{"id":17009,"date":"2016-02-05T11:05:00","date_gmt":"2016-02-05T16:05:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-catequesis-en-america-latina\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:00","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:00","slug":"historia-de-la-catequesis-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-catequesis-en-america-latina\/","title":{"rendered":"HISTORIA DE LA CATEQUESIS EN AMERICA LATINA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La \u00e9poca colonial (siglos XVI-XVIII): 1. Fuentes del siglo XVI; 2. La conquista; 3. La Iglesia se va organizando; 4. Circunstancias favorables y obst\u00e1culos; 5. Agentes de la evangelizaci\u00f3n y la catequesis; 6. El contenido de la catequesis; 7. Los m\u00e9todos; 8. Catequesis e inculturaci\u00f3n. II. La independencia. III. El caso de Brasil.<\/p>\n<p>I. La \u00e9poca colonial (siglos XVI-XVIII)<br \/>\n1. FUENTES DEL SIGLO XVI. Para el siglo XVI, son numerosas y muy valiosas. Citemos para Nueva Espa\u00f1a, entre otras, el C\u00f3dice franciscano (1570), las Juntas eclesi\u00e1sticas, especialmente las de 1539 y 1546, los concilios provinciales mexicanos, especialmente el I (1555) y el III (1585), los Coloquios y doctrina cristiana, publicados por fray Bernardino de Sahag\u00fan (1524-1564), la Historia eclesi\u00e1stica indiana (1596) y las Cartas, de fray Jer\u00f3nimo de Mendieta, la Historia de los indios de Nueva Espa\u00f1a, de fray Toribio de Benavente (Motolin\u00ed\u00ada) (1541?), el Itinerarium catholicum, de fray Juan Focher (1574), la Rhetorica christiana, de fray Diego Vald\u00e9s (1579), los numerosos catecismos, cartillas doctrinas, confesionarios, sermonarios, etc. Para Sudam\u00e9rica conviene destacar la Instrucci\u00f3n sobre la doctrina dada por el arzobispo de Los Reyes D. Fr. Jer\u00f3nimo de Loaiza (1545-1549), los tres primeros concilios provinciales de Lima, especialmente el III (1582-1583), con sus instrumentos pastorales, y el De procuranda indorum salute, del jesuita Jos\u00e9 de Acosta (1576).<\/p>\n<p>2. LA CONQUISTA. La primera experiencia evangelizadora fue la del ermita\u00f1o Ram\u00f3n Pan\u00e9 que acompa\u00f1\u00f3 a Col\u00f3n en su segunda expedici\u00f3n de 1493. Escribi\u00f3 en 1496 una Relaci\u00f3n por la que vemos que se dirigi\u00f3 a los caciques de La Espa\u00f1ola en su lengua ta\u00ed\u00adna, les ense\u00f1\u00f3 las principales oraciones y algunos art\u00ed\u00adculos de la fe m\u00e1s f\u00e1cilmente accesibles: un solo Dios, creador, etc. Encontr\u00f3, entre otras dificultades, una notable: los ind\u00ed\u00adgenas percib\u00ed\u00adan la fe cristiana como algo propio de los espa\u00f1oles opresores. Con todo, logr\u00f3 Pan\u00e9 unas conversiones luego de una preparaci\u00f3n de dos a\u00f1os. Hubo inclusive algunos m\u00e1rtires, como Juan Mateo, el primer ind\u00ed\u00adgena bautizado. Pero el mal ejemplo de los colonos hizo abortar esta primera misi\u00f3n. Triste anticipo de lo que se iba a repetir posteriormente en muchas ocasiones: la codicia de algunos neutralizando la obra apost\u00f3lica de otros.<\/p>\n<p>Otros intentos ef\u00ed\u00admeros corresponden a las primeras conquistas. Valga como ejemplo la expedici\u00f3n de Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila, desde 1522 hasta junio de 1523, desde el Dari\u00e9n hasta Nicaragua. Terminada su misi\u00f3n, anunci\u00f3 triunfalmente al rey: \u00abTorn\u00e9 cristianos 32.242 \u00e1nimas\u00bb. Agreg\u00f3, por supuesto, un c\u00e1lculo de las cantidades de oro recogidas en la misma ocasi\u00f3n, pues para \u00e9l Dios y Mam\u00f3n formaban buena compa\u00f1\u00ed\u00ada. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, en septiembre de 1528, fray Francisco de Bobadilla, mercedario, hizo en presencia de un escribano una evaluaci\u00f3n de lo que hab\u00ed\u00ada dejado la correr\u00ed\u00ada apost\u00f3lica del citado conquistador y de otros dos que pretend\u00ed\u00adan haber evangelizado a los indios de Nicaragua. Someti\u00f3 a un cuestionario riguroso a varios de aquellos bautizados. Como era de esperar, el resultado result\u00f3 deplorable. Todos los bautizados hab\u00ed\u00adan vuelto a sus idolatr\u00ed\u00adas. Nada recordaban de la doctrina ense\u00f1ada. La mayor\u00ed\u00ada de ellos ni siquiera recordaban su nombre cristiano.<\/p>\n<p>Muy pronto en Nueva Espa\u00f1a hubo tambi\u00e9n bautismos en masa, pero de mejor quilate. Despu\u00e9s del trauma inicial de la primera conquista, los ind\u00ed\u00adgenas, justamente molestos por los atropellos de los conquistadores, pero impresionados por el poder del Dios de los cristianos y atra\u00ed\u00addos por el testimonio de caridad de los santos frailes, empezaron a afluir numeros\u00ed\u00adsimos a las puertas de los monasterios. Los misioneros, convencidos en su mentalidad medieval de que todos los paganos iban a parar ineludiblemente al infierno, no quer\u00ed\u00adan cerrarles las puertas del para\u00ed\u00adso. Pero tampoco era posible someterles a un catecumenado largo. Por otra parte, exist\u00ed\u00ada en aquel tiempo en las Indias Orientales la costumbre de bautizar multitudinariamente. Presionados por los acontecimientos, los frailes hicieron lo que les pareci\u00f3 lo mejor. Motolin\u00ed\u00ada calcula en cerca de cinco millones el n\u00famero de indios bautizados entre los a\u00f1os 1524 y 1536. Primero se explicaba en forma sumaria a los candidatos los dogmas fundamentales, luego se bautizaba -reduciendo las ceremonias a lo esencial- a cantidades impresionantes de ind\u00ed\u00adgenas, y el proceso se completaba con una catequesis que pod\u00ed\u00ada desplegarse durante varios a\u00f1os. En realidad, el bautismo no era un mero punto de llegada, sino, como siempre deber\u00ed\u00ada ser, el principio de un proceso que dura toda la vida.