{"id":17012,"date":"2016-02-05T11:05:09","date_gmt":"2016-02-05T16:05:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-local-diocesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:09","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:09","slug":"iglesia-local-diocesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-local-diocesis\/","title":{"rendered":"IGLESIA LOCAL (DIOCESIS)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Un tema abierto en la teolog\u00ed\u00ada y en la pastoral. II. Precisiones terminol\u00f3gicas. III. Naturaleza. IV. Elementos constitutivos. V. Rostro propio.<\/p>\n<p>1. Un tema abierto en la teolog\u00ed\u00ada y en la pastoral<br \/>\nEl Directorio general para la catequesis presenta a la Iglesia particular como lugar donde se realiza el ministerio catequ\u00e9tico y como sujeto primordial del mismo (cf DGC 217-219; IC 14-16). Este planteamiento es fruto de un largo proceso de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral, y, a su vez, aporta nuevas perspectivas a un debate que a\u00fan sigue abierto. En efecto, pocos temas eclesiol\u00f3gicos han despertado tanto inter\u00e9s y han estimulado la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de forma tan intensa, durante los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os, como la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia particular o local.<\/p>\n<p>El tema salt\u00f3 con fuerza a la palestra teol\u00f3gica gracias a los movimientos renovadores que prepararon el Vaticano II: el redescubrimiento del car\u00e1cter mist\u00e9rico y sacramental de la Iglesia, auspiciado por la vuelta a las fuentes b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas y por el movimiento lit\u00fargico; la toma de conciencia de la responsabilidad de los laicos en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia; el desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada del episcopado, y la misma reflexi\u00f3n motivada por la convocatoria de un nuevo concilio sobre la significaci\u00f3n e importancia de este evento. Todos estos factores, a los que se unir\u00ed\u00ada enseguida la influencia de la teolog\u00ed\u00ada oriental, plantearon la necesidad de superar la visi\u00f3n societaria y unilateralmente universalista que hab\u00ed\u00ada presentado la eclesiolog\u00ed\u00ada occidental desde la Edad media, para ofrecer una visi\u00f3n a la vez m\u00e1s m\u00ed\u00adstica y encarnada, como acontecimiento de salvaci\u00f3n que se realiza aqu\u00ed\u00ad y ahora.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, pues, que el Vaticano II intentara responder a esta necesidad con un planteamiento eclesiol\u00f3gico basado en los aspectos mist\u00e9ricos de la Iglesia, y que fuera capaz de armonizar la universalidad de la \u00fanica Iglesia con la pluralidad de Iglesias episcopales. En concreto, el tema de la Iglesia particular o local aparece de forma importante en cuatro documentos conciliares.<\/p>\n<p>El primer texto expl\u00ed\u00adcito sobre la Iglesia local, que resultar\u00ed\u00ada decisivo para los desarrollos posteriores, es el n. 41 de Sacrosanctum concilium, donde se afirma que la principal manifestaci\u00f3n de la Iglesia es la asamblea lit\u00fargica presidida por el obispo, y se describe, adem\u00e1s, la composici\u00f3n interna de este acontecimiento privilegiado de la Iglesia.<\/p>\n<p>Este n\u00facleo importante de la Constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia est\u00e1 en la base de las grandes afirmaciones que aparecen en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen gentium. En el n. 13, se explica la catolicidad de la Iglesia como un intercambio vivo y progresivo entre las distintas partes de la Iglesia, en tensi\u00f3n hacia la plenitud de la unidad, y se hace referencia a las peculiaridades que caracterizan a cada Iglesia por la asunci\u00f3n de la cultura de su propio entorno. Pero las afirmaciones m\u00e1s importantes se encuentran en el n. 23, dedicado a explicar las relaciones internas en el Colegio episcopal. En \u00e9l se afirma que las Iglesias particulares est\u00e1n formadas a imagen de la Iglesia universal, y que esta existe en y a partir de aquellas. De ambas afirmaciones se podr\u00e1 concluir el principio b\u00e1sico de la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia particular: cada Iglesia particular es la Iglesia \u00fanica de Cristo, que se hace presente en un lugar determinado, provista de todos los medios de salvaci\u00f3n dados por Cristo a su Iglesia.