{"id":17005,"date":"2016-02-05T11:04:52","date_gmt":"2016-02-05T16:04:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/finalidad-de-la-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:52","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:52","slug":"finalidad-de-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/finalidad-de-la-catequesis\/","title":{"rendered":"FINALIDAD DE LA CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Hacia una definici\u00f3n. II. Seguimiento de Jesucristo: 1. Vinculaci\u00f3n a Jesucristo; 2. Jesucristo nos vincula al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu; 3. Jesucristo nos vincula a su Iglesia; 4. Jesucristo nos vincula a los hombres. III. La confesi\u00f3n de fe madura: 1. Esencial en el bautismo; 2. Manifestaci\u00f3n de nuestra entrega a Dios; 3. Participaci\u00f3n en la fe de la Iglesia, al servicio del mundo. IV. Educar una mentalidad de fe: 1. La meta de la madurez de fe; 2. Objetivos para posibilitar esa madurez. V. El \u00abhombre nuevo\u00bb que nace de la catequesis: 1. Creyentes comprometidos con la causa y el estilo de Jes\u00fas; 2. Adoradores del Padre; 3. Colaboradores del Esp\u00ed\u00adritu; 4. Hombres y mujeres de Iglesia; 5. En actitud de servicio al mundo.<\/p>\n<p>I. Hacia una definici\u00f3n<br \/>\nLa acci\u00f3n catequ\u00e9tica es el medio fundamental, la mediaci\u00f3n prioritaria, por la que la Iglesia educa la fe de sus miembros. Por eso es muy importante definir la finalidad o meta de la catequesis en el proceso de catequizaci\u00f3n que lleva a cabo la comunidad eclesial. En efecto, el objetivo final marca la trayectoria a seguir durante el proceso.<\/p>\n<p>La personalidad del creyente es multidimensional. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, la catequesis ha de abarcar las distintas dimensiones que comprende la formaci\u00f3n de la personalidad creyente, porque su meta es la formaci\u00f3n de dicha personalidad.<\/p>\n<p>Al definir la finalidad de la catequesis, nos encontramos con una serie de descripciones que reflejan aspectos diversos y complementarios. Para expresar la finalidad de la catequesis habremos de tener en cuenta su naturaleza, que se inspira en el catecumenado bautismal.<\/p>\n<p>Algunas descripciones apuntan como finalidad de la catequesis la vinculaci\u00f3n a Dios en Jesucristo. Afirma el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (1971): \u00abPor obra de la catequesis, las comunidades cristianas adquieren un conocimiento m\u00e1s profundo y vivo de Dios y de su designio salv\u00ed\u00adfico, que tiene su centro en Cristo\u00bb (DCG 21).<\/p>\n<p>Otras expresiones destacan como su meta la vinculaci\u00f3n a la Iglesia: \u00abLa meta de la catequesis consiste en hacer del catec\u00fameno un miembro activo de la vida y de la misi\u00f3n de la Iglesia\u00bb (CC 60). Siendo la comunidad cristiana el origen, lugar y meta de la catequesis (cf DGC 254), \u00abla catequesis capacita al cristiano para vivir en comunidad y para participar activamente en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia\u00bb (DGC 86).<\/p>\n<p>En otras descripciones se subraya m\u00e1s el aspecto confesante de la fe en medio de los hombres, en el mundo: \u00abLa catequesis est\u00e1 abierta, igualmente, al dinamismo misionero. Se trata de capacitar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social\u00bb (DGC 86).<\/p>\n<p>La catequesis que se inspira en el catecumenado bautismal, tendr\u00e1 la misma finalidad que el catecumenado. Por eso, otras definiciones ofrecen una visi\u00f3n integral de la meta de la catequesis. Por ejemplo: \u00abla catequesis ilumina y robustece la fe, anima la vida con el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participaci\u00f3n del misterio lit\u00fargico y alienta a una acci\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (GE 4).<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n la visi\u00f3n que propone la Conferencia episcopal espa\u00f1ola, aplicada a la iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abUna formaci\u00f3n org\u00e1nica y sistem\u00e1tica de la fe&#8230;, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, que propicia un aut\u00e9ntico seguimiento de Jesucristo e introduce en la comunidad eclesial\u00bb (IC 42).<\/p>\n<p>En efecto, la catequesis trata de favorecer una progresiva vinculaci\u00f3n existencial de las personas con Dios (metanoia), en la comuni\u00f3n eclesial (koinon\u00ed\u00ada), para ponerse al servicio del mundo (diakon\u00ed\u00ada). Estos tres aspectos -teologal, eclesial y diaconalson elementos integrantes de la finalidad de la catequesis, y se implican entre s\u00ed\u00ad. El cristiano se encuentra con Dios en la Iglesia, cuerpo de Cristo, y en una Iglesia enviada al mundo para anunciarle -con palabras y con obras- la salvaci\u00f3n de Jes\u00fas. La consecuci\u00f3n de esta uni\u00f3n vital con Dios se expresa en una confesi\u00f3n de fe adulta y verdadera (cf CAd 134).<\/p>\n<p>Por eso afirma el nuevo Directorio: \u00abLa catequesis es esa forma particular del ministerio de la Palabra que hace madurar la conversi\u00f3n inicial hasta hacer de ella una viva, expl\u00ed\u00adcita y operativa confesi\u00f3n de fe\u00bb (DGC 82). He ah\u00ed\u00ad la finalidad de la catequesis.<\/p>\n<p>II. Seguimiento de Jesucristo<br \/>\n\u00abEn el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jes\u00fas de Nazaret&#8230; y la vida cristiana consiste en seguir a Cristo\u00bb (CT 5; cf tambi\u00e9n CC 124 y CCE 426).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la catequesis es iniciaci\u00f3n en el seguimiento de Jesucristo, seguimiento de aquellos que, subyugados por la buena noticia de Jes\u00fas, buscan conocerlo en profundidad y entrar en su discipulado.