<\/p>\n<p>3. LA IGLESIA SE VA ORGANIZANDO. La \u00e9poca de los tanteos e improvisaciones se super\u00f3 pronto. Ya en 1524, a\u00f1o de la llegada de los doce ap\u00f3stoles franciscanos, se reuni\u00f3 en M\u00e9xico una Junta apost\u00f3lica que, entre otros problemas, se plante\u00f3 el problema del grado de instrucci\u00f3n religiosa necesario para que los nativos pudiesen recibir el bautismo. Otras juntas se celebrar\u00ed\u00adan de 1532 a 1546, a medida que iban apareciendo problemas pastorales importantes. Luego vendr\u00ed\u00adan los s\u00ed\u00adnodos y concilios. En el campo de la catequesis conviene recordar dos problemas que causaron notables tensiones: uno sobre la capacidad de los ind\u00ed\u00adgenas para recibir el bautismo, y otro sobre la oportunidad de celebrar bautismos multitudinarios reduciendo el ceremonial a lo estrictamente esencial. En cuanto a la capacidad racional de los ind\u00ed\u00adgenas, el problema obedec\u00ed\u00ada, en el fondo, a intereses s\u00f3rdidos. Unos colonos pensaban que si los ind\u00ed\u00adgenas no eran seres racionales, uno pod\u00ed\u00ada tranquilamente apoderarse de sus bienes y reducirlos a la esclavitud. El obispo de Tlaxcala, fray Juli\u00e1n Garc\u00e9s, acudi\u00f3 al papa Paulo III, quien resolvi\u00f3 el falso problema por la bula Sublimis Deus (junio de 1537): Cristo mand\u00f3 a los ap\u00f3stoles a ense\u00f1ar a todas las naciones, sin ninguna excepci\u00f3n; los ind\u00ed\u00adgenas son hombres racionales y nadie los puede despojar de sus bienes, de su libertad y del beneficio de la fe. En cuanto al segundo problema, el mismo Papa por la bula Altitudo divini consilii (enero del mismo a\u00f1o), mand\u00f3 que, en adelante, salvo en caso de emergencia, no se omitiera la menor ceremonia. Con los concilios de Lima y M\u00e9xico, la pastoral catequ\u00e9tica fue tomando el estilo que conservar\u00ed\u00ada durante toda la \u00e9poca hispana.<\/p>\n<p>4. CIRCUNSTANCIAS FAVORABLES Y OBST\u00ed\u0081CULOS. La evangelizaci\u00f3n fue una empresa tit\u00e1nica. Diversas circunstancias la favorec\u00ed\u00adan y la obstaculizaban. El factor m\u00e1s favorable fue la reforma de la Iglesia peninsular, que empez\u00f3 y dio frutos mucho antes de la reforma luterana. La selecci\u00f3n de los misioneros fue a menudo muy acertada, sobre todo al principio. Dichos misioneros se distingu\u00ed\u00adan por su ardor apost\u00f3lico, su af\u00e1n de salvar almas. Convencidos muchos de ellos de que sin el bautismo nadie se pod\u00ed\u00ada salvar, no ahorraban esfuerzo para anunciar a Cristo al mayor n\u00famero posible de ind\u00ed\u00adgenas. Los mismos Reyes Cat\u00f3licos hab\u00ed\u00adan asumido como suyo el proyecto evangelizador y hab\u00ed\u00adan hecho de Espa\u00f1a un Estado misional. En esto la actitud de la reina Isabel fue particularmente decisiva. Sus sucesores tambi\u00e9n tomar\u00e1n muy en serio su misi\u00f3n de evangelizar el Nuevo Mundo. Agreguemos que muchos nativos se mostraban muy abiertos a la predicaci\u00f3n de los frailes. Muchos misioneros hicieron el elogio de su humildad, austeridad, sencillez y paciencia, considerando que era la gente m\u00e1s apta para fundar en el Nuevo Mundo la Iglesia de Jesucristo con el mismo fervor que ten\u00ed\u00ada en la era apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Pero si la primera evangelizaci\u00f3n sac\u00f3 provecho de varias circunstancias favorables, los obst\u00e1culos no eran de menor peso. Como todos los misioneros, los de Am\u00e9rica tuvieron que tropezar con varios escollos: lenguas y culturas extra\u00f1as, clima malsano, topograf\u00ed\u00ada fragosa, distancias inmensas por recorrer. En un primer momento, se deplor\u00f3 lo que Pedro Borges llama la automarginaci\u00f3n de la Santa Sede. El Papa, muy ocupado en defender su patrimonio territorial por las armas, cedi\u00f3 demasiados de sus derechos a los reyes y no logr\u00f3 recuperarlos cuando quiso tomar en sus propias manos la direcci\u00f3n de la evangelizaci\u00f3n americana que le correspond\u00ed\u00ada. El Patronato, que tuvo la ventaja de poner recursos enormes, humanos y econ\u00f3micos, al servicio de la evangelizaci\u00f3n, de movilizar una naci\u00f3n entera en misi\u00f3n apost\u00f3lica, ten\u00ed\u00ada tambi\u00e9n sus graves inconvenientes. La Iglesia quedaba, a los ojos de los indios, identificada con los abusos de muchos funcionarios reales. Por otra parte, los mismos obispos se ve\u00ed\u00adan a menudo reducidos a meros funcionarios del rey, con gran perjuicio de su misi\u00f3n de profetas. M\u00e1s graves, quiz\u00e1s, que las fricciones entre poder civil e Iglesia eran las constantes rivalidades entre frailes de distintas \u00f3rdenes, entre frailes y cl\u00e9rigos, entre frailes y obispos, entre obispos y cap\u00ed\u00adtulos. Se emplearon en ello muchas energ\u00ed\u00adas que hubieran sido mejor utilizadas al servicio del reino de Dios. As\u00ed\u00ad como la santidad de muchos frailes y cl\u00e9rigos favoreci\u00f3 en gran manera la conversi\u00f3n de los indios, la mediocridad y rapacidad de otros, m\u00e1s aventureros que verdaderos misioneros, tuvo un efecto negativo. El antitestimonio de los cristianos en general llenaba de asombro a los nativos. El mayor obst\u00e1culo fue sin duda la codicia de numerosos espa\u00f1oles y, por desgracia, no s\u00f3lo de los laicos. De esto dan testimonio elocuente, entre otros, el cardenal Cisneros, el oidor y visitador Tom\u00e1s L\u00f3pez Medel y el mismo Carlos V.<\/p>\n<p>Al lado de aquel que era el mayor obst\u00e1culo, hab\u00ed\u00ada otros, tambi\u00e9n importantes. Refiere Humboldt que muchos espa\u00f1oles cre\u00ed\u00adan que \u00abla voz del evangelio se escucha \u00fanicamente all\u00ed\u00ad donde los indios han escuchado tambi\u00e9n el sonido de las armas\u00bb. En muchas ocasiones los misioneros se preguntaron si conven\u00ed\u00ada que fueran acompa\u00f1ados por soldados, pues los ruidos de armas no dejaban de ser un contexto poco compatible con la buena nueva. Pero algunos oficiales del rey, m\u00e1s inspirados por las guerras santas del Antiguo Testamento que por las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, no parec\u00ed\u00adan ver el problema. Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo, veedor en el Dari\u00e9n, no ceja en escribir: \u00ab\u00bfQui\u00e9n duda que la p\u00f3lvora contra los infieles es incienso para el Se\u00f1or?\u00bb. Y el bachiller Mart\u00ed\u00adn Fern\u00e1ndez de Enciso, fundador de Santa Mar\u00ed\u00ada la Antigua, para excusar los atropellos a los que somet\u00ed\u00ada a los nativos, acude al ejemplo de Josu\u00e9, que redujo a los cananeos de Jeric\u00f3 a esclavitud, agregando: \u00abE todo esto se hizo por voluntad de Dios porque eran id\u00f3latras\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como la defensa de los indios por los frailes fue de gran ayuda para la conversi\u00f3n sincera de muchos, por el contrario, los malos tratos infligidos por corregidores, protectores de indios, y hasta por doctrineros, ten\u00ed\u00adan un efecto nefasto: mita, trabajo forzado y mal pagado, tributos, transporte por tamemes de cargas demasiado pesadas, etc. Motolin\u00ed\u00ada, en su Historia de los indios de Nueva Espa\u00f1a, afirma que innumerables ind\u00ed\u00adgenas mor\u00ed\u00adan en el trabajo de las minas y que en media legua a la redonda de Oaxaca, los espa\u00f1oles no pod\u00ed\u00adan caminar m\u00e1s que sobre cad\u00e1veres, y que tantas aves ven\u00ed\u00adan a comerlos que oscurec\u00ed\u00adan el cielo. Muy parecido es el testimonio del oficial real Zorita, a quien hab\u00ed\u00adan contado que en la provincia de Popay\u00e1n hab\u00ed\u00ada tal cantidad de huesos de indios muertos a lo largo de los caminos, que serv\u00ed\u00adan de se\u00f1alizaci\u00f3n para guiarse los viajeros. Resulta muy elocuente el hecho de que, al comienzo del catecismo ilustrado de fray Pedro de Gante, cuando el tlacuilo traduce en dibujos: \u00abPor la se\u00f1al de la santa cruz, de nuestros enemigos&#8230;\u00bb, utiliza para enemigos la figura de un conquistador espa\u00f1ol con casco, coraza y lanza, tal como se pinta en los c\u00f3dices Dur\u00e1n y Florentino.