{"id":16998,"date":"2016-02-05T11:04:35","date_gmt":"2016-02-05T16:04:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encarnacion-principio-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:35","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:35","slug":"encarnacion-principio-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encarnacion-principio-de-la\/","title":{"rendered":"ENCARNACION, PRINCIPIO DE LA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El Verbo se hizo carne: 1. El testimonio de la Escritura; 2. Los evangelios sin\u00f3pticos; 3. Texto y contexto del cuarto evangelio; 4. El \u00abCorpus paulinum\u00bb. II. El principio de la encarnaci\u00f3n: 1. El Verbo hecho carne, cumplimiento del Dios-con-nosotros; 2. La donaci\u00f3n de la Palabra de Dios a los hombres: las semillas de la Palabra; 3. La donaci\u00f3n de la Palabra: la encarnaci\u00f3n como descenso de Dios al hombre. III. La encarnaci\u00f3n: la eternidad en el tiempo y la revelaci\u00f3n en la imagen: 1. De lo visible a lo invisible; 2. Los signos de los tiempos. IV. Jesucristo, Hijo de Dios e hijo de Mar\u00ed\u00ada (Dios y hombre verdadero): 1. Las dificultades; 2. La persona de Jes\u00fas; 3. El concilio de Calcedonia: la unidad personal de Jesucristo, hijo de Mar\u00ed\u00ada, Hijo de Dios. V. Consecuencias de la encarnaci\u00f3n: 1. La caridad de Dios en nosotros y el amor fraterno; 2. La humanidad de Dios.<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n del Verbo de Dios se entiende como \u00abla asunci\u00f3n de una plena naturaleza humana por parte del Hijo de Dios preexistente\u00bb. Esta formulaci\u00f3n coincide pr\u00e1cticamente con la del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, el cual a\u00f1ade la finalidad de la encarnaci\u00f3n, que es la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano: \u00abLa Iglesia llama encarnaci\u00f3n al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para cumplir en ella nuestra salvaci\u00f3n\u00bb1.<\/p>\n<p>La incorporaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n trinitaria y de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica a la teolog\u00ed\u00ada actual permite contemplar la encarnaci\u00f3n no solamente como un tema metaf\u00ed\u00adsico -la uni\u00f3n de Dios y del hombre-, sino como la apertura de la historia de los hombres al misterio trinitario, a partir del momento culminante de la historia de la salvaci\u00f3n: la donaci\u00f3n del Hijo de Dios a la humanidad.<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n de la Palabra de Dios, el Padre, culmina una tendencia de la acci\u00f3n de Dios perceptible desde los comienzos de la historia salv\u00ed\u00adfica: a los humanos les ser\u00e1 posible encontrarse con Dios porque \u00e9l ha prometido estar entre ellos y con ellos. Desde la revelaci\u00f3n del Exodo, la expresi\u00f3n \u00abyo soy\u00bb equivale a \u00abyo estar\u00e9 con vosotros\u00bb. Por eso los hombres y mujeres del pueblo de Dios le pueden hallar2.<\/p>\n<p>I. El Verbo se hizo carne<br \/>\n1. EL TESTIMONIO DE LA ESCRITURA. El dogma de la encarnaci\u00f3n del Verbo tiene una base escritur\u00ed\u00adstica fort\u00ed\u00adsima y expl\u00ed\u00adcita en el Nuevo Testamento. No se trata de indicios o insinuaciones, sino de la m\u00e1s rotunda afirmaci\u00f3n de la fe y de la teolog\u00ed\u00ada: \u00abLa Palabra se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u00bb. Pero en el Nuevo Testamento esta frase no brota como una afirmaci\u00f3n aislada y descontextualizada en el cuarto evangelio, sino que se trata de un tema altamente desarrollado y central3.<\/p>\n<p>2. Los EVANGELIOS SIN\u00ed\u201cPTICOS. LOS evangelios sin\u00f3pticos afirman la encarnaci\u00f3n, aunque no lo hagan de la manera teol\u00f3gica, precisa y expl\u00ed\u00adcita con que lo hace el cuarto evangelio. Los evangelios de Mateo y Lucas, en las narraciones de la infancia, suponen que Jesucristo -el Jes\u00fas de la historia nacido de Mar\u00ed\u00ada Virgen- es alguien que viene de Dios; que de \u00e9l ha salido (cf Mc 1,38). Es el Hijo de Dios (Lc 1,35), el Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo (Lc 1,32). No s\u00f3lo pertenece a Dios, sino que es el Emanuel, es decir, el Dios con nosotros (Mt 1,21). Finalmente, el arraigo del hombre Cristo Jes\u00fas en la intimidad de Dios viene indicado por las formulaciones que, en los mismos evangelios de la infancia, se refieren al Santo Esp\u00ed\u00adritu: \u00ablo engendrado en ella (en Mar\u00ed\u00ada) es del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 1,20; cf Lc 1,35). Estas afirmaciones est\u00e1n suponiendo que en Jesucristo hay una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica -divina- innegable.<\/p>\n<p>En virtud de esta dimensi\u00f3n divina, Jes\u00fas expulsa los demonios \u00abcon el dedo de Dios\u00bb, esto es, con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 12,28). Por eso, cuando el Mes\u00ed\u00adas adviene a la historia humana, \u00abel reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros\u00bb (Lc 17,21). Por lo que se refiere a la muerte\/resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, el centuri\u00f3n afirmar\u00e1 lleno de fe que \u00abverdaderamente este hombre era Hijo de Dios\u00bb (Mc 15,39).<\/p>\n<p>3. TEXTO Y CONTEXTO DEL CUARTO EVANGELIO. El cuarto evangelio distingue el plano del principio (Ev a pxrl) del plano de la historia. \u00abEn el principio\u00bb exist\u00ed\u00ada Dios y (pre)exist\u00ed\u00ada el Verbo de Dios. Pero, en la historia, \u00abel Verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u00bb. El tema del Verbo que se hace hombre enlaza con el tema de la donaci\u00f3n y env\u00ed\u00ado, por parte de Dios Padre, de su mismo Verbo e Hijo a los hombres: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico\u00bb4.