{"id":17010,"date":"2016-02-05T11:05:04","date_gmt":"2016-02-05T16:05:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-general-de-la-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:04","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:04","slug":"historia-general-de-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-general-de-la-catequesis\/","title":{"rendered":"HISTORIA GENERAL DE LA CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. En la Edad antigua: 1. Kerigma y catequesis; 2. Contenidos de la catequesis; 3. Organizaci\u00f3n del catecumenado; 4. Decadencia del catecumenado. II. La Edad media: 1. La evangelizaci\u00f3n de los b\u00e1rbaros; 2. La predicaci\u00f3n lit\u00fargica; 3. La escuela; 4. La familia; 5. Las im\u00e1genes; 6. La \u00absociedad cristiana\u00bb; 7. Decadencia. III. La catequesis de la Reforma: 1. La reforma necesaria; 2. La reforma protestante; 3. La reforma cat\u00f3lica. IV. La Ilustraci\u00f3n: 1. La catequesis escolarizada; 2. La religi\u00f3n \u00fatil; 3. La reacci\u00f3n. V. La catequesis contempor\u00e1nea: 1. El \u00abm\u00e9todo de Munich\u00bb; 2. La aportaci\u00f3n de la escuela activa; 3. La renovaci\u00f3n kerigm\u00e1tica; 4. Catequesis \u00abde la experiencia\u00bb; 5. Momento de s\u00ed\u00adntesis.<\/p>\n<p>Quienes se han preocupado por la catequesis en los \u00faltimos cien a\u00f1os se han visto urgidos por problemas pr\u00e1cticos inaplazables, referentes sobre todo a la orientaci\u00f3n pedag\u00f3gica, pero tambi\u00e9n a la legitimidad de la misma acci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica. Probablemente por esta raz\u00f3n, la historia de la catequesis no est\u00e1 a\u00fan suficientemente estudiada. La consecuencia puede ser doble: falta precisi\u00f3n en el objeto sobre el que debe reflexionar la catequ\u00e9tica y, en el orden pr\u00e1ctico, riesgo de que se vuelvan a repetir los errores del pasado.<\/p>\n<p>1. En la Edad antigua<br \/>\n1. KERIGMA Y CATEQUESIS. El anuncio del evangelio, seg\u00fan se presenta en el Nuevo Testamento, se desarrollaba en dos niveles: primero se anunciaba la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, y luego, a quienes se hab\u00ed\u00adan convertido, se les ofrec\u00ed\u00ada una ense\u00f1anza m\u00e1s s\u00f3lida sobre la vida que deb\u00ed\u00adan llevar en adelante y sobre las palabras y obras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Estos dos niveles de la formaci\u00f3n cristiana parecen reflejarse, por ejemplo, en la manera de argumentar Pablo en algunos pasajes de sus cartas (cf 1Cor 3,10-11; ICor 15). Pero el texto m\u00e1s citado para mostrar las etapas de la evangelizaci\u00f3n es, sin duda, Heb 5,12-13, donde se contrapone la leche, o primeros rudimentos de la fe, y el alimento s\u00f3lido. Los t\u00e9rminos con que m\u00e1s frecuentemente se designa en el Nuevo Testamento la ense\u00f1anza que recib\u00ed\u00adan los convertidos son didaskein (95 veces), que significa ense\u00f1ar, y, probablemente introducido por Pablo, katechein (17 veces), que significa resonar y tambi\u00e9n instruir de viva voz. Catequesis es la expresi\u00f3n que ha hecho fortuna, aunque en el Nuevo Testamento no es ni mucho menos un t\u00e9rmino t\u00e9cnico. Necesita que el contexto (cf ICor 14,19) o un complemento (cf G\u00e1l 6,6) refiera su significado precisamente a la instrucci\u00f3n cristiana. El complemento que acompa\u00f1a a katechein en He 18,25 -\u00ablo hab\u00ed\u00adan instruido [a Apolo] en el camino del Se\u00f1or\u00bb- muestra bien a las claras qu\u00e9 clase de instrucci\u00f3n es la catequesis: m\u00e1s que comunicaci\u00f3n de unos saberes, es iniciaci\u00f3n a la vida de comuni\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>2. CONTENIDOS DE LA CATEQUESIS. Si bien algunos han cre\u00ed\u00addo encontrar en el Nuevo Testamento el catecismo de la Iglesia primitiva1, la verdad es que s\u00f3lo se puede hablar de algunos esquemas, en torno a los cuales se organizar\u00ed\u00ada la catequesis moral y dogm\u00e1tica, y que perduraron en la literatura catequ\u00e9tica posterior. El esquema m\u00e1s frecuentemente utilizado en la catequesis moral es el de los dos caminos. En \u00e9l se insertan otros temas morales, como la regla de oro, el dec\u00e1logo, las bienaventuranzas, preceptos sobre relaciones sociales. De origen enteramente jud\u00ed\u00ado, pasa fielmente acogido por los Padres apost\u00f3licos y, sin cambios notables, a la catequesis cristiana. Se encuentra bien sistematizado en Didaj\u00e9 1-6 y en Carta de Bernab\u00e9 18-20; m\u00e1s o menos desarrollado se encuentra en Pastor de Hermas, Segunda ep\u00ed\u00adstola de Clemente, Homil\u00ed\u00adas pseudoclementinas y Constituciones apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>La catequesis doctrinal se desarrolla a partir de los n\u00facleos kerigm\u00e1ticos, los himnos y confesiones de fe, contenidos en el Nuevo Testamento. Responde a la necesidad de ense\u00f1ar, a quienes se iban a bautizar, la fe que se les ped\u00ed\u00ada profesar antes del bautismo. Consiste en la presentaci\u00f3n del designio salvador de Dios, culminado en Cristo, seg\u00fan se va desplegando a lo largo de la Sagrada Escritura. No se puede decir que existiera un credo oficial en el siglo II, pero tanto Justino (Primera apolog\u00ed\u00ada 13, 1-3) como Ireneo (Demostraci\u00f3n 6-7), entre otros, ofrecen ejemplos de c\u00f3mo se va avanzando hacia una formulaci\u00f3n com\u00fan de la fe trinitaria.<\/p>\n<p>3. ORGANIZACI\u00ed\u201cN DEL CATECUMENADO. Hasta la segunda mitad del siglo II no parece que haya existido una instituci\u00f3n especializada en la preparaci\u00f3n bautismal de los convertidos. Justino (Primera apolog\u00ed\u00ada 61-66) da testimonio, al menos, de la preparaci\u00f3n lit\u00fargica inmediata. En el siglo III, el catecumenado aparece vigorosamente establecido en las principales Iglesias. Por lo que se refiere a Roma, Hip\u00f3lito presenta en su Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (aproximadamente en el 215) una reglamentaci\u00f3n catecumenal bastante completa, que debi\u00f3 influir notablemente en otras Iglesias. Diversos escritos de Tertuliano (t 220) y Cipriano (t 258) dan informaci\u00f3n sobre el catecumenado en Cartago. En Egipto, seg\u00fan Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, existir\u00ed\u00ada una escuela de catec\u00famenos al empezar el siglo III. Or\u00ed\u00adgenes informa de la actividad catecumenal en Cesarea de Palestina, hacia el 240. El catecumenado en el \u00e1rea siro-palestina est\u00e1 atestiguado por la Didascal\u00ed\u00ada, los Hechos ap\u00f3crifos de los ap\u00f3stoles y las Homil\u00ed\u00adas pseudoclementinas.