{"id":17006,"date":"2016-02-05T11:04:55","date_gmt":"2016-02-05T16:04:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fuente-y-fuentes-de-la-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:04:55","modified_gmt":"2016-02-05T16:04:55","slug":"fuente-y-fuentes-de-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fuente-y-fuentes-de-la-catequesis\/","title":{"rendered":"FUENTE Y \u00abFUENTES\u00bb DE LA CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La palabra de Dios. II. La Sagrada Escritura. III. La tradici\u00f3n: 1. Los santos Padres; 2. Los s\u00ed\u00admbolos de la fe; 3. La liturgia; 4. La historia y la vida de la Iglesia. IV. La cultura o el mundo de los valores. V. Fuentes de la fe y fuentes de la catequesis: 1. El magisterio o la regla de fe; 2. Los dogmas; 3. La teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La catequesis es una de las acciones del ministerio eclesial de la palabra de Dios, un servicio a la palabra de Dios en la Iglesia. En consecuencia, el origen de la catequesis est\u00e1 en la palabra de Dios y su finalidad consiste en hacer presente a todo hombre y a todo el hombre esta palabra de Dios, que busca echar ra\u00ed\u00adces en \u00e9l e introducirlo en la nueva vida seg\u00fan Dios. Esta es la raz\u00f3n por la que Catechesi tradendae 27 afirma que \u00abla catequesis extraer\u00e1 siempre su contenido de la fuente viva de la palabra de Dios\u00bb (cf tambi\u00e9n CT 22, 52; DGC 94). La consecuencia es obvia: la catequesis debe comunicar en su integridad la revelaci\u00f3n de Dios, porque s\u00f3lo as\u00ed\u00ad alcanza su fin (CT 30) y s\u00f3lo as\u00ed\u00ad deja a salvo \u00abuna ley fundamental para toda la vida de la Iglesia: fidelidad a Dios y fidelidad al hombre en una misma actitud de amor\u00bb (CT 55).<\/p>\n<p>Hablar de las fuentes de la catequesis es, por tanto, hablar de aquellos lugares y maneras en los que la palabra de Dios se revela y en los que la catequesis debe abrevar constantemente su identidad m\u00e1s genuina.<\/p>\n<p>I. La palabra de Dios<br \/>\nEs la fuente por antonomasia de la catequesis, \u00abla fuente de toda verdad salvadora y de la ordenaci\u00f3n de las costumbres\u00bb (DV 7; CT 27). Pero, \u00bfqu\u00e9 es la palabra de Dios?<br \/>\nLa revelaci\u00f3n cristiana se comprende en t\u00e9rminos de proclamaci\u00f3n de una palabra de Dios que habla y \u00abcuya voz prolongada por la Sagrada Escritura resuena en unos testigos privilegiados\u00bb1. El Dios que habla se comunica libremente al hombre y, al comunicarse, convierte a este en su interlocutor. \u00abLa comunicaci\u00f3n que se inaugura entre Dios y el hombre instaura al mismo tiempo una nueva comunicaci\u00f3n entre los hombres&#8230; La palabra de Dios crea una comunidad en la que los profetas solamente pueden ser interlocutores privilegiados en la medida en que se encuentran vinculados a la comunidad a la que la palabra de Dios va dirigida\u00bb2. De este modo, la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica se concreta en una alianza entre Dios y un pueblo. Y el Dios que habla y hace alianza con un pueblo particular es el Dios de la historia, abierto siempre hacia el futuro.<\/p>\n<p>En este sentido, la palabra de Dios es inseparablemente Escritura e historia; en modo alguno es un mensaje doctrinal o una ideolog\u00ed\u00ada. Dios se revela de forma indirecta en los acontecimientos de la historia, que ya son palabra de Dios, aunque tales acontecimientos \u00fanicamente desvelan su sentido pleno, como manifestaci\u00f3n del plan de Dios, si son actualizados en la conciencia prof\u00e9tica del pueblo de Dios. En la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, el acontecimiento de salvaci\u00f3n es anterior a la palabra. Dios act\u00faa antes de hablar. Para el cristianismo la Revelaci\u00f3n se concentra en la persona de Jesucristo. El libro de la Biblia no tiene en s\u00ed\u00ad su propia justificaci\u00f3n, sino que remite siempre y necesariamente, como referencia \u00faltima, al acontecimiento Jesucristo, que es el cumplimiento definitivo de la automanifestaci\u00f3n de Dios. En la revelaci\u00f3n cristiana, los dos polos identificables hist\u00f3ricamente, la Biblia y el pueblo, remiten a un tercer polo, ausente y sin embargo presente: el Resucitado. Por ello es preciso hablar de una interacci\u00f3n constante entre estos tres t\u00e9rminos que se reclaman mutuamente: Cristo, la Sagrada Escritura y la Iglesia.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura es un testimonio que remite a acontecimientos hist\u00f3ricos, una interpretaci\u00f3n creyente irremediablemente hist\u00f3rica. El sentido de la palabra de Dios es indescifrable al margen del testimonio del pueblo de Israel sobre los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n que \u00e9l ha vivido en la fe, como las etapas de la revelaci\u00f3n de Dios. Del mismo modo, los cristianos somos invitados a releer el Nuevo Testamento como el acto de interpretaci\u00f3n por la primera comunidad cristiana del acontecimiento Jesucristo a la luz de la pascua. \u00abNo es temerario afirmar que la respuesta de fe del pueblo de Dios pertenece al contenido mismo de lo que es palabra de Dios para nosotros. La Revelaci\u00f3n, en efecto, no alcanza su plenitud, su sentido y su actualidad m\u00e1s que en la fe que la acoge\u00bb3. De ah\u00ed\u00ad que la Sagrada Escritura ser\u00ed\u00ada letra muerta sin la interpretaci\u00f3n viva que hac\u00e9 de ella la Iglesia bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>A la luz de lo dicho, la catequesis, como acto de transmisi\u00f3n de la fe, exige una interpretaci\u00f3n creativa del mensaje cristiano. Si la palabra de Dios alcanza su sentido y su actualidad solamente en la fe que la acoge, se hace imprescindible una interpretaci\u00f3n, desde una nueva experiencia hist\u00f3rica de la Iglesia, de los documentos de la palabra de Dios que vehiculan la experiencia cristiana fundante. Siempre es preciso volver los ojos a la experiencia cristiana fundamental (el testimonio originario dado al acontecimiento de Cristo es \u00fanico y por ello normativo para la Iglesia); pero se hace igualmente necesario interpretar esta experiencia a partir de la experiencia humana de hoy. La relaci\u00f3n entre la existencia humana y la fe es estrecha: la fe aut\u00e9ntica aclara y orienta la existencia humana; pero a su vez la existencia humana, situada hist\u00f3ricamente siempre, da su coloraci\u00f3n propia a la fe. La catequesis no puede disociar la palabra de Dios de la Sagrada Escritura y la palabra de Dios que constituye tal o cual acontecimiento de la vida de una persona, de la historia en general y de la vida de la Iglesia. El lazo org\u00e1nico entre la tradici\u00f3n, la Escritura y el magisterio de la Iglesia jam\u00e1s debe romperse (cf DV 10).<\/p>\n<p>Al hilo de lo expuesto, es f\u00e1cil percibir cu\u00e1les son las fuentes de la catequesis, los lugares y las maneras en que se revela la Palabra. Son ciertamente la Sagrada Escritura, los testimonios escritos de la tradici\u00f3n y el magisterio viviente de la Iglesia. Pero tambi\u00e9n es la vida de la Iglesia, vivida en las comunidades cristianas que, en sus espacios de vida cristiana, convierten la Revelaci\u00f3n en historia. Y la historia humana (el mundo de los valores), que es la premisa indispensable de la actualizaci\u00f3n de la palabra de Dios (cf DGC 45; CT 26-34).