{"id":16971,"date":"2016-02-05T11:03:39","date_gmt":"2016-02-05T16:03:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismos-y-catecismo\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:39","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:39","slug":"catecismos-y-catecismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismos-y-catecismo\/","title":{"rendered":"CATECISMOS Y CATECISMO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Significado etimol\u00f3gico e hist\u00f3rico de catecismo: 1. Primer significado: ense\u00f1anza o instituci\u00f3n de la ense\u00f1anza cristiana; 2. Segundo significado: el libro de la doctrina cristiana. II. El catecismo en la historia de la Iglesia: 1. El S\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles; 2. El catecismo en los siglos VII al XV; 3. El catecismo en el siglo XVI; 4. El catecismo en los siglos XVII-XX; 5. Catecismos de la renovaci\u00f3n conciliar (1965-1992). III. El Catecismo y los catecismos de las Iglesias locales. IV. El concepto teol\u00f3gico de catecismo: 1. El catecismo, libro de la fe; 2. El catecismo, servicio a la transmisi\u00f3n de la fe; 3. El catecismo, servicio a la identidad cristiana; 4. El catecismo, servicio a la unidad de la fe; 5. Mensaje \u00absinf\u00f3nico\u00bb de la fe al servicio de la inculturaci\u00f3n de la misma; V. Conclusiones<\/p>\n<p>I. Significado etimol\u00f3gico e hist\u00f3rico de catecismo<br \/>\nEl t\u00e9rmino catecismo proviene del lat\u00ed\u00adn eclesi\u00e1stico catechismus, emparentado con el verbo latino catechizare -catequizar- que, a su vez, tiene sus ra\u00ed\u00adces etimol\u00f3gicas en el verbo griego Katejeo. Este, en su sentido profano original, viene del efecto de voz producido por las m\u00e1scaras que los actores se pon\u00ed\u00adan ante el rostro en el teatro para hacer eco, resonar, de modo que la audici\u00f3n llegara n\u00ed\u00adtida a los espectadores. En el Nuevo Testamento, usado en diversas formas verbales, adquiere el significado en su sentido estricto de dar una instrucci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, en que florece la instituci\u00f3n catecumenal previa al bautismo (siglos II al V), el vocablo catechizare se hace m\u00e1s preciso en su contenido y se\u00f1ala la instrucci\u00f3n fundamental cristiana dada de palabra a los catec\u00famenos o candidatos al bautismo (catequesis prebautismal) durante todo el catecumenado hasta su culminaci\u00f3n en los sacramentos de iniciaci\u00f3n, incluida la instrucci\u00f3n oral cristiana ofrecida a los ne\u00f3fitos o reci\u00e9n bautizados (catequesis mistag\u00f3gica). En la Edad media, el verbo catechizare seguir\u00e1 designando solamente la instrucci\u00f3n anterior al bautismo. A partir de los siglos XV-XVI el t\u00e9rmino catechizare equivaldr\u00e1 a proporcionar el catechismus -el catecismo-, esto es, la ense\u00f1anza oral de los fundamentos de la fe a los ya bautizados. De manera que, como diremos a continuaci\u00f3n, el sustantivo catechismus designar\u00e1, por una parte, la instituci\u00f3n para ense\u00f1ar la doctrina cristiana, orientada principalmente a los ni\u00f1os y, por otra, ser\u00e1 el nombre com\u00fan del libro destinado a realizar esa ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>1. PRIMER SIGNIFICADO: ENSE\u00ed\u2018ANZA O INSTITUCI\u00ed\u201cN DE LA ENSE\u00ed\u2018ANZA CRISTIANA. Desaparecido el catecumenado prebautismal para adultos, en los siglos VI al IX el t\u00e9rmino catechizare sigui\u00f3 significando catechemenus fieri, convertirse en catec\u00fameno. El ni\u00f1o era catequizado antes de ser bautizado. Esta acci\u00f3n equival\u00ed\u00ada a los escrutinios que, en forma de preguntas-coloquio, el ministro hac\u00ed\u00ada (al ni\u00f1o) a los padrinos para comprobar su situaci\u00f3n de fe; las respuestas positivas que estos daban, eran la garant\u00ed\u00ada de la catequesis futura posterior al bautismo que el ni\u00f1o iba a recibir. As\u00ed\u00ad la palabra catechizare ir\u00e1 adquiriendo el sentido de dar una ense\u00f1anza cristiana inicial en forma de preguntas y respuestas.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante catechizare ser\u00e1 lo mismo que dar el catechismus -el catecismo-, es decir, dar esa ense\u00f1anza cristiana elemental que los padres y padrinos ofrec\u00ed\u00adan a los ni\u00f1os bautizados. Las familias recib\u00ed\u00adan este encargo de los pastores: ense\u00f1aban a los hijos el padrenuestro, el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico y el avemar\u00ed\u00ada, y les iniciaban en la piedad (oraci\u00f3n) y la vida honesta (moral evang\u00e9lica).<\/p>\n<p>A partir del desarrollo del humanismo renacentista (siglos XV-XVI) se multiplicar\u00e1n en toda la Iglesia las escuelas dominicales del catecismo o doctrina cristiana para los ni\u00f1os, en los locales parroquiales o de las cofrad\u00ed\u00adas. Despu\u00e9s del concilio de Trento se crear\u00e1n tambi\u00e9n escuelas para los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n del catecismo infantil llega hasta el Vaticano II, asumiendo despu\u00e9s de este las aportaciones del movimiento catequ\u00e9tico, en especial las que la renovaci\u00f3n pedag\u00f3gica hab\u00ed\u00ada producido en el \u00e1mbito escolar. El catecismo se organizar\u00e1 o dentro de la misma escuela, como parte de la ense\u00f1anza general, o como instituci\u00f3n parroquial.<\/p>\n<p>En resumen: el catecismo, sobre todo desde el Renacimiento, se entiende como una forma de educar la fe, un sistema de ense\u00f1anza religiosa elemental, destinado preferentemente a ni\u00f1os, inserto bien en la instituci\u00f3n escolar, bien en la parroquia y, de ordinario, marcado por la centralidad pedag\u00f3gica y doctrinal del libro del catecismo.<\/p>\n<p>2. SEGUNDO SIGNIFICADO: EL LIBRO DE LA DOCTRINA CRISTIANA. Esta es la nueva acepci\u00f3n de catecismo: un libro peculiar. Los catecismos son compendios sucintos y claros de la doctrina cristiana -con frecuencia, no siempre, en forma de preguntas y respuestas-, sancionados, de una manera u otra, por la autoridad eclesi\u00e1stica, y destinados bien a los ni\u00f1os o gente sencilla, bien a los propios catequistas, sacerdotes y gente culta, para proporcionar los elementos fundamentales de la fe en situaciones hist\u00f3ricas diversas.<\/p>\n<p>Hoy se tiende a considerar que los catecismos son libros de fe que los obispos ofrecen a las comunidades cristianas de manera autorizada y aut\u00e9ntica y constituyen, por tanto, regla de fe. Recogen el anuncio cristiano y la experiencia de fe vivida y traducida por la Iglesia y tienen como finalidad ser le\u00ed\u00addos significativamente por los catequizandos de distintas edades y medios culturales.