<\/p>\n<p>De parte de los nativos, un obst\u00e1culo que recalcan muchos misioneros es su dispersi\u00f3n y su vida n\u00f3mada. De ah\u00ed\u00ad vino el esfuerzo, muchas veces pedido en las reales c\u00e9dulas, de \u00abreducirlos a pueblos\u00bb. Obst\u00e1culos fueron tambi\u00e9n, por supuesto, sus idolatr\u00ed\u00adas, infanticidios, canibalismo, borracheras y dem\u00e1s vicios.<\/p>\n<p>5. AGENTES DE LA EVANGELIZACI\u00ed\u201cN Y LA CATEQUESIS. El Papa hab\u00ed\u00ada donado -\u00abdonamos, concedemos y apropiamos\u00bb- el continente de ultramar a Espa\u00f1a y Portugal, con el compromiso de evangelizarlo. En el marco del Patronato, los reyes de Espa\u00f1a tomaron muy en serio esta responsabilidad. Mandaron al Nuevo Mundo barcadas de misioneros, frailes mendicantes, reformados sobre todo, a menudo ejemplares, heroicos; y presentaron obispos generalmente escogidos con buen criterio. En los tres siglos del per\u00ed\u00adodo hispano, desembarcaron en el Nuevo Mundo alrededor de 16.000 religiosos -franciscanos, dominicos, agustinos, capuchinos, jesuitas- que cargaron con el mayor peso de la evangelizaci\u00f3n americana. Su aporte es incalculable, sobre todo en la primera evangelizaci\u00f3n, por su entrega, su arrojo apost\u00f3lico, pero tambi\u00e9n por su conocimiento de las lenguas ind\u00ed\u00adgenas. El obispo de Tlaxcala pod\u00ed\u00ada escribir al emperador: \u00abnos los obispos, sin los frailes int\u00e9rpretes, somos como falcones en muda\u00bb.<\/p>\n<p>Toda la naci\u00f3n espa\u00f1ola, en grados diversos, se sent\u00ed\u00ada comprometida en la responsabilidad del Estado misionero: muchos laicos, oficiales reales (por ejemplo, los oidores Vasco de Quiroga y Tom\u00e1s L\u00f3pez Medel, los virreyes Toledo, Mendoza y Velasco, el gobernador de Panam\u00e1 Enrique Enr\u00ed\u00adquez), soldados como Bernal D\u00ed\u00adaz del Castillo, encomenderos y dem\u00e1s, ten\u00ed\u00adan conciencia de su vocaci\u00f3n a compartir su fe con el nativo y el negro. El testimonio de Bernal D\u00ed\u00adaz del Castillo es, en este sentido, muy significativo: \u00abquiso nuestro Se\u00f1or Jesucristo -escribe- con su santa ayuda que nosotros, los verdaderos conquistadores, que escapamos de las guerras y batallas y peligros de muerte&#8230; les pusimos [a los indios] en buena polic\u00ed\u00ada y les ense\u00f1amos la santa doctrina. Verdad es que, despu\u00e9s de dos a\u00f1os pasados, ya que todas las m\u00e1s tierras ten\u00ed\u00adamos de paz, y con la polic\u00ed\u00ada y manera de vivir que he dicho, vinieron a la Nueva Espa\u00f1a unos buenos religiosos franciscanos que dieron muy buen ejemplo y doctrina&#8230; m\u00e1s&#8230;, despu\u00e9s de Dios, a nosotros los verdaderos conquistadores, que lo descubrimos y conquistamos, se nos debe el premio y galard\u00f3n de todo ello primero que otras personas, aunque sean religiosos&#8230;\u00bb (Historia verdadera, c. CCVIII). Los encomenderos, en general, no han dejado en la historia un recuerdo particularmente edificante como evangelizadores o catequistas. Pero conviene subrayar que la encomienda continental que se pagaba con tributo, se prestaba a menos abusos que la antillana, pagada en servicios personales. Esto explica, en parte, que los obispos y religiosos de la parte continental hayan sido menos renuentes que Bartolom\u00e9 de Las Casas en valorar los servicios apost\u00f3licos de ciertos encomenderos, pues de uno a otro pod\u00ed\u00ada haber mucha diferencia. Gran influjo en la formaci\u00f3n cristiana tuvieron los maestros de escuela. El concilio Mexicano III los invita a aprovechar la ense\u00f1anza de los primeros rudimentos de las letras para ense\u00f1ar la doctrina y las buenas costumbres a los ni\u00f1os. Por eso las cartillas de aquel tiempo juntan casi siempre alfabeto, ejercicios de silabeo, tablas de multiplicar y doctrina cristiana. Los obispos contaban tambi\u00e9n con los m\u00e9dicos para bautizar a los moribundos o para invitar a los enfermos a confesarse, como consta en los c\u00e1nones de los tres primeros concilios de M\u00e9xico. Pero no s\u00f3lo los m\u00e9dicos, sino todo el personal de los numerosos hospitales participaba en la edificaci\u00f3n de aquel mundo mejor. Como nota Ricard, \u00ablos hospitales que los frailes fundaron, a la vez que asilos para atender a la salud de los enfermos, casas de retiro y centros de edificaci\u00f3n para los sanos, aparecen como una de las creaciones m\u00e1s originales de las \u00f3rdenes religiosas y como uno de los medios m\u00e1s ingeniosos para hacer que las ideas cristianas penetraran en la vida com\u00fan y corriente de todos los d\u00ed\u00adas\u00bb. Fueron especialmente ejemplares los pueblos-hospitales fundados por el oidor Vasco de Quiroga. Dichos hospitales prestaban servicios sociales completos. El segundo obispo de Michoac\u00e1n, fray Juan de Medina Rinc\u00f3n, pod\u00ed\u00ada decir que \u00abapenas hay pueblo que tenga veinte o treinta casas que no tenga su hospital y se precie de ello. Algunos tienen ovejuelas y algunas tierras de donde cogen ma\u00ed\u00adz o algod\u00f3n, y algunos tienen censo, aunque son raros. La manera de sustentarlos es que todos los hombres y mujeres, por su tanda, van a servir, tantos y tantas indias, conforme a la necesidad del hospital, y hacen sus limosnas y trabajos para el hospital, y tienen sus mayordomos y diputados que lo recogen y guardan y gastan\u00bb (Cuevas, Historia I, 465). Los ni\u00f1os y j\u00f3venes ocupaban en la empresa de cristianizaci\u00f3n un lugar particularmente importante. Los franciscanos fundaron muy pronto escuelas para hijos de caciques, destinados a ser los futuros ap\u00f3stoles de sus padres y hermanos. Ya hab\u00ed\u00ada una de estas escuelas, en Santa Mar\u00ed\u00ada del Dari\u00e9n, en 1514, con un per\u00ed\u00adodo de formaci\u00f3n de 24 lunas. La Junta de 1537 prev\u00e9 en Nueva Espa\u00f1a un internado de siete