{"id":16965,"date":"2016-02-05T11:03:23","date_gmt":"2016-02-05T16:03:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-catequesis-de\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:23","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:23","slug":"adultos-catequesis-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-catequesis-de\/","title":{"rendered":"ADULTOS, CATEQUESIS DE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El adulto y la edad adulta. II. La catequesis de adultos en el actual momento pastoral. III. Principales aspectos pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticos. IV. Las metas de la catequesis de adultos: 1. La madurez de la fe; 2. La creaci\u00f3n y el crecimiento de comunidades cristianas adultas. V. Los lugares de la catequesis de adultos: 1. El catecumenado de adultos; 2. Los grupos catequ\u00e9ticos de inspiraci\u00f3n catecumenal; 3. La parroquia; 4. Los movimientos y asociaciones de fieles. VI. Algunos rasgos necesarios de la actual catequesis de adultos. VII. Problemas abiertos de la catequesis de adultos: 1. La catequesis de adultos en un contexto poscristiano; 2. Los diversos \u00abmodelos\u00bb de catequesis de adultos; 3. Crecimiento del n\u00famero de ni\u00f1os y adolescentes no bautizados; 4. La presencia de la catequesis de adultos en el proyecto pastoral de las di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Hace algunos a\u00f1os, casi no se consideraba la conexi\u00f3n entre estas dos palabras: catequesis y adultos. La catequesis era vista y entendida como una acci\u00f3n dirigida a ni\u00f1os y adolescentes. Hoy, sin embargo, los documentos de la Iglesia manifiestan cada vez m\u00e1s una prioridad y una urgencia pastoral de la catequesis de adultos. La misma idea tradicional de catequesis estaba m\u00e1s cercana al concepto de formaci\u00f3n permanente del cristiano (supuesta ya la fundamentaci\u00f3n de la fe). Hoy, por el contrario, la catequesis tiene como objetivo primordial la fundamentaci\u00f3n b\u00e1sica de la fe. Durante mucho tiempo se ha concebido la catequesis de adultos al estilo de una presentaci\u00f3n sistem\u00e1tica y org\u00e1nica de la fe, m\u00e1s en la l\u00ed\u00adnea y el estilo de una ense\u00f1anza teol\u00f3gica; hoy se cambia tambi\u00e9n el estilo y la metodolog\u00ed\u00ada, acerc\u00e1ndose m\u00e1s a la pedagog\u00ed\u00ada propia de un proceso iniciatorio (cf IC 11 lss).<\/p>\n<p>Las razones de estos cambios de perspectiva y de modos de hacer hay que buscarlas: 1) en el cambio de contexto socio-cultural en que se desenvuelve la Iglesia de hoy; 2) en los cambios experimentados por las ciencias de la educaci\u00f3n en referencia al mundo de los adultos; 3) finalmente, en el cambio de la conciencia de la propia Iglesia sobre su funci\u00f3n iniciadora y educadora de la fe.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la Iglesia espa\u00f1ola, que recibi\u00f3 un fuerte impulso a ra\u00ed\u00adz del Vaticano II (abril 1966: primeras Jornadas nacionales de catequesis), intuy\u00f3 casi desde el primer momento la urgencia y la importancia de la catequesis de adultos. Es verdad que al principio fue una idea compartida s\u00f3lo por unos pocos, pero la historia reciente muestra c\u00f3mo se ha ido abriendo camino con fuerza hasta desembocar en espl\u00e9ndidos frutos.<\/p>\n<p>La forma como ha ido creciendo esta acci\u00f3n pastoral de la catequesis de adultos, a partir, muchas veces, del entusiasmo de alguna persona o de alg\u00fan grupo reducido, ha hecho tambi\u00e9n que a veces resulte dif\u00ed\u00adcil o problem\u00e1tica la integraci\u00f3n eclesial de estas acciones. Hoy, sin embargo, se dispone de suficientes documentos orientadores de la Santa Sede y de la Iglesia espa\u00f1ola, que ofrecen pistas m\u00e1s que sobradas para poder hacer un buen discernimiento e indicar cauces hacia la comuni\u00f3n1.<\/p>\n<p>Tratar ahora de la catequesis de adultos supone situarse ante tres coordenadas que se complementan: 1) la coordenada antropol\u00f3gica, que ofrece una visi\u00f3n de lo que es el adulto y la edad adulta; 2) la coordenada pastoral, que sit\u00faa la catequesis de adultos en el momento actual de la cultura y de la vida de la Iglesia; 3) la coordenada pedag\u00f3gico-catequ\u00e9tica, que ofrece pistas para el planteamiento y la puesta en pr\u00e1ctica de la catequesis de adultos en la situaci\u00f3n presente.<\/p>\n<p>I. El adulto y la edad adulta<br \/>\nEn el lenguaje com\u00fan, se entiende por adultez el estado de desarrollo pleno al que puede llegar una persona tras las varias etapas de su crecimiento. Hoy se admite que, dentro ya de la adultez, se va pasando por sucesivas etapas de la vida adulta, mientras dura la vida de la persona.<\/p>\n<p>En \u00e9pocas pasadas, en que las formas de vida y la cultura manten\u00ed\u00adan una relaci\u00f3n mucho m\u00e1s estrecha, el desarrollo de la persona hacia la adultez resultaba bastante arm\u00f3nico, de forma que quien crec\u00ed\u00ada en edad, iba creciendo a la vez, sin excesivas dificultades, en las restantes dimensiones de su personalidad. En la actualidad, por el contrario, la diversidad de elementos que influyen en la persona y la van configurando desde la ni\u00f1ez hace que los niveles de desarrollo que se alcanzan puedan ser muy variados, seg\u00fan el grado de eficacia con que cada agente educativo haya podido influir sobre la persona: familia, barrio, escuela, televisi\u00f3n, grupo religioso de pertenencia. La adultez alcanzada seg\u00fan la edad biol\u00f3gica puede no corresponderse en absoluto con el desarrollo o la maduraci\u00f3n de otros aspectos de la personalidad. Esta constataci\u00f3n tiene repercusiones importantes en el planteamiento de una posible catequesis de adultos.<\/p>\n<p>Por otra parte, los permanentes cambios y nuevas influencias que la persona experimenta a causa de su inmersi\u00f3n en el ambiente y en la cultura, la van llevando a la necesidad de una continua adaptaci\u00f3n a las nuevas situaciones, con lo que la adultez no llega a ser percibida como un estado adquirido, sino m\u00e1s bien como una capacidad de afrontar nuevos retos, de posicionarse ante ellos y de superar las dificultades que presentan. Ser adulto lleva hoy consigo un permanente ejercicio de aprendizaje. Esta faceta de la condici\u00f3n adulta tiene tambi\u00e9n implicaciones importantes para la catequesis.