{"id":16966,"date":"2016-02-05T11:03:26","date_gmt":"2016-02-05T16:03:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agentes-de-la-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:26","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:26","slug":"agentes-de-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agentes-de-la-catequesis\/","title":{"rendered":"AGENTES DE LA CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El Agente divino: el Esp\u00ed\u00adritu Santo. II. Los agentes eclesiales: 1. La comunidad cristiana (la Iglesia); 2. El obispo. El papa; 3. Los presb\u00ed\u00adteros; 4. Los laicos: los padres; los catequistas laicos; 5. Los religiosos; 6. Los responsables diocesanos; 7. Los catequetas.<\/p>\n<p>I. El Agente divino: el Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\n(EN 75; CT 73; DV 58-60, ChL 61; DGC 42-45 y 288; CC 108 y 182-194; IC 11)<br \/>\nLa catequesis, antes que tarea humano-eclesial, es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El es \u00abel agente principal de la evangelizaci\u00f3n\u00bb (EN 75) y \u00abel principio inspirador de toda obra catequ\u00e9tica y de los que la realizan\u00bb (CT 73).<\/p>\n<p>Sin pretender desarrollar un esquema teol\u00f3gico completo de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, indicamos algunos de los aspectos m\u00e1s significativos para el tema que nos ocupa1:<br \/>\na) Una lectura atenta de los evangelios nos hace descubrir la presencia constante del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la vida y misi\u00f3n de Jesucristo, evangelio de Dios, primer evangelizador y modelo de evangelizadores (cf EN 7): la encarnaci\u00f3n del Verbo en las entra\u00f1as de Mar\u00ed\u00ada acontece \u00abpor obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico [cf Lc 1,35]), el Esp\u00ed\u00adritu unge a Jes\u00fas (cf Mc 1,9-11par.; Lc 4,18; He 10,38), lo impulsa al desierto (cf Mc 1,12par.) y lo acompa\u00f1a a lo largo de su vida p\u00fablica, de modo que Jes\u00fas predica y act\u00faa \u00abimpulsado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Lc 4,14; cf Lc 10,21; Jn 3,34). Jes\u00fas promete que, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, enviar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu a los creyentes (cf Jn 7,37-39; 16,7) y lo da efectivamente a los ap\u00f3stoles (cf Jn 20,22). Cf DV 15-24.<\/p>\n<p>b) El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el verdadero protagonista igualmente de la evangelizaci\u00f3n y del crecimiento de la Iglesia. El libro de los Hechos est\u00e1 jalonado de referencias al Esp\u00ed\u00adritu Santo como el aut\u00e9ntico art\u00ed\u00adfice (agente) de la expansi\u00f3n de la fe en Jesucristo por medio de los evangelizadores: desciende sobre los ap\u00f3stoles el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s (cf He 2,1-4) y en su fuerza anuncian a Jesucristo resucitado (cf He 2,16ss.), conduce a Pedro a casa del pagano Cornelio, abriendo as\u00ed\u00ad las puertas de la Iglesia a los no jud\u00ed\u00ados (cf He 11,12), env\u00ed\u00ada a Bernab\u00e9 y Pablo a la misi\u00f3n a los gentiles (cf He 13,2), es el art\u00ed\u00adfice de las grandes decisiones eclesiales (cf He 15,28), etc. El Esp\u00ed\u00adritu Santo fue y sigue siendo \u00abel protagonista de toda la misi\u00f3n eclesial\u00bb (RMi 21; cf CCE 852, DV 25ss).<\/p>\n<p>c) En la vida de la comunidad cristiana, el Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene la misi\u00f3n de ense\u00f1ar y recordar a los creyentes todo lo que ha dicho Jes\u00fas (cf Jn 14,26). \u00abLas palabras ense\u00f1ar y recordar significan no s\u00f3lo que el Esp\u00ed\u00adritu, a su manera, seguir\u00e1 inspirando la predicaci\u00f3n del evangelio de salvaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n ayudar\u00e1 a comprender el justo significado del contenido del mensaje de Cristo, asegurando su continuidad e identidad de comprensi\u00f3n en medio de las condiciones y circunstancias mutables. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, pues, har\u00e1 que en la Iglesia perdure siempre la misma verdad que los ap\u00f3stoles oyeron de su Maestro\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n definitiva del Padre nos ha sido entregada en Jesucristo, Mes\u00ed\u00adas, Se\u00f1or y Redentor; en este sentido, la obra de la redenci\u00f3n, la evangelizaci\u00f3n y la fe ser\u00e1n siempre cristoc\u00e9ntricas. Pero se trata de un \u00abcristocentrismo trinitario\u00bb (DGC 99), siendo el Esp\u00ed\u00adritu Santo el que, por un lado, posibilita en la Iglesia la memoria viva de Jes\u00fas, fielmente conservada y transmitida y, por otro, \u00abvivifica esta ense\u00f1anza, haciendo que no se reduzca a simples y abstractas enunciaciones de verdades, sino que sea esp\u00ed\u00adritu y vida, revelaci\u00f3n de un rostro, el de Cristo, imagen del Padre\u00bb2.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa as\u00ed\u00ad en el creyente como \u00abMaestro interior que, en la intimidad de la conciencia y del coraz\u00f3n, hace comprender lo que se hab\u00ed\u00ada entendido, pero que no se hab\u00ed\u00ada sido capaz de captar plenamente\u00bb (CT 72), de modo que el conocimiento de la fe se haga verdaderamente sapiencial, \u00ed\u00adntimo, vital, comuni\u00f3n, confesi\u00f3n y testimonio. Este es el sentido profundo de la afirmaci\u00f3n paulina: \u00abNadie puede decir \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb, si no es movido por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Cor 12,3). \u00abS\u00f3lo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (CCE 154; cf DV 5).<\/p>\n<p>Como escribe L. Gonz\u00e1lez-Carvajal, \u00abla tradici\u00f3n espiritual y teol\u00f3gica de Occidente -san Agust\u00ed\u00adn, san Gregorio Magno, la Imitaci\u00f3n de Cristo&#8230;- ha cultivado un tema&#8230;: el del maestro interior. Hace falta, desde luego, un maestro exterior que evangelice y ense\u00f1e; pero ello no servir\u00ed\u00ada de nada si un maestro interior no facilitara la comprensi\u00f3n de la palabra exterior. Este maestro interior -no hace falta decirlo- es el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De ah\u00ed\u00ad la antiqu\u00ed\u00adsima costumbre, practicada ya por san Juan Cris\u00f3stomo, de invocar al Esp\u00ed\u00adritu Santo antes de comenzar la predicaci\u00f3n\u00bb3. Como maestro interior, el Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa tanto en el evangelizador-catequista como en el evangelizado-catec\u00fameno:<br \/>\n&#8211; En el evangelizador-catequista, ayud\u00e1ndole a proponer no su propia palabra sino la \u00fanica Palabra de salvaci\u00f3n y vida, Jesucristo, y haciendo que puedan unificarse en la persona del evangelizador la ense\u00f1anza y el testimonio, de modo que el acto de evangelizar-catequizar no sea mera exposici\u00f3n de doctrinas sino testimonio de fe y servicio a la fe. Para ello es necesario que el evangelizador se abra, mediante la oraci\u00f3n, a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para ser de esta manera su \u00abinstrumento vivo y d\u00f3cil\u00bb (CT 72).