{"id":16985,"date":"2016-02-05T11:04:07","date_gmt":"2016-02-05T16:04:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-moral-orientaciones-pedagogicas\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:07","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:07","slug":"conciencia-moral-orientaciones-pedagogicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-moral-orientaciones-pedagogicas\/","title":{"rendered":"CONCIENCIA MORAL. ORIENTACIONES PEDAGOGICAS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica de la conciencia: 1. Perspectiva b\u00ed\u00adblica; 2. Profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica; 3. Cultura y filosof\u00ed\u00ada moderna. II. Exposici\u00f3n sistem\u00e1tica: 1. G\u00e9nesis y desarrollo de la conciencia moral; 2. Significado y naturaleza; 3. La conciencia, norma de moralidad. III. Formaci\u00f3n de la conciencia moral: 1. Educabilidad de la conciencia y responsabilidad de la persona; 2. Apertura a la verdad; 3. Discernimiento \u00e9tico; 4. Conciencia y sentido de pecado; 5. Acompa\u00f1amiento pastoral.<\/p>\n<p>Conciencia traduce el t\u00e9rmino griego syneidesis y el latino conscientia (cum-scientia), que evocan la idea de conocer con&#8217;. Significa, ya en su etimolog\u00ed\u00ada, la disposici\u00f3n de la persona para conocerse a s\u00ed\u00ad misma en confrontaci\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo. Es decir, la primera percepci\u00f3n de la conciencia es que nos hace conscientes de nuestro propio ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y profundo.<\/p>\n<p>Sin embargo, el concepto de conciencia no es simple ni sencillo, ni tampoco homog\u00e9neo o uniforme. Al contrario, ha estado sometido hist\u00f3ricamente a m\u00faltiples cambios, asumiendo una gama muy amplia de significados. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, apelando a la conciencia se quiere designar: conocimiento, juicio de valor, interioridad, responsabilidad personal, sentido del deber, escala de valores, sentimiento de culpabilidad, discernimiento moral, etc. Ante tal complejidad es imprescindible un an\u00e1lisis hist\u00f3rico que nos permita clarificar su naturaleza y significado. Desde esta visi\u00f3n hist\u00f3rica intentamos presentar una elaboraci\u00f3n sistem\u00e1tica y proponer algunas orientaciones para su formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica de la conciencia<br \/>\nLa noci\u00f3n de la conciencia moral ha evolucionado a lo largo de la historia. Ha sido decisivo el desarrollo del concepto en la tradici\u00f3n cristiana. Pero es importante tambi\u00e9n la aportaci\u00f3n que, especialmente desde la \u00e9poca moderna, ofrece la reflexi\u00f3n humana. En la imposibilidad de proponer un an\u00e1lisis amplio y completo, se\u00f1alamos solamente algunas etapas de esta evoluci\u00f3n, fij\u00e1ndonos en los momentos y autores m\u00e1s representativos.<\/p>\n<p>1. PERSPECTIVA B\u00ed\u008dBLICA. Ni en el Antiguo Testamento ni en los evangelios se encuentra el t\u00e9rmino conciencia; en cambio, san Pablo, tom\u00e1ndolo del helenismo, lo utiliza con frecuencia. Pero, si est\u00e1 ausente el t\u00e9rmino, no lo est\u00e1 la reflexi\u00f3n en torno a lo que la conciencia significa.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento emplea, sobre todo, la categor\u00ed\u00ada del coraz\u00f3n para expresar lo que m\u00e1s tarde la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica llamar\u00ed\u00ada conciencia moral. El t\u00e9rmino es muy frecuente en los escritos veterotestamentarios, utiliz\u00e1ndose m\u00e1s que en su sentido propio de \u00f3rgano vital, en un sentido figurado, como asiento de la vida f\u00ed\u00adsica y ps\u00ed\u00adquica, volitiva e intelectual, y tambi\u00e9n de la vida moral y religiosa. Es, pues, la sede de sentimientos diversos y, en este sentido, representa la interioridad de la persona. M\u00e1s que a las distintas funciones, designa al hombre en su totalidad; es el centro de su vida interior.<\/p>\n<p>Llamado a la alianza, el hombre b\u00ed\u00adblico encuentra la ra\u00ed\u00adz de su responsabilidad en la palabra de Dios, que penetra en el coraz\u00f3n y le hace capaz para discernir el bien del mal. De este encuentro con la palabra brota la exigencia moral. El coraz\u00f3n es precisamente esa interioridad constitutiva del hombre, donde llega la palabra y se hace juicio. Es, pues, el \u00e1mbito de la valoraci\u00f3n y de la decisi\u00f3n moral, de la falta y del endurecimiento, pero tambi\u00e9n de la conversi\u00f3n y del amor de Dios. Los evangelios prolongan esta ense\u00f1anza y culminan el proceso de interiorizaci\u00f3n. Habr\u00ed\u00ada que pensar en todos aquellos pasajes en los que el coraz\u00f3n aparece como la sede de la pureza, de la justicia, del bien o del mal del hombre. Con insistencia, Jes\u00fas se refiere al coraz\u00f3n: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que todo lo que entra por la boca va al vientre y termina en el retrete? Pero lo que sale de la boca procede del coraz\u00f3n, y eso es lo que mancha al hombre. Porque del coraz\u00f3n provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, blasfemias. Eso es lo que mancha al hombre\u00bb (Mt 15,17-20). Para \u00e9l, el valor moral no est\u00e1 tanto en el acto o en el gesto externo, cuanto en el coraz\u00f3n que lo inspira y del que brota. Es el coraz\u00f3n la ra\u00ed\u00adz que determina el valor moral; los actos son los frutos que lo manifiestan (Mt 12, 3335).<\/p>\n<p>San Pablo recoge la ense\u00f1anza evang\u00e9lica y la traduce al contexto de las categor\u00ed\u00adas culturales populares del mundo helenista, de las que toma el t\u00e9rmino conciencia para introducirlo en el vocabulario cristiano. Aunque no lo define ni explica en ninguno de los pasajes en que aparece, su utilizaci\u00f3n resulta familiar a sus oyentes y lectores.<\/p>\n<p>Los textos m\u00e1s significativos son los que abordan el problema suscitado por la comida inmolada a los \u00ed\u00addolos (1 Cor 8 y Rom 14). Se trata de un problema pr\u00e1ctico, presente en las primeras comunidades y causa de divisi\u00f3n entre los creyentes. Pablo comienza haciendo ver la insuficiencia del conocimiento y afirmando que es indispensable el amor, para defender enseguida el valor de la conciencia, la necesidad de seguir su dictamen y el deber de respetar la conciencia ajena, aun cuando est\u00e9 equivocada. A ella corresponde el juicio \u00faltimo sobre la acci\u00f3n concreta, independientemente de que uno sea d\u00e9bil o fuerte.<\/p>\n<p>Es importante resaltar, en el pensamiento paulino, la relaci\u00f3n entre conciencia y caridad (1Cor 8). Aun siendo necesarios el conocimiento y la libertad, es preciso que estas dimensiones humanas est\u00e9n impregnadas y act\u00faen seg\u00fan la caridad. Pero adem\u00e1s, san Pablo destaca tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre la conciencia y la fe (Rom 14). En virtud de la fe, la conciencia es voz del nuevo ser en Cristo, de la nueva existencia del bautizado.