{"id":16973,"date":"2016-02-05T11:03:43","date_gmt":"2016-02-05T16:03:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-con-discapacitados\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:43","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:43","slug":"catequesis-con-discapacitados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-con-discapacitados\/","title":{"rendered":"CATEQUESIS CON DISCAPACITADOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Nuestro mundo y la presencia de la debilidad humana. II. El proyecto amoroso de Dios y los d\u00e9biles del mundo: 1. La vida humana tiene un valor \u00fanico; 2. En Jes\u00fas toda debilidad humana adquiere un rostro nuevo; 3. La Iglesia, comunidad fratemal para toda persona d\u00e9bil. III. La actividad catequ\u00e9tica en la comunidad eclesial: 1. Objetivo de la catequesis en ambientes especiales; 2. \u00bfA qui\u00e9n se dirige la catequesis especial?; 3. \u00bfQu\u00e9 mensaje presentar en la catequesis especial? IV. El proceso catequ\u00e9tico en el ambiente especial: 1. La pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica se inspira en la pedagog\u00ed\u00ada de Dios; 2. La pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica se inspira en la manera de actuar de Jes\u00fas; 3. Pedagog\u00ed\u00ada de los signos; 4. Pedagog\u00ed\u00ada de la experiencia; 5. La catequesis especial dentro de la organizaci\u00f3n catequ\u00e9tica; 6. La formaci\u00f3n de catequistas para ambientes especiales.<\/p>\n<p>I. Nuestro mundo y la presencia de la debilidad humana<br \/>\nCada vez es m\u00e1s evidente que nuestro mundo no es excesivamente optimista respecto al humilde, al marginado, al discapacitado, al anciano, al pobre en general. La presencia de la debilidad humana desconcierta y llega a ser piedra de esc\u00e1ndalo para un mundo que pone su punto de mira en unos valores muy lejanos de estas acuciantes realidades. En estos momentos de tanta competitividad para nuestros pueblos, especialmente en Occidente, se tiene la convicci\u00f3n, cada vez m\u00e1s arraigada, de que en esta carrera vertiginosa s\u00f3lo subsistir\u00e1n los m\u00e1s capacitados, los mejor preparados, los m\u00e1s sobresalientes; en definitiva: los fuertes.<\/p>\n<p>En los pa\u00ed\u00adses que decimos m\u00e1s desarrollados se da una lucha sin freno por el tener. Para algunos es la lucha sin fin por la propia subsistencia y por crearse un peque\u00f1o espacio dentro de la sociedad. Para otros es la carrera desmedida hacia el \u00e9xito y el confort. Sin \u00e9xito social no hay sitio, ni trabajo, ni casi identidad personal. Parecer\u00ed\u00ada ser que en nuestra actual cultura occidental el gran baremo para poder presentar una digna identidad personal se centrara en la eficacia, en la fuerza, en la belleza, en la especializaci\u00f3n a ultranza, en la m\u00e1xima rentabilidad.<\/p>\n<p>La misma educaci\u00f3n orienta, no pocas veces, sus esfuerzos hacia la consecuci\u00f3n de tales objetivos y hacia la integraci\u00f3n masiva en un tal dinamismo, olvidando peligrosamente valores esenciales e imprescindibles para un m\u00ed\u00adnimo desarrollo global del hombre.<\/p>\n<p>Miles de seres humanos, entre ellos especialmente los discapacitados, contemplan at\u00f3nitos esta carrera vertiginosa donde la concreta realidad personal queda olvidada, si no despreciada, en aspectos esenciales de su desarrollo humano y espiritual.<\/p>\n<p>Las personas que, por m\u00faltiples razones, no pueden seguir esta vertiginosa carrera corren el peligro de sentirse in\u00fatiles, desvalorizadas, no queribles, con la sensaci\u00f3n de ser un peso para el resto de la sociedad. Este es el doloroso sentimiento y la experiencia diaria de muchos seres que se sienten d\u00e9biles y fr\u00e1giles dentro de nuestros grupos sociales. La huida y el refugio en la droga, el alcohol, la delincuencia, la prostituci\u00f3n, la marginaci\u00f3n, ponen en evidencia, a su vez, la propia impotencia de una sociedad que se vive autosuficiente.<\/p>\n<p>En una lucha tan dura el coraz\u00f3n se endurece y apenas hay sitio para la compasi\u00f3n, la ternura, la comuni\u00f3n y otros valores trascendentales para la verdadera felicidad del hombre.<\/p>\n<p>En un mundo as\u00ed\u00ad, fascinado por tales valores, atrapado en estos afanes, \u00bfcu\u00e1l es el sitio, el espacio, para todos los seres que sufren alg\u00fan tipo de discapacidad? \u00bfQui\u00e9nes son hoy los discapacitados? \u00bfD\u00f3nde integrarlos, con qu\u00e9 criterios y c\u00f3mo? Lo que de ordinario llamamos normalidad y normalizaci\u00f3n \u00bfes de verdad lo m\u00e1s humano?<\/p>\n<p>II. El proyecto amoroso de Dios y los d\u00e9biles del mundo<br \/>\n1. LA VIDA HUMANA TIENE UN VALOR \u00daNICO. La vida de cada ser humano tiene en el proyecto amoroso de Dios un valor \u00fanico, original, misterioso. El Dios que se revela a trav\u00e9s de la historia de la salvaci\u00f3n, es un Dios de vida, se goza en ella, la sustenta, la recrea sin cesar, la ama. Desde las primeras p\u00e1ginas del G\u00e9nesis, la vida aparece como el m\u00e1ximo don, como lo bueno por excelencia, como algo a gozar y a saborear en la gratitud. La creaci\u00f3n misma es una experiencia y una manifestaci\u00f3n de esta explosi\u00f3n de vida: \u00abY vio Dios que era bueno&#8230;\u00bb, se repite de forma reiterada en el primer cap\u00ed\u00adtulo del G\u00e9nesis en esa gozosa contemplaci\u00f3n de las maravillas que van surgiendo en la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida adquiere un tono original cuando se trata del hombre: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza&#8230; a imagen de Dios lo cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3&#8230; Y vio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho y todo era muy bueno\u00bb (G\u00e9n 1,26-27.31).<\/p>\n<p>En este proyecto de Dios, la vida de cada ser humano tiene un valor \u00fanico, original, misterioso, vida a su imagen. El hombre, cualquiera que sea, puede experimentar que su vida es deseada particularmente por Dios, que est\u00e1 marcada con su sello m\u00e1s personal; puede sentir que Dios se goza de su existencia, de su respiraci\u00f3n, de cada latir de su coraz\u00f3n; puede, en fin, verse personalmente reconocido por este Dios que le llama sin cesar a la vida.<\/p>\n<p>Nadie como un ser discapacitado necesita esta vivencia profunda de sentir su vida deseada, reconocida, acogida. Nadie como \u00e9l necesita experimentar que su vida es, de verdad, un gozo para alguien, para personas muy concretas, un gozo para Dios mismo.<\/p>\n<p>Para posibilitar este descubrimiento de la presencia amorosa de Dios Padre, la persona que por alguna raz\u00f3n est\u00e9 herida en su coraz\u00f3n necesita de alguien con quien pueda entablar una relaci\u00f3n real, profunda, personal, que acepte ser intermediario en este crecimiento suyo, en este proceso de su despertar.<\/p>\n<p>2. EN JES\u00daS TODA DEBILIDAD HUMANA ADQUIERE UN ROSTRO NUEVO. La encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas es no s\u00f3lo un s\u00ed\u00ad pleno y definitivo a la vida, sino la afirmaci\u00f3n radical de la dignidad del hombre, la celebraci\u00f3n de su ser, de su existencia, de su crecimiento. Todo ser, simplemente por serlo, queda ah\u00ed\u00ad enaltecido, dignificado, reconocido.<\/p>\n<p>Jes\u00fas en su encarnaci\u00f3n est\u00e1 gritando que todo hombre, sea cual fuere su color, su raza, su familia, su capacidad, tiene su valor, su dignidad, su belleza, su importancia.<\/p>\n<p>Nadie como Jes\u00fas en su encarnaci\u00f3n dignifica al discapacitado, lo reconoce, lo valoriza, lo embellece, lo integra, lo normaliza. Como todo hombre, el discapacitado tiene derecho pleno a recibir y experimentar en su vida esta mirada novedosa, restauradora, llena de esperanza de Jes\u00fas. No es posible integraci\u00f3n alguna que quiera llegar a los aspectos m\u00e1s profundos de la vida del discapacitado si olvida esa valoraci\u00f3n radical con la que Jes\u00fas dignifica al ser humano y que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la simple capacidad, de la utilidad, de las posibilidades sociales que un hombre pueda tener.<\/p>\n<p>Esta fuerza liberadora de la presencia de Jes\u00fas se manifiesta especialmente en el gran acontecimiento de su muerte y de su resurrecci\u00f3n (cf CCE 616, 618). Ah\u00ed\u00ad se nos revela el sentido secreto del dolor y del sufrimiento. La debilidad humana y la limitaci\u00f3n adquieren un rostro nuevo. En adelante, nuestras heridas interiores y exteriores pueden ser ese lugar original, ese abismo desde el que podemos gritar a Dios y realizar ese encuentro profundo y misterioso con \u00e9l, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad el sufrimiento en semilla de transformaci\u00f3n y de resurrecci\u00f3n. Ah\u00ed\u00ad, unidos a Jes\u00fas, podemos sentir a Dios como un padre amorosamente presente (CCE 272).<\/p>\n<p>Es cierto que todo ello supone un proceso, a veces largo, en el que no faltan la frustraci\u00f3n, la rabia, el esc\u00e1ndalo, la protesta, hasta llegar a esa aceptaci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica y sencilla de la realidad.<\/p>\n<p>Toda persona que sienta en su propia carne o en su esp\u00ed\u00adritu la debilidad, cualquiera que sea, tiene un derecho radical a descubrir en su vida esta mirada original de Jes\u00fas, a sentirse reconocido en ella, a saborearla y percibir su calor. Descubrir la misteriosa presencia de Jes\u00fas resucitado es vivir en esperanza la restauraci\u00f3n definitiva de toda nuestra humanidad: \u00abSabemos que toda la creaci\u00f3n gime y est\u00e1 en dolores de parto hasta el momento presente. No s\u00f3lo ella, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n filial, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rom 8,22-23).