<\/p>\n<p>Seguir a Jes\u00fas es algo m\u00e1s profundo que un imitar su vida desde fuera. Es dejarse cautivar por Alguien que est\u00e1 vivo y, como fruto de esa vinculaci\u00f3n interior, tratar de actualizar en la propia vida los valores y actitudes que \u00e9l vivi\u00f3. Es introducirse progresivamente en la misma experiencia de san Pablo: \u00abya no vivo yo: es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). En suma, \u00abel fin definitivo de la catequesis es poner a uno, no s\u00f3lo en contacto, sino en comuni\u00f3n, en intimidad con Jesucristo\u00bb (DGC 80).<\/p>\n<p>Pero dicha comuni\u00f3n de vida con Jesucristo, para dejarle seguir viviendo su vida en nosotros y en nuestro tiempo, lleva a vincularse con todo aquello a lo que \u00e9l estaba \u00ed\u00adntimamente unido: \u00abcon Dios, su Padre, que le hab\u00ed\u00ada enviado al mundo, y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que le impulsaba a la misi\u00f3n; con la Iglesia, su cuerpo, por la cual se entreg\u00f3; con los hombres, sus hermanos, cuya suerte quiso compartir\u00bb (DGC 81).<\/p>\n<p>1. VINCULACI\u00ed\u201cN A JESUCRISTO. Hablar de vinculaci\u00f3n en nuestro caso equivale a inserci\u00f3n vital que condiciona toda la vida. \u00abToda la acci\u00f3n evangelizadora busca favorecer la comuni\u00f3n con Jesucristo. A partir de la conversi\u00f3n inicial de una persona al Se\u00f1or, suscitada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante el primer anuncio, la catequesis se propone fundamentar y hacer madurar esta primera adhesi\u00f3n\u00bb (DGC 80).<\/p>\n<p>Jesucristo nos comunica su Esp\u00ed\u00adritu Santo y es su Esp\u00ed\u00adritu en nosotros quien nos vincula a Cristo. El va ilumin\u00e1ndonos con lo recibido de Cristo y nos va configurando con \u00e9l. Esta gestaci\u00f3n de Jesucristo en nosotros abarca todas las dimensiones de Jes\u00fas. Por eso la catequesis ayuda a vincularnos a Cristo en su dimensi\u00f3n divina y humana, sigui\u00e9ndole en la condici\u00f3n de siervo, en su sensibilidad por los marginados, en su car\u00e1cter contemplativo y en la espera de su retorno glorioso (cf CAd 139-145), sin descuidar su atenci\u00f3n a las expectativas de los hombres, su presentaci\u00f3n como salvador y cabeza de todo lo creado, y su solidaridad con toda la historia y con todo el mundo (cf RdC 60-68; DGC 41; IC 9).<\/p>\n<p>2. JESUCRISTO NOS VINCULA AL PADRE Y AL ESP\u00ed\u008dRITU. Una catequesis centrada en Cristo tiende a generar hombres y mujeres religiosos, adoradores del Padre. Confesar la fe en Jesucristo es decir un s\u00ed\u00ad rotundo a Dios, porque Jes\u00fas \u00abhabla palabras de Dios y lleva a cabo la salvaci\u00f3n que el Padre le confi\u00f3\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos vincula tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu Santo que env\u00ed\u00ada a su Iglesia: \u00abOs conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9\u00bb (Jn 16,7). Es el Esp\u00ed\u00adritu Santo el que nos hace entrar en comuni\u00f3n de vida y amor con el Padre y con Jes\u00fas, el Hijo encarnado.<\/p>\n<p>De esta manera, la vinculaci\u00f3n vital a Cristo nos introduce en la vida trinitaria: \u00abS\u00f3lo \u00e9l puede conducirnos al amor del Padre en el Esp\u00ed\u00adritu y hacernos part\u00ed\u00adcipes de la vida de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb (CCE 426). Por Cristo, quedamos vinculados a un Dios, Trinidad de personas, comunidad, vida compartida, comuni\u00f3n gozosa de vida, un Dios a la vez el que ama, el amado y el amor. \u00abEs importante que la catequesis sepa vincular bien la confesi\u00f3n de fe cristol\u00f3gica, \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb, con la confesi\u00f3n trinitaria, \u00abCreo en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, ya que no son m\u00e1s que dos modalidades de expresar la misma fe cristiana\u00bb (DGC 82; cf IC 11).<\/p>\n<p>3. JESUCRISTO NOS VINCULA A SU IGLESIA. Jesucristo ha venido a congregar a los hijos de Dios dispersos y a enviarlos a anunciar el evangelio. Jesucristo nos vincula a la Iglesia, porque en ella re\u00fane a sus disc\u00ed\u00adpulos y deposita la continuaci\u00f3n de su obra, transmiti\u00e9ndole su Esp\u00ed\u00adritu. A trav\u00e9s de la catequesis, que nos vincula a Jesucristo, somos reunidos por \u00e9l en la Iglesia, su cuerpo, como una familia fraterna y misionera.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n prometida por el Se\u00f1or la recibimos no s\u00f3lo en la Iglesia, sino de la Iglesia y por la Iglesia. Una catequesis que trata de vincularnos con Cristo, nos habr\u00e1 de vincular al mismo tiempo a la Iglesia, su propio cuerpo. Adherirse a la Iglesia de Cristo comporta asumir los rasgos que definen su autenticidad: acogerla como misterio de comuni\u00f3n con Dios y entre los hermanos; adherirnos a ella en cuanto evangelizadora, siempre en estado de misi\u00f3n; incorporarnos a la Iglesia toda ella ministerial y corresponsable; aceptar su realidad divino-humana, inmutable y mudable, santa y pecadora, necesaria y relativa.<\/p>\n<p>La catequesis est\u00e1 llamada a favorecer el afecto cordial a la Iglesia, a ahondar en una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n y a descubrir que la Iglesia es esencialmente misionera (cf RdC 86-90; CC 184-196; CAd 151-158; IC 13).<\/p>\n<p>4. JESUCRISTO NOS VINCULA A LOS HOMBRES. Por una parte, Jesucristo est\u00e1 unido a los hombres de manera misteriosa, pero real: \u00ablo que hicisteis a uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed\u00ad me lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40). Nos situamos de lleno en la finalidad diaconal de la catequesis. Por otra, la Iglesia, siguiendo a Cristo, su cabeza, es solidaria con la humanidad: \u00abLa Iglesia se siente \u00ed\u00adntima y realmente solidaria del g\u00e9nero humano y de su historia\u00bb (GS 1) y concibe su presencia en el mundo, al estilo de Jes\u00fas, como un servicio: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir\u00bb (Mc 10,45).