<\/p>\n<p>Esta misma perspectiva se encuentra tambi\u00e9n en otros textos de las cartas paulinas. Para Pablo, la conciencia es patrimonio de todos los hombres; y en cada uno es el testigo que acusa o defiende (Rom 2,14-15). Es posible, pues, apelar a la propia conciencia para proponer la verdad (2Cor 4,2). Y es necesario vigilar para conservarla limpia e incontaminada (Tit 1,15; ITim 3,9). Porque la conciencia expresa la interioridad del hombre y proyecta el conjunto de su conducta (1Tim 1,5; 1,19).<\/p>\n<p>En resumen, se puede decir que los datos b\u00ed\u00adblicos sit\u00faan la conciencia en un doble plano: como sede de la interioridad cristiana por la que el hombre se compromete en una nueva existencia en Cristo, y como funci\u00f3n concreta de discernimiento y de juicio moral sobre lo que se debe hacer o evitar. Desde esta doble perspectiva se comprende tambi\u00e9n su relaci\u00f3n fundamental a la fe y a la caridad, y su car\u00e1cter de instancia juzgadora que acompa\u00f1a a las acciones humanas.<\/p>\n<p>2. PROFUNDIZACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. La visi\u00f3n de la conciencia que emerge de la revelaci\u00f3n est\u00e1 presente y determina durante mucho tiempo la vida de las comunidades cristianas. En general, se puede decir que la tradici\u00f3n cristiana mantiene los dos niveles de comprensi\u00f3n de la conciencia, aunque progresivamente va adquiriendo mayor importancia el segundo, que termina por prevalecer en la teolog\u00ed\u00ada postridentina.<\/p>\n<p>En la patr\u00ed\u00adstica no se encuentra todav\u00ed\u00ada una elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de la conciencia. Siguiendo la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, los Padres recurren a distintos t\u00e9rminos (coraz\u00f3n, conocimiento, ley de Dios, etc.) para referirse a la conciencia moral. Pero destacan la centralidad de la conciencia como interioridad de la persona, de donde irradia toda la actividad moral del cristiano (Or\u00ed\u00adgenes, san Ambrosio, san Juan Cris\u00f3stomo, san Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada, san Agust\u00ed\u00adn), y, sobre todo, resaltan su concepci\u00f3n religiosa. Para los Padres, la conciencia manifiesta al hombre la voluntad de Dios. A trav\u00e9s de ella, responde a Dios. Por eso adquiere una importancia tan grande en la vida moral.<\/p>\n<p>La Edad media realiza una aportaci\u00f3n de gran inter\u00e9s, especialmente en la clarificaci\u00f3n de los conceptos y en la sistematizaci\u00f3n de los problemas. La teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica mantiene la reflexi\u00f3n sobre la conciencia en \u00e1mbito de la fe y de la preocupaci\u00f3n pastoral; la escol\u00e1stica la reviste de un car\u00e1cter m\u00e1s especulativo e intelectual.<\/p>\n<p>El problema planteado por san Pablo en torno a la conciencia err\u00f3nea alcanza una resonancia muy amplia en la controversia sostenida entre Abelardo y san Bernardo. Mientras este defiende la pecaminosidad de la conciencia falsa, aunque act\u00fae de buena fe, para Abelardo, lo que cuenta es la intenci\u00f3n, de manera que la ignorancia excusar\u00ed\u00ada por completo de pecado. Esta tensi\u00f3n dial\u00e9ctica se mantiene en la escol\u00e1stica. La concepci\u00f3n antropol\u00f3gica de santo Tom\u00e1s queda abierta a la dimensi\u00f3n personal, pero en la reflexi\u00f3n posterior prevalece muy pronto la dimensi\u00f3n objetiva, exigiendo que el juicio de la conciencia se ajuste a la ley.<\/p>\n<p>Para santo Tom\u00e1s, la conciencia no consiste en aplicar de una manera mec\u00e1nica los principios abstractos a las situaciones concretas, sino en hacerlo de una forma personal, buscando la verdad y la realizaci\u00f3n de la voluntad de Dios. Pero, sobre todo, santo Tom\u00e1s distingue con claridad entre sind\u00e9resis, entendida como conciencia originaria, fundamental, habitual, que capacita a la persona para abrirse a los principios universales y a los valores morales, y la conscientia, entendida como acto que los aplica a las situaciones concretas (conciencia actual). Y, adem\u00e1s, en la doctrina tomasiana, la conciencia, precisamente en cuanto juicio y norma subjetiva de la acci\u00f3n moral, es, esencialmente, un saber racional pr\u00e1ctico. Esta racionalidad de la conciencia le permite resolver el problema de la relaci\u00f3n entre conciencia y ley, integrando las dos instancias \u00e9ticas a la luz de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>En la Edad moderna se consolida la importancia de la conciencia, que en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica llega a constituir un tratado fundamental. Pero se desarrolla en una perspectiva prevalentemente individualista y se concede la primac\u00ed\u00ada al aspecto funcional, es decir, al juicio pr\u00e1ctico sobre los actos concretos, reduciendo su verdadera naturaleza. En el marco de las controversias mantenidas por los sistemas morales en los siglos XVII y XVIII, el concepto de conciencia se limita de tal manera que su \u00fanica funci\u00f3n parece ser mostrar la obligatoriedad de la ley. Esta reducci\u00f3n del sentido de la conciencia invade casi toda la teolog\u00ed\u00ada moral en el amplio per\u00ed\u00adodo de la casu\u00ed\u00adstica, que se extiende desde el concilio de Trento hasta la primera mitad del siglo XX. Se olvida su car\u00e1cter fundamental y el valor de la libertad, para caer en el objetivismo y en el legalismo. Parad\u00f3jicamente, la antigua ense\u00f1anza cristiana sobre el valor y libertad de la conciencia es asumida por el pensamiento profano, muchas veces en un contexto anticlerical. Ha sido necesario, en pleno siglo XX, volver a las fuentes b\u00ed\u00adblicas y escuchar los signos de los tiempos, para proclamar que la libertad de conciencia no es algo contrario a la fe cristiana.<\/p>\n<p>El Vaticano II (GS y DH) reivindica la consistencia de la conciencia, no s\u00f3lo como juicio pr\u00e1ctico sino como centro de la interioridad de la persona; reconoce la profundidad y complejidad de su dinamismo y su funci\u00f3n indispensable en la vida de la persona y de la sociedad. Siguiendo sus orientaciones, Juan Pablo II desarrolla una amplia ense\u00f1anza sobre la conciencia. Recuerda que \u00abde los pastores de la Iglesia se espera una catequesis sobre la conciencia y su formaci\u00f3n\u00bb (RP 26); pone de relieve su dignidad y se\u00f1ala su car\u00e1cter normativo (DeV 43-45); ense\u00f1a la relaci\u00f3n esencial entre conciencia y verdad, y la necesidad de discernir algunas teor\u00ed\u00adas modernas que la exaltan desmesuradamente, llegando a una interpretaci\u00f3n creativa de la conciencia, desgajada de la verdad y de la ley (VS 54-64).