<\/p>\n<p>II. La Sagrada Escritura<br \/>\nLa Sagrada Escritura es la fuente principal de la catequesis. Esta encuentra en la Sagrada Escritura su libro; la catequesis \u00abha de estar totalmente impregnada por el pensamiento, el esp\u00ed\u00adritu y actividades b\u00ed\u00adblicas y evang\u00e9licas, a trav\u00e9s de un contacto asiduo con los textos mismos\u00bb (CT 27).<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura aporta a la catequesis su contenido: el designio de salvaci\u00f3n de Dios que se hace realidad en el tiempo. La alianza del hombre con Dios se hace nueva en cada generaci\u00f3n. Se actualiza en el presente, pero evoca un pasado del que es continuaci\u00f3n y desarrollo, y anuncia un futuro de cumplimiento definitivo. De ah\u00ed\u00ad que la catequesis deba narrar, ante todo, los acontecimientos protagonizados por Dios para la salvaci\u00f3n del hombre en el pasado. Pero al mismo tiempo debe interpretar estos acontecimientos de Dios en Cristo desde el momento actual, a fin de descubrir su significado actual y las implicaciones que se derivan de ellos para la vida de las personas y de las comunidades cristianas de hoy. \u00abFinalmente, la catequesis debe proyectar cuanto Dios va a hacer en el futuro \u00faltimo, seg\u00fan sus promesas, cuando la nueva humanidad en Cristo y el universo entero alcancen su perfecci\u00f3n definitiva\u00bb4.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura introduce as\u00ed\u00ad a la catequesis en el curso de la historia de la salvaci\u00f3n y le hace tomar conciencia de su inserci\u00f3n en la marcha hacia adelante del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura viene a ser, adem\u00e1s, un modelo admirable para toda catequesis. Un ejemplo entre otros5: dej\u00e9monos guiar por el autor del salmo 22: \u00abMi descendencia servir\u00e1 al Se\u00f1or y hablar\u00e1 de \u00e9l a la generaci\u00f3n futura, contar\u00e1 su justicia al pueblo venidero: \u00abTodo fue obra del Se\u00f1or\u00bb\u00bb (vv. 31-32). El autor del salmo, al decidirse a hablar de los Magnalia Dei, se alinea en toda una cadena de testimonios: \u00e9l mismo ha recibido lo que va a decir. Al comienzo \u00e9l escrib\u00ed\u00ada: \u00abEn ti esperaron nuestros padres, esperaron en ti y t\u00fa los libraste; a ti clamaron y quedaron libres\u00bb (vv. 5-6). El autor sabe esto de o\u00ed\u00addas, por transmisi\u00f3n. Sin embargo, el proyecto de transmitir el mensaje a la posteridad interviene solamente al final del salmo (vv. 31-32). En el entretanto, el autor ha hecho por su propia cuenta la experiencia de la miseria y de la salvaci\u00f3n (vv. 7-30). Esta experiencia viene a a\u00f1adir algunas p\u00e1ginas al mensaje recibido, que van a hacer posible la verificaci\u00f3n de este. Los descendientes van a encontrarse en su misma situaci\u00f3n: oir\u00e1n de sus labios las \u00abmaravillas que Dios ha hecho\u00bb; pero mientras no tengan nada personal que a\u00f1adirle, se encontrar\u00e1n ante un relato muerto, dif\u00ed\u00adcilmente transmisible.<\/p>\n<p>Este es el estatuto del hombre b\u00ed\u00adblico: un hombre situado en un tiempo, pero en un tiempo que se halla pre\u00f1ado de un pasado y es portador de un futuro. A quienes se le acercan no puede darles nada totalmente definitivo. S\u00f3lo puede ofrecerles una promesa. La fe b\u00ed\u00adblica se abre siempre sobre el futuro: \u00abTodos estos murieron en la fe sin haber obtenido la realizaci\u00f3n de las promesas, pero habi\u00e9ndolas visto y saludado desde lejos\u00bb (Heb 11,13). No obstante, cada generaci\u00f3n hace una cierta experiencia de su cumplimiento, sin la cual el relato no ser\u00ed\u00ada verdaderamente transmisible.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad la p\u00e1gina nueva que cada uno y cada generaci\u00f3n debe a\u00f1adir al relato. Cada generaci\u00f3n retoca y rescribe el texto antiguo. La alianza que funda la promesa de la que el libro es el dep\u00f3sito, se hace nueva en cada una de sus actualidades hist\u00f3ricas. La alianza ha sido concluida otrora por los padres; pero esa alianza no sirve a los hijos mientras estos no la concluyan por su propia cuenta. Entonces la alianza cobra un contenido in\u00e9dito: lo antiguo se hace nuevo, porque la historia vivida permite percibir rasgos nuevos e implicaciones insospechadas.<\/p>\n<p>Esta percepci\u00f3n vale para los individuos y para el pueblo entero. Es verdad que la l\u00f3gica global de la alianza ha encontrado su \u00faltima palabra en Cristo; pero las generaciones sucesivas de cristianos -y dentro de cada generaci\u00f3n todos los individuos creyentes- tienen su manera espec\u00ed\u00adfica de religarse a Dios por Cristo. La alianza nueva es, pues, viva e innovadora.<\/p>\n<p>En definitiva, la catequesis no puede no ser b\u00ed\u00adblica, porque \u00abla Biblia constituye los archivos de la palabra de Dios que nos cuentan por escrito, y con la garant\u00ed\u00ada divina de la inspiraci\u00f3n escritur\u00ed\u00adstica, los grandes hechos de Dios en la historia y la catequesis reveladora que los acompa\u00f1a seg\u00fan los progresos de la&#8217;Revelaci\u00f3n\u00bb6.<\/p>\n<p>III. La tradici\u00f3n<br \/>\nLa Sagrada Escritura es, pues, inseparable de la tradici\u00f3n. \u00abLa sagrada tradici\u00f3n y la Sagrada Escritura constituyen un solo dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios, confiado a su Iglesia\u00bb (DV 10; cf DV 9; CT 27; DGC 95-96). Esta tradici\u00f3n \u00abprogresa en la Iglesia bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, puesto que crece la comprensi\u00f3n de las cosas y de las palabras transmitidas\u00bb (DV 8). La raz\u00f3n de este dinamismo de la tradici\u00f3n est\u00e1 en el hecho de que Dios ha entrado en la historia. El cristianismo es un acontecimiento, o mejor una serie continuada de acontecimientos, que presenta novedades reales y verdaderas no contenidas en fases anteriores de la historia. La tradici\u00f3n es siempre creatividad.<\/p>\n<p>Esta tradici\u00f3n viva es una fuente importante de la catequesis; \u00abla ense\u00f1anza, la liturgia y la vida de la Iglesia surgen de esta fuente y conducen a ella, bajo la direcci\u00f3n de los pastores y concretamente del magisterio doctrinal que el Se\u00f1or les ha confiado\u00bb (CT 27; cf DV 8).<\/p>\n<p>1. Los SANTOS PADRES. Dei Verbum 8 afirma que \u00ablas ense\u00f1anzas de los santos Padres testifican la presencia viva de esta tradici\u00f3n, cuyos tesoros se comunican a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante\u00bb. Desde hace unos a\u00f1os, la comunidad eclesial est\u00e1 en trance de redescubrir a los Padres de la Iglesia, un redescubrimiento que no carece de importancia7. La integraci\u00f3n del cristianismo en las culturas de los primeros siglos, en el curso de los cuales ha elaborado sus f\u00f3rmulas mayores, aporta en efecto una luz inestimable sobre el di\u00e1logo necesario del evangelio con nuestra \u00e9poca. El situarnos en esta larga y rica historia, en esta tradici\u00f3n, puede permitirnos comprender mejor el mensaje cristiano en este final de siglo.<\/p>\n<p>Uno de los logros de nuestro siglo ha sido ciertamente el resituar a los Padres de la Iglesia en la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada8. Los santos Padres necesitaban ser reinsertados en su tiempo. Esta expresi\u00f3n: antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada, durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, ha permitido a muchos estudiosos acreditar una idea renovada de los Padres de la Iglesia. Estos son personas, y precisar cada vez mejor sus rasgos humanos de creyentes supone una enorme ventaja.