{"id":16983,"date":"2016-02-05T11:04:03","date_gmt":"2016-02-05T16:04:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/compromiso-orientaciones-pedagogicas\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:03","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:03","slug":"compromiso-orientaciones-pedagogicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/compromiso-orientaciones-pedagogicas\/","title":{"rendered":"COMPROMISO. ORIENTACIONES PEDAGOGICAS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: L Compromiso desde las exigencias de la historia: 1. Sentido del mundo y de la historia; 2. Estructura de un proceso de encarnaci\u00f3n. II. Compromiso desde las exigencias del amor cristiano. III. Coordenadas del compromiso abierto a la adultez: 1. Educar en las dimensiones de la adultez; 2. Compromiso en diversas situaciones. IV. Comunidad cristiana y educaci\u00f3n al compromiso: 1. Presupuestos; 2. Retos para las comunidades. V. Por los caminos samaritanos. VI. Compromiso, interioridad y celebraci\u00f3n: 1. Compromiso y apertura al Esp\u00ed\u00adritu; 2. Compromiso y oraci\u00f3n, formaci\u00f3n, discernimiento y celebraci\u00f3n. VII. El compromiso evangelizador: 1. Qu\u00e9 supone evangelizar; 2. El testimonio y el anuncio evangelizador. VIII. Compromiso y vocaciones espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>I. Compromiso desde las exigencias de la historia<br \/>\n1. SENTIDO DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA. Entendemos por mundo el \u00e1mbito del acontecer humano, la estructura cultural en que se enmarca la conducta de los hombres, el producto de la ciencia y de la t\u00e9cnica, el destino y el sentido global de lo creado.<\/p>\n<p>Al hablar de historia nos referimos a un conjunto de acontecimientos y relaciones, al relato de lo pasado y a la prospectiva de lo por venir, a la posibilidad y al l\u00ed\u00admite de la libertad. La historia tambi\u00e9n tiene un sentido y un destino por descubrir y asumir.<\/p>\n<p>El compromiso cristiano tiene en cuenta el sentido inmanente y trascendente del mundo y de la historia. La historia de la salvaci\u00f3n es la iniciativa salv\u00ed\u00adfica que Dios realiza en la historia humana.<\/p>\n<p>a) Presencia cristiana en la historia: el reino. El Reino es el proyecto<\/p>\n<p>del Padre propuesto y actuado por Jes\u00fas. El Reino implica un nuevo coraz\u00f3n, unas nuevas relaciones, un nuevo sentido de las realidades, una nueva prospectiva escatol\u00f3gica. El Reino se manifiesta en la comuni\u00f3n de los hijos y hermanos, y en la solidaridad de estos con los pobres y perdidos1. El Reino es b\u00fasqueda y compromiso de la comunidad de Jes\u00fas entre los pobres. El compromiso cristiano se enmarca en la justicia del Reino: la fraternidad solidaria.<\/p>\n<p>El discernimiento de la presencia del Reino pasa por la liberaci\u00f3n de los pobres. Todo compromiso cristiano hace referencia al Reino2.<\/p>\n<p>b) Educar a la presencia y a la encarnaci\u00f3n. Jes\u00fas es la presencia significativa y diaconal del Padre entre los hombres. El puso su tienda entre nosotros. Asumi\u00f3 nuestra naturaleza y nuestra historia. El compromiso cristiano parte de la presencia y de la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas y es prolongaci\u00f3n de las mismas. La casa como fraternidad (\u00abVenid y ver\u00e9is\u00bb) y la calle como solidaridad (\u00abId y anunciad\u00bb) son la tarea del disc\u00ed\u00adpulo. Como el siervo del banquete, enviado por el Se\u00f1or, transita de la casa a la calle.<\/p>\n<p>2. ESTRUCTURA DE UN PROCESO DE ENCARNACI\u00ed\u201cN3. Asumir un compromiso encarnado en la historia supone implicarse en los siguientes pasos: 1) An\u00e1lisis de la realidad. En el an\u00e1lisis de las estructuras, de las relaciones y de las conductas descubrimos intereses, ideolog\u00ed\u00adas, estados de opini\u00f3n, grupos dominantes, alianzas existentes, valores, actitudes, lenguaje y s\u00ed\u00admbolos, etc. Educar en el conocimiento de la realidad y en una lectura creyente de la misma es tarea fundamental para iniciar al compromiso. 2) Concienciaci\u00f3n. El compromiso requiere la toma de conciencia de lo que realmente acontece, de las causas que lo originan, de la necesidad moral y social de actuar, de las opciones posibles a realizar. La concienciaci\u00f3n creyente brota de la relaci\u00f3n Palabra-historia. La realidad analizada y valorada, iluminada por la Palabra, ha de llevarse a la oraci\u00f3n personal y comunitaria. En la oraci\u00f3n y en la revisi\u00f3n de vida, la toma de conciencia deriva en actitudes y actuaciones comprometidas. 3) Identificaci\u00f3n. Jes\u00fas se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Ante la injusticia y el pecado es inaceptable la neutralidad personal y comunitaria. La identificaci\u00f3n supone renunciar a privilegios, socializar los bienes, popularizar la cultura, universalizar las relaciones, cooperar en la transformaci\u00f3n de las estructuras, orientar adecuadamente las opciones personales&#8230; La referencia a Jes\u00fas debe guiar todo el proceso educativo de identificaci\u00f3n. 4) Profec\u00ed\u00ada cristiana. La experiencia de la identificaci\u00f3n aporta capacidad para vivir y testificar la profec\u00ed\u00ada cristiana. La profec\u00ed\u00ada es denuncia ante un sistema que produce desinteriorizaci\u00f3n e insolidaridad. La profec\u00ed\u00ada cristiana es un signo antes que una cr\u00ed\u00adtica, una propuesta y no s\u00f3lo una denuncia. La profec\u00ed\u00ada exige la coherencia del testimonio personal. Es importante educar a vincular la Palabra a los gestos. 5) Solidaridad liberadora. El compromiso cristiano se traduce en solidaridad liberadora. Desde la familia, el trabajo, la comunidad eclesial y c\u00ed\u00advica, cada uno va descubriendo \u00e1mbitos y solicitudes para implicarse en acciones solidarias, especialmente en proyectos sociales. Educar a la solidaridad requiere ayudar a descubrir los caminos samaritanos donde se aprende a ser pr\u00f3jimo. Desde la praxis de la solidaridad debemos ir descubriendo las implicaciones culturales, sociales y pol\u00ed\u00adticas en que se enmarca el compromiso por la justicia.