{"id":17011,"date":"2016-02-05T11:05:07","date_gmt":"2016-02-05T16:05:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/identidad-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:07","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:07","slug":"identidad-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/identidad-cristiana\/","title":{"rendered":"IDENTIDAD CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Raz\u00f3n de su planteamiento: 1. La identidad en la comprensi\u00f3n del cristiano; 2. La identidad en la antropolog\u00ed\u00ada cristiana; 3. La identidad en la vida del cristiano. II. Naturaleza de la identidad cristiana: 1. El \u00abser en Cristo\u00bb en la identidad cristiana; 2. El \u00abser en la Iglesia\u00bb del cristiano; 3. El sacerdocio bautismal del cristiano; 4. La fraternidad en la identidad cristiana; 5. La secularidad del cristiano; 6. La estructuraci\u00f3n de la persona cristiana.<\/p>\n<p>I. Raz\u00f3n de su planteamiento<br \/>\nResultar\u00ed\u00ada f\u00e1cil aducir una serie de razones que justificasen suficientemente el porqu\u00e9 del estudio del t\u00e9rmino identidad cristiana, pero vemos que esa indagaci\u00f3n est\u00e1 de m\u00e1s cuando en la actualidad sentimos muy cerca, en la propia carne, la necesidad absoluta y perentoria de definir, de presentar y de urgir la identidad cristiana. No hay mayor raz\u00f3n que la propia necesidad1. \u00bfD\u00f3nde descubrimos esta necesidad? \u00bfCu\u00e1les son sus manifestaciones?<br \/>\n1. LA IDENTIDAD EN LA COMPRENSI\u00ed\u201cN DEL CRISTIANO. Aunque no sea el momento de entrar en los an\u00e1lisis que se nos ofrecen para explicarnos la incidencia que la mentalidad actual est\u00e1 teniendo sobre el cristiano2, es obligado que constatemos una situaci\u00f3n muy generalizada entre nosotros, en la que la realidad cristiana tiende a diluirse. Detectamos esta tendencia en el oscurecimiento progresivo de la verdad ontol\u00f3gica de la persona cristiana, como nos lo advirti\u00f3 el Vaticano II: \u00abSon muchos los que, hoy en d\u00ed\u00ada, se desentienden de esta \u00ed\u00adntima y vital uni\u00f3n con Dios o la niegan expl\u00ed\u00adcitamente\u00bb (GS 19). La vemos, tambi\u00e9n, en el relativismo \u00e9tico dentro de las relaciones sociales: \u00abEs el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo \u00e9tico, que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despoj\u00e1ndola m\u00e1s radicalmente del reconocimiento de la verdad\u00bb3, y est\u00e1 muy presente en el comportamiento de los cristianos, como recuerda el Directorio general para la catequesis: \u00abNo falta tampoco un cierto n\u00famero de bautizados que, lamentablemente, ocultan su identidad cristiana, sea por una forma de di\u00e1logo interreligioso mal entendida, sea por una cierta reticencia a dar testimonio de su fe en Jesucristo en la sociedad contempor\u00e1nea\u00bb (DGC 26). El hecho de la difuminaci\u00f3n o de la p\u00e9rdida de contornos de lo cristiano est\u00e1 a la vista.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n est\u00e1 a la vista que la comprensi\u00f3n del cristiano no podr\u00e1 obtenerse desde unos planteamientos parciales o reduccionistas a la baja, que desfiguran lo que es ser cristiano; la comprensi\u00f3n aut\u00e9ntica s\u00f3lo puede hacerse desde los elementos esenciales de la identidad cristiana, presentados en su verdad y en su radicalidad, dentro del contexto cultural en el que nos movemos. Es necesario que, con urgencia, respondamos hoy al reto de la recomposici\u00f3n del creer, tanto en su dimensi\u00f3n \u00f3ntico-religiosa con Dios como en la dimensi\u00f3n \u00e9tico-pol\u00ed\u00adtica de la experiencia cristiana. No cabe otro planteamiento que garantice la comprensi\u00f3n del ser cristiano.<\/p>\n<p>A t\u00ed\u00adtulo de ejemplo, nos referimos a dos situaciones concretas en las que se hace muy patente la necesidad de tener una visi\u00f3n completa de todo lo que entra\u00f1a ser cristiano. En primer lugar, est\u00e1 la rica experiencia que le supone a la persona cristiana ser y vivir como cristiano, que es algo m\u00e1s que el mero cumplimiento de normas, e incluye vivir las relaciones nuevas con Dios, con el hombre y con el universo. Este nivel de experiencia es connatural al cristiano. Consecuentemente, todo cristiano, que est\u00e1 llamado a vivir la experiencia completa de su ser cristiano, deber\u00e1 contar con la mejor comprensi\u00f3n posible de su identidad cristiana. Desde esta perspectiva, se comprende que los planteamientos parciales de lo que es ser cristiano recortan y hasta adulteran la experiencia cristiana. En segundo lugar, nos referimos a la nueva evangelizaci\u00f3n, a la que estamos todos llamados (ChL 33-35). Despu\u00e9s de tomar conciencia de lo que es esta llamada, y de contar con los primeros resultados, est\u00e1 apareciendo con mucha fuerza que la nueva evangelizaci\u00f3n carecer\u00e1 de toda garant\u00ed\u00ada si no ofrece la comprensi\u00f3n del cristiano desde su misma identidad. La identidad cristiana aparece del todo necesaria a la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LA