{"id":16987,"date":"2016-02-05T11:04:12","date_gmt":"2016-02-05T16:04:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consumacion-del-hombre-y-del-cosmos\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:12","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:12","slug":"consumacion-del-hombre-y-del-cosmos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consumacion-del-hombre-y-del-cosmos\/","title":{"rendered":"CONSUMACION DEL HOMBRE Y DEL COSMOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La esperanza amenazada: 1. Fundamentos de la esperanza cristiana; 2. Horizonte escatol\u00f3gico; 3. Claves teol\u00f3gicas de interpretaci\u00f3n; 4. Claves antropol\u00f3gicas. II. Centro y \u00e9schaton de nuestra esperanza cristiana: 1. El centro: el misterio pascual de Jes\u00fas; 2. El \u00e9schaton: la parus\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. III. Lectura esperanzada de los nov\u00ed\u00adsimos. IV. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Tareas de la catequesis; 2. Aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica a las afirmaciones escatol\u00f3gicas; 3. Catequesis seg\u00fan las edades: situaci\u00f3n y metodolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. La esperanza amenazada<br \/>\nHasta los umbrales de la Edad moderna apenas se opon\u00ed\u00ada a la esperanza cristiana ninguna otra alternativa en el orden religioso o filos\u00f3fico. El mismo Kant, cristiano de la Ilustraci\u00f3n, de la que se constituy\u00f3 el gran pensador, propon\u00ed\u00ada en su universo del saber tres preguntas razonables y trascendentales para el hombre: 1) \u00bfQu\u00e9 puedo saber? En ella iba involucrada toda la capacidad de la ciencia de su tiempo que \u00e9l dise\u00f1\u00f3 dentro de la cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura. 2) \u00bf Qu\u00e9 debo hacer? Con ella se propon\u00ed\u00ada trazar el campo de la moral humana. 3) \u00bfQu\u00e9 puedo esperar? Pretend\u00ed\u00ada se\u00f1alar las posibilidades y los l\u00ed\u00admites de la religi\u00f3n o de la fe cristiana. Despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3 una cuarta pregunta que resum\u00ed\u00ada las otras tres: \u00bfQu\u00e9 es el hombre?<br \/>\nLos pensadores de la modernidad, despu\u00e9s de Kant, han seguido la v\u00ed\u00ada de la sospecha poniendo en jaque a la fe cristiana y a la esperanza en Dios desde los principios estrictos del secularismo (Feuerbach) y del ate\u00ed\u00adsmo militante: materialismo dial\u00e9ctico (Marx, Engels), espiritualismo decadente por la falta de porvenir o por el malestar de una ilusi\u00f3n perdida como es la religi\u00f3n cristiana (Freud), ate\u00ed\u00adsmo de la muerte de Dios, humanismo del superhombre, eterno retorno y nihilismo (Nietzsche).<\/p>\n<p>1. FUNDAMENTOS DE LA ESPERANZA CRISTIANA. Esta sospecha acumulada ha constituido una amenaza y un acoso permanente a la fe-esperanza de los hombres, pero tambi\u00e9n ha servido a una gran purificaci\u00f3n. Aunque ha dejado herido el costado del hombre moderno, el creyente ha afrontado su amenaza y sus retos dando raz\u00f3n de su esperanza en Dios con razonabilidad y confianza. Y en ello ha encontrado de nuevo los fundamentos de su esperanza cristiana.<\/p>\n<p>En primer lugar ha estrechado cada vez m\u00e1s indisolublemente la fe en el Dios vivo, padre y creador, y la esperanza en la vida eterna. Si hay Dios, y por la fe, oraci\u00f3n, amor de los hermanos y testimonio de vida en favor del evangelio, tenemos, gracias a Jes\u00fas, experiencia de ese Dios viviente, tiene que haber promesa de vida eterna. Es algo evidente que dimana para el hombre que cree en el Dios vivo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad la incoherencia de algunos cristianos de hoy, que, como aparece en algunas encuestas contempor\u00e1neas, dicen creer en Dios y despu\u00e9s -sin ninguna l\u00f3gica de fe- dudan o niegan la vida eterna que nos viene del Dios vivo que resucit\u00f3 a Jes\u00fas. \u00abEsta vida es lo \u00fanico que tenemos, y si morimos, morimos para siempre\u00bb parece escuch\u00e1rseles. No se preguntan con hondura de qui\u00e9n hemos recibido la vida y para qu\u00e9 destino. Otra forma esc\u00e9ptica de decir este desencanto es acudir al refr\u00e1n \u00abel muerto al hoyo y el vivo al bollo\u00bb, o a la met\u00e1fora floral \u00abel muerto va al cementerio a criar malvas\u00bb. La muerte pare-ce un hecho natural, y la autodestrucci\u00f3n por la muerte el vertedero final del hombre y de la historia.<\/p>\n<p>Tal desesperanza conduce a la des-valorizaci\u00f3n y banalizaci\u00f3n de esta vida, como observaba ya Pablo en sus contempor\u00e1neos los corintios. Y conclu\u00ed\u00ada con ellos, repitiendo un dicho de Isa\u00ed\u00adas: \u00ab\u00c2\u00a1Comamos y bebamos, que ma\u00f1ana moriremos!\u00bb (1Cor 15,32; cf Is 22,13). Pero a su vez, como cristiano, sacaba otra conclusi\u00f3n no m\u00e1s desoladora: \u00abSi no hay resurrecci\u00f3n de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado\u00bb. Entonces los cristianos \u00absomos los hombres m\u00e1s desgraciados\u00bb. Pero al llegar a este absurdo de la desesperaci\u00f3n total, sal-ta como por un resorte ante el mismo acontecimiento patente, del que, por gracia, tiene plena convicci\u00f3n de ser testigo: \u00abPero no, Cristo ha resucita-do de entre los muertos como primicias de los que mueren\u00bb (cf 1Cor 15,13.16.19-20).<\/p>\n<p>La misma estructura del s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano -y de igual modo el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico-nos da raz\u00f3n de la l\u00f3gica de la fe en cuanto a nuestra esperanza. Al comienzo nos encontramos con que el primer acto de fe, nuestra fe, descansa en Dios Padre todopoderoso, creador de la vida y de todo. Es un acto de amor por parte de Dios. No cabe otra motivaci\u00f3n en \u00e9l, puesto que est\u00e1 rebosante de vida y la vida presupone esp\u00ed\u00adritu de comunicaci\u00f3n, participaci\u00f3n y amor en plena libertad. Al final del credo terminamos encontr\u00e1ndonos tambi\u00e9n con la afirmaci\u00f3n: \u00abEspero la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo futuro\u00bb. Y tal concreci\u00f3n de esta vida esperanzada que nos aguarda para siempre se le asigna al Esp\u00ed\u00adritu Santo, al que se le llama \u00abSe\u00f1or y dador de vida\u00bb, porque es la comuni\u00f3n del Padre y del Hijo en el amor. Es el Esp\u00ed\u00adritu, por el que el Padre resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos, y es tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu que se nos ha dado, quien nos resucitar\u00e1 (cf Rom 8,11). Todo ello indica que \u00e9l participa de la misma soberan\u00ed\u00ada y gloria del Dios viviente y del Cristo resucitado.