<\/p>\n<p>Si la catequesis quiere favorecer la vinculaci\u00f3n del cristiano a las personas concretas, habr\u00e1 de abordar los problemas humanos, personales, familiares, sociales y religiosos como centros-est\u00ed\u00admulo que nos urgen a la coherencia de vida, para construir el Reino de la fraternidad. El mensaje cristiano no ser\u00ed\u00ada cre\u00ed\u00adble si no afrontase y tratara de resolver estos problemas. No se trata de una simple preocupaci\u00f3n did\u00e1ctica o pedag\u00f3gica. Se trata de una exigencia de encarnaci\u00f3n, esencial al cristianismo (cf RdC 96-97).<\/p>\n<p>III. La confesi\u00f3n de fe madura<br \/>\n\u00abLa catequesis tiene como meta la confesi\u00f3n de fe\u00bb (CAd 136). Confesar o profesar la fe cristiana es adherirse incondicionalmente a la persona de Jesucristo, en quien el Padre nos ha comunicado su Esp\u00ed\u00adritu y, adem\u00e1s, manifestar con palabras y obras esa adhesi\u00f3n sin reservas, dentro de la comunidad eclesial y en medio del mundo. \u00abLa finalidad de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica consiste precisamente en esto: propiciar una viva, expl\u00ed\u00adcita y operante profesi\u00f3n de fe\u00bb (DGC 66). \u00abLa catequesis tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe y conduce a la confesi\u00f3n de fe\u00bb (MPD 8).<\/p>\n<p>Efectivamente, si el catecumenado bautismal se desarrolla en una comunidad de fe que lleva a la profesi\u00f3n de fe, tambi\u00e9n la catequesis, inspirada en el catecumenado, tendr\u00e1 como meta \u00faltima de su proceso la profesi\u00f3n de fe. Cuando el catequizando es capaz de confesar la fe con toda su vida, es decir, con su memoria, inteligencia, coraz\u00f3n, palabra y acci\u00f3n (cf EN 44), el proceso catequ\u00e9tico ha culminado.<\/p>\n<p>1. ESENCIAL EN EL BAUTISMO. La confesi\u00f3n de fe es inherente al bautismo y este es, por excelencia, el sacramento de la fe. La triple pregunta de la profesi\u00f3n de fe precede inmediatamente a la inmersi\u00f3n o a la infusi\u00f3n del agua (cf CCE 189). Esta \u00abprofesi\u00f3n de fe, interior al bautismo, es eminentemente trinitaria. La Iglesia bautiza \u00aben el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 28,19), Dios uno y trino, a quien el cristiano conf\u00ed\u00ada su vida&#8230; (El convertido) inicia un proceso, ayudado por la catequesis, que desemboca necesariamente en la confesi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la Trinidad\u00bb (DGC 82). M\u00e1s a\u00fan, \u00abrecitar con fe el credo es entrar en comuni\u00f3n con Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (CCE 197; cf IC 54).<\/p>\n<p>2. MANIFESTACI\u00ed\u201cN DE NUESTRA ENTREGA A DIOS. La confesi\u00f3n de fe estrictamente vinculada, en la tradici\u00f3n eclesial, al proceso de iniciaci\u00f3n cristiana, es el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico. Este presenta las obras salv\u00ed\u00adficas de Dios y nos relaciona con un Dios comunicativo, que act\u00faa en favor del hombre.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n de fe descansa en la primera palabra que el cristiano pronuncia: Creo en. Con esta expresi\u00f3n manifestamos algo m\u00e1s que un puro asentimiento racional; expresamos nuestra entrega personal e incondicional al \u00fanico Dios. Es el gesto m\u00e1s hondo que la persona humana puede hacer. La confesi\u00f3n de fe en Dios es la proclamaci\u00f3n de querer librarnos de cualquier \u00ed\u00addolo que nos esclavice. Es un canto de libertad.<\/p>\n<p>La fe es am\u00e9n a Dios (cf 2Cor 1,20). Esta actitud dice relaci\u00f3n a una realidad misteriosa, porque, en \u00faltimo t\u00e9rmino, es la adhesi\u00f3n al Dios vivo que habita en una luz inaccesible (cf ITim 6,16). S\u00f3lo a Dios se puede rendir tal homenaje. Ninguna persona puede prestar tal adhesi\u00f3n a una criatura, sin renunciar a su dignidad. As\u00ed\u00ad, el acto de fe se nos presenta tambi\u00e9n como un acontecimiento de libertad suprema: no s\u00f3lo no ahoga, sino que potencia la libertad humana.<\/p>\n<p>Esta entrega a Dios la expresa y la matiza as\u00ed\u00ad el nuevo Directorio: \u00abCon la profesi\u00f3n de fe en el Dios \u00fanico, el cristiano renuncia a servir a cualquier absoluto humano: poder, placer, raza, antepasado, Estado, dinero&#8230;, liber\u00e1ndose de cualquier \u00ed\u00addolo que lo esclavice. Es la proclamaci\u00f3n de su voluntad de querer servir a Dios y a los hombres sin ataduras. Y al proclamar la fe en la Trinidad, que es comuni\u00f3n de personas, el disc\u00ed\u00adpulo de Jesucristo manifiesta al mismo tiempo que el amor a Dios y al pr\u00f3jimo es el principio que informa su ser y su obrar\u00bb (DGC 82).<\/p>\n<p>3. PARTICIPACI\u00ed\u201cN EN LA FE DE LA IGLESIA, AL SERVICIO DEL MUNDO. \u00abQuien dice \u00abyo creo\u00bb, dice \u00abyo me adhiero a lo que nosotros creemos\u00bb\u00bb (CCE 185). Con esto, el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica quiere decir que nuestro credo no es una proclamaci\u00f3n de creyentes aislados, sino la profesi\u00f3n de fe del pueblo de Dios como tal, que es la Iglesia. La confesi\u00f3n de fe s\u00f3lo es plena referida a la Iglesia. Recitamos en singular el credo, pero siempre en Iglesia. La fe cristiana no es sino participaci\u00f3n de la fe com\u00fan de la Iglesia (cf CAd 138).