<\/p>\n<p>3. LA IGLESIA, COMUNIDAD FRATERNAL PARA TODA PERSONA DEBIL. La Iglesia realiza, al estilo de Jes\u00fas, su labor evangelizadora con palabras y con obras, proclamando el evangelio y con el testimonio de su vida: \u00abEvangelizar significa para la Iglesia llevar la buena nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad\u00bb (EN 18; cf CCE 763-764).<\/p>\n<p>Los seres afectados por alguna discapacidad tienen necesidad de encontrar en la vivencia de la comunidad una mirada de comprensi\u00f3n, de bondad, de gozo; la experiencia confiada de sentirse queridos por s\u00ed\u00ad mismos, por lo que sencillamente son. Necesitan una vivencia comunitaria que sea restauradora, reparadora, que les permita encontrar el gozo de ser, de existir, de compartir. Juan Pablo II lo recuerda con precisi\u00f3n refiri\u00e9ndose a la importancia de su vida afectiva: \u00abLa vida afectiva de las personas discapacitadas deber\u00e1 recibir especial atenci\u00f3n&#8230; Que puedan encontrar una comunidad llena de calor humano, donde su necesidad de amistad y de afecto sea respetada y satisfecha en conformidad con su inalienable dignidad moral&#8230;\u00bb (Roma, abril, 1984).<\/p>\n<p>Hoy m\u00e1s que nunca, ante los numerosos problemas de marginaci\u00f3n en todas sus facetas, nuestras comunidades cristianas est\u00e1n urgidas por este estilo tan novedoso de Jes\u00fas de hacerse presentes en medio de la debilidad humana.<\/p>\n<p>Frente a los valores de la eficacia, del hiperactivismo, del poder de las ideas, los discapacitados nos revelan el valor de la relaci\u00f3n, la riqueza del coraz\u00f3n, el valor de la humildad y de la debilidad aceptada y acogida. Son profetas silenciosos. Es f\u00e1cil dejarlos de lado, considerarlos in\u00fatiles y pasar de largo. Sin embargo, su silencio es una llamada a la vivencia comunitaria, una invitaci\u00f3n a la comuni\u00f3n. Es el gran signo del Reino en todos los tiempos: \u00abEn esto reconocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos, en que os am\u00e1is unos a otros\u00bb (Jn 13,35).<\/p>\n<p>La comunidad cristiana universal siempre se ha sentido urgida por la presencia de la debilidad humana. Los cristianos que en los siglos pasados quer\u00ed\u00adan vivir seg\u00fan el estilo y la manera de ser de Jes\u00fas, levantaban hospitales, escuelas, hospicios, dispensarios, que respond\u00ed\u00adan a las necesidades y urgencias del momento. Ellos percib\u00ed\u00adan con especial clarividencia la presencia de la pobreza y la debilidad en sus m\u00faltiples manifestaciones. La catequesis especial para las personas con discapacidad tuvo su gran aliento en los a\u00f1os del Vaticano II y se amamant\u00f3 y creci\u00f3 con la gran movilizaci\u00f3n teol\u00f3gica, pastoral y pedag\u00f3gica que signific\u00f3 su puesta en marcha.<\/p>\n<p>Coincidiendo con la creciente sensibilizaci\u00f3n y atenci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la sociedad al problema de la discapacidad, el Concilio se refiere expl\u00ed\u00adcitamente a la atenci\u00f3n especial que deber\u00e1 dispensarse a las instituciones que se dedican a la educaci\u00f3n y asistencia de los minusv\u00e1lidos (cf GE 9).<\/p>\n<p>Con frecuencia la voz de la Iglesia ha resonado con alegr\u00ed\u00ada y con fuerza para afirmar el lugar escogido que tienen dentro de la misma Iglesia los discapacitados y todas las personas e instituciones que les acompa\u00f1an1. As\u00ed\u00ad lo expresan en concreto los documentos de los \u00faltimos papas. Pablo VI, que \u00abse ha constituido abogado de esta parte tan desfavorecida de la humanidad doliente\u00bb, con diversos motivos y en diversas ocasiones quiso atraer la atenci\u00f3n de todos los cristianos sobre la presencia en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia de un n\u00famero creciente de ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos, discapacitados o inadaptados. Juan Pablo II ha subrayado tambi\u00e9n la importancia que tiene para la Iglesia ver en los discapacitados la imagen viva de Cristo redentor de los hombres y la necesidad de una acogida plena en la comunidad cristiana: \u00abLas comunidades cristianas deben ofrecer se\u00f1ales evidentes de credibilidad, a fin de que los hermanos afectados por una discapacidad no se sientan extra\u00f1os en la casa com\u00fan que es la Iglesia\u00bb (En el jubileo de comunidades con personas discapacitadas; Roma, 1 de abril de 1984).<\/p>\n<p>De igual modo lo expresan las conferencias episcopales de los distintos pa\u00ed\u00adses. La Conferencia episcopal espa\u00f1ola, desde su XVIII asamblea plenaria, viene insistiendo expl\u00ed\u00adcitamente en la necesidad de que la pastoral de la Iglesia tome en consideraci\u00f3n las exigencias y necesidades de los ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos discapacitados o marginados, dedicando personas y medios para su atenci\u00f3n. Insiste en la importancia de integrarlos en la comunidad cristiana, ayud\u00e1ndoles a evolucionar religiosamente. Su vida, aunque limitada, merece todo el respeto de la comunidad de los creyentes. Considera pastoralmente urgente organizar la educaci\u00f3n religiosa en este \u00e1mbito, preparar a catequistas y sacerdotes especializados y nombrar delegados diocesanos que se ocupen de toda esta realidad (cf Orientaciones pastorales y pedag\u00f3gicas de la Comisi\u00f3n episcopal de ense\u00f1anza y catequesis, Atenci\u00f3n a los minusv\u00e1lidos en la Iglesia y en la escuela 1986).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en otros pa\u00ed\u00adses latinoamericanos, los documentos eclesiales han ido reflejando este camino, manifestado ya por la experiencia de las comunidades parroquiales, diocesanas y nacionales sobre la catequesis de las personas con discapacidad y de sus familias, as\u00ed\u00ad como de la formaci\u00f3n de sus catequistas y dem\u00e1s agentes pastorales. Las intuiciones, deliberaciones y propuestas de algunos encuentros catequ\u00ed\u00adsticos (entre los que se destaca el I Congreso catequ\u00ed\u00adstico nacional, celebrado en Buenos Aires del 14 al 17 de agosto de 1962), fueron como el inicio de una serie inagotable de profundizaci\u00f3n, maduraci\u00f3n y consolidaci\u00f3n de una pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00ed\u00adstica cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s cercana a la pedagog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, de la experiencia de lo cotidiano, de la expresi\u00f3n simb\u00f3lica (cf Conferencia episcopal argentina, Buenos Aires, 30 de agosto de 1967).<\/p>\n<p>III. La actividad catequ\u00e9tica en la comunidad eclesial<br \/>\n1. OBJETIVO DE LA CATEQUESIS EN AMBIENTES ESPECIALES. La catequesis es un elemento muy se\u00f1alado dentro del proceso total de la evangelizaci\u00f3n. Tiene un car\u00e1cter propio, es un per\u00ed\u00adodo de ense\u00f1anza y de madurez. Cf Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (DCG), de 1971, 23; Directorio general para la catequesis (DGC), de 1997, 63. \u00abEs la etapa o per\u00ed\u00adodo intenso del proceso evangelizador, en la que se capacita b\u00e1sicamente a los cristianos, para entender, celebrar y vivir el evangelio del Reino, al que han dado su adhesi\u00f3n, y para participar activamente en la realizaci\u00f3n de la comunidad eclesial, y en el anuncio y difusi\u00f3n del evangelio. Esta formaci\u00f3n cristiana, integral y fundamental, tiene como meta la confesi\u00f3n de la fe\u00bb (CC 34).<\/p>\n<p>Todo cristiano, sean cuales fueren sus posibilidades o limitaciones, tiene derecho pleno a encontrar en la comunidad cristiana la posibilidad de poder vivir este per\u00ed\u00adodo intenso, m\u00e1s o menos largo, durante el cual pueda gozosamente descubrir, experimentar, celebrar y vivir este mensaje de Jes\u00fas (cf DGC 167-170).<\/p>\n<p>No existe un objetivo distinto para la catequesis en ambientes especiales, a pesar de que su realizaci\u00f3n exija otro ritmo, otras modalidades y formas de hacer. En el ambiente especial, como en los ambientes ordinarios, la catequesis pretende despertar la fe, alimentarla, educarla, llevarla hacia su madurez. La catequesis es una iniciaci\u00f3n para todo cristiano, no s\u00f3lo en la doctrina, sino tambi\u00e9n en la vida, en la liturgia de la Iglesia y su misi\u00f3n en el mundo: \u00abLa catequesis ilumina y robustece la fe, anima la vida con el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participaci\u00f3n del misterio lit\u00fargico y alienta a una acci\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (GE 4; cf DGC 67-68).<\/p>\n<p>Se trata de una experiencia vital en la que las capacidades intelectuales van a jugar, para el que las posea, un papel importante, pero no el \u00fanico. De ninguna forma en la catequesis puede ponerse el acento exclusivamente en los aspectos del entender, destin\u00e1ndola \u00fanicamente a los capacitados intelectuales. Si la comunidad cristiana, aunque s\u00f3lo sea de forma inconsciente, pusiera determinados l\u00ed\u00admites a este nivel, no tendr\u00ed\u00adan cabida en ella los m\u00e1s sencillos de nuestra sociedad, los m\u00e1s limitados a nivel intelectual, sobre todo los discapacitados m\u00e1s profundos. Bien es verdad que los modos y formas de hacer a niveles metodol\u00f3gicos habr\u00e1n de ser en algunos casos muy especiales y nos van a exigir gran creatividad e imaginaci\u00f3n, a la vez que un profundo conocimiento de su personalidad y de sus dificultades concretas.