<\/p>\n<p>Se distingue entre catecismos oficiales, textos de quienes ejercen el magisterio en la Iglesia y catecismos autorizados, de instancias t\u00e9cnicas diocesanas o de autores particulares, que deben ser autorizados por quienes ejercen el magisterio eclesial para su uso en la catequesis como material complementario. El catecismo debe recoger de modo sistem\u00e1tico y org\u00e1nico la Verdad revelada, como la vive y expresa la Iglesia en los distintos lenguajes lit\u00fargico y oracional, testimonial, comunitario y magisterial. Cada lenguaje es limitado y uno solo no puede introducir, con toda la riqueza de la tradici\u00f3n eclesial, en la sustancia viva de la fe y la vida de la Iglesia. El catecismo es un libro de tradici\u00f3n, ya que la Iglesia entrega hoy lo que recibi\u00f3 de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>II. El catecismo en la historia de la Iglesia<br \/>\n1. EL S\u00ed\u008dMBOLO DE LOS AP\u00ed\u201cSTOLES. A la luz de esta definici\u00f3n del catecismo como libro de fe, se podr\u00ed\u00ada considerar, de alg\u00fan modo, como primer catecismo el S\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles, ya que en \u00e9l se halla \u00abla suma de la catequesis dogm\u00e1tica del cristianismo primitivo, [como] fundamento y norma de la vida cristiana\u00bb (J. A. Jungmann); tambi\u00e9n porque la Iglesia lo ha considerado siempre en su tradici\u00f3n como \u00abun compendio de las Escrituras\u00bb (san Jer\u00f3nimo; CT 28; MPD 8), \u00abexpresi\u00f3n eclesial\u00bb de las mismas y transmisi\u00f3n de la \u00ab\u00ed\u00adntegra sustancia vital del evangelio\u00bb (MPD 8). Y tambi\u00e9n porque el S\u00ed\u00admbolo no quedaba encerrado en el coraz\u00f3n de los catec\u00famenos tras la entrega oral y explicada del mismo (Traditio evangelii in symbolo) en el catecumenado prebautismal, sino que, aprendido de memoria, los catec\u00famenos lo pronunciaban en su momento (Redditio symboli) en forma de profesi\u00f3n de fe bautismal (MPD 8), en medio de la asamblea cristiana. As\u00ed\u00ad pues, el S\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles, como resumen de la doctrina revelada, fijada como f\u00f3rmula breve de fe y memorizada, tiene bastante que ver con el catecismo-compendio de fe.<\/p>\n<p>El S\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles, dentro de su g\u00e9nero de profesi\u00f3n de fe, es una visi\u00f3n global y sint\u00e9tica de la fe, que no se presta a parcialidades ni ambig\u00fcedades como compendio de la Sagrada Escritura -summa Scripturarum lo llamaba san Jer\u00f3nimo- y es producto del af\u00e1n pastoral de los santos Padres por proponer la regula fidei, de modo que la revelaci\u00f3n tomara contacto real con los creyentes de la comunidad viva y concreta.<\/p>\n<p>2. EL CATECISMO EN LOS SIGLOS VII AL XV. Entre los siglos VII al IX decrecen notablemente los bautismos de adultos, en parte por la extensi\u00f3n del bautismo de ni\u00f1os, fruto de la penetraci\u00f3n de la Iglesia en la familia; en parte, por la dilaci\u00f3n cada vez mayor del bautismo de muchos adultos hasta la hora de la muerte, consecuencia del rigor penitencial de la \u00e9poca, y en parte, tambi\u00e9n, por el bautismo masivo de los pueblos n\u00f3rdicos invasores del Imperio romano. En estas circunstancias, el catecumenado prebautismal de adultos, como proceso institucionalizado de la iniciaci\u00f3n cristiana, desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Con el catecumenado desaparece tambi\u00e9n esa forma original de educar la fe llamada catequesis. La organizaci\u00f3n catecumenal no es sustituida por una instituci\u00f3n nueva y espec\u00ed\u00adfica m\u00e1s adaptada a los nuevos tiempos, sino que la instrucci\u00f3n e iniciaci\u00f3n cristiana recae -durante toda la Edad media- en otras instituciones ya existentes: la familia cristiana y el padrinazgo, por una parte, y la predicaci\u00f3n dominical y ocasional, por otra.<\/p>\n<p>Los obispos y los s\u00ed\u00adnodos episcopales establecen normas frecuentes para los padres y padrinos como responsables directos de la educaci\u00f3n religiosa de los ni\u00f1os. A esta forma informal de ense\u00f1anza religiosa se la llamar\u00e1, ya entrada la Edad media, catechismus y catechizare -catecismo y catequizar- y, al que la recibe, catechizatus -catequizado-1. A partir del siglo XVI el catechismus se convertir\u00e1 en instituci\u00f3n oficial de la ense\u00f1anza cristiana.<\/p>\n<p>Las iniciativas jer\u00e1rquicas repercuten en los sacerdotes, como maestros del pueblo cristiano. Estos predicar\u00e1n todos los domingos y fiestas de precepto no s\u00f3lo inspir\u00e1ndose en los textos b\u00ed\u00adblicos de la misa, seg\u00fan las homil\u00ed\u00adas de los Padres de la Iglesia -esto quedar\u00e1 para las iglesias principales- sino, sobre todo, exponiendo varias veces al a\u00f1o el padrenuestro, el s\u00ed\u00admbolo, las virtudes y vicios m\u00e1s frecuentes, la doctrina de los sacramentos y, en particular, el modo de confesar los pecados y otras f\u00f3rmulas doctrinales. Es decir, desde la Alta Edad media se fue estableciendo esta nueva forma de predicar de g\u00e9nero catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>El siglo XII supone un avance pedag\u00f3gico importante. Adem\u00e1s de la ense\u00f1anza cristiana elemental, ofrecida de palabra -catecismo familiar y predicaci\u00f3n catequ\u00e9tica-, nace y se desarrolla el libro o libros de religi\u00f3n2. No son todav\u00ed\u00ada catecismos propiamente dichos, sino manuales de vida cristiana sobre los deberes de los cristianos seglares y la preparaci\u00f3n a los sacramentos, pero que, a su vez, contienen una sumaria exposici\u00f3n de la doctrina cristiana. Se llaman com\u00fanmente Lucidarios, Septenarios e Interrogatorios, destinados estos \u00faltimos a los fieles para preparar su confesi\u00f3n anual.<\/p>\n<p>Los Septenarios exponen toda la doctrina cristiana a partir de estructuras septenarias: siete peticiones del Padrenuestro, siete obras de misericordia corporales y siete espirituales, siete sacramentos, siete dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, siete vicios capitales y sus virtudes contrarias, etc. El hallazgo mnemot\u00e9cnico alcanz\u00f3 un gran \u00e9xito e influy\u00f3 en santo Tom\u00e1s y aun en los primeros catecismos del siglo XVI.<\/p>\n<p>En general, muchas obras de los siglos XIII al XV recogen las aportaciones de contenido y pedagog\u00ed\u00ada de estos Septenarios, y otras completan el contenido con los doce art\u00ed\u00adculos del credo, los diez mandamientos, las ocho bienaventuranzas, etc.<\/p>\n<p>Para orientar a los pastores en la predicaci\u00f3n catequ\u00e9tica al pueblo cristiano, nacen pronto los manuales de predicaci\u00f3n o artes predicandi. El m\u00e1s cl\u00e1sico y difundido en la Europa occidental de cultura latina fue el Manipulus curatorum, compuesto hacia 1330 por Guy de Montrochier. En este manual se justifica, por primera vez, la distribuci\u00f3n de la materia de la ense\u00f1anza, que marcar\u00e1 los catecismos posteriores: Quid credendum (credo), quid petendum (padrenuestro), quid faciendum (mandamientos) y quid sperandum (gloria del para\u00ed\u00adso y postrimer\u00ed\u00adas del hombre).<\/p>\n<p>En los siglos XIV y XV, aquella centralidad de la predicaci\u00f3n catequ\u00e9tica de los siglos VII al XII, en torno al S\u00ed\u00admbolo y al padrenuestro, se diluye en otras m\u00faltiples estructuras doctrinales: septenarias, quinarias, ternarias, nonarias, etc., quedando todo el contenido casi en pie de igualdad y con fuerte acento moralizador. No son ajenos a este talante homologador y moralista el decaimiento general de las costumbres cristianas y la irrupci\u00f3n en la pastoral de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica, con su prurito de definir, distinguir, dividir y subdividir conceptualmente la realidad.<\/p>\n<p>3. EL CATECISMO EN EL SIGLO XVI. Siguiendo el esquema del catecismo-ense\u00f1anza oral, durante toda la Edad media, la educaci\u00f3n religiosa de los ni\u00f1os sigui\u00f3 confiada totalmente a la familia, apoyada en las amonestaciones de los p\u00e1rrocos sobre c\u00f3mo instruir y educar en la virtud, y en los libros de religi\u00f3n o manuales de vida cristiana, que se extend\u00ed\u00adan detalladamente en la educaci\u00f3n cristiana de los hijos.