<\/p>\n<p>El nuevo Directorio insiste en la eclesialidad de la confesi\u00f3n de fe: \u00abLa profesi\u00f3n de fe s\u00f3lo es plena si es referida a la Iglesia. Todo bautizado proclama en singular el credo, pues ninguna acci\u00f3n es m\u00e1s personal que esta. Pero lo recita en la Iglesia y a trav\u00e9s de ella, puesto que lo hace como miembro suyo. El \u00abcreo\u00bb y el \u00abcreemos\u00bb se implican mutuamente. Al fundir su confesi\u00f3n con la de la Iglesia, el cristiano se incorpora a la misi\u00f3n de esta: ser \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb para la vida del mundo. El que proclama la profesi\u00f3n de fe asume compromisos que, no pocas veces, atraer\u00e1n persecuci\u00f3n. En la historia cristiana son los m\u00e1rtires los anunciadores y los testigos por excelencia\u00bb (DGC 83).<\/p>\n<p>Sintetizando los diferentes aspectos de la confesi\u00f3n de fe como finalidad de la catequesis, podemos decir, en sinton\u00ed\u00ada con el s\u00ed\u00adnodo de 1977, que la confesi\u00f3n de fe, promovida por la catequesis, es la entrega confiada de las personas a Dios, como miembros de la Iglesia de Jes\u00fas, para ponerse al servicio del mundo. As\u00ed\u00ad, la meta de la catequesis est\u00e1 en favorecer la confesi\u00f3n de fe en Dios, desde el seno de una Iglesia que, presente y activa en el mundo, le entrega lo mejor de s\u00ed\u00ad misma, a pesar de su doloroso rechazo e incomprensi\u00f3n (cf CAd 138).<\/p>\n<p>IV. Educar una mentalidad de fe<br \/>\nSi el objetivo \u00faltimo de la catequesis es capacitar a la persona para comprometerse en la profesi\u00f3n de fe, el objetivo pr\u00f3ximo es crear en ella las condiciones para hacer esa profesi\u00f3n de fe, llevar a madurez la fe personal, es decir, desarrollar en ella la mentalidad propia del creyente.<\/p>\n<p>Alcanzar esta mentalidad de fe supone educar para ver, sentir y actuar como Cristo, esto es, \u00abpara pensar como Cristo, para ver la historia como \u00e9l, para juzgar la vida como \u00e9l, para optar y amar como \u00e9l, para esperar como ense\u00f1a \u00e9l, para vivir en \u00e9l la comuni\u00f3n con el Padre y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En una palabra: nutrir y guiar la mentalidad de fe\u00bb (RdC 38). En consecuencia, ser\u00e1 objetivo pr\u00f3ximo de la catequesis educar a un modo de ser creyente que abarque a toda la persona y la configure con Jesucristo.<\/p>\n<p>Cabe describir el crecimiento de la vida de fe, o vida teologal, como un proceso de conversi\u00f3n, de progresiva interiorizaci\u00f3n de las actitudes de fe, esperanza y amor, en interacci\u00f3n con el desarrollo arm\u00f3nico de los niveles del conocimiento, de la afectividad y del comportamiento, camino hacia la madurez.<\/p>\n<p>1. LA META DE LA MADUREZ DE FE. La catequesis tiene como finalidad favorecer una primera madurez de fe.<\/p>\n<p>Ciertamente, la meta de la madurez nunca ser\u00e1 totalmente alcanzada, ni a nivel personal ni a nivel comunitario, pero el dinamismo de la fe, de la vida teologal, apunta hacia la meta de su madurez. Los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de esta fe madura, podemos describirlos sirvi\u00e9ndonos del concepto psicol\u00f3gico de actitud y de su estructura espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>La fe madura es la actitud central de toda personalidad cristiana. Y esta fe es madura, como actitud, cuando goza de estabilidad y est\u00e1 integrada en el conjunto de la personalidad, como centro de referencia de todos los resortes de la vida y de la acci\u00f3n. La fe, en su proceso de maduraci\u00f3n, desarrolla de manera coherente las tres dimensiones de la actitud: la cognoscitiva, la afectiva y la operativa.<\/p>\n<p>a) La actitud de fe madura, crece, desarrollando su vertiente cognoscitiva y, por tanto, valorativa y motivacional. En esta vertiente, consideramos la fe como contenido de la Revelaci\u00f3n y del mensaje evang\u00e9lico. La fe, en este sentido, significa el empe\u00f1o por conocer cada vez mejor el sentido profundo de la Palabra: fides quae. Esto supone una fe informada y profundizada, en contraposici\u00f3n a una fe ignorante y superficial; una fe diferenciada, capaz de discernimiento, no monol\u00ed\u00adtica o integrista; una fe cr\u00ed\u00adtica y autocr\u00ed\u00adtica, no ingenua, acr\u00ed\u00adtica o pasiva. Aqu\u00ed\u00ad estar\u00ed\u00adamos desarrollando preferentemente la fides quae (cf CC 166; DGC 92).<\/p>\n<p>b) La fe crece, madura, desarrollando en forma integral la dimensi\u00f3n afectivo-emotiva de la actitud. Aqu\u00ed\u00ad abordamos la fe cristiana como adhesi\u00f3n a Dios que se revela, hecha bajo el influjo de la gracia. En este caso, la fe consiste en entregarse a la palabra de Dios y confiarse a ella: fides qua. En efecto, creer entra\u00f1a una doble referencia: a la persona -la entrega confiada a Dios- y a la verdad -el asentimiento cordial a todo lo que \u00e9l nos ha revelado- (cf DGC 54). La fe madura goza de autonom\u00ed\u00ada motivacional y no es conformista. Adem\u00e1s, es constante, capaz de comprometerse a largo plazo, no caprichosa o voluble. La fe madura es comunicativa, contagiosa, abierta al di\u00e1logo y a la confrontaci\u00f3n, no autosuficiente o intolerante. Aqu\u00ed\u00ad desarrollar\u00ed\u00adamos sobre todo la fides qua (cf CC 166; DGC 92).<\/p>\n<p>c) La fe madura desarrolla tambi\u00e9n en forma coherente la dimensi\u00f3n comportamental y operativa de la actitud. Por ello, es din\u00e1mica y activa, no pasiva o est\u00e9ril; es consecuente en su vertiente operativa, no incoherente o disociada (cf E. Alberich, 1991, 105-109).<\/p>\n<p>Educar en la fe quiere decir educar y promover al hombre integral. Aunque la madurez humana y madurez de fe no coinciden plenamente, la salvaci\u00f3n de Jes\u00fas alcanza a toda la persona y pasa por la maduraci\u00f3n de toda la persona. Es en esta interacci\u00f3n donde la catequesis puede ejercer especialmente su papel de mediaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. OBJETIVOS PARA POSIBILITAR ESA MADUREZ. a) Suscitar, favorecer y profundizar la conversi\u00f3n. El crecimiento de la fe habr\u00e1 de ser inicialmente un proceso de conversi\u00f3n, es decir, de asunci\u00f3n de una actitud totalizante y central, hecha de renuncia a la l\u00f3gica del orden mundano y de opci\u00f3n fundamental por Jesucristo en la Iglesia.