IDENTIDAD EN LA ANTROPOLOG\u00ed\u008dA CRISTIANA. Todos conocemos la preocupaci\u00f3n que actualmente existe por ver al cristiano y presentarlo m\u00e1s all\u00e1 de un sujeto que tiene unas creencias y pretende responder a ellas con la mayor fidelidad posible. Sabemos que ser cristiano es mucho m\u00e1s que responder a la normativa del evangelio, que implica a toda la persona, desde lo m\u00e1s profundo de su ser. Precisamente en esta l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa la catequesis, que tiene este objetivo: \u00abDebe anunciar los misterios esenciales del cristianismo, promoviendo la experiencia trinitaria de la vida en Cristo como centro de la vida de fe\u00bb (DGC 33); y que, consecuentemente, debe tener muy en cuenta la vida en Cristo con las relaciones con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, propias de quien participa de Cristo.<\/p>\n<p>Contamos, pues, con una antropolog\u00ed\u00ada cristiana, que es la forma de entender a la persona cristiana desde lo que ella es por su relaci\u00f3n con Cristo4. Es impensable una antropolog\u00ed\u00ada cristiana al margen de lo que la persona cristiana es. La referencia a la identidad es insustituible.<\/p>\n<p>3. LA IDENTIDAD EN LA VIDA DEL CRISTIANO. Es frecuente encontrar en la vida del cristiano dos planteamientos extremos: por un lado, est\u00e1 la postura de quien entiende la vida cristiana desde uno mismo, acomod\u00e1ndola a los propios intereses, y por otro, est\u00e1 la l\u00ed\u00adnea de quien predominantemente ve la vida cristiana como fuente continua de exigencias y de renuncias dolorosas. Y en el mismo extremo se encuentra el que ve al cristiano b\u00e1sicamente como sujeto de obligaciones y de deberes, en quien deben encontrar eco todas y cada una de las exigencias, aun las m\u00e1s dispares, que se vayan presentando seg\u00fan las sensibilidades del momento. Pero es claro que en ambos extremos hay un olvido total de lo que es ser cristiano.<\/p>\n<p>Conviene recordar que la identidad es anterior a los propios planes y debe informar el proyecto personal; y que la exigencia, que no tiene por qu\u00e9 rebajarse, debe nacer de la misma identidad. Cuando se valora y se acepta la identidad en lo mucho que es, aparece sin m\u00e1s una l\u00ed\u00adnea nueva de comportamiento. Si el cristiano, por su incorporaci\u00f3n a Cristo, cuenta con la nueva relaci\u00f3n de hijo con Dios y de hermano con el hombre (G\u00e1l 4,4-7; Ef 1,5; Rom 8,29), est\u00e1 abierto al futuro -\u00abcon \u00e9l nos resucit\u00f3 y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Ef 2,6)- y, liberado de toda esclavitud, tiene una postura libre en el mundo (Col 2,20), no puede no aceptar que su vida est\u00e9 marcada por la identidad. La conclusi\u00f3n a la que se llega es obvia: no podr\u00e1 entenderse la vida del cristiano sin su identidad.<\/p>\n<p>Todo el recorrido que acabamos de hacer ha puesto al descubierto la absoluta necesidad de la identidad cristiana. Tanto la comprensi\u00f3n del cristiano como la antropolog\u00ed\u00ada cristiana y la vida del cristiano, no admiten ning\u00fan planteamiento que no parta de la identidad. Es el momento de reafirmar la identidad cristiana.<\/p>\n<p>II. Naturaleza de la identidad cristiana<br \/>\nEst\u00e1 a la vista la insistencia por subrayar la necesidad que existe actualmente de la identidad cristiana; pero, precisamente por el acento que ponemos en ella, no podemos caer en la simplificaci\u00f3n de la identidad, reduci\u00e9ndola a su n\u00facleo teol\u00f3gico. Es necesario llegar a la identidad completa del cristiano. Cuando hablamos de la identidad humana no nos referimos s\u00f3lo al ser de la persona en s\u00ed\u00ad, sino que lo situamos en el contexto socio-cultural concreto, y dentro de su momento bio-ps\u00ed\u00adquico personal; entonces podemos decir que llegamos a su identidad completa. Lo mismo nos ocurre cuando planteamos la identidad del cristiano. La identidad completa del cristiano incluye la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica, la dimensi\u00f3n o realizaci\u00f3n sociol\u00f3gica y la dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica5.<\/p>\n<p>Est\u00e1 m\u00e1s que justificado que el \u00abser en Cristo\u00bb del cristiano sea considerado como el punto clave, tanto para la comprensi\u00f3n del cristiano como para su vida; pero esta referencia a la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica, aunque siga siendo esencial e irrenunciable, es insuficiente. No podemos olvidar que la posici\u00f3n del cristiano en el mundo es el punto dif\u00ed\u00adcil y grave en el momento actual; y as\u00ed\u00ad se explica que la realizaci\u00f3n sociol\u00f3gica del cristiano en su contexto le sea totalmente imprescindible para llegar a una identidad existencial concreta. Y tambi\u00e9n debe tenerse muy en cuenta el momento psicol\u00f3gico del cristiano, porque son muchos los aspectos que desde la exigencia bio-ps\u00ed\u00adquica deben estar presentes para garantizar el proceso de la vida y de la persona del cristiano. Dejamos constancia de que la identidad completa del cristiano incluye el \u00abser en Cristo\u00bb, en un contexto socio-hist\u00f3rico concreto, y dentro de su momento bio-ps\u00ed\u00adquico personal; y lo tendremos muy presente en la reflexi\u00f3n que vamos a hacer. Nos centramos ahora en los puntos que consideramos b\u00e1sicos y esenciales de la identidad cristiana.