<\/p>\n<p>&#8211; En el evangelizado-catec\u00fameno, ilumin\u00e1ndolo y disponi\u00e9ndolo a acoger el don de la fe como adhesi\u00f3n vital a Jesucristo (conversi\u00f3n y seguimiento), a comprender sapiencialmente su mensaje y a confesarlo con la palabra y la vida, realizando en el iniciado-bautizado la cristificaci\u00f3n o configuraci\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>d) El Esp\u00ed\u00adritu hace testigos: \u00abEl dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u00ad. Y vosotros tambi\u00e9n lo dar\u00e9is\u00bb (Jn 15,26ss; cf He 1,8). Finalidad de la catequesis es hacer testigos del Resucitado, cristianos maduros en su fe y en su responsabilidad apost\u00f3lica. \u00abLa catequesis, que es crecimiento de la fe y maduraci\u00f3n de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, obra que s\u00f3lo \u00e9l puede suscitar y alimentar en la Iglesia\u00bb (CT 72).<br \/>\ne) El Esp\u00ed\u00adritu suscita los carismas y ministerios en la Iglesia, llamados \u00abdones espirituales\u00bb (1Cor 12,1; cf Rom 12,6-8), entre los que est\u00e1n el de la predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza de la fe y el \u00abministerio de la catequesis\u00bb (CT 13; DGC 219; cf CCE 797-801). En este sentido, la Iglesia, agente de la evangelizaci\u00f3n, es previamente obra del Esp\u00ed\u00adritu, que la configura como comunidad carism\u00e1tica y ministerial para poder vivir y ofrecer al mundo el evangelio de Jesucristo.<\/p>\n<p>f) El Esp\u00ed\u00adritu Santo y los sacramentos: en la catequesis, especialmente en la de iniciaci\u00f3n, la referencia a los sacramentos y a la liturgia es esencial. Tambi\u00e9n desde esta perspectiva, el Esp\u00ed\u00adritu Santo entra en acci\u00f3n en el proceso catequ\u00e9tico, puesto que la liturgia es \u00abobra com\u00fan del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la Iglesia\u00bb (CCE 1091ss.)4.<\/p>\n<p>II. Los agentes eclesiales<br \/>\n1. LA COMUNIDAD CRISTIANA (LA IGLESIA) (EN 59ss.; DGC 78ss., 105 y 219ss.; CC 266; CAd 107-110; CCE 863ss). \u00abLa obra de la evangelizaci\u00f3n es deber fundamental del pueblo de Dios\u00bb (AG 35). \u00abEvangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial&#8230; La Iglesia es toda ella evangelizadora\u00bb (EN 60). \u00abLa iniciaci\u00f3n cristiana en el catecumenado no deben procurarla solamente los catequistas o sacerdotes, sino toda la comunidad de fieles&#8230;\u00bb (AG 14). \u00abLa catequesis ha sido siempre y seguir\u00e1 siendo una obra de la que la Iglesia entera debe sentirse y querer ser responsable\u00bb (CT 16). \u00abLa catequesis es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana\u00bb (DGC 220).<\/p>\n<p>Esta insistencia, reflejada en este pu\u00f1ado de textos significativos, nos hace mirar a la Iglesia entera como el gran agente y responsable primero de la catequesis. Toda la Iglesia ha recibido la misi\u00f3n de anunciar el evangelio a todos los hombres (cf EN 59, ChL 35) y de educar en la fe a sus propios miembros (cf ChL 61). Esta doble tarea (anuncio del evangelio hacia fuera y dentro de la comunidad, anuncio misionero, afianzamiento y desarrollo catequ\u00e9tico) es compartida por la comunidad entera, si bien \u00absus miembros tienen responsabilidades diferentes, derivadas de la misi\u00f3n de cada uno\u00bb (CT 16).<\/p>\n<p>a) Unidad de misi\u00f3n, variedad ministerial. \u00abHay en la Iglesia variedad de ministerios pero unidad de misi\u00f3n\u00bb (AA 2). Esta frase lapidaria del Vaticano II, unida a otras afirmaciones similares sobre todo de LG y AG adem\u00e1s del propio AA, sienta las bases de la corresponsabilidad evangelizadora y apost\u00f3lica de todo el pueblo de Dios, part\u00ed\u00adcipe de la misma tarea de Jesucristo. Jesucristo es el Enviado del Padre. En multitud de textos evang\u00e9licos y de otros escritos neotestamentarios se expresa la conciencia de que Jes\u00fas es enviado, mejor, el enviado definitivo y revelador pleno de Dios, en continuidad con los dem\u00e1s enviados genuinos de la historia de la salvaci\u00f3n (sobre todo, los profetas), pero con una relevancia excepcional y \u00fanica (cf Heb 1,1-4). La clave de env\u00ed\u00ado-misi\u00f3n es fundamental para entender la vida y la obra de Jes\u00fas (cf LG 3). Esta misi\u00f3n o env\u00ed\u00ado engloba toda la obra salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo: revelaci\u00f3n del Padre, el Reino manifestado en hechos y palabras, predicaci\u00f3n, signos, liberaci\u00f3n, redenci\u00f3n, vida eterna&#8230;<\/p>\n<p>De este env\u00ed\u00ado de Jesucristo nace el env\u00ed\u00ado de la Iglesia: \u00abComo el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo a vosotros\u00bb (Jn 20,21; cf LG 17). La misi\u00f3n de la Iglesia hemos de entenderla, ante todo, en sentido global, como servicio a la obra salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo. As\u00ed\u00ad la entiende el Concilio, como tarea global y total de la Iglesia: \u00abLa Iglesia ha nacido con la finalidad de propagar el reino de Cristo por toda la tierra para gloria de Dios Padre y, de esta forma, hacer part\u00ed\u00adcipes a todos los hombres de la redenci\u00f3n salvadora\u00bb (AA 2). La misi\u00f3n es, pues, todo aquello para lo que la Iglesia ha sido constituida y existe, su raz\u00f3n de ser y su tarea, en cuanto \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb en medio de la historia (cf LG 48).<\/p>\n<p>La misi\u00f3n se define sustancialmente en t\u00e9rminos de evangelizaci\u00f3n, entendida tambi\u00e9n de manera amplia y completa como anuncio de la buena noticia, testimonio, transformaci\u00f3n de la humanidad&#8230; (cf EN 17ss).<\/p>\n<p>En esta tarea-misi\u00f3n, que el Concilio llama tambi\u00e9n apostolado, participa todo cristiano por el hecho de serlo: \u00abSe impone a todos los cristianos la obligaci\u00f3n gloriosa de colaborar para que todos los hombres, en todo el mundo, conozcan y acepten el mensaje divino de la salvaci\u00f3n\u00bb (AA 3; cf LG 17). Esta responsabilidad, compartida con los dem\u00e1s miembros del pueblo de Dios, nace de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n (bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada [cf AA 3]), entendidos como una unidad5.<\/p>\n<p>Siendo fieles a la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar, podemos hacer estas dos afirmaciones fundamentales: 1) toda la Iglesia es portadora y responsable de la misi\u00f3n, que es su raz\u00f3n de ser y su tarea; 2) la comunidad cristiana realiza esto mediante una variedad de carismas o dones (cf LG 12, 32; AA 3), que se configuran como ministerios (en sentido amplio de servicios, tareas y funciones).