<\/p>\n<p>Es verdad que la conversi\u00f3n, punto de partida y n\u00facleo unificante del dinamismo de la fe, pertenece propiamente al \u00e1mbito del primer anuncio o de la evangelizaci\u00f3n en sentido estricto y prioritario (cf DGC 61). En efecto, ese primer anuncio tiene como finalidad: suscitar inicialmente la fe (DCG 17), suscitar la conversi\u00f3n (cf CT 19) y suscitar la adhesi\u00f3n global al evangelio del Reino (cf EN 23; CT 19).<\/p>\n<p>La catequesis, distinta del primer anuncio del evangelio, promueve y hace madurar esta conversi\u00f3n inicial, educando en la fe al convertido e incorpor\u00e1ndolo a la comunidad cristiana. La catequesis parte de la condici\u00f3n que el mismo Jes\u00fas indic\u00f3, \u00abel que crea\u00bb, el que se convierta, el que se decida (cf DGC 61). Ahora bien, de hecho, hoy en d\u00ed\u00ada, y sobre todo en las regiones de antigua tradici\u00f3n cristiana, no se puede dar por supuesta una opci\u00f3n de fe al comienzo del camino de la catequesis y, en muchos casos, no se da de hecho la actitud fundamental de la conversi\u00f3n. Ya lo afirmaba Pablo VI: \u00abToda una muchedumbre, hoy d\u00ed\u00ada muy numerosa, de bautizados, en gran medida no han renegado de su bautismo, pero est\u00e1n totalmente al margen del mismo y no lo viven\u00bb (EN 56).<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n es la que ha provocado tambi\u00e9n la necesidad de acentuar la funci\u00f3n misionera de la catequesis. En nuestra situaci\u00f3n, que reclama la nueva evangelizaci\u00f3n, la catequesis deber\u00e1 subrayar la funci\u00f3n misionera y tratar de suscitar, muy en primer t\u00e9rmino, la conversi\u00f3n al evangelio. No es su funci\u00f3n propia, ya que la catequesis deber\u00ed\u00ada seguir a la actividad misionera. Pero la situaci\u00f3n concreta vivida por muchos cristianos est\u00e1 pidiendo una fuerte carga de primera evangelizaci\u00f3n en la actividad catequ\u00e9tica propiamente dicha (cf CC 49). De ah\u00ed\u00ad que la catequesis deba, a menudo, preocuparse no s\u00f3lo de alimentar y ense\u00f1ar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el coraz\u00f3n, de convertir, de preparar una adhesi\u00f3n global a Jesucristo en aquellos que est\u00e1n a\u00fan en el umbral de la fe (cf CT 19; IC 21).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en la pr\u00e1ctica pastoral las fronteras entre la acci\u00f3n misionera y la acci\u00f3n catequ\u00e9tica no son f\u00e1cilmente delimitables. Frecuentemente, las personas que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversi\u00f3n. Por eso, la Iglesia desea que, ordinariamente, una primera etapa del proceso catequizador est\u00e9 dedicada a asegurar la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>En la situaci\u00f3n que requiere la nueva evangelizaci\u00f3n, esa tarea de asegurar la conversi\u00f3n se realiza por medio de la catequesis kerigm\u00e1tica, que algunos llaman tambi\u00e9n precatequesis, porque, inspirada en el catecumenado, es una propuesta de la buena nueva en orden a una opci\u00f3n s\u00f3lida de fe.<\/p>\n<p>Es verdad que la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica debe cimentarse sobre la evangelizaci\u00f3n misionera previa (cf DGC 62), pero es imprescindible el talante misionero en la catequizaci\u00f3n no s\u00f3lo de j\u00f3venes y adultos, sino tambi\u00e9n de aquellos ni\u00f1os que llegan a la catequesis sin haber podido realizar el necesario despertar religioso en sus familias (cf CC 95).<\/p>\n<p>Aunque la catequesis no deba sustituir la acci\u00f3n misionera y el primer anuncio, hemos de tener en cuenta que la conversi\u00f3n es un elemento siempre presente en el dinamismo de la fe y que, por tanto, cualquier forma de catequesis debe incluir tambi\u00e9n tareas que ata\u00f1en a la evangelizaci\u00f3n misionera (cf DCG 18).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la conversi\u00f3n no es \u00fanicamente un momento global inicial, no constituye de por s\u00ed\u00ad un momento aislado o \u00fanico de la propia historia religiosa. M\u00e1s bien hay que entenderla como una estructura fontal que, en el desarrollo de la fe personal, continuamente reaparece y se renueva. Especialmente en los momentos significativos de la vida, la fe debe revivir el momento fuerte de conversi\u00f3n, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n en los trances decisivos y cruciales de la existencia, porque en ellos est\u00e1 en juego generalmente el proyecto global de vida que la persona ha forjado. Tal circunstancia reclama, si se quiere ser coherente con la fe que se profesa, la densidad existencial de una renovada conversi\u00f3n al plan de Dios, como elemento ineludible y permanente del proceso catequ\u00e9tico de educaci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>b) Suscitar y hacer madurar las actitudes propias de la vida cristiana. La educaci\u00f3n de las actitudes cristianas constituye el rasgo unificante y m\u00e1s decisivo del cometido de la catequesis, junto con la tarea b\u00e1sica de favorecer y profundizar la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>El eje de la existencia cristiana lo constituyen la fe, la esperanza y la caridad. El objeto central de la catequesis ser\u00e1 la fe, robustecida por la esperanza e informada por la caridad. Este es el sistema estable de actitudes que la catequesis ha de estimular y hacer madurar. Es lo que san Agust\u00ed\u00adn plasm\u00f3 sint\u00e9ticamente en una expresi\u00f3n magistral y memorable: \u00abQuidquid nanas ita narra, ut ille cui loqueris, audiendo credat, credendo speret, sperando amet\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, De catechizandis rudibus, IV, 8 [PL 40, 3161); es decir: \u00abcuando narres algo, hazlo de manera que aquel a quien hablas, oyendo crea, creyendo espere y esperando ame\u00bb.