{"id":16995,"date":"2016-02-05T11:04:28","date_gmt":"2016-02-05T16:04:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecumenismo-y-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:28","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:28","slug":"ecumenismo-y-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecumenismo-y-catequesis\/","title":{"rendered":"ECUMENISMO Y CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Hacia una definici\u00f3n del ecumenismo. II. Car\u00e1cter hist\u00f3rico: 1. Or\u00ed\u00adgenes del movimiento ecum\u00e9nico; 2. Momento actual del ecumenismo. III. Car\u00e1cter teol\u00f3gico: 1. La cuesti\u00f3n de la verdad en el ecumenismo; 2. Los problemas doctrinales del ecumenismo. IV. Pistas pedag\u00f3gicas: 1. La dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de la catequesis y de la predicaci\u00f3n; 2. Las pautas del \u00abDirectorio ecum\u00e9nico\u00bb (1993); 3. C\u00f3mo transmitir en la catequesis contenidos ecum\u00e9nicos.<\/p>\n<p>I. Hacia una definici\u00f3n del ecumenismo<br \/>\nEl t\u00e9rmino castellano ecumenismo, deriva del griego oikoumene, y significa la relaci\u00f3n amistosa entre las Iglesias cristianas, que durante siglos estuvieron en permanente estado de divisi\u00f3n y que intentan hoy superar las mutuas rivalidades por medio del di\u00e1logo doctrinal, del acercamiento entre jerarqu\u00ed\u00adas y fieles de las distintas comunidades y de la plegaria com\u00fan para que se haga realidad aquella unidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo por la que \u00e9l mismo or\u00f3 al Padre antes de padecer (Jn 17,21).<\/p>\n<p>Aunque la palabra oikoumene pertenece a una familia de t\u00e9rminos que tienen que ver con la vivienda (oikos), la amist\u00e1d (oikeiot\u00e9s) y la responsabilidad casera (oikonomeo), su sentido directo hace relaci\u00f3n a la tierra habitada, al mundo conocido y civilizado, al universo reconciliado. En su sentido, pues, primero y original, la oikoumene era el mundo habitado en el que coexisten diversos pueblos, con diversidad de lenguas y culturas, teniendo en com\u00fan, sin embargo, la misma humanidad. En el griego cl\u00e1sico primero, pero tambi\u00e9n en el hablado m\u00e1s tarde en Roma por un tiempo, la oikoumene adquiere perspectivas geogr\u00e1ficas, culturales e incluso pol\u00ed\u00adticas: es la tierra habitada donde llega el mundo civilizado, porque m\u00e1s all\u00e1 de la oikoumene se halla el mundo de los b\u00e1rbaros, el mundo desconocido&#8230;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la literatura b\u00ed\u00adblica aparece la palabra oikoumene. Por lo que respecta al Nuevo Testamento -en quince lugares se emplea este t\u00e9rmino- su significado va desde el que designa claramente esta tierra habitada o lugar habitable para toda la familia humana, aunque con car\u00e1cter transitorio, hasta el que se anuncia como una nueva y transformadora oikoumene en la que reinar\u00e1 Dios para siempre (Heb 2,5). En la literatura cristiana primitiva, aunque se mantienen las acepciones conocidas: mundo, Imperio romano, mundo civilizado, etc., se ampl\u00ed\u00ada a la acepci\u00f3n de la Iglesia universal, o a la de los usos y doctrinas eclesiales con validez universal. Por eso los concilios que hablan en nombre de toda la Iglesia ser\u00e1n llamados concilios ecum\u00e9nicos; los Padres cuyas doctrinas son reconocidas y celebradas por todo el orbe cristiano son doctores ecum\u00e9nicos (Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno, Juan Cris\u00f3stomo); las f\u00f3rmulas de la fe de la antigua Iglesia aceptadas por todas las comunidades constituir\u00e1n los credos ecum\u00e9nicos, etc. Siglos m\u00e1s tarde, cuando las Iglesias de Oriente y Occidente est\u00e1n ya divididas y cuando la misma Iglesia occidental ha conocido los desgarrones dentro de su propio seno, en ambientes protestantes de Inglaterra se constituye la Alianza evang\u00e9lica, con el prop\u00f3sito de preparar un concilio ecum\u00e9nico evang\u00e9lico universal. En una de sus asambleas celebrada poco despu\u00e9s de 1846, a la que asisten cristianos de diferentes denominaciones, un pastor franc\u00e9s, Adolphe Monod, agradece a los organizadores brit\u00e1nicos el \u00abesp\u00ed\u00adritu verdaderamente ecum\u00e9nico\u00bb que hab\u00ed\u00adan demostrado los organizadores de la asamblea. El t\u00e9rmino ecum\u00e9nico se empleaba por primera vez, seg\u00fan apunta Visser&#8217;t Hooft, para indicar m\u00e1s una actitud personal que una realidad geogr\u00e1fica universal.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 a principios del siglo XX, sin embargo, cuando el t\u00e9rmino ecumenismo y su derivado ecum\u00e9nico adquieran una nueva acepci\u00f3n. A partir de la Conferencia misionera mundial de Edimburgo (1910), los movimientos Fe y constituci\u00f3n (Faith and Order) y Vida y acci\u00f3n (Life and Work), surgidos de dicha Conferencia, van a emplear con frecuencia, en sus sesiones y asambleas, el t\u00e9rmino ecumenismo, entendiendo por \u00e9l la relaci\u00f3n amistosa entre Iglesias, con la finalidad de promover la paz internacional, el intento de la uni\u00f3n de varias Iglesias, o incluso el deseo de gestar un esp\u00ed\u00adritu de cercan\u00ed\u00ada entre los cristianos de diversas confesiones. Con la creaci\u00f3n, en 1948, del Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias (en ingl\u00e9s World Council of Churches, pero en franc\u00e9s Conseil Oecum\u00e9nique des Eglises), el t\u00e9rmino entra ya en el vocabulario eclesi\u00e1stico corriente. Desde entonces, la palabra ecumenismo expresa el intento de reconciliaci\u00f3n de las Iglesias cristianas como expresi\u00f3n visible de la universalidad del cristianismo y como signo \u00abpara que el mundo crea\u00bb (Jn 17,21).<\/p>\n<p>La palabra ecumenismo en su sentido actual, as\u00ed\u00ad como el mismo movimiento ecum\u00e9nico, sufrieron ciertas reticencias por parte de la jerarqu\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, al considerar que s\u00f3lo en la Iglesia cat\u00f3lico-romana se daba la unidad querida por Cristo. Desde esa perspectiva parec\u00ed\u00ada in\u00fatil cualquier esfuerzo por alcanzar la unidad que, ya de hecho, se daba en ella misma. S\u00f3lo a partir del Vaticano II, la Iglesia cat\u00f3lico-romana acepta su incorporaci\u00f3n al movimiento ecum\u00e9nico que, seg\u00fan los Padres conciliares, hab\u00ed\u00ada \u00absurgido por impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Y el Decreto sobre el ecumenismo llegar\u00e1 a afirmar: \u00abPuesto que hoy, en muchas partes del mundo, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se hacen muchos intentos, con la oraci\u00f3n, la palabra y la acci\u00f3n, para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo, este sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles cat\u00f3licos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecum\u00e9nica\u00bb (UR 4).<\/p>\n<p>De lo dicho hasta ahora sobre la g\u00e9nesis del t\u00e9rmino ecumenismo, se desprenden algunos elementos que facilitar\u00e1n m\u00e1s tarde la definici\u00f3n de lo que hoy constituye en realidad el movimiento ecum\u00e9nico. Estos tres elementos parecen ser decisivos: la novedad y originalidad, la actitud y voluntad de di\u00e1logo y la espiritualidad. 1) La novedad del ecumenismo radica en que las Iglesias, por primera vez en la historia y superado el esp\u00ed\u00adritu de pol\u00e9mica del pasado, intentan mantener la obediencia al evangelio para recuperar y manifestar su unidad ante el mundo, para que crea en el enviado del Padre. Por eso cabe hablar del ecumenismo como de una experiencia in\u00e9dita, sin precedentes en la historia del cristianismo. 2) No cabe ecumenismo sin di\u00e1logo. La actitud de escucha del otro y el respeto mutuo es condici\u00f3n indispensable para que el clima de recelos y malentendidos vaya dejando paso a nuevas posibilidades de entendimiento. Oposiciones, incluso doctrinales, que hace a\u00f1os parec\u00ed\u00adan irreductibles, hoy han sido superadas gracias a la incesante movilidad de nuevos planteamientos. El di\u00e1logo, que ensaya siempre enfoques nuevos y que conf\u00ed\u00ada en la buena disposici\u00f3n del interlocutor, ofrece la posibilidad de avanzar juntos hacia la plena comuni\u00f3n de todos los cristianos. Pero el di\u00e1logo ecum\u00e9nico no abarca s\u00f3lo los aspectos doctrinales y las cuestiones teol\u00f3gicas; implica tambi\u00e9n el acercamiento y la escucha de los otros cristianos a niveles de la vida diaria, de la vida lit\u00fargica y de la vida de oraci\u00f3n. 3) Por ello se dice que el movimiento ecum\u00e9nico es fundamentalmente un movimiento espiritual. Existe un convencimiento un\u00e1nime de que las divisiones cristianas son hoy d\u00ed\u00ada superables, tanto desde el punto de vista de las doctrinas y dogmas como desde las tradiciones y cosmovisiones que se fueron creando a partir del hecho de las divisiones. Pero este convencimiento, en vez de provocar nuevas rupturas o mantener las ya habidas, genera una nueva actitud que podr\u00ed\u00ada calificarse de orante, actitud en la que la unidad aparece no s\u00f3lo como tarea a realizar por los cristianos, sino como don divino a recibir. El Vaticano II llegar\u00e1 a afirmar que la plegaria es el \u00abalma del ecumenismo\u00bb (UR 8). A partir de ah\u00ed\u00ad es f\u00e1cil pensar que en los foros ecum\u00e9nicos deban prevalecer actitudes humildes y espacios de oraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Ahora pueden entenderse mejor algunas descripciones del movimiento ecum\u00e9nico, que diferentes autores han ofrecido. He aqu\u00ed\u00ad algunas: \u00abEl ecumenismo comienza cuando se admite que los otros -y no solamente los individuos, sino los grupos eclesi\u00e1sticos como tales- tienen tambi\u00e9n raz\u00f3n, aunque afirmen cosas distintas que nosotros; que poseen tambi\u00e9n verdad, santidad, dones de Dios, aunque no pertenezcan a nuestra cristiandad. Hay ecumenismo cuando&#8230; se admite que otro es cristiano no a pesar de su confesi\u00f3n, sino en ella y por ella\u00bb (Y. Congar). \u00abMovimiento suscitado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo con vistas a restablecer la unidad de todos los cristianos, a fin de que el mundo crea en Jesucristo. En este movimiento participan quienes invocan al Dios trino y confiesan a Jesucristo como Se\u00f1or y Salvador, y que en las comunidades donde se ha escuchado el evangelio aspiran a una Iglesia de Dios, una y visible, verdaderamente universal, enviada al mundo entero para que se convierta al evangelio y se salve para gloria de Dios\u00bb (J. E. D\u00e9sseaux). \u00abEl ecumenismo es una actitud de la mente y del coraz\u00f3n, que nos mueve a mirar a nuestros hermanos cristianos separados con respeto, comprensi\u00f3n y esperanza. Con respeto, porque los reconocemos como hermanos en Cristo y los miramos como amigos m\u00e1s que como oponentes; con comprensi\u00f3n, porque buscamos las verdades divinas que compartimos en com\u00fan, aunque reconozcamos honestamente las diferencias en la fe que hay entre nosotros; con esperanza, que nos har\u00e1 crecer juntos en un m\u00e1s perfecto conocimiento y amor de Dios y de Cristo&#8230;\u00bb (C. Meyer). Y los Padres conciliares dejaron escrito en el Decreto sobre el ecumenismo: \u00abPor movimiento ecum\u00e9nico se entiende el conjunto de actividades e iniciativas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos\u00bb (UR 4).