<\/p>\n<p>Como personas, los santos Padres no pueden ser comprendidos haciendo abstracci\u00f3n de la \u00e9poca en la que han vivido y actuado, es decir, de la antig\u00fcedad. Ellos manifiestan de manera viva y compleja c\u00f3mo el cristianismo se ha hecho sitio en un mundo ya b\u00e1sicamente estructurado. La expresi\u00f3n antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada designa de hecho la antig\u00fcedad cristianizada, pero insiste en el entorno humano del fen\u00f3meno. Sin una humanidad que los acogiera -en este caso la del hombre antiguo- no hubiera existido el cristianismo. De esta manera los santos Padres son los testigos y los agentes de la primera encarnaci\u00f3n de la fe en la cultura.<\/p>\n<p>Esta circunstancia convierte a los santos Padres en nuestros maestros. Todos ellos nos ense\u00f1an activamente que el cristianismo no es algo totalmente acabado en este mundo, sino algo que va haci\u00e9ndose progresivamente. Es especialmente provechoso seguir el crecimiento del cristianismo a trav\u00e9s de las controversias en que se ha visto inmerso con el mundo pagano y con el mundo jud\u00ed\u00ado de sus or\u00ed\u00adgenes, ya que, al margen de la confrontaci\u00f3n mantenida con estos dos pueblos, no se ha obtenido progreso alguno en la expresi\u00f3n de la fe cristiana. Tanto el paganismo como el juda\u00ed\u00adsmo eran tentaciones que se infiltraban en el cristianismo. No hay herej\u00ed\u00ada -mal end\u00e9mico de los primeros siglos cristianos- que no deje percibir su origen del lado de la sabidur\u00ed\u00ada de los fil\u00f3sofos o de la santidad de los rabinos (cf lCor 1,17-24). Ambas a dos, mezcladas de evangelio, segregaron sus ideolog\u00ed\u00adas para sacudir a la Iglesia y a sus fieles.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n, era menester reconfortar a los fieles. Los santos Padres luchan no tanto contra los jud\u00ed\u00ados y los paganos como contra los cristianos atra\u00ed\u00addos por ellos. Poco a poco las generaciones de santos Padres alumbran unos resultados de los que nosotros todav\u00ed\u00ada nos aprovechamos; entre otros, el s\u00ed\u00admbolo de la fe. Los autores cristianos de los primeros siglos de nuestra era se han hecho merecedores, por estos resultados, del t\u00ed\u00adtulo que les ha sido atribuido: Padres de la Iglesia. Ellos en efecto han engendrado la expresi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Hoy nos encontramos afectados por la invasi\u00f3n de una nueva cultura. El conocimiento de los santos Padres seg\u00fan la perspectiva de la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada muestra c\u00f3mo la imagen de una Iglesia totalmente hecha desde el comienzo carece de fundamento. La situaci\u00f3n actual invita a la Iglesia a inventar; esta Iglesia somos nosotros. Con los Padres de la Iglesia, tomamos en su fuente la medida de lo que puede y debe ser la encarnaci\u00f3n del evangelio en la cultura del hombre. El cristianismo, por suerte, no es otra cosa hasta el final de la historia. Por ello, en la Iglesia -en la catequesis-la relaci\u00f3n a los santos Padres no puede faltar. As\u00ed\u00ad lo ha subrayado con claridad el Vaticano II (cf DV 8-9).<\/p>\n<p>2. Los S\u00ed\u008dMBOLOS DE LA FE. LOS S\u00ed\u00admbolos o documentos de la fe ocupan tambi\u00e9n un lugar privilegiado en la catequesis, en raz\u00f3n de la referencia segura que ofrecen para su contenido. As\u00ed\u00ad la catequesis suele ser considerada como la transmisi\u00f3n de los documentos de la fe (CT 28, 135; MPD 8, 9; CC 202; EN 65).<\/p>\n<p>El contenido fundamental de la fe, a cuyo servicio est\u00e1 la catequesis, es el evangelio de Jes\u00fas, acogido e interpretado por la comunidad creyente a lo largo de la historia. Educar en la fe, por tanto, es acercarse a ese evangelio. Pero en la actualidad la \u00fanica v\u00ed\u00ada de acceso al evangelio de que disponemos son las expresiones de fe que la Iglesia ha venido elaborando, como comunidad cristiana, a trav\u00e9s del tiempo. La tradici\u00f3n nos conf\u00ed\u00ada un dep\u00f3sito y la catequesis no puede ser otra cosa que la tradici\u00f3n viva del dep\u00f3sito de la fe a los nuevos miembros que van agreg\u00e1ndose a la Iglesia.<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00admbolo de la fe es la expresi\u00f3n verbal de la profesi\u00f3n de fe; esta es la manera de reconocer p\u00fablicamente la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo mediante el compromiso de la fe (cf Rom 10,9ss). La profesi\u00f3n de fe, pues, no es sino la expresi\u00f3n de la conversi\u00f3n del creyente. De este modo, el s\u00ed\u00admbolo &#8216;de la fe une la persona convertida a la comunidad de los dem\u00e1s creyentes en Cristo y viene a ser el signo de reconocimiento entre los cristianos.<\/p>\n<p>Estas reflexiones desvelan el papel relevante de los s\u00ed\u00admbolos de la fe en la catequesis. La catequesis, en efecto, es uno de los lugares principales de la profesi\u00f3n de fe como elemento constitutivo del ser cristiano, y la vida cristiana que trata de promover la catequesis no es m\u00e1s que la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la profesi\u00f3n de fe. Esta es la raz\u00f3n por la que los s\u00ed\u00admbolos de la fe se convirtieron en la Iglesia antigua, sobre todo, en instrumentos indispensables de la catequesis9. E igualmente la raz\u00f3n por la que la catequesis ha sido, en general, \u00abel ambiente en el que los s\u00ed\u00admbolos de la fe formularon y desarrollaron sus contenidos como expresiones vivas de la profesi\u00f3n de fe de los cristianos\u00bb10.<\/p>\n<p>Sin embargo, \u00abla catequesis no se reduce a una mera ense\u00f1anza de f\u00f3rmulas. Se trata de una tradici\u00f3n viva de esos documentos, que han de ser recibidos y vitalizados desde la comprensi\u00f3n que tiene el hombre de s\u00ed\u00ad mismo. Proyectan su luz sobre la experiencia humana, a la que dan sentido e interpelan\u00bb (CC 144; cf CT 22). Hay que meterse, por tanto, en la experiencia (en la historia) de los hombres, para descubrir la novedad de significaci\u00f3n de la experiencia de fe en nuestro contexto cultural e hist\u00f3rico. El s\u00ed\u00adnodo de 1977 defin\u00ed\u00ada la catequesis como \u00abmemoria&#8230; de las expresiones de fe acu\u00f1adas por la reflexi\u00f3n viva de los cristianos durante siglos\u00bb, es decir, como \u00abtransmisi\u00f3n de los documentos de la fe\u00bb; pero la catequesis se define tambi\u00e9n como \u00abpalabra&#8230; que tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe y conduce a la confesi\u00f3n de fe\u00bb, que hoy \u00abhace posible que la comunidad creyente proclame que Jes\u00fas, el Hijo de Dios, el Cristo, vive y es salvador\u00bb (cf MPD 7-8). La catequesis debe ser fi\u00e9l a la tradici\u00f3n de la Iglesia. Con todo, esta fidelidad no puede ser simplemente una preocupaci\u00f3n de ortodoxia literal, fiel a la letra del dep\u00f3sito o de las f\u00f3rmulas de la fe.