<\/p>\n<p>II. Compromiso desde las exigencias del amor cristiano<br \/>\na) La fe como adhesi\u00f3n vital a un proceso globalizante. El cristiano es una persona cuya existencia est\u00e1 vivificada por el acontecimiento y la persona de Jes\u00fas.<br \/>\nEl proyecto de vida cristiana se enra\u00ed\u00adza y se educa en la adhesi\u00f3n y seguimiento de Jes\u00fas, en la vivencia celebrativa de su acontecimiento salvador, en la \u00e9tica de un amor nuevo y en la pertenencia a la comunidad de los hijos y hermanos solidarios. Toda la vida queda implicada y comprometida por la vivencia de la fe4.<\/p>\n<p>b) El seguimiento de Jes\u00fas como compromiso. Seguir a Jes\u00fas y entrar en el Reino supone asumir nuestra condici\u00f3n de hijos y hermanos, siervos del proyecto del Padre, que es recuperar a los hijos perdidos. Nuestra condici\u00f3n de seguidores nos hace asumir la pobreza evang\u00e9lica como buenaventura, la oraci\u00f3n como tarea permanente, el servicio como distintivo. Educar, pues, al compromiso requiere recorrer los caminos del Reino: la purificaci\u00f3n de Damasco, la solidaridad de Jeric\u00f3, la experiencia de Ema\u00fas, etc. Desde estos caminos ser\u00e1 preciso ir haciendo, en la realidad concreta, proyecto de vida5.<\/p>\n<p>c) Las dimensiones del amor cristiano. El compromiso cristiano es la respuesta al mandamiento nuevo: \u00abAmaos unos a otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15,12). Hemos de recuperar las dimensiones del amor cristiano. La forma de amar de Jes\u00fas y las necesidades y situaciones de los hombres son las coordenadas desde las que recuperar la naturaleza y la amplitud del amor cristiano.<br \/>\nDesde Jes\u00fas, el amor cristiano debe recuperar la referencia al amor del Padre y al proyecto del Padre sobre los hombres. De aqu\u00ed\u00ad surge la gratuidad y la entrega hasta dar la vida.<\/p>\n<p>Desde las necesidades y situaciones de los hombres, el amor cristiano ha de ser universal (a todos los hombres, sin exclusiones), total (a todo lo que constituye una persona, sin reduccionismos), hist\u00f3rico (a partir de las necesidades y situaciones m\u00e1s condicionantes), trascendente (desde la visi\u00f3n cristiana sobre la dignidad y el destino del hombre).<\/p>\n<p>Ser\u00e1 preciso, al mismo tiempo, extender las exigencias del amor a las dimensiones antropol\u00f3gicas del hombre: al ser individual, a las relaciones que lo constituyen como sujeto, a las estructuras que enmarcan su existencia, al sistema que mantiene unas determinadas estructuras. Desde aqu\u00ed\u00ad, el amor adquiere dimensiones interpersonales, comunitarias, sociales y pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>La solidaridad y el servicio son el criterio de la justicia cristiana (Mt 25,31-46). Acercarse y compartir ser\u00e1n siempre los criterios de todo compromiso cristiano.<\/p>\n<p>d) Opciones educativas. El compromiso se enra\u00ed\u00adza en la renovaci\u00f3n del propio coraz\u00f3n. La sinceridad y la recuperaci\u00f3n de la conciencia es fundamental en la educaci\u00f3n al compromiso.<\/p>\n<p>Es necesario descubrirse implicado (c\u00f3mplice, ausente, inconsciente o comprometido) en el propio contexto social, asumiendo los adecuados an\u00e1lisis y discernimientos. Hemos de favorecer experiencias profundas de solidaridad, interioriz\u00e1ndolas adecuadamente en comunidad. Un proyecto de vida comprometida ha de estructurarse, en primer lugar, a partir de los elementos que aglutinan la vida: familia, trabajo o estudio, relaciones, etc. Desde aqu\u00ed\u00ad ha de instaurarse un proceso de socializaci\u00f3n y corresponsabilidad. En todo ello es fundamental la proyecci\u00f3n comunitaria de la persona6.<\/p>\n<p>III. Coordenadas del compromiso abierto a la adultez<br \/>\n1. EDUCAR EN LAS DIMENSIONES DE LA ADULTEZ. La pastoral de juventud encuentra especiales dificultades y retos a la hora de ofrecer, a los j\u00f3venes mayores, proyectos comunitarios y comprometidos en los que vivir la fe dentro de las coordenadas de la vida adulta. No pocos j\u00f3venes creyentes padecen una profunda distorsi\u00f3n entre la fe vivida y las solicitudes y los intereses adultos. Para muchos, la fe se convierte en una superestructura religiosa a\u00f1adida a su vida, y, frecuentemente, ajena a las instancias de su proyecto adulto. Por otra parte, \u00bfpor qu\u00e9 no pocos educadores entienden que, para que la fe globalice la vida de los j\u00f3venes, es preciso optar vocacionalmente por instituciones o tareas que configuran en s\u00ed\u00ad mismas un mundo alternativo?<br \/>\nEs necesario que la fe cristiana se viva como un proyecto que redime y salva la existencia hist\u00f3rica del hombre, dando sentido nuevo a las relaciones y a los compromisos. Las relaciones y los compromisos que constituyen la trama de un proyecto adulto son: la profesi\u00f3n y el trabajo, las relaciones afectivas y el estado de vida, y la inserci\u00f3n social.<\/p>\n<p>El compromiso debe hacer referencia primordial a estas necesidades, desde los valores, relaciones y ambientes correspondientes. Desde aqu\u00ed\u00ad se ir\u00e1n descubriendo implicaciones estructurales, sociales y pol\u00ed\u00adticas m\u00e1s amplias7.<\/p>\n<p>2. COMPROMISO EN DIVERSAS SITUACIONES. a) En la profesi\u00f3n y en el trabajo. El trabajo profesional condiciona psicol\u00f3gicamente porque enmarca la actividad, las relaciones y el contexto socioecon\u00f3mico de la persona. El trabajo, a su vez, est\u00e1 enmarcado en un contexto social y pol\u00ed\u00adtico. Hoy, adem\u00e1s, es escaso y precario.<\/p>\n<p>El trabajo profesional ha de ser vivido desde las diversas dimensiones: vocacional, social, econ\u00f3mica y estructural. Ciertamente ser\u00e1 preciso asumir, en el discernimiento, las contradicciones y la ambig\u00fcedad propias de lo posible y las urgencias econ\u00f3micas que tanto condicionan. A este respecto la relaci\u00f3n trabajo-familia ayuda a discernir.<\/p>\n<p>Para quienes puedan, ofrecer trabajo a otros ser\u00e1 uno de los compromisos m\u00e1s significativos de la solidaridad exigida en el juicio definitivo (Mt 25,31ss).