<\/p>\n<p>La Tradici\u00f3n apost\u00f3lica cuenta el proceso que siguen \u00ablos que se presentan por primera vez a escuchar la Palabra\u00bb. Antes de ser admitidos, son interrogados acerca de sus intenciones (se recaba tambi\u00e9n el testimonio de quienes los han conducido a la fe), su estado de vida y su profesi\u00f3n, con el fin de averiguar si re\u00fanen las condiciones necesarias para seguir con provecho el catecumenado. Quienes superaban este primer examen, ya oficialmente catec\u00famenos, empezaban un per\u00ed\u00adodo de unos tres a\u00f1os de iniciaci\u00f3n en la doctrina y en la vida cristiana, a cargo del catequista -cl\u00e9rigo o laico- designado por la comunidad, quien, adem\u00e1s, oraba con ellos y les impon\u00ed\u00ada las manos. Transcurrido este per\u00ed\u00adodo, los catec\u00famenos eran examinados de nuevo, principalmente sobre su vida moral. Tambi\u00e9n entonces se reclamaba el testimonio de quienes hab\u00ed\u00adan sido sus garantes cuando vinieron la primera vez. Los que son elegidos para recibir el bautismo, empiezan la preparaci\u00f3n inmediata, mucho m\u00e1s breve, en la que escuchaban el evangelio, se les impon\u00ed\u00adan las manos y eran exorcizados por el obispo. Finalmente, despu\u00e9s de ayunar el viernes y velar y orar el s\u00e1bado, al amanecer del domingo eran bautizados y confirmados, y admitidos a la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Aunque se bautizaba a ni\u00f1os -se cuenta en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica 21-, no exist\u00ed\u00adan en el catecumenado ni ritos ni catequesis infantiles. Los padres o alguien de la familia respond\u00ed\u00adan por ellos.<\/p>\n<p>La existencia y funcionamiento de la instituci\u00f3n catecumenal tal como se describe en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica y en los otros documentos citados, pone de manifiesto, en primer lugar, la fuerza de la acci\u00f3n misionera, realizada por todos los miembros de la comunidad. Justino (Primera apolog\u00ed\u00ada 60-61), las Homil\u00ed\u00adas pseudoclementinas (13, 10), la Didascal\u00ed\u00ada (II 56, 4) y Or\u00ed\u00adgenes (Contra Celso 3, 55) atestiguan el inter\u00e9s de los verdaderos creyentes por presentar el evangelio a cuantos les rodeaban. Eran laicos, creyentes convencidos, quienes tra\u00ed\u00adan ante los catequistas a los aspirantes a catec\u00famenos. El catecumenado del siglo III pone tambi\u00e9n de manifiesto la seriedad de las exigencias de la conversi\u00f3n. Siendo las comunidades cristianas minoritarias, en un ambiente hostil, prefer\u00ed\u00adan disuadir a quienes no estaban dispuestos a vivir conforme al evangelio. Muestra, por \u00faltimo, el catecumenado la complejidad de la iniciaci\u00f3n cristiana, que tiene lugar propiamente en la celebraci\u00f3n de los sacramentos, pero que incluye tambi\u00e9n los aspectos experienciales, cognoscitivos, morales, a trav\u00e9s de los cuales se vive y se expresa la vida nueva que se recibe como don.<\/p>\n<p>4. DECADENCIA DEL CATECUMENADO. A lo largo del siglo IV el cristianismo va pasando de ser perseguido a ser tolerado en el Imperio, para terminar siendo la \u00fanica religi\u00f3n autorizada. Se extiende, adem\u00e1s, a los ambientes rurales. La nueva situaci\u00f3n, positiva en algunos aspectos, afectar\u00e1 negativamente a la instituci\u00f3n catecumenal.<\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n est\u00e1 oficialmente favorecida, y el convertirse ha dejado de ser exigente. No es de extra\u00f1ar, pues, que los obispos2 se preocuparan por desenmascarar a quienes, como era frecuente, pretend\u00ed\u00adan hacerse cristianos por motivos tan poco rectos como medrar en la pol\u00ed\u00adtica, conseguir el matrimonio deseado, o agradar al amo. Como, por otra parte, la Iglesia consideraba ya cristianos a los catec\u00famenos, muchos se instalaban en esta situaci\u00f3n, retrasando el bautismo hasta el final de la vida. El n\u00famero de los catec\u00famenos se ve\u00ed\u00ada engrosado tambi\u00e9n por los hijos de padres bautizados que, faltos de verdadera educaci\u00f3n cristiana, prefer\u00ed\u00adan retrasar las responsabilidades bautismales.<\/p>\n<p>Las condenas y exhortaciones de los obispos, tanto en Oriente como en Occidente3, no pueden evitar la devaluaci\u00f3n del catecumenado.<\/p>\n<p>La primera etapa, a la que, seg\u00fan la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, hab\u00ed\u00ada de preceder un examen riguroso, se ha desdibujado completamente. Los ritos que marcan la entrada en el catecumenado no significan ya la conversi\u00f3n que en otro tiempo se exig\u00ed\u00ada. La conversi\u00f3n se exige ahora propiamente para iniciar la preparaci\u00f3n cuaresmal, que es a lo que, de hecho, se reduce el catecumenado4. En cuarenta d\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00ada de concentrarse la instrucci\u00f3n doctrinal sobre el S\u00ed\u00admbolo y el padrenuestro, el entrenamiento moral y la iniciaci\u00f3n lit\u00fargica. Despu\u00e9s del bautismo recib\u00ed\u00adan los ne\u00f3fitos la catequesis mistag\u00f3gica, en la que aprend\u00ed\u00adan a saborear los misterios que acababan de celebrar.<\/p>\n<p>Precisamente de esta \u00e9poca son las catequesis posbautismales que conservamos: Catequesis mistag\u00f3gicas, de Cirilo de Jerusal\u00e9n; De sacramentis y De mysteriis, de Ambrosio de Mil\u00e1n; Catequesis bautismal, de Juan Cris\u00f3stomo; Homil\u00ed\u00adas catequ\u00e9ticas, de Teodoro de Mopsuestia.<\/p>\n<p>Sobre c\u00f3mo hab\u00ed\u00ada que recibir y acompa\u00f1ar a los catec\u00famenos, escribi\u00f3 Agust\u00ed\u00adn, a principios del siglo V, De catechizandis rudibus, tratado de pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00ed\u00adstica dedicado al di\u00e1cono cartagin\u00e9s Deogracias.<\/p>\n<p>La devaluaci\u00f3n catecumenal iniciada en el siglo IV avanza r\u00e1pidamente: los catec\u00famenos no son ya convertidos que aspiren al bautismo; el catecumenado va dejando de ser un proceso, para convertirse en un estado; el bautismo pasa de ser un don a ser un derecho; los s\u00ed\u00admbolos y ritos con que se enriquece la preparaci\u00f3n cuaresmal significan cada vez menos.<\/p>\n<p>Aunque en el siglo VI son ya raros los adultos que se bautizan, se conservan, sin embargo, algunos testimonios de continuidad en la pr\u00e1ctica catecumenal5. A partir de este siglo, con la generalizaci\u00f3n del bautismo de ni\u00f1os y el progresivo afianzamiento del r\u00e9gimen de cristiandad, puede decirse que pr\u00e1cticamente desaparece el catecumenado.<\/p>\n<p>II. La Edad media<br \/>\n1. LA EVANGELIZACI\u00ed\u201cN DE LOS B\u00ed\u0081RBAROS. La evangelizaci\u00f3n de los pueblos germanos no hab\u00ed\u00ada preocupado especialmente a la Iglesia en los primeros siglos. Sin embargo, al producirse la invasi\u00f3n del Imperio, la Iglesia se decide a evangelizar toda Europa y a hacerlo r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>A finales del siglo V se hab\u00ed\u00ada convertido Clodoveo, rey de los francos. Es este un hecho de capital importancia, ya que la potencia pol\u00ed\u00adtica unificadora que ten\u00ed\u00ada este pueblo, hab\u00ed\u00ada de impulsar decisivamente la empresa misionera. Las condiciones en que se lleva a cabo la evangelizaci\u00f3n -que se prolongar\u00e1 hasta el siglo X- no favorecen, por lo general, la profundidad en la fe. Muchas veces bast\u00f3 con la conversi\u00f3n del pr\u00ed\u00adncipe para que se convirtiera toda la tribu. Los intereses pol\u00ed\u00adticos se mezclaron frecuentemente con los religiosos, y no ser\u00ed\u00ada aventurado decir que se produjeron conversiones a la fuerza. Hubo bautismos masivos sin que precediera la debida catequesis. El bautismo no ven\u00ed\u00ada ya a sellar el proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana, sino m\u00e1s bien era su punto de partida. As\u00ed\u00ad la Iglesia fue creciendo en n\u00famero, pero sus miembros carec\u00ed\u00adan de aquella formaci\u00f3n personal profunda que daba el catecumenado.