{"id":16977,"date":"2016-02-05T11:03:51","date_gmt":"2016-02-05T16:03:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-en-la-epoca-patristica\/"},"modified":"2016-02-05T11:03:51","modified_gmt":"2016-02-05T16:03:51","slug":"catequesis-en-la-epoca-patristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-en-la-epoca-patristica\/","title":{"rendered":"CATEQUESIS EN LA EPOCA PATRISTICA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Los Padres apost\u00f3licos (siglos I-II); II. Los Padres apologistas: diversos modos de presentaci\u00f3n de los contenidos. III. La iniciaci\u00f3n cristiana en la gran Iglesia. IV. La catequesis en las distintas iglesias: las escuelas catequ\u00e9ticas. V. La catequesis en el per\u00ed\u00adodo posniceno. VI. A la b\u00fasqueda de la historia catequ\u00e9tica en Hispania.<\/p>\n<p>La transmisi\u00f3n de viva voz, la instrucci\u00f3n oral (1Cor 14,19; G\u00e1l 6,6), fue la forma (m\u00e9todo catequ\u00e9tico) que la Iglesia dio a su ense\u00f1anza religiosa1. La ense\u00f1anza catequ\u00e9tica produc\u00ed\u00ada un eco o resonancia de la palabra de Dios (la persona de Jes\u00fas) en aquel que la escuchaba. La catequesis apost\u00f3lica muy pronto se fij\u00f3 por escrito; en su estructura original conserv\u00f3 un estilo familiar y directo propio de la ense\u00f1anza oral y se aten\u00ed\u00ada m\u00e1s a la educaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la vida cristiana que a una presentaci\u00f3n especulativa de la verdad revelada. La literatura patr\u00ed\u00adstica evolucionar\u00e1 a partir de los modelos catequ\u00e9ticos neotestamentarios, que tienen como fin la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or a sus disc\u00ed\u00adpulos a cumplir el mandato del \u00abid y ense\u00f1ad\u00bb lo que de \u00e9l hab\u00ed\u00adan recibido, tanto a los jud\u00ed\u00ados, como a los de la di\u00e1spora y a los gentiles. La ense\u00f1anza del Se\u00f1or abrazaba los contenidos dogm\u00e1ticos (que Jes\u00fas era el Mes\u00ed\u00adas anunciado, que era Dios) y las afirmaciones morales (la vida nueva).<\/p>\n<p>A la par de la primera teolog\u00ed\u00ada nace la catequesis. La reflexi\u00f3n sobre la Palabra y sobre la existencia cristiana conlleva una presentaci\u00f3n y mensaje catequ\u00e9tico. La historia de la catequesis ha tenido m\u00e1s en cuenta los escritos sistem\u00e1ticos y program\u00e1ticos que el permanente trasfondo catequ\u00e9tico impl\u00ed\u00adcito en todas y cada una de las tradiciones teol\u00f3gicas. Desde los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo y de las plurales tradiciones exeg\u00e9ticas y teol\u00f3gicas, es posible descubrir el nacimiento, los pasos y crecimiento de la catequesis cristiana en las distintas geograf\u00ed\u00adas y comunidades. Cada tradici\u00f3n exeg\u00e9tico-teol\u00f3gica (especialmente la gn\u00f3stica, la asi\u00e1tica, la alejandrina y la africana) es fruto de la catequesis. As\u00ed\u00ad es posible historiar la catequesis heterodoxa, la gn\u00f3stica y la ortodoxa: la asi\u00e1tica, la alejandrina y la africana2. El binomio teolog\u00ed\u00ada-catequesis es, para los santos Padres, inseparable. Los testimonios literarios de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica reflejan la catequesis o instrucci\u00f3n en cada per\u00ed\u00adodo, en cada una de las Iglesias, y la diversidad de destinatarios.<\/p>\n<p>I. Los Padres apost\u00f3licos (siglos I-II)<br \/>\nTestimonian el sentir catequ\u00e9tico de la segunda generaci\u00f3n cristiana, recibido de boca de los mismos ap\u00f3stoles o de sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Entre los escritos m\u00e1s antiguos que conservan la primitiva estructura catequ\u00e9tica sobresale la Didaj\u00e9 (a\u00f1o 70; otros la sit\u00faan a principios del siglo II), una especie de manual -obra de un desconocido compilador que recoge materiales de distintas \u00e9pocas-para las comunidades cristianas, donde se resalta la instrucci\u00f3n moral (las dos v\u00ed\u00adas) -que reaparecer\u00e1 en el Pseudobernab\u00e9 (a\u00f1o 100; escrito de procedencia sirio-alejandrina), en la Doctrina de los ap\u00f3stoles (siglo III) y en las Constituciones apost\u00f3licas (380; escrito de origen antioqueno)-, la instrucci\u00f3n lit\u00fargico-cultual y oracional y la instrucci\u00f3n disciplinar. Probablemente la Didaj\u00e9 es reflejo de las comunidades sirias, de las tradiciones sin\u00f3pticas y del paso de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada a la cristiana. El didajista, junto a la ausencia de temas centrales como es el misterio pascual, acent\u00faa la iniciaci\u00f3n al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada, la importancia del ayuno y de la oraci\u00f3n y la teolog\u00ed\u00ada de las bendiciones o plegarias.<\/p>\n<p>Clemente Romano (95\/98), con una forma epistolar, propone en la Carta a los corintios una catequesis eclesiol\u00f3gica centrada en la armon\u00ed\u00ada eclesial. La obra clementina aporta un abundante espectro de simbolismos y variedad de formas, enriquecidos con elementos jud\u00ed\u00ados (homil\u00ed\u00adas sinagogales) y griegos (diatribas c\u00ed\u00adnico-estoicas) para exponer la imagen de la Iglesia universal y peregrina y su concreci\u00f3n en la Iglesia particular.<\/p>\n<p>Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (a\u00f1os 100-120), expone en sus cartas la doctrina cristol\u00f3gica y eclesiol\u00f3gica, en pol\u00e9mica con el docetismo, proponiendo una aut\u00e9ntica catequesis sobre el martirio y una iniciaci\u00f3n a la vida espiritual cristiana, mientras que Policarpo de Esmirna (118-120) exhorta a una vida coherente con el evangelio. Uno y otro son testigos de la valoraci\u00f3n de la creaci\u00f3n visible, de la realidad objetiva e hist\u00f3rica de la persona de Jesucristo y de la carne como lugar en el que se da el testimonio cristiano frente a la tentaci\u00f3n gn\u00f3stica, frente a la apariencia o desprecio de lo creado.