<\/p>\n<p>1. EL \u00abSER EN CRISTO\u00bb EN LA IDENTIDAD CRISTIANA. Estamos ante el punto radical de la identidad cristiana, desde donde se explica el gran cambio de la condici\u00f3n humana6. La misma vida en Cristo, que es caracter\u00ed\u00adstica de la identidad cristiana, parte de su ser en Cristo.<\/p>\n<p>Son muchos los textos que nos hablan de ser en Cristo. San Pablo utiliza con much\u00ed\u00adsima frecuencia la expresi\u00f3n \u00aben Cristo\u00bb, donde sit\u00faa la realidad nueva del ser cristiano. Afirma que el cristiano es (existe) en Cristo (ICor 1,30; Rom 8,1); que quien est\u00e1 en Cristo es nueva criatura (2Cor 5,17), es uno en Cristo Jes\u00fas (G\u00e1l 3,28) y est\u00e1 santificado en Cristo (1Cor 1,2). Y san Juan presenta esta realidad nueva del ser cristiano con las expresiones \u00abnacer de Dios\u00bb (1 In 2,29; 3,9; 4,7; 5,1.18), \u00abser de Dios\u00bb (1Jn 4,4.6; 5,19) y \u00abpermanecer\u00bb (Un 2,5.6.24.27; 3,6.24; 4,12-16; Jn 6,56; 15,4-10)7. A estas expresiones debe sumarse el t\u00e9rmino koinon\u00ed\u00ada, muy presente en san Pablo (1Cor 1,9; 10,16; 2Cor 13,13) y en san Juan (lJn 1,3.6; Jn 14,20). Todos estos textos indican un cambio radical en el cristiano con una connotaci\u00f3n ontol\u00f3gica nueva.<\/p>\n<p>Conviene subrayar que el punto de partida de nuestro ser en Cristo no es nuestra iniciativa personal, como si todo se redujera a nuestra intenci\u00f3n de ser en \u00e9l, de vivir en \u00e9l y de imitarlo para configurarnos con \u00e9l, sino la autodonaci\u00f3n de Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. El dato fundamental en el cambio de la relaci\u00f3n entre el hombre y Dios es el don que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo. Esta autodonaci\u00f3n de Dios, que es llamada gracia increada, es el factor radical de la regeneraci\u00f3n del hombre nuevo8.<\/p>\n<p>Resulta llamativo contemplar la autodonaci\u00f3n de la Trinidad al hombre desde la clave de la entrega, muy presente en el Nuevo Testamento. El Padre, al entregar al Hijo como lo m\u00e1s querido (Rom 8,32; Jn 3,16), se entrega a s\u00ed\u00ad mismo en Cristo: \u00abEn Cristo estaba Dios reconciliando el mundo consigo\u00bb (2Cor 5,19). El Hijo, por su parte, hace suyo el designio del Padre: \u00abEl Hijo del hombre&#8230; ha venido a dar su vida como rescate por muchos\u00bb (Mt 20,28) y, entreg\u00e1ndose, secunda la entrega que hace de \u00e9l el Padre (Heb 10,5-10; G\u00e1l 1,4; Flp 2,8). Y a la entrega de Jes\u00fas est\u00e1 asociado el env\u00ed\u00ado -la entrega (Jn 19,30)- del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abOs conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9\u00bb (Jn 16,7)9. Esta autodonaci\u00f3n de Dios, verificada en la entrega de las tres personas divinas, fundamenta y cualifica la nueva relaci\u00f3n de Dios con el hombre.<\/p>\n<p>El resultado es la nueva criatura en Cristo. La nueva condici\u00f3n del ser en Cristo es participar del ser mismo de Cristo como Hijo encarnado del Padre. El cristiano es en Cristo, y en Cristo vive su vida, que es trinitaria.<\/p>\n<p>Al ser en Cristo, participamos de su relaci\u00f3n de filiaci\u00f3n: somos hijos en el Hijo, entra\u00f1ados en el Padre (Rom 8,14-17; G\u00e1l 4,4-7; 1Jn 3,1); participamos de su relaci\u00f3n de fraternidad: en Jes\u00fas somos hermanos de todos, entra\u00f1ados en la solidaridad de todos los hombres (Rom 8,29; Col 1,18; 1Jn 3,11.24); y participamos de su relaci\u00f3n de se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre el mundo (Mt 12,8; Col 2,20).<\/p>\n<p>Si aceptamos que, al ser en Cristo, participamos de su ser de Hijo, estamos aceptando la divinizaci\u00f3n del hombre. No debe extra\u00f1arnos el planteamiento, ya que est\u00e1 presente en los santos Padres, desde san Ireneo: \u00abEl Hijo de Dios se hizo hijo del hombre para que el hombre, unido \u00ed\u00adntimamente al Verbo de Dios, se hiciera hijo de Dios por adopci\u00f3n\u00bb (Sur chr\u00e9tiens, 34, 336); est\u00e1 presente en la oraci\u00f3n de la Iglesia: \u00abHaznos part\u00ed\u00adcipes de la divinidad de tu Hijo que, al asumir la naturaleza humana, nos ha unido a la tuya de modo admirable\u00bb (misa de medianoche de navidad); y se encuentra en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual, para la cual la presencia de Dios es la gracia increada y la divinizaci\u00f3n o la participaci\u00f3n de la vida de Dios es la gracia creada, y le resulta imprescindible la divinizaci\u00f3n del hombre cuando se plantea la gracia10.