<\/p>\n<p>Pero el siglo XVI presentar\u00e1 un cambio radical. Por causas complejas se multiplican las escuelas de la doctrina cristiana, organizadas por primera vez a finales del siglo XV. Ser\u00ed\u00adan \u00abla forma oficial de la ense\u00f1anza religiosa para todos los ni\u00f1os de determinado territorio eclesi\u00e1stico&#8230; una especie de catecumenado organizado para una ense\u00f1anza colectiva con personas oficialmente designadas; intentaban adem\u00e1s una iniciaci\u00f3n a la conducta moral y a la vida eclesial en colaboraci\u00f3n con las familias\u00bb (L. Csonka). El concilio de Trento prescribe el catecismo dominical y festivo para ni\u00f1os y j\u00f3venes, mediante la exacta imitaci\u00f3n de las escuelas de la doctrina cristiana. \u00abDe este modo el catecismo parroquial festivo perd\u00ed\u00ada su car\u00e1cter de iniciativa privada y ven\u00ed\u00ada a ser la nueva forma oficial de catequesis juvenil\u00bb (L. Csonka).<\/p>\n<p>Este catecismo-instituci\u00f3n, lo mismo que la predicaci\u00f3n dominical y festiva al pueblo, gir\u00f3 cada vez m\u00e1s en torno al catecismo libro-doctrinal.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino catechismus -catecismo-, aplicado al Manual doctrinal, tiene su prehistoria. En 1357 aparece el primer catecismo ingl\u00e9s, del cardenal Thoresby, con el t\u00ed\u00adtulo Lay folks Catechisme, inspirado en la Somme le-Roy (1279), a trav\u00e9s de una refundici\u00f3n de esta, titulada De informatione simplicium (hacia 1281). Por otro lado, en 1478, el cardenal Pedro Gonz\u00e1lez de Mendoza, confesor de la reina Isabel la cat\u00f3lica, escribe un Catechismus pro iudeorum conversione, biling\u00fce, publicado en Sevilla. \u00abA partir de 1520 corren numerosos catecismos, o con este t\u00ed\u00adtulo expreso o an\u00e1logo como el de Enchiridion o Institutio, tanto entre protestantes como entre cat\u00f3licos\u00bb (J. I. Tellechea). En 1528, A. Althamer edita en Nuremberg un Katechismus in Frag und Antwort, catecismo de preguntas y respuestas.<\/p>\n<p>El g\u00e9nero literario catechismus -catecismo- se extiende, sobre todo, a partir del siglo XVI. Los catecismos tendr\u00e1n como tel\u00f3n de fondo la urgencia de una aut\u00e9ntica cristianizaci\u00f3n mental y vital y, por consiguiente, la de una sincera y honda conversi\u00f3n, y la de un cultivo serio, aunque inicial, de los fundamentos de la fe cristiana en relaci\u00f3n a ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos.<\/p>\n<p>Por necesidades pastorales se publican dos modalidades de catecismos: unos extensos, destinados a p\u00e1rrocos, sacerdotes y personas cultas; otros concisos, casi esquem\u00e1ticos, adecuados al pueblo llano y particularmente a los ni\u00f1os, a modo de cartilla para su memorizaci\u00f3n. En ambas versiones domina el talante pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>a) El \u00abKatechismus\u00bb de Lutero. Aunque hac\u00ed\u00ada mucho tiempo que la Iglesia intentaba establecer un buen sistema de formaci\u00f3n para los j\u00f3venes y el pueblo sencillo, y hac\u00ed\u00ada en-sayos con peque\u00f1os manuales o ep\u00ed\u00adtomes de la doctrina cristiana, fue, sin embargo, Lutero quien, inspir\u00e1ndose probablemente en la obrita de A. Althamer, abri\u00f3 la era de los catecismos entre protestantes y cat\u00f3licos, publicando su c\u00e9lebre Katechismus en dos ediciones o modalidades (1529). Se hab\u00ed\u00ada dado con un instrumento educativo eficaz de largo alcance para el crecimiento en la fe del pueblo cristiano. Por eso Lutero es considerado como \u00abel padre de los catecismos modernos y el iniciador de la ense\u00f1anza religiosa popular\u00bb (L. Csonka). Contribuy\u00f3 a su \u00e9xito la gran calidad de lenguaje -alem\u00e1n- y el progreso de la difusi\u00f3n escrita por medio de la imprenta.<\/p>\n<p>Lutero se mantiene fiel a las estructuras doctrinales tradicionales. Pero la nueva fe aparece en el ordenamiento de la materia doctrinal. Comienza por los mandamientos, que el hombre no puede guardar; a\u00f1ade despu\u00e9s el S\u00ed\u00admbolo y la doctrina de la fe fiducial como \u00fanico medio de salvaci\u00f3n; por fin, la oraci\u00f3n dominical y los sacramentos. Las respuestas -a las preguntas- est\u00e1n tomadas fundamentalmente de la Sagrada Escritura. Destaca sobre todo el car\u00e1cter pastoral de los catecismos de Lutero, por centrarse en las estructuras doctrinales sustanciales -dejando otras de tono menor y excluyendo sutilezas teol\u00f3gicas- y por la redacci\u00f3n en lenguaje sencillo, cercano al pueblo.<\/p>\n<p>Una observaci\u00f3n importante: los catecismos de Lutero llegaron a ser tan imprescindibles en la educaci\u00f3n de la fe popular, que se convirtieron en norma de fe, disminuyendo as\u00ed\u00ad de hecho no s\u00f3lo la importancia del catequista y de la misma Iglesia, sino incluso de la Sagrada Escritura.<\/p>\n<p>b) Los catecismos cat\u00f3licos y su estructuraci\u00f3n. En pleno concilio de Trento (1545-1563), entre 1555 y 1559, y para contrarrestar el \u00e9xito de los catecismos de Lutero, el jesuita Pedro Canisio publica en Alemania sus tres catecismos: mayor, mediano y menor. Su contenido es din\u00e1mico, a partir de la vida teologal; el hombre cristiano act\u00faa desde el dinamismo interior de esas virtudes: a la fe se vincula el credo; a la esperanza, la oraci\u00f3n; a la caridad, los mandamientos; en una cuarta parte se exponen los sacramentos, y en la quinta se presenta la justicia cristiana, en donde se acumulan muchas f\u00f3rmulas medievales: vicios y virtudes, obras de misericordia, dones, bienaventuranzas, consejos evang\u00e9licos, etc.<\/p>\n<p>No obstante, en todas estas acciones, se resalta la fe como \u00abpuerta de nuestra salvaci\u00f3n\u00bb. \u00abLa obra de Canisio tiene m\u00e1s pr\u00f3ximo parentesco con la labor de los Padres de los primeros siglos que con la escol\u00e1stica medieval y la corriente polemista\u00bb (C. Csonka). Con un lenguaje concreto, muy cercano a la Sagrada Escritura, abundante en comparaciones y textos b\u00ed\u00adblicos, los catecismos se difundieron ampliamente.<\/p>\n<p>c) El catecismo del concilio de Trento. En 1566, tres a\u00f1os despu\u00e9s de clausurado Trento, se publica el catecismo pedido por el Concilio y llamado Catecismo romano o de san P\u00ed\u00ado V o Catechismus ad parochos. En su momento fue una obra maestra por su contenido y por su did\u00e1ctica, por haber seleccionado -como otros lo hab\u00ed\u00adan hecho- y por haber ordenado sabiamente -como nadie las hab\u00ed\u00ada ordenado- las f\u00f3rmulas o estructuras catequ\u00ed\u00adsticas m\u00e1s importantes: el s\u00ed\u00admbolo, los sacramentos, los mandamientos y la oraci\u00f3n dominical.<\/p>\n<p>Con esta estructuraci\u00f3n, en efecto, se articulan el pensamiento central del cristianismo (principio de tradici\u00f3n eclesial) y las aportaciones del humanismo renacentista (principio de historicidad). Inspir\u00e1ndose en los tiempos apost\u00f3licos y patr\u00ed\u00adsticos, el catecismo pone de relieve la iniciativa de Dios, exponiendo en la primera y segunda parte -s\u00ed\u00admbolo y sacramentos- las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n. Por el contrario, en la tercera y cuarta parte -mandamientos y oraci\u00f3n-presenta preferentemente la respuesta del hombre al amor de Dios, resaltando la libertad y el protagonismo en su salvaci\u00f3n y tareas temporales, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu del tiempo. Los textos b\u00ed\u00adblicos y patr\u00ed\u00adsticos dan riqueza y cercan\u00ed\u00ada al catecismo. Los catecismos de san Pedro Canisio y del concilio de Trento son un esfuerzo l\u00facido de s\u00ed\u00adntesis entre la fe tradicional (fides quae) y la cultura humanista y buscan promover la fe personal (fides qua) de los creyentes3.