<\/p>\n<p>Otro texto importante es el n. 11 del decreto Christus Dominus, que ofrece una definici\u00f3n de la Iglesia particular, que ser\u00e1 posteriormente reproducida en el canon 369 del actual C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico.Y el desarrollo m\u00e1s importante del tema aparece en uno de los documentos \u00faltimos y m\u00e1s maduros del Concilio, el decreto Ad gentes, que dedica todo el cap\u00ed\u00adtulo III (nn. 19-22) a explicar la g\u00e9nesis, naturaleza, misi\u00f3n y ministerios de las Iglesias particulares.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada posconciliar ha considerado que la ense\u00f1anza del Vaticano II sobre la Iglesia particular es demasiado sucinta, marginal con respecto al conjunto y dispersa, sin una estructuraci\u00f3n clara. Pero ha reconocido que ofrece suficientes principios teol\u00f3gicos para desarrollar una visi\u00f3n m\u00e1s completa y organizada, y se ha lanzado a la tarea. Las publicaciones sobre el tema se han multiplicado con ritmo creciente. Y el fruto de esta intensa actividad teol\u00f3gica aparece con toda claridad en dos campos. Primero, en la estructuraci\u00f3n de los mismos manuales y tratados generales sobre la Iglesia, en los que la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia particular ocupa ya un lugar central. Y segundo, en los mismos documentos oficiales de la Iglesia, tanto del papa como de los distintos organismos de la Santa Sede, en los que el tema va cobrando una importancia tambi\u00e9n creciente.<\/p>\n<p>Sin embargo, faltan por aclarar mejor algunos aspectos. Temas como el de la colegialidad de las Iglesias, la funci\u00f3n teol\u00f3gica del primado de la Iglesia de Roma, la integraci\u00f3n del ministerio en el seno de la comunidad, la estructuraci\u00f3n de la Iglesia particular como comunidad efectiva, la relaci\u00f3n de cada Iglesia con su cultura local, etc., est\u00e1n necesitando a\u00fan una mayor profundizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y si del campo de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica pasamos al de la vida de la Iglesia, la tarea pendiente es a\u00fan m\u00e1s amplia. A pesar de todos los esfuerzos realizados, resulta a\u00fan pobre la conciencia de los fieles sobre su pertenencia a una Iglesia particular. Seguramente la catequesis y la formaci\u00f3n cristiana en general no han reflejado la importancia que el magisterio y la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1n dando a este tema. Y esta laguna puede tener un efecto grave: la configuraci\u00f3n de un cristianismo de grupos libres y subjetivos, que se parece m\u00e1s a una confederaci\u00f3n o amalgama de sectas que a una Iglesia bien estructurada. Hace ya muchos a\u00f1os que Congar se\u00f1alaba como objetivo prioritario el \u00abretejer el tejido de la Iglesia\u00bb. El desaf\u00ed\u00ado sigue a\u00fan pendiente, si no agravado.<\/p>\n<p>II. Precisiones terminol\u00f3gicas<br \/>\nVamos a analizar la realidad de una Iglesia, integrada por una porci\u00f3n del pueblo de Dios, que se ubica en un lugar determinado, y confiada a la responsabilidad pastoral de un obispo. El derecho actual de la Iglesia y la mayor\u00ed\u00ada de los documentos oficiales de la misma, designan esta realidad con el nombre de Iglesia particular. Sin embargo, en este art\u00ed\u00adculo se prefieren otros dos nombres: Iglesia local y di\u00f3cesis. Existe, pues, una multiplicidad de nombres para referirse a una misma realidad. Y, lo que es m\u00e1s importante, una falta de consenso sobre cu\u00e1l es la designaci\u00f3n m\u00e1s apropiada.