<\/p>\n<p>No es este el lugar para entrar en la descripci\u00f3n psicosociol\u00f3gica del adulto ni de la edad adulta en nuestro contexto cultural. Baste decir que esta etapa de la vida est\u00e1 ampliamente estudiada y analizada por las ciencias humanas desde sus diferentes perspectivas2. Un planteamiento responsable de la catequesis de adultos y de la pastoral con adultos exige a los agentes pastorales un m\u00ed\u00adnimo conocimiento de estas aportaciones de la moderna investigaci\u00f3n, sin fiar a la propia intuici\u00f3n o a la capacidad de improvisar el \u00e9xito de la empresa.<\/p>\n<p>II. La catequesis de adultos en el actual momento pastoral<br \/>\nDesde el punto de vista de la historia de la Iglesia, puede afirmarse que la catequesis de adultos existi\u00f3 antes que la catequesis infantil. La propia din\u00e1mica de la evangelizaci\u00f3n y del nacimiento de las comunidades cristianas primitivas puso en primer lugar la instrucci\u00f3n catecumenal de los adultos que se adher\u00ed\u00adan a la fe tras la proclamaci\u00f3n del kerigma cristiano. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, con el surgimiento de la situaci\u00f3n de cristiandad, se hizo com\u00fan en la praxis de la Iglesia el desplazamiento de la actividad catequ\u00e9tica del \u00e1mbito de los adultos al de los ni\u00f1os nacidos en el seno de familias de bautizados. Esta forma de actuar se ha mantenido pr\u00e1cticamente en toda la Iglesia (con la l\u00f3gica excepci\u00f3n de las comunidades de los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n) hasta la mitad del siglo XX.<\/p>\n<p>Es el Vaticano II el que, partiendo de la experiencia de estos pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n, y ciertamente con una visi\u00f3n realista de los nuevos tiempos que se avecinaban, restableci\u00f3 el catecumenado de adultos en la Iglesia, hizo de \u00e9l un primer desarrollo (AG 14), y estableci\u00f3 la diversificaci\u00f3n de los ritos bautismales para adultos y para ni\u00f1os (SC 64-67). La posterior publicaci\u00f3n del Ordo initiationis christianae adultorum y sus respectivas traducciones a las lenguas modernas, junto con las introducciones pastorales propuestas por los episcopados, desencaden\u00f3 un amplio movimiento de renovaci\u00f3n pastoral en el campo de la catequesis de adultos, que a\u00fan est\u00e1 presente y actuante en la Iglesia.<\/p>\n<p>En el contexto de la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica espa\u00f1ola, el primer paso hacia un planteamiento espec\u00ed\u00adfico de la catequesis de adultos se dio en abril de 1970, con el I Encuentro nacional de catequesis de adultos, al que han seguido otros muchos en a\u00f1os posteriores. Un acontecimiento que puede considerarse ciertamente punto de inflexi\u00f3n en la historia de la moderna catequesis de adultos en Espa\u00f1a, es la publicaci\u00f3n, en diciembre de 1990, de las Orientaciones pastorales sobre la Catequesis de adultos, por parte de la Comisi\u00f3n episcopal de ense\u00f1anza y catequesis de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola, as\u00ed\u00ad como las reflexiones y orientaciones al respecto, contenidas en el documento La iniciaci\u00f3n cristiana, publicado por la misma Conferencia episcopal en 1999. Tanto la reflexi\u00f3n como la acci\u00f3n catequ\u00e9tica con los adultos contin\u00faan abiertas, ahora ya con referencias espec\u00ed\u00adficas a estos documentos, pero tambi\u00e9n con atenci\u00f3n a las nuevas condiciones que el r\u00e1pido cambio sociocultural est\u00e1 creando en el conjunto de los bautizados de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Junto a la conciencia que el movimiento catequ\u00e9tico ha ido despertando en los pastores y en los catequistas, otra serie de hechos constatados de forma muy generalizada han contribuido tambi\u00e9n a que se vea cada vez con m\u00e1s claridad la necesidad y urgencia de una catequesis de adultos: 1) El contacto con los ni\u00f1os en la catequesis infantil, sobre todo en la preeucar\u00ed\u00adstica, hace descubrir la carencia cada vez mayor de una primera iniciaci\u00f3n al mundo de lo religioso en el \u00e1mbito familiar. Este hecho es signo del grado de secularizaci\u00f3n cada vez m\u00e1s alto en la generaci\u00f3n adulta, sobre todo entre los adultos j\u00f3venes; 2) El esfuerzo que se hace en las catequesis presacramentales con adultos -catequesis de padres con ocasi\u00f3n de la primera eucarist\u00ed\u00ada de los hijos, catequesis prebautismales y catequesis prematrimoniales- se percibe como una intervenci\u00f3n pastoral sin pasado ni futuro, s\u00f3lo puntual, por falta de un trabajo continuado y de unas comunidades o grupos adultos de referencia; 3) El mismo futuro del gran esfuerzo catequ\u00e9tico que se lleva a cabo en los niveles de la infancia y la adolescencia, queda cuestionado cuando no existen comunidades adultas capaces de acoger e integrar a las nuevas generaciones de creyentes; 4) Un aspecto de gran trascendencia es la escasez o carencia absoluta de presencia cristiana p\u00fablica y confesante en los ambientes en que se fragua y construye la vida de la sociedad: la pol\u00ed\u00adtica, la econom\u00ed\u00ada, el trabajo, la cultura, el ocio, la comunicaci\u00f3n, etc. Incluso habiendo cristianos presentes en tales realidades, en muchas ocasiones la falta de adultez de fe hace que esa presencia no consiga ser operante e influyente.<\/p>\n<p>Todas estas constataciones, as\u00ed\u00ad como las graves carencias de formaci\u00f3n cristiana que se est\u00e1n se\u00f1alando entre los bautizados, han llevado a tomar conciencia de la necesidad prioritaria de una acci\u00f3n catequ\u00e9tica s\u00f3lida y bien estructurada con los adultos en la actividad pastoral de la Iglesia.<\/p>\n<p>III. Principales aspectos pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticos<br \/>\nSin bajar a planteamientos t\u00e9cnicos de pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, se plantean aqu\u00ed\u00ad algunos principios y orientaciones de car\u00e1cter global sobre lo que hoy requiere la catequesis de adultos.<\/p>\n<p>a) La catequesis debe considerar al adulto en cuanto tal. Despu\u00e9s de bastantes siglos de tradici\u00f3n catequ\u00e9tica casi exclusivamente infantil, existe ciertamente el riesgo de transferir a la catequesis de adultos los m\u00e9todos y los acentos de la catequesis infantil.