{"id":16986,"date":"2016-02-05T11:04:10","date_gmt":"2016-02-05T16:04:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conocimiento-de-la-fe-iniciacion-al\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:10","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:10","slug":"conocimiento-de-la-fe-iniciacion-al","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conocimiento-de-la-fe-iniciacion-al\/","title":{"rendered":"CONOCIMIENTO DE LA FE, INICIACION AL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Conocimiento&#8230;: 1. La fe tiene contenidos; 2. No despreciar la inteligencia; 3. \u00bfLa fe se transmite?; 4. La catequesis es tambi\u00e9n ense\u00f1anza; 5. Dar raz\u00f3n de la esperanza que nos anima. II. Conocimiento&#8230; sapiencial: 1. \u00abSabidur\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abconocimiento\u00bb en la Biblia; 2. Discipulado y seguimiento. III. Consecuencias catequ\u00e9ticas.<\/p>\n<p>I. Conocimiento&#8230;<\/p>\n<p>1. LA FE TIENE CONTENIDOS. En teo<br \/>\nlog\u00ed\u00ada se distingue la fides quae creditur, es decir, lo que se cree, el contenido objetivo de la fe, de la revelaci\u00f3n y del mensaje, la doctrina&#8230;, y la fides qua creditur, o sea, la fe como virtud inserta en el coraz\u00f3n del creyente y acto personal, que es adhesi\u00f3n a Dios, acogida de su don, opci\u00f3n consciente y libre y seguimiento del Se\u00f1or, que comporta conversi\u00f3n, configuraci\u00f3n de la existencia seg\u00fan el modelo de Cristo y que es vivida comunitariamente en la Iglesia (cf IC 9).<\/p>\n<p>San Cirilo de Jerusal\u00e9n hablaba ya de estas dos dimensiones de la fe: \u00abPor su nombre la fe es \u00fanica, pero es, en realidad, de dos clases. Hay una clase de fe que se refiere a los dogmas, que incluye la elevaci\u00f3n y la aprobaci\u00f3n del alma con respecto a alg\u00fan asunto&#8230; Pero hay otra clase de fe, que es dada por Cristo al conceder ciertos dones&#8230; Esta fe, dada como una gracia por el Esp\u00ed\u00adritu, no es s\u00f3lo dogm\u00e1tica, sino que crea posibilidades que exceden las fuerzas humanas\u00bb (Catequesis V, l0ss.)1.<\/p>\n<p>La fe no es en primer lugar la aceptaci\u00f3n de un conjunto de doctrinas, sino la adhesi\u00f3n al Dios manifestado en Jesucristo. Y el acto de fe no es tanto, aunque tambi\u00e9n, la recitaci\u00f3n de unas f\u00f3rmulas, cuanto un vivir en Cristo, que se despliega en actitudes, comportamientos, decisiones, acciones, compromisos&#8230; concretos y operativos. En el credo no decimos \u00abcreo que\u00bb, sino \u00abcreo en\u00bb Dios Padre, en Jesucristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Dicho esto de entrada, para que sea como el horizonte de referencia de las reflexiones que siguen, nos toca ahora resaltar la importancia del elemento no\u00e9tico, cognoscitivo en la catequesis.<\/p>\n<p>En efecto, es el hombre entero el que cree, sin dicotom\u00ed\u00adas ni divisiones. \u00abPor la fe el hombre entero se entrega libremente a Dios\u00bb (DV 5). Memoria, entendimiento, voluntad, inteligencia, raz\u00f3n, coraz\u00f3n, sentimientos, actitudes&#8230;, todas estas dimensiones y facultades de la persona han de ser integradas y educadas en la catequesis en cuanto \u00abiniciaci\u00f3n cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana\u00bb (CT 21; DGC 84; cf CCE 154ss). \u00abLa entrega de s\u00ed\u00ad mismo afecta a la inteligencia, al coraz\u00f3n, al comportamiento y al gesto: nos afecta en todas las dimensiones. A nuestra \u00e9poca, que ha descubierto de nuevo los valores afectivos, le cuesta aceptar el papel de la inteligencia en la fe\u00bb2.<\/p>\n<p>Por tanto, creer es tambi\u00e9n conocer y comprender, en la medida en que podemos llegar a ello, trat\u00e1ndose del misterio de Dios. La Iglesia afirma en su ense\u00f1anza la capacidad del hombre para acceder, con su raz\u00f3n, a partir de las cosas creadas y de su propia experiencia, a un cierto grado de conocimiento de Dios (cf DV 6; CCE 31ss., 286).<\/p>\n<p>El amor a una persona lleva a querer conocerla cada vez m\u00e1s y mejor. As\u00ed\u00ad, afirma el Directorio general para la catequesis: \u00abEl que se ha encontrado con Cristo desea conocerle lo m\u00e1s posible y conocer el designio del Padre que \u00e9l revel\u00f3. El conocimiento de los contenidos de la fe (fides quae) viene pedido por la adhesi\u00f3n a la fe (fides qua)\u00bb (DGC 85; cf CCE 158; CAd 175). Y a la inversa, dif\u00ed\u00adcilmente podemos apetecer y amar aquello que desconocemos, de lo que no tenemos noticia y no sabemos. Por eso, \u00abla fe proviene de la predicaci\u00f3n\u00bb (Rom 10,17), que es anuncio (dar a conocer e invitaci\u00f3n a acoger), y \u00ab\u00bfc\u00f3mo van a creer en \u00e9l si no han o\u00ed\u00addo hablar de \u00e9l?\u00bb (Rom 10,14).