<\/p>\n<p>b) Toda la Iglesia es apost\u00f3lica. En el s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano afirmamos: \u00abCreo en la Iglesia&#8230; apost\u00f3lica\u00bb. Podemos entender la apostolicidad en la Iglesia de dos maneras o a dos niveles: como apostolicidad de toda la Iglesia y como sucesi\u00f3n en el ministerio apost\u00f3lico (obispos)6. Como escribe Y. Congar, \u00abel principio de la apostolicidad exist\u00ed\u00ada, desde el origen, en la concepci\u00f3n que se ten\u00ed\u00ada de la Iglesia como comunidad comenzada en los ap\u00f3stoles, pero llamada a una extensi\u00f3n y a una duraci\u00f3n indefinida, de manera que la Iglesia no sea otra cosa que la dilataci\u00f3n, por as\u00ed\u00ad decir, del primer n\u00facleo apost\u00f3lico\u00bb7.<\/p>\n<p>Volviendo al tema de la misi\u00f3n, uni\u00e9ndolo al de la apostolicidad, podemos afirmar que el env\u00ed\u00ado pospascual de los once (cf Mt 28,16-20) se refiere, por supuesto, a ellos en primer lugar, pero tambi\u00e9n a todos los disc\u00ed\u00adpulos, presentes y futuros, representados en ellos en cuanto germen del nuevo pueblo de Dios. En este sentido, es un env\u00ed\u00ado de la Iglesia entera, toda ella enviada y toda ella apost\u00f3lica, en cuanto que est\u00e1 fundada sobre los ap\u00f3stoles y participa de la misi\u00f3n a ellos confiada (cf CCE 857, 863ss). De hecho, la Iglesia siempre ha entendido las palabras \u00abId y anunciad el evangelio\u00bb como dichas para toda ella y como un encargo v\u00e1lido para todos los tiempos.<\/p>\n<p>Esta apostolicidad de todo el cuerpo eclesial no se puede separar de la del ministerio apost\u00f3lico de los obispos (y, en su medida, de todo ministerio ordenado), ministerio que tiene en la Iglesia la funci\u00f3n de salvaguardar (velar por, \u00e9piskopein) la fidelidad de la Iglesia a su Se\u00f1or y a la ense\u00f1anza que de \u00e9l nos viene por medio de los ap\u00f3stoles8.<\/p>\n<p>El Vaticano II utiliza frecuentemente la palabra apostolado para referirse a la responsabilidad de todos los miembros, especialmente de los fieles laicos, en la \u00fanica misi\u00f3n eclesial: \u00abLa vocaci\u00f3n cristiana, por su misma naturaleza, es tambi\u00e9n vocaci\u00f3n al apostolado\u00bb (AA 2).<\/p>\n<p>c) Pueblo prof\u00e9tico, sacerdotal y real. El triple oficio o munus de Cristo profeta, sacerdote y rey es participado por el cristiano en virtud de su incorporaci\u00f3n a Cristo por los sacramentos de la iniciaci\u00f3n (cf LG 10-13, 34-36)9. \u00abLos tres oficios responden a las tres acciones fundamentales a trav\u00e9s de las cuales la Iglesia vive, se edifica y cumple su misi\u00f3n\u00bb10. Esta participaci\u00f3n en el triple oficio no es meramente pasiva, sino que tiene que ser ejercida en la vida concreta cristiana11. El Vaticano II habla de una triple tarea\/exigencia, que primero es don y gracia, derivada de la triple participaci\u00f3n bautismal12:<br \/>\n&#8211; Tarea evangelizadora (oficio prof\u00e9tico): Hacia fuera: todo cristiano est\u00e1 \u00abobligado a confesar delante de los hombres la fe recibida de Dios por medio de la Iglesia\u00bb (LG 11, cf AA 6) mediante el testimonio de la vida y la palabra (cf LG 35); y al interior de la propia comunidad cristiana (se cita concretamente el servicio de la catequesis [cf AA 10, 24]).<\/p>\n<p>&#8211; Tarea santificadora: en los distintos \u00e1mbitos de la vida, a trav\u00e9s del consejo, el servicio de la reconciliaci\u00f3n, la caridad, etc. (servicio mediador), mediante el \u00abculto espiritual\u00bb (LG 11), por el que todo cristiano ofrece su propia existencia \u00abcomo sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios, como culto aut\u00e9ntico\u00bb (Rom 12,1; cf 1Pe 2,5), as\u00ed\u00ad como por su participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia, especialmente de la eucarist\u00ed\u00ada, en la que no s\u00f3lo los ministros ordenados sino todos pueden asumir servicios concretos y deben participar activamente (cf AA 6, 24; SC 14, 26ss).<\/p>\n<p>&#8211; Tarea regia, de conducci\u00f3n de las realidades de la vida y de la historia \u00aben la justicia, el amor y la paz\u00bb (LG 36; cf AA 7), en sinton\u00ed\u00ada con los valores del reino de Dios. Esta responsabilidad, compartida por todos los cristianos (pues la Iglesia entera est\u00e1 en medio del mundo al servicio del Reino, y en este sentido todo el pueblo de Dios es secular13), es especialmente propia de los fieles laicos, que \u00abtienen como vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica el buscar el reino de Dios ocup\u00e1ndose de las realidades temporales y orden\u00e1ndolas seg\u00fan Dios\u00bb (LG 31), ya que su vida se desarrolla normalmente en medio de las profesiones y actividades del mundo, en la vida familiar y social.<\/p>\n<p>d) La catequesis, ministerio eclesial. Dentro del ministerio prof\u00e9tico de la Iglesia, pero referido en realidad a todas sus dimensiones, destaca el de la catequesis14. CT 13 utiliza la expresi\u00f3n \u00abministerio de la catequesis\u00bb, por su importancia y significaci\u00f3n en y para la Iglesia. Es un ministerio esencial, que tiene que ver con toda la vida de la Iglesia (anuncio de la palabra, celebraci\u00f3n sacramental y lit\u00fargica, vida de caridad y testimonio&#8230;) y en \u00e9l est\u00e1 implicada toda la comunidad cristiana. \u00abLa catequesis ha de ponernos en contacto con todo el misterio de la salvaci\u00f3n, tal como la comunidad cristiana lo proclama, lo celebra y io vive\u00bb15.<\/p>\n<p>Ya hemos dicho c\u00f3mo, seg\u00fan el Vaticano II, el anuncio misionero, mediante el testimonio de vida y la confesi\u00f3n de la fe ante los dem\u00e1s, es responsabilidad de todo bautizado-confirmado, es decir, de todo cristiano iniciado incorporado a Cristo: \u00abTodos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo han recibido el encargo de extender la fe seg\u00fan sus posibilidades\u00bb (LG 17, 33). \u00abSe impone a todos los cristianos la obligaci\u00f3n gloriosa de colaborar para que todos los hombres, en todo el mundo, conozcan y acepten el mensaje divino de la salvaci\u00f3n\u00bb (AA 3). En l\u00f3gica consecuencia, ning\u00fan miembro de la comunidad cristiana debe sentirse ajeno a la tarea que contin\u00faa la obra de la evangelizaci\u00f3n primera, en el seno de la comunidad: el catecumenado y la catequesis.<\/p>\n<p>Por tanto, aunque no todos los miembros intervengan en la tarea catequ\u00e9tica directamente, son responsables, en cuanto miembros de la comunidad, de una acci\u00f3n que es \u00abde toda la Iglesia\u00bb (CT 16) y que es, adem\u00e1s, una de sus acciones esenciales. Lo hacen as\u00ed\u00ad mediante su testimonio personal y comunitario, su contribuci\u00f3n activa a la frescura y vigor evang\u00e9licos de la comunidad, la oraci\u00f3n por los catec\u00famenos y los catequistas, su disposici\u00f3n a ejercer el servicio de la catequesis si tienen la capacitaci\u00f3n adecuada y son requeridos para ello, el inter\u00e9s por los distintos servicios eclesiales, etc.