<\/p>\n<p>Es realmente asombroso que se establezca una intr\u00ed\u00adnseca continuidad entre el momento de la encarnaci\u00f3n y el de la pascua. Esta observaci\u00f3n vale tambi\u00e9n para san Pablo. Como si la encarnaci\u00f3n no estuviera completa hasta el momento de la cruz y de la resurrecci\u00f3n. Y realmente es as\u00ed\u00ad: lo m\u00e1s hondo y decisivo del hombre es su muerte: ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el m\u00e1ximo enigma humano; ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el m\u00e1ximo fracaso, pero asimismo la m\u00e1s grande posibilidad del ser humano, cuya apertura al infinito tan solo podr\u00ed\u00ada realizarse atrav\u00e9s del paso de la muerte a una vida m\u00e1s plena.<\/p>\n<p>Por eso, el primer descenso de la Palabra -\u00abel Verbo se hizo carne\u00bb-necesita ir seguido de un segundo descenso: a la muerte, la enemiga \u00faltima del hombre, para que Dios mismo asuma esta realidad m\u00e1ximamente oscura, enigm\u00e1tica y radical, pero que -al mismo tiempo- conlleva la mayor posibilidad de vida. Dios asume el dolor y la muerte, lo m\u00e1s hondo del hombre, porque quiere realmente encarnarse de verdad en lo humano y asumir todo lo humano: lo m\u00e1s profundo que hay en la persona humana.<\/p>\n<p>Por eso, a la encarnaci\u00f3n le sigue, en continuidad estricta, la pascua o paso de la muerte a la vida, de la angustia a la libertad, de la tiniebla a la luz. Una prueba de que, seg\u00fan el cuarto evangelio, encarnaci\u00f3n y pascua forman un todo unitario es que en la pascua, en el momento m\u00e1s dram\u00e1tico de la crucifixi\u00f3n, aparece Mar\u00ed\u00ada Virgen, y aparece como la Madre. S\u00f3lo la Madre que engendra la humanidad nueva de Jes\u00fas -su persona ungida y movida por el Esp\u00ed\u00adritu- es capaz de engendrar el cuerpo eclesial, es decir, a todos y cada uno de sus miembros, a la nueva vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas. Ese cuerpo y esos miembros individuales deben pasar espiritualmente por la maternidad espiritual de Mar\u00ed\u00ada para ser engendrados como hijos de Dios.<\/p>\n<p>Se puede a\u00f1adir que Jn 13,1 sit\u00faa la encarnaci\u00f3n del Verbo en el esquema llamado misi\u00f3n\/retorno (exitus\/ redditus): salida del Padre y venida al mundo; de nuevo, salida del mundo y retorno al Padre. Es importante el exitus\/redditus porque tambi\u00e9n san Pablo conoce ese dinamismo y lo tiene presente tanto en Flp 2,5-11 como en 1 Cor 15,20-28.<\/p>\n<p>4. EL \u00abCORPUS PAULINUM\u00bb. 1Tim 3,16 dice del modo m\u00e1s bello que el gran misterio de piedad \u00abse ha manifestado como hombre\u00bb. Pero el texto capital sobre la encarnaci\u00f3n es, sin duda, el citado F1p 2,5-11, donde Pablo une al descenso del Verbo de Dios en la encarnaci\u00f3n el anonadamiento del Verbo de Dios en la cruz. Es decir, que une indisolublemente los dos grandes misterios cristianos: la encarnaci\u00f3n y la pascua. Este doble descenso es, adem\u00e1s, la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica del plan de Dios, coincidente con su propia Trinidad entregada5. El Padre se comunica diciendo su Palabra a la humanidad: dando a los hombres esa Palabra. A su vez, la Palabra realiza, en el doble abajamiento y humillaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n y de la cruz, la obra que le ha encomendado el Padre. Terminado el descenso a lo m\u00e1s hondo de lo humano, esta obra culmina con la exaltaci\u00f3n del Crucificado a la derecha del Padre, desde donde enviar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu Santo a los hombres y mujeres para que participen de la vida divina. Acabo de formular con las palabras mismas de san Pablo y de los Hechos de los ap\u00f3stoles la fe en la encarnaci\u00f3n y en la pascua, incluido pentecost\u00e9s, para mostrar el nexo intr\u00ed\u00adnseco indisoluble entre la donaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n y la de la pascua.<\/p>\n<p>II. El principio de la encarnaci\u00f3n<br \/>\n1. EL VERBO HECHO CARNE, CUMPLIMIENTO DEL DIOS-CON-NOSOTROS. Al narrar el episodio de \u00ablas aguas de Merib\u00e1\u00bb, el libro del Exodo pone en boca del pueblo la pregunta decisiva: \u00ab\u00bfEst\u00e1 el Se\u00f1or en medio de nosotros o no?\u00bb (Ex 17,7). La afirmativa es la fe que sostiene: \u00abSi no os afirm\u00e1is en m\u00ed\u00ad no estar\u00e9is firmes\u00bb (Is 7,9b). La negativa es la duda o la increencia. La buena noticia surge con la presencia ben\u00e9vola de Dios en su pueblo, seg\u00fan el conocido paradigma: \u00abYo ser\u00e9 su Dios; ellos ser\u00e1n mi pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>La promesa del \u00abDios con nosotros\u00bb se cumplir\u00e1 plenamente en la encarnaci\u00f3n y en la pascua de Jes\u00fas, seg\u00fan la conocida afirmaci\u00f3n: \u00abYo estar\u00e9 con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u00bb, lo que equivale a decir que Jesucristo glorioso es el cumplimiento de la promesa seg\u00fan la cual Dios es el Emanuel, el que estar\u00e1 con nosotros para siempre.<\/p>\n<p>2. LA DONACI\u00ed\u201cN DE LA PALABRA DE DIOS A LOS HOMBRES: LAS SEMILLAS DE LA PALABRA. Los antiguos Padres de la Iglesia ten\u00ed\u00adan muy claro que el Verbo de Dios hecho carne era la Palabra viva que el Padre pronunciaba sobre los hombres. Al hablar por su Verbo o Palabra viva, el Padre la regalaba a los hombres, como primer don o regalo inapreciable. (El segundo gran regalo es el Esp\u00ed\u00adritu Santo, don del Padre y del Hijo). As\u00ed\u00ad se expresa san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada: \u00abJesucristo es la boca infalible ,por la que el Padre nos ha hablado verdaderamente\u00bb6.