{"id":16991,"date":"2016-02-05T11:04:20","date_gmt":"2016-02-05T16:04:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discernimiento-vocacional\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:20","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:20","slug":"discernimiento-vocacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discernimiento-vocacional\/","title":{"rendered":"DISCERNIMIENTO VOCACIONAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Clarificaci\u00f3n de t\u00e9rminos. II. La orientaci\u00f3n vocacional apunta al discernimiento. III. Discernir desde la espiritualidad cristiana. IV. El discernimiento vocacional: 1. Aspectos teol\u00f3gicos que hay que educar; 2. Elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n cristiana; 3. Manifestaciones de la vocaci\u00f3n y criterios de discernimiento. V. Condiciones para el discernimiento. VI. El tiempo oportuno para el discernimiento. VII. El itinerario del discernimiento vocacional. VIII. Los autoenga\u00f1os en el discernimiento.<\/p>\n<p>En la etapa posconciliar se ha dado mucha importancia a las ciencias psicosociales en los procesos de maduraci\u00f3n de la persona, en la pedagog\u00ed\u00ada religiosa, en la acci\u00f3n pastoral y en la relaci\u00f3n de ayuda, tanto para resolver problemas como para orientar la vida. El cuerpo doctrinal que fundamenta esta visi\u00f3n del crecimiento humano sit\u00faa a la persona concreta en el centro de sus preocupaciones, y subraya la importancia de aspectos afectivos en la interpretaci\u00f3n y resoluci\u00f3n de los problemas personales. La clave de esta pedagog\u00ed\u00ada est\u00e1 en la conjunci\u00f3n de objetivos, necesidades, intereses y maduraci\u00f3n personal. El t\u00e9rmino integraci\u00f3n se manifiesta como uno de los que proporcionan mayor rendimiento educativo, pues apunta a la unidad del yo, as\u00ed\u00ad como a la coherencia entre la situaci\u00f3n en la que est\u00e1 y las metas hacia las que se apunta. E. M. Erikson1 habla de una serie de actitudes b\u00e1sicas que van construyendo la persona humana a trav\u00e9s de las diferentes edades evolutivas.<\/p>\n<p>En cada una de estas etapas nos relacionamos con personas significativas que nos ayudan a ser nosotros mismos. Las principales actitudes que van configurando la adultez y las personas que intervienen en la formaci\u00f3n de las mismas son: la confianza b\u00e1sica (la madre), la autonom\u00ed\u00ada (la familia), la iniciativa (la familia y los compa\u00f1eros de juego), la efectividad (la escuela), la identidad (los grupos de iguales), la intimidad (la pareja y la familia), la generatividad (la familia y el trabajo) y la integridad del yo<br \/>\n(la sociedad). Estas actitudes b\u00e1sicas no surgen sin la presencia de virtudes como la esperanza, la fuerza de voluntad, la fidelidad, la responsabilidad, la reflexi\u00f3n y el amor.<\/p>\n<p>I. Clarificaci\u00f3n de t\u00e9rminos<br \/>\nPablo VI, en la Populorum progressio (PP 14-15), dice que toda la vida es vocaci\u00f3n; en consecuencia, la vocaci\u00f3n es para todas y cada una de las personas, y afecta al ser humano como totalidad y unidad. Por tanto, debemos hablar de vocaci\u00f3n y de vocaciones. Todas las vocaciones tienen unos elementos constitutivos que son comunes: la llamada, la respuesta, el estilo\/estado de vida y la misi\u00f3n. Las diferencias entre las vocaciones est\u00e1 en los modos de concretar cada uno de los elementos comunes de la vocaci\u00f3n. En consecuencia, no se pueden igualar todas las vocaciones ni tampoco se deben privilegiar unas respecto de las otras. Lo importante es que cada uno conozca la vocaci\u00f3n a la que Dios le llama y responda de todo coraz\u00f3n, pues a trav\u00e9s de ella se da la llamada a la santidad, que es \u00fanica y universal.<\/p>\n<p>Por orientaci\u00f3n vocacional entendemos las ayudas que un creyente recibe para poder responder adecuadamente a las preguntas fundamentales de la vida2: qui\u00e9n soy, qu\u00e9 debo hacer, qu\u00e9 aptitudes y actitudes tengo para responder adecuadamente, c\u00f3mo llegar a conocer la vocaci\u00f3n personal y c\u00f3mo saber que no me enga\u00f1o en la vocaci\u00f3n a la que me siento llamado. Las ciencias humanas, sobre todo la psicolog\u00ed\u00ada y la pedagog\u00ed\u00ada, son una ayuda imprescindible, tanto para no equivocarse en la elecci\u00f3n como para hacer de forma adecuada el camino que lleve al discernimiento vocacional.<\/p>\n<p>Los dos t\u00e9rminos del enunciado orientaci\u00f3n vocacional suponen una determinada visi\u00f3n filos\u00f3fica de la realidad humana. Hay que reconocer que existen formas de entender la vida humana como algo replegado sobre el propio yo, sin valorar adecuadamente la apertura a la realidad humana interpersonal, estructural e hist\u00f3rica. Por el contrario, existen otras visiones de la persona estructuradas desde las relaciones, el dinamismo hist\u00f3rico y la proyectualidad de la existencia con esperanza y utop\u00ed\u00ada. Como creyentes, nos orienta la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, que considera al hombre como imagen de Dios, esencialmente comunitario y haciendo historia de salvaci\u00f3n en la humanidad, desde el compromiso solidario con los m\u00e1s desfavorecidos.<\/p>\n<p>Al hablar de la vocaci\u00f3n hay que superar cualquier dicotom\u00ed\u00ada y evitar los posibles reduccionismos. La vocaci\u00f3n comporta un estilo y un estado de vida y un quehacer profesional. Importa mucho que estos tres componentes se vivan como elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n en armon\u00ed\u00ada y coherencia, pero tambi\u00e9n con realismo, es decir, huyendo de perfeccionismos imposibles y desarrollando las posibilidades concretas de cada persona.