<\/p>\n<p>La Ep\u00ed\u00adstola del Pseudobernab\u00e9 (a\u00f1o 100?), con las secciones exeg\u00e9tico-dogm\u00e1tica y moral, y el Pastor de Hermas (130-140), con la presentaci\u00f3n de la Iglesia preexistente, hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica, completan el panorama de la llamada literatura apost\u00f3lica, caracterizada por una catequesis plural, seg\u00fan el destinatario y el ambiente cultural al que se dirige, sirvi\u00e9ndose de m\u00faltiples tradiciones orales y literarias, y escogiendo aquellos aspectos que m\u00e1s interesan al destinatario seg\u00fan sea jud\u00ed\u00ado, de la di\u00e1spora o pagano. La pluriformidad de los escritos obedece a la pluralidad geogr\u00e1fica y religiosa, tanto del catequista como del catequizado. Es notable su similitud con los escritos neotestamentarios. El perfil catequ\u00e9tico del per\u00ed\u00adodo inmediatamente posterior a los ap\u00f3stoles viene dado por el objetivo misionero, por la necesidad de seguir completando la iniciaci\u00f3n cristiana, por la urgencia de un cambio de vida, o conversi\u00f3n, y por una insistencia en la necesaria preparaci\u00f3n de los que iban a ser bautizados. El esquema subyacente en estos escritos mira a la conversi\u00f3n y a mantener al convertido en la nueva vida.<\/p>\n<p>II. Los Padres apologistas: diversos modos de presentaci\u00f3n de los contenidos<br \/>\nA medida que se expande el cristianismo aparecen nuevos m\u00e9todos de transmisi\u00f3n. El catequista se siente impelido a aproximar su ense\u00f1anza a las nuevas situaciones y a las inquietudes de sus auditores. La catequesis no prescinde de las nuevas aportaciones del pensamiento cristiano y del esfuerzo que la Iglesia hace para mejor comprenderse a s\u00ed\u00ad misma en un ambiente cada vez m\u00e1s amplio. De este modo, los testimonios de los siglos II-III, anteriores a Nicea (325), los denominados Padres apologistas, son una fuente inagotable para el conocimiento de las distintas formas catequ\u00e9ticas y de los diversos modos de presentaci\u00f3n de los contenidos cristianos. En pleno siglo II, eclesi\u00e1sticos (los representantes de la gran Iglesia, en contraposici\u00f3n a los sectarios) y heterodoxos (gn\u00f3sticos) construyen el edificio catequ\u00e9tico, pero con distintos presupuestos. Para los primeros, la transmisi\u00f3n de la fe se cimienta en una revelaci\u00f3n positiva, objetiva y aut\u00e9ntica, oral y escrita, p\u00fablica y para todos, y que se retrotrae hasta el mismo Se\u00f1or; los segundos defienden y optan por transmitir una revelaci\u00f3n oral, subjetiva, privada y para unos pocos. Tan catequesis es una como otra, la gn\u00f3stica y la eclesi\u00e1stica, pero la distancia entre ambas es abismal en cuanto a m\u00e9todo y contenidos. La distancia no estriba tanto en las expresiones o t\u00e9rminos cuanto en la intelecci\u00f3n de los mismos. No consiste s\u00f3lo en decir lo mismo, sino en sentir lo mismo.<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada no se ha escrito la historia de la catequesis en la \u00e9poca prenicena, fij\u00e1ndose m\u00e1s en las grandes tradiciones teol\u00f3gicas que en autores o t\u00ed\u00adtulos aislados. La pluralidad exeg\u00e9tica y teol\u00f3gica, favorecida por las diversas circunstancias geogr\u00e1ficas y religioso-culturales, impon\u00ed\u00adan ir abriendo nuevos cauces catequ\u00e9ticos. La existencia de la comunidad eclesial es fruto de la iniciaci\u00f3n y esta consist\u00ed\u00ada en la recepci\u00f3n y expresi\u00f3n de la acogida de la Palabra (ex\u00e9gesis). La historia del pensamiento cristiano preniceno tendr\u00e1 que contemplar unidas ex\u00e9gesis, teolog\u00ed\u00ada y catequesis.<\/p>\n<p>III. La iniciaci\u00f3n cristiana en la gran Iglesia<br \/>\nEntre los eclesi\u00e1sticos merece ser citado, entre otros, san Justino (+ 165). Originario de Samar\u00ed\u00ada, peregrino por todos los centros del saber y maestro en Roma, escribe las Apolog\u00ed\u00adas y el Di\u00e1logo con Trif\u00f3n, donde recoge datos sobre la iniciaci\u00f3n cristiana, como el camino que conduce al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada, y ofrece una exposici\u00f3n de los principales art\u00ed\u00adculos de la fe cristiana, las partes del s\u00ed\u00admbolo: la unicidad de Dios, la existencia del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el dogma de la creaci\u00f3n, el nacimiento, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or y la salvaci\u00f3n eterna; adem\u00e1s de la condenaci\u00f3n de la idolatr\u00ed\u00ada y el paganismo. La catequesis propone, fund\u00e1ndose en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, la verdad para ser cre\u00ed\u00adda. El que se adhiere a la instrucci\u00f3n recibida promete vivir seg\u00fan la Palabra acogida, y desea convertirse mediante el arrepentimiento de sus pecados y contando con el acompa\u00f1amiento de la comunidad. La iniciaci\u00f3n culmina con el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Los escritos de san Justino se\u00f1alan el proceso, las etapas de la iniciaci\u00f3n cristiana o catecumenado (encuentro, instrucci\u00f3n y recepci\u00f3n eclesial plena), al mismo tiempo que dan a conocer los principales contenidos que abraza el iniciado cristiano. San Justino es un convertido, despu\u00e9s de una prolongada b\u00fasqueda, del paganismo al cristianismo, que atiende y tiene presentes las diferencias y similitudes del mensaje cristiano -el de la persona de Jesucristo- y el mensaje humano, aquel mensaje al que han tenido acceso la filosof\u00ed\u00ada y las religiones. Su catequesis est\u00e1 atenta a servir de puente entre la especificidad y originalidad cristiana y las positivas aportaciones paganas. Justino -testigo de la singular antropolog\u00ed\u00ada cristiana-defiende las aportaciones del cristianismo a todo hombre y, vali\u00e9ndose de la doctrina del logos spermatikos hace ver c\u00f3mo la ense\u00f1anza y vida evang\u00e9lica llevan a plenitud el deseo religioso latente en el coraz\u00f3n de todas las religiones.