{"id":16967,"date":"2016-02-05T11:03:30","date_gmt":"2016-02-05T16:03:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/anuncio-misionero\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:30","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:30","slug":"anuncio-misionero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/anuncio-misionero\/","title":{"rendered":"ANUNCIO MISIONERO"},"content":{"rendered":"<p>NDB<\/p>\n<p>SUMARIO: I. Nuestro contexto socio-cultural. II. El anuncio en la misi\u00f3n de la Iglesia: 1. El anuncio como elemento esencial de la misi\u00f3n; 2. El contenido del anuncio misionero. III. El anuncio misionero en la pastoral actual. IV. El anuncio misionero en la catequesis. V. Condiciones para el anuncio misionero: 1. La comunidad misionera; 2. Los cristianos presentes en el mundo; 3. Un lenguaje capaz de anunciar: signos y palabras.<\/p>\n<p>La etimolog\u00ed\u00ada del t\u00e9rmino catequesis habla de hacer eco, hacer resonar. Es necesario suponer un sonido, una voz previa, que haga posible el eco, la resonancia. Este significado originario nos sit\u00faa ante un aspecto de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica que suele olvidarse o ignorarse con frecuencia: la necesidad de un anuncio, de una proclamaci\u00f3n de Jesucristo, cuya resonancia en el interior de la persona que est\u00e1 en camino hacia la fe es desarrollada por la catequesis. De tal forma que con dificultad se podr\u00e1 entender una catequesis que no haya sido precedida por una acci\u00f3n kerigm\u00e1tica, de proclamaci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Nuestro contexto socio-cultural<br \/>\nToda reflexi\u00f3n sobre la acci\u00f3n pastoral ha de tener siempre presentes los condicionamientos hist\u00f3ricos en que se realiza dicha acci\u00f3n. No todas las acciones tienen igual validez en contextos diferentes; m\u00e1s bien, cada contexto y cada circunstancia configuran la urgencia, la importancia y el modo de llevar a cabo una acci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>Ci\u00f1\u00e9ndonos al campo de la reflexi\u00f3n catequ\u00e9tica, puede afirmarse que las condiciones de nuestra cultura, en cuyo seno ha de realizarse la catequesis, han experimentado cambios profundos en el \u00faltimo medio siglo. Si en \u00e9pocas relativamente recientes la catequesis pod\u00ed\u00ada acentuar sin dificultad su dimensi\u00f3n de instrucci\u00f3n sobre la fe (en particular sobre sus contenidos), dando por supuesto que esta fe hab\u00ed\u00ada sido ya despertada y educada inicialmente, hoy este planteamiento resulta absolutamente inv\u00e1lido. La situaci\u00f3n llamada de cristiandad ha dejado paso a otra que puede llamarse de secularizaci\u00f3n radical, y que en nuestro contexto comienza a llamarse poscristiana. En ella es posible encontrar muchos elementos que hacen referencia a lo cristiano en la cultura y en la vida social, aunque las mismas personas que utilizan estas referencias pueden no tener en absoluto una opci\u00f3n personal de fe. Puede o\u00ed\u00adrse hablar de Jesucristo, pero no percibirse que Jesucristo es anunciado. La tremenda presi\u00f3n medi\u00e1tica que se da en nuestra cultura hace que cualquier anuncio o afirmaci\u00f3n, por importante que pueda ser, corra el riesgo de ser banalizada. Nuestra aldea global es un mercado plural de propuestas de sentido. Para muchas gentes, el anuncio de Jesucristo resulta ser una oferta m\u00e1s entre otras: la din\u00e1mica publicitaria ha acostumbrado al hombre de hoy a hacer caso s\u00f3lo a las propuestas que le resultan atractivas y convincentes. En este contexto debe situarse la Iglesia para plantearse la obligaci\u00f3n ineludible de hacer el anuncio misionero y de encontrar la forma y las condiciones para llevarlo a cabo.