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 necesario, por ello, tener en cuenta que, en nuestro tiempo, la pedagog\u00ed\u00ada de los adultos -la andragog\u00ed\u00ada- ha conocido un desarrollo que no puede ignorarse y cuyos avances deben ser incorporados a la catequesis de adultos. Al mismo tiempo, la cultura actual es reflejo y expresi\u00f3n de un mundo adulto y de un pensamiento que afirma fuertemente la racionalidad y la autonom\u00ed\u00ada de la persona; por ello, un acercamiento al mundo religioso y a la experiencia de la fe que sea respetuoso con el destinatario debe saber tratar a este teniendo en consideraci\u00f3n su estado y su situaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>b) La catequesis debe tener en cuenta las etapas del proceso de fe. En una catequesis de adultos, sobre todo de inspiraci\u00f3n catecumenal, no puede olvidarse que los destinatarios proceden de una cultura secular y con m\u00ed\u00adnimas referencias religiosas, por lo que los procesos de despertar religioso, propios de la etapa evolutiva infantil pueden no haberse vivido en su momento y resultar, por tanto, necesarios. Lo mismo ha de decirse de una cierta iniciaci\u00f3n al lenguaje simb\u00f3lico, necesario para que sea posible la transmisi\u00f3n de la experiencia religiosa. Por supuesto, estos procesos habr\u00e1n de ser propuestos de forma adaptada al contexto de la edad y de la cultura de los destinatarios, pero deben ser mantenidos, porque resultan imprescindibles en muchos casos.<\/p>\n<p>La etapa de la conversi\u00f3n, que normalmente es un tiempo de transformaci\u00f3n interior m\u00e1s que una decisi\u00f3n fulminante, debe ser tambi\u00e9n muy tenida en cuenta, respetada en su ritmo y acompa\u00f1ada con cari\u00f1o e inteligencia por el catequista. Pasar por alto esta etapa por no creerla necesaria o darla por supuesta, sin que quiz\u00e1 haya existido nunca, puede tener consecuencias muy negativas para el proceso de fe. Por el contrario, si se asegura bien, en cuanto sea posible, la actitud sincera de conversi\u00f3n, puede haberse ganado el camino hacia la madurez de la fe.<\/p>\n<p>La etapa propiamente catecumenal o catequ\u00e9tica, programada y desarrollada sin precipitaci\u00f3n, debe ir llevando al conocimiento y a la interiorizaci\u00f3n progresiva de toda la fe cristiana y de sus exigencias para el creyente. Esta etapa desembocar\u00e1 o en los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, tras la profesi\u00f3n adulta de la fe -en el caso del catecumenado- o en la renovaci\u00f3n de esos sacramentos y la consiguiente incorporaci\u00f3n a la comunidad cristiana adulta, en el caso de la catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal.<\/p>\n<p>c) La catequesis debe estar atenta al desarrollo arm\u00f3nico de todas las dimensiones de la fe. Estas dimensiones, que el Directorio general para la catequesis enumera como \u00abconocimiento de la fe, educaci\u00f3n lit\u00fargica, formaci\u00f3n moral, ense\u00f1anza de la oraci\u00f3n e iniciaci\u00f3n a la vida comunitaria y a la misi\u00f3n\u00bb (DGC 84-86), no se van educando de forma lineal y sucesiva, sino simult\u00e1neamente y en un proceso equilibrado y arm\u00f3nico. El privilegiar s\u00f3lo alguna, o algunas, de estas dimensiones en menoscabo de las restantes puede dar como resultado una vivencia de la fe parcial, empobrecida o sin el necesario equilibrio. En este sentido, la acci\u00f3n testimonial y orientadora del catequista, adulto en la fe, podr\u00e1 contribuir grandemente a la aut\u00e9ntica maduraci\u00f3n cristiana del catec\u00fameno.<\/p>\n<p>d) La catequesis debe favorecer la identidad laical de los destinatarios. Hoy no es posible pretender ense\u00f1ar a vivir la fe de una forma gen\u00e9rica, que pueda ser v\u00e1lida para cualquier persona, en cualquier estado de vida y en cualquier circunstancia. La educaci\u00f3n de la fe, a lo largo del proceso catequ\u00e9tico, debe atender a la condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del bautizado que vive en el mundo, y que va a continuar inmerso en \u00e9l despu\u00e9s del per\u00ed\u00adodo de catequesis, y ense\u00f1arle a vivir ah\u00ed\u00ad como creyente, a descubrir c\u00f3mo Dios se le va revelando en ese mundo, y a saber que, a partir de su condici\u00f3n de laico, debe ir \u00abbuscando el reino de Dios, ocup\u00e1ndose de las realidades temporales y orden\u00e1ndolas seg\u00fan Dios\u00bb (LG 31). Este talante espec\u00ed\u00adfico de la catequesis de adultos exige de los catequistas una especial sensibilidad a este aspecto y una cierta experiencia de vida cristiana laical, que le pueda servir de testimonio y de apoyo en su tarea catequ\u00e9tica.<br \/>\ne) La catequesis debe ser vivida y llevada a cabo en un contexto comunitario. No s\u00f3lo el grupo de catequesis de adultos debe ir constituy\u00e9ndose progresivamente como una inicial comunidad de creyentes, sino que su camino debe estar orientado a una futura integraci\u00f3n en la comunidad eclesial en cuyo \u00e1mbito tal grupo ha nacido como grupo catequ\u00e9tico. La comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la catequesis (cf DGC 254). Por ello la referencia activa a la comunidad debe ser una dimensi\u00f3n presente en todo momento en la vida del grupo. Un lazo de uni\u00f3n insustituible entre el grupo y la comunidad es el catequista. El es el adulto en la fe, testigo y acompa\u00f1ante de los que van haciendo el itinerario hacia la fe. Su talante, su sencillez, su cercan\u00ed\u00ada y, sobre todo, su testimonio convencido de enviado de la comunidad, van dando al grupo catequ\u00e9tico el tono y la referencia comunitaria que le ayudar\u00e1n a crecer en su identidad eclesial. Quienes nacen a la fe adulta en este clima comunitario, ser\u00e1n despu\u00e9s los que reclamar\u00e1n a la comunidad cristiana el apoyo y el sostenimiento continuo que les ser\u00e1 necesario para seguir viviendo su vida cristiana.<\/p>\n<p>IV. Las metas de la catequesis de adultos<br \/>\n1. LA MADUREZ DE LA FE. La acci\u00f3n catequ\u00e9tica, en cuanto educadora de la dimensi\u00f3n creyente de la persona, tiende a que esta crezca y madure en su fe. Tal madurez se entiende como lo propio y espec\u00ed\u00adfico de la condici\u00f3n adulta. En este proceso van implic\u00e1ndose y desarroll\u00e1ndose varias capacidades de la persona:<br \/>\na) En primer lugar, la capacidad de situarse como criatura ante el Creador y como hijo ante Dios-Padre; de reconocer a Jesucristo como el Salvador y al Esp\u00ed\u00adritu Santo como el origen de la santidad; de abrir la propia existencia al don de Dios en esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n confiada. Este situarse del adulto creyente ante Dios no encierra aspectos alienantes, sino que procede de una actitud religiosa radical, que confiere al sujeto una conciencia de plenitud dif\u00ed\u00adcil de imaginar en otros contextos quiz\u00e1 mucho m\u00e1s presentes en la actual cultura.