<\/p>\n<p>En esta misma tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica sobresale la tradici\u00f3n asi\u00e1tica, en la que se enmarca san Justino, y que tiene sus or\u00ed\u00adgenes en san Policarpo, disc\u00ed\u00adpulo de san Juan y modelo de catequistas que, entre otros, catequiz\u00f3 a san Ireneo3. San Ireneo (t 202\/ 203), oriundo de Esmirna y que se traslad\u00f3 a Lyon, representa el amplio espectro de la geograf\u00ed\u00ada cat\u00f3lica; es uno de los ejemplos m\u00e1s significativos de c\u00f3mo las tradiciones teol\u00f3gicas no se agotan en los r\u00ed\u00adgidos l\u00ed\u00admites geogr\u00e1ficos. En la persona de san Ireneo, la tradici\u00f3n oriental (griega) est\u00e1 presente en el occidente (la Galia). Con \u00e9l el g\u00e9nero catequ\u00e9tico forma ya parte de un determinado y org\u00e1nico g\u00e9nero literario; E. Peretto calific\u00f3 la Demostraci\u00f3n de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (Epideixis) ireneana como el primer catecismo para adultos de la historia; en \u00e9l se exponen, a modo de catecismo, los diversos momentos de la historia de la salvaci\u00f3n; se hace ver la necesidad de la presentaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica en su integridad y pureza en orden a la salvaci\u00f3n; en la secci\u00f3n de la catequesis apost\u00f3lica de la Epideixis se prima la afirmaci\u00f3n trinitaria, la creaci\u00f3n del hombre y el nuevo nacimiento por el bautismo; en la secci\u00f3n prof\u00e9tica se hace ver el mensaje salv\u00ed\u00adfico del Verbo, anunciado por los profetas, manifestado en Jesucristo y que llega a nosotros por y en la Iglesia.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n catequ\u00e9tica ireneana se sit\u00faa en las ant\u00ed\u00adpodas de la gn\u00f3stica por conceder el primado a la creaci\u00f3n visible, a la criatura humana y a la encarnaci\u00f3n, a la historia, y por la \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n de la cristolog\u00ed\u00ada con la antropolog\u00ed\u00ada. La magna obra de Ireneo -el Adversus Haereses (Contra las herej\u00ed\u00adas)- es la joya de la dogm\u00e1tica cat\u00f3lica y, al mismo tiempo, es el escrito teol\u00f3gico con m\u00e1s alcance catequ\u00e9tico de todos los tiempos. Lo que ampliamente se expone en el Adv. Haer. aparece sintetizado en la Epideixis. La catequesis ireneana es un c\u00e1ntico a la criatura humana reci\u00e9n creada -imagen de Dios en la carne- para que pueda ir creciendo hasta la plenitud (semejanza con Dios), \u00abporque la gloria de Dios es el hombre dotado de vida, y vida del hombre es visi\u00f3n de Dios\u00bb (Adv. Haer. IV, 20, 7; cf IV, 14, 1; V, 9, 2.3; IV, 20, 5; IV, 38, 3). El abrazo de Dios creador con su criatura es el cantus firmus de la catequesis inspirada en la tradici\u00f3n asi\u00e1tica.<\/p>\n<p>Un texto de excepci\u00f3n para el conocimiento de la catequesis y de la iniciaci\u00f3n cristiana pr\u00f3xima y remota -admisi\u00f3n de los candidatos, duraci\u00f3n y ritos- es la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica del Pseudohip\u00f3lito de Roma (235-253), que testimonia la praxis de la comunidad romana y es el texto que ejerce un notorio influjo en la Iglesia antigua. Adem\u00e1s de los contenidos doctrinales, la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, en los cc. 15-22 conservados en la versi\u00f3n sah\u00ed\u00addica, describe las etapas de la iniciaci\u00f3n cristiana; esta, camino obligado para formar parte de la comunidad cristiana, consist\u00ed\u00ada en la preparaci\u00f3n remota, que conllevaba una primera admisi\u00f3n en la que se valoraban las motivaciones, estado de vida y profesi\u00f3n; la duraci\u00f3n giraba en torno a tres a\u00f1os, en los que se atend\u00ed\u00ada a una formaci\u00f3n org\u00e1nica, que ayudaba a crecer espiritual y moralmente e iniciaba a los catec\u00famenos en la oraci\u00f3n; la preparaci\u00f3n pr\u00f3xima inclu\u00ed\u00ada un nuevo examen de admisi\u00f3n para conocer m\u00e1s de cerca el tenor de su vida y conducta, y a lo largo de una semana se les expon\u00ed\u00ada las ya cercanas celebraciones lit\u00fargico-bautismales a las que los catec\u00famenos se preparaban con la oraci\u00f3n, el ayuno y restantes ritos cotidianos.<\/p>\n<p>IV. La catequesis en las distintas iglesias: las escuelas catequ\u00e9ticas<br \/>\nEn \u00ed\u0081frica las actas y pasiones de los m\u00e1rtires -un ejemplo es la an\u00f3nima Pasi\u00f3n de Perpetua y Felicidad (siglo III): arresto, prisi\u00f3n y ejecuci\u00f3n de un grupo de catec\u00famenos que se preparaban, bajo la direcci\u00f3n del catequista Saturo, para ser bautizados- pueden ser tenidas como un modo de catequesis testimonial en la que se resalta la importancia del martirio y la concepci\u00f3n cristiana del mundo; los relatos martiriales se impusieron como un valioso g\u00e9nero catequ\u00e9tico para acercar a los fieles la vida de Jesucristo, reflejada en el m\u00e1rtir, y para invitar a su seguimiento. Las actas y pasiones de los m\u00e1rtires pueden ser consideradas como los catecismos que mejor aproximan la verdad cristiana al gran p\u00fablico4. Algunas pasiones fueron tan reconocidas por la Iglesia, que incluso eran tenidas por escritos can\u00f3nicos.