<\/p>\n<p>Pero en medio de los dos pilares de este arco de fe-esperanza se alza la piedra clave de la fe en Jes\u00fas, el Se\u00f1or muerto y resucitado. El era uno de nosotros, pero ten\u00ed\u00ada un esp\u00ed\u00adritu de comunicaci\u00f3n con Dios y una participaci\u00f3n con nosotros que romp\u00ed\u00ada toda medida. Por eso llegaba a tal profundidad en su comunicaci\u00f3n con Dios y de Dios con \u00e9l, que s\u00f3lo se puede vislumbrar en su invocaci\u00f3n \u00fanica, personal, de una profundidad filial insospechable: Abb\u00e1. En ella revelaba, a la vez, su posici\u00f3n \u00fanica y personal de Hijo. En cuanto a su solidaridad con nosotros, podr\u00ed\u00adamos definirlo como redentor, salvador; pero podemos entendernos de igual manera se\u00f1alando que es \u00abun hombre-para-todo-hombre\u00bb (Bonh\u00f6ffer). De ah\u00ed\u00ad que su funci\u00f3n siempre es medi\u00e1tica, pero de una calidad \u00fanica, para su tiempo y para siempre. Por eso su persona y su historia son decisivas en cuanto a marcar nuestra fe en Dios y nuestra comuni\u00f3n entre los hombres. El niceno-constantinopolitano, como el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico, le dedica la centralidad a su persona y misterio: \u00abpor nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeci\u00f3 y fue sepultado, y resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras\u00bb. Pero tambi\u00e9n es \u00e9l a quien aguardamos al final de la historia como \u00abJuez de vivos y muertos, y su reino no tendr\u00e1 fin\u00bb. Tal juicio ser\u00e1 triunfante y liberador en el \u00e9schaton, desvelando la ambig\u00fcedad de la historia; pero mantiene en su car\u00e1cter salv\u00ed\u00adfico el interpelante permanente contra el pecado y la in-justicia, la violencia y la opresi\u00f3n en vida y, definitivamente, en muerte de cada uno y de todos.<\/p>\n<p>2. HORIZONTE ESCATOL\u00ed\u201cGICO. \u00abLa verdad -recuerda Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio- se presenta inicialmente al hombre como un interrogante: \u00bftiene sentido la vida?, \u00bfhacia d\u00f3nde se dirige? A primera vista, la existencia personal podr\u00ed\u00ada presentarse como radicalmente carente de sentido\u00bb (FR 26). \u00abPor lo de-m\u00e1s, una simple mirada a la historia antigua muestra con claridad c\u00f3mo en distintas partes de la tierra, marca-das por culturas diferentes, brotan al mismo tiempo las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido de la existencia humana: \u00bfqui\u00e9n soy?, \u00bfde d\u00f3nde vengo y ad\u00f3nde voy?, \u00bfpor qu\u00e9 existe el mal?, \u00bfqu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos sagrados de Israel&#8230;\u00bb (FR 1).<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada cristiana, en cuanto tratado o reflexi\u00f3n creyente de los \u00faltimos acontecimientos que afectan a toda la realidad y que apuntan a la consumaci\u00f3n final, tiene que responder de buen \u00e1nimo a una escatolog\u00ed\u00ada personal, colectiva y c\u00f3smica al mismo tiempo. Su fuente de revelaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n no es m\u00e1s que la misma experiencia del Dios de Israel y de Jes\u00fas, sobre todo, que se han revelado en la historia. En este sentido se puede decir que nada del hombre, de la historia y del cosmos es ajeno a la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>Si consideramos que la escatolog\u00ed\u00ada es la teolog\u00ed\u00ada de la esperanza cristiana, podemos quedarnos con la bella definici\u00f3n moltmaniana: \u00abla inteligencia de la esperanza consiste en que anticipemos el mundo nuevo\u00bb. La esperanza radicada en la fe y en el amor de Dios en Jesucristo es enormemente creativa y anticipadora del reino de Dios para los hombres. Ambas, tanto la escatolog\u00ed\u00ada cristiana como la teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, necesitan mostrar vigor en sus claves.<\/p>\n<p>3. CLAVES TEOL\u00ed\u201cGICAS DE INTERPRETACI\u00ed\u201cN. S\u00f3lo el Dios que cre\u00f3 de la nada todas las cosas, y por amor les comunic\u00f3 ser, vida, amor, inteligencia y esp\u00ed\u00adritu, puede llevarlas a su consumaci\u00f3n y plenitud, porque el Dios creador es el mismo Dios consumador. El es el principio y fin de nuestra esperanza. Esto es lo que se advierte en la historia del Antiguo Testamento. Israel es la historia de un pueblo, cuya trama la constituyen la historia de la promesa, del \u00e9xodo y de la alianza que despu\u00e9s el mesianismo prof\u00e9tico, la apocal\u00ed\u00adptica, los libros sapienciales y martiriales han configurado lentamente en su horizonte escatol\u00f3gico. La gracia de Yav\u00e9 -del creyente, del pueblo fiel a la alianza- y el amor al pr\u00f3jimo -amor a los pobres en la realizaci\u00f3n de la justicia y de la misericordia, e incluso, lo m\u00e1s extraordinario, la salvaci\u00f3n de las naciones- se revelan como el triunfo definitivo del final de la historia en el \u00fanico reino de Dios. No es el caos, la ambig\u00fcedad \u00e9tica entre el bien y el mal, la muerte o la nada lo que nos espera, sino el amor triunfante y escatol\u00f3gico de Dios en la resurrecci\u00f3n de los muertos y en la vida eterna.<\/p>\n<p>Job (19,25), los salmos m\u00ed\u00adsticos (16, 49 y 73), el Cantar de los cantares (8,6-7), o los profetas Oseas (6,1-3) y, sobre todo, Ezequiel (37,1-14) e Isa\u00ed\u00adas (25,6-9 y 26,19), van perfilando esta esperanza ascendente. El apocal\u00ed\u00adptico Daniel 7 pronostica al final del mundo un reino del Hijo del hombre con car\u00e1cter de humanidad divina frente a los reinos de las bestias imperantes en la historia. Y en el cap\u00ed\u00adtulo 12 augura la resurrecci\u00f3n final de todos, aunque con distinta valoraci\u00f3n para los justos perseguidos y los injustos perseguidores. Eso mismo aparece en la esperanza di\u00e1fana en el Dios de la resurrecci\u00f3n de los muertos de los textos martiriales de 2 Macabeos 7 y 12, y sapienciales del justo perseguido, torturado y muerto, pero cuya persona y valor inmortal e incorruptible son garantizados por<br \/>\nDios como don divino (Sab 1-5). En el v\u00e9rtice de este horizonte escatol\u00f3gico viene a alzarse hist\u00f3ricamente Jes\u00fas. Y lo que era en Israel una iluminaci\u00f3n escatol\u00f3gica, poco a poco alumbrada hasta vislumbrar la promesa de vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte que se esconde en Dios, se ha convertido de repente -\u00abde una vez para siempre\u00bb-, por Jes\u00fas de Nazaret, en cumplimiento anticipado con consecuencias imprevisibles.<\/p>\n<p>Este Dios que resucita a los muertos por su Hijo Jes\u00fas -el resucitado seg\u00fan el vigor del Esp\u00ed\u00adritu- y el hombre recreado a esta imagen no se pueden avenir con la doctrina de la reencarnaci\u00f3n. Este viejo mito redescubierto en Occidente -ahora que ha perdido su esperanza cristiana- por la influencia fascinante del Oriente, no deja de ser un m\u00faltiple esfuerzo de salvaci\u00f3n del hombre con sus avatares y purificaciones, pero nunca expresar\u00e1 el don escatol\u00f3gico de Dios.<\/p>\n<p>Esta teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, cuyas \u00abpromesas de Dios se cumplieron en \u00e9l [Cristo]\u00bb (2Cor 1,20), no supone algo impuesto desde fuera o desde arriba, sino que conecta con las aspiraciones m\u00e1s radicales del hombre -persona, vocaci\u00f3n y destino-, e incluso sobrepasa sus mismas capacidades y, sobre todo, sus realizaciones, y le sorprende como don gratuito de Dios. As\u00ed\u00ad le hace decir a Pablo: \u00abLo que el ojo no vio, lo que el o\u00ed\u00addo no oy\u00f3, lo que ning\u00fan hombre imagin\u00f3, eso prepar\u00f3 Dios para los que le aman\u00bb (1Cor 2,9). Aqu\u00ed\u00ad es donde se encuentra la superaci\u00f3n y la respuesta razonable frente a las objeciones de la filosof\u00ed\u00ada del secularismo (Feuerbach), del ate\u00ed\u00adsmo y las filosof\u00ed\u00adas de la sospecha (Marx, Freud y Nietzsche) y del agnosticismo y posmodernismo increyente en su base intelectual.