<\/p>\n<p>Se pone as\u00ed\u00ad de manifiesto el car\u00e1cter materno de toda la Iglesia que inicia y acoge, gesta para la fe, da a luz a los nuevos cristianos y los acompa\u00f1a en su crecimiento (cf DGC 79). Estos nacen y crecen en la fe de la Iglesia: \u00abla de los ap\u00f3stoles, que la recibieron del mismo Cristo y de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; la de los m\u00e1rtires, que la confesaron y la confiesan con su sangre; la de los santos, que la vivieron y viven en profundidad; la de los Padres y doctores de la Iglesia, que la ense\u00f1aron luminosamente; la de los misioneros, que la anuncian sin cesar; la de los te\u00f3logos, que ayudan a comprenderla mejor; la de los pastores, en fin, que la custodian con celo y amor y la ense\u00f1an e interpretan aut\u00e9nticamente\u00bb (DGC 105).<\/p>\n<p>Hablar de la fe de la Iglesia no significa negar que la fe es, ante todo, don de Dios y tambi\u00e9n respuesta personal de cada creyente. Quiere decir que es en la Iglesia y por medio de ella, iluminada y guiada constantemente por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, donde encontramos a Jesucristo verazmente (aut\u00e9nticamente) y nos encontramos con \u00e9l (fe como experiencia y encuentro interpersonales, fe como conversi\u00f3n). La fe en Dios, en Jesucristo, en la Trinidad&#8230; es la fe de la Iglesia, en el sentido de que es la fe que la convoca desde los tiempos de los ap\u00f3stoles, que ella profesa, de la que vive y para cuyo servicio y anuncio existe.<\/p>\n<p>La Iglesia, salvando la acci\u00f3n primordial del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como hemos visto antes, es agente (no en el sentido de creadora y dadora sino como pedagoga de la fe y servidora del encuentro salvador, tanto del catec\u00fameno con Cristo como de Cristo con el catec\u00fameno) y lugar o \u00e1mbito divino-humano del nacimiento, crecimiento y vivencia de la fe. Es agente y lugar de la catequesis.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n catequesis-comunidad a\u00fan tiene otros acentos, que indicaremos brevemente: la comunidad se refuerza y crece continuamente en el servicio catequ\u00e9tico, y recibe de \u00e9l y de los catec\u00famenos que van creciendo en la fe y en la vivencia comunitaria nuevo vigor y savia nueva (cf DGC 219, 221); la catequesis, para ser aut\u00e9ntica, exige a la comunidad un esfuerzo permanente de autenticidad comunitaria, si ha de ser verdadero hogar de los nuevos cristianos y de los cristianos que est\u00e1n creciendo en su fe, ya que la catequesis no puede \u00abcapacitar al cristiano para vivir en comunidad\u00bb (DGC 86) si esta no existe o existe muy debilitadamente; la comunidad es tambi\u00e9n meta de la catequesis, a la que tiende y en la que desemboca el cristiano iniciado para, en ella y con ella, seguir creciendo y viviendo su fe, en la koinon\u00ed\u00ada de la Iglesia (cf CT 24).<\/p>\n<p>En suma, la responsabilidad de la comunidad en la catequesis es doble: \u00abatender a la formaci\u00f3n de sus miembros&#8230; y acogerlos en un ambiente donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido\u00bb (CT 24). Cf CC 254-265; CAd 125-132.<\/p>\n<p>e) La Iglesia particular (ChL 25ss.; DGC 217ss.; CC 290-295; CAd 115-124). No es uniforme el modo de expresarse los te\u00f3logos a la hora de utilizar la terminolog\u00ed\u00ada Iglesia particular e Iglesia local. Aqu\u00ed\u00ad utilizamos la propuesta en el DGC (nota 1 al n. 217), donde Iglesia par<\/p>\n<p>ticular significa di\u00f3cesis, y evitamos el uso de Iglesia local, que unos aplican a las comunidades cristianas dentro de la Iglesia particular16 y otros, como el DGC, a la agrupaci\u00f3n de Iglesias particulares, realidad esta que otros llaman Iglesia regional17.<\/p>\n<p>La Iglesia en su plenitud, en cuanto a los elementos constitutivos esenciales, solamente se realiza en la Iglesia universal y en la Iglesia particular o di\u00f3cesis. La Iglesia universal se entiende como \u00abcuerpo de las Iglesias\u00bb (LG 23) o \u00abla comuni\u00f3n de las Iglesias particulares\u00bb18 y en cada una de estas, a su vez, \u00abest\u00e1 verdaderamente presente y act\u00faa la Iglesia de Cristo, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb (CD 11). Existe, adem\u00e1s, una pluralidad de comunidades de fieles que tambi\u00e9n son llamadas Iglesias (cf LG 26), siempre que est\u00e9n unidas a sus pastores y presididas por el ministerio pastoral; ser\u00ed\u00ada lo que llamamos parroquias y otras comunidades cristianas con distintas apelaciones (peque\u00f1as comunidades, comunidades eclesiales de base, etc).<\/p>\n<p>Los elementos constitutivos de la Iglesia particular, seg\u00fan la definici\u00f3n de CD 11, son: 1) el pueblo de Dios (una porci\u00f3n del mismo, porque el pueblo de Dios entero es la Iglesia universal); 2) el Esp\u00ed\u00adritu Santo (creador y configurador de la eccles\u00ed\u00ada o convocaci\u00f3n de los creyentes); 3) el evangelio (la palabra de Dios cuyo culmen es Jesucristo); 4) la eucarist\u00ed\u00ada (en cuanto sacramento primordial de la koinon\u00ed\u00ada o comuni\u00f3n eclesial), y 5) el ministerio apost\u00f3lico del obispo junto con su presbiterio19. (Cf CC 290ss).<\/p>\n<p>El Directorio general para la catequesis, en su quinta parte, sit\u00faa la catequesis en cuanto ministerio eclesial en el marco de la Iglesia particular, destacando as\u00ed\u00ad la relevancia de esta como agente, lugar y meta de la catequesis. La Iglesia particular es, en efecto, el espacio eclesial completo, o Iglesia en sentido pleno, m\u00e1s inmediato para nacer a la fe y vivirla.<\/p>\n<p>Dentro de la Iglesia particular destacan, entre otras comunidades cristianas, las parroquias (cf SC 42); el destacan es del propio Concilio, lo que indica una cierta primac\u00ed\u00ada de las parroquias sobre otras comunidades cristianas en el seno de la Iglesia particular (cf ChL 26). Las parroquias han tenido hist\u00f3ricamente, y siguen teniendo, una relevancia grande en la configuraci\u00f3n y organizaci\u00f3n pastoral de la Iglesia, en general, y en lo que se refiere a la iniciaci\u00f3n cristiana y, por tanto, a la catequesis en particular (cf CT 67; DGC 257). La pila bautismal y el altar son los signos visibles de este encargo que la Iglesia particular conf\u00ed\u00ada especialmente a la comunidad parroquial, esto es, la tarea materna participada de la di\u00f3cesis de gestar nuevos cristianos20. Aun en aquellos casos en que la catequesis, por las razones v\u00e1lidas que sean, se desarrolla en otros \u00e1mbitos comunitarios (colegios, movimientos, etc.), estos deben sentirse muy integrados en el ministerio catequ\u00e9tico de la Iglesia particular, normalmente a trav\u00e9s de su inserci\u00f3n en la parroquia y\/ o en el arciprestazgo (cf CT 67; cf CC 268-271).