{"id":17002,"date":"2016-02-05T11:04:45","date_gmt":"2016-02-05T16:04:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia-actual-en-america-latina\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:45","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:45","slug":"familia-actual-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia-actual-en-america-latina\/","title":{"rendered":"FAMILIA ACTUAL EN AMERICA LATINA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Pluralismo latinoamericano y cambio familiar actual: 1. El contexto social reflejado en las familias; 2. El proceso de transformaci\u00f3n en su contexto general; 3. La vida familiar en la realidad latinoamericana actual. II. Variedad tipol\u00f3gica de las familias actuales: 1. Diversidad de las familias, seg\u00fan lugares; 2. Desigualdad de las familias por su situaci\u00f3n socioecon\u00f3mica; 3. Tipos de familia seg\u00fan la composici\u00f3n de la unidad dom\u00e9stica. III. Presente y futuro de la instituci\u00f3n familiar: 1. Cambio de las relaciones familiares; 2. Hacia un nuevo sentido familiar.<\/p>\n<p>Resulta muy arriesgado y equ\u00ed\u00advoco tratar de hacer una generalizaci\u00f3n de la familia actual en Latinoam\u00e9rica. En primer lugar, porque se trata de un continente enorme de m\u00e1s de 20.000.000 km2, con una poblaci\u00f3n creciente, cercana ya a los 500 millones de habitantes (12,5 veces la poblaci\u00f3n de Espa\u00f1a), con una inmensa variedad de pa\u00ed\u00adses, con zonas contrastadas, dif\u00ed\u00adciles de generalizar y entender en su problem\u00e1tica y din\u00e1mica diferenciada. Y en segundo lugar, porque al referirnos a la familia en especial, estamos aludiendo a m\u00e1s de 110 millones de unidades sociales, tambi\u00e9n variantes y cambiantes.<\/p>\n<p>Por ello, pretender resumir la realidad familiar actual latinoamericana puede parecer un intento ingenuo, a menos que lo que se busque sea precisamente se\u00f1alar esta dificultad para definir y comprender de manera clara lo que no es reductible a una presentaci\u00f3n simplista. Valga esta aportaci\u00f3n como una b\u00fasqueda de comprensi\u00f3n fraternal, a una realidad afectada por los cambios de este siglo, en una Am\u00e9rica latina llena de conflictividad e injusticia, en parte legado de tres siglos de colonizaci\u00f3n ib\u00e9rica pseudocristiana.<\/p>\n<p>I. Pluralismo latinoamericano y cambio familiar actual<br \/>\n1. EL CONTEXTO SOCIAL REFLEJADO EN LAS FAMILIAS. Latinoam\u00e9rica ofrece, en una primera visi\u00f3n de conjunto, un panorama aparentemente uniforme en cuanto a su denominador com\u00fan: regi\u00f3n identificada como sociedad cristiana con una cultura b\u00e1sica latina, con predominio de poblaci\u00f3n hispanoparlante. Hay una historia com\u00fan, supuestamente similar: colonizada por los pueblos ib\u00e9ricos, desde fines del siglo XV hasta principios del siglo XIX en su mayor\u00ed\u00ada. Pero tras esta similitud hist\u00f3rica se esconde una diversidad contrastante, dif\u00ed\u00adcil de compactar, generadora de una din\u00e1mica diferencial.<\/p>\n<p>En primer lugar est\u00e1 el substrato \u00e9tnico y cultural anterior de los pueblos amerindios, con su pluralidad de culturas. A\u00f1\u00e1dase la aportaci\u00f3n de los colonizadores venidos de la pen\u00ed\u00adnsula hispano-lusitana, tambi\u00e9n marcada por una diversidad notable de idiosincrasias. Si a esto se a\u00f1aden las muchas familias jud\u00ed\u00adas, y los millones de trabajadores-esclavos negros llevados al territorio americano desde Africa, tenemos un mosaico \u00e9tnico muy complejo que, durante los tres siglos -y m\u00e1s- de dominaci\u00f3n, refleja un proceso de mestizaje racial y una aculturaci\u00f3n sumamente compleja y diferenciada seg\u00fan lugares, zonas, pa\u00ed\u00adses, aconteceres e idiosincrasias subculturales.<\/p>\n<p>Todo ello configura el substrato \u00e9tnico y cultural de las familias latinoamericanas actuales, no s\u00f3lo por sus ingredientes de origen, sino tambi\u00e9n por su diferenciado asentamiento regional y sus muy diversas ecolog\u00ed\u00adas. En cada pa\u00ed\u00ads ocurrieron mestizajes de diversos grados que dieron lugar a linajes familiares de muy variada tonalidad y caracterizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Actualmente pueden distinguirse pa\u00ed\u00adses con zonas que se conservan altamente ind\u00ed\u00adgenas, frente a amplias zonas de poblaci\u00f3n \u00e9tnicamente mestiza en donde el proceso de aculturaci\u00f3n mixto ha producido una nueva cultura no hisp\u00e1nica o lusitana, ni ind\u00ed\u00adgena o africana. E\u00ed\u008d mestizaje con los negros se da, particularmente, en M\u00e9xico, Brasil y los pueblos antillanos. En una mayor\u00ed\u00ada de pa\u00ed\u00adses hay familias que se pueden identificar, por su origen criollo, como herederas de una cultura europea transformada y rehecha en el nuevo continente; los m\u00e1s representativos son los pa\u00ed\u00adses del cono sur: Argentina, Uruguay y, en menor medida, Chile. En todo el continente identificamos un cuarto sector de familias descendientes de europeos de m\u00e1s reciente incorporaci\u00f3n (siglos XIX y XX), que se han mezclado con la poblaci\u00f3n criolla y hasta con la mestiza de anterior naturalizaci\u00f3n: italianos, alemanes, franceses y de otros or\u00ed\u00adgenes nacionales, adem\u00e1s de los espa\u00f1oles y portugueses de reciente inmigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso, en las familias latinoamericanas descubrimos temples y sensibilidades diversas, asociadas a la variedad y amalgama de los diversos antepasados. Esto dificulta la comprensi\u00f3n profunda de las conductas y modalidades familiares.