<\/p>\n<p>En una l\u00ed\u00adnea algo m\u00e1s evolucionada, los Padres apologetas del siglo II hablan del \u00abLogos sembrado en el universo\u00bb por la voluntad de Dios, que quiere, de este modo, atraer a los hombres a la verdad. Vale la pena seguir, de principio a fin, el pensamiento que, sobre este tema, desarrolla san Justino en sus dos Apolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>a) En la Apolog\u00ed\u00ada 1 se abre el tema con cierta timidez: Justino afirma que \u00abparece haber (en todos los fil\u00f3sofos que hablaron de la inmortalidad del alma) como unos g\u00e9rmenes de verdad\u00bb7. Pero, apesar de la realidad de estos g\u00e9rmenes de verdad, dichos fil\u00f3sofos no entendieron las cosas con exactitud, \u00abcomo lo prueba el hecho de que se contradicen unos a otros\u00bb8.<\/p>\n<p>b) El tema contin\u00faa en la misma Apolog\u00ed\u00ada 1, cuando se afirma que Plat\u00f3n \u00abda el segundo lugar al Verbo que viene de Dios, quien lo dej\u00f3 esparcido&#8230; en el universo\u00bb9, al paso que el tercer lugar es para el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>c) El tema culmina en la Apolog\u00ed\u00ada II. Justino habla, por fin, del \u00abVerbo sembrado\u00bb (diseminado, seminal): sper\u00c2\u00b5atikou Logou10. La Verdad -coincidente con el Verbo o Palabra de Dios- se esparce en el universo como semillas diseminadas o sembradas, lo que tiene como efecto que algunos amantes de la verdad -los fil\u00f3sofos- viven, al menos parcialmente, de manera conforme con el Verbo que les inspira. En efecto, los hay que viven conforme a una parte del Logos, al paso que otros viven \u00abconformes al conocimiento y a la contemplaci\u00f3n del Logos total que es Cristo\u00bb11.<\/p>\n<p>d) As\u00ed\u00ad se completa el pensamiento de Justino: la religi\u00f3n cristiana ofrece un modelo de vida perfecto, que no consiste simplemente en una parte o en una semilla dispersa y sin desarrollar del Logos de Dios. La religi\u00f3n cristiana ofrece al \u00abentero Verbo que es Cristo\u00bb12, entera imagen de Dios vivo. Cristo, en efecto, comunic\u00f3 a los hombres qui\u00e9n era el Padre. Y lo comunic\u00f3 a todos, porque \u00e9l es la \u00abfuerza (S u v a \u00c2\u00b5 L S) del Padre inefable, y no el recipiente de una mera raz\u00f3n humana\u00bb13<br \/>\n3. LA DONACI\u00ed\u201cN DE LA PALABRA: LA ENCARNACI\u00ed\u201cN COMO DESCENSO DE DIOS AL HOMBRE. La Trinidad, en s\u00ed\u00ad misma, es el misterio del Amor infinito. Inspirados en Jn 10,30, podemos llegar a balbucear que el Amor infinito es realidad porque es la comuni\u00f3n del Padre y del Hijo en el amor unitivo del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Pero la Trinidad es tambi\u00e9n la forma como Dios se comunica -por su Palabra y por su Esp\u00ed\u00adritu- al coraz\u00f3n de los hombres. Los hombres est\u00e1n dotados de racionalidad (palabra) y de impulso vital (esp\u00ed\u00adritu). Por eso son capaces de recibir el don de la palabra de Dios y el don de su Esp\u00ed\u00adritu de amor. Pues bien, he aqu\u00ed\u00ad que el Amor infinito, que es la Trinidad, ha descendido por pura gracia hasta los hombres mediante la encarnaci\u00f3n de Dios14. De manera que el dogma trinitario se presenta, a trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n del Verbo, como el descenso del amor divino a la historia humana.<\/p>\n<p>Es muy importante hablar de Dios desde la perspectiva del Amor infinito, porque de este modo no es necesario imaginar la sustancia de Dios en t\u00e9rminos de grandiosa solidez, como si Dios fuera el Atlante que ha construido mec\u00e1nicamente el mundo y lo sostiene. La l\u00ed\u00adnea de Arist\u00f3teles, seg\u00fan la cual la sustancia es el cuerpo s\u00f3lido por excelencia que sostiene las dem\u00e1s cosas, puede ser incluso un estorbo cuando hemos de pensar qu\u00e9 es la esencia o sustancia divina. Esta se manifiesta en el Antiguo y en el Nuevo Testamento no como algo s\u00f3lido y pesado, como lo fuerte del mundo, sino como la luz transparente que lo llena todo y como el amor que va a buscar lo peque\u00f1o y lo bajo, incluso lo ca\u00ed\u00addo.<\/p>\n<p>El secreto lo desvela Jes\u00fas, que dibuja con su existencia visible la esencia divina. El, con su vida humilde, escondida, entregada, anonadada, crucificada, nos ense\u00f1a c\u00f3mo es Dios. Nos ense\u00f1a visiblemente c\u00f3mo es Dios en su esencia invisible e indecible.<\/p>\n<p>El tema del descenso de Dios en la encarnaci\u00f3n ha sido tratado por los Padres de la Iglesia. A prop\u00f3sito del bautismo de Cristo, los Padres insisten en que desciende la voz del Padre, desciende el Esp\u00ed\u00adritu Santo en forma de paloma, despu\u00e9s que el Hijo ha descendido al seno del agua, de la cual asciende, bendecido por el Padre15.<\/p>\n<p>Modernamente, el tema surge con fuerza en santa Teresa de Lisieux, a prop\u00f3sito de las preferencias de Dios. Dios tiene predilecci\u00f3n por los peque\u00f1os y d\u00e9biles, puesto que si no fuera as\u00ed\u00ad, tan solo subsistir\u00ed\u00adan los fuertes y poderosos. No habr\u00ed\u00ada lugar para la variedad de la creaci\u00f3n, que cuenta entre sus riquezas la alta monta\u00f1a, pero tambi\u00e9n la peque\u00f1a flor16.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento recoge ya el deseo de Dios de abajarse. En efecto, Dios es el que desciende de su solio alt\u00ed\u00adsimo. Al rev\u00e9s de los poderosos que se ensoberbecen y se elevan para dominar y para poseer, Dios se anonada y se esconde para hacer ser y para dejar ser a toda criatura, especialmente a los hombres, a quienes ha dotado de libertad. Dios es el Alt\u00ed\u00adsimo que no s\u00f3lo se inclina para estar con los humildes y sencillos, sino que quiere adentrarse en el esp\u00ed\u00adritu de los pobres, marginados y pecadores para elevarlo. Lo hace impelido por el peso de su bondad que ama cuanto ha creado, para llevarlo a la vida (cf Sab 11,21-26) y a su propia vida. El Alt\u00ed\u00adsimo se abaja y se anonada, seg\u00fan Isa\u00ed\u00adas: \u00abPues esto dice el alt\u00ed\u00adsimo, el excelso, el que habita una morada eterna y cuyo nombre es santo: Yo habito en una morada excelsa y santa, pero tambi\u00e9n estoy con el hombre arrepentido y humilde, para reanimar el esp\u00ed\u00adritu de los humildes, para reconfortar el coraz\u00f3n afligido\u00bb (Is 57,15).