<\/p>\n<p>3. LA LITURGIA. La palabra de Dios se expresa en la tradici\u00f3n, tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la Palabra celebrada por la Iglesia. Es la tradici\u00f3n lit\u00fargica. El Vaticano II realza la estrecha relaci\u00f3n entre catequesis y liturgia: la liturgia es \u00abla fuente primaria y necesaria en la que han de beber los fieles el esp\u00ed\u00adritu verdaderamente cristiano\u00bb (SC 14); es tambi\u00e9n \u00abuna gran instrucci\u00f3n para el pueblo fiel\u00bb (SC 33); \u00ablos sacramentos&#8230; en cuanto signos tienen tambi\u00e9n un fin pedag\u00f3gico\u00bb (SC 59); esta es sin duda la raz\u00f3n por la que el Concilio insta a \u00abinculcar por todos los medios la catequesis m\u00e1s directamente lit\u00fargica\u00bb (SC 35).<\/p>\n<p>De esta manera, el Vaticano II viene a consolidar la conciencia renovada de la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n entre catequesis y liturgia. Conciencia que no ha podido menos de efectuar el retorno a la catequesis patr\u00ed\u00adstica (siglos IV y V) con sus modelos emblem\u00e1ticos de catequesis lit\u00fargica. Es la gran lecci\u00f3n de la catequesis de los santos Padres: su catequesis es una catequesis que en la liturgia alcanza su expresi\u00f3n plena, y en la liturgia encuentra su fuente incesante, como expresi\u00f3n de la experiencia de una fe vivida en la comunidad.<\/p>\n<p>Los recientes documentos oficiales sobre la catequesis presentan la huella de esta vuelta a la catequesis patr\u00ed\u00adstica. MPD 8 afirma que \u00abconstituye un modelo de toda catequesis el catecumenado bautismal, que es formaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica mediante la cual el adulto convertido es guiado hasta la confesi\u00f3n de fe bautismal durante la vigilia pascual\u00bb. CT 23, en sinton\u00ed\u00ada con la dimensi\u00f3n lit\u00fargica de la catequesis planteada en el s\u00ed\u00adnodo de 1977, afirma: \u00abLa catequesis est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente unida a toda la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental&#8230; Y la catequesis se intelectualiza, si no cobra vida en la pr\u00e1ctica sacramental\u00bb. Por otra parte, CT 47 y 48 desarrolla toda la riqueza de la catequesis \u00abmediante la triple dimensi\u00f3n de palabra, de memoria y de testimonio -de doctrina, de celebraci\u00f3n y de compromiso de vida- que el mensaje del s\u00ed\u00adnodo al pueblo de Dios ha puesto en evidencia\u00bb; riqueza esta que se act\u00faa sobre todo a trav\u00e9s de \u00abla catequesis que se hace dentro del cuadro lit\u00fargico, y concretamente en la asamblea lit\u00fargica\u00bb. De hecho, todos los documentos y estudios recientes sobre la catequesis se\u00f1alan clara y expl\u00ed\u00adcitamente la relaci\u00f3n de esta con la liturgia11.<\/p>\n<p>Las razones de esta relaci\u00f3n son varias. La catequesis es una preparaci\u00f3n insustituible para la vida lit\u00fargica. La fe y la conversi\u00f3n son premisas indispensables de una celebraci\u00f3n lit\u00fargica aut\u00e9ntica, de una participaci\u00f3n aut\u00e9ntica en la liturgia (cf SC 9); de ah\u00ed\u00ad que \u00abuna forma eminente de catequesis es la que prepara a los sacramentos y toda catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe\u00bb (CT 23). Adem\u00e1s, la riqueza de elementos que la liturgia puede aportar a la catequesis es inmensa. La liturgia puede convertirse en una fuente inagotable de recursos pedag\u00f3gicos de gran eficacia, como la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica, que da en plenitud forma a los sentimientos y a las disposiciones m\u00e1s \u00ed\u00adntimas, a la vez que compromete al hombre en todas sus facultades, siendo por ello esencial a la experiencia humana. En este sentido, \u00abla pr\u00e1ctica aut\u00e9ntica de los sacramentos tiene forzosamente un aspecto catequ\u00e9tico\u00bb (CT 23).<\/p>\n<p>Finalmente, no ha de olvidarse que la catequesis debe conducir a la profesi\u00f3n de fe, y que uno de los principales lugares de la profesi\u00f3n de fe ha sido siempre la liturgia, principalmente la celebraci\u00f3n del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada. De este modo, la celebraci\u00f3n lit\u00fargica viene a ser una catequesis en acto, ya que es una profesi\u00f3n de fe en acto y una comunicaci\u00f3n de gracia: en la celebraci\u00f3n sacramental se actualiza la obra de la salvaci\u00f3n realizada por Cristo (cf SC 6). Como afirma D. Sartore, \u00abel valor insustituible de la liturgia para la catequesis&#8230; depende de la condici\u00f3n sacramental de la Iglesia, del hecho de configurarse esta de una manera m\u00e1s existencial donde la comunidad celebra la liturgia. Es en la liturgia donde la realidad eclesial aparece m\u00e1s visiblemente como cumbre y fuente de la vida de la Iglesia\u00bb12.<\/p>\n<p>4. LA HISTORIA Y LA VIDA DE LA IGLESIA. Ambas a dos son fuentes de la catequesis como expresi\u00f3n hist\u00f3rica de la vivencia cristiana. La palabra de Dios se expresa en la tradici\u00f3n a trav\u00e9s de la Palabra vivida e interiorizada por la Iglesia -particularmente por los santos- en cada actualidad hist\u00f3rica. Una catequesis aut\u00e9ntica \u00abno puede transmitirse fuera de la subjetividad colectiva del pueblo que guarda la Palabra, que la conoce porque en ella y de ella vive: la Iglesia\u00bb13.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n es obvia. El catequizando es invitado a acceder al evangelio. Pero para acceder al evangelio, la mera experiencia antropol\u00f3gica no es suficiente; se necesita la experiencia del cristianismo vivido tal como queda recogida en la tradici\u00f3n y en las comunidades cristianas actuales. Esta experiencia cristiana, vivida y expresada en el testimonio creyente, es la \u00fanica que hace posible descubrir lo que el evangelio significa en la existencia humana. A lo largo de la historia de la Iglesia, un elemento constitutivo de la transmisi\u00f3n del evangelio ha sido precisamente la experiencia de fe vivida en el entorno familiar o ambiental. La fe se propaga fundamentalmente por el contagio del testimonio.<\/p>\n<p>La historia de la Iglesia ense\u00f1a que toda profundizaci\u00f3n doctrinal del evangelio se lleva a cabo siempre en contacto con la vida; los problemas existenciales son los que empujan a elaborar respuestas nuevas de fe. De este modo, la Iglesia ha ido explicitando, en el correr del tiempo, aspectos del evangelio de los que anteriormente no se hab\u00ed\u00ada percatado. Y. Congar constata que \u00absabremos realmente lo que quiere decir que el evangelio sea predicado a toda criatura, cuando sea predicado a toda criatura\u00bb14. Desde esta perspectiva, la historia de la Iglesia manifiesta a la catequesis la manera en que la comunidad eclesial ha ido tomando conciencia de su fe y la ha vivido transformando su existencia en fidelidad al evangelio. En esta aventura, los santos se convierten en los grandes testigos: ellos han sabido interpretar con su vida de santidad distintos aspectos del evangelio. Y la catequesis har\u00e1 bien en proponer a la consideraci\u00f3n de los catequizandos el testimonio de los santos, presentando a estos con toda la fuerza de su ejemplaridad, a fin de iluminar y orientar su vida cristiana.