<\/p>\n<p>II. Car\u00e1cter hist\u00f3rico<br \/>\n1. OR\u00ed\u008dGENES DEL MOVIMIENTO ECUMENICO. A la hora de rastrear los or\u00ed\u00adgenes del ecumenismo moderno, hay que rese\u00f1ar nombres muy concretos, personas con clara vocaci\u00f3n, que \u00absupieron esperar contra toda esperanza\u00bb, fechas, ciudades y peque\u00f1as instituciones que fueron como el hogar donde se dieron los primeros pasos de esa aventura del Esp\u00ed\u00adritu que es el ecumenismo. Lo que distingue a los pioneros que apostaron por la causa ecum\u00e9nica fue la profunda convicci\u00f3n de que la unidad de las Iglesias cristianas, por ser voluntad del Se\u00f1or de la Iglesia, se conseguir\u00ed\u00ada un d\u00ed\u00ada en nuestra historia. El horizonte ut\u00f3pico es imprescindible a la hora de valorar el trabajo de los cristianos empe\u00f1ados en la obediencia evang\u00e9lica de \u00abpermanecer unidos para que el mundo crea\u00bb. Sin so\u00f1adores como John Mott, J. H. Oldmann, Charles H. Brent, Nathan S\u00f3derblom, William Temple, Ferdinand Portal, Lord Halifax, el cardenal Mercier, Paul Couturier, Yves Congar, etc. -por citar s\u00f3lo un pu\u00f1ado de pioneros- no cabr\u00ed\u00ada pensar en lo que hoy es el movimiento ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>Durante los siglos XVIII y XIX, el cristianismo europeo hab\u00ed\u00ada sufrido algunos de los mayores desaf\u00ed\u00ados de toda su historia. La Ilustraci\u00f3n y el racionalismo, la revoluci\u00f3n industrial, el nacimiento de la conciencia de clase obrera, el surgir de los movimientos socialistas y comunistas, la exaltaci\u00f3n de la democracia y el liberalismo debilitaron de manera decisiva la influencia y el papel que las Iglesias cristianas ven\u00ed\u00adan desempe\u00f1ando durante siglos. Aunque algunas Iglesias tomaron claras posturas defensivas y condenaron abiertamente al mundo moderno, otras intentaron suscitar nuevas presencias cristianas en la sociedad. Varios factores contribuyeron a descubrir a los cristianos sus ra\u00ed\u00adces comunes y su pertenencia a la sola familia de los bautizados en Cristo. El \u00e9xodo a las grandes ciudades, con la consiguiente p\u00e9rdida -al abandonar las zonas rurales- de los reductos confesionales que mantuvieron durante siglos separados a cat\u00f3licos, luteranos, calvinistas y anglicanos, ibana significar la posibilidad del encuentro y del descubrimiento mutuo al tener lugares comunes: la escuela, el barrio, el trabajo, la universidad, las tareas de beneficencia. Surgen as\u00ed\u00ad una serie de movimientos e instituciones cristianas con influencia decisiva para el futuro movimiento ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>Entre los movimientos m\u00e1s importantes en este sentido cabe citar a la Asociaci\u00f3n cristiana de j\u00f3venes (Youth Men Christian Association: YMCA) y la Asociaci\u00f3n cristiana de mujeres j\u00f3venes (Youth Women Christian Association: YWCA), fundadas ambas en Inglaterra, en 1844 y 1854 respectivamente, y con una r\u00e1pida expansi\u00f3n en el mundo anglosaj\u00f3n y franc\u00f3fono. Grandes pioneros del movimiento ecum\u00e9nico -John Mott, W. A. Visser&#8217;t Hooft, V. S. Azariah, etc.- militaron durante su juventud en YMCA y en YWCA. La Federaci\u00f3n mundial de estudiantes cristianos (World Student Christian Federation: WSCF), un movimiento de laicos pertenecientes a diferentes Iglesias cristianas, trabaj\u00f3 a partir de 1895 para que el evangelio se hiciese presente en el mundo de la universidad. John Mott y Ruth Rouse organizaron sedes del WSCF por numerosos puntos de Ruman\u00ed\u00ada, Serbia, Bulgaria, Grecia&#8230; As\u00ed\u00ad iban a incorporarse en esta tarea interdenominacional estudiantes de la tradici\u00f3n ortodoxa oriental. Todav\u00ed\u00ada dos grandes movimientos tuvieron decisiva influencia, cada uno a su manera, en el nacimiento del ecumenismo: la Alianza mundial para la amistad internacional a trav\u00e9s de las Iglesias (Worlds Alliance for International Friendship through the Churches), un espacio donde cristianos de diferentes tradiciones eclesiales intentaron contribuir -aunque sin \u00e9xito- a la paz que se ve\u00ed\u00ada amenazada a\u00f1os antes de 1914; y el llamado Movimiento misionero, con clara conciencia de la tensi\u00f3n misi\u00f3n-unidad como expresi\u00f3n de la llamada del Esp\u00ed\u00adritu a las Iglesias para que presenten un\u00e1nimemente al mundo el \u00fanico evangelio de Jesucristo.<\/p>\n<p>La m\u00e1s decisiva entre las ra\u00ed\u00adces enumeradas respecto al nacimiento del movimiento ecum\u00e9nico es, sin duda alguna, la acci\u00f3n misionera. Ya en 1888 se hab\u00ed\u00ada celebrado en Londres una conferencia misionera con car\u00e1cter interconfesional e internacional, que ser\u00ed\u00ada el inicio de sucesivas reuniones similares. En 1890 se celebra otra en la ciudad de Nueva York, y a\u00f1os m\u00e1s tarde y en la ciudad de Edimburgo tiene lugar la Conferencia misionera mundial (1910), que es designada por todos los especialistas como cuna del movimiento ecum\u00e9nico. Edimburgo represent\u00f3 la aceptaci\u00f3n del desaf\u00ed\u00ado que la unidad plantea a la acci\u00f3n evangelizadora de las Iglesias. Las Iglesias no pueden presentar a un Cristo dividido. S\u00f3lo desde una misi\u00f3n un\u00e1nimemente llevada adelante por todas las Iglesias cabe una evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica. A partir de ese convencimiento nac\u00ed\u00ada la idea ecum\u00e9nica: la divisi\u00f3n es un pecado de desobediencia al evangelio y un esc\u00e1ndalo para el mundo. Importa recordar que las conferencias misioneras precedentes hab\u00ed\u00adan tenido car\u00e1cter protestante. La representatividad en Edimburgo se ampl\u00ed\u00ada enormemente; los hombres del anglicanismo juegan un papel decisivo; sin embargo all\u00ed\u00ad no estuvieron presentes ni las Iglesias ortodoxas ni la Iglesia cat\u00f3lico-romana. Muchos apostaron para que, en siguientes asambleas, cat\u00f3licos y ortodoxos pudieran compartir con ellos su com\u00fan inter\u00e9s en el servicio de Jesucristo.<\/p>\n<p>La significatividad de la Conferencia misionera mundial de Edimburgo (1910) radica en el hecho de que, a partir de ella, toman consistencia tres movimientos que van a consolidar la tarea ecum\u00e9nica, y cuya confluencia en un solo organismo (el Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias) dar\u00e1 enorme estabilidad al movimiento ecum\u00e9nico durante buena parte del siglo XX. Los tres movimientos iniciales son: el Consejo internacional misionero (The International Missionary Council), creado en 1921 y que trabajar\u00e1 en la promoci\u00f3n de la obra misionera desde perspectivas ecum\u00e9nicas, publicando una revista de alto nivel, The International Review of Missions, y celebrando grandes asambleas misioneras: Jerusal\u00e9n (1928), Madras (1938), Whitby (1947), Willigen (1952), Ghana (1958), M\u00e9xico (1963), Upsala (1968), Bangkok (1973), Melbourne (1980) y San Antonio (1989); el movimiento Vida y acci\u00f3n (Life and Work), llamado a veces Cristianismo pr\u00e1ctico, y, por \u00faltimo, Fe y constituci\u00f3n (Faith and Order).<\/p>\n<p>El movimiento Vida y acci\u00f3n se debe a la creatividad del arzobispo luterano Nathan S\u00f3derblom (1866-1931), intelectual de talla y obstinado militante dispuesto a llevar el testimonio cristiano a la sociedad europea, conmocionada por una guerra devastadora. Gracias a su intervenci\u00f3n, las asambleas de este movimiento se abrieron a cristianos de todas las tradiciones. La primera asamblea de Vida y acci\u00f3n tuvo lugar en Estocolmo (1925) y su filosof\u00ed\u00ada subyacente es la idea de que \u00abla doctrina separa, s\u00f3lo la acci\u00f3n une\u00bb. A pesar de la encarecida invitaci\u00f3n a Roma para que asistiera junto a otras Iglesias, el cardenal Gasparri declinar\u00ed\u00ada cort\u00e9smente dicha invitaci\u00f3n. La segunda asamblea tiene lugar en Oxford (1937), bajo el tema de estudio \u00abIglesia, Naci\u00f3n, Estado\u00bb. Es la \u00e9poca de los fascismos. Desde Oxford hay una palabra de condena al Estado cuando se convierte en \u00ed\u00addolo. El movimiento Vida y acci\u00f3n se integrar\u00e1 a\u00f1os m\u00e1s tarde en el llamado Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias.<\/p>\n<p>El movimiento Fe y constituci\u00f3n, de mucha m\u00e1s entidad doctrinal, nacido tambi\u00e9n en el clima de Edimburgo (1910), se debe en concreto a la inspiraci\u00f3n del sacerdote episcopaliano Charles H. Brent (1862-1929). Trabaj\u00f3 incansablemente para que las Iglesias se reunieran a dialogar sobre sus concepciones teol\u00f3gicas, bajo el m\u00e9todo de los acuerdos y divergencias, m\u00e9todo hoy superado pero imprescindible a comienzos del siglo XX, cuando durante siglos las Iglesias se hab\u00ed\u00adan ignorado completamente. La conferencia de Lausana (1927) reuni\u00f3 a delegados de 108 Iglesias, divididos en dos corrientes de pensamiento: una de tipo cat\u00f3lico, impulsada por ortodoxos y anglicanos; otra de tipo protestante, representada por los delegados de las Iglesias reformadas. Cuando se celebr\u00f3 la segunda conferencia de Fe y constituci\u00f3n, en Edimburgo (1937), el liderazgo lo ostentaba William Temple, nombrado poco despu\u00e9s arzobispo de Canterbury. Los delegados de las Iglesias trabajaron sobre temas como la gracia; la Iglesia de Cristo y la palabra de Dios; la Iglesia, sus ministerios y sacramentos; la unidad de la Iglesia en la vida y en el culto, etc. Los textos finales de cada uno de los temas estudiados necesitaron, con frecuencia, notas aclaratorias y precisiones para explicar las propias posiciones dogm\u00e1ticas de las diferentes Iglesias participantes en Edimburgo. A\u00f1os m\u00e1s tarde, Fe y constituci\u00f3n se fusionar\u00ed\u00ada con Vida y acci\u00f3n, para constituir el Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias. La raz\u00f3n era clara: los delegados de uno y otro movimiento llegaron a la conclusi\u00f3n de que la unidad cristiana no puede ladear ninguno de los dos polos de la fe cristiana: su vertiente teol\u00f3gica y su dimensi\u00f3n vital. Ambos se necesitan necesariamente.