<\/p>\n<p>Isa\u00ed\u00adas subraya la trascendencia divina con estos dos nombres aplicados a Dios: el que se esconde (Is 45,15; 54,8; 57,17; 59,2; 64,6) y el que se abaja (Is 57,15). Este contraste -Dios es sumamente trascendente pero sumamente pr\u00f3ximo y familiar- llega a ser una constante en la Biblia y en los santos y culmina en la encarnaci\u00f3n de Dios. El famoso texto ken\u00f3tico de san Pablo a los filipenses presenta el doble anonadamiento de Dios en la encarnaci\u00f3n y en la cruz. \u00bfAcaso la encarnaci\u00f3n detiene el descenso del hijo de Dios en el nivel de la asunci\u00f3n de la naturaleza humana? No. El descenso contin\u00faa hasta lo m\u00e1s profundo. Va a buscar el dolor y la muerte del hombre -el enigma, el sinsentido del hombre- para que tambi\u00e9n el dolor y la muerte entren en el amor de Dios y, asumidos por \u00e9l, adquieran pleno sentido.<\/p>\n<p>Solamente el amor llega a lo m\u00e1s bajo. El amor no se impone violentamente desde la altivez, sino que todo lo crea y todo lo salva, elev\u00e1ndolo hasta el ser y hasta el bienestar. As\u00ed\u00ad deber\u00ed\u00ada entenderse el poder de Dios que crea y redime. \u00bfQu\u00e9 cosa es el poder de Dios sino la fuerza del amor? La fuerza de amar infinitamente lleva a Dios desde su trascendencia hasta la intimidad de lo m\u00e1s pobre.<\/p>\n<p>De este modo, al mostrar el nexo indisoluble de la encarnaci\u00f3n con la pascua, y al advertir que el amor de Dios desciende y se anonada para encontrar lo m\u00e1s pobre, podemos actualizar hoy el concepto de redenci\u00f3n y aproximarlo a nuestra experiencia humana. En efecto, la redenci\u00f3n se realiza cuando el Amor infinito desciende a la miseria material, al dolor, a la muerte y al pecado del hombre -a lo m\u00e1s perdido y humillado- para iluminarlo y levantarlo con el soplo del Esp\u00ed\u00adritu que ha de convertir toda esta corrupci\u00f3n y p\u00e9rdida en nueva creaci\u00f3n, donde no hay l\u00e1grimas ni dolor ni clamores ni muerte ni tiniebla, pues todo este cortejo habr\u00e1 pasado (Ap 21,4-5.23). Este es el lugar para inscribir, desde el punto de vista de la encarnaci\u00f3n de Dios, una teolog\u00ed\u00ada del problema del mal.<\/p>\n<p>El mal, que escandaliza al hombre de la Ilustraci\u00f3n y escandaliza al de hoy, surge con la aparici\u00f3n del hombre implantado en la naturaleza (ver Job 5,7a). El mal aparece como mal irreductible a la raz\u00f3n cuando el hombre, que es persona, y por tanto, inteligencia, amor y libertad, se siente reducido y constre\u00f1ido por la violencia de los elementos de la naturaleza o por los dem\u00e1s hombres, en cuanto desconocen su ser de persona; es decir, cuando se ve tratado no como persona, sino, \u00e9l mismo, como naturaleza. No es lo mismo que un incendio devore un bosque o que una persona, inteligente, amante, libre, se convierta en una antorcha humana en un incendio que otro provoc\u00f3. En el primer caso la naturaleza sufre (expl\u00ed\u00adcitamente). En el segundo caso, la persona -seguramente inocente- sufre inexplicablemente.<\/p>\n<p>Ahora bien: el largo camino ascensional hacia el reino de Dios, hacia los nuevos cielos y la nueva tierra, donde habita la justicia y donde est\u00e1 ausente el dolor, la muerte y el pecado, tan solo puede hacerlo ese mismo sujeto libre, bendecido adem\u00e1s por la gracia de Dios. S\u00f3lo puede hacerlo el cuerpo m\u00ed\u00adstico de los que siguen a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, de cuya gracia participamos. El largo ascenso hacia el Reino pasa por la libertad del hombre, ciertamente, pero arranca decisivamente de la encarnaci\u00f3n, de la cruz y de la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu17.<\/p>\n<p>III. La encarnaci\u00f3n: la eternidad en el tiempo y la revelaci\u00f3n en la imagen<br \/>\n1. DE LO VISIBLE A LO INVISIBLE. La encarnaci\u00f3n ha articulado -de modo peculiar, gratuito y a trav\u00e9s de Cristo-la eternidad con el tiempo. La primera ley de esta nueva articulaci\u00f3n entre la eternidad y el tiempo se suele enunciar diciendo que, a trav\u00e9s de Jes\u00fas, los cielos se abren y se comunican con la historia (tal como ha aparecido en la escena del bautismo). El Cielo -Dios mismo- entra en comunicaci\u00f3n con la tierra, con la historia, con los humanos, con los pobres. Junto al descenso de Dios, hay lugar para el ascenso de los humanos. Por eso, la realidad descendente de Dios da lugar al conocimiento ascendente de los hombres y mujeres contemplativos. Da lugar asimismo a la teolog\u00ed\u00ada ascendente que, a partir de lo humano -a trav\u00e9s de conceptos, analog\u00ed\u00adas, im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos- tiende a se\u00f1alar lo divino.<\/p>\n<p>Esta es la segunda ley de la articulaci\u00f3n entre eternidad y tiempo: los hombres pueden conocer lo invisible a partir de lo visible. La corriente de comunicaci\u00f3n gratuita de Dios tiene en Cristo su mediaci\u00f3n: por cuanto Cristo constituye la sunci\u00f3n de lo humano en lo divino y la unidad de lo divino en lo humano. Este nexo entre el hombre y Dios (Dios se hace hombre para que el hombre sea \u00abDios por participaci\u00f3n\u00bb, como dice san Juan de la Cruz18) hace posible el conocimiento de lo divino. Hace posible conocer lo invisible a trav\u00e9s de lo visible. Lo visible se convierte en sombra, imagen, semejanza de lo invisible19, es decir, de los bienes futuros que esperamos; sombra, imagen, semejanza de lo divino: del reino de Dios. Todo esto se expresa en el c\u00e9lebre prefacio de navidad: \u00abPorque, gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brill\u00f3 ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente, \u00e9l nos lleve al amor de lo invisible\u00bb20.