a\u00f1os. En una carta fechada en 1529, fray Pedro de Gante habla de semejante fundaci\u00f3n, entre las muchas que \u00e9l hizo para formar catequistas ind\u00ed\u00adgenas: \u00abHe escogido a unos cincuenta de los m\u00e1s avisados y cada semana les ense\u00f1o aparte lo que toca hacer o predicar la dom\u00ed\u00adnica siguiente, atento d\u00ed\u00ada y noche a este negocio para componerles y concordarles sus sermones. Los domingos salen a predicar por la ciudad y toda su comarca a cuatro, a ocho o diez, a veinte o treinta leguas, anunciando la fe cat\u00f3lica y preparando con su doctrina a la gente\u00bb. Tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, en una carta al rey Felipe II (23 de junio de 1558), fray Pedro habla de mil muchachos internos en proceso de formaci\u00f3n para catequistas. Detalle significativo: Motolin\u00ed\u00ada refiere que en la d\u00e9cada de 1530 funcion\u00f3 en M\u00e9xico un colegio para ni\u00f1as catequistas, que ejerc\u00ed\u00adan su apostolado acompa\u00f1adas por matronas (Historia III, 15).<\/p>\n<p>Cap\u00ed\u00adtulo aparte merecen los indios fiscales o mandones, que han tenido hasta hoy funciones muy importantes en los pueblos o barrios de los nativos. Eran colaboradores de los misioneros encargados de supervisar la vida de la comunidad cristiana. Pedro de Gante atribuye esta iniciativa al mismo Hern\u00e1n Cort\u00e9s. En una Descripci\u00f3n del arzobispado de M\u00e9xico, de 1570 -tiempos del obispo Alonso de Mont\u00fafar-, hay descripciones detalladas de la organizaci\u00f3n del trabajo pastoral en las parroquias, subrayando la valiosa aportaci\u00f3n de estos fiscales. Por la misma \u00e9poca, el C\u00f3dice franciscano distingue dos clases de fiscales, con las responsabilidades que correspond\u00ed\u00adan a cada una. Esta instituci\u00f3n evolucion\u00f3 y se adapt\u00f3 a las distintas circunstancias. La forma que tom\u00f3 en las doctrinas franciscanas a fines del siglo XVI, es muy significativa en cuanto a la participaci\u00f3n de los laicos ind\u00ed\u00adgenas en el servicio pastoral de sus hermanos.<\/p>\n<p>El C\u00f3dice distingue dos clases de fiscales: los mandones y los tepixques de las iglesias. Los mandones ten\u00ed\u00adan las responsabilidades siguientes: cuidar de que todos asistiesen a misa los domingos y fiestas; cuidar de que todos los ni\u00f1os fueran bautizados; avisar al misionero si alg\u00fan adulto estaba sin bautizar; estar pendientes de la confesi\u00f3n anual de todos y de la confesi\u00f3n oportuna de los enfermos; evitar que precedieran a los matrimonios cristianos ritos paganos; notificar al misionero si algunos esposos no cohabitaban y si hab\u00ed\u00ada en el pueblo amancebados, borrachos, hechiceros y supersticiosos; cuidar de que todos, ni\u00f1os y adultos, conociesen bien la doctrina. En cuanto a los tepixques de las iglesias, eran un par de indios ladinos de confianza que se iban turnando semanalmente en los siguientes oficios: mantener el templo y los objetos de culto perfectamente aseados; guardar las limosnas, registrarlas en un libro y, con el asesoramiento de los principales del pueblo, utilizarlas para las necesidades de la iglesia; llevar registros de bautismos, matrimonios y defunciones, as\u00ed\u00ad como el padr\u00f3n anual de confesiones; reunir diariamente a los ni\u00f1os en la iglesia y ense\u00f1arles la doctrina cristiana; dar a conocer oportunamente los d\u00ed\u00adas de ayuno y las fiestas de guardar; bautizar a los ni\u00f1os en peligro de muerte, en ausencia del sacerdote; consolar y acompa\u00f1ar a los moribundos; sepultar a los difuntos organizando los rezos y cantos cuando el pueblo estaba lejos del monasterio; asesorar y ayudar a los mandones. Llama la atenci\u00f3n que el I concilio de M\u00e9xico reserva a los fiscales ind\u00ed\u00adgenas la principal responsabilidad de la ense\u00f1anza catequ\u00ed\u00adstica. No sorprende, pues, que se propusiera conferirles siquiera las \u00f3rdenes menores. En cuanto a las madres de familia, su papel discreto no se prestaba a que figuraran en las fuentes hist\u00f3ricas, pero se sospecha que tuvieron un papel decisivo en la transmisi\u00f3n de la fe a trav\u00e9s de las generaciones.<\/p>\n<p>6. EL CONTENIDO DE LA CATEQUESIS. Muchos frailes y obispos ostentaban un nivel universitario muy elevado y estaban capacitados para elaborar instrumentos de catequesis de buen quilate. En el siglo XVI se multiplicaron los catecismos en distintas lenguas. En una obra reciente (1995), Luis Resines presenta no menos de setenta cartillas, doctrinas y catecismos de autores distintos. Las cartillas m\u00e1s elementales -las m\u00e1s utilizadas- eran una herencia de la Edad media peninsular, con un contenido muy cl\u00e1sico: credo, padrenuestro, mandamientos, sacramentos, pecados y virtudes, obras de misericordia, etc.<\/p>\n<p>Hubo numerosos intentos de elaborar catecismos m\u00e1s adecuados a la realidad del Nuevo Mundo, como el de fray Pedro de C\u00f3rdoba y sus hermanos para los ind\u00ed\u00adgenas de Santo Domingo, adaptado luego para los de Nueva Espa\u00f1a. Fruto del III concilio de Lima fueron tres catecismos triling\u00fces (castellano, quechua, aymara): un Catecismo breve para rudos y ocupados; un Catecismo mayor para los que son m\u00e1s capaces, en cinco partes: Introducci\u00f3n a la doctrina cristiana, el s\u00ed\u00admbolo, los sacramentos, los mandamientos, la oraci\u00f3n del padrenuestro; y un Tercero cathecismo y exposici\u00f3n de la doctrina christiana por sermones, o sea, treinta y un sermones para uso de los doctrineros. Este \u00faltimo es de gran m\u00e9rito y constitu\u00ed\u00ada un instrumento valioso, especialmente para los que no dominaban los idiomas ind\u00ed\u00adgenas. Este tipo de catecismo en sermones ten\u00ed\u00ada sus antecedentes en san Juan de Avila y fray Luis de Granada, entre otros. Seguir\u00e1n otros, como Francisco de Avila y Hernando de Avenda\u00f1o.<\/p>\n<p>Pero no siempre los mejores catecismos eran los m\u00e1s utilizados, y muchas veces la catequesis se quedaba en un nivel muy elemental, m\u00e1s cercana a la Edad media que al Renacimiento. Cuando hubiera sido mejor utilizar buenos catecismos elaborados en Am\u00e9rica, el mercado estaba inundado de Cartillas de Valladolid, brev\u00ed\u00adsimas y baratas, que contribuyeron, a veces, a mantener la catequesis en un nivel muy elemental.