<\/p>\n<p>Pero en el \u00faltimo siglo ha aparecido un nuevo proceso de transformaci\u00f3n. Por un lado, parecen haberse consolidado las culturas nacionales, y con ello un perfil de cierta homogeneidad de valoraciones, pautas de conducta y estilos de vida, al menos por subregiones y zonas con una historia com\u00fan compartida. Pero, por otro lado, la misma modernidad -asociada a la urbanizaci\u00f3n y a la movilizaci\u00f3n migratoria interna y externa, y representada en la transici\u00f3n de la conducta reproductiva- ha tra\u00ed\u00addo consigo una nueva mixtificaci\u00f3n familiar entre moderna y postradicional. La norma enunciada como principio y fundamento de un deber ser tradicional, ya no resulta del todo eficaz ni funcional, sino m\u00e1s bien contradictoria o ambivalente frente al necesario ajuste de las nuevas condiciones circundantes.<\/p>\n<p>Suponer, por ejemplo, que la doctrina tradicional cat\u00f3lica sobre la familia, tal como la propugnan algunos pastoralistas y te\u00f3logos moralistas, sea el marco definitorio asumido por las actuales familias latinoamericanas no deja de ser -como comprensi\u00f3n de la realidad actual- una equ\u00ed\u00advoca visi\u00f3n de la misma. El supuesto es casi siempre falso: sobre todo cuando se est\u00e1 entre familias de los sectores medios y superiores, que ya han incorporado a sus usos y valoraciones los criterios propios de una cultura moderna y hasta posmoderna, en diversos niveles. Pero tambi\u00e9n es equ\u00ed\u00advoco cuando se est\u00e1 ante familias ind\u00ed\u00adgenas y mestizas de los grandes sectores pobres de las poblaciones nacionales (del 60% al 70% de Am\u00e9rica latina). Estas familias heredan, en primer lugar, una cultura dual: la del origen ind\u00ed\u00adgena, que funciona en buena parte de manera sumergida, y la que podr\u00ed\u00adamos llamar cultura nacional, de car\u00e1cter euro-criollo-mestizo, occidentalizada, adoptada de manera ambivalente.<\/p>\n<p>2. EL PROCESO DE TRANSFORMACI\u00ed\u201cN EN SU CONTEXTO GENERAL. De hecho, el proceso de modernizaci\u00f3n del que acabamos de hablar ha afectado a todas las familias. Baste mencionar algunos indicadores de estos cambios extensibles a todos los pa\u00ed\u00adses1:<br \/>\na) El crecimiento extraordinario de la poblaci\u00f3n latinoamericana en la segunda mitad del siglo XX, que produce una sociedad masiva. La familia en ella se convierte en una unidad del agregado social, sin suficiente cohesi\u00f3n comunitaria2.<br \/>\nb) La extraordinaria movilidad migracional, tanto interamericana como intranacional (principalmente del campo a la ciudad)3. Estas familias quedan profundamente afectadas por esta migraci\u00f3n desenraizante.<\/p>\n<p>c) El proceso de urbanizaci\u00f3n acelerada. A principios de siglo, la mayor\u00ed\u00ada de los pa\u00ed\u00adses latinoamericanos era predominantemente rural (M\u00e9xico, por ejemplo, lo era en el 90%). A fines de siglo, las familias urbanas se han multiplicado extraordinariamente (M\u00e9xico rebasa ya el 75% de su total). El nuevo contexto urbano suele romper la relaci\u00f3n interfamiliar, parental y comunitaria, y a\u00ed\u00adsla a las unidades dom\u00e9sticas entre s\u00ed\u00ad4.<br \/>\nd) La agudizaci\u00f3n de la desigualdad socioecon\u00f3mica, principalmente a partir de los a\u00f1os ochenta (la d\u00e9cada perdida). La pobreza aguda en Am\u00e9rica latina afecta al 54% de las familias: el 37% en el nivel de la llamada l\u00ed\u00adnea general de la pobreza, y el 17% en la indigencia extrema. Otro 20% pertenece a un sector popular con grandes restricciones en su desarrollo socioecon\u00f3mico, y s\u00f3lo un 25% o 20% de la poblaci\u00f3n se puede considerar por encima de la pobreza y la estrechez, con una peque\u00f1a minor\u00ed\u00ada enormemente rica5.<\/p>\n<p>En el fin de siglo, en unas circunstancias agravadas por la reestructuraci\u00f3n del comercio internacional, el deterioro de las relaciones de intercambio, la deuda externa, la monetarizaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica financiera, la recesi\u00f3n econ\u00f3mica de la producci\u00f3n y el debilitamiento de los mercados locales, casi todas las familias -salvo las del sector elitista se\u00f1alado- est\u00e1n sufriendo el impacto de una dif\u00ed\u00adcil situaci\u00f3n econ\u00f3mica. Varios de sus miembros, empezando por la mujer, tienen que comprometerse en un trabajo mal remunerado.<\/p>\n<p>c) El proceso de desacralizaci\u00f3n de las funciones familiares y de las nuevas pr\u00e1cticas de vida cotidiana. La modernizaci\u00f3n cultural, con una creciente escolarizaci\u00f3n de las nuevas generaciones, incluyendo a las mujeres, se enfrenta a la cultura tradicional, rebasada ya por esta nueva involucraci\u00f3n modernizante. Sin embargo, esta no suele ser suficientemente interiorizada en sus valores profundos y se incorpora a la familia con unos usos y h\u00e1bitos nuevos, no del todo congruentes con la herencia cultural, un tanto anquilosada. La misma religi\u00f3n formal pierde fuerza para dar sentido a las nuevas necesidades y expectativas vitales.<br \/>\nd) La conformaci\u00f3n de reg\u00ed\u00admenes democr\u00e1ticos de los pa\u00ed\u00adses nacionalizados sobre un substrato secular y liberal, aparecido en el proceso de independencia del siglo XIX. Este proceso ha tenido que enfrentarse a una serie de obst\u00e1culos y dificultades provenientes de una cultura pol\u00ed\u00adtica, en la que la autoridad fue concebida dentro de un \u00e9thos cat\u00f3lico altamente jer\u00e1rquico e impositivo, asociado con el poder pol\u00ed\u00adtico, caracter\u00ed\u00adstico de todo el per\u00ed\u00adodo colonial, pero dif\u00ed\u00adcilmente superado en los casi dos siglos de independencia. La poblaci\u00f3n no fue preparada para una democracia comunitaria, sino m\u00e1s bien para un comunitarismo corporizado bajo una autoridad, en donde el sistema de control y de mediaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, venido desde la c\u00fapula, pasaba por el cacique, el cura, el hacendado, el caudillo y el l\u00ed\u00adder venal.