<\/p>\n<p>2. LA PREDICACI\u00ed\u201cN LIT\u00daRGICA. La catequesis que no hab\u00ed\u00adan recibido antes del bautismo, se procuraba que la recibieran despu\u00e9s, a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n lit\u00fargica. Los contenidos de esta se pueden establecer con bastante aproximaci\u00f3n a partir de testimonios indirectos -cartas, biograf\u00ed\u00adas, historias-: condenaci\u00f3n de la idolatr\u00ed\u00ada, existencia de un Dios \u00fanico y creador que envi\u00f3 a su Hijo para salvar a los hombres, historia de la salvaci\u00f3n, bautismo, vicios y pecados, nov\u00ed\u00adsimos6. Son los temas que en otro tiempo sirvieron para la introducci\u00f3n al catecumenado. Entre la escasa documentaci\u00f3n directa de la predicaci\u00f3n en el siglo VII, cabe recordar las Admonitiones de cognitione baptismi, obra en la que Ildefonso de Toledo (+ 667) explica a los reci\u00e9n bautizados el credo, el padrenuestro y los sacramentos de la iniciaci\u00f3n; y De singulis libris canonicis scarapsus, atribuido a Pirmino de Reichenau, que resume la historia de la salvaci\u00f3n, desde la creaci\u00f3n hasta la resurrecci\u00f3n de Cristo, y presenta la vida moral del bautizado.<\/p>\n<p>A partir del siglo VIII son algo m\u00e1s abundantes los textos destinados a la predicaci\u00f3n que se conservan. Destacan, entre otros, los sermones atribuidos a Bonifacio (+ 754); cincuenta homil\u00ed\u00adas de Beda el Venerable (+ 735) para adviento, cuaresma y fiestas; de Rabano Mauro (784-856), Homiliae de festis praecipuis item de virtutibus, escritas en la abad\u00ed\u00ada de Fulda, y Homiliae in evangelia et epistolas, siendo obispo de Maguncia. De gran difusi\u00f3n en Espa\u00f1a, las Collectiones epistolarum et evangeliarum de tempore et de sanctis o Liber comitis, de Smagardo (+ 825), benedictino consejero de Carlomagno.<\/p>\n<p>Aun en el caso de que estas homil\u00ed\u00adas no fueran realmente le\u00ed\u00addas en la liturgia -no es f\u00e1cil probarlo-, constituyen, al menos, el testimonio de un esfuerzo serio por instruir a los fieles.<\/p>\n<p>Ahora bien, los primeros que deb\u00ed\u00adan ser instruidos eran los p\u00e1rrocos. El bajo nivel cultural hac\u00ed\u00ada a la mayor\u00ed\u00ada de ellos incapaces de predicar por s\u00ed\u00ad mismos. El emperador Carlomagno, que tuvo gran inter\u00e9s por la instrucci\u00f3n religiosa del pueblo, comenz\u00f3 por exigir instrucci\u00f3n a los sacerdotes, haci\u00e9ndoles pasar por un examen antes de ordenarse. En el concilio de Friul (796) oblig\u00f3 a los cl\u00e9rigos a saber de memoria el S\u00ed\u00admbolo de Nicea7. La difusi\u00f3n de los homiliarios fue, pues, una necesidad de esta \u00e9poca.<\/p>\n<p>3. LA ESCUELA. Las escuelas erigidas en torno a monasterios, catedrales y parroquias, constituyeron un cauce importante de formaci\u00f3n cristiana. A ellas acud\u00ed\u00adan sobre todo los aspirantes a monjes o a sacerdotes, es decir, los futuros predicadores y catequistas.<\/p>\n<p>Ya en el siglo VI, Ces\u00e1reo de Arles hab\u00ed\u00ada ordenado en el concilio de Viaison (529) que los p\u00e1rrocos rurales se dedicaran a la educaci\u00f3n de j\u00f3venes todav\u00ed\u00ada c\u00e9libes, que pudieran ser sus sucesores; y en el concilio de Toledo (527) se ordena la erecci\u00f3n de escuelas episcopales con el mismo fin. Pero es en la \u00e9poca carolingia cuando la organizaci\u00f3n escolar recibe el mayor impulso. Art\u00ed\u00adfice de la reforma fue Alcuino, monje procedente de York, que vino a ser como el ministro de educaci\u00f3n de Carlomagno. A \u00e9l se le atribuye la Disputatio puerorum per interrogationes et responsiones, destinada a la formaci\u00f3n escolar de los cl\u00e9rigos, cuya influencia dur\u00f3 hasta el siglo XI. Presenta una s\u00ed\u00adntesis -no muy lograda- de los grandes temas de la historia de la salvaci\u00f3n, los nombres y atributos de Dios, la tipolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria, y la explicaci\u00f3n del credo y del padrenuestro. Los mismos deseos de renovaci\u00f3n cultural de Alcuino se reflejan en De institutione clericorum y De disciplina ecclesiastica, de su disc\u00ed\u00adpulo Rabano Mauro.<\/p>\n<p>Otra obra destinada a la formaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos, de gran influjo en la predicaci\u00f3n a partir del siglo XII, fue el Elucidarium, escrito an\u00f3nimo por voluntad de su autor, pero atribuido a Honorio Augustodunense (parece que no de Autun). En forma de di\u00e1logo entre un disc\u00ed\u00adpulo que pregunta y un maestro que responde, resume, siguiendo el orden del credo, la historia de la salvaci\u00f3n, desde la creaci\u00f3n hasta la Iglesia (libro primero); presenta la vida cristiana con sus dificultades (libro segundo) y explica la escatolog\u00ed\u00ada (libro tercero). Utiliza f\u00f3rmulas f\u00e1ciles de retener, y las explicaciones que da a las cuestiones dogm\u00e1ticas o de moral son simples y concretas. Su influencia durar\u00e1 hasta el siglo XV.<\/p>\n<p>Los Septenarios constituyen un m\u00e9todo did\u00e1ctico-catequ\u00ed\u00adstico, tradicionalmente ligado a Hugo de San V\u00ed\u00adctor (t 1114)8, r\u00e1pidamente difundido, que consiste en sistematizar la doctrina en siete puntos que se comparan o se oponen a otros siete; como por ejemplo, siete peticiones del padrenuestro, siete dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, siete vicios, etc9.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica en las universidades se hace m\u00e1s cient\u00ed\u00adfica -seg\u00fan el concepto aristot\u00e9lico de ciencia- a partir del siglo XIII. Esto trae consigo una creciente separaci\u00f3n entre la escol\u00e1stica y la instrucci\u00f3n de los simples, pero tambi\u00e9n, por influencia de la teolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica, la catequesis se hace m\u00e1s \u00e1rida y discursiva, convierte en temas candentes algunas cuestiones marginales, se hace antropoc\u00e9ntrica y moralizante, y favorece una concepci\u00f3n m\u00e1gica de los sacramentos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 por esto es m\u00e1s llamativo el caso de Juan Gerson (1363-1429), que simultaneaba su tarea como canciller de la universidad de Par\u00ed\u00ads con la de catequizar a los ni\u00f1os. Adem\u00e1s de un catecismo titulado Opus tripartitum de praeceptis decalogi, de confessione et de arte moriendi, escribi\u00f3 De parvulis ad Christum trahendis, tratado de pedagog\u00ed\u00ada religiosa en el que justificaba por qu\u00e9 hay que dedicarse a la catequesis de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Con todo, hay que decir que ni los esfuerzos de la reforma carolingia, ni el esplendor que posteriormente consigui\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada universitaria, hicieron que el clero, en general, fuera capaz de instruir al pueblo. La insistencia de la disciplina sinodal en la formaci\u00f3n de los p\u00e1rrocos indica tanto el inter\u00e9s de los obispos en este punto como la ineficacia de la exigencia.