{"id":16969,"date":"2016-02-05T11:03:34","date_gmt":"2016-02-05T16:03:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bienaventuranzas-decalogo\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:34","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:34","slug":"bienaventuranzas-decalogo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bienaventuranzas-decalogo\/","title":{"rendered":"BIENAVENTURANZAS-DECALOGO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Evangelio y catequesis de las bienaventuranzas: 1. La buena noticia de las bienaventuranzas; 2. Las catequesis de Mateo y de Lucas; 3. Las bienaventuranzas en la historia de la Iglesia. II. Las bienaventuranzas, camino hacia la plenitud humana: 1. Est\u00e1n sembradas en lo humano, aunque amenazadas; 2. Cada bienaventuranza libera en nosotros la vida. III. Bienaventuranzas y dec\u00e1logo. IV. Educar las semillas de las bienaventuranzas. V. Pistas pedag\u00f3gicas y metodol\u00f3gicas: 1. Principios catequ\u00e9ticos entra\u00f1ados en las bienaventuranzas; 2. Algunas sugerencias metodol\u00f3gicas concretas.<\/p>\n<p>Los entendidos en las ciencias humanas nos confirman que buscar la felicidad es el deseo m\u00e1s hondo del coraz\u00f3n de cualquier hombre o mujer. \u00ed\u008dntimamente relacionada con el amor que se da y se recibe, parece que se logra al saberse amado tal cual uno es. Por alcanzarla, sacrificamos dinero, tiempo y cuanto tenemos. La cultura consumista en que vivimos, que conoce bien esta necesidad de nuestro coraz\u00f3n, persigue, incansable, seducirnos y nos hace caer en la trampa de tener cada vez m\u00e1s, arrastrados por el invencible deseo de ser felices.<\/p>\n<p>Precisamente porque la felicidad est\u00e1 siempre ante nosotros como meta inalcanzable, buscamos con ah\u00ed\u00adnco los caminos que a ella conducen. Algunos la relacionan con estar en armon\u00ed\u00ada consigo mismo, con la naturaleza, con los otros y con Dios, fuente de la existencia; y los r\u00e1pidos momentos de paz profunda que a veces experimentan se lo confirman. Pero pronto se mezclan en sus vidas sombras y dudas que los desequilibran, hieren y rompen por dentro, o les impulsan a herir a los dem\u00e1s en lugar de amarlos. La ruptura de su armon\u00ed\u00ada les impide continuar buscando y hace surgir en ellos la duda de si es realmente posible alcanzar la dicha que a\u00f1oran y todo ser humano anhela.<\/p>\n<p>A este gran interrogante, responde el evangelio con la propuesta de las bienaventuranzas, que invitan a encontrar la felicidad en la pobreza, las l\u00e1grimas, el hambre o la persecuci\u00f3n; es decir, en situaciones inconfortables en las que parece que no puede haber ninguna dicha. Por eso, podr\u00ed\u00adan parecer pura ilusi\u00f3n si no supi\u00e9ramos que son la expresi\u00f3n de la vida de Jes\u00fas, que pas\u00f3 por todo eso y alcanz\u00f3 la felicidad que, corno cualquiera de nosotros, buscaba. El ayuda a descubrir que la felicidad se asienta en el n\u00facleo m\u00e1s hondo de la persona, y que es posible mantener en paz a pesar de todas las tribulaciones en que puede verse envuelta. Es Jes\u00fas, el hombre nuevo, quien muestra con su existencia c\u00f3mo lograr lo que todo ser humano anhela: ser feliz haciendo felices a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>I. Evangelio y catequesis de las bienaventuranzas<br \/>\n1. LA BUENA NOTICIA DE LAS BIENAVENTURANZAS. Encontramos en los evangelios dos formulaciones de las bienaventuranzas. Las de Mateo, m\u00e1s conocidas, son ocho. Aparecen como pr\u00f3logo al serm\u00f3n del monte (Mt 5,3-12). Las cuatro de Lucas van seguidas de otros tantos ayes o lamentos (Lc 6,20-26). Como tel\u00f3n de fondo est\u00e1n los pobres, los que sufren, los marginados \u00abendemoniados, lun\u00e1ticos, paral\u00ed\u00adticos\u00bb a los que \u00e9l cur\u00f3 (Mt 4,24; Lc 6,18). Las bienaventuranzas, primordialmente dirigidas a los disc\u00ed\u00adpulos -se lee en el Directorio general para la catequesis-, se orientan a la transformaci\u00f3n del mundo, anuncian la buena noticia del Reino y una dicha que pasa por hacer felices a los dem\u00e1s (DGC 103; VC 33).<\/p>\n<p>a) Dios ama a los pobres. La buena noticia de que Dios nos quiere libres y felices recorre la Escritura. Esta se abre con el reconocimiento de que la persona, ser en relaci\u00f3n, est\u00e1 llamada a lograrse viviendo en armon\u00ed\u00ada consigo misma, con la naturaleza, con los otros y con Dios, la fuente de la vida (G\u00e9n 1,1-4). Las conocidas im\u00e1genes del caos, del jard\u00ed\u00adn y del \u00e1rbol de la vida expresan simb\u00f3licamente esa invitaci\u00f3n a vivir en plenitud. Y la Biblia se cierra con la afirmaci\u00f3n de la plena realizaci\u00f3n del anhelo humano en la existencia de \u00abun cielo nuevo y una tierra nueva\u00bb (Ap 21,1), en que \u00abDios enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de los ojos y ya no habr\u00e1 muerte, ni luto, ni llanto, ni pena\u00bb (Ap 21,4). Entre este comienzo y este final, transcurre una historia de dolor y gozo, frustraciones y esperanzas en la que se van narrando las dram\u00e1ticas consecuencias de pobreza, muerte, hambre y guerra (Ap 6,8) generadas por la seducci\u00f3n de querer ser como Dios; la quiebra del sue\u00f1o de Dios de una vida en comuni\u00f3n con \u00e9l y con los dem\u00e1s, expresado en la Alianza; la manifestaci\u00f3n de su amor-dolor ante la suerte de los pobres y la ceguera de quienes la provocan, transmitida por los profetas, con la imagen de la madre cuyas entra\u00f1as se estremecen ante la situaci\u00f3n de su pueblo (Os 11,8) y con las llamadas a volver al amor primero (Ap 2,4; Os 2,16-17), porque \u00e9l es un Dios fiel, siempre dispuesto a perdonar, a recrear a la persona en su integridad original. \u00abLos amar\u00e9 de todo coraz\u00f3n\u00bb (Os 14,5).