<br \/>\nLa sociedad civil fue concebida desde los poderes superiores centralizados, y no desde las comunidades locales. En su origen, y a partir de laevangelizaci\u00f3n misionera, la Iglesia tuvo una injerencia directiva, desde el concordato con los reinos espa\u00f1ol y portugu\u00e9s; pero despu\u00e9s de la independencia, se vio mutilada en sus pretensiones de dominaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y cultural, m\u00e1s que en sus impulsos misionales de defensa de los intereses de los pobres mayoritarios. A pesar de todo, no han faltado testimonios cristianos notables que han dado lugar, incluso, a movimientos de resistencia y de lucha en contra de los injustos poderosos.<\/p>\n<p>e) La dimensi\u00f3n promocional de las familias. En la actual situaci\u00f3n secularizada y de gobiernos laicos, la Iglesia como instituci\u00f3n parece aceptar, por un lado, su antiguo papel de tipo cultural; pero, por otro, asume un nuevo papel de tipo inspirador m\u00e1s que directivo, asemej\u00e1ndose a la sociedad civil, incluso enfrentado a la clase pol\u00ed\u00adtica. Sin embargo, y en contraste con las excelentes declaraciones hechas en sus documentos pastorales, est\u00e1 todav\u00ed\u00ada lejos de una verdadera experiencia democratizadora, al menos en el testimonio de su din\u00e1mica interna. Esto mismo ha pasado con su concepci\u00f3n de la familia, s\u00f3lo superada en la medida en que se acostumbra a conocer y comprender, desde cerca, la realidad plural y desigual, necesitada de un acercamiento pastoral de sentido cristiano-ecum\u00e9nico, en el contexto de las pol\u00ed\u00adticas e intervenciones profesionales sustentadas por programas de organizaciones p\u00fablicas y no gubernamentales. Estas ahora trabajan interdisciplinarmente promoviendo, orientando y asistiendo -no siempre con el benepl\u00e1cito de la Iglesia institucional- a muchas familias y a sus propias organizacionesciviles que las representan, independientemente de la adscripci\u00f3n religiosa e ideol\u00f3gica de la gente.<\/p>\n<p>3. LA VIDA FAMILIAR EN LA REALIDAD LATINOAMERICANA ACTUAL. \u00bfQu\u00e9 puede considerarse como esencial, y qu\u00e9 como accidental. en la experiencia cambiante del fen\u00f3meno familiar en Am\u00e9rica latina?<br \/>\nA trav\u00e9s de la historia familiar en el mundo, hay dos manifestaciones -primera dualidad- siempre presentes en la familia: la llamada fuerza de la sangre (la consanguinidad); y la afinidad o acci\u00f3n de una conducta voluntaria, proveniente de una espont\u00e1nea impulsi\u00f3n selectiva y afectiva.<\/p>\n<p>a) En el aspecto consanguinidad de las familias predomina esta consideraci\u00f3n, un tanto incuestionable y fatal, no sujeta a libre opci\u00f3n: se es hijo de madre y padre porque \u00abas\u00ed\u00ad lo quiso Dios y as\u00ed\u00ad fue\u00bb, guste o no. A nadie se le pregunta antes de nacer si quiere tener tales padres, hermanos y parientes de sangre. Podr\u00e1 rechazarlos despu\u00e9s, pero no podr\u00e1 evitar que sean de su misma sangre. La norma familiar exige lealtad a este lazo involuntario. Y ello, o corrobora los v\u00ed\u00adnculos familiares, si se aceptan como tales, o produce los mayores odios y traumas, si no se asumen en la vida.<\/p>\n<p>b) La otra cara de la familia proviene de la uni\u00f3n amorosa de la pareja, originalmente derivada de la imposici\u00f3n o inducci\u00f3n paterna. Esta elecci\u00f3n de c\u00f3nyuge o compa\u00f1ero marital, ahora se pretende que sea fruto de la libertad de cada pareja, aunque de hecho no siempre ocurra as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>De esta doble manifestaci\u00f3n se derivan las modalidades de organizaci\u00f3n familiar. En cada una se danprioridades y formas diferentes de conjuntar estos elementos esenciales. De su fusi\u00f3n se derivan las redes de la parentela (de sangre y de afinidad) y tambi\u00e9n la formaci\u00f3n concreta de los hogares y de las comunidades locales, interfamiliares preurbanas y suburbanas originales.<\/p>\n<p>Esta tipolog\u00ed\u00ada b\u00e1sica se puede matizar a\u00fan m\u00e1s si tenemos en cuenta una segunda dualidad de la familia: la unidad formal o institucional y la unidad informal o de relaci\u00f3n primaria, espont\u00e1nea, interpersonal, propia de la vida cotidiana. Por ello, podemos decir que la familia es, a la vez, una instituci\u00f3n social y un grupo primario de. relaciones espont\u00e1neas e \u00ed\u00adntimas, y en el caso latinoamericano, esta realidad dual, formal e informal, ha operado desde el inicio de la vida colonial. Es as\u00ed\u00ad como el concubinato y la relaci\u00f3n extramarital de facto dio lugar a una reproducci\u00f3n abundante e ileg\u00ed\u00adtima, representada en el mismo mestizaje que, en pa\u00ed\u00adses como M\u00e9xico -no obstante la reglamentaci\u00f3n eclesial y civil, celosa de la monogamia y de su cumplimiento-, lleg\u00f3 a abarcar, en los tres siglos de vida novohispana, casi la mitad de la poblaci\u00f3n, al momento de iniciarse la vida independiente de los pa\u00ed\u00adses.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n familiar es el rostro p\u00fablico de la familia, configurada por la sociedad a trav\u00e9s del sistema jur\u00ed\u00addico, basado en las costumbres morales vigentes de la tradici\u00f3n latinoamericana. El estatuto jur\u00ed\u00addico e institucional de la familia, urgente desde el per\u00ed\u00adodo colonial, tendi\u00f3 a conservar y a hacer r\u00ed\u00adgidas las relaciones familiares para impedir su desformalizaci\u00f3n y garantizar la continuidad del sistema colectivo y p\u00fablico de la familia.