<\/p>\n<p>\u00abLa catequesis especial se propone llevar a cada hermano diferente la alegr\u00ed\u00ada de vivir la preferencia de Dios; de vivir el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas de las que est\u00e1n tan cerca. Se propone integrar de verdad a los pobres en el seno de la comunidad eclesial, tal como son, peque\u00f1os y limitados, mostrando silenciosamente que la iniciativa es siempre de Dios; que sin \u00e9l nada somos ni podemos, para que tambi\u00e9n ellos ejerzan su misi\u00f3n prof\u00e9tica, frente a un mundo cada vez m\u00e1s lleno de s\u00ed\u00ad mismo, autosuficiente y altanero, acostumbrado a los \u00e9xitos, y que juzga in\u00fatil lo que no es eficiente\u00bb2 (DCG 91; cf DGC 189).<\/p>\n<p>El hombre es no s\u00f3lo un ser racional, sino tambi\u00e9n un ser en relaci\u00f3n. Es decir, crece, se desarrolla, se estructura como identidad personal en la relaci\u00f3n. El complejo proceso de la identificaci\u00f3n, incluida la identificaci\u00f3n cristiana, se realiza dentro de significativas relaciones interpersonales necesarias e insustituibles. Se trata de un crecimiento progresivo que apunta hacia una cierta madurez, pero cada uno a su paso, a su ritmo, sintiendo un profundo respeto hacia las posibilidades de la persona, que es, en definitiva, la m\u00e1xima responsable en el recorrido de su camino: \u00abSe precisa, en primer lugar, una gran estima por la vida humana, en s\u00ed\u00ad misma, una arraigada convicci\u00f3n de la dignidad trascendental de la persona, aun cuando su inteligencia est\u00e9 tan poco desarrollada que parezca a veces inexistente. Se precisa tambi\u00e9n una compasi\u00f3n y una paciencia ilimitadas, un arte y una t\u00e9cnica terap\u00e9utica y pedag\u00f3gica muy avanzados\u00bb3.<\/p>\n<p>2. \u00bfA QUIEN SE DIRIGE LA CATEQUESIS ESPECIAL? Toda catequesis se hace desde la comunidad y para la comunidad cristiana. Sin embargo, van a existir en dicha comunidad necesidades que exigir\u00e1n una presencia, un apoyo y unas maneras pedag\u00f3gicas de hacer originales (DGC 189).<\/p>\n<p>La catequesis especial se dirigir\u00e1 a todos aquellos cuya realidad existencial se caracteriza por la presencia de dificultades extraordinarias, y su modo de ser, de existir o de relacionarse se encuentra particularmente afectado. Se dirigir\u00e1 a los m\u00e1s d\u00e9biles que no pueden, por s\u00ed\u00ad mismos, seguir el ritmo normalizado de la comunidad.<\/p>\n<p>Para entendernos, podr\u00ed\u00adamos llamar discapacitada a cualquier persona que, dada su especial condici\u00f3n f\u00ed\u00adsica, ps\u00ed\u00adquica o social, necesita modos particulares de presencia, de relaci\u00f3n, de apoyo, de asistencia, de educaci\u00f3n, de atenci\u00f3n pastoral. Las clases de inadaptaci\u00f3n pueden ser muy variadas. Las causas pueden ser m\u00faltiples. Podemos distinguir diversos tipos de discapacidad:<br \/>\na) Los enfermos graves a niveles f\u00ed\u00adsicos, los discapacitados sensoriales, y todos los que padecen minusval\u00ed\u00adas severas en el estado psicomotor. En todos ellos van a tener gran importancia los trastornos ps\u00ed\u00adquicos asociados a dichas discapacidades.<br \/>\nb) Por raz\u00f3n de su estado ps\u00ed\u00adquico llamar\u00ed\u00adamos discapacitados a un amplio grupo de personas, desde las que sufren neurosis graves con claras y manifiestas dificultades para tener una buena relaci\u00f3n con la realidad de su entorno, hasta las que padecen psicosis m\u00e1s severas, las que viven el mundo de la esquizofrenia y del autismo, donde la interpretaci\u00f3n, el dominio y vivencia de la realidad estar\u00ed\u00adan distorsionados y casi o totalmente ausentes.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por su estado ps\u00ed\u00adquico encontramos un grupo social con grandes dificultades para la convivencia, con rasgos claramente psicop\u00e1ticos en la estructura de su personalidad, conocidos en nuestra sociedad con el nombre de delincuentes y predelincuentes, cuya violencia y agresividad preocupan especialmente en la actualidad a nuestra comunidad internacional. Son personas que, dados los enormes condicionantes que han vivido en su historia personal, experimentan grandes dificultades para la convivencia familiar y social, para la escolaridad, para una vida normalizada, a la vez que plantean graves y angustiosos interrogantes a los padres, a los educadores, a los catequistas, a la Iglesia, a la sociedad entera. Ante tanta dificultad, y condicionados por nuestra propia ansiedad, corremos un cierto peligro de catalogarlos r\u00e1pidamente como ni\u00f1os o j\u00f3venes de mala voluntad, asociales, perezosos, malos.<\/p>\n<p>A este amplio grupo de personalidades psicop\u00e1ticas habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir tambi\u00e9n muchos drogadictos, alcoh\u00f3licos, y muchas personas que manifiestan graves dificultades en la vivencia de su sexualidad. Personalidades todas ellas, desde el punto de vista ps\u00ed\u00adquico, complejas, y por lo general muy carenciales y desestructuradas en su mundo interno. Nadie ignora que se trata de un grav\u00ed\u00adsimo problema de nuestro tiempo, ante el que la sociedad y en especial sus responsables sienten una enorme impotencia, dada la poca eficacia de sus esfuerzos. Las consecuencias son enormemente destructivas, su recuperaci\u00f3n es dif\u00ed\u00adcil y costosa; en algunos casos, imposible. La prevenci\u00f3n se plantea como el camino de la m\u00e1xima urgencia.<\/p>\n<p>Dentro de este amplio grupo de discapacidades ps\u00ed\u00adquicas tampoco podemos olvidar los numerosos casos de inadaptaci\u00f3n, fruto de esta contradictoria sociedad en la que vivimos: ni\u00f1os y j\u00f3venes marcados muy severamente por la marginaci\u00f3n social, por el abandono, por los castigos familiares (es creciente el n\u00famero de ni\u00f1os maltratados en sus propios ambientes), por los graves traumas que padecen en sus propios contextos sociales. Luego se les llamar\u00e1 ni\u00f1os o j\u00f3venes caracteriales.<\/p>\n<p>Merece una especial atenci\u00f3n dentro de las discapacidades ps\u00ed\u00adquicas la discapacidad mental. Sin duda, la catequesis deber\u00e1 dedicarle un lugar privilegiado. La enorme complejidad de factores involucrados en este tipo de discapacidades nos obliga a rechazar todo concepto estereotipado de las mismas y a huir de una definici\u00f3n exhaustiva y unitaria. Teniendo en cuenta la originalidad individual de cada caso podr\u00ed\u00adamos decir que existen tantas discapacidades como discapacitados. Cada uno tiene su peculiar modo de ser.<\/p>\n<p>La discapacidad mental \u00abhace referencia a limitaciones sustanciales en el funcionamiento actual. Se caracteriza por un funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media, que generalmente coexiste junto a limitaciones en dos a m\u00e1s de las siguientes \u00e1reas de habilidades de adaptaci\u00f3n: comunicaci\u00f3n, autocuidado, vida en el hogar, habilidades sociales, utilizaci\u00f3n de la comunidad, autodirecci\u00f3n, salud y seguridad, habilidades acad\u00e9micas funcionales, tiempo libre y trabajo. El retraso mental se ha de manifestar antes de los 18 a\u00f1os de edad\u00bb. Dicha definici\u00f3n, adoptada por la Asociaci\u00f3n americana sobre el retraso mental (AAMR), representa la concepci\u00f3n del retraso mental que ha estado vigente de modo m\u00e1s generalizado en estos \u00faltimos a\u00f1os. Est\u00e1 basada en un enfoque multidimensional que pretende ampliar el concepto del retraso mental, evitar la confianza depositada en el Cociente intelectual como criterio para asignar un nivel de retraso mental y relacionar las necesidades individuales del sujeto con los niveles de apoyo apropiados4.<\/p>\n<p>Esto nos sit\u00faa ante personas que padecen desde una discapacidad profunda, con imposibilidad de llegar a la palabra escrita o hablada y, en muchos casos, con la apariencia de ser incapaces de establecer cualquier tipo de relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, hasta la discapacidad mental ligera que algunos identifican con la dificultad de acceder a la abstracci\u00f3n, al pensamiento formal y al razonamiento.<\/p>\n<p>Sin embargo, la discapacidad mental no se reduce a una edad mental, ni siquiera a un Cociente intelectual. La experiencia y el contacto con los discapacitados mentales nos lleva a considerarlos como unos seres humanos con sus inagotables riquezas, sus recursos imprevisibles y sus desconcertantes contradicciones. De ah\u00ed\u00ad su forma peculiar de aproximarse a s\u00ed\u00ad mismo, al mundo, a sus semejantes y a su experiencia de Dios.<\/p>\n<p>El discapacitado mental, de ordinario, ha tenido dificultades en el desarrollo de la percepci\u00f3n, de la inteligencia, de la verbalizaci\u00f3n, de la afectividad, en todo el importante proceso de la simbolizaci\u00f3n. A la hora de acercarse a la realidad dif\u00ed\u00adcilmente llega a verla como una unidad dentro de la diversidad, como una s\u00ed\u00adntesis. Percibe cosas, personas, pero no llega a descubrir, o al menos lo hace en proporci\u00f3n muy reducida, su sentido complejo y diverso. Tiene dificultad, sobre todo, para llegar a una significaci\u00f3n m\u00e1s interior, qued\u00e1ndose f\u00e1cilmente en el nivel de lo concreto, lo tangible, lo material.<\/p>\n<p>Se le escapa tambi\u00e9n la estructura del tiempo; vive el presente. La noci\u00f3n de antes y despu\u00e9s la percibir\u00e1 como una enorme globalidad.<\/p>\n<p>La capacidad de verbalizaci\u00f3n ser\u00e1 muy limitada, presentando a veces serios problemas de lenguaje. De igual modo aparecer\u00e1n las dificultades para el aprendizaje, no pudiendo seguir un proceso normal ni en cantidad ni en calidad. Su ritmo de asimilaci\u00f3n y reacci\u00f3n ser\u00e1 lento.