<\/p>\n<p>Esta historia manifiesta el coraz\u00f3n de Dios, que escucha los gritos del pueblo y act\u00faa liber\u00e1ndolo por mediaci\u00f3n de Mois\u00e9s y los profetas. Y durante la dolorosa \u00e9poca del exilio en Babilonia, su ternura se hace perceptible en la mediaci\u00f3n del Siervo, misteriosa figura, cuyo perfil actualiz\u00f3 Jes\u00fas y cuya experiencia del Dios de los pobres mantendr\u00e1 viva la esperanza. A lo largo de esta historia Dios, que es fiel, llama de continuo a conversi\u00f3n e invita a cada uno a ser feliz, para que guste, en libertad, la vida recibida y la ponga al servicio de los dem\u00e1s. Siglos antes del nacimiento de Jes\u00fas, en la imagen de un banquete, Isa\u00ed\u00adas so\u00f1aba con un mundo feliz: \u00abEl Se\u00f1or todopoderoso brindar\u00e1 a todos los pueblos en esta monta\u00f1a un fest\u00ed\u00adn de ping\u00fces manjares, un fest\u00ed\u00adn de vinos excelentes&#8230; El Se\u00f1or Dios secar\u00e1 las l\u00e1grimas de todos los rostros\u00bb (Is 25,6-8). La felicidad que reclama la comuni\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s es una manifestaci\u00f3n del reino de Dios: el que Jes\u00fas nos r\u00e9velar\u00e1 al manifestarnos que Dios es el Abb\u00e1, el Padre\/Madre de todos, el Dios de los m\u00e1s peque\u00f1os, desfavorecidos y pobres, que a todos quiere sentar a su mesa.<\/p>\n<p>b) Jes\u00fas pobre y al servicio de los pobres. Leyendo las bienaventuranzas desde la existencia de Jes\u00fas, que realmente las vivi\u00f3, podremos ir descubriendo su trasfondo, pues reflejan sus actitudes y comportamientos ante la vida. De la lectura de los evangelios se deduce inmediatamente que sus primeros destinatarios fueron los pobres, los que sufren, los no violentos, los que pasan hambre&#8230; Jes\u00fas de Nazaret, el que \u00abse rebaj\u00f3\u00bb (Flp 2,7), desde abajo y enviado por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or (Lc 4,18), mostr\u00f3 a todos cu\u00e1l es la calidad del amor de Dios y c\u00f3mo evitar los sufrimientos que impiden ser felices. La primera comunidad cristiana vio a Jes\u00fas como la actualizaci\u00f3n del Siervo anunciado por Isa\u00ed\u00adas. Desde esa clave leyeron su vida los evangelistas (Mt 12,18-21; Lc 4,16-21). M\u00e1s en concreto, Lucas pone en boca del mismo Jes\u00fas el texto de Is 61, despu\u00e9s de haber eliminado la referencia a la violencia, para significar que este anuncio se cumpl\u00ed\u00ada en \u00e9l 1. La vida de Jes\u00fas se ajust\u00f3 al perfil del Siervo. Consagrado como \u00e9l para anunciar el derecho a las naciones; solidario con los que sufren injusticias, mentiras, odios y violencias, no se apoy\u00f3 en la fuerza ni en el poder, sino en Dios, y sufri\u00f3 sin defensa alguna. Hasta le mataron; pero su muerte dio vida a una multitud.<\/p>\n<p>Cabe preguntarse si anunci\u00f3 Jes\u00fas, directamente, todas las bienaventuranzas a los pobres de su tiempo. Muy probablemente pronunciara dos: dichosos \u00ablos pobres\u00bb, a secas, y dichosos \u00ablos perseguidos\u00bb como anta\u00f1o lo fueron los profetas2. La primera explicita su deseo de mostrar que Dios Abb\u00e1 ama a todos, y de un modo preferencial a los pobres y pecadores, y les muestra su amor, al querer cambiar, con su colaboraci\u00f3n, las situaciones que generan pobreza, violencia y marginaci\u00f3n o se apoyan en una imagen falsa,de \u00e9l. La segunda presenta las consecuencias de una determinada opci\u00f3n. Tras la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, la comunidad cristiana se aplic\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma lo dicho por Jes\u00fas y lleg\u00f3 a expresarlo en una formulaci\u00f3n cercana a la de Lucas, con objeto de animar a los disc\u00ed\u00adpulos, que sufr\u00ed\u00adan las consecuencias de la pobreza y la persecuci\u00f3n al seguir a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2. LAS CATEQUESIS DE MATEO Y DE LUCAS. Las bienaventuranzas que Mateo y Lucas insertan en su evangelio son como dos catequesis, ofrecidas a sus respectivas comunidades, teniendo en cuenta la situaci\u00f3n particular de cada una de ellas 3.<\/p>\n<p>a) Coincidencias y divergencias. La comunidad de Mateo est\u00e1 formada por cristianos provenientes del juda\u00ed\u00adsmo, cuya mentalidad sosten\u00ed\u00ada que \u00fanicamente pod\u00ed\u00adan pertenecer al Reino quienes cumplieran fielmente las prescripciones de la ley. Jes\u00fas intent\u00f3 cambiar esta mentalidad, al abrir el reinado a todos, jud\u00ed\u00ados o no; as\u00ed\u00ad parece deducirse de la par\u00e1bola del juicio final sobre el amor, el gran criterio para formar parte del Reino (Mt 25,31-46). Las bienaventuranzas de Mateo forman dos bloques de cuatro. Recogen una serie de actitudes y de acciones respectivamente. La pobreza de coraz\u00f3n abre el primero de ellos, se\u00f1alando su importancia. No violencia, dolor, hambre y sed de justicia siguen como desglose de la misma.<\/p>\n<p>El segundo bloque se centra en las obras. Pero entre la misericordia y el trabajo por la paz aparece la pureza de coraz\u00f3n, actitud de la que aquellas brotan desde dentro a fuera. Finalmente en la bienaventuranza de los \u00abperseguidos por la justicia\u00bb queda formulada la consecuencia de la entrega amorosa a Dios 4.<\/p>\n<p>Ya la misma forma de presentaci\u00f3n de las bienaventuranzas es catequ\u00e9tica, pues evoca la tan subrayada invitaci\u00f3n en Mateo de no separar vida y fe: \u00abNo todo el que me dice \u00c2\u00a1Se\u00f1or, Se\u00f1or! entrar\u00e1 en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial\u00bb (Mt 7,21).<\/p>\n<p>Las tres primeras bienaventuranzas en Lucas, que s\u00f3lo menciona cuatro, est\u00e1n referidas a situaciones reales: ser pobre, pasar hambre, llorar. La \u00faltima, semejante a la de Mateo, alude a la persecuci\u00f3n por causa de Jes\u00fas. Pero a continuaci\u00f3n, el evangelista a\u00f1ade una serie de ayes o lamentos, contrapuestos a los anuncios de dicha que acaba de mencionar y en los que advierte a los ricos, a los que r\u00ed\u00aden y a los que est\u00e1n saciados, que su situaci\u00f3n no proporciona la felicidad que buscan, mientras que a los que ahora son pobres, a los que pasan hambre y a los que lloran y son difamados se les anuncia dicha plenitud. Para entender el sentido de esta catequesis hay que tener en cuenta la situaci\u00f3n de la comunidad a la que va destinada. Una comunidad formada por cristianos de origen griego que han abrazado la pobreza evang\u00e9lica por seguir a Jes\u00fas y como \u00e9l est\u00e1n sufriendo las consecuencias del servicio a los pobres, cuyas expresiones son la pobreza y sufrimiento real que est\u00e1 experimentando la comunidad. Es lo que subraya la cuarta de las bienaventuranzas: \u00abDichosos ser\u00e9is si os odian los hombres, si os expulsan, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre\u00bb (Lc 6,22), al describir una situaci\u00f3n contraria a la de los ricos que aparecen en el segundo bloque.