<\/p>\n<p>Para entender la identidad cristiana no es suficiente conocer todo lo que significa ser en Cristo, sino que se necesita llegar a la experiencia de ser criatura nueva en Cristo. Si lo propio del cristiano es vivir con el Padre la relaci\u00f3n de hijo en el Hijo (Jn 1,12-13; 11,52; Un 3,1.2.10; 5,2), no basta con reconocer doctrinalmente que Dios es nuestro Padre y aceptarlo, sino que se trata de vivirse hijo en el Hijo, en relaci\u00f3n con el Padre. Lo mismo dir\u00ed\u00adamos de la relaci\u00f3n de hermano con todos los hombres en Cristo (Mt 28,10; Jn 20,17; Rom 8,29): no basta con saber que todos los hombres son hermanos y que nuestro comportamiento debe ser de hermanos, sino que se trata de la experiencia de ser y vivirse hermano de todos en el Hijo. Y a\u00f1adir\u00ed\u00adamos nuestra relaci\u00f3n con todo el universo: no basta con saber que, desde la pascua, Cristo es el Se\u00f1or (iCor 8,6), y que el cristiano participa de su se\u00f1or\u00ed\u00ado, sino que se trata de vivirse con libertad y con gozo en el mundo.<\/p>\n<p>En este contexto se enmarca lo que es seguir a Cristo, tema que resulta fundamental en la vida cristiana11. Apuntamos solamente esta nota: ha sido frecuente identificar el seguimiento con el proyecto personal de compartir la vida con Cristo, de imitarle, de seguir sus huellas para hacerse como \u00e9l, dependiendo todo de uno mismo. Y la realidad es muy distinta: Cristo comparte su vida con nosotros y de su participaci\u00f3n somos en Cristo. Y el seguimiento, que debe vivirse, es consecuencia del ser en Cristo. Quien es en Cristo, le sigue. Nuestro seguimiento es de hijos y de hermanos en \u00e9l.<\/p>\n<p>2. EL \u00abSER EN LA IGLESIA\u00bb DEL CRISTIANO. Aunque de entrada suponga, quiz\u00e1s, alguna extra\u00f1eza incluir en la identidad cristiana la relaci\u00f3n con la Iglesia, sin embargo pronto se ver\u00e1 la necesidad de reafirmar que se es cristiano en la Iglesia; que no es primero ser cristiano y una vez que se es cristiano se agrega a la Iglesia y se relaciona con ella, seg\u00fan las disposiciones personales, sino que es constitutivo del cristiano ser en la Iglesia. Es obvio que, ante las posturas tan diversas que se dan entre los cristianos, se busque fundamentar el ser en la Iglesia del cristiano.<\/p>\n<p>En primer lugar, situamos al cristiano en la Iglesia tratando de comprender lo que le supone al ser cristiano su relaci\u00f3n con la Iglesia, qu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el ser cristiano y la pertenencia a la Iglesia. Para acercarnos a estas cuestiones contamos con la aportaci\u00f3n de la Iglesia misterio: \u00abLa Iglesia es misterio, obra divina, fruto del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, signo eficaz de la gracia, presencia de la Trinidad en la comunidad cristiana\u00bb12; de la Iglesia comuni\u00f3n: \u00absigno e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1) y de la Iglesia misi\u00f3n: \u00abLa Iglesia peregrinante es, por naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan el prop\u00f3sito de Dios Padre\u00bb (AG 2). Tengamos muy presente que se trata de la Iglesia misterio que, brotando del misterio de la Trinidad, tanto en el interior de s\u00ed\u00ad misma como en su actividad evangelizadora, es simult\u00e1neamente misterio de comuni\u00f3n y de misi\u00f3n: \u00abNo garantiza su misi\u00f3n m\u00e1s que estando unida al Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu. No permanece en la comuni\u00f3n de las personas divinas m\u00e1s que si cumple la misi\u00f3n para la que Dios la llama\u00bb13. Desde la comprensi\u00f3n de la Iglesia misterio entenderemos la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n de la Iglesia en todos sus miembros; y en el misterio de la Iglesia se entiende y se vive toda la realidad profunda del cristiano.<\/p>\n<p>Planteamos, a continuaci\u00f3n, la funci\u00f3n de mediaci\u00f3n que tiene la Iglesia para el cristiano. Es necesario este cambio de perspectiva, porque no es suficiente ver al cristiano como miembro de una comunidad de creyentes, en comuni\u00f3n con ellos, compartiendo la misi\u00f3n, sino que hay que verlo tambi\u00e9n acogiendo la mediaci\u00f3n que la Iglesia le ofrece y de la que \u00e9l est\u00e1 necesitado. No se puede olvidar que la Iglesia es tambi\u00e9n medio de salvaci\u00f3n y misterio de gracia para todos y cada uno de sus miembros. Es verdad que la Iglesia es obra de Cristo, pero a su vez es instrumento de Cristo para obrar la salvaci\u00f3n, como nos lo est\u00e1 indicando su sacramentalidad. Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo; ella es asumida por Cristo \u00abcomo instrumento de redenci\u00f3n universal\u00bb (LG 9), \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48), y \u00abla mantiene a\u00fan sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia\u00bb (LG 8). La conclusi\u00f3n no se deja esperar: no es suficiente que el cristiano tenga en la Iglesia una postura activa de entrega y de servicio a favor de los dem\u00e1s, sino que necesita acoger el don de la Iglesia en su mediaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo esto nos hace ver la importancia que tiene que el cristiano comprenda que su relaci\u00f3n con la Iglesia es mucho m\u00e1s que una referencia que est\u00e1 a merced de una colaboraci\u00f3n generosa con ella: es adem\u00e1s constitutiva de su ser cristiano. En la identidad cristiana entra el ser en la Iglesia.