<\/p>\n<p>Finalmente, el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica se refiere con frecuencia a la conciencia. El tratamiento sistem\u00e1tico que presenta viene estructurado en cuatro momentos: el juicio que la conciencia est\u00e1 llamada a realizar (1777-1782), la formaci\u00f3n de la conciencia (1783-1785), la necesidad de decidir moralmente en conciencia (1786-1789) y algunos problemas relacionados con la conciencia err\u00f3nea (1790-1794). A trav\u00e9s de ellos, ofrece una s\u00ed\u00adntesis entre la conciencia como n\u00facleo m\u00e1s secreto y sagrario del hombre y la conciencia como juicio de la raz\u00f3n (1796). Subraya, adem\u00e1s, la preocupaci\u00f3n por una reducci\u00f3n subjetiva de la conciencia y la importancia de la formaci\u00f3n como compromiso \u00e9tico fundamental.<\/p>\n<p>3. CULTURA Y FILOSOF\u00ed\u008dA MODERNA. Mientras en los siglos XVI y XVII la teolog\u00ed\u00ada moral se anquilosaba cerr\u00e1ndose en controversias est\u00e9riles, el pensamiento moderno se lanza al descubrimiento del sujeto, abriendo nuevos horizontes a la filosof\u00ed\u00ada y a la reflexi\u00f3n sobre la conciencia moral.<\/p>\n<p>Descartes centra sus meditaciones filos\u00f3ficas en el sujeto que piensa, concibiendo la conciencia como una realidad esencialmente cognoscitiva. Se realiza as\u00ed\u00ad la separaci\u00f3n entre conciencia psicol\u00f3gica y moral. Si durante mucho tiempo la palabra conciencia se hab\u00ed\u00ada referido exclusivamente a la conciencia moral, desde ahora la conciencia psicol\u00f3gica se emancipa y comienza el proceso de crisis de la conciencia moral. Empieza, en efecto, a abrirse paso el subjetivismo, que puede llegar a la negaci\u00f3n de la moral o a la afirmaci\u00f3n radical de una moral aut\u00f3noma, como sucede en Kant. Kant hace de la autonom\u00ed\u00ada el pivote \u00e9tico central. De ah\u00ed\u00ad la reivindicaci\u00f3n de la conciencia, considerada como el tribunal interno del hombre.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n de Descartes culmina en la filosof\u00ed\u00ada hegeliana. Con Hegel, la conciencia llega a ser el todo, el absoluto. Es decir, se llega a la negaci\u00f3n del Absoluto y a la afirmaci\u00f3n consiguiente de la inmanencia total. As\u00ed\u00ad, Hegel niega toda relaci\u00f3n de la conciencia con cualquier cosa que est\u00e9 fuera de ella; la \u00fanica relaci\u00f3n posible est\u00e1 en ella misma, en la autoconciencia. Este endiosamiento de la conciencia es muy pronto rechazado: en nombre de la individualidad (Kierkegaard), de la historia (Marx), o de la libertad (Nietzsche, Sartre).<\/p>\n<p>Pero el primer rechazo de Hegel lleva de nuevo a Kant. Su influjo es determinante en el pensamiento de Husserl, que, aun sin tratar directamente de la conciencia moral, pone las bases para una ontolog\u00ed\u00ada de la conciencia. Frente a la sutil fragmentaci\u00f3n escol\u00e1stica, Husserl constata que no existe conciencia que no sea trascender, que no sea conciencia de. Es decir, la conciencia consiste en salir fuera de s\u00ed\u00ad mismo, en trascenderse. Y este trascenderse garantiza precisamente su unidad.<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos XIX y XX se han sucedido las cr\u00ed\u00adticas contra la conciencia moral. Las principales provienen de la llamada filosof\u00ed\u00ada de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud) y del estructuralismo (Foucault, L\u00e9vi-Strauss). Desde planteamientos diferentes desconf\u00ed\u00adan de la conciencia y tienden a reducirla a una infraestructura.<\/p>\n<p>Para Marx, la conciencia es el instrumento de la autoridad para mantener el orden establecido, obstaculizando, en definitiva, la dial\u00e9ctica de la historia en su desarrollo. La concibe simplemente como represi\u00f3n, y la ve fundada en las estructuras pol\u00ed\u00adticas, sociales y religiosas, a las que contribuye a mantener est\u00e1ticas. Es, pues, una sobreestructura de la que el hombre tiene que liberarse.<\/p>\n<p>Nietzsche, como dec\u00ed\u00adamos m\u00e1s arriba, se opone a la conciencia en nombre de la libertad. La libertad suprime la conciencia, que no es m\u00e1s que el envilecimiento del hombre, un producto del resentimiento, del instinto de crueldad que se vuelve contra s\u00ed\u00ad mismo y produce la culpa.<\/p>\n<p>El axioma fundamental de la psicolog\u00ed\u00ada de Freud es la negaci\u00f3n del mal moral. Seg\u00fan Freud, no existe; se reduce al mal f\u00ed\u00adsico. Por lo tanto el sentido de la culpa es fruto de la ignorancia. En este contexto, entiende la conciencia como el superyo; es autoridad opresiva que no permite la realizaci\u00f3n de las fuerzas instintivas. Por ello, el empe\u00f1o moral se realiza no en la formaci\u00f3n de la conciencia, sino en la supresi\u00f3n del superyo.<\/p>\n<p>Y a la cr\u00ed\u00adtica de la filosof\u00ed\u00ada de la sospecha se une el estructuralismo con su proclamaci\u00f3n de la inexistencia del sujeto. Para la antropolog\u00ed\u00ada estructural, no existe el hombre, no existe el sujeto. Son una mera construcci\u00f3n especulativa. Lo que llamamos hombre es un simple nudo en la trama objetiva, un elemento de la estructura. Y destruido el sujeto, sucede la negaci\u00f3n de la conciencia. Si no hay persona, nadie responde, nadie es responsable de nada.<\/p>\n<p>Pero, a pesar de la cr\u00ed\u00adtica profunda a la que ha sido sometida, la conciencia recobra hoy su importancia primordial. Desde el an\u00e1lisis existencial, Heidegger sosten\u00ed\u00ada ya una interpretaci\u00f3n de la conciencia como llamada de la preocupaci\u00f3n, por la que el hombre es llamado desde la postraci\u00f3n de la existencia a su m\u00e1s alta posibilidad de ser. Despu\u00e9s, Jaspers ve en la conciencia una voz que soy yo mismo, que hace posible y exige como respuesta la decisi\u00f3n existencial. Tambi\u00e9n desde la psicolog\u00ed\u00ada (Jung, Erikson, Fromm) se afirma su valor. Pero ha sido especialmente en la filosof\u00ed\u00ada personalista (Scheler, Steinb\u00fcchel, Buber, Guardini, Mounier, L\u00e9vinas) donde mejor se percibe el cambio de perspectiva. Se retoma la reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre conciencia y realidad. Y, sobre todo, se retorna el problema capital de la conjugaci\u00f3n de los grandes pilares de la \u00e9tica kantiana: la autonom\u00ed\u00ada del individuo y la universalidad de la ley moral (Apel, Habermas).