<\/p>\n<p>Pero la historia de la Iglesia no es \u00fanicamente pasado; es tambi\u00e9n realidad presente con un dinamismo abierto siempre hacia el futuro. Ya se ha recordado anteriormente que no hay revelaci\u00f3n sin la acogida, sin la respuesta por parte del hombre. Ahora bien, teniendo en cuenta que el hombre se halla siempre hist\u00f3ricamente situado, inmerso en una historia siempre en evoluci\u00f3n, es forzoso concluir que la actualizaci\u00f3n de la Revelaci\u00f3n es una tarea que no puede concluir nunca. La palabra de Dios debe ser contempor\u00e1nea de aquellos a quienes va dirigida. La proclamaci\u00f3n de la fe ser\u00e1 una proclamaci\u00f3n actual solamente si encuentra al hombre de hoy seg\u00fan sus estados de conciencia. La correlaci\u00f3n entre la existencia humana y la fe es inevitable.<\/p>\n<p>La tarea de la catequesis es ofrecer la actualidad de la palabra de Dios a los catequizandos. La catequesis, pues, s\u00f3lo puede comprenderse como un nuevo acto de interpretaci\u00f3n del evangelio, del acontecimiento de Jesucristo, a partir de una confrontaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica entre la experiencia cristiana fundamental (Sagrada Escritura, tradici\u00f3n, s\u00ed\u00admbolos de fe&#8230; ) y la experiencia humana de hoy. Y as\u00ed\u00ad, llegar a la necesaria actualizaci\u00f3n del evangelio. Pero la pregunta surge de manera inmediata: \u00bfqui\u00e9n es el sujeto responsable de esta nueva interpretaci\u00f3n?<br \/>\na) El \u00absensus fidei\u00bb del pueblo de Dios. La Sagrada Escritura, la tradici\u00f3n y las f\u00f3rmulas de fe cobran vida cuando una conciencia las acoge y hace suyas. Todas ellas no son m\u00e1s que palabras que quedan en el aire, mientras no haya alguien que las capte para encarnarlas, para darles carne y sangre. El sujeto del acto de fe, de la fe que se convierte en acto personal de creer y no se queda en f\u00f3rmulas que se repiten o en credo que se recita, es en realidad la persona concreta. Por esta raz\u00f3n, la fe adopta formas diversas, fuertes matices, seg\u00fan la diversidad de los creyentes. Incluso dentro de una cultura y de niveles intelectuales id\u00e9nticos, las palabras por las cuales va a expresarse la fe ser\u00e1n un tanto diferentes. Sin embargo, todas ellas, como los cuatro evangelios, hablan del mismo Cristo. Cada persona es, por consiguiente, sujeto de la fe. En dos sentidos: ante todo, en el sentido de adhesi\u00f3n a la persona de Cristo: nadie, ni familia, ni pueblo, ni Iglesia, puede dar su fe en lugar de la persona; y tambi\u00e9n en el sentido de la expresi\u00f3n de su fe: cada persona redir\u00e1 sus convicciones de fe a su manera.<\/p>\n<p>El creyente, no obstante, se adhiere a un mensaje que no ha sido inventado por \u00e9l, sino que \u00e9l ha o\u00ed\u00addo (cf Rom 10,13-15). El creyente ha o\u00ed\u00addo el mensaje de los miembros de una comunidad, que es la portadora del mensaje. Es verdad que el sujeto individual es realmente fuente del acto de la fe; con todo, lo que \u00e9l cree le viene de otra parte: de ese pueblo que Cristo ha dejado tras de s\u00ed\u00ad. Este pueblo contin\u00faa proclamando e interpretando, en funci\u00f3n de las condiciones nuevas que vayan apareciendo, la Sagrada Escritura y los s\u00ed\u00admbolos de la fe que le sirven de fundamento. Pueblo creyente y tradici\u00f3n son inseparables: por el pueblo es como se efect\u00faa la tradici\u00f3n, la transmisi\u00f3n de la fe. Haciendo camino, la fe, retomada por cada generaci\u00f3n, busca y encuentra palabras nuevas para decirse.<\/p>\n<p>La consecuencia no se deja esperar: el pueblo tiene una funci\u00f3n en la formulaci\u00f3n de la fe. La jerarqu\u00ed\u00ada contin\u00faa siendo la \u00faltima instancia de la fe de la Iglesia; pero la jerarqu\u00ed\u00ada no desempe\u00f1ar\u00ed\u00ada correctamente esta funci\u00f3n si no permaneciera a la escucha de su pueblo, si no tuviera en cuenta el sensus fidei del pueblo de Dios (cf LG 12). El pueblo creyente es, en efecto, el depositario del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Del Esp\u00ed\u00adritu le viene ese olfato espiritual que le permite entrar en la verdad total (Jn 16,12-13), mediante la creatividad en la comprensi\u00f3n, en la vivencia y en la expresi\u00f3n de la fe (cf GS 44).<\/p>\n<p>En este marco, \u00abla catequesis es un lugar privilegiado en el que esta din\u00e1mica de la tradici\u00f3n puede ejercerse. Considerar al grupo catecumenal s\u00f3lo como asimilador, sin hacer de \u00e9l un veh\u00ed\u00adculo creativo para expresar la fe de la Iglesia, ser\u00ed\u00ada no haber entendido nada de lo que es la tradici\u00f3n cristiana\u00bb (CC 146). La catequesis lleva a cabo esta creatividad en la renovaci\u00f3n de las expresiones de la fe a partir de la experiencia humana presente en ella, una experiencia que \u00abayuda a hacer inteligible el mensaje cristiano como mediaci\u00f3n necesaria para explorar y asimilar las verdades que constituyen el contenido objetivo de la Revelaci\u00f3n\u00bb (DGC 152; cf 116-117, 153). Por ello, el Directorio general para la catequesis concluye: \u00ablos catequizandos, sobre todo cuando son adultos, pueden contribuir con eficacia al desarrollo de la catequesis, indicando los diversos modos para comprender y expresar eficazmente el mensaje, tales como \u00abaprender haciendo\u00bb, hacer uso del estudio y del di\u00e1logo e intercambiar y confrontar los diversos puntos de vista\u00bb (DGC 157).<\/p>\n<p>b) El magisterio. Al magisterio le corresponde el discernimiento autorizado de las expresiones de la fe propuestas por los fieles; tambi\u00e9n dentro de la catequesis. La comunidad eclesial ha reconocido siempre en la jerarqu\u00ed\u00ada el poder y la tarea de ense\u00f1ar; o lo que es lo mismo, de decir la fe. Esto es lo que quiere expresarse cuando se habla del magisterio de la Iglesia. Pero ser\u00ed\u00ada bueno ser precavidos, porque de lo que acaba de decirse, a ver en el magisterio la fuente de la fe, no hay m\u00e1s que un paso. As\u00ed\u00ad es como, hist\u00f3ricamente, se ha llegado a distinguir la Iglesia docente (los obispos, y sobre todo el Papa) y la Iglesia discente (todos los dem\u00e1s fieles). En realidad, toda la Iglesia es docente y toda la Iglesia, incluido el Papa, es discente. Pablo manifiesta con claridad que \u00e9l no transmite otra cosa distinta de lo que \u00e9l mismo \u00abha recibido del Se\u00f1or\u00bb (2Cor 11,23). La jerarqu\u00ed\u00ada, como cualquier creyente, es, pues, discente, sometida a la Palabra que re\u00fane al pueblo de Dios, del cual es servidora. Atenta a los signos de los tiempos, la jerarqu\u00ed\u00ada debe tener un o\u00ed\u00addo despierto, un o\u00ed\u00addo de disc\u00ed\u00adpulo para escuchar lo que el Esp\u00ed\u00adritu dice constantemente a las Iglesias (cf Is 50,4; Ap 2-3).<\/p>\n<p>Hechas estas observaciones, es menester poner de relieve que la Iglesia ha proclamado siempre que los obispos, en comuni\u00f3n con el papa, tienen una misi\u00f3n especial de ense\u00f1anza y de vigilancia sobre aquello que los creyentes dicen a prop\u00f3sito de las cosas de la fe, as\u00ed\u00ad como a prop\u00f3sito de los comportamientos (cf DV 10; DGC 44). De esta forma, la jerarqu\u00ed\u00ada viene a cristalizar, en cierta manera, la misi\u00f3n confiada a toda la Iglesia de anunciar de modo actualizado el evangelio.