<\/p>\n<p>El problema comienza ya en los mismos textos del Vaticano II, en los que se aprecia una clara fluctuaci\u00f3n terminol\u00f3gica. As\u00ed\u00ad, Iglesia particular designa unas veces a la di\u00f3cesis (cf LG 23; SC 13; AG 19-20) y otras a una agrupaci\u00f3n de Iglesias que tienen un mismo rito (cf OE; AG 27). Iglesia local se utiliza con el significado de rito o patriarcado (LG 23), como sin\u00f3nimo de di\u00f3cesis (AG 27; PO 6), y referido a comunidades m\u00e1s reducidas como las parroquias (LG 26). En cambio, di\u00f3cesis designa siempre, y de forma exclusiva, a la Iglesia presidida por un obispo. Es verdad, sin embargo, que el Vaticano II, a pesar de esta fluctuaci\u00f3n, manifiesta algunas preferencias. Se puede decir que la expresi\u00f3n Iglesia local tiene un significado amplio, que sirve para designar todas las realizaciones concretas de la Iglesia: Iglesias patriarcales o regionales, di\u00f3cesis, parroquias e Iglesias dom\u00e9sticas. En cambio, Iglesia particular designa preferentemente a la Iglesia presidida por el obispo, es decir, a la di\u00f3cesis. Y esta preferencia es la que tender\u00e1 a imponerse.<\/p>\n<p>En efecto, el derecho can\u00f3nico vigente ha optado claramente por la expresi\u00f3n Iglesia particular, imponiendo su uso en todos los documentos emanados de la Santa Sede. Pero la literatura teol\u00f3gica no ha dado por cerrado el debate, quiz\u00e1s por causa de las ambig\u00fcedades que puede sugerir esta expresi\u00f3n. Ante este panorama, no queda m\u00e1s remedio que indicar las ventajas e inconvenientes de las tres denominaciones.<\/p>\n<p>Iglesia particular tiene la ventaja aparente de distinguirse de la Iglesia universal. Pero en esta misma contraposici\u00f3n reside tambi\u00e9n su ambig\u00fcedad. Porque la Iglesia episcopal no es ni una parte de la Iglesia universal ni una especie de subdivisi\u00f3n administrativa de la misma en orden a un funcionamiento m\u00e1s eficaz, sino una presencia de todo el misterio de la Iglesia en un lugar determinado. Y esta localizaci\u00f3n, que es un elemento determinante para caracterizar a la Iglesia episcopal, no queda expl\u00ed\u00adcita en la expresi\u00f3n Iglesia particular.<\/p>\n<p>Iglesia local, en cambio, destaca en primer t\u00e9rmino el rostro propio que caracteriza a cada Iglesia en virtud de la asimilaci\u00f3n de los elementos geogr\u00e1ficos, hist\u00f3ricos, sociales y culturales del entorno concreto donde est\u00e1 implantada. La dificultad, en este caso, es que la \u00f3smosis entre fe y cultura no se da solamente a nivel de Iglesia episcopal, sino tambi\u00e9n en las otras realizaciones m\u00e1s amplias o m\u00e1s peque\u00f1as de la Iglesia, que, en este sentido, pueden llamarse igualmente Iglesias locales. Por otra parte, algunos autores opinan que caracterizar a una Iglesia como local, supone dar demasiada importancia teol\u00f3gica al lugar. De todos modos, se aprecia una preferencia por esta denominaci\u00f3n en muchos de los estudios teol\u00f3gicos actuales.<\/p>\n<p>El vocablo di\u00f3cesis tiene la ventaja de ser preciso, puesto que se refiere \u00fanicamente a la Iglesia episcopal. Sin embargo, goza de poco \u00e9xito entre los te\u00f3logos por el hecho de ser una mera denominaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica que nos viene de las divisiones administrativas del Imperio romano. Pero no se puede olvidar que el Vaticano II ha ofrecido una definici\u00f3n teol\u00f3gica de la di\u00f3cesis, que modifica sustancialmente el significado de este t\u00e9rmino. De ah\u00ed\u00ad que, en el uso de las comunidades cristianas, se vaya imponiendo cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s la denominaci\u00f3n de Iglesia diocesana.