<\/p>\n<p>Juan Pablo II lo recog\u00ed\u00ada bien, en l\u00ed\u00adnea con el documento base de la Conferencia episcopal italiana, II rinnovamento della catechesi: \u00abTransformado por la acci\u00f3n de la gracia en nueva criatura, el cristiano se pone as\u00ed\u00ad a seguir a Cristo y, en la Iglesia, aprende siempre a pensar mejor como \u00e9l, a juzgar como \u00e9l, a actuar de acuerdo con sus mandamientos, a esperar como \u00e9l nos invita a ello\u00bb (CT 20; cf tambi\u00e9n DGC 53 y RdC 38).<\/p>\n<p>&#8211; Educar la actitud de fe significa, en concreto, suscitar sentimientos de docilidad, escucha y abandono en la palabra de Dios. Supone llevar a la adhesi\u00f3n personal e incondicional a Jesucristo, con amor y confianza, como punto de referencia esencial para la propia vida.<\/p>\n<p>&#8211; Educar la esperanza que consolida la fe significa impregnar de confianza inquebrantable en las promesas de Dios, arraigarse en un optimismo de base ante la historia y comprometerse activamente por un mundo m\u00e1s humano y cercano al proyecto de Dios, superando con fortaleza y paciencia la resignaci\u00f3n y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Educar la caridad que informa la fe, significa llevar esta a la perfecci\u00f3n del amor, mandamiento nuevo y plenitud de la ley. El amor es la fuerza que hace viva, v\u00e1lida y operante la fe. Y como el amor de Dios, realizado en el amor a los hermanos, es la ley central de la existencia cristiana, de ah\u00ed\u00ad se derivan unas actitudes axiales: amor apasionado a Cristo, renuncia al ego\u00ed\u00adsmo y a la opresi\u00f3n, desapego de los bienes y entrega a los hermanos, solidaridad y servicio viendo a Cristo en ellos, sobre todo en los pobres.<\/p>\n<p>c) Las tareas y la finalidad de la catequesis. La finalidad de la catequesis -lograr una primera madurez de fe- se realiza a trav\u00e9s de diversas tareas fundamentales, mutuamente implicadas (cf DGC 84); aqu\u00ed\u00ad no hago m\u00e1s que apuntarlas, ya que son objeto de estudio en otras voces de este Diccionario. El nuevo Directorio se\u00f1ala como tareas fundamentales: propiciar el conocimiento de la fe, la educaci\u00f3n lit\u00fargica, la formaci\u00f3n moral y ense\u00f1ar a orar, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n la educaci\u00f3n para la vida comunitaria y la iniciaci\u00f3n a la misi\u00f3n (cf DGC 85-86; IC 31, 42). En virtud de su misma din\u00e1mica interna, la fe pide ser conocida, celebrada, vivida, hecha oraci\u00f3n, compartida y anunciada.<\/p>\n<p>Cuando el catequizando ha cultivado y desarrollado con una primera madurez, todas esas dimensiones en la comunidad, podemos afirmar que est\u00e1 culminando el proceso catequ\u00e9tico y va logrando la madurez del hombre nuevo en Cristo.<\/p>\n<p>V. El \u00abhombre nuevo\u00bb que nace de la catequesis<br \/>\nHe aqu\u00ed\u00ad otra forma de abordar la finalidad de la catequesis: los frutos que produce; en nuestro caso, el hombre nuevo que de ella nace. Ahora bien, toda esta novedad de vida y sus consecuencias s\u00f3lo se dan con una primera madurez y en camino permanente hacia una maduraci\u00f3n mayor.<\/p>\n<p>Toda vinculaci\u00f3n existencial de una persona con otra o con un grupo humano incide de manera destacada en su vida, experiencias, actitudes y comportamientos, y en el talante con que la persona afronta la existencia. \u00abSe puede decir que la pedagog\u00ed\u00ada de Dios alcanza su meta cuando el disc\u00ed\u00adpulo llega \u00abal estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,13)\u00bb (DGC 142).<\/p>\n<p>Si la catequesis nos pone no s\u00f3lo en contacto, sino en comuni\u00f3n, en intimidad con Jesucristo (cf DGC 80), y Jesucristo nos vincula al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu, a su Iglesia y a los hombres (cf CAd 142-164; DGC 82-84), es l\u00f3gico que de esa vinculaci\u00f3n profunda y plural se deriven consecuencias de entidad para la persona. \u00abLa catequesis, al presentar el mensaje cristiano, no s\u00f3lo muestra qui\u00e9n es Dios y cu\u00e1l es su designio salv\u00ed\u00adfico, sino que, como hizo el propio Jes\u00fas, muestra tambi\u00e9n plenamente qui\u00e9n es el hombre al propio hombre y cu\u00e1l es su alt\u00ed\u00adsima vocaci\u00f3n\u00bb (DGC 116).<\/p>\n<p>Jes\u00fas, el Hombre nuevo, nos revela en s\u00ed\u00ad mismo lo que es el hombre. Y al hombre, herido desde sus or\u00ed\u00adgenes y centrado y encerrado en s\u00ed\u00ad mismo, incapaz de justificar su origen, su existencia y su destino a partir de sus propias fuerzas, Jes\u00fas le ofrece la misericordia y el perd\u00f3n del Padre; lo erige, lo eleva, lo introduce en el ritmo de su propio caminar, lo recrea en su integridad perdida. El cristiano adulto se sabe recreado en Jes\u00fas y llamado, por su gracia salvadora, a actuar hoy con la verdadera libertad. Justificado y salvado en Jes\u00fas, el cristiano adulto vive, por exigencia de su fe, la solidaridad fraterna en \u00abla familia amada de Dios y de Cristo nuestro hermano\u00bb (GS 32), en el nuevo pueblo mesi\u00e1nico que tiene por ley el mandato del amor, y como fin el reino de Dios (cf CC 180; CCE 27-49; 355-379; 456-478; 1699-1756).