{"id":17014,"date":"2016-02-05T11:05:14","date_gmt":"2016-02-05T16:05:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/inculturacion-de-la-fe-en-la-cultura-de-la-comunicacion\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:14","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:14","slug":"inculturacion-de-la-fe-en-la-cultura-de-la-comunicacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/inculturacion-de-la-fe-en-la-cultura-de-la-comunicacion\/","title":{"rendered":"INCULTURACION DE LA FE EN LA CULTURA DE LA COMUNICACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. En fidelidad din\u00e1mica: 1. Una cultura en crisis que hay que volver a evangelizar; 2. El mundo de la comunicaci\u00f3n, nuevo are\u00f3pago; 3. Cristianos en minor\u00ed\u00ada; 4. Un tiempo carism\u00e1tico; 5. El retorno de los m\u00e1rtires. II. Las nuevas dimensiones de la nueva evangelizaci\u00f3n: 1. La cultura de la comunicaci\u00f3n social; 2. El m\u00e9todo del di\u00e1logo; 3. El di\u00e1logo intercultural e interreligioso. III. Como contemplativos en la comunicaci\u00f3n social: 1. Fundamento teol\u00f3gico de la relaci\u00f3n contemplaci\u00f3n-comunicaci\u00f3n; 2. Las tres fidelidades; 3. La unidad de vida.<\/p>\n<p>Hay que advertir, ante todo, que nos referimos aqu\u00ed\u00ad, fundamentalmente, a la \u00abcatequesis kerigm\u00e1tica o de car\u00e1cter misionero\u00bb (cf DGC 62) y m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente al primer anuncio que necesitan los no creyentes y, en su medida, los bautizados que viven en la indiferencia religiosa (cf DGC 61), necesitados de una nueva evangelizaci\u00f3n (cf DGC 58c). A estos es a los que los medios de comunicaci\u00f3n quieren, primordialmente, ofrecerles la buena noticia.<\/p>\n<p>Ante los desaf\u00ed\u00ados del tercer milenio, la Iglesia vive hoy nuevamente unas ansias y unos problemas an\u00e1logos a los que caracterizaron la primera evangelizaci\u00f3n. De manera especial, vuelve a proponerse (naturalmente, de forma diversa) la misma dificultad del primer intento de inculturaci\u00f3n de la fe, al que san Pablo se entreg\u00f3 en cuerpo y alma.<\/p>\n<p>En cierto modo, resurgen en nuestros d\u00ed\u00adas los tiempos apost\u00f3licos, los d\u00ed\u00adas del are\u00f3pago. Juan Pablo II lo pone de relieve de manera significativa en la carta apost\u00f3lica Tertio millennio adveniente. A punto de concluir el siglo XX -dice el Papa-, terminada la modernidad y ca\u00ed\u00addas las ideolog\u00ed\u00adas, \u00abse repite en el mundo la situaci\u00f3n del are\u00f3pago de Atenas. Hoy son muchos los are\u00f3pagos, y bastante diversos. Son los grandes campos de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea y de la cultura, de la pol\u00ed\u00adtica y de la econom\u00ed\u00ada. Cuanto m\u00e1s se aleja Occidente de sus ra\u00ed\u00adces cristianas, m\u00e1s se convierte en terreno de misi\u00f3n, en la forma de variados are\u00f3pagos\u00bb (TMA 57).<\/p>\n<p>Esta imagen del are\u00f3pago, sugerida por el Papa, puede ayudar a encuadrar acertadamente y a desarrollar en profundidad el discurso no s\u00f3lo sobre las razones y los modos de emplear los mass media, sino tambi\u00e9n sobre la necesidad de la comunicaci\u00f3n social en el \u00e1mbito de la nueva evangelizaci\u00f3n. El ejemplo del Ap\u00f3stol es especialmente adecuado en nuestros d\u00ed\u00adas. Todos sabemos que el intento de san Pablo de inculturar la fe en el are\u00f3pago no fue entendido por los atenienses y no tuvo \u00e9xito. Fue una lecci\u00f3n amarga, pero tambi\u00e9n saludable, y no s\u00f3lo para el Ap\u00f3stol de las gentes, sino tambi\u00e9n para nosotros. En el fracaso de Pablo en Atenas conviene recordar dos cosas: 1) En su intento de inculturaci\u00f3n, Pablo act\u00faa muy pedag\u00f3gicamente; pero cuando anuncia la resurrecci\u00f3n quema etapas: aquellos intelectuales no estaban preparados para asumir culturalmente la realidad central del cristianismo; su celo apost\u00f3lico traicion\u00f3 a Pablo, por eso se olvid\u00f3 de la paciencia divina. 2) Pablo subraya que la evangelizaci\u00f3n es cosa de Dios; pero \u00e9l salva con nuestra colaboraci\u00f3n, como se expone a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Efectivamente, era importante que, ya desde el principio, quedara claro que la evangelizaci\u00f3n era y sigue siendo esencialmente obra de Dios. Naturalmente, hay que buscar todos los caminos posibles y usar todos los medios a disposici\u00f3n (incluidos los m\u00e1s modernos y sofisticados) para que la palabra de Dios llegue a todas partes y pueda ser escuchada, comprendida y libremente aceptada. Sin embargo -y aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la lecci\u00f3n del are\u00f3pago-, era necesario palpar, ya desde el comienzo del ministerio apost\u00f3lico, que la evangelizaci\u00f3n debe depositar su confianza s\u00f3lo en Dios y no en los medios, por m\u00e1s que tenga que servirse d\u00e9 ellos. La teolog\u00ed\u00ada del Concilio confirma que, para el obsequio de la obediencia de la fe a Dios que revela, \u00abes necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda\u00bb (DV 5).<\/p>\n<p>Tras poner de relieve los retos principales de los nuevos tiempos, veremos que la evangelizaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo -an\u00e1logamente a cuanto sucedi\u00f3 en la experiencia de los primeros cristianos y del are\u00f3pago de Atenas- pasa hoy tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la obra de una nueva inculturaci\u00f3n de la fe en el lenguaje, las costumbres y la vida de la sociedad contempor\u00e1nea. Esto supone un nuevo esfuerzo de inculturaci\u00f3n en la realidad t\u00e9cnico-empresarial de la comunicaci\u00f3n social. Pero \u00bfde qu\u00e9 modo? \u00bfY con qu\u00e9 garant\u00ed\u00adas apost\u00f3licas? (cf DGC 212).<\/p>\n<p>Partiendo del presupuesto de que el evangelizador debe poner su confianza m\u00e1s en la gracia del Esp\u00ed\u00adritu y en la palabra de Dios que en los medios de los que tambi\u00e9n debe servirse, es necesario reconocer, te\u00f3ricamente y en la pr\u00e1ctica, el primado absoluto de la oraci\u00f3n y de la comuni\u00f3n con Dios, ser contemplativos en la comunicaci\u00f3n social. \u00bfDe qu\u00e9 modo ser\u00e1 posible hoy realizar esta unidad de vida entre vida y acci\u00f3n?<\/p>\n<p>I. En fidelidad din\u00e1mica<br \/>\nLa propia Iglesia pide hoy que todos los cristianos revisen su modo de situarse en el mundo y de ser testimonios del Resucitado en nuestro tiempo. Ya el Concilio pidi\u00f3, en primer lugar a los consagrados, un esfuerzo valiente de actualizaci\u00f3n para adecuar su carisma -en fidelidad creativa y din\u00e1mica al Fundador- a las nuevas situaciones de nuestro tiempo para responder as\u00ed\u00ad de manera m\u00e1s eficaz a los desaf\u00ed\u00ados de la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pues bien, mediante una lectura atenta de los signos de los tiempos (hecha con mirada de fe e iluminada por el magisterio de la Iglesia m\u00e1s reciente), emerge con claridad un hecho: la Iglesia est\u00e1 viviendo hoy una fase de purificaci\u00f3n; es decir, atraviesa uno de esos momentos de la historia en los que Dios, que la gu\u00ed\u00ada de forma extraordinaria, la despoja de sus seguridades humanas para llevarla a la pureza de los or\u00ed\u00adgenes y prepararla a un nuevo tiempo de gracia. En muchos aspectos, vuelven los tiempos apost\u00f3licos. Es decir, se les presentan a los cristianos de hoy (obviamente, de manera distinta) unos retos y unas situaciones an\u00e1logos a los que la primitiva comunidad eclesial tuvo que hacer frente para llevar el evangelio al mundo pagano. Vuelve a tener tambi\u00e9n una actualidad extraordinaria la dif\u00ed\u00adcil experiencia apost\u00f3lica, vivida por san Pablo al comienzo de su ministerio en el are\u00f3pago de Atenas. Veamos especialmente algunas de las coincidencias m\u00e1s significativas1.