<\/p>\n<p>b) En segundo lugar, la capacidad de percibir la propia vida y la historia humana integradas en la realizaci\u00f3n de un proyecto que no es propio, sino de Dios: la historia de la salvaci\u00f3n. La referencia a este proyecto va dando sentido y significado a los acontecimientos, e incluso las realidades que pueden parecer negativas llegan a ser &#8216;asumidas e integradas como elementos de esa visi\u00f3n globalizante. A la luz de esta misma visi\u00f3n, la persona es capaz de encontrar respuesta y sentido a las grandes preguntas existenciales que tantas veces atormentan al ser humano.<\/p>\n<p>c) En tercer lugar, la capacidad de orientar la propia conducta en la direcci\u00f3n de lo que se va descubriendo como voluntad de Dios. La vida del creyente no puede ser fruto de un determinismo, sino de un ejercicio permanente de libertad. Ahora bien, elegir en cada caso aquello que lleva a la realizaci\u00f3n de lo que Dios quiere demanda la consideraci\u00f3n y la ponderaci\u00f3n de muchas variables; este ejercicio de discernimiento es normalmente fruto de una personalidad creyente equilibrada y madura.<\/p>\n<p>d) En cuarto lugar, la madurez de fe aporta al creyente la conciencia viva y operante de la pertenencia a la comunidad eclesial. Ello lleva consigo una identificaci\u00f3n con el ser y con la misi\u00f3n de la Iglesia, que se traduce consecuentemente en el ejercicio de la propia responsabilidad eclesial en la condici\u00f3n y circunstancias de cada uno.<\/p>\n<p>e) En quinto lugar, el creyente adulto se capacita para estar presente en el mundo y en sus variados \u00e1mbitos (familia, cultura, trabajo, econom\u00ed\u00ada, pol\u00ed\u00adtica, etc.), en cuanto seguidor de Jesucristo, y para colaborar con otras personas de buena voluntad -creyentes o no- en la b\u00fasqueda y construcci\u00f3n de una sociedad y de unas relaciones entre las personas, seg\u00fan el ideal del evangelio y el proyecto del reino de Dios.<\/p>\n<p>f) Por \u00faltimo, aunque no con menos importancia, no puede pensarse la adquisici\u00f3n de las capacidades enumeradas sin la asimilaci\u00f3n contempor\u00e1nea de una estructura de conocimiento de los contenidos de la fe, acorde a la realidad y al nivel cultural de cada sujeto, y que es la que da consistencia a las actitudes y a los comportamientos3.<\/p>\n<p>Ciertamente, la adquisici\u00f3n de todas estas capacidades es fruto de un itinerario de crecimiento y maduraci\u00f3n de la persona como creyente, itinerario en el que intervienen muchos factores educativos: la comunidad que catequiza, la persona del catequista, la metodolog\u00ed\u00ada utilizada, las etapas que se van cubriendo, etc. Todo deber\u00e1 ser tenido en cuenta en el proceso de la catequesis de adultos para que puedan alcanzarse los objetivos que se pretenden.<\/p>\n<p>2. LA CREACI\u00ed\u201cN Y EL CRECIMIENTO DE COMUNIDADES CRISTIANAS ADULTAS. En el actual contexto de mentalidad y cultura secular y urbana, cada vez m\u00e1s extendido, los planteamientos de otras \u00e9pocas, que esperaban de la socializaci\u00f3n un gran apoyo para la vida y la pr\u00e1ctica cristiana, ya no son v\u00e1lidos. La fe ya no impregna la cultura, y los signos de referencia religiosa est\u00e1n cada vez menos presentes. En ese entorno poco favorable, las actitudes creyentes s\u00f3lo pueden mantenerse y resistir si est\u00e1n bien enraizadas en las personas, y si estas encuentran apoyo en grupos s\u00f3lidos de referencia. El papel de la catequesis de adultos es, en este contexto, de importancia capital. Ella debe ir desembocando, de forma natural y espont\u00e1nea, en comunidades cristianas adultas, en donde se viva la fe, seg\u00fan el talante adulto y compartido que se ha aprendido a lo largo del proceso catequ\u00e9tico, y cuyos puntos de apoyo y de crecimiento sean los que ya se han venido practicando: la referencia permanente a la palabra de Dios, la oraci\u00f3n en com\u00fan, la celebraci\u00f3n comunitaria de la liturgia, el discernimiento compartido de la voluntad de Dios a partir de la vida, el apoyo mutuo en el compromiso temporal. Adem\u00e1s, cuando estas comunidades vayan surgiendo en los \u00e1mbitos parroquiales tradicionales, pueden ir convirti\u00e9ndose, a la vez, en fuerza de renovaci\u00f3n de esas parroquias, con tal que estos cristianos nuevos, salidos de la catequesis de adultos, sepan ir al encuentro de esos otros hermanos y se pongan a caminar a su lado, en todos los \u00e1mbitos de la vida y la experiencia eclesial, renunciando a cualquier actitud puritana o elitista. Y por \u00faltimo, la presencia social de la Iglesia, que se hace visible en su ambiente a trav\u00e9s de estas comunidades cristianas adultas, ir\u00e1 adquiriendo una mayor fuerza testimonial en ese ambiente y podr\u00e1 ser, a la vez, un signo interpelante e incluso provocador de una forma de vida alternativa, que radica en el seguimiento de Jesucristo y proclama los valores del evangelio.<\/p>\n<p>V. Los lugares de la catequesis de adultos<br \/>\nLa Iglesia-Madre, al catequizar, engendra nuevos hijos. La catequesis, por su origen y por su finalidad, est\u00e1 siempre relacionada con el nacimiento a la fe y con el bautismo. Ahora bien, el nacimiento a la fe s\u00f3lo tiene lugar en el seno de la Iglesia-Madre, a la que el ne\u00f3fito queda incorporado al recibir el bautismo (cf IC 112-123; 134-138). La catequesis de adultos, en su doble faceta posible de catecumenado propiamente dicho o de catequesis posbautismal, guarda siempre esta orientaci\u00f3n y referencia al nacimiento a la fe, y por ello no puede pensarse m\u00e1s que en \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n con la Iglesia visible e inmediata, que es la Iglesia particular. Los que hoy son llamados lugares de catequesis reciben su vigencia de la comuni\u00f3n que guardan con la Iglesia local y no pueden pensarse ajenos a ella o con estructuras y modos de actuar que prescindan de esta comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre los diferentes lugares de catequesis que suelen considerarse, hay varios que son m\u00e1s propios de la catequesis de adultos:<br \/>\n1. EL CATECUMENADO DE ADULTOS. Es el lugar por excelencia de la catequesis y el referente de todas las dem\u00e1s formas de catequesis de adultos. Sus destinatarios son los adultos no bautizados, as\u00ed\u00ad como los adolescentes e incluso los ni\u00f1os en edad escolar que desean prepararse para recibir el bautismo. El desarrollo actual del catecumenado est\u00e1 inspirado en la rica tradici\u00f3n de la Iglesia primitiva y fue actualizado en el Vaticano II, a partir de las experiencias de las Iglesias de