<\/p>\n<p>4. CLAVES ANTROPOL\u00ed\u201cGICAS. El hombre es un ser abierto y capacitado para vivir en el mundo, para conocer, trabajar, transformar el mundo y humanizarlo -vocaci\u00f3n en el mundo-, para vivir en comunidad con los otros -comuni\u00f3n, convivencia, comunidad-. Ha nacido y ha sido educado en una familia; ha sido llamado al amor y a formar otra familia; es miembro de un pueblo, en cuyo quehacer y destino est\u00e1 llamado a participar, procurando su perfecci\u00f3n y progreso de \u00ed\u00adndole humana y moral, en convivencia pac\u00ed\u00adfica con los otros pueblos, puesta la mira en la justicia y en el derecho del bien com\u00fan de todos los hombres. Pero tiene adem\u00e1s una relaci\u00f3n muy profunda e indeclinable, de car\u00e1cter totalmente trascendente, con Dios -religi\u00f3n-, que engloba todo y afecta a todas las otras dimensiones mencionadas, sin que les prive de su autonom\u00ed\u00ada propiciada por \u00e9l. Est\u00e1 llamado a la perfecci\u00f3n de esta primordial vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este hombre, vocacionado por Dios, que tiene como futuro escatol\u00f3gico la vida y la felicidad eternas, que desea, busca, espera y ama con pasi\u00f3n aqu\u00ed\u00ad y ahora, y que ya disfruta, en parte como don y en parte como tarea, es a su vez un ser menesteroso, contingente, dependiente, sometido al fracaso, a la enfermedad, al dolor y, finalmente, a la muerte. Est\u00e1 igualmente propenso a la desesperaci\u00f3n, a la injusticia, a la corrupci\u00f3n, al desamor, al odio y a la guerra. Siempre le acosa, vallando su existencia, el misterio de la iniquidad y del mal. A estas situaciones, realidades y negatividades humanas, que los humanismos laicistas del siglo pasado y del presente descuidan por amenazantes de sus ideolog\u00ed\u00adas salvadoras, responde la esperanza cristiana como salvaci\u00f3n de Dios en Cristo.<\/p>\n<p>Esto supone el desarrollo de la paciencia escatol\u00f3gica que Dios tiene con los hombres, que es una especie de amor y de humor salv\u00ed\u00adficos, que el hombre debe estimar y valorar en su comportamiento con los dem\u00e1s, e incluso consigo mismo, para no caer en la desesperaci\u00f3n personal y colectiva. Es la paciencia victoriosa de la cruz amorosa de Jes\u00fas, enormemente pasiva y activa al mismo tiempo. Sin lo primero no morir\u00ed\u00ada por nosotros y sin lo segundo no resucitar\u00ed\u00ada para nuestra liberaci\u00f3n (cf Rom 4,25).<\/p>\n<p>Con esta paciencia amorosa -componente imprescindible de la esperanza- se debe afrontar al mismo tiempo el car\u00e1cter dram\u00e1tico del hombre y su historia en el cosmos: sufrimiento, violencia, injusticia, hambre, enfermedades, v\u00ed\u00adctimas inocentes -holocaustos-, guerras, cat\u00e1strofes de la naturaleza, desastres ecol\u00f3gicos, muerte. El mismo cosmos gime y sufre dolores de parto y aguarda ser liberado de la servidumbre y corrupci\u00f3n del pecado (cf Rom 8,19-21).<\/p>\n<p>Pero el env\u00e9s de la realidad dram\u00e1tica refleja parad\u00f3jicamente la responsabilidad del hombre, de los gobernantes y de los pueblos, ante los males y cat\u00e1strofes del hombre y de la humanidad. La responsabilidad personal toca con el misterio del mal y del infierno. El hombre es libre y responsable de su libertad. Quien busque como proyecto de vida, para asegurarse a s\u00ed\u00ad mismo frente a los dem\u00e1s, la destrucci\u00f3n de la vida de los otros, se pone a s\u00ed\u00ad mismo en peligro real de perder la vida eterna -condenaci\u00f3n, infierno-. Tal posibilidad real de perderse o condenarse, est\u00e1 en el hombre por su capacidad de obstinaci\u00f3n en el pecado imperdonable. De ah\u00ed\u00ad la advertencia escatol\u00f3gica de Dios a trav\u00e9s de los profetas y, sobre todo, de Jes\u00fas, el Hijo que revela la gracia absoluta del amor de su Padre y de su propio amor.<\/p>\n<p>II. Centro y \u00e9schaton de nuestra esperanza cristiana<br \/>\nLa pascua de resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha dado un vuelco: \u00abAntes Jes\u00fas predicaba el reino de Dios entre los hombres, y ahora -a partir de la pascua-\u00e9l mismo es el Predicado\u00bb (Bultmann). Ya con antelaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada se\u00f1alado este cambio Or\u00ed\u00adgenes, cuando dijo que Jesucristo era \u00abel mismo reino de Dios\u00bb (autobasileia). Y es que Jes\u00fas se revel\u00f3 -y as\u00ed\u00ad lo ha dado a conocer Dios, su Padre, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu- no s\u00f3lo como el mensajero escatol\u00f3gico, el \u00faltimo profeta, sino mucho m\u00e1s: \u00e9l es parte personal e integral del mismo reino de Dios; es el Dios Hijo, junto con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu. Pero esto no invalida para nada el mensaje y acci\u00f3n escatol\u00f3gicos de Jes\u00fas sobre el reino de Dios culminado en su misterio pascual. De hecho, Dios y el mismo Jes\u00fas lo avalan para siempre, precisamente por su resurrecci\u00f3n, como el \u00fanico camino de implantaci\u00f3n aut\u00e9ntica del Reino hasta que \u00e9l venga glorioso en su parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>A partir de la pascua, pues, el \u00fanico camino de la esperanza cristiana es vivir el reino de Dios como mensaje y acci\u00f3n evang\u00e9licas entre los hombres, tal como Jes\u00fas de Nazaret vivi\u00f3 entre nosotros y consta en el evangelio; eso s\u00ed\u00ad: partiendo de su presencia resucitada entre nosotros, y desde la esperanza activa de su venida gloriosa (la parus\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>1. EL CENTRO: EL MISTERIO PASCUAL DE JES\u00daS. Tanto el anuncio apost\u00f3lico como las confesiones de fe m\u00e1s primitivas, el bautismo cristiano, los himnos y la liturgia eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia, coinciden en manifestar que la pascua de Jes\u00fas, su muerte con su resurrecci\u00f3n gloriosa, es el acontecimiento decisivo de la revelaci\u00f3n de Dios y de la salvaci\u00f3n del hombre soteriol\u00f3gica y escatol\u00f3gicamente. A partir de la resurrecci\u00f3n, Dios se ha revelado como Abb\u00e1, el Padre \u00abque resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos\u00bb (Rom 4,24; 10,9; etc.), y lo ha constituido \u00abSe\u00f1or\u00bb, \u00abSalvador\u00bb y \u00abJuez de vivos y muertos\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, una antigua confesi\u00f3n cristiana recogida por Pablo dice: \u00abPorque si confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te salvar\u00e1s\u00bb (Rom 10,9). Que en Juan se formula: \u00abEl que cree en el Hijo tiene vida eterna\u00bb (Jn 3,36). El mismo dice de s\u00ed\u00ad: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (Jn 11,25). Juan, en su evangelio, habla menos que los sin\u00f3pticos de reino de Dios y m\u00e1s de vida eterna; pero ambos conceptos simb\u00f3licos, omnicomprensivos de vida y de amor, son id\u00e9nticos. Pablo sacar\u00e1 inmediatamente la conclusi\u00f3n para s\u00ed\u00ad y para todo cristiano: \u00abNo vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). A partir de aqu\u00ed\u00ad tiene sentido todo el dinamismo de la vida bautismal y eclesial.