<\/p>\n<p>Los aspectos afectivos manifestar\u00e1n la misma falta de madurez y estructuraci\u00f3n. Su personalidad ps\u00ed\u00adquica es d\u00e9bil, poco diferenciada; distingue mal sus propios sentimientos y es poca su fortaleza ps\u00ed\u00adquica ante la angustia, la culpabilidad, el temor. En muchos casos vive a expensas de sus est\u00ed\u00admulos y de las reacciones de su entorno, buscando siempre la presencia cari\u00f1osa y tierna que ofrezca acogida y seguridad. De igual forma aparece su debilidad ps\u00ed\u00adquica ante tendencias tan vitales como su instinto sexual.<\/p>\n<p>El discapacitado se mostrar\u00e1 siempre muy dependiente de los dem\u00e1s, indefenso y con gran necesidad de relaciones interpersonales espont\u00e1neas, serias y sinceras, donde se sienta acogido, valorado e integrado y donde pueda expresar sus capacidades de relaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis, podemos decir que la diversidad de situaciones personales, familiares y sociales de la vida de la persona con discapacidad forma parte de la catequesis&#8217;, y que cada una de esas situaciones es lugar de resonancia de la palabra de Dios en su propio lenguaje, modalidad y expresi\u00f3n, donde el sujeto activo de esta catequesis pase de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida m\u00e1s humanas&#8230; m\u00e1s humanas, por fin, y especialmente, la fe6.<\/p>\n<p>3. \u00bfQUE MENSAJE PRESENTAR EN LA CATEQUESIS ESPECIAL? Respecto al contenido doctrinal de la catequesis no podemos pensar en un contenido para el hombre llamado normal y otro distinto para el discapacitado (cf DGC 111).<\/p>\n<p>Sin embargo, en los ambientes m\u00e1s especiales vamos a tener la urgencia constante de preguntarnos qu\u00e9 es lo b\u00e1sico y nuclear del mensaje de Jes\u00fas. Siguiendo el criterio pastoral que se suele emplear en los ambientes m\u00e1s sencillos, debemos saber distinguir claramente lo esencial del mensaje de Jes\u00fas de lo m\u00e1s accidental, lo m\u00e1s importante de lo que es sencillamente relativo, lo imprescindible de aquello que podemos dejar por ser secundario (cf DGC 114-115).<\/p>\n<p>En el mensaje de Jes\u00fas no todo tiene la misma importancia, la misma fuerza, la misma urgencia. Hay realidades fundamentales de las que progresivamente y en forma de espiral se va desprendiendo todo el resto. De ah\u00ed\u00ad la necesidad constante de sintetizar, de globalizar en torno a estos n\u00facleos fundamentales, tanto cuanto la realidad concreta de las personas lo exija. Esto s\u00f3lo ser\u00e1 posible si el catequista tiene una visi\u00f3n clara y sencilla de las realidades esenciales y b\u00e1sicas de la revelaci\u00f3n que el Padre nos ha hecho a trav\u00e9s de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ser fieles a lo esencial ser\u00ed\u00ada ir promoviendo un proceso catequ\u00e9tico que nos lleve lentamente al reconocimiento amoroso de los acontecimientos fundamentales a trav\u00e9s de los cuales Dios Padre se hace especialmente presente:<br \/>\na) Descubrimiento gozoso de Dios como Padre, que nos quiere, nos cuida y nos invita a experimentar la alegr\u00ed\u00ada de sentirnos hijos. La creaci\u00f3n y la vida son el gran regalo de Dios.<br \/>\nb) Encuentro con Jes\u00fas: est\u00e1 vivo entre nosotros, pas\u00f3 por la vida haciendo el bien, dio la vida en la cruz y resucit\u00f3 por todos los hombres. Mar\u00ed\u00ada es la madre de Jes\u00fas y madre nuestra.<br \/>\nc) Experiencia gozosa de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, que nos ilumina y fortalece, a la vez que anima a la creaci\u00f3n entera.<br \/>\nd) Participaci\u00f3n alegre en la Iglesia, como comunidad de amigos y de hermanos, donde Jes\u00fas se hace especialmente presente en la celebraci\u00f3n de los sacramentos. En la eucarist\u00ed\u00ada Jes\u00fas se hace nuestro pan, nuestro alimento. La oraci\u00f3n del padrenuestro condensa la esencia del evangelio.<\/p>\n<p>e) Descubrimiento progresivo de la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a parecernos a \u00e9l en nuestra vida, especialmente en el amor a los sencillos y necesitados.<br \/>\nf) Vivencia gozosa de esa espera de Jes\u00fas, cuya presencia se nos manifestar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p>Estas realidades esenciales, que podemos vivir y recrear como el centro de nuestra fe, cada uno puede descubrirlas segun su ritmo evolutivo, seg\u00fan sus propias posibilidades, a la vez que pueden expresarse de un modo personal, sin caer de ninguna forma en la complejidad y en la abstracci\u00f3n dif\u00ed\u00adcil.<\/p>\n<p>El descubrimiento de estos contenidos deber\u00e1 realizarse siguiendo el proceso de maduraci\u00f3n de cada persona, que en el ambiente especial, y en concreto con los discapacitados mentales, no coincide necesariamente con la edad cronol\u00f3gica, sino m\u00e1s bien con su grado de madurez y sociabilidad (cf DGC 118).<\/p>\n<p>Dicho proceso puede realizarse en varias fases o etapas, que se ir\u00e1n desarrollando de forma conc\u00e9ntrica e integradora, como en una suave espiral, sin estar apremiados por edades cronol\u00f3gicas cumplidas o por contenidos que se exijan para ser aprendidos. Se tratar\u00ed\u00ada de un aut\u00e9ntico proceso catequ\u00e9tico, entendido como un per\u00ed\u00adodo intensivo de formaci\u00f3n cristiana integral y fundamental (cf CC 34), desarrollado a lo largo de un tiempo determinado, y a trav\u00e9s de diversas etapas vitales (cf CC 236; CCE 53).<\/p>\n<p>Dicha catequesis exige un cuidado especial donde se respete la ley fundamental de la fidelidad a cada hombre y a todo el hombre, a su situaci\u00f3n, a su historia, a sus heridas y cicatrices, a sus lenguajes, a sus dialectos siempre personal\u00ed\u00adsimos y originales. Esta necesaria fidelidad a cada hombre, a sus diversas etapas y situaciones de la vida, torna a la catequesis en fuente de riqueza e inspiraci\u00f3n para todo tipo de resonancias en el coraz\u00f3n de todos, y especialmente en el coraz\u00f3n de los sencillos. La catequesis de personas con discapacidad, lejos de ser lugar de limitaciones y dificultades, experimenta con m\u00e1s fuerza esta riqueza y nos permite afirmar que ser\u00ed\u00ada m\u00e1s apropiado hablar de la originalidad de esta catequesis que de su especialidad.<\/p>\n<p>Estas etapas o fases, tal como aparecen en las orientaciones pastorales y pedag\u00f3gicas de la Comisi\u00f3n episcopal espa\u00f1ola de ense\u00f1anza y catequesis, en Atenci\u00f3n a los minusv\u00e1lidos en la Iglesia y en la escuela (1986), pueden reducirse a las siguientes: despertar religioso, iniciaci\u00f3n sacramental y s\u00ed\u00adntesis de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Nos referiremos especialmente a las dos primeras, ya que la etapa correspondiente a la s\u00ed\u00adntesis de fe, cuando puede darse, sigue las orientaciones propias de un ambiente normalizado.<\/p>\n<p>a) El despertar religioso. Esta b\u00e1sica iniciaci\u00f3n cristiana reviste los sencillos caracteres de un despertar, de un abrir los ojos y el coraz\u00f3n a todo el mundo de lo religioso, un despertar a ese sentimiento o presentimiento de Alguien misterioso, pero real y presente, distinto de los padres.<\/p>\n<p>Es evidente que esta primera iniciaci\u00f3n ha de hacerse fundamentalmente en el seno de la familia7, envuelta en las afectivas relaciones de los seres queridos, como por \u00f3smosis, y a trav\u00e9s de ese delicado e importante proceso de identificaci\u00f3n. \u00abEl ni\u00f1o peque\u00f1o recibe de sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso no ser\u00e1n sino una sencilla revelaci\u00f3n de Dios, Padre celeste, bueno y providente, al cual aprende a dirigir su coraz\u00f3n\u00bb (CT 36; cf DGC 226, 255).<\/p>\n<p>Entre las personas sencillas, fundamentalmente en el contexto de la discapacidad, la simbolizaci\u00f3n de Dios se realizar\u00e1 a trav\u00e9s de los lazos familiares, de los padres fundamentalmente. La experiencia familiar va a ser definitiva para esa pre-comprensi\u00f3n vivencial de la experiencia religiosa. La confianza b\u00e1sica experimentada y sentida en el contexto familiar, las experiencias gratas de gozoso reconocimiento, de aceptaci\u00f3n, de valoraci\u00f3n, van a ser como el terreno abonado, id\u00f3neo y necesario, donde despierte y aflore ese germen de confianza y de fe religiosas, si a su vez se vive all\u00ed\u00ad una atm\u00f3sfera espont\u00e1nea, acogedora de la presencia de Dios como Padre (cf DGC 178, 226-227).<\/p>\n<p>Incluso los discapacitados m\u00e1s severos pueden vivir de alguna forma este misterioso proceso de identificaci\u00f3n, en el que van a llegar a un conocimiento vivencial de realidades esenciales de nuestra fe, m\u00e1s all\u00e1 de toda comprensi\u00f3n intelectual.<\/p>\n<p>Cuando esta atm\u00f3sfera no se da, el despertar religioso en este contexto, va a quedar seriamente deteriorado y surgir\u00e1n enormes dificultades para poder suplirlo. Todo trabajo pastoral en estos ambientes especiales, centrado \u00fanicamente en los hijos, al margen del ambiente familiar, ser\u00e1 un trabajo con garant\u00ed\u00adas de muy poca solidez. Es necesario encontrar modos, cada vez m\u00e1s imaginativos, de integraci\u00f3n de las familias con miembros discapacitados en diversos movimientos y asociaciones, a fin de que su apertura ayude a acoger, evangelizar y acompa\u00f1ar procesos de fe de otras familias (cf CC 245-246).<\/p>\n<p>b) La iniciaci\u00f3n sacramental. La iniciaci\u00f3n sacramental est\u00e1 destinada a todos los miembros de la comunidad cristiana, sin excepci\u00f3n (cf DGC 70-85). Uno de los grandes desaf\u00ed\u00ados que tienen hoy nuestras comunidades cristianas es c\u00f3mo integrar a las personas discapacitadas en la vida comunitaria y sacramental. La experiencia nos dice que las personas con discapacidades mentales profundas se sienten transformadas al participar en una comunidad de fe, a la vez que transforman a la misma comunidad.