<\/p>\n<p>3. EL SACERDOCIO BAUTISMAL DEL CRISTIANO. Si nos situamos en un plano te\u00f3rico doctrinal, no es problema reconocer que por el bautismo los cristianos participan del sacerdocio de Cristo; pero, \u00bfqu\u00e9 contenido tiene para nuestra gente? Es verdad que actualmente se recurre con facilidad al sacerdocio com\u00fan de los fieles; pero la indiferencia se mantiene, y se disparan las preguntas: En nuestro entorno eclesial, \u00bfest\u00e1 asumido suficientemente el sacerdocio com\u00fan? \u00bfEs reconocido como valor al que se responde experimentando una atracci\u00f3n por \u00e9l? \u00bfHasta qu\u00e9 grado se ve necesario el sacerdocio com\u00fan para ser cristiano? Lo del sacerdocio com\u00fan, \u00bfes en concreto algo m\u00e1s que un recurso para argumentar a favor de los derechos de los fieles cristianos en la Iglesia? La identidad cristiana tiene mucho camino que recorrer para incorporar de forma plausible el sacerdocio com\u00fan.<\/p>\n<p>El hecho del sacerdocio com\u00fan en el cristiano es innegable. Lo presenta el Vaticano II (LG 10) de forma expl\u00ed\u00adcita, en continuidad con una doctrina de siempre, que ha tenido una trayectoria ininterrumpida de aceptaci\u00f3n, sin sombras, desde los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo, como nos lo indican los textos de lPe 2,5.9 y Ap 1,6; 5,10; 20,614. En el momento actual, el Catecismo nos ofrece esta clara s\u00ed\u00adntesis: \u00abLos bautizados vienen a ser piedras vivas para la \u00abedificaci\u00f3n de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo\u00bb (1Pe 2,5). Por el bautismo participan del sacerdocio de Cristo, de su misi\u00f3n prof\u00e9tica y real, son \u00ablinaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n consagrada, pueblo de su propiedad, para anunciar las grandezas del que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa\u00bb (1Pe 2,9). El bautismo hace participar en el sacerdocio com\u00fan de los fieles\u00bb (CCE 1268).<\/p>\n<p>Participar del sacerdocio nuevo de Cristo es un cambio total de la situaci\u00f3n religiosa del hombre. Las barreras entre el pueblo y Dios est\u00e1n superadas, y el cristiano tiene en Cristo \u00ablibre acceso a Dios\u00bb (Ef 3,12), puede entrar en el santuario de Dios (Rom 5,1), m\u00e1s a\u00fan: \u00abvosotros sois templos de Dios\u00bb (lCor 3,16; 6,19; Ef 2,22); y el sacrificio, tan propio en el ejercicio de todo sacerdocio, es la propia existencia del cristiano (Rom 12,1; Heb 10,7-9.36). Es la nueva realidad del cristiano, que participa del sacerdocio de Cristo.<\/p>\n<p>No nos basta con ver al cristiano sacerdote, sino que debemos verlo ejerciendo su sacerdocio; el cristiano es sacerdote ejerciendo su sacerdocio. El Catecismo, inmediatamente despu\u00e9s de afirmar: \u00abToda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal\u00bb, a\u00f1ade: \u00abLos fieles ejercen su sacerdocio bautismal a trav\u00e9s de su participaci\u00f3n, cada uno seg\u00fan su vocaci\u00f3n propia, en la misi\u00f3n de Cristo, sacerdote, profeta y rey\u00bb (CCE 1546). Ante el contenido de este texto, conviene subrayar que el cristiano ejerce su sacerdocio bautismal participando de la misi\u00f3n de Cristo en su triple funci\u00f3n. Esta visi\u00f3n se confirma en la Christifideles laici, que dedica el amplio n\u00famero 14 a la participaci\u00f3n de los fieles laicos del triple oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo, y desarrolla el alcance de su contenido. Tambi\u00e9n conviene tener presente lo que se dice al final de dicho n\u00famero: \u00abSe trata de una participaci\u00f3n donada a cada uno de los fieles laicos individualmente; pero les es dada en cuanto que forman parte del \u00fanico Cuerpo del Se\u00f1or\u00bb (ChL 14).<\/p>\n<p>En este contexto debe situarse la misi\u00f3n del cristiano, que se enra\u00ed\u00adza en el sacerdocio bautismal, y pertenece a la identidad cristiana. No suele ser extra\u00f1o concebir la misi\u00f3n como dato supererogatorio al ser cristiano y apelar a la generosidad personal y a la obligaci\u00f3n moral como miembro de una Iglesia, que es misionera, para motivar el servicio a favor de los dem\u00e1s. Pero, por lo que acabamos de ver, la misi\u00f3n en su triple funci\u00f3n tiene su origen en la participaci\u00f3n del sacerdocio de Cristo, y pertenece constitutivamente a la identidad del cristiano.<\/p>\n<p>Cuando se habla del sacerdocio com\u00fan, surge como tema obligado la relaci\u00f3n con el ministerio ordenado o el sacerdocio ministerial. El Vaticano II plante\u00f3 dicha relaci\u00f3n (LG 10) y la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Pastores dabo vobis insiste en ella (16 y 17). Pero la problem\u00e1tica es tan real que aparece clara la llamada al presb\u00ed\u00adtero para que revise su posici\u00f3n, se sit\u00fae dentro del sacerdocio com\u00fan y pueda servirlo eficazmente. (Tengamos muy presente que la valoraci\u00f3n del sacerdocio com\u00fan marca la comprensi\u00f3n del sacerdocio ministerial). La llamada se hace tambi\u00e9n al sacerdocio com\u00fan para que tome conciencia de la necesidad que tiene del sacerdocio ministerial: el sacerdocio com\u00fan necesita absolutamente la mediaci\u00f3n de Cristo, y el sacerdocio ministerial es sacramento de la mediaci\u00f3n de Cristo para el sacerdocio com\u00fan15. De forma clara se nos dice: \u00abEl ministerio del presb\u00ed\u00adtero&#8230; est\u00e1 para la promoci\u00f3n del ejercicio del sacerdocio com\u00fan de todo el pueblo de Dios\u00bb (PdV 16). Llegamos a la conclusi\u00f3n de que al sacerdocio com\u00fan le es totalmente necesario el sacerdocio ministerial.