<\/p>\n<p>2. EL ESCHATON: LA PARUS\u00ed\u008dA DE JEs\u00das. En la pascua de Jes\u00fas se encierra ya la consumaci\u00f3n del hombre, de la historia y del cosmos: el que ha muerto por nosotros y ha resucitado de entre los muertos para nuestra justificaci\u00f3n y liberaci\u00f3n es el que vendr\u00e1 al final, glorioso. La parus\u00ed\u00ada ser\u00e1 la victoria escatol\u00f3gica del juicio de Dios como gracia de Jesucristo que trae la resurrecci\u00f3n, la vida eterna, la bienaventuranza a la historia, despoj\u00e1ndola de su ambig\u00fcedad y deslig\u00e1ndola de todo v\u00ed\u00adnculo de injusticia, de mal y de muerte. Esto es el reino de Dios en gloria definitiva, que afectar\u00e1 a la historia de todos los hombres y del cosmos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad no s\u00f3lo el papel tan gozoso que la pascua imprimi\u00f3 a la vida y misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia, sino tambi\u00e9n la expectaci\u00f3n jubilosa de la parus\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad se explica la alegr\u00ed\u00ada con la que part\u00ed\u00adan el pan (eucarist\u00ed\u00ada) por las casas los primeros cristianos; el grito jubiloso con el que invocaban a Jes\u00fas dentro de la eucarist\u00ed\u00ada: Maranath\u00e1 -\u00abVen Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb lCor 16,16; Ap 22,21; Didaj\u00e9 10, 6-y la valent\u00ed\u00ada -parres\u00ed\u00ada- con la que predicaban el evangelio los ap\u00f3stoles, dispuestos a sufrir c\u00e1rceles y la misma muerte a causa del Se\u00f1or Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>Esta parus\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad de jubilosa y liberadora, que siempre pareci\u00f3 tan cercana a los creyentes de las primeras generaciones y tan lejana a las siguientes generaciones de la historia, es igualmente cercana y lejana para todos. Es la refracci\u00f3n de la cercan\u00ed\u00ada y lejan\u00ed\u00ada de lo eterno de Dios en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, su Hijo, que se revela as\u00ed\u00ad en nuestra historia.<\/p>\n<p>Nosotros, y toda la historia de los hombres y del cosmos, recorremos un camino que est\u00e1 entre la pascua y la parus\u00ed\u00ada. Podemos decir que el reino de Dios, en Jes\u00fas, ya est\u00e1 entre nosotros, pero todav\u00ed\u00ada no se ha consumado. En medio est\u00e1 el camino del evangelio de Jes\u00fas, que media en la historia con todas sus tareas y sus dones, como fermento en la masa, desde la pascua del Esp\u00ed\u00adritu hasta la consumaci\u00f3n final. Entre el gozo y el dolor, entre la gracia y el pecado, entre la vida y la muerte, la Iglesia sabe que la tarea de evangelizar la hace m\u00e1s grave y dram\u00e1tica la libertad pecadora de sus propios miembros, y despu\u00e9s de todos los hombres y los pueblos en un cosmos todav\u00ed\u00ada no redimido. Pero tambi\u00e9n sabe que \u00abCristo ha vencido al mundo\u00bb y que est\u00e1 con ella hasta el fin de los tiempos. A esta historia liberadora del evangelio en el mundo hay que sumar la labor positiva de las otras religiones y de tantos hombres de buena voluntad. A todos estos esfuerzos Dios les dar\u00e1 el plus inmerecido, remecido, magn\u00e1nimo de su consumaci\u00f3n y plenitud en su vida divina, por medio de su Hijo.<\/p>\n<p>La esperanza se decanta claramente no por un inter\u00e9s burgu\u00e9s, como la supervivencia o inmortalidad ego\u00ed\u00adsta, por la vida (Feuerbach); ni por un cielo de falsas ilusiones infantiles imposible de alcanzar (Freud); o por un resentimiento y un deseo de venganza contra los triunfadores de este mundo (Nietzsche); sino porque aguardamos a Alguien, no algo. \u00abEsperamos al Salvador y Se\u00f1or Jesucristo, el cual transformar\u00e1 nuestro cuerpo lleno de miserias conforme a su cuerpo glorioso\u00bb (Flp 3,20-21).<\/p>\n<p>III. Lectura esperanzada de los nov\u00ed\u00adsimos<br \/>\nPara leer hoy teol\u00f3gica y catequ\u00e9ticamente los nov\u00ed\u00adsimos, tenemos que insertarlos en el centro de la gran esperanza cristiana que, en Cristo, abarca al hombre, a la historia y al cosmos, y que est\u00e1 magn\u00ed\u00adficamente desarrollada por las cuatro constituciones del Vaticano II. Con esas dimensiones universales, comunitaria y c\u00f3smica, podemos dar por buena la propuesta de H. Urs von Balthasar que, all\u00e1 por los a\u00f1os cincuenta, recogiendo el aire renovador de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana y b\u00ed\u00adblica del tiempo, con car\u00e1cter m\u00e1s personalista y menos cosista, defin\u00ed\u00ada los nov\u00ed\u00adsimos centr\u00e1ndolos en Dios y en Cristo: \u00abDios mismo despu\u00e9s de esta vida es nuestro lugar (Agust\u00ed\u00adn). Dios es el fin \u00faltimo de la creaci\u00f3n. El es el cielo para quien lo gane; el infierno para quien lo pierda; el juicio para quien \u00e9l examine; el purgatorio para quien purifique. Es Aquel por quien muere todo mortal y por quien resucita en \u00e9l y para \u00e9l. Pero lo es precisamente en el modo como \u00e9l se vuelve al mundo, en su Hijo Jesucristo, el rostro revelado de Dios y, por lo tanto, la personificaci\u00f3n de los \u00faltimos fines\u00bb.<\/p>\n<p>Sabiendo, adem\u00e1s, como lo indica uno de los m\u00e1s bellos y directos documentos de la Comisi\u00f3n episcopal para la doctrina de la fe: \u00abDe esa comuni\u00f3n goza plenamente ya quien muere en amistad con Dios, aunque a la espera misteriosa del \u00ab\u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 6,40)\u00bb (Esperamos la resurrecci\u00f3n y la vida eterna II, 12 [26.11.1995]). Esta anticipaci\u00f3n plena para la persona despu\u00e9s de la muerte, es una marca de la fe cristiana y eclesial, que revela la calidad escatol\u00f3gica de nuestra inserci\u00f3n pascual en la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, no s\u00f3lo en esta vida sino, sobre todo, en la muerte. Como dice Pablo: \u00abSi con \u00e9l morimos, tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Toda persona muerta en Cristo entra ya definitivamente en el \u00e1mbito de la resurrecci\u00f3n gloriosa de Cristo, y participa ya de \u00e9l. Por eso puede y debe considerarse la muerte del cristiano como una celebraci\u00f3n en donde la incorporaci\u00f3n escatol\u00f3gica de su persona a la pascua del Se\u00f1or entra en su fase final, hasta que \u00e9l venga. Esto no quita que est\u00e9n pendientes hasta la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or el car\u00e1cter completo, total y pleno de la pascua eterna de Jes\u00fas en la historia, todav\u00ed\u00ada abierta, de los hombres. Y que la Iglesia use el lenguaje dogm\u00e1tico de la inmortalidad del alma como representativo de la persona, para hablar de los muertos que resucitar\u00e1n el \u00faltimo d\u00ed\u00ada en la resurrecci\u00f3n de la carne. Antes de este acontecimiento consumador ya est\u00e1n beat\u00ed\u00adficamente con Dios y con Cristo.<\/p>\n<p>En la doctrina del purgatorio no debemos olvidar que el cristiano, por su condici\u00f3n bautismal, est\u00e1 justificado en gracia, pero mantiene todav\u00ed\u00ada una propensi\u00f3n al pecado, y peca en realidad, y a veces hasta de modo diab\u00f3lico -simul iustus et peccator-. De ah\u00ed\u00ad que deba mantener permanentemente la purificaci\u00f3n de todo pecado por medio de la conversi\u00f3n al amor. A medida que crece su maduraci\u00f3n e integraci\u00f3n en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo, m\u00e1s cerca est\u00e1 del amor puro. Para aquellos que no han logrado en vida la plena purificaci\u00f3n en este amor de gracia, el purgatorio, lejos de ser un infierno atenuado y pasajero, resulta ser esa maduraci\u00f3n e integraci\u00f3n en el amor, un paso -no medido por el espacio y el tiempo-para llegar a la plena comuni\u00f3n beat\u00ed\u00adfica con Dios. Una aproximaci\u00f3n para comprender lo que significa el purgatorio, ser\u00ed\u00ada el papel que juegan en vida el dolor, los sufrimientos, para la formaci\u00f3n-maduraci\u00f3n de la persona y hasta, en el fondo, el di\u00e1logo con la doctrina hinduista de la reencarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al final uno se puede preguntar: \u00bfc\u00f3mo est\u00e1n unidas y cohesionadas estas dos dimensiones de la \u00fanica escatolog\u00ed\u00ada cristiana: la personal y la universal? No sabemos ni el c\u00f3mo ni el cu\u00e1ndo. Pero es, sin duda, en la eternidad del misterio del Dios uno y trino, que supera el ser y el tiempo, y en la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, verdadera \u00abmedida de todas las cosas\u00bb -hombre, historia universal, cosmos, vida, muerte, resurrecci\u00f3n-, que tiene la clave de la consumaci\u00f3n final. Por eso confiamos plenamente en \u00e9l.