<\/p>\n<p>II. La orientaci\u00f3n vocacional apunta al discernimiento<br \/>\nEl creyente debe buscar en cada momento y situaci\u00f3n lo que agrada a Dios (cf Rom 12,2; 14,8; 2Cor 5,9; Ef 5,10; F1p 4,18; Col 3,20; Tit 2,9). Esto no es algo evidente o espont\u00e1neo; por el contrario, el creyente debe poner todos los medios para descubrir personalmente lo que es voluntad de Dios. El t\u00e9rmino discernimiento aparece 22 veces en el Nuevo Testamento, y constituye una de las categor\u00ed\u00adas b\u00e1sicas para entender la vida cristiana. Esta visi\u00f3n neotestamentaria sit\u00faa el vivir cristiano en un horizonte nuevo: no es el cumplimiento de una norma lo que agrada a Dios, sino la b\u00fasqueda personal de su voluntad. El r\u00e9gimen de la ley ha sido superado por Cristo (cf Rom 10,4; 7,1-4) y estamos en el r\u00e9gimen de la gracia (cf Rom 6,14). Lo importante es que la novedad y las posibilidades del evangelio alcancen a toda persona y a todas las personas (lCor 9,19-23). \u00abCuando Pablo habla de la liberaci\u00f3n con respecto a la ley, no se refiere solamente a las observancias legales y a las ceremonias rituales que practicaban los jud\u00ed\u00ados, sino que adem\u00e1s de eso, y sobre todo, se refiere a la ley en su sentido m\u00e1s general, es decir, se refiere a la ley en cuanto manifestaci\u00f3n de la voluntad preceptiva de Dios, cuya expresi\u00f3n culminante es el dec\u00e1logo\u00bb3.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Rom 12,1-2, el culto verdadero es el discernimiento de la voluntad de Dios, que tiene que ver con el comportamiento b\u00e1sico de los cristianos (cf Ef 5,8-10; Flp 1,8-11) y sus posibles desviaciones (cf lCor 11,28-29; 2Cor 13,5-6; G\u00e1l 6,4-5). La adultez cristiana y el vivir seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente relacionados con la capacidad de distinguir lo bueno de lo que no lo es (cf He 5,14; Un 4,1).<\/p>\n<p>El discernimiento de las cuestiones importantes requiere una condici\u00f3n b\u00e1sica: que en los creyentes se haya producido la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n que permita una forma renovada de ver y analizar lo que es la voluntad de Dios (cf Rom 12,2 y Ef 4,17-24). La primera manifestaci\u00f3n de esta nueva mentalidad consiste en situarse de forma cr\u00ed\u00adtica y alternativa frente a la moral prevalente y el orden establecido (cf 1Cor 1,20-28), expresi\u00f3n de los intereses ego\u00ed\u00adstas de los poderosos seg\u00fan este mundo. Esta condici\u00f3n es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s importante para el discernimiento vocacional, pues la vocaci\u00f3n cristiana supone un estilo de vida evang\u00e9lico, estructurado desde la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, la referencia eclesial y el trabajo por el Reino. En la medida que el creyente va entrando en comuni\u00f3n de vida con la persona de Jesucristo y va teniendo sus mismos sentimientos, va creciendo en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Cada persona discierne desde los valores que vive cotidianamente; por lo mismo, s\u00f3lo quien vive la experiencia del amor evang\u00e9lico puede discernir adecuadamente lo que agrada a Dios (cf Ef 5,10), lo mejor (cf Flp 1,9-10; 1Tes 5,21-22; Heb 5,14) y lo que es voluntad de Dios (cf Rom 12,2).<\/p>\n<p>El peligro en todo proceso de discernimiento, sea vocacional o no, est\u00e1 en asumir como voluntad de Dios lo que no puede serlo. \u00bfC\u00f3mo sabe.el cristiano que la opci\u00f3n tomada es la que Dios le pide? En el Nuevo Testamento, y m\u00e1s constantemente en los escritos paulinos, hay una correlaci\u00f3n entre el discernimiento evang\u00e9lico y los frutos de vida cristiana (cf Ef 5,8-10 y Flp 1,9-11); lo que no termina dando buenos frutos no se puede aceptar (cf Mc 11,14; Mt 3,10; 21,43; Lc 13,6-9 y Jn 15,6). Frutos son todas las obras que manifiestan dominio de las pasiones, respeto y tolerancia, fidelidad, humildad, alegr\u00ed\u00ada, paz y amor incluso a los enemigos4. En las relaciones, proyectos y compromisos en que aparecen estos frutos es f\u00e1cil encontrar la voluntad de Dios; donde predominan las rupturas, intereses, partidismos e injusticias, no se puede discernir la voluntad de Dios (cf 1Cor 13,3).<\/p>\n<p>III. Discernir desde la espiritualidad cristiana<br \/>\nLa espiritualidad cristiana consiste en acoger la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la existencia cotidiana de las personas y en ser fiel a las inspiraciones y acciones de este Esp\u00ed\u00adritu. La espiritualidad cristiana se forma en el seguimiento de Jes\u00fas; este camino nos lleva a los siguientes descubrimientos vitales5: 1) como Jes\u00fas, hav que vivir para la construcci\u00f3n del reino de Dios en la historia; 2) las bienaventuranzas son el proyecto de vida y acci\u00f3n del cristiano; 3) la vida de fe y el compromiso se viven eclesialmente, y 4) la fuente que nos alimenta es la vida trinitaria (fe, esperanza y amor).<\/p>\n<p>El proyecto vocacional de vida que Dios tiene preparado para cada uno llega a conocerse y aceptarse si se dan las experiencias propias de la vida cristiana; s\u00f3lo cuando estas se pasan por el coraz\u00f3n en actitud de disponibilidad se puede escuchar lc que Dios pide a cada uno.<\/p>\n<p>No es posible el discernimiento vocacional si antes no se ha trabajado la espiritualidad cristiana, que se construye desde las dificultades del d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada, y en ellas tambi\u00e9n desemboca. La lectura de los signos de los tiempos es un elemento imprescindible, tanto para la configuraci\u00f3n de la identidad cristiana como para el discernimiento vocacional.<\/p>\n<p>En los evangelios vemos c\u00f3mo el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa desde el principio, total y personalmente, en la persona y la historia de Jes\u00fas de Nazaret; por la pascua de Cristo, este mismo Esp\u00ed\u00adritu ha sido derramado a la Iglesia para que siga haciendo presente la salvaci\u00f3n de Dios en cada comunidad y en cada contexto hist\u00f3rico. Este Esp\u00ed\u00adritu es el que nos lleva a la plenitud de la vida, en el coraz\u00f3n de la Trinidad, en la Iglesia y en el compromiso liberador. 1. Ellacur\u00ed\u00ada entiende \u00abla espiritualidad cristiana como don de Dios a los pobres\u00bb, pues contin\u00faa en la historia la entrega de Jesucristo. La espiritualidad cristiana conlleva intr\u00ed\u00adnsecamente una praxis que quite del mundo la injusticia y posibilite el que la gracia de Dios aparezca en los corazones, las relaciones y las estructuras.