<\/p>\n<p>En la Iglesia de Cartago sobresalen, entre los prenicenos, Tertuliano (160-240) y Cipriano (200-258). Al primero debemos la expresi\u00f3n \u00abel cristiano no nace, se hace\u00bb (Apol. 18, 4), que esconde todo un programa catequ\u00e9tico de car\u00e1cter tipol\u00f3gico, en el que propugna una escuela de vida cristiana, el crecimiento espiritual y moral, junto a la instrucci\u00f3n org\u00e1nica de la que formaba parte la oraci\u00f3n, es decir: acercarse a la fe, entrar en la fe y sigilar la fe (bautismo). Sus escritos, apolog\u00e9ticos y doctrinales, en lo que a la iniciaci\u00f3n cristiana se refiere, siguen los pasos de la Tradici\u00f3n seudohipolitiana, aunque son menos precisos en cuanto a referencias concretas como el tiempo de la preparaci\u00f3n remota y pr\u00f3xima. Tertuliano muestra una preferencia por situar la iniciaci\u00f3n cristiana en el marco festivo y celebrativo de la pascua. San Cipriano, en el marco de la herencia tertulianea, de la que no toma distancia alguna, ayuda a fijar una terminolog\u00ed\u00ada en la que destaca el uso de catechumeni, audientes y doctores audientium (catequistas). Cipriano llama a su catequista-gu\u00ed\u00ada, de nombre Ceciliano, \u00abpadre de su nueva vida\u00bb (PL 3,1545). La catequesis ciprianea no queda reducida a los t\u00ed\u00adtulos de car\u00e1cter exeg\u00e9tico o doctrinal; los escritos de sesgo autobiogr\u00e1fico (por ejemplo a Donato) o la memoria de su conversi\u00f3n, tienen una intenci\u00f3n catequ\u00e9tica. En este mismo contexto es de se\u00f1alar que el Epistolario de Cipriano es una fuente todav\u00ed\u00ada no agotada para el conocimiento de la iniciaci\u00f3n cristiana del Africa de su tiempo.<\/p>\n<p>En Alejandr\u00ed\u00ada5, Panteno (t 200) puso los cimientos de una escuela catequ\u00e9tica, el didaskaleion, continuaci\u00f3n cristiana de una preexistente escuela jud\u00ed\u00ada. Se puede, aunque con peque\u00f1as variantes, elencar la sucesi\u00f3n de maestros en la escuela alejandrina: Aten\u00e1goras (+ 178), con una escuela privada de filosof\u00ed\u00ada cristiana; Panteno, con un peque\u00f1o c\u00ed\u00adrculo de disc\u00ed\u00adpulos; Clemente, con una escuela privada de filosof\u00ed\u00ada cristiana; Or\u00ed\u00adgenes, el fundador de la escuela propiamente catequ\u00e9tica; Heraclas; Dionisio (siglo III); Teognoto, Serapi\u00f3n, Pedro (siglo IV), Aquilas, Macario y Rod\u00f3n. La catequesis era de impronta exeg\u00e9tica, dirigida principalmente a los ya bautizados y abierta al di\u00e1logo con herejes y fil\u00f3sofos. Clemente Alejandrino (siglos II\/III), disc\u00ed\u00adpulo de Panteno, y Or\u00ed\u00adgenes (siglo III) continuar\u00ed\u00adan la labor catequ\u00e9tica como grandes maestros del didaskaleion. La catequesis alejandrina se caracterizaba por la presentaci\u00f3n doctrinal mediante la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica y por la refutaci\u00f3n de la herej\u00ed\u00ada, y tiene como fin primordial conducir a la fe (cf Ped. I, 6; PG 8, 285). A Clemente se debe la distinci\u00f3n entre kerigma (anuncio) y catequesis; considera el catecumenado como un tiempo de conversi\u00f3n y de formaci\u00f3n moral. La catequesis clementina -que trae a la memoria el m\u00e9todo catequ\u00e9tico (que a Dios se le reconoce de un modo especial en sus obras y en su providencia) de Te\u00f3filo de Antioqu\u00ed\u00ada (siglo II), ejemplo singular de teolog\u00ed\u00ada negativa, en sus libros a Aut\u00f3licoinvita a los paganos a abandonar sus errores y a escuchar y abrazar las ense\u00f1anzas salv\u00ed\u00adficas del Verbo.<\/p>\n<p>Or\u00ed\u00adgenes (+ 253-254), catequista a los 18 a\u00f1os, dedic\u00f3 su vida a la catequesis y a la teolog\u00ed\u00ada (ex\u00e9gesis), en Alejandr\u00ed\u00ada y Cesarea, atendiendo sobre todo a la dimensi\u00f3n pastoral-formativa; transmite referencias al catecumenado y su organizaci\u00f3n en el Contra Celso y en sus Homil\u00ed\u00adas (cf Hom. Lc XXI, 4; XXII, 6); es de gran inter\u00e9s la distinci\u00f3n y relaci\u00f3n origeniana entre los incipientes (los que comienzan), que se mueven a nivel hist\u00f3rico, los progredientes (los que avanzan), que se encuentran en el \u00e1mbito de la moral, y los perfectos (los espirituales), los que ya han llegado a la perfecci\u00f3n. El peso y gravedad concedida por Or\u00ed\u00adgenes alejandrino, a la catequesis catecumenal recuerda al Pseudohip\u00f3lito romano; en cuanto a la preparaci\u00f3n remota y pr\u00f3xima del catecumenado, abunda en la informaci\u00f3n transmitida por autores anteriores, pero Or\u00ed\u00adgenes insiste en el matiz b\u00ed\u00adblico que debe estar presente en la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>En la Iglesia sirio-palestinense es de destacar la Didascalia de los ap\u00f3stoles (primera mitad del siglo III), un documento can\u00f3nico-lit\u00fargico, en el que se resaltan los derechos y deberes del obispo en la comunidad cristiana y se refleja la forma catequ\u00e9tica, la estructura y el intenso proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana. Es de se\u00f1alar que, adem\u00e1s de no ofrecer datos precisos sobre el tiempo de la iniciaci\u00f3n, da por supuesta la catequesis.