fuerte dosis de realismo para alimentar equilibradamente la utop\u00ed\u00ada y la capacidad de aceptarse y comprenderse. La fe encuentra cauces para vivir la dimensi\u00f3n evang\u00e9lica que en esa fase de la vida del adolescente atrae m\u00e1s o se puede vivir en mayor plenitud. Siempre ser\u00e1 imprescindible la presencia ausente (no atosigante) del catequista, o la ausencia presente (distancia geogr\u00e1fica, pero cercan\u00ed\u00ada afectiva y de valores).<\/p>\n<p>La referencia a la experiencia religiosa profunda de encuentro con Cristo, radical como el adolescente, pero comprensivo, cr\u00ed\u00adtico e inconformista, y al mismo tiempo misericordioso, ut\u00f3pico pero realista, unido al Padre pero unido tambi\u00e9n a los hermanos, acerca a Cristo al adolescente, casi se le identifica en las aspiraciones.<\/p>\n<p>La Iglesia puede ofrecer espacios donde se encarna este Cristo, tan cercano al pensar y sentir de los adolescentes. Y los encuentros con Cristo se hacen desde la afinidad: caminar en la misma direcci\u00f3n, en la confluencia de valores y expectativas, partir de los intereses, necesidades, realizaciones, posibilidades de los adolescentes (Santiago y Juan le segu\u00ed\u00adan y Jes\u00fas se volvi\u00f3: \u00bfqu\u00e9 busc\u00e1is&#8230;?). Uno y otros se buscaban. Pero otro tipo de encuentro se produce desde la divergencia: van en direcci\u00f3n contraria en intereses y aspiraciones, y Cristo interpela (al joven rico: \u00abd\u00e9jalo todo y s\u00ed\u00adgueme\u00bb; o a Saulo: \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 me persigues?\u00bb).<\/p>\n<p>2. UNA FE QUE SE ENCARNA Y PROYECTA. Desde estas mismas claves, la fe cristiana se presenta como novedad: buena nueva. En ambientes alejados, el evangelio tiene el encanto de conectar con la vida, lo m\u00e1s real de la existencia, y conectar con los ideales de persona, familia, sociedad fraterna y felicidad. Lo nuevo es lo que construye, lo que hace futuro. Y la fe se presenta como realidad que hay que ir descubriendo y haciendo, lo mismo que la propia personalidad. Hay que abarcarla e interiorizarla. El adolescente entiende f\u00e1cilmente que la fe aut\u00e9ntica no necesariamente forma parte del mundo adulto que \u00e9l tiende a rechazar, es la fe que adhiere vitalmente a Cristo en Iglesia. La fe tiene mucho de utop\u00ed\u00ada, de elemento unificador e impulsor de la personalidad. Tiene mucho de absoluto y de definitivo. De construcci\u00f3n personal y de perspectivas de futuro.<\/p>\n<p>Los diversos movimientos juveniles tienden a introducir al adolescente en su propia experiencia. Ofrecen, por tanto, un \u00ed\u00adter espec\u00ed\u00adfico, y suficientemente elaborado, de formaci\u00f3n humana y religiosa. La propuesta se diferencia notablemente dentro de cada movimiento.<\/p>\n<p>3. UN METODO QUE ES EL CAMINO PARA LA META DE LA FE. No basta ense\u00f1ar, hay que mostrar, atestiguar, hacer experim\u00e9ntar. Para los adolescentes de hoy vale lo que es tangible, experimentable, lo que grita, congrega y arrastra: lo que para ellos es coherencia, testimonio sin equ\u00ed\u00advocos. Esta pedagog\u00ed\u00ada exige: 1) Un estilo, talante y manera nueva de percibir, vivir y expresar la fe. Hoy no convence el fiel practicante, d\u00f3cil a la doctrina y ense\u00f1anzas de la Iglesia. Se requieren creyentes de fe personalizada, experimentada, de colores vivos y llamativos o de servicio callado pero eficaz; 2) Un modo nuevo de vivir y participar en la comunidad cristiana. Ser\u00e1 necesario ofrecer experiencias concretas de comunidad, en el fondo tan evang\u00e9licas como juveniles: acogedora y dialogante, prof\u00e9tica y comprometida con la causa de los humanos; 3) Un modo m\u00e1s cercano y vital de ser Iglesia. M\u00e1s en la l\u00ed\u00adnea de la praxis que de la doctrina y de las normas. Que ofrezca razones para vivir, para luchar y para celebrar. Con micro-experiencias de una Iglesia alternativa, que supere la excesiva institucionalizaci\u00f3n. En comunidad s\u00ed\u00ad, pero no una Iglesia que a menudo les aparece como fin a s\u00ed\u00ad misma. Est\u00e1n muy cerca del Concilio: una Iglesia de