<\/p>\n<p>II. El anuncio en la misi\u00f3n de la Iglesia<br \/>\nCuando Jes\u00fas, antes de subir a los cielos, env\u00ed\u00ada a sus disc\u00ed\u00adpulos, les da el encargo de anunciar el evangelio (Mt 28,19; Mc 16,15). La misma tarea que \u00e9l hab\u00ed\u00ada llevado a cabo durante su vida p\u00fablica, de anunciar actuando y ense\u00f1ando la Buena Noticia del amor de Dios Padre, queda despu\u00e9s confiada a los disc\u00ed\u00adpulos, de forma que la condici\u00f3n evangelizadora se convierte en la identidad de la Iglesia: \u00abElla existe para evangelizar\u00bb (EN 14). En esta tarea, nada ni nadie la puede suplir, de modo que todo lo que hace la Iglesia, o lo que pueda hacer, o est\u00e1 al servicio de la evangelizaci\u00f3n, o hay que decir que no tiene raz\u00f3n de ser en ella; hasta tal punto es central su misi\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>1. EL ANUNCIO COMO ELEMENTO ESENCIAL DE LA MISI\u00ed\u201cN. El testimonio del Nuevo Testamento es muy significativo cuando muestra la clara conciencia que ten\u00ed\u00adan los ap\u00f3stoles y las primeras comunidades de su responsabilidad de evangelizar. Las expresiones son muy reveladoras: \u00abNo podemos dejar de decir lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo\u00bb (He 4,20) y tantas otras. La urgencia de esta primera \u00e9poca es que Jesucristo sea conocido y cre\u00ed\u00addo, y el camino para ello es el anuncio directo. Luego, a lo largo de los siglos, han variado las formas de llevar a cabo esta misi\u00f3n. Han cambiado tambi\u00e9n las \u00e9pocas y los acentos de esta tarea, desde los grandes procesos de inculturaci\u00f3n del cristianismo en el pensamiento antiguo o medieval, pasando por las dif\u00ed\u00adciles y generosas misiones entre paganos de los siglos XVI-XX, hasta la presencia silenciosa y martirial de los cristianos en las Iglesias de detr\u00e1s del tel\u00f3n de acero, ya en nuestros d\u00ed\u00adas. Hoy, en nuestros pa\u00ed\u00adses llamados de vieja cristiandad, se plantea a los cristianos la urgencia de hacer presente el anuncio misionero de Jesucristo en un ambiente de indiferencia y a unas personas que vienen de vuelta de lo cristiano. Se trata de un reto de envergadura que reclama imaginaci\u00f3n y audacia para seguir siendo fieles a la misi\u00f3n. Toda la actual tarea pastoral, que puede considerarse como de mantenimiento, debe ser consecuente a la acci\u00f3n primordial e ineludible que confiere su identidad a la Iglesia: el anuncio de Jesucristo y de su evangelio. Aunque haya, quiz\u00e1, que preguntarse si en muchos casos no se ha invertido el orden y la importancia de estos elementos.<\/p>\n<p>2. EL CONTENIDO DEL ANUNCIO MISIONERO. En el origen de la fe hay necesariamente un anuncio que despierta la adhesi\u00f3n primera y el deseo de seguir buscando. El anuncio que hace Jes\u00fas y que reciben sus disc\u00ed\u00adpulos y contempor\u00e1neos es el de Dios Padre que act\u00faa en favor del hombre, que es amigo de pobres y sufrientes, que rescata con misericordia a los perdidos, y que anuncia y proclama una nueva situaci\u00f3n, el Reino, en el que actuar\u00e1n unos nuevos valores. Pero la historia personal de Jes\u00fas y, en particular, su muerte y resurrecci\u00f3n, llevar\u00e1n a los disc\u00ed\u00adpulos a ampliar este anuncio que ellos mismos hab\u00ed\u00adan escuchado a su Maestro. En adelante, la Buena Noticia va a ser el propio Se\u00f1or Jes\u00fas, que se convierte no s\u00f3lo en el mensajero, sino en el mensaje del amor de Dios y de su intervenci\u00f3n salvadora: \u00abJes\u00fas mismo es el evangelio de Dios\u00bb (EN 7). El es el signo<\/p>\n<p>III. El anuncio misionero en la pastoral actual<br \/>\nEs significativo que una de las llamadas m\u00e1s insistentes de los agentes de pastoral sensibles al actual