<\/p>\n<p>Lamentablemente, en la integraci\u00f3n y participaci\u00f3n lit\u00fargica se producen las mayores carencias de la vida eclesial. Todav\u00ed\u00ada no encuentra los lenguajes adecuados para asumir que la comunidad es en s\u00ed\u00ad misma diversa y plural, y que la participaci\u00f3n comunitaria implica necesariamente una gran fidelidad a esa diversidad y pluralidad de personas.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n sacramental, en el contexto de la discapacidad mental, no se fundar\u00e1 especialmente en el criterio de su capacidad intelectual o de su posibilidad de razonar, sino en su calidad de relaci\u00f3n. Todo hombre, sea cual fuere su capacidad de raz\u00f3n o de abstracci\u00f3n, es un ser en relaci\u00f3n, con posibilidad de expresar, a su modo, especialmente de forma simb\u00f3lica, sus contenidos internos: sus afectos, su confianza, sus deseos m\u00e1s profundos.<\/p>\n<p>La mediaci\u00f3n simb\u00f3lica, con su peculiaridad de conectar con los espacios m\u00e1s inconscientes y profundos del hombre, ofrece al discapacitado mental, incluso profundo, esta posibilidad de relaci\u00f3n y de conocimiento, que har\u00e1 posible una participaci\u00f3n peculiar y original en el seno de una comunidad que ella misma viva y exprese esta experiencia de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este contexto las peque\u00f1as comunidades de fe, alentadas por la propia parroquia, son de un gran valor para estimular y hacer posible esta experiencia de fe y de fraternidad, aun en los m\u00e1s sencillos de la comunidad. Ah\u00ed\u00ad ser\u00e1 posible una cuidadosa preparaci\u00f3n, empleando espacios de tiempo m\u00e1s largos y acentuando la atenci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>c) El sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada y la discapacidad mental. Nuestras comunidades cristianas siempre se han interrogado sobre los criterios a tener en cuenta para que una persona con una discapacidad mental m\u00e1s o menos severa o profunda pueda acceder a la eucarist\u00ed\u00ada, es decir cu\u00e1ndo y bajo qu\u00e9 condiciones puede realizar la primera comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Es una cuesti\u00f3n antigua que ha sido objeto de una cierta regulaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica en la historia de la Iglesia. Durante los primeros siglos no se habla de incapacidad para comulgar sino de indignidad para recibir al Se\u00f1or (1Cor 11,28). A partir de los siglos XII y XIII se va haciendo un\u00e1nime el criterio de la necesidad de uso de raz\u00f3n para acceder a la comuni\u00f3n. El decreto Quam singulari, de P\u00ed\u00ado X, ir\u00ed\u00ada orientado en esta misma l\u00ed\u00adnea al exigir el comienzo de la edad de raz\u00f3n para la primera recepci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico al tratar de la admisi\u00f3n a la eucarist\u00ed\u00ada dice concretamente: \u00abTodo bautizado a quien el derecho no se lo proh\u00ed\u00adba puede y debe ser admitido a la sagrada comuni\u00f3n\u00bb (CIC 912).<\/p>\n<p>Al referirse a la admisi\u00f3n de los ni\u00f1os a la primera comuni\u00f3n, adem\u00e1s de un suficiente conocimiento, exige la necesidad de una preparaci\u00f3n cuidadosa, sin olvidar el nivel de capacidad de cada uno: \u00abPara que pueda administrarse la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada a los ni\u00f1os, se requiere que tengan suficiente conocimiento y hayan recibido una preparaci\u00f3n cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Se\u00f1or con fe y con devoci\u00f3n\u00bb (CIC 913).<\/p>\n<p>Sin duda, estos criterios han de tenerse en cuenta en todo lo que se refiere a los discapacitados mentales, incluso profundos, y de forma general para todas aquellas personas con alg\u00fan tipo de inadaptaci\u00f3n. Sin olvidar, sin embargo, que la palabra conocimiento no se refiere solamente a una comprensi\u00f3n mental o un saber razonado, sino que tiene un sentido m\u00e1s amplio y profundo. Podemos conocer por medio de la inteligencia y sus finos procesos de abstracci\u00f3n, pero tambi\u00e9n por medio de los sentidos, de la sensibilidad, de los afectos, de la intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 signos podemos reconocer la aptitud para este conocimiento tan original, cuando se trata de personas con discapacidades mentales, incluso a niveles profundos? En primer lugar, en su deseo. Deseo que puede ser expresado de m\u00faltiples formas y maneras; a veces con un sencillo gesto, entendido en esa relaci\u00f3n estrecha con las personas a quienes ama y con quienes vive su experiencia de fe. El proceso de identificaci\u00f3n es aqu\u00ed\u00ad de suma importancia.<\/p>\n<p>Puede ser reconocido tambi\u00e9n en su sentido de lo sagrado, manifestado en su postura, en sus gestos, en su comportamiento, en la calidad de su relaci\u00f3n. Frecuentemente el deficiente mental no tiene palabras para expresar la diferencia entre el pan ordinario y el pan de Dios, pero puede manifestar que conoce esta diferencia por su actitud, por su mirada, por la calidad de su silencio, por su empat\u00ed\u00ada en la vivencia de la celebraci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Cuando el discapacitado mental forma parte de una comunidad de fe, que celebra festivamente la eucarist\u00ed\u00ada y se siente acogido y valorado en su seno, es normal que surja en \u00e9l el deseo de comulgar. La familia, los catequistas, el sacerdote, la comunidad en la que est\u00e1 integrado, deben alimentar este deseo y preparar con sumo cuidado esta iniciaci\u00f3n cuando el deseo existe. Toda persona que sea capaz de una m\u00ed\u00adnima relaci\u00f3n interpersonal tiene abierta esta v\u00ed\u00ada de un conocimiento profundo y original, que puede suscitar ese sentimiento interior, que va m\u00e1s all\u00e1 de toda comprensi\u00f3n puramente racional.<\/p>\n<p>En ese contexto, es evidente la importancia que tiene el sentido comunitario de la eucarist\u00ed\u00ada. En la mayor parte de los casos, la posibilidad de comulgar que tienen los discapacitados mentales est\u00e1 en \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con su inserci\u00f3n comunitaria, que depende tanto de su capacidad para tener una m\u00ed\u00adnima relaci\u00f3n interpersonal como de la capacidad de la comunidad cristiana para acogerlos.<\/p>\n<p>La importancia de la asamblea de creyentes que rodea al sujeto del sacramento es tan grande, que en ocasiones s\u00f3lo ella, y no el sujeto, es consciente del acto que realiza. As\u00ed\u00ad sucede en el bautismo del reci\u00e9n nacido, o en la unci\u00f3n de un agonizante ya inconsciente. Este car\u00e1cter comunitario no deja de tener su sentido profundo en el caso de la comuni\u00f3n de los discapacitados profundos, en cuanto que tal acto sacramental manifiesta que los hombres son llamados y salvados por Dios en comunidad. La eucarist\u00ed\u00ada es el sacramento por excelencia de la fraternidad y del amor.<\/p>\n<p>Son los padres y el sacerdote, convenientemente asesorados por las personas que atienden al discapacitado (catequistas, educadores, m\u00e9dicos, psic\u00f3logos, la comunidad en la que participa) quienes han de juzgar sobre el momento oportuno de recibir la primera comuni\u00f3n y la frecuencia de las comuniones sucesivas.<\/p>\n<p>IV. El proceso catequ\u00e9tico en el ambiente especial<br \/>\nEl proceso catequ\u00e9tico en el ambiente especial, y particularmente con los deficientes mentales, no es radicalmente distinto del proceso que se realiza en la catequesis normal. La atenci\u00f3n a la experiencia, a los m\u00e9todos activos, a la din\u00e1mica de la inducci\u00f3n, a la presencia de la comunidad, a la importancia de la relaci\u00f3n, a la mediaci\u00f3n simb\u00f3lica, es propio de toda catequesis (cf CT 51; DGC 148-153). En el ambiente especial, sencillamente, se vivir\u00e1 todo ello con m\u00e1s radicalidad y con enorme creatividad y originalidad, dando testimonio constante a la comunidad cristiana de lo que es una catequesis viva, concreta, experiencial, creativa, que se centra sin cesar en lo esencial del mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>1. LA PEDAGOG\u00ed\u008dA CATEQUETICA SE INSPIRA EN LA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE DIos. En la din\u00e1mica del movimiento catequ\u00e9tico se vive como algo evidente, y a la vez original, que la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica se inspira constantemente en la misma pedagog\u00ed\u00ada divina, expresada en la historia de la salvaci\u00f3n. Al revelarse a los hombres, Dios ha empleado una pedagog\u00ed\u00ada que constituye el modelo de referencia para toda catequesis: \u00abDios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada, y principalmente en el evangelio, se sirvi\u00f3 de una pedagog\u00ed\u00ada que debe seguir siendo el modelo de la pedagog\u00ed\u00ada de la fe\u00bb (CT 58; DCG 33; DGC 139).<\/p>\n<p>Entre los rasgos m\u00e1s sobresalientes de esta pedagog\u00ed\u00ada divina encontramos, en primer lugar, un Dios que, de forma gratuita, viene al encuentro del hombre, se pone en relaci\u00f3n con \u00e9l, lo acompa\u00f1a en su historia, se hace su compa\u00f1ero de camino. La originalidad de su presencia nos sorprende por su don, su amoroso respeto, su condescendencia hacia el hombre: \u00abSin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la Sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, para que aprendamos su amor inefable y c\u00f3mo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia sol\u00ed\u00adcita\u00bb (DV 13).