<\/p>\n<p>La catequesis prenicena busca ser transmisora del mensaje cristiano, presentado en su globalidad y, en cuanto a formas, deja traslucir las distintas tradiciones teol\u00f3gicas en las que se desarrolla, a saber: la catequesis eclesi\u00e1stica asi\u00e1tica, alejandrina y africana; a la par de estas formas catequ\u00e9ticas, otro cap\u00ed\u00adtulo important\u00ed\u00adsimo ser\u00ed\u00ada el reconstruir la catequesis y catecumenado gn\u00f3stico en sus m\u00e1s diversas variaciones. El per\u00ed\u00adodo preniceno es, con mucho, el m\u00e1s rico en ex\u00e9gesis y teolog\u00ed\u00ada, y por esto mismo es el m\u00e1s rico en los contenidos y formas catequ\u00e9ticas. El mal llamado siglo de oro patr\u00ed\u00adstico -siglo IV- es un tiempo de mayor producci\u00f3n teol\u00f3gica en cantidad, pero no en creatividad y calidad; lo mismo se puede afirmar de la producci\u00f3n catequ\u00e9tica. Erasmo escrib\u00ed\u00ada a Eck, en 1518, que \u00abprefer\u00ed\u00ada una p\u00e1gina de Or\u00ed\u00adgenes a diez de san Agust\u00ed\u00adn\u00bb; esta frase erasmiana se puede aplicar tambi\u00e9n a la literatura catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>V. La catequesis en el per\u00ed\u00adodo posniceno<br \/>\nEn el per\u00ed\u00adodo posniceno, a partir del siglo IV, los testimonios catequ\u00e9ticos encuentran su sustento: 1) en la riqueza conciliar: Nicea (325), Constantinopla (381), Efeso (431) y Calcedonia (451); 2) en la organizaci\u00f3n lit\u00fargica: la estructuraci\u00f3n del a\u00f1o, con la Pascua como centro y preparada con la cuaresma; 3) en las circunscripciones eclesi\u00e1sticas: patriarcados de Antioqu\u00ed\u00ada, Alejandr\u00ed\u00ada y Constantinopla, y 4) en el fuerte impulso misionero favorecido por obispos, monjes y laicos. De ah\u00ed\u00ad el florecimiento catequ\u00e9tico de este tiempo en todas las Iglesias, tanto de Oriente como de Aafrates, Efr\u00e9n (t 373), con sus escritos did\u00e1ctico-catequ\u00e9ticos y los madrasche (instrucciones), y el nestoriano Narsai (t 502) notifican la catequesis de Siria oriental. La ense\u00f1anza de san Gregorio es el t\u00ed\u00adtulo de un antiguo catecismo armenio, redactado en el siglo V por intelectuales que no ocultan su proximidad a Cirilo de Jerusal\u00e9n, Juan Cris\u00f3stomo, Gregorio de Nisa y Gregorio de Nacianzo.<\/p>\n<p>La comunidad jerosolimitana, en el siglo IV, conoce el florecimiento lit\u00fargico y catequ\u00e9tico con Cirilo de Jerusal\u00e9n, a quien se atribuyen, aunque no sin problemas, las Catequesis prebautismales y mistag\u00f3gicas, predicadas en la cuaresma del 348 con un tono cordial y comunicativo, que favorecen que el argumento resulte persuasivo. Las Catequesis prebautismales (una sobre Ez 18,31 que trata de las condiciones requeridas para ser admitido al bautismo y las dieciocho restantes) est\u00e1n dirigidas a los que van a recibir la gracia (iluminaci\u00f3n) bautismal. A cada una de ellas precede una lectura escritur\u00ed\u00adstica. Las cinco Catequesis mistag\u00f3gicas -que algunos atribuyen a Juan de Jerusal\u00e9n-son una introducci\u00f3n a los misterios, a los sacramentos de iniciaci\u00f3n. Las catequesis se consideran fundamentales para la futura vida del creyente, y exponen ordenadamente los contenidos centrales del mensaje cristiano (Dios: Catequesis 6-9; Jesucristo: Cat. 10-15; el Esp\u00ed\u00adritu Santo: Cat. 16-17; el bautismo, la resurrecci\u00f3n, la Iglesia y la vida eterna); tienen como fin edificar la s\u00f3lida construcci\u00f3n de la existencia cristiana, que se cimienta en el conocimiento de las verdades basilares y en la respuesta o adhesi\u00f3n que se manifiesta en el cambio de vida o conversi\u00f3n. La peregrina Egeria (siglo IV), para unos hisp\u00e1nica, para otros galicana, en su Diario de peregrinaci\u00f3n (Itinerarium) por la Tierra santa, recogi\u00f3 las instrucciones que recib\u00ed\u00adan el nombre de catequesis; Egeria confirma las noticias de Cirilo: la conexi\u00f3n entre catecumenado y cuaresma en el marco de la instrucci\u00f3n cristiana; la coincidencia entre vigilia bautismal y vigilia pascual; la formaci\u00f3n espiritual unida a una catequesis org\u00e1nica y global, orientada a la ascesis, a la penitencia y a la experiencia lit\u00fargica.<\/p>\n<p>En las iglesias de Antioqu\u00ed\u00ada, herederas de un rico legado exeg\u00e9tico, resalta la predicaci\u00f3n catequ\u00e9tica de san Juan Cris\u00f3stomo (348-407), figura similar al Nacianceno, a los que iban a ser iluminados; en sus dos Catequesis bautismales y en los Sermones catequ\u00e9ticos no oculta la dependencia de Diodoro de Tarso; da a conocer interesantes aspectos de la iniciaci\u00f3n cristiana, marcada por la libre elecci\u00f3n, en torno al tiempo cuaresmal: la catequesis, la experiencia asc\u00e9tico-penitencial y la intelecci\u00f3n de los ritos. Juan Cris\u00f3stomo silencia la traditio del s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>Teodoro, obispo de Mopsuestia (t 428), ciudad pr\u00f3xima a Tarso, pronunci\u00f3 16 homil\u00ed\u00adas catequ\u00e9ticas: 10 versan sobre el S\u00ed\u00admbolo, 1 comenta el padrenuestro, 5 son instrucciones mistag\u00f3gicas, 3 comentan el bautismo y 2 explican la eucarist\u00ed\u00ada. Es obvia la proximidad de Teodoro al Cris\u00f3stomo en lo que se refiere a la estructura catequ\u00e9tica y catecumenal, aun cuando el primero da preferencia a la exposici\u00f3n dogm\u00e1tica y sacramental y el segundo privilegia la ense\u00f1anza moral; el primero se interesa m\u00e1s por la vivencia ritual y el segundo por la experiencia asc\u00e9tico-penitencial.<\/p>\n<p>Las Constituciones apost\u00f3licas (siglos IV\/V), son una recopilaci\u00f3n can\u00f3nico-lit\u00fargica de origen antioqueno; en el libro III rememora la Didascalia (siglo III), en el libro VII recoge la Didaj\u00e9 (siglo II) y propone la catequesis sobre la Trinidad, que por lo que se puede deducir tendr\u00ed\u00ada una amplia duraci\u00f3n; en el libro VIII se hace eco de cap\u00ed\u00adtulos de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica pseudohipolitiana (siglo III).