<\/p>\n<p>A la comunidad de Lucas le acecha la tentaci\u00f3n del dinero que, contrariamente al amor que se entrega y hace feliz, encierra en s\u00ed\u00ad, bloquea y hace desgraciados a otros: \u00abNo pod\u00e9is servir a Dios y al dinero\u00bb (Lc 16,13). A la tentaci\u00f3n de tener, tan habitual en nuestra b\u00fasqueda de felicidad, Lucas ofrece la alternativa de ser, seg\u00fan el proyecto de persona so\u00f1ada por Dios y que se realiz\u00f3 plenamente en el hombre nuevo, Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) El n\u00facleo com\u00fan. Las dos versiones de las bienaventuranzas tienen aspectos comunes. En ambas, la primera se refiere a los pobres. Mateo precisa \u00abpobres de esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Son los anawin, expresi\u00f3n que se aplic\u00f3 tras el destierro de Babilonia a quienes, sintiendo agudamente su pobreza existencial, se sab\u00ed\u00adan amados por el Dios de los pobres y confiaban en \u00e9l para existir y continuar viviendo. Y consecuentemente, el que es pobre de esp\u00ed\u00adritu se hace pobre de hecho, seducido por ese Dios. Lucas se dirige a los disc\u00ed\u00adpulos pobres a secas, que pasan hambre, que lloran y son perseguidos por su fidelidad a Jes\u00fas. Lo pasan tan mal que est\u00e1n tentados de recuperar lo que dejaron al seguirle. Los dos evangelistas coinciden en la \u00faltima bienaventuranza, la de la persecuci\u00f3n. Mateo la desdobla, subrayando de este modo las consecuencias del servicio al Reino y la dicha del disc\u00ed\u00adpulo aun en medio de injurias y calumnias.<\/p>\n<p>Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas son los primeros destinatarios de ambas catequesis 5. Es evidente en Lucas; est\u00e1 menos claro en el texto de Mateo. Y, adem\u00e1s, en este evangelista, los anuncios de dicha se ofrecen a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Estos, incluso sin ser disc\u00ed\u00adpulos, pueden participar de una dicha que est\u00e1 vinculada a actitudes y comportamientos, cuya ra\u00ed\u00adz son los mismos mandamientos. El serm\u00f3n del monte, que explicita las bienaventuranzas, ense\u00f1a a vivirlas en plenitud: \u00abNo pens\u00e9is que he venido a derogar la ley y los profetas; no he venido a derogarla, sino a perfeccionarla\u00bb (Mt 5,17).<\/p>\n<p>c) La fuente de la dicha. El motivo de la dicha se declara en la primera y la \u00faltima bienaventuranza, \u00abporque de ellos es el reino de Dios\u00bb (Mt 5,3.10). El amor de Dios es fuente de gozo, porque quien se sabe amado ama a su vez, y al amar y servir se realiza como persona. Las ciencias humanas dan gran importancia al amor para la adquisici\u00f3n de una seguridad b\u00e1sica personal. Dios nos ama con ternura: \u00ab\u00bfPuede una mujer olvidarse del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidar\u00ed\u00ada de ti\u00bb (Is 49,51); nos quiere vivos, felices. Cuando caemos est\u00e1 junto a nosotros para levantarnos: \u00abComo a una mujer abandonada y desolada te ha requerido el Se\u00f1or\u00bb (Is 54,6). Jes\u00fas, encarnaci\u00f3n de Dios que es amor, nos ense\u00f1a a dejarnos amar por el Abb\u00e1, vocablo del lenguaje familiar -papa\u00ed\u00adto, mama\u00ed\u00adta- cargado de significaci\u00f3n. Dios es el principio amoroso de nuestra existencia. Jes\u00fas confi\u00f3 en el Dios de los pobres, hasta en su muerte violenta. Y el Padre lo resucit\u00f3, mostrando de ese modo que la vida es m\u00e1s fuerte que la muerte y nada puede impedir que, en su n\u00facleo m\u00e1s hondo, la persona sea feliz.<\/p>\n<p>Por eso, \u00fanicamente desde la experiencia de la resurrecci\u00f3n, con la que el Padre culmin\u00f3 la vida de entrega de Jes\u00fas, es comprensible la felicidad de las bienaventuranzas. \u00abEl Padre me ama\u00bb, dice Jes\u00fas (Jn 15,9); esa es la experiencia de los pobres de coraz\u00f3n, primera de las bienaventuranzas y clave para interpretar las restantes. Ser pobre de coraz\u00f3n significa estar reconciliado con su pobreza existencial y dejarse amar. Es la actitud del ni\u00f1o, que tanto cuesta al adulto. La invitaci\u00f3n de Jes\u00fas es clara: \u00abOs aseguro que si no cambi\u00e1is y os hac\u00e9is como ni\u00f1os, no entrar\u00e9is en el reino de Dios\u00bb (Mt 18,3). Los que se saben indefensos se dejan amar por el Dios de los pobres. Saberse amado de este modo aumenta la autoestima, al mismo tiempo que lanza a compartir con los dem\u00e1s lo que gratuitamente ha recibido. Cuando uno lo hace, siente que est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada consigo, con el cosmos, con los otros y con Dios. Es una experiencia de plenitud, que coincide con el shalom b\u00ed\u00adblico o la paz.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino bienaventuranza o macarismo, de makarios -dichoso en griego- deriva de una palabra hebrea, ashre, que significa felicidad, prosperidad, fortuna. Es la revelaci\u00f3n o el descubrimiento de una dicha muy profunda, que el hombre b\u00ed\u00adblico refiere a Dios. En algunos pasajes del Antiguo Testamento (Sal 2,12; 34,9; 84,13; Is 30,18) se llama dichoso al que conf\u00ed\u00ada en Yav\u00e9. En el Nuevo Testamento, Mar\u00ed\u00ada dice de s\u00ed\u00ad misma que la llamar\u00e1n bienaventurada, dichosa (Lc 1,48). Santiago declara dichosos a los que padecieron penalidades en nombre del Se\u00f1or (Sant 5,11). Finalmente podemos decir que, al proclamar los macarismos o bienaventuranzas, se est\u00e1 afirmando un futuro que lleva consigo la transformaci\u00f3n del presente.