{"id":1701,"date":"2016-02-04T22:57:07","date_gmt":"2016-02-05T03:57:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diacono\/"},"modified":"2016-02-04T22:57:07","modified_gmt":"2016-02-05T03:57:07","slug":"diacono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diacono\/","title":{"rendered":"DIACONO"},"content":{"rendered":"<p>Di\u00e1cono    (gr. di\u00e1konos, literalmente \u00abservidor [ayudante]\u00bb).  Dirigente de la iglesia cuyas cualidades se describen en 1 Tit :8- 13.  Se acepta generalmente que Act 6:1-6 es un registro de la instituci\u00f3n de este cargo o servicio, aunque no aparezca el t\u00ed\u00adtulo \u00abdi\u00e1cono\u00bb.  Como resultado de las quejas de que las viudas de los jud\u00ed\u00ados helen\u00ed\u00adsticos en la iglesia de Jerusal\u00e9n no estaban recibiendo lo que les correspond\u00ed\u00ada en la distribuci\u00f3n diaria, se eligieron \u00absiete varones de buen testimonio\u00bb para supervisar la distribuci\u00f3n de la ropa, la comida, etc, (vs 3, 5, 6).  Estos hombres no se limitaron a esas tareas, tambi\u00e9n trabajaron activamente en la evangelizaci\u00f3n (v 8; 8:5, 26-40).  En ciertas iglesias protestantes de hoy los di\u00e1conos son una orden inferior del clero en vez de laicos (asignados para atender principalmente los asuntos temporales de la iglesia) y pueden oficiar como pastores.  Las cualidades para ser di\u00e1cono, como las describe Pablo en 1 Tit 3:8-10, 12, 13, son: ser honesto, sin doblez  (como para no decir una cosa a una persona y una diferente a otra), no \u00abdado a mucho vino\u00bb, no codicioso y guardador con \u00ablimpia conciencia\u00bb de la verdad que le fue revelada. 321 Adem\u00e1s, debe ser un hombre que ha demostrado su capacidad y que en su vida de familia ha sido un ejemplo, esposo de una sola mujer y que gobierna bien su casa.  Diadema.  Traducci\u00f3n del: 1. Heb. n\u00eazer [del verbo n>zar,\u00bbconsagrar\u00bb], \u00abcorona\u00bb* (Exo 29:6; 39:30; Lv, 8:9; Zec 9:16; etc.). 2. Heb.  ts>n\u00eef, \u00abdiadema\u00bb, \u00abturbante\u00bb (Job 29:14; Isa 62:3). 3. Heb. tif&#8217;>r>h, una palabra de significado incierto, pero que en el d\u00ed\u00adptico po\u00e9tico aparece como sin\u00f3nimo de \u00abcorona\u00bb (Isa 28:5). 4. Heb. &#8216;at>r>h, por lo general traducido \u00abcorona\u00bb en la RVR (Eze 16:12). 5. Heb. keter  [del verbo k>tar, \u00abcercar\u00bb], corona de la reina persa, cuya forma era redonda (Est 1:11; etc.). 6. Heb. tsTts, l\u00e1mina de oro puro sujeta al tocado del sumo sacerdote (Exo 28:36; etc.). 7. Gr. di\u00e1dema (Rev 12:3; 13:1; 19:12), \u00abcorona real\u00bb, \u00abdiadema\u00bb, un s\u00ed\u00admbolo oriental de realeza, con la forma de una banda alrededor de la cabeza (figs. 162, 415).  162. Diadema egipcia real exhibida  en el Museo de El Cairo. El buitre representa el Alto Egipto, y la cobra el Bajo Egipto.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>griego diakonos, lat\u00ed\u00adn diaconus, el que sirve. En la Iglesia primitiva los di\u00e1conos eran los asistentes de los presb\u00ed\u00adteros y de los obispos, Flp 1, 1-2. En 1 Tm 3, 8-13, se dan las cualidades que deben tener quienes ejercen este ministerio en la Iglesia, a los que se les permite ser casados. La primera alusi\u00f3n al diaconado, servicio, diakon\u00ed\u00ada en griego, se encuentra varias veces en Hch 6, 1-7, cuando se eligi\u00f3, en Jerusal\u00e9n, a los siete, a fin de solucionar las quejas de los jud\u00ed\u00ados helenistas contra los hebreos, y los ap\u00f3stoles, para poder dedicarse al ministerio de la Palabra, reunieron la asamblea de los disc\u00ed\u00adpulos para el nombramiento de los asistentes, los di\u00e1conos. Los escogidos, a quienes los ap\u00f3stoles les impusieron las manos, fueron Esteban, Felipe, Pr\u00f3coro,  Nicanor, Tim\u00f3n, P\u00e1rmenas y Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>[444]<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino griego \u00abdiakonos\u00bb significa servidor o ministro en una comida. Es uno de los grados del Orden sacerdotal y supone el sacramento del Orden.<\/p>\n<p>   El que ha recibido el diaconado queda ordenado o consagrado para un ministerio de servicio a la comunidad, acceda o no acceda luego al Presbiterado a la plenitud del Episcopado.<\/p>\n<p>   Desde la Edad Medio este grado qued\u00f3 relegado a un mero rito de preparaci\u00f3n a la ordenaci\u00f3n presbiteral. Y los ministerios eclesiales fueron ejercidos de forma absorbente por los presb\u00ed\u00adteros regidos por el Obispo.<\/p>\n<p>    Pero el Concilio Vaticano II reclam\u00f3 una restauraci\u00f3n del Orden diaconal antiguo para el ejercicio de multitud de funciones eclesiales de servicio, convenientes para la comunidad, y que deber\u00ed\u00ada contar con una ordenaci\u00f3n o destino de parte del Episcopado, \u00faltimos responsable y pastor de cada iglesia particular.<\/p>\n<p>     B\u00ed\u00adblicamente alude a los que sirven de alguna manera a los dem\u00e1s. Del centenar de veces en que se usa el t\u00e9rmino en el Nuevo Testamento, 37 se hace en la forma verbal (diakoneo), 30 como sustantivo personal (diakono) y 34 como servicio (diakonia).<\/p>\n<p>    En los textos evang\u00e9licos se habla de servicio a otro (Mt. 4.11; Mt. 22.13; Mc. 9.35; Luc. 10. 40). Pero en los Hechos y en las Cartas de los Ap\u00f3stoles se multiplican las referencias a las personas que, sin ser del grupo de los Ap\u00f3stoles, ejercen una funci\u00f3n de servicio desinteresado en la primera comunidad cristiana.  (Hech. 6.2; Hech 6. 5-6; Col. 4.7; Filip 1.1; 1 Tim. 3.8; 1 Tim. 3.13)<\/p>\n<p>    La figura del Di\u00e1cono tuvo, pues, una especial relevancia b\u00ed\u00adblica en la Iglesia. En especial el modelo de di\u00e1cono que fue el primer m\u00e1rtir de la comunidad, el di\u00e1cono Esteban apedreado por su fidelidad y por el testimonio de sus obras y de sus palabras (Hech. 7. 1-60).<\/p>\n<p>    Incluso, hemos de recordar la existencia de diaconisas o servidoras de la comunidad al estilo de Febe (Rom. 16.1) y al modo como tambi\u00e9n con Jes\u00fas caminaba un grupo de mujeres que le serv\u00ed\u00ada con sus bienes (Mt. 27.55; Mc. 15.41)   El diaconado permanente en los tiempos actuales ha sido demanda de las nuevas circunstancias de la Iglesia para liberar m\u00e1s al presb\u00ed\u00adtero para la misi\u00f3n del anuncio, igual que en tiempos apost\u00f3licos. Pero es todav\u00ed\u00ada inicitiva minoritaria que ser\u00e1 objeto de adecuada organizaci\u00f3n para separar las fronteras entre el laicado y el diaconado consagrado.  (Ver Orden Sacerdotal 3.1.2 y 3.2.3)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> ministerios). El t\u00e9rmino (di\u00e1cono, diakon\u00ed\u00ada) evoca unos servicios, realizados por los diversos miembros de la comunidad (cf. Hch 20,24; 21,19) o por algunos cristianos especiales (cf. Hch 1,17.25). En principio, la tradici\u00f3n cristiana ha entendido el servicio como un elemento del discipulado, de manera que todos los seguidores de Jes\u00fas son di\u00e1conos (cf. Mc 1,31 par; 9,35 par;  10,43.45 par; 15,41 par; Mt 25,44). En esa l\u00ed\u00adnea se supone que las mujeres que siguen y sirven a Jes\u00fas (cf. Mc 15,41; Lc 8,1-3) son diaconisas, ministros del Evangelio. Pero en un momento dado el nombre puede tomar un sentido espec\u00ed\u00adfico, como expresi\u00f3n de un ministerio particular de la Iglesia, junto al de los presb\u00ed\u00adteros\/obispos: \u00abLo mismo, los di\u00e1conos: que sean dignos, sin doblez, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias torpes, guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. Que tambi\u00e9n \u00e9stos sean probados primero y luego act\u00faen como di\u00e1conos, si son irreprensibles. Lo mismo las mujeres: que sean dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. Los di\u00e1conos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Pues los que han servido bien de di\u00e1conos obtienen para s\u00ed\u00ad un lugar honroso y gran confianza en la fe en Cristo Jes\u00fas\u00bb (1 Tim 3,8-13). Este pasaje suscita tres cuestiones principales.<\/p>\n<p>(1) Elecci\u00f3n y cualidades. Aparecen junto a los presb\u00ed\u00adteros-obispos y han de tener unas cualidades semejantes. Se les pide, ante todo, que sean hombres de confianza, en el plano de la palabra, la comida (vino) y el uso de dinero. Se supone que ellos han podido desear esa funci\u00f3n y para ejercerla, al servicio de la Iglesia, deben superar, igual que los obispos, alg\u00fan tipo de prueba.<\/p>\n<p>(2) \u00bfHay diaconisas? El texto supone que la Iglesia necesita tener a su servicio un tipo de funcionarios, encargados de los problemas pr\u00e1cticos de la comunidad, sobre todo en el plano de la comunicaci\u00f3n de bienes y de la asistencia a los necesitados. Cuando habla de las diaconisas no se sabe si est\u00e1 refiri\u00e9ndose a unas mujeres que ejercen por s\u00ed\u00ad mismas la diacon\u00ed\u00ada o si alude m\u00e1s bien a las esposas de los di\u00e1conos. Pueden ser servidoras aut\u00f3nomas de la comunidad, pero tambi\u00e9n las mujeres de los di\u00e1conos.<\/p>\n<p>(3) Patriarcalismo. La estructuraci\u00f3n del diaconado repite el esquema patriarcal del conjunto de la Iglesia, que asume los principios y exigencias del honor social, que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada superado expresamente.<\/p>\n<p>Cf. K. Jo Torjesen, Cuando las mujeres eran sacerdotes: el liderazgo de las mujeres en la primitiva iglesia y el esc\u00e1ndalo de su subordinaci\u00f3n con el auge del cristianismo, El Almendro, C\u00f3rdoba 1997.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Breves noticias hist\u00f3ricas y teol\u00f3gicas. &#8211; 2. Diaconado permanente y algunas cuestiones pastorales.<\/p>\n<p>Esta voz necesariamente no se puede comprender en su profundidad ni en su alcance si no se relaciona, al menos, con otras aparecidas en este mismo Diccionario (Presb\u00ed\u00adtero, Laico, Sacramentos, etc).<\/p>\n<p>1. Breves notas hist\u00f3ricas y teol\u00f3gicas<br \/>\nEl Concilio Vaticano II afirma que el servicio apost\u00f3lico a la comunidad cristiana se contin\u00faa gracias al sacramento del Orden por medio de los obispos con sus colaboradores, que son los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos (LG 20; 28). Este dato implica, en el caso del diaconado, una doble tensi\u00f3n: por un lado, es un verdadero grado del sacramento del \u00aborden\u00bb, y confirma en el carisma de la fundamentaci\u00f3n apost\u00f3lica y de su misi\u00f3n. Pero, por otro lado, el diaconado \u00abno est\u00e1 esencial y naturalmente ordenado al sacerdocio sino al ministerio\u00bb. El di\u00e1cono no puede celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>De los di\u00e1conos se habla expresamente en el NT en Fp 1,1 y en 1 Tm 3,8. Dejando Act 6, 3-6, donde la Tradici\u00f3n nos habla de siete di\u00e1conos aunque no reciben dicho nombre, ser\u00e1 Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada quien subraye la tr\u00ed\u00adada que ha quedado consagrada como tal: obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos.<\/p>\n<p>Sin entrar en otros detalles hist\u00f3ricos, los escritores hacen notar c\u00f3mo la instituci\u00f3n del diaconado se ha visto sacudida por una ley pendular: a veces, relegados y minusvalorados (por ejemplo por el Arcipreste o arcediano), y en otras ocasiones realzado incluso por encima del presb\u00ed\u00adtero como colaborador estrecho y muy cercano del obispo (Cf. S. DIANICH, Teolog\u00ed\u00ada del ministerio ordenado, Paulinas, Madrid 1988, 286-290). Parece afirmaci\u00f3n generalizada que el diaconado ve su decadencia entre los siglos VIII-XII y que padece una especie de \u00abhibernaci\u00f3n\u00bb hasta el s. XX (Cf. I. O\u00ed\u2018ATIBIA, El diaconado en la historia de la Iglesia, en COMITE PARA EL DIACONADO, El diaconado de la Iglesia en Espa\u00f1a, EDICE, Madrid 1987, 96-110).<\/p>\n<p>Precisamente en el s. XX la teolog\u00ed\u00ada del diaconado se desarrolla ofreciendo como claves la inserci\u00f3n en una Iglesia toda ella ministerial, y representaci\u00f3n sacramental de Cristo Servidor ante la comunidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en v\u00ed\u00adsperas del Concilio Vaticano II se piensa en el diaconado, incluido el permanente, como una prolongaci\u00f3n del ministerio ordenado para los campos de lo social y de la caridad. Si bien el Concilio Vaticano II asigna al diaconado los tres \u00abministerios o servicios\u00bb de Jesucristo: es profeta (de aqu\u00ed\u00ad servidor de la Palabra), es sacerdote (de donde derivan los servicios lit\u00fargicos) y es rey (por su referencia expl\u00ed\u00adcita a todo lo relacionado con la caridad).<\/p>\n<p>M\u00e1s en concreto, sin dejar el Vaticano II, en Lumen Gentium n. 29, vemos atribuidas al diaconado las siguientes funciones lit\u00fargicas y sacramentales: administraci\u00f3n del bautismo, conservaci\u00f3n y distribuci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, asistencia al matrimonio, administraci\u00f3n de vi\u00e1tico a los moribundos, presidencia en reuniones de culto y oraci\u00f3n, direcci\u00f3n de ritos funerales. Ad Gentes n. 16 describe a los di\u00e1conos como catequistas, dirigentes de comunidades, y ministros de obras sociales y caritativas.