{"id":16990,"date":"2016-02-05T11:04:18","date_gmt":"2016-02-05T16:04:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura-contemporanea\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:18","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:18","slug":"cultura-contemporanea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura-contemporanea\/","title":{"rendered":"CULTURA CONTEMPORANEA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Rasgos de la cultura contempor\u00e1nea: 1. La homogeneizaci\u00f3n funcional de nuestro tiempo; 2. Globalizaci\u00f3n, pluralismo y relativismo; 3. Destradicionalizaci\u00f3n y reflexividad cultural; 4. La vulnerabilidad socio-cultural producida. II. La crisis cultural de nuestro tiempo: 1. La crisis cultural vista por los neoconservadores; 2. La inversi\u00f3n de las causas de los te\u00f3ricos cr\u00ed\u00adticos; 3. La sensibilidad posmoderna; 4. Los nuevos movimientos sociales; 5. Religi\u00f3n y cultura contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>I. Rasgos de la cultura contempor\u00e1nea<br \/>\n\u00abLas culturas -afirma Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio-, estando en estrecha relaci\u00f3n con los hombres y con su historia, comparten el dinamismo propio del tiempo humano&#8230; Cada hombre est\u00e1 inmerso en una cultura, de ella depende y sobre ella influye. El es al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece\u00bb (FR 71). Toda acci\u00f3n pastoral y catequ\u00e9tica se realiza en un contexto sociocultural, es una transmisi\u00f3n y educaci\u00f3n de la fe situada. No es necesario caer en ning\u00fan determinismo social para reconocer la profunda influencia del contexto social y cultural a la hora de la transmisi\u00f3n de la fe. \u00abLa forma en la que los cristianos viven la fe est\u00e1 tambi\u00e9n impregnada por la cultura del ambiente circundante\u00bb (FR 71). Olvidar o desconocer este condicionamiento es exponerse a sufrir sus influjos sin tener capacidad reflexiva para reconocerlos. La catequesis actual cada d\u00ed\u00ada es m\u00e1s consciente de estos condicionamientos, y se remite a las aportaciones de las ciencias sociales para discernir el momento sociocultural en el que tiene que ejercer su funci\u00f3n pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>Vamos a indicar, de la mano de algunos estudiosos, los rasgos m\u00e1s llamativos de nuestra situaci\u00f3n cultural. Subrayaremos algunas de las consecuencias que se derivan para la presentaci\u00f3n de la fe. Veremos c\u00f3mo son muchas e importantes.<\/p>\n<p>Pero antes, indiquemos a manera de explicaci\u00f3n de t\u00e9rminos qu\u00e9 entendemos por cultura. Cultura es un vocablo empleado con cierta flexibilidad, que adquiere la connotaci\u00f3n general\u00ed\u00adsima de todo lo producido por el hombre, o del mundo significativo del ser humano. Desde este punto de vista, la sociedad humana es contemplada desde la perspectiva del sentido. El concepto adquiere una determinaci\u00f3n mayor cuando entendemos por cultura esas grandes matrices donde se fragua el sentido social y personal. A su luz se esclarecen los interrogantes fundamentales del ser humano, considerado individual y colectivamente: de d\u00f3nde venimos, ad\u00f3nde vamos, por qu\u00e9 existimos. Esta es la noci\u00f3n que m\u00e1s nos interesa cuando indagamos las caracter\u00ed\u00adsticas culturales de la sociedad moderna o contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Tampoco ser\u00e1 ocioso decir que, al calificar a la cultura de contempor\u00e1nea, estamos poniendo el acento en los rasgos que actualmente vivimos. La contemporaneidad, sin embargo, es un concepto fluido que se desplaza con el tiempo y no puede ser fijado de una vez por todas. La contemporaneidad de la que hablaremos ser\u00e1 la de este final de siglo y milenio que nos toca vivir y tratamos de auscultar.<\/p>\n<p>Veamos ahora los rasgos predominantes de la cultura contempor\u00e1nea y algunos de los condicionantes para la pedagog\u00ed\u00ada de la fe.<\/p>\n<p>1. LA HOMOGENEIZACI\u00ed\u201cN FUNCIONAL DE NUESTRO TIEMPO. El rasgo m\u00e1s llamativo de las sociedades llamadas modernas es, sin duda, el profundo impacto de la industrializaci\u00f3n y de las pr\u00e1cticas sociales derivadas de una sociedad donde la tecno-ciencia es uno de los elementos fundamentales. Vivimos inmersos en una sociedad de artefactos. Y vivimos bajo la creciente influencia de un modo de ver la realidad que se deriva de la pr\u00e1ctica insistente y mayoritaria de la b\u00fasqueda de los medios m\u00e1s adecuados para lograr unos fines u objetivos dados. Es decir, estamos bajo la influencia creciente de una dimensi\u00f3n de la raz\u00f3n, denominada racionalidad instrumental o funcional.