<\/p>\n<p>4. LA FAMILIA. Los destinatarios de la predicaci\u00f3n eran naturalmente los adultos. Los ni\u00f1os asisten con sus padres a las celebraciones lit\u00fargicas, pero son los propios padres, ayudados por los padrinos, quienes tienen la obligaci\u00f3n de educarlos cristianamente: \u00abaquellos porque los engendraron, estos porque fueron garantes de su fe\u00bb10.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n se reduc\u00ed\u00ada a explicar sencillamente a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico el credo y el padrenuestro, que el pueblo deb\u00ed\u00ada repetir para retener en la memoria, junto con el dec\u00e1logo y la lista de los vicios y virtudes. La catequesis familiar consist\u00ed\u00ada en hacer aprender a los hijos las f\u00f3rmulas de la fe y las oraciones, y explicarles de modo adaptado a su mentalidad la predicaci\u00f3n escuchada en la iglesia11<br \/>\nLos padres son considerados como los jefes de la peque\u00f1a iglesia dom\u00e9stica que es la familia. Jon\u00e1s, obispo de Orleans en el siglo IX, en su De institutione laicali12 recuerda a los padres que, como los obispos y los sacerdotes, tambi\u00e9n ellos, en su propia casa, tienen el officium pastoris.<\/p>\n<p>Un testimonio muy particular de la preocupaci\u00f3n paterna por la educaci\u00f3n cristiana de los hijos es el de Dhuoda, esposa de Bernardo, marqu\u00e9s de Septimania, que dedica a su hijo mayor Guillermo todo un tratado de espiritualidad, el Liber manualis (entre 841 y 843), sobre Dios, la Trinidad y, en especial, las virtudes. Tambi\u00e9n Ram\u00f3n Llull, pensando en la educaci\u00f3n cristiana de su hijo, escribir\u00ed\u00ada siglos m\u00e1s tarde la Doctrina pueril (entre 1273 y 1275), un compendio de doctrina cristiana, cuyo estilo hace pensar quiz\u00e1 m\u00e1s en destinatarios adultos que en su hijo Domingo.<\/p>\n<p>5. LAS IM\u00ed\u0081GENES. Junto a la predicaci\u00f3n lit\u00fargica y la catequesis familiar, fue muy importante para la educaci\u00f3n cristiana medieval la transposici\u00f3n de la doctrina en im\u00e1genes: 1) las llamadas biblias de los pobres, que representaban pasajes de la historia de la salvaci\u00f3n o de la vida de los santos; 2) la decoraci\u00f3n de las iglesias y otros edificios p\u00fablicos, figurando tambi\u00e9n el dec\u00e1logo o los vicios capitales; 3) im\u00e1genes que alimentaban -y expresaban- devociones como el viacrucis o el rosario, a trav\u00e9s de las cuales se pod\u00ed\u00adan asimilar y profundizar las verdades de la fe.<\/p>\n<p>Im\u00e1genes vivas eran, al fin y al cabo, las representaciones de los misterios de navidad, pasi\u00f3n y pascua, que acercaban al pueblo, facilitando su comprensi\u00f3n, a los ritos de la liturgia oficial.<\/p>\n<p>6. LA \u00abSOCIEDAD CRISTIANA\u00bb. El punto clave para comprender c\u00f3mo el cristianismo se ha mantenido vivo en la Europa medieval est\u00e1 en la fuerza del ambiente. La vida familiar y social estaba completamente marcada por lo religioso; y en esas condiciones, la iniciaci\u00f3n cristiana tiene lugar del mismo modo que se aprende la lengua materna, como por \u00f3smosis. Los ni\u00f1os, al crecer, van aprendiendo a decir la fe, a practicar los ritos, a reconocer el significado que tienen las cosas en la sociedad en la que se abren a la vida. La fuerza del ambiente se impondr\u00e1 tambi\u00e9n cuando un individuo se desordene, oblig\u00e1ndole a reinsertarse en el grupo social como le corresponde13<br \/>\n7. DECADENCIA. Al concluir la Edad media, la catequesis se encuentra en un momento de franca decadencia. La ignorancia religiosa es profunda y generalizada. Reformas como la pretendida por el concilio de Tortosa (1429) quedan est\u00e9riles14. La ausencia del elemento b\u00ed\u00adblico, el antropocentrismo y moralismo, y el descuido de la liturgia, defectos que ven\u00ed\u00adan caracterizando la vida cristiana de este per\u00ed\u00adodo, aparecen ahora agudizados. El Tratado de la doctrina, del espa\u00f1ol Pedro Berague, de principios del siglo XV, pasa por ser un buen exponente de la catequesis del momento. A esta situaci\u00f3n, que ha sido calificada como de vac\u00ed\u00ado catequ\u00ed\u00adstico, hubo de suceder l\u00f3gicamente un serio intento de reforma.<\/p>\n<p>III. La catequesis de la Reforma<br \/>\n1. LA REFORMA NECESARIA. La Reforma no surge inopinadamente en la Iglesia del siglo XVI. El humanismo, que se va extendiendo desde Italia a lo largo de los siglos XIV y XV, propicia una mayor atenci\u00f3n a la Biblia y a la literatura patr\u00ed\u00adstica y, a la vez, una m\u00e1s aguda conciencia del yo individual y de la laicidad. Estas ser\u00e1n, por tanto, las caracter\u00ed\u00adsticas de los primeros catecismos de la renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Erasmo de Rotterdam es el autor de dos de estos catecismos: Christiani hominis institutum (1513), catecismo breve escrito en hex\u00e1metros, y Symboli apostolorum decalogi praeceptorum et orationis dominicae explanatio (1533), en preguntas y respuestas, compuestos ambos bajo el lema: \u00abLo que vale es una fe que se traduce en el amor\u00bb (G\u00e1l 6,5). El subrayar los aspectos m\u00ed\u00adsticos y espirituales de la Iglesia relegando los aspectos jur\u00ed\u00addicos, as\u00ed\u00ad como la importancia concedida en el campo moral a las intenciones, muestran la valoraci\u00f3n de la conciencia subjetiva que caracteriz\u00f3 a los humanistas. M\u00e1s que los mismos catecismos de Erasmo, pensados para la escuela, no para el pueblo, el erasmismo ejerci\u00f3 una poderosa, aunque corta, influencia sobre otros catecismos. El Di\u00e1logo de doctrina cristiana, del espa\u00f1ol Juan de Vald\u00e9s (1529), es un claro ejemplo de la influencia erasmista.<\/p>\n<p>2. LA REFORMA PROTESTANTE. Si a Erasmo le preocupaba la formaci\u00f3n de los j\u00f3venes estudiantes, a Lutero le impresion\u00f3 profundamente la ignorancia que hab\u00ed\u00ada encontrado en el pueblo. Por eso, en 1525 encarg\u00f3 que se escribieran catecismos y, finalmente, los escribi\u00f3 \u00e9l mismo en 1529: Der deutsche Katechismus, o Catecismo mayor para los padres de familia, y Enchiridion; Der kleine Katechismus f\u00fcr die gemeine Pfarherr und Prediger o Catecismo peque\u00f1o. La estructura es clara: primero los mandamientos, que ense\u00f1an al hombre a reconocerse pecador; luego el credo, que ense\u00f1a la misericordia que Dios ha ofrecido en Jesucristo; finalmente, el padrenuestro, que ense\u00f1a c\u00f3mo desear y pedir la gracia.<\/p>\n<p>La rapid\u00ed\u00adsima difusi\u00f3n de los catecismos de Lutero se debi\u00f3 principalmente a la simplicidad del planteamiento, al engarce inmediato con las preocupaciones religiosas populares, y al lenguaje sencillo y directo que emple\u00f3. En 1580 fueron declarados textos doctrinales vinculantes en la confesi\u00f3n luterana.<\/p>\n<p>Algunos a\u00f1os antes ya hab\u00ed\u00ada descubierto Calvino la funci\u00f3n que hab\u00ed\u00adan de desempe\u00f1ar los catecismos: unificar los diversos movimientos de reforma que estaban en ebullici\u00f3n. Con esa intenci\u00f3n public\u00f3 la Institutio religionis chri.. tianae (1536), la lnstruction et confession de foi dont on use dans l&#8217;Eglise de Gen\u00e9ve (1537) y las Ordonnances eccl\u00e9siastiques con el Formulaire d&#8217;instruire les enfants en la chr\u00e9tient\u00e9 (1541). No fue Calvino un buen pedagogo, pero s\u00ed\u00ad un severo y eficaz organizador de la catequesis en la Iglesia de Ginebra.