<\/p>\n<p>Estas dos direcciones de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral (lit\u00fargica y catequ\u00e9tica) son las que se desarrollar\u00e1n m\u00e1s tarde en el postconcilio. As\u00ed\u00ad por ejemplo, mientras la mayor\u00ed\u00ada de Conferencias Episcopales insistir\u00e1n en lo lit\u00fargico, la Conferencia Episcopal Italiana (en 1972) presenta al di\u00e1cono como un evangelizador de ambientes dif\u00ed\u00adciles o donde la parroquia, estructuralmente, no puede apenas llegar (ambientes de trabajo, barrio, asociaciones extraeclesiales, etc). El C\u00f3digo de derecho Can\u00f3nico (1983) vuelve a concretar m\u00e1s lo \u00e1mbitos sacramentales y c\u00falticos, dejando en la sombra lo social y caritativo. Y algo llamativo es la ausencia del Di\u00e1cono, como tal, en el Consejo Presbiteral (cc. 409-502), en los consejos pastorales (c. 512) o en los s\u00ed\u00adnodos diocesanos como miembro de derecho (c. 463). Como contrapartida a dichas ausencias, el C\u00f3digo equipara al di\u00e1cono, permanente o no, al presb\u00ed\u00adtero en cuanto a sus derechos. Y, en el caso del di\u00e1cono permanente, se le permite casarse o seguir casado, seguir desarrollando su profesi\u00f3n previa a la ordenaci\u00f3n, no est\u00e1 obligado a llevar h\u00e1bito o distintivo, puede ejercer funciones p\u00fablicas civiles, e incluso militar en partidos pol\u00ed\u00adticos y sindicatos (cc. 281, 3; 288). En otras palabras el C\u00f3digo, en relaci\u00f3n al di\u00e1cono permanente, lo considera bajo la categor\u00ed\u00ada de \u00abcl\u00e9rigo\u00bb pero sin \u00abclericalizarlo\u00bb. Insiste, el C\u00f3digo, en la debida preparaci\u00f3n de los Diac\u00f3nos para responder adecudamente a su misi\u00f3n (c. 236), que debe ser al menos de tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>2. Diaconado permanente y algunas cuestiones pastorales<br \/>\nDe cualquier forma, hoy, se entiende el diaconado no s\u00f3lo como mero paso hacia el sacerdocio, o como un requisito para quien va a ser ordenado sacerdote (al menos debe permanecer seis meses ejerciendo como di\u00e1cono). El diaconado se entiende tambi\u00e9n como \u00abpermanente\u00bb. Aunque a decir verdad tan s\u00f3lo en EE.UU. ha adquirido, al menos num\u00e9ricamente, un rango especial y notorio: una media de 12 di\u00e1conos por Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Al hablar y concretar problemas de pastoral en relaci\u00f3n al diaconado, tenemos que comenzar por uno de gran calado: cuando, como sucede con frecuencia en Iglesias de vieja cristiandad, la presencia del presb\u00ed\u00adtero (el que preside la Eucarist\u00ed\u00ada) es escasa o pr\u00e1cticamente nula, \u00bfc\u00f3mo entender la identidad y misi\u00f3n del di\u00e1cono, como verdadero y casi \u00fanico ministro ordenado? Comenzamos diciendo, con S. Dianich, que dichas comunidades, donde no se celebra la Eucarist\u00ed\u00ada, no se pueden denominar comunidades \u00abplenas\u00bb en sentido estricto y cat\u00f3lico. Y que dichas comunidades refuerzan su catolicidad precisamente por la presencia del di\u00e1cono.<\/p>\n<p>Vale este mismo problema para aquellos movimientos o comunidades donde en la praxis mantienen di\u00e1conos casi exclusivamente para su servicio. El diaconado, lejos de ser una soluci\u00f3n a una necesidad particular o coto cerrado, debe abrirles a la participaci\u00f3n y celebraci\u00f3n no s\u00f3lo de la palabra sino de la eucarist\u00ed\u00ada en \u00e1mbitos mayores.<\/p>\n<p>Todo lo anterior tambi\u00e9n nos est\u00e1 hablando de otro problema pastoral a\u00f1adido: \u00bfes la soluci\u00f3n a la crisis vocacional para el presbiterado el ordenar di\u00e1conos permanentes en gran n\u00famero? Por supuesto que no; parcialmente ser\u00e1 un alivio en algunas Iglesias particulares pero ni el di\u00e1cono puede suplir al presb\u00ed\u00adtero ni se le puede encerrar s\u00f3lo y exclusivamente en servicios lit\u00fargicos y cultuales \u00abad intra\u00bb de la comunidad. Habr\u00ed\u00ada que desarrollar, sin miedo y con creatividad la otra l\u00ed\u00adnea o direcci\u00f3n del diaconado: como servicio e inserci\u00f3n social y caritativa. Una puerta abierta y casi in\u00e9dita de evangelizaci\u00f3n e inserci\u00f3n cualificada como presencia cristiana en todos los \u00e1mbitos sociales, particularmente en el di\u00e1logo fe-cultura y all\u00ed\u00ad donde se construye y cimenta la nueva sociedad emergente.<\/p>\n<p>Al hilo de estos mismos temas pastorales, y siguiendo la clasificaci\u00f3n de P. Winninger, se encontrar\u00ed\u00ada el de los di\u00e1conos \u00abjefes de comunidad\u00bb en tierras de misi\u00f3n, que tienen su apoyo expl\u00ed\u00adcito en Ad Gentes. Vale, para estos casos, todo lo expresado con anterioridad. El problema grave y serio estar\u00ed\u00ada cuando en dicha comunidad no se puede celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada en per\u00ed\u00adodos prolongados de meses o, incluso, de a\u00f1os. En tales casos se plantea la problem\u00e1tica actual del \u00abderecho\u00bb de las comunidades a tener pastores que celebren la eucarist\u00ed\u00ada. El di\u00e1cono no puede contemplarse como un \u00absuplente ordinario y permanente\u00bb del presb\u00ed\u00adtero. Ser\u00ed\u00ada una falsa soluci\u00f3n a un problema mucho m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>Finalmente, en relaci\u00f3n a si la mujer puede ser ordenada como diaconisa, y a pesar de la praxis de los primeros siglos (especialmente en lo que se refiere a la praxis de acompa\u00f1amiento bautismal \u00abpor inmersi\u00f3n\u00bb de mujeres), los \u00faltimos Papas y el C\u00f3digo de derecho Can\u00f3nico (c. 1024) han vuelto a recordar que s\u00f3lo el var\u00f3n bautizado recibe la ordenaci\u00f3n v\u00e1lidamente. Dogm\u00e1ticamente, en el caso de la ordenaci\u00f3n diaconal de mujeres, es un tema abierto. Y, pastoralmente, recordemos que ya existen mujeres que ejercen de hecho m\u00e1s funciones que las asignadas a las antiguas diaconisas (ejemplo: En tierras de misi\u00f3n, religiosas con encargo de direcci\u00f3n de parroquia).<\/p>\n<p>Recordemos que para los ministerios laicales de lectorado y acolitado rige en principio dicha norma, aunque desde instancias vaticanas se ha anunciado una Comisi\u00f3n Vaticana para estudiar, y revisar en su caso, dicha praxis.<\/p>\n<p>Para concluir, se\u00f1alemos que, en Espa\u00f1a, si bien el diaconado permanente no se ha establecido significativamente, s\u00ed\u00ad es cierto que desde 1981 tiende a incrementarse. Y, sin dejar el suelo hispano, se subraya que, aunque el nivel de aceptaci\u00f3n de los di\u00e1conos permanentes es muy elevado, sin embargo se advierten algunos peligros: en unos casos, clericalizarlo, y sobrecargarlo de trabajo. Y, en otros, convertirlo en una especie de \u00absacrist\u00e1n cualificado\u00bb. En cualquier caso se solicita mejorar su preperaci\u00f3n y su formaci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; S. DIANICH, Teolog\u00ed\u00ada del ministerio ordenado, Paulinas, Madrid 1987; W. LOSER, Di\u00e1cono, en W. BEINERT, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Dogm\u00e1tica, Herder, Barcelona 1990, 186-188; COMITE PARA EL DIACONADO, EL diaconado de la Iglesia en Espa\u00f1a, Edice, Madrid 1987.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Del griego di\u00e1konos (sirviente). El di\u00e1cono es el ministro consagrado que ha recibido el primer grado del orden y al que se le han confiado de manera especial las obras de caridad. Los t\u00e9rminos \u00bb di\u00e1cono \u00bb y \u00bb diacon\u00ed\u00ada \u00bb se usan constantemente en el Nuevo T estamento en el sentido general de \u00bb servidor\u00bb y de \u00abservicio\u00bb. Pablo se considera siervo de Dios para el anuncio del Evangelio de Cristo (1 Cor 3,5; 2 Cor 6,3) y de los hombres (Rom 15,25; 2 Cor 1 1,8). Pero en Flp 1,1 y en 1 Tim 3,8-13 se quiere indicar con la palabra \u00bb di\u00e1cono\u00bb una funci\u00f3n particular, un ministerio eclesial, asociado a los obispos y a los presb\u00ed\u00adteros.<\/p>\n<p>Se admite generalmente que los primeros di\u00e1conos cristianos son los siete (entre ellos Esteban) citados en Hch 6, 1 -6, instituidos por los ap\u00f3stoles por medio de la imposici\u00f3n de manos y de la plegaria, para dedicarse a la caridad (especialmente al servicio de las mesas). Pero el texto no les da el nombre de di\u00e1conos, y sobre todo ejercieron m\u00e1s tarde una funci\u00f3n importante de predicaci\u00f3n. Aunque el concilio de Trento no los menciona en la jerarqu\u00ed\u00ada, sin embargo el testimonio de la tradici\u00f3n se muestra constante y un\u00e1nime en admitir que el diaconado es de instituci\u00f3n divina (al menos apost\u00f3lica) y que es un orden sacramental, Los Padres apost\u00f3licos nos dicen que los di\u00e1conos est\u00e1n al servicio de la Iglesia de Dios, que son ministros de la eucarist\u00ed\u00ada y que ayudan al obispo en la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios y en el ministerio de la caridad. Este ministerio alcanza su m\u00e1s alta expresi\u00f3n en el siglo III, cuando se le confi\u00f3 al di\u00e1cono toda la administraci\u00f3n y la organizaci\u00f3n de la caridad de la Iglesia y del obispo. Pero desde el siglo 1V el desarrollo mon\u00e1stico traslad\u00f3 las obras de caridad a los monasterios, y el di\u00e1cono fue poco a poco perdiendo significado, qued\u00e1ndose s\u00f3lo como ministro de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Mientras que en los primeros siglos el diaconado era un ministerio permanente, fue luego disminuyendo el n\u00famero de los que, en vez de subir a un grado m\u00e1s alto, prefer\u00ed\u00adan seguir siendo di\u00e1conos durante toda la vida. As\u00ed\u00ad pues, en la Iglesia latina desapareci\u00f3 casi por completo el diaconado permanente. El concilio Vaticano II decidi\u00f3 su restablecimiento como orden permanente. LG 29 presenta las l\u00ed\u00adneas principales propias del diaconado : \u00bb En el grado inferior de la jerarqu\u00ed\u00ada est\u00e1n los di\u00e1conos que reciben la imposici\u00f3n de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. As\u00ed\u00ad, confortados con la gracia sacramental, en comuni\u00f3n con el obispo y su presbiterio, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad&#8230; Este diaconado se podr\u00e1 conferir a los hombres de edad madura, aunque est\u00e9n casados, y tambi\u00e9n a j\u00f3venes id\u00f3neos; pero para \u00e9stos debe mantenerse firme la ley del celibato\u00bb La oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos est\u00e1 inspirada en la nueva elaboraci\u00f3n doctrinal de LG 29. Despu\u00e9s de pedir a Dios Padre que haga crecer a la Iglesia como cuerpo organizado y templo suyo (((has dispuesto que, mediante los tres grados del ministerio instituido por ti, crezca y se edifique la Iglesia\u00bb), se recuerda la constituci\u00f3n de los levitas (cf. Nm 3,69) y la elecci\u00f3n de los siete di\u00e1conos por parte de los ap\u00f3stoles (\u00abcon la oraci\u00f3n y la imposici\u00f3n de manos les confiaron el servicio de la caridad\u00bb: Hch 6,1-6): y ~ se suplica a Dios Padre que mire propicio a los nuevos di\u00e1conos.<\/p>\n<p>La ep\u00ed\u00adclesis -f\u00f3rmula sacramental consecratoria- dice as\u00ed\u00ad: \u00abTe suplicamos, Se\u00f1or, que derrames en ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que los fortifiques con los siete dones de tu gracia, para que cumplan fielmente la obra del ministerio\u00bb.<\/p>\n<p>Mediante la intercesi\u00f3n de Jesucristo se pide finalmente que los nuevos di\u00e1conos puedan desempe\u00f1ar adecuadamente su ministerio y se revistan de las virtudes necesarias para esta finalidad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en definitiva, el di\u00e1cono no comparte la funci\u00f3n del obispo como gu\u00ed\u00ada de la comunidad, ni tampoco su funci\u00f3n sacerdotal. Participa del ministerio del obispo subrayando la representaci\u00f3n de Cristo en cuanto siervo, y por eso es llamado sobre todo para dedicarse al servicio, de manera que anime ese esp\u00ed\u00adritu de servicio en la Iglesia. Entre las diversas funciones que puede tener el di\u00e1cono en la comunidad, adem\u00e1s de la atenci\u00f3n pastoral a los enfermos y al servicio de la caridad fraterna entre los fieles, hay que recordar: la preparaci\u00f3n de los catec\u00famenos para el bautismo y la celebraci\u00f3n del propio bautismo; la presencia en la celebraci\u00f3n del matrimonio de los fieles, como delegado del obispo o del p\u00e1rroco; la celebraci\u00f3n de los funerales; la distribuci\u00f3n de la comuni\u00f3n a los fieles, sobre todo si est\u00e1n enfermos; la presidencia de las celebraciones de la Palabra de Dios y la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: A. Kerkvoorde, Elementos para una teolog\u00ed\u00ada del diaconado, en L.a Iglesia del Vaticano, 11, Flors, Barcelona 1966. 