momento hist\u00f3rico sea la de pasar de una pastoral de cristiandad a una pastoral de misi\u00f3n. Esta se entiende como una pastoral que tiene en cuenta el vac\u00ed\u00ado de fe y de opci\u00f3n personal por Jesucristo, incluso en personas practicantes al estilo tradicional, cuanto m\u00e1s en personas y grupos sociales que viven al margen de la fe y de la pertenencia real a la Iglesia, aunque hayan sido sacramentalizados. Sin olvidar el n\u00famero creciente de no bautizados entre las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes. A este vac\u00ed\u00ado de fe, la Iglesia no puede responder m\u00e1s que plante\u00e1ndose como tarea prioritaria la pastoral evangelizadora, en la que resulta central el anuncio misionero.<\/p>\n<p>El Congreso de Evangelizaci\u00f3n y hombre de hoy, celebrado en 1985, en su conclusi\u00f3n 16, afirmaba: \u00abEn nuestra situaci\u00f3n hist\u00f3rica, es urgente pasar de una pastoral de conservaci\u00f3n a una pastoral de misi\u00f3n; por ello, consideramos tareas prioritarias de nuestra Iglesia reevangelizar a los cristianos y evangelizar a los alejados y a los no cristianos, iniciando en la fe a ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos. De esta forma, la Iglesia participa en la edificaci\u00f3n de un mundo y una humanidad nuevos\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que reconocer que, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, han surgido en la Iglesia en los tiempos recientes diversas f\u00f3rmulas de acci\u00f3n misionera, promovidas por personas o grupos, que han intentado dar respuesta a esta urgencia. Igualmente, los diferentes movimientos de orientaci\u00f3n catecumenal que se han desarrollado entre adultos y j\u00f3venes tienen una componente importante de acci\u00f3n misionera, ya que normalmente se dirigen a personas alejadas que necesitan hacer su camino de fe completo. Junto a esta realidad consoladora, se constata, con preocupaci\u00f3n, que muchas de las acciones normales de la pastoral de nuestras parroquias, cuyos destinatarios son personas alejadas y, en algunos casos increyentes, tienen un escaso o nulo talante evangelizador, por lo que no llegan a ser ocasi\u00f3n de que Jesucristo sea anunciado.<\/p>\n<p>El estudio que se hizo al respecto en las di\u00f3cesis espa\u00f1olas con ocasi\u00f3n del Congreso Parroquia evangelizadora en 1988, resulta revelador y preocupante al mismo tiempo. La raz\u00f3n puede estar en que la mayor\u00ed\u00ada de los presb\u00ed\u00adteros, agentes directos de esta acci\u00f3n pastoral, no fueron preparados para esta nueva situaci\u00f3n cultural y no se encuentran capacitados para afrontar sus retos. Este deber\u00e1 ser, por ello, un aspecto a tener muy en cuenta en el futuro en la formaci\u00f3n de los sacerdotes j\u00f3venes y de los candidatos al sacerdocio. Otra explicaci\u00f3n puede ser la dificultad de encontrar formas v\u00e1lidas de comunicaci\u00f3n significativa que lleguen al hombre de hoy, que vive permanentemente aturdido por los impactos medi\u00e1ticos. Estas constataciones nos hacen ver que el cambio de sentido de la acci\u00f3n pastoral, que se considera deseable y necesario, no resulta f\u00e1cil en absoluto, aunque se tengan las mejores intenciones y deseos.