<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica ha cuidado mucho esta capacidad de conocimiento ascendente de lo visible a lo invisible: \u00abEl Verbo se ha hecho carne para que nosotros conozcamos as\u00ed\u00ad el amor de Dios: \u00abEn esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros: en que ha mandado a su Hijo \u00fanico al mundo para que nosotros vivamos por \u00e9l\u00bb (Un 4,9)\u00bb21.<\/p>\n<p>Hay una realidad divina descendente, y la fe recibe con gozo ese descenso de Dios a los hombres. Pero el conocimiento -la teolog\u00ed\u00ada, inclusive- son en primer lugar ascendentes, porque tienen como punto de partida de su elevaci\u00f3n, lo visible. Lo importante es que este conocimiento no chapotee limit\u00e1ndose a pensar seg\u00fan los conceptos de la raz\u00f3n o los impulsos de la sensibilidad de una \u00e9poca (cultura), o content\u00e1ndose con salvar los escollos que ofrece esa cultura (apolog\u00e9tica), sino que aspira a ascender en la direcci\u00f3n del Verbo de Dios. As\u00ed\u00ad como el Verbo de Dios ha descendido hasta la miseria, la muerte y el pecado del hombre, as\u00ed\u00ad a la mente, al afecto y a las obras del pecador se le ha dado poderse levantar hasta la confesi\u00f3n y el seguimiento del Verbo de Dios hecho hombre.<\/p>\n<p>Por eso santa Teresa de Jes\u00fas sab\u00ed\u00ada leer en la humanidad visible de Jes\u00fas lo invisible del Verbo de Dios en s\u00ed\u00ad mismo22. Lo dice con precisi\u00f3n el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica. Dice, despu\u00e9s de haber citado el II prefacio de navidad: \u00abLas particularidades individuales del cuerpo de Jes\u00fas expresan la persona divina del hijo de Dios\u00bb23.<\/p>\n<p>En este sentido, \u00abtoda la vida de Jes\u00fas es revelaci\u00f3n del Padre\u00bb24, lo que el cuarto evangelio dir\u00e1 en forma lapidaria: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb (Jn 14,9).<\/p>\n<p>2. Los SIGNOS DE LOS TIEMPOS. La articulaci\u00f3n entre la eternidad y el tiempo -entre la revelaci\u00f3n y su imagen-encuentra tambi\u00e9n su punto de apoyo en la doctrina de los signos de los tiempos, expresada por el mismo Jes\u00fas: \u00absab\u00e9is interpretar el aspecto del cielo, \u00bfy no sois capaces de interpretar las se\u00f1ales de los tiempos?\u00bb (cf Mt 16,3). Esto es: \u00bfc\u00f3mo no sab\u00e9is reconocer el tiempo favorable (kair\u00f3s)?<br \/>\nLeyendo el aspecto de la historia, podemos discernir, a trav\u00e9s de cierta semejanza, o como en filigrana, el sentido del tiempo en que vivimos; es decir, podemos leer nuestro tiempo bajo la gravitaci\u00f3n de la gracia de Dios.<\/p>\n<p>Este es el sentido evang\u00e9lico, que recoge el Vaticano II en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo actual: \u00abEl pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contempor\u00e1neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios\u00bb25.<\/p>\n<p>El Concilio avanza un paso m\u00e1s y expresa qui\u00e9nes son los sujetos del discernimiento evang\u00e9lico: todo el pueblo de Dios, pero principalmente los pastores y los te\u00f3logos. Puntualiza adem\u00e1s dos cosas: que ese discernimiento se hace con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y que consiste en auscultar, discernir e interpretar las voces de nuestro tiempo, valor\u00e1ndolas a la luz de la palabra de Dios. La finalidad del discernimiento, finalmente, consiste en que la revelaci\u00f3n -y, por consiguiente, la voluntad de Dios sobre la humanidad, expresada a trav\u00e9s de Cristo- sea mejor percibida y entendida, as\u00ed\u00ad como mejor expresada: \u00abEs propio de todo el pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Palabra revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb 26.<\/p>\n<p>Este es el sentido propio de los llamados signos de los tiempos. Est\u00e1n constituidos por los avatares y acontecimientos de cada \u00e9poca de la historia, que se presentan ante la mirada de los creyentes como objeto de discernimiento. De esta manera, el contemplativo, a la luz de la palabra de Dios y bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu, puede discernir (=entrever) a trav\u00e9s de tales signos, o bien la voluntad de Dios que nos mueve a actuar en el sentido del amor, sobre todo de cara a los m\u00e1s d\u00e9biles y oprimidos, o bien la misma presencia de Dios que inspira nuestra acci\u00f3n y la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Antes del Concilio, Juan XXIII hab\u00ed\u00ada destacado, como tres fen\u00f3menos que caracterizaban la \u00e9poca moderna y daban que pensar, la promoci\u00f3n integral de la clase trabajadora, el ingreso de la mujer en la vida p\u00fablica y la tendencia a la independencia y a la igualdad entre los pueblos27. Bien pueden considerarse signos de los tiempos estas tres caracter\u00ed\u00adsticas, porque a trav\u00e9s de ellas entrevemos la llamada de Dios, pero no debemos -sin m\u00e1s- atribuir la categor\u00ed\u00ada de signos de los tiempos a los simples caracteres de una \u00e9poca. Estos hechos adquieren la formalidad de signos de los tiempos cuando son objeto de discernimiento por parte de los hombres de fe, que los emplean como lectura para descubrir en ellos la voluntad o la presencia de Dios.