<\/p>\n<p>IV. Claves catequ\u00e9ticas<br \/>\nUna aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica a la escatolog\u00ed\u00ada puede orientarse en tres direcciones: 1) En primer lugar, si la catequesis debe iniciar arm\u00f3nicamente en la totalidad de la vida cristiana, sus cuatro dimensiones o tareas b\u00e1sicas -iluminaci\u00f3n de la fe, animaci\u00f3n de la vida, participaci\u00f3n en la liturgia, vida apost\u00f3lica (cf GE 4)- deben estar presentes en la catequesis sobre la consumaci\u00f3n final. 2) Adem\u00e1s, conviene descender a la escatolog\u00ed\u00ada concreta para desarrollar objetivos catequ\u00e9ticos espec\u00ed\u00adficos. 3) Por \u00faltimo, una catequesis seg\u00fan las edades debe tener en cuenta las experiencias significativas de cada etapa, de modo que la situaci\u00f3n vital concreta entre en creativo di\u00e1logo con las experiencias cristianas fundantes -aqu\u00ed\u00ad las escatol\u00f3gicas- para educar la experiencia del hombre y expresarla como aut\u00e9ntica experiencia cristiana.<\/p>\n<p>1. TAREAS DE LA CATEQUESIS. a) Conocer el misterio de la salvaci\u00f3n. \u00abEspero la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo futuro\u00bb. As\u00ed\u00ad cierra la Iglesia su confesi\u00f3n de fe. El credo cristiano tiene su origen en el Dios creador de la vida, su centro en la pascua de Cristo, su plenitud en su retorno glorioso y su final en la resurrecci\u00f3n de la carne y en la vida eterna. La fidelidad de Dios a sus promesas ha tenido su cumplimiento en la resurrecci\u00f3n de su Hijo, quien por la emisi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu nos coloca ya en las realidades \u00faltimas: como peregrinos hacia la plenitud, en esperanza vivimos la realidad de ser hijos de Dios hasta que se manifieste completamente lo que seremos. La capitalidad escatol\u00f3gica de Cristo supone que el resucitado retornar\u00e1 y desencadenar\u00e1 los acontecimientos \u00faltimos. Por tanto, hay teol\u00f3gica y catequ\u00e9ticamente una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades escatol\u00f3gicas. La venida de Cristo se desarrolla en tres etapas: 1) como siervo en la encarnaci\u00f3n; 2) resucitado y presente entre nosotros por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; 3) retornado en gloria, vivificando en plenitud -resurrecci\u00f3n de los muertos-, dando sentido a la historia -juicio universal-, renovando todas las cosas -nueva creaci\u00f3n-.<\/p>\n<p>La parus\u00ed\u00ada es c\u00e9lula generadora de la escatolog\u00ed\u00ada: manifestaci\u00f3n gloriosa y consumaci\u00f3n de su obra. Los acontecimientos individuales siguen un proceso que se inicia en la muerte -morir en Cristo libera del miedo-, el juicio individual -en Cristo el hombre encuentra la verdad \u00faltima de su propia vida-, la posibilidad de purificaci\u00f3n -purgatorio como fuego purificador y unitivo-, la hip\u00f3tesis de la condenaci\u00f3n eterna -infierno como cerraz\u00f3n libre y definitiva al amor de Dios- y la vida eterna -sobria afirmaci\u00f3n de contemplaci\u00f3n inmediata de Dios por parte del justo-. Para la catequesis es prioritaria esta unificaci\u00f3n de todo el mensaje escatol\u00f3gico en torno a Jesucristo.<\/p>\n<p>b) Aprender a orar y celebrar la fe. \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb -grito de la asamblea en el centro de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica- es la oraci\u00f3n cristol\u00f3gica m\u00e1s antigua. La expectaci\u00f3n escatol\u00f3gica ocupaba un lugar privilegiado en la espiritualidad y en el culto de los primeros cristianos. Hoy debemos recuperar la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la liturgia, bastante oscurecida incluso despu\u00e9s de la reforma conciliar. Si celebramos la actualizaci\u00f3n de los hechos salv\u00ed\u00adficos del pasado es para anunciar y anticipar el futuro definitivo: la liturgia como anticipo de la liturgia celestial (cf CCE 1090, 1130). La catequesis lit\u00fargica debe educar -con la misma fuerza que la dimensi\u00f3n pascual- la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica, sobre todo, en la eucarist\u00ed\u00ada como anticipo eminente del Reino (cf GS 38; CCE 1326, 1402-1405). Momentos -poscomuni\u00f3n, aclamaci\u00f3n posconsecratoria, etc.- y tiempos privilegiados para acentuar la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica son el adviento, la vigilia pascual, la Ascensi\u00f3n, la solemnidad de Todos los Santos, la conmemoraci\u00f3n de los Difuntos, los \u00faltimos domingos del a\u00f1o lit\u00fargico, la Asunci\u00f3n y las exequias. La preparaci\u00f3n al \u00faltimo tr\u00e1nsito se expresa sacramentalmente en la unci\u00f3n de los enfermos y, particularmente, en el vi\u00e1tico (cf CCE 1523-1524).<\/p>\n<p>\u00abVenga tu Reino\u00bb es el coraz\u00f3n de la oraci\u00f3n dominical. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica es parte integrante de la oraci\u00f3n cristiana, si bien suele figurar de modo tan impl\u00ed\u00adcito que merece la pena ser subrayado. En el centro de la espiritualidad cristiana est\u00e1 la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica del ya s\u00ed\u00ad, pero todav\u00ed\u00ada no, pues por el bautismo vivimos los valores de all\u00e1 arriba, en las tareas intrahist\u00f3ricas esperamos y anunciamos la plenitud de la salvaci\u00f3n, y en los dolores y fracasos de la vida mantenemos ardiente la plegaria esperanzada (cf CCE 2816-2821). La catequesis debe educar en las diversas formas de oraci\u00f3n: agradecimiento por la vocaci\u00f3n a una vida en plenitud; s\u00faplica confiada para mantener viva la esperanza; oraci\u00f3n solidaria y activa por los dolores del mundo; lectura contemplativa de la vida para descubrir los signos del Reino. De modo particular, la mirada hacia el futuro tiene que aparecer en la relaci\u00f3n del creyente con Jesucristo -finalidad propia de la catequesis-, suscitando el deseo de su retorno glorioso. El deseo de ver a Cristo -anhelo vivido intensamente en la tradici\u00f3n cristiana- debe ser educado para que \u00abtengan siempre presente la expectaci\u00f3n de Cristo\u00bb (cf RICA 19).<\/p>\n<p>c) Ejercitar las actitudes evang\u00e9licas. En la predicaci\u00f3n y en la catequesis sobre las realidades \u00faltimas, la esperanza teologal es la actitud b\u00e1sica y medular. La dimensi\u00f3n personalista de la esperanza subraya la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica del ya s\u00ed\u00ad, pero todav\u00ed\u00ada no, como una de las claves fundantes de la moral cristiana y de su educaci\u00f3n y desarrollo en la vida del creyente. Sin embargo, alimentar la esperanza no es favorecer un vano optimismo de que todo se arreglar\u00e1, sino m\u00e1s bien robustecer la certeza de que el mal actual no va a tener la \u00faltima palabra en el futuro; es avivar la preocupaci\u00f3n por el progreso temporal hasta la plenitud en la venida del Se\u00f1or, as\u00ed\u00ad como la relativizaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de todo progreso. La esperanza escatol\u00f3gica debe enmarcarse en la fe, de donde brota, y en el amor, donde se hace activa. La esperanza brota de la fe en el Dios fiel a sus promesas, de tal modo que la falta de esperanza en la vida eterna denota un debilitamiento de la fe en el Dios de la vida. Por otra parte, la caridad encuentra en la esperanza su sentido y su futuro, pues s\u00f3lo desde la confianza en el Dios-Amor toda obra de amor germinar\u00e1 en el futuro; as\u00ed\u00ad, frente a la caducidad de todo lo humano, la esperanza teologal lleva al cristiano a vivir un amor radical, gratuito y perdurable. La dimensi\u00f3n teologal de la vida cristiana crea una l\u00ed\u00adnea de continuidad entre el presente y la plenitud.