<\/p>\n<p>d) Don y compromiso a un tiempo. Las semillas de las bienaventuranzas ya est\u00e1n sembradas en nuestro coraz\u00f3n: son un don cuyo florecer depende de la respuesta de nuestro libre compromiso. La humanidad, tal como se manifest\u00f3 en la vida de Jes\u00fas, lleva en s\u00ed\u00ad semillas de bondad y de amor m\u00e1s fuertes que la muerte, el odio, la violencia o la mentira. Por eso, cualquier hombre o mujer puede ser feliz en la medida en que vaya educando y desarrollando esas semillas. Con frecuencia se habla de ley natural cuando nos referimos a los mandamientos. Las bienaventuranzas son como la flor de las tendencias amorosas inscritas en todo coraz\u00f3n humano. \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha dado\u00bb (Rom 5,5). Germinan, florecen y dan ciento por uno, cuando cultivamos la pobreza de coraz\u00f3n, la no violencia, el llorar por sentirnos alejados del proyecto del Reino, el hambre y la sed de justicia, la pureza de coraz\u00f3n. Todas estas actitudes emanan de la pobreza de coraz\u00f3n, porque ellos, los pobres, los que se saben necesitados, est\u00e1n m\u00e1s predispuestos para dejarse amar por el Abb\u00e1, que quienes se sienten suficientes, constantemente acechados por la tentaci\u00f3n de ser como dioses y de vivir sin \u00e9l, apoyados en el dinero, la fama o el poder.<\/p>\n<p>El serm\u00f3n del monte, que en Mateo se abre con las bienaventuranzas, explicita las actitudes y comportamientos recogidos en estas, mostrando a los disc\u00ed\u00adpulos c\u00f3mo se es \u00absal de la tierra y luz del mundo\u00bb (Mt 5,13-14). Las acciones no brotar\u00e1n por voluntarismo, sino de las actitudes, como expresi\u00f3n de un amor que se ensancha y se entrega a los m\u00e1s necesitados de amor, a los m\u00e1s atropellados en su dignidad humana: \u00abDichosos los misericordiosos, dichosos los que trabajan por la paz\u00bb. El compromiso por la misericordia y la paz con frecuencia encontrar\u00e1 oposici\u00f3n, e incluso la muerte; pero tambi\u00e9n en ese caso es posible experimentar el gozo muy hondo de las bienaventuranzas, porque se trata de la promesa del Se\u00f1or cuya realizaci\u00f3n hace posible el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado.<\/p>\n<p>3. LAS BIENAVENTURANZAS EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA. La comunidad cristiana, a lo largo de su historia, se ha referido constantemente a las bienaventuranzas como al n\u00facleo de la vida cristiana. Son frecuentes las referencias de los Padres de la Iglesia a vivir la pobreza evang\u00e9lica desde las actitudes de la justicia, la misericordia y la paz. Tambi\u00e9n las orientaciones del magisterio actual de la Iglesia nos invitan a vivir las bienaventuranzas, porque \u00absin el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo a Dios\u00bb. Y nos recuerdan que las bienaventuranzas est\u00e1n en el centro de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y responden al deseo natural de felicidad del ser humano (CCE 1718-1719). A las ense\u00f1anzas dedos grandes Padres de la Iglesia, ha acompa\u00f1ado el testimonio de los santos y santas, canonizados o no, que en la Iglesia se han significado por vivir el evangelio y han ido realizando en sus vidas las actitudes y comportamientos de las bienaventuranzas: Francisco de As\u00ed\u00ads, Vicente de Pa\u00fal, Oscar Romero, Teresa de Calcuta, o la recientemente nombrada doctora de la Iglesia, Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, que en la \u00abnoche oscura del sentido\u00bb, confi\u00f3 plenamente en Dios, en uni\u00f3n con los que sienten la tentaci\u00f3n de renegarle y actualiz\u00f3 la bienaventuranza de los que sufren, porque no alcanzan a vivir el evangelio como lo desean. Podr\u00ed\u00adan multiplicarse los testimonios de los que actualizan las bienaventuranzas trabajando por la transformaci\u00f3n del mundo, solidarizados con los que sufren en su cuerpo o en su esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>II. Las bienaventuranzas, camino hacia la plenitud humana<br \/>\n1. EST\u00ed\u0081N SEMBRADAS EN LO HUMANO, AUNQUE AMENAZADAS. El objetivo de todos los esfuerzos humanos es conseguir ser felices, aun en las situaciones m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles y complejas en que la persona humana pueda verse. Los psic\u00f3logos afirman que una sana autoestima, el amor, el trabajo y tener un sentido en la vida son elementos que favorecen el logro de la persona en relaci\u00f3n6. Las bienaventuranzas dan respuesta a esas dimensiones, al invitar a dejarse amar por el Dios de los pobres, el mejor medio para la autoestima, y al ofrecer la oportunidad de sacar lo mejor de s\u00ed\u00ad mismos para ponerlo al servicio de los dem\u00e1s, mediante el esfuerzo que transforma y recrea personas y cosas.<\/p>\n<p>Tendemos siempre hacia un futuro mejor. Bienaventuranza, en castellano viene de ventura y es palabra esperanzadora, ya que une la referencia al futuro con una actitud o acci\u00f3n actual positiva 7. La vocaci\u00f3n humana alcanza su plenitud en el amor que da y se entrega. Los momentos m\u00e1s felices en cada existencia humana est\u00e1n asociados a un hacer algo bueno por los dem\u00e1s. \u00abLa mujer cuando est\u00e1 de parto se siente angustiada, porque ha llegado su hora; pero cuando ya ha dado a luz al ni\u00f1o, no se acuerda m\u00e1s de la angustia por la alegr\u00ed\u00ada de que ha nacido un hombre en el mundo\u00bb (Jn 16,21). Quienes dicen, creyentes o no, que quieren vivir a tope la vida, la arriesgan por los dem\u00e1s. Vive en plenitud quien la entrega: la clave de la felicidad est\u00e1 en ser en s\u00ed\u00ad mismo a pesar de todo.<\/p>\n<p>Las bienaventuranzas est\u00e1n sembradas en el coraz\u00f3n humano en forma de bondad, de amor hasta el perd\u00f3n, de misericordia y de trabajo por la justicia. Estos y otros valores est\u00e1n brotando de continuo en la humanidad y hacen que esta perdure a pesar de tanta guerra y violencia. Pero requieren ser cultivados porque est\u00e1n amenazados y hay que contrarrestar las actitudes de la violencia 8, que germinan en el caldo de cultivo de nuestra cultura. El evangelio, en frase de Pablo VI, es la plenitud de lo humano, y las bienaventuranzas, coraz\u00f3n del evangelio, ofrecen la posibilidad de vivir como Jes\u00fas al actualizar, por su Esp\u00ed\u00adritu, sus actitudes y comportamientos en un mundo que busca ser feliz (cf CT 9; GS 22). Las bienaventuranzas vienen, sobre todo, en nuestra ayuda, porque invitan a desarrollar lo mejor que hay en cada persona y ofertan alternativas a las trampas que nos tiende el mal y que nos impiden ser felices.