los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n. Tanto las orientaciones pastorales como los mismos ritos, que se encuentran en el Ritual para la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos (RICA), publicado tras el Concilio, constituyen una expresi\u00f3n inapreciable de lo que debe significar este especial proceso de fe: la gradualidad y la especificidad de cada etapa; la especial atenci\u00f3n a las situaciones de fe de los catec\u00famenos; la participaci\u00f3n permanente de la comunidad en el acompa\u00f1amiento de los futuros cristianos; la riqueza y la variedad de los elementos lit\u00fargicos. Puede decirse que el catecumenado es, en cierto sentido, sacramento (signo eficaz) de la maternidad de la Iglesia: ella es quien conf\u00ed\u00ada a un catequista la responsabilidad de acompa\u00f1ar a los catec\u00famenos; la que ora por ellos a lo largo de su itinerario de fe y la que, finalmente, los acoge e integra en su seno con vistas a su plena realizaci\u00f3n como cristianos.<\/p>\n<p>2. LOS GRUPOS CATEQUETICOS DE INSPIRACI\u00ed\u201cN CATECUMENAL. Estos grupos acogen a adultos ya bautizados, que desean hacer el camino de la fe \u00aba modo de catecumenado, en el que est\u00e1n presentes algunos elementos del RICA, destinados a hacer captar y vivir las inmensas riquezas del bautismo recibido\u00bb (ChL 61; cf IC 124-133). Los destinatarios de esta catequesis pueden presentar situaciones muy diferentes de fe: desde verdaderos alejados que, movidos por la gracia de la conversi\u00f3n, van haciendo el proceso completo de la fe, como si fueran verdaderos catec\u00famenos, hasta cristianos m\u00e1s o menos practicantes, pero de fe tradicional y sociol\u00f3gica, que buscan personalizarla y aprender a vivirla de forma consecuente. Esta variedad de destinatarios indica tambi\u00e9n la flexibilidad que habr\u00e1 que poner en juego en estos procesos, con vistas a su eficacia. Unos esquemas excesivamente r\u00ed\u00adgidos en sus planteamientos y desarrollos pueden dar como resultado personas deformadas e inmaduras en su fe. Esta forma de catequesis de adultos est\u00e1 hoy presente en muchos \u00e1mbitos parroquiales, y siguen las orientaciones y directrices de las propias Iglesias locales, promulgadas por los respectivos obispos como marco de referencia diocesano para esta acci\u00f3n. Existen tambi\u00e9n otros grupos o movimientos que tienen como se\u00f1a de identidad su finalidad catequizadora de adultos o de j\u00f3venes. Tales grupos tienen sus propias estructuras organizativas y sus propios m\u00e9todos, que suelen conferir a sus miembros una fuerte identificaci\u00f3n, aunque en ocasiones presentan dificultades para su integraci\u00f3n en la comuni\u00f3n de la Iglesia local. Para hacer m\u00e1s eficaces estos dos \u00e1mbitos de catequesis de adultos y, sobre todo, para servir mejor a la comuni\u00f3n, hoy parece muy deseable el establecimiento en las Iglesias locales de la instituci\u00f3n del catecumenado de adultos, con unas orientaciones precisas, a la luz del magisterio universal y del propio pa\u00ed\u00ads, en cuyo marco puedan quedar integradas todas las acciones eclesiales que, en una u otra forma, pueden considerarse catecumenales.<\/p>\n<p>3. LA PARROQUIA. Dentro de los proyectos diocesanos de catequesis de adultos, que cada vez se van haciendo m\u00e1s frecuentes, la parroquia es el lugar natural de catequesis de adultos. Por su car\u00e1cter de comunidad abierta, o de comunidad de comunidades, en ella tienen un lugar propio todos los bautizados. A ella acuden, en demanda de servicios religiosos, muchos bautizados frecuentemente alejados de la fe, a los que se puede, a trav\u00e9s de diversos caminos pastorales, invitar a participar en un proceso catequ\u00e9tico. Puede decirse que la parroquia, por su condici\u00f3n de estructura pastoral b\u00e1sica, tiene, m\u00e1s que ninguna otra, el derecho y el deber de disponer de unos cauces establecidos de catequesis de adultos, abiertos a todos los que deseen o necesiten utilizarlos. \u00abAs\u00ed\u00ad como no es concebible que una parroquia no asuma y encauce las acciones que en ella se ejercen en favor de la catequesis de ni\u00f1os, tampoco debe ser concebible que la comunidad ignore y no asuma las iniciativas en favor de la catequesis de adultos\u00bb (La catequesis de adultos, 114).<\/p>\n<p>4. Los MOVIMIENTOS Y ASOCIACIONES DE FIELES. Muchos adultos cristianos suelen adherirse a asociaciones de fieles o movimientos apost\u00f3licos, en los que encuentran apoyo y est\u00ed\u00admulo para el desarrollo de su vida cristiana, seg\u00fan los objetivos propios de dichas asociaciones o movimientos: el culto al Se\u00f1or, a la Virgen Mar\u00ed\u00ada o a los santos; la acci\u00f3n caritativa y social; la presencia activa y testimonial en los \u00e1mbitos de la vida secular y profana: familia, cultura, ocio, econom\u00ed\u00ada, trabajo, pol\u00ed\u00adtica. Estas asociaciones son, en bastantes ocasiones, lugares de catequesis de adultos.<\/p>\n<p>Sucede, sin embargo, que algunos planes de formaci\u00f3n permanente de esos grupos dan por supuesto que los miembros ya han hecho el proceso catequ\u00e9tico hacia la madurez de fe, cuando, en muchos casos, este itinerario no ha tenido lugar en absoluto.<\/p>\n<p>Esto puede provocar una falta de correspondencia entre la oferta de formaci\u00f3n y las necesidades reales de las personas. En unos casos, los propios movimientos o asociaciones ofertan a sus miembros estos procesos de inspiraci\u00f3n catecumenal; en otros, les orientan hacia aquellos lugares donde pueden llevarlos a cabo. Cuando la catequesis tiene lugar en el seno del propio grupo, se tiene la ventaja de desenvolverse en un contexto cristiano y apost\u00f3lico concreto, al que resulta f\u00e1cil integrarse una vez finalizado el proceso. En el otro caso, la catequesis deber\u00e1 ser completada en el grupo de pertenencia con otros elementos formativos espec\u00ed\u00adficos del mismo.<\/p>\n<p>De una u otra forma, lo verdaderamente importante es que cualquier miembro de una asociaci\u00f3n o movimiento cristiano encuentre la oportunidad de hacer, si lo necesita, un camino b\u00e1sico hacia la fe adulta, que le capacite para vivirla con plena madurez y de forma consecuente.