<\/p>\n<p>II. Exposici\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nDesde la luz del pensamiento b\u00ed\u00adblico y del posterior desarrollo de la tradici\u00f3n cristiana, pero teniendo tambi\u00e9n presentes la aportaci\u00f3n y los interrogantes planteados por la reflexi\u00f3n humana, intentarnos ahora llegar a una elaboraci\u00f3n sistem\u00e1tica, al menos sobre algunas de las cuestiones que los datos de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica plantean. Esta visi\u00f3n hist\u00f3rica manifiesta, ante todo, la necesidad de renovar la concepci\u00f3n de la conciencia, rehabilitando tanto lo que hemos llamado conciencia fundamental como su car\u00e1cter normativo y su funci\u00f3n de juicio moral. Pero, adem\u00e1s, es necesario detenerse en una cuesti\u00f3n previa, que adquiere una importancia particular para la catequesis. Nos referimos a la g\u00e9nesis y al desarrollo de la conciencia moral. Es importante la confrontaci\u00f3n de la persona con la conciencia, as\u00ed\u00ad como el discernimiento moral; pero, antes de pensar en la conciencia adulta capaz de expresar la identidad de la persona y discernir el bien y el mal, es necesario plantearse su origen y las etapas de su desarrollo, aspecto decisivo para poder discurrir sobre su formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. GENESIS Y DESARROLLO DE LA CONCIENCIA MORAL. Son muchas las teor\u00ed\u00adas que intentan explicar la g\u00e9nesis de la conciencia moral. En general, frente al innatismo del pasado, que sosten\u00ed\u00ada que el individuo nace con una especie de facultad moral, defienden, m\u00e1s bien, que el ni\u00f1o nace sin conciencia moral. No es que nazca sin una capacidad moral potencial, sino que de la misma manera que al llegar al mundo no tiene ni una mente ni un cuerpo maduros, tampoco viene con un conjunto de conceptos morales. Ser\u00e1 necesario el desarrollo; el ser humano tiene que crecer f\u00ed\u00adsica, intelectual y moralmente. Pero, en estas diversas teor\u00ed\u00adas referentes a la g\u00e9nesis, vamos a considerar simplemente las dos que nos parecen m\u00e1s relevantes y actuales: el psicoan\u00e1lisis freudiano y la psicolog\u00ed\u00ada cognitiva de Piaget y Kohlberg.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n de Freud parte de la ruptura entre lo ps\u00ed\u00adquico y lo consciente. El marco de referencia de la teor\u00ed\u00ada freudiana est\u00e1 configurado por los siguientes elementos: la existencia del inconsciente activo, la diferenciaci\u00f3n entre el ello, el yo y el super-yo, la actuaci\u00f3n de la vida ps\u00ed\u00adquica a trav\u00e9s de instintos (de vida, de muerte) y de principios (del placer, de la realidad), y la importancia de la infancia en la configuraci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica. Situado en este marco referencial, Freud identifica la conciencia moral con el superyo. Por consiguiente, la ontog\u00e9nesis de la conciencia coincide con la formaci\u00f3n del superyo, que, seg\u00fan Freud, es heredero del complejo de Edipo, y se verifica a trav\u00e9s de la identificaci\u00f3n, idealizaci\u00f3n y sublimaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En una perspectiva muy diferente se sit\u00faa el an\u00e1lisis psicol\u00f3gico de Piaget y Kohlberg, que se centran en las estructuras cognitivas que posibilitan el desarrollo moral. Piaget estudia el juicio moral del ni\u00f1o, analizando el respeto por las reglas desde su propio punto de vista. Parte del an\u00e1lisis de las reglas del juego, para pasar despu\u00e9s a las reglas espec\u00ed\u00adficamente morales prescritas por los adultos, buscando la idea que el ni\u00f1o se hace de estos deberes concretos.<\/p>\n<p>Piaget estudia el juicio moral, enmarc\u00e1ndolo en el desarrollo de la inteligencia e insistiendo en que esta se desenvuelve de acuerdo con procesos cognitivos que siguen un orden cronol\u00f3gico. Pero las diferencias de razonamiento en las distintas etapas de la vida no se atribuyen simplemente a los conocimientos adquiridos; influye tambi\u00e9n, al mismo tiempo, la interacci\u00f3n del sujeto con el ambiente. En relaci\u00f3n con el fundamento de la obligaci\u00f3n moral, Piaget distingue dos grandes estadios: uno de heteronom\u00ed\u00ada (desde los 6 a los 12 a\u00f1os), en el que las reglas son sagradas porque est\u00e1n puestas por los adultos, y otro de autonom\u00ed\u00ada, en el que se respetan las reglas porque son exigidas por las relaciones del grupo. Llegar a la autonom\u00ed\u00ada moral supone, seg\u00fan Piaget, la interacci\u00f3n con el grupo social; al principio es de sumisi\u00f3n; luego, de respeto y de cooperaci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>Esta teor\u00ed\u00ada piagetiana ofrece elementos v\u00e1lidos para explicar la psicolog\u00ed\u00ada de la moralidad y para orientar la formaci\u00f3n moral de la conciencia. Dichos elementos se han visto enriquecidos con los trabajos de L. Kohlberg, que ampl\u00ed\u00ada el an\u00e1lisis a todo el arco del desarrollo moral, describiendo con precisi\u00f3n las etapas morales por las que atraviesa la persona. Seg\u00fan Kohlberg, el desarrollo moral se realiza en una secuencia de seis estadios, divididos en tres niveles.<\/p>\n<p>* El primero es el preconvencional. En este nivel, que caracteriza el razonamiento moral de los ni\u00f1os, el bien y el mal se juzgan por las consecuencias inmediatas. El primer estadio est\u00e1 determinado por la obediencia incondicional a los adultos y por el miedo al castigo; en el segundo, empieza a nacer la idea de la reciprocidad.<\/p>\n<p>* El segundo nivel es el convencional, que surge normalmente en la adolescencia y que muchas veces sigue dominando el pensamiento de los adultos. En \u00e9l, el bien y el mal se definen por las convenciones sociales. El individuo se orienta en conformidad con las normas del grupo social. Durante el tercer estadio, la aprobaci\u00f3n del grupo alcanza un papel determinante; en el cuarto, es el orden social el que asume este papel. La conciencia moral es, m\u00e1s bien, heter\u00f3noma o soci\u00f3noma; tiende a la conformidad con las im\u00e1genes estereotipadas de la mayor\u00ed\u00ada y al mantenimiento del orden social establecido.<\/p>\n<p>* El tercer nivel es el posconvencional, que caracteriza el razonamiento de una minor\u00ed\u00ada de adultos. Cuando surge, lo hace en la adolescencia o al comienzo de la adultez. En \u00e9l, los problemas morales se consideran desde una perspectiva que sobrepasa las normas; se buscan principios y valores independientes de la autoridad, del grupo, del orden constituido. En el quinto estadio hay una preocupaci\u00f3n especial por los derechos individuales; se apela al contrato social y al consenso de los ciudadanos sobre lo justo o lo injusto. En el sexto, se recurre a principios universales, y lo justo o injusto se define por la decisi\u00f3n de la conciencia, que se sit\u00faa ya en la autonom\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>La teor\u00ed\u00ada de Kohlberg ha ejercido y sigue ejerciendo un influjo muy grande en la pedagog\u00ed\u00ada. Representa tambi\u00e9n un interlocutor obligado para la teolog\u00ed\u00ada moral y para la catequesis. Hay que reconocer lealmente sus valiosas aportaciones, como la reacci\u00f3n contra el relativismo moral o la revalorizaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n cognoscitiva y racional de la experiencia moral. Pero, al mismo tiempo, conviene anotar cr\u00ed\u00adticamente la reducci\u00f3n formalista de los principios morales (la moral queda reducida a un lenguaje tanto m\u00e1s universal cuanto m\u00e1s privado de contenidos), la ausencia de una justificaci\u00f3n meta\u00e9tica de la experiencia moral, el descuido de la atm\u00f3sfera afectiva en su metodolog\u00ed\u00ada educativa. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta, especialmente en el quehacer pedag\u00f3gico y catequ\u00ed\u00adstico, sabiendo que no es posible fijar con exactitud las distintas etapas de los tres niveles, que la edad cronol\u00f3gica de las personas no siempre coincide con la edad de la maduraci\u00f3n de la conciencia. Y, del mismo modo, no siempre el camino recorrido es ascendente. Las personas avanzan a trav\u00e9s de crisis y de conflictos; hay progresos y hay retrocesos morales.<\/p>\n<p>2. SIGNIFICADO Y NATURALEZA. La reflexi\u00f3n psicol\u00f3gica sobre el desarrollo de la conciencia propone la conciencia adulta como conciencia aut\u00f3noma; es decir, el comportamiento moral procede del interior del sujeto. La conciencia como sede de la interioridad era uno de los elementos m\u00e1s valiosos que encontr\u00e1bamos en la ra\u00ed\u00adz de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, y que ha alentado tambi\u00e9n en el pensamiento cristiano. Es este, quiz\u00e1s, el primer aspecto que conviene subrayar para comprender la naturaleza de la conciencia moral.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual destaca, en efecto, la referencia fundamental a la totalidad de la persona. La conciencia viene a ser como la misma interioridad que se proyecta hacia Dios y hacia los dem\u00e1s seres. La persona juzga el bien y el mal no s\u00f3lo con la inteligencia, sino tambi\u00e9n con la voluntad, con el sentimiento, con el inconsciente. Y en su juicio entra, adem\u00e1s, su entorno social, entran los otros, y entra, sobre todo, Dios. Ciertamente, la persona juzga por la raz\u00f3n; pero la inteligencia se encuentra en un sujeto que tiene, adem\u00e1s, voluntad, afectividad y otros muchos condicionamientos psicol\u00f3gicos. La conciencia es el juicio que realiza el entendimiento pr\u00e1ctico sobre la moralidad de los actos que la persona se propone hacer o ha hecho. Es un juicio inseparable de obrar libremente. La voluntad no obra sin conocer el objeto de su querer. No hay decisi\u00f3n de la voluntad sin luz intelectual y, por consiguiente, sin estimaci\u00f3n de la moralidad del acto.<\/p>\n<p>La conciencia no es, pues, algo que proviene de fuera del hombre. No es voz, ni eco de la sociedad. No es tampoco una deducci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, ni la simple aplicaci\u00f3n de una norma. No es una estructura o una facultad que se le a\u00f1ada. Es la misma persona en su dimensi\u00f3n hacia la plenitud de su ser. Es \u00abel n\u00facleo m\u00e1s secreto y sagrado del hombre, en el que este se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de aquella\u00bb (GS 16).<\/p>\n<p>La conciencia juzga el funcionamiento de la persona como ser humano; es conocimiento de uno mismo, del propio \u00e9xito o fracaso en el arte de vivir. Pero es algo m\u00e1s que simple conocimiento. Implica una calidad afectiva, en cuanto reacci\u00f3n de toda la personalidad, no \u00fanicamente de la mente. Por todo ello, la conciencia representa la expresi\u00f3n de nuestro verdadero yo. Y contiene asimismo la esencia de nuestra experiencia moral. Conserva el conocimiento de nuestro fin en la vida y de los principios por medio de los cuales queremos lograrlo.<\/p>\n<p>3. LA CONCIENCIA, NORMA DE MORALIDAD. La conciencia no s\u00f3lo testimonia; tambi\u00e9n juzga y valora, orienta y compromete a la acci\u00f3n. Precisamente por su ra\u00ed\u00adz en la persona, no se limita a dar un juicio sobre el quehacer del hombre. Implica, adem\u00e1s, un juicio sobre su ser y se convierte tambi\u00e9n en medida y norma de acci\u00f3n. Es, en efecto, la norma interiorizada de moralidad.<\/p>\n<p>Afirmar el car\u00e1cter normativo de la conciencia significa afirmar que ella es la norma por donde pasan todas las valoraciones morales de los actos humanos. Ninguna acci\u00f3n humana puede considerarse buena o mala si no es en relaci\u00f3n a la conciencia. Y no es que la conciencia cree la bondad o maldad; no crea la moralidad, sino que la manifiesta. Manifiesta lo bueno y lo malo, en virtud de su funci\u00f3n de mediaci\u00f3n entre Dios y el obrar libre del hombre.<\/p>\n<p>El objeto del juicio de la conciencia es, sobre todo, el sentido y la orientaci\u00f3n de la vida. No se trata de un juicio te\u00f3rico, sino pr\u00e1ctico, vital. Procede de la sinton\u00ed\u00ada de la vida con los valores morales. Por eso resulta tanto m\u00e1s aut\u00e9ntico cuanto m\u00e1s veraz y profundamente bueno es el hombre; cuanto mayor es su inclinaci\u00f3n a la verdad y al bien. Y puesto que durante la vida el hombre no es total y definitivamente bueno, la deformaci\u00f3n del juicio de la conciencia no constituye una abstracci\u00f3n o una excepci\u00f3n. De hecho, sucede con frecuencia que se parte de presupuestos falsos, se aplican mal los principios, estamos mal informados, somos precipitados o negligentes en la valoraci\u00f3n, v\u00ed\u00adctimas de prejuicios, de presiones sociales, etc. Todos estos condicionamientos constituyen una fuente de errores morales considerables. Por ello, el juicio de la conciencia, para ser aut\u00e9ntica norma de moralidad, debe ser verdadero. El hombre debe eliminar, o al menos reducir, las posibilidades de error.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la fidelidad a la propia vocaci\u00f3n y el deber de realizarla con autenticidad imponen al hombre la obligaci\u00f3n de seguir el juicio de su conciencia; debe seguir este dictamen cuando la conciencia es recta. El hombre debe cumplir cuanto la conciencia le presenta en orden a conseguir el fin. Como hemos dicho, la conciencia no funda la obligaci\u00f3n moral: la manifiesta y la determina. La bondad moral nace de la conformidad del acto a la verdad. El hombre no es la fuente de la verdad. Por tanto, la conciencia no puede sustituir a la ley divina, ni convertirse de un modo aut\u00f3nomo en fuente de la determinaci\u00f3n del bien y del mal. Pero, por otra parte, tampoco la ley divina se impone directamente a la persona; llega a ser imperante s\u00f3lo a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la conciencia. Ning\u00fan valor tiene esta fuerza imperante si no es propuesto por la conciencia. El hombre, pues, es responsable en fuerza de su conciencia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, se puede afirmar el deber indiscutible de conformarse y conformar el propio comportamiento al dictamen de la conciencia. Cuando la conciencia presenta un acto como obligatorio, el hombre debe cumplirlo. Sin embargo, no pueden situarse en el mismo nivel la conciencia verdadera y la conciencia err\u00f3nea. No puede identificarse tampoco la conformidad con la conciencia y la bondad del acto. Es cierto que ning\u00fan acto puede ser bueno si no est\u00e1 de acuerdo con la conciencia. Pero esto no basta para hacer bueno el acto. La conciencia no es la fuente exclusiva de moralidad; necesita confrontarse con la norma moral objetiva.