<\/p>\n<p>b) Compromiso y estado de vida. Vivir la afectividad-sexualidad como veh\u00ed\u00adculo y expresi\u00f3n del amor es un compromiso ineludible para quien, desde el Se\u00f1or, quiere vivir con un coraz\u00f3n unificado y entregado. Educar y comprometer la propia afectividad supone vivirla y hacerla crecer en experiencias adultas de solidaridad, pertenencia, interioridad y comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El estado de vida es el compromiso fundamental en que enmarcamos nuestras relaciones afectivas. Matrimonio y celibato son dos estados de vida cristianos. El primero es sacramento del amor. El segundo es profec\u00ed\u00ada del amor definitivo manifestado en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Todo creyente se debe sentir comprometido a vivir una afectividad integrada: integrar las pulsiones en el amor y el amor en el proyecto vocacional de vida.<\/p>\n<p>El compromiso del amor matrimonial depende de la integraci\u00f3n de cada uno de los c\u00f3nyuges en un proyecto integrador compartido. La fe cristiana, desde la referencia a Jes\u00fas, hace que este amor sea sacramento del amor de Dios a los hombres. De este se alimenta y crece. La relaci\u00f3n fe-proyecto de vida es el fundamento de la sacramentalidad del matrimonio. Hacer del matrimonio un sacramento permanente y creciente es el compromiso fundamental de los esposos. Desde aqu\u00ed\u00ad adquiere dimensi\u00f3n y prospectiva la familia cristiana.<\/p>\n<p>El compromiso del celibato cristiano no consiste en la fidelidad a una renuncia, sino en la entrega a un amor referencial y de servicio al Reino. El celibato es una opci\u00f3n de pobreza y de diacon\u00ed\u00ada evang\u00e9licas, que han de ser educadas desde la experiencia de solidaridad por el amor universal a los m\u00e1s necesitados, desde la pertenencia comunitaria, desde la disponibilidad ministerial, desde la praxis de los caminos extramuros, desde la itinerancia espiritual.<\/p>\n<p>Educar e implicar la afectividad es un compromiso fundamental para todo cristiano. Ser\u00e1 preciso advertir que la integraci\u00f3n afectiva ha de ser consolidada por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. La oraci\u00f3n y la vida comunitaria son medios imprescindibles, junto al compromiso de la misericordia8.<\/p>\n<p>c) Inserci\u00f3n social. Las tentaciones del desierto (poseer, dominar, gozar como objetivos primordiales) son propias de la adultez. La sociedad f\u00e1cilmente tiende a configurar desde ellas el proyecto adulto. Por otra parte, debemos insertarnos en los ambientes, en las relaciones y en la participaci\u00f3n de la sociedad a la que pertenecemos. En el contexto social debemos aportar el testimonio, la acogida, el di\u00e1logo, la manifestaci\u00f3n de los valores propios. Hemos de evitar tanto intentar imponer nuestra identidad como camuflarla u ocultarla. El testimonio cristiano ha de ser interpelante, especialmente desde la significatividad comunitaria y samaritana.<br \/>\nEs preciso descubrir la inserci\u00f3n eclesial-comunitaria como interacci\u00f3n y equilibrio de la necesaria inserci\u00f3n social. Para ello las comunidades cristianas deben vivir abiertas a los problemas, instancias y solicitudes del entorno social9.<\/p>\n<p>d) Compromiso pol\u00ed\u00adtico. Es necesario implicarse tambi\u00e9n, desde las exigencias de la fe, en los problemas y en los \u00e1mbitos estructurales, sociales y pol\u00ed\u00adticos, para poder servir con eficacia, influir desde los valores evang\u00e9licos de la libertad y la justicia, procurar que realmente se sirva a los fines adecuados, defender los derechos de los m\u00e1s d\u00e9biles, efectuar con resonancia las instancias cr\u00ed\u00adticas, y trabajar por mejorar las mediaciones estructurales que traman las relaciones sociales.<\/p>\n<p>El proyecto cristiano va m\u00e1s all\u00e1 de un compromiso temporal concreto, pero lo comprende, en \u00e9l se encarna y en \u00e9l vive tambi\u00e9n su profec\u00ed\u00ada y su acontecimiento. Por tanto, el cristiano no debe considerarse neutral o ausente en este campo. El Reino exige trabajar intensamente por la creaci\u00f3n del hombre nuevo. Para ello es preciso construir relaciones, estructuras y sistemas cada vez m\u00e1s adecuados en su ordenamiento y en sus valores.<\/p>\n<p>Defender la libertad de todos a partir de los oprimidos, procurar la justicia desde la igualdad de oportunidades, empe\u00f1arse en una m\u00e1s justa distribuci\u00f3n de bienes, promover el respeto de los derechos humanos, estimular un cambio m\u00e1s justo en las relaciones laborales, favorecer una educaci\u00f3n asequible y liberadora, proteger a las minor\u00ed\u00adas desfavorecidas, etc., supone insertarse pol\u00ed\u00adticamente en los \u00e1mbitos y en las relaciones donde todo esto sea factible.<\/p>\n<p>El absentismo, por principio, supone un falso an\u00e1lisis de la realidad, una concepci\u00f3n reduccionista y privatizada del proyecto cristiano, una ausencia de encarnaci\u00f3n y de pascua liberadoras y supone, eventualmente, una colaboraci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita con la injusticia dominante, en base a la defensa de intereses particulares.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica del compromiso no lleva necesariamente a la militancia permanente en los partidos pol\u00ed\u00adticos. La participaci\u00f3n en tantas otras instituciones sociales conlleva una acci\u00f3n de verdadera dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-social en la que se expresa el compromiso de tantos creyentes10.