<\/p>\n<p>Pero, a la par, la familia latinoamericana, como grupo primario y como comunidad \u00ed\u00adntima, ha dado lugar a relaciones interpersonales e intergrupales que se realizan de manera espont\u00e1nea y cambiante. En ellas, el factor afectivo y expresivo de la personalidad, los impulsos, las actitudes y los acuerdos t\u00e1citos y expl\u00ed\u00adcitos de los miembros de las familias, han venido present\u00e1ndose, de hecho, con modalidades y licencias virtuales: primero, de manera clandestina e informal; pero con la modernizaci\u00f3n, este factor afectivo ha adquirido una relevancia innegable; las relaciones familiares se eval\u00faan en relaci\u00f3n a esa vivencia amorosa, presente o no en la familia actual. Y esto plantea una diferenciaci\u00f3n de las conductas familiares reales, respecto de las estipuladas en el estatuto formal de la familia tradicional.<\/p>\n<p>Mientras que las reglas formales de la instituci\u00f3n familiar establecen modelos \u00fanicos, poco plurales, las relaciones espont\u00e1neas y volitivas, por el contrario, abren la posibilidad de modalidades diversas y cambiantes, sobre todo en el paso de una generaci\u00f3n a otra.<\/p>\n<p>Presentaremos algunas manifestaciones m\u00e1s significativas de esta diversidad familiar en cambio en todo el continente. Esto nos permitir\u00e1 reconciliarnos con las nuevas formas familiares, sin satanizarlas ni santificarlas a priori.<\/p>\n<p>II. Variedad tipol\u00f3gica de las familias actuales<br \/>\n1. DIVERSIDAD DE LAS FAMILIAS, SEG\u00daN LUGARES. En cada pa\u00ed\u00ads -y en sus propias zonas- aparecen modalidades y costumbres particulares que a veces contrastan -y hasta escandalizan- a los de otras zonas. Por ejemplo, la diferencia entre las zonas costeras tropicales, con proporci\u00f3n mayor de familias negras y mulatas, y los diversos altiplanos latinoamericanos, donde la poblaci\u00f3n ind\u00ed\u00adgena es importante, o donde se han desarrollado primero culturas tradicionales m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas, y despu\u00e9s muchas culturas de las \u00e1reas metropolitanas de los pa\u00ed\u00adses. Uno de los graves problemas para la orientaci\u00f3n y promoci\u00f3n familiar nace de pretender gobernar todo el pa\u00ed\u00ads desde sus grandes capitales, imponiendo sus modelos urbanos a todo el resto.<\/p>\n<p>La vida tiene ritmos y modalidades muy diversas cuando las familias viven en localidades rurales -menores de 5.000 habitantes- (m\u00e1s de una 3a parte de las familias, en la mayor\u00ed\u00ada de nuestros pa\u00ed\u00adses), cuando viven en ciudades peque\u00f1as y medianas -menores de medio mill\u00f3n de personas-(otra 3a parte), y, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, cuando viven inmersas en ciudades m\u00e1s grandes (la otra 3&#8242; parte de las familias), incluidas las m\u00e1s grandes del mundo: M\u00e9xico, S\u00e1o Paulo, Buenos Aires e incluso Los Angeles, en Estados Unidos, donde viven m\u00e1s familias de origen hispano que en cada una de las dem\u00e1s ciudades latinoamericanas.<\/p>\n<p>Pues bien, este modelo familiar, nacido en las megal\u00f3polis, con su car\u00e1cter despersonalizado y masivo, es el que, divulgado por los medios de comunicaci\u00f3n, se impone al resto de cada pa\u00ed\u00ads. Es decir, el modelo de vida familiar de la gran urbe, con todos sus problemas cr\u00ed\u00adticos, es extrapolado sin sentido realista hacia las familias rurales y las de las ciudades peque\u00f1as que no tienen tales problemas. Provocar en este tipo de familias la inserci\u00f3n anticipada de formas de vida, corresponde a las necesidades cotidianas de las mismas.<\/p>\n<p>2. DESIGUALDAD DE LAS FAMILIAS POR SU SITUACI\u00ed\u201cN SOCIOECON\u00ed\u201cMICA. Las concepciones de la vida familiar, de la paternidad, la fraternidad y la filiaci\u00f3n, afectan de manera diferente a uno u otro tipo de familias. Efectivamente, la mayor\u00ed\u00ada de las familias del continente son pobres y sufren la angustia y la inseguridad para subsistir d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada. Frente a ellas, hay un sector minoritario que puede considerarse de clases medias, con una condici\u00f3n socioecon\u00f3mica relativamente acomodada, aunque su nivel de vida sea un tanto limitado.<\/p>\n<p>De estas familias, llamadas tambi\u00e9n de la peque\u00f1a burgues\u00ed\u00ada, es de donde ha salido, de hecho, el molde institucional de la familia nuclear conyugal, vigente hoy en el continente. Este modelo familiar es el impuesto a trav\u00e9s de la legislaci\u00f3n, de los proyectos de construcci\u00f3n de las viviendas urbanas, as\u00ed\u00ad como a trav\u00e9s de las normas morales y hasta religiosas modernas, y es equiparable al modelo liberal y neoliberal venido de los pa\u00ed\u00adses n\u00f3rdicos. Este molde familiar institucional resulta inadecuado y excesivamente costoso para las familias pobres que tienen que plegarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>3. TIPOS DE FAMILIA SEG\u00daN LA COMPOSICI\u00ed\u201cN DE LA UNIDAD DOMESTICA. La variedad de las familias se manifiesta, adem\u00e1s, en la forma en que se constituyen las unidades dom\u00e9sticas u hogares. Son cuatro las formas t\u00ed\u00adpicas de organizaci\u00f3n dom\u00e9stica: a) El modelo de la familia nuclear-conyugal ha llegado a imponerse a partir de la vida urbana, principalmente. La unidad dom\u00e9stica est\u00e1 conformada por los padres e hijos solteros. Idealmente, el n\u00facleo pretende ser autosuficiente respecto a la parentela y a la comunidad vecinal. Por ello tiende a aislarse, a pesar de los recursos limitados y del alto costo de los hogares unitarios: vivienda, muebles, alimentaci\u00f3n, vestido, educaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>La familia nuclear supone que el matrimonio, unido por libre elecci\u00f3n de los contrayentes, es la clave de la integraci\u00f3n familiar. Exalta el valor del amor conyugal como aglutinador esencial de la vida familiar, congruente con la doctrina cristiana del amor. Pero si el amor marital falla en la vida cotidiana, la familia entra en una crisis dif\u00ed\u00adcil de superar ahora, a causa de la no intervenci\u00f3n directa de los parientes. De ah\u00ed\u00ad la amplia legitimaci\u00f3n actual del recurso al divorcio y a la separaci\u00f3n, cuando las condiciones de la vida conyugal han dejado de operar.