<\/p>\n<p>VI. Algunos rasgos necesarios de la actual catequesis de adultos<br \/>\nLas especiales connotaciones culturales de la \u00e9poca actual, en la que viven los destinatarios de la catequesis de adultos, configuran sin duda la propia catequesis. He aqu\u00ed\u00ad algunos de los rasgos que hoy parece m\u00e1s necesario lograr en la catequesis de adultos:<br \/>\na) La catequesis de adultos debe ser una acci\u00f3n de marcado acento \u00abmisionero\u00bb. Fueron primero el Concilio y despu\u00e9s los s\u00ed\u00adnodos sobre la evangelizaci\u00f3n y sobre la catequesis los que resaltaron con fuerza el car\u00e1cter procesual del camino de la fe. La experiencia confirma tambi\u00e9n que, cuando no se ha dado la primera adhesi\u00f3n a la fe, es decir, la conversi\u00f3n, no es posible esperar que enra\u00ed\u00adce en la persona la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica. En nuestro pa\u00ed\u00ads, de fuerte tradici\u00f3n de cristianismo sociol\u00f3gico, muchos intentos de implantar una catequesis de adultos han fallado o han encontrado graves dificultades por la carencia de acciones previas de car\u00e1cter misionero, que hayan llevado a las personas a una conversi\u00f3n inicial. Por esta raz\u00f3n, se ha ido abriendo camino el planteamiento de una catequesis misionera que, teniendo en cuenta esta carencia, contenga una carga importante de anuncio expl\u00ed\u00adcito y sea capaz de despertar la fe, al mismo tiempo que ofrece los elementos que le dan contenido y la ilustran. La Iglesia de hoy experimenta una grave carencia de acci\u00f3n directa e intencionalmente misionera. Esta catequesis misionera atiende especialmente a esta dimensi\u00f3n de anuncio y suple lo que quiz\u00e1 deber\u00ed\u00ada haberse hecho previamente y en otros \u00e1mbitos. Porque la conversi\u00f3n, que es base y cimiento de cualquier proceso de fe, no puede nunca darse por supuesta.<\/p>\n<p>b) Una catequesis orientada a la \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb. En el contexto secular y profano actual, el aspecto iniciatorio de la catequesis de adultos debe ser muy tenido en cuenta. La dimensi\u00f3n simb\u00f3lica -cauce de todo el lenguaje religioso-; la dimensi\u00f3n comunitaria y de pertenencia, con toda su carga de implicaci\u00f3n de la afectividad; el aprendizaje de las actitudes b\u00e1sicas de la experiencia religiosa (apertura al otro, confianza,<br \/>\nacogida, gratuidad&#8230;); la conciencia de paso que debe significar el hecho del bautismo -tanto si se recibe en el caso del catecumenado propiamente dicho como si se renueva y se actualiza en el caso de la catequesis pos-bautismal- son elementos propios de la experiencia de la iniciaci\u00f3n, que tienen que formar parte hoy del proyecto de la catequesis de adultos. Ignorar esta dimensi\u00f3n puede suponer dejar al margen un aspecto enraizado en la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n cristiana y que hoy, a causa de los condicionamientos culturales, dif\u00ed\u00adcilmente puede ser dado por supuesto, ni puede ser suplido por la presencia de otras facetas de la catequesis.<\/p>\n<p>c) Una catequesis con un fuerte protagonismo laical. La acci\u00f3n misionera se lleva a cabo normalmente en las fronteras de la fe, que son los terrenos propios de los creyentes laicos. La vida y la palabra testimonial de un laico tienen una fuerza de interpelaci\u00f3n y de convicci\u00f3n que no puede tener la palabra de un sacerdote, frecuentemente considerado desde fuera como un profesional de lo religioso. La acci\u00f3n misionera y la catequesis de adultos tiene m\u00e1s eficacia cuanto m\u00e1s se apoya en los creyentes laicos. El trabajo del sacerdote deber\u00e1 centrarse m\u00e1s en la formaci\u00f3n y el acompa\u00f1amiento de estos agentes. Este modelo de catequesis de adultos quiz\u00e1 ponga en cuesti\u00f3n algunos proyectos pastorales de corte m\u00e1s clerical. Sin embargo, parece que el futuro se abre camino a partir de estos planteamientos.<br \/>\nd) Una catequesis de fundamentaci\u00f3n b\u00e1sica de la fe. La catequesis de adultos que hoy parece necesaria debe poner el acento en la estructura ci\u00f3n de una personalidad creyente, m\u00e1s que en la eventual transmisi\u00f3n de amplios conocimientos. No se olvide que esta fue, en su momento, la tarea del catecumenado primitivo, que preced\u00ed\u00ada al bautismo: la iniciaci\u00f3n cristiana. La catequesis de adultos adquiere este car\u00e1cter cuando es fiel a la inspiraci\u00f3n catecumenal. Este talante est\u00e1 hoy presente en la mayor\u00ed\u00ada de los procesos catequ\u00e9ticos con adultos, ya que estos, de una u otra forma, est\u00e1n inspirados en el RICA (cf IC 11 lss). Aunque la catequesis con ya bautizados -y la mayor\u00ed\u00ada de las veces sacramentalizadostendr\u00e1 unos elementos propios, diferentes del catecumenado propiamente dicho, sin embargo, su estilo, sus acentos y casi todos sus objetivos guardan una gran coincidencia con \u00e9l.<\/p>\n<p>La fundamentaci\u00f3n de la fe se va consiguiendo en base a la educaci\u00f3n de las cuatro dimensiones de la experiencia creyente: el conocimiento, la celebraci\u00f3n, la vivencia y la contemplaci\u00f3n del misterio de Cristo. En esta tarea educativa se da una implicaci\u00f3n de toda la persona del catequizando. El arte de la buena catequesis, y del catequista-acompa\u00f1ante de un grupo de adultos, ser\u00e1 ir consiguiendo el desarrollo equilibrado y arm\u00f3nico de estas dimensiones. Esta ser\u00e1 la garant\u00ed\u00ada de una verdadera maduraci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>e) Una catequesis orientada a la comunidad y al compromiso. La propia experiencia de la catequesis de adultos, vivida en el grupo catequ\u00e9tico, va iniciando en la vivencia comunitaria. Es este uno de los aspectos m\u00e1s significativos de la experiencia cristiana para el hombre de hoy, condenado a sufrir con frecuencia el ais lamiento y el anonimato de una sociedad mayoritariamente urbana y masificada. Esta experiencia comunitaria no es s\u00f3lo psicol\u00f3gicamente deseable, sino que es, sobre todo, un signo del reino de Dios, \u00abde la nueva manera de vivir, de vivir juntos, que inaugura el evangelio\u00bb (EN 23).<\/p>\n<p>Junto a la introducci\u00f3n en la experiencia comunitaria, la responsabilidad misionera es igualmente una caracter\u00ed\u00adstica y una meta de la actual catequesis de adultos. No busca con ella la Iglesia ampliar sus filas, sino servir a la misi\u00f3n hacia los de fuera, que tambi\u00e9n est\u00e1n destinados a conocer y a acoger en sus vidas el don de Dios.