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n cat\u00f3lica al movimiento ecum\u00e9nico antes del Vaticano II es tema complejo. Se ha recordado el rechazo oficial de la Iglesia cat\u00f3lico-romana a las reiteradas invitaciones a participar en las asambleas de Vida y acci\u00f3n y Fe y constituci\u00f3n. Rechazo debido, sin duda, a la concepci\u00f3n eclesiol\u00f3gica dominante en aquellos a\u00f1os. La unidad de la Iglesia no pod\u00ed\u00ada hacerse a base de reuniones y conversaciones: dicha unidad exist\u00ed\u00ada ya en la Iglesia cat\u00f3lica, no hab\u00ed\u00ada raz\u00f3n para buscarla fuera de ella misma. Lo que deb\u00ed\u00adan hacer quienes se alejaron un d\u00ed\u00ada de su seno era regresar pura y llanamente. La idea del retorno iba a prevalecer hasta el Concilio. Tampoco faltaban razones pastorales: los fieles cat\u00f3licos podr\u00ed\u00adan escandalizarse si su Iglesia -la verdadera- manten\u00ed\u00ada ambiguas relacionescon quienes eran cism\u00e1ticos y herejes. Por todo ello, Roma se manten\u00ed\u00ada al margen de cualquier participaci\u00f3n de tipo oficial en las asambleas ecum\u00e9nicas. Pero con esto no est\u00e1 dicho todo.<\/p>\n<p>Hay qu\u00e9 reconocer y estimar la labor delicada y callada, casi siempre incomprendida, que desde algunos sectores del catolicismo romano se llev\u00f3 a cabo en favor de la reconciliaci\u00f3n cristiana. Constituyen los antecedentes que hicieron posible su entrada durante el pontificado de Juan XXIII. Y es que habr\u00ed\u00ada que encontrar alguna explicaci\u00f3n plausible a estos dos extremos: la prohibici\u00f3n total y absoluta, dictada desde la curia romana, a que los cat\u00f3licos participasen en reuniones ecum\u00e9nicas, por una parte, y, por otra, la afirmaci\u00f3n subsiguiente de que el movimiento ecum\u00e9nico \u00abes una gracia que ha surgido por impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (UR 1). La explicaci\u00f3n hay que encontrarla, pues, en una serie de acontecimientos y en personas muy determinantes, que fueron preparando el terreno propicio para la incorporaci\u00f3n oficial del ecumenismo como parte del acervo doctrinal y pastoral de la Iglesia cat\u00f3lica. Entre esos eventos y personajes cabe destacar el significado de las Conversaciones de Malinas (1921-1926), la creaci\u00f3n de la abad\u00ed\u00ada benedictina de Chevetogne (1925), la creaci\u00f3n de los centros ecum\u00e9nicos de Istina (Par\u00ed\u00ads) y los de San Ireneo y Unidad cristiana (Lyon), la promoci\u00f3n del ecumenismo espiritual a trav\u00e9s de la Semana de oraci\u00f3n universal por la unidad (18-25 de enero) inspirada por el P. Paul Couturier, la creaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n Unitas, debida al P. Ch. Boyer, y la Conferencia cat\u00f3lica para el ecumenismo (1952), obra de J. Willebrands. De gran importancia son igualmente los movimientos de restauraci\u00f3n lit\u00fargica, b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica, que significaron un abrirse de la Iglesia a experiencias similares vividas por el anglicanismo, la ortodoxia y el protestantismo, as\u00ed\u00ad como las aportaciones teol\u00f3gicas y doctrinales llevadas a cabo por hombres de la altura de Chenu, Rahner, De Lubac, Von Balthasar y, sobre todo, el dominico Yves Congar, cuya obra Cristianos desunidos (1937) iba a significar la primera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del hecho ecum\u00e9nico por parte cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>El Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias (CEI), en ingl\u00e9s World Council of Churches -la expresi\u00f3n m\u00e1s completa de los anhelos de unidad cristiana que existe hoy entre las Iglesias divididas- es, como se ha dicho, el resultado de la fusi\u00f3n de los movimientos Vida y acci\u00f3n y Fe y constituci\u00f3n, ocurrida en la Asamblea constituyente de la ciudad de Amsterdam, en agosto de 1948. Las 330 Iglesias que forman hoy d\u00ed\u00ada el CEI, representan a casi todas las tradiciones eclesiales, pertenecen a casi todos los pa\u00ed\u00adses del mundo y mantienen relaciones fraternas con muchas Iglesias que no forman parte de \u00e9l, como es el caso de la Iglesia cat\u00f3lica. El CEI no pretende ser la Iglesia universal, ni una super-Iglesia; es, sin embargo, un medio privilegiado para hacer cada vez m\u00e1s visible la unidad dada ya en Cristo. Por eso es como una fase transitoria en el camino cristiano que va de la desuni\u00f3n de las Iglesias a la comuni\u00f3n completa de la Iglesia. Existe una base doctrinal que las Iglesias que deseen ser miembros del CEI deben suscribir. La actual redacci\u00f3nqued\u00f3 definitivamente formulada en 1961: \u00abEl CEI es una asociaci\u00f3n fraternal de Iglesias que creen en nuestro Se\u00f1or Jesucristo como Dios y Salvador seg\u00fan las Escrituras, y se esfuerzan en responder conjuntamente a su vocaci\u00f3n com\u00fan para gloria de solo Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. El CEI, cuya sede central se halla en Ginebra, posee una organizaci\u00f3n compleja, que con el tiempo ha venido simplific\u00e1ndose. Su tarea gira alrededor de cuatro unidades de trabajo: 1) Unidad y renovaci\u00f3n, dentro de la cual se halla la comisi\u00f3n de Fe y constituci\u00f3n, brazo teol\u00f3gico del CEI; 2) Vida, educaci\u00f3n y misi\u00f3n; 3) Justicia, paz y creaci\u00f3n, y 4) Participaci\u00f3n y servicio.<\/p>\n<p>La Asamblea general es la autoridad m\u00e1xima del CEI y el \u00f3rgano legislativo; se re\u00fane cada seis o siete a\u00f1os en ciudades distintas y a ella acuden los delegados de las Iglesias miembros, con derecho a voto, representando a todos los estamentos eclesiales: cl\u00e9rigos y laicos, hombres y mujeres, j\u00f3venes y adultos, miembros de Iglesias del primer y tercer mundo. Hasta ahora las Asambleas celebradas han sido las de Amsterdam (1948), Evanston (1954), Nueva Delhi (1961), Upsala (1968), Nairobi (1975), Vancouver (1983) y Canberra (1991). La Presidencia del CEI est\u00e1 asegurada por seis presidentes -cargos honor\u00ed\u00adficos- y un secretario general que anima y empuja realmente todas sus actividades. Estos son.los nombres que han desempe\u00f1ado esta m\u00e1xima responsabilidad hasta hoy: W. A. Visser&#8217;t Hooft, Carson Blake, Philip Potter, Emilio Castro y Konrad Raiser.<\/p>\n<p>El Consejo pontificio para la promoci\u00f3n de la unidad es el organismo encargado de las cuestiones ecum\u00e9nicas por parte de la Iglesia cat\u00f3lico-romana. En realidad su primer nombre fue el de Secretariado romano para la unidad de los cristianos (Secretariatus ad Christianorum Unitatem Fovendam), dicasterio creado en junio de 1960 por Juan XXIII, en vistas a que el Concilio ya anunciado pudiera incorporar la tem\u00e1tica ecum\u00e9nica, totalmente nueva para la Iglesia. El principal cometido de este organismo romano fue el asesoramiento t\u00e9cnico al papa y a los obispos durante las sesiones del Vaticano II. Ya entonces desarroll\u00f3 una intensa labor. Adem\u00e1s de la ayuda prestada a los padres en la elaboraci\u00f3n del decreto Unitatis redintegratio (1964) y de la declaraci\u00f3n Nostra aetate (1965), ha constituido posteriormente -junto a las jerarqu\u00ed\u00adas de otras Iglesias- las Comisiones mixtas de te\u00f3logos para el di\u00e1logo doctrinal; ha elaborado textos capitales para impulsar el ecumenismo: el Directorio ecum\u00e9nico (1967-1970) y su nueva revisi\u00f3n en 1993, Reflexiones y sugerencias sobre el di\u00e1logo ecum\u00e9nico (1970), La colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica a nivel regional, nacional y local (1975); ha ofrecido normas para la traducci\u00f3n ecum\u00e9nica de los textos b\u00ed\u00adblicos juntamente con la Alianza b\u00ed\u00adblica mundial; mantiene el asesoramiento ecum\u00e9nico a las conferencias episcopales de todo el mundo; prepara los materiales conjuntamente con el CEI para la celebraci\u00f3n de la Semana de la unidad, y, finalmente, es notable el trabajo que lleva con respecto al juda\u00ed\u00adsmo en materia religiosa. Los presidentes del Consejo pontificio han sido hasta ahora hombres de gran val\u00ed\u00ada: Agust\u00ed\u00adn Bea, Johannes Villebrands y Edward Cassidy. La actividad ecum\u00e9nica, tanto a niveles internacionales como a niveles locales y nacionales, recae hoy sobre dos grandes organismos descritos: el Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias y el Consejo pontificio para la promoci\u00f3n de la unidad, aunque es cierto que tambi\u00e9n existen iniciativas locales, sin car\u00e1cter oficial, pero sumamente creativas, donde toman parte todos aquellos cristianos deseosos de plasmar en sus comunidades signos de unidad.<\/p>\n<p>2. MOMENTO ACTUAL DEL ECUMENISMO. No son un secreto para nadie las realizaciones ecum\u00e9nicas que, a todos los niveles, se han operado en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os. El trabajo realizado por las Comisiones mixtas en el plano doctrinal, entre unas Iglesias y otras, ha sido \u00f3ptimo. Los encuentros a escalas m\u00e1s sencillas, como los grupos de oraci\u00f3n, los encuentros parroquiales, las lecturas y comentarios b\u00ed\u00adblicos interconfesionales entre comunidades vecinas. Las liturgias comunes, tanto en monasterios como en centros ecum\u00e9nicos, eran impensables hace pocos decenios. Se han derrumbado infinidad de malentendidos y falsos clich\u00e9s que unos cristianos ten\u00ed\u00adan de otros&#8230; Los herejes y cism\u00e1ticos de anta\u00f1o son hoy hermanos separados o simplemente hermanos cristianos de otras Iglesias.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a la Iglesia cat\u00f3lico-romana habr\u00e1 que reconocer, sin embargo, que tras los primeros a\u00f1os del posconcilio llenos de euforia -a veces algo ingenua, sin duda- han seguido momentos de des\u00e1nimo y dejadez, de rutina, habi\u00e9ndose convertido aquel primer ecumenismo audaz en un ecumenismo mucho m\u00e1s educado y cort\u00e9s, m\u00e1s de buenas maneras que entregado a la b\u00fasqueda valiente de pasos concretos hacia la unidad. Si es cierto que en el movimiento ecum\u00e9nico la paciencia es virtud fundamental -los desencuentros de siglos no pueden arreglarse de la noche a la ma\u00f1ana- es tambi\u00e9n verdad que a veces el inmovilismo se reviste de aparente paciencia.<\/p>\n<p>Ante posibles situaciones de sincretismos y fundamentalismos, las Iglesias desean leg\u00ed\u00adtimamente reencontrar sus identidades. Seguramente este \u00e9nfasis en la propia identidad retarda sinceras b\u00fasquedas de unidad junto a las otras Iglesias. Por eso el momento actual del movimiento ecum\u00e9nico -sin olvidar sus innegables logros- atraviesa momentos dif\u00ed\u00adciles, y su camino aparece, m\u00e1s que nunca, lleno de retos y desaf\u00ed\u00ados. A la dificultad que suponen las espinosas cuestiones doctrinales -objeto del siguiente apartado- se suman los interrogantes que vienen a cuestionar los fr\u00e1giles pasos dados. Los titubeos e incoherencias de muchos dirigentes de Iglesias ante la invitaci\u00f3n de los mejores te\u00f3logos a llevar a buen puerto los acuerdos logrados, o las preguntas ante las urgencias de reconciliaci\u00f3n humana -para muchos cristianos a veces m\u00e1s importantes que la misma reconciliaci\u00f3n eclesi\u00e1stica-, y el resurgimiento del clericalismo en Iglesias que cre\u00ed\u00adan caducado ese peligro, hacen que la utop\u00ed\u00ada ecum\u00e9nica est\u00e9 siendo cuestionada en amplios sectores de las Iglesias. Y cuando no hay cuestionamientos serios al ecumenismo -dif\u00ed\u00adcilmente sostenible en Iglesias que apostaron por la b\u00fasqueda de la unidad cristiana- aparece de nuevo el fen\u00f3meno del desinter\u00e9s y la desinformaci\u00f3n, la desgana y el olvido, o el conformismo a permanecer desunidos como algo inherente a las mismas Iglesias.