<\/p>\n<p>1. UNA CULTURA EN CRISIS QUE HAY QUE VOLVER A EVANGELIZAR. El primer signo que permite comparar nuestros tiempos con los apost\u00f3licos es el predominio en el mundo de hoy de una cultura sin Dios, que incluso podemos llamar neopagana. Efectivamente, el mundo moderno, tras haber rechazado todo v\u00ed\u00adnculo entre cultura y fe (t\u00ed\u00adpico del llamado r\u00e9gimen de cristiandad), ha terminado por llevar a la sociedad contempor\u00e1nea a la secularizaci\u00f3n total de la vida y de las costumbres, hasta tal punto que hoy respiramos una cultura sin Dios, materialista y consumista, que abre el camino a desviaciones morales y formas de violencia no diferentes a las del paganismo antiguo, y hasta puede que m\u00e1s refinadas.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n, tras haber tomado las distancias de la fe, reivindica una autonom\u00ed\u00ada lejos de Dios y se autoproclama diosa ella misma. Se niega que la ciencia y la fe puedan encontrarse. La pol\u00ed\u00adtica y la econom\u00ed\u00ada niegan toda relaci\u00f3n con la \u00e9tica. La cultura dominante est\u00e1 impregnada de racionalismo y de laicismo; se ha abandonado la filosof\u00ed\u00ada del ser para terminar en el nihilismo y en el pensamiento d\u00e9bil de nuestros d\u00ed\u00adas. El positivismo y el cientificismo, que respiramos como el aire, han terminado por eliminar del horizonte cultural todo lo que supera los sentidos o no puede ser verificado experimentalmente. La religi\u00f3n es considerada (o tolerada) todo lo m\u00e1s como mera cuesti\u00f3n subjetiva, pero sin inter\u00e9s p\u00fablico2.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, sin embargo, no se puede negar que la modernidad ha llevado a cabo conquistas y ha alcanzado metas extraordinarias de civilizaci\u00f3n y bienestar en muchas partes del mundo. Por tanto, la situaci\u00f3n de la humanidad se presenta hoy ambivalente y contradictoria. Por una parte, el mundo moderno ha conseguido imponentes estructuras econ\u00f3micas, t\u00e9cnicas y sociales, ha multiplicado la cantidad de los bienes producidos, dando al hombre m\u00e1s tener; por otra, la p\u00e9rdida de inspiraci\u00f3n \u00e9tica y espiritual ha creado nuevas formas de pobreza humana y de marginaci\u00f3n, mortificando al hombre en su ser. Por una parte, la cultura moderna ha creado espacios y estructuras formales de libertad y democracia y ha difundido valores importantes como la laicidad, la tolerancia, el pluralismo, la libertad de pensamiento, de conciencia y de religi\u00f3n; por otra, ha desencadenado fuerzas negativas (pi\u00e9nsese, por ejemplo, en los nacionalismos, en las dictaduras y en los totalitarismos del siglo XX), que en muchos casos han frustrado las conquistas conseguidas. Por una parte, la civilizaci\u00f3n moderna ha creado organismos internacionales de justicia y de paz; por otra, ha multiplicado las guerras, ha acelerado la carrera de armamentos, ha engendrado la pesadilla at\u00f3mica. Incluso las metas extraordinarias conseguidas por la biolog\u00ed\u00ada, la gen\u00e9tica y las ciencias m\u00e9dicas, m\u00e1s que raz\u00f3n de vida, amenazan con convertirse en ocasi\u00f3n de muerte.<\/p>\n<p>Todo esto manifiesta el predominio de una cultura sin Dios. La cultura que hoy predomina, aunque por una parte elabora y difunde no pocos valores positivos, por otra exalta el \u00e9xito, el dinero, el sexo y el poder, desvinculados de normas morales objetivas, abriendo as\u00ed\u00ad el camino a desviaciones morales y a violencias de todo tipo. Es decir, a pesar de las metas logradas (que es honrado y obligado reconocer), la cultura sin Dios demuestra sobradamente su incapacidad para conseguir una sociedad humana m\u00e1s feliz, m\u00e1s libre y m\u00e1s justa. Y esto explica tambi\u00e9n por qu\u00e9 hoy -ante el desmentido hist\u00f3rico de las ideolog\u00ed\u00adas cl\u00e1sicas y tras el fracaso de las esperanzas de autoliberaci\u00f3n- est\u00e1 renaciendo con fuerza en muchas personas la necesidad de Dios.<\/p>\n<p>Desde estos elementos contradictorios es leg\u00ed\u00adtimo concluir que nos encontramos ante una de las crisis de cambio de \u00e9poca, de naturaleza estructural, que puede compararse con algunos otros cambios hist\u00f3ricos que han tenido lugar en los \u00faltimos dos mil a\u00f1os. Crisis de cambio de \u00e9poca hubo, creemos, al final del imperio romano con la llegada del cristianismo; al final de la Edad media, cuando naci\u00f3 el mundo moderno, as\u00ed\u00ad como tras los grandes descubrimientos geogr\u00e1ficos y las grandes revoluciones sociales y culturales, como la revoluci\u00f3n francesa y la revoluci\u00f3n industrial, y crisis de cambio de \u00e9poca est\u00e1 d\u00e1ndose hoy en la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En efecto, como en todas las crisis recordadas, hoy es la estructura de la casa la que no se sostiene. Desaparece el proyecto de sociedad que exist\u00ed\u00ada porque se ha agrietado el pavimento y se han conmovido los cimientos, es decir, la homogeneidad cultural sobre la que se apoyan las instituciones. La homogeneidad cultural (fundamento de todo modelo de sociedad) desaparece cuando se pierden evidencias \u00e9ticas fundamentales, es decir, cuando se deja de estar de acuerdo sobre valores irrenunciables que constituyen el coraz\u00f3n de la propia cultura. A su vez, la crisis \u00e9tica se acompasa con la p\u00e9rdida del sentido de Dios, y cuando se niega el Absoluto se cae indefectiblemente en el relativismo \u00e9tico, que, como advierte Juan Pablo II, se encuentra en el origen de la crisis estructural que nos aflige (cf CA 46). Para superarla, es necesario volver a partir de Dios, de la cultura, de los cimientos y del pavimento.<\/p>\n<p>2. EL MUNDO DE LA COMUNICACI\u00ed\u201cN, NUEVO ARE\u00ed\u201cPAGO. Sin embargo, la verdadera dificultad nace justamente aqu\u00ed\u00ad, puesto que la cultura se ha convertido hoy en problema universal. Ya la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo rei socialis (1987) hab\u00ed\u00ada llamado la atenci\u00f3n sobre los procesos de mundializaci\u00f3n, que estaban cambiando el equilibrio del mundo y el concepto mismo de desarrollo humano y econ\u00f3mico \u00aben la perspectiva de la interdependencia universal\u00bb (SRS 9). La desaparici\u00f3n imprevista de las barreras ideol\u00f3gicas y la desintegraci\u00f3n del imperio sovi\u00e9tico han acelerado los tiempos de la mundializaci\u00f3n, lo que ha impulsado hacia una mayor unificaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y pol\u00ed\u00adtica de los pueblos y hacia la globalizaci\u00f3n de los mercados.<\/p>\n<p>De manera especial, la aplicaci\u00f3n de las nuevas tecnolog\u00ed\u00adas a la comunicaci\u00f3n de masas ha abierto posibilidades comunicativas inimaginables. En los \u00faltimos a\u00f1os ha nacido un universo comunicativo nuevo, radicalmente distinto del que hasta ayer se basaba en la prensa y en los otros mass media. No ha sido un desarrollo gradual, debido al uso progresivo de instrumentos nuevos, cada vez m\u00e1s sofisticados. Se ha tratado de un salto de cualidad, del que ha nacido una nueva cultura de la comunicaci\u00f3n que, como todo permite prever, ser\u00e1 la cultura dominante en el siglo XXI. De hecho, la llegada de la inform\u00e1tica y de la telem\u00e1tica ha cambiado las categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas preexistentes de modo semejante a como sucedi\u00f3 en su d\u00ed\u00ada con la llegada de la prensa primero y de los mass media despu\u00e9s. Evidentemente, el nacimiento de la nueva cultura universal de comunicaci\u00f3n, mientras por una parte impone a la Iglesia la tarea de una nueva inculturaci\u00f3n de la fe, por otra interpela directamente a los evangelizadores (cf DGC 161-162; 206, 211-214).<\/p>\n<p>Por consiguiente, se trata tambi\u00e9n de que nosotros, como hizo san Pablo, salgamos del templo y de las sacrist\u00ed\u00adas, donde hasta ayer (en r\u00e9gimen de cristiandad) est\u00e1bamos acostumbrados a permanecer, a la espera de que el pueblo viniera a que lo educ\u00e1ramos en la fe. Es necesario, por el contrario que, al igual que hicieron los primeros ap\u00f3stoles y los ap\u00f3stoles de todos los tiempos recios de la Iglesia, volvamos a afrontar el are\u00f3pago, las calles y las plazas, para llevar la palabra y la salvaci\u00f3n de Dios all\u00ed\u00ad donde concretamente el hombre vive, se mueve y se interroga.