<\/p>\n<p>Lo importante es darse cuenta de que estas pr\u00e1cticas sociales derivadas del sistema tecno-econ\u00f3mico van tejiendo un mundo cultural lleno de artilugios mec\u00e1nicos o electr\u00f3nicos. Un mundo artificial, alejado profundamente de la naturaleza y marcado a fuego por la l\u00f3gica funcional. De ah\u00ed\u00ad que se vaya configurando una cultura, es decir, unos modos de ver la realidad, de valorarla y darle sentido.<\/p>\n<p>Se suele denominar objetivismo al tipo de visi\u00f3n de la realidad que acompa\u00f1a a este mundo tecnologizado. Un mundo que aparece como una cosa u objeto echado ah\u00ed\u00ad. La realidad est\u00e1 as\u00ed\u00ad formada por un conjunto de cosas y funciones, m\u00e1s o menos compleja o hipercomplejamente entrelazadas, pero que no poseen otras dimensiones m\u00e1s all\u00e1 de las que determinan los an\u00e1lisis objetivos de las ciencias llamadas naturales y t\u00e9cnicas o aplicadas.<\/p>\n<p>Si observamos este modo objetivista e instrumental de ver la realidad desde el punto de vista de los valores -tan importantes para el sentido- nos damos cuenta de que la racionalidad funcional lleva adscrito un determinado tipo de valores: aquellos que se inclinan hacia el lado de lo funcional e instrumental, pragm\u00e1tico, utilitario, eficaz, rentable, controlable y mensurable.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s grave de estas pr\u00e1cticas sociales funcionales y del estilo de vida y de cultura que est\u00e1n configurando es su dinamismo. Tienden a colonizar m\u00e1s y m\u00e1s espacios, en una suerte de l\u00f3gica funcional imperialista. Bajo el influjo de este modo objetivista y funcional de percibir la realidad y la vida, van cayendo las relaciones interpersonales y actividades tan profundamente humanas como la educaci\u00f3n o la pol\u00ed\u00adtica. Hay una especie de contaminaci\u00f3n funcional generalizada, que no se detiene ante ning\u00fan \u00e1mbito de la vida humana. Asimismo este dinamismo funcionalista tiende a mundializarse: no hay cultura que lo detenga. Y ya hemos indicado que su penetraci\u00f3n no es neutra: lleva consigo un modo causalista, mecanicista y mensurador de ver y tratar con la realidad. De ah\u00ed\u00ad el enorme impacto de esta cultura tecnol\u00f3gica sobre las sociedades y culturas preindustriales o pretecnol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Si tras esta breve caracterizaci\u00f3n de este rasgo fundamental de nuestra sociedad y cultura de la modernidad contempor\u00e1nea, quisi\u00e9ramos apuntar algunas consecuencias para la religi\u00f3n en general y para la fe cristiana en particular, a tener muy en cuenta por el catequista y pastor, tendr\u00ed\u00adamos que recordar fen\u00f3menos tales como los siguientes:<br \/>\nEn primer lugar, el estrechamiento objetivista de la realidad que hemos indicado. Lleva consigo una ceguera pr\u00e1ctica para ver las dimensiones de profundidad de la realidad. Dicho de otra manera: la mentalidad y la visi\u00f3n de la realidad funcionalista s\u00f3lo ven la superficie mensurable de la realidad. No advierten que la realidad est\u00e1 dotada de varias capas de profundidad y sentido. De esta manera, la actitud funcionalista que expanden las pr\u00e1cticas sociales dominantes en nuestro mundo tienden a eliminar el misterio de la realidad: s\u00f3lo existe lo desconocido provisionalmente, hasta que la ciencia lo descubra o desvele. De aqu\u00ed\u00ad que se pueda decir que el objetivismo funcionalista act\u00faa, en la pr\u00e1ctica como un secularizador de nuestra cultura, en el sentido de un eliminador del misterio y de las predisposiciones mentales para lo religioso.<\/p>\n<p>De esta racionalidad funcional se deriva una cierta incapacidad para la captaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos. Estos se reducen a signos utilitarios con referentes controlables f\u00ed\u00adsicamente de alguna manera. La dimensi\u00f3n de evocaci\u00f3n y significaci\u00f3n de la trascendencia queda fuertemente da\u00f1ada.<\/p>\n<p>Los valores que impulsa la l\u00f3gica funcionalista, con su \u00e9nfasis en lo pragm\u00e1tico y utilitario, presenta tambi\u00e9n contradicciones para la aceptaci\u00f3n de la gratuidad de la fe, su aparente inutilidad, la exigencia de donaci\u00f3n e incluso de entrega m\u00e1s all\u00e1 de cualquier aparente ineficacia o no rentabilidad, por no citar el choque frontal con temas tan centrales de la fe cristiana como la cruz o el amor incondicional de Dios.<\/p>\n<p>El funcionalismo propicia un tipo de actitud religiosa un tanto mercantil y eficacista; aunque la eficacia, la buena organizaci\u00f3n y planificaci\u00f3n no debieran ser dejadas de lado ni en la catequesis ni en ning\u00fan tipo de pastoral.