<\/p>\n<p>Todo ello sit\u00faa a la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica bajo el signo de la pedagog\u00ed\u00ada del encuentro, de la relaci\u00f3n, de la experiencia interpersonal, del don, de la gratuidad, de la valoraci\u00f3n, de la oraci\u00f3n confiada, de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu, de la permanente creatividad.<\/p>\n<p>La catequesis especial ha de ser fiel a este modo de hacer de la pedagog\u00ed\u00ada divina. Pedagog\u00ed\u00ada que trasciende de modo radical el lenguaje exclusivamente racional y se abre a una visi\u00f3n m\u00e1s amplia y global de todo el hombre en su proceso personal e hist\u00f3rico. Sin esta fidelidad al modo de hacer de Dios la catequesis especial se queda sin perspectiva, sin camino, sin salida. No es posible.<\/p>\n<p>2. LA PEDAGOG\u00ed\u008dA CATEQUETICA SE INSPIRA EN LA MANERA DE ACTUAR DE JES\u00daS. La pedagog\u00ed\u00ada de Dios a trav\u00e9s de la historia de la salvaci\u00f3n es ante todo una pedagog\u00ed\u00ada de encuentro, de presencia original: llegada la plenitud de los tiempos, Dios envi\u00f3 a la humanidad a su Hijo, Jesucristo, que constituye la viva y perfecta relaci\u00f3n de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De \u00e9l recibe la pedagog\u00ed\u00ada de la fe \u00abuna ley fundamental para toda la vida de la Iglesia (y por tanto para la catequesis): la fidelidad a Dios y al hombre, en una misma actitud de amor\u00bb (DGC 140, 145). Jes\u00fas, a trav\u00e9s de su presencia, su palabra, sus signos, sus obras, manifiesta los rasgos fundamentales de su pedagog\u00ed\u00ada: la acogida del otro, en especial del pobre y del peque\u00f1o, su estilo de amor, tierno y fuerte, que opta radicalmente por la liberaci\u00f3n y por la vida, su manifestaci\u00f3n y expresi\u00f3n que engloba m\u00faltiples lenguajes: la palabra, el silencio, las im\u00e1genes, las par\u00e1bolas, la met\u00e1fora, los gestos del cuerpo, la mirada, el contacto.<\/p>\n<p>El discapacitado mental, en concreto, necesita la presencia real de alguien que est\u00e1, a quien puede ver, tocar, escuchar, saborear, de quien puede percibir su contacto, su calor, su fe sencilla pero vigorosa. Los padres, los catequistas, los educadores, conocen bien la fuerza de tal relaci\u00f3n. Sin dicho clima dif\u00ed\u00adcilmente se acoger\u00e1 ning\u00fan tipo de mensaje; con \u00e9l, ser\u00e1 posible la comprensi\u00f3n experiencial, incluso de contenidos profundos.<\/p>\n<p>Se requiere; pues, en los ambientes especiales una calidad de presencia que, privilegiando los aspectos afectivos, facilite un clima de oraci\u00f3n, de silencio, de contemplaci\u00f3n, donde se desarrolle con cuidado el o\u00ed\u00addo interior de cada persona para hacerse sensible a la palabra y a la acci\u00f3n de Dios en lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n. Todo este contexto de vivencia relacional, afectiva y amistosa, proporcionar\u00e1 a la catequesis un clima de calma, de paz, de bondad, de belleza, de alegr\u00ed\u00ada espont\u00e1nea. Toda la metodolog\u00ed\u00ada, en definitiva, quedar\u00e1 impregnada de esta original actitud.<\/p>\n<p>En la catequesis especial las actitudes del catequista, los materiales que se empleen, el ritmo que se imponga, las exigencias que se manifiesten, han de estar impregnadas de esta amorosa condescendencia de Dios Padre con el hombre, en especial con las posibilidades de los d\u00e9biles y los sencillos (cf DGC 146).<\/p>\n<p>No se trata de hacer m\u00e1s complicada la catequesis especial. Dios habla desde lo ordinario y se revela al hombre con sumo respeto, con sencillez (cf CC 215). El lenguaje ha de ser, pues, sencillo, claro y contundente, como en toda buena noticia. El clima, de silencio y oraci\u00f3n, que permita \u00abdesarrollar el encuentro catequ\u00e9tico en fraterna alegr\u00ed\u00ada\u00bb. Que el material did\u00e1ctico no sea excesivo ni rebuscado. La amistad sincera y profunda con las personas discapacitadas, la cercan\u00ed\u00ada cordial, la escucha atenta a cada una de sus palabras, sus gestos y actitudes, ser\u00e1, en definitiva, la condici\u00f3n para una genuina relaci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>3. PEDAGOG\u00ed\u008dA DE LOS SIGNOS. La catequesis ha dado siempre suma importancia al lenguaje de los signos, a la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, a esa mediaci\u00f3n visible o sensible que hace presente otra realidad menos visible, pero de ordinario m\u00e1s profunda, m\u00e1s interior, m\u00e1s rica (cf CC 217).<\/p>\n<p>La verdadera expresi\u00f3n simb\u00f3lica est\u00e1 mucho m\u00e1s cerca del hombre sencillo de lo que podemos imaginar. Le es m\u00e1s accesible que el camino del lenguaje abstracto, tan habitual en nuestra cultura occidental. A medida que el lenguaje se ha ido conceptualizando y ha ido adquiriendo la riqueza de la precisi\u00f3n y de la s\u00ed\u00adntesis, ha ido perdiendo parte de su primitiva riqueza, de su fuerza emocional, del vigor de sus componentes afectivos.<\/p>\n<p>Es preciso que los ambientes especiales den suma preponderancia a esta pedagog\u00ed\u00ada de las mediaciones y de los signos, que conectan m\u00e1s directamente con el inconsciente personal y colectivo, y con las experiencias afectivas m\u00e1s profundas y universales del hombre y de su cultura. La liturgia cristiana ha sabido recogerlas e iluminarlas con enorme sabidur\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de toda su tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Los discapacitados mentales van a estar especialmente abiertos a este lenguaje del signo, del gesto, del s\u00ed\u00admbolo, para expresar toda la riqueza de su mundo interno. Su forma de razonar ir\u00e1 m\u00e1s por una v\u00ed\u00ada de asociaci\u00f3n afectiva y de intuici\u00f3n que por el camino del discurso y del silogismo. Su expresi\u00f3n estar\u00e1 mucho m\u00e1s ligada a lo concreto, a lo espont\u00e1neo, a lo afectivo, a lo corporal, a lo gestual, a la imagen sencilla y cercana.<\/p>\n<p>Para algunos discapacitados, el hecho de hablar puede suponer, incluso, una enorme dificultad. Sin embargo, no son indiferentes al gesto, al tacto, a los sonidos, a la mirada, a la m\u00fasica. El cuerpo en su totalidad es un magn\u00ed\u00adfico instrumento de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>El lenguaje simb\u00f3lico8 va a estar muy dependiente de la expresi\u00f3n corporal. Las actitudes m\u00e1s interiores de apertura o de cerraz\u00f3n, de seguridad o de miedo, de tristeza o de alegr\u00ed\u00ada, se manifiestan en todo el cuerpo, especialmente en las zonas m\u00e1s expresivas: el rostro, la mirada, el gesto.<\/p>\n<p>En la catequesis con discapacitados es necesario conocer m\u00e1s a fondo las enormes posibilidades de la expresi\u00f3n corporal. Liberar esta expresi\u00f3n, encauzarla, abandonar las actitudes estereotipadas y fijas, buscar el entendimiento entre el sentimiento y la expresi\u00f3n del cuerpo o del gesto, es disponerse al encuentro, a la acogida, a la comunicaci\u00f3n, con todas las posibilidades que ofrece el ser humano.<\/p>\n<p>El cuerpo, los gestos, los movimientos, el juego, el canto y la danza, posibilitan que el ni\u00f1o o el joven con discapacidad vivencie con mayor profundidad y claridad su religiosidad.<\/p>\n<p>Siguiendo esta fidelidad a la pedagog\u00ed\u00ada de los signos, se utilizar\u00e1 con especial inter\u00e9s en los ambientes especiales el m\u00e9todo inductivo que, a la vez que da gran importancia a lo concreto y a lo experiencial, lleva del hecho al misterio, de lo visible a lo invisible, del signo a lo trascendente, \u00abofrece grandes ventajas y es conforme con la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n\u00bb (DCG 72; DGC 150).<\/p>\n<p>La pedagog\u00ed\u00ada de los signos es la pedagog\u00ed\u00ada por excelencia para toda catequesis en donde las capacidades intelectuales han quedado da\u00f1adas o disminuidas por diversas razones, encontrando la riqueza interior y misteriosa del hombre otras v\u00ed\u00adas de expresi\u00f3n que le permitan ver las cosas con una mirada nueva, con unos ojos nuevos: con la luz de la fe (cf CC 219).<\/p>\n<p>4. PEDAGOG\u00ed\u008dA DE LA EXPERIENCIA. En el acto catequ\u00e9tico se integran varios elementos que se reclaman mutuamente sin que puedan prescindir los unos de los otros: la experiencia cristiana, la palabra de Dios, la expresi\u00f3n de la fe (cf CC 221).<\/p>\n<p>La catequesis especial ha de saber conjugar, con suma creatividad, dichos elementos dentro de su proceso, sin perder de vista la flexibilidad de su presentaci\u00f3n y la particularidad de su ritmo. En dichos ambientes se ha de privilegiar la experiencia como medio extraordinario de conocimiento y de expresi\u00f3n. En la medida en que mejor se conecte con esa experiencia, ya sea personal, familiar, religiosa o social, mejor se abrir\u00e1 a ser fecundada e iluminada por la palabra de Dios.<\/p>\n<p>La experiencia humana no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con el evangelio. Al contrario, entre ellos hay un lazo indisoluble, ya que el evangelio se refiere al sentido \u00faltimo de la existencia para iluminarla, juzgarla y transfigurarla: \u00abNo hay que oponer una catequesis que arranque de la vida a una catequesis tradicional, doctrinal y sistem\u00e1tica. La aut\u00e9ntica catequesis es siempre una iniciaci\u00f3n ordenada y sistem\u00e1tica a la revelaci\u00f3n&#8230; Pero esta revelaci\u00f3n no est\u00e1 aislada de la vida, ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido \u00faltimo de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del evangelio\u00bb (CT 22).