<\/p>\n<p>En el Occidente latino las figuras m\u00e1s significativas para el conocimiento de la catequesis y el catecumenado son: san Ambrosio de Mil\u00e1n (339-397), Cromacio de Aquileia (+ 408) y Rufino de Aquileia (+ 410), en las Iglesias de Italia. Ambrosio, tenido por algunos como uno de los m\u00e1s grandes catequetas de Occidente, en la Explanatio Symboli (a\u00f1o 389) comenta el s\u00ed\u00admbolo romano a modo de breviario de la fe; en el De sacramentis hace una explanaci\u00f3n sobre el bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada y padrenuestro; en el De mysteriis reelabora una catequesis tipol\u00f3gica, atendiendo al simbolismo de los ritos. Ambrosio hace posible la reconstrucci\u00f3n de la catequesis y catecumenado de la Iglesia milanesa en el siglo IV. En lo que respecta a la catequesis mistag\u00f3gica, lo que significa Cirilo de Jerusal\u00e9n para Oriente lo significa Ambrosio para Occidente. El ambrosiano tratado de los misterios recuerda el escrito de Hilario de Poitiers (315-367) que, como manual de ex\u00e9gesis tipol\u00f3gica, serv\u00ed\u00ada de pauta para la catequesis. Cromacio de Aquileia, en sus homil\u00ed\u00adas catequ\u00e9ticas, se hace eco de las pol\u00e9micas pneumatol\u00f3gicas (pneumat\u00f3macos) subrayando el papel del Esp\u00ed\u00adritu en la transmisi\u00f3n de la fe. Rufino de Aquileia, con el Comentario al s\u00ed\u00admbolo, se dirige a los catequistas matizando el significado de las expresiones, recordando los libros escritur\u00ed\u00adsticos, buscando, frente a la herej\u00ed\u00ada, la sustancial uniformidad de los contenidos de la fe. Pedro Cris\u00f3logo (+ 450), en las homil\u00ed\u00adas a los catec\u00famenos, se adapta a las nuevas circunstancias y se hace eco de la disciplina arcani, que prohib\u00ed\u00ada poner por escrito el s\u00ed\u00admbolo para que no cayese en manos de los herejes e infieles.<\/p>\n<p>La Iglesia en Africa, durante el per\u00ed\u00adodo posniceno, a la sombra de la gran tradici\u00f3n martirial y de la dura pol\u00e9mica donatista, en la que circularon catecismos y catequesis propias de fuerte car\u00e1cter proselitista; despu\u00e9s de las controversias antropol\u00f3gicas de sesgo pelagiano y de la honda implantaci\u00f3n de escritos menores como los atribuidos a san Cipriano, en el tiempo en que la Iglesia cat\u00f3lica se define frente a la Iglesia africana, explicitando el aut\u00e9ntico significado de la sacramentalidad cristiana; despu\u00e9s de la gran labor catequ\u00e9tica de la obra de Optato de Milevi (siglo IV), aparece la figura de san Agust\u00ed\u00adn (354-430), catequista infatigable. Escribe el primer manual de pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica: De catechizandis rudibus (a\u00f1o 400), en el que se exponen orientaciones para la comunicaci\u00f3n catequ\u00e9tica (I-IX), y dos modelos, uno breve y otro amplio, de catequesis siguiendo la historia de la salvaci\u00f3n. Las pautas agustinianas quieren aproximar al sentido religioso, latente en el mensaje cristiano. En la exposici\u00f3n catequ\u00e9tica, propugna ir m\u00e1s all\u00e1 de las explicaciones racionales y quiere mostrar c\u00f3mo Jesucristo es m\u00e1s que un hombre sabio; en este sentido san Agust\u00ed\u00adn quiere, al igual que Or\u00ed\u00adgenes, superar las tentaciones presentes en la comprensi\u00f3n y tradici\u00f3n intelectual significada por Celso. Los restantes escritos agustinianos permiten la reconstrucci\u00f3n del rico proceso catecumenal africano. La catequesis en san Agust\u00ed\u00adn est\u00e1 destinada no s\u00f3lo a que el fiel crea, sino tambi\u00e9n a ense\u00f1ar c\u00f3mo vivir; la catequesis sacramental es m\u00e1s teol\u00f3gico-moral que tipol\u00f3gica, y mira, asimismo, al compromiso moral y asc\u00e9tico; valora el signo de la cruz como distintivo del cristiano, y en todo el proceso catequ\u00e9tico brilla la intenci\u00f3n pedag\u00f3gica-pastoral. Quodvultdeus (+ 453), tras los pasos de san Agust\u00ed\u00adn, compara la iniciaci\u00f3n cristiana a los trabajos agr\u00ed\u00adcolas, cuya fecundidad depende de la gracia.<\/p>\n<p>Las recopilaciones can\u00f3nico-lit\u00fargicas son ejemplo de la preocupaci\u00f3n y necesidad de acoger sistem\u00e1ticamente las tradiciones catequ\u00e9ticas y catecumenales: en Egipto, el S\u00ed\u00adnodo alejandrino (siglo V), que hace acopio de los C\u00e1nones de los ap\u00f3stoles, de la Constituci\u00f3n de la Iglesia egipcia y de las Constituciones apost\u00f3licas; el Testamento del Se\u00f1or (siglo V), que se atiene a la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica y a la Didascalia de los ap\u00f3stoles; la Liturgia egipcia de la misa y del bautismo (siglo VI); la Jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica de Dionisio Areopagita (siglo V), el m\u00e1s antiguo tratado de liturgia, informa sobre la iniciaci\u00f3n cristiana, al igual que los escritos de Severo de Antioqu\u00ed\u00ada (siglo VI).<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo, fue decreciendo en intensidad y en exigencia la catequesis y el catecumenado. La cristiandad, en Oriente y Occidente, perdi\u00f3 el vigor misionero de los primeros siglos; el mensaje cristiano dejaba de ser novedoso frente al paganismo. Sin embargo, Ces\u00e1reo de Arles (siglo VI), en el Serm\u00f3n CC, deja constancia de la iniciaci\u00f3n cristiana en la Galia; la tradici\u00f3n africana (san Agust\u00ed\u00adn) dej\u00f3 su huella en la terminolog\u00ed\u00ada y estructura catequ\u00e9tica; la catequesis tiende a ofrecer una formaci\u00f3n ritual y ejercicios asc\u00e9tico-penitenciales. Gregorio de Tours (a fin del siglo VI) testimonia el poco tiempo dedicado a la catequesis y el declive del catecumenado.