<\/p>\n<p>Algunos de los problemas actuales que impiden una marcha m\u00e1s coherente del movimiento ecum\u00e9nico tienen relaci\u00f3n con el llamado fen\u00f3meno del proselitismo, es decir, la b\u00fasqueda desleal de nuevos adeptos venidos de otras comunidades eclesiales. El proselitismo es causa, por ejemplo, de que las relaciones entre las Iglesias ortodoxas y muchas otras Iglesias cristianas de tradici\u00f3n cat\u00f3lica o protestante est\u00e9n hoy d\u00ed\u00ada en punto muerto. Igualmente incide de manera muy negativa en las relaciones ecum\u00e9nicas el fuerte incremento que han tomado en los \u00faltimos a\u00f1os algunas sectas fundamentalistas de tradici\u00f3n protestante, cuando se las confunde con las Iglesias realmente protestantes. La aparici\u00f3n de ciertos Nuevos movimientos religiosos de car\u00e1cter sincretista, la Iglesia de la Unificaci\u00f3n, o grupos de la Nueva Era, por ejemplo, son causa de enorme confusi\u00f3n, entorpeciendo negativamente las relaciones amistosas entre las Iglesias. Tomas de postura unilaterales de algunas Iglesias, como por ejemplo la validez de la ordenaci\u00f3n ministerial de la mujer en la comuni\u00f3n anglicana, incide de manera directa en las relaciones con Roma y, sobre todo, con la ortodoxia oriental. Otros problemas internos a las mismas Iglesias, pero que repercuten tambi\u00e9n en el di\u00e1logo con las otras comunidades, son los referentes a las relaciones entre jerarqu\u00ed\u00adas y te\u00f3logos.<\/p>\n<p>Si desde el punto de vista te\u00f3rico es perfectamente conciliable el servicio de los obispos y el de los te\u00f3logos, el problema se suscita en el \u00e1mbito de la aplicaci\u00f3n concreta y de las interrelaciones entre ambos servicios. Cuando los te\u00f3logos se hacen preguntas sobre los textos mismos del magisterio, o elaboran una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre la oportunidad de ciertas tomas de postura episcopales, o expresan su disentimiento de forma p\u00fablica, las medidas tomadas a veces por la jerarqu\u00ed\u00ada para vigilar la integridad del dep\u00f3sito revelado, aparecen en ambientes ecum\u00e9nicos como entorpecedoras de las relaciones ecum\u00e9nicas. Por eso muchos procesos a te\u00f3logos ponen en entredicho, a los ojos de las otras Iglesias, no s\u00f3lo el tema de la libre investigaci\u00f3n teol\u00f3gica, sino la credibilidad de una Iglesia que ha apostado por la transparencia.<\/p>\n<p>Los problemas y dificultades anotados hacen pensar a algunos en un cierto estancamiento ecum\u00e9nico. Sin embargo, el movimiento ecum\u00e9nico, a pesar de visiones pesimistas, es irreversible. Esta afirmaci\u00f3n ha sido pronunciada por las m\u00e1s altas jerarqu\u00ed\u00adas de muchas Iglesias. La invitaci\u00f3n que se hace a todos los cristianos, por ejemplo, desde la Tertio millennio adveniente, de Juan Pablo II, a llegar al pr\u00f3ximo milenio mucho m\u00e1s unidos, es s\u00f3lo un signo de la buena voluntad que se respira en las Iglesias cristianas. Pero la cuesti\u00f3n \u00faltima estriba en saber si los acuerdos teol\u00f3gicos alcanzados ya van a ser ratificados por las autoridades eclesi\u00e1sticas, es decir, si van a recibir la recepci\u00f3n eclesial traduci\u00e9ndose en la vida de las Iglesias, de modo que la unidad de fe y costumbres convivacon la leg\u00ed\u00adtima variedad y pluralidad en la Iglesia una.<\/p>\n<p>III. Car\u00e1cter teol\u00f3gico<br \/>\n1. LA CUESTI\u00ed\u201cN DE LA VERDAD EN EL ECUMENISMO. La unidad cristiana -objetivo \u00faltimo del movimiento ecum\u00e9nico- tiene un precio caro. No cualquier tipo de unidad goza de la credibilidad suficiente entre las Iglesias. S\u00f3lo la unidad en la verdad recibe un\u00e1nime aceptaci\u00f3n como objetivo del ecumenismo. Por eso, cualquier intento de unidad que prescindiese del n\u00facleo del dep\u00f3sito revelado estar\u00ed\u00ada condenado al fracaso. La verdad es el precio de la unidad. El problema del ecumenismo es, en definitiva, el problema de la verdad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que el movimiento ecum\u00e9nico gire alrededor de dos polos centrales: la unidad de la Iglesia y la verdad de la revelaci\u00f3n preservada en la Iglesia. Unidad y verdad que no pueden ni deben sacrificarse una en aras de la otra.<\/p>\n<p>Tras el hecho de las divisiones eclesi\u00e1sticas, y con el convencimiento de que Jes\u00fas or\u00f3 ardientemente por la unidad de sus disc\u00ed\u00adpulos (In 17,21), a lo largo de la experiencia ecum\u00e9nica se han evidenciado algunas convicciones b\u00e1sicas respecto al tipo de unidad que deben buscar las Iglesias. En primer lugar, dicha unidad debe tener una dimensi\u00f3n teol\u00f3gica, ya que debe constituir una koinon\u00ed\u00ada tan \u00ed\u00adntima como la que existe entre el Padre y el Hijo; debe tener tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n sacramental y de signo, significativamente visible \u00abpara que el mundo crea\u00bb, y, finalmente, una dimensi\u00f3n confesional, en el sentido de que la unidad querida por Cristo no puede buscarse fuera o al margen de la Iglesia, sino en la Iglesia; de ah\u00ed\u00ad la necesidad de la fidelidad confesional, aunque con deseos de trascenderla para alcanzar de nuevo la \u00fanica confesionalidad de la Iglesia indivisa. Convicciones que manifiestan la idea central de que la unidad no se ha perdido totalmente, ya que entre las Iglesias divididas existen signos visibles de unidad (LG 15; UR 20-23) y, consecuentemente, el movimiento ecum\u00e9nico no puede pretender crear la unidad como si ella fuera obra del hombre y no de Dios.<\/p>\n<p>A partir de estas convicciones, los te\u00f3logos han reflexionado sobre posibles modelos de unidad. Quiz\u00e1 uno de los que han recibido mayor aceptaci\u00f3n sea el de diversidad reconciliada, concepto que supone la aceptaci\u00f3n de la propia identidad confesional por parte de cada Iglesia, rechazando sin embargo el aislamiento actual y tratando de abrirse a las otras comunidades para llegar a la plena comuni\u00f3n sin renunciar a su propia herencia. El concepto de diversidad reconciliada es asumido en grandes \u00e1reas del protestantismo y especialmente en medios de la Federaci\u00f3n luterana mundial. Desde la Iglesia cat\u00f3lico-romana -abandonada la idea del retorno a Roma como la \u00fanica posibilidad de reencontrar la unidad de la Iglesia indivisa- se prefiere hablar de una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, en la que las diferentes Iglesias particulares, en comuni\u00f3n con la sede romana, como heredera del servicio de Pedro, podr\u00ed\u00adan manifestar al mundo la catolicidad, sin abandonar la diversidad en la justa colegialidad de los obispos. El CEI, a trav\u00e9s de sus diferentes asambleas, ha analizado el concepto de unidad proponiendo algunos elementos clave: debe ser unidad visible, vivida desde la realidad local (Nueva Delhi, 1961), seg\u00fan la categor\u00ed\u00ada de comunidad conciliar de Iglesias locales (Nairobi, 1975), unidad que ser\u00ed\u00ada sacramental (Lima, 1982) y que estar\u00ed\u00ada inmersa dentro del di\u00e1logo universal de culturas (Vancouver, 1983, y Canberra, 1991). Otras Iglesias han propuesto el modelo de unidad org\u00e1nica total, que consiste en la desaparici\u00f3n de las comunidades eclesiales actualmente existentes y que deciden entrar en un proceso de negociaciones para emerger todas ellas en una nueva Iglesia. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, la Iglesia de la India del Sur o la Iglesia unida del Canad\u00e1 son resultado de la fusi\u00f3n de diferentes di\u00f3cesis o Iglesias de distintas tradiciones, que dejaron de ser tales en un momento dado, para formar estas nuevas Iglesias.<\/p>\n<p>Se recordaba antes que el problema del ecumenismo es, en definitiva, el problema de la verdad. Es cierto que antes de llegar al tema crucial de la verdad hay que transitar por los caminos previos de la tolerancia, del respeto mutuo, del cese de est\u00e9riles pol\u00e9micas, del di\u00e1logo y de la acogida de los otros; pero llega un momento en que la verdad aparece como la cuesti\u00f3n decisiva del ecumenismo. Porque finalmente, si las Iglesias buscan vivir la comuni\u00f3n, es porque esa es la voluntad de Dios para su Iglesia expresada en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Y ello no es cuesti\u00f3n trivial. Pero no todo lo que se propone en las Iglesias es verdad divina. Es esta la que hay que preservar de errores y distinguir de las tradiciones humanas, e inclusodel cuerpo doctrinal, por muy venerable que sea, pero que nunca habr\u00ed\u00ada que identificar con la verdad revelada. Se trata, por tanto, de precisar los l\u00ed\u00admites de lo que se considera n\u00facleo central de la fe -como tal irrenunciable- y la construcci\u00f3n doctrinal en la que la fe aparece revestida. Deslindar esos l\u00ed\u00admites es parte del problema ecum\u00e9nico. Este trabajo de clarificaci\u00f3n entre la verdad de fe y su enunciado debe ser realizado por te\u00f3logos y jerarqu\u00ed\u00adas de las Iglesias, distinguiendo sin ambig\u00fcedades la propia fe de lo que es el sistema teol\u00f3gico que ha ayudado a generaciones a transmitirla, y revisando -cuando parezca necesario- la validez de las viejas f\u00f3rmulas en los nuevos contextos hist\u00f3rico-culturales. Pero, adem\u00e1s, es evidente que m\u00e1s all\u00e1 de las expresiones y lenguajes teol\u00f3gicos existen realmente complejos problemas de contenido que todav\u00ed\u00ada hoy dividen a las Iglesias. Precisamente ah\u00ed\u00ad aparece con todo su realismo y seriedad la problem\u00e1tica ecum\u00e9nica de tipo doctrinal.<\/p>\n<p>2. Los PROBLEMAS DOCTRINALES DEL EcuMENISMO. Todas las Iglesias, tambi\u00e9n la Iglesia cat\u00f3lico-romana, vienen manteniendo entre s\u00ed\u00ad desde hace varios a\u00f1os di\u00e1logos oficiales de tipo teol\u00f3gico, algunos de tipo bilateral (entre dos Iglesias), otros con car\u00e1cter multilateral (entre varias comunidades eclesiales). La Iglesia cat\u00f3lica tiene establecidos ahora mismo di\u00e1logos doctrinales con las siguientes Iglesias o comuniones eclesiales: Iglesias ortodoxas de tradici\u00f3n bizantina y antiguas Iglesias orientales no calcedonianas; Comuni\u00f3n anglicana; Federaci\u00f3n luterana mundial; Alianza reformada mundial; Consejo metodista mundial; Iglesias de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo; y con algunas Iglesias de la Alianza bautista mundial y del Movimiento pentecostal. De car\u00e1cter muy peculiar es el di\u00e1logo que mantiene con el Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias (CEI).