<\/p>\n<p>Toda la tradici\u00f3n cristiana manifiesta la correlaci\u00f3n entre la ley y la conciencia. No es s\u00f3lo la fuente de la moralidad, sino que la exigencia de discernimiento, la apertura a la verdad, as\u00ed\u00ad como su misma naturaleza mediadora del bien, la impulsan a la relaci\u00f3n con la ley. En realidad, ley y conciencia, \u00ed\u00adntimamente asociadas, configuran la dignidad de la persona. La conciencia pone al hombre ante la ley, siendo, al mismo tiempo, testigo de su fidelidad o infidelidad.<\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza ha sido recientemente clarificada por Juan Pablo II ante algunas posturas teol\u00f3gicas. El Papa explica la relaci\u00f3n ley-conciencia como juicio pr\u00e1ctico que ordena lo que el hombre debe hacer o evitar: \u00abEs un juicio que aplica a una situaci\u00f3n concreta la convicci\u00f3n racional de que se debe amar, hacer el bien y evitar el mal. Este primer principio de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica pertenece a la ley natural, m\u00e1s a\u00fan, constituye su mismo fundamento&#8230; Sin embargo, mientras la ley natural ilumina sobre todo las exigencias objetivas y universales del bien moral, la conciencia es la aplicaci\u00f3n de la ley a cada caso particular, la cual se convierte as\u00ed\u00ad para el hombre en un dictamen interior, una llamada a realizar el bien en una situaci\u00f3n concreta. La conciencia formula as\u00ed\u00ad la obligaci\u00f3n moral a la luz de la ley natural: es la obligaci\u00f3n de hacer lo que el hombre, mediante el acto de su conciencia, conoce como un bien que le es se\u00f1alado aqu\u00ed\u00ad y ahora\u00bb (VS 59).<\/p>\n<p>La conciencia tiene, pues, un car\u00e1cter normativo. La dignidad y la autoridad derivan de la verdad que est\u00e1 llamada a escuchar y a expresar. Y esta verdad est\u00e1 expresada por la ley divina, norma universal y objetiva de moralidad. Por tanto, \u00abla conciencia no es una fuente aut\u00f3noma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo; al contrario, en ella est\u00e1 grabado profundamente un principio de obediencia a la norma objetiva, que fundamenta y condiciona la congruencia de sus decisiones con los preceptos y prohibiciones en los que se basa el comportamiento humano\u00bb (DeV 43).<\/p>\n<p>III. Formaci\u00f3n de la conciencia moral<br \/>\nLa conciencia es la medida de la perfecci\u00f3n moral. Su complejidad y el papel que le compete en la vida moral de las personas hacen ver la importancia de su formaci\u00f3n. La funci\u00f3n de orientar y guiar en la fe se complementa con la educaci\u00f3n de la conciencia.<\/p>\n<p>Esta tarea formativa supone, por una parte, el reconocimiento de la importancia de la conciencia moral. Frente a los riesgos y dificultades que suponen el orden cient\u00ed\u00adfico y t\u00e9cnico y el orden pol\u00ed\u00adtico, la conciencia reivindica la soberan\u00ed\u00ada del hombre, el riesgo de la libertad, la asunci\u00f3n de la propia historia, la percepci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada y responsabilidad como quehacer \u00e9tico. Por otra parte, supone tambi\u00e9n la convicci\u00f3n de que la conciencia es educable, de que est\u00e1 llamada y \u00abtiene necesidad de crecer, de ser formada, de ejercitarse en un proceso que avance gradualmente en b\u00fasqueda de la verdad y en la progresiva interacci\u00f3n e interiorizaci\u00f3n de valores y normas morales\u00bb (VhL 39).<\/p>\n<p>1. EDUCABILIDAD DE LA CONCIENCIA Y RESPONSABILIDAD DE LA PERSONA. La conciencia se construye. Tiene necesidad de una maduraci\u00f3n continua a lo largo de toda la vida. Como la persona, es una realidad din\u00e1mica que crece y se perfecciona; es educable. Y la orientaci\u00f3n de esta maduraci\u00f3n y desarrollo progresivo es precisamente hacia la autonom\u00ed\u00ada moral. En esto coinciden, como hemos apuntado anteriormente, las distintas teor\u00ed\u00adas que estudian el desarrollo del sentido moral. A trav\u00e9s de distintas etapas o estadios, la conciencia debe hacer el camino que va de la heteronom\u00ed\u00ada a la autonom\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>La conciencia heter\u00f3noma se caracteriza porque sit\u00faa el centro de referencia del obrar moral (principio, normas, costumbres) en los otros. El individuo act\u00faa seg\u00fan las reglas sociales que se le imponen desde fuera. No decide de su vida; en realidad, otros deciden por \u00e9l. Vive una moral preferentemente colectiva. Infringir las normas sociales provoca sentimientos de inseguridad, miedo e inquietud. La formaci\u00f3n de la conciencia implica superaci\u00f3n de la heteronom\u00ed\u00ada para llegar a hacer de la conciencia voz del propio ser en crecimiento, una reacci\u00f3n de nosotros ante nosotros; la voz de nuestro verdadero yo. Se trata de ser capaces de percibir la voz de la propia conciencia en lo profundo de su ser, de preguntarse: \u00bfqu\u00e9 es para m\u00ed\u00ad el bien en la situaci\u00f3n en que vivo? \u00bfQu\u00e9 decisi\u00f3n debo tomar en estos momentos para ser fiel?<br \/>\nEste tipo de conciencia es fruto del ser profundo de cada individuo, original y \u00fanico, y de los valores elegidos como propios. Para llegar a ella es necesaria la aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, el reconocimiento y aceptaci\u00f3n de Dios y el reconocimiento de los otros. S\u00f3lo la referencia y fidelidad a esta conciencia profunda asegura el crecimiento y consistencia de la persona.<\/p>\n<p>La primera consecuencia que surge de este car\u00e1cter din\u00e1mico de la conciencia y de la necesidad de su desarrollo ata\u00f1e a la responsabilidad de la misma persona en orden a su formaci\u00f3n. Es el individuo quien tiene que responsabilizarse del crecimiento y formaci\u00f3n de la propia conciencia. Se trata de un compromiso que debe acompa\u00f1ar al hombre a lo largo de toda su vida. Porque en la situaci\u00f3n de cambio acelerado y profundo que atraviesa la sociedad actual, nadie puede conformarse con las respuestas \u00e9ticas de la adolescencia.