<\/p>\n<p>Este rasgo de la homogeneizaci\u00f3n funcional no es el \u00fanico de nuestra cultura contempor\u00e1nea, pues, como sucede con toda pr\u00e1ctica social dominante, provoca tambi\u00e9n sus reacciones opuestas. Con todo, el catequista est\u00e1 desafiado a utilizar, en este tipo de cultura funcionalista, toda una serie de estrategias o de pedagog\u00ed\u00ada de cultivo del s\u00ed\u00admbolo, en la tarea de profundizar en la realidad y de iniciar al misterio. M\u00e1s que en otras \u00e9pocas, nuestra cultura necesita una sensibilizaci\u00f3n al misterio. Quiz\u00e1 algunas de las reacciones neom\u00ed\u00adsticas y neoesot\u00e9ricas actuales tengan su ra\u00ed\u00adz en una b\u00fasqueda de compensaci\u00f3n ante la tiran\u00ed\u00ada de la racionalidad y la visi\u00f3n funcional.<\/p>\n<p>2. GLOBALIZACI\u00ed\u201cN, PLURALISMO Y RELATIVISMO. La mundializaci\u00f3n de la cultura cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnica y de la producci\u00f3n econ\u00f3mica no son las \u00fanicas realidades globalizadoras de nuestro mundo. Junto a la t\u00e9cnica y el mercado se aline\u00e1n los medios de comunicaci\u00f3n de masas. Estos nuevos lazos electr\u00f3nicos mundiales nos hacen pr\u00e1cticamente contempor\u00e1neos a los hombres de nuestro tiempo; son los causantes, adem\u00e1s, de un profundo cambio del contexto de experiencia social. Ahora somos verdaderamente contempor\u00e1neos a los dem\u00e1s seres humanos. La historia universal es por primera vez una realidad, merced a la cercan\u00ed\u00ada y la puesta en contacto de noticias, sucesos, modas, estilos de vida y de sociedades de los diversos pueblos de la tierra. No tiene nada de extra\u00f1o que estemos experimentando lo que empieza a denominarse el efecto a distancia: la influencia de unos puntos de la tierra sobre otros. No nos referimos \u00fanicamente a la industria automovil\u00ed\u00adstica nipona, por ejemplo, sino a las modas m\u00e1s pasajeras del vestir o de los telefilmes.<\/p>\n<p>Las repercusiones de esta globalizaci\u00f3n cultural no s\u00f3lo se perciben en una uniformizaci\u00f3n de estilos de vida que imitan el americano: una macdonaldizaci\u00f3n de la cultura y la sociedad que amenaza con trivializarnos o someternos a los dict\u00e1menes de la publicidad consumista; se da tambi\u00e9n un doble fen\u00f3meno unido dial\u00e9cticamente, y que est\u00e1 apareciendo ya como un dinamismo de fondo de la cultura actual. 1) Por una parte, la mundializaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n nos ha facilitado el tomar conciencia de que cada pueblo o regi\u00f3n es parte de un todo mucho m\u00e1s amplio. El sentido de relatividad nace al ritmo de esta experiencia de generalizado provincialismo que todos podemos hacer. 2) Pero al mismo tiempo que crece nuestro sentimiento de relatividad cultural, de ser el nuestro un modo de vida, religi\u00f3n o comportamiento humano entre otros, crece tambi\u00e9n la necesidad de valorar la tradici\u00f3n en la que he crecido, la religi\u00f3n en la que creo, la regi\u00f3n en la que he nacido o, incluso, la localidad en la que vivo. El nacionalismo, la valoraci\u00f3n de las propias ra\u00ed\u00adces, la diferencia frente a otros, surge a la par que el relativismo de sabernos uno entre muchos. Vivimos el descubrimiento de nuestra contemporaneidad en un mundo plural y diferente. El relativismo y el multiculturalismo hacen aparici\u00f3n como fen\u00f3menos concomitantes en sus versiones sanas o enloquecidas.<\/p>\n<p>Las consecuencias o desaf\u00ed\u00ados de esta situaci\u00f3n plural y relativista, a la vez que afirmadora de una multiculturalidad, no son nada despreciables para la educaci\u00f3n de la fe. El catequista tiene que v\u00e9rselas con una situaci\u00f3n de mercado, como se la ha denominado en la sociolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n; es decir, ya no puede dar por obvia la aceptaci\u00f3n f\u00e1cil de su visi\u00f3n del mundo, de los valores y de la fe religiosa. En el clima de pluralismo tiene que ganarse a su clientela, convencerla de la idoneidad de lo que dice y ofrece. Otro tanto ocurre en el terreno de los valores y de los comportamientos morales: no puede acudir a la moral vigente o sociol\u00f3gicamente aceptada.<\/p>\n<p>Se comprende que en este clima de pluralismo y de relativismo florezcan las tendencias religiosas sincretistas o, al menos, se tienda a una flexibilidad doctrinal, que si bien sirve para afinar rigideces dogm\u00e1ticas, puede conducir a un eclecticismo f\u00e1cil. As\u00ed\u00ad, asistimos, como reacci\u00f3n comprensible, a la aparici\u00f3n de corrientes de afirmaci\u00f3n de la tradici\u00f3n, de lo propio, a la vuelta a cierta seguridad y pureza que puede desembocar en actitudes tradicionalistas o fundamentalistas. Cuando estas afirmaciones -que no s\u00f3lo recorren lo religioso, sino lo pol\u00ed\u00adtico, lo \u00e9tnico, lo ideol\u00f3gico, etc., pero que se mezclan f\u00e1cilmente con ello- se vuelven compulsivas, estamos ante procesos de enfebrecimiento peligrosos.