<\/p>\n<p>2. No DESPRECIAR LA INTELIGENCIA. Sin duda como reacci\u00f3n ante una catequesis excesivamente doctrinal, hasta el punto de haber sido llamada, sin m\u00e1s, doctrina (\u00abir a la doctrina\u00bb), se llega a veces al extremo opuesto de minusvalorar, cuando no despreciar, el componente no\u00e9tico de la transmisi\u00f3n de la fe. Sin embargo, \u00abla reacci\u00f3n contra este defecto (de reducir la catequesis al aprendizaje de verdades religiosas) no debe llevar a un empobrecimiento cultural que infravalore el papel insustituible del conocimiento en todo proceso de maduraci\u00f3n humana\u00bb3. L. Gonz\u00e1lez Carvajal se\u00f1ala c\u00f3mo, frente al racionalismo excesivo de la modernidad, el hombre posmoderno exalta el sentimiento, las emociones, la experiencia subjetiva. Y afirma: \u00abNo parece que la soluci\u00f3n est\u00e9 en sustituir la tiran\u00ed\u00ada de la raz\u00f3n por una tiran\u00ed\u00ada del sentimiento&#8230; Lamentablemente, hoy es posible percibir en algunos creyentes un marcado antiintelectualismo, que a veces llega al desprecio puro y simple de la teolog\u00ed\u00ada. Cuando la fe renuncia a la cr\u00ed\u00adtica y se gu\u00ed\u00ada s\u00f3lo por el sentimiento puede desembocar en las mayores aberraciones\u00bb4.<\/p>\n<p>No se trata de equiparar catequesis y teolog\u00ed\u00ada, ni de confundir la una con la otra, ya que cada una de ellas tiene su identidad y cometido propios (cf CT 61; DGC 51; CC 72-76), sino de apreciar la justa funci\u00f3n de la catequesis tambi\u00e9n al servicio de la intelligentia fidei, si no queremos exponerla al riesgo de un cierto fundamentalismo y de \u00abun fide\u00ed\u00adsmo invertebrado que no honra las exigencias de la inteligencia\u00bb5.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n constante de la catequesis y las ense\u00f1anzas de los documentos catequ\u00e9ticos m\u00e1s recientes del magisterio son un\u00e1nimes en conceder al conocimiento de la fe, tambi\u00e9n en su dimensi\u00f3n no\u00e9tica, el lugar que le corresponde en el acto catequ\u00e9tico (cf CT 20ss., 26ss.; DGC 85; CCE 154ss.; CC 85; CAd 175). Se trata, evidentemente, de un conocimiento que tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas peculiares, como luego veremos, y que est\u00e1 siempre al servicio de la fe como virtud teologal.<\/p>\n<p>3. \u00bfLA FE SE TRANSMITE? A esta pregunta hay que responder que no, si hablamos de la fe que es don de Dios y decisi\u00f3n personal de creer, en respuesta y obediencia a Dios. \u00abEsta fe se despierta, brota in\u00e9dita cada vez que una persona o un grupo humano dice s\u00ed\u00ad al evangelio. La fe, en este sentido, es una decisi\u00f3n estrictamente personal y libre; original, en consecuencia, de cada uno\u00bb6. En su sentido subjetivo (virtud, decisi\u00f3n y acto personal de creer), la fe, si no se transmite como un objeto que se da, puede, no obstante, suscitarse, hacerse admirable y apetecible por medio de la palabra y el testimonio de un creyente y de la comunidad creyente.<\/p>\n<p>Pero la fe s\u00ed\u00ad se transmite, si la consideramos en su sentido objetivo como \u00abel contenido o conjunto de las creencias cristianas&#8230; Los contenidos de la fe pueden y deben ser transmitidos. El credo puede transmitirse de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, de la misma manera que se transmiten o pasan de una generaci\u00f3n a otra los tesoros de la familia&#8230;\u00bb7.<\/p>\n<p>Sin embargo, al hablar de la fe en su sentido objetivo, como credo o conjunto de verdades, es preciso no perder de vista que el s\u00ed\u00admbolo (y lo mismo cabe decir de las Sagradas Escrituras), antes de ser formulado, ha sido cre\u00ed\u00addo y vivido. Por tanto, tambi\u00e9n en la transmisi\u00f3n de la fides quae hallamos el elemento din\u00e1mico y vital, puesto que estas f\u00f3rmulas venerables, estos contenidos de la fe, son portadores de la vida de fe del pueblo de Dios. Este es el sentido genuino de la traditio Symboli del catecumenado bautismal. Oigamos de nuevo a san Cirilo: \u00abAs\u00ed\u00ad pues, hermanos, considerad y conservad las tradiciones que ahora recib\u00ed\u00ads y grabadlas en la profundidad de vuestro coraz\u00f3n\u00bb (Catequesis V, 12).<\/p>\n<p>La Iglesia, por tanto, en su acci\u00f3n catequizadora, transmite y educa la fe. Transmite, como herencia viva, lo que ella ha recibido, cree y vive (cf lCor 11,23), y educa la capacidad del catec\u00fameno para conocer y acoger esa tradici\u00f3n viva y, en definitiva, a Dios que le sale al encuentro, de modo que el catec\u00fameno pueda responderle con la entrega de s\u00ed\u00ad u obediencia de la fe (cf Rom 16,26).