<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, la catequesis no s\u00f3lo reconoce, sino que promueve y potencia la dignidad de la persona humana. La Iglesia ser\u00e1 muy sensible a todo lo que afecta a la persona humana. Ella sabe que de esa dignidad brotan los derechos humanos, que han de ser objeto constante de la preocupaci\u00f3n y del compromiso de los cristianos. La obra evangelizadora de la Iglesia tiene una tarea irrenunciable en el vasto campo de los derechos humanos: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana, redimida por Jesucristo, el Se\u00f1or, el Hombre nuevo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el evangelio reclama una catequesis abierta, generosa y decidida a acercarse a las personas humanas all\u00e1 donde viven, en particular saliendo a su encuentro en aquellos lugares principales donde tienen lugar los cambios culturales elementales y fundamentales como la familia, la escuela, el \u00e1mbito de trabajo y el tiempo libre.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n habr\u00e1 de ser sensible la catequesis, y estar presente con discernimiento, en aquellos \u00e1mbitos antropol\u00f3gicos en los que las tendencias culturales generan o difunden modelos de vida y pautas de comportamiento, como la cultura urbana, el turismo y las migraciones, el mundo juvenil y otros fen\u00f3menos de relieve social.<\/p>\n<p>Y tampoco habr\u00e1 de descuidar otros sectores que han de ser iluminados con la luz del evangelio, como las \u00e1reas culturales llamadas are\u00f3pagos modernos, tales como el \u00e1rea de la comunicaci\u00f3n, el \u00e1rea del compromiso por la paz, el desarrollo, la liberaci\u00f3n de los pueblos y la salvaguardia de la creaci\u00f3n, el \u00e1rea de la defensa de los derechos humanos, sobre todo de las minor\u00ed\u00adas, de la mujer y el ni\u00f1o, el \u00e1rea de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y de las relaciones internacionales (cf DGC 211).<\/p>\n<p>En efecto, el bautismo genera en los creyentes y les impulsa a vivir una aut\u00e9ntica novedad de vida. Hijos en el Hijo, hombres nuevos en el Hombre nuevo, estamos llamados a vivir y a actuar -en terminolog\u00ed\u00ada paulina- como revestidos del hombre nuevo (cf Col 3,10). El bautismo, que nos injerta en Cristo, nos une vitalmente a todo aquello con lo que Jesucristo est\u00e1 profundamente unido: el Padre, el Esp\u00ed\u00adritu, la Iglesia y los hombres. As\u00ed\u00ad, el cristiano, unido a Jes\u00fas, se compromete con la causa y el estilo de Jes\u00fas, es adorador del Padre, colaborador del Esp\u00ed\u00adritu, hombre de Iglesia, y vive en actitud de servicio al mundo.<\/p>\n<p>1. CREYENTES COMPROMETIDOS CON LA CAUSA Y EL ESTILO DE JES\u00daS. LOS cristianos catequizados viven con gozo y gratitud la experiencia del encuentro con el Se\u00f1or. Viven la dicha y hasta el entusiasmo por&#8217; lo que su persona, su presencia y su mensaje suponen para ellos, hasta confesar con coraje y optimismo: \u00abTe seguir\u00e9 a donde vayas\u00bb (Lc 9,57). Han hecho un itinerario de seguimiento del Se\u00f1or que les ha supuesto un cambio en su manera de ver y vivir a Dios, de comprometerse con el pr\u00f3jimo y de situarse ante la existencia. Se puede afirmar que el encuentro y el seguimiento han sido transformadores de la persona. Y la experiencia gozosa y transformadora del camino recorrido les lleva a optar consciente y libremente por Jes\u00fas, el Cristo, el Se\u00f1or, deseando reproducir en sus vidas el estilo evang\u00e9lico del Maestro, una vida seg\u00fan las bienaventuranzas (cf CT 29), y comprometi\u00e9ndose a continuar su causa, el reinado de Dios, y a darlo a conocer seductoramente a quienes no lo conocen (cf CAd 166-167).<\/p>\n<p>2. ADORADORES DEL PADRE. La uni\u00f3n con Cristo convierte a los creyentes catequizados en adoradores del Padre, sedientos buscadores de Dios, a quien adoran \u00aben esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb (Jn 4,23). Adoptan ante Dios una actitud de confianza filial, acogiendo las palabras de Jes\u00fas: \u00abMi Padre es tambi\u00e9n vuestro Padre\u00bb (Jn 20,17).<\/p>\n<p>Esta actitud de confianza filial se traduce en una oraci\u00f3n, un culto y una celebraci\u00f3n de marcado acento contemplativo y gozoso. Son creyentes que gustan y saborean el di\u00e1logo con el Se\u00f1or. La oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n se convierten en alma y pr\u00e1ctica habitual en sus vidas (cf CAd 168).<\/p>\n<p>Lo expresa bien el nuevo Directorio: \u00abLa comuni\u00f3n con Jesucristo lleva a los disc\u00ed\u00adpulos a asumir el car\u00e1cter orante y contemplativo que tuvo el Maestro. Aprender a orar con Jes\u00fas es orar con los mismos sentimientos con que se dirig\u00ed\u00ada al Padre: adoraci\u00f3n, alabanza, acci\u00f3n de gracias, confianza filial, s\u00faplica, admiraci\u00f3n por su gloria. Estos sentimientos quedan reflejados en el padrenuestro, la oraci\u00f3n que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos y que es modelo de toda oraci\u00f3n cristiana. La entrega del padrenuestro, resumen de todo el evangelio es, por ello, verdadera expresi\u00f3n de la realizaci\u00f3n de esta tarea\u00bb (DGC 85).<\/p>\n<p>3. COLABORADORES DEL ESP\u00ed\u008dRITU. Los disc\u00ed\u00adpulos catequizados son conscientes de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en sus corazones. Es el esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, que les ha acompa\u00f1ado a lo largo del proceso catequ\u00e9tico, quien les da fuerza para ser testigos de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Saben que ese testimonio no es una postura exterior que hay que adoptar, sino la emanaci\u00f3n de una espiritualidad y de un deseo de santidad que s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu puede hacer germinar en ellos.