<\/p>\n<p>En el desarrollo de la vida moral del creyente, la esperanza genera diversas actitudes cristianas: con la vigilancia como actitud b\u00e1sica, descubre que en su vida de fe vive ya de modo anticipado aquello mismo que en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada lograr\u00e1 ser en plenitud; la esperanza adquiere sentido de paciencia, como expresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica; la catequesis educa en la lectura creyente de los signos de los tiempos, para capacitar al cristiano a ver los gestos salvadores de Dios en la historia, como anuncio de la salvaci\u00f3n definitiva; la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n nace de las palabras de Jes\u00fas acerca del fin del mundo y de la posibilidad de cerrarse definitivamente a Dios; el juicio definitivo de Dios debe crear en el creyente la capacidad de juzgar con verdad su propia vida y la de los dem\u00e1s hombres, sabiendo que, en definitiva, s\u00f3lo Dios puede desvelar la verdad del coraz\u00f3n -insondable y ambiguo- del hombre; el conocimiento del tema del juicio educa en la responsabilidad con los otros, identificando la causa de Jes\u00fas con la causa de los pobres.<\/p>\n<p>d) Formar la acci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera. Frente al escapismo espiritualista -salvaci\u00f3n s\u00f3lo del alma- y a la escatolog\u00ed\u00ada inmanente -el para\u00ed\u00adso en la tierra- se alza la esperanza escatol\u00f3gica. La catequesis, pues, debe educar en estas actitudes: la transfiguraci\u00f3n de este mundo ser\u00e1, sobre todo, don de Dios, pero tambi\u00e9n tarea nuestra; la esperanza final debe potenciar el compromiso con el hoy y el aqu\u00ed\u00ad; la catequesis descubre la necesidad de comprometerse, desde la fe, en la construcci\u00f3n de un mundo nuevo y mejor, m\u00e1s humano, m\u00e1s fraterno y m\u00e1s de Dios. Con su compromiso, el cristiano est\u00e1 preparando la venida del Se\u00f1or y la consiguiente consumaci\u00f3n de todas las cosas en el reino de Dios. Por otro lado, el todav\u00ed\u00ada no escatol\u00f3gico libera -cr\u00ed\u00adtica y prof\u00e9ticamente- al creyente de identificar el reino con cualquier conquista intrahist\u00f3rica del hombre. As\u00ed\u00ad, el cristiano relaciona y distingue el crecimiento del Reino y el progreso social (cf CCE 2820).<\/p>\n<p>Un cap\u00ed\u00adtulo interesante y novedoso es suscitar en clave escatol\u00f3gica el compromiso ecol\u00f3gico y la responsabilidad de verificar la esperanza teologal en la lucha por la justicia y la libertad. El hambre y sed de justicia total -utop\u00ed\u00ada no realizada hist\u00f3ricamente- alcanza su cumplimiento en el juicio universal, como iluminaci\u00f3n del sentido \u00faltimo de la historia y realizaci\u00f3n de la plena justicia. Lo mismo debe afirmarse de la lucha por la libertad. El horizonte escatol\u00f3gico potencia y da sentido al presente: en aquel d\u00ed\u00ada habr\u00e1 libertad para todos, libertad y liberaci\u00f3n definitiva sobre toda alienaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. APROXIMACI\u00ed\u201cN CATEQUETICA A LAS AFIRMACIONES ESCATOL\u00ed\u201cGICAS. a) Parus\u00ed\u00ada. Vertebrada cristol\u00f3gicamente en torno a la parus\u00ed\u00ada de Cristo, la catequesis debe subrayar su car\u00e1cter de buena noticia para los creyentes y de seria advertencia para los que viven de espaldas a Dios. Por eso, las palabras de Jes\u00fas acerca del fin del mundo deben ser escuchadas como invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n. Se debe, pues, despertar una actitud de esperanza ante las se\u00f1ales que anuncian el fin: Cristo vence sobre todo lo que destruye el mundo. De igual modo, se ha de alimentar la gozosa esperanza de aguardar al Se\u00f1or, que no vendr\u00e1 desde lejos, sino que -presente en lo m\u00e1s hondo de la vida y de la historia- se har\u00e1 patente y manifiesto a todos.<\/p>\n<p>b) Resurrecci\u00f3n de la carne. A partir del pensamiento paulino (cf 1Cor 15), se debe superar el lenguaje dualista, subrayando el car\u00e1cter escatol\u00f3gico, som\u00e1tico, corporal y cristoc\u00e9ntrico de la resurrecci\u00f3n. La catequesis ha de vincular causal y formalmente la resurrecci\u00f3n de los muertos a la de Cristo, triunfador de la muerte y art\u00ed\u00adfice de nuestra resurrecci\u00f3n: hay resurrecci\u00f3n de los muertos porque Cristo ha resucitado. Resucitamos a imagen de Cristo resucitado y como miembros de su cuerpo, lo que significa subrayar la dimensi\u00f3n corporativa, social, eclesial, sacramental y comunitaria de la resurrecci\u00f3n. En consecuencia, la catequesis destacar\u00e1 la esperanza de resucitar en la totalidad de la persona y comunitariamente, superando una concepci\u00f3n de la vida eterna desencarnada -s\u00f3lo del alma-, privatizada -s\u00f3lo del individuo-, no c\u00f3smica -s\u00f3lo de los humanos-. Se manifiesta as\u00ed\u00ad la riqueza del mensaje cristiano sobre la resurrecci\u00f3n de la carne -el hombre en su dimensi\u00f3n corporal pero no meramente material o corpuscular, como expresi\u00f3n di\u00e1fana del aut\u00e9ntico ser del hombre: resurrecci\u00f3n del cuerpo espiritual.<\/p>\n<p>c) Juicio. Entre los objetivos catequ\u00e9ticos a alcanzar en la presentaci\u00f3n del tema del juicio, ha de destacarse la vinculaci\u00f3n del juicio a la parus\u00ed\u00ada, para que la realidad tremenda del juicio no produzca miedo, sino respeto y consuelo, pues el juez manifestado en gloria es el mismo que se entreg\u00f3 por nosotros: Jesucristo es juez de misericordia y salvaci\u00f3n. Desde esta perspectiva hay que situar el argumento central del juicio: el reconocimiento de Jes\u00fas en los m\u00e1s humildes. As\u00ed\u00ad, el juicio de Dios debe ser anunciado como el d\u00ed\u00ada esperado por el creyente y temido por quien vive de espaldas a Dios y al hermano.<\/p>\n<p>d) Vida nueva o cielo. Tanto en la predicaci\u00f3n como en la catequesis, una presentaci\u00f3n actualizada del cielo debe acentuar sus aspectos personalistas y comunitarios. En este campo es capital la importancia del lenguaje con expresiones como visi\u00f3n de Dios, vida eterna, divinizaci\u00f3n, ser con Cristo, estar con Cristo y con los hermanos. Frente a una catequesis que se preocupaba de describir fantasiosamente el c\u00f3mo de la vida eterna, se ha de destacar la dimensi\u00f3n personal, social y c\u00f3smica de la vida nueva: comuni\u00f3n en el ser de Dios, fraternidad de todos con todos -communio sanctorum-, relaci\u00f3n arm\u00f3nica con el cosmos; es decir, la persona es divinizada; la sociedad humana deviene comuni\u00f3n de los santos; el mundo, nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Frente a viejas disociaciones, la catequesis actual debe explicitar c\u00f3mo el Reino, ya comenzado, camina hacia su plenitud en Cristo, y c\u00f3mo dicha plenitud coincide con la de la humanidad y la del mundo: el cosmos actual y la nueva creaci\u00f3n se identifican b\u00e1sicamente. La l\u00ed\u00adnea de continuidad entre creaci\u00f3n y consumaci\u00f3n se hace m\u00e1s patente desde la energ\u00ed\u00ada del amor divino, que es com\u00fan a ambas. Consecuencia catequ\u00e9tica de esto deber\u00e1 ser descubrir los signos del Reino ya presente en medio de este mundo, y vivirlos como anticipaci\u00f3n y garant\u00ed\u00ada del mundo futuro.