<\/p>\n<p>3. LA REFORMA CAT\u00ed\u201cLICA. a) Catecismos. Al catecismo de Calvino se opuso en Francia el del jesuita Edmond Auger, Cat\u00e9chisme et sommaire de la doctrine chr\u00e9tienne (1563). En Alemania, frente a Lutero, los del tambi\u00e9n jesuita Pedro Canisio no fueron los primeros por parte cat\u00f3lica, pero s\u00ed\u00ad los que m\u00e1s se difundieron: Summa doctrinae christianae (1555), destinada a estudiantes universitarios y de los \u00faltimos cursos de los colegios; Catechismus minimus (1556), acomodado a la capacidad de los m\u00e1s ignorantes, y el Parvus catechismus catholicorum (1558), para estudiantes de ense\u00f1anza media.<\/p>\n<p>Una de las razones del \u00e9xito de los catecismos de Canisio es su antiprotestantismo, aunque sin entrar directamente en la pol\u00e9mica. La primera parte de los catecismos trata sobre la sabidur\u00ed\u00ada cristiana; la segunda, sobre la justicia en las situaciones de la vida ordinaria: el hombre transformado por la fe, la esperanza y la caridad, justificado por Dios, traduce en las obras su fe. Se acent\u00faa, adem\u00e1s, la importancia de la tradici\u00f3n de la Iglesia junto a la Sagrada Escritura. La Iglesia es ciertamente reformanda, pero el Esp\u00ed\u00adritu Santo sigue actuando en ella, y la catequesis no le puede dar la espalda.<\/p>\n<p>Mientras que Lutero, emocional, escribe para la predicaci\u00f3n y la catequesis familiar, Canisio, racional y fr\u00ed\u00ado, escribe para las aulas. Sus catecismos se han seguido utilizando en la escuela hasta nuestro siglo.<\/p>\n<p>Fruto de la reforma tridentina fue el llamado Catecismo romano, publicado por P\u00ed\u00ado V en 1566. Es un manual de predicaci\u00f3n destinado a los p\u00e1rrocos, pero no para ser le\u00ed\u00addo directamente en los p\u00falpitos. Los pastores tendr\u00e1n que adaptar sus ense\u00f1anzas a la edad, capacidad intelectual y condiciones de vida de sus oyentes. Estructurado en cuatro partes -credo, sacramentos, mandamientos, oraci\u00f3n-, habr\u00e1 de ser acomodado a las fiestas del a\u00f1o lit\u00fargico. La influencia de este catecismo fue sobre todo indirecta, ya que de hecho se prefirieron otros manuales ya preparados para la aplicaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica inmediata.<\/p>\n<p>Entre los catecismos escritos en el siglo XVI, deben se\u00f1alarse el de Jer\u00f3nimo Ripalda (1591) y el de Gaspar Astete (1593), ambos jesuitas. Ampliados por Juan Antonio de la Riva (en 1800) y Gabriel Men\u00e9ndez de Luarca (en 1788) respectivamente, se han mantenido vigentes en la Iglesia espa\u00f1ola hasta 1957. Tambi\u00e9n en Latinoam\u00e9rica fueron empleados estos catecismos, aunque no exclusivamente. Entre los catecismos publicados all\u00ed\u00ad durante el siglo XVI, muchos de ellos en edici\u00f3n biling\u00fce, cabe se\u00f1alar los del franciscano Juan de Zum\u00e1rraga (M\u00e9xico 1539 y 1543), los del dominico Pedro de C\u00f3rdoba (M\u00e9xico 1544 y 1548) y el primer libro impreso en Sudam\u00e9rica, el Catecismo que, a instancias del arzobispo Toribio de Mogrovejo, escribi\u00f3 el jesuita Jos\u00e9 Acosta (Lima 1583), inspirado en el Catecismo romano.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos grandes catecismos del siglo XVI son los de Roberto Bellarmino. A instancias de Clemente VIII public\u00f3 en 1597 la Dottrina cristiana breve da imparare a mente, y en 1598, la Dichiarazione pi\u00fa copiosa della dottrina cristiana, para catequistas. Adem\u00e1s de la orientaci\u00f3n antiprotestante, caracteriza a estos catecismos la sistematizaci\u00f3n, concisi\u00f3n y, sobre todo, la claridad con que expone la doctrina. Su gran difusi\u00f3n se debi\u00f3 sin duda a dichos m\u00e9ritos, pero tambi\u00e9n al favor que le dispensaron los papas, empezando por Clemente VIII, que lo adopt\u00f3 inmediatamente para la di\u00f3cesis de Roma y lo recomend\u00f3 para toda la Iglesia. Habr\u00ed\u00adan podido ser la base del catecismo \u00fanico universal sobre el que se debati\u00f3 en el Vaticano 1.<\/p>\n<p>b) Progresiva organizaci\u00f3n de la catequesis. Ya antes del concilio de Trento, Castellino da Castello funda en Mil\u00e1n la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de los Siervos de los p\u00e1rvulos de caridad (1539), para promover la catequesis de los ni\u00f1os. Carlos Borromeo, celoso ejecutor de la reforma tridentina, se preocupar\u00ed\u00ada luego de dar forma jur\u00ed\u00addica a tan valiosa iniciativa. A imitaci\u00f3n de la de Mil\u00e1n, se fueron creando compa\u00f1\u00ed\u00adas o cofrad\u00ed\u00adas de la doctrina cristiana en otros lugares de Italia y Europa.<\/p>\n<p>La implantaci\u00f3n de la catequesis parroquial, tal como mandaba el concilio de Trento15, fue avanzando poco a poco. Puede decirse que donde logr\u00f3 mejores resultados fue en Francia, en el siglo XVII, con hombres como Bourdoise, Bossuet, Fleury, verdaderos renovadores de la organizaci\u00f3n, contenidos y m\u00e9todos de la catequesis en ese momento.<\/p>\n<p>Tanto Adrien Bourdoise (1584-1655), p\u00e1rroco en Saint-Nicolas-du-Chardonnet de Par\u00ed\u00ads, como Jacques-B\u00e9nigne Bossuet (1627-1704), obispo de Meaux, conciben la parroquia centrada en la eucarist\u00ed\u00ada. La catequesis -en familia para los m\u00e1s peque\u00f1os-que prepara para la celebraci\u00f3n y ayuda a perseverar en ella, ser\u00e1 l\u00f3gicamente la tarea pastoral m\u00e1s importante.<\/p>\n<p>Claude Fleury publica en 1683 su Catecismo hist\u00f3rico. Frente a una catequesis marcadamente conceptual, propone la narraci\u00f3n de los hechos b\u00ed\u00adblicos, a trav\u00e9s de los cuales se ha ido desplegando el amor de Dios. La intenci\u00f3n era ciertamente revolucionaria, pero, de hecho, Fleury, yuxtapone a la historia sagrada, como segunda parte, un catecismo dogm\u00e1tico de estilo tradicional.<\/p>\n<p>Junto a la parroquia, en la que se seguir\u00e1 recordando que los padres son los primeros catequistas de sus hijos, no hay que olvidar la importancia que va cobrando la escuela como cauce para la formaci\u00f3n cristiana, tanto las escuelas parroquiales como los colegios y universidades dirigidos por congregaciones religiosas, que, siguiendo el lema de pietas literata, se proponen formar cristianos bien instruidos.<\/p>\n<p>IV. La Ilustraci\u00f3n<br \/>\nLa nueva conciencia de s\u00ed\u00ad que el hombre hab\u00ed\u00ada adquirido a partir del Renacimiento no hab\u00ed\u00ada dejado de fortalecerse. Puede decirse que, frente al pesimismo protestante, el mismo concilio de Trento sancion\u00f3 el optimismo humanista. Su antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, aun teniendo bien presentes las consecuencias del pecado original, proclam\u00f3 la dignidad del hombre, de la humanitas. Y este es el principio que gui\u00f3 el esfuerzo pedag\u00f3gico de la Iglesia, y en especial de los jesuitas, durante los siglos XVI y XVII. La Iglesia ten\u00ed\u00ada motivos, pues, para valorar muy positivamente que, a partir del siglo XVIII, se generalizara la obligatoriedad para todos los ni\u00f1os de acudir a la escuela, y que, entre las materias que se impart\u00ed\u00adan en ella, la catequesis ocupara un puesto de honor.