<\/p>\n<p>El posible fallo en las relaciones conyugales puede deberse a m\u00faltiples causas, que no necesariamente tienen una supuesta imputabilidad moral personal: la falta de madurez de la pareja joven, los inevitables cambios de personalidad y las dif\u00ed\u00adciles circunstancias ambientales, las tensiones de la pareja marital como responsable casi exclusivo en la procreaci\u00f3n, crianza y educaci\u00f3n de los hijos, la inseguridad ps\u00ed\u00adquica y econ\u00f3mica en un mundo m\u00e1s de competencia que de colaboraci\u00f3n, las infidelidades conyugales, en una sociedad que enfatiza la libertad de acci\u00f3n e interrelaci\u00f3n humana y el derecho a un desarrollo individual, no siempre debidamente compaginado en pareja, y la exigencia del trabajo de ambos. Hoy la participaci\u00f3n de la mujer en el trabajo remunerado fuera del hogar ha aumentado notablemente: de 15-19% en los a\u00f1os sesenta, hasta casi el 40% en muchos pa\u00ed\u00adses. Esto significa que el cuidado de los ni\u00f1os queda un tanto desatendido, cuando ambos trabajan todo el d\u00ed\u00ada, y que la mujer tiene que asumir sola -por renuencia del marido-, una doble jornada laboral: dentro y fuera del hogar.<\/p>\n<p>En el fondo de esta situaci\u00f3n existe un claro proceso de desacralizaci\u00f3n matrimonial, en el que la formaci\u00f3n de la pareja aparece como un fen\u00f3meno humano, sujeto a las contingencias del espacio, tiempo y actores, y no a un proyecto inalterable venido de arriba.<\/p>\n<p>Los problemas de la familia nuclear se extienden a las personas de la tercera edad, quienes ahora tienen una esperanza de vida de m\u00e1s de setenta a\u00f1os. Sin embargo, estas personas ya no son f\u00e1cilmente admitidas en las familias nucleares de sus hijos; por esto, viven en hogares unipersonales: en los pa\u00ed\u00adses con una transici\u00f3n demogr\u00e1fica m\u00e1s avanzada y un envejecimiento mayor de la poblaci\u00f3n -principalmente en Argentina y en Uruguay- llegan&#8217;a registrarse m\u00e1s del 10% de los hogares como unidades dom\u00e9sticas unipersonales. Tambi\u00e9n los j\u00f3venes se sienten restringidos en la familia nuclear-conyugal: testigos inc\u00f3modos de las dificultades conyugales de sus padres, sufren limitaciones de espacio, est\u00e1n frecuentemente en desacuerdo con sus padres&#8230; Adem\u00e1s, el joven latinoamericano empezar\u00e1 a trabajar desde muy joven para ayudar al mantenimiento del hogar paterno-materno; en la mayor\u00ed\u00ada de los pa\u00ed\u00adses, s\u00f3lo un 20% de j\u00f3venes puede continuar los estudios medios y superiores. Pero incluso muchos de los que quieren trabajar sufren el desempleo de la recesi\u00f3n de finales de siglo.<\/p>\n<p>Por todo lo dicho y por otras muchas razones, asociadas a la ruptura del modelo tradicional y a esa manera excluyente de concebir el principio esencial y aglutinador de la familia moderna, se puede decir que la familia nuclear conyugal, ahora mayoritaria en el continente, se encuentra en un proceso cr\u00ed\u00adtico, aun antes de que el modelo se generalice al total de las familias.<\/p>\n<p>Esta crisis familiar -vinculada a una cultura de la responsabilidad personal a\u00fan no aprendida del todo sin el tutelaje de anta\u00f1o- se ve reflejada no s\u00f3lo en la construcci\u00f3n insegura de las parejas, sino tambi\u00e9n en la dificultad para criar y educar a los hijos. El aumento de los llamados ni\u00f1os y adolescentes de y en la calle -equivalente a decir abandonados y mal atendidos- (10% del total de ni\u00f1os: alrededor de 20 millones de ni\u00f1os latinoamericanos) es un s\u00ed\u00adntoma de este problema familiar en proceso de transformaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, en el que la misma densidad demogr\u00e1fica se hace m\u00e1s patente como un producto del descontrol procreativo y educativo de las familias, a la vez aisladas y masificadas.<\/p>\n<p>b) Frente a la familia nuclear-conyugal, est\u00e1 el modelo de familias consangu\u00ed\u00adneas: extensas o extendidas. Las llamadas extensas son unidades dom\u00e9sticas constituidas por familiares de tres generaciones, en las que cohabitan dos o m\u00e1s parejas conyugales. En el siglo XIX la familia extensa era como el modelo de las grandes familias de corte patriarcal. La familia extensa se asienta sobre el principio de la reproducci\u00f3n y el de la autoridad indiscutida del padre (a veces de la madre), m\u00e1s que sobre el principio del amor marital. La unidad familiar descansa en la adscripci\u00f3n consangu\u00ed\u00adnea -involuntaria-, m\u00e1s all\u00e1 de los proyectos de desarrollo individual, siempre comprendidos dentro del contexto e intereses de la familia troncal.