<\/p>\n<p>En otras palabras, la evangelizaci\u00f3n -en el nuevo contexto social y cultural de nuestros d\u00ed\u00adas- m\u00e1s que como proselitismo o anexi\u00f3n de territorios a la Iglesia, debe entenderse -como se hizo al principio- como inculturaci\u00f3n de la fe en los diversos \u00e1mbitos de la vida humana, para transformar desde dentro, con la luz del evangelio, las conciencias, las culturas y las estructuras de la convivencia social.<\/p>\n<p>\u00abPara la Iglesia -escribe Pablo VI en la Evangelii nuntiandi- no se trata solamente de predicar el evangelio en zonas geogr\u00e1ficas cada vez m\u00e1s vastas o poblaciones cada vez m\u00e1s numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter\u00e9s, las l\u00ed\u00adneas de pensamiento, los puntos inspiradores y los modelos de vida de la humanidad, que est\u00e1n en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvaci\u00f3n\u00bb (EN 19).<\/p>\n<p>Y Juan Pablo II lo confirma insistiendo nuevamente en el ejemplo de san Pablo: \u00abPablo, una vez llegado a Atenas, se dirige al are\u00f3pago, donde anuncia el evangelio usando un lenguaje adecuado y comprensible en aquel ambiente. El are\u00f3pago representaba entonces el centro de la cultura del docto pueblo ateniense, y hoy puede ser tomado como s\u00ed\u00admbolo de los nuevos ambientes donde debe proclamarse el evangelio. El primer are\u00f3pago del tiempo moderno es el mundo de la comunicaci\u00f3n, que est\u00e1 unificando a la humanidad y transform\u00e1ndola -como suele decirse- en una aldea global\u00bb (RMi 37).<\/p>\n<p>Se explica as\u00ed\u00ad la opci\u00f3n de la Iglesia de los tiempos nuevos por emprender una nueva evangelizaci\u00f3n que recalque en el presente los caminos y el m\u00e9todo del primer anuncio cristiano. Es, pues, muy importante aclarar en qu\u00e9 sentido debe hablarse de la nueva inculturaci\u00f3n de la fe, como de un elemento fundamental para la nueva evangelizaci\u00f3n del tercer milenio, y de qu\u00e9 modo esta nueva inculturaci\u00f3n responde plenamente a la misi\u00f3n actual de la Iglesia (cf DGC 202-203; 209-214).<\/p>\n<p>3. CRISTIANOS EN MINOR\u00ed\u008dA. Otro signo de los tiempos que permite hablar de reaparici\u00f3n de los tiempos apost\u00f3licos es el hecho de que hoy -como en el comienzo de la Iglesia- los cristianos se encuentran en minor\u00ed\u00ada. Todos los sondeos y los an\u00e1lisis sociol\u00f3gicos est\u00e1n de acuerdo al confirmar algo que es ya un dato conocido por todos: el llamativo y generalizado descenso de la pr\u00e1ctica religiosa y de las propias convicciones religiosas, incluso en los pa\u00ed\u00adses y las regiones de antigua tradici\u00f3n cristiana, como es el nuestro3.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n se reduce cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s a cuesti\u00f3n meramente subjetiva y privada; disminuye su incidencia social en el sentido de que la fe vivida y testimoniada p\u00fablicamente se va convirtiendo poco a poco en un fen\u00f3meno de elite, reservado a grupos elegidos de fieles, al tiempo que la adhesi\u00f3n al evangelio y al magisterio de la Iglesia sigue perdiendo progresivamente su dimensi\u00f3n visible, comunitaria e inspiradora de cultura c\u00ed\u00advica.<\/p>\n<p>Esta nueva situaci\u00f3n afecta muy en serio, incluso psicol\u00f3gicamente, a nuestro mundo, despu\u00e9s de los tiempos de la cristiandad, cuando la religi\u00f3n cristiana (especialmente en las regiones occidentales m\u00e1s avanzadas) era tenida en consideraci\u00f3n por los poderes p\u00fablicos, gozaba de privilegios importantes reconocidos en los Concordatos e incid\u00ed\u00ada de forma expl\u00ed\u00adcita en la legislaci\u00f3n y en las decisiones de las autoridades nacionales y locales.<\/p>\n<p>No obstante, en modo alguno debemos resignarnos al pesimismo. Se nos invita, a pesar de todo, a aceptar serenamente y con fe el hecho de ser hoy minor\u00ed\u00ada y de no poder ya contar con el apoyo de los instrumentos firmes del poder, de los privilegios y de los grandes medios econ\u00f3micos. La situaci\u00f3n presente, en efecto, acerca a la Iglesia a la pobreza evang\u00e9lica de los or\u00ed\u00adgenes, a aquella debilidad humana a trav\u00e9s de la cual act\u00faa la fuerza de Dios. No es, por tanto, una situaci\u00f3n que haya que soportar como si todo estuviera perdido, sino que hemos de valorarla como una ganancia (cf Flp 3,7ss; 2Cor 4,7ss). A la comunidad cristiana se le ofrece hoy una ocasi\u00f3n estupenda para experimentar la fuerza renovadora de la opci\u00f3n evang\u00e9lica que hay que vivir prof\u00e9ticamente (DGC 21).<\/p>\n<p>Minor\u00ed\u00ada, sin embargo, no es sin\u00f3nimo de marginalidad. Aun siendo minoritaria, la Iglesia nunca podr\u00e1 ser marginal en el mundo porque ha sido enviada a anunciar el evangelio a todos los hombres, a todas las naciones. La levadura en la masa -usando una met\u00e1fora evang\u00e9lica- es minor\u00ed\u00ada en el alimento, pero no es marginal si es buena, ya que est\u00e1 destinada a hacer fermentar toda la masa. Del mismo modo, la sal -otra imagen evang\u00e9lica- es minor\u00ed\u00ada en la comida, pero su presencia no es marginal en ella si queremos que no est\u00e9 ins\u00ed\u00adpida, pues est\u00e1 destinada a dar sabor a todos los alimentos. Por tanto, minor\u00ed\u00ada s\u00ed\u00ad, marginalidad no (cf DGC 203).<\/p>\n<p>4. UN TIEMPO CARISM\u00ed\u0081TICO. Hay un tercer signo de los tiempos que legitima hoy la comparaci\u00f3n con los primeros tiempos apost\u00f3licos: la conciencia creciente, m\u00e1s a\u00fan, la experiencia de vivir un nuevo per\u00ed\u00adodo carism\u00e1tico de la historia de la Iglesia, cuyo inicio se remonta, con toda evidencia, a la celebraci\u00f3n del Vaticano II. Los elementos m\u00e1s significativos de este tiempo carism\u00e1tico son, como subraya el Papa, \u00abuna m\u00e1s atenta escucha de la voz del Esp\u00ed\u00adritu a trav\u00e9s de la acogida de los carismas y la promoci\u00f3n del laicado, la intensa dedicaci\u00f3n a la causa de la unidad de todos los cristianos, el espacio abierto al di\u00e1logo con las religiones y con la cultura contempor\u00e1nea\u00bb (TMA 46).<\/p>\n<p>En efecto, es evidente en nuestros d\u00ed\u00adas el descubrimiento general de la palabra de Dios como semilla viva, m\u00e1s a\u00fan, como Persona viviente, que llama, convierte y cura (en el alma y en el cuerpo) con la misma fuerza que en los primeros tiempos cristianos. Basta fijarse en el extraordinario florecimiento de movimientos de espiritualidad, de testimonio y de servicio evang\u00e9lico, especialmente hacia los pobres y marginados, que la palabra de Dios est\u00e1 despertando en todo el mundo. Y \u00bfqu\u00e9 decir de los efectos extraordinarios de la oraci\u00f3n de sanaci\u00f3n cuya pr\u00e1ctica se difunde cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s en el pueblo de Dios, actualizando visiblemente, como en los tiempos antiguos, el mandato confiado directamente por Cristo a sus disc\u00ed\u00adpulos, cuando \u00ablos envi\u00f3 a anunciar el reino de Dios y curar a los enfermos\u00bb (Lc 9,2)?<br \/>\nPor eso Juan Pablo II, percibiendo la mano de la Providencia que orienta la historia -tanto en las dificultades como en los signos positivos de nuestro tiempo-, invita a la Iglesia a no tener miedo, sino a colaborar activamente en la purificaci\u00f3n, pidiendo incluso perd\u00f3n, si es necesario, de los errores que los cristianos han cometido. La Iglesia -escribe- \u00abno puede atravesar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse, en el arrepentimiento, de errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes. Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valent\u00ed\u00ada que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haci\u00e9ndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy\u00bb (TMA 33).