<\/p>\n<p>Educar en la espiritualidad cristiana supone ayudar a: 1) Crecer en introspecci\u00f3n, silencio y reflexi\u00f3n, para acoger mejor la acci\u00f3n de Dios, los signos de los tiempos y descubrir los ego\u00ed\u00adsmos y autoenga\u00f1os; 2) la superaci\u00f3n progresiva y constante del pecado personal, los apegos desordenados, las limitaciones por rutina o superficialidad, la falta de esfuerzo, etc.; 3) hacer un camino de fe que conduzca a la oraci\u00f3n diaria y a la oraci\u00f3n afectiva; el encuentro con el Se\u00f1or en la oraci\u00f3n y los sacramentos es el \u00e1mbito privilegiado para que cambie el coraz\u00f3n y para escuchar su voz; 4) el an\u00e1lisis de la realidad para descubrir el paso de Dios por la vida y la apertura de esta a la acci\u00f3n de Dios; el evangelio pide una actitud empe\u00f1ativo-transformadora, que aproxime lo m\u00e1s posible el mundo que tenemos, al proyecto salvador del Padre; 5) la comprensi\u00f3n de la vida personal como compromiso liberador desde los pobres, para que el pecado, en sus m\u00faltiples manifestaciones, d\u00e9 lugar a la gracia de Dios; 6) plantearse el futuro en clave de disponibilidad a la voluntad de Dios: c\u00f3mo y d\u00f3nde servir\u00e9 m\u00e1s y mejor a mis hermanos m\u00e1s necesitados; no se trata de una cuesti\u00f3n de compromiso \u00fanicamente, pues este, si no est\u00e1 alentado por la misericordia entra\u00f1able de Dios, es dif\u00ed\u00adcil que sea permanente; 7) descubrir al creyente que va madurando en su fe c\u00f3mo la palabra de Dios en la Escritura y en la Tradici\u00f3n, y en la vida e historia de la Iglesia, es el alimento cotidiano de la fe; esto da a la vida cristiana un talante misionero que engloba la oraci\u00f3n y el compromiso; 8) la sacramentalidad del pobre, del excluido, del explotado, del enfermo y del pecador, que nos descubre el mal del mundo, el rostro de Cristo y las entra\u00f1as misericordiosas del Padre; la fe en el Dios de Jes\u00fas y la lucha por la justicia van indisolublemente unidas, pues el Padre quiere que todos sus hijos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; 9) la vida teologal como lo que da unidad a la vida del creyente y dinamiza los aspectos fundamentales de la vida humana: la confianza plena en el Padre y en el sentido de la vida, la esperanza en un futuro nuevo y pleno desde Jesucristo y la entrega a los dem\u00e1s por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu; 10) la vocaci\u00f3n como acogida del amor trinitario y como continuaci\u00f3n de la misi\u00f3n del Hijo, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la Iglesia y para el mundo. Este modo de hacer del Dios cristiano requiere escucha, apertura y disponibilidad.<\/p>\n<p>IV. El discernimiento vocacional<br \/>\nEn la Carta a los hebreos leemos: \u00abnadie se arroga tal dignidad, si no es llamado por Dios\u00bb. En esta expresi\u00f3n se sintetiza el proceso de maduraci\u00f3n vocacional: la llamada de Dios, la respuesta del vocacionado y la misi\u00f3n encomendada. \u00abEl ser humano es capaz de Dios y oyente de la palabra; porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, puede encontrarse con Dios como Creador y Se\u00f1or\u00bb6. La persona es esencialmente dialogal, y est\u00e1 llamada a vivir en apertura a la realidad, a los dem\u00e1s y a Dios mismo. A este respecto nos iluminan los relatos vocacionales que aparecen en la Sagrada Escritura, que constan de los siguientes elementos: contextualizaci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica de lo que cuentan, experiencia de Dios que llama personalmente y encomienda una misi\u00f3n concreta, se\u00f1al que confirma la llamada y conclusi\u00f3n del relato.<\/p>\n<p>1. ASPECTOS TEOL\u00ed\u201cGICOS QUE HAY QUE EDUCAR. La vida es llamada a relacionarse con Dios y con los dem\u00e1s. El pecado es sustituci\u00f3n de las relaciones humanizadoras por las relaciones de dominio y cosificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cada vocaci\u00f3n se sit\u00faa en el horizonte de destino de la humanidad: llegar a ser la familia de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>Las tres grandes mediaciones de la vocaci\u00f3n son: Jesucristo, la Iglesia y la humanidad necesitada de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n cristiana nos remite a la Trinidad y a la Iglesia: todo parte del amor del Padre (cf Rom 8,29-30; Col 3,12; He 22,14-15), Cristo es el camino para ir al Padre y el comienzo de la nueva humanidad (cf G\u00e1l 6,15), el Esp\u00ed\u00adritu Santo lleva a t\u00e9rmino la obra comenzada en nosotros, capacit\u00e1ndonos para responder al proyecto del Padre; y la Iglesia como Cuerpo de Cristo es madre y maestra de todas las vocaciones.<\/p>\n<p>2. ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA VOCACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. a) La llamada personal. Dios quiere que todos los hombres se salven. Esta iniciativa de Dios, sorprendente y desbordante, nos lleva a valorar la existencia de forma distinta (cf Rom 9,21). Jesucristo es la revelaci\u00f3n plena y personal de la manifestaci\u00f3n y acercamiento de Dios a la humanidad (cf RH 11). \u00abLa clave fundamental para percibir la llamada de Dios es sentirse alcanzado por Jesucristo, que nos revela la plenitud del misterio de Dios, nos ense\u00f1a a responder en fidelidad a la voluntad del Padre y nos ayuda a salir, de manera nueva y comprometida, al encuentro de las necesidades de los hermanos\u00bb7.<\/p>\n<p>b) La misi\u00f3n recibida. El proyecto salvador del Padre pasa por continuar en este mundo la misi\u00f3n comenzada en y por Jes\u00fas de Nazaret. La misi\u00f3n se vive desde el estar con \u00e9l; por eso el llamado necesita docilidad al Esp\u00ed\u00adritu Santo, que le lleva al encuentro con Cristo y con los hermanos. El mismo es garante de la misi\u00f3n confiada, pues estar\u00e1 con nosotros hasta el final (cf Mt 28,20). La misi\u00f3n concreta recibida por el vocacionado se inserta en la Iglesia y es para el Reino; en la Iglesia todas las vocaciones son para ayudar a otros a acoger el evangelio como buena noticia y para construir entre todos el Reino con obras y palabras.