<\/p>\n<p>En la transmisi\u00f3n de la fe que hace la Iglesia, se pone de manifiesto, entre otras cosas:<br \/>\na) Que la fe no es creaci\u00f3n subjetiva de la persona (\u00abno es un arcano propio de cada uno\u00bb [CC 166]) ni de un colectivo de personas. Cada creyente formamos parte de una comunidad, la Iglesia, que recibe y no inventa el contenido de su fe, que es revelaci\u00f3n, desvelamiento, automanifestaci\u00f3n y don de Dios a su pueblo. Por eso, \u00abla inteligencia y formulaci\u00f3n de la fe preserva la realidad del misterio salvador de Dios en Cristo\u00bb (CC 166). Una fe que fuese pura subjetividad terminar\u00ed\u00ada por difuminar y falsear la \u00abrealidad del misterio salvador\u00bb. Como afirma J. Audinet, \u00abel ni\u00f1o, el adolescente y el adulto fijan en expresiones las ideas claras que se hacen de la realidad. Tienen necesidad de decirse a s\u00ed\u00ad mismos c\u00f3mo perciben la coherencia, la unidad, del designio de salvaci\u00f3n. Para responder a este deseo, la Iglesia, a lo largo de su historia, se ha esforzado en buscar reflexiones teol\u00f3gicas y f\u00f3rmulas del lenguaje que no se presten a equ\u00ed\u00advocos\u00bb8.<\/p>\n<p>b) El car\u00e1cter hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n y de la fe judeo-cristiana, testificada en la Biblia. Somos parte, en cuanto creyentes, de una historia larga, con frecuencia compleja y contradictoria, en la que Dios ha ido depositando pacientemente la semilla de su Palabra hasta la plenitud de Cristo.<\/p>\n<p>Estas dos razones, brevemente expuestas, son suficientes para comprender la necesidad e importancia del conocimiento de la fe en sus elementos objetivos: historia y contenidos de la revelaci\u00f3n. Este conocimiento constituye un momento intr\u00ed\u00adnseco del proceso de fe.<\/p>\n<p>4. LA CATEQUESIS ES TAMBIEN ENSE\u00ed\u2018ANZA. Una caracter\u00ed\u00adstica de la catequesis es la de ser ense\u00f1anza elemental (CC 79), pero \u00aborg\u00e1nica y sistem\u00e1tica\u00bb (CT 21) del mensaje cristiano. \u00abFormaci\u00f3n b\u00e1sica, esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas b\u00e1sicas de la fe y en lo\u00c2\u00a7 valores evang\u00e9licos m\u00e1s fundamentales\u00bb (DGC 67).<\/p>\n<p>En cuanto ense\u00f1anza elemental, la catequesis se centra en lo nuclear y b\u00e1sico. Hablamos as\u00ed\u00ad de integridad intensiva del mensaje cristiano como propia de la catequesis, frente a otras formas de integridad extensiva, m\u00e1s anal\u00ed\u00adticas. \u00abEste modo intensivo de transmitir el evangelio (Sagradas Escrituras) se distingue del modo extensivo, expl\u00ed\u00adcito o anal\u00ed\u00adtico que pretende transmitir todo el mensaje de la revelaci\u00f3n cristiana seg\u00fan su integridad: todo lo que desde el origen definieron, sensu stricto, concilios ecum\u00e9nicos y magisterio pontificio sobre fe y costumbres. Lo deben investigar los te\u00f3logos, pero no se deben dar expl\u00ed\u00adcitamente en la catequesis, a no ser que haya peligro de negarlas u olvidarlas\u00bb (s\u00ed\u00adnodo de obispos 1977, proposici\u00f3n 109). En relaci\u00f3n con todo esto est\u00e1 el tema de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, que es preciso tener en cuenta en la catequesis. \u00abHay realidades que son m\u00e1s importantes que otras, por ejemplo, el misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo es m\u00e1s que la doctrina de las indulgencias. Totalidad, precisi\u00f3n, jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, tales ser\u00ed\u00adan los criterios de un lenguaje doctrinal en la catequesis\u00bb10.<\/p>\n<p>Y en cuanto ense\u00f1anza org\u00e1nica y sistem\u00e1tica, la catequesis parte del misterio de Cristo, plenitud de la salvaci\u00f3n de Dios, para, desde este centro-Cristo, especialmente de su misterio pascual (kerigma apost\u00f3lico), ofrecer la s\u00ed\u00adntesis de la fe: Dios Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y Padre nuestro, la vida y ense\u00f1anza del Se\u00f1or, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la historia de la salvaci\u00f3n, la Iglesia, la vida cristiana (incluyendo la dimensi\u00f3n moral, la eclesial-comunitaria, la testimonial-apost\u00f3lica y misionera, el compromiso transformador&#8230;) y la esperanza de la vida eterna. La organicidad le viene a la catequesis de su referencia a Cristo, cuya persona y misterio unifica y vertebra el contenido y la vivencia de la fe. Acerca del cristocentrismo de la catequesis, cf CT 5-9; DGC 41, 98; CCE 426s.; CC 123; CAd 140.<\/p>\n<p>Esta s\u00ed\u00adntesis de la fe se expresa de manera paradigm\u00e1tica en el s\u00ed\u00admbolo (o los s\u00ed\u00admbolos, cf CT 28). La catequesis es, en esencia, entrega (traditio) y explicaci\u00f3n (explanatio) del s\u00ed\u00admbolo, que es, a su vez, \u00abcompendio de la Escritura y de la fe de la Iglesia\u00bb (DGC 85; cf CC 164, 168s; CAd 179). \u00abLa fe que ahora est\u00e1is oyendo con palabras sencillas, retenedla en vuestra memoria; considerad cuando sea oportuno, a la luz de las Sagradas Escrituras, el contenido de cada una de sus afirmaciones. Esta suma de la fe no ha sido compuesta por los hombres arbitrariamente, sino que, seleccionadas de toda la Escritura las afirmaciones m\u00e1s importantes, componen y dan contenido a una \u00fanica doctrina de la fe\u00bb (san Cirilo, en referencia al s\u00ed\u00admbolo, Catequesis V 1211). \u00abLa sustancia vital \u00ed\u00adntegra del evangelio que es transmitida a trav\u00e9s del s\u00ed\u00admbolo de la fe nos comunica el n\u00facleo fundamental del misterio de Dios uno y trino, tal como nos ha sido revelado en el misterio del Hijo de Dios encarnado y Salvador que vive siempre en su Iglesia\u00bb (MPD 8).