<\/p>\n<p>IV. El anuncio misionero en la catequesis<br \/>\nSabemos que el anuncio misionero es anterior a la acci\u00f3n catequ\u00e9tica. Sin embargo, en muchas ocasiones no resulta posible o no hay oportunidad de hacer las cosas conforme a este modelo te\u00f3rico. Entonces se hace necesario que ambas acciones se den de modo simult\u00e1neo: el anuncio se realiza en un contexto de catequesis y la catequesis no es s\u00f3lo desarrollo de la proclamaci\u00f3n, sino proclamaci\u00f3n al mismo tiempo (pi\u00e9nsese, por ejemplo, en las catequesis prebautismales y preeucar\u00ed\u00adsticas de muchas de nuestras parroquias). La misma necesidad puede darse en circunstancias de religiosidad popular, quiz\u00e1s sincera,<br \/>\npero mezclada con una profunda ignorancia religiosa. La catequesis, en estos casos, no s\u00f3lo debe pretender dar contenido a la fe, sino despertarla de forma inicial, mediante el anuncio misionero. Esta es la modalidad que, en algunas &#8216;regiones, se est\u00e1 llamando catequesis misionera (inspirada en el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica [DCG] 18, en EN 56 y en CT 19), que acent\u00faa la dimensi\u00f3n misionera, tratando de suscitar, en primer lugar, la conversi\u00f3n al evangelio. \u00abLa situaci\u00f3n concreta de muchos cristianos est\u00e1 pidiendo una carga fuerte de primera evangelizaci\u00f3n en la actividad catequ\u00e9tica propiamente dicha\u00bb (CC 49). El Directorio general para la catequesis de 1997 (DGC), al hablar de las diferentes situaciones socio-religiosas ante la evangelizaci\u00f3n, llama a \u00e9sta situaci\u00f3n intermedia, ya que en ella \u00abgrupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su evangelio\u00bb (RMi 33). Esta situaci\u00f3n requiere una nueva evangelizaci\u00f3n. Su peculiaridad consiste en que la acci\u00f3n misionera se dirige a bautizados de toda edad, que viven en un contexto religioso de referencias cristianas, percibidas s\u00f3lo exteriormente. En esta situaci\u00f3n, el primer anuncio y una catequesis fundante constituyen la opci\u00f3n prioritaria (DGC 58).<\/p>\n<p>El anuncio misionero, que se orienta a la catequesis, debe entenderse como una acci\u00f3n en dos tiempos: el primero, que es el anuncio propiamente dicho, propone a Jesucristo y su evangelio y llama a la adhesi\u00f3n de fe; el segundo, que es llamado pre-catequesis, se concibe como un tiempo de b\u00fasqueda, de clarificaci\u00f3n y de decisi\u00f3n de seguir el proceso catequ\u00e9tico (CAd 204-210). La puesta en pr\u00e1ctica de este anuncio misionero y del acompa\u00f1amiento de las personas en el tiempo de la precatequesis exige a la Iglesia la preparaci\u00f3n cuidadosa de agentes capacitados para esta delicada tarea pastoral.<\/p>\n<p>En cuanto a la metodolog\u00ed\u00ada, hay que tener en cuenta que la presencia simult\u00e1nea del anuncio y de la catequesis propiamente dicha puede demandar una cierta alternancia de los m\u00e9todos. Mientras la catequesis puede tener unos acentos m\u00e1s asertivos o expositivos, referidos a los contenidos de la fe, el anuncio debe ser m\u00e1s interpelante y directo. A lo largo del itinerario catequ\u00e9tico, ambos deber\u00e1n ser sabiamente utilizados y dosificados por el catequista, al servicio del acompa\u00f1amiento hacia la fe de las personas que tiene confiadas.<\/p>\n<p>V. Condiciones para el anuncio misionero<br \/>\nA pesar de que, como recuerda la EN, \u00abla Iglesia existe para evangelizar\u00bb, no siempre aparece como patente e incuestionable que all\u00ed\u00ad donde la Iglesia est\u00e1 presente est\u00e1 tambi\u00e9n la acci\u00f3n misionera y el anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo. En ocasiones, el peso de tradiciones a\u00f1adidas, o la rutina, o la instalaci\u00f3n, puede acarrear el olvido de lo esencial y, en la pr\u00e1ctica, la acci\u00f3n misionera queda relegada y llega a no estar presente. Si tal situaci\u00f3n, aunque no sea aceptable en principio, ha podido tener una cierta explicaci\u00f3n en tiempos pasados, de cristiandad, en las circunstancias actuales se convierte en un grave pecado de omisi\u00f3n. Hoy no es posible suponer que el anuncio y el conocimiento de Jesucristo pueda llegar a las personas y a los ambientes por otro cauce que no sea la propia comunidad eclesial y el testimonio y la palabra de los cristianos.