<\/p>\n<p>2. CADA BIENAVENTURANZA LIBERA EN NOSOTROS LA VIDA9. a) Dichosos los pobres de esp\u00ed\u00adritu. La primera bienaventuranza alerta sobre la mentira de los \u00ed\u00addolos que, como el dinero, el prestigio y la autosuficiencia, intentan acaparar el coraz\u00f3n. Ofrece, como alternativa, la invitaci\u00f3n a dejarse amar por Dios, poniendo en \u00e9l la confianza. El sabe que somos de barro y cada creyente sabe que su amor le da fuerzas para aceptar sus desajustes personales, que le hacen sufrir, para salir al encuentro de la naturaleza herida, de las personas empobrecidas y para luchar contra la injusta riqueza con el fin de erradicar la pobreza.<\/p>\n<p>b) Dichosos los que sufren. Quien deja entrar en su coraz\u00f3n este anuncio escucha una invitaci\u00f3n a confiar en Jes\u00fas pobre y humillado, que llor\u00f3 como un hombre cualquiera (cf Lc 19,41; Jn 11,35). Se ver\u00e1 libre del miedo al dolor y a la muerte porque el esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or le dar\u00e1 la fuerza necesaria para aceptarse como es, para llorar ante su propia fragilidad y la de los dem\u00e1s, y solidarizarse con los hombres y mujeres que sufren, con la esperanza puesta en el Dios de la vida que resucit\u00f3 a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>c) Dichosos los no violentos. Esta bienaventuranza desenmascara la din\u00e1mica destructiva de la violencia que un mal uso de la agresividad genera en el ser humano. Invita a canalizar esa energ\u00ed\u00ada para crear y construir, como Jes\u00fas, desde una actitud de no violencia, tan subrayada en el serm\u00f3n del monte (cf Mt 5,38-42).<br \/>\nd) Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. La cuarta bienaventuranza estimula a superar una concepci\u00f3n de la justicia \u00fanicamente referida a proteger el yo de las amenazas ajenas, y alienta a que los derechos de los dem\u00e1s pasen antes que los propios. As\u00ed\u00ad obraba Jes\u00fas, que ten\u00ed\u00ada hambre y sed de ver cumplida la voluntad del Padre, el reino, la fraternidad10 (cf Jn 4,34).<br \/>\ne) Dichosos los misericordiosos. Al ser humano le acecha el peligro de endurecer su coraz\u00f3n para protegerse del dolor que le produce la vista de la miseria ajena. Esta bienaventuranza alienta a cultivar el sentimiento humano de la compasi\u00f3n y de la solidaridad y a comprometerse con los necesitados, como el samaritano de la par\u00e1bola. Tambi\u00e9n nos advierte del peligro que corre de justificar una conducta ego\u00ed\u00adsta con racionalizaciones que intentan ampararse en leyes, reglamentos o normas.<br \/>\nf) Dichosos los puros de coraz\u00f3n. Ante una tentaci\u00f3n, tan habitual en nuestra existencia, como la de la hipocres\u00ed\u00ada, la mentira, o la ceguera 11, la bienaventuranza de los que tienen el coraz\u00f3n limpio anima a ser sinceros y a intentar vivir en la verdad que nos hace libres (Jn 8,32). La verdad sobre uno mismo y sobre los dem\u00e1s es fuente de liberaci\u00f3n y dicha. Jes\u00fas gu\u00ed\u00ada a la plenitud de esa verdad cuando abre los ojos para confesar a Dios como amor, fuente de toda existencia, en quien podemos confiar plenamente. Francisco de As\u00ed\u00ads ve\u00ed\u00ada el cumplimiento de est\u00e1 bienaventuranza, que nos conduce a la adoraci\u00f3n, en que Dios sea Dios.<\/p>\n<p>g) Dichosos los que trabajan por la paz. Semejante proclamaci\u00f3n descubre la trampa, tan arraigada en nuestra cultura, de creer en el principio diferenciador de los otros, distintos e inferiores: hay negros y blancos, pobres y ricos, payos y gitanos, hombres y mujeres, espa\u00f1oles y marroqu\u00ed\u00ades&#8230; La ideologizaci\u00f3n de este principio est\u00e1 en la base de muchos odios y guerras12.<br \/>\nEl verdadero trabajo por la paz pasa por el di\u00e1logo, en el que las dos partes aportan algo. El serm\u00f3n del monte sugiere formas concretas de no-violencia: somos hermanos, hijos de un mismo Padre \u00abque hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos\u00bb (Mt 5,45-46). Sobre esta base se apoya tambi\u00e9n el amor a los enemigos. La formulaci\u00f3n de esta bienaventuranza es ya un recuerdo de que la paz se logra con trabajo y con esfuerzo, que supone en s\u00ed\u00ad mismo una fuente de dicha.<\/p>\n<p>h) Dichosos los perseguidos por causa de la justicia. La \u00faltima de las bienaventuranzas de Mateo, libera de la trampa de creer que la vida se logra guard\u00e1ndola, en lugar de entreg\u00e1ndola. Pone de manifiesto la tentaci\u00f3n de tener reservas personales en dinero, fama, prestigio, etc. El testimonio de Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 hasta dar la vida, es el gran motivo para entregarse sin miedo. El mensaje pascual es el fundamento de la esperanza activa que hoy moviliza a hombres y mujeres hacia el encuentro con el Resucitado en los crucificados de la historia, e invita a descubrir en ellos una vida amenazada que pide ser liberada, y reclama una entrega que hace feliz.<\/p>\n<p>III. Bienaventuranzas y dec\u00e1logo<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre las bienaventuranzas y los mandamientos? El documento Libertad cristiana y liberaci\u00f3n, en el n\u00famero 62, afirma que \u00abJes\u00fas, el nuevo Mois\u00e9s, comenta en ellas [las bienaventuranzas] el dec\u00e1logo, d\u00e1ndole su sentido pleno y definitivo\u00bb. Por su parte el Directorio abunda en ello cuando manifiesta que \u00abel amor a Dios y al pr\u00f3jimo, que resumen el dec\u00e1logo, si son vividos con el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas evang\u00e9licas, constituyen la carta magna de la vida cristiana que Jes\u00fas proclam\u00f3 en el serm\u00f3n del monte\u00bb (DGC 115).<\/p>\n<p>La misma expresi\u00f3n de carta magna la encontramos en Pablo VI (EN 8). Ya san Agust\u00ed\u00adn presentaba el serm\u00f3n del monte como la \u00abcarta perfecta de la vida cristiana\u00bb (De sermone Domini in monte 1.1). \u00abEl serm\u00f3n del monte, en el que Jes\u00fas, asumiendo el dec\u00e1logo, le imprime el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas, es una referencia indispensable en la formaci\u00f3n moral, hoy tan necesaria\u00bb (DGC 85).