<\/p>\n<p>III. Naturaleza<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es una Iglesia particular, local o diocesana? Despu\u00e9s del Vaticano II hay que responder con toda rotundidad: es la sola y \u00fanica Iglesia de Cristo, que se manifiesta, opera y se convierte en experiencia directa, de modo pleno y eminente, en un grupo de creyentes que viven en un lugar y tiempo determinados.<\/p>\n<p>Afirmamos, ante todo, que es Iglesia. No se trata, por tanto, de una mera instituci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, ni de una instancia administrativa o de servicios, sino de una comunidad convocada por Dios como cuerpo de Cristo y templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que sea signo e instrumento de salvaci\u00f3n. Ciertamente es una comunidad de personas: pero lo que la constituye no es la decisi\u00f3n humana de estas, sino la iniciativa divina que, a trav\u00e9s del anuncio del evangelio y la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, hace posible la adhesi\u00f3n de la fe en estos hombres, y los introduce en la comuni\u00f3n de la vida trinitaria. De modo que la comuni\u00f3n visible, que solemos llamar comunidad, es signo e instrumento de la comuni\u00f3n con Dios, tanto para los de dentro como para los de fuera. Porque la Iglesia es enviada al mundo para anunciar y testimoniar, actualizar y extender el misterio de comuni\u00f3n que la constituye: a reunir a todos y a todo en Cristo.<\/p>\n<p>La Iglesia diocesana no es una Iglesia, entre otras, ni una parte de la Iglesia, sino la Iglesia, que es una realidad \u00fanica e indivisible en todo el mundo. La Iglesia no se puede concebir como una unidad primera que despu\u00e9s se divide en partes, ni como una pluralidad que posteriormente se une por confederaci\u00f3n. Es un \u00fanico acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, derivado del \u00fanico acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Cristo; y por eso es siempre la misma en todas partes. Como dice san Pablo: \u00abUno solo es el cuerpo y uno solo el Esp\u00ed\u00adritu, como tambi\u00e9n es una la esperanza&#8230;; un solo Se\u00f1or, una fe, un bautismo, un Dios que es Padre de todos&#8230;\u00bb (Ef 4,4-6).<\/p>\n<p>Pero, como el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico que es la Iglesia es para todos y cada uno de los hombres, necesita mostrar su eficacia concreta en todo tiempo y lugar. Por eso la \u00fanica Iglesia de Cristo se manifiesta y opera de m\u00faltiples maneras y en distintos lugares: como Iglesia dom\u00e9stica en la familia, o como Iglesia parroquial, como comunidad de oraci\u00f3n o de misi\u00f3n, como comunidad de consagrados o de laicos&#8230; En todas estas manifestaciones, es la \u00fanica Iglesia, que se hace presente, act\u00faa y se convierte en objeto de experiencia palpable. Y, entre todas estas manifestaciones, hay una, plena y eminente, principal y necesaria: la Iglesia diocesana. Ella re\u00fane a todos los bautizados que habitan en un territorio determinado: est\u00e1 presidida por un miembro del Colegio episcopal; tiene todos los elementos constitutivos y estructurales que caracterizan a la Iglesia; cuenta con todos los medios de salvaci\u00f3n con los que la dot\u00f3 su Fundador; asume la plenitud de la misi\u00f3n evangelizadora en sus diferentes tareas; encarna el evangelio en las condiciones sociales, hist\u00f3ricas y culturales del territorio en el que est\u00e1 implantada.<\/p>\n<p>Estas Iglesias particulares o diocesanas forman parte de la estructura esencial de la Iglesia de Cristo, hasta el punto de que s\u00f3lo \u00aben ellas y a partir de ellas existe la Iglesia cat\u00f3lica, una y \u00fanica\u00bb (LG 23). En lenguaje teol\u00f3gico cl\u00e1sico, hay que decir que son de derecho divino.