917-958; P. Winninger, Presente y porvenir del diaconado, PPC, Madrid 1968; Y. Oteiza, Di\u00e1conos para una Iglesia en renovaci\u00f3n, 2 vols,. Mensajero, Bilbao 1982.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Di\u00e1cono y diacon\u00ed\u00ada en el NT &#8211; II. Los di\u00e1conos en la Iglesia antigua: \u00abencargados de la diacon\u00ed\u00ada de Jesucristo\u00bb &#8211; 111. El di\u00e1cono, signo sacramental de Cristo siervo y de la diacon\u00ed\u00ada de la Iglesia &#8211; IV. La espiritualidad del servicio, cuyo animador es el di\u00e1cono &#8211; V. Diaconado y eucarist\u00ed\u00ada &#8211; VI. La diacon\u00ed\u00ada como \u00abcondivisi\u00f3n\u00bb &#8211; VII. Diversas modalidades expresivas de la diacon\u00ed\u00ada &#8211; VIII. La animaci\u00f3n de la diacon\u00ed\u00ada por parte del di\u00e1cono &#8211; IX. La valorizaci\u00f3n del carisma del di\u00e1cono: de la Iglesia antigua al renacimiento actual del diaconado permanente &#8211; X. la animaci\u00f3n de la diacon\u00ed\u00ada en la Iglesia y en el mundo de hoy &#8211; XI. La aparici\u00f3n de los di\u00e1conos desde una opci\u00f3n pastoral renovadora.<\/p>\n<p>La palabra di\u00e1cono indica uno de los tres ministerios en que se articula el sacramento del orden (ministerios ordenados: episcopado, presbiterado, diaconado). En el motu proprio Ad pascendum se da una definici\u00f3n autorizada y rica en implicaciones, tanto teol\u00f3gicas como pastorales y espirituales, del ministerio del di\u00e1cono: \u00abAnimador del servicio, o sea, de la diacon\u00ed\u00ada de la Iglesia, en las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo Se\u00f1or, el cual no vino para ser servido, sino para servir\u00bb.<\/p>\n<p>I. Di\u00e1cono y diacon\u00ed\u00ada en el NT<br \/>\nLa palabra di\u00e1cono equivale al griego di\u00e1konos y significa siervo. Esta palabra hay que relacionarla con otras expresiones, comunes en el NT, como diakon\u00ed\u00ada, es decir, servicio, y el verbo diakon\u00e9in, o sea, servir. La palabra diakon\u00ed\u00ada, con las diversas expresiones ligadas a ella, se cuenta entre los t\u00e9rminos que aparecen con m\u00e1s frecuencia en el NT, porque indica un aspecto fundamental de la figura de Cristo, al que ya Isa\u00ed\u00adas hahab\u00ed\u00ada anunciado como el siervo de Yahv\u00e9 y de los hombres (cf Is 52,13 &#8211; 53,12), y que se present\u00f3 como \u00abel que sirve\u00bb (Lc 22,27) y que \u00abvino a servir y no a ser servido\u00bb (Mt 20,28).<\/p>\n<p>Recordando que Jes\u00fas antes de dejar este mundo realiz\u00f3 el gesto sacramental y prof\u00e9tico del lavatorio de los pies para invitar a sus disc\u00ed\u00adpulos a seguir su ejemplo de servicio (cf Jn 13,1-15), la Iglesia antigua consideraba la diaconla como un aspecto fundamental de su naturaleza profunda y, por tanto, de la vocaci\u00f3n de toda comunidad y de todo fiel. La Iglesia, que san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada defin\u00ed\u00ada como la agape, el amor&#8217; -es decir, el signo visible del amor de Dios encarnado en Cristo presente en la eucarist\u00ed\u00ada-, ten\u00ed\u00ada plena conciencia de que el servicio es la expresi\u00f3n concreta del amor, seg\u00fan las palabras de san Pablo: \u00abServios los unos a los otros mediante la caridad\u00bb (G\u00e1l 5,13). Considerando que la vida cristiana consiste en un &#8211; seguimiento de Cristo y en conformarse a \u00e9l, la Iglesia antigua entend\u00ed\u00ada en profundidad la diaconla como un amor que se expresa en la humildad y la obediencia (cf Flp 2,7-8), en la pobreza (cf 2 Cor 8,9), en una disponibilidad que llega hasta la inmolaci\u00f3n (cf Mt 20,28), en un pleno compartir las alegr\u00ed\u00adas, los dolores, las exigencias y las aspiraciones de toda persona de cualquier proveniencia (cf Rom 12,15; 1 Cor 9,19-23).<\/p>\n<p>Junto a la diacon\u00ed\u00ada como vocaci\u00f3n al servicio de todos los cristianos, se habla en el NT de los di\u00e1conos (Flp 1,1; 1 Tim 3,8-13) como encargados de un ministerio especifico. Si el servicio es vocaci\u00f3n com\u00fan, el ministerio de los di\u00e1conos, \u00ablos siervos\u00bb, indica a los consagradosal servicio, hasta el punto de ser el \u00absigno sacramental\u00bb de esta vocaci\u00f3n com\u00fan.<\/p>\n<p>II. Los di\u00e1conos en la Iglesia antigua:<br \/>\n\u00abencargados de la diacon\u00ed\u00ada de Jesucristo\u00bb<br \/>\nEl Vat. II afirma que los ap\u00f3stoles transmitieron su ministerio a los obispos, a los que se les da la plenitud del sacramento del orden (cf LG 20 y 21). Junto a los obispos se coloca a sus cooperadores, a saber, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos, a los cuales se confiere el mismo sacramento del orden para poner de manifiesto sus facetas particulares: en los presb\u00ed\u00adteros, la faceta de la presidencia y de la gu\u00ed\u00ada del pueblo de Dios, y en los di\u00e1conos, la del servicio. Estas diversas facetas del mismo sacramento, presentes desde los or\u00ed\u00adgenes en el ministerio apost\u00f3lico y en sus virtualidades, se concretizaron gradualmente en ministerios distintos. En un primer tiempo, se diferenciaron los di\u00e1conos como ministerio distinto del de los obispos (as\u00ed\u00ad, en el NT, en la Didaj\u00e9 y en la carta de Clemente Romano), diferenciaci\u00f3n que sucesivamente se extendi\u00f3 a los presb\u00ed\u00adteros. De este modo se llega pronto a la articulaci\u00f3n tripartita del ministerio ordenadot expuesta as\u00ed\u00ad a principios del siglo n por san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada: \u00abRealizad todas vuestras acciones con aquel esp\u00ed\u00adritu de concordia que agrada a Dios, bajo la presidencia del obispo, que ocupa el puesto de Dios, de los presb\u00ed\u00adteros, que forman el colegio de los ap\u00f3stoles, y de los di\u00e1conos, objeto de mi afecto especial, encargados del ministerio de Jesucristo&#8217;.<\/p>\n<p>III. El di\u00e1cono, signo sacramental de Cristo siervo<br \/>\ny de la diacon\u00ed\u00ada de la Iglesia<br \/>\nAl presentar a los di\u00e1conos como \u00abencargados de la diaconla de Jesucristo\u00bb, nos encontramos sustancialmente con la misma definici\u00f3n del ministerio del di\u00e1cono que, de una forma m\u00e1s articulada, propone ahora (seg\u00fan hemos visto) el motu proprio Ad pascendum: \u00abAnimador del servicio, o sea, de la diacon\u00ed\u00ada de la Iglesia, ante las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo Se\u00f1or, el cual no vino a ser servido, sino a servir\u00bb. Esta definici\u00f3n del ministerio diaconalsupone una clara concepci\u00f3n del sacramento del orden, seg\u00fan la cual todo ministro ordenado es al mismo tiempo representante y animador: representante, es decir, \u00abembajador\u00bb (2 Cor 5,20) de Cristo y, por tanto, tambi\u00e9n de la comunidad eclesial (desde el momento en que Cristo representa a la Iglesia, la cual es su cuerpo, puede hablar y obrar en nombre de ella); animador de la comunidad, o sea, dotado de una gracia particular \u00aba fin de perfeccionar a los cristianos en la obra de su ministerio\u00bb (Ef 4,12). Uniendo estos dos aspectos, de representaci\u00f3n y de animaci\u00f3n, se sigue que todo ministro ordenado es signo sacramental de Cristo en la comunidad. En efecto, lo propio del signo sacramental es hacer presente con eficacia la realidad de la que es expresi\u00f3n visible.<\/p>\n<p>En el obispo se encuentra la plenitud del sacramento del orden (cf LG 21), de suerte que representa a Cristo como aquel de quien brota la Iglesia, ya sea en cuanto es su cabeza, ya en cuanto es su siervo. Estos dos aspectos del ministerio de Cristo, que se implican el uno al otro hasta el punto de identificarse, se distinguen en el signo a trav\u00e9s de los dos ministerios, complementarios entre s\u00ed\u00ad, de los cooperadores directos del obispo: los presb\u00ed\u00adteros, como signo de Cristo, cabeza y sacerdote (cf PO 2), y del sacerdocio com\u00fan de los fieles; los di\u00e1conos, como signo de Cristo servidor y de la diacon\u00ed\u00ada de la Iglesia.<\/p>\n<p>De este modo encuentra verificaci\u00f3n y aplicaci\u00f3n una fecunda intuici\u00f3n de Congar a prop\u00f3sito de la que \u00e9l considera caracter\u00ed\u00adstica constante del pueblo de Dios; a saber, una especie de \u00abbipolaridad\u00bb, en virtud de la cual a cada vocaci\u00f3n com\u00fan de los cristianos corresponden algunos que se consagran a ella para ser \u00absigno\u00bb suyo&#8217;.<\/p>\n<p>IV. La espiritualidad del servicio,<br \/>\ncuyo animador es el di\u00e1cono<br \/>\nEl carisma propio del di\u00e1cono, a saber, su gracia sacramental espec\u00ed\u00adfica, es la de ser animador del servicio. Por eso la espiritualidad del di\u00e1cono es la espiritualidad del servicio, que \u00e9l est\u00e1 llamado a animar y promover en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>Hay que guardarse de considerar el servicio cristiano \u00fanicamente como una actividad humana de asistencia. La diacon\u00ed\u00ada de Cristo es una participaci\u00f3n, difundida en la Iglesia por gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de la actitud de Cristo, el siervo humillado y paciente, que toma sobre s\u00ed\u00ad el pecado y la miseria humana (cf Is 53,3-5), que se inclina afectuoso sobre cada necesidad concreta (cf Lc 10,33-34), que se inmola hasta dar la vida (cf Mt 20,18), testimoniando su amor hasta el \u00absigno supremo\u00bb (cf Jn 13,1).<\/p>\n<p>El servicio cristiano, como participaci\u00f3n del servicio de Cristo, posee una eficacia salv\u00ed\u00adfica y sanativa. Cristo, en efecto, al llevar hasta el fin la l\u00f3gica de la encarnaci\u00f3n, se hizo siervo; m\u00e1s all\u00e1, \u00abesclavo\u00bb (Flp 2,7) para salvar desde dentro la situaci\u00f3n de esclavitud en que el pecado y el poder colocan a la humanidad. La esclavitud-por-amor del Hombre-Dios libera a la humanidad de la esclavitud-por-coacci\u00f3n, fruto del poder, el cual es la caracter\u00ed\u00adstica del mundo, que no conoce a Dios: de las \u00abnaciones\u00bb (Mt 20,25), afirma Jes\u00fas; es decir, de los paganos.<\/p>\n<p>V. Diaconado y eucarist\u00ed\u00ada<br \/>\nEl servicio cristiano, como expresi\u00f3n del amor de Cristo, encuentra su fuente en la eucarist\u00ed\u00ada, donde Cristo est\u00e1 presente como amor. Dado que el servicio es el ejercicio concreto del amor, Jes\u00fas en el mismo contexto instituy\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada y lav\u00f3 los pies, concluyendo con el doble mandamiento paralelo: \u00abHaced esto en recuerdo m\u00ed\u00ado\u00bb (Lc 22,19; 1 Cor 11,24-25) y \u00abYo os he dado ejemplo para que hag\u00e1is vosotros como yo hice\u00bb (Jn 13,15).<\/p>\n<p>La gracia sacramental de la eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 en incrementar el amor. La gracia sacramental del di\u00e1cono consiste en promover el servicio, que es el ejercicio de amor. Por ser signo sacramental de un servicio que se funda en el amor, el di\u00e1cono, en su ministerio, est\u00e1 llamado a demostrar que la fuente de gracia de la diacon\u00ed\u00ada cristiana se encuentra en la eucar\u00ed\u00adstia. Esto se realizaba en la Iglesia antigua con toda naturalidad. En la misma eucarist\u00ed\u00ada se recog\u00ed\u00adan y distribu\u00ed\u00adan las ayudas para los necesitados, mientras que los di\u00e1conos llevaban a los enfermos y a los cautivos la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica&#8217;.<\/p>\n<p>VI. La diacon\u00ed\u00ada como \u00abcondivisi\u00f3n\u00bb<br \/>\nLa gracia de Cristo presente en la eucarist\u00ed\u00ada, al traducirse en amor y en servicio, nos libera del ego\u00ed\u00adsmo, es decir, de la atenci\u00f3n predominante a nosotros mismos, para dirigir la orientaci\u00f3n a las necesidades de los dem\u00e1s. Esto lleva a una continua verificaci\u00f3n de nuestro servicio, a fin de que no se anquilose al institucionalizarse, sino que se resuelva siempre en una b\u00fasqueda afectuosa de las necesidades concretas y siempre nuevas de las personas y de la sociedad. Estando, pues, el servicio en funci\u00f3n de la necesidad, se dirige con preferencia a quien est\u00e1 m\u00e1s necesitado (ya se trate de necesidad material, moral o espiritual). En una palabra: \u00abEl verdadero due\u00f1o del servicio es la necesidad&#8217;.<\/p>\n<p>Cristo siervo, que se encarna hasta el fondo en la condici\u00f3n humana, hasta el punto de que \u00abal que no conoci\u00f3 pecado le hizo pecado en lugar nuestro\u00bb (2 Cor 5,21), obrando en nosotros por medio del Esp\u00ed\u00adritu, nos conduce por su mismo camino de \u00abencarnaci\u00f3n redentora\u00bb. Es decir, nos lleva a comprender que el servicio cristiano no consiste en el hecho de que \u00abuno\u00bb d\u00e9 algo al \u00abotro\u00bb permaneciendo extra\u00f1o a \u00e9l, sino que es superaci\u00f3n de la alteridad, es condivisi\u00f3n; es \u00abalegrarse con el que se alegra y llorar con el que llora\u00bb (Rom 12,15). Por eso \u00ablos gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz\u00f3n\u00bb (GS 1).