<\/p>\n<p>Ese mismo Esp\u00ed\u00adritu les impulsa hacia la unidad con todos, superando las tensiones y tentaciones de divisi\u00f3n. Y es tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or quien les capacita, acompa\u00f1a y anima en la misi\u00f3n. Son personas que se dejan guiar por la voz del Esp\u00ed\u00adritu que les llama con vocaciones diferenciadas y les acompa\u00f1a en la apasionante aventura de la b\u00fasqueda continua de Dios desde ministerios distintos (cf CAd 169).<\/p>\n<p>Pero ellos colaboran con el Esp\u00ed\u00adritu plantando y regando, siendo conscientes de que es Dios quien da el crecimiento, porque \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo fecunda constantemente la Iglesia en la vivencia del evangelio, la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostiene en la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo\u00bb (DGC 43).<\/p>\n<p>4. HOMBRES Y MUJERES DE IGLESIA. Como ya hemos afirmado, la eclesialidad pertenece a la misma esencia de la catequesis. De ah\u00ed\u00ad se deriva que la persona catequizada sea un creyente con esp\u00ed\u00adritu eclesial. Son y se sienten hombres y mujeres de Iglesia, miembros activos y responsables de ella, part\u00ed\u00adcipes sobre todo en las tareas y servicios de la Iglesia local y de sus comunidades cristianas. Se trata de personas en comuni\u00f3n con toda la Iglesia. Esa comuni\u00f3n se concreta y expresa en la preocupaci\u00f3n, apoyo y comprensi\u00f3n mutuos de los cristianos, en la oraci\u00f3n y el compartir de las comunidades, en la fidelidad al magisterio, en el respeto y aprecio a una tradici\u00f3n viva que viene desde los ap\u00f3stoles, en el recuerdo y oraci\u00f3n a la Iglesia celestial.<\/p>\n<p>Estos disc\u00ed\u00adpulos catequizados son personas agradecidas a esta Iglesia que nos da cuanto ella es y cuanto ella guarda, recibido del Se\u00f1or. Esta gratitud no estar\u00e1 re\u00f1ida con la sana cr\u00ed\u00adtica positiva de miembros amantes de la Iglesia que quieren que se purifique de sus deficiencias.<\/p>\n<p>Son tambi\u00e9n creyentes de talante comunitario. No pueden vivir su cristianismo por libre. Han experimentado la validez y la relevancia de buscar, compartir y celebrar juntos la fe, y buscan grupos donde se viva comunitariamente y colaboran en la transformaci\u00f3n de la vida parroquial. Son cristianos que reconocen y agradecen en la Iglesia el seno materno que los ha gestado (cf CAd 170).<\/p>\n<p>5. EN ACTITUD DE SERVICIO AL MUNDO. El proceso de catequesis propicia creyentes deseosos de comunicar su experiencia cristiana a quienes no la han gustado. La experiencia gozosa de la fe y la sensibilidad de solidaridad que han ido adquiriendo, les genera una viva preocupaci\u00f3n por el mundo de los increyentes y por la suerte de los pobres.<\/p>\n<p>Esta vivencia les exige ser capaces de decir la fe, \u00abde dar raz\u00f3n de su esperanza\u00bb (1Pe 3,15), de vivir en solidaridad con los hombres, sobre todo con los que m\u00e1s sufren, viviendo encarnados en las gentes de su entorno, con la actitud liberadora del Maestro salvador, de comprometerse en la transformaci\u00f3n de la sociedad, tratando de impregnar la vida p\u00fablica con los valores del evangelio de Jesucristo, y de estar atentos a los signos de los tiempos, descubriendo en ellos interpelaciones del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas resucitado (cf CAd 171).<\/p>\n<p>La comunidad, mediante la catequesis, ha engendrado, acogido y acompa\u00f1ado a los catequizandos, con solicitud maternal, y los ha apoyado para que caminen en la novedad de vida que corresponde a los bautizados en el Se\u00f1or, en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH E., La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 1991; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA Y CATEQUESIS, La catequesis de la comunidad. Orientaciones pastorales para la catequesis en Espa\u00f1a, hoy, Edice, Madrid 1983; El catequista y su formaci\u00f3n. Orientaciones pastorales, Edice, Madrid 1985; Catequesis de adultos. Orientaciones pastorales, Edice, Madrid 1991; La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA, II rinnovamento della catechesi, Roma 1970; GEVAERT J. (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987; L\u00ed\u201cPEZ J., Catecumenado, en DE FiORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991\u00c2\u00b0, 184-206; MONTERO M., La catequesis en una pastoral misionera, PPC, Madrid 1988; NEGRI G. C., Catechesi e mentalit\u00e1 di fede. Presentazione del \u00abdocumento di base\u00bb, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1977; PABLO VI, Evangelii nuntiandi (La evangelizaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo), San Pablo, Madrid 1997 S\u00ed\u008dNODO DE OBISPOS 1977, La catequesis en nuestro tiempo. Mensaje al pueblo de Dios, PPC, Madrid 1978.<\/p>\n<p>Lorenzo Zugazaga Martikorena<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Hacia una definici\u00f3n. II. Seguimiento de Jesucristo: 1. Vinculaci\u00f3n a Jesucristo; 2. Jesucristo nos vincula al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu; 3. Jesucristo nos vincula a su Iglesia; 4. Jesucristo nos vincula a los hombres. III. La confesi\u00f3n de fe madura: 1. Esencial en el bautismo; 2. Manifestaci\u00f3n de nuestra entrega a Dios; 3. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/finalidad-de-la-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFINALIDAD DE LA CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17005","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17005","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17005"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17005\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17005"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17005"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17005"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}