<\/p>\n<p>c) La respuesta del llamado. La llamada vocacional es algo personal, hist\u00f3rico e intransferible, y tiene que ver con la estructura b\u00e1sica de la fe cristiana madura: vivir la salvaci\u00f3n. Esta es la opci\u00f3n fundamental del creyente, y todas las decisiones deben tomarse en relaci\u00f3n a ella. La gran llamada es al seguimiento de Cristo en la Iglesia y para el Reino. Esta vocaci\u00f3n bautismal, com\u00fan y universal, se concreta de forma plural, y cada bautizado tendr\u00e1 que poner los medios para discernir la vocaci\u00f3n a la que Dios le llama. La respuesta vocacional da unidad a la vida entera del creyente, haciendo que todas las dimensiones de la persona confluyan, de forma convergente, en Dios y su proyecto salvador (cf GS 22; RH 10; PP 22).<\/p>\n<p>3. MANIFESTACIONES DE LA VOCACI\u00ed\u201cN Y CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO. Seg\u00fan el cap\u00ed\u00adtulo V de la constituci\u00f3n Lumen gentium, del Vaticano II, la llamada a la santidad se vive dentro de la vocaci\u00f3n concreta de laico, presb\u00ed\u00adtero o religioso. Las llamadas vocacionales surgen en el contexto eclesial y pertenecen al orden de la gracia; por lo mismo, los criterios de discernimiento vocacional con los que se analizan las manifestaciones de la vocaci\u00f3n tambi\u00e9n ser\u00e1n de la misma naturaleza. \u00abCuando un bautizado se siente llamado a una vocaci\u00f3n concreta, es porque el Esp\u00ed\u00adritu Santo crea en \u00e9l una inclinaci\u00f3n espiritual que le lleva a gustar y sentir aquella vocaci\u00f3n como algo en lo que \u00e9l gozosamente se reconoce. Las manifestaciones de la llamada de Dios son las siguientes: deseo de seguir a Cristo, de servir a la Iglesia y de construir el reino de Dios, reconocer en la propia llamada la gracia de Dios, y poseer las cualidades para la vocaci\u00f3n concreta\u00bb8.<\/p>\n<p>El deseo de avanzar en el seguimiento de Jesucristo y de que el evangelio constituya el centro de la vida debe ser la principal motivaci\u00f3n vocacional, sea cual sea la vocaci\u00f3n concreta a la que uno se siente llamado. Al aceptar y desear seguir una vocaci\u00f3n, lo decisivo est\u00e1 en el convencimiento de que es Dios mismo el que nos llama y nos capacita con su gracia para responder adecuadamente. La llamada, para ser real y posible, debe ser recibida por sujetos con las cualidades requeridas: disposiciones naturales (aptitudes) y cualidades conseguidas (actitudes).<\/p>\n<p>Los rasgos de madurez para poder vivir la vocaci\u00f3n son: la estabilidad psicol\u00f3gica, la afectividad-sexualidad entendida como amor oblativo, la orientaci\u00f3n de la vida desde el servicio a los dem\u00e1s, la fidelidad a las opciones tomadas, la resoluci\u00f3n aceptable de los problemas y conflictos, la aceptaci\u00f3n de las propias limitaciones, un estilo de vida sencillo y encarnado y el plantearse lo cotidiano desde Dios.<\/p>\n<p>Todas las vocaciones requieren el reconocimiento eclesial (cf OT 20; LG 45); este elemento eclesial manifiesta que la vocaci\u00f3n es un don de Dios y que a la comunidad cristiana le corresponde reconocer y cuidar este don. El reconocimiento eclesial ayuda a los llamados a estar m\u00e1s seguros de la llamada recibida, que de este modo sale del \u00e1mbito personal y es ratificada por la comunidad. \u00abSeg\u00fan sea el camino vocacional que uno ha discernido como propio, as\u00ed\u00ad ser\u00e1 la comunidad a la que a partir de ese momento se toma como referencia, pertenencia y camino de confirmaci\u00f3n vocacional. La acci\u00f3n salvadora de Dios ha acaecido siempre en la historia de la humanidad; tambi\u00e9n la llamada de Dios se sit\u00faa en la vida de los creyentes que viven como comunidad peregrina. Los aspectos importantes de la existencia humana se afianzan en las relaciones, el di\u00e1logo en profundidad y la fidelidad en el tiempo, pues, en definitiva, se trata de comprometerse con otros y para otros en el futuro. El alcance del proyecto vocacional se va desarrollando a medida que se camina en b\u00fasqueda y perseverancia\u00bb9.<\/p>\n<p>En la historia de la Iglesia, los consejos evang\u00e9licos de pobreza, castidad y obediencia se han formulado pensando en la vida religiosa. Estos consejos evang\u00e9licos, adecuadamente reformulados, deben alentar los diferentes caminos vocacionales. Laicos, presb\u00ed\u00adteros y religiosos estamos llamados a vivir los valores que propone Jes\u00fas de Nazaret:<br \/>\na) La pobreza evang\u00e9lica. La segunda persona de la Trinidad asume la condici\u00f3n humana, nace y muere fuera de la ciudad, se presenta desde la peque\u00f1ez y el servicio, y anuncia el evangelio a los pecadores, pobres, enfermos y marginados. La pobreza que propone Jes\u00fas de Nazaret se fundamenta en el amor entra\u00f1able y misericordioso del Padre, que nos regala la vida, el amor, la libertad, la paz y la esperanza. La apertura a estos bienes fundamentales implica el desprendimiento de todas las ataduras materiales y un estilo de vida austero y sencillo, estructurado por los valores del ser, el servir y el compartir, frente al tener, el dominar y el competir que nos propone la sociedad de consumo y el pensamiento neoliberal.<\/p>\n<p>b) La obediencia evang\u00e9lica. Desde la perspectiva cristiana, la obediencia significa responder a lo que nos constituye como imagen de Dios: el tratar de vivir como hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. La voluntad de Dios consiste en que todos sus hijos sean libres y felices; prestar atenci\u00f3n a este proyecto, dejar que impregne nuestra mente y coraz\u00f3n y hacerlo realidad en lo cotidiano, eso es cumplir la voluntad del Padre (cf Rom 8,2; G\u00e1l 6,2; 1Cor 9,21). Para ello hay que ser d\u00f3ciles a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, superar los ego\u00ed\u00adsmos e intereses, dejar entrar a los hermanos en la propia vida y compadecerse de los m\u00e1s necesitados. La obediencia evang\u00e9lica significa confianza plena en el Padre y disponibilidad a lo que \u00e9l nos pide a trav\u00e9s de los hermanos necesitados. En modo alguno se puede equiparar la obediencia a la rutina, a la pasividad o al protagonismo individual; por el contrario, la vida comunitaria es el lugar donde la corresponsabilidad florece y se expresa en los frutos del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf G\u00e1l 5,22-23).