<\/p>\n<p>VII. Diversas modalidades expresivas de la diacon\u00ed\u00ada<br \/>\nLa vocaci\u00f3n al servicio, que el di\u00e1cono est\u00e1 llamado a animar y promover, se manifiesta en diversas modalidades, dependientes entre s\u00ed\u00ad hasta el punto de compenetrarse, y que podemos contemplar desde diversos puntos de vista.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de las posibles direcciones a que se orienta el servicio cristiano, podemos distinguir: una diacon\u00ed\u00ada que se dirige a la comunidad eclesial en cuanto tal, como expresi\u00f3n de comuni\u00f3n entre los cristianos, de suerte que la Iglesia sea sierva en s\u00ed\u00ad misma; una diacon\u00ed\u00ada que se dirige a la humanidad, independientemente del hecho de su pertenencia visible a la Iglesia, de suerte que \u00e9sta sea sierva del mundo. Esta diacon\u00ed\u00ada puede expresarse mediante la evangelizaci\u00f3n (o sea, el anuncio salv\u00ed\u00adfico de Cristo resucitado) y la promoci\u00f3n humana, la cual se realiza bien a trav\u00e9s del ejercicio de las obras de misericordia, bien mediante una fermentaci\u00f3n prof\u00e9tica de las realidades temporales.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la eclesialidad y de la continuidad del ejercicio, podemos distinguir: una actitud de servicio como espiritualidad de fondo, que debe caracterizar al cristiano en todas las parcelas de la vida: en el trabajo, en la pol\u00ed\u00adtica, en la familia, etc.; la disponibilidad para servicios ocasionales frente a la manifestaci\u00f3n de exigencias siempre nuevas; los ministerios, o sea, los diversos \u00abservicios estables y reconocidos\u00bb , fruto de la pluralidad de carismas.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la correspondencia con las diversas necesidades de la persona y de la sociedad humana, podemos distinguir: la diacon\u00ed\u00ada de las obras de misericordia, ya sean personales ya organizadas, con las cuales los cristianos, imitando al samaritano (Lc 10,29-37), se inclinan sobre la persona humana herida de la manera que sea, hasta darle todo el socorro posible; la diacon\u00ed\u00ada del compromiso pol\u00ed\u00adtico, que brota de la exigencia de remontarse a las causas existentes en las estructuras sociopol\u00ed\u00adticas injustas, fruto de la opresi\u00f3n y del poder de los fuertes sobre los d\u00e9biles, en formas y modalidades diversas dentro de los diversos reg\u00ed\u00admenes. Obs\u00e9rvese que, si bien los motivos inspiradores de esta diacon\u00ed\u00ada deben derivarse del evangelio, no pueden deducirse de \u00e9l ni el examen t\u00e9cnico (vinculado al an\u00e1lisis hist\u00f3rico) de los mecanismos de las estructuras opresivas ni los medios para modificarlas. Se sigue de esto, en consecuencia, una pluralidad de opciones pol\u00ed\u00adticas entre los cristianos. Por eso la comunidad cristiana est\u00e1 llamada a influir en la diacon\u00ed\u00ada del compromiso pol\u00ed\u00adtico por lo que se refiere a la actitud espiritual que debe ser su ra\u00ed\u00adz, pero no en cuanto a las modalidades de actuaci\u00f3n, que los cristianos, como ciudadanos y en uni\u00f3n con todos los hombres de buena voluntad, deben buscar, ejercitando su inteligencia en el an\u00e1lisis de la realidad sociol\u00f3gica y de sus causas: finalmente, la diacon\u00ed\u00ada de la evangelizaci\u00f3n (cf Ef 3,7-8); es \u00e9sta la diacon\u00ed\u00ada suprema, por la cual la comunidad cristiana es llamada por Cristo Se\u00f1or, que vive en ella, a ser instrumento de transmisi\u00f3n \u00aba toda criatura\u00bb (Mc16,15) de la salvaci\u00f3n plena, que implica la liberaci\u00f3n de toda necesidad en el tiempo y en la eternidad.<\/p>\n<p>VIII. La animaci\u00f3n de la diacon\u00ed\u00ada<br \/>\npor parte del di\u00e1cono<br \/>\nLa espiritualidad del servicio, con las diversas modalidades expresivas que hemos indicado, entra en la vocaci\u00f3n de la Iglesia y de todos los cristianos. El di\u00e1cono, en virtud de su carisma y de su ministerio, est\u00e1 llamado a ser su animador. \u00bfQu\u00e9 entendemos por \u00abanimaci\u00f3n\u00bb? Debemos guardarnos de dar a esta palabra una interpretaci\u00f3n preferentemente psicol\u00f3gica, corriendo el peligro de confundirla con el est\u00ed\u00admulo de los reflejos condicionados en cadena, propia de la propaganda comercial. En ese caso ser\u00ed\u00ada una presi\u00f3n, una limitaci\u00f3n de libertad, y no una fuerza libertadora. Por animaci\u00f3n entendemos una propuesta, que se hace m\u00e1s eficaz por la gracia del sacramento del orden. En virtud de este sacramento, el di\u00e1cono es constituido representante de Cristo siervo; por lo mismo no es persona privada, sino p\u00fablica (no tanto en sentido jur\u00ed\u00addico cuanto en sentido sacramental). Las obras que realiza y las palabras que dice en el ejercicio de su ministerio se realizan y pronuncian en nombre de Cristo. Son, pues, una fuente de gracia para invitar con eficacia a la Iglesia a seguir las huellas de Cristo siervo.<\/p>\n<p>Por eso el di\u00e1cono est\u00e1 \u00abconsagrado al servicio\u00bb y, por tanto, comprometido a servir de modo que invite a todos a servir. El, al obrar en el triple campo de la palabra de Dios, de la eucarist\u00ed\u00ada y de las obras de amor, est\u00e1 llamado a promover las ocasiones de encuentro, de di\u00e1logo, de comuni\u00f3n; a descubrir las necesidades de cada persona, de la comunidad eclesial y de la sociedad humana y, al mismo tiempo, a discernir los carismas correlativos de los que pueden brotar los servicios adecuados; a abrir el camino y el espacio para el servicio de todos.<\/p>\n<p>Por eso su carisma espec\u00ed\u00adfico se dirige a suscitar los diversos ministerios y el esp\u00ed\u00adritu de servicio en todos los ministerios. De este modo la gracia del di\u00e1cono tiene una importante funci\u00f3n, incluso en relaci\u00f3n con los obispos y los sacerdotes; no para eventuales suplencias en el \u00e1mbito de las prestaciones de sucompetencia (no es \u00e9ste el valor intr\u00ed\u00adnseco del carisma diaconal), sino para recordar constantemente el hecho de que el ministerio sacerdotal de gu\u00ed\u00ada espiritual debe ejercerse con espiritualidad de servicio.<\/p>\n<p>IX. La valorizaci\u00f3n del carisma del di\u00e1cono:<br \/>\nde la Iglesia antigua al renacimiento actual<br \/>\ndel diaconado permanente<br \/>\nEn la Iglesia antigua, hasta el siglo v, el diaconado ten\u00ed\u00ada una gran importancia. \u00abDespu\u00e9s del obispo, y estrechamente ligado a \u00e9l, el di\u00e1cono era el principal ministro de la jerarqu\u00ed\u00ada&#8217;. En nombre del obispo, los di\u00e1conos cuidaban de los contactos humanos necesarios para continuar y animar en la Iglesia el servicio de Jes\u00fas, que \u00ablava los pies\u00bb a los hermanos. Dice un texto del siglo III: \u00abLos di\u00e1conos deben andar de un lado para otro, ocuparse de los propios hermanos, ya sea en lo que se refiere al alma como en lo que concierne al cuerpo, y tener informado de todo ello al obispo\u00bb. Este ministerio lo cumpl\u00ed\u00adan haciendo que brotara de la eucarist\u00ed\u00ada, de suerte que se evidenciara que en ella se encuentra \u00abla fuente y la cumbre de todo el servicio cristiano\u00bb (cf SC 10; Euch. Myst, 6). Toda iglesia local deb\u00ed\u00ada tener sus di\u00e1conos \u00aben n\u00famero proporcionado al de los miembros de la iglesia, para que pudieran conocer y ayudar a cada uno\u00bb.<\/p>\n<p>A comienzos del siglo v se inici\u00f3 la decadencia del diaconado. La obra diaconal promotora del servicio, sobre todo en el \u00e1mbito de las obras de misericordia a trav\u00e9s de contactos personales y amplios, referidos siempre a la eucarist\u00ed\u00ada, se sustituy\u00f3 gradualmente -debido al cambio de la situaci\u00f3n hist\u00f3rica- por una asistencia institucionalizada. Surgieron obras estables (como \u00abhospicios\u00bb para enfermos y ancianos), sostenidas por quienes ten\u00ed\u00adan posibilidad, incluso econ\u00f3mica, de hacerlo; los di\u00e1conos permanecieron ajenos a ellas. A los di\u00e1conos les qued\u00f3 sobre todo la funci\u00f3n lit\u00fargica, la cual, disociada del ejercicio vital de la caridad, acab\u00f3 reduci\u00e9ndose a un ritualismo exterior. As\u00ed\u00ad, la decadencia del diaconado llev\u00f3 a su desaparici\u00f3n en la Iglesia de Occidente como ministerio permanente. Qued\u00f3 tan s\u00f3lo como pelda\u00f1o de acceso al ministerio presbiteral.<\/p>\n<p>El Vat. II ha destacado en el servicio, como seguimiento de Cristo siervo, su valor central para una verdadera renovaci\u00f3n eclesial (LG 8). No pod\u00ed\u00ada faltar en este contexto el renacimiento del ministerio que es \u00absigno sacramental\u00bb del servicio: el diaconado. Con ello el concilio le ha restituido a la Iglesia el diaconado permanente; \u00e9l, en efecto, dice el Vat. II, \u00abse podr\u00e1 restablecer en adelante como grado propio y permanente de la jerarqu\u00ed\u00ada\u00bb (LG 29). Las etapas sucesivas de la restauraci\u00f3n de este ministerio las se\u00f1ala el motu proprio Sacrum diaconatus ordinem (18-6-1967), con el cual se fijaron las normas can\u00f3nicas convenientes sobre el diaconado permanente. El motu proprio Ad pascendum (15-8-1972) ofrece, finalmente, la reglamentaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica del diaconado.<\/p>\n<p>X. La animaci\u00f3n de la diacon\u00ed\u00ada en la Iglesia<br \/>\ny en el mundo de hoy<br \/>\nEl diaconado renace en la Iglesia como factor de renovaci\u00f3n. La renovaci\u00f3n eclesial no debe confundirse con la puesta al d\u00ed\u00ada externa de m\u00e9todo y de formas. La verdadera renovaci\u00f3n es \u00abconversi\u00f3n\u00bb; conversi\u00f3n no s\u00f3lo y no tanto de los individuos, cuanto de la comunidad como tal, de suerte que \u00e9sta sea cada vez de manera m\u00e1s eficaz \u00absacramento de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48; AG 1; 5; GS 45) y \u00absigno de la presencia divina en el mundo\u00bb (AG 15). Para esta renovaci\u00f3n tiene una importancia decisiva la gracia del diaconado: la de orientar el camino renovador en la direcci\u00f3n aut\u00e9ntica de una Iglesia sierva y pobre.<\/p>\n<p>Las modalidades pr\u00e1cticas del ministerio diaconal para promover un crecimiento de la diacon\u00ed\u00ada son, hoy como siempre, numerosas y diversas, lo mismo que son m\u00faltiples las necesidades concretas a que el servicio cristiano debe hacer frente. Vamos a considerar ahora, en sus grandes l\u00ed\u00adneas, c\u00f3mo puede orientarse la animaci\u00f3n de la diacon\u00ed\u00ada en los dos tipos de ambiente determinados por las comunidades eclesiales y por las comunidades humanas.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de las comunidades eclesiales, el ministerio diaconal debe estar orientado sobre todo a promover el desarrollo de comunidades \u00aba medida del hombre\u00bb, en las cuales sean posibles la individualizaci\u00f3n de las necesidades concretas y el servicio como condivisi\u00f3n. En efecto, en comunidades concentradas y an\u00f3nimas no hay espacio para un ministerio animador del servicio. Por eso se considera que un aut\u00e9ntico ministerio diaconal en la Iglesia de hoy debe encontrar su fundamento en el \u00e1mbito de la animaci\u00f3n de las comunidades eclesiales de base.<\/p>\n<p>Con la expresi\u00f3n \u00abcomunidades eclesiales de base\u00bb nos referimos a la realizaci\u00f3n de la Iglesia \u00abque tenga una dimensi\u00f3n tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros\u00bb. En ella se realiza el \u00abprimer n\u00facleo\u00bb de la realidad de la Iglesia, donde el Se\u00f1or est\u00e1 presente conforme a su palabra: \u00abDonde hay dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos\u00bb (Mt 18,20).<\/p>\n<p>Las comunidades eclesiales de base, que \u00abflorecen un poco en todas partes en la Iglesia\u00bb, asumen formas diversas, de acuerdo con las distintas situaciones. Entre las varias formas de comunidades eclesiales de base -adem\u00e1s de los grupos espont\u00e1neos y de los que son expresi\u00f3n de movimientos de espiritualidad-, consideramos de fundamental importancia aquellos grupos peque\u00f1os que hacen de articulaci\u00f3n de la parroquia para su renovaci\u00f3n profunda. La transformaci\u00f3n de la parroquia en \u00abcomuni\u00f3n org\u00e1nica de comunidades eclesiales de base\u00bb es, ciertamente, un punto nodal de la renovaci\u00f3n eclesial, capaz de dar lugar a una fisonom\u00ed\u00ada de iglesia articulada y descentralizada, corresponsable y misionera [>Comunidad de vida VIII, 2].<\/p>\n<p>El ministerio del di\u00e1cono encuentra espacio en este cuadro (ya sea que su ejercicio concreto se realice directamente en el \u00e1mbito de las comunidades eclesiales de base, ya en otros niveles) para discernir las necesidades concretas en el contexto natural, estimular en todos una actitud de servicio, suscitar los diversos ministerios en conformidad con las diversas exigencias, asegurar la estabilidad de los grupos peque\u00f1os y su convergencia en la comunidad parroquial. Ya sea que el ministerio de los diversos di\u00e1conos se realice preferentemente en el campo del anuncio de la palabra de Dios, o en el campo de la liturgia, o en el de las obras de caridad, debe distinguirse siempre por unas caracter\u00ed\u00adsticas de capilaridad y de contacto inmediato con las personas y los grupos peque\u00f1os, de suerte que la percepci\u00f3n de las necesidades concretas vaya siempre unida a la estimulaci\u00f3n de los servicios correspondientes.