<\/p>\n<p>4. LA FRATERNIDAD EN LA IDENTIDAD CRISTIANA. Es f\u00e1cil descubrir que la fraternidad, con su consecuente servicio a los hermanos, est\u00e1 ya incluida en los puntos anteriormente desarrollados, y que forma parte de la identidad cristiana; pero, porque queremos subrayar su gran importancia, la tratamos por separado. Necesitamos que la fraternidad est\u00e9 muy presente, por una doble raz\u00f3n: como criterio de garant\u00ed\u00ada para evaluar la identidad cristiana y como factor que mantenga el dinamismo de la vida del cristiano.<\/p>\n<p>Con la reflexi\u00f3n de los puntos anteriores, podemos dar ya por supuesto que la fraternidad entra dentro de la identidad cristiana. Pero recordamos, en primer lugar, que es la filiaci\u00f3n del cristiano, que es en Cristo, lo que fundamenta la fraternidad. No hay fraternidad donde no hay filiaci\u00f3n. Y el Unig\u00e9nito (Jn 1,14), al hacernos part\u00ed\u00adcipes de su relaci\u00f3n con el Padre, se convierte en el primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rom 8,29). Es su don de pascua (Mt 28,10; Jn 20,17; Heb 2,11.17). Recordamos, adem\u00e1s, que la comuni\u00f3n en la Iglesia ahonda las relaciones de los miembros, porque es mucho m\u00e1s que la mera participaci\u00f3n de bienes materiales; implica participar de los bienes m\u00e1s radicales, como son la alianza, la regeneraci\u00f3n en Cristo, la \u00abparticipaci\u00f3n (ser part\u00ed\u00adcipes-koin\u00f3noi) de la naturaleza divina\u00bb (2Pe 1,4), la filiaci\u00f3n. La Iglesia es comuni\u00f3n porque hunde sus ra\u00ed\u00adces en el misterio fontal de la comuni\u00f3n: Dios Padre, el Hijo Jesucristo, el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por fin, recordamos que la misi\u00f3n del cristiano a favor de los hombres, sus hermanos, es la misi\u00f3n de Cristo, en la que se participa por el sacerdocio bautismal.<\/p>\n<p>Nuestra insistencia por explicitar que la fraternidad real y operativa pertenece a la identidad cristiana, responde a dos retos actuales muy concretos: 1) Es urgente que el cristiano se comprometa a favor de los hermanos necesitados. Ante las necesidades tan primarias que sufren los hermanos, no es posible que un cristiano se desentienda de ellos. Y no olvidemos que la negativa a los hermanos se vuelve contra uno mismo. Tengamos muy presente que, cuando se debilita el compromiso, se debilita la misma identidad cristiana, porque no es posible vivir la filiaci\u00f3n sin la fraternidad: \u00abSi alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve. Este es el mandamiento que hemos recibido de \u00e9l: que el que ame a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano\u00bb (Un 4,20-21). La fraternidad viene a ser la verificaci\u00f3n de la vivencia filial. 2) Es tambi\u00e9n urgente que la solidaridad del cristiano no s\u00f3lo no pierda su raz\u00f3n de ser, sino que la potencie. Queremos decir que, si buscamos asegurar el compromiso de la solidaridad entre todos los hombres, no hay otra garant\u00ed\u00ada mejor que la de la filiaci\u00f3n, porque la verificaci\u00f3n de la filiaci\u00f3n est\u00e1 en una fraternidad solidaria. S\u00f3lo quien viva el don de la filiaci\u00f3n puede entregarse enteramente y sin reservas al otro en el amor. La fraternidad real potencia la solidaridad.<\/p>\n<p>5. LA SECULARIDAD DEL CRISTIANO. No supondr\u00e1 ninguna extra\u00f1eza que se relacione la secularidad con la identidad cristiana; al contrario, se estar\u00e1 echando en falta su tratamiento. Al explicar qu\u00e9 entend\u00ed\u00adamos por identidad cristiana completa, se\u00f1al\u00e1bamos c\u00f3mo incluye tambi\u00e9n la realizaci\u00f3n sociol\u00f3gica concreta. Consecuentemente, el tema est\u00e1 ya, de alguna forma, introducido. Somos conscientes de que en estos momentos existe una sensibilidad especial por este punto, de tal forma que el tema aflora sin m\u00e1s siempre que se trate la identidad cristiana, en cualquier forma de vida que se practique16, y urgiendo una respuesta. Pero como en realidad est\u00e1 resultando complejo, \u00bfqu\u00e9 aspectos debemos tener en cuenta?17.