<\/p>\n<p>La catequesis debiera ayudar a aceptar una fe cristiana con convicci\u00f3n, pero sin rigidez, en una situaci\u00f3n pluralista y relativista. En el fondo late el serio problema personal y social de la identidad en nuestra sociedad. La fe tiene que colaborar a la constituci\u00f3n de una identidad con contornos definidos, pero abierta al ancho mundo de hoy. Una tarea dif\u00ed\u00adcil, pues, como estamos viendo a trav\u00e9s de los conflictos de nuestro tiempo, quiz\u00e1 el desgarro cultural de nuestro mundo actual pase por esta doble confrontaci\u00f3n que ha quedado brevemente caracterizada a trav\u00e9s de los dos rasgos -m\u00e1s bien un conjunto de rasgos- que representan la homogeneizaci\u00f3n funcional, por un lado, y la globalizaci\u00f3n multicultural y relativista, por otro. A decir de bastantes analistas sociales, aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ruptura cultural de nuestro tiempo y la gran tarea de hoy: conjugar la funcionalidad homogeneizadora en lo instrumental, cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnico y productivo, con la diferenciaci\u00f3n cultural y el relativismo. La religi\u00f3n cristiana est\u00e1 llamada a colaborar para suturar este desgarro.<\/p>\n<p>3. DESTRADICIONALIZACI\u00ed\u201cN Y REFLEXIVIDAD CULTURAL. Ahondamos por esta v\u00ed\u00ada algunos aspectos ya insinuados en el apartado anterior. Una caracter\u00ed\u00adstica de nuestro tiempo es la mayor reflexividad. No es un dato derivado de la mayor inteligencia o capacidad de nuestros contempor\u00e1neos, sino de la situaci\u00f3n objetiva del pluralismo. En una situaci\u00f3n de una pluralidad de ofertas estamos condenados a tener que elegir, y la elecci\u00f3n en libertad demanda reflexi\u00f3n. Dicho esto, no estamos olvidando las numerosas trampas publicitarias orientadas a manejar los gustos y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, dirigir la elecci\u00f3n en nuestra sociedad; pero vistas las cosas objetivamente, nos hallamos en una situaci\u00f3n de necesidad de reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>La reflexividad social, como caracter\u00ed\u00adstica de nuestro tiempo, va vinculada estrechamente al fen\u00f3meno, de gran importancia para la religi\u00f3n y el educador religioso, de la destradicionalizaci\u00f3n. Con este t\u00e9rmino se apunta a un fen\u00f3meno t\u00ed\u00adpico de nuestra cultura contempor\u00e1nea: la visi\u00f3n de la tradici\u00f3n como tradici\u00f3n, es decir, como transmisi\u00f3n heredada de un conjunto de modos y estilos de vida, valores, comportamiento, ritos, etc., que proseguimos de nuestros mayores, pero que pudieran ser de otra manera. Justamente este ver la relatividad de la tradici\u00f3n a la que estamos adscritos es un dato de nuestra situaci\u00f3n actual. No siempre se ha vivido con esta conciencia la herencia de un acervo cultural. El que hoy d\u00ed\u00ada aparezca, quiere decir que, de ahora en adelante, tenemos que cambiar nuestro trato con la tradici\u00f3n: no desaparecer\u00e1n las tradiciones, sino que su defensa y mantenimiento se har\u00e1 con la consciencia de que son tradiciones. La reflexi\u00f3n, la argumentaci\u00f3n, el dar razones y sopesar ventajas o costes del mantenimiento de tales o cuales modos tradicionales, ser\u00e1 mucho m\u00e1s habitual en adelante que lo que ha sido hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Se comprender\u00e1 f\u00e1cilmente que el catequista y el educador religioso est\u00e1n hoy ante una serie de graves retos. Est\u00e1n llamados a presentar una fe m\u00e1s razonada y reflexiva; a aceptar el cuestionamiento de muchas de las pr\u00e1cticas y reconocer su validez hist\u00f3rica, a la vez que su relatividad; a preparar creyentes que sean capaces de vivir la fe de un modo m\u00e1s cambiante en sus formas expresivas, celebrativas, etc., sin que la opci\u00f3n de fe deje de tener toda su seriedad y consistencia. Tendr\u00e1 que estar preparado para comprender los brotes de cierta b\u00fasqueda de seguridad, y por ello de aferrarse tradicionalmente a las tradiciones. Una tarea de este educador religioso, acompa\u00f1ante, colaborador con otros educadores, ser\u00e1 la creaci\u00f3n de redes educativas que protejan y faciliten la apertura del ni\u00f1o o del joven creyente y aun del adulto.<\/p>\n<p>Se comprender\u00e1 que en este clima de destradicionalizaci\u00f3n, y en medio de una cultura que favorece las opciones individuales, se viva tambi\u00e9n la tendencia a afirmar la propia b\u00fasqueda m\u00e1s que la herencia recibida. Es decir, estamos viendo c\u00f3mo bastantes contempor\u00e1neos m\u00e1s que una religi\u00f3n heredada quieren una religi\u00f3n elegida, encontrada, descubierta e incluso fabricada con los elementos elegidos por ellos. Esta sensibilidad hacia una fe personalizada con caracteres individuales es una se\u00f1al de la \u00e9poca y est\u00e1 vinculada al fen\u00f3meno de la destradicionalizaci\u00f3n y la reflexividad.