<\/p>\n<p>Con todo, el anuncio misionero no se produce de forma espont\u00e1nea o autom\u00e1tica, simplemente por la presencia de la Iglesia. Es necesario que se den algunas condiciones, que vienen demandadas por el contexto cultural en que nos movemos.<\/p>\n<p>1. LA COMUNIDAD MISIONERA. El fundamento b\u00ed\u00adblico y eclesial de la misi\u00f3n es claro, y los textos del magisterio de nuestros d\u00ed\u00adas reafirman la misma conciencia: \u00abLa Iglesia entera es misionera, la obra de la evangelizaci\u00f3n es un deber fundamental del pueblo de Dios\u00bb (EN 59). Se trata de que, en su existencia concreta e hist\u00f3rica, la Iglesia -las Iglesias particulares y cada comunidad inmediata-vivan seg\u00fan esta conciencia. Para ello se necesita, en primer lugar, que exista comuni\u00f3n. Los miembros de la Iglesia saben que no est\u00e1n unidos por una agregaci\u00f3n puramente casual o sociol\u00f3gica, sino por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que es quien construye la unidad. Cuando una comunidad vive esta comuni\u00f3n, se cumple lo que pidi\u00f3 Jes\u00fas en su oraci\u00f3n: \u00abPadre&#8230;, que todos sean una sola cosa&#8230; para que el mundo crea\u00bb (Jn 17,21). As\u00ed\u00ad lo expresa Juan Pablo II: \u00abLa comuni\u00f3n y la misi\u00f3n est\u00e1n profundamente unidas entre s\u00ed\u00ad, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comuni\u00f3n representa a la vez la fuente y el fruto de la misi\u00f3n: la comuni\u00f3n es misionera y la misi\u00f3n es para la comuni\u00f3n\u00bb (ChL 32). La comuni\u00f3n crea unidad desde la aceptaci\u00f3n de la pluralidad de carismas y de vocaciones. Esto es signo de la riqueza que da el Esp\u00ed\u00adritu para que la misi\u00f3n pueda llevarse a cabo. La comunidad misionera es alimentada permanentemente por la Palabra, por la eucarist\u00ed\u00ada y por la oraci\u00f3n en com\u00fan; en ella tiene un lugar privilegiado la iniciaci\u00f3n a la fe a trav\u00e9s de itinerarios catecumenales; es una comunidad abierta, capaz de acoger a los de fuera y de compartir con los pobres; en sinton\u00ed\u00ada con el entorno social y sabiendo estar presente en medio de \u00e9l de forma testimonial y significante. Este estilo de ser y de estar es el que da a la comunidad misionera el respaldo para poder anunciar de forma cre\u00ed\u00adble el mensaje de Jesucristo. Por el contrario, si la comunidad no presenta estas caracter\u00ed\u00adsticas, sino que se conduce dentro de esquemas puramente tradicionales, m\u00e1s vuelta al pasado que al presente y al futuro, es claro que le faltar\u00e1n no s\u00f3lo la energ\u00ed\u00ada para llevar el anuncio a los hombres, sino la fuerza y el respaldo moral que necesita para que este sea tomado en consideraci\u00f3n. \u00abSer\u00e1, sobre todo, mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizar\u00e1 al mundo\u00bb (EN 41).<\/p>\n<p>2. Los CRISTIANOS PRESENTES EN EL MUNDO. En una cultura secularizada, se afirma cada vez m\u00e1s la necesidad de que quienes lleven a cabo el anuncio misionero sean los mismos que viven plenamente inmersos en esa cultura y en sus \u00e1mbitos normales de vida. Una Iglesia clerical o clericalizada dif\u00ed\u00adcilmente puede ser hoy misionera. El testimonio ante los no creyentes y la propuesta directa de la fe procede de la condici\u00f3n bautismal m\u00e1s que de la ordenaci\u00f3n sacramental. El problema se presenta muchas veces porque la&#8217;mayor\u00ed\u00ada de los cristianos laicos no tiene conciencia de este aspecto espec\u00ed\u00adfico de su condici\u00f3n y vocaci\u00f3n laical y porque, incluso teniendo esta conciencia, les falta preparaci\u00f3n para llevar a efecto la tarea misionera.