<\/p>\n<p>a) Como primer dato, la secularidad del cristiano incluye la cercan\u00ed\u00ada al mundo. Esta cercan\u00ed\u00ada puede entenderse como sociol\u00f3gica, que lleva al cristiano a compartir la fraternidad real de todos los hombres, sus hermanos, y a aceptar los condicionamientos de su ambiente; y tambi\u00e9n como psicol\u00f3gica, que comporta entrar en los nuevos valores y tener una empat\u00ed\u00ada con nuestro mundo. Esta cercan\u00ed\u00ada se vivi\u00f3 con especial fuerza en la \u00e9poca anterior al Vaticano II, y cont\u00f3 con el esp\u00ed\u00adritu de encarnaci\u00f3n, muy presente en aquel momento18. Se comprende que la cercan\u00ed\u00ada al mundo puede vivirse desde distintas mentalidades: o para convertir al mundo, que es malo, o para aceptarlo y asumirlo en lo que es. En todo caso, la cercan\u00ed\u00ada del cristiano al mundo ha sido y es del todo necesaria.<\/p>\n<p>b) Un segundo paso consiste en que el cristiano valore la secularidad. La aportaci\u00f3n inicial para su valoraci\u00f3n la encontramos en el Vaticano II, que la fundamenta en la encarnaci\u00f3n de Cristo: \u00abEl Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho \u00e9l mismo carne y habitando en la tierra, entr\u00f3 como hombre perfecto en la historia del mundo, asumi\u00e9ndola y recapitul\u00e1ndola en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (GS 38; cf LG 31). Pablo VI en la Evangelii nuntiandi sigue la misma l\u00ed\u00adnea de valorar la secularidad aun en medio del turbulento proceso de secularizaci\u00f3n (EN 55). Juan Pablo II en la Christifideles laici plantea la secularidad de la Iglesia: \u00abLa Iglesia tiene una aut\u00e9ntica dimensi\u00f3n secular, inherente a su naturaleza \u00ed\u00adntima y a su misi\u00f3n, cuyas ra\u00ed\u00adces se hunden en el misterio del Verbo encarnado, y que se realiz\u00f3 de diversas formas por sus miembros\u00bb; y describe la secularidad propia del laico (ChL 15).<\/p>\n<p>Es muy conveniente reconocer que la Iglesia es secular y que el cristiano tambi\u00e9n es secular. La secularidad es la marca de todo hombre y de todo cristiano. Y tambi\u00e9n conviene recordar que la secularidad no puede confundirse con una forma concreta de secularidad, ante la cual todo deba rendirse. La secularidad tiene distintas formas de vivirse, que no se pueden imponer.<\/p>\n<p>c) Nos planteamos, por fin, la relaci\u00f3n que en la identidad cristiana debe haber entre el ser criatura nueva del cristiano y la secularidad. No se trata de prescindir de la secularidad, pero tampoco del ser en Cristo; se necesitan las dos, como lo afirma Juan Pablo II: \u00abLa condici\u00f3n eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su \u00ed\u00adndo le secular\u00bb (ChL 15). Pero, \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n debe existir? Est\u00e1 claro que no basta con ir al mundo desde la novedad de ser criatura nueva sin valorarlo; y tampoco es suficiente plantear la secularidad junto a la novedad cristiana; la relaci\u00f3n debe ser de ida y de vuelta: el cristiano vivir\u00e1 la secularidad desde lo que \u00e9l es en Cristo, y, a su vez, la novedad original del cristiano se ver\u00e1 marcada por su posici\u00f3n en el mundo, por la secularidad.<\/p>\n<p>6. LA ESTRUCTURACI\u00ed\u201cN DE LA PERSONA CRISTIANA. Necesitamos este \u00faltimo punto para completar la visi\u00f3n de la identidad cristiana. Es f\u00e1cilmente comprensible que la identidad cristiana no es real mientras no lleguemos a la persona cristiana, porque no existe tal identidad sin la persona cristiana. Por esta raz\u00f3n, la persona es el objeto prioritario de atenci\u00f3n cuando hablamos del ser cristiano. En esta l\u00ed\u00adnea se mueve el Directorio general para la catequesis, cuando se\u00f1ala que la catequesis, entre los desaf\u00ed\u00ados y opciones a asumir: \u00aba ejemplo de la catequesis patr\u00ed\u00adstica, debe moldear la personalidad creyente y, en consecuencia, ser una verdadera y propia escuela de pedagog\u00ed\u00ada cristiana\u00bb (DGC 33). Pero el punto clave, grave y urgente, de la persona cristiana es su estructuraci\u00f3n desde lo que es ser cristiano. Recordamos:<br \/>\na) La estructuraci\u00f3n de la persona cristiana es la garant\u00ed\u00ada de ser cristiano. No es suficiente con que el cristiano tenga una idea clara de lo que la identidad cristiana comporta: el ser en Cristo, llegar a ser nueva criatura en filiaci\u00f3n; fraternidad y se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre el mundo, el ser en Iglesia, el sacerdocio bautismal, la fraternidad con los hermanos y el estar inmerso en la secularidad. Se trata de estructurar existencialmente la persona desde esta realidad cristiana. La estructuraci\u00f3n supone una visi\u00f3n objetiva de todo lo que es ser cristiano, una valoraci\u00f3n consecuente que implique lo profundo de la persona, y una respuesta de vida que corresponda a la visi\u00f3n y a la valoraci\u00f3n que tiene del cristiano. Esta es la gran tarea que debe realizar todo cristiano: integrar toda su persona en unidad desde su ser cristiano.<\/p>\n<p>b) La estructuraci\u00f3n de la persona es un buen criterio para evaluar c\u00f3mo se lleva la vida cristiana, cu\u00e1l es su calado. Cuando la estructuraci\u00f3n de la persona cristiana se resquebraja y los objetivos van por un lado, el mundo de valoraciones va por otro y la respuesta de vida por otro, no tenemos delante a quien es y vive en cristiano. Podr\u00e1n darse comportamientos aislados y alimentarse aspiraciones nobles, pero no tenemos la persona integrada por el ser cristiano. El dato que nos evidencia el proceso de la vida y de la persona del cristiano es su estructuraci\u00f3n integral.