<\/p>\n<p>VI. A la b\u00fasqueda de la historia catequ\u00e9tica en Hispania<br \/>\nLa m\u00e1s primitiva tradici\u00f3n catequ\u00e9tica en Espa\u00f1a se encuentra en las actas del Concilio de Elvira (a\u00f1o 300\/ 302?), inicio de la amplia lista de concilios, en los que sobresale el inter\u00e9s por la catequesis. En los concilios hisp\u00e1nicos se deja ver un acentuado inter\u00e9s por una catequesis atenta a la circunstancia hist\u00f3rica que se vive; sobresale asimismo la diversidad de intereses catequ\u00e9ticos seg\u00fan las diferencias geogr\u00e1ficas. Es notable la distancia entre el norte (la Tarraconense y la Gallaecia) y el sur (Illiberris). Indicaciones precisas, anteriores al concilio de Elvira, llegaron a nosotros en la Ep\u00ed\u00adstola 67 de san Cipriano (mitad del siglo III), el testimonio literario m\u00e1s antiguo de la cristianizaci\u00f3n hisp\u00e1nica.<\/p>\n<p>La praxis conciliar y las primeras noticias sobre el cristianismo en la Pen\u00ed\u00adnsula, sumados a la m\u00e1s temprana teolog\u00ed\u00ada, ofrecen elementos para reconstruir el itinerario y los primeros pasos de la catequesis en Espa\u00f1a. En el siglo IV Paciano de Barcelona, en la Tarraconense, es el representante m\u00e1s antiguo de las letras hispano-latinas que intenta una catequesis adaptada a su Iglesia (Sobre el bautismo); es patente el influjo africano y ambrosiano (?).<\/p>\n<p>Prudencio (siglos IV-V), tambi\u00e9n en la Tarraconense, con el g\u00e9nero po\u00e9tico traduce la m\u00e1s rica teolog\u00ed\u00ada cristiana (cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada), para que llegue a los distintos estamentos del pueblo. Habr\u00ed\u00ada que rescatar el perfil catequ\u00e9tico de los escritos prudencianos que repristinan la teolog\u00ed\u00ada asi\u00e1tica (Ireneo) y sirven de correctivo a las desviaciones priscilianistas y constatar su parca influencia. Es muy probable que la obra de Ireneo (Adv. Haer.) haya llegado a nosotros en la versi\u00f3n latina gracias al ambiente antipriscilianista presente en la obra prudenciana. Egeria (siglo IV), en la Gallaecia, con las noticias lit\u00fargicas de Oriente, hizo posible que el monacato fuese, en gran parte, referencia catequ\u00e9tica para todo el noroeste hisp\u00e1nico. Todav\u00ed\u00ada est\u00e1 por estudiar el alcance del texto egeriano en la iniciaci\u00f3n catequ\u00e9tico-lit\u00fargica de Occidente. Ser\u00ed\u00ada de inter\u00e9s buscar la influencia oriental en las diversas manifestaciones eclesiales de esta \u00e9poca (concilios, monacato, toponimia, etc.) para incorporarlas a una historia de la catequesis que no se ci\u00f1ese \u00fanicamente a los textos expl\u00ed\u00adcitamente catequ\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>Gregorio de Elvira (siglo IV), en la B\u00e9tica, es el ejemplo m\u00e1s se\u00f1ero del predicador-catequeta de la Hispania romana; es digna de rese\u00f1ar la forma como presenta los contenidos doctrinales cristianos y la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica a los paganos y jud\u00ed\u00ados. Se caracteriza por la sencillez del lenguaje y exhorta al estudio y oraci\u00f3n para la exposici\u00f3n del mensaje cristiano; exposici\u00f3n que tiene como finalidad principal encontrar y explicar el sentido de las Escrituras. La tarea expositiva es un deber y un acto de caridad arduo y trabajoso que requiere investigaci\u00f3n, estudio y cuidadosa solicitud. A Gregorio de Elvira hay que a\u00f1adir el nombre de Potamio, en la Lusitania.<\/p>\n<p>Prisciliano, una de las figuras m\u00e1s notables del siglo IV occidental y que m\u00e1s enraizamiento ha tenido a lo largo de dos siglos, logr\u00f3 con sus Tratados llevar a cabo el programa catequ\u00e9tico heterodoxo m\u00e1s importante de su \u00e9poca. Si \u00fatil es para la historia del cristianismo universal conocer el m\u00e9todo catequ\u00e9tico de los grandes te\u00f3logos gn\u00f3sticos, no menos lo es para la primera catequesis hisp\u00e1nica el tener presente las formas del catecismo priscilianista. No hay que olvidar que el movimiento originado por Prisciliano conmocion\u00f3 la cristiandad, interes\u00f3 a todas las Iglesias, y dur\u00f3 dos largos siglos en la pen\u00ed\u00adnsula Ib\u00e9rica. La catequizaci\u00f3n hisp\u00e1nica de los siglos IV-VI est\u00e1 marcada por la presencia de la versi\u00f3n priscilianista en la sociedad peninsular. En la Gallaecia bracarense, Mart\u00ed\u00adn de Dumio (siglo VI) es un modelo de catequeta en la sociedad sueva, que se adelanta a las formas eclesiales y catequ\u00ed\u00adsticas del proyecto toledano o visig\u00f3tico. El abad y obispo dumiense escribi\u00f3 el De correctione rusticorum, siguiendo a san Agust\u00ed\u00adn, como gran programa catequ\u00e9tico para el noroeste hisp\u00e1nico; refleja el modelo que m\u00e1s \u00e9xito tendr\u00ed\u00ada en buena parte de Occidente en la Alta Edad media y testifica cu\u00e1nto condicion\u00f3 la forma de catequesis el mundo rural en contraposici\u00f3n al urbano. Isidoro de Sevilla, en el De ecclesiasticis officiis, confirma que en el siglo VII, en Espa\u00f1a, permanecen trazas de la catequesis patr\u00ed\u00adstica, pero sin el vigor, la amplitud de tiempo y la apertura hacia un catecumenado prolongado que tuvo aquella.