<\/p>\n<p>IV. Comunidad cristiana y educaci\u00f3n al compromiso<br \/>\n1. PRESUPUESTOS. El proyecto cristiano, propuesto por el evangelio, compromete de forma coherente en todas las dimensiones de la vida. El compromiso no es un aspecto de la vida cristiana. Es toda ella, vivida como amor y servicio al pr\u00f3jimo, en todas sus dimensiones, en respuesta al amor de Dios manifestado en Jes\u00fas. Los principales presupuestos para la educaci\u00f3n al compromiso son: 1) La comunidad cristiana como sujeto y \u00e1mbito de un proyecto cristiano comprometido. Una comunidad en la que la diacon\u00ed\u00ada sea el signo fundamental de la presencia de Jes\u00fas. Una comunidad en di\u00e1spora samaritana. Una comunidad que aprende la Palabra y celebra el Pan desde los caminos peregrinos. Una comunidad orante, abierta al Esp\u00ed\u00adritu desde la historia compartida con los pobres y desfavorecidos. Una comunidad en la que se practica el discernimiento espiritual. Una comunidad fraterna, solidaria y ministerial11; 2) Un proyecto de vida cristiana integrador que, partiendo de la diacon\u00ed\u00ada del amor cristiano, redescubra la Palabra y celebre el acontecimiento pascual, en comuni\u00f3n de fraternidad y de misi\u00f3n solidaria y evangelizadora; 3) Un proyecto pastoral catecumenal en que se eduque a los j\u00f3venes en los caminos del Reino, desde experiencias solidarias y actitudes evang\u00e9licas del seguimiento. Un proyecto catecumenal que mire hacia la adultez de la fe y que parta de la vida misma de la comunidad apadrinante. Un proyecto que evite reduccionismos espiritualistas, en los que el compromiso social se conciba como algo extr\u00ed\u00adnseco al dinamismo de la fe12.<\/p>\n<p>2. RETOS PARA LAS COMUNIDADES. Las comunidades cristianas han de ser \u00e1mbitos de educaci\u00f3n al compromiso. Para ello, en primer lugar, ellas mismas han de proyectarse como continuadoras de la diacon\u00ed\u00ada evang\u00e9lica. Esto implica asumir los retos de la renovaci\u00f3n: volver a la radicalidad del evangelio e informar toda actividad desde la dimensi\u00f3n evangelizadora. Ser\u00e1 preciso acrecentar la vivencia y el signo de la fraternidad, anteponiendo la relaci\u00f3n a la estructura, volviendo a los caminos evang\u00e9licos y relativizando las mediaciones para poder ser fermento y signo del Reino13. Especialmente las comunidades religiosas han de acentuar, sobre todo, su espec\u00ed\u00adfico compromiso: la profec\u00ed\u00ada cristiana14.<\/p>\n<p>a) Educar desde un proyecto integrador. La educaci\u00f3n al compromiso cristiano supone un proceso de iniciaci\u00f3n cristiana en el que la relaci\u00f3n fe-vida crece din\u00e1micamente. En el proceso evangelizador, el compromiso fundamental a que se aspira es asumir una conversi\u00f3n inicial al Se\u00f1or, es decir, el compromiso de un coraz\u00f3n y de unas relaciones nuevas. En el proceso catecumenal, el seguimiento de Jes\u00fas deriva en un ajuste de la propia vida a las exigencias del Reino, desde las opciones expresadas en los sacramentos de iniciaci\u00f3n y desde la progresiva pertenencia a la comunidad cristiana. Todo ello se traduce en un creciente empe\u00f1o por construir fraternidad y solidaridad.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana, especialmente entre los j\u00f3venes, exige un proyecto pastoral de continuidad y de crecimiento, tanto en la l\u00ed\u00adnea comunitaria como en el compromiso. S\u00f3lo desde un proyecto adulto se podr\u00e1n consolidar vocaciones adultas.<\/p>\n<p>Las comunidades cristianas necesitan un proyecto de pastoral continuado de convocatoria evangelizadora, de iniciaci\u00f3n cristiana y de inserci\u00f3n eclesial y proyecci\u00f3n vocacional espec\u00ed\u00adfica15.<\/p>\n<p>b) Ofertas educativas. La Iglesia ha de presentar la multiplicidad de sus ofertas vocacionales. Cada comunidad cristiana ha de aportar, especialmente a los j\u00f3venes, oportunidades de experiencias de compromiso y discernimiento cristiano para orientar la vida, y ha de dar a conocer los movimientos y las comunidades o grupos donde poder acceder a una opci\u00f3n vocacional concreta, etc16. Uno de los compromisos fundamentales de las comunidades es el de la formaci\u00f3n de los matrimonios y de la familia17.<\/p>\n<p>Los cristianos adultos necesitan poder encontrar, en el seno de las comunidades, \u00e1mbitos de reflexi\u00f3n creyente sobre determinados aspectos del mundo de la cultura, de la profesi\u00f3n y del trabajo, etc.; renovarse en los valores, en las actitudes y opciones del evangelio y una educaci\u00f3n adecuada en la solidaridad y el compromiso18.<\/p>\n<p>V. Por los caminos samaritanos<br \/>\na) La diacon\u00ed\u00ada samaritana. \u00abEl hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido\u00bb (Lc 19,10; cf Mt 9,13). El compromiso cristiano ha de referirse a los signos de identidad de la misi\u00f3n de Jes\u00fas. La misericordia, como talante del coraz\u00f3n y como praxis del amor, es el signo de la proximidad cristiana. Jes\u00fas, en la par\u00e1bola del buen samaritano (Lc 10,25-37), nos describe las actitudes y la praxis de la diacon\u00ed\u00ada cristiana. Desde estas podremos discernir qui\u00e9n es nuestro pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La comunidad necesita hacerse pobre en sus intereses y proyecciones, y practicar la misericordia y la oraci\u00f3n, si opta por ser comunidad samaritana. En la diacon\u00ed\u00ada samaritana, la misericordia no es un simple sentimiento de compasi\u00f3n, sino una pasi\u00f3n hecha caminos nuevos, apuestas creativas, implicaciones solidarias hasta las \u00faltimas consecuencias. Todo ello, asumido desde la experiencia directa e inmediata de la necesidad del herido y despojado.<\/p>\n<p>El criterio del compromiso cristiano est\u00e1 en la proximidad solidaria. \u00bfQui\u00e9n fue pr\u00f3jimo del hombre ca\u00ed\u00addo en manos de los ladrones?<br \/>\nb) Educar en las actitudes y opciones samaritanas. Supone descubrir las situaciones de necesidad, aprender a asumirlas sin dar rodeos, acerc\u00e1ndose y contemplando de cerca para que las entra\u00f1as se muevan a compasi\u00f3n. Implica \u00abbajarse del propio burro\u00bb, vendar y curar, vinculando la propia vida al proceso de liberaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Esto nos llevar\u00e1 a enderezar nuestro camino, a solidarizarnos en la curaci\u00f3n del hermano, a implicar a otros en esta tarea comunitaria y social, a apostar con nuevos medios. Educar al compromiso cristiano requiere descubrir y recorrer los caminos samaritanos en el entorno social en que vive la comunidad y cada uno de los cristianos.<\/p>\n<p>El ejercicio de la revisi\u00f3n de vida (ver, juzgar y actuar) debe ayudar a realizar el recorrido samaritano. A trav\u00e9s de este camino de proximidad misericordioso, descubriremos el verdadero rostro de Dios. La diacon\u00ed\u00ada samaritana es la verdadera proped\u00e9utica de la fe.