<\/p>\n<p>Si queremos que la palabra de Jes\u00fas llegue al coraz\u00f3n del hombre sencillo, es necesario llegar a su ser m\u00e1s profundo, donde su existencia puede recobrar sentido y esperanza, donde se plantean a su experiencia vital los interrogantes de su reconocimiento, de su valoraci\u00f3n, de su desamparo, donde vive la extra\u00f1eza de sentirse distinto, donde experimenta las dudas de si merece sentirse querido y del valor de su propio cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Sin llegar a esas experiencias b\u00e1sicas y nucleares, sin esa actitud de admiraci\u00f3n que permita llegar a ese di\u00e1logo experiencial, dif\u00ed\u00adcilmente podremos llevar a la persona herida en su cuerpo o en su psique al di\u00e1logo con Dios, para ser alcanzada por su Palabra y por su salvaci\u00f3n generosa y gratuita.<\/p>\n<p>La catequesis de la experiencia les ayudar\u00e1 a consolidar y madurar su identidad cristiana en el mundo y en la comunidad eclesial9, como asimismo, a desarrollar aut\u00e9nticas relaciones interpersonales y comunitarias y a participar en la construcci\u00f3n de la sociedad humana como sujetos activos que, como los dem\u00e1s j\u00f3venes, viven en el mundo de hoy10.<\/p>\n<p>En definitiva, all\u00ed\u00ad donde la comprensi\u00f3n intelectual se hace m\u00e1s dificultosa, es necesario que la palabra de Dios se encarne en lo concreto, en lo visible, en lo palpable, en lo sensible, en lo b\u00e1sicamente experienciable. Todo ello, evitando el infantilismo y la artificialidad, sabiendo conjugar lo nuclear y esencial del evangelio con las experiencias m\u00e1s nucleares del hombre sencillo. Sin duda, est\u00e1n aqu\u00ed\u00ad en juego la creatividad y la audacia del movimiento catequ\u00e9tico para mirar con enorme seriedad al hombre herido por alg\u00fan tipo de discapacidad y a la vez profundizar con no menos fidelidad en la palabra de Dios que, en definitiva, ilumina dicho proceso y es el elemento que da cohesi\u00f3n a todo lo dem\u00e1s. Respetando el tiempo y la capacidad receptiva de cada uno, todo encuentro catequ\u00e9tico ser\u00e1 oportunidad de proclamar, saborear, celebrar y convidar a la experiencia de una buena noticia.<\/p>\n<p>La catequesis con discapacitados est\u00e1 llamada a ser m\u00e1s creativa que cualquier otra, porque nuestro sujeto limitado nos exige una mayor adaptaci\u00f3n. Esa creatividad deber\u00e1 llegar a los programas, los m\u00e9todos, los recursos did\u00e1cticos y la pastoral familiar, utilizando su lenguaje, sus signos y s\u00ed\u00admbolos para llegar mejor a su vida concreta11.<\/p>\n<p>5. LA CATEQUESIS ESPECIAL DENTRO DE LA ORGANIZACI\u00ed\u201cN CATEQUETICA. Toda actividad catequ\u00e9tica, cuyo objetivo principal es iniciar y fundamentar la fe de la comunidad creyente, no puede separarse, en modo alguno, de la vida de la Iglesia: \u00abEn esta Iglesia y, m\u00e1s precisamente, en las distintas comunidades en las que se concreta, encuentra la catequesis su origen, su lugar propio y su meta\u00bb (CC 253).<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00adnodo de 1977 gener\u00f3 en su proposici\u00f3n 25 la feliz expresi\u00f3n: \u00abfuente, lugar y meta de la catequesis\u00bb, referida a la comunidad eclesial. Esta expresi\u00f3n la populariz\u00f3 la I Semana latinoamericana de catequesis, celebrada en Quito (Ecuador), en octubre de 1984. Porque la Palabra resuena en la comunidad creyente y es asumida por ella en la fe, la catequesis surge de esa comunidad creyente como de su manantial. Ese es el lugar por excelencia de la catequesis, que nunca puede ser una tarea meramente individual, sino que se realiza siempre en la comunidad cristiana12. Asimismo, una de las finalidades m\u00e1s propias de la catequesis es insertar, incorporar, con cordial acogida, a los cristianos en la comunidad eclesial (EN 23, CT 24).<\/p>\n<p>La comunidad cristiana es el punto de partida y el clima imprescindible en el que todo creyente se inicia y madura en la fe: \u00abLa misi\u00f3n de educar en la fe corresponde a la Iglesia local. Insertada en ella, la comunidad cristiana inmediata es el lugar del conocimiento y de la glorificaci\u00f3n del Padre; es el punto de partida ordinario y el clima nutricio en el que el creyente se inicia y madura en la fe\u00bb (CC 266; cf DGC 254).<\/p>\n<p>Todos los creyentes tienen aqu\u00ed\u00ad su sitio, su derecho, su clima id\u00f3neo para crecer en la fe y madurar en ella. Todos, sin excepciones, sin preferencias. Si hay alguna preferencia ser\u00e1 para los m\u00e1s sencillos y pobres de la comunidad, para los m\u00e1s discapacitados, para los m\u00e1s inhibidos.<\/p>\n<p>En todas las comunidades hay ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos, afectados por m\u00faltiples discapacidades que no les permiten seguir el ritmo normal de la comunidad. Podemos tener la tentaci\u00f3n de considerar un lujo el ocuparnos de las personas m\u00e1s discapacitadas cuando carecemos de medios para hacer frente a las dem\u00e1s tareas pastorales que nos urgen desde los distintos ambientes. En nuestra vida pastoral corremos el riesgo, tan propio de nuestra cultura occidental, de dejarnos fascinar por la rentabilidad y la eficacia, de considerar una p\u00e9rdida de tiempo el esfuerzo cuando no vemos resultados espectaculares. Catequizar en los ambientes especiales, sobre todo m\u00e1s severos, es aceptar la pobreza aparente de los resultados con respecto a la suma de los esfuerzos desplegados. Es vivir la paciencia y el desinter\u00e9s a largo plazo. Es aceptar la palabra del evangelio: \u00abUno es el que siembra, otro el que siega\u00bb.<\/p>\n<p>Si la comunidad diocesana no es capaz de consagrar lo mejor de sus energ\u00ed\u00adas al servicio de Jes\u00fas en los m\u00e1s pobres y desfavorecidos, y se calcula todo en funci\u00f3n del rendimiento aparente y de la eficacia brillante, el esfuerzo catequ\u00e9tico y evangelizador estar\u00e1 gravemente comprometido. La persona discapacitada tiene pleno derecho a su espacio dentro de la comunidad diocesana, a ser invitada, buscada, iniciada, con sumo respeto a sus capacidades y ritmos personales. Su atenci\u00f3n no puede dejarse solamente en manos de personas aisladas, llenas de buena voluntad y de gran sensibilizaci\u00f3n hacia estos problemas.<\/p>\n<p>Con frecuencia falta un aut\u00e9ntico compromiso, tanto de los pastores como de la comunidad eclesial, para una cordial acogida de la persona discapacitada, para su integraci\u00f3n plena y activa en la vida comunitaria, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n una vinculaci\u00f3n org\u00e1nica en la pastoral de la comunidad eclesial de sus catequistas, de sus familiares y amigos sensibilizados. Se requiere que toda la comunidad acoja y acompa\u00f1e su crecimiento y maduraci\u00f3n en la fe y en la vida comunitaria (cf DCG 91; CT 41; DGC 189).<\/p>\n<p>Dentro de la organizaci\u00f3n catequ\u00e9tica diocesana, la catequesis especial ha de encontrar su \u00e1mbito, su tiempo, sus programas de acci\u00f3n concretos; nunca estar\u00e1 al margen como algo separado y distinto, sino dentro mismo del movimiento catequ\u00e9tico diocesano.<\/p>\n<p>Son bien conocidos los aspectos fundamentales m\u00e1s necesarios para una adecuada organizaci\u00f3n catequ\u00e9tica diocesana: an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n, programa de acci\u00f3n, formaci\u00f3n de catequistas, orientaciones para la catequesis e instrumentos de trabajo, coordinaci\u00f3n de la catequesis en toda acci\u00f3n pastoral, promoci\u00f3n de la investigaci\u00f3n (cf DCG 98-134; DGC 279).<\/p>\n<p>Es indudable que la catequesis especial, siempre dentro de la organizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n diocesana, necesita su peculiar an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n con el m\u00e1ximo conocimiento de la realidad; precisa una formaci\u00f3n m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica de los catequistas, algunos programas concretos de acci\u00f3n, orientaciones propias para estos ambientes, instrumentos de trabajo m\u00e1s adaptados y, adem\u00e1s, una investigaci\u00f3n seria y continua con el apoyo y ayuda de todas las ciencias humanas necesarias.<\/p>\n<p>Se requiere que los obispos, primeros catequistas en sus comunidades diocesanas, pongan todo su empe\u00f1o en la catequesis especial, que alienten y acompa\u00f1en los procesos de integraci\u00f3n de esta catequesis en la pastoral org\u00e1nica de la di\u00f3cesis, en la s\u00f3lida formaci\u00f3n de los catequistas y dem\u00e1s agentes pastorales que asisten a las personas con discapacidad (CCE 888). Muchas di\u00f3cesis, incluso regiones y pa\u00ed\u00adses, cuentan con equipos interdisciplinares que planifican y llevan adelante planes y proyectos catequ\u00e9ticos y pastorales de alto valor testimonial para otras actividades eclesiales (cf DGC 222, 223). No se concibe una catequesis dirigida a las personas con discapacidad que no est\u00e9 integrada en la vida de la comunidad y en la pastoral org\u00e1nica parroquial, diocesana y nacional.<\/p>\n<p>6. LA FORMACI\u00ed\u201cN DE CATEQUISTAS PARA AMBIENTES ESPECIALES. El buen funcionamiento del ministerio catequ\u00e9tico exige una adecuada formaci\u00f3n de los catequistas, en lo que se refiere tanto a una formaci\u00f3n b\u00e1sica inicial como a una formaci\u00f3n m\u00e1s permanente y especializada, incluida su atenci\u00f3n pastoral y espiritual (cf DGC 233-248; GCM 21).<\/p>\n<p>El catequista que va a ejercer su labor pastoral en ambientes especiales realiza, en principio, su formaci\u00f3n b\u00e1sica con los mismos criterios y exigencias que el resto del grupo de catequistas. Adem\u00e1s, se cuidar\u00e1 que su formaci\u00f3n profundice en las dimensiones propias de una catequesis especial, sin olvidar algunos rasgos b\u00e1sicos de la personalidad del creyente dedicado a esta labor pastoral:<br \/>\na) Su dimensi\u00f3n humana, su equilibrio afectivo, la armon\u00ed\u00ada interior de su personalidad, su capacidad para el di\u00e1logo y la relaci\u00f3n sentida y amorosa.