<\/p>\n<p>5. El. RETORNO DE LOS M\u00ed\u0081RTIRES. Finalmente, no se puede dejar de se\u00f1alar otro signo de los tiempos (sobre el que Juan Pablo II insiste frecuentemente), que induce a comparar nuestros tiempos con los apost\u00f3licos: el retorno de los m\u00e1rtires. \u00abLa Iglesia del primer milenio naci\u00f3 de la sangre de los m\u00e1rtires: \u00abSanguis martyrum, semen christianorum \u00ab&#8230; Al t\u00e9rmino del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de m\u00e1rtires. Las persecuciones de creyentes -sacerdotes, religiosos y laicos- han supuesto una gran siembra de m\u00e1rtires en varias partes del mundo&#8230; En nuestro siglo han vuelto los m\u00e1rtires\u00bb (TMA 37).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, para terminar, podemos decir que una atenta lectura de los signos de nuestro tiempo confirma que nos encontramos en v\u00ed\u00adsperas de un tiempo importante para la Iglesia, semejante en muchos aspectos al que inaugur\u00f3 la era cristiana. De ah\u00ed\u00ad que podamos serenamente compartir el juicio positivo (a pesar de todo) y el optimismo del Papa, basados los dos no s\u00f3lo en la fe, sino tambi\u00e9n en datos hist\u00f3ricamente reconocibles: \u00abSi se mira superficialmente a nuestro mundo, impresionan no pocos hechos negativos que pueden llevar al pesimismo. Mas este es un sentimiento injustificado: tenemos fe en Dios Padre y Se\u00f1or, en su bondad y misericordia. En la proximidad del tercer milenio de la redenci\u00f3n, Dios est\u00e1 preparando una gran primavera cristiana, de la que ya se vislumbra su comienzo\u00bb (RMi 86).<\/p>\n<p>Vemos, pues, c\u00f3mo ha cambiado el mundo y c\u00f3mo ha cambiado la Iglesia. As\u00ed\u00ad se explica la decisi\u00f3n del Concilio de emprender una nueva evangelizaci\u00f3n que recalque los caminos y el m\u00e9todo del primer anuncio cristiano. Por consiguiente, es importante aclarar en qu\u00e9 sentido se debe hablar de la nueva inculturaci\u00f3n de la fe como de un elemento fundamental para la evangelizaci\u00f3n en el tercer milenio.<\/p>\n<p>II. Las nuevas dimensiones de la nueva evangelizaci\u00f3n<br \/>\nSi la nueva cultura del tercer milenio se anuncia caracterizada por la comunicaci\u00f3n social, en un mundo cada vez m\u00e1s unificado, quiere decir que la nueva evangelizaci\u00f3n debe, necesariamente, tratar de conseguir una nueva inculturaci\u00f3n de la fe en las nuevas categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas, nacidas de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Esta nueva inculturaci\u00f3n de la fe no es un reto nuevo para la Iglesia, que tuvo ya que afrontarlo muchas veces en su historia bimilenaria, pues se plantea puntualmente en cada \u00e9poca de crisis.<\/p>\n<p>El Concilio lo recuerda expl\u00ed\u00adcitamente: la Iglesia, \u00abdesde el comienzo de su historia, aprendi\u00f3 a expresar el mensaje cristiano con los conceptos y en la lengua de cada pueblo, y procur\u00f3 adem\u00e1s ilustrarlo con el saber filos\u00f3fico. Procedi\u00f3 as\u00ed\u00ad a fin de adaptar el evangelio al nivel del saber popular y a las exigencias de los sabios en cuanto era posible. Esta adaptaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelizaci\u00f3n, pues as\u00ed\u00ad es posible expresar en todos los pueblos el mensaje cristiano de modo adecuado a cada uno de ellos, y al mismo tiempo se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas\u00bb (GS 44).<\/p>\n<p>Es necesario, por tanto, en primer lugar, aclarar mejor en qu\u00e9 consiste la nueva cultura de la comunicaci\u00f3n social. En segundo lugar, veremos que el m\u00e9todo de la inculturaci\u00f3n de la fe sigue siendo esencialmente el del di\u00e1logo. En tercer lugar, concluiremos en la necesidad de abrirse a las dimensiones universales del di\u00e1logo intercultural e interreligioso.<\/p>\n<p>1. LA CULTURA DE LA COMUNICACI\u00ed\u201cN SOCIAL. Es necesario aclarar en seguida que los mass media no se pueden considerar hoy -como suced\u00ed\u00ada hasta hace alg\u00fan tiempo- s\u00f3lo como poderosos instrumentos t\u00e9cnicos que hay que poner \u00fatilmente al servicio de la difusi\u00f3n de la Palabra y del anuncio evang\u00e9lico. En el espacio de pocos a\u00f1os, la comunicaci\u00f3n de masas se ha convertido en una verdadera nueva cultura, m\u00e1s a\u00fan, en la cultura dominante. La incre\u00ed\u00adble y r\u00e1pida difusi\u00f3n de la comunicaci\u00f3n multimedia) ha llevado a una nueva comprensi\u00f3n del mundo, de la vida y del hombre. Se trata de una visi\u00f3n que no est\u00e1 ya basada fundamentalmente en la racionalidad de los valores, sino que se la intuye m\u00e1s que se la razona, se la experimenta m\u00e1s que se la discute. La cultura de los medios de comunicaci\u00f3n ha llevado al hombre contempor\u00e1neo a mirar m\u00e1s que a leer; a grabar m\u00e1s que a escribir. La civilizaci\u00f3n de la imagen ha suplantado en muchos casos a la civilizaci\u00f3n de la palabra.<\/p>\n<p>Silvio Sassi explica con acierto de qu\u00e9 modo, especialmente con las nuevas tecnolog\u00ed\u00adas de la comunicaci\u00f3n, se est\u00e1 instaurando una cultura entendida como un modo de ser y un estilo de vida. \u00abEsta cultura -escribe-se elabora como categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas. El espacio, el tiempo, la realidad, la ficci\u00f3n, la simulaci\u00f3n, la verdad, lo veros\u00ed\u00admil, la memoria, el saber, los criterios del bien y del mal, las opciones \u00e9ticas, las agregaciones, la iniciaci\u00f3n a la vida social, la relaci\u00f3n pedag\u00f3gica, la identidad, el intercambio, la duraci\u00f3n, la utilidad, etc., son considerados de una manera especial, cuando no valorados a trav\u00e9s de la nueva comunicaci\u00f3n&#8230; asumen otra fisonom\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la \u00e9poca de lo oral, de la escritura y de los medios de comunicaci\u00f3n\u00bb4.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que Juan Pablo II afirme acertadamente: \u00abEl trabajo de estos medios [de comunicaci\u00f3n] no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho m\u00e1s profundo, porque la evangelizaci\u00f3n misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicaci\u00f3n moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas t\u00e9cnicas, nuevos comportamientos psicol\u00f3gicos\u00bb (RMi 37; cf DGC 20-21).<\/p>\n<p>No son necesarias muchas palabras para demostrar que esta nueva cultura de las medios de comunicaci\u00f3n es esencialmente ambigua. Comporta extraordinarias posibilidades positivas: acorta las distancias entre las personas y entre los pueblos, lo que favorece el di\u00e1logo intercultural y el mutuo intercambio de informaciones e ideas; puede ser factor de comuni\u00f3n, de solidaridad y de progreso humano y civil. Pero al mismo tiempo difunde una concepci\u00f3n de la existencia generalmente negativa, f\u00e1cil y consumista; pone en tela de juicio valores irrenunciables; propone como modelo estilos de vida inspirados en pseudovalores, que en realidad son destructivos del \u00e9thos y de la conciencia; abre el camino a posibles formas de totalitarismo y colonialismo cultural, no menos deshumanizantes que los de la pol\u00ed\u00adtica y la econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Es, pues, decisivo que los ap\u00f3stoles de los nuevos tiempos sean conscientes de esta ambig\u00fcedad, que conozcan el lenguaje y las categor\u00ed\u00adas de la comunicaci\u00f3n social, los peligros y las ventajas de su difusi\u00f3n, y que asuman en relaci\u00f3n con la nueva cultura de la imagen una actitud cr\u00ed\u00adtica, aunque abierta y constructiva (cf DGC 161-162).<\/p>\n<p>En este punto no se puede dejar de recordar el importante papel de los laicos en la evangelizaci\u00f3n, hombres y mujeres. No es exagerado afirmar que la nueva inculturaci\u00f3n de la fe es hoy imposible sin la aportaci\u00f3n responsable de un laicado formado y maduro. Se ha superado definitiva, hist\u00f3rica y teol\u00f3gicamente la concepci\u00f3n clerical que consideraba la evangelizaci\u00f3n como misi\u00f3n propia de los obispos, del clero y de los religiosos, y que ten\u00ed\u00ada a los laicos como auxiliares.