<\/p>\n<p>4. LA VULNERABILIDAD SOCIOCULTURAL PRODUCIDA. La sociedad moderna actual se ha convertido en un riesgo permanente. Los componentes fundamentales del dinamismo de la modernidad se han mostrado como una amenaza para la misma sociedad moderna. Pensemos en la tecno-ciencia y su aplicaci\u00f3n a la producci\u00f3n masiva que puede saquear la naturaleza, contaminar el medio ambiente y destruir el equilibrio ecol\u00f3gico, poniendo en riesgo la vida misma sobre la tierra; el militarismo y la carrera armamentista como potencial de destrucci\u00f3n y de creaci\u00f3n de conflictos b\u00e9licos; la burocracia del estado moderno con su formalismo desecador de las relaciones, o los peligros actuales del tr\u00e1fico, las transfusiones, etc. Podr\u00ed\u00adamos ir recorriendo de esta manera los denominados elementos fundamentales de la modernidad, y advertir el rostro amenazador que conllevan. La modernidad tard\u00ed\u00ada en la que vivimos se ha convertido, de esta manera, en una sociedad muy vulnerable y plagada de riesgos.<\/p>\n<p>El riesgo ha pasado a ser un componente cultural de nuestras sociedades. Conviene darse cuenta de la novedad de esta vulnerabilidad: es una amenaza generalizada, y que no se puede concretar ni aislar, ya que est\u00e1 clavada en la din\u00e1mica de la modernidad misma. Tampoco podemos protegernos frente a ella desplazando los riesgos hacia una parte del globo o hacia una clase social o un continente; estas estrategias sirvieron durante la industrializaci\u00f3n, pero no hoy. No existen instituciones o protecciones frente a los riesgos derivados del mismo proceso de la modernidad. S\u00f3lo cabe la autorregulaci\u00f3n, el autocontrol y la restricci\u00f3n inteligente. Advertimos que debemos cambiar de din\u00e1mica social. Pero esta demanda quiere decir que debemos cambiar de estilo de vida, lo cual exige un cambio de valores y una elevaci\u00f3n moral generalizada.<\/p>\n<p>F\u00e1cilmente se ve que, en esta situaci\u00f3n, la religi\u00f3n puede ser un elemento moral motivador muy importante para el cambio de sociedad y cultura de un menor riesgo y una mayor humanizaci\u00f3n. La fe cristiana est\u00e1 llamada a aportar su contribuci\u00f3n a una responsabilidad, una cooperaci\u00f3n y una solidaridad mayores, si es que se quieren conjurar los riesgos de esta sociedad. Una fe de raigambre prof\u00e9tica, como la cristiana, tiene una especial tarea en esta situaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n puede servir de falso controlador de las contingencias: brindar, como hacen algunos nuevos cultos actuales, ofertas evasivas frente al no-control de los riesgos. Fomentar\u00e1n un cierto re-encantamiento esot\u00e9rico del mundo, que actuar\u00e1 como encubridor o analg\u00e9sico de una realidad que permanecer\u00e1 intocada.<\/p>\n<p>II. La crisis cultural de nuestro tiempo<br \/>\nVivimos bajo la sensaci\u00f3n general de crisis cultural, es decir, de puesta en cuesti\u00f3n de las respuestas de sentido habituales. Esta experiencia es caracter\u00ed\u00adstica de los momentos de cambio o tr\u00e1nsito hacia otra cosa. La crisis es como el umbral de un paso hacia otra situaci\u00f3n, pero sucede que, a menudo, no somos capaces de discernir claramente lo que se avecina.<\/p>\n<p>Esta misma indecisi\u00f3n se capta mediante las diversas explicaciones que se dan de la crisis al hilo de las tendencias actuales. Las teor\u00ed\u00adas socioculturales de la crisis son ellas mismas an\u00e1lisis y posturas frente al problema; de ah\u00ed\u00ad que nos sirvan como muestras de las diversas visiones actuales sobre la situaci\u00f3n social y cultural. La pluralidad de visiones concuerda en un punto: la crisis cultural de nuestro tiempo; pero las causas a las que atribuyen el diagn\u00f3stico difieren mucho entre s\u00ed\u00ad, lo mismo que las soluciones entrevistas. Aqu\u00ed\u00ad prima una visi\u00f3n estructural del problema, que muy bien puede verse como complementaria de la anterior.<\/p>\n<p>1. LA CRISIS CULTURAL VISTA POR LOS NEOCONSERVADORES. Es la explicaci\u00f3n dominante en un momento de predominio de esta ideolog\u00ed\u00ada. El neoconservadurismo, cuyos te\u00f3ricos m\u00e1s representativos son los norteamericanos D. Bell, P. Berger, S. Martin Lypset, M. Novak y J. R. Neuhaus, achaca a la cultura moderna la ruptura o disyunci\u00f3n de nuestra sociedad moderna. Entiende que esta sociedad est\u00e1 constituida por tres \u00f3rdenes o subsistemas sociales: la producci\u00f3n tecno-econ\u00f3mica, la pol\u00ed\u00adtica democr\u00e1tica y la cultura pluralista. La tecno-econom\u00ed\u00ada o producci\u00f3n econ\u00f3mica bajo el impulso de la ciencia y la t\u00e9cnica tiene unas leyes determinadas que no se