<\/p>\n<p>El estilo misionero no se traduce hoy tanto en un af\u00e1n conquistador cuanto en una capacitaci\u00f3n para la presencia testimonial en \u00e1mbitos marcados por el secularismo y la indiferencia, as\u00ed\u00ad como para el di\u00e1logo con personas que quiz\u00e1 viven y practican otros credos religiosos. La inculturaci\u00f3n de la fe tendr\u00e1 que realizarse hoy a trav\u00e9s de estas dif\u00ed\u00adciles mediaciones: la presencia como levadura en la masa en medio de la cultura profana y secular; el encuentro franco, respetuoso y tolerante con otros planteamientos filos\u00f3ficos y religiosos; la propuesta valiente de los valores evang\u00e9licos y de la fe cristiana como oferta de enriquecimiento capaz de humanizar el mundo presente.<\/p>\n<p>VII. Problemas abiertos de la catequesis de adultos<br \/>\nPrecisamente porque la pastoral catequ\u00e9tica con los adultos tiene lugar en una Iglesia viva y en camino, no puede pensarse que todos los problemas est\u00e9n resueltos. Los pastores y los agentes de pastoral deben afrontar las nuevas situaciones buscando aquellas respuestas que, en los momentos actuales, se vean m\u00e1s eficaces. Se presentan algunos de los problemas m\u00e1s urgentes entre nosotros.<\/p>\n<p>1. LA CATEQUESIS DE ADULTOS EN UN CONTEXTO POSCRISTIANO. La catequesis de adultos no puede considerarse como una acci\u00f3n pastoral independiente y v\u00e1lida por s\u00ed\u00ad misma, sino dentro de un proceso de renovaci\u00f3n de toda la pastoral de la Iglesia, en el esp\u00ed\u00adritu del Vaticano II y de las ense\u00f1anzas posteriores del magisterio. Toda catequesis tiene un antes y un despu\u00e9s. El antes es la primera evangelizaci\u00f3n y el despu\u00e9s la integraci\u00f3n en la comunidad cristiana adulta.<\/p>\n<p>En nuestra situaci\u00f3n de vieja cristiandad, o de cultura poscristiana, es necesario y urgente plantear, con toda apertura, el problema de la primera evangelizaci\u00f3n, que debe ser puerta de la primera adhesi\u00f3n de fe y de la conversi\u00f3n. Esta etapa es imprescindible y previa a la catequesis de adultos. Esta primera evangelizaci\u00f3n debe ir acompa\u00f1ada de signos que interpelen y den credibilidad al anuncio cristiano. La existencia o no de estos signos y su significatividad en nuestro contexto cultural es un reto de primera magnitud, si se quiere servir con eficacia a la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Junto a los signos, se hace tambi\u00e9n necesario capacitar a los agentes de la misi\u00f3n. La tarea de los adultos cristianos, de los militantes de movimientos apost\u00f3licos es, en este \u00e1mbito, urgente e imprescindible. Pero esa tarea demanda una formaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. El di\u00e1logo misionero tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas que es necesario conocer y cuyo ejercicio es necesario tambi\u00e9n aprender. Esta deficiencia de agentes formados para la misi\u00f3n en las fronteras de la fe es una carencia grave de nuestra Iglesia. Recientemente, la Santa Sede ha ofrecido dos Instrucciones sobre el di\u00e1logo que, aun teniendo objetivos diferentes a los que aqu\u00ed\u00ad se plantean, contienen orientaciones plenamente v\u00e1lidas para entablar un di\u00e1logo, en cuyo punto de mira est\u00e1 la propuesta de la fe4. Puede afirmarse que, en contextos poscristianos, el di\u00e1logo misionero del creyente con el alejado de la fe ocupa un lugar por derecho propio.<\/p>\n<p>2. Los DIVERSOS \u00abMODELOS\u00bb DE CATEQUESIS DE ADULTOS. As\u00ed\u00ad como en la Iglesia de los primeros siglos el catecumenado bautismal estaba profundamente vinculado a la Iglesia local y a la persona del obispo, en este \u00faltimo tercio del siglo XX, en el que se ha asistido a una gran expansi\u00f3n de la catequesis de adultos -sobre todo seg\u00fan el modelo y la inspiraci\u00f3n catecumenal- la pluralidad de planteamientos hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la unidad eclesial que tanto resplandeci\u00f3 en la antig\u00fcedad. Esta pluralidad nace de los diversos or\u00ed\u00adgenes de las experiencias catequ\u00e9ticas; de los diferentes contextos socioculturales en los que se han ido desarrollando; de las personas que las han inspirado; de los diferentes m\u00e9todos que se han utilizado y se siguen poniendo en pr\u00e1ctica. Hay que decir que esta pluralidad, siendo en s\u00ed\u00ad un valor y un signo de los tiempos en la Iglesia, puede contener el riesgo de una cerraz\u00f3n, de un particularismo o de una exclusividad, que siempre son negativos, si no se educa exquisitamente la actitud de comuni\u00f3n eclesial. Puede aceptarse sin reservas una variedad de m\u00e9todos catequ\u00e9ticos de inspiraci\u00f3n catecumenal, siempre que sea com\u00fan la imagen de Iglesia hacia la que se camina, es decir, siempre que haya una confluencia cordial y sincera en la eclesiolog\u00ed\u00ada. Esta eclesiolog\u00ed\u00ada no puede ser m\u00e1s que la ofrecida por la Lumen gentium. Si en alg\u00fan caso las divergencias se dan en este nivel, quiz\u00e1 se est\u00e9 no ante un pluralismo, sino ante un riesgo real de quiebra de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 entonces necesario hacer una reflexi\u00f3n desde la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia local y desde el obispo, como garante de la unidad, para comprender bien el sentido profundamente eclesial de la instituci\u00f3n del catecumenado y del lugar que deben ocupar los itinerarios de inspiraci\u00f3n catecumenal dentro de la vida de una di\u00f3cesis. Si no se tienen en cuenta estas referencias, las conclusiones pueden resultar distorsionadas.<\/p>\n<p>3. CRECIMIENTO DEL N\u00daMERO DE NI\u00ed\u2018OS Y ADOLESCENTES NO BAUTIZADOS. Un tipo especial de catequesis de adultos es el que comienza a hacerse com\u00fan en muchas parroquias: se trata de la catequesis de ni\u00f1os y adolescentes que no fueron llevados al bautismo por sus padres en el momento de nacer y solicitan el sacramento despu\u00e9s de haber adquirido el uso de raz\u00f3n. El RICA considera este caso en su cap\u00ed\u00adtulo V. Aparte del deber pastoral de atender estas situaciones -cada vez m\u00e1s numerosas, sobre todo en contextos urbanos- conviene hacer un planteamiento pastoral de m\u00e1s largo alcance. Esta catequesis hacia el bautismo puede dar lugar, no s\u00f3lo al resurgimiento de una renovada pastoral bautismal, sino a una intervenci\u00f3n importante de la comunidad en el proceso catecumenal, al estilo de los primeros siglos. En este contexto, es posible pensar tambi\u00e9n en una acci\u00f3n con los padres que, normalmente, ser\u00e1 de car\u00e1cter misionero. Sin olvidar que el acompa\u00f1amiento de los catec\u00famenos puede reportar al conjunto de la comunidad una verdadera renovaci\u00f3n, al replantearse los or\u00ed\u00adgenes de su propia fe. La Iglesia espa\u00f1ola ha desarrollado las orientaciones pastorales que se