<\/p>\n<p>f) La catequesis, \u00abresponsabilidad diferenciada pero com\u00fan\u00bb. Este ministerio de la catequesis o acci\u00f3n de gestar a la fe e iniciar en la vida cristiana es realizado por la Iglesia seg\u00fan su propia estructura carism\u00e1tico-ministerial. Catequizar es, de esta manera, \u00abuna responsabilidad diferenciada pero com\u00fan\u00bb (CT 16) o, lo que es lo mismo, com\u00fan aunque diferenciada. Com\u00fan: de todos, ya que toda la Iglesia es portadora del encargo del Se\u00f1or de anunciar el evangelio; diferenciada: no de todos de la misma manera, sino seg\u00fan la din\u00e1mica y estructura carism\u00e1tica y ministerial propia de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. EL OBISPO. EL PAPA (EN 68; CT 63; DGC 222ss; CCE 874-896; CC 314; CAd 234; CF 43-46; IC 15-16). En el ministerio de la catequesis en la Iglesia particular, tiene el obispo, en virtud de su ministerio apost\u00f3lico, un papel insustituible. El no puede realizar solo el ministerio de la catequesis, pero este no puede ser realizado sin \u00e9l.<\/p>\n<p>a) Ense\u00f1anza y garant\u00ed\u00ada de la verdad. Entre las funciones del obispo sobresale la de ense\u00f1ar (cf CD 12), no una verdad abstracta, sino una \u00abdoctrina de vida\u00bb (CT 63), la Verdad de la salvaci\u00f3n de Jesucristo. Ense\u00f1ar equivale a anunciar el mensaje de manera autorizada, con la autoridad que le viene del ministerio apost\u00f3lico. \u00abLa sucesi\u00f3n apost\u00f3lica est\u00e1 constituida, como apostolicidad formal, por la conservaci\u00f3n de la doctrina transmitida desde los ap\u00f3stoles\u00bb21<br \/>\nSe trata, fundamentalmente, de la garant\u00ed\u00ada de estar en comuni\u00f3n de vida y de fe con lo que la Iglesia recibi\u00f3 de los ap\u00f3stoles, su testimonio veraz acerca del Se\u00f1or Jes\u00fas (cf He 16,32). El \u00abcarisma cierto de la verdad\u00bb (charisma veritatis certum, san Ireneo22), recibido por el obispo, es un don para toda la comunidad, no separable, ciertamente, del sensus fidei del conjunto de los creyentes, sino a su servicio, como garant\u00ed\u00ada de permanencia en la tradici\u00f3n viva de la Iglesia (cf LG 12). Este aspecto de garant\u00ed\u00ada de eclesialidad es fundamental, puesto que el iniciado lo es, como dijimos arriba, en la fe de la Iglesia, no en la fe de nadie en particular, para confesar la fe com\u00fan: \u00abUn solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios, padre de todos\u00bb (Ef 4,5). La catequesis, sobre todo la de iniciaci\u00f3n, por transmitir los fundamentos comunes de la fe y de la vida cristiana, es la forma eclesial por excelencia de la educaci\u00f3n de la fe, y hasta tiene cierto car\u00e1cter de oficialidad en la Iglesia que no revisten otras formas m\u00e1s opcionales y coyunturales de educaci\u00f3n permanente de la fe, que tambi\u00e9n son eclesiales.<\/p>\n<p>b) Ministerio de comuni\u00f3n. Los obispos participan, en cuanto miembros del colegio episcopal, de la solicitud por todas las Iglesias (cf CD 6) y ayudan con su ministerio a afianzar en los miembros de sus Iglesias particulares la conciencia de pertenecer a un pueblo de Dios universal, ense\u00f1ando \u00aba todos los fieles a amar a todo el Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo\u00bb (LG 23). A la vez, son v\u00ed\u00adnculo de comuni\u00f3n al interior de la propia di\u00f3cesis, por su ministerio de presidencia de la entera comunidad diocesana.<br \/>\nc) Catequesis y sacramentos. La catequesis \u00abest\u00e1 estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, especialmente al bautismo, sacramento de la fe\u00bb (DGC 66). Esta relaci\u00f3n estrecha con los sacramentos, vincula igualmente la catequesis al ministerio del obispo, que es ministerio de presidencia y de regulaci\u00f3n de la acci\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia particular (cf LG 26). Signo de su responsabilidad en la iniciaci\u00f3n cristiana es, en nuestra praxis sacramental actual, su participaci\u00f3n directa en el sacramento de la confirmaci\u00f3n, de la que es \u00abministro originario\u00bb (LG 26).<\/p>\n<p>Al obispo se le pide, en relaci\u00f3n con el ministerio de la catequesis (cf CD 14; CT 63; DGC 223):<br \/>\n&#8211; Ejercer \u00e9l mismo este ministerio, en la medida de sus posibilidades, siguiendo el ejemplo de los grandes Padres (Cirilo de Jerusal\u00e9n, Juan Cris\u00f3stomo, Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn&#8230;), verdaderos protagonistas del catecumenado en sus Iglesias (cf CT 12). En la situaci\u00f3n actual, en que esto es con frecuencia dif\u00ed\u00adcil, el obispo debe buscar oportunidades de estar en contacto directo con el ministerio catequ\u00e9tico, por ejemplo, impartiendo algunas catequesis a adultos que han de ser bautizados o confirmados, relacion\u00e1ndose frecuentemente con los responsables de la actividad catequ\u00e9tica y los catequistas, compartiendo sus gozos y preocupaciones, realizando alguna celebraci\u00f3n significativa de la encomienda del servicio catequ\u00e9tico y env\u00ed\u00ado de catequistas, etc.<\/p>\n<p>&#8211; Promover la catequesis en su di\u00f3cesis (CT habla de una m\u00ed\u00adstica de la catequesis), dedicar atenci\u00f3n y recursos, personales y materiales, de modo que este ministerio tan importante no sea descuidado y tenga la importancia que merece, y ejercer la \u00abalta direcci\u00f3n de la catequesis\u00bb (CT 63) con la ayuda de algunos colaboradores m\u00e1s inmediatos.<\/p>\n<p>&#8211; Velar por la \u00abautenticidad de la confesi\u00f3n de fe\u00bb (DGC 223), de modo que no falte ninguno de los elementos que hacen que el acto de fe sea verdadero, como adhesi\u00f3n no s\u00f3lo a una doctrina sino tambi\u00e9n a la persona de Jesucristo. En relaci\u00f3n con esto, CT 63 se refiere a la \u00abtarea ingrata de denunciar desviaciones y corregir errores\u00bb; tambi\u00e9n esto pertenece, si es necesario, a la tarea de vigilancia del obispo (el verbo griego \u00e9piskopein, del que deriva obispo, tiene el sentido de vigilar, cuidar de, estar atento a&#8230;, como lo expresan estas palabras de Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada a Policarpo de Esmirna: \u00abVigila, ya que has recibido un esp\u00ed\u00adritu [pneuma] que no duerme\u00bb23). Conviene, no obstante, insistir en que no se trata de cuidar solamente de la integridad de\u2020\u00a2la doctrina, sino tambi\u00e9n de la din\u00e1mica propia de la iniciaci\u00f3n, que no transmite s\u00f3lo contenidos sino que educa creyentes. Y que, junto a la vigilancia, ha de estar presente el est\u00ed\u00admulo.<\/p>\n<p>&#8211; Promover, con la ayuda de los expertos, textos y otros instrumentos did\u00e1cticos (cf DGC 283), cuidando que respondan al objetivo final de una verdadera iniciaci\u00f3n en sentido completo. De manera especial, la publicaci\u00f3n de los catecismos es responsabilidad directa de los obispos (cf DGC 284).<\/p>\n<p>&#8211; Cuidar la formaci\u00f3n integral de los catequistas, que son un elemento fundamental en la calidad de la catequesis. Cuidar igualmente que los candidatos al presbiterado, y los propios presb\u00ed\u00adteros, reciban una formaci\u00f3n catequ\u00e9tica adecuada.