<\/p>\n<p>d) Los catecismos de san Roberto Belarmino. El peligro de aquella situaci\u00f3n religiosa era evidente y se cay\u00f3 en \u00e9l. \u00abCuando las escisiones religiosas, que provocaron la Reforma protestante, sembraron la divisi\u00f3n y el desconcierto en el pueblo, los catecismos asumieron la finalidad de fijar posiciones, adquiriendo con ello clara investidura confesional\u00bb (J. J. Tellechea). En efecto, por reacci\u00f3n antirreformista y aceptando la concepci\u00f3n de la fe personal de Trento como \u00abfundamento y ra\u00ed\u00adz de la justificaci\u00f3n\u00bb (perd\u00f3n y renovaci\u00f3n interior del hombre), los te\u00f3logos y pastores dan por supuesta esta fe en los fieles, es decir, dejan de insistir en la educaci\u00f3n de esta actitud de fe (la virtud teologal de la fe, la fides qua) y ponen el acento en transmitir las verdades de la fe \u00ed\u00adntegramente profesadas (la profesi\u00f3n de fe, de las verdades de la fe, de la fides quae). El mensaje de la fe prevaleci\u00f3 sobre la opci\u00f3n personal de fe, apoyada en la ayuda gratuita de Dios. As\u00ed\u00ad, la doctrina cristiana se presenta al creyente bajo el aspecto de deber y la iniciativa divina queda bastante desvirtuada por un peligroso antropocentrismo.<\/p>\n<p>\u00abEl portavoz m\u00e1s notable de esta teolog\u00ed\u00ada y de la catequesis controversista fue nada menos que el cardenal Belarmino\u00bb (F. X. Arnold), quien public\u00f3 sus catecismos en 1597 y 1598. Estos catecismos, tras la recomendaci\u00f3n de los papas, fueron acogidos como oficiales en toda Italia y en no pocos pa\u00ed\u00adses, hasta la publicaci\u00f3n del Catecismo de san P\u00ed\u00ado X, en 1905.<\/p>\n<p>Este giro de 180 grados hacia la acentuaci\u00f3n objetiva de la fe (mensaje), disminuyendo la insistencia subjetiva de la fe (acto personal o virtud teologal) ha tenido una repercusi\u00f3n insospechada en la educaci\u00f3n religiosa posterior, incluso hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>e) Los catecismos cat\u00f3licos en Espa\u00f1a. Tambi\u00e9n en las postrimer\u00ed\u00adas del siglo XVI hay que nombrar a dos jesuitas espa\u00f1oles: Gaspar Astete y Jer\u00f3nimo de Ripalda, c\u00e9lebres por sus respectivos catecismos (escritos en 1576 y 1586) (cf Luis Resines, 1995). Ambos se adelantaron a Belarmino en la objetivaci\u00f3n de la fe sobre la valoraci\u00f3n del acto de fe, y en la estructura antropoc\u00e9ntrica. Menos polemista el catecismo de Astete y m\u00e1s antiprotestante el de Ripalda, ninguno de los dos se inspira en el Catecismo romano, ni en la ordenaci\u00f3n doctrinal ni en su impregnaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Ambos han sido los m\u00e1s utilizados en las di\u00f3cesis de Espa\u00f1a y en las de origen hisp\u00e1nico hasta la d\u00e9cada de 1960 4.<\/p>\n<p>4. EL CATECISMO EN LOS SIGLOS XVII-XX. a) Catecismo: libro e instituci\u00f3n. En este per\u00ed\u00adodo el contenido de los catecismos sigue cercano a la teolog\u00ed\u00ada de la controversia o apolog\u00e9tica y est\u00e1 lejano de las fuentes vivas de la Sagrada Escritura y de la liturgia: su lenguaje es abstracto; el m\u00e9todo con que son utilizados es deductivo y la pedagog\u00ed\u00ada magisterial y depositaria.<\/p>\n<p>El catecismo-libro continuar\u00e1 siendo el centro del catecismo-instituci\u00f3n, como organizaci\u00f3n eclesial destinada a los ni\u00f1os y tambi\u00e9n a los j\u00f3venes, para proporcionarles la ense\u00f1anza cristiana fundamental. Y as\u00ed\u00ad continuar\u00e1 hasta el siglo XX. \u00bfSe ha pensado que el catecismo, como instituci\u00f3n educativa cristiana, en su ra\u00ed\u00adz, pertenece a la \u00e9poca de cristiandad? Aunque la Iglesia en el siglo XVI queda dividida, el mundo cat\u00f3lico -al menos all\u00ed\u00ad donde no ha llegado el impacto de la escisi\u00f3n- sigue viviendo en esa simbiosis de lo religioso y lo socio-pol\u00ed\u00adtico de la cristiandad. En este sentido, la instituci\u00f3n del catecismo, a pesar de su polarizaci\u00f3n en el compendio doctrinal y sus limitaciones b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargicas, metodol\u00f3gicas, ling\u00fc\u00ed\u00adsticas, antropol\u00f3gicas, etc., podr\u00e1 quedar compensada por el ambiente familiar y social cargado todav\u00ed\u00ada de cierta impregnaci\u00f3n educativo-religiosa.<\/p>\n<p>b) El catecismo insuficiente. Con el paso del tiempo, y especialmente con los cambios socioculturales de los siglos XIX y XX, \u00abla instituci\u00f3n catequ\u00e9tica (el catecismo) y el estudio del libro (el manual) se revelar\u00e1n insuficientes para mantener vivo el anuncio de la Palabra en la comunidad cristiana\u00bb (J. Audinet). El manual se fue quedando estrecho y descolgado de las preguntas del hombre moderno. Los catecismos antiguos respond\u00ed\u00adan, desde la fe, a preguntas sobre la familia, las autoridades civiles, la vida social, como correspond\u00ed\u00ada a la cultura de la \u00e9poca. Pero de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX y aun hasta el Vaticano II (1965), hay muchas preguntas nuevas: \u00ab\u00bfQu\u00e9 catecismo (de entonces) tiene un cap\u00ed\u00adtulo sobre el racismo, la revoluci\u00f3n, la demograf\u00ed\u00ada, la pobreza, el subdesarrollo, la educaci\u00f3n&#8230;?\u00bb (J. Audinet).<\/p>\n<p>c) Intentos de un catecismo universal. La confusa variedad de tantos catecismos breves y los diferentes m\u00e9todos de transmitir lo esencial de la fe, hizo nacer el deseo de un catecismo \u00fanico para toda la Iglesia. La idea se propuso en el concilio Vaticano I (1869). Estos inconvenientes se evitar\u00ed\u00adan redactando \u00abun nuevo catecismo en lat\u00ed\u00adn, semejante al catecismo breve del venerable cardenal Belarmino\u00bb. Los padres conciliares quer\u00ed\u00adan una norma com\u00fan para la ense\u00f1anza inicial de la fe. El catecismo breve qued\u00f3 redactado y aprobado. Tras incorporar varias enmiendas, se ley\u00f3 en el aula conciliar, pero no fue votado de manera definitiva por el aplazamiento indefinido del Concilio.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n vuelve a surgir en el Vaticano II, pero, ante las condiciones tan diferentes de cada pa\u00ed\u00ads, se adopt\u00f3 la idea de elaborar un Directorio catequ\u00e9tico para orientar la confecci\u00f3n de los catecismos locales, bajo la autoridad de las conferencias episcopales. Esta recomendaci\u00f3n qued\u00f3 incorporada en el decreto sobre los obispos Christus Dominus (n 44).<\/p>\n<p>Antes de publicarse el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (Directorium catechisticum generale [1971]), reverdece el tema del catecismo universal en la sesi\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo de obispos de 1967, pidiendo que aparezca alg\u00fan documento magisterial o regla de fe con las verdades fundamentales, frente a los errores u opiniones peligrosas, o una versi\u00f3n actualizada del catecismo de Trento o, mejor, un catecismo del Vaticano II. Pero el s\u00ed\u00adnodo (1967) no dej\u00f3 constancia de esta cuesti\u00f3n. En 1971 aparec\u00ed\u00ada el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica, cuya autoridad reafirm\u00f3 la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Catechesi tradendae (1979) (cf CT 2, 50).<\/p>\n<p>Ser\u00e1 el s\u00ed\u00adnodo episcopal extraordinario de 1985, convocado para evaluar los veinte a\u00f1os del posconcilio, el que, en su Relaci\u00f3n final, recupere -en alguna medida, aunque con importantes matices nuevos- el tema del catecismo universal: \u00abDe modo com\u00fan se desea que se escriba un catecismo o compendio de toda la doctrina cat\u00f3lica, tanto sobre fe como sobre moral, que sea como un punto de referencia para los catecismos y compendios que se redacten en las diversas regiones. La presentaci\u00f3n debe ser tal que sea b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, que ofrezca la doctrina sana y sea, a la vez, acomodada a la vida actual de los cristianos\u00bb (Relaci\u00f3n final, II, B, a, 4, Documentos del s\u00ed\u00adnodo 1985, PPC, Madrid 1985).