<\/p>\n<p>1. LA CATEQUESIS ESCOLARIZADA. El que la catequesis se introdujera oficialmente en la escuela trajo consigo algunos beneficios. Los catequistas, influenciados por la pedagog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica de la Ilustraci\u00f3n -Rousseau (1712-1778), Pestalozzi (1746-1827)-, se esforzaron por conocer mejor a sus alumnos para graduar la ense\u00f1anza seg\u00fan su modo de ser, seg\u00fan su edad y su capacidad; recurrieron a la inteligencia m\u00e1s que a la memoria; elaboraron el m\u00e9todo de preguntas, llamado socr\u00e1tico, que ayuda a los ni\u00f1os a descubrir poco a poco la verdad que en realidad ya pose\u00ed\u00adan; aprovecharon la historia sagrada para hacer asimilar mejor la doctrina. La catequesis gan\u00f3 en organizaci\u00f3n: el marco escolar aseguraba un tiempo para que todos los ni\u00f1os, ordenados por clases, recibieran instrucci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Sin embargo, no todo fue positivo. Por la misma importancia concedida a la raz\u00f3n y a la ciencia, se produjo un sintom\u00e1tico cambio de nombre: la catequesis o ense\u00f1anza de la fe se convierte en ense\u00f1anza de la religi\u00f3n. La nueva denominaci\u00f3n es indicativa, tanto de la variaci\u00f3n en los contenidos, como del intelectualismo -razonamientos, an\u00e1lisis, subdivisiones-que sobrecargaba una ense\u00f1anza cuyo objetivo principal era transmitir conocimientos religiosos.<\/p>\n<p>2. LA RELIGI\u00ed\u201cN \u00daTIL. Para el hombre de la Ilustraci\u00f3n no puede haber revelaci\u00f3n sobrenatural ni autoridad eclesi\u00e1stica que contradiga a la raz\u00f3n. La \u00fanica religi\u00f3n verdaderamente humana ser\u00e1 la religi\u00f3n natural, sin dogmas, universalmente vinculante por encima de cualquier divisi\u00f3n confesional, y fundamento de la \u00fanica moral que puede hacer felices a todos los hombres.<\/p>\n<p>Ning\u00fan catecismo ense\u00f1aba exactamente estas ideas, pero en todos, especialmente en Centroeuropa, se dej\u00f3 sentir la mentalidad ilustrada. Suele citarse la obra de V. A. Winter, Religi\u00f3ssittliche Katechetik (Landshut 1811), como ejemplo de la primac\u00ed\u00ada de la moral sobre el dogma, y de las verdades descubiertas por el m\u00e9todo socr\u00e1tico sobre la novedad de la revelaci\u00f3n. Desde el punto de vista de la pedagog\u00ed\u00ada, I. von Felbiger (1724-1788), can\u00f3nigo en Silesia y en Austria, es recordado por el impulso que, a partir de observaciones psicol\u00f3gicas, dio al m\u00e9todo catequ\u00ed\u00adstico; B. H. Overberg (1754-1826), formador de maestros-catequistas, por su Historia b\u00ed\u00adblica del Antiguo y Nuevo Testamento, para la instrucci\u00f3n y edificaci\u00f3n, destinada a maestros, alumnos mayores y padres de familia.<\/p>\n<p>En Francia es representativo el Catecismo imperial (1806), adaptaci\u00f3n del antiguo de Bossuet, en el que los misterios de Cristo y los sacramentos pasan a segundo t\u00e9rmino ante la importancia de la moral.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a son muchos los catecismos y textos escolares de religi\u00f3n que llevan la impronta de la Ilustraci\u00f3n: Pedro Vives, Catecismo de la doctrina cristiana (1740); Cayetano Ramo, Explicaci\u00f3n de la doctrina cristiana (1808); Antonio Mar\u00ed\u00ada Claret, Catecismo de la doctrina cristiana, explicado y adaptado a la capacidad de ni\u00f1os y ni\u00f1as (1867), Santiago J. Garc\u00ed\u00ada Mazo, El catecismo de la doctrina cristiana explicado (1839); Camilo Ort\u00fazar, Catecismo explicado con ejemplos (18883); Enrique de Oss\u00f3, Rudimentos de religi\u00f3n y moral (18962). Son s\u00f3lo algunos ejemplos. Todos ellos hacen la misma apolog\u00ed\u00ada del cristianismo: es la religi\u00f3n m\u00e1s natural y m\u00e1s humana, es la moral m\u00e1s santa y m\u00e1s \u00fatil por la dicha individual y la paz social que procura.<\/p>\n<p>3. LA REACCI\u00ed\u201cN. J. M. Sailer (1751-1832), profesor de catequ\u00e9tica en Landshut y luego obispo de Regensburg, tuvo el m\u00e9rito de plantear con progresiva lucidez la pastoral y la catequ\u00e9tica, a partir del anuncio del reino de Dios, en sus Vorlesungen aus der Pastoraltheologie (1788-1789). El catequista, liberado de la especulaci\u00f3n y de los conceptos, debe ser un heraldo del evangelio. Pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, J. B. Hirscher (1788-1865), profesor en Tubinga y en Friburgo de Brisgovia, siguiendo a Sailer, llega m\u00e1s lejos en la concreci\u00f3n de sus planteamientos catequ\u00e9ticos: todas las verdades de fe no tienen la misma importancia y, por tanto, deben ser jerarquizadas en la catequesis seg\u00fan su conexi\u00f3n con el acontecimiento central, que es el reino de Dios. Sus catecismos, publicados en 1845, demasiado dif\u00ed\u00adciles quiz\u00e1 para los catequistas, dejaron de utilizarse en su di\u00f3cesis despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<p>Los intentos de renovaci\u00f3n de Sailer y Hirscher fueron olvidados pronto, al publicar J. Deharbe su Catecismo de la doctrina cristiana (1847), magn\u00ed\u00adfica divulgaci\u00f3n de la neoescol\u00e1stica entonces vigente. L\u00f3gico, claro, completo, ortodoxo, apolog\u00e9tico, apareci\u00f3 en un momento de especial inquietud y confrontaci\u00f3n entre la Iglesia y la sociedad. Las m\u00e1s de veinte ediciones en los primeros seis meses, el favor que le dispensaron enseguida los obispos alemanes, as\u00ed\u00ad como las numerosas e inmediatas traducciones, acreditan su oportunidad.<\/p>\n<p>V. La catequesis contempor\u00e1nea<br \/>\n1. EL \u00abMETODO DE MUNICH\u00bb. La catequesis, tal como ven\u00ed\u00ada practic\u00e1ndose, parec\u00ed\u00ada no bastar ya para educar cristianos en un mundo marcado por la industrializaci\u00f3n y el urbanismo, y en el que la educaci\u00f3n familiar ten\u00ed\u00ada tan poco peso. Esta observaci\u00f3n, junto con el \u00e9xito que la aplicaci\u00f3n de una nueva pedagog\u00ed\u00ada produc\u00ed\u00ada en otras materias escolares, estimul\u00f3 la reflexi\u00f3n de los catequistas. En torno a Munich y a Viena fue cristalizando una renovaci\u00f3n metodol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Se abandona el antiguo an\u00e1lisis exeg\u00e9tico del texto del catecismo y, siguiendo las aportaciones de pedagogos como Herbart (1776-1841) y Ziller (1817-1882), tal como las hab\u00ed\u00ada reformulado y simplificado Otto Willmann (1839-1920), se incorpora a la catequesis la did\u00e1ctica de los grados formales: la presentaci\u00f3n del tema, intuitiva, hecha a trav\u00e9s de narraciones o comparaciones; la explicaci\u00f3n, que procede de lo concreto a lo general, y se hace en di\u00e1logo con los catequizandos; la aplicaci\u00f3n a la vida concreta, que permite cierta verificaci\u00f3n pr\u00e1ctica del contenido de la catequesis.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo, llamado tambi\u00e9n psicol\u00f3gico o de Stieglitz (+ 1920), se afianz\u00f3 y se difundi\u00f3 a trav\u00e9s de los cursos y congresos catequ\u00e9ticos que, desde 1903, se celebraron en Salzburgo, Viena y Munich.