pueden cambiar a discreci\u00f3n. Exigen, adem\u00e1s, un tipo de hombre con capacidad de trabajo, colaboraci\u00f3n disciplinada a un proyecto y b\u00fasqueda de los medios m\u00e1s adecuados para obtener con mayor eficacia y rentabilidad el objetivo propuesto. La pol\u00ed\u00adtica democr\u00e1tica vive bajo los presupuestos de unos ciudadanos con capacidad de sacrificio en pro de la comunidad, atenci\u00f3n a los intereses comunes y participaci\u00f3n responsable. Pero la cultura pluralista, nacida en la modernidad secularizada, ha sido impulsada por los vientos de una b\u00fasqueda de libertad y realizaci\u00f3n personal casi sin l\u00ed\u00admites. El modelo era el artista que buscaba su autorrealizaci\u00f3n, autoexpresi\u00f3n y goce. Advertimos que la cultura moderna tiende a la creaci\u00f3n de un tipo de hombre individualista, centrado en s\u00ed\u00ad, narcisista y hedonista.<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico, tras esta descripci\u00f3n de la situaci\u00f3n, no se hace esperar: tanto el sistema econ\u00f3mico como el pol\u00ed\u00adtico chocan frontalmente con el tipo de persona y de valores que se proponen y expanden desde la cultura moderna. Si este dinamismo cultural tiene algo de fascinante para los contempor\u00e1neos, no cabe la menor duda de que estamos ante un sistema cultural con una l\u00f3gica que socava los valores de los otros y, a la larga, crea un conflicto en el interior de la modernidad misma.<\/p>\n<p>Las soluciones avistadas por los neoconservadores son consecuentes con su diagn\u00f3stico: controlar la cultura y devolverla a la situaci\u00f3n sometida anterior. Para ello ven en la religi\u00f3n un gran aliado. La religi\u00f3n judeocristiana podr\u00ed\u00ada ayudar a crear un tipo de moral social que apoye la disciplina, cierto ascetismo de vida y sacrificio, condiciones tanto para la producci\u00f3n capitalista como para el funcionamiento democr\u00e1tico. Incluso, algunos autores (M. Novak) han llegado a proponer una cierta legitimaci\u00f3n religiosa del sistema capitalista democr\u00e1tico, bajo la \u00e9gida de un cristianismo que ayude al equilibrio de la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>2. LA INVERSI\u00ed\u201cN DE LAS CAUSAS DE LOS TE\u00ed\u201cRICOS CR\u00ed\u008dTICOS. LOS te\u00f3ricos cr\u00ed\u00adticos (A. Touraine, J. Habermas, C. Offe, A. Giddens&#8230;) aceptan que estamos viviendo momentos de desorientaci\u00f3n cultural. Pero no ponen el acento en la cultura como el lugar del tumor social de la modernidad actual, sino en los otros dos subsistemas de la modernidad, es decir, la econom\u00ed\u00ada y la pol\u00ed\u00adtica. Los neoconservadores se\u00f1alar\u00ed\u00adan bien los efectos, pero mal las causas. Especialmente los neoconservadores parecen ciegos a las consecuencias culturales inducidas por un sistema tecno-econ\u00f3mico que desarrolla unas pr\u00e1cticas sociales centradas en la l\u00f3gica funcional y en los valores adecuados a su funcionamiento, como son la eficacia, el utilitarismo, la rentabilidad, etc. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ra\u00ed\u00adz del mal de la cultura moderna, que queda seca y agostada por este funcionalismo y por las relaciones comerciales que se expanden desde la mundializaci\u00f3n del mercado. En estas condiciones no crecen ni las tradiciones ni las actitudes proclives a la solidaridad, la generosidad, la preocupaci\u00f3n por los dem\u00e1s, la responsabilidad por el bien com\u00fan. Se desatan m\u00e1s bien actitudes consumistas, competitivas, individualistas e insolidarias.<\/p>\n<p>La propuesta de soluci\u00f3n ser\u00e1 controlar el sistema productivo, la l\u00f3gica funcionalista, elevar la moralizaci\u00f3n hacia una responsabilidad ciudadana mayor y m\u00e1s generalizada, como condici\u00f3n de un cambio de estilo de vida. De ah\u00ed\u00ad que la pol\u00ed\u00adtica orientada por estos valores ser\u00e1 fundamental para tal cambio, as\u00ed\u00ad como las motivaciones para una elevaci\u00f3n moral. Aqu\u00ed\u00ad tiene su lugar un cristianismo con sensibilidad prof\u00e9tica y cr\u00ed\u00adtica, impulsor de una cooperaci\u00f3n ciudadana responsable.<\/p>\n<p>3. LA SENSIBILIDAD POSMODERNA. \u00abNuestra \u00e9poca ha sido calificada por ciertos pensadores como la \u00e9poca de la posmodernidad. Este t\u00e9rmino, utilizado frecuentemente en contextos muy diferentes unos de otros, designa la aparici\u00f3n de un conjunto de factores nuevos, que por su difusi\u00f3n y eficacia han sido capaces de determinar cambios significativos y duraderos\u00bb (FR 91). Es una de las visiones actuales acerca de los problemas de la modernidad. Ha llegado a ser, m\u00e1s que el mero diagn\u00f3stico de unos intelectuales (J. F. Lyotard, G. Vattimo, R. Rorty&#8230;), la expresi\u00f3n de un malestar ante la sociedad y cultura de la modernidad tard\u00ed\u00ada que nos toca vivir.