<\/p>\n<p>c) El amor evang\u00e9lico. El Nuevo Testamento llama agape a la forma de amor que ha encarnado Jes\u00fas de Nazaret. Su amor es universal, incondicional, y hasta el final. El himno de 1Cor 13 expresa las caracter\u00ed\u00adsticas del amor humano cuando se vive desde el amor de Dios. El amor aut\u00e9ntico se caracteriza por lo siguiente: asume gozosamente la corporalidad como encuentro de personas, valora a la persona en s\u00ed\u00ad y por s\u00ed\u00ad misma, reorienta los impulsos pasionales, ayuda a madurar en unidad personal, abre a lo comunitario y solidario, alimenta la experiencia afectiva de Dios y entiende la disponibilidad como la forma cotidiana de amar.<\/p>\n<p>V. Condiciones para el discernimiento<br \/>\nLa condici\u00f3n b\u00e1sica para poder encontrar la vocaci\u00f3n es que el creyente, relativizando todas las cosas, quiera hacer la voluntad de Dios. Y esto lo siente con paz, confianza y alegria, pues la voluntad de Dios va muy unida a la realizaci\u00f3n personal y a lo que pasa en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>Supuesta esta condici\u00f3n b\u00e1sica, es necesario disponer el coraz\u00f3n; no basta con querer, hay que poder, es decir, hay que preparar el terreno para que lo que se desea se consiga. Los presupuestos para poder encontrar la voluntad de Dios son: el amor al pr\u00f3jimo, los valores morales, la apertura a las necesidades de los otros y la convergencia de la raz\u00f3n, las intuiciones y los sentimientos. Estos dinamismos de la persona funcionan si el creyente va purificando su coraz\u00f3n de todos los apegos desordenados que le desv\u00ed\u00adan de su Salvador y del sentido \u00faltimo de la vida. La superaci\u00f3n personal de los ego\u00ed\u00adsmos es tanto m\u00e1s r\u00e1pida y eficaz cuanto el cristiano se sit\u00faa en lugar del pobre, para sentirse necesitado de salvaci\u00f3n y responder a los gritos de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>Un coraz\u00f3n purificado del pecado y sensible al amor al pr\u00f3jimo es la tierra abonada para que Dios pueda hacerse presente. El lugar adecuado de la escucha de Dios es la oraci\u00f3n, que alimenta la vida teologal (fe, esperanza y caridad) y fortalece los dinamismos antropol\u00f3gicos b\u00e1sicos: la apertura, la confianza, la disponibilidad y la entrega. Esta autocomunicaci\u00f3n personal de Dios se realiza en la oraci\u00f3n contemplativa y a trav\u00e9s de la lectura de fe de los acontecimientos (signos de los tiempos) que se dan en la historia cercana y lejana de la Iglesia y el mundo. La persona de Jesucristo es la referencia fundamental para el creyente, ya que \u00e9l es la revelaci\u00f3n definitiva y plena de Dios a los hombres; \u00e9l es el hombre libre para los dem\u00e1s transido por el deseo de hacer la voluntad del Padre, y comprometido solidariamente con la condici\u00f3n humana hasta el final. El seguimiento de Jes\u00fas y la contemplaci\u00f3n de los misterios de su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, nos llevan a acoger la voluntad del Padre y a entregar la vida al Reino. \u00abEl proyecto de Dios -la liberaci\u00f3n de todos los hombres- saldr\u00e1 adelante a trav\u00e9s de la cruz, es decir, de la pobreza y el sufrimiento solidario. Qu\u00e9 importante es para el creyente descubrir el sentido de la cruz: plenitud del amor de Dios, asunci\u00f3n de lo m\u00e1s deshumanizado y anticipaci\u00f3n de la plenitud futura\u00bb10.<\/p>\n<p>Supuesto el proceso anterior, el discernimiento de la vocaci\u00f3n puede darse de tres formas distintas11:<br \/>\na) Claridad y rapidez en el discernimiento. El creyente percibe claramente la vocaci\u00f3n a la que Dios le llama, no le cabe duda y tiene una gran paz interior. Sabe y siente las dificultades que la toma de esta decisi\u00f3n le va a suponer, as\u00ed\u00ad como los sufrimientos por los que puede pasar; a pesar de todo, manifiesta una resoluci\u00f3n alegre y decidida. Quien as\u00ed\u00ad discierne no ve para \u00e9l otro camino vocacional que aquel por el que opta.<br \/>\nb) Dudas y resistencias existenciales en el discernimiento. La perplejidad afecta tanto a los aspectos objetivos de la fe y de la vocaci\u00f3n como a los signos vocacionales y a lo que ha ido pasando por el interior de la persona. Las dudas engendran miedos y resistencias a la hora de tomar una decisi\u00f3n; por lo mismo, el tiempo de discernimiento debe prolongarse hasta que la conjunci\u00f3n de mente, realidad y coraz\u00f3n permitan seguir el camino al que Dios llama.<br \/>\nc) Tranquilidad existencial, pero con pocos elementos afectivos en el discernimiento. La cabeza funciona bien, los datos se perciben con verdad y objetividad, pero al coraz\u00f3n le falta ilusi\u00f3n e intuici\u00f3n. La tranquilidad psicol\u00f3gica es buena se\u00f1al para dar importancia a los datos objetivos y decidir desde el evangelio, desde las necesidades eclesiales y desde los m\u00e1s pobres lo que razonablemente parece la vocaci\u00f3n a la que Dios llama.<\/p>\n<p>En todos los casos, una vez tomada la decisi\u00f3n, se abre una etapa de comprobaci\u00f3n para ver si el camino elegido es realmente la voluntad de Dios. Desde dentro, viviendo los elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n a la que el creyente se siente llamado, y con la ayuda del acompa\u00f1amiento personal, se podr\u00e1 confirmar o no el camino vocacional iniciado.<\/p>\n<p>VI. El tiempo oportuno para el discernimiento<br \/>\nEl Esp\u00ed\u00adritu sopla donde y como quiere, y Dios llama de muchas maneras; en consecuencia, no hay un tiempo determinado para la llamada vocacional, pues el due\u00f1o de la vi\u00f1a sal\u00e9va cada hora y env\u00ed\u00ada operarios a su campos. Con todo, el tiempo de la juventud y la etapa de iniciaci\u00f3n cristiana son momentos privilegiados para prepararse y o\u00ed\u00adr la llamada del Se\u00f1or. \u00abEl fin definitivo de la catequesis es poner a uno no s\u00f3lo en contacto sino en comuni\u00f3n, en intimidad con Jesucristo&#8230; La comuni\u00f3n con Jesucristo, por su propia din\u00e1mica, impulsa al disc\u00ed\u00adpulo a unirse con todo aquello con lo que el propio Jesucristo estaba profundamente unido: con Dios, su Padre, que le ha enviado al mundo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que le impulsaba a la misi\u00f3n; con la Iglesia, su cuerpo, por la cual se entreg\u00f3; con los hombres, sus hermanos, cuya suerte quiso compartir\u00bb (DGC 80-81; cf CT 5).