<\/p>\n<p>Afortunadamente, la formaci\u00f3n religiosa estaba completada por todo un ambiente que sosten\u00ed\u00ada la fe de los rudos: liturgia, a veces espl\u00e9ndida, religiosidad popular, fiestas patronales, culto, sermones, rezos, cofrad\u00ed\u00adas con sus obras caritativas, \u00f3rdenes terceras, obras de espiritualidad (Kempis), confesonarios para ayudar a preparar el sacramento de la penitencia, artes de bien morir, etc&#8230; La formaci\u00f3n religiosa para el pueblo conserva, como en la Pen\u00ed\u00adnsula, muchos rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de la piedad medieval: insistencia en los sufrimientos de Cristo m\u00e1s que en la buena nueva; gusto por las manifestaciones externas: procesiones, mandas, peregrinaciones, etc&#8230;, culto por los santos m\u00e1s milagreros, sacramento de la penitencia, a veces m\u00e1s como castigo que como encuentro de amor con el Dios de la misericordia. Bastante caracter\u00ed\u00adstica de la \u00e9poca es la descripci\u00f3n que hace el cronista agustino fray Bernardo de Torres de la predicaci\u00f3n de fray El\u00ed\u00adas de la Eternidad: \u00abUnos mismos eran de ordinario los puntos de sus sermones: la gravedad del pecado mortal, la eternidad de las penas del infierno, la necesidad de la contrici\u00f3n y penitencia, con que cerraba siempre sus pl\u00e1ticas, moviendo a compunci\u00f3n y l\u00e1grimas al pueblo, con un santo crucifijo en la mano y con vivos afectos y palabras. Para significar m\u00e1s vivamente el horror de las penas eternas, colgaba del p\u00falpito, cuando predicaba, la imagen espantosa de un condenado ardiendo en medio de abrasadoras llamas. Ten\u00ed\u00ada voz clara, sonora y penetrante, como un clar\u00ed\u00adn templado, y al ponderar la eternidad de aquellos tormentos insufribles, repet\u00ed\u00ada: para siempre jam\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La catequesis estuvo muy marcada por la escol\u00e1stica (santo Tom\u00e1s, san Buenaventura, etc). El catecismo se presentaba generalmente, con meritorias excepciones, m\u00e1s como un compendio esquel\u00e9tico de teolog\u00ed\u00ada que como una pedagog\u00ed\u00ada de la fe. Sin embargo, se nota en varios evangelizadores la preocupaci\u00f3n por algo m\u00e1s vivencial, por guiar a los neocristianos por los senderos de la santidad. En este proceso se manifiesta la espiritualidad de las distintas reformas de los frailes, con el acento en la meditaci\u00f3n sobre la pasi\u00f3n de Jesucristo, gran insistencia en los sacramentos de la penitencia y de la eucarist\u00ed\u00ada (misa diaria, aunque con comuni\u00f3n espor\u00e1dica, celebraci\u00f3n solemn\u00ed\u00adsima del Corpus), en la preparaci\u00f3n a una buena muerte (influencia de Gerson), en las cofrad\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Al tiempo que se dec\u00ed\u00ada que Dios es amor, se le presentaba a menudo como martillo de los paganos, muy vengativo y preocupado por defender su honor, haciendo pagar, incluso, de manera casi s\u00e1dica, nuestros yerros a su hijo Jesucristo (cf los sermones de Cuaresma de fray Alonso de Veracruz). A menudo, la figura de Dios que se ofrec\u00ed\u00ada parec\u00ed\u00ada m\u00e1s cercana al Dios celoso de Ex 20,5 que \u00abcastiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n\u00bb que del buen Pastor. Pero por otra parte, causa admiraci\u00f3n el vigor con que Zum\u00e1rraga, tras las huellas de Erasmo, pone a Jesucristo en el centro de su catequesis y de su entusiasmo por dar a conocer los evangelios directamente a todos, hasta a los m\u00e1s humildes. Esta fue una reacci\u00f3n sana y oportuna, cuando en aquella \u00e9poca, la meditaci\u00f3n sobre la pasi\u00f3n, heredada de la Edad media, tend\u00ed\u00ada a cargar m\u00e1s el acento en la contemplaci\u00f3n de los dolores del Crucificado para excitar el arrepentimiento, que en el seguimiento de Jes\u00fas, el asumir sus misterios, sus ense\u00f1anzas, sus actuaciones, sus opciones, su actitud prof\u00e9tica, sus enfrentamientos con los distintos estamentos de la sociedad en la que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>En cuanto a la eclesiolog\u00ed\u00ada, como aparece, por ejemplo, en el requerimiento, queda muy corta: m\u00e1s se parece a un compendio de derecho eclesi\u00e1stico que a una reflexi\u00f3n de fe sobre la koinon\u00ed\u00ada de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo. La eclesiolog\u00ed\u00ada del Catecismo romano resulta m\u00e1s rica que la del III concilio limense. El Tercero cathecismo de Lima llega a afirmar que \u00abtodos los que no son cristianos se condenan\u00bb. Por otra parte, en la l\u00ed\u00adnea de la escuela salmantina, se encuentra en varios catecismos, por ejemplo el de fray Pedro de C\u00f3rdoba o el de fray Luis Zapata de C\u00e1rdenas, apuntes valiosos sobre la dignidad del hombre, muy oportunos en el contexto de la conquista y la colonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura estuvo bastante presente en la catequesis colonial, aunque no siempre en los catecismos. Cuando uno estudia, por ejemplo, las d\u00e9cimas a lo divino que improvisaban anta\u00f1o nuestros juglares, uno se admira de sus constantes referencias b\u00ed\u00adblicas. Lo mismo se puede decir de algunos sermonarios, por ejemplo el de Francisco de Avila, donde las citas de la Escritura fluyen espont\u00e1neamente; eso s\u00ed\u00ad, m\u00e1s a menudo con sentido acomodaticio que literal. Desgraciadamente la palabra de Dios estuvo, en parte, frenada entre nosotros a causa de la crisis luterana. Poco a poco, sobre todo despu\u00e9s de Trento, se retiraron en el siglo XVI las traducciones en romance o en lenguas ind\u00ed\u00adgenas por miedo a malas traducciones y a lecturas distorsionadas. Las traducciones a lenguas ind\u00ed\u00adgenas, copiadas y recopiadas a mano, se prestaban a muchos errores. Pero los primeros frailes eran hombres de la Biblia, y esto se manifestaba en las distintas formas de transmitir el mensaje evang\u00e9lico. Los franciscanos reformados, por ejemplo, se compromet\u00ed\u00adan a leer toda la Biblia cada tres a\u00f1os. Zum\u00e1rraga, el primer obispo de M\u00e9xico, animaba su c\u00ed\u00adrculo b\u00ed\u00adblico dom\u00e9stico cotidiano en su modesto rancho de Tenochtitl\u00e1n. En la l\u00ed\u00adnea de la mejor tradici\u00f3n de su orden, y de acuerdo con Erasmo, deseaba que los evangelios y las ep\u00ed\u00adstolas estuviesen en manos de todos, de los ignorantes, las mujercillas y los indios m\u00e1s humildes. No entend\u00ed\u00ada que la Biblia estuviera separada de la catequesis. Frente al peligro luterano, Trento redujo provisionalmente la lectura de la Biblia al texto latino de la Vulgata, dej\u00e1ndola al alcance exclusivo de los letrados. Lo malo es que lo provisional dur\u00f3, por desgracia, hasta el siglo pasado.