<\/p>\n<p>Sobre la situaci\u00f3n de los redimidos antes de la resurrecci\u00f3n universal, la catequesis debe afirmar con decisi\u00f3n y austeridad que los justos contemplan a Dios cara a cara; la antropolog\u00ed\u00ada dualista alma-cuerpo ten\u00ed\u00ada la ventaja de ser f\u00e1cilmente catequizable por partir de una hip\u00f3tesis simplista (el alma con Dios, el cuerpo en espera de la resurrecci\u00f3n); superada esta visi\u00f3n espacio-temporal, hay que buscar nuevas mediaciones catequ\u00e9ticas para expresar sobriamente la situaci\u00f3n de los difuntos: muerte y resurrecci\u00f3n son acontecimientos distintos y sucesivos, pero no cualitativamente distantes.<\/p>\n<p>e) Muerte eterna o infierno. Entre los objetivos catequ\u00e9ticos de una presentaci\u00f3n actualizada del infierno hay que afirmar que la condenaci\u00f3n eterna es una posibilidad real del futuro del hombre como ser libre. Esta ha de presentarse como obra de seres totalmente autosuficientes, cerraz\u00f3n libre y empecinada frente a Dios, resaltando con \u00e9nfasis que Dios tiene un \u00fanico proyecto sobre el hombre: la salvaci\u00f3n. El infierno -como el mal- no es creaci\u00f3n de Dios, sino resultado de la libertad y del pecado del hombre; el infierno, pues, no es obra de Dios. Las palabras de la Escritura sobre el infierno deben explicarse como aviso amoroso de Dios, que quiere evitarnos ese estado definitivo de condena; son una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n; la posible condenaci\u00f3n se concreta en el rechazo a Dios, a Jes\u00fas, a su Iglesia, a los pobres, a la persona humana.<br \/>\nf) Muerte. Entre las experiencias humanas la realidad insoslayable de la muerte sigue siendo un cap\u00ed\u00adtulo privilegiado a la hora de plantear interrogantes y, por tanto, puede generar actitudes de rebeld\u00ed\u00ada o apertura frente a nuestra cultura cerrada en lo inmanente, que ignora la muerte o la presenta s\u00f3lo como un dato biol\u00f3gico. La muerte puede ser evocada -sobre todo en la precatequesis como una de las preguntas privilegiadas, que est\u00e1n pidiendo sentido: la muerte necesaria por v\u00ed\u00ada de hecho, pero absurda por v\u00ed\u00ada de raz\u00f3n; frente a todos los empirismos, los interrogantes abiertos por la muerte inspiran una visi\u00f3n esperanzada de apertura a alguna forma de trascendencia, que est\u00e1 operando una reflexi\u00f3n, en cierta medida, religiosa. La pregunta sobre la muerte cuestiona la pregunta sobre el sentido de la vida y de la historia, sobre la validez de los imperativos \u00e9ticos absolutos. Frente al tab\u00fa de nuestra cultura ante la muerte, hay que tomar conciencia de que la realidad de la muerte es el mayor enigma de la vida humana: la muerte no s\u00f3lo como realidad natural sino -desde la fe- como salario del pecado. A su vez, la muerte -algo a lo que progresivamente nos acercamos- relativiza la existencia, revalorizando, a su vez, el tiempo presente y lo inaplazable de esta vida. Por tanto, el hecho de la muerte es algo irreversible -fin de la vida terrena- y fija definitivamente -frente a toda enso\u00f1aci\u00f3n reencarnacionista- al hombre en su opci\u00f3n ante Dios.<\/p>\n<p>Un itinerario catequ\u00e9tico sobre el tema de la muerte debe seguir estos pasos: el hombre, que forma parte de la humanidad pecadora, es esclavo de la muerte; Jesucristo experiment\u00f3 la muerte humana no como acto de necesidad, sino de suprema libertad; as\u00ed\u00ad, cambiado el sentido de la muerte, el morir cristiano es con-morir con Cristo. El n\u00facleo del mensaje debe centrarse en el anuncio del resucitado como \u00fanica realidad por la que esperamos salvarnos: \u00e9l significa y es para nosotros la victoria sobre la muerte -el \u00faltimo enemigo del hombre y del mundo-; sufri\u00e9ndola voluntaria y obedientemente, Cristo transform\u00f3 la maldici\u00f3n de la muerte y la situ\u00f3 en tr\u00e1nsito a la vida plena.<\/p>\n<p>g) Purgatorio. La catequesis sobre el purgatorio debe presentar la eventual purificaci\u00f3n del justo despu\u00e9s de la muerte, relacionando esta situaci\u00f3n con la imperfecci\u00f3n e inmadurez presente del hombre: el purgatorio se presenta as\u00ed\u00ad como proceso de madurez despu\u00e9s de la muerte. Debe evitarse absolutamente presentar este estado como un infierno temporal o en peque\u00f1o, y hacerlo, m\u00e1s bien, como proceso necesario para que el justo -manchado, inmaduro- pueda entrar en el gozo de la plena comuni\u00f3n de vida con Dios y acceder al misterio de su plenitud humana. La met\u00e1fora del fuego puede aprovecharse catequ\u00e9ticamente como fuerza purificadora y unitiva, dolorosa y costosa, semejante a la ruptura con la situaci\u00f3n de pecado. En este contexto, se ha de destacar la dimensi\u00f3n pascual de la comuni\u00f3n definitiva con el Se\u00f1or, subrayando que la pascua no s\u00f3lo es resurrecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n muerte y sepultura.<\/p>\n<p>Superada la imagen local-temporal del purgatorio, el encuentro definitivo con el Se\u00f1or puede ser presentado como algo traum\u00e1tico y revolucionario, que supone la maduraci\u00f3n instant\u00e1nea de todo el ser del hombre. Con la dimensi\u00f3n personalista de encuentro con Cristo, se ha de destacar la solidaridad en la comuni\u00f3n de los santos, en cuanto que nadie se salva solo; de aqu\u00ed\u00ad la fundamentaci\u00f3n catequ\u00e9tica y lit\u00fargica de los sufragios por los fieles difuntos, que siguen viviendo en comuni\u00f3n org\u00e1nica con los miembros -todav\u00ed\u00ada peregrinos- del mismo cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>3. CATEQUESIS SEG\u00daN LAS EDADES: SITUACI\u00ed\u201cN Y METODOLOG\u00ed\u008dA. a) Infancia y preadolescencia. Hay en el ni\u00f1o experiencias en las que percibe y siente c\u00f3mo existen cosas, acontecimientos, ilusiones y proyectos que tienen fin, experiencias duras, interpeladoras que piden un sentido. Ante un tema tan dif\u00ed\u00adcil, el educador -sin ocultar experiencias frustrantes- ha de iluminarlas progresivamente con delicadeza, sin mentirle, sin f\u00e1ciles escapismos. El anuncio esperanzado de un m\u00e1s all\u00e1 pleno y feliz puede conectar con el sentido l\u00fadico del ni\u00f1o: el cielo como la mejor fiesta -sin fin ni separaciones-, gratuita -regalo de Dios-, comunitaria y social -Dios quiere reunir a todos-. Con los mayores no se puede soslayar una referencia al infierno, presentado no como castigo divino, sino como rechazo humano al amor de Dios.<\/p>\n<p>Esta catequesis tiene un buen punto de partida en la expectativa del ni\u00f1o a una vida mejor, sin penas, sin sustos ni dolor; \u00e9l es consciente de sus limitaciones, se siente atra\u00ed\u00addo por el bien, necesitado de confianza y deseoso de colaborar. La clave afectiva -amistad y cari\u00f1o hacia Jes\u00fas- desarrolla los grandes contenidos catequ\u00e9ticos: estar definitivamente con Jes\u00fas; dejarnos amar por su Padre; ser capaces de amar del todo a todos; los difuntos ya est\u00e1n con el Se\u00f1or y con \u00e9l velan por nosotros. La catequesis sobre la consumaci\u00f3n busca que el ni\u00f1o se sienta invitado a vivir una vida mejor y para siempre, comenzada con su colaboraci\u00f3n aqu\u00ed\u00ad y ahora. La respuesta cristiana se expresa en el agradecimiento por la llamada a una vida mejor y definitiva, en la s\u00faplica para que los hombres acepten esta invitaci\u00f3n, en el compromiso por hacer un mundo m\u00e1s bonito.