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta misi\u00f3n especial de ense\u00f1anza de los obispos no significa nunca que el magisterio detente un monopolio. Son numerosos los fieles que, a lo largo de la historia, \u00abhan ense\u00f1ado a la Iglesia\u00bb. Ni los obispos ni el papa est\u00e1n fuera o por encima de la palabra de Dios (cf DV 10; DGC 44). Todos ellos son fieles de la Iglesia. Fieles llamados para servir a los otros fieles como punto de referencia, de armonizaci\u00f3n y de gu\u00ed\u00ada; principalmente para quienes est\u00e1n en activo en las diversas funciones, como es el caso del ministerio catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>IV. La cultura o el mundo de los valores<br \/>\nEl contexto cultural es otra de las fuentes de la catequesis. El DGC 95 se\u00f1ala que la palabra de Dios \u00abse manifiesta en los genuinos valores religiosos y morales que, como semillas de la Palabra, est\u00e1n esparcidos en la sociedad humana y en las diversas culturas\u00bb. CT 53 recuerda lo mismo. El DGC 96 alude a esta fuente como subsidiaria; otros autores hablan de ella en un sentido material o la califican de secundaria. Juan Pablo II afirma que \u00ablas culturas, cuando est\u00e1n profundamente enraizadas en lo humano, llevan consigo el testimonio de la apertura t\u00ed\u00adpica del hombre a lo universal y a la trascendencia\u00bb (FR 70). M\u00e1s all\u00e1 del debate terminol\u00f3gico, lo que no puede negarse es que el contexto cultural constituye una fuente imprescindible de la catequesis.<\/p>\n<p>Si la palabra de Dios alcanza su sentido y su actualidad en la fe que la acoge, una fe situada siempre hist\u00f3ricamente, no queda m\u00e1s remedio que interpretar los documentos de la palabra de Dios, que vehiculan la experiencia cristiana fundante, desde la novedad de la experiencia humana actual. Esta dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica de la palabra de Dios exige, en su transmisi\u00f3n, una atenci\u00f3n particular a toda la realidad del hombre, a su vida, a sus b\u00fasquedas&#8230; a fin de interpretarlas a la luz de la palabra de Dios. La realidad humana forma parte del mensaje cristiano, habida cuenta de que al margen de ella es imposible que el hombre viva su fe en el mundo. La catequesis, pues, extraer\u00e1 su contenido tambi\u00e9n de la fuente de la cultura contempor\u00e1nea y de las ciencias humanas. La catequesis, en el acto de transmisi\u00f3n de la fe, no puede disociar la palabra de Dios de la que da testimonio la Sagrada Escritura, y la palabra de Dios que constituyen los acontecimientos de la vida personal y de la historia en general, acontecimientos que son portadores de los signos de Dios en el mundo. Dios, que se revela en la historia, act\u00faa permanentemente en cada persona y en la historia en general (cf FR 70-71).<\/p>\n<p>La catequesis no tiene que preocuparse solamente de revelar las maravillas de Dios; se preocupar\u00e1 igualmente de interpretar, a la luz de la palabra de Dios, las realidades del mundo y la vida de los hombres. Es lo que ha dado en llamarse la teolog\u00ed\u00ada de los signos de los tiempos. La asunci\u00f3n de los signos de los tiempos por la Iglesia obliga a esta a prestar una atenci\u00f3n permanente a las diversas situaciones de vida, as\u00ed\u00ad como a las diferentes culturas, a fin de que el evangelio sea anunciado y comprendido tambi\u00e9n en esas situaciones, y as\u00ed\u00ad llegue a todos el mensaje de la salvaci\u00f3n. Desde este punto de vista, los signos de los tiempos pertenecen a la pedagog\u00ed\u00ada de la palabra de Dios, ya que pueden identificarse con aquellos g\u00e9rmenes de vida (logoi spermatikoi) de que hablaban los Padres de la Iglesia, y que est\u00e1n colocados en el mundo y en el coraz\u00f3n de cada persona, para hacerles percibir m\u00e1s f\u00e1cilmente la acci\u00f3n de Dios en orden a realizar su designio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas reflexiones permiten comprender c\u00f3mo, desde hace unas d\u00e9cadas, la experiencia humana se ha convertido en algo esencial de la catequesis. El dato fundamental que subyace en este giro antropol\u00f3gico de la catequesis, es la necesidad que tiene el mensaje cristiano de ser proclamado en relaci\u00f3n estrecha con la experiencia humana, como condici\u00f3n indispensable de su acogida y como requisito necesario de su eficiencia para transformar la vida seg\u00fan el evangelio. En perspectiva teol\u00f3gica, la experiencia humana (el mundo) es portadora de determinados valores aut\u00f3nomos, que constituyen la caja de resonancia apta para que el sentido del evangelio pueda ser sonorizado en cada actualidad de la vida de los hombres (cf DGC &#8216;116-117). Por ello la catequesis debe considerar la experiencia humana \u00abcomo interlocutora imprescindible, como lugar hermen\u00e9utico\u00bb15.<\/p>\n<p>La catequesis, pues, afirmar\u00e1 los valores humanos aut\u00e9nticos y los acoger\u00e1 dentro del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios, consciente de que una catequesis que ignore o sofoque lo humano nunca podr\u00e1 ser acogida; consciente igualmente de que la apropiaci\u00f3n de los valores humanos aut\u00e9nticos resultar\u00e1 beneficiosa para la reinterpretaci\u00f3n y para la progresiva explicitaci\u00f3n del evangelio (cf GS 44). La catequesis har\u00e1 todo esto sin abandonar su acci\u00f3n prof\u00e9tica y cr\u00ed\u00adtica, dado que est\u00e1 llamada a leer los valores (los signos de los tiempos) y a emitir sobre ellos el juicio de Dios. En la perspectiva de la profec\u00ed\u00ada cristiana, este juicio ha de colocarse siempre en el horizonte de la salvaci\u00f3n, de la apertura a la realizaci\u00f3n plena del hombre en Dios. Esta apertura es la que podr\u00e1 propiciar el acceso del catequizando a una experiencia de Dios en Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La catequesis se convierte de este modo en \u00abun instrumento de inculturaci\u00f3n, es decir, que desarrolla y al mismo tiempo ilumina desde dentro las formas de vida de aquellos a quienes se dirige\u00bb (MPD 5; cf CT 53; EN 63). En efecto, \u00abdesde el punto de vista cultural, el valor se presenta como un dato fundamental, ya que una cultura se caracteriza y adquiere su dinamismo en torno a un sistema de valores&#8230; Los valores de una cultura representan el papel de normas pr\u00e1cticas para los deseos, los comportamientos, las actitudes y los juicios\u00bb16. Y ese es precisamente el significado de la inculturaci\u00f3n del evangelio y la finalidad de la catequesis: llegar a las mentalidades, a los modos de pensar, a los estilos de vida&#8230; para hacer que penetre en ellos la fuerza salvadora del mensaje cristiano (cf CT 53; EN 63).<\/p>\n<p>V. Fuentes de la fe y fuentes de la catequesis<br \/>\nLo que constituye la unidad del pueblo de Dios es la unidad de su fe. Lo que re\u00fane a los creyentes es la adhesi\u00f3n a Cristo; pero esta adhesi\u00f3n a Cristo pasa necesariamente al lenguaje. Es lo que se llama el lenguaje de la fe. Es evidente que, sin un m\u00ed\u00adnimo acuerdo en este lenguaje, la unidad del pueblo creyente queda rota, y la fe, que descansa sobre esta unidad, queda abiertamente desmentida. Ahora bien, el pueblo cristiano, \u00bfd\u00f3nde encontrar\u00e1 la expresi\u00f3n, el lenguaje que le garantice la certeza de lo que hay que creer? La respuesta suele ser: en el magisterio o regla de fe, en el dogma, y tambi\u00e9n en la teolog\u00ed\u00ada. Estas referencias constituyen un servicio eclesial cuya preocupaci\u00f3n es alcanzar precisamente el rigor y la solidez en la expresi\u00f3n-formulaci\u00f3n de la fe. De ah\u00ed\u00ad que estas referencias pueden ser consideradas como fuentes de la fe.