<\/p>\n<p>2. EL METODO DEL DI\u00ed\u0081LOGO. El di\u00e1logo sigue siendo el instrumento fundamental de la nueva evangelizaci\u00f3n. Ahora bien, el di\u00e1logo consta siempre de dos momentos \u00ed\u00adntimamente relacionados: compartir para crecer juntos. Son los dos momentos que necesariamente se encuentran en todo proceso de inculturaci\u00f3n de la fe. Los expresa con eficacia Santiago Alberione cuando invita a sus seguidores a \u00abevangelizar todo y a todos\u00bb; que viene a ser eco de una expresi\u00f3n paulina: \u00abHacerse todo a todos para llevar a todos a Cristo\u00bb (cf 1Cor 9,19-23). Esto significa en la pr\u00e1ctica que el evangelizador y el catequista deber\u00e1 encarnarse, sumergirse en la nueva cultura de la comunicaci\u00f3n social, conocerla a fondo, ser consciente de las perspectivas que abre a la evangelizaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de los riesgos que comporta con su intr\u00ed\u00adnseca ambivalencia y ambig\u00fcedad. \u00abPara ser profesionales en el ejercicio del apostolado (de la comunicaci\u00f3n social) -dec\u00ed\u00ada tambi\u00e9n Santiago Alberione-, asumimos tambi\u00e9n las exigencias y las estructuras empresariales como un recurso necesario, aunque sin absolutizarlas, pues la Congregaci\u00f3n nunca se rebajar\u00e1 a niveles de una industria o de un comercio, sino que se mantendr\u00e1 siempre a la altura humano-divina del apostolado, realizado con los medios m\u00e1s r\u00e1pidos y eficaces, con esp\u00ed\u00adritu pastoral\u00bb5.<\/p>\n<p>Hoy, ante los desaf\u00ed\u00ados de la nueva cultura de comunicaci\u00f3n social, la Iglesia necesita emprender con confianza el camino de una nueva inculturaci\u00f3n de la fe para reevangelizar la sociedad del tercer milenio, que tiende a rechazar a Cristo tras haberlo conocido. Por consiguiente, se trata, en primer lugar, de compartir los problemas, las situaciones y el lenguaje de los hombres de esta nueva cultura, a los que hay que anunciar el evangelio para transformar despu\u00e9s, desde dentro, esta misma cultura y abrirla a Cristo, aceptando lo que de bueno y verdadero hay en ella6.<\/p>\n<p>El primer momento del proceso de inculturaci\u00f3n de la fe est\u00e1, por tanto, en el esfuerzo de hacer comprensible y vivo el evangelio a los hombres de la cultura contempor\u00e1nea, traduci\u00e9ndolo eficazmente -como hicieron los primeros cristianos- en las formas, el lenguaje y los s\u00ed\u00admbolos de la cultura dominante. Sin esta renovada mediaci\u00f3n cultural, la palabra de Dios seguir\u00ed\u00ada muda, humanamente lejana e incomprensible.<\/p>\n<p>Es obvio que, ante las dimensiones globales de la comunicaci\u00f3n social, la Iglesia tendr\u00e1 que revisar sus proyectos apost\u00f3licos, presentados todav\u00ed\u00ada en su mayor parte con m\u00e9todos tradicionales. Pero esto supone adquirir una mentalidad nueva y adoptar m\u00e9todos nuevos: \u00abSi la realizaci\u00f3n de una obra multimedial requiere competencias y mentalidades diferentes a la simple creaci\u00f3n de una colecci\u00f3n de libros, la diferencia es a\u00fan mayor si recordamos que las nuevas tecnolog\u00ed\u00adas son una cultura, no s\u00f3lo medios m\u00e1s sofisticados\u00bb7.<\/p>\n<p>El segundo momento (\u00ed\u00adntimamente complementario con el primero y tan esencial como aquel) est\u00e1, en cambio, en el esfuerzo de renovar desde dentro la cultura de hoy, a la que queremos llevar a Cristo, asumiendo los elementos positivos que se encuentran en ella para abrirla a una visi\u00f3n plena y trascendente del hombre, de la vida y de la historia: la evangelizaci\u00f3n -nos recuerda el Concilio- \u00abfomenta y asume las capacidades, las riquezas y las costumbres de los pueblos, en la medida que son buenas, y al asumirlas, las purifica, las desarrolla y las enaltece\u00bb (LG 13). As\u00ed\u00ad que \u00abno se trata de una mera adaptaci\u00f3n externa -aclara Juan Pablo II-, ya que la inculturaci\u00f3n significa una \u00ed\u00adntima transformaci\u00f3n de los aut\u00e9nticos valores culturales mediante su integraci\u00f3n en el cristianismo y la radicaci\u00f3n del cristianismo en las diversas culturas. Es, pues, un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano, como la reflexi\u00f3n y la praxis de la Iglesia\u00bb (RMi 52).<\/p>\n<p>Con otras palabras, la inculturaci\u00f3n no es un acomodamiento a mentalidades y a costumbres nuevas, como si -para hacer aceptable el Evangelio-hubiera que reducirlo s\u00f3lo a algunos de sus aspectos o desvirtuarlo. Tampoco es la inculturaci\u00f3n un sin\u00f3nimo de eclecticismo o de sincretismo, como si se tratara de poner juntos elementos heterog\u00e9neos, tomados algunos de la fe cristiana y otros de las diferentes creencias religiosas o concepciones culturales. Ni es la b\u00fasqueda de una verdad m\u00ed\u00adnima com\u00fan (una especie de m\u00ed\u00adnimo com\u00fan divisor) para quedarse en ella, renunciando al anuncio integral de toda la verdad. La inculturaci\u00f3n es un proceso abierto que, partiendo de los elementos positivos (y contrastando los negativos) de una determinada cultura, la hace evolucionar hacia una acogida m\u00e1s plena de la verdad como resplandece en Cristo.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, se trata de prolongar a trav\u00e9s de la historia el camino mismo de la encarnaci\u00f3n, es decir, de un Dios que se ha hecho como nosotros para hacernos como \u00e9l desde dentro de nuestra pobreza. La inculturaci\u00f3n de la fe se convierte as\u00ed\u00ad en sin\u00f3nimo de espiritualidad de la encarnaci\u00f3n, de espiritualidad de la calle, de espiritualidad del are\u00f3pago.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se comprende tambi\u00e9n por qu\u00e9 la inculturaci\u00f3n de la fe, adem\u00e1s de ayudar al mundo, no puede dejar de ayudar a la Iglesia. Y es que \u00abpor su parte, con la inculturaci\u00f3n, la Iglesia se hace signo m\u00e1s comprensible de lo que es e instrumento m\u00e1s apto para la misi\u00f3n&#8230; Se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana&#8230;; expresa a\u00fan mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovaci\u00f3n\u00bb (RMi 52),<br \/>\n3. EL DI\u00ed\u0081LOGO INTERCULTURAL E INTERRELIGIOSO. Si el instrumento m\u00e1s importante de la inculturaci\u00f3n de la fe es el di\u00e1logo, debe favorec\u00e9rsele tanto en las diversas culturas (di\u00e1logo intercultural) como en las grandes religiones (di\u00e1logo interreligioso).<\/p>\n<p>Sin embargo, ante la aparici\u00f3n de la nueva cultura universal de la comunicaci\u00f3n social, el di\u00e1logo intercultural e interreligioso no se le puede pedir solamente a un cuerpo especializado de misioneros, como suced\u00ed\u00ada cuando la evangelizaci\u00f3n avanzaba, sobre todo, por medio de la conquista de nuevos espacios geogr\u00e1ficos para la Iglesia. En los are\u00f3pagos modernos \u00abtodos los creyentes en Cristo deben sentir como parte integrante de su fe la solicitud apost\u00f3lica de transmitir a otros su alegr\u00ed\u00ada y su luz\u00bb (RMi 40). Por eso -exhorta con energ\u00ed\u00ada Juan Pablo II- \u00abpreveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelizaci\u00f3n&#8230; Ning\u00fan creyente en Cristo, ninguna instituci\u00f3n de la Iglesia puede eludir este deber supremo\u00bb (RMi 3).<\/p>\n<p>a) El camino real sobre el que insiste hoy la Iglesia es el di\u00e1logo intercultural. Y es que -como el Papa volvi\u00f3 a poner de relieve en el Discurso del 50 aniversario de fundaci\u00f3n de la ONU (5 de octubre de 1995)- \u00abtoda cultura es un esfuerzo de reflexi\u00f3n sobre el misterio del mundo y especialmente del hombre, un modo de expresar la dimensi\u00f3n trascendente de la vida humana. El coraz\u00f3n de toda cultura est\u00e1 constituido por su aproximaci\u00f3n al mayor de los misterios, el misterio de Dios\u00bb. La cultura, por tanto, en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino, es el lugar donde se encuentran la fe y la historia. Es el paso obligado de toda evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la que ya la Gaudium et spes estimulaba a los cristianos a que hoy, en di\u00e1logo con las dem\u00e1s culturas, se pusieran en actitud no s\u00f3lo de quien da, sino tambi\u00e9n de quien escucha y recibe. Explica el Concilio: \u00abMuchos elementos religiosos y humanos\u00bb se encuentran tambi\u00e9n entre los no creyentes, \u00abque cultivan los bienes esclarecidos del esp\u00ed\u00adritu humano, pero no reconocen todav\u00ed\u00ada al Autor de todos ellos\u00bb (GS 92).