<\/p>\n<p>5. DAR RAZ\u00ed\u201cN DE LA ESPERANZA QUE NOS ANIMA. Aun cuando este \u00abdar raz\u00f3n de la esperanza\u00bb (1Pe 3,15) haya que entenderlo fundamentalmente en clave existencial-testimonial, no excluye la exposici\u00f3n de las razones de la fe y de la esperanza cristianas y hasta una sana dimensi\u00f3n apolog\u00e9tica.<\/p>\n<p>La catequesis, al transmitir un conocimiento org\u00e1nico y sistem\u00e1tico del mensaje, equipa al creyente para esta tarea, que se realiza mediante el testimonio de la vida, as\u00ed\u00ad como por la capacidad de decir y exponer la fe de manera coherente y convincente: \u00abEl m\u00e1s hermoso testimonio se revelar\u00e1 a la larga impotente si no es esclarecido, justificado -lo que Pedro llama \u00abraz\u00f3n de vuestra esperanza\u00bb-, explicitado por un anuncio claro e inequ\u00ed\u00advoco del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (EN 22)12.<\/p>\n<p>II. Conocimiento&#8230; sapiencial<br \/>\n\u00abSi un cometido importante de la teolog\u00ed\u00ada es la interpretaci\u00f3n de las fuentes -afirma Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio-, un paso ulterior e incluso m\u00e1s delicado y exigente es la comprensi\u00f3n de la verdad revelada, o sea, la elaboraci\u00f3n del intellectus fidei\u00bb (FR 97). La catequesis debe propiciar el conocimiento de la fe (lo hemos visto en la primera parte). Pero no se trata de un conocimiento pura ni primordialmente intelectual, racional o filos\u00f3fico. En la catequesis, el conocimiento de la fe est\u00e1 en orden a la vida de fe. Es verdad que \u00abel conocimiento de los contenidos de la fe viene pedido por la adhesi\u00f3n a la fe\u00bb (DGC 85), pero aquel est\u00e1 al servicio de esta. Se trata ahora de poner de manifiesto algunas caracter\u00ed\u00adsticas de este conocimiento, que ha de ser adquirido \u00aben una relaci\u00f3n personal y sapiencial\u00bb (CC 85).<\/p>\n<p>1. \u00abSABIDUR\u00ed\u008dA\u00bb Y \u00abCONOCIMIENTO\u00bb EN LA BIBLIA. No podemos hacer aqu\u00ed\u00ad un estudio de lo que los t\u00e9rminos sabio y sabidur\u00ed\u00ada significan en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Para ello remitimos a las obras de los expertos13.<\/p>\n<p>Seg\u00fan J. V\u00ed\u00adlchez, el t\u00e9rmino sabio evoluciona en la literatura b\u00ed\u00adblica: expresa \u00abaquel individuo que es experto (que posee pericia) en algo \u00fatil en la vida&#8230;; con el paso del tiempo se advierten matices nuevos en los que el calificativo de sabio se va aplicando tambi\u00e9n al \u00e1mbito de lo moralmente bueno&#8230;; al t\u00e9rmino de la evoluci\u00f3n conceptual&#8230;, el sabio por excelencia&#8230; es el hombre justo. La justicia del justo se manifiesta ante Dios por el reconocimiento incondicional de su soberan\u00ed\u00ada&#8230;\u00bb14. En s\u00ed\u00adntesis, podemos decir que el sabio, en sentido b\u00ed\u00adblico, no es tanto el que est\u00e1 lleno de saberes, sino aquel que configura su vida de acuerdo con la palabra de Dios, dej\u00e1ndose guiar por ella; no es el que sabe mucho sobre Dios, en un nivel racional o conceptual, sino el que tiene experiencia de Dios, se deja educar por su Palabra, que \u00e9l medita y acoge dentro de s\u00ed\u00ad asiduamente, y vive de acuerdo con lo que esta Palabra le indica.<\/p>\n<p>Para estar en consonancia con la palabra de Dios es necesario, ante todo, que la filosof\u00ed\u00ada encuentre de nuevo su dimensi\u00f3n sapiencial de b\u00fasqueda del sentido \u00faltimo y global de la vida (FR 81).<\/p>\n<p>La sabidur\u00ed\u00ada es un gustar (sapere) de Dios y de las cosas divinas, y adquirir la sabidur\u00ed\u00ada implica, en consecuencia, un ejercicio permanente de escucha, di\u00e1logo, relaci\u00f3n interpersonal y obediencia respecto de Dios, para llegar a conocer y saber las cosas, el mundo y a s\u00ed\u00ad mismo desde Dios y seg\u00fan Dios: \u00abSe\u00f1or, instr\u00fayeme con tus palabras&#8230;, tu voluntad es mi delicia\u00bb (Sal 119,169.174). Podemos hablar de una sabidur\u00ed\u00ada de la vida o un saber vivir (un arte de vivir, tambi\u00e9n) desde Dios y seg\u00fan Dios.<\/p>\n<p>En un momento de la evoluci\u00f3n, \u00abla identificaci\u00f3n de la sabidur\u00ed\u00ada con Dios llega a ser casi total\u00bb15. En realidad, es Dios mismo el que educa a su pueblo a trav\u00e9s de la Ley y de las ense\u00f1anzas de los maestros. Y \u00abcuando se cumpli\u00f3 el tiempo\u00bb (G\u00e1l 4,4), la persona de Jesucristo se convirti\u00f3 en la Sabidur\u00ed\u00ada personificada de Dios: \u00abCristo&#8230; de parte de Dios se ha hecho para nosotros sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (lCor 1,30). El es tambi\u00e9n la palabra de Dios encarnada (cf In 1,14)16. A la misma conclusi\u00f3n llegamos analizando el t\u00e9rmino conocimiento en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. \u00abPara el Antiguo Testamento no se trata, como para los griegos, de un conocimiento ya hecho y cortado y que establece distancias, ni de una contemplaci\u00f3n, cuyo inter\u00e9s primario se orienta hacia una sistematizaci\u00f3n de lo conocido; el conocimiento veterotestamentario procede, de una forma siempre nueva, de un contacto familiar y constante con su interlocutor&#8230; A trav\u00e9s de un continuo seguir la pista de la revelaci\u00f3n de Dios en el pasado, el presente y el futuro, adquiere Israel el conocimiento de c\u00f3mo comportarse con su Dios y de lo que Dios le exige en concreto\u00bb17.