<\/p>\n<p>7. Los METODOS. El m\u00e1s efectivo era, indudablemente, el testimonio de vida de algunos misioneros santos, pobres, cercanos, inculturados en la vida ind\u00ed\u00adgena. En el primer contacto con los indios, estos hombres de Dios dejaban muy en claro que no esperaban ninguna paga, que no hab\u00ed\u00adan sido enviados \u00aba cosa ninguna temporal, sino por solo amor vuestro, solamente por haceros misericordia\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no todos eran tan mansos y humildes de coraz\u00f3n. A menudo la letra con sangre entraba. Un s\u00ed\u00adnodo de Lima recordaba a los doctrineros que estaban llamados a ser pastores, no verdugos. Se prohibi\u00f3 el uso de los cepos. Los latigazos no deb\u00ed\u00adan ser administrados por el sacerdote, sino por un laico. Se daba mucha importancia a la memorizaci\u00f3n, especialmente de las cuatro oraciones. La doctrina era intensiva para los ni\u00f1os (dos horas o m\u00e1s diarias), frecuente para los dem\u00e1s (domingos y fiestas, o m\u00e1s).<\/p>\n<p>Algunos catequistas fueron muy creativos, usando el canto, el teatro, las pinturas, los pictogramas y las procesiones para dar m\u00e1s solemnidad. Despu\u00e9s de un momento en que se pens\u00f3 que la convivencia de los indios con los espa\u00f1oles ser\u00ed\u00ada formadora, pronto se pas\u00f3 a la reducci\u00f3n, o sea, la constituci\u00f3n de poblaciones de indios separadas, para evitar el esc\u00e1ndalo de los cristianos codiciosos y amancebados, cuya vida no era coherente con su fe. No todos los nativos se adaptaban a la vida en poblaci\u00f3n, pero se sabe de algunos que, despu\u00e9s de visitar una reducci\u00f3n y de ver la vida feliz de otros nativos, ped\u00ed\u00adan un fraile para que los adoctrinara. En las reducciones y en muchas doctrinas, la catequesis estaba organizada con mucha seriedad, con un conjunto de medios impresionante. La preparaci\u00f3n era breve (un mes, escasamente tres, excepcionalmente tres a\u00f1os en la primera evangelizaci\u00f3n de fray Ram\u00f3n Pan\u00e9).<\/p>\n<p>En algunas partes, y en ciertas \u00e9pocas, debido a una interpretaci\u00f3n demasiado estrecha del adagio Extra ecclesiam nulla omnino salus, predomin\u00f3 el bautismo instant\u00e1neo, pues cre\u00ed\u00adan que el que no recib\u00ed\u00ada las aguas del bautismo irremediablemente iba a parar al infierno. Mucha importancia tuvo la liturgia solemne. Los indios eran muy sensibles al esplendor del culto (cf carta de Juan de Zum\u00e1rraga al emperador Carlos V).<\/p>\n<p>8. CATEQUESIS E INCULTURACI\u00ed\u201cN. La palabra inculturaci\u00f3n es de cu\u00f1o reciente, pero su contenido no es ninguna novedad. Muchos religiosos del siglo XVI eran m\u00e1s sensibles a la necesidad de la inculturaci\u00f3n de la fe de lo que a menudo se cree. Baste con evocar las figuras de san Francisco Javier en Goa, Ricci en China y Nobili en la India. Las directrices de la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide en 1659 son elocuentes: \u00abNo hag\u00e1is ning\u00fan intento de convencer a estos pueblos para que cambien sus costumbres, su modo de vivir, sus usanzas, cuando no son claramente contrarias a la religi\u00f3n y a la moral. No hay nada m\u00e1s absurdo que pretender llevar a China lo de Francia, Espa\u00f1a, Italia, o cualquier otra parte de Europa. No llev\u00e9is nada de esto, sino la fe, una fe que no rechaza ni ofende el modo de vivir y las costumbres de ning\u00fan pueblo, cuando no se trata de cosas malas. Todo lo contrario: la fe quiere que estas cosas sean conservadas y protegidas\u00bb.<\/p>\n<p>Algo parecido encontramos ya en el siglo XVI, por ejemplo en Jos\u00e9 de Acosta y Bartolom\u00e9 de Las Casas. Pero la Congregaci\u00f3n de la Propaganda estaba vetada en los reinos de Espa\u00f1a; y en todo caso, resultaba m\u00e1s f\u00e1cil seguir normas de este estilo cuando uno se topaba con culturas refinadas, como las de China o Jap\u00f3n, que cuando se encontraba con culturas hipotecadas con sacrificios humanos, antropofagia, infanticidio, pecado nefando, etc.<\/p>\n<p>Los franciscanos de Nueva Espa\u00f1a intentaron crear una Iglesia indiana, que se expresara en lenguas ind\u00ed\u00adgenas. Como buenos recoletos, deploraban la decadencia de gran parte de la Iglesia europea y muchos cre\u00ed\u00adan que la gran esperanza de la Iglesia se encontraba en el Nuevo Mundo, donde los ind\u00ed\u00adgenas con su vida frugal, su ascetismo natural, su modestia, su ausencia de codicia, su inclinaci\u00f3n a compartir, su solidaridad, ofrec\u00ed\u00adan una materia prima excepcional para fundar una Iglesia con el fervor de la Iglesia apost\u00f3lica. Parece que algunos ve\u00ed\u00adan esta Iglesia nueva como la de los \u00faltimos tiempos. Hacia esto parece apuntar la famosa frase de Las Casas: \u00abDios ha querido reservar para nuestros tiempos que se predique en lo \u00faltimo del mundo, y que se implante la Iglesia en el Nuevo Mundo, y tal vez all\u00ed\u00ad pasarla\u00bb.<\/p>\n<p>Los franciscanos manifestaron un carisma especial de adaptaci\u00f3n a los ind\u00ed\u00adgenas de Nueva Espa\u00f1a. Christian Duverger llega a decir que los frailes franciscanos se indianizaron para evangelizar a los indios y que los indios se convirtieron al cristianismo para poder conservar su cultura. Cuando, despu\u00e9s del desastre de la primera Audiencia, el obispo Sebasti\u00e1n Ram\u00ed\u00adrez de Fuenleal fue a tomar posesi\u00f3n de la segunda Audiencia, en vez de irse directamente a Tenochtitl\u00e1n, dio vueltas por los pueblos de indios para enterarse directamente de la realidad. Le hab\u00ed\u00adan llegado muchas quejas de los nativos, pero grande fue su sorpresa cuando vio que estos manifestaban un gran cari\u00f1o por los franciscanos. Pregunt\u00f3 a un cacique por qu\u00e9 quer\u00ed\u00adan tanto a los frailes y este contest\u00f3: \u00abSe\u00f1or, porque los padres de san Francisco andan pobres y descalzos como nosotros, comen de lo que nosotros, est\u00e1nse en el suelo como nosotros, conversan con humildad entre nosotros, \u00e1mannos como a hijos; raz\u00f3n es que los amemos y busquemos como padres\u00bb<br \/>\nEste deseo de ir al encuentro del nativo se tradujo inmediatamente en el esfuerzo por hablar su lengua. Cosa nada f\u00e1cil, pues no exist\u00ed\u00adan, por supuesto, ni gram\u00e1ticas, ni diccionarios de aquellas lenguas extra\u00f1as. Un hecho providencial aceler\u00f3 el proceso: un ni\u00f1o espa\u00f1ol, Alonso de Molina, llegado a Nueva Espa\u00f1a a temprana edad, aprendi\u00f3 r\u00e1pidamente el idioma de los aztecas con sus compa\u00f1eritos de juego. Pronto estar\u00ed\u00ada listo para dictar clases a los frailes. Y poco a poco, estos fueron redactando y publicando catecismos, gram\u00e1ticas, vocabularios, trozos de la Biblia en varias lenguas nativas. Las lenguas eran la puerta abierta para penetrar en las culturas. Por su sangre ind\u00ed\u00adgena, el jesuita mestizo peruano Blas Valera (1551-1597) descubrir\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cilmente los valores bautizables de las culturas andinas, lo que permitir\u00e1 a otros misioneros acercarse a ellas con menos recelo y buscar el modo de traducir el evangelio aprovechando mitos y ritos capaces de vehicular la fe cristiana. Con&#8217; todo, no se pod\u00ed\u00ada esperar una inculturaci\u00f3n muy profunda, pues s\u00f3lo los mismos indios, como los mismos africanos, est\u00e1n capacitados para inculturar el evangelio en sus propias culturas. Pues lo importante no es que los misioneros se vuelvan \u00abla voz de los sin voz\u00bb, sino que estos lleguen a expresarse en el lenguaje de sus propias culturas.