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad algunos de los problemas que todav\u00ed\u00ada separan a las Iglesias y que son objeto de los di\u00e1logos interconfesionales: el concepto de Iglesia; el concepto y el ejercicio de los ministerios y del ministerio de la unidad; el papel de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n, y el tema y la pr\u00e1ctica de la intercomuni\u00f3n. Se dejan al margen ciertos temas cl\u00e1sicos que en el pasado ocuparon la atenci\u00f3n de las pol\u00e9micas: problema de la justificaci\u00f3n de la fe, relaciones entre naturaleza y gracia, definici\u00f3n del acto de fe y del pecado, posibilidad del conocimiento natural de Dios, teolog\u00ed\u00ada natural y revelaci\u00f3n cristiana, Revelaci\u00f3n, Biblia y Tradici\u00f3n, unicidad y centralidad de Jesucristo en la salvaci\u00f3n, etc. Tem\u00e1tica que ha recibido en los \u00faltimos a\u00f1os aportaciones mucho m\u00e1s matizadas que en el pasado y sobre la que se vislumbran consensos muy prometedores.<\/p>\n<p>a) El concepto de Iglesia. La idea que los reformadores del siglo XVI propusieron de Iglesia result\u00f3 extra\u00f1a a la mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos de su tiempo. Mart\u00ed\u00adn Lutero distingui\u00f3 entre Iglesia invisible (la verdadera) e Iglesia visible (llena de errores y falsa). Y a la hora de definirla se expresaba as\u00ed\u00ad: existe Iglesia \u00aball\u00ed\u00ad donde la palabra se predica correctamente y donde los sacramentos se administran rectamente\u00bb. Aquella idea ha tenido l\u00f3gicamente desarrollos posteriores: \u00abEl conjunto de hombres y mujeres que se adhieren a la llamada de Dios para constituirse como Pueblo por la obediencia\u00bb. En esta concepci\u00f3n existe indiscutiblemente una prioridad de la acci\u00f3n del Cristo glorioso, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu Santo que llama al fiel como en un acontecimiento actual y vertical, y cuya acci\u00f3n acontece en la Iglesia local. La idea cat\u00f3lica de Iglesia, por el contrario, revaloriz\u00f3 siempre los elementos dados por el Cristo hist\u00f3rico y por los ap\u00f3stoles desde los or\u00ed\u00adgenes. Pone \u00e9nfasis no s\u00f3lo en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, sino tambi\u00e9n en los medios de salvaci\u00f3n, los valores institucionales y estructurales que vienen dados desde el principio, es decir, la estructura sacramental (sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, ministerios como sacramento).<\/p>\n<p>Existe hoy un indiscutible acercamiento. Se est\u00e1 superando aquella visi\u00f3n protestante que s\u00f3lo ve\u00ed\u00ada el elemento salv\u00ed\u00adfico que se daba en la Iglesia local en un momento determinado; pero se est\u00e1 superando tambi\u00e9n aquella visi\u00f3n cat\u00f3lica que parec\u00ed\u00ada dar exclusiva preferencia al elemento institucional, cuando se la concibi\u00f3 como Societas perfecta.<\/p>\n<p>Por parte cat\u00f3lica, tras el Concilio, hubo un desmarque a la hora de identificar la Iglesia cat\u00f3lica con la Iglesia de Cristo. No cabe la identificaci\u00f3n total y exclusiva. Se busc\u00f3 sustituir la f\u00f3rmula Ecclesia Catholica est Ecclesia Christi por Ecclesia Christi subsistit in Ecclesia Catholica (LG 8; UR 4; DH 1-2). Adem\u00e1s la Iglesia cat\u00f3lica viene empleando una f\u00f3rmula que habla de las Iglesias hermanas, atribuida ciertamente a las Iglesias ortodoxas y en alguna ocasi\u00f3n a la Iglesia anglicana; la pregunta es si llegar\u00e1 un d\u00ed\u00ada en que se aplique tambi\u00e9n a las Iglesias de la Reforma.<\/p>\n<p>b) El problema de los ministerios. La cuesti\u00f3n ministerial no es solamente un problema te\u00f3rico: tiene tambi\u00e9n dimensiones pr\u00e1cticas. Entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Comuni\u00f3n ortodoxa de Iglesias no existen hoy grandes discrepancias; las graves diferencias aparecen con respecto a las Iglesias reformadas y a las Iglesias anglicanas (con estas \u00faltimas, sobre todo a partir de la publicaci\u00f3n de la Apostolicae curae, de Le\u00f3n XIII [18961). Es cierto que los \u00faltimos Papas han tenido gestos (y por los gestos tambi\u00e9n se habla) con los arzobispos de Canterbury, que hacen pensar en una nueva modalidad de enfocar la cuesti\u00f3n ministerial anglicana.<\/p>\n<p>La dificultad para la Iglesia cat\u00f3lica se formula as\u00ed\u00ad: \u00bfqu\u00e9 garant\u00ed\u00adas tienen unos ministerios eclesiales que no fueron instituidos desde el principio por la imposici\u00f3n de manos dentro de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica? Y las preguntas y cuestiones de unos a otros aparecen as\u00ed\u00ad formuladas: 1) Respecto a los ministerios en general: \u00bfes ministerial toda la Iglesia o s\u00f3lo una parte, es decir, la que constituyen los di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros y obispos? 2) Respecto a la identidad, la pregunta inquiere sobre si el ministerio es algo constitutivo o algo funcional y regulativo, y si constituye -en aquellos que tienen ordenaci\u00f3n- un sacramento, o es el rito de ordenaci\u00f3n un simple rito venerable. Las Iglesias de tradici\u00f3n episcopal poseen el triple grado de di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros y obispos, pero \u00bfesto es de revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica o de derecho eclesi\u00e1stico? Y cuando los ministros son ordenados, \u00bfsuposici\u00f3n es estar enfrente de la Comunidad o dentro de la Comunidad? \u00bfRepresentan a Cristo cabeza o representan a la comunidad delante de Dios? En los \u00faltimos a\u00f1os se ha suscitado, adem\u00e1s, el problema de la ordenaci\u00f3n de la mujer, con una negativa rotunda tanto por parte de la Iglesia cat\u00f3lica como de las Iglesias ortodoxas. Es verdad que el Documento de Lima (1982) sobre Bautismo-Eucarist\u00ed\u00ada-Ministerio ha venido a suscitar nuevas esperanzas de ver un d\u00ed\u00ada el reconocimiento mutuo de los ministerios con ordenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) El problema del primado romano. La instituci\u00f3n papal -creada para fomentar y mantener la unidad- se convirti\u00f3 con el tiempo en su mayor obst\u00e1culo, llegando a estar en medio de las escisiones de Oriente y Occidente, en el centro de las divisiones del siglo XVI en la Europa cristiana y en el inicio del nacimiento de la Iglesia v\u00e9tero-cat\u00f3lica, tras las definiciones del Vaticano I (1869-1870) sobre la jurisdicci\u00f3n universal del primado romano y la infalibilidad de su magisterio extraordinario. Para la Iglesia cat\u00f3lica, sin embargo, es tema que afecta al n\u00facleo de la fe cat\u00f3lica. Hoy ya no se plantea desde contexto pol\u00e9mico, sino desde la eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, en el que todo el episcopado mantiene relaciones colegiales, aunque uno, cuyas funciones no deben estar en contraposici\u00f3n, est\u00e1 a la cabeza de ese colegio.<\/p>\n<p>Para conocer en profundidad el tema y superar ciertas visiones del pasado han servido mucho las investigaciones b\u00ed\u00adblicas sobre la figura de Pedro y las investigaciones hist\u00f3ricas sobre el primitivo cristianismo y el papel de instancia orientativa y \u00faltima de que goz\u00f3 entonces la Iglesia de Roma. En una perspectiva ecum\u00e9nica, debe rechazarse la lectura maximalista del Vaticano I, que hace pensar como si todo lo que dice y habla el papa fuera ex cathedra. Por tanto, hay necesid\u00e1d de una paciente ex\u00e9gesis de las f\u00f3rmulas, teniendo en cuenta la advertencia que el mismo Ratzinger, presidente de la Congregaci\u00f3n de la doctrina de la fe, dio hace a\u00f1os: \u00abRoma no debe exigir a Oriente una doctrina sobre el primado distinta a la formulada en el primer milenio&#8230;\u00bb. Y el mismo Juan Pablo II en la enc\u00ed\u00adclica Ut unum sint ha pedido encarecidamente que las jerarqu\u00ed\u00adas y te\u00f3logos de otras Iglesias le ayuden -en un di\u00e1logo sincero- a encontrar el mejor modo del ejercicio del primado (UUS 95-96).<\/p>\n<p>Hoy est\u00e1n ya elaborados textos ecum\u00e9nicos muy prometedores respecto al tema del primado romano: la Relaci\u00f3n de Malta (1972), titulada El evangelio y la Iglesia, de la Comisi\u00f3n luterano-cat\u00f3lica internacional llega a decir: \u00abEl primado de jurisdicci\u00f3n debe ser un servicio a la comunidad y v\u00ed\u00adnculo de unidad\u00bb. El Grupo teol\u00f3gico luterano-cat\u00f3lico USA, en su texto sobre el primado del papa (1974), daba tres principios que podr\u00e1n esclarecer muchas cuestiones: la necesidad de admitir en la Iglesia una leg\u00ed\u00adtima diversidad; el respeto que se debe a la colegialidad de obispos e Iglesias particulares, y el principio de la subsidiaridad, que supondr\u00ed\u00ada el abandono definitivo de posiciones centralistas. Por \u00faltimo, la Declaraci\u00f3n de Windsor (1981), titulada La autoridad en la Iglesia, de la Comisi\u00f3n anglicano-cat\u00f3lica, ha llegado a afirmar: \u00abLa necesidad de una primac\u00ed\u00ada universal&#8230; que debe estar en Roma\u00bb (n. 9); \u00abpuede dejar de ser un obst\u00e1culo, dado el desarrollo reciente&#8230;\u00bb (n. 14); pero \u00abdebe ejercerse en asociaci\u00f3n colegiada&#8230;, ya que no es poder, sino servicio\u00bb (n. 19).<\/p>\n<p>d) El papel de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n. Este es uno de los temas m\u00e1s delicados en la agenda ecum\u00e9nica, debido a las diferentes sensibilidades cristianas. Existe en el tema mariol\u00f3gico mucha m\u00e1s comuni\u00f3n entre ortodoxos y cat\u00f3licos que entre estos y los fieles de la Reforma.<\/p>\n<p>Es tradicional el rechazo protestante ante las manifestaciones de la piedad y del culto mariano del catolicismo. En el fondo, se hallan las dispares atm\u00f3sferas espirituales: leyendas medievales, santuarios marianos, apariciones y milagros, devociones y escapularios, excesos barrocos&#8230; Todo lo cual constituye un mundo extra\u00f1o a los fieles reformados. Se une a ello el escaso material b\u00ed\u00adblico, los silencios significativos de los tres primeros siglos, las fr\u00e1giles argumentaciones escol\u00e1sticas respecto a los privilegios marianos, la dificultad de mantener con nitidez el car\u00e1cter mediador \u00fanico de Jesucristo y la proclamaci\u00f3n de los dogmas de la Inmaculada Concepci\u00f3n (1854) y la Asunci\u00f3n corporal (1950). Dos razones de base subyacen en el rechazo protestante a las doctrinas conciliares sobre Mar\u00ed\u00ada: la posibilidad de elevar a categor\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica una doctrina no b\u00ed\u00adblica, y el ejercicio del magisterio papal al margen del Concilio.