<\/p>\n<p>El conocimiento de Dios implica escucha, acogida, di\u00e1logo, relaci\u00f3n personal con Dios y s\u00f3lo desde estos se accede a aquel; y apunta siempre hacia la praxis, hacia la obediencia de la voluntad de Dios en la vida. El conocimiento se hace \u00abreconocimiento obediente, que afecta a la persona, de la voluntad de Dios\u00bb18. En definitiva, el objeto del conocimiento salv\u00ed\u00adfico no es una doctrina, sino una persona: Dios y, en el Nuevo Testamento, Jesucristo, su enviado, que nos da a conocer al Padre (cf Jn 17,3). \u00abLo que se comunica en la catequesis no es un conjunto de verdades conceptuales, sino el misterio del Dios vivo\u00bb (FR 99). Este conocimiento se verifica en la praxis del cumplimiento de sus mandamientos, que se resumen en el del amor (cf 1Jn 2,3-5; 4,8). Conocer, pues, a Dios y a su enviado Jesucristo no es acoger un sistema de pensamiento sino entrar en una relaci\u00f3n interpersonal de salvaci\u00f3n, esto es, de transformaci\u00f3n, de vida nueva, por la fuerza de su Esp\u00ed\u00adritu (cf Col 1,9s.), que se verifica hacia fuera en la praxis del amor.<\/p>\n<p>Y lo mismo cabr\u00ed\u00ada decir del t\u00e9rmino verdad. Ante todo, Dios mismo es la Verdad y conocemos la verdad conoci\u00e9ndolo a \u00e9l. Mejor, estamos en la verdad si estamos en \u00e9l. Esta verdad de Dios se ha hecho personal en Jesucristo (cf Jn 1,17; 14,6). \u00abEl es la Palabra eterna, en quien todo ha sido creado, y a la vez es la Palabra encarnada, que en toda su persona revela al Padre (cf Jn 1,14.18). Lo que la raz\u00f3n humana busca sin conocerlo (He 17,23), puede ser encontrado s\u00f3lo por medio de Cristo: lo que en \u00e9l se revela, en efecto, es la plena verdad (cf Jn 1,14-16) de todo ser que en \u00e9l y por \u00e9l ha sido creado y despu\u00e9s encuentra en \u00e9l su plenitud (cf Col 1,17)\u00bb (FR 34).<\/p>\n<p>En resumen, todos estos conceptos, en su uso b\u00ed\u00adblico, nos hablan de una relaci\u00f3n interpersonal, s\u00f3lo desde la cual es posible saber, conocer y apreciar la verdad de Dios, que se ha manifestado plenamente en la persona de Jes\u00fas. Es fundamental, en este sentido, la aportaci\u00f3n de la constituci\u00f3n Dei Verbum del Vaticano II sobre el sentido de la revelaci\u00f3n como automanifestaci\u00f3n de Dios y encuentro personal (ver especialmente el n. 2), frente a una concepci\u00f3n \u00abprevalentemente intelectualista, dominada por el modelo de la transmisi\u00f3n magisterial de la verdad\u00bb19.<\/p>\n<p>2. DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO. En el seguimiento de Jes\u00fas, la relaci\u00f3n Maestro-disc\u00ed\u00adpulo no se da primordialmente a un nivel intelectual, sino experiencial, que implica la vida entera. Se es disc\u00ed\u00adpulo haci\u00e9ndose seguidor suyo, conviviendo con \u00e9l; se aprende del contacto personal, no de o\u00ed\u00addas, sino viviendo a su lado: \u00abVenid y ver\u00e9is\u00bb (Jn 1,39; cf Mc 3,13s). El conocimiento que se adquiere del Se\u00f1or es profundamente vivencial, nace de la comunicaci\u00f3n interpersonal y de la experiencia cercana, pero incluye tambi\u00e9n momentos de explicaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza: \u00abA sus disc\u00ed\u00adpulos, sin embargo, se lo explicaba todo en privado\u00bb (Mc 4,34).<\/p>\n<p>El disc\u00ed\u00adpulo-seguidor, cuando dice lo que ha visto y o\u00ed\u00addo, transmite ante todo una experiencia (cf IJn 1,1-4), es un testigo (cf He 1,8).<\/p>\n<p>III. Consecuencias catequ\u00e9ticas<br \/>\nDe todo lo dicho anteriormente, cabe extraer algunas consecuencias para la catequesis: a) El conocimiento de la fe que la catequesis debe propiciar tiene dos dimensiones: 1) la vivencial-experiencial (sapiencial), o conocimiento de Jesucristo y de Dios a trav\u00e9s de la experiencia de la relaci\u00f3n con \u00e9l, iluminada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, con la ayuda del catequista (en definitiva, de la Iglesia), testigo de la fe y pedagogo del encuentro interpersonal con Dios y con el Se\u00f1or; 2) y la no\u00e9ticasistem\u00e1tica, que recoge lo que la Iglesia cree, y pone palabras y conceptos a la experiencia interior; el catequista es tambi\u00e9n maestro que ense\u00f1a, propone y explica la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia, que es, adem\u00e1s de fe vivida y confesada, tambi\u00e9n f\u00f3rmulas