<\/p>\n<p>5. CATECISMOS DE LA RENOVACI\u00ed\u201cN CONCILIAR (1965-1992). El Vaticano II ha sido el punto final oficial del catecismo-instituci\u00f3n y el punto de arranque tambi\u00e9n oficial de la nueva instituci\u00f3n educadora de los cristianos: la catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal. A su vez, esta revisi\u00f3n de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica desde los principios conciliares ha originado una nueva concepci\u00f3n del catecismo-libro y su resituaci\u00f3n y relativizaci\u00f3n en la catequesis renovada.<\/p>\n<p>Entre los a\u00f1os 1965 y 1992, s\u00f3lo en Europa, aparecen catecismos oficiales tan renovadamente variados como (s\u00f3lo algunos de ellos): el prologado por los obispos holandeses: Nuevo catecismo de adultos, con el suplemento de Roma (1966); el del episcopado alem\u00e1n: Nuevo catecismo cat\u00f3lico: Creer-Vivir-Obrar (10-14 a\u00f1os, 1971); el del episcopado espa\u00f1ol: Con vosotros est\u00e1 (12=15 a\u00f1os, 1976); el del episcopado italiano: No s\u00f3lo de pan (J\u00f3venes, 1979); el del episcopado franc\u00e9s: Pierres vivantes (9-11 a\u00f1os, 1980); el de la conferencia episcopal espa\u00f1ola: Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia (adultos relacionados con ni\u00f1os de 9-11 a\u00f1os, 1986); el de la conferencia episcopal alemana: Catecismo cat\u00f3lico para adultos. La fe de la Iglesia (1988); el de la conferencia episcopal francesa: Catecismo para adultos (1993), y el de la conferencia episcopal belga: Libro de la fe (1987). Lo mismo sucede en las Iglesias latinoamericanas y en muchas de las Iglesias nacionales de la Iglesia universal.<\/p>\n<p>En un sentido amplio, todos estos catecismos oficiales respondieron y responden a la finalidad propuesta por el Directorio de pastoral catequ\u00e9tica de 1971 (n. 119), que es \u00abproporcionar un aprendizaje pr\u00e1ctico de los documentos de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n cristiana y los principales elementos que deben servir para la actividad catequ\u00ed\u00adstica, para la educaci\u00f3n personal de la fe\u00bb, es decir, \u00abponen al alcance de la mano (manuales) las principales fuentes de fe en relaci\u00f3n con la edad determinada, a la que se dirigen\u00bb (A. Ca\u00f1izares), pero con un primer esfuerzo de inculturaci\u00f3n, que ha de incrementarse notablemente a partir de la publicaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (1992) y del Directorio general para la catequesis (1997), como diremos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De una manera m\u00e1s o menos aproximada, de los numerosos catecismos oficialmente publicados despu\u00e9s del Vaticano II, en las numerosas di\u00f3cesis o Iglesias nacionales, se puede decir lo que el nuevo Directorio general para la catequesis dice de los catecismos locales: \u00abPor medio de los catecismos locales, la Iglesia actualiza la pedagog\u00ed\u00ada divina (DV 15) que Dios utiliz\u00f3 en la revelaci\u00f3n, al adaptar su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia sol\u00ed\u00adcita (cf DV 13). En los catecismos locales, la Iglesia comunica el evangelio de una manera muy accesible a la persona humana, para que esta pueda realmente percibirlo como Buena Noticia de salvaci\u00f3n. Los catecismos locales se convierten, as\u00ed\u00ad, en expresi\u00f3n palpable de la admirable condescendencia (DV 13) de Dios y de su amor inefable (cf DV 13) al mundo\u00bb (DGC 131).<\/p>\n<p>III. El Catecismo y los catecismos de las Iglesias locales<br \/>\nAunque este debiera ser el \u00faltimo apartado del ep\u00ed\u00adgrafe anterior, lo situamos como un nuevo ep\u00ed\u00adgrafe por la relevancia de su contenido, pues se trata del \u00faltimo catecismo posconciliar, punto de referencia de los nuevos catecismos locales inculturados (cf FD 4).<\/p>\n<p>El Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica de 1971, que marcaba las orientaciones para la catequesis, emanadas del Vaticano II, fue sustituido en 1997, una vez publicada la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (CCE), por el Directorio general para la catequesis. El CCE se ofrece a todos los fieles y a todos los hombres que quieran conocer la fe de la Iglesia como \u00abregla segura para la ense\u00f1anza de la fe\u00bb y \u00abse destina a alentar y facilitar la redacci\u00f3n de nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina cat\u00f3lica\u00bb (FD 4).<\/p>\n<p>Los catecismos oficiales, es decir, aquellos que el obispo diocesano para su di\u00f3cesis o la conferencia episcopal para un conjunto de di\u00f3cesis asumen como propios, se considera que deben formar una unidad con el CCE (cf DGC 136). Deben ser la expresi\u00f3n honda, de mutua interioridad, que se da entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares (cf EN 62). As\u00ed\u00ad como la Iglesia universal vive y se expresa en cada una de las Iglesias particulares, as\u00ed\u00ad el CCE debe informar interiormente los catecismos locales.<\/p>\n<p>Un catecismo local no es s\u00f3lo de un obispo o de una conferencia episcopal sino que es tambi\u00e9n de la Iglesia universal, destinado a un pueblo y a una cultura determinada. Es la Iglesia universal la que, dirigi\u00e9ndose a ese pueblo, expresa la fe de toda la Iglesia. La aprobaci\u00f3n por la Sede apost\u00f3lica de un catecismo local \u00abes el reconocimiento del hecho de que es un texto de la Iglesia universal para una situaci\u00f3n y cultura determinadas\u00bb (DGC 285), expres\u00e1ndose as\u00ed\u00ad la catolicidad de la Iglesia. El anuncio de la Palabra en las m\u00faltiples lenguas, situaciones y culturas de los cristianos son la expresi\u00f3n concreta de la misma fe apost\u00f3lica y, al mismo tiempo, de la rica diversidad de la formulaci\u00f3n de esa misma fe. Muestran en su armon\u00ed\u00ada la sinfon\u00ed\u00ada de la fe, de la catolicidad de la Iglesia, de la comuni\u00f3n eclesial y de la realidad de la colegialidad episcopal en la profesi\u00f3n de fe (DGC 136).<\/p>\n<p>Los catecismos locales son necesarios al actualizar la pedagog\u00ed\u00ada divina de condescendencia con la situaci\u00f3n de los hombres (cf DGC 131). Son textos oficiales de la Iglesia, expresi\u00f3n de un acto de tradici\u00f3n; presentan de manera org\u00e1nica, atendiendo a la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, la s\u00ed\u00adntesis de la fe de la Iglesia; son punto de referencia inspirador de la catequesis, junto con la Sagrada Escritura, y de su pedagog\u00ed\u00ada (cf DGC 132). El DGC indica los aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de adaptar o contextualizar la s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica de la fe a las diferentes culturas, edades, situaciones de los destinatarios (cf DGC 133-135).<\/p>\n<p>Respecto a los catecismos no oficiales e instrumentos de trabajo -medios did\u00e1cticos- para la catequesis (textos did\u00e1cticos para los catec\u00famenos o catequizandos, gu\u00ed\u00adas did\u00e1cticas para catequistas o padres, medios audiovisuales, etc.), elaborados por organismos diocesanos o particulares, rige la ley de la doble fidelidad a Dios y a la persona humana (CT 49), teniendo en cuenta la psicolog\u00ed\u00ada de la edad, el lenguaje comprensible y el ambiente socio-cultural y religioso en que viven (cf DGC 283), y enmarc\u00e1ndose dentro del proyecto diocesano de catequesis (cf DGC 274).<\/p>\n<p>IV. El concepto teol\u00f3gico de catecismo<br \/>\n\u00abLos catecismos son libros de fe que recogen el anuncio cristiano y la experiencia de fe vivida por la Iglesia, la cual traduce esta riqueza a fin de que sea legible y significativa para los que caminan hacia la maduraci\u00f3n cristiana. Al proponer a los creyentes esta riqueza de manera autorizada y aut\u00e9ntica, los obispos ofrecen a sus comunidades un conjunto que constituye regla de fe y orientaci\u00f3n b\u00e1sica de la catequesis\u00bb (CC 223).