<\/p>\n<p>c) La solidaridad samaritana interpela. La solidaridad samaritana interpela al mundo de la cultura y del trabajo19. La diacon\u00ed\u00ada samaritana encuentra tambi\u00e9n una expresi\u00f3n muy determinante en los servicios sociales. El trabajo social fomenta el bienestar de las personas y mira primariamente a los m\u00e1s desfavorecidos. Esto supone emplear mayores esfuerzos y recursos al servicio de los que menos posibilidades tienen.<\/p>\n<p>El trabajo social se entiende como trabajo comunitario. Promueve servicios de car\u00e1cter global y polivalente, y su finalidad es la atenci\u00f3n a los problemas de la comunidad residente en la zona. Esto supone informaci\u00f3n, promoci\u00f3n y orientaci\u00f3n de recursos, coordinaci\u00f3n de actividades y desarrollo de programas espec\u00ed\u00adficos. Este trabajo est\u00e1 especialmente orientado hacia los adolescentes y j\u00f3venes marginados, hacia minor\u00ed\u00adas \u00e9tnicas desprotegidas, hacia enfermos marginales, ancianos en soledad, parados, drogodependientes, etc. En el trabajo social los cristianos estamos solicitados a vivir y ejercer la interpelaci\u00f3n samaritana20. S\u00f3lo quien pone su tienda entre los necesitados podr\u00e1 convocar a otros a compartir el compromiso solidario, cit\u00e1ndolos al \u00abcuida de \u00e9l&#8230;\u00bb (Lc 10,35).<\/p>\n<p>d) Compromiso por los pueblos desfavorecidos. El compromiso cristiano se abre a un peregrinaje m\u00e1s universal: all\u00e1 donde nos citan pueblos e iglesias especialmente necesitadas. Con ellos encontramos tambi\u00e9n nosotros nueva salvaci\u00f3n al compartir juntos el don recibido.<\/p>\n<p>La presencia y el servicio en los pa\u00ed\u00adses desfavorecidos es un compromiso misionero de promoci\u00f3n y evangelizaci\u00f3n al que debemos ser educados y educar, especialmente a las generaciones j\u00f3venes. Pastoral y misi\u00f3n son dos dimensiones de la tarea educativa que mutuamente se complementan y potencian.<\/p>\n<p>Los patrones del desarrollo, en los pa\u00ed\u00adses pobres, son totalmente injustos, tanto en t\u00e9rminos de distribuci\u00f3n como en materia de recursos. El objetivo \u00faltimo no puede seguir siendo el desarrollo econ\u00f3mico de los pa\u00ed\u00adses ricos, sino un desarrollo compartido, orientado a la promoci\u00f3n del hombre como centro. Es preciso recuperar el verdadero concepto de desarrollo integral humano, e implicar en ello a quienes a nivel cultural, social y pol\u00ed\u00adtico puedan influir en decisiones y programas que promuevan la redistribuci\u00f3n de bienes y la racionalizaci\u00f3n de los mismos. Todo ello supone un proceso de pol\u00ed\u00adticas econ\u00f3micas, fiscales, comerciales, energ\u00e9ticas, agr\u00ed\u00adcolas e industriales cara a un desarrollo sostenible21.<\/p>\n<p>Por otra parte, las gentes sencillas de estos pueblos son instrumentos divinos para enganchar el coraz\u00f3n, recuperar la conciencia, adquirir palabra nueva, relaciones gratuitas, valoraci\u00f3n de lo elemental y de lo sencillo. Nos comprometen convirti\u00e9ndonos.<\/p>\n<p>VI. Compromiso, interioridad y celebraci\u00f3n<br \/>\n1. COMPROMISO Y APERTURA AL ESP\u00ed\u008dRITU. El cristiano reconoce que el Esp\u00ed\u00adritu es el fuego, la fuerza y el impulso que promueve en la Iglesia la fidelidad din\u00e1mica a la misi\u00f3n de Jes\u00fas. El amor del Padre y del Hijo es la fuente de todo amor cristiano; es el manantial del compromiso. Por esto, la apertura permanente al Esp\u00ed\u00adritu es actitud y tarea primordiales. El Esp\u00ed\u00adritu educa al compromiso: 1) Nos lleva al desierto para discernir desde la tentaci\u00f3n. La educaci\u00f3n al compromiso pasa por la experiencia de la propia debilidad, por el discernimiento de los valores desde la Palabra, por la opci\u00f3n radical que orienta la vida; 2) Nos educa desde la experiencia de la comuni\u00f3n y de la diacon\u00ed\u00ada. Los hermanos de la comunidad configuran el proyecto espiritual. La opci\u00f3n por los pobres ajusta espiritualmente relaciones y posesiones. El Esp\u00ed\u00adritu potencia y especifica as\u00ed\u00ad la pertenencia del coraz\u00f3n bienaventurado; 3) Vincula la praxis del compromiso a la experiencia de libertad interior. El compromiso, alimentado por la apertura al Esp\u00ed\u00adritu, libera el coraz\u00f3n de falsas pretensiones, de condiciones e intereses, de inmediatismos y eficacias aparentes, de toda vanidad y competencia. El Esp\u00ed\u00adritu acrecienta la gratuidad, consolida la paciencia, potencia el aguante activo. Desde aqu\u00ed\u00ad es garante de la libertad interior.<\/p>\n<p>2. COMPROMISO Y ORACI\u00ed\u201cN, FORMACI\u00ed\u201cN, DISCERNIMIENTO Y CELEBRACI\u00ed\u201cN. a) La oraci\u00f3n es compromiso. El compromiso requiere experiencia interior: tener los sentimientos de Jes\u00fas, trabajar en referencia a su Reino, discernir la realidad y la actividad desde la Palabra. Todo esto es don del Esp\u00ed\u00adritu. Necesitamos desearlo, buscarlo y pedirlo. A esto se le llama oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es, en s\u00ed\u00ad misma, fundamental compromiso para el seguidor de Jes\u00fas; nos devuelve a nuestra radical condici\u00f3n de buscadores de la voluntad del Padre, que es el Reino para los hijos perdidos. En la oraci\u00f3n asumimos el compromiso de entregamos a los hermanos perdidos. En el padrenuestro, oraci\u00f3n de Jes\u00fas, el clamor por el Reino est\u00e1 vinculado al pan de cada d\u00ed\u00ada, al perd\u00f3n solidario, a la libertad verdadera.<\/p>\n<p>El hombre comprometido deber\u00e1 recuperar la meditaci\u00f3n de la Palabra en referencia al coraz\u00f3n y a la historia. La actividad nos desgasta: necesitamos tambi\u00e9n tiempos de contemplaci\u00f3n, de silencio, de mirada amorosa para recuperar el rostro de Dios, la compasi\u00f3n y la esperanza que es certeza en el Se\u00f1or22.