<\/p>\n<p>&#8211; Establecer un plan coherente de catequesis, con etapas, como proceso progresivo de educaci\u00f3n y crecimiento en la fe, en sinton\u00ed\u00ada con los planes pastorales de la di\u00f3cesis (pastoral de conjunto) y de las Iglesias particulares cercanas: provincia eclesi\u00e1stica, regi\u00f3n pastoral, Conferencia episcopal, etc. Esta planificaci\u00f3n comporta ejercer el discernimiento sobre las distintas ofertas catequizadoras que puedan existir en la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>&#8211; Los obispos comparten con el papa, en el esp\u00ed\u00adritu de la colegialidad episcopal, la responsabilidad de la catequesis en la Iglesia universal (cf CT 63). Al papa, en cuanto cabeza del Colegio episcopal (cf LG 22), compete tambi\u00e9n el ministerio de la catequesis en la Iglesia universal, y lo ejerce a trav\u00e9s de sus ense\u00f1anzas y regulando determinados aspectos concernientes a la catequesis en toda la Iglesia, a trav\u00e9s de la Congregaci\u00f3n para el clero (cf DGC 270ss).<\/p>\n<p>3. Los PRESB\u00ed\u008dTEROS (EN 68; CT 64; DGC 224ss.; CAd 235; CF 40-42; IC 33). Los presb\u00ed\u00adteros son colaboradores del obispo en el ministerio pastoral (cf CD 11; PO 7; CT 64). Comparten con el obispo un mismo ministerio, el de Cristo Cabeza, \u00abuna unidad de consagraci\u00f3n y misi\u00f3n\u00bb (PO 7), y forman con \u00e9l un \u00fanico presbiterio (cf LG 28)24.<\/p>\n<p>Frente a una concepci\u00f3n del ministerio muy centrada en el culto, el Vaticano II acent\u00faa el aspecto evangelizador del ministerio del presb\u00ed\u00adtero: evangelizar constituye su primer deber (PO 4)25. Este subrayado es muy importante en una situaci\u00f3n como la nuestra en que la llamada a la fe y la educaci\u00f3n en ella, pilares de una pastoral misionera, deben ser tarea prioritaria de las comunidades cristianas y tambi\u00e9n de los presb\u00ed\u00adteros (cf PO 4).<\/p>\n<p>La responsabilidad del presb\u00ed\u00adtero en la catequesis deriva del sacramento del orden, por el que es constituido pastor de la comunidad cristiana a \u00e9l confiada, heraldo del evangelio y presidente del culto divino, en comuni\u00f3n con el obispo y bajo su autoridad (cf LG 28). Por eso, \u00abes el conjunto del ministerio sacerdotal (y no s\u00f3lo la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica) lo que reclama la responsabilidad del presb\u00ed\u00adtero en la catequesis\u00bb26:<br \/>\na) Por el ministerio de la palabra, el presb\u00ed\u00adtero se siente responsable directo de la actividad evangelizadora (anuncio misionero y catequesis) y la promueve en la comunidad;<br \/>\nb) como ministro de la liturgia, vincula la catequesis a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana;<br \/>\nc) como pastor, \u00abdescubre, reconoce y fomenta\u00bb los distintos carismas y servicios (PO 9) en la armon\u00ed\u00ada de la vida y acci\u00f3n de la comunidad. \u00abEl ministerio de los presb\u00ed\u00adteros es un servicio configurador de la comunidad, que coordina y potencia los dem\u00e1s servicios y carismas\u00bb (DGC 224). En concreto, cuida que el ministerio catequ\u00e9tico ocupe el lugar que le corresponde y sea ejercido por catequistas (religiosos y laicos) competentes, de cuya formaci\u00f3n \u00e9l mismo se siente responsable, y pone en contacto la catequesis con la vida y actividad de la comunidad, fomentando el inter\u00e9s y el sentido de responsabilidad de la misma en la actividad catequ\u00e9tica (recordar lo dicho al hablar de la comunidad como agente primero de la catequesis)27.<\/p>\n<p>Como part\u00ed\u00adcipe del ministerio pastoral de comuni\u00f3n, sus tareas son similares, en su grado, a las descritas m\u00e1s arriba al hablar del obispo: cuidar la comuni\u00f3n eclesial, la vinculaci\u00f3n de su comunidad concreta con la di\u00f3cesis y la Iglesia universal, la pastoral de conjunto, la asunci\u00f3n y puesta en pr\u00e1ctica de los planes pastorales y catequ\u00e9ticos de la di\u00f3cesis, velar por la verdad (autenticidad) de la catequesis en su comunidad, etc. (cf DGC 225).<\/p>\n<p>4. Los LAICOS: LOS PADRES; LOS CATEQUISTAS LAICOS (EN 70; CT 66; ChL 33ss; DGC 230ss; CAd 236; CF 35-37; IC 34-35). Ya hemos dicho que la responsabilidad de todo cristiano en el anuncio del evangelio deriva de su bautismo, o mejor, de su incorporaci\u00f3n a Cristo y a la misi\u00f3n de la Iglesia por los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. Pero cabe destacar distintos modos y niveles en el ejercicio de la misma:<br \/>\na) Esta responsabilidad tiene una exigencia universal, para todos, y se realiza mediante el testimonio y el anuncio personales del evangelio, que todo bautizado puede y debe hacer espont\u00e1neamente en las m\u00e1s variadas circunstancias de la vida.<\/p>\n<p>b) Adem\u00e1s del bautismo, el sacramento del matrimonio habilita a los padres cristianos para ser \u00ablos primeros e insustituibles catequistas de sus hijos\u00bb (ChL 34, 62; cf FC 38), propiciando el despertar religioso y las primeras experiencias de fe en el seno de la familia, a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n humano-religiosa en el d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada de la vida familiar, pero tambi\u00e9n con la modalidad de la catequesis familiar sistem\u00e1tica y, de todos modos, acompa\u00f1ando al hijo y colaborando de cerca en la catequesis de la comunidad, ofreci\u00e9ndose ellos mismos a veces como catequistas (cf CT 68; DGC 226ss.)28. De hecho, en la situaci\u00f3n actual esta capacidad de la familia como transmisora de la fe ha entrado frecuentemente en crisis, lo cual exige una evangelizaci\u00f3n de la propia familia, empezando por los padres.<\/p>\n<p>c) En el ejercicio de su profetismo bautismal, algunos laicos son llamados a cooperar como catequistas29. Esta llamada tiene el doble sentido de ser llamada-vocaci\u00f3n de Dios (todo carisma al servicio de la comunidad es dado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo) y llamada-encargo de la Iglesia, que \u00absuscita y discierne esta llamada divina y les confiere la misi\u00f3n de catequizar\u00bb (DGC 231), como ejercicio de un ministerio eclesial. La costumbre, cada vez m\u00e1s extendida, de celebrar con la comunidad el acto del env\u00ed\u00ado (en la propia parroquia y a veces en la iglesia catedral con el obispo) pone de relieve este car\u00e1cter p\u00fablico y oficial del servicio que se va a desempe\u00f1ar, en nombre de la Iglesia.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter secular de los catequistas laicos es un elemento a destacar, como \u00abuna especial sensibilidad para encarnar el evangelio en la vida\u00bb a la hora de educar en la fe (DGC 230) y una ayuda a la entera comunidad para permanecer atenta y sensible a las realidades de la vida y de la sociedad (cf AA 10).