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en nuestros d\u00ed\u00adas, acabado el tiempo de los r\u00ed\u00adgidos debates ideol\u00f3gicos, la cultura cristiana y las dem\u00e1s culturas deben confrontarse y encontrarse serenamente en busca de valores compartidos y de elementos comunes de verdad, para proseguir juntos hacia la verdad total. Se trata de un camino que no puede menos de ser fecundo, y puede preparar y disponer al hombre contempor\u00e1neo al encuentro con Cristo. \u00abEl evangelio -escrib\u00ed\u00ada Santiago Alberione- no s\u00f3lo es sobrenatural, sino que es supranacional&#8230; \u00c2\u00a1M\u00e1s lejos! \u00c2\u00a1Cada vez m\u00e1s lejos! Establecidos en el fundamento de los ap\u00f3stoles y en la misma piedra angular, Jesucristo, el salto ser\u00e1 seguro. Medir la altura y la profundidad, la longitud y la anchura de la misi\u00f3n\u00bb8.<\/p>\n<p>b) Del di\u00e1logo intercultural el discurso se abre necesariamente al di\u00e1logo interreligioso. Ya el Concilio hab\u00ed\u00ada llegado a la conclusi\u00f3n de la necesidad del encuentro con los seguidores de otras religiones, y expresaba su deseo de que los cat\u00f3licos \u00abreconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, as\u00ed\u00ad como los valores socio-culturales, que en ellos existen (NA 2). Hoy, despu\u00e9s de haber tratado este tema en numerosas ocasiones, Juan Pablo II transforma aquel deseo del Concilio en una apremiante \u00abllamada a las iglesias cristianas y a todas las grandes religiones del mundo, invit\u00e1ndolas a ofrecer el testimonio un\u00e1nime de las comunes convicciones acerca de la dignidad del hombre, creado por Dios. En efecto, estoy persuadido de que las religiones tendr\u00e1n hoy y ma\u00f1ana una funci\u00f3n eminente para la conservaci\u00f3n de la paz y para la construcci\u00f3n de una sociedad digna del hombre\u00bb (CA 60)9.<\/p>\n<p>Estos son, por consiguiente, los horizontes de la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Como contemplativos en la comunicaci\u00f3n social<br \/>\nEvidentemente, la comunicaci\u00f3n social abre hoy a la evangelizaci\u00f3n posibilidades que antes ni se pod\u00ed\u00adan imaginar: es posible anunciar el evangelio por encima de todas las fronteras, entrar en todas las casas, dirigirse simult\u00e1neamente a masas incontables de hombre y mujeres. Sin embargo, \u00bfc\u00f3mo neutralizar las lecciones cotidianas de violencia, de ego\u00ed\u00adsmo, de desprecio de la vida y de los derechos humanos que se nos imparten -\u00c2\u00a1y a domicilio!- a todas las horas del d\u00ed\u00ada, sin miramiento alguno a la edad, a las condiciones culturales, sociales y psicol\u00f3gicas de los receptores?<br \/>\nNo basta deplorarlo, no basta quedarse a la defensiva. La Iglesia, de hecho, adem\u00e1s del deber de ser conciencia cr\u00ed\u00adtica, tiene tambi\u00e9n el de proclamar a todos, positivamente, los principios de la antropolog\u00ed\u00ada iluminada por el evangelio. Esa es la raz\u00f3n de que hoy, ante el reto de la cultura de los medios de comunicaci\u00f3n, no sea posible realizar una obra de inculturaci\u00f3n de la fe, ni adecuar el mensaje evang\u00e9lico a las necesidades y a los problemas del mundo contempor\u00e1neo, si no se da un alma cristiana a la propia comunicaci\u00f3n social, consider\u00e1ndola a todos los efectos una dimensi\u00f3n fundamental de la nueva evangelizaci\u00f3n. Pues bien, \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer para dar un sentido humano adecuado a la nueva cultura de los medios de comunicaci\u00f3n?<br \/>\nEn primer lugar, hay que comenzar con la propia renovaci\u00f3n interior. La comuni\u00f3n con Dios y entre los miembros de la comunidad eclesial debe ser el fundamento de cualquier otra forma de comunicaci\u00f3n hacia fuera, en las relaciones interpersonales y sociales. \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada la Iglesia ser cre\u00ed\u00adble y eficaz cuando habla de evangelizar la comunicaci\u00f3n si interiormente le faltara una comunicaci\u00f3n aut\u00e9ntica libre?<br \/>\nSi no se desea un fracaso estrepitoso, la necesaria encarnaci\u00f3n de la misi\u00f3n cristiana en la realidad t\u00e9cnico-empresarial de la comunicaci\u00f3n social no deber\u00e1 nunca verificarse en detrimento de un aut\u00e9ntico testimonio de santidad cristiana y de la transmisi\u00f3n de la palabra de Dios, en plena fidelidad a la Iglesia, pues siempre ser\u00e1 cierto que \u00abla fe proviene de la predicaci\u00f3n\u00bb (Rom 10,17). Por consiguiente, el problema consiste en armonizar la fidelidad al evangelio y a la Iglesia con la fidelidad al hombre y a las exigencias de la misma comunicaci\u00f3n de masas.<\/p>\n<p>La Iglesia entera est\u00e1, pues, llamada a llevar a cabo una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n pastoral en este sentido. Santiago Alberione se daba perfecta cuenta de la dificultad de la empresa, y advierte que en modo alguno ser\u00e1 tarea f\u00e1cil: \u00abNo es cosa de diletantes -exclama-, sino de verdaderos ap\u00f3stoles\u00bb10.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, vamos a ver en primer lugar el fundamento teol\u00f3gico en el que se apoya la espiritualidad del comunicados, de la unidad de vida entre contemplaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n social; en segundo lugar, puntualizaremos qu\u00e9 es lo que concretamente comporta esta unidad de vida, y, finalmente, veremos el modo de realizarla en la vida concreta.<\/p>\n<p>1. FUNDAMENTO TEOL\u00ed\u201cGICO DE LA RELACI\u00ed\u201cN CONTEMPLACI\u00ed\u201cN-COMUNICACI\u00ed\u201cN. La raz\u00f3n teol\u00f3gica que permite hablar de una verdadera espiritualidad de la comunicaci\u00f3n social est\u00e1 en el hecho de que la categor\u00ed\u00ada de la comunicaci\u00f3n es central en la propia revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Cristo no es solamente el comunicador entre Dios y los hombres (cf ITim 2,5), sino que \u00e9l mismo es la comunicaci\u00f3n. Es decir, Cristo act\u00faa la comunicaci\u00f3n entre Dios y los hombres no simplemente tray\u00e9ndoles las palabras o\u00ed\u00addas a Dios (como hacen los dem\u00e1s profetas), sino del modo \u00fanico e irrepetible de Alguien que es la misma palabra de Dios. \u00abDurante su existencia terrena -dice la instrucci\u00f3n Communio et progressio-, Cristo se revel\u00f3 como perfecto comunicador. Con su encarnaci\u00f3n, se hizo igual a quienes hab\u00ed\u00adan de recibir su mensaje, expresado con las palabras y la conducta entera de su vida. Hablaba plenamente establecido en las condiciones reales de su pueblo, proclamando indistintamente el anuncio divino de salvaci\u00f3n con fuerza y perseverancia y adapt\u00e1ndose a su modo de hablar y a su mentalidad\u00bb (CP 11).<\/p>\n<p>Por eso la Iglesia -concluye Pablo VI-, que prolonga en la historia la persona y la misi\u00f3n del comunicador del Padre, \u00abdebe establecer un di\u00e1logo con el mundo donde se encuentra. La Iglesia se hace palabra, la Iglesia se hace mensaje, la Iglesia se hace coloquio\u00bb (ES 192). Es decir, la Iglesia -decimos hoy- se hace comunicaci\u00f3n social, encarnando el evangelio en las situaciones concretas m\u00e1s diversas de tiempo y lugar, transformando as\u00ed\u00ad la Palabra en fermento y alma de toda cultura. Esa es la raz\u00f3n -afirma Pablo VI una vez m\u00e1s- por la que la Iglesia \u00abse sentir\u00ed\u00ada culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios que la inteligencia humana perfecciona cada vez m\u00e1s. Con ellos la Iglesia pregona sobre los terrados el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versi\u00f3n moderna y eficaz del p\u00falpito\u00bb (EN 45). Y es as\u00ed\u00ad -explica a su vez Juan Pablo II- porque los medios de comunicaci\u00f3n se han convertido en \u00abel billete de ingreso de todo hombre y toda mujer al mercado moderno, donde se expresan p\u00fablicamente las propias opiniones, se realiza un intercambio de ideas, circulan las noticias y se transmiten y reciben informaciones de todo tipo\u00bb11.