<\/p>\n<p>b) La formaci\u00f3n, tarea fundamental. La formaci\u00f3n es fundamental en la evoluci\u00f3n del compromiso de las personas y de las comunidades. Desde las exigencias de la adultez, desde las situaciones y problemas de la realidad que asumimos, desde la evoluci\u00f3n de la propia persona, desde las solicitudes efectivas, familiares, profesionales, ministeriales, etc., necesitamos adecuar nuestras responsabilidades y nuestras tareas.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n teol\u00f3gica y la social son dos pilares en los que apoyar la educaci\u00f3n al compromiso cristiano. Palabra-historia son realidades a conocer, valorar y relacionar desde el coraz\u00f3n y desde la praxis. Por ello, la comunidad cristiana ha de procurar una adecuada formaci\u00f3n para sus miembros. Hemos de asumir con convencimiento pleno que el tiempo dedicado a la formaci\u00f3n es tiempo de compromiso y de servicio23.<\/p>\n<p>c) El discernimiento espiritual en el compromiso. En la educaci\u00f3n al compromiso cristiano no basta analizar la realidad para deducir de ella las exigencias de una respuesta cristiana. Es necesario un discernimiento espiritual personal y comunitario para percibir y asumir las instancias del Esp\u00ed\u00adritu, las actitudes evang\u00e9licas, los criterios y valores ineludibles, etc.<br \/>\nLa Palabra es mediaci\u00f3n fundamental en el discernimiento cara al compromiso. La experiencia y el testimonio de la comunidad ayuda a iniciar en los criterios de discernimiento de la propia conciencia y de la actividad. El discernimiento descubre las dimensiones de la eficacia cristiana, de la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, de la gratuidad en el amor, de la fidelidad a lo peque\u00f1o, de la grandeza del servicio, etc. El acompa\u00f1amiento espiritual es uno de los medios m\u00e1s adecuados para vivir en permanente discernimiento espiritual.<\/p>\n<p>d) Celebraci\u00f3n de la fe y compromiso. La comunidad revive en la liturgia el acontecimiento de Jes\u00fas. Este acontecimiento se hace real y eficaz en nuestra historia hoy, aqu\u00ed\u00ad y ahora. Toda nuestra vida queda inserta en el acontecimiento de Jes\u00fas. Desde la encarnaci\u00f3n, la profec\u00ed\u00ada y la pascua del Se\u00f1or, estamos estimulados al compromiso cristiano.<\/p>\n<p>Necesitamos educar al compromiso cristiano desde la vivencia de la liturgia. A trav\u00e9s del a\u00f1o lit\u00fargico, el creyente va renovando su existencia, incorpor\u00e1ndose al acontecimiento del Se\u00f1or progresivamente, desde las instancias y solicitudes de su propia vida. Especialmente en la eucarist\u00ed\u00ada asumimos el compromiso de la comuni\u00f3n y del servicio, mientras en la reconciliaci\u00f3n sacramental somos convertidos a la coherencia del amor. La celebraci\u00f3n lit\u00fargica ha de ser escuela de compromiso cristiano24.<\/p>\n<p>VII. El compromiso evangelizador<br \/>\nSer portadores del evangelio es encomienda que todos los cristianos recibimos del Se\u00f1or Jes\u00fas. Testificar y anunciar la buena noticia es el compromiso espec\u00ed\u00adfico que asumimos en el seguimiento de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La buena noticia necesita signos que la verifiquen. Estas son condiciones de toda evangelizaci\u00f3n: una comunidad fraterna y solidaria que transmite lo que vive, una presencia de proximidad y cercan\u00ed\u00ada abierta al di\u00e1logo y al servicio, el testimonio de la unidad y del amor entre los creyentes. El principal compromiso evangelizador de un cristiano consiste en construir y potenciar su comunidad como fraternidad solidaria.<\/p>\n<p>1. QUE SUPONE EVANGELIZAR. La evangelizaci\u00f3n supone objetivos precisos y progresivos que implican a las comunidades: 1) La presencia significativa de la comunidad dentro de un entorno social concreto. Las formas de encarnaci\u00f3n, de solidaridad, de relaciones, etc., hacen significativa u opaca la vida y el proyecto de una comunidad. Es preciso tener en cuenta que la significaci\u00f3n depende tambi\u00e9n de la capacidad de comprensi\u00f3n de los destinatarios. 2) Crear interrogantes m\u00e1s profundos es objetivo de todo testimonio evangelizador. Es preciso crear preguntas antes de ofrecer respuestas. Para crear inter\u00e9s, ser\u00e1 necesario vivir insertos en la misma historia y merecer llegar a ser interlocutores libremente elegidos25. 3) Compartir solicitudes comunes. Desde la pregunta podemos progresar en un camino com\u00fan. Desde el com\u00fan compartir se acrecienta el testimonio, se aprecia la fraternidad gratuita, se percibe mejor la acci\u00f3n de Dios en los semejantes, se siente cada uno interpelado a una experiencia nueva. 4) Proponer experiencias mayores que respondan a las instancias del coraz\u00f3n. Desde la experiencia vivida y reflexionada se crea nueva conciencia. Desde esta adquiere nueva dimensi\u00f3n la palabra y la realidad. Donde no hay experiencia de cambio no hay evangelizaci\u00f3n, aunque haya adoctrinamiento. Experiencias mayores de interioridad, de comunidad, de solidaridad son las que provocan la necesidad de apertura. 5) Invitar al \u00abven y ver\u00e1s\u00bb. El encuentro con Jes\u00fas se enmarca en su casa. \u00abMaestro, \u00bfd\u00f3nde vives?\u00bb (Jn 1,38). La comunidad cristiana es el \u00e1mbito del encuentro. La unidad y el amor fraterno son los signos de la presencia del Resucitado. Las llagas de su costado y de sus manos son los signos de su identidad. Una comunidad, por tanto, en la que se puedan tocar las llagas del Se\u00f1or. Comunidad orante, comunicante, celebrante y ministerial. En su seno, el proceso catecumenal lleva a los iniciados a asumir la fe como compromiso integrador. 6) Comprometer en el \u00abid y anunciad\u00bb (cf Mt 28,19). El evangelizado se convierte en evangelizador. Compartir lo que se ha encontrado y repartir lo que se ha recibido&#8230; es tarea de todo compromiso evangelizador. Ser sal y no ocultar la luz (Mt 5,13-17) es deber y criterio para el disc\u00ed\u00adpulo.<\/p>\n<p>2. EL TESTIMONIO Y EL ANUNCIO EVANGELIZADOR. El testigo es un puente: debe unir las dos orillas. Fidelidad al evangelio y solidaridad con los hombres. \u00bfQu\u00e9 buscan realmente los hombres? \u00bfQu\u00e9 necesitan? \u00bfQu\u00e9 les ofrece la comunidad?