y ense\u00f1anzas que, ya desde los escritos del Nuevo Testamento, expresan e identifican la autenticidad de la experiencia interior como concorde con el testimonio y la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles (cf He 20,25-32; 2Tim 4,1-4). Lo expresa bien Juan Pablo II: \u00abSi es verdad que ser cristiano significa decir s\u00ed\u00ad a Jesucristo, recordemos que este s\u00ed\u00ad tiene dos niveles: consiste en entregarse a la palabra de Dios y apoyarse en ella, pero significa tambi\u00e9n, en segunda instancia, esforzarse por conocer cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra\u00bb (CT 20). \u00abLa fe y la raz\u00f3n son como las dos alas con las cuales el esp\u00ed\u00adritu humano se eleva hacia la contemplaci\u00f3n de la verdad. Dios ha puesto en el coraz\u00f3n del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a \u00e9l para que, conoci\u00e9ndolo y am\u00e1ndolo, pueda alcanzar tambi\u00e9n la plena verdad sobre s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (FR introd.).<\/p>\n<p>b) En cuanto a la exposici\u00f3n sistem\u00e1tica del contenido de la fe (que incluye informaciones, conceptos, f\u00f3rmulas doctrinales, lit\u00fargicas, oracionales, etc.), debe realizarse a lo largo de todo el proceso catequ\u00e9tico, pero hay momentos m\u00e1s propicios, como son: 1) la infancia: una buena s\u00ed\u00adntesis de fe \u00e9n esta edad o la carencia de ella, determinan muchas cosas posteriormente; 2) la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n, como quiera que se valore la praxis concreta de este sacramento, est\u00e1 pidiendo indudablemente una exposici\u00f3n (explanatio) del credo bautismal que se va a reafirmar en la confirmaci\u00f3n; 3) la juventud, pasada la adolescencia, puede ser otro momento de hacer una adecuada presentaci\u00f3n sint\u00e9tica del mensaje cristiano, en la edad en que el joven va realizando sus opciones vitales; 4) por fin, en la edad adulta, muchos bautizados no suficientemente catequizados e iniciados, e incluso quienes lo hubieran sido aceptablemente, pueden necesitar otro momento de catequizaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y de exposici\u00f3n org\u00e1nica de los n\u00facleos de la fe.<\/p>\n<p>Edades como la preadolescencia y la adolescencia, por el contrario, est\u00e1n pidiendo una catequesis m\u00e1s centrada en sus experiencias vitales, de acompa\u00f1amiento e iluminaci\u00f3n de su especial momento evolutivo, pero siempre para el fortalecimiento de la identidad cristiana. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar que la exposici\u00f3n de los contenidos de la fe ha de ser progresiva y acomodada al ritmo de crecimiento y a las posibilidades del catec\u00fameno en cada momento de su evoluci\u00f3n (cf CT 31, 45; DGC 169, 171; CC 214).<\/p>\n<p>c) Acci\u00f3n compleja (pues incluye distintos aspectos y elementos) y arm\u00f3nica (que educa integradoramente las distintas dimensiones y capacidades de la persona: inteligencia, memoria, voluntad, sentimientos, afectos, actitudes, etc.), la catequesis tiene el objetivo \u00faltimo de conseguir la adhesi\u00f3n de la fe teologal a Jesucristo como Se\u00f1or y Salvador. Esto es lo que entendemos por confesi\u00f3n de fe que, m\u00e1s que decir unas verdades o unas f\u00f3rmulas, aunque lo incluya, es una adhesi\u00f3n personal y vital, en la comunidad de la Iglesia, a la persona de Jesucristo y a la revelaci\u00f3n del evangelio, haci\u00e9ndose un seguidor del Se\u00f1or (cf CT 20; DGC 80s.; CC 96, 164; CAd 133-171).<\/p>\n<p>Para ello, la pedagog\u00ed\u00ada del acto catequ\u00e9tico debe ayudar a un encuentro sapiencial con la Sagrada Escritura y con los contenidos nucleares de la fe (fides quae o doctrina de la fe), mediante: 1) la educaci\u00f3n de la capacidad de interiorizaci\u00f3n del catec\u00fameno, ya desde la infancia: pedagog\u00ed\u00ada del silencio, para saber entrar dentro de s\u00ed\u00ad y profundizar en el sentido de la propia existencia, de las cosas y los acontecimientos, frente al peligro de la superficialidad y de ser engullidos por el ruido y la sucesi\u00f3n incesante de palabras e im\u00e1genes meramente externas; 2) la educaci\u00f3n del sentido simb\u00f3lico, m\u00e1s all\u00e1 de lo meramente realista y racional, que posibilite la apertura a la dimensi\u00f3n religiosa y trascendente y, en definitiva, a Dios, que nos sale al paso siempre m\u00e1s all\u00e1 de nuestros conceptos y esquemas, sin olvidar que el lenguaje de la Escritura, de la liturgia y de la tradici\u00f3n espiritual y m\u00ed\u00adstica es profundamente simb\u00f3lico; 3) la pedagog\u00ed\u00ada de la oraci\u00f3n, de modo que todo en la catequesis sea un ejercicio de escucha y di\u00e1logo con Dios; la oraci\u00f3n no es cuesti\u00f3n s\u00f3lo de unos momentos (rezar puntualmente) sino m\u00e1s bien del clima en que debe realizarse toda la catequesis, y que posibilita las actitudes de escucha interior y encuentro personal con Dios; 4) la centralidad de la Biblia como palabra viva de Dios, debiendo la catequesis ayudar, con pedagog\u00ed\u00ada progresiva, a conocer y entender la Biblia en su historia, contexto, etc. (ex\u00e9gesis), y a acogerla como comunicaci\u00f3n actual de Dios, en una lectura sapiencial y orante de la misma (lectio divina), en sinton\u00ed\u00ada con la experiencia personal y colectiva, y desde la situaci\u00f3n hist\u00f3rica presente.