<\/p>\n<p>Situ\u00e1ndonos m\u00e1s en el plano de lo que un catecismo debe ser que en el an\u00e1lisis de sus realizaciones hist\u00f3ricas en la Iglesia universal o en las Iglesias particulares, el libro del catecismo es, en la intenci\u00f3n profunda de la Iglesia, un compendio org\u00e1nico y elemental del misterio cristiano. En el catecismo, la Iglesia, por medio de los obispos como pastores responsables de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica en su di\u00f3cesis, recoge, de modo autorizado y aut\u00e9ntico, los documentos o fuentes de fe que considera esenciales para la fundamentaci\u00f3n y maduraci\u00f3n de la vida cristiana de los creyentes en una situaci\u00f3n y tiempo determinados.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el catecismo, como texto oficial de la Iglesia, comprende, al menos, las cinco dimensiones teol\u00f3gicas siguientes:<br \/>\n1. EL CATECISMO, LIBRO DE LA FE. El catecismo, en su identidad m\u00e1s profunda y radical, es un libro de la fe cat\u00f3lica tal como la vive la Iglesia en una \u00e9poca determinada. Con esto estamos queriendo decir que est\u00e1 sujeto a las coordenadas hist\u00f3ricas y que debe tener una ambici\u00f3n universal, de modo que pueda ser le\u00ed\u00addo significativamente por los cat\u00f3licos desde su situaci\u00f3n cultural. Es una expresi\u00f3n autorizada y aut\u00e9ntica del anuncio cristiano y de la experiencia de fe vivida y traducida por la Iglesia en un momento hist\u00f3rico y, por tanto, expresi\u00f3n oficial de su magisterio (cf DGC 121).<\/p>\n<p>Es, a su vez, un manual de documentos de la fe, que los pastores ofrecen a los cristianos de unas edades y lugares concretos para iniciarles en la fundamentaci\u00f3n de la fe com\u00fan de la Iglesia: las verdades medulares del credo, la celebraci\u00f3n de la fe en la liturgia y los sacramentos, la oraci\u00f3n del Se\u00f1or -el padrenuestro- y de la Iglesia, y las orientaciones b\u00e1sicas de la vida cristiana seg\u00fan el evangelio -dec\u00e1logo y bienaventuranzas-.<\/p>\n<p>El catecismo es, por tanto, un documento doctrinal, a modo de regla de fe, heredero y deudor de las profesiones de fe bautismales de los primeros siglos y, en especial, del s\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles (siglos III-IV). Estas profesiones de fe, desde el concilio de Nicea (325), son consideradas como vinculantes para todo cristiano, como expresi\u00f3n de fidelidad a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica que ha formulado y transmitido la fe de la Iglesia. Por esta raz\u00f3n, el catecismo, que debe compendiar las f\u00f3rmulas breves, siempre preferibles en la catequesis, de los contenidos de la fe y vida cristiana, viene a considerarse, desde los siglos XVI-XVII, como criterio de doctrina eclesial y distintivo de la ortodoxia, siendo as\u00ed\u00ad fuente de discernimiento (cf DGC 121 y 132).<\/p>\n<p>2. EL CATECISMO, SERVICIO A LA TRANSMISI\u00ed\u201cN DE LA FE. Desde el siglo XVII el libro del catecismo se constituy\u00f3 en criterio de validez de la ense\u00f1anza cristiana y ha tenido una excesiva valoraci\u00f3n en la transmisi\u00f3n de la fe, prevaleciendo de hecho sobre la lectura de la Sagrada Escritura, el testimonio vivo de los catequistas y la fuerza educadora de la comunidad cristiana, como acertadamente se\u00f1ala J. A. Jungmann. \u00abEl catecismo (la catequizaci\u00f3n) tiene \u00e9xito cuando el texto es bueno, la explicaci\u00f3n ha sido comprendida y la memorizaci\u00f3n es impecable\u00bb (J. Audinet).<\/p>\n<p>Sin embargo, el catecismo es s\u00f3lo un instrumento -ciertamente importante, pero s\u00f3lo un instrumento-, al servicio de la transmisi\u00f3n de la fe (CT 33; CC 233,3). La transmisi\u00f3n de la fe es el mismo acto catequ\u00e9tico -la acci\u00f3n de catequizar-, la catequesis como acto de tradici\u00f3n. En ella la Iglesia, por medio de los catequistas que comunican su propia experiencia de fe, transmite a los catec\u00famenos su propia experiencia creyente condensada en la Escritura, en la liturgia, en las expresiones de su magisterio en que se acu\u00f1\u00f3 a lo largo del tiempo la fe de la Iglesia, en la doctrina de los te\u00f3logos, en los testimonios de los cristianos. Es decir, comunica su experiencia de fe condensada en los documentos de la fe, seleccionados autorizadamente para ofrecer la fundamentaci\u00f3n cristiana. Este es el lugar y papel del catecismo: ser portador y servidor aut\u00e9ntico de las fuentes de la fe, seleccionadas autorizadamente para ofrecer los n\u00facleos centrales de la fe a unos destinatarios precisos (ni\u00f1os, adolescentes, j\u00f3venes, adultos, mayores, catequistas, presb\u00ed\u00adteros) en su circunstancia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La catequesis es el proceso pedag\u00f3gico que propicia el encuentro personal entre el catec\u00fameno o catequizando y los documentos de la fe, estimula el cotejo con ellos, provoca el encuentro vivo de la persona que quiere creer y le ayuda a abrirse receptivamente a la fuerza religiosa de la palabra de Dios vehiculada por la palabra de la Iglesia. Ah\u00ed\u00ad se verifica el encuentro personal con el Dios vivo, con Cristo, como Palabra del Padre. Es esta resonancia comunitaria -catequ\u00e9tica- la fuente imprescindible \u00abde vivencia cristiana, de inteligencia del mensaje, de celebraci\u00f3n gozosa y de compromiso cristiano\u00bb (CC 148), es decir, de crecimiento interno y maduraci\u00f3n de los creyentes. La catequesis tiene un talante interpelador y el catecismo colabora a suscitarlo en la medida en que es veh\u00ed\u00adculo aut\u00e9ntico de las fuentes de la fe.<\/p>\n<p>La catequesis tiene tambi\u00e9n una funci\u00f3n hermen\u00e9utica y actualizadora de la tradici\u00f3n eclesial. A ella colabora el catecismo en cuanto s\u00ed\u00adntesis y traducci\u00f3n significativa de las fuentes de la fe al hoy de la cultura. Como int\u00e9rprete oficial de los documentos de la fe, y dentro del acto catequ\u00e9tico, el catecismo contribuye a la dif\u00ed\u00adcil tarea de hacer hablar hoy al lenguaje de la tradici\u00f3n, para que los cristianos comprendan y asuman la sustancia viva del evangelio desde el propio horizonte cultural (cf DGC 133; CC 145-150) y den as\u00ed\u00ad libremente su adhesi\u00f3n a Dios y a su enviado, Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta funci\u00f3n hermen\u00e9utica y midr\u00e1sica del catecismo cobra especial relieve desde 1960 y, posiblemente, tendr\u00e1 a\u00fan mayor relieve en el futuro5. Los catecismos modernos no pueden aspirar s\u00f3lo a poner al alcance de los cristianos, de manera sencilla y en las coordenadas culturales de una \u00e9poca, el contenido de la revelaci\u00f3n. Si quieren ser reales y eficaces servidores de la transmisi\u00f3n de la fe, contribuir\u00e1n en la catequesis a iniciar a los cristianos a leer la Sagrada Escritura como palabra viva hoy en la Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n del mundo, es decir, les iniciar\u00e1n a detectar significativamente el sentido que su contenido &#8216;revelado tiene hoy en nuestra cultura, y a prestarles, dada la erosi\u00f3n continua del lenguaje, expresiones elocuentes, tomadas de ayer o forjadas hoy, bajo el discernimiento eclesial.<\/p>\n<p>Un catecismo que nazca de la reinterpretaci\u00f3n eclesial de los \u00abdocumentos fundantes de la fe\u00bb en el hoy de Dios, en sinton\u00ed\u00ada con la cultura actual, puede ser un texto que lleve al catec\u00fameno o catequizando hasta el coraz\u00f3n de la revelaci\u00f3n y la haga significativa hoy, es decir, \u00abpuede ser una palabra catecumenal\u00bb, que llegue al hombre de hoy y le encamine al encuentro con Cristo (cf MPD 8,5).