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de las comunidades humanas, el di\u00e1cono est\u00e1 llamado a ser signo de Cristo siervo en todos los ambientes en que los hombres viven, trabajan, sufren, gozan y luchan por la justicia. De este modo lleva a cabo una evangelizaci\u00f3n capilar, anunciando a cada persona concreta que Cristo es el que la ama y se acerca a ella para servirla. Al mismo tiempo, se afirma como fermento prof\u00e9tico para que una Iglesia sierva del mundo tenga una eficacia sanativa en orden a liberar a la sociedad humana del pecado y de sus consecuencias de poder y de opresi\u00f3n.<\/p>\n<p>XI. La aparici\u00f3n de los di\u00e1conos<br \/>\ndesde una opci\u00f3n pastoral renovadora<br \/>\nHay que valorar la gracia del diaconado para la edificaci\u00f3n de una Iglesia pobre y misionera que con coherencia \u00abanuncie a los pobres la buena nueva\u00bb (Lc 4,18) y sea fermento prof\u00e9tico de una sociedad m\u00e1s justa. Para ello es preciso que este don del Esp\u00ed\u00adritu encuentre un terreno favorable (cf Mt 13,8.23) a su fecundidad y desarrollo. Este terreno favorable debe estar dado por una impostaci\u00f3n pastoral de renovaci\u00f3n, en la cual las ordenaciones diaconales sean el fruto de una llamada que realiza la comunidad, unida en nombre del Se\u00f1or, presentando sus candidatos al obispo de acuerdo con las exigencias concretas que surgen para la realizaci\u00f3n del enfoque pastoral previamente elegido.<\/p>\n<p>Tal fue el itinerario que llev\u00f3 a la ordenaci\u00f3n de los \u00absiete\u00bb en la Iglesia primitiva: \u00abElegid, pues, cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete varones de buena reputaci\u00f3n, llenos del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de sabidur\u00ed\u00ada, y nosotros les encomendaremos este servicio; nosotros perseveraremos en la oraci\u00f3n y en el ministerio de la palabra. Agrad\u00f3 la proposici\u00f3n a toda la multitud, y eligieron a Esteban, var\u00f3n lleno de fe y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y a Felipe y Pr\u00f3coro, a Nicanor y a Tim\u00f3n, a Parmenas y a Nicol\u00e1s, pros\u00e9lito antioque\u00f1o; los presentaron a los ap\u00f3stoles, los cuales, despu\u00e9s de orar, les impusieron las manos\u00bb (He 6,3-6). Id\u00e9ntico itinerario, para la valorizaci\u00f3n del carisma y del ministerio del di\u00e1cono en la Iglesia y en el mundo de hoy, se ha formulado y propuesto como conclusi\u00f3nun\u00e1nime en el Convegno internazionale sul diaconato\u00bb, que tuvo lugar en Pianezza (Tur\u00ed\u00adn), del 2 al 4 de septiembre de 1977, para considerar la incidencia del naciente diaconado en la renovaci\u00f3n de las comunidades eclesiales y humanas.<\/p>\n<p>El obispo misionero belga Jan Van Cauwelaert, al formular las conclusiones de la reuni\u00f3n en nombre de los participantes, que proven\u00ed\u00adan de todas las partes del mundo, afirm\u00f3 que debe ser ordenado di\u00e1cono quien \u00abes reconocido por la comunidad como el m\u00e1s id\u00f3neo para animar su diacon\u00ed\u00ada\u00bb. De este modo las comunidades eclesiales \u00abpresentar\u00e1n al obispo sus candidatos para el diaconado, y con ellos har\u00e1n el camino para su formaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La unanimidad lograda a favor de un enfoque pastoral de renovaci\u00f3n fundado en las perspectivas de comunidades articuladas, descentralizadas y misioneras, que presenten a los obispos sus candidatos a la ordenaci\u00f3n diaconal, perspectiva com\u00fan a pesar de la gran variedad de experiencias, le permiti\u00f3 al obispo Van Cauwelaert terminar sus reflexiones finales reconociendo en el diaconado naciente un \u00absigno de esperanza\u00bb para la Iglesia y para la humanidad.<\/p>\n<p>A. Altana<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., El diaconado permanente, en \u00abSeminarios\u00bb, nn. 65-66 (1977).-AA. VV., El diaconado en la Iglesia y en el mundo de hoy, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1968.-AA. VV., El diaconado, Mensajero, Bilbao 1970 (estudio ecum\u00e9nico).-Bourgeois, H.-Schaller, R, Mundo nuevo, nuevos di\u00e1conos, Herder, Barcelona 1968.-Carrillo, A, El diaconado femenino, Mensajero, Bilbao 1972.-Celam, Ministerios eclesiales en Am\u00e9rica Latina, Bogot\u00e1 1976.-Hornef, J, \u00bfVuelve el diaconado de la Iglesia primitiva?, Herder, Barcelona 1962.-Jubany, N, El diaconado y el celibato eclesi\u00e1stico, Herder, Barcelona 1964.-Schaller, R.-Denis, H, Los di\u00e1conos, en el mundo actual, Paulinas, Madrid 1968.-Useros Carretero, M, \u00bfNuevos di\u00e1conos? Informaci\u00f3n y reflexiones a prop\u00f3sito de una posible renovaci\u00f3n del diaconado, Flors, Barcelona 1962.-Winninger, P, \/lacia una renovaci\u00f3n del diaconado, Descl\u00e9e, Bilbao 1963.-Ver bibl. de Ministerio pastoral.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En la salutaci\u00f3n de Fil. 1:1, encontramos que los di\u00e1conos (la palabra significa \u00absirviente\u00bb) eran una de las dos \u00f3rdenes principales del ministerio en la iglesia apost\u00f3lica. Algunos sostienen que la instituci\u00f3n del diaconado se puede apreciar en Hch. 6, aunque esto no se afirma. M\u00e1s bien, encontramos aqu\u00ed una medida temporal para satisfacer una situaci\u00f3n particular. Pero el cargo lleg\u00f3 a mostrar su valor, por lo que despu\u00e9s se estableci\u00f3 como un oficio. Las caracter\u00edsticas de un di\u00e1cono aparecen en 1 Ti. 3:8\u201313. La honestidad y el guardar el misterio de la fe se requieren de ellos, pero no existe menci\u00f3n de ense\u00f1ar o algo as\u00ed. Las funciones parecen ser administrativas y financieras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leon Morris<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (167). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> traduce \u201cdi\u00e1cono\u201d en Fil. 1.1, mientras que en 1 Ti. 3 traduce \u201cdi\u00e1cono\u201d dos veces, y otras dos \u201cdiaconado\u201d; pero el vocablo <etiqueta id=\"#_ftn265\" name=\"_ftnref265\" title=\"\">gr. que as\u00ed se representa,<\/etiqueta> <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>diakonos<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018ministro\u2019 o \u2018sirviente\u2019) aparece unas 30 veces en el NT, y sus cognados <\/span><span style=''>diakne&#333;<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018ministrar\u2019) y <\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> (\u2018ministerio\u2019) aparecen, entre las dos, otras 70 veces. En la mayor parte de la centena de casos en que aparecen estos t\u00e9rminos no hay ning\u00fan indicio de significado t\u00e9cnico que se refiera a funciones especializadas en la iglesia; en unas pocas es necesario considerar hasta qu\u00e9 punto <\/span><span style=''>diakonos<\/span><span lang=ES style=''> y sus cognados han adquirido tal connotaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Derivaci\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>B\u00e1sicamente, <\/span><span style=''>diakonos<\/span><span lang=ES style=''> es un servidor, y a menudo el que sirve a la mesa, o sea camarero. En tiempos helen\u00edsticos tambi\u00e9n lleg\u00f3 a representar a ciertos funcionarios del culto y el templo (v\u00e9anse ejemplos en <etiqueta id=\"#_ftn266\" name=\"_ftnref266\" title=\"\"><i>MM<\/i><\/etiqueta>), que sirvieron de base al uso t\u00e9cnico cristiano. El sentido m\u00e1s general es com\u00fan en el NT, ya sea para los sirvientes reales (Mt. 22.13) o para un servidor de Dios (1 Ts. 3.2, <etiqueta id=\"#_ftn267\" name=\"_ftnref267\" title=\"\">TR). En un solo pasaje Pablo describe a Epafras como \u201cdi\u00e1cono\u201d de Cristo y a s\u00ed mismo como \u201cdi\u00e1cono\u201d del evangelio y de la iglesia (Col. 1.7, 23, 25). Otros ejercen <\/etiqueta><\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> hacia Pablo (Hch. 19.22; cf. Flm. 13 y quiz\u00e1s Col. 4.7; Ef. 6.21); el contexto muestra que en estos casos se trataba de sus ayudantes en la obra evangel\u00edstica. Buscar aqu\u00ed el origen de la idea posterior del obispo con su di\u00e1cono es forzar el lenguaje. En otras palabras, <\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> se aplica aqu\u00ed especialmente a la predicaci\u00f3n y la obra pastoral.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT, sin embargo, este t\u00e9rmino nunca pierde completamente su relaci\u00f3n con la provisi\u00f3n de necesidades materiales y el cumplimiento de servicios (cf., p. ej., Ro. 15.25 en el contexto; 2 Co. 8.4). El camarero sigue siendo <\/span><span style=''>diakonos<\/span><span lang=ES style=''> (Jn. 2.5, 9); el acto de Marta de servir la mesa (Lc. 10.40) y la atenci\u00f3n de la suegra de Pedro (Mr. 1.31) son casos de <\/span><span style=' '>diakonia<\/span><span lang=ES style=' '>. La insistencia de Cristo en que su venida ten\u00eda por objeto servir (Mr. 10.45) debe considerarse a la luz de esto. Es significativo el hecho de que en Lc. 22.26s la afirmaci\u00f3n de Cristo est\u00e9 ubicada en el contexto del servicio a la mesa. El Se\u00f1or es el di\u00e1cono por excelencia, el que sirve a la mesa de su pueblo. Y como nos muestran estos pasajes, el \u201cdiaconado\u201d es, en este sentido, una marca de toda su iglesia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. El diaconado en el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Como hemos visto, exist\u00eda una analog\u00eda contempor\u00e1nea para los \u201cdi\u00e1conos\u201d como funcionarios del culto. Por lo tanto, cuando vemos que se saluda a la iglesia \u201ccon los obispos y di\u00e1conos\u201d (Fil. 1.1), es natural que pensemos que es una referencia a dos clases particulares dentro de ella. Es verdad que Hort puede ver m\u00e1s bien los elementos \u201cdirigentes\u201d y \u201cservidores\u201d, que juntos forman la iglesia, pero es dudoso que pueda aplicarse esto a 1 Ti. 3, pasaje en el que vemos una lista de cualidades para los obispos, inmediatamente seguida por una lista paralela para los diaconos: sobriedad, rectitud, no ser dados a excesos y avaricia, probidad. Son cualidades particularmente apropiadas para aquellos cuyas responsabilidades son las finanzas y la administraci\u00f3n, y la prominencia del servicio social en la iglesia primitiva har\u00eda de <\/span><span style=''>diakonos<\/span><span lang=ES style=''> un t\u00e9rmino especialmente adecuado para tales personas, y aun m\u00e1s dado que la fiesta de amor, que literalmente comprend\u00eda servicio a la mesa, era un medio regular de ejercer la caridad. Si bien <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> es una marca de toda la iglesia, tambi\u00e9n es un don especial\u2014paralelo a la profec\u00eda y la administraci\u00f3n, pero diferente del ofrendar generoso\u2014que debe ser ejercido por los que lo poseen (Ro. 12.7; 1 P. 4.11). Y si bien podemos con justicia llamar \u201cdi\u00e1cono\u201d a todo servidor de Cristo, es un t\u00e9rmino que puede aplicarse particularmente a los que ministran, como Febe (Ro. 16.1), de las formas mencionadas. Pero es incierto que el diaconado haya existido universalmente bajo este nombre, o que, por ejemplo, \u201clos que ayudan\u201d en Corinto (1 Co. 12.28) fueran equivalentes a los \u201cdi\u00e1conos\u201d de Filipos. Poco hay que sugiera que en la \u00e9poca del NT el t\u00e9rmino \u201cdi\u00e1cono\u201d llegara a adquirir un sentido mayor que el de un t\u00e9rmimo semit\u00e9cnico, o que tenga alguna relaci\u00f3n con el <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>&#7717;azz&#257;n<\/span><span lang=ES style=' '> jud\u00edo (* <span style='text-transform: uppercase'>Sinagoga<\/span>). Es significativo el que, inmediatamente despu\u00e9s de enumerar las cualidades de los di\u00e1conos, Pablo retorna al sentido general de la palabra al exhortar a Timoteo mismo (1 Ti. 4.6. Cf. <etiqueta id=\"#_ftn268\" name=\"_ftnref268\" title=\"\">tamb. 1 P. 4.10 con 4.11).