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el cristiano habr\u00e1 de tener en cuenta las consecuencias sociales de las exigencias evang\u00e9licas (cf CT 29).<\/p>\n<p>Parece obvio que el mensaje que la Iglesia comunica tiene que ser significativo de la persona humana. Por tanto, la catequesis moral, cuando presente en qu\u00e9 consiste la vida digna del evangelio y promueva las bienaventuranzas como esp\u00ed\u00adritu que impregna el dec\u00e1logo, intentar\u00e1 enraizarlas en las virtudes humanas presentes en el coraz\u00f3n del hombre (cf DGC 117). No es de extra\u00f1ar entonces que el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica se refiera a la catequesis de la vida nueva en Cristo se\u00f1alando que esta, entre otras caracter\u00ed\u00adsticas \u00absea una catequesis de las bienaventuranzas, porque el camino de Cristo resumido en ellas es el \u00fanico camino hacia la dicha eterna a la que aspira el coraz\u00f3n del hombre\u00bb; sea \u00abuna catequesis de las virtudes humanas que haga captar la belleza y el atractivo de las rectas disposiciones para el bien\u00bb, y sea una \u00abcatequesis del desdoblamiento de la caridad desarrollada en el dec\u00e1logo\u00bb (CCE 169), ya que, efectivamente, los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>El mismo Directorio no deja de notar c\u00f3mo la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y de los catecismos enriquece la catequesis actual de la Iglesia. Y recuerda que el dec\u00e1logo -una de las siete piezas maestras que la configuran, articuladas de diferentes maneras- est\u00e1 en la base tanto del proceso de iniciaci\u00f3n como del proceso permanente de maduraci\u00f3n cristiana (cf DGC 130). Los mandamientos son como se\u00f1ales en el camino del cristiano, que le reenv\u00ed\u00adan de continuo al Yo soy de Dios. El nos hace firmes a la hora de seguir esas orientaciones, aut\u00e9nticamente humanas, que nos permiten amar y ser felices. Adquieren todo su sentido cuando tratamos de vivir cada uno de ellos con el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas y no cuando nos limitamos a cumplirlos de forma legalista. Situarnos en este punto de vista es reconocer de lleno el mundo de la fe y de la gracia de Dios. A este mundo estamos llamados en el seguimiento de Jesucristo.<\/p>\n<p>IV. Educar las semillas de las bienaventuranzas<br \/>\nPara que una semilla florezca hay que cultivarla (cf Mt 13,4ss). Educar es sacar lo mejor de uno mismo. Las ciencias humanas afirman la necesidad de cultivar, antes de la adolescencia, las semillas de la bondad, la compasi\u00f3n, la misericordia&#8230;13. La catequesis es una de las acciones privilegiadas para cultivarlas, progresivamente, en las diferentes edades mediante el proceso de identificaci\u00f3n con Jes\u00fas (DGC 72).<\/p>\n<p>La vivencia de las bienaventuranzas supone la madurez humana necesaria para ser conscientes de que la muerte, el dolor y el sufrimiento no son la \u00faltima palabra y de que la vida se gana entreg\u00e1ndola. Ese es el eje de la dicha que anuncian. El espacio catequ\u00e9tico m\u00e1s adecuado para educar en esta madurez es el llamado catecumenado o catequesis de adultos de inspiraci\u00f3n catecumenal (cf DGC 64). No obstante, y hasta que llegue ese momento, no s\u00f3lo es posible, sino necesario, ir educando esos valores a partir de la primera infancia, conjugando integridad del mensaje con adaptaci\u00f3n del mismo (DGC 112).<\/p>\n<p>a) Catequesis de infancia. A juicio de los psic\u00f3logos, a partir de las primeras edades y antes de los 14 a\u00f1os, es conveniente educar las actitudes en la l\u00ed\u00adnea que se\u00f1ala Mateo en la formulaci\u00f3n de las bienaventuranzas: pobreza de coraz\u00f3n o aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, tan asociada al sentirse querido por el Dios Padre\/Madre, o las personas que lo simbolizan, tal vez los propios catequistas. Experimentar la dicha de saberse amado como uno es, anima a ser compasivo; sentirse invitado a realizar gestos de bondad hacia los otros, ayuda a saborear el gozo que estos gestos producen en uno mismo y en los dem\u00e1s. En estas primeras edades, la referencia a Jes\u00fas como modelo est\u00e1 muy mediada por el testimonio de los educadores.<\/p>\n<p>b) Infancia adulta. En la etapa que se inicia a partir de los 9-10 a\u00f1os predominan la norma y la acci\u00f3n; la l\u00f3gica supera a la afectividad. Es un momento favorable para presentar a Jes\u00fas en su contexto hist\u00f3rico, realizando signos en favor de los dem\u00e1s, y para aproximarles a las bienaventuranzas como orientaciones que brotan del amor. Por la curiosidad intelectual propia de los ni\u00f1os y ni\u00f1as de estas edades, es tambi\u00e9n un tiempo propicio para iniciarles en el conocimiento de la configuraci\u00f3n de los evangelios y de las mismas bienaventuranzas.<br \/>\nc) Preadolescencia-adolescencia. En esta etapa de claro predominio afectivo, es frecuente que los chicos y chicas se sientan solos, desconectados. De ah\u00ed\u00ad que la tarea m\u00e1s importante del catequista sea la de acompa\u00f1arles en la aceptaci\u00f3n de la propia realidad personal, que tanto les desconcierta por sus cambios notables y sus nuevas reacciones. Es buen momento para verificar si la imagen de Dios que se est\u00e1 perfilando en ellos es la idealizaci\u00f3n del propio yo o la imagen del Dios de Jes\u00fas, cuyas entra\u00f1as de Padre\/Madre se describen en los relatos de Oseas (cf Os 11): el Dios que nos quiere porque \u00e9l es bueno, el Dios que perdona y no culpabiliza.