<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n tiene mucho que ver con la maduraci\u00f3n de la fe y con el momento vital en que el joven se abre a la realidad social en toda amplitud: estudios, trabajo, participaci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica, estabilidad afectiva, estilo\/ estado de vida, proyecto de vida, metas de futuro, etc.<\/p>\n<p>La fe madura consiste en vivir estas facetas de la vida desde la experiencia de Dios Padre, el sentido eclesial de la fe y el compromiso con los valores del evangelio. La culminaci\u00f3n de los procesos de maduraci\u00f3n de la fe entre los 18 y 25 a\u00f1os es el tiempo m\u00e1s propicio para la orientaci\u00f3n vocacional. El Proyecto marco de pastoral de juventud12 define la aut\u00e9ntica espiritualidad por la nota inconfundible de la fe integrada en la vida del joven. De este modo el evangelio \u00abalcanza y transforma los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter\u00e9s, las l\u00ed\u00adneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos vitales\u00bb (EN 19).<\/p>\n<p>El tiempo oportuno para el discernimiento vocacional es una conjunci\u00f3n de elementos variados: edad apropiada, madurez humana b\u00e1sica, adhesi\u00f3n a la persona de Jesucristo, actitud de disponibilidad, relaci\u00f3n de acompa\u00f1amiento y proceso de discernimiento. Con esto estamos afirmando uno de los principios generales de la pastoral vocacional. \u00abToda pastoral, y en particular la juvenil, es originariamente vocacional; en otras palabras, decir vocaci\u00f3n es tanto como decir dimensi\u00f3n constituyente y esencial de la misma pastoral ordinaria, porque la pastoral est\u00e1 desde los comienzos, por su naturaleza, orientada al discernimiento vocacional. Es este un servicio prestado a cada persona, a fin de que pueda descubrir el camino para la realizaci\u00f3n de un proyecto de vida como Dios quiere, seg\u00fan,las necesidades de la Iglesia y del mundo de hoy\u00bb13.<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n y puesta en pr\u00e1ctica de este principio supondr\u00ed\u00ada un salto cualitativo en la pastoral vocacional actual, as\u00ed\u00ad como un enfoque m\u00e1s profundo de la pastoral juvenil. El momento adecuado para la orientaci\u00f3n vocacional es fruto de un proceso pedag\u00f3gico en el que Jesucristo aparece como aut\u00e9ntico maestro y formador que siembra a manos llenas, hace arder el coraz\u00f3n, educa (saca de la nada), forma las actitudes humanas y evang\u00e9licas, y ayuda a discernir el don del Padre.<\/p>\n<p>El camino de maduraci\u00f3n vocacional es lento y se va fraguando en el d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada; ah\u00ed\u00ad se van poniendo las bases para que la llamada de Dios pueda resonar en el coraz\u00f3n del creyente. Este proceso requiere, en el momento adecuado, por su propia naturaleza, unos d\u00ed\u00adas dedicados al discernimiento vocacional. En ellos hay que partir de las preguntas b\u00e1sicas: \u00bfqu\u00e9 sentido tiene mi vida?, \u00bfd\u00f3nde fundamento mi existencia? y \u00bfc\u00f3mo acojo la voluntad de Dios en el presente? En una experiencia de discernimiento vocacional \u00abes necesario cambiar el protagonismo de los interlocutores que intervienen en la oraci\u00f3n; lo primero e importante no es lo que nosotros pensemos, digamos y sintamos como consecuencia. Lo decisivo es que aquello que contemplamos nos mire a nosotros, nos seduzca y alcance el coraz\u00f3n, para que podamos gustar la altura, la anchura y la profundidad del misterio de Dios y dejar que \u00e9l act\u00fae en nosotros. El f\u00ed\u00adat de Mar\u00ed\u00ada -expresi\u00f3n de confianza, acogida y disponibilidad- es un modelo referencia) de la actitud b\u00e1sica para poder hacer el discernimiento vocacional\u00bb14.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n es una gracia y el itinerario para llegar a descubrirla tambi\u00e9n; por lo tanto, si queremos llegar a buen t\u00e9rmino, debemos comenzar pidiendo a Dios con sencillez e insistencia la gracia de conseguir lo que nos proponemos: discernir la propia vocaci\u00f3n. Al mismo tiempo, hay que posponer las prisas, las preocupaciones, las tensiones y el deseo de llegar al final de forma r\u00e1pida y exitosa. Por el contrario, nuestros esfuerzos deben centrarse en preparar el terreno para que Dios pueda actuar; lo dem\u00e1s le corresponde a \u00e9l y hay que ponerse confiadamente en sus manos. El contraste diario de lo vivido con alguna de las personas que animan el encuentro ser\u00e1 la mayor garant\u00ed\u00ada de que avanzamos por el buen camino. La experiencia de discernimiento vocacional tiene sus exigencias internas, que hay que acoger con actitud de apertura, novedad y desbordamiento; este es uno de los mejores cauces para que el Esp\u00ed\u00adritu Santo pueda actuar.<\/p>\n<p>VII. El itinerario del discernimiento vocacional<br \/>\nEl discernimiento vocacional requiere un camino educativo, unos \u00e1mbitos apropiados y una propuesta pedag\u00f3gica. El fin al que queremos llegar y el m\u00e9todo empleado deben ser convergentes, pues la referencia necesaria es la persona de Jes\u00fas. Se lee en el documento Nuevas vocaciones para la nueva Europa: \u00abAnte todo, los evangelios nos presentan a Jes\u00fas mucho m\u00e1s como formador que como animador, precisamente porque obra siempre en estrech\u00ed\u00adsima uni\u00f3n con el Padre, que esparce la semilla de la Palabra y educa (sacando de la nada), y con el Esp\u00ed\u00adritu que acompa\u00f1a en el camino de la santificaci\u00f3n\u00bb15. Seg\u00fan el reciente documento pontificio sobre la pastoral vocacional, los principales pasos pedag\u00f3gicos en el camino vocacional son los siguientes:<br \/>\na) Entender la vida de fe como di\u00e1logo del creyente con Dios y encuentro de dos libertades: Dios, que llama a quien quiere y como quiere (2Tim 2,9), y el hombre, que est\u00e1 invitado a entrar en ese di\u00e1logo de gracia. \u00abQue ninguno, por nuestra culpa, ignore lo que debe saber para orientar, en sentido diverso y mejor, la propia vida\u00bb16. Esta experiencia llega de m\u00faltiples formas, algunas casi imperceptibles, y que suelen pasar desapercibidas si uno no est\u00e1 atento al paso de Dios por la propia vida.