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A menudo se considera que el relato de Hch. 6 sobre el nombramiento, por parte de la iglesia de Jerusal\u00e9n, de siete hombres aprobados para supervisar la administraci\u00f3n del fondo para las viudas, constituye la instituci\u00f3n formal del diaconado. Es dudoso que haya base suficiente para pensar as\u00ed. Si dejamos de lado las teor\u00edas que no se pueden probar pero que consideran que esos siete constitu\u00edan la contrapartida helen\u00edstica de los Doce, podemos notar, primero, que nunca se les llama \u201cdi\u00e1conos\u201d a los siete, y segundo, que en las ocasiones en que se emplean los cognados se los aplica igualmente a la <\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> de la Palabra ejercida por los Doce (v. 4) como a la de las mesas (ya sea en relaci\u00f3n con comidas o con dinero) que ejerc\u00edan los siete (v. 2). La imposici\u00f3n de manos es demasiado com\u00fan en Hch. para que la consideremos como una etapa especial en este caso (* <span style='text-transform:uppercase'>Ordenaci\u00f3n<\/span>), y la actividad de Esteban y de Felipe muestra que los siete no ten\u00edan como \u00fanico cometido el servicio de las mesas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No podemos descartar f\u00e1cilmente, sin embargo, la afirmaci\u00f3n de Lightfoot de que el lugar que asigna Lucas al incidente refleja su parecer en cuanto a su elevada significaci\u00f3n. Se trata de \u201cuno de esos hechos representativos que conforman casi enteramente la primera parte de su relato\u201d (<i>Philippians<\/i><sup>5<\/sup>, pp. 188). Su significaci\u00f3n reside, sin embargo, no en la instituci\u00f3n de un orden en la jerarqu\u00eda ministerial, sino en el hecho de ser el primer ejemplo de la delegaci\u00f3n de responsabilidades administrativas y sociales en quienes ten\u00edan car\u00e1cter y dones apropiados, y que resultar\u00eda t\u00edpica de las iglesias gentiles, y el reconocimiento de tales deberes como parte del ministerio de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El uso eclesi\u00e1stico institucionaliz\u00f3 y limit\u00f3 la concepci\u00f3n neotestamentaria. La literatura no can\u00f3nica primitiva reconoce la existencia de di\u00e1conos, sin especificar sus funciones (cf. <i>1 Clemente<\/i> 42; Ignacio, <i>Magnesianos<\/i> 2. 1; <i>Tralianos<\/i> 2. 3; 7. 3). En la literatura posterior vemos a los di\u00e1conos ocup\u00e1ndose de funciones tales como la atenci\u00f3n de los enfermos, lo que debe haber formado parte de la <\/span><span style=''>diakonia<\/span><span lang=ES style=''> cristiana en tiempos apost\u00f3licos; pero sus deberes en la eucarist\u00eda (por la v\u00eda del servicio en las mesas durante la comida comunal [?]), y sus relaciones personales con el obispo mon\u00e1rquico se tornaron cada vez m\u00e1s prominentes. La limitaci\u00f3n ocasional del diaconado a siete se debe probablemente a una deliberada arcaizaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> O. Cullmann, <i>La fe y el culto en la iglesia primitiva<\/i>, 1971; L. Rubio, R. S. Chamoso, D. Borobio, <i>Los ministerios en la iglesia<\/i>, 1985; J. Delorme, <i>El ministerio de los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento<\/i>, 1975; B. D. Dupuy, \u201dTeolog\u00eda de los ministerios\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, 1984, vv. IV, t(t). II, pp. 473\u2013482; L. Coenen, \u201cServicio\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn269\" name=\"_ftnref269\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). IV, pp. 212\u2013221; G. Kittel, <i>Igreja do Novo Testamento<\/i>, 1965; F.. Lacueva, <i>La iglesia cuerpo de Cristo<\/i>, 1973; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1978, t(t). IV, pp. 310ss.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>H. W. Beyer, <etiqueta id=\"#_ftn270\" name=\"_ftnref270\" title=\"\"><i>TDNT <\/i><\/etiqueta>2, pp. 81\u201393; J. B. Lightfoot, <i>The Christian Ministry<\/i> (= <i>Philippians<\/i><sup>5<\/sup>, pp. 181ss); F. J. A. Hort, <i>The Christian Ecclesia<\/i>, 1897, pp. 198ss; A. M. Farrer en <i>The Apostolic Ministry<\/i>, eds. K. E. Kirk, 1946, <etiqueta id=\"#_ftn271\" name=\"_ftnref271\" title=\"\">esp. pp. 142ss; B. Reicke, <\/etiqueta><i>Diakonie, Festfreude und Zelos<\/i>, 1951, pp. 9ss; K. Hess, <etiqueta id=\"#_ftn272\" name=\"_ftnref272\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>3, pp. 544\u2013553.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>A.F.W.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Definici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Origen e historia primitiva del diaconado<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Deberes de los di\u00e1conos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Vestiduras y n\u00famero de di\u00e1conos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Car\u00e1cter sacramental del diaconado<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Los di\u00e1conos fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Definici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra di\u00e1cono (diakonos) \u00fanicamente significa ministro o servidor y es utilizada en este sentido tanto en los Setenta (aunque s\u00f3lo en el libro de Ester, 2,2; 4, 3) como en el Nuevo Testamento (Mat. 20, 28; Rom. 15, 25; Ef 3,7; etc.) Pero en los tiempos apost\u00f3licos la palabra empez\u00f3 a adquirir un significado m\u00e1s definido y t\u00e9cnico. En sus escritos de alrededor del a\u00f1o 63 d.C., san Pablo se dirige \u00aba todos los santos que viven en Filipo, junto con los obispos y los di\u00e1conos\u00bb (Fil 1,1). Unos pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde (1 Tim 3,8 ss) \u00e9l insiste a Timoteo que \u00ablos di\u00e1conos deben ser castos, no mal hablados, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios, que guarden el misterio de la fe con una conciencia pura.\u00bb Dice adem\u00e1s que a ellos \u00abprimero se les someter\u00e1 a prueba y despu\u00e9s, si fuesen irreprensibles, ser\u00e1n di\u00e1conos.\u00bb Y a\u00f1ade que deben ser casados una sola vez y que gobiernen bien a sus hijos y a su propia casa. Porque los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jes\u00fas.\u00bb Hay que destacar este pasaje porque no s\u00f3lo describe las calidades deseables en los candidatos al diaconado sino que tambi\u00e9n sugiere que administraci\u00f3n externa y manejo de dinero pueden llegar a ser parte de sus funciones.\n<\/p>\n<h2>Origen e historia primitiva del diaconado<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo a la tradici\u00f3n constante de la Iglesia Cat\u00f3lica, la narraci\u00f3n de Hechos 6, 1-6, que sirve de presentaci\u00f3n al martirio de san Esteban, describe la instituci\u00f3n inicial del oficio de di\u00e1cono. Los ap\u00f3stoles, para satisfacer las quejas de los jud\u00edos helenistas de que \u00absus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana\u00bb (diakonia), convocaron la asamblea de los disc\u00edpulos y dijeron: \u00abNo est\u00e1 bien que nosotros abandonemos la palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Esp\u00edritu y de saber, y los pondremos al frente de esa tarea; mientras que nosotros nos dedicamos a la oraci\u00f3n y al ministerio de la palabra (te diakonia tou logou). La propuesta le pareci\u00f3 bien a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Esp\u00edritu Santo (junto con otros seis all\u00ed nombrados). Los presentaron \u00aba los ap\u00f3stoles y, habiendo hecho oraci\u00f3n, les impusieron las manos.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, en vista de que los siete no son llamados expresamente di\u00e1conos y que algunos de ellos (p. ej. San Esteban y luego Felipe (Hechos 21,8)) predicaron y fueron tenidos al mismo nivel de los ap\u00f3stoles, los comentaristas protestantes se han opuesto a la asimilaci\u00f3n de esta escogencia de los siete con la instituci\u00f3n del diaconado. Pero aparte del hecho de que la tradici\u00f3n entre los Padres es un\u00e1nime y temprana -p. ej. San Ireneo (Adv. Haer., 3,12, 10 y 4, 15, 1) habla de san Esteban como el primer di\u00e1cono-es notable la semejanza entre las funciones de los siete que serv\u00edan las mesas y las de los primeros di\u00e1conos. Comparar por ejemplo, las per\u00edcopas de Hechos y 1 Tim 3,8 ss citadas arriba, con la siguiente afirmaci\u00f3n de Hermas (Sim. 9,26):\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEsos que tienen manchas son los di\u00e1conos que ejercieron mal su oficio y se quedaron con el dinero de las viudas y de los hu\u00e9rfanos y se aprovecharon de los estipendios recibidos por su ministerio\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O, de nuevo, San Ignacio (Escrito a los Tralianos):\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAquellos que son di\u00e1conos de los misterios de Jesucristo deben agradar en todas las formas a todos los hombres. Porque ellos no son di\u00e1conos de comidas y bebidas (solamente) sino servidores de la iglesia de Dios\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Clemente de Roma (aprox. 95 d.C.) describe la instituci\u00f3n de los di\u00e1conos junto a la de los obispos como hecha por los ap\u00f3stoles mismos (Ep. Clem. 10,3). Adem\u00e1s debemos notar que la antigua tradici\u00f3n limitaba a siete el n\u00famero de di\u00e1conos en Roma (Eusebio, Hist. de la Iglesia, xliii) y que un canon del concilio de Cesarea (325) prescribi\u00f3 la misma restricci\u00f3n para todas las ciudades, sin importar el tama\u00f1o, ateni\u00e9ndose directamente a los Hechos de los Ap\u00f3stoles como un precedente. Nos parece, por lo tanto, completamente justificada la identificaci\u00f3n de las funciones de los siete con las de los di\u00e1conos de quienes o\u00edmos hablar tanto a los Padres Apost\u00f3licos en los primeros concilios. Establecidos principalmente para relevar a los obispos y a los presb\u00edteros de sus deberes m\u00e1s seculares y desagradables, especialmente al distribuir las almas de los creyentes, no tenemos m\u00e1s que recordar el gran lugar ocupado por el \u00e1gape, o las conmemoraciones, en la primitiva adoraci\u00f3n de la iglesia, para entender la facilidad con que el deber de servir a las mesas se convirti\u00f3 en el privilegio de servir al altar. Se convirtieron en intermediarios naturales entre el celebrante y la gente. En el templo, ellos hac\u00edan anuncios p\u00fablicos, organizaban la congregaci\u00f3n, conservaban el orden y cosas por el estilo. Fuera de eso, eran los delegados del obispo en asuntos seculares y especialmente para el servicio de los pobres. El quedarse de pie durante las asambleas p\u00fablicas de la iglesia parece que indicaba su subordinaci\u00f3n y sus deberes de servicio en general, mientas que los obispos y los presb\u00edteros permanec\u00edan sentados. Debe notarse que junto con esas funciones, probablemente cargaban con una gran parte de la instrucci\u00f3n de los catec\u00famenos y la preparaci\u00f3n de los servicios del altar. Hasta en los Hechos de los Ap\u00f3stoles (8,38), el sacramento del Bautismo es administrado por el di\u00e1cono Felipe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recientemente se ha tratado, aunque algunos lo cree algo fantasioso, de encontrar el origen del diaconado en la organizaci\u00f3n de las primitivas comunidades helen\u00edstico-cristianas que en las primeras \u00e9pocas de la iglesia ten\u00edan todo en com\u00fan y eran apoyadas por los creyentes. Para ellos es claro que alg\u00fan dirigente (oeconomus) debe haber sido nombrado para administrar sus asuntos temporales (Ver Diakonen der Bischofe und Presbyter, 1905). La presentaci\u00f3n completa del asunto es algo intrincada y confusa para encontrar lugar aqu\u00ed. Content\u00e9monos con notar que menos dificultad tiene la teor\u00eda del mismo escritor para diferenciar las funciones judiciales y administrativas del archidi\u00e1cono, de los deberes impuestos a un miembro escogido del colegio diaconal, que era llamado el di\u00e1cono del obispo (diaconus episcopi) porque estaba comprometido con la administraci\u00f3n temporal de fondos y limosnas de las que el obispo era el principal responsable. Con el tiempo, esto condujo a una cierta posici\u00f3n judicial y legal y a la vigilancia del clero subordinado. Para todo esto ver ARCHIDI\u00c1CONO.\n<\/p>\n<h2>Deberes de los di\u00e1conos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. No hay discusi\u00f3n en el sentido de que algunos, si no todos los miembros del colegio diaconal eran en todas partes administradores de los dineros de la iglesia y de las limosnas recogidas para las viudas y los hu\u00e9rfanos. Encontramos a san Cipriano hablando de Nicostrato como quien defraud\u00f3 a viudas y hu\u00e9rfanos y tambi\u00e9n rob\u00f3 a la iglesia (Cyp., Ep. X1ix, a Cornelio). Eso pudo ocurrir con facilidad porque la mayor\u00eda de las ofrendas pasaban por sus manos. Las donaciones que la gente tra\u00eda y no entregaba directamente al obispo se le presentaban a trav\u00e9s de ellos (Apost. Const. II, xxvii) y ellos tambi\u00e9n ten\u00edan que distribuir entre las diversas \u00f3rdenes del clero y en proporciones fijas las oblaciones (eulogias) que quedaban despu\u00e9s de la liturgia. No hay duda de que funciones del di\u00e1cono como estas son las que san Jer\u00f3nimo llama mensarum et viduarum minister (Hieron.Ep. Ad Evang.). Ellos buscaban afuera a los pobres y a los enfermos, informaban al obispo de sus necesidades y segu\u00edan sus instrucciones en todas las cosas. Invitaban a las ancianas y probablemente a otras tambi\u00e9n, a los \u00e1gapes. En cuanto al obispo, ellos deb\u00edan relevarlo de las funciones m\u00e1s exigentes y menos importantes y as\u00ed llegaron a ejercitar en cierta medida una jurisdicci\u00f3n en los casos m\u00e1s sencillos que les eran remitidos para su decisi\u00f3n. En forma parecida, ellos buscaban a los culpables y sus agentes. En resumen, como las Constituciones Apost\u00f3licas lo declaran (II, x1liv) ellos deb\u00edan ser \u00abo\u00eddos y ojos y boca y coraz\u00f3n\u00bb, o, como se dice en todas partes, \u00absu alma y sus sentidos.