<\/p>\n<p>El Vaticano II desarroll\u00f3 ampliamente la originalidad y el alcance de la vocaci\u00f3n de los laicos (LG y AA). Despu\u00e9s de \u00e9l, parece irse afianzando la convicci\u00f3n de que el papel de los laicos en la tarea misionera es irremplazable. Esta tarea se lleva a cabo en dos \u00e1mbitos: el de la construcci\u00f3n de la ciudad secular seg\u00fan el proyecto de Dios y el del di\u00e1logo misionero y el anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo que se va haciendo en las fronteras de la fe, all\u00ed\u00ad donde es impensable la presencia y la credibilidad de un ministro ordenado. Para iluminar la situaci\u00f3n que hoy se vive, es posible remontarse a los primeros siglos cristianos, cuando la expansi\u00f3n del cristianismo entre los gentiles estaba plenamente en manos de los laicos, hombres y mujeres convencidos de su fe y capaces de contagiarla por la fuerza de su testimonio. Hoy nos encontramos en situaciones bastante semejantes a aquellas, aunque con nuevas dificultades a\u00f1adidas, como son las ya citadas condiciones de la sociedad poscristiana.<\/p>\n<p>3. UN LENGUAJE CAPAZ DE ANUNCIAR: SIGNOS Y PALABRAS. Una \u00faltima, aunque no menos importante, condici\u00f3n para que se d\u00e9 el anuncio misionero, es que este sea transmitido en un lenguaje capaz de ser comprendido por sus destinatarios. Aun m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n, este lenguaje debe ser capaz de interpelar y de invitar a la respuesta. El anuncio de Jesucristo no consiste s\u00f3lo en una transferencia de informaci\u00f3n sobre \u00e9l, sino en una llamada a adherirse a \u00e9l, por lo que la intensidad comunicativa del lenguaje debe ser mucho mayor. Este lenguaje, a semejanza del que us\u00f3 Jes\u00fas, est\u00e1 hecho a la vez de signos y palabras.<\/p>\n<p>a) Los signos. Dentro de la din\u00e1mica de la evangelizaci\u00f3n, los signos son aquellas acciones, conductas, gestos, que s\u00f3lo encuentran explicaci\u00f3n remitiendo a la verdad o realidad que significan (Jes\u00fas, no s\u00f3lo se manifiesta como \u00abLuz del mundo\u00bb, sino que devuelve a un ciego la vista: Jn 8,12; 9,1-41). Es verdad que los signos que hizo Jes\u00fas eran los propios del Hijo de Dios y no es posible pretender repetirlos. Sin embargo, \u00e9l promete a sus disc\u00ed\u00adpulos que, en su tarea de evangelizadores, \u00ables acompa\u00f1ar\u00e1n signos\u00bb (Mc 16,16-18). Estos signos han estado y contin\u00faan estando presentes en la historia de la evangelizaci\u00f3n. Hoy los signos son, por lo general, formas de conducta de los cristianos que, siendo comunes, resultan en cierto modo extra\u00f1as o interpelantes en el contexto en que tienen lugar: por ejemplo, la pobreza asumida voluntariamente, el compromiso desinteresado por los dem\u00e1s, la honradez en contextos donde es com\u00fan la corrupci\u00f3n, la forma esperanzada de afrontar el dolor, la enfermedad o la muerte. Y lo mismo que en el nivel personal, puede decirse del testimonio de las comunidades cristianas: cuando son lugares abiertos de acogida incondicionada, cuando se da una generosidad al compartir y al ayudar a los necesitados, cuando se denuncian, incluso con riesgos, situaciones de injusticia. En un caso o en otro, se trata de signos de liberaci\u00f3n que actualizan aquello que Jes\u00fas anunci\u00f3 y prometi\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Esta variedad de signos que hoy pueden estar acompa\u00f1ando a la evangelizaci\u00f3n, son los que preparan a la comprensi\u00f3n y a la aceptaci\u00f3n del anuncio misionero, ya que permanentemente est\u00e1n remitiendo a la realidad de la fe y de Jesucristo, a partir de la cual se van haciendo comprensibles. Todo este proceso din\u00e1mico de la evangelizaci\u00f3n puede encontrarse bellamente descrito en numerosos textos del reciente magisterio de la Iglesia (AG 11-12; EN 17-24; RMi 42-43).