prev\u00e9n en el cap\u00ed\u00adtulo V del RICA en el documento La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, aprobado por la LXX asamblea plenaria de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola el 27 de noviembre de 1998. Creemos que, en previsi\u00f3n de los tiempos que se avecinan, este tipo de catequesis abre un camino de futuro que debe ser abordado con creatividad y con visi\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>4. LA PRESENCIA DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS EN EL PROYECTO PASTORAL DE LAS DI\u00ed\u201cCESIS. A pesar de los avances que se vienen dando en el campo de la catequesis de adultos, a\u00fan no se ha llegado a una aceptaci\u00f3n plena y normal del hecho de que la catequesis de adultos tiene un lugar propio e irrenunciable en el proyecto pastoral de una Iglesia particular (cf IC 126-127). Esto, que ser\u00ed\u00ada un signo claro -aunque no el \u00fanico- de que se va pasando de una pastoral de cristiandad a una pastoral misionera, no puede considerarse en absoluto alcanzado. Las acciones de catequesis de adultos son quiz\u00e1 obra de algunos pastores que lo han descubierto por su cuenta y son m\u00e1s sensibles al tema. La diversidad de itinerarios y la falta de un marco com\u00fan desconciertan a los menos seguros, que prefieren esperar a, que las cosas se clarifiquen. La dificultad y la lentitud de los comienzos, cuando no se tiene experiencia y quiz\u00e1 se cuenta con pocos o ning\u00fan catequista, lleva a bastantes al retraimiento por temor a lo desconocido. Se hace necesario, por tanto, en las Iglesias locales, optar claramente por la pastoral misionera, uno de cuyos pilares es la catequesis de adultos; promover la redacci\u00f3n de un proyecto-marco de catequesis de adultos que, asumido y propuesto por el obispo diocesano, se convierta en referencia necesaria y com\u00fan para todas las acciones en este \u00e1mbito; acometer la preparaci\u00f3n paciente y concienzuda de catequistas que se vayan capacitando para ser acompa\u00f1antes de otros adultos en su camino de fe; abordar la concienciaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros sobre su papel propio en la catequesis de adultos y sobre la originalidad de su aportaci\u00f3n a la misma, distinta de la de los catequistas; finalmente, trabajar en la renovaci\u00f3n constante de las comunidades cristianas, de modo que puedan llegar a ser el ambiente espont\u00e1neo y cordial en el que se vayan integrando los adultos que terminan sus procesos catequ\u00e9ticos y se disponen a ejercer de cristianos apoyados en y por su comunidad.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Disponemos, en primer lugar, del nuevo Directorio general para la catequesis (DGC), publicado el 15 de agosto 1997, que debe ser considerado como la actualizaci\u00f3n y propuesta autorizada de toda la doctrina catequ\u00e9tica elaborada por la Iglesia desde la publicaci\u00f3n del anterior Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (Directoriurn Catechisticum Generale, DCG), de 1971. Se tiene en cuenta tambi\u00e9n el documento La catequesis de adultos en la comunidad cristiana, publicado por el Consejo Internacional de Catequesis, en la pascua de 1990. Con referencia a la Iglesia espa\u00f1ola, hay que mencionar las Orientaciones pastorales sobre la catequesis de adultos, de diciembre de 1990, y La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, de noviembre de 1998, donde la Conferencia episcopal aplica a la realidad espa\u00f1ola el contenido del Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos (RICA). &#8211; 2 Pueden consultarse al respecto, con una orientaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica hacia la catequesis de adultos: CENTRO NACIONAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA RELIGIOSA DE FRANCIA, Formaci\u00f3n cristiana de adultos, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1989, II Parte; E. ALBERICH-A. BINZ, Catequesis de adultos, CCS, Madrid 1994, cap. 4. &#8211; 3 En el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (DCG), de 1971, puede encontrarse una descripci\u00f3n muy detallada de la madurez de fe, que contin\u00faa teniendo plena vigencia para evaluar la eficacia de un proceso de catequesis de adultos (DCG 21-30). &#8211; 4 Se trata de las orientaciones sobre \u00abdi\u00e1logo y misi\u00f3n\u00bb, del Secretariado para los no cristianos, de 1984 (traducci\u00f3n de los Secretariados de Catequesis del Sur, M\u00e1laga 1993), y del documento \u00abDi\u00e1logo y anuncio\u00bb del Pontificio Consejo para el di\u00e1logo interreligioso y la Congregaci\u00f3n para la evangelizaci\u00f3n de los pueblos (Ecclesia 2547 [28 septiembre 1991] 25-42).<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH E.-BINz A., Catequesis de adultos, CCS, Madrid 1994; Formas y modelos de catequesis con adultos, CCS, Madrid 1996; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; CONSEJO INTERNACIONAL PARA LA CATEQUESIS, La catequesis de adultos en la comunidad cristiana, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1990; FLORIST\u00ed\u0081N C., Para comprender el catecumenado, Verbo Divino, Estella 1989; GIGUERE P., Una fe adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la fe, Sal Terrae, Santander 1995; SECRETARIADOS DE CATEQUESIS DE LAS DI\u00ed\u201cCESIS DEL SUR, Catequesis misionera en Andaluc\u00ed\u00ada. Criterios para una catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal con adultos, en Actualidad catequ\u00e9tica 159 (1993) 131-143.<\/p>\n<p>Antonio M\u00c2\u00b0. Alcedo Ternero<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El adulto y la edad adulta. II. La catequesis de adultos en el actual momento pastoral. III. Principales aspectos pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticos. IV. Las metas de la catequesis de adultos: 1. La madurez de la fe; 2. La creaci\u00f3n y el crecimiento de comunidades cristianas adultas. V. Los lugares de la catequesis de adultos: 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-catequesis-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abADULTOS, CATEQUESIS DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16965","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16965","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16965"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16965\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16965"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16965"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16965"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}