<\/p>\n<p>b) Adolescentes y j\u00f3venes. El adolescente y el joven tienen los ojos puestos en el futuro, siendo esta proyecci\u00f3n una dimensi\u00f3n clave de su identidad personal. Junto a los riesgos del cambio, se desarrolla en ellos un ansia ilimitada de felicidad, de plenitud, de realizaci\u00f3n. Esta mirada confiada en el futuro, en la que el muchacho desea crecer, rechaza instintivamente todo lo que pueda suponer limitaci\u00f3n. El joven, a su vez, se da cuenta de su incoherencia e incapacidad para resolver los problemas que le rodean. Esta ambivalencia adquiere su m\u00e1ximo exponente ante el enigma de la muerte: la muerte de la vida, del cosmos, del hombre es la m\u00e1s seria amenaza a las ansias de vivir que en este momento bullen en su coraz\u00f3n. El adolescente vive la contradicci\u00f3n del ansia de vida, de felicidad y de futuro, frente al desconcierto de lo desconocido, de lo extra\u00f1o. Esta es su doble lectura de los valores ante el futuro. A este respecto, son altamente sugerentes las preguntas con que el Catecismo para preadolescentes. Con vosotros est\u00e1, sintetiza los interrogantes juveniles: \u00abSiento gran curiosidad por todo lo que se refiere al fin del mundo \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1? Alg\u00fan d\u00ed\u00ada desaparecer\u00e1 todo. \u00bfPor qu\u00e9 morir? \u00bfSer\u00e1 verdad eso de un mundo nuevo? Nada colma mis deseos. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 esa felicidad que tanto anhelo?\u00bb.<\/p>\n<p>En la catequesis juvenil, el anuncio cristiano de la esperanza definitiva tiene como objetivo educar en la espera confiada de una plena realizaci\u00f3n personal, comunitaria y c\u00f3smica, basada en la seguridad del amor y la acci\u00f3n de Dios en la vida y en la historia, superadora de los temores y desconfianzas que sugiere el futuro. Este objetivo global se diversifica en dos: vivir con esperanza cara al futuro y trabajar por el bien de los hombres aqu\u00ed\u00ad en la tierra. Ansia de plenitud y autenticidad moral definen las claves de esta etapa.<\/p>\n<p>c) Adultos. El adulto percibe la vida y la historia con una mirada realista, experimentando c\u00f3mo es due\u00f1o de su vida y, a su vez, c\u00f3mo esta se le escapa. El valor del realismo y la adecuaci\u00f3n a la realidad pueden llevar a la resignaci\u00f3n o a la p\u00e9rdida de horizontes ut\u00f3picos. El adulto joven, al aparecer las primeras decepciones, puede evadirse de las grandes preguntas, cayendo en la preocupaci\u00f3n por lo inmediato, el acomodarse o escabullirse, hasta el cinismo \u00e9tico. El adulto mayor siente la vida no s\u00f3lo como plenitud y autorrealizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n como desmoronamiento y l\u00ed\u00admite, y es proclive a la desilusi\u00f3n y hasta a la desesperanza. Esta experiencia no queda reducida al \u00e1mbito de lo \u00ed\u00adntimo y de lo privado, sino que alcanza al sentido de la historia y a la posibilidad de un m\u00e1s all\u00e1 distinto.<\/p>\n<p>Sin embargo, es tiempo privilegiado para el nacimiento de la aut\u00e9ntica esperanza. Entonces el adulto es invitado a superar tanto los optimismos ingenuos como la resignaci\u00f3n impotente. El anuncio de las realidades \u00faltimas desencadena la apertura a un mundo nuevo -cumplimiento de las promesas divinas, no conquista aut\u00f3noma del hombre- y anima al trabajo activo y paciente por este mundo, como anticipaci\u00f3n y anuncio del Reino. La clave pascual de la esperanza cristiana adquiere en la edad adulta el momento de su madurez; sobre todo cuando las decepciones desmoronan tantas ilusiones, es el momento de penetrar en el sentido pleno del acontecimiento pleno: \u00abSi el grano de trigo no muere&#8230;\u00bb (In 12,24). Es el momento del alumbramiento definitivo de la esperanza.<\/p>\n<p>BIBL.: BREUNNING W.-RAHNER K.-SCH\u00dcTZ CH. Y OTROS, Consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica, en FEINER J.-L\u00ed\u201cHRER M. (eds.), Misterium Salutis V, Cristiandad, Madrid 1984; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Esperamos la resurrecci\u00f3n y la vida eterna, Ecclesia 2766 (1995) 1847-1855; CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA, Catecismo cat\u00f3lico para los adultos, BAC, Madrid 1990, 439-475; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Con vosotros est\u00e1. Catecismo para preadolescentes IV, Secretariado nacional de catequesis, Madrid 1976, 601-663 [tambi\u00e9n Manual del educador 1. Gu\u00ed\u00ada doctrinal 377-429; 2. Orientaciones 316-336]; Padre Nuestro. Primer catecismo de la comunidad cristiana, Edice, Madrid 1982 [tambi\u00e9n Gu\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica 52-55]; Jes\u00fas es el Se\u00f1or. Segundo catecismo para la comunidad cristiana, Edice, Madrid 1982 [tambi\u00e9n Gu\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica 150-164]; Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, Edice, Madrid 1986, 201-216 [tambi\u00e9n Gu\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica 148-207]; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Recentiores episcoporum Synodi (17.5.1979); GEVAERT J., La dimensi\u00f3n experiencial de la catequesis, CCS, Madrid 1986, 156-163; KEHL M., Escatolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1992; INSTITUTO SUPERIOR DE CATEQUETICA DE NIMEGA, Nuevo catecismo para adultos, Herder, Barcelona 1969; NOCKE F. J. Escatolog\u00ed\u00ada, Herder, Barcelona 1980; PEDROSA V., El cristocentrismo escatol\u00f3gico, clave de una catequesis para nuestro tiempo, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 49 (1994) 83-110; Pozo C., Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1, BAC, Madrid 1991; RAHNER K., Curso fundamental de la fe, Herder, Barcelona 1979; RATZINGER J., Escatolog\u00ed\u00ada, Herder, Barcelona 1980; Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A J. L., La otra dimensi\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada cristiana, Sal Terrae, Santander 19865; TGUR\u00ed\u201cN E., Escatolog\u00ed\u00ada cristiana. Aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1990.<\/p>\n<p>Eliseo Tour\u00f3n del Pie,<br \/>\nLucas Berrocal de la Cal y<br \/>\nJos\u00e9 Manuel Sacrist\u00e1n G\u00f3mez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La esperanza amenazada: 1. Fundamentos de la esperanza cristiana; 2. Horizonte escatol\u00f3gico; 3. Claves teol\u00f3gicas de interpretaci\u00f3n; 4. Claves antropol\u00f3gicas. II. Centro y \u00e9schaton de nuestra esperanza cristiana: 1. El centro: el misterio pascual de Jes\u00fas; 2. El \u00e9schaton: la parus\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. III. Lectura esperanzada de los nov\u00ed\u00adsimos. IV. Claves catequ\u00e9ticas: 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consumacion-del-hombre-y-del-cosmos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONSUMACION DEL HOMBRE Y DEL COSMOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16987","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16987","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16987"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16987\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16987"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16987"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16987"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}