<br \/>\nEl testigo est\u00e1 realmente comprometido cuando con su vida es capaz de crear instancias, interrogantes e inquietudes que llevan a Jes\u00fas. Para ello, es preciso que, a trav\u00e9s de las relaciones y de la solidaridad, seamos capaces de abrir la veta de lo trascendente: ir m\u00e1s all\u00e1 de lo inmediato, entrar en el di\u00e1logo del coraz\u00f3n, asumir el reto del propio destino, sentirse necesitado de salvaci\u00f3n, percibir en el otro una experiencia nueva a compartir. El testigo hace referencia a la comunidad. En esta se verifica todo testimonio cristiano.<\/p>\n<p>La propuesta impl\u00ed\u00adcita del testimonio ha de explicitarse en el anuncio. Ciertamente el anuncio primero es el del testimonio de la vida personal y comunitaria. Pero en la transmisi\u00f3n compartida, la palabra y los signos son medios imprescindibles de comunicaci\u00f3n y de referencia de la experiencia com\u00fan. Es compromiso de la comunidad profesar su fe en el Se\u00f1or Jes\u00fas y confesar su identidad ante los hombres. El anuncio es profesi\u00f3n y confesi\u00f3n del Amor encontrado y, al mismo tiempo, convocatoria e invitaci\u00f3n a compartirlo.<\/p>\n<p>En el evangelio, el anuncio y la propuesta expl\u00ed\u00adcita se realizan a trav\u00e9s de m\u00faltiples mediaciones y caminos: el desconcierto de Saulo en el camino de Damasco, la sed y el agua samaritanos, el \u00e1rbol de Zaqueo, la Palabra en el camino de Ema\u00fas, la impotencia de los enfermos, la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, etc. Toda realidad humana es vivida por Jes\u00fas como par\u00e1bola para el anuncio de la buena nueva de su Padre.<\/p>\n<p>Descubrir la realidad como invitaci\u00f3n a la propuesta del Reino es la fuente del anuncio evangelizador. Hemos de iniciar a ello.<\/p>\n<p>a) El mundo de los j\u00f3venes. La tarea evangelizadora entre los j\u00f3venes necesita hoy especial dedicaci\u00f3n y creatividad. Tanto los j\u00f3venes alejados bienestantes, como los adolescentes y j\u00f3venes desfavorecidos socialmente, presentan retos ineludibles. La presencia eclesial en su mundo necesita agentes pastorales especialmente comprometidos y comunidades significativas, capaces de crear relaciones y actividades de solidaridad y promoci\u00f3n.<br \/>\nPara ello, los j\u00f3venes creyentes deben asumir el compromiso de ser testigos, portadores de un proyecto de vida interesante, abierto a la solidaridad y al di\u00e1logo. Ser\u00e1 preciso entender que la pastoral de juventud necesita apuestas nuevas y ofertas comprometedoras, especialmente para los j\u00f3venes mayores26.<\/p>\n<p>b) El compromiso del catequista. Uno de los compromisos m\u00e1s profundamente eclesiales es el de catequista, cualquiera que sea el nivel en que se ejerce su ministerio. El catequista es un enviado por la comunidad a transmitir la experiencia de fe de la comunidad. Desde esta funci\u00f3n transmisora, el catequista es testigo y educador. Su compromiso comporta fidelidad a la vivencia de la fe y competencia y entrega en su misi\u00f3n educadora.<\/p>\n<p>El catequista, por consiguiente, asume como compromiso su preparaci\u00f3n y su dedicaci\u00f3n a este servicio tan fundamental de la comunidad cristiana. Los padres cristianos se consideran a s\u00ed\u00ad mismos como catequistas de la fe de sus hijos, en vinculaci\u00f3n a la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>VIII. Compromiso y vocaciones espec\u00ed\u00adficas<br \/>\na) Enraizar la opci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica en el compromiso cristiano. Entendemos por vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica aquella forma carism\u00e1tica e institucionalizada de vivir la vocaci\u00f3n cristiana. Esta forma peculiar o espec\u00ed\u00adfica suele manifestarse en la manera de vivir la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n eclesiales, mediante relaciones y actividades que configuran la propia vida.<\/p>\n<p>El seguimiento a Jes\u00fas se concreta en la vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de cada creyente. Todos somos llamados a vivir la fe como vocaci\u00f3n, en base a los dones del Esp\u00ed\u00adritu y a las concreciones objetivas. Sea en el matrimonio cristiano, en la vida comunitaria institucionalizada o en el ministerio presbiteral, etc., cada creyente accede a una vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Tomamos en consideraci\u00f3n dos aspectos: s\u00f3lo desde el compromiso creciente se accede a la valoraci\u00f3n y a la opci\u00f3n por una vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica; la vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica se convierte en el compromiso global de la persona.<\/p>\n<p>b) Importancia de las dimensiones antropol\u00f3gicas. En la educaci\u00f3n al compromiso vocacional espec\u00ed\u00adfico, se requieren determinadas condiciones: 1) Un proceso adecuado en un contexto adecuado. El proceso debe respetar las posibilidades y exigencias de las condiciones personales. Al mismo tiempo, el proceso debe ser fiel a la jerarqu\u00ed\u00ada de los valores y de las opciones. Todo esto supone que la persona crezca en su propio y adecuado contexto afectivo, tanto relacional como operativo. 2) Primac\u00ed\u00ada de la experiencia. Debemos ofrecer e invitar a experiencias capaces de suscitar adhesi\u00f3n a los valores vocacionales. Primac\u00ed\u00ada de la adhesi\u00f3n a los valores antes que a las instituciones. Desde la experiencia se podr\u00e1 educar a la pertenencia. 3) Fomentar el crecimiento afectivo. El crecimiento afectivo-relacional es una realidad que condicionar\u00e1 posteriores adhesiones y opciones. El coraz\u00f3n ha de ser m\u00e1s un motor que un obst\u00e1culo. As\u00ed\u00ad ha de ser educado y orientado, tanto cara al matrimonio como cara al celibato.<br \/>\nc) Educar desde un proceso espec\u00ed\u00adfico. La pastoral vocacional es, para toda comunidad, un compromiso inherente a su propia naturaleza y existencia. Quien vive coherentemente como convocado, act\u00faa generosamente como convocante. Cada comunidad se ofrece en la Iglesia como una oferta abierta a los dem\u00e1s. La pastoral vocacional es compromiso de la comunidad cristiana. Por ello, desde su propia vida, proyecta un proceso formativo coherente a su propio carisma.