<\/p>\n<p>3. EL CATECISMO, SERVICIO A LA IDENTIDAD CRISTIANA. El reto de la nueva cultura a la Iglesia -en Espa\u00f1a, en Am\u00e9rica latina y a nivel mundial-consiste en educar a unos creyentes capaces de vivir su identidad cristiana entre los avatares del cambio cultural y social y, desde ella, trasformar las tendencias del pensamiento, las escalas de valores y las pautas de conducta de esta cultura. No basta, por tanto, que los cristianos conserven n\u00ed\u00adtidos los contornos de su propia identidad; han de ser agentes de cambio y factores activos de evangelizaci\u00f3n de las culturas (EN 19-20; CT 56; CC 152-153 y 159).<\/p>\n<p>Entre todas las acciones de la Iglesia, la catequesis es la que tiene la misi\u00f3n de asegurar la identidad del cristiano, sentando la fundamentaci\u00f3n de la fe o consolid\u00e1ndola (cf DGC 194; CC 97). Desde la inspiraci\u00f3n catecumenal (cf DGC 67-68; CC 83-92), la catequesis ejerce cuatro funciones para afianzar la nueva existencia creyente como don bautismal y, a la vez, como opci\u00f3n libre del cristiano: 1) la funci\u00f3n kerigm\u00e1tica, de transmisi\u00f3n fiel de la revelaci\u00f3n-fe cristianas; 2) la funci\u00f3n lit\u00fargica y contemplativa, de iniciaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n de la fe en los sacramentos y a la oraci\u00f3n de Cristo; 3) la funci\u00f3n moral y comunitaria de iniciaci\u00f3n a la vida evang\u00e9lica en Cristo como estilo de vida de los seguidores de Jes\u00fas, y 4) la funci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera, de testimonio, corresponsabilidad y presencia p\u00fablica de los cristianos en la sociedad y anuncio misionero a los no-creyentes.<\/p>\n<p>En este servicio comunitario a la primera madurez teologal, el catecismo presenta la explanaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo de la fe, como expresi\u00f3n privilegiada de la fe eclesial (cf DGC 82-83; CC 168); de los sacramentos, como lugar de encuentro con Cristo en la comunidad, de fiesta, de liberaci\u00f3n y compromiso solidario; del padrenuestro, como modelo de toda oraci\u00f3n cristiana, y de las diez palabras o dec\u00e1logo, el mandamiento nuevo de Cristo y las bienaventuranzas como estilo de vida seg\u00fan el evangelio del seguidor de Cristo (cf DGC 122; CC 230-232). Y todo ello en el \u00e1mbito de la comunidad cristiana. Estos desarrollos est\u00e1n modulados en los catecismos de cada \u00e9poca con los acentos que requiere el momento hist\u00f3rico para salvaguardar la identidad de los cristianos (cf DGC 133-136; CC 169-198).<\/p>\n<p>Sin embargo, el catecismo es letra muerta hasta que los creyentes, en encuentros personales ocasionales, en la catequesis y en la vida de comunidad, escuchan y acogen en su existencia las realidades de fe y moral, aprendidas en el catecismo, y as\u00ed\u00ad se adhieren de verdad a la persona de Cristo, objetivo final de la catequesis, y manifiestan -en obras y palabras-esa adhesi\u00f3n a \u00e9l, confesando la fe, en la comunidad y en su vida en el mundo. Entonces la identidad cristiana se hace realidad vital, aut\u00e9ntica profesi\u00f3n de fe en los labios, en el coraz\u00f3n y en la vida (cf DGC 82-83; CC 166ss. y 174). En este sentido el catecismo es est\u00ed\u00admulo y test de la identidad real de los creyentes.<\/p>\n<p>4. EL CATECISMO, SERVICIO A LA UNIDAD DE LA FE. La fe es siempre, en su totalidad, la misma y, sin embargo, es tambi\u00e9n siempre nueva la manera de acercarnos a ella. El proceso catequ\u00e9tico, y consecuentemente el catecismo, se mueve en esa eterna y necesaria tensi\u00f3n: identidad de la fe y novedad en su transmisi\u00f3n, unidad de la fe y variedad de lenguajes; comuni\u00f3n dentro de la Iglesia y lugar de encuentro con no creyentes, creyentes de otras confesiones o seguidores de otras filosof\u00ed\u00adas; veh\u00ed\u00adculo y s\u00ed\u00adntesis l\u00facida de las fuentes de la fe (cf DGC 121; CC 150) y servicio a la unidad de la profesi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>Los modos o g\u00e9neros en que se ha expresado la fe son varios desde sus or\u00ed\u00adgenes: relatos hist\u00f3ricos, himnos, mandamientos, exhortaciones, confesiones de fe, doxolog\u00ed\u00adas, promesas, etc. (CC 149). Este es uno de los aspectos en que la fe se diferencia de una ideolog\u00ed\u00ada: como palabra viva puede expresarse f\u00e1cilmente de muchas formas, sin perder su unidad. El catecismo permite mantener ese lenguaje com\u00fan m\u00ed\u00adnimo que necesita toda comunidad de fe para comunicarse sin equ\u00ed\u00advocos entre s\u00ed\u00ad y entablar di\u00e1logo con otros creyentes o personas no creyentes de la misma \u00e1rea cultural (cf CC 143). El catecismo, por tanto, no est\u00e1 en contra ni del pluralismo ni del progreso teol\u00f3gico leg\u00ed\u00adtimo; s\u00f3lo asume la decantaci\u00f3n de la fe com\u00fan de la Iglesia, es decir, de lo que la Iglesia considera ya como patrimonio com\u00fan de la fe viva de la comunidad eclesial (cf DGC 124 y 125; CC 70-76) en el momento actual de su historia, dejando las quaestiones disputatae a la clarificaci\u00f3n de la discusi\u00f3n teol\u00f3gica y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, del magisterio eclesial.<\/p>\n<p>5. MENSAJE \u00abSINF\u00ed\u201cNICO\u00bb DE LA FE AL SERVICIO DE LA INCULTURACI\u00ed\u201cN DE LA MISMA. Cuanto hemos expuesto sobre las dimensiones teol\u00f3gicas del catecismo, normalmente lo referimos a cada uno de los catecismos aprobados o asumidos como suyos por los obispos diocesanos para sus Iglesias particulares o por la conferencia episcopal para el conjunto de las di\u00f3cesis. M\u00e1s en concreto, de cada uno de estos catecismos se asegura que es un servicio a la unidad de la fe.<\/p>\n<p>Sin embargo, el hecho de la publicaci\u00f3n del CCE y de los catecismos locales elaborados en referencia a aquel, ha dado pie a explicitar lo que la Iglesia siempre ha vivido, pero no hab\u00ed\u00ada expresado con tanta claridad y profundidad como ahora: \u00abEl CCE y los catecismos locales, cada uno con su autoridad espec\u00ed\u00adfica, forman una unidad\u00bb. De tal manera que los catecismos locales en comuni\u00f3n con el CCE \u00abson la expresi\u00f3n concreta de la unidad en la misma fe apost\u00f3lica, y al mismo tiempo, de la rica diversidad de la formulaci\u00f3n de esa misma fe\u00bb (DGC 136).<\/p>\n<p>Esta conjunci\u00f3n arm\u00f3nica que, a primera vista, parece contradictoria, contempla la fe como un mensaje sinf\u00f3nico -la sinfon\u00ed\u00ada de la fe-, como un mensaje a voces mixtas -la polifon\u00ed\u00ada de la fe-. \u00abUn catecismo local de un episcopado concreto no es un texto s\u00f3lo de una parte de la Iglesia: es un texto de la Iglesia universal destinado a un pueblo y cultura determinados. Es la Iglesia entera la que dirigi\u00e9ndose a ese pueblo expresa la fe de esa manera\u00bb6.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, los catecismos locales inculturados, en comuni\u00f3n con el CCE, expresan y favorecen la unidad pol\u00ed\u00adcroma -inculturada- de la fe, haciendo posible que se repita \u00abla estupenda experiencia de los tiempos apost\u00f3licos, cuando cada creyente o\u00ed\u00ada anunciar en su propia lengua las maravillas de Dios (cf He 2,11)\u00bb (Juan Pablo II, 8.9.1997).