<\/p>\n<p>Existen, sin embargo, puntos de acercamiento. En ambientes cultos protestantes se reconoce que en sus medios se ha infravalorado, a veces, a Mar\u00ed\u00ada, y se est\u00e1 iniciando una seriareflexi\u00f3n para reencontrar el debido equilibrio. Cabr\u00ed\u00ada afirmar que, por parte protestante, la teolog\u00ed\u00ada reformada ha sido \u00abuna teolog\u00ed\u00ada de reacci\u00f3n y falta de equilibrio\u00bb (Warren A. Quanbeck); incluso se ha llegado a decir que los nombres de Mar\u00ed\u00ada y de Pedro en el protestantismo apenas han sido musitados. Pero ello ha significado una \u00abp\u00e9rdida de realismo en cristolog\u00ed\u00ada, y casi un menosprecio de la humanidad de Cristo\u00bb. El protestantismo debe confesar m\u00e1s abiertamente sin reparos a Mar\u00ed\u00ada como Theotokos (madre de Dios), pues es evidente que Mar\u00ed\u00ada no significa ning\u00fan atentado a la obra de Cristo, sino m\u00e1s bien garant\u00ed\u00ada de la humanidad de Cristo. Y Edmund Schlink escribe en 1983: \u00abMar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, pertenece inseparablemente al mensaje de la venida de su Hijo al mundo. En ninguna \u00e9poca puede la Iglesia silenciar ni olvidar a la madre terrena de Jes\u00fas. Con todo derecho ha introducido la Iglesia el nombre de Mar\u00ed\u00ada en el credo y la recuerda en todo tiempo como la elegida de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Por parte cat\u00f3lica cabe distinguir dos fases, ubicadas entre la proclamaci\u00f3n del dogma de la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada (1950) y la celebraci\u00f3n del Vaticano II (1962-1965). La primera se define por un quiz\u00e1 desmedido inter\u00e9s en alcanzar nuevas definiciones de dogmas marianos (Mar\u00ed\u00ada corredentora, Mar\u00ed\u00ada medianera de todas las gracias&#8230;). Eran momentos de euforia mariana. La segunda busca un acercamiento mariano con mayor rigor b\u00ed\u00adblico, m\u00e1s sobriedad en el culto, lo que para algunos, sin embargo, supone un empobrecimiento mariano. El Vaticano II dio el tono. Se intent\u00f3 buscar la verdadera perspectiva, esdecir, relacionar a Mar\u00ed\u00ada con Cristo y con la Iglesia, no al margen y aparte de ellos. Una minor\u00ed\u00ada de padres conciliares hab\u00ed\u00ada pretendido -sin \u00e9xito-promulgar un esquema sobre la Virgen con personalidad propia. Triunf\u00f3 el buen sentido, y hoy Mar\u00ed\u00ada constituye el cap\u00ed\u00adtulo octavo de la Lumen gentium.<\/p>\n<p>Queda todav\u00ed\u00ada un largo camino por recorrer. Oscar Cullmann, uno de los grandes te\u00f3logos protestantes, pero que manifiesta simpat\u00ed\u00adas con tesis cat\u00f3licas, expresa de manera muy correcta lo que se piensa en tantos espacios evang\u00e9licos: \u00abEn cuanto al espinoso tema de la mariolog\u00ed\u00ada, que entorpece el di\u00e1logo entre cat\u00f3licos y protestantes, me ci\u00f1o a preguntar: todos los dogmas marianos, \u00bfpueden en serio ser considerados como un desarrollo de las afirmaciones contenidas en el Nuevo Testamento y en las confesiones de fe de la Iglesia antigua sobre la concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y sobre el nacimiento virginal? J. Ratzinger afirma con insistencia, refiri\u00e9ndose al Vaticano II, que la mariolog\u00ed\u00ada est\u00e1 anclada en la cristolog\u00ed\u00ada y, adem\u00e1s, que los cuatro dogmas marianos tienen un fundamento b\u00ed\u00adblico que, seg\u00fan \u00e9l, ser\u00ed\u00ada evidente. Sin embargo, el camino que, con rodeos, conduce a contrapelo del dogma de la Asunci\u00f3n corporal de Mar\u00ed\u00ada a las afirmaciones del Nuevo Testamento (y a las confesiones de fe de la Iglesia antigua), \u00bfno es, a pesar de todo, demasiado largo para que lo consideremos como un desarrollo de estas afirmaciones? Un tan gran distanciamiento, como en este caso, \u00bfno tiene su importancia?\u00bb1.<\/p>\n<p>El hecho de que el tema de Mar\u00ed\u00ada est\u00e9 presente en algunos de los di\u00e1logos bilaterales, as\u00ed\u00ad como la afirmaci\u00f3n de Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica Redemptoris mater: \u00abHay que resolver discrepancias considerables de doctrina&#8230; referentes al papel de Mar\u00ed\u00ada en la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (RM 31), indican, por una parte, que se reconocen los problemas existentes, pero en una perspectiva de di\u00e1logo, y, por otra, que la figura de Mar\u00ed\u00ada, lejos de atentar a la mediaci\u00f3n \u00fanica de Jesucristo, est\u00e1 siendo considerada cada vez m\u00e1s como un modelo de identificaci\u00f3n para los cristianos, en cuanto que ella fue la m\u00e1s fiel de los creyentes y el est\u00ed\u00admulo de todos aquellos que se ponen a la escucha de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>e) La intercomuni\u00f3n. El no poder comulgar juntos en una misma eucarist\u00ed\u00ada es, quiz\u00e1, el signo m\u00e1s visible de la divisi\u00f3n de los cristianos. Problema que afecta a los matrimonios mixtos, pero tambi\u00e9n a muchos cristianos que desean hacer visible la unidad ya existente entre todos los cristianos, y que se preguntan: \u00bfpor qu\u00e9 no podemos comulgar juntos? Pero este problema refleja problemas previos y subyacentes de tipo sacramental, eclesiol\u00f3gico, jur\u00ed\u00addico y de fe, que dificultan la pr\u00e1ctica normal de la comuni\u00f3n entre cristianos. Varios t\u00e9rminos se emplean para designar el problema: intercomuni\u00f3n, comunicatio in sacris, hospitalidad eucar\u00ed\u00adstica, etc.<\/p>\n<p>Si se quiere entender la problem\u00e1tica que subyace en esta cuesti\u00f3n se debe recordar la doble consideraci\u00f3n que cabe hacer respecto a la eucarist\u00ed\u00ada: 1) Por una parte, ella es expresi\u00f3n y manifestaci\u00f3n visible de la comuni\u00f3n eclesial. Manifiesta visiblemente la uni\u00f3n de todos aquellos que celebran juntos el memorial de Jesucristo. Comulgar significa vivir juntos, tener un mismo pensar, amar y esperar, trabajar por el Reino de manera un\u00e1nime. Es culmen de la vida cristiana. Por eso cuando no se comparte la misma fe eclesial -que es m\u00e1s que creencias sueltas y num\u00e9ricamente contables- dif\u00ed\u00adcilmente la eucarist\u00ed\u00ada compartida puede ser expresi\u00f3n de comuni\u00f3n eclesial. Comulgar juntos deja entonces de ser signo coherente de la fe eclesial. Ante esta consideraci\u00f3n, la intercomuni\u00f3n no debe ser practicada, porque no expresa visiblemente la comuni\u00f3n eclesial, pues no existe en realidad. 2) Por otra parte, la eucarist\u00ed\u00ada es medio y causa de la gracia que anuncia. En este sentido, la intercomuni\u00f3n cabe como camino para recomponer la comuni\u00f3n eclesial rota (UR 8).<\/p>\n<p>Ante ese panorama de principios, las diferentes Iglesias cristianas tienen pr\u00e1cticas distintas, seg\u00fan pongan el acento en uno u otro de los principios recordados. La ortodoxia y el catolicismo romano acentuaron siempre el principio de la necesidad de la plena comuni\u00f3n en la fe para poder acceder a la eucarist\u00ed\u00ada. Esta posici\u00f3n se basa en el respeto a la verdad y a la coherencia de la fe. Cualquier otra pr\u00e1ctica debilita y banaliza la misma acci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. El dolor sentido al no poder comulgar juntos no fomenta un conformismo f\u00e1cil, sino que es acicate de nuevos impulsos para superar las divisiones2. Las Iglesias de la Reforma, al poner el acento en el bautismo que une radicalmente a todos los cristianos, permiten m\u00e1s f\u00e1cilmente la pr\u00e1ctica de la intercomuni\u00f3n. En ellas es muy frecuente la hospitalidad eucar\u00ed\u00adstica (admisi\u00f3n por parte de una Iglesia a los cristianos de otras comunidades para acercarse a participar libremente en la propia celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica).<\/p>\n<p>Los te\u00f3logos, de unas y otras Iglesias, justifican sus posiciones. Heinrich Fries (cat\u00f3lico), por ejemplo, invita a que la Cena del Se\u00f1or no tenga por qu\u00e9 ser considerada exclusivamente como signo y expresi\u00f3n de una unidad ya existente, pues cabe perfectamente la consideraci\u00f3n de signo que causa y acrecienta la misma unidad. Unidad de la Iglesia que nunca es una realidad monol\u00ed\u00adtica y acabada, sino que est\u00e1 bajo el signo de la provisionalidad y de lo no acabado de la reserva escatol\u00f3gica, realidad abierta y viva y que puede describirse muy bien como don y como tarea. Sin embargo no es partidario de una intercomuni\u00f3n frecuente y una pr\u00e1ctica generalizada, porque equivaldr\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcitamente a afirmar que la separaci\u00f3n de las Iglesias carece de importancia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El te\u00f3logo evang\u00e9lico J. J. von Allmen propone una serie de condiciones para la credibilidad de la intercomuni\u00f3n: \u00abTeol\u00f3gicamente el triunfo sobre las divisiones no es la intercomuni\u00f3n (que pasa por encima de la divisi\u00f3n cristiana que permanece), sino la comuni\u00f3n (que sella una divisi\u00f3n ya superada, ya abandonada, por tanto). Por eso, a la hora de tomar decisiones concretas, el problema se ve afectado por tantos factores no teol\u00f3gicos, que una soluci\u00f3n teol\u00f3gicamente pura es imposible, de modo que hay que considerar la intercomuni\u00f3n como una anomal\u00ed\u00ada admisible\u00bb3. He aqu\u00ed\u00ad las condiciones que expone von Allmen para la intercomuni\u00f3n: 1) No se la debe confundir con la recuperaci\u00f3n de la unidad; 2) es s\u00f3lo una etapa de esa recuperaci\u00f3n; 3) debe estar autorizada, si es verdad que la comuni\u00f3n es un misterio en el que se es recibido; 4) una intercomuni\u00f3n por propia cuenta y riesgo es m\u00e1s una satisfacci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta que un factor que acelere la unidad; 5) debe ser resultado de alg\u00fan consenso eucar\u00ed\u00adstico, siquiera m\u00ed\u00adnimo entre las diferentes Iglesias que practican la intercomuni\u00f3n, y con las condiciones que permitan evitar nuevos cismas y disensiones.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el te\u00f3logo dominico Yves Congar parte del principio de que \u00abno puede haber celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica al margen de la comuni\u00f3n en la fe\u00bb, y que la victoria entre las divisiones no consiste en la intercomuni\u00f3n, sino en la verdadera comuni\u00f3n. Pero Congar es sensible a la problem\u00e1tica de muchas parejas que han formado matrimonios mixtos, y de muchos de nuestros contempor\u00e1neos para los que la verdad se encuentra m\u00e1s en la l\u00ed\u00adnea de la experiencia de seriedad vivencial que en reglas objetivas y definidas. Por ello llega a descubrir en estas transgresiones de las reglas un sentido positivo, siempre que no sean producto de la ligereza o indiferencia, sino de la necesidad espiritual.