<br \/>\nLas instancias principales, que han de inspirar todo proyecto que eduque al compromiso de una vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, han de tener en cuenta, en primer lugar, el descubrimiento y la vivencia de los valores que especifican esa vocaci\u00f3n. Esto ser\u00e1 posible si progresivamente incorporamos a los convocados a la experiencia de comuni\u00f3n y de servicio de la comunidad. No basta una valoraci\u00f3n te\u00f3rica, es preciso que surja el inter\u00e9s y la atracci\u00f3n. A este respecto es imprescindible el compromiso rec\u00ed\u00adproco del acompa\u00f1amiento personal y del discernimiento comunitario.<\/p>\n<p>d) Inserci\u00f3n y pertenencia comunitaria. La vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica se objetiviza cuando se concreta en una opci\u00f3n con otros y para otros. Estas dimensiones de comuni\u00f3n (con otros) y de misi\u00f3n (para otros) se realizan en la inserci\u00f3n comunitaria institucional (matrimonio, comunidad institucionalizada, ministerio ordenado).<br \/>\nLa pertenencia comunitaria es un factor vocacional que ha de ser vivido como soporte y compromiso de fidelidad. La ingenuidad de minusvalorar los aspectos de la pertenencia han provocado frecuentes fracasos vocacionales.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n a la pertenencia ha de enraizarse en una adecuada comprensi\u00f3n teol\u00f3gica que ayude, eclesiol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gicamente, a descubrir el don de la comuni\u00f3n cristiana eclesial. La pertenencia es un don antes que una elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>e) La definitividad del compromiso vocacional. La definitividad es una opci\u00f3n amorosa del coraz\u00f3n. La definitividad no nace de la actividad, sino de la relaci\u00f3n. La vocaci\u00f3n es una llamada de Dios din\u00e1mica, creciente y transformante que Dios nos hace, desde el seguimiento a Jes\u00fas, por medio de los dones de su Esp\u00ed\u00adritu. La definitividad de la respuesta vocacional depende de la apertura creciente a la llamada mediante el discernimiento de los caminos del Esp\u00ed\u00adritu. S\u00f3lo el discernimiento espiritual y la oraci\u00f3n nos ayudan a descubrir, como mediaciones de la llamada, los que nos pudieran parecer obst\u00e1culos. Al margen de la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, no es f\u00e1cil entender y asumir la definitividad de la pascua. S\u00f3lo desde esta se puede educar al compromiso definitivo en el Amor.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. G. GUTIERREZ, La opci\u00f3n preferencial por los pobres, Forum Deusto, en La religi\u00f3n en los albores del siglo XXI, Univ. Deusto, Bilbao 1994, 105-123. &#8211; 2 J. L. PEREZ \u00ed\u0081LVAREZ, Dios me dio hermanos, CCS, Madrid 1993, 94-98. &#8211; 3 COMUNIDADES ADSIS, El reto de los j\u00f3venes, Atenas, Madrid 1987, 132-146. &#8211; 4 J. L. PEREZ ALVAREZ, Juventud y compromiso de la fe, CCS, Madrid 1975, 43-45. &#8211; 5 J. A. ESTRADA D\u00ed\u008dAZ, La espiritualidad de los laicos, San Pablo, Madrid 19972, 298-301. &#8211; 6 J. L. PEREZ ALVAREZ, Iniciaci\u00f3n al compromiso en el catecumenado juvenil, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1985, 19-22. &#8211; 7 ID, Dios me dio hermanos, o.c., 243-253. &#8211; 8. Ib, 254-265. &#8211; 9. M. J. NAVARRO, Di\u00e1logo entre la fe cristiana y la sociedad moderna, Iglesia viva 139 (1989) 121-135. &#8211; 10 CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo, San Pablo, Madrid 19972, 43-46, 51-54. &#8211; 11. J. L. PEREZ \u00ed\u0081LVAREZ, Para que una comunidad sea significativa, Instituto de Vida Religiosa, Vitoria 1995, 5-75. &#8211; 12 CEAS, Juventud en la Iglesia, cristianos en el mundo, Edice, Madrid 1992, 112-120. &#8211; 13. L. MALDONADO, La comunidad cristiana, San Pablo, Madrid 1992, 112-129. -14 J. J. TAMAYO, Hacia la comunidad, Trotta, Madrid 1994, 90-102. &#8211; 15 J. L. PEREZ ALVAREZ, Dios me dio hermanos, o.c., 213-226. &#8211; 16 COMUNIDADES ADSIS, o.c., 241-243. &#8211; 17 A. VILLAREJO, El matrimonio y la familia en la \u00abFamiliaris consortio\u00bb, San Pablo, Madrid 1984, 214-256. &#8211; 18 J. M. MARDONES, El mundo religioso-cultural del cristianismo espa\u00f1ol actual, Iglesia viva 139 (1989) 33-52. -19 AMALORPAVADASS, Evangelizaci\u00f3n y cultura, Concilium 134 (1978) 80-86. &#8211; 20 R. ECHARREN, La Iglesia y la acci\u00f3n social, Iglesia viva 119 (1985) 454-464. -21 El abismo de la desigualdad. Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, Col. Cristianisme i Justicia 50 (1992). &#8211; 22. Y. RAGUIN, Caminos de contemplaci\u00f3n, Narcea, Madrid 1971, 33-34. &#8211; 23. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, O.C., 56-68. &#8211; 24 L. MALDONADO, o.c., 60-68. &#8211; 25 A. CA\u00ed\u2018IZARES, La evangelizaci\u00f3n hoy, &#8216;Marova, Madrid 1977, 127-132. &#8211; 26 COMUNIDADES ADSIS, O.C., 11-31.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Iniciaci\u00f3n al compromiso cristiano en el catecumenado juvenil, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1985; ALBERICH E., Catequesis y praxis eclesial, CCS, Madrid 1983; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Testigos del Dios vivo, Edice, Madrid 1985; Los cat\u00f3licos en la vida p\u00fablica, Edice, Madrid 1986; Anunciar a Jesucristo con obras y palabras, Edice, Madrid 1987; MOUNIER M., El afrontamiento cristiano, Estela, Barcelona 1968.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis P\u00e9rez \u00ed\u0081lvarez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: L Compromiso desde las exigencias de la historia: 1. Sentido del mundo y de la historia; 2. Estructura de un proceso de encarnaci\u00f3n. II. Compromiso desde las exigencias del amor cristiano. III. Coordenadas del compromiso abierto a la adultez: 1. Educar en las dimensiones de la adultez; 2. Compromiso en diversas situaciones. IV. Comunidad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/compromiso-orientaciones-pedagogicas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCOMPROMISO. 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