<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n, en suma, no es solamente un elemento esencial de la vida humana, sino que es, al mismo tiempo, una exigencia natural e interior de la Iglesia, lo que quiere decir que forma parte de su naturaleza y de su misi\u00f3n. La necesidad humana de comunicar, por tanto, se encuentra con la necesidad de que la palabra de Dios debe ser comunicada (cf DGC 160).<\/p>\n<p>En esta misma raz\u00f3n teol\u00f3gica se fundamenta cuanto hemos dicho sobre la tarea esencial e insustituible de los laicos en la nueva inculturaci\u00f3n de la fe a trav\u00e9s de la comunicaci\u00f3n social. Y es que la \u00ed\u00adndole secular de su espec\u00ed\u00adfica funci\u00f3n exige que los laicos (hombres y mujeres) se hagan presentes y sean activos en los mass media, porque la cultura de estos medios -elemento fundamental de la evangelizaci\u00f3n-, es una realidad esencialmente laica y se convierte en algo parecido a un sistema nervioso de la convivencia civil que los fieles laicos deben construir con todos los hombres de buena voluntad. En efecto, sin comunicaci\u00f3n no hay democracia ni hay libertad. No es una casualidad que, cuando se quiere someter a los ciudadanos al poder, se comienza siempre con quitarles toda posibilidad de comunicarse libremente. Los dictadores de todos los tiempos saben bien que, para hacerse con el poder y para mantenerlo apretado en un pu\u00f1o, el instrumento fundamental es la informaci\u00f3n domesticada (cf DGC 161-162).<\/p>\n<p>2. LAS TRES FIDELIDADES. Partimos del convencimiento de que la eficacia de la evangelizaci\u00f3n a trav\u00e9s de la comunicaci\u00f3n se juega enteramente en la capacidad para armonizar una triple fidelidad: a Dios (es decir, al evangelio y a la Iglesia), al hombre y a las exigencias de la comunicaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>a) La primera es la fidelidad a Dios. \u00abNo es la sabidur\u00ed\u00ada del mundo, ni la prudencia de los tip\u00f3grafos, de los editores y de los libreros la que deb\u00e9is tener, sino la sabidur\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, la prudencia de Jes\u00fas, que muri\u00f3 en la cruz porque predicaba la doctrina verdadera, su doctrina\u00bb12.<br \/>\nLa espiritualidad centrada en Jes\u00fas, divino Maestro, camino, verdad y vida, que ha de considerarse como el coraz\u00f3n de toda espiritualidad, se verifica esencialmente en la fidelidad incondicional al evangelio y a la Iglesia. Con esta garant\u00ed\u00ada, no hay que tener miedo de buscar despu\u00e9s todas las v\u00ed\u00adas posibles para proponer la palabra de Dios a todos, no s\u00f3lo a los creyentes. Por eso, aun cuando conviene valorar caso por caso c\u00f3mo y cu\u00e1ndo difundir una comunicaci\u00f3n social de expl\u00ed\u00adcita inspiraci\u00f3n cristiana, resulta menos necesario y urgente estar presentes tambi\u00e9n en el sector p\u00fablico de la comunicaci\u00f3n social. Una y otra presencias son indispensables del mismo modo para la evangelizaci\u00f3n del moderno are\u00f3pago de la comunicaci\u00f3n social y deben considerarse no alternativas, sino complementarias entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>b) La segunda es la fidelidad al hombre. Juan Pablo II insiste en decir que comunicar equivale a fraternizar y que comunicaci\u00f3n significa solidaridad humana. Esto equivale a decir que la comunicaci\u00f3n, por s\u00ed\u00ad misma, es fraternidad, es justicia, es paz. Por consiguiente -dice el Papa- es urgente que los operadores de la comunicaci\u00f3n se den un c\u00f3digo de honor fundado en valores elementales y universalmente reconocidos, como \u00abel respeto del otro, el sentido del di\u00e1logo, la justicia, la licitud \u00e9tica de la vida personal y comunitaria, la libertad, la igualdad, la paz en la unidad, la promoci\u00f3n de la dignidad de la persona humana, la capacidad de participaci\u00f3n e intercambio\u00bb13. La verdadera fidelidad al hombre se mide justamente por el empe\u00f1o que se pone en defender estos valores, que expresan y garantizan su libertad y su dignidad trascendente. De este modo, el mundo de la comunicaci\u00f3n pone al catequista y al evangelizador en la vanguardia del compromiso por la justicia, la libertad y la fraternidad. La raz\u00f3n es que la comunicaci\u00f3n de masas tiene finalidades, instrumentos y m\u00e9todos propios de naturaleza t\u00e9cnica que no se pueden manumitir sin comprometer su eficacia.<\/p>\n<p>c) As\u00ed\u00ad pues, hablar de evangelizar la cultura de comunicaci\u00f3n de masas no significa s\u00f3lo el deber de convertirse en conciencia cr\u00ed\u00adtica contra todo atentado a la libertad, a la verdad y a la autonom\u00ed\u00ada de la comunicaci\u00f3n; significa tambi\u00e9n el empe\u00f1o de animarla cristianamente, aunque respetando plenamente su laicidad y sus reglas. Es la tercera fidelidad. Por consiguiente, tambi\u00e9n los ap\u00f3stoles comunicadores deben gozar de una leg\u00ed\u00adtima libertad y autonom\u00ed\u00ada, para que no suceda, por ejemplo, que para estar informados sobre cuanto acontece en la vida de la Iglesia haya que echar mano de \u00f3rganos de informaci\u00f3n laicistas o facciosos, porque la prensa cat\u00f3lica o simplemente ignora o censura las noticias. Un uso as\u00ed\u00ad, clericalizado, de los mass media, que no tuviera en cuenta las leyes laicas de la comunicaci\u00f3n social, ser\u00ed\u00ada un antitestimonio y, en cualquier caso, no ayudar\u00ed\u00ada a tomar en serio los planteamientos que la Iglesia hace hoy lealmente sobre la valoraci\u00f3n de la cultura de los medios de comunicaci\u00f3n de cara a la nueva evangelizaci\u00f3n y la nueva inculturaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>No obstante, para conseguir armonizar la fidelidad al evangelio y a la Iglesia con la fidelidad al hombre y con la fidelidad a las exigencias de la comunicaci\u00f3n social, hay que conseguir desde la ra\u00ed\u00adz la unidad de vida. Queda, pues, por afrontar el problema de los problemas: el de conseguir la necesaria unidad de vida entre acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n, viviendo inmersos en la comunicaci\u00f3n social. \u00bfEs posible? \u00bfC\u00f3mo?<br \/>\n3. LA UNIDAD DE VIDA. Ya el Vaticano II se plante\u00f3 el problema y trat\u00f3 de resolverlo, aunque hablando de los sacerdotes: \u00abLos presb\u00ed\u00adteros -dice el decreto Presbyterorum ordinis-, envueltos y distra\u00ed\u00addos en las much\u00ed\u00adsimas obligaciones de su ministerio, no sin ansiedad buscan c\u00f3mo pueden reducir a unidad su vida interior con el tr\u00e1fago de la acci\u00f3n externa\u00bb (PO 14).<\/p>\n<p>Tras haberse planteado el problema, el Concilio se\u00f1ala primeramente las soluciones inadecuadas o insuficientes. \u00abNo basta la sola pr\u00e1ctica de los ejercicios de piedad, por muy \u00fatiles que sean\u00bb (PO 14). Lo que quiere decir que la soluci\u00f3n del problema no est\u00e1 en organizar la propia jornada, por ejemplo, en fases cerradas, separando las horas de la oraci\u00f3n de las del trabajo. Esto podr\u00ed\u00ada llevar m\u00e1s bien a una espiritualidad desencarnada o a ver en la actividad apost\u00f3lica no una ocasi\u00f3n de encuentro conDios, sino hasta un obst\u00e1culo a la uni\u00f3n con \u00e9l. \u00abSeparar el trabajo apost\u00f3lico de la oraci\u00f3n -lamentaba Santiago Alberione- es como tener un miembro paralizado, un miembro importante que no recibe el flujo de sangre&#8230; \u00bfEs vital nuestra oraci\u00f3n? \u00bfInfluye en nuestra vida o es como un objeto que se mete en un caj\u00f3n y no se le utiliza para nada?\u00bb14.