<\/p>\n<p>d) La memoria en la catequesis. Parece evidente que en la pedagog\u00ed\u00ada del conocimiento de la fe se haya de cuidar, en su justa medida, la memoria y la memorizaci\u00f3n. \u00abUna cierta memorizaci\u00f3n de las palabras de Jes\u00fas, de pasajes b\u00ed\u00adblicos importantes, de los diez mandamientos, de f\u00f3rmulas de profesi\u00f3n de fe, de textos lit\u00fargicos, de algunas oraciones esenciales, de nociones clave de la doctrina&#8230;, lejos de ser contraria a la dignidad de los j\u00f3venes cristianos, o de constituir un obst\u00e1culo para el di\u00e1logo personal con el Se\u00f1or, es una verdadera necesidad\u00bb (CT 55). No se trata, evidentemente, de un simple ejercicio intelectual, ni de una memorizaci\u00f3n mec\u00e1nica, sino interiorizada y profundizada, de modo que los textos memorizados \u00absean fuente de vida cristiana personal y comunitaria\u00bb (CT 55). La memoria de la catequesis guarda, por otra parte, relaci\u00f3n con el memorial lit\u00fargico; en la memoria y en el memorial nos sabemos deudores y miembros de una historia viva de salvaci\u00f3n y de fe, que es actual, no mero recuerdo del pasado20.<\/p>\n<p>e) Si la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica dice relaci\u00f3n a la vida, al modo o arte de vivir, guiado por la palabra de Dios, el conocimiento sapiencial de la fe debe ir siempre unido a la dimensi\u00f3n actitudinal, moral y pr\u00e1xica (actitudes evang\u00e9licas, vida nueva en Cristo, compromiso&#8230;) y reflejarse en ella. La conversi\u00f3n cristiana, que la catequesis debe propiciar, es, ante todo, conversi\u00f3n teologal a la persona de Jesucristo (experiencia de su cercan\u00ed\u00ada, amor y compasi\u00f3n&#8230;, apertura de la propia vida al Se\u00f1or para dejarse transformar por su Esp\u00ed\u00adritu), pero debe llegar a la conversi\u00f3n moral, de las actitudes profundas, que se traducen y se realizan en actos concretos. Ya dijimos m\u00e1s arriba que el conocimiento de Dios y de Cristo, seg\u00fan la Biblia, conduce necesariamente al cumplimiento de su voluntad y de sus mandamientos y, en el cristiano, a la praxis del amor, mandamiento por excelencia, que se verifica en ella (cf DGC 53-57). La pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, por tanto, debe procurar que el conocimiento sapiencial de la palabra de Dios y de las verdades de la fe incida en la vida, lleve al cambio y a la adquisici\u00f3n de las actitudes evang\u00e9licas y est\u00e9 en permanente di\u00e1logo con la experiencia vital (personal, social e hist\u00f3rica) del catec\u00fameno, haciendo una lectura encarnada de la Sagrada Escritura y de los grandes documentos de la fe. Es decir, que sea la transmisi\u00f3n de \u00abun mensaje significativo para la persona humana\u00bb (DGC 116). Una pedagog\u00ed\u00ada progresiva del compromiso apost\u00f3lico y transformador debe estar presente en el proceso catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>f) En resumen: el secreto est\u00e1 en realizar bien el acto catequ\u00e9tico, con sus diversos elementos (que ya el Vaticano II se\u00f1alaba, y que constituyen a la vez las &#8216;tareas permanentes de la catequesis: \u00abiluminar y fortalecer la fe, alimentar la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, conducir a una participaci\u00f3n consciente y activa del misterio lit\u00fargico y estimular a la acci\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb [GE 4]), de modo que el conocimiento del mensaje, la experiencia humana y la expresi\u00f3n de la fe en la oraci\u00f3n-celebraci\u00f3n y en el compromiso de vida sean partes de un todo, que se exigen, condicionan y fecundan mutuamente (cf DGC 87; cf IC 42).<\/p>\n<p>Dicho de otro modo: el conocimiento del mensaje en la catequesis ha de realizarse en sinton\u00ed\u00ada con la experiencia vital, en clima de oraci\u00f3n como escucha y di\u00e1logo con Dios, y ha de llevar a la transformaci\u00f3n de la existencia en Cristo, para dar testimonio y ser agente de evangelizaci\u00f3n y transformaci\u00f3n del mundo. Es as\u00ed\u00ad como el conocimiento de la fe, salvando sus justas pretensiones intelectuales, defendidas m\u00e1s arriba, ser\u00e1 conocimiento salv\u00ed\u00adfico de la Verdad que es Dios mismo, para vivir en ella y comunicarla a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. En C. ELORRIAGA, San Cirilo de Jerusal\u00e9n. Catequesis, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1991, 133s.; cf DGC 85; CC 166; E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 19912, 99. &#8211; 2 G. LANGENIN, Fe, en R. LATOURELLE-R. FISICHELLA (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 476. &#8211; 3. E. ALBERICH, o.c., 112; cf CC 86. -4. L. GONZALEZ CARVAJAL, Rehabilitaci\u00f3n del sentimiento en la cultura actual, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 60 (1996) 21-24. &#8211; 5 V. AYER, Desplazamiento de una catequesis: 1950-1980, Sinite 64 (1980) 150; cf E. ALBERICH, o.c., 106; J. COLOMB escribe: \u00abEl catequista deber\u00e1 evitar el intelectualismo, que no sit\u00faa en su lugar ni todo el pensamiento, ni la profundidad afectiva y activa del mismo; pero deber\u00e1 evitar tambi\u00e9n el fide\u00ed\u00adsmo que, rebajando la parte de la luz humana en la fe, no respeta al hombre y exagera frecuentemente la parte de la afectividad\u00bb (Manual de catequ\u00e9tica I, Herder, Barcelona 1971, 659). &#8211; 6. J. M. OCHOA, La transmisi\u00f3n de la fe, hoy: algunos criterios teol\u00f3gicos, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 30 (1989) 119. -7. Ib, 120. &#8211; 8 J. AUDINET, Los lenguajes de transmisi\u00f3n de la palabra de Dios, en Por una formaci\u00f3n religiosa para nuestro tiempo. Actas de las I Jornadas nacionales de estudios catequ\u00e9ticos, Marova, Madrid 1967, 72. &#8211; 9 M. MATOS, Sinopsis para un estudio comparativo de la \u00abCatechesi tradendae\u00bb con sus fuentes, Actualidad catequ\u00e9tica 96 (1980) 97-144; cf A. GARC\u00ed\u008dA SU\u00ed\u0081REZ, En torno a la integridad extensiva e intensiva del mensaje cristiano, Actualidad catequ\u00e9tica 81-82 (1977). &#8211; 10 J. AUDINET, o.c., 72. Una exposici\u00f3n m\u00e1s detallada, en A. GARC\u00ed\u008dA SU\u00ed\u0081REZ, o.c., 208-221; cf E. ALBERICH, o.c., 76; CT 31; DGC 114ss.; CCE 90, 234. &#8211; 11. Cf V. PEDROSA, S\u00ed\u00adnodo 1977: La catequesis en el mundo actual y su prospectiva, Actualidad catequ\u00e9tica 83-84 (1977) 107-114; G. GROPPO, Contenidos (criterios), en J. GEVAERT (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 221-224. -12 Cf P. A. GIGUERE, Una fe adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la fe, Sal Terrae, Santander 1995, 136-140; V. PEDROSA, a.c., 95-97. &#8211; 13 Por ejemplo, V. MORLA ASENSIO, Libros sapienciales y otros escritos, Verbo Divino, Estella 1994; J. V\u00ed\u008dLCHEZ LINDEZ, Sabidur\u00ed\u00ada y sabios en Israel, Verbo Divino, Estella 1995. &#8211; 14 J. V\u00ed\u008dLCHEZ LINDEZ, o.c., 76. &#8211; 15 V. MORLA, o.c., 45. -16 Cf S. FUSTER PERELL\u00ed\u201c, Misterio trinitaria. Dios desde el silencio y la cercan\u00ed\u00ada, San Esteban-Edibesa, Salamanca 1997, 75-84. &#8211; 17. E. D. SCHSMITZ, Conocimiento, experiencia, en L. COENEN-E. BEYREUTHER-H. BIETENHARD, Diccionario teol\u00f3gico del Nuevo Testamento 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, 301; cf J. A. GARC\u00ed\u008dA MONGE, Unificarse como persona creyente, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 60 (1996) 35. &#8211; 18. Ib, 304. &#8211; 19 E. ALBERICH, o.c., 60. &#8211; 20 Cf DGC 154; V. PEDROSA, La memoria en la catequesis, Actualidad catequ\u00e9tica 99 (1980); J. CoLOMB, o.c., 1, 499-535; E. ALBERICH, o.c., 113ss; A. ALCEDO, Dimensi\u00f3n cognoscitiva de la catequesis, Formaci\u00f3n de catequistas 6, SM, Madrid 1990, 13; U. GIANETrO, Memorizaci\u00f3n, en J. GEVAERT, o.c., 549s; V. PEDROSA, S\u00ed\u00adnodo 1977: La catequesis en el mundo actual y su prospectiva, a.c., 214ss.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en notas: MALHERBE J. F., El conocimiento de la fe, en LAURET B.-REFOULE F., Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1985, vol I, 92-120; PEDROSA V., La catequesis, hoy, PPC, Madrid 1983; RESINES L., Cuando la catequesis pierde la cabeza, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 60 (1996) 41-87; WESTERHOFF J., Estructura bifocal del conocimiento, Concilium 194 (1984) 101-110.<\/p>\n<p>Pedro Jur\u00ed\u00ado Goicoechea<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Conocimiento&#8230;: 1. La fe tiene contenidos; 2. No despreciar la inteligencia; 3. \u00bfLa fe se transmite?; 4. La catequesis es tambi\u00e9n ense\u00f1anza; 5. Dar raz\u00f3n de la esperanza que nos anima. II. Conocimiento&#8230; sapiencial: 1. \u00abSabidur\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abconocimiento\u00bb en la Biblia; 2. Discipulado y seguimiento. III. Consecuencias catequ\u00e9ticas. I. Conocimiento&#8230; 1. LA FE &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conocimiento-de-la-fe-iniciacion-al\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONOCIMIENTO DE LA FE, INICIACION AL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16986","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16986","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16986"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16986\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16986"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16986"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16986"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}