<\/p>\n<p>IV. Pistas pedag\u00f3gicas<br \/>\nHabiendo analizado el t\u00e9rmino ecumenismo y, sobre todo, la realidad eclesial que implica (la b\u00fasqueda de la unidad querida por Cristo), varias cosas han quedado claras: en primer lugar, que el ecumenismo es una gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Lo afirma expl\u00ed\u00adcitamente el Vaticano II en su decreto Unitatis redintegratio: Gracia que impulsa a todos los cristianos a anhelar la uni\u00f3n, a orar por ella y a trabajar, preparando de mil modos y maneras, el don de la unidad que Cristo quiere para su Iglesia (cf UR 1). En seg\u00fando lugar, que en la tarea para llegar a la plenitud de la unidad los cristianos se encuentran con numerosos problemas de tipo doctrinal, y tambi\u00e9n con dificultades hist\u00f3ricas, psicol\u00f3gicas y ambientales que se heredaron de siglos de desuni\u00f3n. Finalmente, parece claro que las diferentes Iglesias cristianas, despu\u00e9s de un cierto acercamiento y de participaci\u00f3n activa en el movimiento ecum\u00e9nico, han ido adquiriendo una experiencia que debe traslucirse en la vida de todo el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de ser de esta cuarta parte es precisamente ofrecer algunas pistas de tipo pr\u00e1ctico para que los fieles cat\u00f3licos, en su proceso de iniciaci\u00f3n en la fe, en las celebraciones cristianas y en sus compromisos apost\u00f3licos, se impregnen de la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica que debe acompa\u00f1ar la fe y la pr\u00e1ctica de todo disc\u00ed\u00adpulo de Jesucristo. Por eso veremos en un primer momento la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica que se desprende de la catequesis y de la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica; despu\u00e9s, las pautas que ofrece el Directorio ecum\u00e9nico (1993), y, por \u00faltimo, c\u00f3mo se podr\u00ed\u00ada enfocar en concreto la catequesis dirigida a los ni\u00f1os, a los j\u00f3venes y a los adultos, desde el punto de vist\u00e1 ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>1. LA DIMENSI\u00ed\u201cN ECUMENICA DE LA CATEQUESIS Y DE LA PREDICACI\u00ed\u201cN. Aunque el movimiento tiene un origen reciente -inicios del siglo XX-, teol\u00f3gicamente encuentra su explicaci\u00f3n en el v\u00ed\u00adnculo existente entre la Iglesia y el misterio de su unidad. De ah\u00ed\u00ad que todo lo eclesial tenga una tensi\u00f3n hacia la unidad de la Iglesia, o con otras palabras: una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica debe reflejarse en toda la vida de la Iglesia, tambi\u00e9n en la catequesis y en la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para ello, el decreto Unitatis redintegratio, al hablar de los Principios cat\u00f3licos del ecumenismo, propone tres factores que, de menos a m\u00e1s, contribuyen a que la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica vaya impregnando la vida de la Iglesia: en primer lugar, evitando caer en los errores acr\u00ed\u00adticos del pasado: \u00abIntentos de eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, seg\u00fan justicia y verdad, a la condici\u00f3n de los hermanos separados\u00bb (UR 4b). En segundo lugar, promoviendo el di\u00e1logo: \u00abEl di\u00e1logo, entablado entre peritos y t\u00e9cnicos en reuniones de cristianos de diversas Iglesias o comunidades&#8230; (hace que) todos adquieran un conocimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico y un aprecio m\u00e1s justo de la doctrina y de la vida de ambas comuniones\u00bb (UR 4b). Y en tercer lugar, fomentando el aprecio hacia los hermanos de otras Iglesias: \u00abEs necesario que los cat\u00f3licos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio com\u00fan, se encuentran en nuestros hermanos separados\u00bb (UR 4h), ya que \u00abtodo lo que obra el Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir tambi\u00e9n a nuestra edificaci\u00f3n\u00bb (UR 4i).<\/p>\n<p>Todo en la Iglesia cat\u00f3lica posee una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica que debe traslucirse en su vida. Tambi\u00e9n, l\u00f3gicamente, su catequesis y su predicaci\u00f3n del evangelio comparten aquellos aspectos que tan expl\u00ed\u00adcitamente recuerda el Vaticano II. No cabe, pues, una catequesis que mantenga palabras, juicios o actos en contra de la dignidad de los hermanos de otras Iglesias, que no promueva el di\u00e1logo, o que no valore en su justa medida los tesoros cristianos y la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se encierra en las comunidades cristianas separadas de Roma.<\/p>\n<p>2. LAS PAUTAS DEL \u00abDIRECTORIO ECUMENICO\u00bb (1993). Para que la doctrina y las directrices ecum\u00e9nicas del Vaticano II puedan llegar a todo el pueblo de Dios, el Pontificio consejo para la promoci\u00f3n de la unidad ha puesto al d\u00ed\u00ada recientemente el Directorio ecum\u00e9nico para la aplicaci\u00f3n de los principios y normas sobre el ecumenismo (1993), que en su d\u00ed\u00ada publicase el Secretariado romano para la unidad (1967-1970). De \u00e9l se coligen algunas pautas que pueden ayudar tanto a la catequesis espec\u00ed\u00adficamente cat\u00f3lica, para la presentaci\u00f3n de temas ecum\u00e9nicos, como a la colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica en el campo de la catequesis.<\/p>\n<p>Una catequesis espec\u00ed\u00adficamente cat\u00f3lica deber\u00e1 tener en cuenta aquellos elementos del Directorio ecum\u00e9nico que inciden en la educaci\u00f3n de la propia fe, en la celebraci\u00f3n cristiana -lit\u00fargica o paralit\u00fargica- y en el compromiso apost\u00f3lico de los fieles cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>a) Parte de la catequesis consiste en iniciar en la ense\u00f1anza de la fe y de la doctrina. Afecta a la fe y a la doctrina eclesiol\u00f3gica cat\u00f3lica todo lo referente al misterio de la Iglesia y su unidad en el plan de Dios, como tambi\u00e9n el reconocimiento del hecho de las escisiones que, en contra de la voluntad unificante del Esp\u00ed\u00adritu Santo, aparecieron en Oriente y Occidente, y m\u00e1s tarde en la misma Iglesia de Occidente. La comuni\u00f3n y la unidad, aunque da\u00f1adas por el pecado humano, nunca fueron aniquiladas. Es doctrina cat\u00f3lica que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica, y que la plenitud de la unidad de la Iglesia de Cristo se ha mantenido en ella. Este hecho y esta convicci\u00f3n no obsta para que las otras Iglesias, aun no estando en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica, conserven en realidad cierta comuni\u00f3n con ella, ya que existen numerosos elementos compartidos por todas las tradiciones cristianas. Elementos que podr\u00ed\u00adan ayudar a superar las divisiones heredadas del pasado (Cf DE 11-20). Toda esta tem\u00e1tica de tipo eclesiol\u00f3gico deber\u00ed\u00ada ser incorporada en la catequesis. Pero adem\u00e1s, el mismo Directorio ecum\u00e9nico recuerda unas l\u00ed\u00adneas directrices, recogidas en la Catechesi tradendae, de Juan Pablo II, que aqu\u00ed\u00ad resumimos: 1) la catequesis debe exponer con claridad toda la doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica, respetando especialmente el orden y la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades y evitando las expresiones o formas de exponer la doctrina que obstaculizar\u00ed\u00adan el di\u00e1logo; 2) al hablar de las otras Iglesias y comunidades eclesiales es importante presentar correcta y lealmente su ense\u00f1anza; 3) la catequesis tendr\u00e1 una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica si suscita y alimenta un verdadero deseo de unidad y, a\u00fan m\u00e1s, si provoca esfuerzos sinceros, incluidos los esfuerzos de humildad para purificarse, a fin de quitar los obst\u00e1culos existentes a lo largo del camino; 4) la catequesis debe tener esta misma dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica si se dedica a preparar a los ni\u00f1os y a los j\u00f3venes, as\u00ed\u00ad como a los adultos, para vivir en contacto con otros cristianos, form\u00e1ndose como cat\u00f3licos y al mismo tiempo respetando la fe de los otros; 5) pero esto se puede hacer discerniendo las posibilidades ofrecidas por la distinci\u00f3n entre las verdades de fe y sus modos de expresi\u00f3n y por el esfuerzo mutuo de conocimiento y estima de los valores presentes en las tradiciones teol\u00f3gicas respectivas, as\u00ed\u00ad como por el hecho de mostrar con claridad que el di\u00e1logo ha creado nuevas relaciones que, si se entienden bien, pueden llevar a la colaboraci\u00f3n y a la paz (cf DE 61).<\/p>\n<p>b) Pero la catequesis no consiste \u00fanicamente en ense\u00f1ar la doctrina, sino que es iniciaci\u00f3n a toda la vida cristiana. Por eso parte de la catequesis, desde la perspectiva ecum\u00e9nica, deber\u00ed\u00ada consagrarse a que en la iniciaci\u00f3n a las celebraciones lit\u00fargicas y paralit\u00fargicas se tenga en cuenta todo lo referente a la comuni\u00f3n de vida y de actividad espiritual entre los bautizados, que constituye el cap\u00ed\u00adtulo cuarto del Directorio ecum\u00e9nico. Son varios los elementos que deber\u00e1n considerarse.<\/p>\n<p>c) Todo lo referente al sacramento del bautismo, como sacramento de incorporaci\u00f3n a Cristo y a su Iglesia, el mutuo reconocimiento, la validez y la f\u00f3rmula trinitaria, las condiciones para la participaci\u00f3n del ministro cat\u00f3lico en la celebraci\u00f3n bautismal de otra comunidad eclesial, la cuesti\u00f3n de los padrinos y madrinas, la validez del bautismo administrado en otras Iglesias cristianas, etc. (DE 92-101).<\/p>\n<p>d) Es de suma importancia ecum\u00e9nica saber que el compartir espiritual es algo admitido en la pr\u00e1ctica cristiana y abarca realidades como la oraci\u00f3n hecha en com\u00fan, el compartir el culto lit\u00fargico, el uso com\u00fan de lugares y de los objetos lit\u00fargicos necesarios para el culto. Pero es l\u00f3gico pensar que debe hacerse de un modo y en un grado apropiados a su actual estado de divisi\u00f3n (DE 102). La catequesis deber\u00e1 ofrecer los principios que rigen el compartir espiritual con los otros cristianos. El primer principio es la existencia entre todos los bautizados de una \u00abreal comuni\u00f3n, aunque imperfecta, que puede expresarse de m\u00faltiples formas, incluido el compartir la oraci\u00f3n y el culto lit\u00fargico\u00bb; el segundo es que, entre los elementos y dones que pertenecen como propios a la Iglesia cat\u00f3lica, algunos existen fuera de sus l\u00ed\u00admites visibles, y por tanto las celebraciones de estas Iglesias o comunidades eclesiales pueden alimentar la vida de gracia en quienes participan en ellas; el tercero es que, sin embargo, el car\u00e1cter incompleto de la comuni\u00f3n existente entre los cristianos de diferentes Iglesias hace que, a la hora de compartir, no pueda hacerse sin restricciones; por lo que se hacen necesarias algunas normas, teniendo en cuenta la diversidad de situaciones eclesiales; por \u00faltimo, siendo la concelebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica una manifestaci\u00f3n visible de la plena comuni\u00f3n de fe, de culto y de comunidad de vida, no est\u00e1 permitido concelebrar la eucarist\u00ed\u00ada con ministros de otras Iglesias y comunidades eclesiales (cf DE 104). Ser\u00e1 necesaria, seg\u00fan las edades y la formaci\u00f3n de los catequizandos, una explicaci\u00f3n sobre los temas complejos que implica el compartir la vida sacramental, especialmente la eucarist\u00ed\u00ada (DE 122-136).