comuni\u00f3n y servicio; 4) Una metodolog\u00ed\u00ada que funcione no a ritmo de gustos e intereses, sino de necesidades y posibilidades: la Iglesia no la hace cada generaci\u00f3n ni depende del subjetivismo personal, grupal o generacional. La actitud dial\u00f3gica debe practicarse a todos los niveles. Ciertamente no excluye ninguna idea ni experiencia, pero tampoco toda la verdad surge del di\u00e1logo: hay una fe confesada por millones de creyentes, que antes fue propuesta por Cristo y sus elegidos, los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>VI. Catequesis fuera del grupo<br \/>\nHay adolescentes que, por circunstancias personales, familiares, sociales, etc., no forman parte de ning\u00fan grupo de catequesis con otros de su edad.<\/p>\n<p>\u00abTodo bautizado, por estar llamado por Dios a la madurez de la fe, tiene necesidad y, por lo mismo, derecho a una catequesis adecuada. Por ello, la Iglesia tiene el deber primario de darle respuesta de forma conveniente y satisfactoria\u00bb (DGC 167).<\/p>\n<p>\u00abLa pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica es eficaz en la medida en que la comunidad cristiana se convierte en referencia concreta y ejemplar para el itinerario de la fe de cada uno&#8230; Junto al anuncio del evangelio de forma p\u00fablica y colectiva, ser\u00e1 siempre indispensable la relaci\u00f3n de persona a persona, a ejemplo de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles. De este modo la conciencia personal se implica m\u00e1s f\u00e1cilmente, el don de la fe, como es propio de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, llega de viviente a viviente, y la fuerza de persuasi\u00f3n se hace m\u00e1s incisiva\u00bb (DGC 158).<\/p>\n<p>La Iglesia, cuando no puede proponer procesos sistem\u00e1ticos de formaci\u00f3n en la fe, proyecta la evangelizaci\u00f3n de los alejados y recurre a todos los medios humanos y materiales. La vida familiar, las celebraciones sociales ocasionales, los encuentros interpersonales espor\u00e1dicos, el testimonio personal y comunitario, la presencia cualificada de movimientos cristianos, los medios de comunicaci\u00f3n al alcance (radio, televisi\u00f3n, v\u00ed\u00addeos, revistas, carteles, canciones&#8230;), los momentos de reflexi\u00f3n en circunstancias y situaciones especiales, los contactos a trav\u00e9s de actividades de tiempo libre, voluntariados, acciones o campa\u00f1as conjuntas&#8230; pueden ser ocasi\u00f3n para que, aunque sea m\u00ed\u00adnimamente, se presenten valores evang\u00e9licos. Algunas veces ya es buen logro desbrozar, desmontar prejuicios y predisponer positivamente a acoger la propuesta.<\/p>\n<p>Un caso particular es el de los adolescentes con minusval\u00ed\u00adas. Los adolescentes con cualquier clase de minusval\u00ed\u00ada son objeto prioritario de atenciones y de evangelizaci\u00f3n. Adem\u00e1s de todos los medios ordinarios de evangelizaci\u00f3n, la comunidad cristiana se ingenia para darles la preparaci\u00f3n posible y adecuada, y por lo tanto cualificada y espec\u00ed\u00adfica. Lo que es opci\u00f3n evang\u00e9lica favorece la imagen pedag\u00f3gica de la Iglesia: las opciones son muy a menudo el lenguaje m\u00e1s claro.<\/p>\n<p>VII. La comunidad evangelizadora y los catequistas<br \/>\nAfirma el Directorio \u00abNing\u00fan m\u00e9todo, por experimentado que sea, exime al catequista del trabajo personal, en ninguna de las fases del proceso de la catequesis. El carisma recibido del Esp\u00ed\u00adritu, una s\u00f3lida espiritualidad y un testimonio transparente de vida cristiana en el catequista constituyen el alma de todo m\u00e9todo, y sus cualidades humanas y cristianas son indispensables para garantizar el uso correcto de los textos y de otros instrumentos de trabajo. El catequista es intr\u00ed\u00adnsecamente un mediador que facilita la comunicaci\u00f3n entre las personas y el misterio de Dios, as\u00ed\u00ad como la de los hombres entre s\u00ed\u00ad y con la comunidad. Por ello ha de esforzarse para que su formaci\u00f3n cultural, su condici\u00f3n social y su estilo de vida no sean obst\u00e1culo al camino de la fe; a\u00fan m\u00e1s: ha