<\/p>\n<p>Si importante y de sumo inter\u00e9s es la catequesis en la Hispania romana, no lo es menos en el per\u00ed\u00adodo visig\u00f3tico, no s\u00f3lo en Toledo y en los concilios toletanos, sino en la rica, y desconocida, literatura teol\u00f3gica del siglo VIII en el norte hisp\u00e1nico. Este es uno de los siglos m\u00e1s decisivos, entre el mundo que procede de la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada y el que emerge en los d\u00ed\u00adas que preceden al esplendor carolingio, para conocer la catequesis que tendr\u00e1 su vigencia en la Alta y Baja Edad media.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Lampe, en KITTEL, Grande Lessico del Nuovo Testamento, Brescia 1965ss., 5,271. &#8211; 2. Cf A. ORBE, Ideas sobre la Tradici\u00f3n en la lucha antign\u00f3stica, Augustinianum 12\/1 (1972) 19-35; Sobre los inicios de la Teolog\u00ed\u00ada, Estudios eclesi\u00e1sticos 56\/2 (1981) 689-704. &#8211; 3. Cf EUSEBIO DE CESAREA, Historia eclesi\u00e1stica V, 20, 4-8. &#8211; 4. Cf E. ROMERO POSE, A prop\u00f3sito de las actas y pasiones donatistas, Studi Storico Religiosi IV\/1 (1980) 59-76. &#8211; 5. Cf EUSEBIO DE CES\u00ed\u0081REA, o.c., V, 9 y el Codex Baroccianus 142; cf B. POUDERON, D&#8217;Ath\u00e9nes \u00e1 Alexandrie, Quebec-Lovaina-Par\u00ed\u00ads 1997, 1-70.<\/p>\n<p>BIBL.: Es notoria la ausencia de bibliograf\u00ed\u00ada en espa\u00f1ol sobre catequesis y catecumenado en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica. V\u00e9anse las obras publicadas en la Biblioteca de autores cristianos (Madrid) y en la editorial S\u00ed\u00adgueme (Salamanca), y en Biblioteca patr\u00ed\u00adstica y Fuentes patr\u00ed\u00adsticas, en la editorial Ciudad Nueva (Madrid). Abundantes referencias bibliogr\u00e1ficas en: Biblioteca di scienze religiose de la Universidad pontificia salesiana (Roma), que ha publicado los siguientes t\u00ed\u00adtulos: Valori attuali della catechesi patristica (BSR 25); Cristologia e catechesi patristica (BSR 31.42); Eclesiologia e catechesi patristica (BSR 46); Spirito Santo e catechesi patristica (BSR 54); Morte e inmortalit\u00e1 nella catechesi dei Padri del III-1V secolo (BSR 66); Spiritualit\u00e1 del lavoro nella catechesi dei Padri del 111-1V secolo (BSR 75); Crescita del uomo nella catechesi dei Padri (BSR 78.80); La mariologia nella catechesi dei Padri (BSR 88.95); La formazione al sacerdozio ministeriale nella catechesi e nella testimonianza di vita dei Padri (BSR 99); Esegesi e catechesi nei Padri (secc. II-IV) (BSR 106). AA.VV., 1 simboli dell&#8217;iniziazione cristiana, Analecta liturgica 7, P. A. San Anselmo, Roma 1983; BARDY G., La conversi\u00f3n al cristianismo durante los primeros siglos, Encuentro, Madrid 1990; BAREILLE G., Cat\u00e9ch\u00e9se y Cat\u00e9chum\u00e9nat, en DThC II, Par\u00ed\u00ads 1905, 1877-1895; 1968-1987; CAVALLOTTO, Catecumenato antico. Diventare cristiani secondo i Padri, EDB, Bolonia 1996 (con amplia bibliograf\u00ed\u00ada y \u00fatiles cuadros sin\u00f3pticos que sintetizan las principales aportaciones patr\u00ed\u00adsticas sobre el catecumenado); DANIEL0U J.-DU CHARLAT R., La cat\u00e9ch\u00e9se aux premiers si\u00e9cles, Par\u00ed\u00ads 1968; DUJARIER M., Le parrainage des adultes aux trois premiers si\u00e9cles de l&#8217;Eglise, Par\u00ed\u00ads 1962; GROSSI V., La catechesi battesimale agli inizi del secolo V. Le fonti agostiniane, Studia Ephemeridis Augustinianum 39, I. P. A., Roma 1993; HAMMAN A. G., La vida cotidiana de los primeros cristianos, Ediciones Palabra, Madrid 1985; ORBE A., 11 catecumeno ideale secondo Ireneo, en: Cristologia e catechesi patristica, Roma 1981, 15-24; RILEY H. M., Christian Initiation, Washington 1974; SAUVAGNE M., Cat\u00e9ch\u00e9se et larcat. Participations des lafcs au minist\u00e9re de la Parole, Par\u00ed\u00ads 1962; SAXER V., Les rites de 1&#8217;initiation chr\u00e9tienne du Ile au Vle si\u00e9cle. Esquisse historique et signification d&#8217;apr\u00e9s leurs principaux t\u00e9moins (Centro italiano di studi sull&#8217;Alto Medioevo, 7), Spoleto 1992; SIMONETTI M., Catechesi de esegesi dal I al 111 secolo, en Esegesi e Catechesi nei Padri, a cura di S. Felici, LAS, Roma 1992; L&#8217;initiation chr\u00e9tienne du Ile au Vie si\u00e9cle: Esquisse bistorique des rites et de leur signification, en Segni e riti nella Chiesa altomedievale occidentale I (Settimane di studio del Centro italiano di Studi sull&#8217;Alto Medioevo, XXXIII), Spoleto 1987, 173-205; VAN DEN EYNDE D., Les normes de 1&#8217;enseignement chr\u00e9tien dans la litt\u00e9rature patristique des trois premiers si\u00e9cles, Gembloux-Par\u00ed\u00ads 1933; VENTURI G., Problemi dell&#8217;iniziazione cristiana. Nota bibliografica, Ephem. Liturg. 88 (1974) 241-270.<\/p>\n<p>Eugenio Romero Pose<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Los Padres apost\u00f3licos (siglos I-II); II. Los Padres apologistas: diversos modos de presentaci\u00f3n de los contenidos. III. La iniciaci\u00f3n cristiana en la gran Iglesia. IV. La catequesis en las distintas iglesias: las escuelas catequ\u00e9ticas. V. La catequesis en el per\u00ed\u00adodo posniceno. VI. A la b\u00fasqueda de la historia catequ\u00e9tica en Hispania. La transmisi\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequesis-en-la-epoca-patristica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCATEQUESIS EN LA EPOCA PATRISTICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16977","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16977","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16977"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16977\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16977"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16977"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16977"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}