<\/p>\n<p>Como cada Iglesia particular, aun gozando de todos los elementos que constituyen la Iglesia, re\u00fane s\u00f3lo a una porci\u00f3n determinada del pueblo de Dios, existe una pluralidad de Iglesias. De modo que la Iglesia universal aparece como un \u00abcuerpo de Iglesias\u00bb (LG 23), que integra el \u00fanico cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, en el que cada Iglesia es como una c\u00e9lula viva, imagen fiel y operante del misterio de la Iglesia universal.<\/p>\n<p>IV. Elementos constitutivos<br \/>\nEl decreto Christus Dominus del Vaticano II ofrece la siguiente definici\u00f3n teol\u00f3gica de la Iglesia particular: \u00abLa di\u00f3cesis es una porci\u00f3n del pueblo de Dios que se conf\u00ed\u00ada a un obispo para que la apaciente con la colaboraci\u00f3n de su presbiterio. As\u00ed\u00ad, unida a un pastor, que la re\u00fane en el Esp\u00ed\u00adritu Santo por medio del evangelio y la eucarist\u00ed\u00ada, constituye una Iglesia particular. En ella est\u00e1 verdaderamente presente y act\u00faa la Iglesia de Cristo una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb (CD 11).<\/p>\n<p>El principal acierto de esta definici\u00f3n es que no s\u00f3lo muestra los principios que hacen que la di\u00f3cesis sea verdadera Iglesia, sino que descubre tambi\u00e9n su dinamismo. Por eso se enumeran una serie de elementos, de distinta consistencia y valor, pero \u00ed\u00adntimamente relacionados, que, por una parte, son los que constituyen el ser de la di\u00f3cesis, y, por otra, son la fuente continua de su vitalidad. Adem\u00e1s, dichos elementos son, al mismo tiempo, dones que la Iglesia recibe de Cristo y actos de la misma Iglesia, a trav\u00e9s de los cuales realiza su mediaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>a) El pueblo de Dios. La di\u00f3cesis es ante todo pueblo de Dios, comunidad de creyentes constituida por la Palabra y los sacramentos, en la que la fe es comunicada, recibida, compartida y transmitida. De este modo, el Vaticano II aplica directamente a la di\u00f3cesis todas las caracter\u00ed\u00adsticas e implicaciones de la categor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica del pueblo de Dios, que aparecen descritos en el cap\u00ed\u00adtulo segundo de la Lumen gentium: la iniciativa divina, la dignidad com\u00fan, la igualdad fundamental, la diversidad de carismas y funciones, la misi\u00f3n universal. La expresi\u00f3n porci\u00f3n del pueblo de Dios no se ha de entender en sentido distributivo o restrictivo, sino como concreci\u00f3n encarnatoria. Esta comunidad concreta, ubicada en un lugar y limitada en su composici\u00f3n, es imagen, manifestaci\u00f3n y presencia operante del \u00fanico pueblo de Dios que se extiende en todo el mundo. Se describe as\u00ed\u00ad una comunidad que, a la vez, es cat\u00f3lica y local.<\/p>\n<p>b) El Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es el elemento principal y decisivo, ya que, como sujeto de la iniciativa divina, es el que comunica la vida misma de Cristo a trav\u00e9s de la Palabra y los sacramentos, y el que convierte a un grupo humano en Iglesia de Cristo. 1) El es el creador de la unidad y de la pluralidad; o, mejor dicho, de la unidad que armoniza la pluralidad, y de la pluralidad que integra y enriquece la unidad. 2) Crea la peculiaridad de cada Iglesia, dirigiendo e iluminando el proceso de encarnaci\u00f3n del evangelio en cada cultura determinada, e integra esta manifestaci\u00f3n en la unidad y catolicidad de la \u00fanica Iglesia. 3) Distribuye ministerios y carismas distintos, y los hace converger y servir al bien com\u00fan de todo el pueblo de Dios. 4) Convierte el don gratuito de Dios en principio y exigencia de responsabilidad libremente asumida. 5) Hace que la Iglesia sea fruto de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y, al mismo tiempo, medio para extenderla. 6) Asegura los medios institucionales de la comunidad cristiana y sopla con libertad como quiere y donde quiere. 