<\/p>\n<p>Hay que tener en cuenta que en esta etapa pueden aflorar sentimientos de culpa ante los impulsos nuevos incontrolados. Por eso puede facilitar el crecimiento desde dentro, la identificaci\u00f3n con personajes b\u00ed\u00adblicos que se dejan encontrar por Jes\u00fas tal como son y se sienten amados y reconocidos por \u00e9l, como la samaritana, el paral\u00ed\u00adtico, Zaqueo y otros. El catequista es el testigo m\u00e1s inmediato para ayudar a crecer sin paternalismos, estimulando lo mejor de uno mismo, desde las claves de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>d) J\u00f3venes. En buena parte de la juventud de hoy se aplaza mucho la independencia de la protecci\u00f3n familiar, debido principalmente a la prolongaci\u00f3n de los estudios y a la dificultad para encontrar trabajo; por ello interesa que los chicos y chicas vayan descubriendo el modo de ir situ\u00e1ndose en la vida. Las bienaventuranzas son para ellos modelos de conducta \u00e9tica y est\u00ed\u00admulo para una acci\u00f3n solidaria. Pero hay que ir m\u00e1s all\u00e1, para que perciban los sentimientos de Jes\u00fas, con los que puedan identificarse. Los j\u00f3venes atraviesan una etapa muy adecuada para tomar conciencia de lo que viven, de lo que les hace desgraciados o felices y para decidirse a tomar la vida en sus propias manos.<\/p>\n<p>e) Adultos. A partir de la experiencia de una vida haciendo frente al dolor y a la injusticia, a la frustraci\u00f3n y al fracaso, etc., la edad adulta es propicia para experiementar el don de las bienaventuranzas, desde la experiencia de la pobreza y las limitaciones propias. Esto puede conducir a confiar en el Dios de los pobres, primera de las bienaventuranzas. Pero antes habr\u00e1 que verificar si la imagen de Dios que tiene la persona adulta es infantil y culpabilizante y necesita ser purificada para acercarse a la imagen de Dios que revela Jes\u00fas. En tales casos, se precisa el catecumenado de adultos, que les ayude a conocer, a trav\u00e9s de la Escritura, que \u00abtanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico\u00bb (Jn 3,16), y que, al mismo tiempo, vaya creando el deseo y la necesidad de celebrarlo en la liturgia, profundizarlo en la oraci\u00f3n y expresarlo en el compromiso.<\/p>\n<p>f) Tercera edad. Con frecuencia se olvida esta etapa, y es importante tenerla en cuenta. La persona mayor lleva mucha carga de experiencia dolorosa en su existencia, y la perspectiva de una muerte cercana la lleva a preguntarse por el logro o p\u00e9rdida definitiva de su vida. Puede ser, por lo tanto, un tiempo adecuado para reconocer toda la carga de bondad que ha ido acumulando en su vida, para ir perdiendo miedo a la soledad y a la muerte, por la esperanza en un futuro que ser\u00e1 pleno, como el anunciado en las bienaventuranzas (DGC 188).<\/p>\n<p>g) Los educadores, a lo largo del proceso catequ\u00e9tico, siguiendo a Jes\u00fas, aprender\u00e1n de \u00e9l a ver en el coraz\u00f3n de toda persona la bondad y el deseo hondo de lograr la vida entreg\u00e1ndola; aprender\u00e1n a estar alerta ante el mal que tienen cerca y en cuyas trampas pueden caer sin darse cuenta. Las bienaventuranzas ayudan a detectar estos males, a desenmascararlos y hacerles frente con sus contrarios. Parece necesario que el catequista tenga asumidas, en cierta medida, las bienaventuranzas o tienda a ello con pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>V. Pistas pedag\u00f3gicas y metodol\u00f3gicas<br \/>\n1. PRINCIPIOS CATEQUETICOS ENTRA\u00ed\u2018ADOS EN LAS BIENAVENTURANZAS. a) Identificaci\u00f3n con el modelo Jes\u00fas. Funci\u00f3n de los testigos. Las bienaventuranzas nos ofrecen un modelo de persona que encuentra la dicha en la entrega a los dem\u00e1s y no en la mera satisfacci\u00f3n de las necesidades creadas por los sentidos: \u00abEl que quiera salvar su vida la perder\u00e1, pero el que pierda su vida por m\u00ed\u00ad y por el evangelio la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,35). Es un modelo opuesto al hedonista e individualista que nos ofrece la sociedad. La misma antropolog\u00ed\u00ada afirma que el camino de la felicidad pasa por la entrega de la propia vida a los dem\u00e1s. La persona como ser en relaci\u00f3n alcanza su plenitud en la medida de su propia donaci\u00f3n. Hasta llegar a ello, va madurando en un proceso de identificaci\u00f3n con los padres, con los educadores y otras personas clave. Las bienaventuranzas nos invitan a contemplar las actitudes y comportamientos del modelo Jes\u00fas, como la perla preciosa por la que se vende todo (cf Mt 13,45-46).<\/p>\n<p>Actualmente se est\u00e1 acentuando la importancia de la sensibilidad en el crecimiento personal14; esto apoya la necesidad de que el educador tenga presente la ense\u00f1anza de Pablo a los cristianos de Filipos: \u00abProcurad tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 2,5). Esto quiere decir que hay que conocer a Jes\u00fas no s\u00f3lo te\u00f3ricamente, sino sobre todo de modo experiencial, a base de contemplarle con los sentidos y a trav\u00e9s de los datos que nos hablan de \u00e9l en la Escritura, y en la vida de sus testigos. Este conocimiento supone mirar, escuchar, tocar, oler, gustar, para que la sensibilidad de Jes\u00fas vaya configurando la nuestra y, espont\u00e1neamente, nuestros actos reproduzcan los suyos. De todo ello se deriva la importancia de que los catequistas sean personas seducidas por Jes\u00fas y deseosas de seguirle.<\/p>\n<p>b) Encarnaci\u00f3n en la vida. Las formulaciones de las bienaventuranzas explicitan las vivencias de Jes\u00fas, que se manifiestan en los evangelios. Jes\u00fas vivi\u00f3 y despu\u00e9s escribieron sobre \u00e9l. Los escritos recuerdan su existencia entregada. Esta perspectiva subraya la necesidad de tener muy en cuenta la vida de los catec\u00famenos. Esta es la que importa transformar, en ella est\u00e1n sembradas, y tambi\u00e9n amenazadas, la bondad, la humildad, la compasi\u00f3n, la misericordia, la justicia, la libertad&#8230; La acci\u00f3n catequ\u00e9tica no puede, por tanto, eludir estas dimensiones de la vida en las que se juega la felicidad de la persona (cf DGC 145). Lo importante en la acci\u00f3n catequ\u00e9tica es favorecer la vivencia de las bienaventuranzas, ayudando a descubrir la dicha que encierran y que se manifiesta en la obra hecha con esfuerzo personal. Cada una de ellas nos estimula a sacar de nosotros lo mejor que tenemos y a compartirlo con los dem\u00e1s. En eso reside la fuente de la dicha que anuncian (DGC 116-117).<\/p>\n<p>c) Talante comunitario. Las bienaventuranzas est\u00e1n formuladas en plural, se orientan a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos, a los que se invita a ser felices haciendo felices al grupo de lisiados, cojos y ciegos que aparecen en los vers\u00ed\u00adculos precedentes. Esta perspectiva se\u00f1ala el modo de ir educando la dimensi\u00f3n comunitaria en la catequesis: sentirse seducidos por Jes\u00fas, el Hombre, y ejercitarse en el amor a los hermanos. De este modo se evita el peligro de confundir comunidad con nido c\u00e1lido (DGC 103).