<\/p>\n<p>Hoy es m\u00e1s reducido el porcentaje de familias que responden a este perfil. Apenas si hemos detectado en M\u00e9xico alrededor de un 6-8% y cuando m\u00e1s un 15% en ciertas zonas del pa\u00ed\u00ads; en general, este modelo aparece en las estad\u00ed\u00adsticas agregado al tipo de familia semiextensa o nuclear extendida. Esta \u00faltima modalidad es mixta: entre nuclear y extensa. Puede ser una unidad incompleta de una extensa o la ampliaci\u00f3n de una nuclear. Se trata de una modalidad que sigue el perfil del modelo nuclear-conyugal, pero al n\u00facleo b\u00e1sico de padres e hijos solteros se le han unido otros familiares: la abuela o abuelo, los t\u00ed\u00ados o alg\u00fan sobrino o pariente de los mismos.<\/p>\n<p>Los datos latinoamericanos de las familias extensas o extendidas giran entre el 20 y el 38%, aunque generalmente su conformaci\u00f3n es imprecisa. Pero si tenemos en cuenta la vinculaci\u00f3n cotidiana y semanal de las familias, o la yuxtaposici\u00f3n de los hogares vinculados entre s\u00ed\u00ad, aunque reconozcan su independencia virtual, podemos decir que una mayor\u00ed\u00ada de m\u00e1s de dos tercios del total de las familias siguen respondiendo a la vinculaci\u00f3n estrecha entre los parientes cercanos. M\u00e1s a\u00fan, casi la totalidad de las familias han pasado en alg\u00fan momento de su ciclo familiar por esta conformaci\u00f3n entre consangu\u00ed\u00adnea y nuclear-conyugal independiente. De hecho, en los estudios de etapas familiares se registra un aumento de esta modalidad intermedia en las primeras y \u00faltimas fases del ciclo vital de la familia. La modalidad aumenta entre los m\u00e1s pobres en las \u00e9pocas de crisis econ\u00f3mica, como una estrategia de supervivencia para acogerse al resguardo de un hogar m\u00e1s s\u00f3lido y superar las dificultades de subsistencia y abandono.<\/p>\n<p>Con todo, estas formas temporales o definitivas de organizaci\u00f3n dom\u00e9stica mixta, hacen dif\u00ed\u00adcil las relaciones del grupo familiar cuando las normas de unidad consangu\u00ed\u00adnea se contraponen a las de la afinidad espont\u00e1nea de la pareja central o de la pareja acogida. Los parientes en convivencia sufren frecuentemente conflictos y tensiones, sobre todo cuando tienen que convivir en viviendas peque\u00f1as, construidas seg\u00fan el modelo nuclear y no con el criterio de una conformaci\u00f3n m\u00e1s compleja.<\/p>\n<p>c) El tercer modelo de familia, no siempre bien registrado como tal, se asimila al anterior: la modalidad familiar llamada \u00abcompuesta\u00bb. Su diferencia es que la conformaci\u00f3n de la unidad dom\u00e9stica se hace entre personas familiares y no familiares. El arreglo de cohabitaci\u00f3n com\u00fan refleja en varios sentidos la b\u00fasqueda de acomodo, independientemente de que no se trate de parientes: desde la comunidad religiosa y la convivencia de hu\u00e9spedes, estudiantes y compa\u00f1eros, hasta otras formas de arreglo comunal. La modalidad registrada como tal, llega a fluctuar entre el 3 y 7% de los hogares, pero alcanza hasta un porcentaje del 15% en Per\u00fa, o el 19% en Argentina. Las fluctuaciones de estos datos pueden deberse a que se incluyan como tales en las unidades familiares con servidumbre. Lo cierto es que esta modalidad se puede asimilar tanto al modelo b\u00e1sicamente nuclear-conyugal como al de la familia extendida, y eso hace impreciso su registro cuantitativo.<\/p>\n<p>d) El cuarto tipo de unidad dom\u00e9stica es el de las familias seminucleares. En ellas se incluyen la familia monoparental, la pareja conyugal sin hijos (esta \u00faltima, generalmente incluida en la forma nuclear propiamente dicha), e incluso la unipersonal. Esta modalidad es producto, a veces, de una evoluci\u00f3n avanzada de la separaci\u00f3n marital y del envejecimiento mayor de la poblaci\u00f3n, en los sectores de clase media y media popular, pero, otras veces, como en Brasil, M\u00e9xico y Ecuador, es el reflejo de la condici\u00f3n marginal de las mujeres negras y mulatas o indias y mestizas de los sectores precarios suburbanos. En todo caso, las llamadas casas chicas o segundos frentes, conformados por mujeres con hijos ileg\u00ed\u00adtimos de maridos que viven con sus esposas leg\u00ed\u00adtimas, quedan casi siempre encubiertas y presentadas como familias nucleares, aunque no lo sean.<\/p>\n<p>Parece que este modelo de familias -sobre todo las de tipo uniparentalva en aumento, al menos en el reconocimiento de su propia existencia. Como alternativa, parece estar ahora m\u00e1s legitimado, a pesar de su aparente anormalidad. Sin embargo, este modelo seminuclear tiene frecuentes problemas funcionales por el aislamiento que vive y la sobrecarga de tareas de la \u00fanica persona adulta responsable de la familia. S\u00f3lo la formaci\u00f3n de redes interfamiliares de apoyo rec\u00ed\u00adproco puede ayudar a superar las restricciones del modelo y la precariedad de su estabilidad.<\/p>\n<p>III. Presente y futuro de la instituci\u00f3n familiar<br \/>\n1. CAMBIO DE LAS RELACIONES FAMILIARES. Con esta variedad de modelos, la realidad familiar latinoamericana es significativamente un fen\u00f3meno transitorio, todav\u00ed\u00ada ambivalente, fruto del paso de valores tradicionales, propios de modelos familiares inalterables, a los valores nuevos que promueven el desarrollo personal de sus miembros, la igualdad de la mujer y el respeto a los derechos del ni\u00f1o y el adolescente. Esta situaci\u00f3n desdibuja la unidad familiar institucionalizada de la \u00e9poca anterior.