<\/p>\n<p>Estas fuentes de la fe \u00bfson asimismo fuentes de la catequesis? Las respuestas no son un\u00e1nimes: mientras unos responden afirmativamente17, otros desechan una equivalencia total entre las fuentes de la fe y las fuentes de la catequesis18. La convicci\u00f3n cada vez m\u00e1s extendida se inclina, no obstante, a considerar que unas y otras son realidades distintas: la catequesis tiene sus propias fuentes, como se ha recordado anteriormente; aunque haya que reconocer que las fuentes de la fe no le son totalmente ajenas. La catequesis, en efecto, no puede ignorar ni el magisterio o regla de fe, ni el dogma, realidades a las que deber\u00e1 acomodar las expresiones de la fe que transmite. La teolog\u00ed\u00ada, por su parte, ayuda a la catequesis a penetrar intelectualmente su contenido. Pero veamos m\u00e1s en detalle las cosas.<\/p>\n<p>1. EL MAGISTERIO O LA REGLA DE FE. Ya se ha recordado con anterioridad que en la Iglesia existe desde siempre una regla de fe, que DV 10 llama \u00abmagisterio viviente\u00bb; su funci\u00f3n es la de \u00abinterpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios\u00bb; para ello \u00abcon la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, escucha piadosamente esta palabra, la guarda tal como es y la expone con fidelidad\u00bb. La catequesis deber\u00e1, pues, escuchar al magisterio siempre que este escuche a su vez piadosamente la palabra de Dios desde todas las instancias en las que esa palabra se actualiza: Sagrada Escritura, tradici\u00f3n, historia y vida del pueblo de Dios; y la historia de los hombres a trav\u00e9s de los signos de los tiempos.<\/p>\n<p>Pero la catequesis no puede reducir su empe\u00f1o a las intervenciones del magisterio. Tales intervenciones suelen incidir sobre aspectos concretos del mensaje en funci\u00f3n de su dificultad y\/o su actualizaci\u00f3n, y en modo alguno acostumbran a presentar el mensaje \u00ed\u00adntegro y total. La catequesis tendr\u00e1 en cuenta efectivamente las intervenciones del magisterio, que le ayudar\u00e1n a interpretar la Palabra desde sus resonancias actuales; pero no agotar\u00e1 con ellas su contenido, ni alterar\u00e1 el proyecto catequ\u00e9tico y su programaci\u00f3n correspondiente, que siempre deber\u00e1n atender a la totalidad o integridad del mensaje cristiano, que la catequesis tiene que transmitir (cf CT 30-31; DGC 111-112; CC 85-93).<\/p>\n<p>2. Los DOGMAS. Son las intervenciones del magisterio que buscan una formulaci\u00f3n precisa de alg\u00fan aspecto del mensaje cristiano, y que llegan a desembocar en una proclamaci\u00f3n de fe definida. Los dogmas no pretenden nunca la proclamaci\u00f3n dogm\u00e1tica total y progresiva del misterio cristiano; m\u00e1s bien van apareciendo en el surco de la vida de la Iglesia, con el fin de salir al paso de los distintos avatares que el devenir de la historia va suscitando en forma de problemas, de controversias o de esclarecimientos logrados en la profundizaci\u00f3n del evangelio. Este origen hace que los dogmas sean tributarios de un contexto hist\u00f3rico y cultural determinado, cuya impronta se deja ver tanto en la problem\u00e1tica concreta que abordan como en las mediaciones conceptuales y de lenguaje que utilizan.<\/p>\n<p>Es verdad que los dogmas encierran un valor incontestable, dado que son expresiones importantes e irreversibles de la fe que han ido surgiendo en la vida y en la historia de la Iglesia. Esta es la raz\u00f3n por la que la catequesis no puede desconocerlos: los dogmas son normativos para ella, ya que representan la conciencia aut\u00e9ntica y definitiva de la fe de la Iglesia en un momento de su vida y en torno a unos aspectos concretos del misterio cristiano. Pero la catequesis no puede resolverse en una exposici\u00f3n-explicaci\u00f3n continuada de los dogmas con su terminolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica y teol\u00f3gica. A la catequesis le interesa no la literalidad del dogma, sino su sentido vivencial y existencial, sentido que abre para la catequesis toda una posibilidad de relectura y todo un horizonte de creatividad.<\/p>\n<p>3. LA TEOLOG\u00ed\u008dA. La teolog\u00ed\u00ada es considerada como fuente de la fe en el sentido que ayuda a esta en el proceso de su maduraci\u00f3n. \u00abSu funci\u00f3n es desarrollar la inteligencia de la fe. La teolog\u00ed\u00ada se sit\u00faa bajo el signo de la fides quaerens intellectum, es decir, de la fe que busca entender\u00bb (CC 73). La teolog\u00ed\u00ada, adem\u00e1s, ayuda a reformular las expresiones de la fe desde la novedad cultural de cada actualidad hist\u00f3rica. \u00abEsta dimensi\u00f3n del trabajo teol\u00f3gico de fijar unas expresiones y elaborar esta s\u00ed\u00adntesis de fe que, en continuidad con la tradici\u00f3n, sirvan para alimentar la fe de los cristianos, es vital para la catequesis\u00bb (CC 74; cf DGC 51).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre la teolog\u00ed\u00ada y la catequesis es muy estrecha, hasta el punto que, en determinados momentos de la historia, ha dado origen a una cierta confusi\u00f3n, llegando a convertir a la teolog\u00ed\u00ada en la fuente principal de la catequesis. Durante bastante tiempo, en efecto, la catequesis ha estado centrada en un catecismo que no era m\u00e1s que un compendio teol\u00f3gico de exquisita precisi\u00f3n doctrinal. La catequesis reproduc\u00ed\u00ada y reduc\u00ed\u00ada a escala inferior el saber teol\u00f3gico. Tal proceder condicionaba el mismo quehacer catequ\u00e9tico, as\u00ed\u00ad como sus contenidos y la l\u00f3gica inherente a las proposiciones de la fe: la l\u00f3gica de una s\u00ed\u00adntesis doctrinal no es lo mismo que la l\u00f3gica de la econom\u00ed\u00ada propia de la historia de la salvaci\u00f3n. En este marco, la catequesis quedaba totalmente supeditada a la teolog\u00ed\u00ada; en la relaci\u00f3n entre ambas, la primac\u00ed\u00ada era para la teolog\u00ed\u00ada, de la que depend\u00ed\u00ada la catequesis.<\/p>\n<p>Por ello, cuando la catequesis, en sus recientes intentos de renovaci\u00f3n, ha pretendido encontrar su autonom\u00ed\u00ada y su identidad, no han faltado las dificultades y las tensiones19. Para salir al paso de unas y otras es menester tener en cuenta unas cuantas puntualizaciones.<\/p>\n<p>La catequesis no puede ignorar a la teolog\u00ed\u00ada en su funci\u00f3n de fundamentaci\u00f3n y de sistematizaci\u00f3n de la fe (CC 74). Sobre todo en un entorno como el actual, \u00abla catequesis debe llevar a la convicci\u00f3n de que la Revelaci\u00f3n no s\u00f3lo fundamenta la fe y determina el horizonte esencial \u00faltimo de los significados de la existencia humana&#8230;, sino que pide tambi\u00e9n un compromiso propiamente intelectual. Queremos decir que la catequesis debe mostrar tambi\u00e9n la importancia de la teolog\u00ed\u00ada como ciencia de la fe, desde la fe y para la fe. Sobre todo en un mundo culturalmente pluralista, es necesario darse cuenta realmente de la esperanza cristiana; tratar de penetrar e interpretar la propia existencia seg\u00fan la palabra de Dios; actualizar esta en relaci\u00f3n a las etapas de la propia vida y a las situaciones sociales comunitarias y confrontar la teolog\u00ed\u00ada con los dem\u00e1s saberes cient\u00ed\u00adficos\u00bb20.