<br \/>\nb) El acompa\u00f1ante est\u00e1 para ayudar al vocacionado a escuchar y reconocer las insistentes llamadas que le llegan. Como El\u00ed\u00ad con el joven Samuel, el acompa\u00f1ante remite a Dios, como el que llama en medio de la noche, la fragilidad y la ambig\u00fcedad. \u00abQuiz\u00e1 la primera tarea del acompa\u00f1ante vocacional es la de indicar la presencia del Otro, o de admitir la naturaleza relativa de la propia cercan\u00ed\u00ada o del propio acompa\u00f1amiento, para ser mediaci\u00f3n de tal presencia o itinerario hacia el descubrimiento del Dios que llama y se acerca a cada hombre\u00bb17.<br \/>\nc) El di\u00e1logo entre el acompa\u00f1ante y acompa\u00f1ado se va haciendo desde el testimonio de la vocaci\u00f3n que tiene el acompa\u00f1ante. El di\u00e1logo se hace confesi\u00f3n de fe en Dios que llama y env\u00ed\u00ada y expresi\u00f3n de la plenitud que supone el vivir la vida seg\u00fan la voluntad de Dios. Esta forma de situarse del acompa\u00f1ante es la que mejor puede suscitar las grandes cuestiones que hay en el fondo de los corazones de los adolescentes y j\u00f3venes que buscan de una u otra forma el sentido de la vida.<br \/>\nd) El di\u00e1logo con Dios lleva a un mejor conocimiento de uno mismo y a una mayor apertura al misterio de Dios. Esta doble apertura lleva a descubrir los apegos y des\u00f3rdenes del coraz\u00f3n humano, a superar un planteamiento de la vida centrada en el yo y a comprender todo lo que el ser humano tiene de misterio. \u00abEs posible, y para ciertos aspectos natural, que, llegado a este punto, el joven sienta brotar dentro de s\u00ed\u00ad como una necesidad de revelaci\u00f3n; esto es, el deseo de que el Autor mismo de la vida le revele su significado y el puesto que en ella ha de ocupar. \u00bfQu\u00e9 otros, adem\u00e1s del Padre, pueden realizar tal revelaci\u00f3n?\u00bb18. El camino vocacional se sustenta en la paternidad\/maternidad de Dios que a trav\u00e9s de la Palabra, que es Cristo, hace un di\u00e1logo de la existencia a la Palabra y de la Palabra a la existencia. El conocimiento de uno mismo en la presencia fundante del Padre tiene un \u00e1mbito privilegiado, la oraci\u00f3n de confianza y de s\u00faplica para que el Se\u00f1or nos manifieste su rostro y comunique su voluntad. Esta manera de orar requiere aprendizaje y la ayuda de alguien que, orando as\u00ed\u00ad, vive gozosamente su vocaci\u00f3n.<br \/>\ne) \u00abLa formaci\u00f3n es, de alg\u00fan modo, el momento culminante del proceso pedag\u00f3gico, ya que es el momento en que se propone al joven una forma, un modo de ser, en el que \u00e9l mismo reconoce su identidad, su vocaci\u00f3n, su norma. Es el Hijo, impronta del Padre, el formador de los hombres, pues es el modelo seg\u00fan elcual el Padre cre\u00f3 al hombre. Por esto \u00e9l invita a los que llama a tener su forma. El es, al mismo tiempo, el formador y la forma\u00bb19. Dejarse formar por Jes\u00fas que da sentido pleno a la vida desde su entrega personal hasta morir por nosotros. En el evangelio, la vida es don recibido para ser don entregado; de ah\u00ed\u00ad la importancia de comprender la existencia humana como llamada, \u00abdejarse escoger y enviar\u00bb. En definitiva, ser creyente maduro es dejarse traspasar por el amor oblativo que lleva a vivir la gratuidad de la propia entrega y la disponibilidad a lo que Dios y los hermanos nos pidan (cf Mt 10,8; 1Cor 4,7). A partir de esta actitud de fe vienen las concreciones en los diferentes proyectos vocacionales. El seguimiento de una vocaci\u00f3n exige esfuerzos y renuncias, pero tambi\u00e9n desarrolla las potencialidades m\u00e1s genuinas de cada persona hasta l\u00ed\u00admites insospechados, humanamente hablando. Cuando la confesi\u00f3n de fe en Jesucristo coincide con el propio reconocimiento se puede hablar de madurez vocacional.<br \/>\nf) La adhesi\u00f3n afectiva del joven a Jesucristo en una vocaci\u00f3n concreta supone un proceso de discernimiento. El primer s\u00ed\u00adntoma de la adhesi\u00f3n afectiva del llamado est\u00e1 en la decisi\u00f3n de encaminarse y poner los medios. Los miedos e indecisiones cuando se ha visto claro el camino responden a fiarse poco de Dios y a medir, sobre todo, las fuerzas del yo. Por el contrario, el que de forma espont\u00e1nea y pronta testimonia la llamada vocacional, manifiesta una se\u00f1al inequ\u00ed\u00advoca de vocaci\u00f3n. El conocimiento de la naturaleza y misi\u00f3n de la vocaci\u00f3n a la que uno se siente llamado es la gu\u00ed\u00ada m\u00e1s certera para avanzar en el camino vocacional.<br \/>\ng) Los criterios de discernimiento que nos ofrece el documento pontificio20 son los siguientes: 1) Apertura al misterio que mantiene al creyente en b\u00fasqueda con confianza plena en Aquel que nos acoge y perdona, y a quien se encuentra en lo cotidiano de la vida, cuando se vive con generosidad y radicalidad. 2) La identidad personal basada en que somos \u00abimagen de Dios\u00bb. Desde esta realidad b\u00e1sica que nos constituye como hijos de Dios y hermanos entre nosotros, Dios nos llama a ser algo que nosotros no hemos proyectado y que abarca unitariamente la mente, el coraz\u00f3n y la voluntad. En consecuencia, la llamada vocacional es don que nos precede y supera, y respuesta radical e hist\u00f3rica. 3) La asunci\u00f3n positiva del pasado. A la hora de proyectar el futuro es importante estar reconciliado con la propia historia porque se ha integrado afectivamente, se han curado las heridas y se ha aprendido de los propios errores. Las vocaciones que surgen de hechos negativos o traum\u00e1ticos no asumidos suelen presentar poca consistencia. 