<\/p>\n<p>El cristiano, por tanto, no se limita a decir que la emancipaci\u00f3n de la mujer es. un signo de los tiempos, sino que sabe discernir la voluntad de Dios que impele a la sociedad a aceptar la plena igualdad como personas del hombre y de la mujer. Este cristiano sabe, asimismo, descubrir la presencia de Dios que se manifiesta en el trabajo, en el dolor y en la esperanza de las mujeres que trabajan y luchan con los suyos o por los suyos para vivir con dignidad.<\/p>\n<p>IV. Jesucristo, Hijo de Dios e hijo de Mar\u00ed\u00ada (Dios y hombre verdadero)<br \/>\nEn esta pen\u00faltima parte debe tratarse el tema de la persona de Jesucristo. Si se pregunta a un cristiano formado cu\u00e1l es el sentido de su fe en la encarnaci\u00f3n de la palabra de Dios, seguramente dir\u00e1 que la fe le lleva a confesar la divinidad de Jesucristo. Dicho en otras palabras: ese cristiano confesar\u00e1 desde la fe la identidad del hijo de Mar\u00ed\u00ada con el Hijo de Dios. Aqu\u00ed\u00ad quisi\u00e9ramos mostrar la veracidad y, en lo posible, la profundidad de estas formulaciones.<\/p>\n<p>1. LAS DIFICULTADES. Enseguida vienen las dificultades. La primera del lado del juda\u00ed\u00adsmo: \u00bfacaso la divinidad de Jesucristo supone que la unidad absoluta del monote\u00ed\u00adsmo, propia de la religi\u00f3n de Israel se resquebraja? La segunda, del lado de la l\u00f3gica occidental (griega): \u00bfacaso la confesi\u00f3n de la fe me ha de llevar a la afirmaci\u00f3n de que \u00abesta carne\u00bb (la de Jes\u00fas), en cuanto carne de un hombre, es Dios?<br \/>\nQuiz\u00e1 sea sorprendente decir que, desde la fe, ambas dificultades han de contestarse con una negativa. A la primera dificultad, hay que decir lo siguiente: la fe confiesa que el Verbo se hizo carne, no que el Verbo hecho carne sea un segundo Dios. Despu\u00e9s de veinte siglos de leer las Escrituras, de teolog\u00ed\u00ada, de herej\u00ed\u00adas y de fe, podemos decir que se ha hecho hombre el Hijo de Dios, es decir, la segunda persona de la Trinidad, que es el Verbo. As\u00ed\u00ad, la encarnaci\u00f3n no abre brecha en la unidad de Dios, sino que afirma que el Verbo ha fundamentado, configurado y asumido la humanidad concreta de Jes\u00fas de Nazaret, y la ha hecho suya. De tal manera que Dios mismo -el Verbo mismo de Dios- se expresa y se manifiesta en esta carne. Subsiste en ella.<\/p>\n<p>Esto me lleva tambi\u00e9n a no confundir la divinidad con la carne o con la humanidad, en cuanto humanidad: yo llamo Dios a la persona que subsiste en la carne de Jes\u00fas; pero no llamo Dios a esa carne del hombre. El misterio de la persona de Jes\u00fas, hijo de Mar\u00ed\u00ada e Hijo de Dios, est\u00e1 atrayendo, por tanto, nuestra atenci\u00f3n y nuestra fe.<\/p>\n<p>2. LA PERSONA DE JES\u00daS. \u00c2\u00a1La persona de Jes\u00fas! \u00ab\u00bfQui\u00e9n dice la gente que es el Hijo del hombre?\u00bb (Mt 16,13). \u00bfCu\u00e1l es su secreto siempre desvel\u00e1ndose, siempre escondido en la luz de Dios? He aqu\u00ed\u00ad la formulaci\u00f3n tradicional: el Logos divino se ha identificado con la persona misma de Jes\u00fas. El Logos eterno ha tomado en el tiempo -en la,plenitud del tiempo- la carne de Jes\u00fas. Son variaciones al texto b\u00e1sico del cuarto evangelio.<\/p>\n<p>El creyente, viendo a Jes\u00fas, adora a la Palabra eterna del Padre. Ah\u00ed\u00ad, en la persona del Verbo hecho carne, se da el nexo de unidad, la m\u00e1s estricta, entre la divinidad y la humanidad. Mirando las cosas desde abajo, he de decir que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, y as\u00ed\u00ad mantengo la identidad del hijo de Mar\u00ed\u00ada con el Hijo de Dios. Desde arriba, debo decir que la persona del Verbo de Dios subsiste fuera de Dios, en la humanidad de Jes\u00fas, y as\u00ed\u00ad identifico al Hijo de Dios, a la Palabra del Padre, con Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>3. EL CONCILIO DE CALCEDONIA: LA UNIDAD PERSONAL DE JESUCRISTO, IDJO DE MAR\u00ed\u008dA, HIJO DE DIos. El concilio de Calcedonia quiere afirmar, sobre todo, la \u00fanica persona de Cristo, Hijo de Dios, hijo de Mar\u00ed\u00ada. Es cierto que lo hace echando mano de las palabras filos\u00f3ficas naturaleza (divina y humana) y persona, pero de esta \u00faltima cabe decir que tiene asimismo un uso obvio y vulgar, de manera que todos la empleamos espont\u00e1neamente. Decimos: \u00abes toda una persona\u00bb; \u00abhab\u00ed\u00ada miles de personas\u00bb, con lo que se quiere aludir al individuo racional: consciente, amante y libre.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad las lapidarias y venerables palabras del concilio de Calcedonia (22 de octubre del a\u00f1o 451) sobre la unidad de la persona divina del Verbo, que subsiste en la naturaleza divina y en la naturaleza humana, ambas inseparablemente unidas sin confusi\u00f3n, de modo indiviso e inmutable: \u00abSiguiendo a los santos Padres, todos a una voz ense\u00f1amos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Se\u00f1or Jesucristo, perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, Dios verdadero y verdaderamente hombre, [dotado] de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad y consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado (Heb 4,15)&#8230; Se ha de reconocer al mismo y \u00fanico Cristo, Se\u00f1or e Hijo unig\u00e9nito, [subsistente] en dos naturalezas sin confusi\u00f3n, sin cambio, sin divisi\u00f3n y sin separaci\u00f3n; sin que en modo alguno se borre la diferencia entre las naturalezas a causa de la uni\u00f3n, sino conservando cada naturaleza lo que le es propio, concurriendo [ambas] en una sola persona e hip\u00f3stasis, de tal forma que no est\u00e1 dividido o partido en dos personas, sino uno y el mismo Hijo unig\u00e9nito, Dios Verbo, Se\u00f1or Jesucristo\u00bb28.