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada ejerce, adem\u00e1s, una funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de cara a la catequesis, en relaci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada que es manifiesta o que subyace en el quehacer catequ\u00e9tico, y en relaci\u00f3n igualmente con los posibles riesgos que puede correr la misma catequesis, como son los riesgos relativos a la distorsi\u00f3n de su naturaleza en el momento y en el modo de asumir las ciencias humanas.<\/p>\n<p>Pero aun admitiendo todo esto, hay que afirmar con rotundidad que la catequesis no puede ser absorbida o permanecer secuestrada por la teolog\u00ed\u00ada. Las dos siguen un proceso divergente, y las dos tienen unas finalidades distintas. La teolog\u00ed\u00ada es una reflexi\u00f3n del creyente sobre su fe, sobre la fe de la Iglesia; busca para comprender, para representarse intelectualmente el contenido de una fe a la cual se ha adherido ya previamente. En la teolog\u00ed\u00ada se va, por consiguiente, de la fe (punto de partida supuesto) a la intelecci\u00f3n (punto de llegada). En la catequesis, por el contrario, se va de una fe a\u00fan no suficientemente despierta a la fe aut\u00e9ntica. La fe no se sit\u00faa en el punto de partida sino al final del camino.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada y la catequesis se diferencian asimismo por sus finalidades. Mientras que la teolog\u00ed\u00ada busca el fundamento, la profundizaci\u00f3n y la sistematizaci\u00f3n de la fe, lo que la catequesis busca es el acompa\u00f1amiento hacia la fe y el arraigo del evangelio en la vida de los catequizandos. Sin olvidar, pues, que la catequesis tiene tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n doctrinal (CT 18, 21), hay que resaltar con fuerza que la catequesis es sobre todo iniciaci\u00f3n a la vida cristiana. Una verdadera iniciaci\u00f3n s\u00f3lo puede llevarse a cabo a trav\u00e9s de un di\u00e1logo de consentimiento en la fe y de compromiso personal de vida. Ello significa que la catequesis debe comunicar un mensaje en lugar de limitarse a explicar una doctrina. El mensaje es personal; una doctrina es an\u00f3nima y fr\u00ed\u00ada. Dar catequesis no consiste en partir de un texto de manual, sino de la vida, de la palabra viva de Dios21.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf C. GEFFRE, La r\u00e9v\u00e9lation comme histoire. Enjeux th\u00e9ologiques pour la cat\u00e9ch\u00e9se, Cat\u00e9ch\u00e9se 100-101 (1985) 60 y 63. &#8211;2 Cf ib, 61. En este apartado seguimos la s\u00ed\u00adntesis de este autor; cf tambi\u00e9n P. A. LIEGE, De la parole a la cat\u00e9ch\u00e9se, Lumi\u00e9re et Vie 35 (1957) 34-56. &#8211; 3 C. GEFFRE, O.C., 66. &#8211; 4. G. GROPPo, Contenidos (criterios), en J. GEVAERT (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 223. &#8211; 5 Cf M. DOMERGUE, Le salut par la descendance, Cahiers pour Croire Aujourd&#8217;hui 166 (1995) 28-32. &#8211; 6. P. A. LIEGE, La catequesis en la tradici\u00f3n de la Iglesia, en AA.VV., \u00bfQu\u00e9 es la catequesis?, Marova, Madrid 1968, 99. &#8211; 7. Cf D. BERTRAND, Les P\u00e9res de L&#8217;Eglise, une nouvelle mode?, Cahiers pour Croire Aujourd&#8217;hui 151 (1994) 33-38. &#8211; 8. H. J. MARROU, D\u00e9cadence romaine ou antiquit\u00e9 tardive?, Le Seuil, Par\u00ed\u00ads 1977. &#8211; 9. Hoy se intenta realzar la pr\u00e1ctica antigua de la Traditio y de la Redditio symboli en la pr\u00e1ctica de la catequesis: cf MPD 8; CT 28; CC 135. &#8211; 10 G. GROPPO, S\u00ed\u00admbolos de fe, en J. GEVAERT (ed.), o.c., 753-754. &#8211; 11. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, CC 89-90. En otros documentos y estudios se define la liturgia como \u00abcatequesis permanente de la Iglesia\u00bb, \u00abfuente inagotable de catequesis\u00bb y \u00abpreciosa catequesis en acto\u00bb: cf E. ALBERICH, Fuentes de la catequesis, en J. GEVAERT (ed.), o.c., 394. &#8211; 12 D. SARTORE, Catequesis y liturgia, en D. SARTOREA. M. TRIACCA, Nuevo diccionario de liturgia, San Pablo, Madrid 19963, 320. Cf tambi\u00e9n F. BROVELLI, Fe y liturgia, en ib, 840-854. &#8211; 13.P. A. LIEGE, L&#8217;Eglise, milieu de la foi chr\u00e9tienne, Lumi\u00e9re et Vie 23 (1955) 45-68. &#8211; 14 Y. CoNGAR, Vida de la Iglesia y conciencia de la catolicidad, en Ensayos sobre el misterio de la Iglesia, Estela, Barcelona 1959, 94. &#8211; 15 E. ALBERICH, Naturaleza y tareas de la catequesis, CCS, Madrid 1973, 114-115. -16 H. CARRIER, Diccionario de la cultura, Verbo Divino, Estella 1994, 466-467. &#8211; 17 Directorio de pastoral catequ\u00e9tica para las di\u00f3cesis de Francia, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1968, 25. &#8211; 18 Cf, por ejemplo, J. TOTOSAUS, Iniciaci\u00f3n a la catequesis, Estela, Barcelona 1969, 140-142, 171-181; E. ALBERICF, La catequesis en la Iglesia. Elementos de catequesis fundamental, CCS, Madrid 1991, 117-120; Fuentes de la catequesis, en J. GEVAERT (ed.), o.c., 392-395. &#8211; 19 Cf G. GROPPO, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis, en L. PACOMIO (ed.), Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar 1, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 95-107. &#8211; 20 D. VALENTINI, Revelaci\u00f3n, en J. GEVAERT (ed.), o.c., 726. &#8211; 21 Cf P. A. LIEGE, \u00bfQu\u00e9 quiere decir \u00abcatequesis\u00bb? Ensayo de aclaraci\u00f3n, en AA.VV., \u00bfQu\u00e9 es la catequesis?, o.c., 13-21; V. AYEL, Naturaleza y fin de la catequesis seg\u00fan la tradici\u00f3n de la Iglesia, en ib, 23-42.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., \u00bfQu\u00e9 es la catequesis?, Marova, Madrid 1968; AA.VV., Liturgia y pedagog\u00ed\u00ada de la fe, Marova, Madrid 1969; ALBERICH E., La catequesis en la Iglesia. Elementos de catequesis fundamental, CCS, Madrid 1991; AUDINET J., La r\u00e9f\u00e9rence doctrinale en cat\u00e9ch\u00e9se, Cat\u00e9ch\u00e9se 13 (1973) 139-144; GEFFRE C., La r\u00e9v\u00e9lation comme histoire. Enjeux th\u00e9ologiques pour la cat\u00e9ch\u00e9se, Cat\u00e9ch\u00e9se 100-101 (1985) 59-76; GEVAERT J., La dimensi\u00f3n experiencial de la catequesis, CCS, Madrid 1985; (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, especialmente ALBERICH E., Fuentes de la catequesis, 392-395; GEVAERT J., Experiencia, 366-368, y GROPPo G., Contenidos (criterios), 221-225; S\u00ed\u008dNODO DE OBISPOS 1977, La catequesis en nuestro tiempo. Mensaje al pueblo de Dios, PPC, Madrid 1978; Directorio de pastoral catequ\u00e9tica para las di\u00f3cesis de Francia, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1968.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 M\u00c2\u00aa Ochoa Mart\u00ed\u00adnez de Soria<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La palabra de Dios. II. La Sagrada Escritura. III. La tradici\u00f3n: 1. Los santos Padres; 2. Los s\u00ed\u00admbolos de la fe; 3. La liturgia; 4. La historia y la vida de la Iglesia. IV. La cultura o el mundo de los valores. V. Fuentes de la fe y fuentes de la catequesis: 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fuente-y-fuentes-de-la-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFUENTE Y \u00abFUENTES\u00bb DE LA CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17006","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17006","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17006"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17006\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17006"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17006"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17006"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}