<\/p>\n<p>La posmodernidad se caracteriza por su increencia en los mitos que ha forjado la modernidad: el mito liberal de la sociedad opulenta, o el socialista de la sociedad igualitaria y sin clases, o el de la democracia libre occidental, o bien, los mitos m\u00e1s intelectuales de la raz\u00f3n ilustrada y la eliminaci\u00f3n de todo mito y superstici\u00f3n mediante la educaci\u00f3n, etc. Todas estas expectativas se han demostrado falsas; la misma realidad de los hechos se ha encargado de demostrar su falsedad. No hay que creer, por tanto, en la objetividad de ninguno de los grandes relatos o visiones de la modernidad. La posmodernidad es el adi\u00f3s sin nostalgias a dichos metarrelatos o visiones totalizantes que, adem\u00e1s, como ha sido testigo nuestro siglo, han funcionado como grandes religiones secularizadas de efectos totalitarios y mort\u00ed\u00adferos. Para la posmodernidad lo que hay que cambiar es el proyecto moderno: la totalidad de la cultura moderna estar\u00ed\u00ada desenfocada.<\/p>\n<p>La salida avistada corre por el camino de los muchos y peque\u00f1os relatos o proyectos de sentido: la aceptaci\u00f3n de un relativismo cultural y de valores que, pr\u00e1cticamente, declara temporales, coyunturales y rescindibles todos los sentidos de la vida. El desaf\u00ed\u00ado de este relativismo para la fe cristiana es muy serio. Puede aportar la recuperaci\u00f3n de una dimensi\u00f3n m\u00e1s est\u00e9tica y menos logicista y funcionalista de la vida, con lo que se abre al s\u00ed\u00admbolo y a la profundidad inagotable de la realidad; pero puede desembocar f\u00e1cilmente en un consumismo de sensaciones y un relativismo propicio para los sincretismos religiosos del tipo de los nuevos cultos. La tarea con la que se enfrenta el educador es la de aprovechar el potencial cr\u00ed\u00adtico frente a los malestares y miserias de la modernidad, sin vender a bajo precio los valores transmitidos por esta. La contaminaci\u00f3n posmoderna tender\u00e1 a acentuar las dimensiones experienciales, afectivas, est\u00e9ticas de la fe cristiana, con olvido o alergia hacia las cr\u00ed\u00adtico-intelectuales y pol\u00ed\u00adtico-estructurales.<\/p>\n<p>4. Los NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES. Otra visi\u00f3n de la sociedad y la cultura actuales, hecha corriente social de nuestro tiempo, es la que se ha agrupado bajo el denominador de nuevos movimientos sociales. Una pluralidad de tendencias que reaccionan contra las contradicciones de la modernidad. Para esta sensibilidad, que agrupa en su seno tendencias tanto emancipadoras como puramente de resistencia y aun evasivas, el malestar de la modernidad es cultural. El conflicto, dir\u00e1 su diagn\u00f3stico, no es tanto econ\u00f3mico y de justicia distributiva -aunque sigue existiendo-, cuanto cultural o de estilo de vida. Se trata de cambiar de gram\u00e1tica de la vida, de comportamientos, de valores, de expectativas. En vez de estar centrados en el desarrollismo, la productividad, la competitividad, la superaci\u00f3n del otro (naci\u00f3n, ideolog\u00ed\u00ada, sexo, raza&#8230;) por la fuerza, opta por ofrecerle nuestro reconocimiento y cooperaci\u00f3n. Es decir, para los nuevos movimientos sociales hay tres dinamismos malsanos en la modernidad: 1) el productivismo que amenaza el equilibrio ecol\u00f3gico; 2) el militarismo que est\u00e1 en la base de la proliferaci\u00f3n de los conflictos armados y su soluci\u00f3n violenta, y 3) el patriarcalismo con su minusvaloraci\u00f3n y el sometimiento de la mujer.<\/p>\n<p>El problema es cultural y la soluci\u00f3n propuesta camina por un cambio de valores y actitudes que produzcan un nuevo tipo de hacer pol\u00ed\u00adtica, de relaciones con la naturaleza y de confianza rec\u00ed\u00adproca entre los sexos, razas, culturas, etc. Estos nuevos movimientos han desarrollado formas de actuaci\u00f3n social donde la fluidez de la organizaci\u00f3n, la espontaneidad y la fantas\u00ed\u00ada, tienen un gran puesto. Se discute si precisamente estas formas de actuaci\u00f3n social, opuestas a las procedentes de la raz\u00f3n funcional y la burocracia modernas, pueden aportar un cambio real o son s\u00f3lo formas de expansi\u00f3n de una sensibilidad.<\/p>\n<p>El influjo de los nuevos movimientos sociales en los creyentes -j\u00f3venes y cultos de mediana edad- y la inspiraci\u00f3n cristiana de algunos de los movimientos eco-pacifistas, est\u00e1 fuera de toda duda. Estamos ante una corriente social donde se dan cita las generosidades mayores en pro de un servicio y una solidaridad en favor de los pobres de este mundo y de un cambio de vida m\u00e1s humano. El movimiento de voluntariado social no est\u00e1 ajeno a esta sensibilidad. Por estas razones, el educador y catequista cristiano debiera ser muy sensible a este tipo de manifestaciones y aprovechar su atractivo para una educaci\u00f3n en la solidaridad, el compromiso social y pol\u00ed\u00adtico y la vivencia encarnada de la fe; en realidad, deber\u00e1 acompa\u00f1ar un caminar no exento de frustraciones, ambig\u00fcedades y huidas.