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la manera metaf\u00ed\u00adsica de afirmar la unidad de Jes\u00fas el hombre, y del Verbo de Dios, es mediante el concepto de uni\u00f3n hipost\u00e1tica, es decir, personal: es la uni\u00f3n de la divinidad con la humanidad en la persona del Verbo. El Verbo se manifiesta y expresa en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Intentamos decirlo con palabras m\u00e1s de hoy: la Palabra misma de Dios forma parte de la estructura personal de Jes\u00fas. La Palabra misma de Dios est\u00e1 constituyendo como persona -divina- a Jes\u00fas de Nazaret29.<\/p>\n<p>El centuri\u00f3n, al final del evangelio de Marcos, lo hizo m\u00e1s llano cuando afirm\u00f3 con fe: \u00abVerdaderamente este hombre era el Hijo de Dios\u00bb (Mt 15,39).<\/p>\n<p>V. Consecuencias de la encarnaci\u00f3n<br \/>\n1. LA CARIDAD DE DIOS EN NOSOTROS Y EL AMOR FRATERNO. La encarnaci\u00f3n de Dios supone que su amor ha tomado carta de naturaleza entre los humanos. La encarnaci\u00f3n de Dios supone la primac\u00ed\u00ada de la caridad, tal como Jes\u00fas la ense\u00f1a, ya sea con la regla de oro \u00abHaz a los dem\u00e1s lo que quisieras que ellos te hicieran a ti\u00bb, ya sea en la forma del doble mandamiento del amor a Dios y del amor al pr\u00f3jimo como a uno mismo. Este amor comprende la ley y los profetas, es decir, toda la ense\u00f1anza de la Escritura. Para que, de nuevo, se vea el nexo intr\u00ed\u00adnseco e indisoluble entre encarnaci\u00f3n y pascua, cabe decir que la realizaci\u00f3n plena del amor m\u00e1s grande tiene lugar en la entrega de Cristo en la cruz, entrega plena al Padre y a toda la humanidad de la vida -divina y humana- de Jes\u00fas, el Cristo, el Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Como fondo de estas ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, se supone que todos los hombres formamos un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo, esto es, el cuerpo de Dios mismo, que ser\u00e1 entregado -devuelto- al Padre para que Dios sea todo en todas las cosas (1Cor 15,28). La existencia real de este cuerpo de Cristo, en el que se realiza la unidad y comuni\u00f3n de todos los hombres, tiene como efecto algo que el evangelio se\u00f1ala expl\u00ed\u00adcitamente: cuanto se ha hecho a uno de los peque\u00f1os del mundo, se lo hacemos propiamente a Cristo, cabeza que da consistencia o estructura unitaria a este cuerpo vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>En virtud de la encarnaci\u00f3n, lo sagrado ha perdido violencia, pero ha ganado en precisi\u00f3n y universalidad. Precisi\u00f3n, porque ahora, m\u00e1s que nunca, se trata no s\u00f3lo de no da\u00f1ar al pr\u00f3jimo (no matar\u00e1s) sino de ayudarlo a ser-en-plenitud, dignidad y libertad. Universalidad, porque ahora, m\u00e1s que nunca, todo es sagrado porque, en un sentido estrictamente cristol\u00f3gico, todo es de Dios, como cuerpo de Cristo que es: todo subsiste en \u00e9l.<\/p>\n<p>2. LA HUMANIDAD DE DIos. La encarnaci\u00f3n de Dios funda la m\u00e1s intensa y extensa expansi\u00f3n de la caridad. Pero esta no es una tesis abstracta, sino que debe desarrollarse a partir del recuerdo vivo de lo que Cristo hizo visiblemente en su vida terrestre. Eso nos permite contemplar en imagen precisa el rostro de Dios.<\/p>\n<p>Recordamos, por ejemplo, que Jes\u00fas cura a los enfermos y sana a los perturbados en su mente (endemoniados), porque Dios ama la vida; atiende a los pobres, a los mendigos, a los ciegos, a los marginados, porque Dios desciende a buscar todo lo que se hab\u00ed\u00ada perdido; parte y reparte el pan con sus disc\u00ed\u00adpulos, para ense\u00f1arnos la solidaridad de Dios con los que tienen hambre y sed de justicia o simple hambre y sed; come con los pecadores, perdona a la ad\u00faltera y al paral\u00ed\u00adtico, porque s\u00f3lo Dios puede levantar a los pecadores hasta la santidad; pide a Pedro que meta la espada en su vaina y sufre la pasi\u00f3n con infinita paciencia, porque Dios ama la pacificaci\u00f3n muy por encima de la violencia; consuela a su madre y al disc\u00ed\u00adpulo, porque la entrega de Dios a las personas las salva de la tristeza y de la depresi\u00f3n; muere en la cruz, porque Dios es amor. A estas actitudes se las puede englobar con tres verbos de acci\u00f3n: acoger, compadecer (viene d\u00e9l lat\u00ed\u00adn compassio, que es la actitud igualitaria, no paternalista, de padecer juntamente con el otro) y compartir (de ah\u00ed\u00ad, el acto repetido de partir y, as\u00ed\u00ad, multiplicar el pan, que tanta importancia tiene en Jes\u00fas). As\u00ed\u00ad se equilibra el seguimiento de Jes\u00fas, tal como vivi\u00f3 y pas\u00f3 por el mundo haciendo el bien, con la recepci\u00f3n del don vivo de Cristo glorioso que es su Santo Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. G. O&#8217;CoLLINS, Ges\u00fa oggi. Linee fondamentali di cristologia, San Paolo, Mil\u00e1n 1993, 314. &#8211; 2 CCE 461. -3. Los salmos celebran este encuentro: \u00abQue se alegren en cambio los que en ti conf\u00ed\u00adan, que siempre est\u00e9n alegres, porque t\u00fa los proteges; que se gocen en ti los que aman tu nombre\u00bb (Sal 5,12). &#8211; 4 In 3,16. Respecto de la misi\u00f3n, ver -entre otros- 5,37.43; 6,29.32.44.57; 7,16.28.29.33; 8,16.18.26.29.42; 10,36; 11,42; 12,44.45; 13,20; 14,24; 16,5; 17,3.8.18.21.23.25; 20,21. El cuarto evangelio insiste en que Jes\u00fas ha sido dado, enviado, por el Padre. Eternamente estaba con el Padre, pero en la plenitud del tiempo ha sido dado a la humanidad. As\u00ed\u00ad trata el cuarto evangelio el tema de la preexistencia del Hijo como presupuesto para la encarnaci\u00f3n. &#8211; 5. La Trinidad, en s\u00ed\u00ad misma, es abismo divino, original, paterno, del que proceden la Palabra y el Esp\u00ed\u00adritu. La Trinidad manifestada en la historia coincide con