7) Mantiene la identidad del pueblo de Dios y lo impulsa al encuentro y al di\u00e1logo con todos los hombres. Es a la vez fuerza centr\u00ed\u00adpeta y centr\u00ed\u00adfuga, principio de comuni\u00f3n y de misi\u00f3n.<br \/>\nc) El evangelio. Despu\u00e9s de la causa invisible de la Iglesia particular, viene la primera causa instrumental, el evangelio, que es la fuerza congregante. La Iglesia diocesana surge como comunidad creyente de la predicaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico; por eso es creatura Verbi, criatura de la palabra de Dios. Y no solamente en su origen, sino a lo largo de toda su existencia. Porque la palabra de Dios es, en primer lugar, kerigma, es decir, proclamaci\u00f3n que invita a la conversi\u00f3n y congrega a los hombres en la comunidad creyente. Pero es tambi\u00e9n didaj\u00e9 o didascalia, ense\u00f1anza que se dirige a los ya iluminados para que alcancen la plena madurez en Cristo, reforzando as\u00ed\u00ad la comunidad y haci\u00e9ndola progresar. Y el sujeto que ofrece la Palabra es doble, uno visible y otro invisible: el obispo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Aparece as\u00ed\u00ad la \u00ed\u00adndole divino-humana de la Iglesia, definida ya por los ap\u00f3stoles con la f\u00f3rmula \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo y nosotros\u00bb (He 15,28).<\/p>\n<p>d) La eucarist\u00ed\u00ada. Lo que la palabra de Dios anuncia y proclama, se realiza en los sacramentos, y sobre todo, en la eucarist\u00ed\u00ada, que \u00abcontiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra pascua y pan vivo que, por su carne vivificada y vivificante por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, da vida a los hombres\u00bb (PO 5). El misterio de la Iglesia de Cristo encuentra su m\u00e1xima realizaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, pues en ella Cristo une a los cristianos consigo mismo y entre s\u00ed\u00ad, edificando su cuerpo m\u00ed\u00adstico, como explica san Pablo: \u00abEl pan que partimos, \u00bfno nos hace entrar en comuni\u00f3n con el cuerpo de Cristo? Pues si el pan es uno solo y todos participamos de ese \u00fanico pan, todos formamos un solo cuerpo\u00bb (ICor 10,16-17). Por eso, la Iglesia hace la eucarist\u00ed\u00ada y la eucarist\u00ed\u00ada hace la Iglesia. Y precisamente porque la eucarist\u00ed\u00ada se ha de celebrar necesariamente en un tiempo y un lugar determinados, la Iglesia nace y existe desde y en las Iglesias particulares. Por esa raz\u00f3n afirma el Vaticano II que \u00abla principal manifestaci\u00f3n de la Iglesia tiene lugar en la participaci\u00f3n plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones lit\u00fargicas, especialmente en la misma eucarist\u00ed\u00ada, en una misma oraci\u00f3n, junto a un \u00fanico altar, que el obispo preside rodeado por su presbiterio y ministros\u00bb (SC 41).<\/p>\n<p>e) El obispo y su presbiterio. Las \u00faltimas palabras del texto que acabamos de citar, texto clave para la recuperaci\u00f3n de una eclesiolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica y concreta, indican la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n del obispo y, con \u00e9l, de todo el ministerio ordenado, con la eucarist\u00ed\u00ada. El Vaticano II hace consistir la esencia del ministerio en la capacidad de actuar in persona Christi capitis, es decir, como manifestaci\u00f3n visible y eficaz de la capitalidad de Cristo sobre la Iglesia. Como Cristo es quien convoca, dirige, preside, construye y vivifica a su Iglesia, y esto lo hace principalmente en la eucarist\u00ed\u00ada, no puede haber Iglesia ni eucarist\u00ed\u00ada que no est\u00e9 presidida por esa representaci\u00f3n visible de Cristo que es el obispo, en grado pleno, y el presbiterio, en grado dependiente y subordinado. En cada Iglesia particular el obispo es, no el simple gobernante administrativo, sino el garante de la apostolicidad de la f\u00e9 transmitida, vivida y celebrada, el pastor que trasluce visiblemente la solicitud del \u00fanico Pastor, el principio visible de unidad en su propia Iglesia, y el v\u00ed\u00adnculo que la une a la comuni\u00f3n de las Iglesias, bajo la presidencia del sucesor de Pedro. Y en esta misi\u00f3n, el obispo est\u00e1 asistido por un colegio de presb\u00ed\u00adteros, signo concreto de la colegialidad del ministerio eclesial, y por los dem\u00e1s ministros. De manera que la Iglesia particular goza de la plenitud del ministerio en todas sus manifestaciones.