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo hay que evitar el error opuesto de los que tienden a reducir la oraci\u00f3n a la acci\u00f3n solamente. Ni basta -a\u00f1ade el texto- \u00abla mera ordenaci\u00f3n exterior de las obras del ministerio\u00bb (PO 14). Es decir, la oraci\u00f3n no puede reducirse a la mera acci\u00f3n, ni siquiera a la pastoral, por m\u00e1s sobrenatural que sea. \u00abDejar la oraci\u00f3n para realizar m\u00e1s obras -confirma tambi\u00e9n Santiago Alberione- es un retroceso ruinoso. El trabajo realizado en detrimento de la oraci\u00f3n no nos ayuda a nosotros ni a los dem\u00e1s, pues quita a Dios lo que se le debe\u00bb15. Evidentemente, el amor y el trabajo por el pr\u00f3jimo y por los pobres es una prueba de la autenticidad de nuestra fe y de nuestra oraci\u00f3n, pues si no amas y no sirves al hermano a quien ves, \u00bfc\u00f3mo puedes decir que amas y sirves a Dios a quien no ves? (cf 1 Jn 4,20-21). Pero s\u00f3lo Dios es el Absoluto. El hombre merece nuestro amor, porque Dios mismo le ama y le ha hecho hijo suyo. Hay que honrar y servir al pobre porque Dios mismo le ama de manera singular y en la persona de Cristo se ha puesto a su servicio su rostro y su sitio. La historia de la Iglesia confirma que todas las grandes obras apost\u00f3licas de caridad y de servicio evang\u00e9lico a los pobres brotaron siempre de una aut\u00e9ntica vida de oraci\u00f3n y de ella se nutren constantemente.<\/p>\n<p>Llegados a este punto -tras haber liberado el campo de soluciones parciales e insuficientes-, el Concilio se\u00f1ala el camino real para realizar la ansiada armon\u00ed\u00ada entre contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n. La respuesta v\u00e1lida al problema -dice- sigue siendo la que se\u00f1ala el evangelio: la unidad de vida entre contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n, entre amor a Dios y servicio al pr\u00f3jimo, se conseguir\u00e1 siguiendo \u00abel ejemplo de Cristo, cuya comida era hacer la voluntad del que lo envi\u00f3 para que llevara a cabo su obra\u00bb (PO 14).<\/p>\n<p>Por consiguiente, llegar a ser contemplativos en la acci\u00f3n, actuar como contemplativos en la comunicaci\u00f3n social, no es una meta que se alcanza con los esfuerzos humanos solamente. Es un don de Dios. Pero nosotros podemos disponemos a recibirlo. \u00bfC\u00f3mo? \u00abSiguiendo el ejemplo de Cristo, el Se\u00f1or\u00bb, es decir, con la fidelidad a la oraci\u00f3n y con un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb constante, libre y total a la voluntad de Dios y a sus designios de amor.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Para una profundizaci\u00f3n del tema, nos permitimos remitir a nuestro libro Per una civilt\u00e1 dell&#8217;amore. La proposta sociale della Chiesa, Queriniana, Brescia 1996, 95-113. &#8211; 2 Sobre este tema reflexiona ampliamente Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica sobre la fe y la raz\u00f3n, Fides et ratio. &#8211; 3. Ver al respecto el atento an\u00e1lisis sobre la religiosidad de los europeos, realizado en los a\u00f1os 1990-1992 por la Fundaci\u00f3n European Value Systems Study Group, en colaboraci\u00f3n con universidades e institutos especializados de toda Europa: R. GUBERT (dir.), Persistenze e mutamenti dei valori degli italiani nel contesto europeo, Reverdito Ed., Trento 1992; ver tambi\u00e9n AA.VV., La religione degli europei. Fede e societ\u00e1 nell&#8217;Europa di fine millennio 1-II, Fundaci\u00f3n Agnelli, Tur\u00ed\u00adn 1992-1993. &#8211; 4. S. SASSI, La actuaci\u00f3n de la misi\u00f3n, en Vuestra parroquia es el mundo, Reflexiones para el VII Cap\u00ed\u00adtulo general de la Sociedad de San Pablo, febrero 1998 (pro manuscripto), Roma 1998, 37. &#8211; 5. S. ALBERIONE, Carissimi in san Paolo. Cartas, art\u00ed\u00adculos, op\u00fasculos, escritos in\u00e9ditos de 1933 a 1969, SSP, Roma 1971, 808ss. El venerable Santiago Alberione (1884-1971), sacerdote piamont\u00e9s, es el fundador de la Familia Paulina, constituida por cinco congregaciones religiosas (dos de ellas, la Sociedad de San Pablo y las Hijas de San Pablo, tienen como misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica la evangelizaci\u00f3n en y mediante la cultura de la comunicaci\u00f3n), cuatro institutos seculares y una asociaci\u00f3n laica. Se le ha denominado \u00abel ap\u00f3stol de la comunicaci\u00f3n social\u00bb. &#8211; 6. El intento m\u00e1s significativo de este esfuerzo de compartir y transformar desde dentro sigue siendo -una vez m\u00e1s- el discurso de san Pablo en el are\u00f3pago, que nos ofrece el cap\u00ed\u00adtulo 17 de los Hechos de los ap\u00f3stoles. San Pablo nos ofrece un ejemplo cl\u00e1sico de inculturaci\u00f3n. En primer lugar, trata de entender el comportamiento y el modo de pensar de los atenienses y los juzga con benevolencia: los califica como \u00ablos m\u00e1s religiosos de los hombres en todo\u00bb, como demuestra el hecho -dice- de que han erigido por todas partes altares y obeliscos votivos a numerosas divinidades. Pablo trata de convencerles as\u00ed\u00ad de que \u00e9l llegaba no a destruir, sino a sublimar su religiosidad, abri\u00e9ndola al encuentro con el Dios verdadero y dando un nombre a aquel Dios desconocido que ellos adoraban. Para hacerse comprensible, renuncia incluso a citar a los autores sagrados (tan queridos para \u00e9l) y cita el testimonio del poeta griego Epaminondas de Cnosos y de Arato, fil\u00f3sofo y poeta historiador. Los exegetas notan que esta atenci\u00f3n de Pablo con la cultura pagana es un caso \u00fanico que no se volver\u00e1 a repetir en sus cartas (cf S. LYONNET, La vie selon 1&#8217;Esprit, Du Cerf, Par\u00ed\u00ads 1965, 263-268). -7. S. SASSI, o.c., 49. &#8211; 8. S. ALBERIONE, Carissimi in san Paolo, o.c., 1073. &#8211; 9. Es obvio que el di\u00e1logo interreligioso no dispensa en modo alguno del anuncio expl\u00ed\u00adcito e integral del evangelio, y que no lo puede sustituir, como pone de relieve el mismo Pont\u00ed\u00adfice: \u00abLa Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el di\u00e1logo interreligioso; sin embargo siente la necesidad de compaginarlos en el \u00e1mbito de su misi\u00f3n\u00bb (RMi 55). &#8211; 10. S. ALBERtONE, Carissimi in san Paolo, o.c., 807. &#8211; 11. JUAN PABLO II, Mensaje para la XXVI Jornada de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 1992. &#8211; 12. S. ALBERtONE, Vademecum, San Paolo, Roma 1992, 1020. &#8211; 13. JUAN PABLO II, Mensaje para la XXII Jornada de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 1988. &#8211; 14. S. ALBERIONE, Predicaci\u00f3n sobre la vida com\u00fan (Recopilaci\u00f3n), 39. &#8211; 15. S. ALBERIONE, Ut perfectus sit homo Dei (Mes de ejercicios<br \/>\nBIBL.: AA.VV., La comunicaci\u00f3n y los \u00abmass media\u00bb, Mensajero, Bilbao 1975; AA.VV., Comunicaci\u00f3n y lenguaje, Karp\u00f3s, Madrid 1977; BARAGLI E., Prensa, radio, cine y televisi\u00f3n en familia, Atenas, Madrid 1965; BARAGLI E.-CORDOBES J. M.-ESPOSITO R. F., Mass media, en DE FloREs S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 1189-1206; BENITO A. (dir.), Diccionario de ciencias y t\u00e9cnicas de la comunicaci\u00f3n, San Pablo, Madrid 1991, especialmente JAVIERRE J. 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Una cultura en crisis que hay que volver a evangelizar; 2. El mundo de la comunicaci\u00f3n, nuevo are\u00f3pago; 3. Cristianos en minor\u00ed\u00ada; 4. Un tiempo carism\u00e1tico; 5. El retorno de los m\u00e1rtires. II. Las nuevas dimensiones de la nueva evangelizaci\u00f3n: 1. La cultura de la comunicaci\u00f3n social; 2. El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/inculturacion-de-la-fe-en-la-cultura-de-la-comunicacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINCULTURACION DE LA FE EN LA CULTURA DE LA COMUNICACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17014","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17014","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17014"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17014\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}