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Nos produce extra\u00f1eza comprobar que los diccionarios actuales de teolog\u00ed\u00ada o de disciplinas teol\u00f3gicas, a los que hemos tenido acceso, no incluyan el estudio de cristiano o de un t\u00e9rmino af\u00ed\u00adn. -2. Ante la abundante literatura que existe sobre el tema, cf L. DucH, Religi\u00f3n y mundo moderno. Introducci\u00f3n al estudio de los fen\u00f3menos religiosos, PPC, Madrid 1995; J. A. GARCIA, En el mundo desde Dios, Sal Terrae, Santander 1987; J. MARDONES, Posmodernidad y cristianismo, Sal Terrae, Santander 1988; J. MARTIN VELASCO, Increencia y evangelizaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1988; El cristianismo en una cultura posmoderna, Sal Terrae, Santander 1996. &#8211; 3. JUAN PABLO II, Veritatis splendor, San Pablo, Madrid 1993, n. 101. &#8211; 4. Cf J. I. GONz\u00ed\u0081LEZ FAUS, Proyecto de hermano. Visi\u00f3n creyente del hombre, Sal Terrae, Santander 1987; L. F. LADARIA, Teolog\u00ed\u00ada del pecado original y de la gracia, BAC, Madrid 1993; J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, El don de Dios. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica especial, Sal Terrae, Santander 1991. &#8211; 5 Cf S. GAMARRA, Teolog\u00ed\u00ada espiritual, BAC, Madrid 1997, 39-46; 254-261. &#8211; 6 Cf R. GRANDEZ, Nuestra vida \u00aben Cristo Jes\u00fas\u00bb seg\u00fan san Pablo (Ad usum privatum), Facultad de Teolog\u00ed\u00ada, Vitoria 1997. &#8211; 7. Cf J. M. CAPDEVILA, Liberaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n del hombre. La teolog\u00ed\u00ada de la gracia en el evangelio y en las cartas de san Juan, 2 vols., Secretariado Trinitario, Salamanca 1984. &#8211; 8 Cf J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, o.c., 337-369. &#8211; 9 Cf S. GAMARRA, Cristo, jubileo del Padre, BAC, Madrid 1998. &#8211; 10 Cf J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, o.c., 371-406; L. F. LADARIA, o.c., 270-276. &#8211; 11. Cf S. GALILEA, El seguimiento de Cristo, en Religiosidad popular y pastoral, Cristiandad, Madrid 1979, 241-327; D. MONGILLO, Seguimiento, en DE FIORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991&#8242;, 1717-1728; E. SCHILLEBEECKX, Jes\u00fas. La historia de un viviente, Cristiandad, Madrid 1983&#8242;, 198-208; R. SCHNACKENBURG, La llamada al seguimiento, en El mensaje moral del Nuevo Testamento I, Herder, Barcelona 1989, 65-76. &#8211; 12 JUAN PABLO II, Pastores dabo vobis, San Pablo, Madrid 1992, n. 59. -13. R. COFFY, L&#8217;Eglise, Descl\u00e9e, Par\u00ed\u00ads 1984, 35. -14 Cf A. VANHOYE, Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo seg\u00fan el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984, 287-316. &#8211; 15 Cf ib, 251-324. &#8211; 16 As\u00ed\u00ad nos lo confirma el simposio sobre Presbiterado y secularidad, celebrado en Madrid, en noviembre de 1997, bajo la direcci\u00f3n de la Comisi\u00f3n episcopal del clero (CEC) y la Comisi\u00f3n episcopal de seminarios y universidades (CESU), Edice, Madrid 1998. &#8211; 17. Cf S. LEFEBVRE, Secularidad, en LATOURELLE R.-FISICHELLA R. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 1320-1335; S. PIENINOT, Secularidad y cristianismo, en Presbiterado y secularidad, o.c. &#8211; 18 Cf S. GAMARRA, en Presbiterado y secularidad, o.c.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en las notas: ALFARO J., Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; CAPRARO G. (ed.), Sociologia e Teologia di fronte al futuro, Trento 1995; FRANKL V. E., Presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religi\u00f3n, Herder, Barcelona 1980; LEGIDO M., Misericordia entra\u00f1able. Historia de la salvaci\u00f3n anunciada a los pobres, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A J. L., Crisis y apolog\u00ed\u00ada de la fe. Evangelio y nuevo milenio, Sal Terrae, Santander 1995; WEISMAYER J., Vida cristiana en plenitud, PPC, Madrid 1990.<\/p>\n<p>Saturnino Gamarra Mayor<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Raz\u00f3n de su planteamiento: 1. La identidad en la comprensi\u00f3n del cristiano; 2. La identidad en la antropolog\u00ed\u00ada cristiana; 3. La identidad en la vida del cristiano. II. Naturaleza de la identidad cristiana: 1. El \u00abser en Cristo\u00bb en la identidad cristiana; 2. El \u00abser en la Iglesia\u00bb del cristiano; 3. El sacerdocio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/identidad-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIDENTIDAD CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17011","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17011","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17011"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17011\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17011"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17011"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17011"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}