<\/p>\n<p>V. Rostro propio<br \/>\nLa Iglesia particular es la realizaci\u00f3n del misterio de la Iglesia en un lugar concreto. Pero esta localizaci\u00f3n no aparece expresamente en la definici\u00f3n teol\u00f3gica de CD 11. La raz\u00f3n parece residir en el hecho de que los padres conciliares quisieron ofrecer una definici\u00f3n exclusivamente teol\u00f3gica y no administrativa o territorial. De ah\u00ed\u00ad que nombre solamente aquellos elementos que consideran como constitutivos del ser teol\u00f3gico de la di\u00f3cesis. Pero, entonces, se plantea una cuesti\u00f3n importante: \u00bfes el lugar o territorio un simple factor externo y circunstancia, que no tiene ninguna incidencia en la naturaleza y realizaci\u00f3n de la di\u00f3cesis, o, por el contrario, es algo que afecta a su propio ser? La teolog\u00ed\u00ada del inmediato posconcilio se dividi\u00f3 a la hora de responder a este interrogante; y esta divisi\u00f3n qued\u00f3 patente en la preferencia por una de las dos denominaciones: Iglesia particular o Iglesia local. Actualmente, la mayor profundizaci\u00f3n sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo, ha contribuido a superar en gran parte la pol\u00e9mica, mediante el acercamiento de las posiciones.<\/p>\n<p>Ciertamente, el lugar no es un elemento constitutivo de la Iglesia particular en el mismo sentido que los que aparecen en CD 11; porque estos son los que configuran a la Iglesia como iniciativa y obra de Dios. Pero la Iglesia es acontecimiento salv\u00ed\u00adfico para los hombres y estos viven siempre en un lugar determinado. Un lugar que no es mero sitio geogr\u00e1fico, sino contexto social, hist\u00f3rico y cultural, que determina intr\u00ed\u00adnsecamente la manera de ser hombre o mujer y toda la vida humana. Por eso la Iglesia, para evangelizar y salvar al hombre concreto, no tiene m\u00e1s remedio que encarnarse en la cultura, el lenguaje, las tradiciones, los modos de pensar y vivir, las tensiones y expectativas que caracterizan a cada grupo humano. Lo contrario supondr\u00ed\u00ada actuar sobre esencias o ideas, no sobre personas reales. En \u00faltimo t\u00e9rmino, minusvalorar teol\u00f3gicamente el lugar supondr\u00ed\u00ada minusvalorar el misterio de la encarnaci\u00f3n, que es el origen y la raz\u00f3n de ser de la Iglesia. Adem\u00e1s, la necesidad de encarnarse es la causa \u00faltima de que la Iglesia tenga que manifestarse y actuar necesariamente a trav\u00e9s de Iglesias particulares, formadas por determinadas porciones del pueblo de Dios, con sus caracter\u00ed\u00adsticas humanas espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>La radicaci\u00f3n en un lugar y en sus peculiaridades hace que cada Iglesia sea distinta de las dem\u00e1s, le da un rostro propio. Porque todos los elementos que la constituyen como Iglesia, quedan afectados por los factores humanos que la distinguen. De modo que \u00abla Iglesia o pueblo de Dios, al hacer presente este reino, no quita ning\u00fan bien temporal a ning\u00fan pueblo. Al contrario, ella favorece y asume las cualidades, las riquezas y las costumbres de los pueblos en la medida en que son buenas, y, al asumirlas, las purifica, las desarrolla y las enaltece\u00bb (LG 13).