<\/p>\n<p>e) Debe entrar en la catequesis la explicaci\u00f3n y el significado ecum\u00e9nico de todo aquello que implica el permiso de utilizar templos, edificios, hospitales y cementerios cat\u00f3licos a hermanos de otras Iglesias que no disponen de tales espacios apropiados (DE 137-142). E incluso, \u00aball\u00ed\u00ad donde existen buenas relaciones ecum\u00e9nicas, puede resultar de inter\u00e9s pr\u00e1ctico la posesi\u00f3n o uso com\u00fan de lugares de culto durante tiempo prolongado\u00bb (DE 138).<\/p>\n<p>f) Una seria catequesis cat\u00f3lica con dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica deber\u00e1 tener en cuenta los complejos aspectos del llamado matrimonio mixto referido al matrimonio entre una parte cat\u00f3lica y cualquier otra parte cristiana bautizada que no est\u00e1 en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica (DE 143-160).<\/p>\n<p>g) Finalmente, la catequesis inicia a los cat\u00f3licos en el compromiso apost\u00f3lico. Compromiso que, desde la perspectiva ecum\u00e9nica, invita a la colaboraci\u00f3n, al di\u00e1logo y al testimonio com\u00fan. El Directorio ecum\u00e9nico dedica el cap\u00ed\u00adtulo quinto a esta tem\u00e1tica. Teniendo en cuenta los diferentes tipos de colaboraci\u00f3n enumerados en el texto, parece que la catequesis deber\u00ed\u00ada insistir fundamentalmente en aquellos aspectos que hacen referencia a la colaboraci\u00f3n en la vida social y cultural con los cristianos de otras Iglesias: estudio com\u00fan de las cuestiones sociales y \u00e9ticas (DE 214), colaboraci\u00f3n en el campo del desarrollo, de las necesidades humanas y de la protecci\u00f3n de la creaci\u00f3n (DE 215), de la medicina (DE 216) y de los medios de comunicaci\u00f3n social (DE 217-218).<\/p>\n<p>De diversa \u00ed\u00adndole ser\u00ed\u00adan otros tipos de colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica entre cristianos de distintas Iglesias (trabajo com\u00fan respecto a traducciones de la Biblia, elaboraci\u00f3n de textos lit\u00fargicos comunes, colaboraci\u00f3n en institutos de ense\u00f1anza superior, etc). En nuestro contexto es especialmente interesante la colaboraci\u00f3n en el campo de la catequesis. No se tratar\u00ed\u00ada ahora de la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de la catequesis cat\u00f3lica, sino de la colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica en el terreno catequ\u00e9tico. Tambi\u00e9n el Directorio ecum\u00e9nico aborda nuestro tema en los n\u00fameros 188, 189 y 190. Este tipo de colaboraci\u00f3n se vislumbra s\u00f3lo en circunstancias en que la ense\u00f1anza de la religi\u00f3n se hace en com\u00fan con miembros de religiones diferentes de la cristiana. Tres situaciones completamente distintas que requieren tres acercamientos.<\/p>\n<p>En el primero de los casos, la Iglesia reconoce que tal colaboraci\u00f3n en el terreno de la catequesis con otros cristianos \u00abpuede enriquecer su vida\u00bb, pero \u00abcompletando la catequesis normal que de todos modos deben recibir los cat\u00f3licos\u00bb. Y es que habr\u00e1 de considerarse que, pese a que los cristianos poseen muchos elementos comunes -y ese es el fundamento de tal colaboraci\u00f3n-, la comuni\u00f3n entre ellos todav\u00ed\u00ada no es completa y perfecta. De ah\u00ed\u00ad se sigue que, en el campo de la catequesis, la colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica s\u00f3lo puede ser limitada, pues \u00abno se trata de buscar una reducci\u00f3n al m\u00ed\u00adnimo com\u00fan\u00bb (DE 188). El otro caso contempla la situaci\u00f3n que puede darse cuando los Estados imponen una forma de ense\u00f1anza cristiana com\u00fan a cat\u00f3licos y protestantes u ortodoxos; en realidad no se trata ahorade una verdadera catequesis, aunque no se niega que tal tipo de ense\u00f1anza posea valores ecum\u00e9nicos incuestionables, a condici\u00f3n de que se resalten suficiente y lealmente elementos del acervo com\u00fan cristiano. En este caso habr\u00e1 que asegurar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes cat\u00f3licos una catequesis espec\u00ed\u00adficamente cat\u00f3lica (DE 189). El \u00faltimo supuesto implica una dificultad mayor. Ocurre cuando las leyes de educaci\u00f3n de algunos pa\u00ed\u00adses permiten la ense\u00f1anza religiosa en las escuelas a alumnos de diferentes religiones. En ese caso deber\u00e1 hacerse un esfuerzo particular para asegurar que el mensaje cristiano se presente de manera que se resalte la unidad de fe que ya existe entre los cristianos en temas fundamentales (DE 190).<\/p>\n<p>3. C\u00ed\u201cMO TRANSMITIR EN LA CATEQUESIS CONTENIDOS ECUMENICOS. Se trata, en este \u00faltimo apartado, de sugerir algunas pautas en orden a transmitir, m\u00e1s all\u00e1 de la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica que posee en s\u00ed\u00ad la catequesis, algunos contenidos program\u00e1ticos que ayuden al catequista a emplear unas sesiones de la misma.<\/p>\n<p>&#8211; Respecto a la catequesis con ni\u00f1os (10-13 a\u00f1os), podr\u00ed\u00adan suscitarse tres temas, cuya explicaci\u00f3n deber\u00e1 matizarse lo suficiente para que el ni\u00f1o no concluya con la idea de que es indiferente la existencia de muchas Iglesias distintas sin comuni\u00f3n entre ellas: Tema 1: Jes\u00fas quiso una sola Iglesia. Explicaci\u00f3n de lo que significa unidad como caracter\u00ed\u00adstica de la Iglesia de Cristo, pese a la diversidad de Iglesias extendidas por todo el mundo. La diversidad, cuando mantiene la comuni\u00f3n, es una riqueza. Tema 2: Los cristianos no supieron mantener la unidad querida por Cristo. Los pecados de los cristianos -ambici\u00f3n, orgullo, incomprensiones- hicieron que la Iglesia de Jes\u00fas no mantuviese a la perfecci\u00f3n aquella unidad que tuvo en los primeros tiempos. No es bueno buscar culpables en una sola parte: todos tuvieron su parte de responsabilidad en las divisiones eclesiales. El caso es que unos y otros, cuando estaban rompiendo la unidad, cre\u00ed\u00adan que lo hac\u00ed\u00adan por fidelidad a la voluntad de Cristo. Tema 3: Los cristianos deben orar y trabajar para recuperar la unidad. Durante siglos, los cristianos, cada uno dentro de su Iglesia, no quer\u00ed\u00adan saber nada de los otros. Llegaron a considerarse incluso enemigos. Se echaban mutuamente las culpas. Hasta que lleg\u00f3 lo que se llama el ecumenismo: la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo que ha significado un inter\u00e9s en todas las Iglesias para unirse en la comuni\u00f3n que Cristo quer\u00ed\u00ada. Para que llegue tal uni\u00f3n, los cristianos necesitan: orar, perdonarse, conocerse unos a otros, respetarse y dialogar, en orden a cumplir la voluntad de Cristo.<\/p>\n<p>&#8211; Respecto a la catequesis con j\u00f3venes (14-25 a\u00f1os). Se tratar\u00ed\u00ada de ofrecer una tem\u00e1tica en la que aparezcan, con un desarrollo mayor, los siguientes temas: Tema 1: La necesidad de vivir en un mundo de tolerancia y respeto a las opiniones ajenas. La sociedad occidental presenta como uno de sus logros m\u00e1s preciados el respeto a la persona y la tolerancia con sus ideas, aunque no las acepten personalmente. Esta nueva situaci\u00f3n significa el destierro para siempre de la intolerancia, el fanatismo y el exclusivismo. Tres peligros que, con frecuencia, aparecieron tambi\u00e9n entre los cristianos cuando setrataba de juzgar a los otros cristianos. Tema 2: Razones del ecumenismo. Explicaci\u00f3n del movimiento ecum\u00e9nico. Cu\u00e1ndo nace, qui\u00e9nes son sus impulsores. C\u00f3mo la Iglesia cat\u00f3lica, a trav\u00e9s de Juan XXIII y del Vaticano II, se ha introducido en dicho movimiento, el cual abarca varias dimensiones: ecumenismo espiritual, ecumenismo pastoral y ecumenismo doctrinal. C\u00f3mo todos los cristianos est\u00e1n llamados a participar en acciones ecum\u00e9nicas. Tema 3: La Iglesia cat\u00f3lica: su participaci\u00f3n en el movimiento ecum\u00e9nico. Las dimensiones o notas de la Iglesia: una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. La Iglesia una, y las Iglesias diversas. \u00bfPodr\u00e1 alcanzarse hist\u00f3ricamente la unidad en la fe, en el culto, en la vida y misi\u00f3n? \u00bfCu\u00e1les son hoy los di\u00e1logos teol\u00f3gicos que mantiene la Iglesia cat\u00f3lica con las otras Iglesias? \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00adan participar en acciones ecum\u00e9nicas los cristianos de a pie, tanto a niveles parroquiales y diocesanos como a niveles interdiocesanos?<br \/>\n&#8211; Respecto a la catequesis con adultos. Los temas ecum\u00e9nicos de la catequesis dirigida a los adultos deber\u00ed\u00adan ser los mismos de la catequesis con j\u00f3venes, pero profundizando en sus contenidos y explicaciones. Adem\u00e1s se incorporar\u00ed\u00adan dos nuevos temas: Tema 4: Problemas teol\u00f3gicos que todav\u00ed\u00ada impiden la comuni\u00f3n plena entre las Iglesias cristianas. Tema 5: Ideas principales de dos grandes textos ecum\u00e9nicos de la Iglesia cat\u00f3lica: decreto conciliar Unitatis redintegratio y enc\u00ed\u00adclica Ut unum sint, de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. O. CULLMANN, L&#8217;Unit\u00e9 par la diversit\u00e9, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1986, 35-36. &#8211; 2. La posici\u00f3n oficial de la Iglesia cat\u00f3lica se halla en el Directorio ecum\u00e9nico para la aplicaci\u00f3n de los principios y normas para el ecumenismo (1993), cap. IV, nn. 122-128 (con las Iglesias orientales), y 129-136 (con las otras Iglesias y comunidades eclesiales). &#8211; 3. J. J. VON ALLMEN, Condiciones para una intercomuni\u00f3n admisible, Concilium 44 (1969) 9-16.<\/p>\n<p>Juan Bosch Navarro<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Hacia una definici\u00f3n del ecumenismo. II. Car\u00e1cter hist\u00f3rico: 1. Or\u00ed\u00adgenes del movimiento ecum\u00e9nico; 2. Momento actual del ecumenismo. III. Car\u00e1cter teol\u00f3gico: 1. La cuesti\u00f3n de la verdad en el ecumenismo; 2. Los problemas doctrinales del ecumenismo. IV. Pistas pedag\u00f3gicas: 1. La dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de la catequesis y de la predicaci\u00f3n; 2. 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