\u00bb (psyche kai aisthesis) (Apost., Const., III, xix).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. De Nuevo, tal como las Constituciones Apost\u00f3licas lo explican en alg\u00fan detalle, los di\u00e1conos eran los guardianes del orden en el templo. Ellos observaban que los creyentes ocuparan sus lugares y que nadie conversara en voz baja o durmiera. Deb\u00edan dar la bienvenida a los pobres y a los ancianos y se preocupaban de que tuvieran un buen puesto en el templo. Se paraban en la puerta del ba\u00f1o reservado para los hombres para asegurarse de que durante la liturgia nadie entrara o saliera y, como dice san Juan Cris\u00f3stomo en t\u00e9rminos generales: \u00absi alguien se comporta mal, al di\u00e1cono debe llam\u00e1rsele la atenci\u00f3n\u00bb (Hom. Xxiv, in Act. Apost.). fuera de esto, ellos estaban ocupados principalmente en el ministerio directo del altar, alistando los vasos sagrados, trayendo el agua para las abluciones, etc. Aunque en tiempos posteriores, muchos de estos deberes fueron asignados a cl\u00e9rigos de un grado inferior. M\u00e1s especialmente, ellos eran visibles por su administraci\u00f3n y direcci\u00f3n de la congregaci\u00f3n durante el servicio. Hasta hoy, como se recordar\u00e1, anuncios tales como Ite, missa est, Flectamus genua, Procedamus in pace, son hechos siempre por el di\u00e1cono; aunque esta funci\u00f3n fue m\u00e1s acentuada en los primeros tiempos. El siguiente texto, tomado del recientemente descubierto \u00abTestamento de Nuestro Se\u00f1or\u00bb, un documento de finales del siglo cuarto, se puede citar como un ejemplo interesante de una proclamaci\u00f3n tal como era hecha por el di\u00e1cono justo antes de la an\u00e1fora:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pong\u00e1monos de pie; que cada uno sepa su puesto. Dejemos salir a los catec\u00famenos. Que no se queden los sucios ni los descuidados. Levanten los ojos de sus corazones. Los \u00e1ngeles nos miran. Vean, dejemos que se vayan los sin fe. Que no haya ad\u00falteros ni hombres furiosos aqu\u00ed. Si alguno es esclavo del pecado, dej\u00e9moslo ir. Veamos, supliquemos como hijos de la luz. Supliquemos a nuestro Se\u00f1or y Dios y Salvador, Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. El deber especial del di\u00e1cono de leer el Evangelio parece haber sido reconocido desde un principio, pero no parece haber sido tan distintivo como ha llegado a serlo en la Iglesia Occidental. Sozomen dice que en la iglesia de Alejandr\u00eda el Evangelio s\u00f3lo pod\u00eda ser le\u00eddo por el archidi\u00e1cono, pero que en los otros lugares, los di\u00e1conos ordinarios desempe\u00f1aban ese oficio, despu\u00e9s devuelto s\u00f3lo a los sacerdotes. Puede ser esta relaci\u00f3n con el Evangelio lo que condujo a las Constituciones Apost\u00f3licas (VIII, iv) a establecer que los di\u00e1conos deb\u00edan sostener el libro de los Evangelios abierto sobre la cabeza del obispo electo durante la ceremonia de su consagraci\u00f3n. Con la lectura del Evangelio debe probablemente tambi\u00e9n relacionarse la ocasional aunque rara, aparici\u00f3n del di\u00e1cono en el oficio de predicador. El segundo concilio de Vaison (529) declar\u00f3 que un sacerdote podr\u00eda predicar en su propia parroquia, pero cuando estuviera enfermo, un di\u00e1cono deber\u00eda leer una homil\u00eda de uno de los Padres de la Iglesia e insistiendo en que los di\u00e1conos, si pod\u00edan leer el Evangelio, necesariamente podr\u00edan leer un trabajo de un autor humano. Siempre fue rara la predicaci\u00f3n de un di\u00e1cono, a pesar del precedente del di\u00e1cono Felipe y el obispo arriano de Antioquia, Leoncio, fue censurado por permitir predicar a su di\u00e1cono Aetius. (Philostorgias, III, xvii). Por otra parte, dicen todas las autoridades de la \u00e9poca que el gran predicador de la Iglesia Siria Oriental, Efr\u00e9n Siro, era apenas un di\u00e1cono, aunque una frase de sus propios escritos (Opp. Syr., III, 467, d) deja en duda el hecho. Pero la frase atribu\u00edda a Hilario Di\u00e1cono, nunc neque diaconi in popolo praedicant (ni los di\u00e1conos predican ahora a la gente), representa indudablemente la regla ordinaria en el siglo cuarto y despu\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. En cuanto a la gran acci\u00f3n de la liturgia, parece claro que el di\u00e1cono tuvo siempre, en Oriente y Occidente, una relaci\u00f3n muy especial con los vasos sagrados, la hostia y el c\u00e1liz, antes y despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n. El concilio de Laodicea (can. Xxi) prohibi\u00f3 a las \u00f3rdenes inferiores del clero el entrar al diaconium o tocar los vasos sagrados y un canon del primer concilio de Toledo estipula que los di\u00e1conos que han sido sometidos a penitencias p\u00fablicas deben permanecer en el futuro con los subdi\u00e1conos y entonces ser separados del manejo de estos vasos. Por otra parte, aunque los subdi\u00e1conos asumieron despu\u00e9s sus funciones, originalmente eran s\u00f3lo los di\u00e1conos quienes:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Presentaban las ofrendas de los creyentes en el altar y especialmente el pan y el vino para el sacrificio,<\/li>\n<li> Proclamaban los nombres de quienes hab\u00edan contribuido (Jer\u00f3nimo, Com. In Ezech., xviii)<\/li>\n<li> Llevaban a la reserva en la sacrist\u00eda lo que hab\u00eda sobrado y estaba consagrado y,<\/li>\n<li> Entregaban el c\u00e1liz y, a veces, la sagrada hostia, a quienes comulgaban.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apareci\u00f3 la pregunta de si los di\u00e1conos podr\u00edan dar la comuni\u00f3n a los sacerdotes pero la pr\u00e1ctica fue prohibida por impropia en el primer concilio de Nicea (Hefele-LeClerq. I 610-614). En estas funciones, que se pueden remontar al tiempo de Justino m\u00e1rtir (Apol., lxv, lxvii; cf. Tertuliano, De Spectac., xxv., y Cipiano, De Lapsis, xxv), se insist\u00eda con frecuencia , a pesar de algunas restricciones, en que el oficio del di\u00e1cono est\u00e1 enteramente subordinado al del celebrante, sea obispo o sacerdote (Apost. Const., VIII, xxviii, xlvi; y Hefele-LeClerq, I, 291 y 612). Aunque algunos di\u00e1conos parecen haber usurpado localmente el poder de ofrecer el Santo Sacrificio (offerre) este abuso fue severamente sancionado en el concilio de Arles (314) y no hay nada que apoye la idea de que el di\u00e1cono en forma apropiada pudiera consagrar el c\u00e1liz, como hasta Onslow (in Dict. Christ., Ant., I, 530) lo permite ampliamente, aunque una frase muy ret\u00f3rica de san Ambrosio (De Ofic.., Min., 1, xli) haya sugerido lo contrario. El cuidado del c\u00e1liz ha permanecido como una atribuci\u00f3n especial del di\u00e1cono, hasta los tiempos modernos. Todav\u00eda hoy en la misa, las r\u00fabricas establecen que cuando el c\u00e1liz es ofrecido, el di\u00e1cono debe soportar el pie del c\u00e1liz o el brazo del sacerdote y repetir con \u00e9l las palabras: Offerimus tibi, Domine, calicem salutris, etc. Como lo muestra un estudio cuidadoso del primer \u00abOrdo romanus\u00bb el archidi\u00e1cono dela misa papal parece presidir con el c\u00e1liz, y es \u00e9l y sus compa\u00f1eros di\u00e1conos quienes, despu\u00e9s de que la gente ha comulgado bajo la forma de pan, les presenta a ellos el calicem ministerialem con la Preciosa Sangre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Los di\u00e1conos tambi\u00e9n estuvieron \u00edntimamente asociados a la administraci\u00f3n del sacramento del Bautismo. Realmente, a ellos s\u00f3lo se les permit\u00eda bautizar en caso de grave necesidad (Apost. Const., VII, xlvi niega expresamente cualquier deducci\u00f3n obtenida del bautizo del eunuco por Felipe), pero pregunta por los candidatos, su instrucci\u00f3n y preparaci\u00f3n, la custodia del crisma, que los di\u00e1conos fueron a buscar cuando fueron consagrados, y ocasionalmente la administraci\u00f3n real del sacramento como los delegados del obispo, parecen haber formado parte de sus funciones reconocidas. Entonces san Jer\u00f3nimo escribe: \u00absine chrismate et episcopi jussione neque prebyteri neque diaconi jus habiant baptizandi.\u00bb ( Sin crisma y la orden del obispo, ni presb\u00edteros ni di\u00e1conos tienen el derecho de bautizar. -\u00abDial. C. Luciferum\u00bb, iv) Su posici\u00f3n en el sistema penitencial fue an\u00e1loga. Como una regla, su acci\u00f3n era s\u00f3lo intermediaria y preparativa y es interesante notar lo prominente de la parte desempe\u00f1ada por el archidi\u00e1cono como intercesor en la forma para la reconciliaci\u00f3n de penitentes el Jueves Santo todav\u00eda impresa en el Pontifical Romano. Pero algunas frases de los primeros documentos sugieren que en caso de necesidad los di\u00e1conos algunas veces absolv\u00edan. Entonces san Cipriano escribe (Ep., xviiii, 1) que si \u00abno se puede conseguir un sacerdote y la muerte parece inminente, los enfermos tambi\u00e9n pueden hacer la confesi\u00f3n de sus pecados a un di\u00e1cono que extendiendo las manos sobre ellos en penitencia, puedan llegar al Se\u00f1or en paz\u00bb (ut mano eis in poenitentiam imposita veniant ad dominum cum pace). Se ha debatido mucho si este y casos semejantes podr\u00edan haber constituido una absoluci\u00f3n sacramental, pero algunso te\u00f3logos cat\u00f3licos no han dudado en dar una respuesta afirmativa. (Vwer p. ej. Rauschen, Eucharistie und Buss-Sakrament, 1908, p. 132). Sin duda en la Edad Media la confesi\u00f3n en caso de necesidad se hizo con frecuencia aun di\u00e1cono; pero tambi\u00e9n se hizo igualmente a un laico y, ante la imposibilidad del Sagrado Vi\u00e1tico, hasta hierba era comida devotamente como una forma de comuni\u00f3n espiritual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para resumir, las varias funciones asignadas a los di\u00e1conos fueron establecidas concisamente por san Isidoro de Sevilla, en el siglo s\u00e9ptimo, en su carta a Leudefredo: \u00abA los di\u00e1conos les corresponde ayudar a los sacerdotes y servir (ministrare) en todo lo que se hace en los Sacramentos de Cristo, en el bautismo, testigo, con el santo crisma, con la patena y el c\u00e1liz, traer la oblaci\u00f3n al altar y arreglarlo, preparar la mesa del Se\u00f1or y revestirla, cargar la cruz, proclamar (proedicare) el evangelio y la ep\u00edstola, porque as\u00ed como los lectores proclaman el Antiguo Testamento, los di\u00e1conos deben proclamar el Nuevo. A \u00e9l tambi\u00e9n le corresponde el oficio de oraciones (officium precum) y la pronunciaci\u00f3n de los nombres. \u00c9l es quien nos invita a abrir nuestros o\u00eddos al Se\u00f1or, \u00e9l es quien exhorta con su preg\u00f3n y tambi\u00e9n quien anuncia la paz\u00bb. (Migne., P.L.., LXXXII, 895) En los primeros tiempos, tal como lo muestran muchos epitafios cristianos existentes, el tener una buena voz era una cualidad esperada en los candidatos al diaconado. Dulcea nectario promebat mella canore se escribi\u00f3 del di\u00e1cono Redempto en el tiempo del papa D\u00e1maso, y el mismo epitafio aclaraba que el di\u00e1cono hab\u00eda tenido mucho que ver con el canto, no solo de la ep\u00edstola y el evangelio, sino tambi\u00e9n de los salmos como solista. En el siglo quinto se escribi\u00f3 del archidi\u00e1cono Deusdedit:\n<\/p>\n<p>Hic levitarum primus, in ordine vivens<br \/>\nDavidici cantor carminis iste fuit.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el papa Gregorio el Grande en el concilio de 595 aboli\u00f3 los privilegios de los di\u00e1conos relacionados con el canto de los salmos (D\u00fachense, Christian Worship, vi) y cantores corrientes los reemplazaron en sus funciones. Sin embargo, a\u00fan as\u00ed, algunos de los cantos m\u00e1s hermosos de la liturgia de la Iglesia, se le han confiado a los di\u00e1conos, especialmente el proeconium paschale, mejor conocido como el Exultet, la oraci\u00f3n consagratoria con que se bendice el cirio pascual el S\u00e1bado Santo. Esta ha sido elogiada con frecuencia como el m\u00e1s perfecto ejemplo de canto gregoriano, y es cantado todo por el di\u00e1cono.