<\/p>\n<p>2. LA APORTACI\u00ed\u201cN DE LA ESCUELA ACTIVA. La creciente indiferencia religiosa sigui\u00f3 estimulando la reflexi\u00f3n de los catequistas, que se dejaban enriquecer por nuevas aportaciones de la pedagog\u00ed\u00ada. Tanto el norteamericano Dewey (1859-1952) como el alem\u00e1n Kerschensteiner (1855-1932), hab\u00ed\u00adan llegado a las mismas conclusiones: lo que mejor se aprende es lo que se hace (learning by doing). As\u00ed\u00ad pues, si la catequesis quer\u00ed\u00ada ser eficaz, deb\u00ed\u00ada incorporar a su pedagog\u00ed\u00ada las actividades.<\/p>\n<p>Pero no era bastante con que los ni\u00f1os adquirieran los conocimientos religiosos m\u00e1s f\u00e1cilmente. La catequesis ten\u00ed\u00ada que formar para la vida. Para ello se procuraba que el grupo de catequesis constituyera el ambiente cristiano que ya no se daba ni en la sociedad ni en las familias, pero que era tan necesario para una verdadera educaci\u00f3n cristiana. En \u00e9l se recib\u00ed\u00ada la ense\u00f1anza, por supuesto, pero tambi\u00e9n se jugaba y se celebraban fiestas, se organizaban obras de caridad, se educaba la conciencia moral y, sobre todo, se entraba en contacto con los ritos lit\u00fargicos. En el Congreso catequ\u00e9tico de Munich, de 1928, fueron oficialmente sancionadas todas estas nuevas aportaciones. Como tal m\u00e9todo, a\u00fan fue adoptado en el Catecismo cat\u00f3lico de las di\u00f3cesis de Alemania (1955) y de Austria (1959).<\/p>\n<p>En Francia, como impulsores de la aplicaci\u00f3n de la pedagog\u00ed\u00ada activa a la catequesis, cabe se\u00f1alar a Camille Quinet (1879-1961), uno de los redactores del catecismo nacional de 1937, Andr\u00e9 Boyer (1890-1976), Marie Fargues (1884-1973), Francoise Derkenne (1907-&#8230;).<\/p>\n<p>Representantes espa\u00f1oles de la reforma metodol\u00f3gica son Andr\u00e9s Manj\u00f3n (1846-1923), fundador de las Escuelas del Ave Mar\u00ed\u00ada, y Daniel Llorente (1883-1971), catequista y obispo.<\/p>\n<p>3. LA RENOVACI\u00ed\u201cN KERIGM\u00ed\u0081TICA. Aquella renovaci\u00f3n de los contenidos que ven\u00ed\u00adan intentando desde hac\u00ed\u00ada dos siglos los catequetas m\u00e1s l\u00facidos (Fleury, Sailer, Hirscher) parec\u00ed\u00ada ya inaplazable. La renovaci\u00f3n ven\u00ed\u00ada impulsada, adem\u00e1s, por te\u00f3logos de Innsbruck: J. A. Jungmann (Die Frohbotschaft und unsere Verk\u00fcndigung, 1936) y H. Rahner (Eine Theologie der Verk\u00fcndigung, 1939), entre otros.<\/p>\n<p>La catequesis no es una divulgaci\u00f3n de un sistema de verdades religiosas ni de principios morales, sino el anuncio del mensaje cristiano; el catequista, por lo tanto, no es profesor, sino testigo que transmite un mensaje en el que \u00e9l mismo est\u00e1 implicado; el n\u00facleo del mensaje lo constituye la persona de Cristo, y de su relaci\u00f3n con \u00e9l depende el valor de cada verdad particular; su muerte y resurrecci\u00f3n culminan la historia de la salvaci\u00f3n, y su gracia se nos comunica a nosotros y a todos los pueblos. El contenido prima sobre el m\u00e9todo, y este ha de ser fiel a los lenguajes en que nos llega el mensaje: b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico, doctrinal y testimonial.<\/p>\n<p>El Catecismo cat\u00f3lico alem\u00e1n de 1955, ya citado como exponente del m\u00e9todo de Munich, lo es tambi\u00e9n de la nueva orientaci\u00f3n kerigm\u00e1tica de los contenidos. En Francia lo es Joseph Colomb (1902-1979), quien pone al servicio de la catequesis los resultados de los movimientos b\u00ed\u00adblico y lit\u00fargico, equilibra los contenidos doctrinales del catecismo y los articula en una perspectiva cristoc\u00e9ntrica. En Espa\u00f1a son representativos de esta concepci\u00f3n de la catequesis los Catecismos escolares de 1969. En Italia, La scoperta del regno di Dio (Tur\u00ed\u00adn 1963).<\/p>\n<p>El Vaticano II propici\u00f3 una nueva mentalidad, m\u00e1s sensible a la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, experiencial, comunitaria y pol\u00ed\u00adtica de la catequesis. Esto supuso la superaci\u00f3n de la catequesis kerigm\u00e1tica que, acentuando unilateralmente el car\u00e1cter teol\u00f3gico de la palabra de Dios, hab\u00ed\u00ada dejado en la sombra a su destinatario, que es el hombre.<\/p>\n<p>4. CATEQUESIS \u00abDE LA EXPERIENCIA\u00bb. No s\u00f3lo la palabra de Dios tiene como destinatario al hombre; la palabra de Dios se ha hecho humana, nos llega encarnada en acontecimientos, situaciones y palabras humanas. Por eso, despu\u00e9s del Vaticano II, la catequesis se orienta a hacer descubrir y acoger, a la luz de las experiencias b\u00ed\u00adblicas, el mensaje que Dios dirige al hombre desde la vida. S\u00f3lo si el mensaje aparece trabado en la propia experiencia humana (es decir, en un proceso de apropiaci\u00f3n de los acontecimientos en el que toda la persona queda implicada y como provocada a darles un sentido), podr\u00e1 ser realmente buena noticia y transformar la vida. A este avance del movimiento catequ\u00e9tico contribuy\u00f3 la atenci\u00f3n prestada a las ciencias humanas (psicolog\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada, antropolog\u00ed\u00ada). En Espa\u00f1a el Catecismo escolar de cuarto curso (1972) supone el primer reconocimiento oficial de la nueva perspectiva; le sigui\u00f3 el catecismo para preadolescentes Con vosotros est\u00e1 (1976).<\/p>\n<p>No faltaron riesgos en la pr\u00e1ctica catequ\u00ed\u00adstica durante estos a\u00f1os: el inmanentismo, que no respetaba la alteridad y la gratuidad de la revelaci\u00f3n; el subjetivismo, el intimismo, que reduc\u00ed\u00ada la experiencia cristiana a los l\u00ed\u00admites de los sentimientos individuales; la superficialidad, que imped\u00ed\u00ada superar los an\u00e1lisis m\u00e1s externos y descubrir las preguntas \u00faltimas.<\/p>\n<p>Frente a la perspectiva meramente psicol\u00f3gica que dominaba a veces la catequesis de la experiencia, en la Semana internacional de catequesis de Medell\u00ed\u00adn (1968) se impuso la reflexi\u00f3n sobre las implicaciones sociales y pol\u00ed\u00adticas de la catequesis. El hombre al que se dirige la catequesis es, en efecto, un hombre concretamente situado, marcado por el pasado y tambi\u00e9n por la evoluci\u00f3n del presente; las situaciones humanas, por tanto, han de formar parte de los contenidos de la catequesis, pues para el creyente la historia es historia de salvaci\u00f3n. Se hizo famosa la definici\u00f3n que se acu\u00f1\u00f3 entonces: \u00abacci\u00f3n por la cual un grupo humano interpreta su situaci\u00f3n, la vive y la expresa a la luz del evangelio\u00bb16. La catequesis que surge en Medell\u00ed\u00adn, llamada liberadora, tiene el indudable m\u00e9rito de mostrar c\u00f3mo la salvaci\u00f3n est\u00e1 enraizada en la historia humana, pero tambi\u00e9n el peligro de reducir la salvaci\u00f3n cristiana simplemente a las liberaciones sociopol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>5. MOMENTO DE S\u00ed\u008dNTESIS. La m\u00e1xima contestaci\u00f3n que sufri\u00f3 la catequesis en torno a los a\u00f1os 70, exigi\u00f3 un serio esfuerzo de reflexi\u00f3n. Desde entonces se han publicado una serie de documentos oficiales que forman ya como un corpus catequ\u00e9tico: Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (1971); Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos (1972); Evangelii nuntiandi (1975); Mensaje del s\u00ed\u00adnodo al pueblo de Dios (1977); Catechesi tradendae (1979); Redemptoris missio (1990). En ellos se asumen las sucesivas aportaciones con que se ha ido enriqueciendo la pastoral catequ\u00e9tica, de modo que hoy no se concibe una catequesis que no sea comunitaria, cristoc\u00e9ntrica, antropol\u00f3gica o experiencial y liberadora.