<\/p>\n<p>5. Los RELIGIOSOS (EN 69; CT 65; DGC 228ss.; VC 76ss.; CAd 237; CF 38ss). En la realizaci\u00f3n diferenciada del ministerio com\u00fan de la catequesis (cf CT 16), entra no s\u00f3lo la diferencia de responsabilidad ministerial (ministerio ordenado y no ordenado), sino tambi\u00e9n la diferencia de estados de vida del cristiano y su mutua referencia y fecundaci\u00f3n (cf VC 31)30<br \/>\nLa catequesis, sobre todo la de iniciaci\u00f3n, tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas propias que le vienen de su finalidad como iniciaci\u00f3n en lo com\u00fan y b\u00e1sico de la fe y la vida cristiana, sea quien sea el agente (catequista) de esta iniciaci\u00f3n. Pero no cabe duda de que en la realizaci\u00f3n compartida del ministerio catequ\u00e9tico en una comunidad cristiana, la convergencia de los carismas (ministerio presbiteral, vida consagrada -en el sentido usual de este t\u00e9rmino para la vida religiosa- y vida laical) supone una riqueza para la misma acci\u00f3n catequ\u00e9tica y pone de manifiesto esta riqueza de la comunidad en cuanto seno materno de la fe. La comunidad cristiana es una comunidad diferenciada, variada en carismas, sobre la base de una consagraci\u00f3n y una dignidad comunes que brotan del bautismo (cf LG 10, 32).<\/p>\n<p>Sobre la participaci\u00f3n de los religiosos y religiosas en el ministerio de la catequesis, cabe hacer algunas afirmaciones fundamentales:<br \/>\na) Brota, en principio, de su condici\u00f3n de bautizados, pero tambi\u00e9n de su espec\u00ed\u00adfica condici\u00f3n en la Iglesia. Esta condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica colorea su aportaci\u00f3n a la catequesis.<\/p>\n<p>b) Los religiosos aportan a la catequesis el testimonio de la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos como expresi\u00f3n vivida del deseo de la Iglesia de \u00abentregarse a la radicalidad de las bienaventuranzas\u00bb (EN 69).<\/p>\n<p>c) Tienen la posibilidad de una dedicaci\u00f3n incondicional a las tareas del evangelio, con una disponibilidad y entrega \u00aba Dios y a los hermanos\u00bb (VC 76) que otros miembros de la comunidad no pueden tener, no porque su amor sea menos intenso, sino por las condiciones de vida y su dedicaci\u00f3n a las tareas familiares, profesionales, etc.<br \/>\nd) Y, especialmente los miembros de familias religiosas dedicadas a la educaci\u00f3n, aportan, adem\u00e1s de su vivencia cristiana, su preparaci\u00f3n y experiencia b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica y pedag\u00f3gica, siendo todo ello muy enriquecedor para los dem\u00e1s catequistas.<\/p>\n<p>e) Tambi\u00e9n hay que se\u00f1alar que la dedicaci\u00f3n a la catequesis, sobre todo en el marco de la parroquia, compartiendo la misma tarea con otros miembros laicos y presb\u00ed\u00adteros, es enriquecedora para el propio religioso.<\/p>\n<p>6. Los RESPONSABLES DIOCESANOS. Para poder ejercer la \u00abalta direcci\u00f3n de la catequesis\u00bb (CT 63) en sus Iglesias particulares, los obispos necesitan la ayuda m\u00e1s cercana de algunos colaboradores del ministerio pastoral y expertos en las distintas ciencias que tienen que ver con la catequesis (teolog\u00ed\u00ada, pedagog\u00ed\u00ada, etc). No se trata de agentes de la catequesis en sentido inmediato; sin embargo, decimos aqu\u00ed\u00ad una palabra sobre ellos por su condici\u00f3n de estrechos colaboradores del ministerio episcopal en la promoci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>Ya el a\u00f1o 1935 la Sagrada congregaci\u00f3n del concilio mand\u00f3 instituir en las di\u00f3cesis el Officium catecheticum, que generalmente se denomina Secretariado de catequesis, como instrumento de cercana colaboraci\u00f3n con el obispo en el ejercicio del ministerio catequ\u00e9tico en la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>A este organismo compete: realizar los pertinentes an\u00e1lisis de situaci\u00f3n y detectar las necesidades de cara a la catequesis; elaborar, en estrecha relaci\u00f3n con el obispo y los responsables jer\u00e1rquicos de la pastoral diocesana (vicarios, consejos, etc.), el proyecto diocesano de catequesis y los programas concretos de acci\u00f3n; ofrecer a las parroquias y dem\u00e1s comunidades cristianas instrumentos catequ\u00e9ticos a todos los niveles; promover y coordinar la formaci\u00f3n de los catequistas y, en general, la actividad catequ\u00e9tica en las vicar\u00ed\u00adas y arciprestazgos; colaborar con otros Secretariados (especialmente el de liturgia, por la especial relaci\u00f3n de esta con la iniciaci\u00f3n cristiana y el catecumenado) y con otros organismos supra e interdiocesanos de catequesis, etc. (cf DGC 265, 279-285).<\/p>\n<p>No entramos aqu\u00ed\u00ad a valorar la funci\u00f3n jer\u00e1rquica de este organismo en el conjunto de la pastoral diocesana. Se puede entender simplemente como un organismo t\u00e9cnico de consulta y ayuda o, mejor, como un servicio institucional que, bajo la direcci\u00f3n de un responsable que con frecuencia es delegado episcopal, en nombre del obispo y en estrecha relaci\u00f3n con \u00e9l, realiza el encargo espec\u00ed\u00adfico de promover y engarzar la pastoral catequ\u00e9tica dentro de la pastoral de conjunto de la di\u00f3cesis31 y de suscitar y sostener el sentido de la responsabilidad hacia la catequesis en los sacerdotes y dem\u00e1s agentes pastorales. Su cometido no es, por tanto, de simple asesoramiento sino de promoci\u00f3n, impulso y propuesta de l\u00ed\u00adneas operativas.<\/p>\n<p>7. Los CATEQUETAS. Aunque tampoco son agentes directos e inmediatos de la catequesis, su trabajo es indispensable para la realizaci\u00f3n concreta y operativa de una catequesis verdadera y significativa.<\/p>\n<p>La catequesis tiene dos polos permanentes de atenci\u00f3n: Dios y el hombre, la palabra de Dios y la experiencia humana, y ha de estar al servicio del encuentro salvador entre ambos. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el catequeta, en cuanto estudioso de la catequesis, ha de atender estos dos polos: Dios, que sale al encuentro del hombre, la historia y la realizaci\u00f3n de la fe, por una parte, y, por otra, el sujeto humano que es invitado a acoger a Dios y a creer. La teolog\u00ed\u00ada y las ciencias humanas constituyen el campo de trabajo de la ciencia catequ\u00e9tica:<br \/>\na) La teolog\u00ed\u00ada es investigaci\u00f3n y reflexi\u00f3n sobre el dato revelado, el Dios cristiano, la historia de la fe y de la Iglesia, y en concreto de la catequesis&#8230; Pero, teniendo en cuenta que la catequesis transmite los contenidos de la fe no de modo anal\u00ed\u00adtico sino sint\u00e9tico, no extensiva sino intensivamente, es propio y espec\u00ed\u00adfico del catequeta te\u00f3logo, no tanto el an\u00e1lisis (que le viene dado por la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica, etc., cuyos datos \u00e9l recibe y utiliza), cuanto la s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica de lo nuclear del mensaje para la fundamentaci\u00f3n de la vida cristiana.