4) La libertad interior del vocacionado para dejarse orientar (docilidad). Esta disposici\u00f3n es imprescindible para toda la tarea de integraci\u00f3n del pasado y de reelaboraci\u00f3n de la personalidad cristiana. La docilidad vocacional requiere especial cultivo en el campo de la maduraci\u00f3n afectivo-sexual, el de las inconsistencias afectivas, que el llamado debe aprender a conocer y controlar, y la armonizaci\u00f3n de la certeza de la llamada con las limitaciones personales sin reduccionismos ni enmascaramientos.<\/p>\n<p>VIII. Los autoenga\u00f1os en el discernimiento<br \/>\nEn el proceso de discernimiento somos tentados y enga\u00f1ados por el mal esp\u00ed\u00adritu que, de forma sutil, nos plantea dudas, miedos y falsas dificultades, para impedirnos avanzar en la toma de decisiones. A estos mecanismos psicol\u00f3gicos y espirituales les denominamos autoenga\u00f1os. El creyente que pasa por ellos dif\u00ed\u00adcilmente los percibe, si no es con la ayuda del acompa\u00f1ante, que le posibilita el ver con m\u00e1s claridad lo que est\u00e1 pasando en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Veamos los principales autoenga\u00f1os: 1) Buscar la plena claridad intelectual sobre la decisi\u00f3n que se ha de tomar. Consiste en el convencimiento de que hay que tener certeza total sobre la vocaci\u00f3n concreta a la que Dios nos llama para ponerse en camino. En consecuencia, como la llamada vocacional nunca se suele presentar como evidencia absoluta, el sujeto queda paralizado en la toma de decisiones. 2) Entender la llamada que Dios hace como algo voluntario, a lo que se puede o no responder, pues la salvaci\u00f3n personal y la vivencia de la fe no dependen de esta respuesta. Este desenfoque presenta la vida cristiana en t\u00e9rminos de m\u00ed\u00adnimos obligatorios y se olvida de que creer es seguir a Jes\u00fas en total disponibilidad. 3) Concretar los compromisos que se van a hacer en la vida sin haber definido qu\u00e9 se va a hacer con la vida. Este autoenga\u00f1o transforma los medios en fines y entretiene la cuesti\u00f3n fundamental para un creyente: conocer y hacer la voluntad de Dios. 4) Fijarse demasiado en las propias limitaciones para concluir sinti\u00e9ndose no capacitado para cumplir con las exigencias de la vocaci\u00f3n a la que uno se siente llamado. El vocacionado olvida que Dios todo lo puede y que es su gracia la que nos capacita para responder adecuadamente. Adem\u00e1s, Dios da primero lo que pide despu\u00e9s. 5) El enga\u00f1o del futuro. Consiste en dejar para m\u00e1s adelante las decisiones que se deber\u00ed\u00adan tomar en el momento presente. Cuando se reacciona as\u00ed\u00ad, no se tiene la intenci\u00f3n de responder a la llamada, pero difiriendo la respuesta parece que la propia responsabilidad queda mitigada. 6) El miedo a equivocarse impide la decisi\u00f3n vocacional. Ante la posibilidad de elegir un camino que despu\u00e9s se descubre como equivocado, es preferible no arriesgarse in\u00fatilmente. La decisi\u00f3n vocacional s\u00f3lo se puede confirmar desde la vivencia de la misma, y esto es un momento posterior a la toma de opciones. Si el vocacionado comprueba que el camino elegido no es aquel al que Dios le llama y rectifica, no se ha equivocado, pues ha hecho lo que deb\u00ed\u00ada hacer. 7) Proyectar en dificultades extremas los inconvenientes para no responder. Es una reacci\u00f3n inmadura y adolescente, pues uno se niega a s\u00ed\u00ad mismo la capacidad de responder como adulto, ya que delega en otras instancias las competencias que s\u00f3lo a \u00e9l le corresponden. 8) Querer discernir la vocaci\u00f3n dejando fuera los aspectos m\u00e1s significativos de la existencia: los estudios, el trabajo, el estilo de vida, la afectividad, el compromiso con los m\u00e1s necesitados, etc. Esto no es admisible, pues justamente la vocaci\u00f3n es el \u00e1mbito desde el que se concretan todos los aspectos anteriores.<\/p>\n<p>NOTAS: 1 E. M. ERIKSON, Infancia y sociedad, Buenos Aires 1996. &#8211; 2. J. VALC\u00ed\u0081RCEL, Orientaci\u00f3n profesional y promoci\u00f3n humana, Madrid 1973. -3. J. M. CASTILLO, Discernimiento, en FLORIST\u00ed\u0081N C. -TAMAYO J. J. (dirs.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 1983&#8242;-, 265; cf S\u00ed\u00admbolos de libertad. Teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981, 272-279; cf E. PASTOR, La libertad en la Carta a los g\u00e1latas, Universidad Pontificia Comillas, Madrid 1977. 4 J. M. CASTILLO, El discernimiento cristiano seg\u00fan san Pablo, Facultad de Teolog\u00ed\u00ada, Granada 1975, 83-89. &#8211; 5 I. ELLACUR\u00ed\u008dA, Espiritualidad, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (dirs.), a.c., 301-309. &#8211; 6. J. SASTRE, El discernimiento vocacional, San Pablo, Madrid 1996, 93. -7. Ib, l 15. &#8211; 8 Ib, 117-118. &#8211; 9 Ib, 120. &#8211; 10 Ib, 92. &#8211; 11. J. LAPLACE, La experiencia del discernimiento en los \u00abEjercicios espirituales\u00bb de san Ignacio, Secretariado de Ejercicios, Madrid 1978. &#8211; 12 CEAS, J\u00f3venes en la Iglesia, cristianos en el mundo, Edice, Madrid 1992, 55. &#8211; 13. OBRA PONTIFICIA PARA LAS VOCACIONES, Nuevas vocaciones para la nueva Europa, Cuadernos Confer (1998) 73; J. SASTRE, o.c., 131. &#8211; 14 Ib. &#8211; 15 OBRA PONTIFICIA PARA LAS VOCACIONES, a.c., 105. &#8211; 16 PABLO VI, Mensaje para la XV Jornada mundial de oraci\u00f3n por las vocaciones (16-4-1978). &#8211; 17. OBRA PONTIFICIA PARA LAS VOCACIONES, a.c., 111. &#8211; 18 Ib, 117. &#8211; &#8216;9 Ib, 120. &#8211; 20 Cf Ib, 129-134.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la consignada en notas, AA.VV., La no directividad en la educaci\u00f3n de la fe, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1983; ALVAREZ GAST\u00ed\u201cN R., Proyecto de vida. 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II. La orientaci\u00f3n vocacional apunta al discernimiento. III. Discernir desde la espiritualidad cristiana. IV. El discernimiento vocacional: 1. Aspectos teol\u00f3gicos que hay que educar; 2. Elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n cristiana; 3. Manifestaciones de la vocaci\u00f3n y criterios de discernimiento. V. Condiciones para el discernimiento. VI. El tiempo oportuno para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discernimiento-vocacional\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDISCERNIMIENTO VOCACIONAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}