<\/p>\n<p>La diversidad de tendencias y diagn\u00f3sticos nos proporciona un pluralismo de visiones de la realidad cultural contempor\u00e1nea donde late la sensaci\u00f3n de disgusto y tr\u00e1nsito hacia otra cosa, al mismo tiempo que nos indica que la realidad se ve de forma diferente dependiendo de la implicaci\u00f3n y valores de quien la mira.<\/p>\n<p>5. RELIGI\u00ed\u201cN Y CULTURA CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA. Las relaciones de la religi\u00f3n con la cultura contempor\u00e1nea son ambiguas. Est\u00e1n atravesadas por las tensiones y mutuas incomprensiones que la historia de la modernidad ha deparado. Desde el Vaticano II se advierte un reconocimiento mutuo mayor, pero todav\u00ed\u00ada estamos lejos de tener unas relaciones fluidas. Por ambas partes hay razones para la desconfianza. Debemos mantener el esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico, al mismo tiempo que evitamos cualquier legitimaci\u00f3n o descalificaci\u00f3n masivas.<\/p>\n<p>La fe cristiana est\u00e1 desafiada a ofrecer su valiosa colaboraci\u00f3n para una humanizaci\u00f3n de esta sociedad y cultura (cf FR 92ss). \u00abEn este contexto se comprende bien por qu\u00e9 tiene tambi\u00e9n un notable inter\u00e9s la referencia a la catequesis, pues conlleva implicaciones filos\u00f3ficas que deben estudiarse a la luz de la fe. La ense\u00f1anza dada en la catequesis tiene un efecto formativo para la persona. La catequesis, que es tambi\u00e9n comunicaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica, debe presentar la doctrina de la Iglesia en su integridad, mostrando su relaci\u00f3n con la vida de los creyentes. Se da as\u00ed\u00ad una uni\u00f3n especial entre ense\u00f1anza y vida, que es imposible alcanzar de otro modo. En efecto, lo que se comunica en la catequesis no es un conjunto de verdades conceptuales, sino el misterio del Dios vivo\u00bb (FR 99). No ser\u00e1 f\u00e1cil esta tarea, en un momento en el que predominan las teor\u00ed\u00adas de la modernidad, que tienden a ver las tradiciones religiosas como premodernas, autoritarias y caducas. El catequista deber\u00e1 hacer valer las aportaciones de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, concretamente cristiana, a este hoy en reconocida crisis cultural: una\u2020\u00a2tradici\u00f3n religiosa que se niega a mitificar el sufrimiento y la injusticia, y emplaza al hombre con su responsabilidad frente al dolor del pr\u00f3jimo; una sensibilidad inclinada al reconocimiento del otro, pobre, v\u00ed\u00adctima, como presencia de Dios; el recuerdo del sufrimiento de los vencidos en la lucha en pro de la libertad y la justicia, que claman por una solidaridad que tenga futuro; el no estar solos, sino caminar en la presencia amorosae incondicional de Quien nos acompa\u00f1a siempre en el sendero de la vida, son algunos de los fermentos que pueden contrarrestar el individualismo competitivo o escapista, la carencia de sentido e identidad, as\u00ed\u00ad como las relaciones mercantiles, la compulsi\u00f3n fundamentalista o el evasionismo de los nuevos cultos.<\/p>\n<p>BIBL.: BELLAH R. y OTROS, H\u00e1bitos del coraz\u00f3n, Alianza, Madrid 1992; BELL D., Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza, Madrid 1977; BERGER P., La revoluci\u00f3n capitalista, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1989; CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, Para una pastoral de la cultura, Ciudad del Vaticano (23 mayo 1999); DALTON R. 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Rasgos de la cultura contempor\u00e1nea: 1. La homogeneizaci\u00f3n funcional de nuestro tiempo; 2. Globalizaci\u00f3n, pluralismo y relativismo; 3. Destradicionalizaci\u00f3n y reflexividad cultural; 4. La vulnerabilidad socio-cultural producida. II. La crisis cultural de nuestro tiempo: 1. La crisis cultural vista por los neoconservadores; 2. La inversi\u00f3n de las causas de los te\u00f3ricos cr\u00ed\u00adticos; 3. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura-contemporanea\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCULTURA CONTEMPORANEA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16990","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16990","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16990"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16990\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16990"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16990"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16990"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}