<\/p>\n<p>El texto que acabamos de citar nos hace caer en la cuenta tambi\u00e9n de que la Iglesia particular no se identifica totalmente con su lugar. En primer t\u00e9rmino, porque no todos los hombres que habitan en \u00e9l son Iglesia. Pero, sobre todo, porque no todas las peculiaridades de un determinado grupo humano son asumibles indiscriminadamente desde el criterio supremo que es el evangelio. De ah\u00ed\u00ad que la inculturaci\u00f3n del evangelio tenga que ir necesariamente acompa\u00f1ada por la evangelizaci\u00f3n de la cultura, que purifica insuficiencias y desv\u00ed\u00ados que se pueden dar en las distintas sociedades. Alguien ha definido esta doble din\u00e1mica como encarnaci\u00f3n crucificada, por dif\u00ed\u00adcil y martirial, pero tambi\u00e9n por redentora.<\/p>\n<p>BIBL.: \u00ed\u0081LVAREZ AFONSO B., La Iglesia diocesana: reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la eclesialidad de la di\u00f3cesis, PROD. GRAF., La Laguna 1996; AMATO A. (ed.), La Chiesa locale. Prospettive teologiche e pastorali, Roma 1976; ANT\u00ed\u201cN A., La Iglesia universal-Iglesias particulares, Estudios eclesi\u00e1sticos 47 (1972); Iglesia local\/regional. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica, en Iglesias locales y catolicidad, Universidad Pontificia Salamanca, Salamanca 1992; BL\u00ed\u0081ZQUEZ R., La Iglesia del concilio Vaticano II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; COLOMBO G., La teolog\u00ed\u00ada della Chiesa locale, en TESSAROLO A. (ed.), La Chiesa locale, Bolonia 1970; CORECCO E., Iglesia particular e Iglesia universal en el surco de la doctrina del concilio Vaticano II, en Iglesia universal e Iglesias particulares, Universidad de Navarra, Pamplona 1989; FLORIST\u00ed\u0081N C., La Iglesia local, en Teolog\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica. Teolog\u00ed\u00ada y praxis de la acci\u00f3n pastoral, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19932; GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL O., G\u00e9nesis de una teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia local desde el concilio Vaticano 1 al concilio Vaticano II, en Iglesias locales y catolicidad, Universidad Pontificia Salamanca, Salamanca 1992; LEGRAND H., Compromisos teol\u00f3gicos de la revalorizaci\u00f3n de las Iglesias locales, Concilium 71 (1972); La Iglesia local, en LAURET B.-REFOULE F., Iniciaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la teolog\u00ed\u00ada III, Cristiandad, Madrid 1985; LUBAC H. DE, Las Iglesias particulares en la Iglesia universal, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972; MARTINEZ SISTACH L., La eucarist\u00ed\u00ada, manifestaci\u00f3n principal de la Iglesia. Referencia a la Iglesia particular, Phase 29 (1989); PAY\u00ed\u0081 ANDRES M., Iglesia universal-Iglesias particulares. Estado de la cuesti\u00f3n despu\u00e9s del Vaticano II, Anales Valentinos 5 (1979); RODR\u00ed\u008dGUEZ P., Iglesia local e Iglesia universal, en Sacramentalidad de la Iglesia y sacramentos, Pamplona 1989; ROUCO VARELA A. M., Iglesia universal-Iglesia particular, Ius Canonicum 22 (1982).<\/p>\n<p>Miguel Pay\u00e1 Andr\u00e9s<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Un tema abierto en la teolog\u00ed\u00ada y en la pastoral. II. Precisiones terminol\u00f3gicas. III. Naturaleza. IV. Elementos constitutivos. V. Rostro propio. 1. Un tema abierto en la teolog\u00ed\u00ada y en la pastoral El Directorio general para la catequesis presenta a la Iglesia particular como lugar donde se realiza el ministerio catequ\u00e9tico y como &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-local-diocesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIGLESIA LOCAL (DIOCESIS)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17012","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17012","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17012"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17012\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17012"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17012"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17012"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}