\n<\/p>\n<h2>Vestiduras y n\u00famero de di\u00e1conos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros desarrollos de las vestiduras eclesi\u00e1sticas son muy oscuros y los complica la dificultad de identificar con seguridad los objetos indicados apenas por un nombre. Sin embargo, con seguridad tanto en Oriente como en occidente, una estola, u orarium (orarion) que sustancialmente parece haber sido id\u00e9ntica a los que hoy entendemos por el t\u00e9rmino, ha sido desde los primeros tiempos el atuendo distintivo del di\u00e1cono. Tanto en Oriente como en Occidente ha sido usada por el di\u00e1cono sobre el hombro izquierdo, y no alrededor del cuello, como la de un sacerdote. Los di\u00e1conos, de acuerdo al cuarto concilio de Toledo (633), deben usar una estola (Orarium -orarium quia orat, id est proedicat) sobre el hombro izquierdo, y el derecho se deja libre para significar la diligencia con que ellos deben dedicarse a sus funciones sagradas. Es interesante notar como una curiosidad la supervivencia de una antigua tradici\u00f3n de que el di\u00e1cono en una de las misas de Cuaresma en la Edad Media se quitaba su casulla, y la arrollaba sobre su hombro izquierdo para dejar libre su mano derecha. Hoy todav\u00eda se quita su casulla durante la parte central de la misa y la reemplaza con una estola ancha. En el Oriente, el concilio de Laodicea, en el siglo cuarto, prohibi\u00f3 a los subdi\u00e1conos el uso de la estola (orarion) y un pasaje de san Juan Cris\u00f3stomo (Hom. In Fil. Prod.) se refiere al movimiento de las livianas vestiduras sobre el hombro izquierdo de aquellos que ayudan en el altar, describiendo evidentemente las estolas de los di\u00e1conos. El di\u00e1cono todav\u00eda usa su estola sobre el hombro izquierdo aunque, excepto en el rito ambrosiano en Mil\u00e1n, debajo de su dalm\u00e1tica. La dalm\u00e1tica misma, ahora considerada como un distintivo del di\u00e1cono, estaba limitada originalmente a los di\u00e1conos de Roma, y el uso de tales vestiduras fuera de Roma era permitido como un privilegio especial por los primeros papas. Tal concesi\u00f3n fue hecha aparentemente por ejemplo, por el papa Esteban II (752-757) al Abad Fulrad de san Denis permitiendo que seis di\u00e1conos usaran la stola dalmaticae decoris (sic) cuando desempe\u00f1aran sus funciones sagradas (Braun, die liturgische Gewandung, p. 251). De acuerdo al \u00abLiber Pontificalis\u00bb del papa san Silvestre (314-335) constituit ut diaconi dalmaticis in ecclesia uterentur (ordenaba que los di\u00e1conos deber\u00edan usar dalm\u00e1tica en la iglesia), pero esta afirmaci\u00f3n es muy poco confiable. Por otra parte, es pr\u00e1cticamente seguro que las dalm\u00e1ticas eran usadas en Roma tanto por el papa como por sus di\u00e1conos en la \u00faltima mitad del siglo cuarto (Braun, op. cit., p249). En cuanto a la manera de vestirla, despu\u00e9s del siglo d\u00e9cimo s\u00f3lo en Mil\u00e1n y el sur de Italia los di\u00e1conos llevaban la estola sobre la dalm\u00e1tica, pero con anterioridad, eso hab\u00eda sido costumbre en muchas partes en Occidente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto al n\u00famero de los di\u00e1conos, hab\u00eda mucha variaci\u00f3n. En las ciudades m\u00e1s importantes hab\u00eda siete normalmente, siguiendo el ejemplo de la Iglesia de Jerusal\u00e9n en Hech, 6, 1-6. En Roma hab\u00eda siete en tiempos del papa Cornelio y esta sigui\u00f3 siendo la regla hasta el siglo once, cuando el n\u00famero de di\u00e1conos se aument\u00f3 de siete a catorce. Esto estaba de acuerdo con el canon xv del concilio de Neo-Cesarea incorporado en el \u00abCorpus Juris\u00bb. El \u00abTestamento de Nuestro Se\u00f1or\u00bb habla de doce sacerdotes, siete di\u00e1conos, cuatro subdi\u00e1conos y tres viudas con precedencia. Sin embargo, esta regla no se mantuvo constante. En Alejandr\u00eda, por ejemplo, en \u00e9pocas tan tempranas como el siglo cuarto, aparentemente debieron ser m\u00e1s de siete di\u00e1conos, porque se nos dice que nueve estuvieron contra Arrio. Otras regulaciones parecen sugerir tres como un n\u00famero corriente. En la edad Media casi cada lugar ten\u00eda sus propias costumbres sobre el n\u00famero de di\u00e1conos y subdi\u00e1conos que pod\u00edan asistir a una misa pontifical. El n\u00famero de siete di\u00e1conos y siete subdi\u00e1conos no era raro en muchas di\u00f3cesis en d\u00edas de gran solemnidad. Pero la gran diferencia entre el diaconado en las primeras \u00e9pocas y el tiempo presente descansa probablemente en eso, que en los tiempos primitivos el diaconado fue considerado generalmente, de pronto en consideraci\u00f3n al conocimiento de m\u00fasica que exig\u00eda, como un estado que era permanente y final. Un hombre permanec\u00eda como simple di\u00e1cono toda su vida, Hoy en d\u00eda, excepto en los casos m\u00e1s raros, (los cardenales di\u00e1conos algunas veces contin\u00faan permanentemente como meros di\u00e1conos), el diaconado es simplemente una etapa en ekl camino al sacerdocio. (Nota: el diaconado permanente fue restaurado en el Rito Latino despu\u00e9s del Segundo Concilio Vaticano).\n<\/p>\n<h2>Car\u00e1cter sacramental del diaconado<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque algunos te\u00f3logos como Cayetano y Durero se han arriesgado a dudar si el Sacramento del Orden es recibido por los di\u00e1conos, puede decirse que hoy generalmente se acepta que los decretos del concilio de Trento han decidido el asunto contra ellos. El concilio no s\u00f3lo establece que el Orden es real y verdaderamente un sacramento, sino que prohibe bajo anatema (Sess. VVIII, can.ii) que cualquiera niegue \u00abque hay en la Iglesia otras \u00f3rdenes mayores y menores por medio de las cuales se avanza hacia el sacerdocio\u00bb, e insiste en que el obispo ordenante no solo no dice en vano \u00abrecibe el Esp\u00edritu Santo\u00bb, sino que el rito de la ordenaci\u00f3n imprime un car\u00e1cter. Ahora, no s\u00f3lo encontramos en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, como se dijo antes, oraci\u00f3n e imposici\u00f3n de las manos en la iniciaci\u00f3n de los siete, sino el mismo car\u00e1cter sacramental que sugiere que la comunicaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo es evidente en el rito de ordenaci\u00f3n tal como se practicaba en la primitiva iglesia y todav\u00eda hoy. En las Constituciones Apost\u00f3licas leemos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un di\u00e1cono nombrar\u00e1s, O Obispo, imponiendo tus manos sobre \u00e9l, con todo el presbiterio y los di\u00e1conos de pie a tu lado; y orando sobre \u00e9l dir\u00e1s: Dios Todopoderoso&#8230;permite que nuestras s\u00faplicas lleguen a tus o\u00eddos y deja que tu faz brille sobre tu servidor que est\u00e1 destinado para el oficio de di\u00e1cono (eis diakonian) y ll\u00e9nalo con el Esp\u00edritu y con poder, como llenaste a Esteban, el m\u00e1rtir y seguidor de los sufrimientos de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ritual de la ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos hoy en d\u00eda es como sigue: primero el obispo pregunta al archidi\u00e1cono si los que van a ser promovidos al diaconado son dignos para el oficio y luego invita al clero y al pueblo a mencionar cualquier objeci\u00f3n que puedan tener. Despu\u00e9s de una corta pausa el obispo explica a los ordinandi los deberes y privilegios de un di\u00e1cono mientras ellos permanecen arrodillados unos momentos. Al terminar sus palabras, ellos se postran y el obispo junto con le clero, recitan las letan\u00edas de los santos mientras el obispo imparte tres veces su bendici\u00f3n. Despu\u00e9s de algunas otras plegarias en las que el obispo contin\u00faa invocando la gracia de Dios para los candidatos, canta un corto prefacio en el que expresa la alegr\u00eda de la iglesia al ver la multiplicaci\u00f3n de sus ministros. Viene enseguida la parte m\u00e1s esencial de la ceremonia. El obispo extiende su mano derecha y la coloca sobre la cabeza de cada uno de los ordinandi, diciendo, \u00abRecibe la fortaleza del Esp\u00edritu Santo y para resistir al demonio y sus tentaciones, en el nombre del Se\u00f1or\u00bb. Luego extendiendo su mano sobre todos los candidatos juntos dice: Te pedimos Se\u00f1or, que env\u00edes sobre ellos el Esp\u00edritu Santo con el cual sean fortalecidos para el desempe\u00f1o lleno de fe de tu ministerio por medio de la concesi\u00f3n de tus siete gracias.\u00bb Despu\u00e9s de esto el obispo entrega a los di\u00e1conos la insignia del orden que han recibido, a saber, la estola y la dalm\u00e1tica, acompa\u00f1\u00e1ndolas con la f\u00f3rmula que expresa su especial significado. Finalmente, hace que todos los candidatos toquen el libro de los Evangelios, dici\u00e9ndoles: \u00abrecibe el poder de leer el Evangelio en la Iglesia de Dios, a los vivos y a los muertos, en el nombre del Se\u00f1or.\u00bb Aunque las mismas palabras que acompa\u00f1an la imposici\u00f3n de las manos del obispo Accipe Spiritum Sanctum ad robur, etc., parece que s\u00f3lo se usan desde el siglo doce, todo el esp\u00edritu del ritual es antiguo y algunos de sus elementos, especialmente la entrega de la estola y la oraci\u00f3n que sigue a la entrega de los Evangelios son mucho m\u00e1s antiguas. Vale la pena notar que en el \u00abDecretum proArmenis\u00bb del papa Eugenio IV la entrega de los evangelios es mencionada como la \u00abmateria\u00bb del diaconado, Diaconatus vero per libri evangeliorum dationem (traditur).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Iglesia Rusa el candidato, despu\u00e9s de haber sido llevado tres veces alrededor del altar y besado cada esquina, se arrodilla ante el obispo. El obispo coloca el extremo de su sobre su cuello y hace tres veces sobre su cabeza el signo de la cruz. Impone su mano sobre la cabeza del candidato y dice dos oraciones algo largas que hablan de la entrega del Santo Esp\u00edritu y de la fortaleza otorgada a los ministros del altar y recuerda las palabras de Cristo de que \u00abel que quiera ser el primero entre ustedes, sea su servidor\u00bb (diakonos): se entrega entonces al di\u00e1cono la insignia de su oficio que, adem\u00e1s de la estola, incluye el lit\u00fargico, y cuando cada uno de estos es entregado, el obispo dice cada vez con mayor intensidad, axios \u00abvalioso\u00bb (ver Maltzew, Die Sacramente der orthodox-katholische Kirche, 318-333).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos tiempos, el diaconado fue tan completamente considerado como una etapa de preparaci\u00f3n para el sacerdocio, que ya no se ha puesto inter\u00e9s a sus deberes exactos y privilegios. Las funciones de un di\u00e1cono fueron reducidas a ayudar al obispo en la misa y a exponer el Sant\u00edsimo Sacramento para la Bendici\u00f3n. Pero podr\u00eda, como delegado del p\u00e1rroco, distribuir la comuni\u00f3n en caso de necesidad. Sobre el celibato, ver el art\u00edculo Celibato del Clero.\n<\/p>\n<h2>Los di\u00e1conos fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un di\u00e1cono recibe la ordenaci\u00f3n de las manos de un obispo solo en la Iglesia de Inglaterra y en grupos Episcopalianos de Escocia y Norte Am\u00e9rica. Como consecuencia de tal ordenaci\u00f3n, se considera que ha recibido poder para desempe\u00f1ar cualquier oficio sagrado, excepto el de consagrar los elementos y pronunciar la absoluci\u00f3n, y habitualmente predica y ayuda en el servicio de la comuni\u00f3n. Sin embargo, entre los Luteranos en Alemania, la palabra di\u00e1cono se aplica a los ministros que ayudan, aunque tengan la plena ordenaci\u00f3n, al cura encargado de una parroquia en particular. Tambi\u00e9n es usada en algunos lugares para ayudantes laicos que toman parte en la instrucci\u00f3n, el manejo de las finanzas, la visita a los hogares y a los necesitados. Este \u00faltimo es tambi\u00e9n el uso de una palabra que es com\u00fan en muchos grupos no conformistas de Inglaterra y Am\u00e9rica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Seidl in Kirchenlex., s-v Diacon; Idem, Der diakonat in der kath. Kirche (Ratisbon, 1884); Onslow, en Dict of Christ. Antiq., s.v. Deacon; Zoeckler, Diaconen und Evangelisten in Biblische und Kirchenhistorische Studien (Munich, 1893); II, bruder, Verfassung der Kirche (Friburgo, 1904), 348 sqq.; Lamothe-tenet Le Diaconat (Par\u00eds, 1900); Leder, Der Diaconen, Bischofe, und Presbyter (Stuttgart, 1905); Achelis en Realencyk. F.prot Theol., s.v. Diakonen; Thomassin, Vetus et Nova eccl. Dicipl., Part I, Bk II Hefele-Le-Clercq, Les conciles, I, 610-614; Munz in Kraus, Real-Encyc., s.v. Diakon; Gasparri, Tractatus Canonicus de Sacra Ordinatione; Wernz, Jus Decretalium, II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:   Thurston, Herbert. \u00abDeacons.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04647c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nTraducido por Ernesto Botero B.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Di\u00e1cono (gr. di\u00e1konos, literalmente \u00abservidor [ayudante]\u00bb). Dirigente de la iglesia cuyas cualidades se describen en 1 Tit :8- 13. Se acepta generalmente que Act 6:1-6 es un registro de la instituci\u00f3n de este cargo o servicio, aunque no aparezca el t\u00ed\u00adtulo \u00abdi\u00e1cono\u00bb. Como resultado de las quejas de que las viudas de los jud\u00ed\u00ados helen\u00ed\u00adsticos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diacono\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDIACONO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-1701","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1701","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1701"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1701\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1701"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1701"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1701"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}