<\/p>\n<p>Pero esta responsabilidad ha de ser compartida tambi\u00e9n por la familia, la escuela y la comunidad cristiana. El derecho-deber educativo de los padres es calificado por Juan Pablo II como esencial, original, primario, insustituible e inalienable (FC 36). Los padres deben formar a los hijos en los valores esenciales de la vida humana y, especialmente, deben cuidar la formaci\u00f3n de la conciencia moral. Junto a ellos, tambi\u00e9n la escuela tiene su competencia y funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Pero, de manera particular, debe sentirse comprometida la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>En concreto, desde esta perspectiva, el grupo de catequesis, como grupo eclesial, signo de la Iglesia, debe llegar a ser lugar de acogida donde se reflexiona y revisa la experiencia vivida, donde catequistas y miembros del grupo testimonian la fe y la caridad. Desde \u00e9l, cada uno sigue y hace su camino en compa\u00f1\u00ed\u00ada de los otros, compartiendo el proyecto moral del evangelio y comprometi\u00e9ndose en una sociedad m\u00e1s humana y m\u00e1s justa. En este sentido, el grupo es tambi\u00e9n lugar \u00e9tico y \u00e1mbito privilegiado para formar la conciencia cristiana.<\/p>\n<p>2. APERTURA A LA VERDAD. La formaci\u00f3n de la conciencia tiende a guiar a la persona hacia el bien y la verdad. Porque el individuo tiene el deber de seguir la conciencia recta, y la conciencia, a su vez, tiene la obligaci\u00f3n de seguir la verdad. Por ello, la b\u00fasqueda y reconocimiento de la verdad objetiva constituye en el proceso educativo un aspecto de vital importancia. Para formar la conciencia es indispensable que la persona busque la verdad y quiera obrar en verdad. Se trata de la identificaci\u00f3n con la verdad, de la apropiaci\u00f3n personal de los valores y exigencias morales, de la interiorizaci\u00f3n del mensaje cristiano. Formar la conciencia es ayudar al creyente a conocer a Cristo y a amarlo, a identificarse con \u00e9l, a aceptarlo como centro de toda la vida, a adoptar sus valores y criterios.<\/p>\n<p>Para la conciencia, la relaci\u00f3n a la verdad es una condici\u00f3n esencial. Si no se da, queda vac\u00ed\u00ada y pierde su autenticidad. Entre verdad y conciencia existe una reciprocidad que no es posible romper. No se puede hablar de formaci\u00f3n de la conciencia sin una tensi\u00f3n sincera de b\u00fasqueda de la verdad. Porque la conciencia no es un absoluto; por su misma naturaleza implica la relaci\u00f3n a la verdad objetiva. En esta relaci\u00f3n con la verdad encuentra su justificaci\u00f3n. En efecto, la verdad asegura la dignidad de la conciencia, incluso en aquellas situaciones en que no consigue llegar a la verdad objetiva.<\/p>\n<p>Quienes se preocupan seriamente de formar la propia conciencia o de ayudar a otros en este proceso, saben que muchas veces es posible encontrarse en situaciones dif\u00ed\u00adciles, en las que no aparecen claramente los verdaderos valores morales, o las decisiones que deben tomarse. A veces, la tensi\u00f3n puede resultar grave y dram\u00e1tica, porque las situaciones en que hoy vivimos son muy complejas. Especialmente en estos momentos la conciencia cristiana cuenta con la ayuda inestimable de la palabra de Dios y de la ense\u00f1anza del magisterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Para el creyente, el medio privilegiado en la b\u00fasqueda de la verdad es la palabra de Dios. Ha de acompa\u00f1ar todo el camino personal y comunitario de formaci\u00f3n de la conciencia. El cristiano tiene que dejarse juzgar por la Palabra: en las intenciones m\u00e1s profundas, en los criterios de valoraci\u00f3n, en las decisiones y opciones, en la disponibilidad para acoger y responder a las llamadas de Dios. Y, junto a la Palabra, alcanza un valor particular la ense\u00f1anza del magisterio en el campo \u00e9tico. Estando a la escucha y al servicio de la palabra de Dios, el magisterio tiene la funci\u00f3n pastoral de ense\u00f1ar y orientar la conciencia de los creyentes. Su competencia est\u00e1, precisamente, en el orden de la verdad objetiva. Su misi\u00f3n es proponerla y orientar hacia ella la conciencia de los creyentes y de todos los hombres. Busca, por una parte, la fidelidad al evangelio; por otra, concretar sus exigencias en la vida de la comunidad.<\/p>\n<p>3. DISCERNIMIENTO ETICO. La conciencia adulta implica la capacidad de juicio y de discernimiento. Y el quehacer formativo ha de suponer necesariamente ayudar a ser capaces de discernir el bien y el mal, el pecado y la acci\u00f3n de Dios. En realidad, el discernimiento es el quicio de la formaci\u00f3n de la conciencia porque significa la capacidad de ejercer la propia libertad y responsabilidad moral.<\/p>\n<p>En la vida cristiana, el tema del discernimiento tiene una tradici\u00f3n y una resonancia muy rica. Hunde sus ra\u00ed\u00adces en la misma revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, que relaciona expresamente discernimiento y b\u00fasqueda de la voluntad de Dios. Para san Pablo, el discernimiento constituye lo que tiene que ser, en concreto, la conducta del hombre de fe: \u00abHermanos, os ruego, por la misericordia de Dios, que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios; este es el culto que deb\u00e9is ofrecer. Y no os acomod\u00e9is a este mundo; al contrario, transformaos y renovad vuestro interior para que sep\u00e1is distinguir cu\u00e1l es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto\u00bb (Rom 12,1-2).<\/p>\n<p>Seg\u00fan san Pablo, el culto aut\u00e9ntico que los creyentes deben ofrecer a Dios implica inconformismo e intransigencia, y, adem\u00e1s, una transformaci\u00f3n interior que debe afectar a toda la persona del creyente, capacit\u00e1ndola para discernir cu\u00e1l es la voluntad de Dios. Es decir, la existencia cristiana se traduce y expresa en el discernimiento. Lo que de verdad especifica y define al hombre cristiano es la capacidad de discernir personalmente lo que Dios quiere. Por eso, los cristianos han de vivir como hijos de la luz, en contraposici\u00f3n a los hijos de las tinieblas, y esto lleva consigo la pr\u00e1ctica del discernimiento, para ver lo que agrada al Se\u00f1or (cf Ef 5,8-10).<\/p>\n<p>El discernimiento es principio clave de una moral personalista. Y la formaci\u00f3n de la conciencia tiene que asumir tambi\u00e9n el principio pedag\u00f3gico de la personalizaci\u00f3n, que supone cercan\u00ed\u00ada y empat\u00ed\u00ada, camino de di\u00e1logo y encuentro personal. Formar la conciencia en esta clave implica ayudar a ver y analizar la realidad, a descubrir las causas y motivaciones, a buscar soluciones a la luz de la palabra de Dios. Se forma conciencia, provocando una continua confrontaci\u00f3n de la propia escala de valores con los valores evang\u00e9licos. Pero conviene advertir, adem\u00e1s, que la tarea educativa en el discernimiento tiene que ayudar a superar los riesgos del subjetivismo e individualismo, la posible tendencia al intimismo, as\u00ed\u00ad como las desviaciones ideol\u00f3gicas del juicio \u00e9tico.