<\/p>\n<p>b) Las palabras. Recuerda el Concilio que \u00abla revelaci\u00f3n de Dios se realiza por obras y palabras intr\u00ed\u00adnsecamente ligadas\u00bb (DV 2). En la evangelizaci\u00f3n, que consiste en anunciar a los hombres la revelaci\u00f3n y la intervenci\u00f3n salvadora de Dios por Jesucristo, tambi\u00e9n van unidos los signos y las palabras: \u00abestas proclaman las obras y explican su misterio\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>Las palabras humanas que hacen posible el anuncio misionero son, en primer lugar, palabras para un di\u00e1logo, que despu\u00e9s tendr\u00e1n que ser palabras para un anuncio. En cuanto palabras al servicio del di\u00e1logo, deben pertenecer a la cultura, al pensamiento y a las experiencias de los destinatarios. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad pueden conformar un lenguaje significativo, es decir, cargado de sentido. En el evangelizador, la condici\u00f3n para poseer este lenguaje es la encarnaci\u00f3n, la inmersi\u00f3n en la realidad del destinatario. Desde ella, podr\u00e1 ir deshaciendo prejuicios, provocar una b\u00fasqueda y acompa\u00f1ar los pasos del evangelizado que quiz\u00e1 anda a\u00fan en la oscuridad. En cuanto palabras al servicio del anuncio, deber\u00e1n ser, en primer lugar, fieles a la verdad revelada que se pretende transmitir, y que la Iglesia entrega en f\u00f3rmulas acu\u00f1adas, y, al mismo tiempo, ser capaces de expresar su contenido profundo utilizando un lenguaje que tenga sentido para quien lo escucha. En los tiempos y circunstancias actuales, no es peque\u00f1o el esfuerzo que deber\u00e1n hacer los evangelizadores para hallar este lenguaje v\u00e1lido que est\u00e1 reclamando el anuncio misionero. De nuevo en EN 63 encontramos enunciadas las exigencias de adaptaci\u00f3n y de fidelidad que requiere el lenguaje de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El anuncio misionero resulta hoy irrenunciable como punto de partida para una catequesis que debe desarrollar una fe inicial ya presente. En unas ocasiones este anuncio ser\u00e1 previo a la catequesis y, en otras, tendr\u00e1 que ser simult\u00e1neo a ella. En cualquier caso est\u00e1 llamado a ser la piedra de toque de toda la actividad que la Iglesia debe llevar a cabo al servicio de su misi\u00f3n y del hombre de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>BIBL.: Congreso \u00abEvangelizaci\u00f3n y hombre de hoy\u00bb, Edice, Madrid 1986; Congreso \u00abParroquia evangelizadora\u00bb, Edice, Madrid 1989; CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, Para una pastoral de la cultura, Ciudad del Vaticano (23 mayo 1999); GEVAERT J., Primera evangelizaci\u00f3n, CCS, Madrid 1992.<\/p>\n<p>Antonio M\u00c2\u00aa. Alcedo Ternero<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NDB SUMARIO: I. Nuestro contexto socio-cultural. II. El anuncio en la misi\u00f3n de la Iglesia: 1. El anuncio como elemento esencial de la misi\u00f3n; 2. El contenido del anuncio misionero. III. El anuncio misionero en la pastoral actual. IV. El anuncio misionero en la catequesis. V. Condiciones para el anuncio misionero: 1. La comunidad misionera; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/anuncio-misionero\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abANUNCIO MISIONERO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16967","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16967","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16967"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16967\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16967"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16967"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16967"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}