<\/p>\n<p>b) Las ciencias humanas (antropolog\u00ed\u00ada, ciencias sociales y de la educaci\u00f3n, etc.) propician el conocimiento del hombre, el hecho religioso, la situaci\u00f3n social, las reglas de la educaci\u00f3n, sus condicionamientos y exigencias presentes, la pedagog\u00ed\u00ada adecuada&#8230;<\/p>\n<p>Dada la situaci\u00f3n de secularizaci\u00f3n y p\u00e9rdida de relevancia social de la fe en nuestras sociedades occidentales, as\u00ed\u00ad como la exigencia de inculturaci\u00f3n de la fe y de la catequesis (cf DGC 109ss.), se hace imprescindible este trabajo interdisciplinar para una transmisi\u00f3n y educaci\u00f3n de la fe que sea de verdad significativa, abriendo caminos de posibilidad a la experiencia religiosa cristiana, en sinton\u00ed\u00ada con la ley divina de la encarnaci\u00f3n que sale al encuentro del hombre en su situaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>En suma, al catequeta (y esto vale tambi\u00e9n para todo catequista) se le pide atenci\u00f3n a lo permanente de la fe y del hombre, a la vez que a lo siempre nuevo y fluctuante de las situaciones humanas; conocimiento de la tradici\u00f3n eclesial y sinton\u00ed\u00ada con ella y apertura a la novedad de cada persona y cada momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Este servicio de s\u00ed\u00adntesis humanosocio-religiosa y de exploraci\u00f3n de caminos operativos para la transmisi\u00f3n de la fe en cada momento es indispensable para la posibilidad misma de la catequesis.<\/p>\n<p>NOTAS: 1 Para un mayor desarrollo, cf COMITE PARA EL JUBILEO DEL A\u00ed\u2018O 2000&#8230;, sobre todo los cc. IV: El Esp\u00ed\u00adritu Santo y Cristo, V: El Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Iglesia y VIII: El Esp\u00ed\u00adritu en la vida del cristiano. &#8211; 2 Ib, 81. -3. Evangelizar en un mundo poscristiano, Sal Terrae, Santander 1993, 131. &#8211; 4 Cf COMITE&#8230;, c. VII: El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la liturgia. &#8211; 5 Cf H. LEGRAND, La Iglesia local, en Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada III, Cristiandad, Madrid 1985, 217. &#8211; 6. Cf Ib, 207ss.; Y. CoNGAR, La Iglesia es apost\u00f3lica, en AA.VV., Mysterium Salutis IV\/l, Cristiandad, Madrid 1973. &#8211; 7 Ib, 550. &#8211; 8. Cf Ib, 569. &#8211; 9 Acerca del uso del triple \u00abmunas\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, cf R. BL\u00ed\u0081ZQUEZ, La Iglesia del concilio Vaticano II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988, 373ss. -10 Ib, 376. &#8211; 11 Cf J. A. RAMOS, Teolog\u00ed\u00ada pastoral, BAC, Madrid 1995, c. IX: Los agentes de la acci\u00f3n pastoral. Los laicos. &#8211; 12 La exposici\u00f3n que sigue la he expuesto m\u00e1s detalladamente en mi art\u00ed\u00adculo El compromiso evangelizador de la comunidad cristiana, Surge 415-416 (1982) 200-222. &#8211; 13 La reflexi\u00f3n sobre la secularidad y la laicidad de toda la Iglesia est\u00e1 presente en la teolog\u00ed\u00ada posconciliar; cf B. FORTE, Laicado y laicidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987. &#8211; 14 Cf A. BRAVO, sobre todo pp. 340-345. &#8211; 15 Cf E. YANES, Los ministros y responsables de la catequizaci\u00f3n en la Iglesia, en Por una formaci\u00f3n religiosa para nuestro tiempo. Actas de las 1 Jornadas nacionales de estudios catequ\u00e9ticos, Marova, Madrid 1967, 146. &#8211; 16 Cf R. BL\u00ed\u0081ZQUEZ, o.c., 110.-17Ib, 112.-18 lb, 111.-19CfIb, 115-121; H. LEGRAND, o.c., 151-162. &#8211; 20 Cf L. TRUJILLO y equipo de ponencia, Parroquia, comunidad y misi\u00f3n, en Congreso \u00abParroquia evangelizadora\u00bb, Edice, Madrid 1989, 1 l9ss.; R. BL\u00ed\u0081ZQUEZ, o.c., 123-130; J. A. RAMOS, o.c., c. XVI: La pastoral parroquial. &#8211; 21 Y. CONGAR, o.c., 569. &#8211; 22 Cf Ib, 571. &#8211; 23 L. LECOUYER, Episcopado, en RAHNER K., Sacramentum Mundi, Herder, Barcelona 1972. &#8211; 24 Cf J. A. RAMOS, o.c., c. IX: Los agentes de la acci\u00f3n pastoral. Los presb\u00ed\u00adteros. &#8211; 25 Cf J. EsPEJA, Ministerios, en C. FLORIST\u00ed\u0081N-J. J. TAMAYO (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 806. &#8211; 26 El sacerdote y la catequesis, segunda ponencia: La catequesis en el ministerio sacerdotal, 129; para lo que sigue, cf apdo. C de dicha ponencia. &#8211; 27 D. BoROBIO, Ministerios laicales, Atenas, Madrid 19862, c. 3: \u00abAlguien tiene que dirigir\u00bb: La identidad del presb\u00ed\u00adtero. &#8211; 28 Cf L. ZUGAZAGA, El despertar religioso, Actualidad catequ\u00e9tica 173 (1997) 107-131; J. A. PAGOLA, La familia, \u00abescuela de fe\u00bb. Condiciones b\u00e1sicas, Sal Terrae 1005 (1997) 743-754. &#8211; 29 Cf D. BOROBIO, o.c., c. 10: El ministerio y el servicio del catequista; sobre el sentido de la \u00abmisi\u00f3n\u00bb del catequista, cf E. YANES, a.c., 160ss. (si bien se trata de una reflexi\u00f3n anterior al nuevo CIC). &#8211; 30 J. A. RAMOS, o.c., c. IX: Los agentes de la acci\u00f3n pastoral. Los religiosos. &#8211; 31 Cf en este sentido la reflexi\u00f3n de J. M. ESTEPA, La funci\u00f3n y el ministerio catequ\u00e9tico en la pastoral diocesana, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 35-36 (1990) 389-395.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en notas: ALBERICH E., La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 19912, 147-151; El sacerdote y la catequesis, en XXV Jornadas nacionales de delegados diocesanos de catequesis, Edice, Madrid 1992; ALCEDO A., Los agentes de la catequesis, SM, Madrid 1991; BRAVO A., El ministerio catequ\u00e9tico, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 3 (1982) 337-352; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DEL CLERO, Sacerdotes para evangelizar. Reflexiones sobre la vida apost\u00f3lica de los presb\u00ed\u00adteros (1987); DOMINGO Y URIARTE F., Los responsables de la catequesis, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 45-48 (1993) 523-542; FERRER F., El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la misi\u00f3n evangelizadora y catequ\u00e9tica de la Iglesia (ponencia presentada en las XXXI Jornadas nacionales de delegados diocesanos de catequesis, Madrid 3-5 de febrero de 1998, en Actualidad catequ\u00e9tica); GEVAERT J. (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987; LOMBAERTS H., El catequeta, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 45-48 (1993) 597-604; MADRIGAL S., Sentir eclesialmente la fe. La Iglesia, \u00e1mbito de transmisi\u00f3n de la fe cristiana, Sal Terrae 1005 (1997) 729-742.<\/p>\n<p>Pedro Jur\u00ed\u00ado Goicoechea<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El Agente divino: el Esp\u00ed\u00adritu Santo. II. Los agentes eclesiales: 1. La comunidad cristiana (la Iglesia); 2. El obispo. El papa; 3. Los presb\u00ed\u00adteros; 4. Los laicos: los padres; los catequistas laicos; 5. Los religiosos; 6. Los responsables diocesanos; 7. Los catequetas. I. El Agente divino: el Esp\u00ed\u00adritu Santo (EN 75; CT 73; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agentes-de-la-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAGENTES DE LA CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16966","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16966","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16966"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16966\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16966"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16966"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16966"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}