<\/p>\n<p>La necesidad de erradicar la idolatr\u00ed\u00ada, tan profundamente arraigada en las culturas ind\u00ed\u00adgenas, plante\u00f3 un problema especialmente delicado. Las culturas ind\u00ed\u00adgenas de Nueva Espa\u00f1a y del Per\u00fa, muy desarrolladas en muchos aspectos, ostentaban un pante\u00f3n abundante, una mitolog\u00ed\u00ada muy rica, unos ritos muy elaborados, una sabidur\u00ed\u00ada muchas veces admirable (por ejemplo, Nezahualcoyotl, rey de Texcoco). Cuando los frailes ven\u00ed\u00adan a proponerles cambiar su religi\u00f3n ancestral por el anuncio de Cristo, se sent\u00ed\u00adan a menudo despojados de lo m\u00e1s profundo de su ser, de su cultura. Por cierto, varios frailes hicieron un estudio muy cient\u00ed\u00adfico de las religiones ind\u00ed\u00adgenas (Olmos, Motolin\u00ed\u00ada, Dur\u00e1n, Sahag\u00fan y su equipo de etn\u00f3logos de Tlatelolco&#8230;), pero su prop\u00f3sito era m\u00e1s el de conocer mejor las supersticiones paganas, que consideraban como diab\u00f3licas, para erradicarlas, que discernir en este acervo cultural los mitos y ritos bautizables para reexpresar el evangelio en categor\u00ed\u00adas americanas, y de esta forma inculturar la fe.<\/p>\n<p>Los catecismos pictogr\u00e1ficos y las numerosas traducciones de doctrinas, cartillas, libros b\u00ed\u00adblicos, sermones, etc., a las lenguas ind\u00ed\u00adgenas, dan testimonio de una viva preocupaci\u00f3n de los frailes por acercarse al ind\u00ed\u00adgena y hablar su lengua. Pero en esto la inculturaci\u00f3n no logr\u00f3 ser siempre tan profunda como en el Nican mopohua. Es admirable descubrir en el siglo XVI tantas traducciones de catecismos al n\u00e1huatl, al maya, al tarasco, etc.; pero uno se queda luego un poco decepcionado cuando constata que se trata, en muchos casos, de meras traducciones o adaptaciones r\u00e1pidas de obras europeas (cartillas medievales, Juan de Avila, Ripalda&#8230;). Y se entiende: por una parte, los misioneros eran gente de su tiempo, ven\u00ed\u00adan en su mayor\u00ed\u00ada de un pa\u00ed\u00ads que acababa de terminar una larga cruzada contra el infiel; por otra parte, los vicios de ciertas tribus y los horrendos y multitudinarios sacrificios humanos de los aztecas les hac\u00ed\u00adan m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil discernir los valores de los cultos de los ind\u00ed\u00adgenas del Nuevo Mundo. \u00bfC\u00f3mo pod\u00ed\u00ada un hombre, marcado todav\u00ed\u00ada por la Edad media, ver detr\u00e1s de estos sacrificios, otra cosa que no fuera la mano de Satan\u00e1s?<\/p>\n<p>II. La independencia<br \/>\nLa independencia marc\u00f3 una clara desaceleraci\u00f3n en la catequesis. Numerosos sacerdotes y religiosos espa\u00f1oles, perplejos frente al movimiento de independencia, fueron expulsados o prefirieron regresar a la madre patria dejando abandonadas numerosas parroquias y doctrinas. Por otra parte, no pocos sacerdotes criollos estaban demasiado ocupados en luchar por la independencia como para poder cumplir cabalmente con su ministerio de catequistas. Otros, enfrentados por el fen\u00f3meno de las Luces, no hab\u00ed\u00adan optado claramente entre Bentham y Jesucristo. Por otra parte, la actitud desconfiada de la Santa Sede ante los nuevos estados americanos hizo que la elecci\u00f3n de nuevos obispos se retrasara notablemente y que muchas di\u00f3cesis quedaran vacantes durante largos a\u00f1os, a veces d\u00e9cadas. Por todas estas causas, la primera mitad del siglo XIX fue poco creativa en el terreno catequ\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>Las pocas obras catequ\u00ed\u00adsticas que aparecieron en aquel per\u00ed\u00adodo tormentoso eran a veces meras variaciones de Astete o Ripalda; otras reflejaban las ideolog\u00ed\u00adas del momento: o invitaban a someterse a la monarqu\u00ed\u00ada o apoyaban el ideario republicano. En diferentes pa\u00ed\u00adses, las campa\u00f1as de los liberales contra la Iglesia, sus colegios y sus comunidades religiosas, reforzaron la tendencia multisecular de intolerancia ante la masoner\u00ed\u00ada y ante las dem\u00e1s religiones y una desconfianza en las libertades democr\u00e1ticas. Predominaba una concepci\u00f3n individualista de la fe, se manifestaba \u00abcierta predilecci\u00f3n por los modelos autoritarios de gobierno eclesial y pol\u00ed\u00adtico, combativo frente a las nuevas corrientes liberales y socialistas\u00bb (E. Garc\u00ed\u00ada Ahumada), que durante mucho tiempo dejar\u00e1 poco espacio a la doctrina social de la Iglesia.<\/p>\n<p>Un cambio notable y positivo se not\u00f3 en la segunda mitad del siglo XIX. Un fuerte soplo misionero barr\u00ed\u00ada Europa. Varias congregaciones religiosas llegaron a Am\u00e9rica latina con sus m\u00e9todos propios, sus textos de catequesis, su cultura religiosa. Esta providencial inmigraci\u00f3n de nuevos ap\u00f3stoles, si bien marc\u00f3 un paso atr\u00e1s en la inculturaci\u00f3n del evangelio, que de todos modos siempre hab\u00ed\u00ada sido muy limitada, aport\u00f3, sin embargo, un nuevo ardor en la evangelizaci\u00f3n y la catequesis. Las nuevas congregaciones llegaban con el entusiasmo de sus fundadores o reformadores. Crearon seminarios y colegios, multiplicaron las misiones urbanas y rurales, aportaron una sangre nueva a todos los niveles de una Iglesia que estaba dando se\u00f1ales de agotamiento. Entre los nuevos catecismos para Am\u00e9rica que empezaban a circular, se destacan los de Fleury, Aym\u00e9, Deharbe, Gaume, Dupanloup&#8230; En general, no desplazaron, sino que vienen a acompa\u00f1ar a Astete y Ripalda, que siguieron vigentes hasta bien entrado el siglo XX, y cuyas variaciones no han desaparecido del todo hasta hoy.