de ser capaz de crear condiciones favorables para que el mensaje cristiano recibido sea buscado, acogido y profundizado. El catequista no debe olvidar que la adhesi\u00f3n de fe de los catequizandos es fruto de la gracia y de la libertad, y por eso procura que su actividad catequ\u00e9tica est\u00e9 siempre sostenida por la fe en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y por la oraci\u00f3n. Finalmente, tiene una importancia esencial la relaci\u00f3n personal del catequista con el catec\u00fameno y el catequizando. Esa relaci\u00f3n se nutre de ardor educativo, de aguda creatividad, de adaptaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como de respeto m\u00e1ximo a la libertad y a la maduraci\u00f3n de las personas. Gracias a una labor de sabio acompa\u00f1amiento, el catequista realiza uno de los m\u00e1s valiosos servicios a la catequesis: ayudar a los catequizandos a discernir la vocaci\u00f3n a la que Dios los llama\u00bb (DGC 156).<\/p>\n<p>A lo que nos dice el Directorio a\u00f1adimos, resaltamos o especificamos algunos aspectos del catequista de preadolescentes y adolescentes: inexcusable cercan\u00ed\u00ada f\u00ed\u00adsica y psicol\u00f3gica; radicalidad en la esperanza, optimismo y entusiasmo; testimonios inequ\u00ed\u00advocos de la opci\u00f3n por Cristo y los dem\u00e1s; coherencia y constancia en la vida, en la relaci\u00f3n y en el m\u00e9todo; cultivo de los valores humanos hasta poder ser modelo de identificaci\u00f3n, dejando claro que el protagonista, modelo y amigo que no falla, es Cristo; claridad de mente y capacidad de hacer s\u00ed\u00adntesis entre fe y cultura, con lenguajes de hoy; valorar a la Iglesia, a la comunidad cristiana, al asociacionismo&#8230; para trabajar en equipo y hacer Iglesia, no su Iglesia; espiritualidad de lo cotidiano, nunca excluyente de las otras formas v\u00e1lidas de vivir la fe; dominio del m\u00e9todo inductivo, de t\u00e9cnicas y recursos, creativo y favorecedor de la creatividad; capaz de compaginar utop\u00ed\u00ada y realismo; abierto a lo global y a los detalles, a lo esencial y a lo secundario; respetuoso de las situaciones y procesos de cada uno, tambi\u00e9n de su propio papel de adulto educador; preocupado de su tarea de orientador vocacional a lo largo de todo el proceso (cada uno donde pueda ser m\u00e1s feliz trabajando por el Reino).<\/p>\n<p>BIBL.: COMISI\u00ed\u201cN NACIONAL DE PASTORAL CATEQUETICA, Proyecto de formaci\u00f3n humana 2. Preadolescentes, CCS, Madrid 1990; Proyecto de formaci\u00f3n humana 3. Adolescentes, CCS, Madrid 1990; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; GEVAERT J. (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987; MART\u00ed\u008dN G., La religiosidad del preadolescente, CCS, Madrid 1988; PETITCLERC J. M., C\u00f3mo hablar de Dios a los j\u00f3venes, CCS, Madrid 1997; OBISPOS FRANCESES, Proposer la foi dans la societ\u00e9 actuelle. III Lettre aux catholiques de France, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1997; MART\u00ed\u008dN VELASCO J., Ser cristiano en una cultura posmoderna, PPC, Madrid 1996; MION R., Domanda di valori e di religione nei giovani dell&#8217;Europa dell&#8217;Est e dell&#8217;Ovest, Salesianum 57 (1995) 305-357.<\/p>\n<p>Alfonso Francia Hern\u00e1ndez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Qui\u00e9nes son los preadolescentes: 1. Cambio f\u00ed\u00adsico, cambio psicol\u00f3gico; 2. Un nuevo contexto social; 3. Hacia criterios \u00e9ticos propios; 4. Un Dios a imagen propia. II. Qui\u00e9nes son los adolescentes: 1. Cambios f\u00ed\u00adsicos y psicol\u00f3gicos; 2. Un nuevo contexto social; 3. Con criterios \u00e9ticos propios; 4. Un Dios a su imagen y necesidad. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adolescentes-catequesis-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abADOLESCENTES, CATEQUESIS DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16964","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16964","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16964"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16964\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}