<\/p>\n<p>En la concepci\u00f3n global del modelo institucional de la familia, la pluralidad de las funciones familiares estaban integradas y fusionadas idealmente de manera unitaria. Ahora, en cambio, las funciones de la familia han quedado fragmentadas entre s\u00ed\u00ad: las relaciones sexuales, debido a los anticonceptivos, no se conciben necesariamente como un comportamiento reproductivo; los miembros de la pareja marital pueden no ser, a la vez, padres de los mismos hijos, ni frecuentemente son, al mismo tiempo, marido y mujer, compa\u00f1eros que se empe\u00f1an en el desarrollo rec\u00ed\u00adproco de sus personas y v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n con sus familias consangu\u00ed\u00adneas respectivas. El mismo divorcio, ahora legalizado, puede dar lugar a matrimonios sucesivos y a la reconstrucci\u00f3n familiar. La familia ha dejado de ser una unidad compartida de trabajo econ\u00f3mico de padres e hijos-hermanos, e incluso de ense\u00f1anza uniforme, desplazada por la escuela en los diversos ambientes. Las influencias sociales plurales y la de los medios de comunicaci\u00f3n afectan en forma dispar a los hermanos, y los lazos de sangre son sustituidos, frecuentemente, por relaciones de compa\u00f1erismo y de amistad selectiva a nivel personal.<\/p>\n<p>Todo ello ha dado lugar a una concepci\u00f3n no unitaria y no integradora de la organizaci\u00f3n familiar: en ella aparecen un grado mayor de informalidad y un pluralismo de modalidades familiares y de nuevos ensayos de integraci\u00f3n y de recomposici\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>Esta flexibilizaci\u00f3n familiar tiene m\u00faltiples consecuencias: la concepci\u00f3n monog\u00e1mica de un matrimonio indisoluble da lugar a disyuntivas que desestabilizan la inercia y continuidad familiar, y enfatizan el valor amoroso, entendido como un compromiso basado en la autenticidad, m\u00e1s que en la fidelidad. La libertad sexual se constituye en un derecho personal que puede llevar a la inmadurez ps\u00ed\u00adquica y humana y, parad\u00f3jicamente hacer m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la elecci\u00f3n libre de pareja marital, pero tambi\u00e9n implica una mayor responsabilidad personal. Concomitantemente, la uni\u00f3n marital libre llega a tener un porcentaje cada vez m\u00e1s elevado de pr\u00e1ctica y de aceptaci\u00f3n p\u00fablica: los datos muestran en toda Latinoam\u00e9rica porcentajes que van desde el 3,9% en Chile y el 6% en Brasil, hasta el 47% en Guatemala, el 32% en Ecuador y del 18% al 24% en M\u00e9xico. Y cuando se engloba toda la historia de la vida de las personas, puede llegar, como en Ecuador, hasta el 57% la poblaci\u00f3n que ha estado unida maritalmente, de manera libre, en alg\u00fan per\u00ed\u00adodo de su vida. M\u00e1s a\u00fan, si esta cuesti\u00f3n la proyectamos en especial a la poblaci\u00f3n joven, menor de 25 a\u00f1os, los proyectos de cohabitaci\u00f3n sin matrimonio (como ensayo o como forma alternativa a la vida matrimonial formal) suben hasta las dos terceras partes del total de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estamos ante un hecho que no puede desconocerse ni combatirse con la exigencia de una norma moral externa, con base dogm\u00e1tica. Los estudios realizados sobre esta nueva realidad, nos han descubierto en el fondo de las personas unas valoraciones casi nunca percibidas claramente por los moralistas expertos en el tema de la familia. El \u00e9thos profundo de esta nueva actitud y conducta hace referencia m\u00e1s que a una conducta escandalosa y fr\u00ed\u00advola, a una convicci\u00f3n profunda de que la vida familiar, por un lado, depende de la b\u00fasqueda de subsistencia b\u00e1sica vital y, por otro, est\u00e1 enraizada tanto en la fuerza de la sangre, como en la relaci\u00f3n humana amorosa y libre. Si estas aspiraciones quedaran supeditadas a otros condicionantes de la organizaci\u00f3n formal y p\u00fablica de la vida familiar, esta perder\u00ed\u00ada su sentido esencial&#8230;<\/p>\n<p>A su vez, el problema de las relaciones entre padres e hijos es tambi\u00e9n altamente sintom\u00e1tico de una tendencia, cada vez mayor, hacia las relaciones abiertas de nuevos pactos entre las generaciones, al mismo tiempo que aparece una tendencia democratizadora en el mismo seno de la familia. Esto se asocia, sobre todo, al otro proceso crucial: el desarrollo de la mujer como ser humano y social, y no s\u00f3lo como madre y ama de casa, lo cual pide un cambio en la perspectiva educativa de los dos sexos, pero implica necesariamente un replanteamiento del concepto de familia.<\/p>\n<p>2. HACIA UN NUEVO SENTIDO FAMILIAR. A pesar de todos los s\u00ed\u00adntomas cr\u00ed\u00adticos, no puede decirse, sin embargo, que la vida familiar est\u00e9 en proceso de desaparici\u00f3n; antes al contrario, la misma zozobra aparente marca una intensa estima creciente por el espacio \u00ed\u00adntimo y de mediaci\u00f3n social trascendente de la familia.<\/p>\n<p>Todo ello abre las alternativas buscadas por las nuevas generaciones familiares que, en lugar de pretender la destrucci\u00f3n de la familia, est\u00e1n buscando que esta se recomponga sobre nuevas bases, a partir de sus ancestrales elementos esenciales: la consanguinidad y la afinidad amorosa y marital. Pero en todo caso, permitiendo que la vida humana se regenere en la doble dimensi\u00f3n de la familia: la expresi\u00f3n \u00ed\u00adntima y la acci\u00f3n y proyecci\u00f3n social y comunitaria.<\/p>\n<p>Estamos, pues, ante un panorama de cambios y de expectativas inquietantes, pero tambi\u00e9r\u00ed\u00ad esperanzadoras de familias en proceso de desarrollo.