<\/p>\n<p>Una de las grandes novedades de esa \u00e9poca fue la llegada masiva de comunidades apost\u00f3licas femeninas, que renovaron completamente el rostro de la actividad pastoral. Durante la colonia, las monjas quedaban encerradas en sus claustros. All\u00e1 pod\u00ed\u00adan entregarse a la educaci\u00f3n cristiana de las ni\u00f1as, especialmente de las ni\u00f1as pobres. Hubo tambi\u00e9n beatas, laicas consagradas, que aportaron mucho a la educaci\u00f3n femenina. Pero la llegada de las comunidades europeas femeninas de monjas en la calle, como las Hijas de la Caridad, es un fen\u00f3meno nuevo, cuya importancia dif\u00ed\u00adcilmente se puede exagerar. En muchas di\u00f3cesis, estas mujeres valientes, generosas y l\u00facidas llegar\u00e1n a asumir la mayor carga pastoral en hospitales, orfanatos, colegios, asilos, trabajo parroquial, evangelizaci\u00f3n, catequesis, etc.<\/p>\n<p>III. El caso de Brasil<br \/>\nA pesar de haber quedado bajo la misma corona de Castilla que el resto de Hispanoam\u00e9rica de 1580 a 1640, Brasil tuvo una historia paralela notablemente distinta. Baste recordar que, en lo eclesi\u00e1stico, Brasil tuvo que esperar hasta 1551 para tener su primera di\u00f3cesis, la de Salvador de Bah\u00ed\u00ada. Y mientras en el resto de Am\u00e9rica latina se iban multiplicando las di\u00f3cesis, Brasil se qued\u00f3 durante m\u00e1s de un siglo con una sola. Las inmediatamente posteriores de Pernambuco, R\u00ed\u00ado de Janeiro y S\u00e1o Luis do Maranh\u00e1o aparecieron apenas en 1676 y 1677, cuando Hispanoam\u00e9rica ya contaba con 27 di\u00f3cesis. Lo cual significa que este inmenso pa\u00ed\u00ads no tuvo las juntas eclesi\u00e1sticas, s\u00ed\u00adnodos y concilios que desde bien temprano orientaron con acierto la catequesis del resto de Am\u00e9rica latina.<\/p>\n<p>Las Constituciones primeras del arzobispado de Bah\u00ed\u00ada, que van estructurando la Iglesia de Brasil, aparecieron apenas en 1707. Tampoco hubo all\u00ed\u00ad te\u00f3logos de la talla de Francisco de Vitoria, Bartolom\u00e9 de las Casas, Alonso de Veracruz o Jos\u00e9 de Acosta, para despertar las conciencias en una sociedad esclavista y orientar mejor el trabajo pastoral. Las grandes capitan\u00ed\u00adas y los inmensos latifundios dispersaban la acci\u00f3n misionera e imposibilitaban una pastoral episcopal de conjunto. S\u00ed\u00ad hubo grandes misioneros como los jesuitas Jos\u00e9 de Anchieta, Manoel de N\u00f3brega, Antonio Vieira y Pedro D\u00ed\u00adaz, llamado el Pedro Claver de Brasil. Otras comunidades aportaron mucho a la obra misionera: los franciscanos, los benedictinos, los carmelitas, los oratorianos y los capuchinos, con el justamente c\u00e9lebre Mart\u00ed\u00adn de Nantes, gran defensor de los ind\u00ed\u00adgenas. Los sacerdotes seculares, muchos de ellos bastante mediocres, eran m\u00e1s bien meros capellanes dom\u00e9sticos dependientes de los ricos latifundistas. Esta situaci\u00f3n favoreci\u00f3, como compensaci\u00f3n, el desarrollo, a veces ca\u00f3tico, de iniciativas de laicos con la correspondiente religiosidad popular, de ribetes sincretistas, caracter\u00ed\u00adstica de Brasil.<\/p>\n<p>La unidad del episcopado con la Iglesia universal se fue logrando cuando, gracias a la proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica (1889) y la separaci\u00f3n de la Iglesia y del Estado, el episcopado, liberado de las ataduras del padroado, se fue acercando a la sede de Roma. Desde el siglo pasado, Brasil recibi\u00f3 apoyos masivos y muy valiosos de las Iglesias europeas, especialmente de numerosas comunidades religiosas que se implantaron en el pa\u00ed\u00ads. Hoy, la catequesis de Brasil, s\u00f3lidamente estructurada y orientada por la Conferencia nacional de obispos de Brasil (CNBB), tiene merecida fama por su creatividad, sus comunidades de base, su vigoroso movimiento b\u00ed\u00adblico, su opci\u00f3n preferencial por los pobres. Una etapa importante se franque\u00f3 en 1963 con el Plano de emerg\u00e9ncia impulsado por Juan XXIII. Pero el documento que m\u00e1s profundamente marc\u00f3 la catequesis de Brasil fue Catequese Renovada, de la CNBB, aprobado por los obispos en 1983.<\/p>\n<p>BIBL.: BORGES R, M\u00e9todos misionales en la cristianizaci\u00f3n de Am\u00e9rica, siglo XVI, Madrid 1960; ID (dir.), Historia de la Iglesia en Hispanoam\u00e9rica y Filipinas (siglos XV-XIX) 1-II, BAC, Madrid 1992; DUR\u00ed\u0081N J. G., Monumenta catechetica hispanoamericana (siglos XVI-XVIII), 2 tomos, Buenos Aires 1984-1990; El catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus complementos pastorales (1584-1585), Buenos Aires 1982; GARC\u00ed\u008dA AHUMADA E., Comienzos de la catequesis en Am\u00e9rica y particularmente en Chile, Santiago de Chile 1991; G\u00ed\u201cMEZ CANEDO L., Evangelizaci\u00f3n y pol\u00ed\u00adtica indigenista. Ideas y actitudes franciscanas en el siglo XVI, Medell\u00ed\u00adn II (1976) 494-520; MARZAL M., La catequesis en las misiones jesu\u00ed\u00adticas de la Am\u00e9rica colonial espa\u00f1ola, Medell\u00ed\u00adn 72, 739-770; MEDINA M. A., M\u00e9todos y medios de evangelizaci\u00f3n de los dominicos en Am\u00e9rica, en Los dominicos y el Nuevo Mundo, Madrid 1987, 157-207; MEYER J., Historia de los cristianos en Am\u00e9rica latina, siglos XIX y XX, M\u00e9xico 1989; RESINES L., Catecismos americanos del siglo XVI, 2 tomos, Castilla y Le\u00f3n. CONSEJ. CULTURA Y TURISMO 1992; Las ra\u00ed\u00adces cristianas de Am\u00e9rica, Bogot\u00e1 1993; RICARD R., La conquista espiritual de M\u00e9xico, M\u00e9xico 1947 y 1986; ROMERO M. G., Fray Juan de los Barrios y la evangelizaci\u00f3n del Nuevo Reino de Granada, Bogot\u00e1 1960; YBOT LE\u00ed\u201cN A., La Iglesia y los eclesi\u00e1sticos espa\u00f1oles en la empresa de Indias I-II, Barcelona 1954.<\/p>\n<p>Joseph-Alfred Morin Couture<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La \u00e9poca colonial (siglos XVI-XVIII): 1. Fuentes del siglo XVI; 2. La conquista; 3. La Iglesia se va organizando; 4. Circunstancias favorables y obst\u00e1culos; 5. Agentes de la evangelizaci\u00f3n y la catequesis; 6. El contenido de la catequesis; 7. Los m\u00e9todos; 8. Catequesis e inculturaci\u00f3n. II. La independencia. III. El caso de Brasil. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-catequesis-en-america-latina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHISTORIA DE LA CATEQUESIS EN AMERICA LATINA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17009","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17009"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17009\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}