<\/p>\n<p>4. CONCIENCIA Y SENTIDO DE PECADO. La actitud de discernimiento lleva tambi\u00e9n a la percepci\u00f3n del pecado en la propia vida y al reconocimiento de los propios pecados. De manera que la formaci\u00f3n de la conciencia tiene mucho que ver con el sentido del pecado. Como se\u00f1ala Juan Pablo II, \u00abeste sentido tiene su ra\u00ed\u00adz en la conciencia moral y es como su term\u00f3metro. Est\u00e1 unido al sentido de Dios, ya que deriva de la relaci\u00f3n consciente que el hombre tiene con Dios como su Creador, Se\u00f1or y Padre. Por consiguiente, as\u00ed\u00ad como no se puede eliminar completamente el sentido de Dios ni apagar la conciencia, tampoco se borra jam\u00e1s completamente el sentido del pecado\u00bb (RP 18). El oscurecimiento del sentido del pecado es un signo de la deformaci\u00f3n de la conciencia. A su eclipse sigue inevitablemente la p\u00e9rdida del sentido de pecado.<\/p>\n<p>La primera dificultad que encuentra tanto la teolog\u00ed\u00ada como la praxis catequ\u00ed\u00adstica en su reflexi\u00f3n sobre el pecado es hacerlo inteligible a los hombres y lograr que lleguen a captar su sentido. Entre los cristianos se percibe un profundo malestar ante el concepto de pecado. Hablar de \u00e9l les parece a algunos una provocaci\u00f3n. Y, sin embargo, el mal no puede ignorarse y las diferentes ideolog\u00ed\u00adas hablan de algo que est\u00e1 muy emparentado con lo que llamamos pecado. Las ciencias psicol\u00f3gicas elaboran conceptos para explicarlo: inadaptaci\u00f3n, regresi\u00f3n, inmadurez; la cultura moderna habla del mal que sufre el hombre y del mal que hace. Pero la teolog\u00ed\u00ada, la pastoral, la catequesis saben que su mensaje no es escuchado. Parece, pues, que el hombre moderno, sensible al mal, no lo es tanto al problema del pecado. Sin embargo, el pecado es una realidad central en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n eclesial. Reviste una importancia capital en la historia de la salvaci\u00f3n: \u00abCristo muri\u00f3 por nuestros pecados\u00bb (lCor 15,3). Por ello ocupa tambi\u00e9n un papel relevante en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, y ha de ocuparlo en la catequesis. Redescubrir su significado constituye actualmente una tarea importante en la Iglesia.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos a\u00f1os ha existido una amplia reflexi\u00f3n en torno al pecado y se ha producido una evoluci\u00f3n significativa. Durante mucho tiempo ha estado presente una concepci\u00f3n del pecado excesivamente jur\u00ed\u00addica, cosificada e individualista. Hoy se tiende a una concepci\u00f3n m\u00e1s relaciona) y comunitaria. Juan Pablo II se ha referido al misterio del pecado (RP 13-18), resaltando su dimensi\u00f3n humana y religiosa, personal, comunitaria y social, y augurando que florezca de nuevo un sentido saludable del pecado: \u00abAyudar\u00e1 a ello una buena catequesis, iluminada por la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la alianza; una escucha atenta y una acogida fiel al magisterio de la Iglesia, que no cesa de iluminar las conciencias, y una praxis cada vez m\u00e1s cuidada del sacramento de la penitencia\u00bb (RP 18).<\/p>\n<p>5. ACOMPA\u00ed\u2018AMIENTO PASTORAL. Formar la conciencia requiere, finalmente, contacto personal, disponibilidad para el di\u00e1logo y la direcci\u00f3n espiritual, y requiere tambi\u00e9n la experiencia vital del sacramento de la reconciliaci\u00f3n. Todo esto puede ser e incluir el acompa\u00f1amiento pastoral.<\/p>\n<p>En la catequesis, el acompa\u00f1amiento empieza con la convivencia y presencia amiga. Sigue en la reflexi\u00f3n, revisi\u00f3n y compromiso del trabajo en grupo. Y se concentra, especialmente, en el encuentro personal que, sin duda, puede favorecer mucho la renovaci\u00f3n interior y la formaci\u00f3n de la conciencia. En el desarrollo moral de la conciencia, el verdadero camino pasa por acompa\u00f1ar, buscar y ver juntos, ayudar a discernir, confrontar y valorar.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en el que, en la vida cristiana, se dio una importancia muy grande a la direcci\u00f3n espiritual, identific\u00e1ndola incluso con la direcci\u00f3n de conciencia. Esta concepci\u00f3n de direcci\u00f3n espiritual, entendida prevalentemente como dependencia, obediencia y tutela ha estado en crisis. La superaci\u00f3n de la crisis pasa por recobrar su sentido aut\u00e9ntico, que se sit\u00faa en la perspectiva de orientaci\u00f3n y ayuda a las personas en vistas al reconocimiento de la voluntad de Dios y de la apropiaci\u00f3n personal de la vida en el Esp\u00ed\u00adritu. Hoy se prefiere hablar de acompa\u00f1amiento porque es encuentro y relaci\u00f3n personal. Implica una tarea com\u00fan que tiende a la progresiva realizaci\u00f3n y madurez de las personas.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del acompa\u00f1amiento as\u00ed\u00ad entendido, es posible guiar en la b\u00fasqueda de la verdad; es posible ayudar a valorar y confrontarse con la ley; y sobre todo, es posible orientar al discernimiento \u00e9tico y a construir una conciencia moral adulta, capaz de ser testigo fiel de la persona.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La coscienza morale oggi, Accademia Alphonsiana, Roma 1987; AA.VV., Conciencia y libertad humana, Cete, Toledo 1988; AUBERT J. M., Conciencia y ley, en LAURET B.-REF\u00ed\u201cULE F., Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada IV, Cristiandad, Madrid 1985; DELHAYE PH., La conciencia moral del cristiano, Herder, Barcelona 1969; EY H., La conciencia, Gredos, Madrid 1976; G\u00ed\u201cMEZ C., Conciencia, en GAFO J. (ed.), 10 palabras clave en bio\u00e9tica, Verbo Divino, Estella 1993; HORTELANO A., Problemas actuales de moral I. Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada moral. La conciencia moral, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979; LEONARD A., Le fondement de la morale, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1991; LAUN A., La conciencia, Eiunsa, Barcelona 1993; MADINIER G., La coscience morale, Presses Universitaires de France, Par\u00ed\u00ads 1954; MAJORANO S., La coscienza. Per una lettura cristiana, San Paolo, Mil\u00e1n 1994; MIETH D., Conciencia, en BOCKLE F. Y OTROS, Fe cristiana y sociedad moderna XII, SM, Madrid 1986; MIRANDA V., Conciencia moral, en VIDAL GARC\u00ed\u008dA M., Conceptos fundamentales de \u00e9tica teol\u00f3gica, Trotta, Madrid 1992; PRIVITERA S., La coscienza, EDB, Bolonia 1986; VALADIER P., Elogio de la conciencia, PPC, Madrid 1995.<\/p>\n<p>Eugenio Alburquerque Frutos<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica de la conciencia: 1. Perspectiva b\u00ed\u00adblica; 2. Profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica; 3. Cultura y filosof\u00ed\u00ada moderna. II. Exposici\u00f3n sistem\u00e1tica: 1. G\u00e9nesis y desarrollo de la conciencia moral; 2. Significado y naturaleza; 3. La conciencia, norma de moralidad. III. Formaci\u00f3n de la conciencia moral: 1. 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