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Aplicando la literatura existente sobre la modernizaci\u00f3n de Am\u00e9rica latina, podemos mencionar a importantes autores, desde Germani (1968-1969), que aborda incluso las implicaciones a la modernizaci\u00f3n de la vida familiar, hasta analistas de los te\u00f3ricos como Carlota Sol\u00e9 (1976) y analistas recientes, tanto en el campo de la sociolog\u00ed\u00ada como de las diversas disciplinas humanas, incluyendo la literatura. Baste referirnos a nuestro trabajo colectivo reciente: Modernizaci\u00f3n: sentido y contrasentido (Aquiles Chihu, 1993) o los aportes de literatos como Octavio Paz (1979) y Gabriel Zaid (1979), y los del antrop\u00f3logo S. Canclini (1990). En todos ellos hay, no s\u00f3lo una referencia idealizada de esta modernidad de fin de siglo, sino sobre todo una visi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de sus procesos. Adem\u00e1s, es importante el aporte de lo que ha significado la modernizaci\u00f3n familiar en el mundo occidental, realizado por un historiador, creador de escuela, como Jean-Louis Flandrin (1979) -sobre todo en la desmitificaci\u00f3n de la moral dom\u00e9stica-, y por toda la corriente fenomenol\u00f3gica representada por Alfred Sch\u00fatz (1974) y por Goffman (1971), centrada sobre el sentido de la vida cotidiana y su estudio comprensivo. De todos ellos y de muchos m\u00e1s hemos seguido pistas en este breve ensayo. &#8211; 2. V\u00e9anse las estad\u00ed\u00adsticas demogr\u00e1ficas del Demographic Yearbook de los a\u00f1os correspondientes hasta el de 1994 y los cuadros de la poblaci\u00f3n con sus diversos indicadores para pa\u00ed\u00adses y regiones, publicado por el Population Referente Bureau hasta el \u00faltimo aqu\u00ed\u00ad consultado de 1996. Publican tambi\u00e9n peri\u00f3dicamente datos estad\u00ed\u00adsticos a nivel mundial y para Am\u00e9rica latina: la FAO, el UNICEF y la Divisi\u00f3n de Poblaci\u00f3n de las Naciones Unidas, as\u00ed\u00ad como la CEPAL para la regi\u00f3n. &#8211; 3. Estimaciones basadas en estudios nacionales diversos: v\u00e9anse datos estad\u00ed\u00adsticos en RODOLFO CORONA V., Demos 6 (1993) 14-15. V\u00e9ase tambi\u00e9n: MANUEL ANGEL CASTILLO en la obra Pol\u00ed\u00adticas de poblaci\u00f3n en Centroam\u00e9rica, El Caribe y M\u00e9xico, 1994, 185-199, as\u00ed\u00ad como la obra de varios autores publicada por el CONAPO: Migraci\u00f3n internacional en las fronteras norte y sur de M\u00e9xico, 1992. &#8211; 4. Nos referimos aqu\u00ed\u00ad a la informaci\u00f3n recabada en la obra tambi\u00e9n de la CEPAL, 1993, Cambios en el perfil de las familias, la experiencia regional, en la que se recopilan los trabajos de diversos autores referidos a los pa\u00ed\u00adses latinoamericanos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, M\u00e9xico, Per\u00fa y Uruguay, adem\u00e1s de varios trabajos a nivel global latinoamericano. Entre sus autores est\u00e1n: Josefina Rossetti (en general), M&#8217; del Carmen Feij\u00f3o (Argentina), Ana M&#8217; Goldani (Brasil), M\u00f3nica Mu\u00f1oz y Carmen Reyes (Chile), Rafael Echeverri y Carmen Florez (Colombia), M&#8217; Elena Ben\u00ed\u00adtez (Cuba), Mauricio Garc\u00ed\u00ada y Amalia Mauro (Ecuador), Rodolfo Tuir\u00e1n y Norma Ojeda (M\u00e9xico), Violeta Sara Lafosse y Ana Ponce (Per\u00fa), Carlos Filgueira y Andr\u00e9s Peri (Uruguay), y Miguel Bol\u00ed\u00advar y Francisco Javier Velasco (Venezuela). &#8211; 5. Diversas fuentes utilizadas por los autores de la publicaci\u00f3n de la CEPAL referida en la nota anterior. Remitimos a dicha obra en sus diversos cuadros: pp. 52, 145, 147, 186, 192, 227, 274, 296, 297, 301, 304, 374, 405, 406. Para M\u00e9xico, las fuentes fueron mucho m\u00e1s plurales. V\u00e9ase TUIRAN, Demos 6 (1993) 20-21; LENERO (1994) 38.<\/p>\n<p>BIBL.: BURGUIERE A. Y OTROS (eds.), Historia de la familia 1 y II, Alianza, Madrid 1988; CNIu A. (coord.), El \u00e9thos en un mundo secular, Univ. Aut\u00f3noma Metropolitana-Iztapalapa, M\u00e9xico 1991; Modernizaci\u00f3n: sentido y contrasentido, Univ. Aut\u00f3noma Metropolitana-Iztapalapa, M\u00e9xico 1993; Comtst\u00f3N ECON\u00ed\u201cMICA PARA AMERICA LATINA Y EL CARIBE-CEPAL, Cambios en el perfil de las familias. La experiencia regional, ONU-CEPAL, Santiago de Chile 1993; Anuario estad\u00ed\u00adstico de Am\u00e9rica latina y el Caribe, ONU-CEPAL, Santiago de Chile 1993; II CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Medell\u00ed\u00adn 1968, Documentos finales de Medell\u00ed\u00adn. Conclusiones, San Pablo, Buenos Aires 1968 (c. 3: Familia y demografia, 57-68), III CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO: Puebla 1979. Documentos de Puebla, PPC, Madrid 1979, 3&#8242; parte, c. 1: Centros de comuni\u00f3n y participaci\u00f3n 1: Familia, 187-197; FLANDRIN J. L., Or\u00ed\u00adgenes de la familia moderna, Cr\u00ed\u00adtica-Grijalbo, Barcelona 1979; GARC\u00ed\u008dA CANCLINI, Culturas h\u00ed\u00adbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad, Grijalbo, M\u00e9xico 1990; JUAN PABLO II, Familiaris consortio, San Pablo, Madrid 1995&#8242;; LE\u00ed\u2018ERO OTERO L., El fen\u00f3meno familiar en M\u00e9xico, IMES, M\u00e9xico 1983; Peal de la religiosidad en la arquidi\u00f3cesis de M\u00e9xico, D. F., III Vicaria Ep. Arq. M\u00e9xico 1994; Sociedad civil, familia y juventud Ensayos de diagn\u00f3stico y de intervenci\u00f3n social, IMES y CEJUV. 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Desigualdad de las familias por su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/familia-actual-en-america-latina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFAMILIA ACTUAL EN AMERICA LATINA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17002","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17002","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17002"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17002\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17002"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17002"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17002"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}