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el CCE y los catecismos locales son un servicio a la inculturaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>V. Conclusiones<br \/>\nLos catecismos, tal y como hoy los entendemos, son, en buena medida, fruto de las posibilidades que abri\u00f3 la invenci\u00f3n de la imprenta. La Iglesia del Renacimiento supo, en este aspecto, acoger la modernidad para la transmisi\u00f3n de la fe y la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No se puede entender el catecismo-libro sin el catecismo-instituci\u00f3n de ense\u00f1anza cristiana elemental. Uno y otra se implican y condicionan mutuamente. Por eso, cuando la instituci\u00f3n-catecismo fue reemplazada -en torno al Vaticano II- por la catequesis inspirada en el catecumenado bautismal, el catecismo-libro sufri\u00f3 una metamorfosis profunda, sin perder los elementos sustanciales de su identidad.<\/p>\n<p>Con ocasi\u00f3n de la Reforma del siglo XVI hubo catecismos oficiales que cumplieron mejor que otros, tambi\u00e9n oficiales, la intenci\u00f3n profunda de la Iglesia: ser s\u00ed\u00adntesis l\u00facidas de la fe eclesial y de la cultura renacentista. Entre ellos est\u00e1n los de san Pedro Canisio y el Catecismo romano de san P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 hoy, tal vez, en mejores condiciones para elaborar catecismos que hagan \u00abhablar\u00bb a la tradici\u00f3n viva de forma interpeladora a nuestros contempor\u00e1neos: ha actualizado la experiencia y el conocimiento del mensaje de Jes\u00fas; puede analizar y conocer mejor la cultura y los problemas de nuestro mundo con m\u00e9todos de an\u00e1lisis fiables; puede disponer de lenguajes bien conocidos y experimentados por los cristianos. Pero los catecismos resultantes tendr\u00e1n vocaci\u00f3n de ser no expresi\u00f3n definitiva de la revelaci\u00f3n, sino servidores humildes de la misma a la hora de evangelizar-catequizar nuestra cultura en nuestro momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos lustros, los catecismos han tenido, m\u00e1s que en otros tiempos, un car\u00e1cter oficial, al estar elaborados por quienes ejercen el magisterio en la Iglesia o bajo su direcci\u00f3n y responsabilidad pastoral, en el \u00e1mbito de su jurisdicci\u00f3n. Este hecho, en alg\u00fan modo nuevo, quiere asegurar que los contenidos del catecismo respondan a la recta doctrina, garante de la identidad cristiana, sin que falte en ellos la necesaria renovaci\u00f3n que piden tanto la pedagog\u00ed\u00ada religiosa como la sinton\u00ed\u00ada cultural con nuestro tiempo.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf Sum. Theol. III q. 71, ad 1 et 4. &#8211; 2 Al monje ingl\u00e9s Alcuino de York (t 804), que presid\u00ed\u00ada y alentaba las escuelas carolingias, se atribuye la Disputatio puerorum, en forma de preguntas y respuestas, como un di\u00e1logo en que el disc\u00ed\u00adpulo pregunta y el maestro responde. Aborda la historia sagrada y la doctrina de los sacramentos, el s\u00ed\u00admbolo y el padrenuestro. Fue el libro de religi\u00f3n de los siglos XI al XIII e inspir\u00f3 muchas iniciativas semejantes. &#8211; 3 A. GARC\u00ed\u008dA SU\u00ed\u0081REZ, tras una investigaci\u00f3n realizada en 1970, afirma que el Catechismo de Carranza es una fuente principal -b\u00e1sica- del Catecismo romano y anima a los especialistas en historia de la Iglesia a estudiar su hip\u00f3tesis de trabajo. En caso de confirmarse esta, el Catechismo christiano pasar\u00ed\u00ada de sospechoso de herej\u00ed\u00ada a ser un documento de valor incalculable. Cf \u00bfEl \u00abCatecismo\u00bb de Bartolom\u00e9 de Carranza, fuente principal del Catecismo romano de san P\u00ed\u00ado V?, Scripta Theologica II-Fas 2 (1970) 341-423. \u00abLa feliz pista se\u00f1alada&#8230;, a\u00f1ade una nueva paradoja a esta historia: el Catecismo oficial del concilio sigui\u00f3 de cerca en muchos pasajes al catecismo cat\u00f3lico m\u00e1s discutido del siglo\u00bb (J. J. TELLECHEA, Bartolom\u00e9 de Carranza, Catechismo christiano. Edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y estudio hist\u00f3rico, BAC, Madrid 1972, Introducci\u00f3n general, 88-89). &#8211; 4 Es interesante la investigaci\u00f3n de L. RESINES en Teolog\u00ed\u00ada y Catequesis 58 (1996) 89-138, con el t\u00ed\u00adtulo: Astete frente a Ripalda: dos autores para una obra, donde prueba que \u00abGaspar Astete escribi\u00f3 el Astete y el Ripalda\u00bb (p. 138). &#8211; 5 Cf W. LANGER, Catecismo, en J. GEVAERT (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, p\u00e1r. 7. En la Biblia, el midras es un g\u00e9nero literario, que hace una reconsideraci\u00f3n de las Sagradas Escrituras del pasado reinterpret\u00e1ndolas en funci\u00f3n de las circunstancias del presente: una actualizaci\u00f3n de los datos tradicionales; cf P. GRELOT, Historia del problema de la hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, en La Biblia, palabra de Dios, Herder, Barcelona 1968, 243ss.; G. AUZOU, La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, Fax, Madrid 1961, 277, 284-286. Un catecismo de este g\u00e9nero ser\u00ed\u00ada una aportaci\u00f3n valiosa al vasto problema de la inculturaci\u00f3n de la fe o evangelizaci\u00f3n de las culturas: cf EN 20; P. ARRUPE, Catequesis e inculturaci\u00f3n. S\u00ed\u00adnodo 1977, Actualidad Catequ\u00e9tica 86 (1978) 76-80. La catequesis es un lugar privilegiado para desarrollar la creatividad del pueblo de Dios en la comprensi\u00f3n, vivencia y formulaci\u00f3n de la fe; cf tambi\u00e9n el DGC 109-110 y 203-207. &#8211; 6 J. MANUEL ESTEPA, Congreso internacional de catequesis, Roma, octubre 1997, Actualidad catequ\u00e9tica 176 (1997) 90-92.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH E., Catequesis y praxis eclesial, CCS, Madrid 1983; ARNOLD F. X., Al servicio de la fe, Herder, Barcelona 1960; AuDINET J., Cat\u00e9ch\u00e9se action d&#8217;Eglise et culture, Cat\u00e9ch\u00e9se 62 (1975) 66-83; Catequesis, Catecismo, Catequ\u00e9tica, en RAHNER K., Sacramentum mundi I, Herder, Barcelona 1976; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Con vosotros est\u00e1. Manual del educador 2. Orientaciones. Fasc\u00ed\u00adculo 1, Secretariado nacional de catequesis, Madrid 1977; CSONKA L., Historia de la catequesis, en PONTIFICIO ATENEO SALESIANO, Educar 3. Metodolog\u00ed\u00ada de la catequesis, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1966; ESTEPA J. 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M., Ochenta a\u00f1os de catequesis en la Iglesia de Espa\u00f1a, Actualidad catequ\u00e9tica 100 (1980) 52s.; PIKAZA X., Las confesiones de fe en la Biblia. Sus formas y significados, Communio 2 (1979) 7-19; RATZINGER J., Transmisi\u00f3n de la fe y fuentes de fe, Actualidad catequ\u00e9tica 112-113 (1983) 197-218; RESINES L., Los catecismos de Lutero, Actualidad catequ\u00e9tica 117-118 (1984) 87s.; TELLECHEA J. J., Bartolom\u00e9 de Carranza. Catechismo Christiano. Edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y estudio hist\u00f3rico, BAC, Madrid 1972.<\/p>\n<p>Manuel Matos Holgado<br \/>\n y Vicente M\u00c2\u00b0 Pedrosa Ar\u00e9s<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Significado etimol\u00f3gico e hist\u00f3rico de catecismo: 1. Primer significado: ense\u00f1anza o instituci\u00f3n de la ense\u00f1anza cristiana; 2. Segundo significado: el libro de la doctrina cristiana. II. El catecismo en la historia de la Iglesia: 1. El S\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles; 2. El catecismo en los siglos VII al XV; 3. El catecismo en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismos-y-catecismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCATECISMOS Y CATECISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16971","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16971","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16971"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16971\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16971"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16971"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16971"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}