<\/p>\n<p>Entender y practicar la catequesis de este modo, supone tomar absolutamente en serio la experiencia humana, para poder descubrir en lo m\u00e1s profundo de ella los grandes interrogantes sobre el origen, el destino y el sentido de la vida; y supone tambi\u00e9n tomar en serio la Sagrada Escritura, como el relato de las m\u00e1s hondas experiencias religioso-cristianas de unos hombres, de un pueblo, a trav\u00e9s de las cuales se nos ha comunicado Dios y nos ha dado a conocer su designio de hacernos a todos familia suya. Precisamente la confrontaci\u00f3n con las experiencias b\u00ed\u00adblicas permitir\u00e1 iluminar, interpretar y transformar en experiencia cristiana el propio proyecto de vida personal y comunitario. Confesi\u00f3n de fe, celebraci\u00f3n lit\u00fargica y testimonio del evangelio en la sociedad, son tres modalidades indispensables -se reclaman unas a otras-para expresar la novedad que Dios va instaurando en la vida personal y social del cristiano.<\/p>\n<p>Una contribuci\u00f3n valios\u00ed\u00adsima a la pastoral catequ\u00e9tica actual ha sido el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (1992). En un momento en que era generalmente reconocido en la catequesis el riesgo de superficialidad y reduccionismos individualistas, aparece el Catecismo con el prop\u00f3sito de servir a la objetividad de la experiencia eclesial de la fe. Todav\u00ed\u00ada es pronto para valorar los frutos que, sin duda, se producir\u00e1n a medida que los obispos y sus colaboradores, lejos del apasionamiento de los primeros momentos, vayan publicando los catecismos en las diversas Iglesias locales, como justas mediaciones de la doctrina com\u00fan de la Iglesia17.<\/p>\n<p>La recta utilizaci\u00f3n del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica resulta precisamente clarificada e impulsada por la publicaci\u00f3n, en 1997, del Directorio general para la catequesis, un nuevo hito en la pastoral catequ\u00e9tica contempor\u00e1nea, en el que se recogen de modo sistem\u00e1tico los avances de la reflexi\u00f3n catequ\u00e9tica del posconcilio. Su asimilaci\u00f3n ayudar\u00e1 a plantear una catequesis m\u00e1s realista en cuanto a la situaci\u00f3n de los destinatarios, bien fundada teol\u00f3gicamente en la constituci\u00f3n Dei Verbum, bien articulada pastoralmente dentro del proceso global de la evangelizaci\u00f3n, al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana en el seno de la Iglesia particular.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a hay que rese\u00f1ar la publicaci\u00f3n, en 1999, de La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, aprobado por la LXX Asamblea plenaria de la Conferencia episcopal el 27 de noviembre de 1998. El documento, que aborda con realismo y profundidad los temas fundamentales de la orientaci\u00f3n de la acci\u00f3n catequizadora de la Iglesia, la formaci\u00f3n cristiana de nuestros ni\u00f1os y j\u00f3venes y la celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, est\u00e1 llamado a jugar un papel importante en la vida pastoral de nuestras di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Se abre, pues, un camino esperanzador para una catequesis que no da por supuesta la conversi\u00f3n, sino que trata de suscitarla y cultivarla, potencia los perfiles de la identidad cristiana por la adhesi\u00f3n a Jesucristo y la vinculaci\u00f3n a la Iglesia, y educa para el di\u00e1logo y el testimonio misionero del evangelio.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf A. TURCK, Evang\u00e9lisation et cat\u00e9ch\u00e9se aux deux premiers si\u00e9cles, Editions du Cerf, Par\u00ed\u00ads 1962; cf G. CAVALLOTTO, Catecumenato antico. Diventare cristiano secondo i Padri, EDB, Bolonia 1996. &#8211; 2. Cf SAN AMBROSIO, In Psalm 118, 20, 48-49; SAN AGUST\u00ed\u008dN, De catechizandis rudibus, 5, 9; SAN CIRILO DE JERUSALEN, Procatequesis, 17. &#8211; 3. Cf SAN BASILIO, Ho,nilia in sanctum baptisma, 1 y 3; SAN GREGORIO NACIANCENO, Oratio in sanctum baptisma, 40, 11; SAN AMBROSIO, Exp. In Luc. 4, 76; SAN AGUST\u00ed\u008dN, Quaest. ad simpl., 1, 2, 2. &#8211; 4. Esta es la pr\u00e1ctica reflejada por san Cirilo de Jerusal\u00e9n en la Procatequesis, 4; SAN JUAN CRIS\u00ed\u201cSTOMO, Cat. ad illum. 1 et II; EGERIA, Itinerario, 45. &#8211; 5. Por ejemplo, la consulta del di\u00e1cono Ferrando a Fulgencio de Ruspe (+ 533) sobre la suerte eterna de un competente muerto sin bautizar (cf PL 65, 380); la disciplina del concilio de Agde (506) sobre el momento de ense\u00f1ar el S\u00ed\u00admbolo a los competentes y la duraci\u00f3n del catecumenado de los jud\u00ed\u00ados conversos (cf MANSI, Sacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio, 327 y 330). &#8211; 6. G. BAREILLE, Cat\u00e9ch\u00e9se, en Dthc, II, 2, Par\u00ed\u00ads 1905, 1891-1893. &#8211; 7. Cf PL 99, 293-295. &#8211; 8.. Es el autor de De quinque septenis seu septenar\u00fcs, en PL 175, 405-414. -9 Al mismo g\u00e9nero pertenecen los cinco op\u00fasculos catequ\u00ed\u00adsticos de santo Tom\u00e1s de Aquino y la llamada Sommele-Roy del dominico J. Laurent (1279). &#8211; 10 Cf S\u00ed\u00adnodo de Aries (813), c. 19, en MANSI 14, 62. &#8211; 11. Cf Capitulare Aquisgranense (813), cc. 10 y 19, en MANSI 14, 60 y 62; Capitular\u00ed\u00ada Ludovici, Lotharii et Caroli Magni imperatorum (827), c. 76, en PL 519-520. &#8211; 12. Cf PL 106, 197-199. -13 Cf S\u00ed\u00adnodo de Le\u00f3n (1303), c. 38, en A. GARC\u00ed\u008dA Y GARC\u00ed\u008dA (ed.), Synodicon bispanum III, BAC, Madrid 1984, 281; Concilio de Valladolid (1322), const. XVII; Concilio de Tarragona (1329), const. LXII, LXXII y LXXV, en J. y R. TEJADA, Colecci\u00f3n de c\u00e1nones y de todos los concilios de la Iglesia espa\u00f1ola III, Madrid 1859, 493 y 542-545. &#8211; 14. Cf MANSI 28, 1147-1148. &#8211; 15. Sesi\u00f3n XXIV. Decreto de reforma c. 4. &#8211; 166 J. AUDINET, La renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica en la situaci\u00f3n contempor\u00e1nea, en AA.VV., Catequesis y mundo de hoy, Marova, Madrid 1970. &#8211; 17. Cf J. RATZINGER, Introducci\u00f3n al nuevo Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, en O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL-J. A. MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO (eds.), El catecismo posconciliar, San Pablo, Madrid 1993, 47-64.<\/p>\n<p>BIBL.: ARNOLD F. 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Contenidos de la catequesis; 3. Organizaci\u00f3n del catecumenado; 4. Decadencia del catecumenado. II. La Edad media: 1. La evangelizaci\u00f3n de los b\u00e1rbaros; 2. La predicaci\u00f3n lit\u00fargica; 3. La escuela; 4. La familia; 5. Las im\u00e1genes; 6. La \u00absociedad cristiana\u00bb; 7. Decadencia. III. 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