la forma de darse Dios a los hombres. &#8211; 6 SAN IGNACIO DE ANTIOQU\u00ed\u008dA, Carta a los Romanos VIII, 3, en D. Ruiz BUENO, Padres apost\u00f3licos, BAC, Madrid 1950, 479. &#8211; 7 SAN JUSTINO, Apolog\u00ed\u00ada 1, 44,10 en D. RUIZ BUENO, Padres apologetas griegos, Madrid 1979, 230. &#8211; 8 Ib. &#8211; 9 Ib, 60,7, 249. &#8211; 10 ID, Apolog\u00ed\u00ada 11, 7, 3, o.c., 269. &#8211; 11. Ib. &#8211; 12 Ib, 10,1, 272. &#8211; 13. Ib 10,8, 273. &#8211; 14 El descenso de Dios que es su encarnaci\u00f3n no puede eliminarse en el di\u00e1logo con el juda\u00ed\u00adsmo y el islam. Al contrario, la encarnaci\u00f3n y la pascua -verdadera historia de Dios en el sentido evang\u00e9lico, que no hegeliano- ha de ser la base del di\u00e1logo entre las tres religiones. &#8211; 15 Ver, por ejemplo, OR\u00ed\u008dGENES, Homelies sur saint Luc (Sources Chr\u00e9tiennes), Introducci\u00f3n y notas de H. Crouzel, F. Fournier y P. Perichon, Par\u00ed\u00ads 1962, 349-351. Pocos Padres han hablado con tanta profundidad teol\u00f3gica y con tanta belleza po\u00e9tica del descenso del Esp\u00ed\u00adritu Santo. &#8211; 16 SANTA TERESA DEL NI\u00ed\u2018O JES\u00daS, Manuscritos autobiogr\u00e1ficos, Burgos 1958, 5. &#8211; 17. J. M. ROVIRA BELLOSO, Tratado de Dios Uno y Trino, Secretariado Trinitario, Salamanca 19934, 364-369. La versi\u00f3n catalana, El Misteri de D\u00e9u, Barcelona 1994, 299-303, intenta profundizar y aclarar m\u00e1s el tema. &#8211; 18 \u00abEl alma m\u00e1s parece Dios que alma y aun es Dios por participaci\u00f3n\u00bb, Subida del Monte Carmelo, II, c. 5, en SAN JUAN DE LA CRUZ, Obras completas, BAC, Madrid 1994, 304. -19 SAN BUENAVENTURA, 1 Sent., 35, un. 1 Concl., en Opera omnia, t. I, Ad Aquas Claras (Quaracchi) 1882, 60 y II Sent. 16, 1,1 ad 2, o.c., t. II, 395. &#8211; 20. MISAL ROMANO, prefacio I de navidad. El prefacio II dice as\u00ed\u00ad: \u00abEn el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Se\u00f1or, sin dejar la gloria del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra\u00bb. Podemos decir que, en navidad, \u00abse manifest\u00f3 la bondad y el amor a los hombres de Dios, nuestro Salvador\u00bb (Tit 3,4). &#8211; 21. CCE 458. &#8211; 22 J. M. RovIRA BELLoSo, L&#8217;experi\u00e9ncia de D\u00e9u en les Moradas de santa Teresa, Revista catalana de teolog\u00ed\u00ada XIX (1994) 165-181, en especial, 178-180. &#8211; 23. CCE 477. En la misma l\u00ed\u00adnea est\u00e1 el n. 515: \u00abDesde los pa\u00f1ales de su natividad hasta el vinagre de su pasi\u00f3n y el sudario de su resurrecci\u00f3n, todo en la vida de Jes\u00fas es signo de su misterio. A trav\u00e9s de sus gestos, sus milagros, sus palabras, se ha revelado que \u00aben \u00e9l reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente\u00bb (Col 2,9)\u00bb. El concepto de imagen aparece ya en Col 1,15 y en 2Cor 4,4. -24 CCE 51. &#8211; 25 GS 11. &#8211; 26 GS 44. &#8211; 27. PT 34-36. &#8211; 28 CONCILIO DE CALCEDONIA, Symbolum chalcedonense, 22.10.451, DS 302.- 29. J. M. ROVIRA BELLOSO, Tratado de Dios Uno y Trino, o.c., 466-467.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; DUQUOC CH., Cristolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; FORTE B., Jes\u00fas de Nazaret. Historia de Dios. Dios de la historia, San Pablo, Madrid 1983; GNILKA J., Jes\u00fas de Nazaret. Mensaje e historia, Herder, Barcelona 1993; GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS J. I., La humanidad nueva I, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1974; KASPER W., Jes\u00fas, el Cristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989&#8242;; Teolog\u00ed\u00ada e Iglesia, Herder, Barcelona 1989 (Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada y \u00abUno de la Trinidad&#8230;\u00bb. Nueva fundamentaci\u00f3n de una cristolog\u00ed\u00ada espiritual en una perspectiva de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria, 266-320); LGIS J., Jes\u00fas de Nazaret: el Cristo liberador, HOAC, Madrid 1995; MOLLER G., Encarnaci\u00f3n, en BEINERT W., Diccionario de teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, Herder, Barcelona 1990, 235-238; O&#8217;CoLLINS G., Ges\u00fa oggi. Linee fondamentali di cristologia, San Paolo, Mil\u00e1n 1993; PAGOLA J. A., Jes\u00fas de Nazaret. El hombre y su mensaje, Idatz, San Sebasti\u00e1n 19947; PANNENBERG W., Fundamentos de cristolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; RAHNER K.-TH\u00dcSING W., Cristolog\u00ed\u00ada. Estudio teol\u00f3gico y exeg\u00e9tico, Cristiandad, Madrid 1975; SALVATI G. M., Teologia trinitaria della troce, Leumann-Tur\u00ed\u00adn 1987; SANNA I., Encarnaci\u00f3n, en PACOMIO L. (dir.), Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 343-357.<\/p>\n<p>Josep M\u00c2\u00aa. Rovira Belloso<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El Verbo se hizo carne: 1. El testimonio de la Escritura; 2. Los evangelios sin\u00f3pticos; 3. Texto y contexto del cuarto evangelio; 4. El \u00abCorpus paulinum\u00bb. II. El principio de la encarnaci\u00f3n: 1. El Verbo hecho carne, cumplimiento del Dios-con-nosotros; 2. La donaci\u00f3n de la Palabra de Dios a los hombres: las semillas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encarnacion-principio-de-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abENCARNACION, PRINCIPIO DE LA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16998","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16998","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16998"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16998\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16998"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16998"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16998"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}