<\/p>\n<p>2. ALGUNAS SUGERENCIAS METODOL\u00ed\u201cGICAS CONCRETAS. Hay tres aspectos que conviene acentuar en relaci\u00f3n con la catequesis de las bienaventuranzas:<br \/>\na) Caer en la cuenta de la b\u00fasqueda personal de felicidad y de los medios concretos para su realizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n habr\u00e1 que preguntarse por los medios que el ambiente ofrece y las consecuencias que producen. Conviene aludir a la seducci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n de masas, con sus reclamos publicitarios que, a modo de trampas enga\u00f1osas, alimentan los deseos de tener, de poder y de autosuficiencia, encerrando a la persona en s\u00ed\u00ad misma e impidi\u00e9ndole ser. Esta experiencia no se limita a lo personal, es universal; basta echar una mirada a la cultura actual, para percibir los enga\u00f1os y frustraciones sociales.<\/p>\n<p>Como contraste, habr\u00e1 que ayudar a percibir los signos de la paz y el gozo personales y los momentos en que se vivieron. Signos que ponen de manifiesto la sed de ser felices y van acompa\u00f1ados de amor que se recibe y que se da. Los medios pueden ser variad\u00ed\u00adsimos, siempre orientados a despertar y dinamizar el deseo profundo de la persona. Es importante invitar, sobre todo a los adultos, a la aceptaci\u00f3n de las propias posibilidades y limitaciones, base sobre la que se puede ofertar un proyecto que anime a caminar.<\/p>\n<p>Relacionado con la b\u00fasqueda, es importante presentar las bienaventuranzas como proyecto que dinamiza a muchas personas, hoy como ayer. Hay datos que confirman su veracidad. La oferta responde a las aspiraciones humanas y permite gozar de una felicidad en medio de situaciones aparentemente contrarias. Su formulaci\u00f3n denota su realismo, invita hacia un futuro mejor. La formulaci\u00f3n de Mateo las abre al universalismo, sin limitaci\u00f3n de credos religiosos o de otras situaciones.<\/p>\n<p>b) Verificar si las im\u00e1genes que cada persona tiene de Dios coinciden con las de Jes\u00fas, seg\u00fan hemos aludido anteriormente. Con frecuencia se constata que una buena teor\u00ed\u00ada no basta para que las entra\u00f1as queden afectadas por el Dios de la misericordia, el Dios-con-nosotros que es Jes\u00fas. A este respecto, y con la ayuda de una t\u00e9cnica proyectiva como, por ejemplo, la de intentar que una persona haga de Dios para tratar de responder a los gritos de dolor de tantas personas que sufren, es posible descubrir la gran distancia que existe entre lo que conocemos de Dios y la experiencia personal que tenemos de \u00e9l.<\/p>\n<p>Experimentarlo ahonda la conciencia de la propia pobreza y abre al deseo de descubrir qui\u00e9n es Dios para los que sufren y c\u00f3mo responde \u00e9l al dolor humano. La pregunta deja abierta la puerta a la presentaci\u00f3n de la vida de Jes\u00fas, el Siervo, rele\u00ed\u00adda desde las bienaventuranzas. Cuando hay deseo de conocer, es posible hacerlo dej\u00e1ndose sorprender, actitud de los peque\u00f1os que Jes\u00fas alaba, base para sentir el gozo de las bienaventuranzas y una de las expresiones de la pobreza de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Favorecer un clima que propicie tales actitudes en la catequesis, requiere que el catequista crea en la buena noticia de las bienaventuranzas y que estas ya est\u00e1n sembradas. Si es as\u00ed\u00ad podr\u00e1 comunicarlas por irradiaci\u00f3n y ayudar\u00e1 a cada persona para que, al sacar y compartir lo mejor de s\u00ed\u00ad misma, se vaya logrando un mundo m\u00e1s feliz.<\/p>\n<p>NOTAS: 1 J. DUPONT, El mensaje de las bienaventuranzas, Verbo Divino, Estella 1978. &#8211; 2 SECRETARIADO NACIONAL DE CATEQUESIS, Evangelio y catequesis de las bienaventuranzas, Edice, Madrid 1981, 26. &#8211; 3 Ib, 34. &#8211; 4 El sentido de justicia en Mateo incluye la justicia social, pero la desborda. Se refiere a la conducta que se ajusta al proyecto de Dios sobre la persona en el mundo. &#8211; 5 G. LOHFINK, El serm\u00f3n de la monta\u00f1a, \u00bfpara qui\u00e9n?, Herder, Barcelona 1989, 15-39. &#8211; 6 E. ROJAS, \u00bfQu\u00e9 es la felicidad?, Planeta, Barcelona, 55-57. &#8211; 7 J. MAR\u00ed\u008dAS, Las bienaventuranzas hoy, Planeta, Barcelona 1995, 9-15. &#8211; 8 L. RoJAs MARCOS, Semillas de violencia, Espasa, Madrid 1997, 203-221. &#8211; 9 En adelante seguimos la versi\u00f3n de Mateo por ser la m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita y conocida. &#8211; 10 Ver lo dicho en nota 4 sobre la concepci\u00f3n de la justicia en Mateo y tambi\u00e9n SECRETARIADO NACIONAL DE CATEQUESIS, o.c., 132-157. &#8211; 11 J. SARAMAGO, Ensayo sobre la ceguera, Alfaguara 19978. &#8211; 12 L. ROJAS MARCOS, O.C., 188-205. &#8211; 13 Ib, 208-221. &#8211; 14 D. GOLEMAN, La inteligencia emocional, Kairos, Barcelona 199719.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la consignada en notas, CHERCOLES A., Las bienaventuranzas, \u00abJes\u00fas C\u00e1ritas\u00bb, El Palmar 1994; LAMBERT B., Las bienaventuranzas y la cultura de hoy, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; Six J. F., Las bienaventuranzas, San Pablo, Madrid 19892.<\/p>\n<p>Teresa Ruiz Ceberio<br \/>\ny Antonio Bringas Trueba<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Evangelio y catequesis de las bienaventuranzas: 1. La buena noticia de las bienaventuranzas; 2. Las catequesis de Mateo y de Lucas; 3. Las bienaventuranzas en la historia de la Iglesia. II. Las bienaventuranzas, camino hacia la plenitud humana: 1. Est\u00e1n sembradas en lo humano, aunque amenazadas; 2. Cada bienaventuranza libera en nosotros la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bienaventuranzas-decalogo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBIENAVENTURANZAS-DECALOGO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16969","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16969"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16969\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}