<br \/>\nb) La calidad de la experiencia de su propia fe, de su propio proceso catequ\u00e9tico, con el que se puedan identificar los m\u00e1s sencillos.<br \/>\nc) La atenci\u00f3n y calidad de su espiritualidad, alimentada constantemente por la palabra de Dios, el silencio, la oraci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. Esta catequesis reclama con m\u00e1s urgencia la presencia de testigos cualificados: una peque\u00f1a comunidad de catequistas que, tambi\u00e9n en comunidad, junto \u00e1 educadores y t\u00e9cnicos, vivan en estrecha colaboraci\u00f3n e intercambio, superando el mero trabajo interdisciplinar.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o, el joven y el adulto con discapacidad necesitan catequistas, educadores y acompa\u00f1antes terap\u00e9uticos que se tomen en serio su formaci\u00f3n humana y espiritual. Todo sacerdote tiene el deber de conciencia de formarse para la escucha, la comprensi\u00f3n y el acompa\u00f1amiento pastoral de estas personas, y de que esta relaci\u00f3n vaya madurando en calidad y en profundidad pastoral.<\/p>\n<p>Cuando las conferencias episcopales estaban preparando la Conferencia de Puebla, ya se recomendaba que los sacerdotes recibieran una adecuada formaci\u00f3n catequ\u00e9tica especializada, ayudada por las ciencias pedag\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas, seg\u00fan las rectas metodolog\u00ed\u00adas; y particularmente aquellas congregaciones o familias religiosas cuyo carisma distintivo en la Iglesia es la atenci\u00f3n pastoral de los hermanos impedidos. Asimismo, recomendaba que cada conferencia episcopal se preocupara de que sus propios secretariados de catequesis pudieran contar con un equipo que promoviera, investigara y orientara la catequesis de los deficientes mentales y f\u00ed\u00adsicos o marginados de todo tipo.<\/p>\n<p>La comunidad eclesial velar\u00e1 para que toda ella, especialmente los catequistas y pastores, est\u00e9n a la escucha de las riquezas, potencialidades y originalidades de cada persona, y no s\u00f3lo de sus necesidades y dificultades. Todo catequista y agente pastoral estar\u00e1 cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s obligado a su formaci\u00f3n y actualizaci\u00f3n permanente, para asegurar que el mensaje evang\u00e9lico ilumine y contribuya a la promoci\u00f3n integral del hombre lastimado y portador de discapacidades y achaques 13.<\/p>\n<p>La catequesis de los discapacitados presenta dificultades especiales y, por ello, exige una espec\u00ed\u00adfica preparaci\u00f3n en los catequistas (cf Plan de acci\u00f3n de la Comisi\u00f3n episcopal de ense\u00f1anza y catequesis para el trienio 1984-1987).<\/p>\n<p>El catequista especializado deber\u00e1 ser fiel, como todo catequista, a Dios, a la Iglesia y al hombre. La fidelidad al hombre enfermo o discapacitado implica una esmerada formaci\u00f3n religiosa y cient\u00ed\u00adfica, constantemente actualizada, que le permita adecuar mejor el mensaje salv\u00ed\u00adfico del Se\u00f1or, utilizando los recursos m\u00e1s indicados para cada situaci\u00f3n14.<\/p>\n<p>Entre los rasgos del catequista de personas con discapacidad, podemos destacar los siguientes: 1) El catequista ejerce la diacon\u00ed\u00ada servicial a los m\u00e1s peque\u00f1os, y su nota distintiva es la ternura entra\u00f1able y abundante al hermano solo y desamparado; 2) Como todo catequista, ser\u00e1 fiel al Se\u00f1or que lo env\u00ed\u00ada, a la Iglesia de la que es int\u00e9rprete (cf DCG 35), y a los latidos del coraz\u00f3n de cada hombre al que es enviado. La fidelidad a estos latidos implica una esmerada formaci\u00f3n antropol\u00f3gica y cient\u00ed\u00adfica, permanentemente actualizada, que le permita proclamar mejor el mensaje del Se\u00f1or, utilizando los recursos m\u00e1s indicados para cada situaci\u00f3n; 3) Con todo, el catequista evitar\u00e1 convertirse en un mero t\u00e9cnico que sabe y maneja h\u00e1bilmente la palabra de Dios en el ejercicio de su profesi\u00f3n. El centro de su acci\u00f3n estar\u00e1 puesto en la transmisi\u00f3n, con un lenguaje catequ\u00e9tico, de la palabra de Dios al coraz\u00f3n de su hermano con discapacidad; 4) Apertura a los nuevos aportes metodol\u00f3gicos y pedag\u00f3gicos. Amplia formaci\u00f3n psicopedag\u00f3gica desde una visi\u00f3n cristiana de las ciencias y la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, la psicolog\u00ed\u00ada religiosa y las did\u00e1cticas especiales. Porque Dios obra siempre en la novedad de la vida y dona su esp\u00ed\u00adritu de creatividad y constante renovaci\u00f3n, sobre todo en lo que se refiere a la metodolog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica (cf DGC 243); 5) Pobreza y desprendimiento evang\u00e9lico y disponibilidad para asumir las dificultades derivadas de su misi\u00f3n; 6) Responsabilidad y perseverancia en la tarea catequ\u00e9tica, signo del cuidado providencial con el que Dios asiste y dialoga con sus hijos, y especialmente con aquellos a los que hizo primeros destinatarios de su revelaci\u00f3n (\u00abTe alabo Padre, por haber revelado estas cosas a los peque\u00f1os&#8230;\u00bb); 7) Promover una actitud de profunda y sincera amistad pastoral de los catequistas con las personas con discapacidad, en una relaci\u00f3n que, como tal, est\u00e1 llamada a intensificarse en la oraci\u00f3n com\u00fan, en la vida lit\u00fargica y comunitaria.<\/p>\n<p>En definitiva, la comunidad eclesial es el lugar de crecimiento en la comuni\u00f3n. Comunidad de la que el catequista es int\u00e9rprete que lee y ense\u00f1a a leer los signos de fe y, al mismo tiempo, lee y ense\u00f1a a leer los signos, las se\u00f1ales, las huellas, el rastro, las pisadas del Verbo en la historia, en su historia, en su comunidad y en sus propias cicatrices, para mejor seguir a Jes\u00fas (cf DGC 35).<\/p>\n<p>En el plano diocesano, dicha acci\u00f3n catequ\u00e9tica est\u00e1 animada y coordinada por el Secretariado de catequesis, responsable de toda la organizaci\u00f3n catequ\u00e9tica en la di\u00f3cesis. El esfuerzo desarrollado por las di\u00f3cesis en pro de la catequesis especial ha sido grande, pero no tanto como el que se necesita para una verdadera promoci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de la catequesis especializada. A veces faltan los m\u00ed\u00adnimos recursos, sobre todo algunas personas m\u00e1s especializadas que promuevan, coordinen y alienten todos los esfuerzos que exige dicho movimiento.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. PABLO VI, Vaticano, 25 de octubre de 1975. &#8211; 2. M. RASPANTI, Intervenci\u00f3n en el aula sinodal, Roma, 6 de octubre de 1977. &#8211; 3. PABLO VI, Al Consejo directivo de la Liga internacional de asociaciones protectoras de deficientes mentales, Roma, 5 de julio de 1971. -4 R. LUCKASSON Y OTROS, Mental retardations: definition, classification, and systems of supports, AAMR, Washington 1992. &#8211; 5. Medell\u00ed\u00adn, Cat. VIII, 6. &#8211; 6 PP 20. &#8211; 7. L. ZuGAZAGA, El despertar religioso, Actualidad catequ\u00e9tica 173 (1997) 107-131. -8M. ARROYO, La funci\u00f3n simb\u00f3lica en la experiencia religiosa de los sencillos, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 57 (1996). &#8211; 9. M. RASPANTI, Homil\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s, Catedral de Mor\u00f3n, 21 de mayo de 1972. &#8211; 10 Ib. &#8211; 11. IV Jornadas nacionales de catequesis especial, San Miguel (Argentina) 1978. &#8211; 12 MPD 13; JEP 67-70, 1978. &#8211; 13. O. NAPOLI, \u00bfUna catequesis diferencial?, Mor\u00f3n 1969. -14 M. RASPANTI, Aula sinodal, Roma 1977.<\/p>\n<p>BIBL.: BISSONNIER H., Catequesis para ni\u00f1os y j\u00f3venes deficientes mentales, Bolet\u00ed\u00adn de orientaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica 35, Secretariado nacional de catequesis, Madrid 1966; CONGAR 1. M. J.-SAUDREAU M.-BISSONNIER H.-DESCOLEURS B. (CELAM CLAF), La catequesis de los m\u00e1s pobres, Marova, Madrid 1974; ESTEPA J. M., La funci\u00f3n y el ministerio catequ\u00e9tico en la pastoral diocesana, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 35-36 (1990); PAULHUS E., Enfants \u00e1 risque, Fleurus, Par\u00ed\u00ads 1990; PAULHUS E.-MESNY J., La catequizaci\u00f3n de los inadaptados, Marova, Madrid 1971; ROUQUES D., Initiation chr\u00e9ti\u00e9nne des d\u00e9biles profonds, Fleurus, Par\u00ed\u00ads 1969; VANIER J., Comunidad: lugar de perd\u00f3n y fiesta, Narcea, Madrid 1980.<\/p>\n<p>Marcelo Arroyo Cabria<br \/>\ny Osvaldo C. Napoli Pi\u00f1eiro<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Nuestro mundo y la presencia de la debilidad humana. II. El proyecto amoroso de Dios y los d\u00e9biles del mundo: 1. La vida humana tiene un valor \u00fanico; 2. En Jes\u00fas toda debilidad humana adquiere un rostro nuevo; 3. La Iglesia, comunidad fratemal para toda persona d\u00e9bil. III. La actividad catequ\u00e9tica en la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-con-discapacitados\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCATEQUESIS CON DISCAPACITADOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16973","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16973","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16973"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16973\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16973"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16973"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16973"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}